`Adictos` a las patatas fritas

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NEUROCIENCIA | Alimentos con grasas y carbohidratos
'Adictos' a las patatas fritas
Los snacks estimulan áreas cerebrales relacionadas con el placer. | EL MUNDO
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Este tipo de snacks estimulan las áreas cerebrales relacionadas con el placer.
No todo el mundo siente este deseo irrefrenable por seguir comiendo.
Existe una base genética que predispone, como ocurre con otras adicciones.
Laura Tardón | Madrid
Actualizado viernes 12/04/2013 14:37 horas
Detrás de una, va otra y otra... Por alguna razón, hasta que no se acaba la bolsa de
patatas fritas resulta imposible dejar de comerlas. Ahora, una nueva investigación
asegura tener la respuesta. Parece que este tipo de aperitivos activan zonas cerebrales
relacionadas con el placer y la adicción y así lo ha explicado un grupo de científicos de
la Universidad de Erlangen-Nuremberg (Alemania) durante la 245ª Sesión y Exposición
Nacional de la Sociedad Americana de Química.
¿A quién no le ha pasado alguna vez? Se pregunta Tobias Hoch, el principal autor del
estudio. Para averiguar por qué algunos alimentos provocan ese deseo irrefrenable por
seguir 'picando' y no parar hasta que se acaben, Hoch y su equipo pusieron en marcha
un trabajo con ratas. Se les ofreció tres tipos de ingesta: un banquete de patatas fritas,
comida estándar de laboratorio y un pienso que incluía las mismas cantidades de grasas
y carbohidratos que contienen las patatas fritas.
Siempre se ha sospechado, argumenta Hoch, "que una de las razones por las que
algunas personas devoran este tipo de snacks, incluso teniendo el estómago lleno, es por
el alto contenido de grasas y carbohidratos que contienen".
Los investigadores inyectaron un trazador de cloruro de manganeso en las ratas para
poder visualizar, a través de una resonancia magnética específica, qué ocurre en el
cerebro cuando consumen cada una de las tres opciones. Claramente, mostraban más
interés por las patatas fritas y se las veía más dinámicas después de engullirlas. Pero
además, y aquí está la clave, Hoch y su equipo observaron que las áreas cerebrales
relacionadas con el placer, la recompensa y la adicción se mostraban significativamente
más activas con las patatas fritas que con cualquiera de las otras dos opciones.
Dado que el pienso elaborado con la misma composición de las patatas no provocaba la
misma respuesta cerebral, esto demuestra que el alto contenido en grasas y
carbohidratos no es razón suficiente para justificar esta forma compulsiva de comer.
"Debe haber algo más que hace a las patatas tan irresistibles", puntualiza Hoch.
Lo mismo opina Susana Monereo, responsable de la Unidad de Endocrinología y
Nutrición del Hospital Universitario de Getafe de Madrid, quien recuerda que hay otros
estudios que hablan, por ejemplo, de los efectos adictivos del crujiente. No es casual
que las patatas sean crujientes (algunas incluso se anuncian por ser el triple de
crujientes)". Y añade: "El contenido en sal, algo más que desconocemos o simplemente
la mezcla de varios ingredientes puede ser el origen de ese efecto placentero que impide
dejar de comer patatas" o cualquier otro tipo de piscolabis, como los nachos, los fritos; y
los dulces como el chocolate. Además de estimular determinadas zonas del cerebro,
"suben los niveles de dopamina, un neurotransmisor asociado con las experiencias
placenteras".
Independientemente de cuál sea el secreto de los snacks, y que seguramente la industria
alimentaria guarda a buen recaudo, no se puede decir que todo el mundo sea adicto. "Se
sabe que hay una base genética que predispone, como ocurre con la adicción al juego. Y
también hay una herencia epigenética, es decir, se ha visto (también en ratas) que
durante el embarazo, cuando la madre come mucho este tipo de comidas, los
descendientes nacen también con cierta tendencia a devorar estos aperitivos".
Además, tal y como indican los autores de la investigación, las preferencias individuales
también influyen. Por eso "no todo el mundo muestra el mismo grado de actividad en
dicha zona cerebral" y de ahí que algunas personas no sientan ese impulso por seguir
comiendo patatas fritas mientras que otras son incapaces de parar (lo que se conoce
como hiperplagia hedonista, o lo que es lo mismo, comer en exceso por placer, no por
hambre).
Según los investigadores, esta forma compulsiva de comer está muy extendida y es una
de las culpables de las elevadas tasas de sobrepeso y obesidad tanto en EEUU (dos de
cada tres personas) como en España (más de la mitad de la población). En la consulta,
"algunos de nuestros pacientes con obesidad también están siguiendo un tratamiento
psiquiátrico por este tipo de adicciones a determinados alimentos", señala la doctora
Monereo.
Por eso, conocer el mecanismo molecular que hay detrás de este comportamiento podría
ayudar a corregir este hábito. De momento, "este trabajo aclara por qué algunas
personas comen de forma desmedida, pero no esclarece los mecanismos biológicos que
subyacen", comenta José Antonio Balsa Barro, endocrino del Hospital Universitario
Infanta Sofía de Madrid. Identificar los desencadenantes moleculares que hay detrás "y
trabajar con humanos es nuestro próximo objetivo", adelanta el responsable de la
investigación. Quizás, en un futuro, "podamos desarrollar algún fármaco o cualquier
otro alimento capaz de anular esta atracción desmedida por los snacks y los dulces".
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