Cuidar el bien común

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editorial
Cuidar el bien común
H
emos observado en los últimos meses un sostenido
debate sobre las deficiencias que en Chile tienen importantes normas sobre desarrollo urbano, conservación
patrimonial, áreas verdes, fuentes de energía, protección del
medio ambiente e infraestructura pública. Diversos proyectos, aunque aprobados por las instancias correspondientes
y con sujeción a la ley, han generado controversias que reflejan iniciativas que no responden siempre al interés general.
UN EJEMPLO PENOSO
La construcción del Costanera Center —un complejo de 700
mil metros cuadrados que incluye un gran centro comercial
y cuatro edificios de oficinas— constituye una inversión de
más de mil millones de dólares que generará empleo y bienes y servicios. Al mismo tiempo, sin embargo, amenaza el
bien común de los ciudadanos. El impulso a su construcción,
mezcla de criterios empresariales y consideraciones políticas, no tuvo debidamente en cuenta una visión de conjunto
del interés general. Comenzará a funcionar sin varias obras
de mitigación indispensables y, una vez que su mall alcance
el promedio esperado de cuatro millones de visitas mensuales, quedará sellado el deterioro de la calidad de vida de un
enorme número de personas.
NO ES UN CASO AISLADO
Situaciones con impactos de índole similar se dan con cierta frecuencia en otros lugares del país. El funcionamiento de
diversas industrias ha logrado violentar a sus comunidades
locales, aun cuando cuenten con las habilitaciones legales
pertinentes. Medio millón de cerdos en Freirina, las termoeléc4
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tricas de Quintero y Ventanas, la empresa de aguas servidas
de La Farfana, son algunos ejemplos. Por otra parte, proyectos
inmobiliarios de varias comunas en expansión demográfica
también descuidan gravemente el interés general o el de su
entorno. Autoridades ministeriales, alcaldes y concejos municipales autorizan proyectos que no siempre resguardan el
medio ambiente, el patrimonio urbano o arquitectónico, las
condiciones mínimas para el tránsito vehicular, una infraestructura eficiente de servicios ni el respeto a la calidad de
vida de los vecinos.
La ausencia de una atención efectiva al bien común se da
en muchos otros ámbitos.
Pese a su importancia crucial, los chilenos no hemos sabido cuestionar con suficiente perspectiva la resolución de los
grandes desafíos energéticos y medioambientales que enfrenta el país. Un ejemplo es Hidroaysén, empresa que parece razonablemente justificada ante el previsible déficit de generación eléctrica, pero que hoy no cuenta con la aceptación de
parte importante de la comunidad nacional que considera estratégicamente importante preservar la zona natural que será
intervenida.
Asimismo, parte de la legislación sobre vivienda parece
haber sido formulada sin una oportuna visión de conjunto:
la construcción de casas sociales o de blocks habitacionales
solucionó carencias concretas de muchas familias, pero esa
tarea se abordó según un modelo que originó zonas urbanas
carentes de condiciones de seguridad y con seria falta de servicios y áreas verdes. En el ámbito de la enseñanza escolar, el
actual sistema permite que cada familia costee la educación
según su capacidad de pago, generando de hecho una segregación que atenta contra la cohesión de la sociedad en su
conjunto.
JUNIO 2012
DÉFICIT NORMATIVO
Que una ley carezca de una perspectiva más amplia en
defensa del interés general puede obedecer a que los bienes
sociales o públicos involucrados no son adecuadamente valorados. También, a que no se legisla con suficiente estudio de
las consecuencias que las normas pueden generar, más allá
de las necesidades inmediatas que procuran afrontar.
En rigor, a esto responde la preocupación —que con cierta
frecuencia han manifestado las autoridades de los sucesivos
Gobiernos— por el establecimiento de políticas nacionales
consistentes que trasciendan los períodos presidenciales, la
modernización del Estado o el otorgamiento de mejores asesorías al Poder Legislativo.
Pero, además de las deficiencias estructurales implicadas,
el resguardo del interés general puede debilitarse debido a
influencias políticas o empresariales que buscan beneficios
particulares, económicos o políticos, en ciertas legislaciones.
Es posible entonces que la actual tramitación de proyectos
de ley sobre el ‘lobby’, tanto como una mejor aplicación de la
Ley de Transparencia y Acceso a la Información, impacte positivamente en la defensa de los intereses de la comunidad
cuando estos se vean amenazados por intereses particulares.
PREGUNTAS QUE HOY NO SE HACEN
En Centesimus Annus, el papa Juan Pablo II señaló que el
bien común “no es la simple suma de los intereses particulares,
sino que implica su valoración y armonización, hecha según una
equilibrada jerarquía de valores y, en última instancia, según
una exacta comprensión de la dignidad y los derechos de la
persona”. Así, buscar el bien común significa procurar la realiJUNIO 2012
El bien común “no es la simple suma de los intereses
particulares, sino que implica su valoración y armonización, hecha según una equilibrada jerarquía
de valores”.
zación de todas las personas que conforman la sociedad, armonizando los intereses particulares. Implica valorar la dignidad
de todos y de cada ser humano por igual, lo que solo se logra
si se tiene una preocupación prioritaria por las necesidades de
los más vulnerables y porque los derechos de los más débiles
no se vean menoscabados por la acción de los más poderosos.
La generación de las normas que nos rigen debe hacerse
atendiendo a su impacto en el conjunto de la sociedad, no con
una mirada restringida ni de corto plazo. A esto debieran contribuir autoridades y parlamentarios conscientes de ese deber,
así como empresarios preocupados de actuar en atención a su
ineludible rol de responsabilidad social. También puede hacerlo el fomento —tantas veces anunciado y nunca plasmado en
propuestas concretas— de posibilidades institucionales para
una cierta iniciativa popular de ley y para una mejor consulta
a las personas en la gestación de las leyes que les afectan.
Procesos democráticos transparentes, rigurosos, bien informados y verdaderamente modernos pueden promover que
las decisiones se adopten pensando en términos de sociedad.
Valorar los deberes cívicos y el respeto a la participación ciudadana puede ser finalmente, así, un camino para ayudar al
resguardo del bien común, en el que todos se sientan responsables del destino de la sociedad.
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