La República instaló siete campos de trabajo en Cataluña

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40 LA VANGUARDIA
C U L T U R A
La República instaló siete
campos de trabajo en Cataluña
n El abogado Francesc
Badia estudia la
localización y evolución
de los campos
dependientes del
Servicio de Información
Militar (SIM)
Los siete campos
JOSEP MARIA SÒRIA
BARCELONA. – El abogado Fran-
cesc Badia ha publicado un extenso
estudio sobre “Els camps de treball
a Catalunya durant la Guerra Civil
(1936-1939)” (Abadia de Montserrat. 458 páginas), dependientes del
Servicio de Información Militar
(SIM) de la República. Estos campos se instalaron en Cataluña a finales de 1937 y fueron “un instrumento de represión política, al margen
de todo control judicial”. El SIM
actuó independientemente de la Generalitat, a pesar de que el gobierno
catalán tenía traspasadas las competencias de las prisiones.
El SIM, servicio de inteligencia
de la República creado en agosto de
1937, fue desde el principio controlado por estalinistas como el húngaro Erno Gëro, agente del Komintern apodado “Pedro”, Alexander
Orlov, representante de la NKDV,
antecedente de la KGB, o un ruso
apellidado Slutsky, apodado “Marcos”. El poeta Salvador Espriu, que
fue detenido por este servicio, manifestó que “contra un SIM controlat
de manera glacial i rígida, seguint
consignes enviades des de Moscú,
no hi havia res a fer. Era un poder
que, ultra immobilitzar tothom,
treia l'entusiasme per la pròpia causa: era un terror que anul·lava”. Según Badia, estos campos reprodujeron “el gulag soviético”.
El autor estudia y localiza de forma pormenorizada los siete campos
de trabajo de la República en Cataluña y su evolución. Hasta ahora, al
margen de las memorias de personas que pasaron por los campos,
MARTES, 5 MARZO 2002
con una fuerte carga sentimental, sólo los historiadores Josep Maria Solé i Sabaté y Joan Villarroya habían
estudiado su existencia.
Badia ha dedicado varios años a
la investigación de la represión religiosa durante la República y , basándose mayoritaria aunque no exclusivamente en religiosos, exhuma testimonios de esos campos. Concluye
que por ellos pasaron entre 7.000 y
8.000 personas. Badia ha localizado
a casi un millar, de las cuales refiere
nombres y campo de trabajo.
Para Francesc Badia, “el grado
de vileza a que se llegó es comparable al de los campos nazis, soviéticos o españoles de la posguerra”. Para el historiador Joan Villarroya, es
evidente que en esas instalaciones
se practicó y abusó de la represión,
pero difícilmente son comparables
con los franquistas, con los nazis o
con los soviéticos aunque sólo sea
porque estuvieron funcionando apenas un año.
Francesc Badia localiza los campos de trabajo, la mayoría de los
cuales fueron trasladando su ubicación a medida que las tropas franquistas avanzaban sus posiciones
en Cataluña, hasta provocar una
desbandada general en los últimos
días de la guerra, con fusilamientos
masivos y huidas.
Granujas
CAMPO NÚMERO 1, sede del SIM, en el Poble Espanyol de Barcelo-
na, que contaba como anexos el edificio del Seminario Diocesano de
la calle Diputació y el Palau de Missions de Montjuïc.
.
a
CAMPO NÚMERO 2, en l'Hospitalet de l'Infant, con un campamento
subsidiario en Tivissa. El campo sería trasladado a Montferrer y La
Seu d'Urgell.
CAMPO NÚMERO 3, el más destacado por la crueldad ejercida, estuvo ubicado en Els Omells de Na Gaia (Urgell). Más tarde sería trasladado a Vila-sana (Pla d'Urgell) y Cabó (Alt Urgell).
CAMPO NÚMERO 4, estuvo instalado originariamente en Concabella (Segarra) y más tarde se trasladaría a Barbens (Pla d'Urgell).
CAMPO NÚMERO 5, se encontraba en Ogern (Solsonès) para terminar en Anglesola (Urgell).
CAMPO NÚMERO 6, fue creado en Falset, con campos accesorios en
Cabacés, Gratallops, La Figuera y Porrera. Los presos serían más tarde ubicados en Arbeca (Garrigues).
CAMPO DE CLARIANA (Solsonès), sede del Batallón Disciplinario número 5, que también dependía del Ministerio de la Guerra, pero del
SIM. Asimismo, hubo otro campo de trabajo en la Pelosa (Roses),
que dependía directamente del Ministerio de Justicia, y del que Badia apenas aporta datos.
Los presos de los campos fueron
básicamente
quintacolumnistas
(franquistas en territorio republicano); personas de derechas; sacerdotes; poumistas, trotskistas y anarquistas; oficiales y soldados prisioneros de guerra; civiles acusados de
“derrotismo”; prófugos del Ejército
republicano; miembros de las Brigadas Internacionales; infractores de
normas de abastecimiento y de
transferencia de capitales, y delincuentes comunes.
Los responsables, vigilantes y
miembros de los servicios de los
campos republicanos en Cataluña
eran en su mayoría, según Badia, fugitivos de las áreas ocupadas por los
“nacionales” (Aragón, Andalucía y
Extremadura), donde la represión
franquista fue durísima. Badia cita
a Rafael Tasis, un alto cargo de la
Conselleria de Justícia de la Generalitat republicana, quien escribió
que este cuerpo estaba formado por
“granujas, restos de los viejos comités más incontrolados y siempre dispuestos a las mayores violencias”.c
La metáfora de
una Argentina
destruida por la
corrupción gana
el Alfaguara
JUAN CARLOS MERINO
MADRID. – “Nuestra cultura,
aun en los sótanos, sigue de pie y está viva.” Así se oyeron por la megafonía de la Casa de América en Madrid, como provenientes de las catacumbas con las que amenaza a la
cultura y la literatura argentina la
grave crisis que vive el país andino,
las primeras palabras del escritor y
periodista Tomás Eloy Martínez
(Tucumán, 1934) tras recibir el premio Alfaguara de Novela 2002 por
su obra “El vuelo de la reina”.
El novelista argentino
Tomás Eloy Martínez
obtuvo el galardón
con su novela
“El vuelo de la reina”
Dotado con 175.000 dólares
(unos 196.000 euros), al galardón se
presentaron 433 manuscritos. El jurado, presidido por Jorge Semprún,
estuvo integrado por Carlos Monsiváis, Nélida Piñón, Agustín Díaz
Yanes, Rosa Regàs, Rosario Ferré y
Juan González. En conferencia telefónica con Martínez, el autor reconoció que su novela, protagonizada
por el director de un diario, es “una
metáfora de una Argentina destrozada por un implacable y ambicioso ejercicio del poder corrupto que
no encuentra límites, aunque en medio de la angustia del país trata de
encontrar también un cierto humor.” Autor de novelas históricas
como “La novela de Perón” (1985)
y “Santa Evita” (1995), colaborador de “The New York Times” y director del programa de estudios latinoamericanos en una universidad
de Estados Unidos, Martínez confió en que “el éxito de esta novela
ayudará y abrirá puertas a los escritores argentinos, que ahora trabajan en condiciones muy difíciles.”
Jesús de Polanco, presidente del
grupo Prisa (al que pertenece la editorial Alfaguara), le comentó: “¡Te
aseguro que me voy a hacer un poco
más rico con esta novela!”.c
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