Libro “Puedes vivir sin cistitis”

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Libro dedicado a las mujeres
que padecen cistitis y a las personas
que se preocupan de ellas.
Título original: ¿Puedes vivir sin cistitis?
© 2008, Javier Angulo
© 2008, por el diseño y la maquetación Luzán 5, S. A. de Ediciones
ISBN: 978-84-7989-520-4
Depósito legal:
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sin el permiso escrito de los titulares del copyright.
índice
º Prólogo
5
º
º Relatos sobre la cistitis
15
º
º ¡Vaya vida!
29
º
º ¿Qué es una cistitis?
33
º
º La maldición de Eva
47
º
º ¿Por qué me pasa esto a mí?
71
º
º Lo que una mujer con cistitis necesita
85
º
º La perspectiva del médico
97
º
115
º
º Conclusiones
prólogo
Llevábamos un uniforme blanquiazul. Camisa blanca,
jersey azul, falda azul, medias blancas… y zapatos
¡marrones!, como suena. Lo de los zapatos marrones
se explicaba porque nosotras éramos Esclavas del
Sagrado Corazón y teníamos que diferenciarnos de
las alumnas del Sagrado Corazón, a secas, que, como
no eran esclavas de nadie, podían permitirse la libertad de llevar zapatos a tono con el resto del conjunto.
A mí, nuestros zapatos marrones siempre me parecieron horrorosos, un crimen estético, un sacrificio
incruento pero doloroso, un rito impuesto para hacernos expiar no se qué culpas con las que habíamos
nacido, manchadas de pecado original sin comerlo ni
beberlo, y no me extrañaba que fuésemos esclavas.
Ninguna mujer en libertad de hacerlo habría elegido
aquellos zapatos horrorosos, que más que calzados
parecían tanques, con aquel empeine cuadrado y
romo. Llevábamos también un delantal de rayas verdes y blancas y, en mi caso, una coleta azul, que al
salir de casa, a las ocho de la mañana, estaba perfectamente apretada, gracias a una cinta de raso azul
anudada en un lazo primoroso, y que a la vuelta del
colegio, a las cinco y media, había perdido toda su
pulcritud y elegancia, la goma casi rozando las puntas
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del pelo, el lazo deshecho, varios mechones de pelo
escapados de su sitio. Yo no era una niña guapa, y
nadie sugirió siquiera cosa semejante, ni siquiera resultona o mona, porque no podía presumir de unas
pecas graciosas o una nariz respingona. Como mucho,
supongo, tenía unos ojos bonitos, pero la belleza de
mis ojos negros no me la reconocerían hasta muchísimos años más tarde. La niña que aparece en la
fotografía de grupo de final de curso no destaca especialmente entre todos los rostros retratados, es morena como la mayoría, no demasiado alta, no demasiado
gorda, no demasiado delgada. Y no era tampoco una
alumna modelo, porque me movía demasiado en el
pupitre y no sabía estarme calladita, me pasaba la
mayoría de las clases de susurrante cháchara con mi
amiga Regina cuando debía estar concentrada en la
lección o los ejercicios. Pero mi rendimiento académico era espectacular. Siempre obtuve sobresaliente en
todas las asignaturas, excepto la gimnasia y la plástica
(era y he seguido siendo vaga y torpe, y no me apetecía ni avanzar haciendo piruetas por la barra de equilibrio ni bordar cenefas en punto de cruz, aunque años
después no haya tenido el menor problema en acudir
diariamente al gimnasio y coserle los botones a mi
hija). En el colegio me llamaban El diccionario parlante, porque nunca hubo una palabra que apareciera en
el libro de texto cuyo significado a mí se me escapara.
“Tú, diccionario, ¿qué significa ‘por antonomasia’?”
“Por definición“, respondía yo sin levantar siquiera la
cabeza del cuaderno en el que estaba pintando corazones. “¿Y turiferario?” “El que lleva el incienso en la
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misa”. Uno de los juegos preferidos de mis condiscípulas era el de buscar palabras o locuciones raras en el
Espasa y preguntarme por su significado. Casi nunca
conseguían pillarme. Mis redacciones maravillaban a
las profesoras porque nunca cometí falta de ortografía
ni de puntuación alguna y mis exámenes de Historia
eran un prodigio de profusión. Rellenaba folios y folios
apuntando teorías y datos que ni siquiera aparecían en
el libro de texto y que la profesora no había mencionado en clase, pero que yo había encontrado en algún
ejemplar de la biblioteca de mi padre, en la que había
muchas biografías de personajes históricos. Por poner
un ejemplo, un trabajo sobre la Segunda Guerra Mundial que obtuvo loas y alabanzas, no fue en realidad
sino un resumen de un best seller bastante malo, Holocausto, que yo había devorado aquel verano en la
piscina. En resumen, era una buena alumna, no particularmente pulcra o disciplinada, pero sí muy inteligente, y a las profesoras y a las monjas les gustaba
alardear de mis resultados académicos cuando hablaban con las tutoras de otras clases, como si fueran
consecuencia de sus enseñanzas y no de mis capacidades o mis méritos. Me sabía valorada, e incluso,
según cómo y para quién, querida, y no tenía ningún
problema con el colegio. El colegio me gustaba.
Nadie podía prever que esta alumna brillante, este
ejemplo de erudición, este diccionario parlante, acabaría humillada y contrita, mucho más humillada de lo
que unos zapatos marrones pueden dar a imaginar.
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Se trataba de un colegio estricto con reglas estrictas.
Una de ellas, no escrita pero seguida a rajatabla, era
que no se podía salir del aula estando en clase, excepto por causa de fuerza mayor, y las necesidades fisiológicas no se consideraban causa de fuerza mayor. En
los cinco minutos libres entre clase y clase hacíamos
ordenadas colas en los cuartos de baño, porque a
nadie se le ocurriría pedir permiso para salir a orinar
fuera del horario prescrito. Eso eran cosas de niñas de
seis años, y nosotras ya no lo éramos. Pero aquellas
ganas irrefrenables eran más fuertes que yo. Así que,
haciendo una excepción, me levanté y le dije a la
reverenda madre que tenía una urgencia grave y que
necesitaba salir. “Sabes que eso no es posible, y tú
más que nadie deberías saberlo. Una alumna tan inteligente como tú no debería molestarme con niñerías”,
me reprochó en un tono áspero y desabrido (yo odiaba esa frase “una alumna tan inteligente como tú”
porque siempre iba asociada a algún reproche). La
reverenda madre parecía particularmente enfadada
aquel día, así que regresé a mi pupitre e intenté concentrarme en la lista de quebrados que se suponía
que debía resolver. Pero aquéllo quemaba por dentro,
e incluso dolía. Empecé a balancearme hacia delante
y hacia atrás para intentar controlar aquellas ganas
pero no había manera. Las listas de quebrados se me
desbarataban en el papel, los números cobraban vida
propia y se ponían a bailar los unos con los otros, y
aquel fuego entre las piernas me estaba matando,
porque al principio sólo molestaba, luego había pasado a quemarme y finalmente dolía como si me estu-8-
vieran metiendo un hierro candente. Era una verdadera mala suerte que aquéllo hubiera pasado precisamente en clase de matemáticas, porque las profesoras seglares solían ser más amables y menos estrictas, pero las monjas nunca daban su brazo a torcer, y
de entre todas las monjas tozudas la madre Amparo
era la más tozuda de las monjas tozudas. Yo la tenía
más miedo que respeto, así que no me atrevía a decirle lo que me estaba pasando. Además, temía que si
me levantaba para hablar con ella se me escapara el
pis, tal era la urgencia que sentía, una lava violenta,
una erupción incandescente, un furor rabioso mordiendo a quemarropa. Regina, mi compañera de pupitre, se dio cuenta de que algo raro estaba pasando y
sentí su mano en el hombro. Al volver la cabeza me
encontré con sus ojos, redondos como platos, clavados en los míos. “¿Qué te pasa?” Parecía asustada. A
mí, un sufrimiento fiero y desconocido me estaba nublando la cabeza, me quemaba la fiebre del tormento
en la entrepierna, en una nota de dolor intensa y amarilla, como metal al fuego, anulando cualquier capacidad para concentrarme en algo diferente. Y entonces
fue cuando ocurrió lo que recuerdo como la mayor
humillación de todos mis días escolares. La niña prodigio, la diccionario parlante, el asombro de las profesoras, la envidia de sus condiscípulas, se había hecho
pis encima, como una niña de seis años.
Han pasado treinta años de esto y me resulta difícil
incluso escribirlo, porque aunque a ojos adultos la
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anécdota puede resultar ridícula e incluso graciosa,
entonces el suceso revistió proporciones catastróficas.
Hubiera resultado humillante para cualquiera, pero en
mi caso, en aquella niña adulta cuyos trabajos incluían
datos y fechas que las propias profesoras desconocían
hasta entonces, resultaba incomprensible. La madre
Amparo estaba convencida de que aquello lo había
hecho adrede, como protesta ante su negativa a dejarme salir de clase. No me pegó una bofetada porque en
aquel colegio estaba prohibido, pero se le notaba en los
ojos que hubiera querido hacerlo, y los tronantes berridos con los que recibió aquel charco amarillo que se
había formado en el suelo resultaban tan dolorosos
como una paliza. Llamaron a otra monja, me llevaron a
un despacho, me dieron una muda, llamaron a mi
madre, me gritaron mucho, me sometieron a un montón de interrogatorios dignos de la Gestapo y yo no
hacía sino repetir que me dolía, que me picaba y que
me ardía. Y es que la niña que escribía redacciones de
adulta había pillado una infección típica de adulta, una
cistitis consecuencia de haberse pasado demasiados
recreos sentada en las heladas losas del salón de juegos, comiendo pipas con su amiga Regina.
En los treinta años siguientes he sufrido numerosas infecciones de orina recurrentes y siempre las he asociado al mismo sentimiento: la vergüenza. No te da vergüenza decir que eres asmática o que sufres de dermatitis atópica. No te avergüenzas cuando coges una gripe
o un resfriado. Pero te avergüenzas cuando tienes que
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ir al baño cada media hora y no puedes explicar de qué
se trata por dos razones. La primera porque siempre
asociamos, desde la infancia, las necesidades fisiológicas con algo sucio y privado. La segunda porque muchos y muchas consideran la cistitis como una enfermedad de transmisión sexual, aunque no lo es. De hecho,
cuando sucedió el episodio que he contado yo era virgen y muy virgen, y ni siquiera me habían dado un beso
con lengua todavía. Durante años me trataron con antibióticos, pero el problema de los antibióticos de aquella
época que, a diferencia de los actuales, se trataba de
tratamientos pesados y prolongados. Había que tomar
una pastilla cada cuatro horas y era fácil que se te olvidara. Y más fácil aún era hacerse resistente a ellos.
Además, los antibióticos agotan, y tomarlos suponía
pasar quince días tan cansada como si fueras cargando
cuesta arriba con la famosa piedra de Sísifo. Hubo una
temporada en que, por consejo homeopático, seguía
una dieta líquida especial, tres días exclusivamente a
base de zumo de arándano que había que ir a comprar
a un herbolario especializado que lo importaba, porque
por aquel entonces el zumo de arándano no se comercializaba en España. Fines de semana en los que no
salía porque la dieta de zumo de arándano, si bien eficaz, era antisocial: te pasabas el día entero del baño a
la cama y de la cama al baño, por no hablar de lo cansada que te encontrabas. Eso sí, perdías tres kilos en
tres días, no hay mal que por bien no venga. He pasado
etapas muy malas en las que mi vida estaba marcada
por una prioridad: que nadie supiera por qué motivo
tenía que ir tantas veces al baño. En una hora podía
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entrar cuatro veces al lavabo. Y más de una vez, estando en un bar de copas, tenía que salir del garito para
buscar un hueco entre dos coches, porque sabía que no
resistiría la larguísima cola que se montaba a las tantas
de la mañana en el único servicio para chicas. Nadie
sabe cómo he odiado a las que ocupaban la cabina porque se metían a hacerse un porro, o una raya, o a darse
un beso, o a practicar cualquier actividad privada que
nada tuviera que ver con la micción. Tanto como he
odiado a esos camareros de bares que, cuando me han
visto llegar con la cara desencajada y preguntando
dónde está el baño como el náufrago que reclama un
tablón, me han mirado con cara de desprecio y me han
dicho que el lavabo estaba reservado a clientes. Nadie
sabe tampoco la de coca colas que he pagado sólo para
que me permitieran entrar al baño. En los peores momentos no me atrevía a hacer largos transbordos en
metro por si acaso sucedía un accidente incontrolable.
Llegué a usar compresas en días en los que no tenía la
regla, en previsión de ocasiones como un viaje largo en
metro o en autopista, en las que se previera que no
habría acceso a un baño en lapsos de tiempo extensos.
No conseguía dormir una noche entera porque me tenía
que levantar a cada hora para ir a orinar, y al día siguiente aparecía en el trabajo con ojeras de oso panda y una
cara entre pálida y cerúlea, como de recién resucitada,
ideal para protagonizar películas de Tim Burton.
Por fin llegó la nueva generación de antibióticos y todo
el problema se resuelve con una sola pastilla, una sola,
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que soluciona todo el calvario en cuestión de veinticuatro horas, si bien lo cierto es que no he renunciado
al zumo de arándanos como remedio de emergencia.
Nunca pensé que acabaría escribiendo sobre ello porque una así, a priori, hay que reconocerlo, nunca ha
pensado en la cistitis como en un tema literario. Pero
sí que me hace reflexionar sobre el hecho de que, en
cierto modo, algunas mujeres estamos condenadas a
no dejar nunca de ser niñas. Niñas que se avergüenzan
de decir que tienen que ir al lavabo, niñas que no saben expresar sus necesidades, o a las que no se reconoce su derecho a expresarlas, niñas que tienen miedo a que los niños las llamen putas y escriban tonterías sobre ellas en las puertas de los lavabos. Niñas que
hacen de un simple y fácilmente solucionable problema médico un secreto a puerta cerrada, de los de cortinas que no se descorren, de los que sólo se susurran
en la oscuridad y con miedo. El simple acto de decir,
con tranquilidad y sin remilgos “necesito hacer pis
cada media hora porque tengo cistitis, ¿algún problema?”, no parece en sí muy literario, pero puede resultar muy feminista ( y hasta hoy yo no había caído en la
cuenta) porque implica que una reconoce el cuerpo
como un territorio propio, de cuyas funciones no se
avergüenza, e implica también que una ha crecido y
que ya no es la niña de babi de percal, pequeñita y
humilde como la flor de espino, la niña que siente que
su cuerpo le es traidor, la niña a la que una monja
podía ordenarle lo que debía o no debía hacer.
Lucía Etxebarría
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Relatos sobre la
cistitis
Relatos finalistas
Avalada por la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia
(SEGO) y la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria
(SEMERGEN), y patrocinada por Zambon, se puso en marcha la
campaña de participación “Cistitis: se habla, se trata, se cura”.
La cistitis es una de las enfermedades que con más frecuencia
afectan a las mujeres. Pero, como quedó patente en las conclusiones del Jurado Ciudadano, somos conscientes de que no se le
presta toda la atención que se merece, especialmente siendo una
enfermedad tan común y sobre la que cuesta tanto hablar.
Superar estas limitaciones es el objetivo de “Cistitis: se habla,
se trata, se cura”, y en este sentido, nada mejor que contar con la
ayuda de quienes la viven en primera persona para desmitificar las
falsas creencias y prejuicios que circulan en torno a ella.
De todos los relatos recibidos un comité de expertos ha seleccionado los cinco mejores, que presentamos a continuación.
Muchas gracias a todas las participantes por su colaboración.
Ni empatía, ni simpatía... cistitis
M.ª Victoria (Barcelona)
Mi jefe es un catálogo viviente de un muestrario de
zoológico. Tiene dientes de conejo, un cuello de jirafa y
come como un cerdo, estas son entre otras las virtudes
que le acompañan.
Sus comentarios jocosos cada vez que estoy aquejada de estas terribles cistitis que sufro de tanto en tanto,
hacen que mi cariño hacia él aumente día a día.
Cada vez que me levanto para ir al baño, suelta por
esa bocaza de rape.
–¡Vaya, ya tenemos otro día de paseítos!
Y sale al zaguán a fumarse un cigarrillo.
Nunca he pedido la baja, bueno tampoco me la habría
dado el médico que tenía hasta ahora, así que a trancas y
barrancas acudía al trabajo, tomaba cualquier cosa que
tenía por casa de analgésico y a “currar”.
Un día de esos que investigas por Internet, me informé de mi dolencia. ¡Caramba! No era moco de pavo,
ni un frío, como yo creía, y mi madre también, era una
infección y como tal había que tratarla.
Fui al ambulatorio, pedí hora para aquel mismo día alegando urgencia y esperé al médico. Llevaba puestos los
auriculares; por la radio sonaba la zarzuela… “Hace tiempo que vengo y no sé, y no sé a lo que vengo…”.
Me pareció una ironía de pura realidad.
Aquel día no estaba el titular, era una sustituta, mujer
para más inri, pensé yo.
–¡Buenas tardes! –espeté de golpe–. Tengo una cistitis
terrible. El trabajo se me hace insoportable, por el dolor
y por mi jefe.
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–Tranquila –dijo ella–, hablemos.
El malhumor se fue de golpe, ¡por fin alguien me escuchaba, sin sonrisitas!
Le conté mis cuitas, le hablé de mi jefe, naturalmente,
de lo duro que es ir a trabajar con aquella sensación de
agobio y el dolor punzante de la incomprensión.
Ella era mujer y estaba preparada; contó su historia que
era semejante a la mía y me dio el remedio apropiado.
– Sobre todo no dejes de tomar el antibiótico durante todos los días que te prescribo, de otra forma la cistitis se hace resistente, descansa un par de días, ya te firmo la baja.
No hizo falta quedarse en casa, al día siguiente estaba mejor.
Algunos meses después, mi jefe no hacía más que entrar y salir del servicio, con un poco de ironía le comenté:
–¡Qué! ¿De paseíto?
–No sé qué demonios he cogido, parece un frío.
–Señor mío a eso se le llama cistitis, y aunque es raro
que la cojan los señores a usted le ha tocado la lotería,
como a mí.
Calló, no me dio ninguna pena. A cada cerdo le llega
su San Martín, pensé.
Inmediatamente sentí arrepentimiento recordando
mis crisis.
–Don Pedro, vaya a la farmacia y tome este medicamento;
de todas maneras no estaría mal ir al médico y quedarse
un par de días en casa, yo sé bien cómo es de molesto.
Me miró con ojos de cordero degollado y me dio las
gracias. Puedo decir que la cistitis nos ha unido.
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¿Qué me pasa?
Eva (Barcelona)
Uy uy uy... no me encuentro bien, no sé bien qué es
lo que me pasa. Tengo sudores fríos, sensación de picor
insoportable en mis genitales, dolor en mi espalda y lo
peor de todo, tengo ganas de ir constantemente al baño,
pero me siento y... nada de nada. O hago unas gotitas
que me cuestan horrores o no hago nada.
A ver, revisa lo que hiciste ayer. Me levanté, me duché,
fui a trabajar, salí a comer con unas amigas, salí del trabajo, fui a la piscina, quedé con Pablo... y pasó lo que tenía
que pasar, pero nada fuera de lo normal. Todo fue bien. No
sé, es una sensación muy extraña. Es la primera vez que
me pasa, y la verdad es que estoy un poco asustada.
¿Qué hago, espero a que se me pase o me voy al
ambulatorio a que me examinen?. Pero qué vergüenza,
cómo le explico al médico de turno que mis genitales me
pican a rabiar, que me entran unos sudores que me parezco a mi madre en plena menopausia. Seguro que se
piensa que soy alguna “pilingui” que ha pasado la noche
no se sabe dónde y que se ha acostado con vete tú a
saber quién. Imagino que algo tendré que hacer, así que,
arréglate un poco y vete para el ambulatorio. Llego al
ambulatorio y con cara de circunstancia le explico al médico mi caso. Me escucha, me mira y me diagnostica al
instante: tienes cistitis.
Cistitis, ay madre, qué mal suena eso. Y qué es eso de
la cistitis, le pregunto al médico. Pues mira, es una inflamación aguda de la vejiga urinaria y por los síntomas
que me comentas tu tipo de cistitis viene con infección.
Me explicó que no había nada por lo que avergonzarse,
que muchas mujeres la padecen y más de una vez a lo
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largo de su vida. Me recetó antibiótico durante dos días
seguidos y que bebiera mucha agua. Enseguida empecé
a sentirme mejor.
Ahora conozco la enfermedad y sé que no es nada
malo ni nada que haga avergonzarse a la mujer. Si vuelvo a tener los mismos síntomas otra vez (espero que
no), iré al médico sin pensármelo tanto.
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Hola, soy coli, E. Coli
M.ª Ángeles (Barcelona)
Hola, soy coli, Escherichia coli para más señas. La
castiza “Ecoli” para el público en general. Y me siento
una bacteria incomprendida, prácticamente desconocida y por ende ignorada sobre mis típicas y atípicas cualidades, cosa que no le ocurre a mi prima la Salmonela,
que a esa, a poco que la nombran, a todos les entra gastroenteritis: a hombres y mujeres por igual.
Así que, como ya estoy harta de oír que la cistitis que
causo a las mujeres resulta ser porque entró por un frío, un
acto de amor exagerado o porque pululo por los inodoros
ajenos al hogar de cada una, he decidido revelarme. Y aquí
estoy. A ver si consigo notoriedad y me compran la exclusiva las revistas multisectoriales para salir en portada y difundir las contrariedades que soy capaz de producir cuando me despeino y me sacan de mi ciénaga. Como a Shrek.
Y es que así, como bacteria, soy más bien tirando a fea
y con pelos, pero mientras me dejen nadar por mi flora
bacteriana del intestino grueso, donde habito desde hace
incontables millones de años en cualquier mamífero, bien
vaca o bien humano, soy hasta benefactora y necesaria
para el proceso digestivo. Pero como no paro quieta, a
poco que me desprendo del fluido habitual y me da por
salir al exterior me ahogo y acabo buscando a la desesperada un alberge húmedo para seguir viviendo. Aunque a
veces acabo en el líquido que no es y que resulta ser otro
más limpito. Y con lo que a mí me gustan las aguas negras,
en cuando entro en las aguas claras me suelto la melena
a lo arrebato pasional y empiezo a buscar un lugar donde
aferrarme para no morir en el intento... Y ahí es donde comienza la desesperación de quien me sufre. Pero tanto
ellas como ellos, aunque, como me es más fácil llegar al
cauce de las féminas, a las pobres les toca en mayor pro- 21 -
porción notar mis cambios de hábitos vitales que yo les
transmito a través de escoceduras como filos de navajas,
irritaciones nerviosas, sudores, hematurias y un mal humor
que no lo calma ni ganar el bote del euromillón.
En grandes cantidades provoco una infección de aquí
te espero denominada cistitis y durante unos días me voy
multiplicando hasta que, como no me expulsen rápido,
puedo llegar a ser un grave problema si llego a los riñones. De ahí que oiga a los médicos decirle a las sufridas (y
sufridos, ¡no lo olviden!) pacientes que beban mucha agua
para que me vaya por donde he venido. Y cuando me
pongo peleona tienen incluso que tomar las medicinas
que recetan los galenos y así acabo por quedarme calva y
ser fagocitada por los refuerzos terapéuticos... Hasta la
próxima infección, claro. Porque sigo estando en el intestino grueso y en cualquier momento puedo volver a fluir.
En fin, que como bacteria en la uretra soy un desastre y
pido perdón por las molestias ocasionadas, pero soy incorregible si salgo por el recto y a poco que tengan un poco de
higiene personal controlada (no puedo ser transmitida desde
un inodoro ni desde el frescor de una piedra porque no puedo vivir en el aire), evitarán que acceda al lugar incorrecto.
Este relato toca a su fin y sólo me quedan cuatro cosas que decir, como el baile eurovisivo:
> Una, a los pacientes: a la mínima que sientan que pudiera estar fastidiándoles, acudan a un médico.
> Dos, a los médicos: escuchen detenidamente y exijan
pruebas de diagnóstico rápido. Porque doy fe de que,
mientras no me expulsen, soy insufrible.
> Tres, a los que rodean a los pacientes: no se lo tomen
a chanza porque no soy exclusiva de ningún sexo ni
condición y me puedo manifestar igualmente en su
cuerpo. Así que... Apliquen la solidaridad convaleciente.
> Y cuatro, que sepan que el extrañísimo nombre que
luzco me lo adjudicaron en honor al científico que
me descubrió allá por el año 1885, el bacteriólogo
alemán Theodor Von Escherich.
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La sala de Urgencias
Aída (Madrid)
Yo sólo he padecido cistitis una vez… ¡Pero me duró
seis meses! De esta etapa guardo muchos recuerdos
(ninguno grato), pero el más nítido de todos es el del día
en que me atacó un domingo. De ser entre semana hubiera acudido a mi ambulatorio (del que ya era habitual),
pero claro, un domingo sólo te queda la “alternativa
Hemoal”: sufrir en silencio. Y yo estaba dispuesta (o más
bien resignada) a hacerlo, sólo que a mi cuadro habitual
de sudores fríos, fuertes dolores, punzadas y quemazón
se sumó, por primera vez, la sangre en la orina, con lo
cual no me pareció descabellado acudir a Urgencias.
Tardamos (mi amantísimo y pacientísimo y yo) cerca
de una hora en llegar, porque como no encontrábamos
un taxi optamos por coger el autobús, que si no llega a
ser porque nos costó 1,35 en lugar de 20 euros, hubiera
pensado que se trataba del bus turístico, y cuando al fin
logramos llegar a la meta, aquello más que Urgencias
parecía el infierno de Dante: aullidos, gemidos, brazos
en cabestrillo, cabezas sangrantes… Esperé mi turno
en aquella cola infinita y al fin me atendió una enfermera que solícitamente me proporcionó dos analgésicos y
un vasito de plástico para la muestra. Se lo devolví instantes después y me dijo que el médico me vería “en un
par de horas”. Me senté junto mi amadísimo y pacientísimo y nos dedicamos a leer la Cosmopolitan en amor
y compañía. Nos la leímos enterita (hasta la letra pequeña de los anuncios de antiarrugas) y ya sólo nos
quedaba ver la tele para pasar el (mal) rato, una opción
aceptable si no fuera porque la película que acababa de
empezar (una de 007 de Roger Moore) no tenía volumen… Así que durante las dos horas siguientes nos dedicamos a imaginar la trama, y oye, nos gustó mucho,
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aunque a día de hoy seguimos sin ponernos de acuerdo sobre qué pasó al final.
Al filo de las 10 de la noche (llevábamos cerca de cuatro horas y media de espera) me llamaron… Para decirme que no me podían poner un tratamiento sin obtener
primero una muestra de orina. ¡Pero es que les he dado
una nada más entrar! ¿Ah, sí? Vaya. Pues no sabemos
dónde está. ¿Nos podría dar otra? Claro, cómo no, yo
encantada, si no me duele casi… Ah, una preguntita: del
1 al 10, ¿qué nota le pondría a su dolor? ¿¿¿??? No es
cuestión de exagerar porque tampoco es que esto sea
como tener cálculos renales pero, ¿y si me quedo corta?
¡Lo mismo me hacen esperar otras cuatro horas! Así que
le puse un notable alto. Al fin analizaron la nueva muestra, me comunicaron que no estaba embarazada (gracias, me quedo más tranquila, pero eso ya lo sabía yo) y
me recetaron los codiciados antibióticos… Y zumo de
arándanos. Si lo sé llamo a Txumari Alfaro y nos ahorramos siete horas de trance…
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Infección recurrente por inadecuados
tratamientos e infravaloración
Mayka (Madrid)
No he tenido nunca cistitis, pero sé mucho de ella,
porque mi madre la ha padecido en un sinfín de ocasiones a lo largo de su vida. Ha habido temporadas, largas,
en que mi primer saludo para ella era:
–¿Qué tal la cistitis, mamá?
–Hoy, por ejemplo, he pasado una mañana molestísima, hija –me respondía. Ya he terminado el tratamiento
del médico de cabecera, estoy cansada de tanta manta
eléctrica, a pesar de que a veces es lo que más me alivia, y muchos días no puedo ni salir de casa de lo incómoda y molesta que me siento.
Con pequeñas variaciones, ésta era la respuesta de
mamá durante tres largos meses, que fue el tiempo que
le duró el último episodio de cistitis (de septiembre a
noviembre de 2007) y al que sólo voy a referirme en este
breve relato.
Como en la sanidad pública el primer escalón de
acceso es el centro de salud, mi madre acudió en septiembre del año pasado a su médico de cabecera, en el
que tiene mucha confianza. Él, desde luego, procedió de
la mejor manera: le pidió análisis microbiológico y luego
instauró el tratamiento que creía más adecuado. En pocos días mamá mejoraba. Pero tan pronto como la cistitis se iba, volvía a recidivar.
–Hija, yo recuerdo que hace algunos años me pasó algo
parecido –me decía– pero en cuanto me remitieron al especialista empecé a mejorar hasta que se me pasó.
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Mamá tuvo la mala suerte de que, en esta ocasión,
cuando le iban a dar el volante para el especialista no sé
qué cambios médicos hubo. Total, que se demoró aún
más la cosa. Por fin, a los tres meses de sufrimiento y
pasando una cistitis tras otra (que en realidad era la
misma mal curada o no curada), pudo acceder al urólogo del centro de especialidades.
Le hicieron un nuevo cultivo y comprobaron que era
una infección muy recidivante por no estar convenientemente tratada. A los pocos días del tratamiento del urólogo mi madre empezó a olvidarse de la cistitis.
–Es que no me lo puedo creer, hija. Después de tantas
semanas pasando las de Caín...– contaba la pobre.
Yo creo que este problema está infravalorado por los
propios médicos, que no cogen el toro por los cuernos
desde el principio. La cistitis es una infección que,
correctamente manejada, responde muy bien a las terapias actuales. No tiene por qué recidivar ni deteriorar
tanto la calidad de vida de las pacientes.
Considero que es momento, totalmente justificado, de
reivindicar la atención que esta infección merece, a fin de
que las pacientes no sufran innecesariamente ni se prolongue largo tiempo un problema que puede ser atajado
desde el principio si es valorado en su justa medida.
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¡Vaya vida!
“Otro día más pegada al inodoro de mi casa. Es horrible. Desde que cumplí 16 años (y ya tengo 36…) he
padecido un sinfín de episodios como el que acaba de
comenzar.Y creo que me lo sé todo, pero cada vez que
pasa siento más angustia porque no sé cómo aliviar
este sufrimiento, porque me niego a volver a pasar por
ello otra vez más, porque no es justo, ¿por qué yo?...
He tenido 17 episodios como este en 20 años. No son
un sinfín, como he dicho. Los he contado todos porque
cada uno de ellos me ha parecido peor que el anterior.
Nunca me acostumbraré a la cistitis. Me resisto. No
quiero que me pase más. Me gustaría borrar de mi
vida estos próximos dos días, preferiría regalárselos a
alguien y que ese alguien lo pase por mí, aunque le
regale dos días de vida. Pero..., ¿qué he hecho yo realmente para merecer este suplicio?
Ayer no hice nada particular. No tuve sexo, no fui a la
piscina, no usé tanga, no hice nada que deba reprocharme, nada..., y aquí estoy otra vez pegada al inodoro. Esas ganas terribles y baldías de orinar se me
clavan por dentro. Sólo salen dos gotas que me rasgan y queman. Sin lugar a dudas, ha sido peor inten- 29 -
tarlo, me he quedado peor, pero no puedo evitarlo. Te
da la sensación de que cuando orines se pasará todo..., qué mentira. Cuando lo intentas te quedas aún
peor. Las ganas nunca cesan. ¡Vaya dos días me esperan! Otra vez. Cuando veo la sangre en el inodoro me
pongo mala. Pero bueno, me han dicho muchas veces que no importa, que alguna venita se rompe con
la inflamación vesical y que por ello sangra. No obstante, yo no lo soporto. Me muero de miedo pensando otra vez más que esto que me pasa podría no ser
una cistitis, como las otras veces, y ser algo más grave; el miedo es libre, desde luego.
Y cuanta más agua beba casi peor, porque iré al baño
tantas veces... Otra vez más me será imposible ir a trabajar, porque no tengo el baño cerca para salir corriendo. Además estoy harta de dar explicaciones a mi jefe
y de contarle que vuelvo a tener cistitis. No voy a centrarme en todo el día, y mañana tres cuartos de lo
mismo, porque menuda noche me espera. Tengo que
conseguir una medicación ya y comenzar a tomarla lo
antes que pueda, para que esto se pase pronto, pero
no quiero tomar las pastillas de la última vez porque
me produjeron unos retortijones fuertes en el vientre
y creo que además fueron las responsables de que
cogiese hongos, cambiando el dolor y las ganas de orinar por flujo y picores que perduraron un montón de
días. Creo que tengo alguna décima y además me duelen los riñones. ¡Cómo escuece al orinar...! Es insoportable. No tengo humor para nada, y luego, vaya o no
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vaya al trabajo, en casa ni mis hijos ni mi marido lo van
a entender. Seguro que no me van a servir de ayuda
alguna, y como han sido ya tantas veces piensan que
realmente no me pasa nada, lo que me faltaba...
Tengo que ir al médico para que me mande algo que
tomar. Esto sí que es ridículo, sé muy bien lo que
necesito, pero en la farmacia no me lo venden sin
receta. Cuando le pido la receta al médico éste me
mira cono si le sentara mal que yo le diga lo que me
pasa. Alguna vez incluso me han dicho que por qué
voy, si yo ya sé lo que me pasa. Desde luego que sé lo
que me pasa, pero si no voy al médico, ¿quién me da
a mí la receta? Como si yo fuese sólo para verle la
cara. Él sí que no me ve a mí ni la cara. Sin explicarme
nada de nada me trata como si fuese una resabida,
qué rabia me da pasar por ello una vez más, pero
ahora necesito esa receta más que nada en el mundo.
Si no fuera por ello realmente no iría al médico, nunca
me ha realizado ninguna prueba ni me ha explicado
nada. Qué triste sentirse tan abandonada...”.
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Nunca he sufrido cistitis, aunque me lo han contado miles de veces. Es como si yo también lo hubiera
padecido de todas las veces que me han trasmitido esas
sensaciones. Me duele sólo de pensarlo, tanta desvalidez,
tanta dependencia, tanta molestia, tanta angustia... Y eso
que la cistitis es uno de los procesos más comunes que
suceden si se tienen en cuenta los problemas de salud
corrientes y cotidianos. La cistitis es, de hecho, tan común
que resulta prácticamente imposible estimar con exactitud el número de personas que la sufren.
Muchas de estas mujeres no consultan a su médico. Otras
ya lo han hecho y la información que el médico les ha
dado, por lo general basándose en una entrevista muy
breve, ha resultado insuficiente y escasa. Con esa información no se puede conocer bien el problema, ni mucho
menos paliar sus consecuencias, combatirlo eficazmente
y desterrarlo de sus vidas. Por eso decidí escribir este libro, para ayudar a las personas que sufren cistitis a conocer mejor qué es lo que les está pasando, por qué pasa,
qué hacer para evitar que vuelva a suceder y, si pasara de
nuevo, estar más preparada para enfrentarse al proceso.
Creo sinceramente que este pequeño libro puede ayudar a muchas mujeres que sufren en silencio este problema, afortunadamente no grave, pero que no por ello
debe considerarse banal.
Javier Angulo Cuesta
Jefe del Servicio de Urología
Hospital Universitario de Getafe. Madrid
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¿Qué es
una cistitis?
oda mujer con la que hables al respecto sabe
algo acerca de la cistitis. Quienes no la han padecido han recibido información de primera
mano a través de una amiga o un familiar que sí la ha
sufrido. Para la mayoría de las mujeres la primera vez
es la peor, seguramente porque no comprenden qué es
lo que pasa y sus temores son más intensos. Por ese
motivo la información es la mejor arma para combatir
la angustia y puede ayudar en todos los casos. Además,
la información precisa y autorizada también ayudará a
combatir tabúes y a preparar una estrategia de prevención, puesto que la prevención es la única posibilidad
de obtener una cura permanente del proceso.
T
La mayoría de las mujeres que padecen cistitis de manera repetida (lo que los médicos denominamos “cis- 33 -
Puedes vivir sin cistitis
titis recurrente” o “cistitis de repetición”) se han resignado a ser sufridoras creyendo que hay poco que
puedan hacer por su parte para frenar ese proceso.
Pero esto no tiene por qué ser así. La mayoría de
estas mujeres pueden actuar para, con mínimos
cambios en su forma de vivir, beneficiarse de una
reducción importante del número de episodios de
cistitis o incluso de no volver a padecerla más.
La resignación no es buena compañera. El espíritu de
este libro se basa en transmitir de forma clara y con
palabras sencillas cómo poder ayudar a una mujer
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¿Qué es una cistitis?
que padece cistitis a aminorar el impacto de su problema y a reducir el sufrimiento que genera dicho
proceso, deseablemente borrando de su vida la posibilidad de padecer de nuevo cistitis y, de no ser así,
reduciendo la frecuencia del proceso y ofreciendo la
información necesaria para que el cuadro se trate de
una manera mas eficiente, rápida y segura.
La cistitis es una inflamación de la vejiga urinaria.
El origen de la palabra deriva del griego κιστη, que significa “cesta” o “bolsa”. De hecho, la vejiga de la orina
se sitúa en la pelvis o bajo vientre y es un órgano hueco que permite acumular la orina y vaciarla a voluntad.
La orina se produce en los riñones y desciende por los
uréteres, los tubos que van desde el riñón hasta la vejiga. Otro tubo, la uretra, comunica la vejiga con el exterior permitiendo la evacuación de la orina.
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Puedes vivir sin cistitis
Esta inflamación de la vejiga urinaria que conocemos como “cistitis” está causada por una bacteria.
Las bacterias son organismos unicelulares que se
multiplican en un medio, en este caso en la orina, y
se adhieren a la capa más interna de la vejiga produciendo una reacción inflamatoria aguda que es la
causante de las molestias que padece la paciente.
Estas bacterias habitan de manera natural en el
interior del tubo digestivo y en las heces, pero
cuando acceden al interior de la vejiga se comportan
como un germen invasor y problemático.
Una persona sana no siente la presencia de ningún órgano de su cuerpo en particular. Cuando alguien siente
su vejiga puede deberse al hecho de que haga tiempo
que no la haya vaciado, pero aún así, una vez que el in- 36 -
¿Qué es una cistitis?
Síntomas asociados a la cistitis
Escozor con la micción
Dolor en el bajo vientre
Urgencia para orinar
Orina con frecuencia
Escape de orina
Sangre en la orina
Décimas de temperatura
Malestar general
dividuo orina deja de sentir esa sensación de plenitud
vesical. La sintomatología que la cistitis produce
suele surgir con rapidez como de la nada. Provoca la
sensación de que la vejiga está siempre llena, de manera que tienes en todo momento una sensación irrefrenable de orinar. Se trata de una sensación desagradable
y dolorosa. Esta sensación hiriente, lejos de mejorar una
vez que se produce la micción, se mantiene constante
o incluso empeora con el paso de la orina.
Los síntomas cl í nicos típicos de la cistitis son escozor
cuando pasa la orina, dolor en el bajo vientre, sensación
de una necesidad urgente de ir a orinar y necesidad de
orinar con mucha más frecuencia de lo habitual, pero
expulsando muy poca cantidad cada vez.
La paciente siente necesidad de volver a orinar sin
que realmente haya pasado tiempo como para que su
vejiga contenga una cantidad de orina que requiera
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Puedes vivir sin cistitis
ser vaciada. Esta necesidad de orinar con prisas puede incluso acabar en un escape de orina.
No puede decirse que sea normal orinar tantas o
cuantas veces al día. Ese número depende de cada
persona, de la cantidad de líquido que haya bebido,
de la composición de la comida, de la temperatura y
de la cantidad de sudor que emita, de sus hábitos y
de la capacidad vesical que esté acostumbrado a
contener, incluso de la disponibilidad para acceder a
un retrete. Cada paciente tiene un ritmo habitual
de evacuación de la orina, pero cuando sufre cistitis esta frecuencia aumenta. Ahora bien, no se
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¿Qué es una cistitis?
orina más cantidad sino que se orina más veces.
Por ello se evacúa menor cantidad de orina cada vez
que se va al baño. Realmente, tanto la urgencia como
la frecuencia aumentada propias de la cistitis se deben a que la vejiga inflamada sufre unos cambios
morfológicos que la hacen menos distensible y no
permiten almacenar la orina apropiadamente.
El dolor característico de la cistitis es una molestia en el bajo vientre, justo por encima del pubis
pero profundamente. Es una manifestación de la inflamación de la vejiga. En los varones sucede también
de manera similar cuando la próstata está inflamada.
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Puedes vivir sin cistitis
El dolor de la cistitis es continuo y se torna más intenso al orinar, llegando incluso a sentirse como un pinchazo en la vulva y el periné. Justo después de haber
orinado ese dolor, lejos de desaparecer, suele hacerse
más intenso. No se pueden aguantar las ganas de orinar porque duele y tampoco se puede orinar, porque
duele más, ¡menuda gracia!.
La cistitis también puede presentar otros síntomas
como la hematuria o la febrícula. “Hematuria” no es
ni más ni menos que sangre en la orina. Se produce
porque alguna vena inflamada se rompe con el esfuerzo de la micción. Es muy aparatoso y puede ser un
sangrado bastante intenso. No todas las pacientes que
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¿Qué es una cistitis?
padecen cistitis ven esta señal. La sangre en el
retrete o al limpiarse es un signo que alarma muchísimo a las pacientes. No obstante, no implica ninguna gravedad
añadida a otra cistitis que no produzca hematuria. No se trata de
cistitis más dolorosas ni necesariamente más intensas. Tampoco significa que la bacteria que produce la infección sea distinta o que la paciente
que presenta sangre en la orina padezca algún riesgo de tener, además de la cistitis, alguna otra enfermedad más grave.
La “febrícula” se define como el aumento de temperatura corporal sin llegar a alcanzar 38ºC, es decir, lo que cuando se toma la temperatura habitualmente se conoce como “tener alguna décima”. Este
signo es inespecífico y sucede en cualquier proceso inflamatorio y, cómo no, con frecuencia también en la
cistitis. Si la fiebre es más alta debe considerarse
que no se trata de una cistitis, sino más bien de
una infección urinaria que afecta al riñón (pielonefritis) y que precisa diferente atención médica.
Otro proceso que a veces en su fase inicial puede confundirse con una cistitis y también cursa con fiebre alta
es la apendicitis aguda. Esto se debe a que en algunos
pacientes el apéndice del ciego se encuentra muy próximo a la vejiga y la inflamación del mismo puede llevar a una inflamación de la vejiga por contigüidad.
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Puedes vivir sin cistitis
En resumen, si una paciente tiene síntomas
de cistitis pero además presenta fiebre por
encima de 38ºC, debe ser evaluada convenientemente para descartar otras enfermedades.
El agente causal de la cistitis es una bacteria que,
inicialmente, procede del tubo digestivo y de las
heces de la propia paciente. Por dicho motivo este
tipo de bacterias se denominan “enterobacterias”.
Entre todas ellas, la que casi siempre produce la cistitis es Escherichia coli, aunque otras también pueden
hacerlo. Esta bacteria, que se encuentra presente en
las heces y en el ano de la paciente, por diversos motivos tiene la capacidad para colonizar el periné, que es
la región anatómica que rodea el ano, y para introducirse en la vulva y en la misma uretra de la paciente.
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¿Qué es una cistitis?
Esta bacteria tiene una cubierta peculiar que posee
una especie de pelillos y patitas largas que le permiten trepar hasta el interior de la vejiga urinaria.
Una vez allí, la bacteria se asienta sobre la capa interna de la vejiga, que se encuentra en contacto con la
orina. Gracias a sus pelillos se adhiere a la vejiga, lo que
dificulta su expulsión con la micción. De esta forma la
bacteria se multiplica y produce una reacción inflamatoria que afecta todo el grosor de la vejiga urinaria y
que será la causante de los síntomas del proceso.
La inflamación aguda de cualquier órgano se produce por la invasión de gérmenes que generan en el
tejido una respuesta inflamatoria. Dicha respuesta
tiene como base la ocupación del tejido por las células
defensivas o glóbulos blancos (leucocitos y linfocitos)
que se encontraban previamente circulantes en la sangre, y que liberan localmente sustancias químicas carac- 43 -
Puedes vivir sin cistitis
terísticas de la inflamación. Estos cambios en la estructura del órgano llevan a que la persona sufra el dolor, la
sensación de hinchazón y las molestias. Son cambios
transitorios, que desaparecen una vez que la inflamación
revierte. Se parece a lo que sucede en un flemón de la
cara cuando existe la presencia de una infección bucal.
Básicamente, en eso consiste una cistitis. En ocasiones
la clínica que produce la inflamación de la vejiga
puede parecerse a la que produce la inflamación de
otros órganos vecinos, como la uretra (en el caso de
las uretritis) o la vagina (en el caso de la vaginitis).
De hecho, estas condiciones a veces están relacionadas.
Con cierta frecuencia la cistitis comienza de manera
ascendente. Así, antes de inflamarse la vejiga se inflama la uretra. No es extraño por ello que muchas mujeres comiencen a sentir la inflamación en la porción más baja de su uretra, la que se encuentra en
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¿Qué es una cistitis?
el interior de la vulva. Tampoco es extraño que en ocasiones el empleo excesivo de antibióticos genere
una infección genital por hongos, lo que médicamente se denomina “vaginitis micótica”, que produce
flujo y picor. Por ello muchas mujeres padecen tanto
cistitis como vaginitis. A esta situación nos referiremos
más adelante explicando la causa de dicha asociación.
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Puedes vivir sin cistitis
Cuando las bacterias y la inflamación superan la
vejiga y alcanzan los riñones se produce otro tipo
de infección urinaria. No se trata entonces de cistitis aguda, sino de pielonefritis. La pielonefritis
conlleva, como dijimos, además de síntomas similares
a los de la cistitis, la presencia de fiebre alta y gran
quebrantamiento. A veces algunas personas sufren
primero cistitis y, si ésta no ha sido tratada convenientemente, puede producirse después la pielonefritis.
No obstante, la mayoría de las cistitis no producen
afectación alguna sobre los riñones.
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La maldición
de Eva
E
s evidente que la cistitis es un problema de
mujeres y esta diferencia se debe fundamentalmente a motivos anatómicos, es decir, a la diferencia entre la anatomía de la mujer y la del hombre. La
uretra de la mujer adulta mide aproximadamente 4 cm,
mientras que la uretra del varón mide unos 20 cm. Por
eso, mientras que el orificio uretral del hombre se
encuentra muy lejos del ano, en la mujer ambos orificios
se encuentran peligrosamente cercanos. Los gérmenes
solamente tienen que viajar una escasa distancia a lo
largo del periné para alcanzar la uretra desde el ano y
desde allí “trepar” al interior de la vejiga. Este viaje
puede favorecerse por arrastre mecánico mediante
diversas maniobras habituales como el uso de ropa
interior ajustada, tanga o compresas. De hecho, la
sabiduría natural lleva a las madres a enseñar a sus
hijas que cuando se limpien después de defecar deben
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Puedes vivir sin cistitis
hacerlo de delante hacia detrás. Si se hace al revés se
introducen restos fecales y bacterias en la vulva, lo que
puede producir mucho mas daño. A esta medida básica
de protección nos referiremos mas adelante.
Mecanismos naturales de defensa contra la cistitis
Flora vaginal (bacilos de Doderlain)
Acidez del medio vaginal
Manto graso de la piel
Chorro miccional
Ahora bien, no todo resulta negativo en la mujer. La presencia de unas bacterias, los bacilos de Doderlain,
como flora habitual vaginal protege de la invasión
de las bacterias procedentes de las heces y, por sí
misma, no produce problema alguno. La acidez natural de la vagina es otro mecanismo de protección
que a menudo previene la invasión bacteriana intestinal. Cuando se pierde la acidez natural y el entorno vaginal se vuelve alcalino existe mayor predisposi- 48 -
La maldición de Eva
ción a padecer cistitis. Por eso es muy importante conocer que es posible establecer estrategias de prevención potenciando los mecanismos naturales de defensa contra la cistitis y que dichas medidas preventivas
son el principal arma para poder evitar la repetición de
episodios y para que las pacientes puedan restablecer
su confianza en llevar a cabo una vida sin limitaciones.
Existen muchos tabúes en torno a la cistitis
y a la mujer que la padece. Curiosamente, la
mayoría de las mujeres que padecen cistitis
desconocen que el agente causal es una
bacteria procedente de su flora intestinal.
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Puedes vivir sin cistitis
Muchas pacientes piensan que la cistitis se debe a un
enfriamiento y que el agente causante es el frío. Algunas creen que debe combatirse con calor. Otras
saben que el sexo y la cistitis tienen una evidente
relación, aunque admiten que también puede padecerse cistitis sin haber tenido sexo previamente. De hecho, monjas y niñas sufren también cistitis,
y además aproximadamente la tercera parte de las
mujeres que sufren cistitis lo hacen después de la
menopausia. No obstante, en el subconsciente popular las palabras “coger frío” van íntimamente relacionadas con practicar sexo o con
recibir caricias genitales.
Resulta de todos conocido el término “cistitis de la luna de miel”, que
describe la elevada frecuencia de cisti- 50 -
La maldición de Eva
tis aguda en el momento en el que una mujer comienza sus relaciones sexuales. Pero incluso años después
de haber iniciado el sexo algunas mujeres padecen
cistitis siempre que olvidan ir al baño a orinar inmediatamente después de finalizar la relación sexual y
poco después empiezan los síntomas.
De hecho, Escherichia coli duplica su número en la
orina cada media hora y antes de haber pasado 24
horas después del coito ya está establecido completamente el cuadro clínico. Orinar inmediatamente
después de la relación sexual empujará las bacterias
fuera de la vejiga y de la uretra. Pero la relación que
existe entre sexo y cistitis para nada implica contagio venéreo ni malos hábitos higiénicos.
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Puedes vivir sin cistitis
Los estudios microbiológicos confirman que la uretra
de una mujer con tendencia a sufrir infección urinaria
de manera repetida está colonizada por la misma
cepa de Escherichia coli que contamina su periné y su
región perianal, y no por otras cepas de esta misma
bacteria presentes en la región genital de su pareja.
Es decir, no se trata de un contagio, sino de que el
coito supone una maniobra de fricción favorecedora mecánicamente de la penetración de gérmenes en la uretra, al igual que puede ser llevar ropa interior ajustada o tener malos hábitos higiénicos a la
hora de limpiarse después de defecar.
También se sabe que la relación entre coito y cistitis no
se debe a ninguna postura particular, pero sí que existe mayor riesgo cuando se trata de un contacto sexual
intenso después de una larga temporada sin sexo.
Falsos mitos asociados al temor a la cistitis
El “coger frío”
Practicar sexo
El semen como agente nocivo
Contagio venéreo
Las posturas del coito
El tamaño del pene
La higiene del pene
Orinar en baño público
Ahora bien, pensar es libre y muchas veces las pacientes dan rienda suelta a su imaginación, lo que genera muchos falsos mitos. Algunas de estas creencias
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La maldición de Eva
se centran en pensar que la cistitis se transmite como
si se tratara de un contacto venéreo, otras en que el
semen es un factor irritante que actúa como cuerpo
extraño o que produce una reacción alérgica, otras
que el sexo practicado ha sido demasiado fuerte o
que se ha empleado alguna postura coital nociva, etc.;
incluso que el tamaño del pene de la pareja tiene que
ver y puede incluso hacer daño o estar sucio, trasmitiendo así gérmenes nocivos.
Desde luego que puede existir un componente de irritación mecánica en las molestias asociadas a la cistitis
tras el coito, pero esa no es la causa de la infección. Por
otro lado, la mayoría de las mujeres en las que existe una relación clara entre sexo y cistitis pueden
llegar a sentir miedo a tener una relación y algunas
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Puedes vivir sin cistitis
incluso a padecer frigidez y a ver arruinada la relación con su pareja. Son muchas las mujeres que padecen este problema en silencio y cuando consultan la
infección, generalmente, se ha curado bebiendo abundante líquido, pero el trastorno psicológico y el daño en
su relación íntima necesita altas dosis de cariño y comprensión y, aún con todo, tiene muy mala cura.
Algunas pacientes refieren que diversas posturas coitales son más irritantes que otras, pero eso depende
más de la pareja y de otras condiciones como la lubricación, que va de la mano de la imaginación y del gusto por las caricias y preámbulos sexuales. El sexo placentero precisa de una fase de estimulación en la
que se produce la secreción vaginal natural en la
mujer y la secreción uretral en el varón.
En este sentido, no cabe duda de que cuanto más húmedo mejor. La lubricación natural de la vagina sucede de manera natural con la excitación sexual.
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La maldición de Eva
Por ello debe tenerse en cuenta la importancia de las
caricias y juegos iniciales en la relación. No sólo se
trata de una experiencia placentera, sino además beneficiosa. La humedad evita la irritación.
Las mujeres con escasa lubricación, lo que
resulta más probable tras la menopausia,
pueden emplear cremas lubricantes que se
venden en farmacias para prevenir las
molestias y facilitar el coito.
El uso de este lubricante permite que las mujeres con
antecedentes de cistitis asociada al coito se sientan
más seguras y eviten la irritación y el dolor que puede
causar la apertura de pequeñas erosiones en la uretra; ahora bien, la lubricación en sí misma no protege de la infección. Deben tenerse en cuenta también otras medidas preventivas a las que se hace
mención en el próximo capítulo.
Mucho se ha hablado respecto a la higiene del varón
y a la necesidad de que éste se lave antes del coito
por el riesgo de transmitir infección al penetrar a una
mujer con tendencia a sufrir cistitis. Desde luego que
la higiene es necesaria, tanto en la mujer como en el
varón; no obstante, los estudios microbiológicos han
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Puedes vivir sin cistitis
demostrado que el germen causante de la cistitis se
encuentra en el periné de la mujer y que proviene de
su tubo digestivo, no del aparato digestivo del varón.
En personas con higiene corporal diaria no resulta necesario llevar a cabo un lavado previo a la
relación sexual, ni en la mujer ni en el varón. En el
próximo capítulo se discutirá cómo el “exceso” de higiene puede ser gravemente perjudicial para la mujer
al interferir con mecanismos naturales que previenen
del desarrollo de cistitis. Higiene sí, pero la justa.
La falta de higiene no es buena y el exceso de la
misma tampoco. Ojalá fuese tan fácil prevenir una
cistitis como que el varón se lavase antes del coito.
Esta medida es totalmente inútil y por tanto no se debe caer en una escrupulosidad innecesaria que ronda
la neurosis obsesiva.
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La maldición de Eva
Algo similar puede decirse del lavado genital de la
mujer previo al coito. Mucho más efectivo que este
lavado es llevar a cabo una micción precoital (es
decir, orinar justo antes de tener relaciones sexuales), con intención de que la vejiga tenga la menor
cantidad de orina posible en el momento del coito.
De esta forma se disminuye el riesgo que la relación
sexual tiene de producir una contaminación bacteriana que sea el origen de la cistitis.
Así mismo, una vez finalizado el coito, la
micción posterior de la mujer es absolutamente
necesaria, de manera que esta orina arrastre
los gérmenes que estén intentando acceder a la
vejiga después de haber contaminado la uretra.
Si he señalado que orinar antes del coito es recomendable para evitar el remanso de orina en la vejiga
durante la práctica sexual, orinar después del coito es
imprescindible para prevenir la colonización bacteriana debida a la introducción de las bacterias en la uretra de la mujer. Horas después de que las bacterias
llegan a la vejiga comienzan las molestias y, aquí está,
surge un nuevo episodio de cistitis. Muchas veces la
mujer que la padece se da cuenta de que existe
una asociación con haber mantenido sexo, pero
pocas veces se da cuenta de que una medida tan
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Puedes vivir sin cistitis
simple como orinar después de la relación sin demorarlo en el tiempo puede ser una medida muy
eficaz para evitar el problema.
No es una coincidencia que las mujeres que emplean diafragmas vaginales sufran cistitis con mayor
frecuencia que quienes no los usan. Por un lado, un
diafragma que no se encuentre apropiadamente colocado presionará sobre la vejiga de quien lo lleve.
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La maldición de Eva
Existe mucha confusión acerca de cuáles son
las medidas anticonceptivas más favorables
para las mujeres que padecen cistitis.
Cuando el diafragma comprime la vejiga no permite
un correcto vaciado de la misma y ése es el principio
del problema. Además, cuanto mayor tiempo permanece el diafragma sin ser retirado más riesgo existe
de contaminación bacteriana que fácilmente se transmite a la orina retenida. Por si fuera poco, el material
espermicida puede tener un efecto irritante sobre la
mucosa de la vagina y de la vulva, lo que hace más
sensible la uretra y empeora la inflamación.
Algo similar puede suceder con el empleo de condones, que generalmente se encuentran recubiertos
también de material espermicida. Incluso aquellos
condones que no llevan material espermicida pueden
contener material antioxidante en la goma que genere síntomas similares a los de la cistitis. Algunas mujeres pueden ser alérgicas al látex y sufrir unas
molestias que también pueden confundirse con
cistitis, pero realmente se trata de una inflamación
de origen alérgico de la vagina y de la uretra.
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Puedes vivir sin cistitis
El empleo de tampones y de compresas también se
asocia a mayor riesgo de cistitis. Realmente, se desconoce cómo puede ser que el empleo de tampones
facilite la cistitis, aunque parece lógico pensar que
pueda ser un factor colaborador para la penetración
de bacterias del periné en la vulva, y específicamente
al orificio uretral, similar al efecto de masaje que produce la penetración del coito. Algo parecido sucede
con las compresas, que por efecto de roce en la
región perineal próxima al ano pueden favorecer
el arrastre de bacterias a la uretra, de manera similar a como sucede con el coito. No obstante, la
mayoría de las veces los problemas de tolerancia que
producen el tampón y las compresas se deben a las
sustancias químicas, como el gel de poliacrilato, que
confieren su capacidad absorbente y desodorante. En
este mismo sentido, las toallitas impregnadas de
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La maldición de Eva
sustancias químicas e incluso algunos tipos de
ropa interior pueden producir una reacción alérgica irritante de la mucosa vaginal, generando vaginitis e incluso uretritis. Estos procesos pueden simular la cistitis en sus formas de inicio.
Igualmente, desde hace tiempo se ha echado la culpa
al uso de ropa interior ajustada como un factor favorecedor de la cistitis, especialmente si la ropa está compuesta de nylon o de fibra artificial. La ropa interior de
algodón recibe el sudor y las secreciones, pero permite el paso del aire. Por ese motivo se asume que el empleo de ropa interior suelta hecha de fibra natural no
resulta perjudicial. Ahora bien, no existen estudios definitivos a este respecto. Probablemente en algunas
mujeres el empleo de tanga suponga también mayor
riesgo de contaminación fecal por efecto del roce, pero este hecho tampoco ha sido demostrado.
El estreñimiento es otro factor que en algunas ocasiones se ha asociado con la presencia de mayor
riesgo de infección urinaria. Posiblemente, la mujer
estreñida tenga más riesgo de que se produzca
la contaminación fecal de su periné y, consecuentemente, tenga más riesgo de padecer cistitis. No obstante, esta observación no ha podido ser
demostrada de manera evidente. En principio, ante
la posibilidad de que esta asociación sea determinante, parece prudente recomendar que una mujer
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Puedes vivir sin cistitis
con tendencia a sufrir cistitis y que padezca estreñimiento deberá favorecer la toma de fibra natural y la
hidratación abundante.
Circunstancias asociadas a la cistitis
El coito sin orinar después
El exceso de lavado genital
El uso de tampones y compresas
La incontinencia de orina
La menopausia
El embarazo
El uso de ropa interior ajustada
Toallitas para lavado genital
Es necesario hacer una referencia particular a la mujer en edad menopáusica y precisamente la menopausia puede suponer otro tabú. La cistitis puede producirse a cualquier edad. Es más frecuente en mujeres jóvenes que comienzan la vida sexual, pero algunas mujeres no la han padecido anteriormente y comienzan a tenerla a partir de la quinta década de vida,
temporalmente asociada a la menopausia. Menopausia significa literalmente el “cese de la menstruación” y supone una adaptación de todo el
cuerpo de una mujer a la falta de ovulación y al
cese de su capacidad reproductiva.
La mayoría de las mujeres viven como un alivio el cese
de la regla y de la necesidad de emplear contracepción, pero existen además otros cambios hormonales
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La maldición de Eva
con repercusión. Los estrógenos son importantes para
la nutrición y el buen estado de algunos órganos. La
disminución de los niveles de estrógenos supone algunos cambios en el territorio genital. La uretra y la vagina se hacen menos elásticas y los epitelios que las
recubren se encuentran más secos. Este hecho favorece la colonización de gérmenes y el que suceda infección urinaria. Además, con la menopausia el medio
vaginal deja de tener su pH ácido habitual y se hace
alcalino y, la mujer pierde un importante mecanismo de
defensa natural que le previene de las infecciones.
Por todos estos motivos, las mujeres pueden ver
aumentada la probabilidad de padecer infección
urinaria con la menopausia y en ocasiones
estas cistitis pueden resultar muy insidiosas,
molestas y recurrentes.
Existen también muchos mitos asociados a la infección urinaria y el embarazo. La cistitis es un problema frecuente durante la gestación, igualmente
debido a los cambios hormonales y anatómicos
que se producen en el embarazo. El volumen creciente del bebé empuja la vejiga y dificulta su vaciamiento natural, causando con frecuencia una necesidad urgente de orinar. Los riñones de una mujer embarazada también se ven forzados a trabajar más,
- 63 -
Puedes vivir sin cistitis
puesto que la cantidad de volumen que tienen que filtrar es mayor. El nivel de estrógeno disminuye, porque
a lo largo de todo el embarazo la hormona sexual femenina predominante es la progesterona, producida
por el ovario durante la gestación.
- 64 -
La maldición de Eva
Pero mucho más importante que la probabilidad de que
la cistitis aumente durante el embarazo es el hecho de
que la infección de orina en ese momento puede tener
consecuencias gravísimas para la madre y para su futuro hijo. Una mujer embarazada que sufre cistitis tiene mayor riesgo de parto prematuro. Por ello, en todos los casos de embarazo se plantea cultivo de orina
de manera obligada en la analítica que se lleva a cabo
durante el primer trimestre de gestación y aquellas
mujeres que sufren infección urinaria precisan tratamiento y vigilancia a lo largo del embarazo.
Algunas encuestas revelan que a mayor número de
veces que una mujer ha dado a luz, mayor riesgo de
tener infección urinaria. No obstante, en esta apreciación se mezclan otros factores como la menopausia y
el riesgo de incontinencia urinaria asociada a prolapso. El haber parido, los embarazos y la edad debilitan la musculatura del periné y el suelo pélvico,
lo que hace más probable que los órganos genitales internos desciendan y asomen por la vulva. En
el lenguaje médico esta circunstancia se conoce
como “prolapso”. El útero empuja sobre la vejiga y
produce frecuentes ganas de orinar a pesar de que el
volumen de orina almacenado no sea importante. Con
frecuencia, además, el prolapso de los órganos genitales se asocia no sólo a urgencia, sino también a
incontinencia de la orina. La incontinencia puede aparecer cuando la paciente hace esfuerzos como estornudar, toser, coger un peso, reír o bailar.
- 65 -
Puedes vivir sin cistitis
La incontinencia urinaria se asocia a la cistitis por un
doble motivo; por un lado, debido al mal funcionamiento de la musculatura que impide la correcta evacuación voluntaria de la orina, y por otro debido a que
el escape hace que la mujer lleve algún tipo de compresa que dificulta la higiene y favorece la colonización de la uretra por los gérmenes.
Cualquier tipo de empapador resulta nocivo
y favorece la cistitis, bien sea una compresa
fina “salvaslip”, compresa o pañal
Una mujer que padezca incontinencia urinaria y cistitis
rebelde debe buscar ayuda en el médico para poder
reducir o evitar dicho escape, en ocasiones incluso sometiéndose a estudios especializados y recibiendo cirugía o tratamiento médico específico para tal fin.
La realización de ejercicios del suelo pélvico es una
medida fundamental que puede llegar incluso a curar algunos casos de incontinencia urinaria y, por
tanto, de manera indirecta, resultar beneficioso para
quienes padecen infección urinaria asociada a incontinencia de orina. La musculatura del suelo de la pelvis es
la que sujeta y mantiene los órganos pélvicos en su si- 66 -
La maldición de Eva
tio. Cuando una mujer contrae los músculos de la pelvis
los ejercita y ese ejercicio les ayuda a mantenerse en un
tono correcto y saludable, pero muchas mujeres no son
conscientes realmente de cuáles son esos músculos.
Se puede comprobar su estado cortando voluntariamente el chorro de la orina y volviendo a orinar
cuando se acude al retrete. Si una mujer es capaz
de hacer esto, esa es una buena señal de que la mus-
- 67 -
Puedes vivir sin cistitis
culatura del suelo pélvico funciona bien. Toda mujer
que haya dado a luz debe comenzar pronto a ejercitar
esos músculos. Para ello se tumbará en la cama, relajada, sin que se la moleste. Es importante que se asegure de tener el vientre blando, puesto que habitualmente se confunde contraer la musculatura de la pelvis con la musculatura anterior del abdomen. Si los
ejercicios se practican contrayendo los músculos de
la pared abdominal se hacen en malas condiciones y
no vale para nada. Debe asegurarse de mantener el
vientre blando en todo momento y llegar a ser consciente de cuáles son los músculos del suelo de la pelvis, apretándolos y relajándolos varias veces.
Podría compararse el suelo de la pelvis con un ascensor que debe subir varios pisos. Tomar aire y
contraer los músculos un poco sería alcanzar el “pri-
- 68 -
La maldición de Eva
mer piso”. Aguantar así algunos segundos y luego
contraer un poco más parecería alcanzar un “segundo piso” y así continuamente. Cuando se alcance el
“último piso” se espira y vuelve a inspirar, liberando
los músculos mientras se vuelve a espirar.
Acto seguido, siguiendo el símil, el ascensor debe
descender los pisos que ha subido. De esta forma se
practicarán los mismos ejercicios varias veces, de
manera continuada, relajada y sin prisas. Sólo supone al día unos 10 minutos o menos. Cuando se tiene
más práctica ni siquiera resulta necesario estar tumbada y se puede hacer mientras se lleva a cabo cualquier otra actividad.
Una semana después de realizar estos ejercicios
a diario las mujeres notan gran diferencia, no sólo
en la continencia sino también en su vida sexual.
De hecho, algunos de estos músculos del suelo pélvico son los que se contraen durante el orgasmo. Ejercitar el suelo pélvico siempre resultará beneficioso.
Las mujeres con escape de orina y tendencia a padecer cistitis verán aumentada su capacidad de continencia y reducida su necesidad de llevar compresas.
Por lo tanto, de manera indirecta, los ejercicios del
suelo pélvico pueden ayudar a disminuir el riesgo
de nuevos episodios de cistitis. Las mujeres que no
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Puedes vivir sin cistitis
tienen incontinencia también se beneficiarán de ejercitar el suelo pélvico, porque se reduce el riesgo de
que desarrollen incontinencia urinaria en el futuro.
Hemos mencionado muchos de los tabúes relacionados
con la cistitis, o que las mujeres creen que lo están: el
frío, el sexo, el miedo a un contagio venéreo, las posturas coitales, la ropa interior, el tamaño del pene, la limpieza del mismo, los métodos anticonceptivos, el uso de
tampones y compresas, la lubricación, la menopausia, el
embarazo, el número de partos previos, el prolapso, la
incontinencia de orina y los ejercicios del suelo pélvico.
Muchas dudas, muchas preocupaciones y temores, algunos infundados otros con más sentido. La mujer que
padece este problema no siempre puede documentarse
apropiadamente acerca de sus temores. Espero haber
ayudado en parte a explicar qué está relacionado y qué
no lo está con su suplicio, para que los falsos mitos puedan desterrarse y puedan tenerse en cuenta las circunstancias reales que se asocian a padecer cistitis.
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¿Por qué me
pasa esto a mí?
L
a mujer que padece cistitis debe saber que el
agente que produce la infección de orina es
una bacteria, un ser unicelular, que se multiplica rápidamente en un medio que le resulta favorable.
La mayor parte de las veces la bacteria se llama Escherichia coli; es un germen que, como ya se ha apuntado,
vive en el intestino y en las heces de manera natural,
sin producir problemas. Otros gérmenes, como Proteus
mirabilis o Klebsiella pneumoniae, también producen
cistitis, pero son más raros. Todos ellos pertenecen al
grupo denominado “enterobacterias”, porque viven en
el intestino grueso. Bueno, pues ya tenemos un agente
causal (Escherichia coli) y un huésped (la paciente). En
un medio favorable (la orina) se producirá la multiplicación bacteriana, la anidación de las bacterias en la vejiga y la respuesta inflamatoria, que será la causante de
las molestias que percibe la paciente.
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Puedes vivir sin cistitis
Cada media hora el número de bacterias que colonizan
la vejiga de nuestra paciente, después de haberse introducido por la uretra desde la región perineal, se multiplicará por dos. A las 8-10 horas la duplicación progresiva de todas y cada una de esas bacterias habrá convertido un puñado de bacterias en un verdadero ejército dispuesto a invadir el órgano, la vejiga. Primero, las
bacterias lanzan sus enganches sobre las células de la
vejiga que están en contacto con la orina. Pequeñas heridas en esa capa favorecen que las bacterias penetren
en la vejiga y se genera una respuesta inflamatoria de
manera automática: las células defensivas encargadas
de luchar contra las bacterias en la sangre, los leucocitos, se concentran en la pared de la vejiga para evitar la
colonización masiva de las bacterias. En esa lucha se
liberan sustancias que llaman a más leucocitos y a
otras células defensivas como los linfocitos, que producen inflamación y síntomas: la sensación de hinchazón,
el dolor en el bajo vientre, el dolor aún más fuerte con
la micción, la sangre en la orina... La agresión bacteriana continúa y la respuesta inflamatoria crece.
Para acabar esta batalla se necesita una ayuda externa, un antibiótico. Los antibióticos son compuestos
químicos, algunos naturales y otros diseñados por
el hombre, que combaten la replicación de los gérmenes, su persistencia en el organismo y su viabilidad. Los mecanismos de acción de los distintos antibióticos son variados, pero de forma general podemos
decir que entra en la bacteria y paraliza su maquinaria
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¿Por qué me pasa esto a mí?
metabólica, lo que lleva a la muerte de la bacteria. El
huésped gana así la batalla. Ahora bien, tenga cuidado,
que en ocasiones algunos gérmenes viables persisten y pueden volver a atacar. Por si fuera poco, si los
malos hábitos que han hecho que la bacteria intestinal
llegue a la vejiga no se modifican la paciente estara en
riesgo constante de volver a sufrir otra batalla contra
los gérmenes. Sólo si se identifican los factores de riesgo y se instauran una serie de medidas preventivas
que los combatan será posible poner fin a esos malos
hábitos. Entonces se habrá ganado la guerra, que desde luego es más importante que ganar las batallas.
¿Cuáles son las medidas preventivas a las que me refiero? Aquéllas que potencien los mecanismos naturales de defensa contra la infección, básicamen- 73 -
Puedes vivir sin cistitis
te el correcto vaciado vesical, el pH ácido del medio vaginal y de la orina, el manto graso normal de
la piel genital y la presencia de las bacterias normales de la flora vaginal (bacilos de Doderlain). Potenciar estos mecanismos de defensa del organismo mediante prácticas higiénicas y dietéticas seguras hará posible en la mayoría de los casos desterrar el problema
de la vida de las mujeres que padecen cistitis. La toma
de antibiótico debe ser oportuna y racional. El antibiótico es la llave para la curación, pero debe usarse con
cordura y sólo cuando está indicado. No debe utilizarse
de manera innecesaria porque el abuso de antibiótico
llevará a un gasto excesivo y a que los gérmenes se defiendan generando resistencias, lo que aumentará en el
futuro la posibilidad de fracaso terapéutico. Además,
todo fármaco puede producir efectos adversos indeseados, y también la toma excesiva de antibióticos.
Con frecuencia el abuso del antibiótico no sólo elimina el germen que produce la cistitis, sino que
acaba también con la flora vaginal normal y genera crecimiento de hongos en la vagina y en la vulva, lo que se conoce como “candidiasis”. A menudo una mujer que ha tomado antibiótico durante siete
o diez días para tratar una cistitis no complicada (generalmente cefuroxima axetilo, amoxicilina con ácido
clavulánico o ciprofloxacino) desarrolla posteriormente flujo vaginal y picores. Estas molestias a veces se
confunden con las que previamente producía la cistitis y por ello no es raro que la paciente vuelva a tomar
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¿Por qué me pasa esto a mí?
antibiótico, lo que será inútil y no hará sino empeorar
el cuadro clínico. En estas pacientes deberá administrarse un tratamiento antimicótico (un antiinfeccioso especial para hongos), bien en forma de
óvulos vaginales o de comprimidos. Existe un tratamiento casero efectivo para estos casos que consiste
en la aplicación tópica de yogur sobre la vulva y en la
vagina. Los lactobacilos del yogur favorecen la regeneración de la flora vaginal normal y restablecen el equilibrio de ese entorno, desterrando al
hongo. Este engorroso remedio puede resultar muy
útil y toda mujer proclive a padecer candidiasis vaginal
debería conocerlo, porque puede sacarla de un apuro.
¿Cómo se reconocen los síntomas de la candidiasis
vaginal? Sobre todo por la presencia de un flujo vaginal blanquecino no habitual en la mujer y por el enro- 75 -
Puedes vivir sin cistitis
jecimiento de la piel de la vulva acompañado de una
secreción blanquecina entre los pliegues de la piel
genital. De manera característica, los picores aumentan con la humedad que proporciona la higiene y,
cuanto más se lava una mujer, más molestias padece.
Medidas preventivas contra la cistitis
Favorecer un buen chorro
miccional
Favorecer el correcto
vaciado vesical
Tomar zumos cítricos naturales
que acidifiquen la orina
Evitar el lavado de la piel
genital con jabón
Tomar extractos de arándanos
Orinar después del coito
Volviendo al interrogante que quien ha padecido cistitis se formula ¿por qué me pasa esto a mí?. Aunque
como ya se ha identificado en el capítulo anterior hay
diferentes circunstancias que favorecen la cistitis, la
responsabilidad final la tiene el germen que coloniza e
inflama la vejiga. La paciente puede combatir dicho
proceso de manera puntual mediante el empleo
oportuno del antibiótico y de manera continuada a
través del establecimiento de unos buenos hábitos
que le permitan potenciar los mecanismos naturales de defensa contra la infección urinaria. Toda
mujer que no respete estos hábitos hallará la respuesta a su pregunta de por qué sufre ella, y no otra persona, de manera particular “su” cistitis.
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¿Por qué me pasa esto a mí?
Estos hábitos han de centrarse en diferentes aspectos:
En primer lugar, debe favorecerse el correcto llenado y vaciado vesical. Esto quiere decir
que se debe beber abundante líquido como para que
los riñones filtren apropiadamente la sangre y se produzca orina en abundancia que a su salida ayudará a
eliminar las bacterias presentes en la vejiga. Cuando
un pescadero limpia su puesto en el mercado lo hace
con una manguera.
El chorro miccional es igualmente efectivo que una manguera a la hora de limpiar las bacterias que han conseguido introducirse en la vejiga. Una mujer no debe aguantarse las ganas de orinar hasta que su vejiga se llene y se
llene sin poderse vaciar. El estancamiento de la orina es
el medio ideal para que los gérmenes se multipliquen.
- 77 -
Puedes vivir sin cistitis
Por desgracia, muchas mujeres están tan atareadas
en casa o en el trabajo que “no tienen tiempo ni
para orinar”. Así se generan malos hábitos en la forma
de orinar. Se bebe poco líquido, para favorecer que no se
genere orina y se aguanta todo lo posible sin orinar, con
la vejiga llena. Esta situación de vejiga “perezosa” es un
factor muy importante para padecer cistitis.
Resulta necesario tener proximidad al retrete para no
inhibir la sensación miccional; es decir, hay que orinar
siempre que se tengan ganas de orinar. De esta forma
la vejiga se vaciará apropiadamente, sin dejar remanente que favorezca el crecimiento de las bacterias.
Debe recordarse de nuevo la necesidad de orinar
siempre que se haya tenido una relación sexual,
para poder arrastrar las bacterias que se encuentren
en el momento de acceder a la vejiga.
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¿Por qué me pasa esto a mí?
Se debe beber abundante líquido, al menos entre
1,5 y 2 litros por día, y se debe orinar con
frecuencia, como mínimo cada tres o cuatro
horas, un total de cinco o seis veces por día.
En segundo lugar, debemos tener en cuenta que las bacterias ven dificultado su crecimiento en un medio ácido. Por ello podemos
hacer fáciles cambios en nuestras costumbres
que acidifiquen la orina, como tomar vitamina C
(comprimidos efervescentes) o mejor aún vitamina C
natural, presente en cítricos, a diario. Tomar zumo de
naranja, limón o pomelo es un hábito saludable que
ayudará a reducir el riesgo de una nueva infección en
las mujeres que padecen cistitis al conseguir una
orina de pH ácido (en torno a 5-5,5), que no les gusta
para nada a las bacterias. Tomar zumos o extractos
de arándanos puede ayudar a prevenir la infección
urinaria. Algunas sustancias contenidas en los arándanos, acidifican la orina y otras tienen la capacidad
para impedir que las bacterias como Escherichia coli
se adhieran a la pared de la vegija urinaria, esto hace
que sea más dificil que estas bacterias se multipliquen y por tanto que se produzca la infección de orina. La toma de sustancias derivadas de los arándanos rojos podría ser efectiva para disminuir el
- 79 -
Puedes vivir sin cistitis
número de infecciones en aquellas mujeres que
padecen cistitis repetidas. Recientemente se han
comercializado extractos de arándanos que persiguen su fácil administración.
En tercer lugar, pero no menos importante
que las recomendaciones previas, debe
mantenerse una buena higiene genital y evitar el
lavado de la piel genital con jabones que retiren
el manto graso natural de la piel. En ese manto se
encuentran las bacterias sanas que viven en el medio
vaginal, bacterias que no generan problemas, pero
que si se sustituyen por las enterobacterias se producirá la cistitis y si se sustituyen por hongos se producirá la candidiasis. Al utilizar higiene íntima en exceso,
como puede ser el lavado con bidé, el manto graso
desaparece y vienen los problemas. Cuando una mu- 80 -
¿Por qué me pasa esto a mí?
jer emplea bidé y practica lavado vaginal con geles íntimos o compuestos antisépticos, como por ejemplo
Betadine Vaginal® o Lindemil®, está enormemente expuesta a padecer infección urinaria y micosis.
No se debe caer en la obsesión por la limpieza de las
partes íntimas. Cuando una mujer padece cistitis debe ser especialmente precavida en regular el manto
graso de su piel. Su higiene personal debe basarse en
la ducha diaria, con jabón, pero evitando enjabonar la
región genital. Se deberá secar con cuidado de no restregar la toalla. No precisa más higiene íntima. Después de la defecación deberá limpiarse el ano con
papel seco, no con toallitas, de adelante a atrás,
sin que se produzca contacto del papel con la uretra, para así evitar el contacto de la flora bacteriana intestinal con la zona periuretral.
- 81 -
Puedes vivir sin cistitis
Aquellas mujeres que padecen cistitis
deben evitar en lo posible el bidé, porque
es su principal enemigo.
Después del coito no deberá ir al bidé a lavarse, sino que
lo que deberá hacer es limpiarse con papel y orinar, como ya se ha dicho repetidamente. Evitar la limpieza
genital obsesiva llevará a reforzar la flora vaginal y evitará entrar en un círculo vicioso que va del bidé a la cistitis repetida y del que resulta difícil salir. Estos consejos
pueden extrañar al principio a la mujer que los recibe,
porque siempre se ha pensado que la infección urinaria
se debe a suciedad o a los mitos que se mencionaron
previamente (el practicar sexo, el semen como agente
irritante, las posturas del coito, la limpieza del pene...).
Todas aquellas pacientes con las que he hablado y
en las que he identificado la existencia de higiene
obsesiva y que han sabido corregir este hábito se
han beneficiado de una reducción importante en
el número de cistitis sufridas o no han vuelto a
padecer el proceso nunca más.
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¿Por qué me pasa esto a mí?
Existe un grupo especial de mujeres que tienen
disposición a la infección urinaria, las mujeres diabéticas. En ellas las recomendaciones previas tienen aún más importancia. No sólo la infección urinaria parece más frecuente en estas mujeres, sino que
además cuando ellas padecen una cistitis se genera un
desorden grave en el control de sus niveles de glucosa.
Por otro lado, una mujer diabética bien controlada pro-
En las mujeres diabéticas y en las mujeres
embarazadas la infección urinaria debe
tener una consideración especial.
- 83 -
Puedes vivir sin cistitis
bablemente tenga la misma disposición a padecer infección urinaria que otra mujer sin diabetes.
Otro grupo peculiar de mujer con infección urinaria
es la embarazada. En estos casos ya se ha señalado
que la infección urinaria se asocia a mayor riesgo de
problemas como el parto prematuro. Además, en estas
pacientes no es posible emplear cualquier tratamiento
antibiótico, puesto que algunos pueden causar problemas en el embrión si se administran durante el primer
trimestre de gestación (por ejemplo amoxicilina con
ácido clavulánico y aminoglucósidos) y otros no pueden administrarse en ningún momento porque interfieren en el desarrollo óseo del bebé (por ejemplo, las quinolonas como ciprofloxacino). Durante el embarazo
se llevan a cabo cultivos de orina de manera rutinaria y, aunque no exista clínica de cistitis, siempre
que se detecta la presencia de bacterias en la orina
debe llevarse a cabo un tratamiento antibiótico.
Con diferencia, el tratamiento más inocuo de todos en
una mujer embarazada es fosfomicina trometamol en
forma de monodosis o pauta corta de dos dosis.
- 84 -
Lo que una
mujer con cistitis
necesita
E
s difícil reflejar la sensación de invalidez y el
sufrimiento que padece una mujer con cistitis, pero la frustración es aún mayor si se tiene en cuenta que con frecuencia quien padece este
problema vuelve a tener más episodios a lo largo de
su vida (cistitis recurrente) y que existe una población
de mujeres en torno al 30% de las que padecen cistitis que sufren este problema más de tres veces al año
(infección urinaria de repetición).
Una mujer que padece cistitis necesita, sobre todo,
comprensión por parte de sus seres queridos y de
las personas de su entorno laboral. Ahora bien, también necesita formación y conocer mejor su problema para poder evitarlo y corregirlo tempranamente.
Debe saber no sólo por qué se produce la cistitis, sino
- 85 -
Puedes vivir sin cistitis
también qué circunstancias empeoran el riesgo y cómo
éste puede reducirse. Finalmente, precisa adquirir un tratamiento rápido y eficaz que lleve a buen fin el problema.
En este último sentido, la sensación de abandono es mayor cuando no puede conseguir un antibiótico sin receta
médica a lo largo del fin de semana, aunque ella conozca perfectamente su problema y qué fármacos le van a
venir bien, casi mejor que el médico de Urgencias a quien
deberá visitar para conseguir su receta.
Curiosamente la cistitis no es una condición que suponga baja laboral, pero ¿alguien ha probado a trabajar sin tener acceso a un baño sintiendo constantemente ganas de orinar? Es absolutamente
imposible. Parece que esta condición está socialmen- 86 -
Lo que una mujer con cistitis necesita
te menospreciada; es como si los médicos, los políticos, los maridos, los jefes, etc., nunca la padecieran y
por ello la minusvalorasen. Qué casualidad..., los maridos son siempre hombres, y los médicos, los políticos y los jefes habitualmente también. Si tenemos en
cuenta que los hombres no padecen cistitis, se entenderá por qué las necesidades de las mujeres con
cistitis no están suficientemente cubiertas.
Debido a que la cistitis afecta a un elevado número
de personas y también debido a su carácter de
enfermedad no grave, existe gran variabilidad a la
hora de asignar el tratamiento antibiótico. De hecho, no todas las veces que el médico decide prescribir
un antibiótico lo hace eligiendo el más adecuado, ya
- 87 -
Puedes vivir sin cistitis
sea porque no tiene en cuenta la especificidad de ese
antibiótico para una infección urinaria, el patrón de sensibilidad de los gérmenes de la comunidad en la que se
está aplicando o incluso factores ligados a la eficacia
del tratamiento (como que sea en una dosis cómoda de
administrar que facilite el cumplimiento, el número de
días de tratamiento o la seguridad del mismo). Habitualmente el médico que receta un antibiótico no
conoce la opinión de la paciente ni se molesta en
preguntarle si desea un tratamiento que pueda ser
de siete días, de tres días o de una sola dosis. Tampoco le pregunta si prefiere comprimidos o solución
bebible. No suele saber si tratamientos similares han
sido satisfactorios para la paciente con anterioridad o
no o si le han producido algún efecto adverso como vaginitis o alergias; es decir, no suele tenerse en cuenta la
calidad de vida de la paciente en este sentido.
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Lo que una mujer con cistitis necesita
Ahora bien, debido a que la presencia de infección
urinaria es fácil de identificar por las pacientes, especialmente por quienes ya la han padecido previamente. Existe una importante tasa de automedicación.
Esta práctica no está ni bien ni mal, pero conlleva el
riesgo de ir de la mano del consumo no apropiado de
antibióticos, del abandono precoz y del cumplimiento
inapropiado del tratamiento. Estos hechos generan
mayor riesgo de que se produzcan efectos adversos
por no haber elegido el fármaco más apropiado y de
que se generen resistencias; es decir, de que en posteriores episodios de cistitis el tratamiento con los
mismos fármacos sea ineficaz.
En muchos casos la paciente acude directamente a la farmacia a solicitar un tratamiento antibiótico sin prescripción médica.
Existe una encuesta, el Estudio Nacional de Percepción sobre la Cistitis, llevada a cabo telefónicamente sobre 6.545 mujeres procedentes de diferentes
comunidades autónomas del territorio nacional, de
las cuales 2.422 (37%) habían padecido un episodio de
cistitis a lo largo de la vida, y de éstas el 32% habían
padecido más de dos episodios de infección urinaria.
Las molestias clínicas que las mujeres relatan con ma- 89 -
Puedes vivir sin cistitis
yor frecuencia son el escozor al orinar (76,5%), la poca
cantidad de orina en cada micción (69,4%) y el dolor
abdominal en el bajo vientre (35,2%). La gravedad de
estos síntomas fue valorada por las pacientes (en una
escala de 0 a 10) en 5,9 puntos, incrementandose hasta
6,4 en las pacientes con infecciones de repetición.
Sobre la base de estos datos puede considerarse que
la cistitis no se trata de una patología banal sino que es
un cuadro clínico que molesta de forma significativa a
la mujer. El impacto de la cistitis sobre la capacidad
para seguir con las actividades diarias fue valorado con
una puntuación de 4,16 puntos por las mujeres con 2 ó
menos episodios de cistitis al año, subiendo hasta 5 en
las pacientes con infecciones recurrentes.
En resumen, según esta encuesta estamos
ante una entidad que impacta mucho sobre
la calidad de vida de quien la padece.
En esta misma encuesta, en el 73% de los casos la
cistitis fue diagnosticada por el médico de Atención
Primaria. El médico especialista que diagnostica cistitis
con mayor frecuencia no es el urólogo sino el ginecólogo (en el 13% de los casos). El 11% de las pacientes
encuestadas se diagnosticaron y se automedicaron
el episodio de cistitis. De aquéllas que se autotrataron
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Lo que una mujer con cistitis necesita
el 48% lo hicieron por sí mismas, el 38% basándose en
lo que el farmacéutico les recomendó y el 14% en función de lo que les dijo un familiar o conocido. En esta
encuesta también se pone en evidencia una práctica
elevada de abandono precoz del tratamiento, puesto
que el 26% de las pacientes piensan que deben seguir
el tratamiento sólo mientras tengan síntomas y el 12%
confiesan haber abandonado el tratamiento antes de
tiempo de manera consciente. En relación a la preferencia del tratamiento, el 43% de las mujeres prefiere tomar tratamientos de dosis única.
Esta encuesta supuso el punto de partida para un proyecto humano excepcional en el que he tenido la posibilidad de participar: el “Jurado Ciudadano Zambón en
Infecciones Urinarias”. Los profesionales médicos elaboran guías de práctica clínica para profesionales de la
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Puedes vivir sin cistitis
salud pero no suelen tener en cuenta la opinión de las
pacientes. Sin embargo, saber qué piensan resulta
esencial para conocer el problema sanitario de verdad.
Cuando se elabora una guía sería necesario que la
opinión de las pacientes se incorporase al resto de
elementos implicados: los médicos, los farmacéuticos, la industria farmacéutica, las sociedades científicas y las administraciones sanitarias. Es necesario
tener en cuenta las necesidades de las pacientes que
padecen cistitis para poder proporcionar esta información a quienes deciden cuál es el abordaje ideal en el
tratamiento médico de este problema (médicos, farmacéuticos, responsables sanitarios...). Una vez que
se sabe qué prefiere la paciente, los médicos pueden
elegir tratamientos cómodos y eficaces que faciliten el
cumplimiento a la hora de tomar la medicación.
En este sentido, a igualdad terapéutica
siempre será mejor una pauta corta que
una larga, más teniendo en cuenta el elevado
riesgo de que la paciente abandone el
tratamiento antes de que el mismo finalice.
A las 2.422 mujeres que habían pasado al menos un
episodio de cistitis en la encuesta mencionada anteriormente se les preguntó sobre su interés por recibir
información acerca del manejo y la prevención de la
cistitis. A quienes respondieron positivamente se les
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Lo que una mujer con cistitis necesita
envió un folleto informativo y una carta de agradecimiento en la que se presentaba el proyecto “Jurado
Ciudadano Zambón” y se les invitaba a participar. Las
mujeres seleccionadas aleatoriamente para participar
Cargos del Jurado Ciudadano en Infección Urinaria
Cargo 1: conocimiento
e impacto de la cistitis
Cargo 2: necesidades
de las pacientes
Cargo 3: necesidades
de información
Cargo 4: necesidades
en el diagnóstico
Cargo 5: necesidades
en el tratamiento
Cargo 6: la automedicación
en el proyecto (25 miembros del jurado más 5 suplentes) representaron un microcosmos de la población
global, que procedía de toda la geografía nacional y representaba distintas edades y niveles de formación.
Estas mujeres se reunieron durante un fin de semana
(1-3 de junio de 2007) con un grupo de especialistas
de diferentes disciplinas (Atención Primaria, Urología,
Ginecología, Medicina Interna, Medicina de Urgencia y
Farmacia) que fueron considerados los testigos. La
deliberación y redacción de conclusiones, que elaboraron las propias pacientes se llevó a cabo como
una audiencia pública, participativa y contando
con la ayuda de un moderador que fue rotativo
para los diferentes cargos. Por “cargos” se enten- 93 -
Puedes vivir sin cistitis
dieron los temas de interés. Estos cargos habían sido
definidos previamente por un comité de expertos formado por varios de los testigos.
Las necesidades que el jurado expresó como más importantes fueron el acceso rápido al médico y, sobre
todo, al tratamiento, la comprensión por parte del entorno familiar y laboral, la información que debe dar el
médico y el derecho a permanecer en casa cuando se
padece la cistitis, incluso que debería considerarse
baja laboral según la gravedad de los síntomas.
Dentro de las necesidades específicas de información, el jurado señaló la importancia de desarrollar campañas de concienciación dirigidas a
informar a la población general y a mejorar el
proceso educativo sanitario, considerando incluso
que en el ámbito educativo se debería instruir a los
jóvenes acerca de las enfermedades más frecuentes,
incluida la cistitis. Las pacientes consideraban importante atender iniciativas como el desarrollo de información en un lenguaje sencillo sobre la patología en
el envase de los medicamentos.
Respecto a lo que la paciente que padece cistitis necesita de su médico, el jurado destacó que desea que se
le expliquen las causas del proceso, cómo debe llevarse a cabo correctamente el tratamiento, los riesgos que
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Lo que una mujer con cistitis necesita
implica un mal tratamiento y los consejos preventivos
más importantes para no volver a padecer el proceso.
En relación con las necesidades de tratamiento, el jurado especificó que deben potenciarse tratamientos que favorezcan las tomas del antibiótico y así
poder completar el tratamiento, lo que implica un
importante beneficio a favor de las pautas cortas
de tres días o, de la dosis única. Se reconoció que
la mayoría de las mujeres dejan de tomar el antibiótico cuando comienzan a remitir los síntomas
y que además desconocen que no cumplir apropiadamente el tratamiento u olvidar tomas puede provocar
que el antibiótico no cumpla su efecto porque las bacterias se han hecho insensibles a él.
Finalmente, respecto a la automedicación, el jurado expresó que no es correcto tratar la cistitis con un medicamento que no haya sido recetado por el médico. De
hecho, es unánime el concepto de que resulta deseable
que el diagnóstico y el tratamiento sean llevados a cabo
por un profesional sanitario. Ahora bien, en el caso de
las mujeres que padecen infección urinaria de manera
repetida, parece oportuno que, siempre que hayan sido
estudiadas correctamente y que sigan un control médico adecuado, estas pacientes podrían tratarse a sí mismas con la medicación habitualmente recetada por su
médico. Es decir, las pacientes con cistitis de repetición reclaman su derecho a ser tratadas como
- 95 -
Puedes vivir sin cistitis
quienes padecen una enfermedad crónica, lo que
implicaría tener un acceso a la medicación, tal y como sucede en otras enfermedades crónicas.
Estas conclusiones son de gran valor y reflejan la opinión de quien verdaderamente conoce el problema.
No pueden ser desatendidas y quien lea este libro y
haya padecido cistitis seguramente verá reflejadas
sus opiniones en las de esta especie de jurado popular. Desde luego que no se trata de juzgar a nadie; ni
a los médicos, ni a los políticos, ni a los responsables
de las industrias farmacéuticas.
Las opiniones expresadas por el jurado ciudadano representan oportunamente a la amplia
población de mujeres que padece el problema y,
por lo tanto, merecen todos los respetos.
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La perspectiva
del médico
P
or lo general, un médico basa el diagnóstico
de cistitis aguda en el reconocimiento de un
cuadro clínico compatible y en un diagnóstico
de confirmación microbiológico. Existe una encuesta
practicada a 675 médicos de todo el territorio nacional
acerca de cómo diagnostican y tratan la cistitis aguda.
Cada uno de estos médicos diagnostica una media de
8,3 pacientes con cistitis a la semana. Ahora bien, el
diagnóstico se establece de forma muy variable. En
primer lugar, debe existir una clínica sugerente de cistitis (escozor al orinar, urgencia en orinar, orinar con
frecuencia, dolor en bajo vientre y sensación de no
poder aguantar la orina), pero luego debe confirmarse
la presencia de bacterias en la orina, bien de forma
indirecta mediante una tira reactiva o bien mediante
una confirmación microbiológica basada en el cultivo
de la orina. En esta encuesta el 74% de los médicos
- 97 -
Puedes vivir sin cistitis
basan el diagnóstico de cistitis en la tira reactiva y sólo
el 45% realiza de manera habitual cultivo de la orina.
Debe tenerse en cuenta también la dotación de medios con los que se lleva a cabo el diagnóstico, puesto
que no siempre se tiene un laboratorio a mano. Ahora
bien, una tira reactiva puede practicarse fácilmente y sustituye de manera bastante fiable el estudio
de la orina al microscopio. Tampoco resulta imprescindible practicar un cultivo de orina rutinario en una
paciente con cistitis no complicada, pero la tira reactiva en orina sí debe hacerse en todos los casos, y este
hecho no siempre se cumple. Una tira en la que no
se detecten nitritos ni trazos reveladores de la
presencia de hematíes y/o de leucocitos hará pensar que no estamos ante una cistitis aguda.
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La perspectiva del médico
Una cl í nica compatible sin datos objetivos
en el estudio de la orina puede estar producida
por múltiples causas, como uretritis, vaginitis,
enterocolitis, apendicitis aguda y litiasis
urinaria, entre otros.
En las pacientes que han sufrido varios episodios de
cistitis o en los que exista fiebre u otros datos clínicos
de que la infección de orina afecta otros órganos como el riñón (pielonefritis) o la próstata (prostatitis), el
cultivo de la orina es altamente recomendable. No
siempre se dispone de posibilidad de enviar la muestra a un laboratorio de microbiología donde se pueda
cultivar la orina, pero un cultivo permitirá no sólo confirmar la presencia del germen causal en orina (aislamiento de mas de 103 unidades formadoras de colonias por mililitro de orina), sino también establecer el
patrón de sensibilidad de este germen a distintos antibióticos. En otras palabras, si se practica un cultivo de orina podremos conocer si el antibiótico empleado será capaz de curar la infección o, de no
ser así, cuáles son los antibióticos que deberían
emplearse en su lugar como segunda intención.
Existe también abundante discusión acerca de si se necesitan estudios de imagen para diagnosticar cistitis.
Ninguna exploración radiológica, incluido el estudio
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Puedes vivir sin cistitis
ecográfico, tiene un patrón diagnóstico característico
de cistitis aguda. Por ello los estudios de imagen no
resultan necesarios salvo que tengamos dudas en
el diagnóstico y se quiera descartar la presencia de
otros procesos como litiasis urinaria, procesos ováricos o apendicitis aguda, por ejemplo.
Otras pruebas habitualmente empleadas en el estudio
de la patología vesical son la citología urinaria y la cistoscopia. La primera consiste en el estudio de células
descamadas de manera espontánea en la orina en
búsqueda de datos que sugieran cambios malignos. La
segunda consiste en inspeccionar el contenido de la
vejiga mediante una cámara y es muy útil para el diagnóstico de litiasis o tumores. Ninguna de estas exploraciones es necesaria para diagnosticar cistitis aguda,
- 100 -
La perspectiva del médico
aunque la citología de orina típica de un paciente con
cistitis aguda revela células inflamatorias con predominio de leucocitos y la cistoscopia muestra áreas rojizas con aumento de la trama vascular. Estas pruebas
no deben solicitarse en un paciente con cistitis, puesto que son innecesarias. Ahora bien, en los casos que
padecen infección urinaria de repetición pueden resultar de utilidad para descartar la presencia de otras
enfermedades que hagan que persista la infección.
Si el diagnóstico de una cistitis es variable entre diferentes médicos lo es aún más el establecimiento de la
pauta terapéutica. Los principios médicos fundamentales para el tratamiento de la cistitis son la
hidratación, el tratamiento antibiótico y las medidas sintomáticas acompañantes. Toda mujer con
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Puedes vivir sin cistitis
cistitis aguda debe aumentar la ingesta de líquidos, lo que llevará al aumento de la diuresis y favorecerá el barrido de las bacterias presentes en la vejiga.
Por lo general, la mujer que sufre cistitis tiende a
hacer lo contrario a lo que debe hacer, es decir, tiende a restringir al máximo la ingesta de líquidos, lo que
le permitirá orinar muy poco, creyendo así que notará
menos molestia. Es un acto reflejo, pero no es un acto
beneficioso. El médico debe instruir a la paciente con
cistitis a beber abundante líquido, aunque ella lo sienta como una medida que puede hacerla ir más veces
al baño y por lo tanto como algo indeseable. La hidratación es el principio terapéutico fundamental. De hecho, en épocas en las que no existía el antibiótico las
cistitis se han curado con agua, bebiendo en abundancia. Por suerte, hoy disponemos de un arsenal terapéutico estupendo que permitirá poner fin a las molestias de forma mucho más rápida.
Respecto a cuál debe considerarse el antibiótico ideal,
en la encuesta previamente señalada se confirma que
existe una gran variabilidad a la hora de asignar
El 87% de los médicos encuestados
opina que los tratamientos cortos tienen
una eficacia igual o superior a los
tratamientos largos.
- 102 -
La perspectiva del médico
un tratamiento antibiótico. Los antiobióticos más
frecuentemente prescritos fueron fluoroquinolonas,
(norfloxacino, ciprofloxacino), betalactámicos, fosfomicina trometamol, trimetoprim-sulfametoxazol y nitrofurantoína. Las dosis, pautas y duración de los mismos también son muy variables.
De hecho, clásicamente los regímenes de tratamiento
han ido disminuyendo su duración, pasando de una cobertura antibiótica de siete días a tres días. En realidad,
las pautas en las que el nivel de antibiótico se mantiene durante tres días (sea con la administración de una
o dos dosis del antibiótico adecuado o bien con un tratamiento durante tres días) han demostrado ser igualmente efectivas que las pautas clásicas de siete días,
pero resultan preferibles debido al mejor cumplimiento, menor coste, frecuencia más baja de reacciones adversas y mejor aceptación por parte de la paciente.
- 103 -
Puedes vivir sin cistitis
La Asociación Española de Urología (AEU) ha promovido recientemente la realización de una guía
multidisciplinar de práctica clínica acerca de la cistitis no complicada en la mujer, con intención de disminuir la variabilidad terapéutica referida. Teniendo en
cuenta que el patrón de resistencias a las cepas de Escherichia coli varía ampliamente entre regiones geográficas, debe señalarse que algunas de las opciones
habitualmente empleadas no son seguras en la mayoría de las Comunidades Autónomas.
Ciprofloxacino alcanza unos niveles de resistencia en
torno al 20-30% y trimetropim-sulfametoxazol por encima del 30%. Estos datos quieren decir que en una proporción inaceptable de pacientes que reciben ciprofloxacino o trimetoprim-sulfametoxazol, el tratamiento
será ineficaz. Por el contrario, las resistencias de amoxicilina-clavulánico y de cefuroxima se encuentran en
torno al 10%, lo que significa que esta opción terapéutica es, en principio, más segura. Fosfomicina trometa-
- 104 -
La perspectiva del médico
mol y nitrofurantoína son las opciones más seguras,
puesto que muestran resistencias en sólo un 2% y un
4% de los casos, respectivamente.
Teniendo en cuenta la sensibilidad de los gérmenes
más frecuentemente implicados, la eficacia, la comodidad de su pauta de administración, la duración del
tratamiento y el coste, la guía de práctica clínica
Cistitis no complicada en la mujer, promovida por
la AEU, recomienda fármacos antibióticos de primera, segunda y tercera elección.
La fosfomicina trometamol (Monurol®) en dosis única
de 3 g o pauta corta de dos dosis es el tratamiento de
primera elección. Los motivos para esta distinción son
múltiples. Esta opción terapéutica supone una forma
de administración igual de eficaz que los tratamientos
más largos con menor riesgo de abandonos y, por tanto, de fracasos terapéuticos y de selección de resistencias bacterianas. De hecho, su concentración urinaria
es muy elevada y duradera y con una sola dosis alcanza niveles eficaces para el tratamiento a lo largo de tres
días. Además, la comodidad es absoluta, puesto que no
existe posibilidad de olvido ni de abandono. Por otro
lado, la tolerancia es excelente. El riesgo de producir
vaginitis micótica, trastornos intestinales o diarrea es
mucho menor que el que supone la toma de amoxicilina-clavulánico o cefuroxima. Además estos agentes
betalactámicos pueden producir alergia y se necesitan
- 105 -
Puedes vivir sin cistitis
varias tomas al día para conseguir concentraciones eficaces. De hecho, se necesitan al menos cinco días de
amoxicilina-clavulánico para conseguir una eficacia terapéutica similar, por lo que el riesgo de abandono antes de completar el tratamiento es muy elevado.
Los fármacos de segunda opción son varios: trimetoprim-sulfametoxazol (Septrim®), 800/160 mg cada 12 horas durante tres días; norfloxacino (Baccidal®), 400 mg
cada 12 horas durante tres días; ciprofloxacino (Baycip®), 250 mg cada 12 horas durante tres días; amoxicilina-clavulánico (Augmentine®), 500/125 mg cada
8 horas durante cinco días; cefixima (Denvar®), 400
mg cada 24 horas durante tres días. Su administración
durante al menos tres días tiene cierto riesgo de olvi- 106 -
La perspectiva del médico
do y de incumplimiento. Todos ellos tienen efectos digestivos porque no sólo se eliminan en orina, sino
también en heces por metabolismo hepático. Este hecho aumenta el riesgo de que afecten la flora abdominal, produciendo a veces dolor abdominal y diarrea.
El tratamiento que la guía recoge como tercera opción es nitrofurantoína (Furantoína®), 50-100 mg cada
8 horas durante 5-7 días. Este fármaco tiene un excelente perfil de sensibilidad, puesto que las resistencias son muy bajas, pero supone tomar seis comprimidos al día durante al menos cinco días, lo que le
confiere una desventaja importante frente al tratamiento con fosfomicina trometamol.
Tratamiento de 1ª elección
Fosfomicina trometamol en monodosis de 3 g
Tratamiento de 2ª elección
Sulfametoxazol-Trimetoprim, 800/160 mg/12 horas durante 3
días (en aquellas áreas con resistencia a E. coli inferior al 20%)
Norfloxacino, 400 mg/12 horas durante 3 días
Ciprofloxacino, 250 mg/ 12 horas durante 3 días
Amoxicilina-ácido clavulánico, 500/125 mg/8 horas durante 5 días
Cefixima, 400 mg/24 horas durante 3 días
Tratamiento de 3ª elección
Nitrofurantoína, 50-100 mg/8 horas durante 5-7 días
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Puedes vivir sin cistitis
En resumen, no existe un antibiótico bueno o un
antibiótico malo para tratar una cistitis. La paciente y el médico deben ponerse de acuerdo a la hora de
buscar el compuesto que mejor se ajuste a cada persona. La comodidad de administración, la disponibilidad para adquirir el producto, la seguridad del
mismo, su precio... Son muchos los factores que
pueden tenerse en cuenta.
El Estudio Nacional de Percepción sobre la Cistitis
reveló que el 43% de las mujeres encuestadas
preferiría un tratamiento que tan sólo se
tome un día si se le diese a elegir.
Por otro lado, las necesidades expresadas en el
jurado ciudadano sobre infección urinaria revelan
que los tratamientos de mas fácil cumplimiento
son los preferidos por las pacientes, destacando
las pautas cortas, y de manera especial, la monodosis. Por todo ello, fosfomicina trometamol en pauta
corta debe ser reconocida como la primera opción terapéutica ante una cistitis, teniendo en cuenta tanto
la opinión de los médicos como de las pacientes.
Se ha reconocido la elevada difusión de la práctica del
autotratamiento. De hecho, no sólo el 11% de las muje- 108 -
La perspectiva del médico
res reconocen haberse tratado a sí mismas, sino que el
médico asume en la encuesta nacional mencionada
que en torno al 20% de las mujeres con cistitis que van
a su consulta ya se han automedicado. De hecho, las
mujeres del jurado ciudadano expresaron que con cierta frecuencia se necesita una receta en un momento
inoportuno y de difícil acceso al médico (fuera de su
entorno habitual, fin de semana, vacaciones, etc.).
Pero no todo el tratamiento de la cistitis es el agua y
el antibiótico. Los síntomas suelen ser tan graves, el
dolor tan insoportable, la sensación de debilidad o
quebrantamiento tal, que a menudo otras medidas físicas y farmacológicas pueden ser el complemento
terapéutico ideal. La mayoría de las mujeres sienten beneficio al colocarse calor seco sobre el abdomen. Una bolsa de agua caliente o la manta
eléctrica pueden ser muy eficaces hasta que pasa
el tiempo necesario para notar la mejoría espera- 109 -
Puedes vivir sin cistitis
ble con el antibiótico, que no sucede hasta pasadas 10-12 horas. El frío, por el contrario, en estos
momentos suele ser muy molesto.
Otros fármacos que pueden servir de ayuda son los
antiinflamatorios, como el ácido acetilsalicílico (Aspirina®) o el paracetamol (Gelocatil®, Febrectal®). Estas
sustancias ayudarán a calmar el dolor, suprimirán las
décimas generalmente asociadas al proceso inflamatorio y mejorarán en parte la clínica urinaria.
No obstante, existen otras sustancias que pueden
ayudar a calmar los síntomas propiamente urinarios (la frecuencia en la micción y la urgencia). Me
refiero a los compuestos anticolinérgicos. El mas fácilmente disponible de ellos es el bromuro de escopolamina (Buscapina®), un alcaloide semisintético de la belladona que actúa como relajante de la musculatura
lisa y calma el espasmo vesical. No obstante, algunos
pacientes refieren que este compuesto puede producir síntomas de hinchazón abdominal y gases, ya que
actúa como relajante de la musculatura intestinal y no
sólo del músculo vesical. Existen otros fármacos anticolinérgicos más específicos del músculo liso vesical,
como la tolterodina (Detrusitol®) o la solifenacina (Vesicare®), que son realmente útiles para suprimir las
molestias urinarias asociadas a la cistitis. El único problema es que tardan un tiempo en actuar, prácticamente el mismo tiempo que tarda el antibiótico en ha- 110 -
La perspectiva del médico
cer efecto. Por este motivo, este tipo de fármacos no
se recomiendan de manera rutinaria. Además, también
presentan sus riesgos de efectos adversos (sequedad
de boca, mareo, estreñimiento...) y están contraindicados en pacientes con tensión ocular (glaucoma).
Existen muchos remedios alternativos, principalmente
extractos de herbolario con capacidad diurética y sedante vesical. No tiene sentido alguno tomar este tipo
de remedios, por lo general caros y que para nada mejoran las expectativas terapéuticas del antibiótico. En
Medicina no siempre existe un tratamiento causal como es en la infección urinaria. No tiene ningún sentido favorecer los remedios alternativos cuando
existe un remedio científico y bien contrastado.
Los zumos de frutas y arándanos potencian la capacidad diurética al suponer un aporte hídrico añadido
y proporcionan agentes acidificantes y antiadhesivos. Ya se mencionó que la infección presenta más tendencia a producirse cuando la orina tiene un pH alcalino,
por lo que la acidificación del medio con este tipo de sustancias será una medida favorable añadida para combatir la infección. Además, el potencial antibacteriano de
los arándanos se encuentra en estudio y desarrollo.
Para finalizar esta obra no quisiera dejar de señalar
cuáles son los criterios por los que una paciente debe
- 111 -
Puedes vivir sin cistitis
acudir a un médico especialista en Urología para estudio por presentar cistitis. Aunque el médico de Atención Primaria está perfectamente capacitado para
atender a este tipo de pacientes en todos los casos
existen algunas circunstancias en las que resulta conveniente que la paciente sea valorada por un urólogo.
Cuando una paciente tratada no consigue la curación suele deberse a que no ha cumplido el tratamiento por olvido de tomas o a que la bacteria
causante presenta resistencias para el antibiótico
administrado. En estos casos debe realizarse un cultivo de orina para poder identificar el germen particular y cuál es su patrón de sensibilidad, es decir, a qué
antibióticos es sensible y a qué antibióticos es resistente. Una vez identificado el problema puede volver
a tratarse y el resultado esperable es la curación.
- 112 -
La perspectiva del médico
Cuando una paciente presenta de nuevo infección urinaria después de haber sido tratada correctamente y
de estar un tiempo sin problemas podemos estar ante
una reinfección o ante una persistencia del cuadro.
La persistencia se debe, habitualmente, a un mal cumplimiento del tratamiento o, de no ser así, a que existen
circunstancias anatómicas o funcionales que favorecen
la persistencia de la infección. Estos casos pueden deberse a problemas congénitos o adquiridos que hacen
necesario el estudio por parte del urólogo. El estudio
del especialista debe descartar la existencia de patologías como reflujo, litiasis, problemas de vaciado
vesical por toma de antidepresivos, prolapso, estenosis uretral, carúncula, etc., por decir sólo algunas.
- 113 -
Puedes vivir sin cistitis
La reinfección tiene mucho que ver con malos hábitos
higiénicos a los que ya se ha hecho mención en este
libro: abuso excesivo de limpieza genital, escasa toma
de líquidos, limpieza anal deficiente, no orinar después
del coito... En este último caso el urólogo no detectará anomalías anatómicas ni funcionales, pero sí puede
colaborar en la identificación de hábitos nocivos.
El especialista deberá descartar la presencia
de patolog í as que hacen que perdure la
infección, pero también la presencia de
malos hábitos higiénicos a los que se ha
hecho mención a lo largo de este libro.
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Conclusiones
1
¿CUÁNDO HAY UNA CISTITIS?
La cistitis es una afección propia de mujeres de cualquier edad, que puede afectar a una de cada tres
mujeres, producida por el crecimiento de gérmenes
bacterianos en el interior de la vejiga. Se trata de una
inflamación aguda de la vejiga urinaria que se manifiesta por los siguiente síntomas:
º
º
º
º
º
º
º
Escozor con la micción.
Dolor en el bajo vientre.
Urgencia para orinar.
Orina con frecuencia.
Escape de orina.
Sangre en la orina.
Décimas de temperatura.
2
¿QUÉ FACTORES FAVORECEN QUE UNA
MUJER PADEZCA CISTITIS?
Numerosos factores favorecen el que se produzca
una cistitis y entre ellos destacan los siguientes:
º Mantener relaciones sexuales sin orinar seguidamente.
- 115 -
º Abuso de lavado genital en el bidé.
º Medidas anticonceptivas de colocación vaginal
(diafragma, espermicidas...).
º Haber tomado antibióticos con anterioridad,
sobre todo de manera repetida.
º Padecer diabetes, sobre todo cuando está mal
controlada.
º Defecto de hormonas sexuales femeninas por la
menopausia.
º Padecer prolapso genital e incontinencia urinaria.
º Tener el hábito de beber poco líquido.
º Evitar orinar cuando se desea, mal vaciado vesical.
3
¿QUÉ HACER CUANDO SE PADECE CISTITIS?
La mujer que padece síntomas de cistitis deberá acudir a su médico habitual o a las Urgencias del centro
de salud que le corresponda para que se lleve a cabo
una correcta evaluación del problema.
Se le realizará un análisis rápido de orina empleando una
tira reactiva para confirmar la existencia de hallazgos en
la orina que sugieren cistitis aguda. De no ser así el médico realizará las pruebas que considere oportunas, incluyendo una historia clínica que evalúe síntomas, una exploración abdominal y posiblemente estudios de imagen.
Se le recomendará un antibiótico, según las preferencias de médico y de paciente, y se le recomendarán
medidas complementarias como la ingesta abundante
de líquido, el calor local y la toma de antiinflamatorios.
- 116 -
4
¿CÓMO ELIMINAR LA CISTITIS?
Las medidas de tratamiento de una cistitis son básicamente las siguientes:
º Se debe beber abundante líquido, mínimo dos litros al día.
º Se debe tomar un antibiótico. En la elección del
mismo deben tenerse en cuenta factores como
eficacia, seguridad y cómoda administración. Debe
cumplirse su toma hasta que se finalice el tratamiento. La guía multidisciplinar de práctica clínica sobre cistitis no complicada de la mujer considera fosfomicina trometamol en pauta corta o
dosis única como antibiótico de primera elección.
º Se deben llevar a cabo medidas físicas como la
aplicación de calor seco o la toma de antiinflamatorios no esteroideos tipo paracetamol (Gelocatil®) como tratamiento sintomático.
5
¿CÓMO PREVENIR LA CISTITIS?
Para favorecer la curación de la cistitis y prevenir las
recaídas deben seguirse los siguientes consejos:
º Toma de al menos dos litros de líquido diariamente (agua, zumo, infusiones...). Esta medida puede
suponer un problema para las mujeres que presenten incontinencia urinaria y debe consultarse
siempre a su médico, quien proporcionará las
medidas oportunas para su tratamiento.
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º Orinar con frecuencia, sin aguantar la orina una vez
que se presente el deseo miccional. Debe orinarse
cada 3-4 horas, es decir, unas 5-6 veces al día.
º Llevar a cabo la limpieza adecuada de la zona
genital después de evacuar el intestino, limpiando con papel seco de adelante hacia atrás.
º Evitar el estreñimiento tomando fibra de manera
regular.
º Tomar zumos cítricos y/o extractos de arándanos
que acidifican la orina y dificultan la replicación
bacteriana en la pared vesical.
º Siempre que se tengan relaciones sexuales debe
adquirirse el hábito de orinar después.
º Evitar la higiene genital obsesiva y abandonar el
uso de geles íntimos y de bidé.
En tus manos está poner fin a este
problema, porque debes saber que
puedes vivir sin cistitis.
- 118 -
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