Movimiento alternativo pacifista

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Movimiento alternativo pacifista
Por: Elisa Noheda
María Pilar Onate
María José Molina
1º Trabajo Social
Ciencia Política
21/04/2008
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Índice:
0. Introducción ……………………………………………………. pág. 2
1. El resurgimiento del movimiento por la Paz …………………… pág. 3
2. El movimiento pacifista del siglo XXI …………………………. pág. 11
2.1. La lucha directa contra los conflictos armados …………... pág. 12
2.2. Posturas pacifistas contra los preparativos bélicos ………. pág. 14
2.3. Las formas de acción del pacifismo contemporáneo …….. pág. 18
3. Bibliografía ……………………………………………………… pág. 25
0. INTRODUCCIÓN
El movimiento pacifista es un movimiento de opinión internacional que lucha por
el desarme y por otros objetivos asociados con el pacifismo. Especialmente surgido
después de la I Guerra Mundial, se ocupa de prevenir la guerra, planteando la
resolución pacífica de conflictos, el control internacional de armas, el desarme, la
desmilitarización de la sociedad, la reducción del gasto militar en los presupuestos
nacionales, etc.
El pacifismo incluye variantes absolutas, doctrinarias y prácticas. Se podría hacer
una división entre pacifistas absolutos, que se oponen a cualquier tipo de violencia,
y los pacifistas relativos, que asumen ciertos matices respecto a los conflictos y las
clases de violencia hacia los que manifiesta su oposición y crítica.
La cuestión de la paz plantea dos problemas complejos: uno de tipo teórico, que
consiste en la propia aceptación del término paz. Parece claro que cualquier
movimiento pacifista digno de este nombre tiene que rechazar las guerras de todo
tipo, tanto nucleares como convencionales; el valor empírico humano de la paz
debe ser absoluto.
El segundo problema, es de orden táctico y estratégico. Los movimientos sociales
en general, han demostrado en la práctica una capacidad de respuesta y de
movilización de la opinión pública que pone en tela de juicio la capacidad de los
aparatos políticos tradicionales como expresión de las necesidades de la población,
es decir, cuestiona el sistema democrático.
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1. EL RESURGIMIENTO DEL MOVIMIENTO POR LA PAZ.
El movimiento pacifista se manifiesta en el pacifismo antinuclear que tuvo su auge
en los años sesenta y ochenta del siglo XX, pero fue una iniciativa fracasada.
La etapa de los años sesenta y setenta significaron para el movimiento pacifista un
gran salto adelante. Además de las campañas antinucleares o contra la guerra de
Vietnam, en aquellos años se consolidó la investigación para la paz como disciplina
académica con la apertura del “Peace Research Institute” de Oslo, y se inició el
planteamiento interaccionista entre paz y desarrollo.
Jan Rose Kasmir
confrontando a la guardia
nacional a las afueras del
Pentágono durante una marcha
contra la Guerra de Vietnam en
1967.
Los ochenta fueron una etapa igualmente decisiva, menos académica y más ligada a
los movimientos sociales con el surgimiento de asociaciones y campañas de
responsabilidad social, prevención de guerras y armas…
La década de los ochenta también contempló la aparición o consolidación de
multitud de ONG´s que trabajaban en el asunto.
Respecto al movimiento pacifista en su manifestación en campañas, organizaciones
y movilizaciones antinucleares, los ochenta sembraron importantes semillas de gran
influencia para el pacifismo posterior.
El nuevo movimiento por la paz que recorrió Europa en el decenio de los ochenta
se fundamentó en el peligro de una guerra nuclear, a raíz de la doble decisión de la
Unión Soviética y los Estados Unidos de fabricar misiles de alcance medio.
Se celebraron numerosas manifestaciones en todo el mundo y la OTAN adoptaba la
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llamada “doble decisión”, por la que se acordó la instalación de misiles en Europa
occidental. En abril se creó el “Desarme Nuclear Europeo” (END) con dos
objetivos: la desnuclearización de Europa, y el respeto de los derechos civiles y
humanos en los países del Este.
Dos elementos diferencian el movimiento por la paz de los ochenta de las
movilizaciones de los cincuenta y sesenta. De un lado, su carácter internacional: la
constitución de la END hizo del movimiento por la paz un movimiento
transnacional, donde las actividades y movilizaciones se desarrollaban en un triple
escenario: local, nacional e internacional.
De otro lado, una de las características más sobresalientes del movimiento por la
paz de los años ochenta residió en la ruptura de las barreras impuestas por el telón
de acero. La END reafirmó a lo largo de su existencia su vocación de actuar en el
Oeste y en el Este. Favoreció de manera persistente la incorporación a sus
convenciones y actividades de grupos y personas procedentes del Este, ligando las
movilizaciones contra la carrera de armamentos y la instalación de los euromisiles
con la democratización del Este y la defensa del respeto de las libertades civiles y
de los derechos humanos en los países del Este. Se trataba de saltar por encima del
muro, de eliminar las barreras entre los movimientos civiles de un lado y otro del
telón de acero, desarrollando la ecuación desnuclearización-democratización.
La caída del muro de Berlín en 1989
significó para el movimiento pacifista la
exigencia de ser definido en términos más
amplios
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El 4 de noviembre de 1980 Ronald Reagan fue elegido presidente de los Estados
Unidos. La carrera de armamentos conoció un gran acelerón. Los pacifistas
alemanes aprobaron el llamamiento de Krefeld contra el estacionamiento de
misiles, se funda la Organización Internacional de Médicos para evitar la guerra
nuclear, y en agosto culmina en París la marcha pacifista organizada por la
Asociación Internacional Mujeres por la Paz en conmemoración de las víctimas de
las explosiones nucleares de Hiroshima y Nagasaki. Y el presidente Reagan
desbloquea la fabricación de la bomba de neutrones. Decenas de miles de personas
se manifestaron en rechazo a la política belicista de los EE.UU y la OTAN.
Mientras, en España, los socialistas obtuvieron la mayoría absoluta en 1982.
Durante la campaña el PSOE se había manifestado en contra de la forma en que el
gobierno de la UCD había decidido la entrada de España en la OTAN,
comprometiéndose a celebrar un referéndum. El compromiso del PSOE marcó el
despliegue del movimiento por la paz en España, polarizado en torno al
desmantelamiento de las bases norteamericanas en territorio español y el “no” a la
OTAN.
Concierto
“Anti-OTAN”
(España, 1986)
Las marchas a la base hispano-norteamericana de Torrejón de Ardoz se
convirtieron en punto de referencia obligado de la trayectoria del movimiento por
la paz en España, que pivotó en torno a tres grandes corrientes: la representada por
las Comisiones Anti-Otan, impulsadas por el Movimiento Comunista y la Liga
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Comunista Revolucionaria; los grupos pacifistas y antimilitaristas, como el
Movimiento de Objeción de Conciencia y los grupos aglutinados alrededor de la
revista “En pie de paz”, nacida en 1986; y, finalmente, el polo articulado en torno
al Partido Comunista de España, materializado en la “Mesa por el Referéndum”,
reconvertida, una vez convocado por el Gobierno socialista, en Plataforma Cívica
por la Salida de la OTAN, que representa el inicio de la recuperación del PCE y
que culminará tras el referéndum de marzo de 1986 en la constitución de Izquierda
Unida.
Los tres polos se agruparon, no sin problemas y desavenencias, en la Coordinadora
Estatal de Organizaciones Pacifistas (CEOP).
Estados Unidos puso en marcha la “Iniciativa de Defensa Estratégica” (SDI)
agravando la tensión Este-Oeste. Se creó la Red Europea para el Diálogo EsteOeste, por la que el movimiento por la paz de Europa occidental, en pleno auge,
estrechaba sus relaciones con los grupos independientes de los países del Este y la
URSS.
Gorbachov ponía en marcha reformas que culminaron con el desmantelamiento de
los regímenes de socialismo real en Europa oriental y la desaparición de la Unión
Soviética, así como un proceso que puso fin a la Guerra Fría.
Mientras, en España, la permanencia en la OTAN inició el declive del movimiento
pacifista, evidenciando su marcado carácter antiatlantista alimentado por el
tradicional sentimiento antinorteamericano cristalizado en la sensibilidad de la
izquierda sociológica. La campaña por la salida de la OTAN impulsó el proceso de
renovación de la izquierda, con el nacimiento de Izquierda Unida y dejó un
rescoldo que se avivó con el estallido de la guerra del Golfo Pérsico, siendo el
antecedente inmediato desde el que ha progresado de manera imparable la objeción
de conciencia y la insumisión, hasta cuestionar el modelo del ejercito, basado en su
carácter de servicio obligatorio, siendo en la actualidad el movimiento de objeción
de conciencia español el más potente del mundo.
El 2 de marzo de 1987 Gorbachov ofreció un acuerdo para la eliminación de los
euromisiles, renunciando a su vinculación con la paralización por los EE.UU de la
SDI.
Se inició a partir de entonces el declive del movimiento pacifista europeo, por la
consecución de sus principales objetivos tras el fin de la Guerra Fría: la eliminación
del peligro de una guerra nuclear en el futuro próximo y la democratización de los
países del Este y la antigua Unión Soviética.
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Como ya hemos visto, a partir de la II G.M el movimiento por la paz se mantuvo
asociado al desarme nuclear, y es que el antinuclear es el movimiento por
excelencia de la modernidad, por cuanto toda su dinámica interna gira, encubierta o
abiertamente, en torno al conflicto de sus únicos valores universales: la libertad y la
vida.
La consideración de ambos aspectos como “valores universales” no significa que
sean inconcebibles los conflictos y choques entre ellos en forma teórica o práctica;
más bien al contrario. La breve historia de la modernidad está llena de tales
polémicas, que incorporan distintos niveles de discusión: el nivel cotidiano, el nivel
de la nación, la clase y otras integraciones superiores y el nivel de la humanidad.
El movimiento antinuclear
rechaza la utilización de
este tipo de armamento
como medida disuasoria.
La esencia de la cultura
moderna se perdería si se considerase como mera hipocresía la evidente tensión
entre los genocidios cometidos regularmente bajo su égida, a veces a una escala sin
precedentes, y el reconocimiento por consenso social de los valores universales de
la libertad y la vida. Es precisamente esta dualidad la que provoca los constantes
esfuerzos por definir el grado permisible de los actos violentos colectivos, que en
ocasiones dan lugar a autoridades punitivas en sí mismas, incompatibles con las
reglas del juego establecidas por esta civilización.
En el discurso generalizado acerca del supuestamente inminente holocausto
nuclear, que absorbe por igual a la vida académica, la pantalla de televisión y la
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prensa, el conflicto global de la vida y la libertad ha alcanzado el papel de
antinomia. En consecuencia, tanto la libertad como la vida tienden a perder su
carácter de valor universal. Es una antinomia precisamente porque no es posible
escoger uno de los dos polos, y algo que no se puede escoger difícilmente puede ser
un valor universal. Sin embargo, hay un peligro mas grave: la autobarbarización de
nuestra cultura.
Por un lado, no se puede optar por la libertad frente a la vida en un sentido general.
Donde no hay vida, tampoco hay libertad. Todos aquellos que conciben la bomba
como una fuerza de disuasión, es decir, la consideran un arma con la que debería
librarse una guerra total, por muy amantes de la libertad que sean sus motivos,
destruyen teóricamente la libertad, además de la moral.
El movimiento antinuclear se basa en la crítica, y en última instancia el rechazo, de
la fuerza de disuasión. El rechazo puede ser inmediato y unilateral, o su abolición
concebida como resultado de un largo proceso. Existe una identificación, muy
extendida y extremadamente errónea, de las posturas pacifistas con las
antinucleares. Aunque es obvio que, por definición todos los pacifistas tienen que
ser antinucleares, pero no todos los antinucleares son pacifistas, hay dos tipos de
militantes antinucleares que no son pacifistas: los nacionalistas y los
revolucionarios para quienes “las justas guerras de los pueblos oprimidos” son
actos loables.
El crecimiento y fortalecimiento del movimiento antinuclear no es el resultado de
un peligro inminente de choque nuclear global entre las superpontencias. Es más
bien la poderosa reacción simbólica de amplias capas de la sociedad occidental ante
tres acontecimientos de la pasada década, cruciales y relacionados entre sí: la
depresión económica global, el fin de la hegemonía global estadounidense y la
desaparición de toda esperanza en un nuevo mundo o un socialismo reformado.
El pacifista, en los tiempos actuales, no representa un tipo homogéneo, unificado.
Las esperanzas iniciales del pacifismo en la temprana ilustración, la promesa de
que el racionalismo, el liberalismo y la industria traerían la paz eterna, en la
actualidad están evidentemente muertas. El pacifismo se ha vuelto mucho más
resignado, o mucho más radical.
El tipo de pacifista escéptico está representado por Bertrand Russell, autor de la
fórmula “más vale rojo que muerto”, claramente partidaria del valor universal de la
vida frente al valor universal de la libertad. El contexto de está dudosísima
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sabiduría es un escepticismo absoluto. No se puede saber, dice el escéptico, qué es
ser libre, qué vale la libertad, ni cual es el valor de los preceptos morales sugeridos
por diversos profetas. Pero al menos se puede saber con certeza dónde termina la
vida, dónde comienza la muerte. Mientras haya vida se pueden recomenzar los
esfuerzos por recuperar la libertad.
Es todo lo contrario que pensaban Gandhi y Tolstoi.
Voy a comentar alguna de las teorías sobre el pacifismo que mostraban algunos de
sus principales defensores.
Rosseau y Kant fueron los pensadores que mas interés tenían por llegar a la paz,
pero existía una faceta más laica del movimiento pacifista inicial que fue
haciéndose cada vez mas activa; filósofos políticos como Jeremy Bentham y John
Stuart Mill argumentaban que el objetivo de unas sociedades reformadas y
civilizadas redundaría en un mundo en el que la guerra no sería necesaria o al
menos un acontecimiento poco frecuente.
Esta idea fue reforzada por la de libre mercado de mediados del s. XIX y por la
creencia de que “el comercio estaba dejando la guerra obsoleta” (John S.M). Otro
pensador llevó el concepto aún mas lejos, Richard Cobden insistía en que la paz
debía ser el objetivo y no una característica del libre mercado. Los conflictos entre
Estados serían tan raros que sólo se necesitaría un sistema de arbitraje para
solucionar las ocasionales tensiones.
Entre otros pensadores contemporáneos cabe destacar tres concepciones del
pacifismo tomado en el sentido estricto, como no violencia incondicional activa:
Tolstoi, Gandhi y Martin Luther King. Los tres están íntimamente relacionados,
pues Gandhi fue discípulo principal de Tolstoi, y Martin Luther King se inspiró
ampliamente en Gandhi.
Tostoi fue consciente de las desigualdades e injusticias de las relaciones sociales y
políticas internacionales, pero frente a ellas no sólo vio como solución no la
violencia y la lucha de clases, sino un cambio general de conciencia, una
conversión al amor.
Gandhi desarrolla las ideas principales de Tolstoi, basándose en un sincetismo entre
otras doctrinas religiosas hindúes, la Biblia y el Corán. Además concretó su
pensamiento en un método de acción que él mismo llevó a cabo para salvar a su
patria de la dominación Inglesa. Según Gandhi “el hombre no posee el poder de
crear, no posee pues, el poder de destruir”; en él la no violencia es un concepto
muy amplio, la no violencia total es la ausencia de mala intención hacia todo lo
que vive.
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Martin Luther King llevó a la práctica el principio de la no-violencia activa de
manera similar a Gandhi; sin embargo, para él es, ante todo, un método, y su
aplicación tiene en su doctrina un fundamento práctico.
Más recientemente, se ha visto muy clara la necesidad de la no violencia en las
relaciones internacionales; si partimos de la base de que la humanidad tiene
derecho a sobrevivir, tendremos que encontrar una alternativa a la guerra y la
destrucción.
Martin Luther King, premio Nobel
de la Paz, con su célebre frase
“Ningún hombre será libre hasta
que todos sean libres”, reflejó su
mensaje: luchar con la no
violencia por los derechos de
todos los hombres por igual.
Desde el punto de vista cristiano: la posición cristiana es la de un pacifismo que
podríamos llamar relativo, según el cual la paz y la no-violencia se consideran
como un ideal y una aspiración, por lo que fue muy desacreditado, pero sin excluir
la licitud de la violencia individual y la guerra en los casos de legítima defensa.
El concilio del Vaticano II, ha refrenado esta doctrina al declarar que "mientras
exista el riesgo de una guerra y falte una autoridad competente y provista de
medios, una vez agotados todos los recursos de la diplomacia, no se podrá negar el
derecho de legítima defensa a los gobiernos", “las armas científicas traspasan los
límites de legítima defensa”, por lo cual condenan sin distinción toda acción bélica
que "tienda indiscriminadamente a la destrucción de ciudades junto con sus
habitantes”.
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2. EL MOVIMIENTO PACIFISTA DEL SIGLO XXI.
Tras el activismo pacifista experimentado en torno a la Guerra de Vietnam en
EE.UU., y los movimientos a favor del desarme nuclear durante la Guerra Fría, la
Guerra de Irak sirvió en 2003 como detonante para hacer resurgir un movimiento
que llevaba tiempo sin hacerse notar.
Junto al despliegue social motivado por la Guerra de Irak, destacó anteriormente el
surgido contra las Guerras del Golfo Pérsico de 1991. Sin embargo, el movimiento
pacifista se ha mantenido activo a nivel mundial, unas veces más visible, otras más
en la sombra, manifestando su oposición a la guerra con ocasión de otros conflictos
bélicos e intervenciones de los ejércitos de Estados Unidos, Inglaterra y Rusia.
Pueden citarse como ejemplos las respuestas del pacifismo ante guerras como las
de los países de la antigua Yugoslavia, la de Chechenia, la de Timor o la de
Afganistán.
Es precisamente la constancia en sus actitudes, y no las explosiones puntuales de
actividad, uno de los principales retos que el pacifismo se ha marcado en nuestro
actual siglo, empezando por dar a conocer los conflictos bélicos que son
sistemáticamente ocultados por los medios de comunicación.
Cada Semana Santa se celebran el Alemania
las tradicionales marchas pacifistas, que si
bien ya no movilizan a multitudes, se mantienen
activas desde hace décadas.
El 15 de Febrero de 2003, cerca de 10 millones de personas de todo el mundo
salían pacíficamente a las calles de sus ciudades en lo que fue la mayor
movilización de la historia.
La relevancia de las manifestaciones fue especialmente notable en aquellos países
políticamente comprometidos con la invasión de Irak: Austria, EE.UU., España,
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Gran Bretaña, Portugal, Polonia e Italia.
Esta protesta mundial o “marcha por la paz” comenzó a organizarse sólo un mes
antes de su realización, proceso en el que quedó de manifiesto el poder y la
efectividad lo los nuevos medios tecnológicos, ya que la convocatoria fue
extendida en gran parte a través de Internet y mensajes de texto de teléfono móvil.
Pueden señalarse algunos aspectos contextuales que explican en cierto modo la
concienciación tan fuerte de la opinión pública contraria a la invasión de Irak.
En primer lugar, la cultura pacifista que desde hace ya muchos años se viene
extendiendo entre la población mundial, gracias en gran medida a la actividad de
los movimientos por la paz y antimilitaristas, así como sus impactos.
Por otra parte, la situación internacional vivida después de los atentados de 11-S, y
la ofensiva militar llevada a cabo por la Administración de Estados Unidos en
defensa de sus intereses, concretada en la doctrina militar de la “guerra preventiva”.
Un tercer factor lo constituyen las acciones contra la globalización capitalista que
precedieron al conflicto, por lo que las actividades contra la guerra se enmarcan
dentro de un conjunto de protestas a nivel internacional.
No puede dejarse pasar el trabajo llevado a cabo por las Plataformas contra la
guerra y los grupos que apoyaron sus movilizaciones, principalmente diversos foros
sociales y otras organizaciones no gubernamentales, que aunaron esfuerzos para
movilizar a ciudadanos de todo el mundo.
Por último, es determinante la actitud belicista y sumisa de algunos gobernantes de
que arrastraron a sus países, como ocurrió en España, a una guerra de la que la
inmensa mayoría de la población no quería ser partícipe.
La actividad del movimiento pacifista en la actualidad se centra en tres ámbitos,
fusionados en una misma realidad, en torno a los cuales giran sus campañas y
acciones. Estos son:
- la oposición a las guerras y a los conflictos armados.
- la oposición a todo lo que contribuye a la preparación de la guerra.
- fomento de una “cultura de la paz”.
La lucha directa contra los conflictos armados:
Los grupos pacifistas mantienen firmes sus críticas a las intervenciones militares,
poniendo de relieve que son las mismas potencias las que anteriormente venden las
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armas a los países en conflicto, que no se agotan las vías políticas alternativas, que
son en su mayoría intereses estratégicos los que mueven estas acciones, y no otras
causas como la defensa de los derechos humanos, etc.
También destacan el hecho de que la historia demuestra que las intervenciones
militares no resuelven conflictos bélicos, sino que son fuente de nuevos problemas
de diferente índole, así como la tendencia a intervenir militarmente sin la
autorización de las Naciones Unidas.
Mostar las consecuencias bélicas, tantas veces ocultas
por los medios de comunicación, es uno de los objetivos
que se marca hoy en día el movimiento pacifista.
La llamada “guerra preventiva” ha sido siempre y sigue siendo rechazada por el
movimiento pacifista, por considerarla un mero ataque, y eliminar de ella cualquier
sentido de defensa del que sus partidarios quieren dotarla. Creen si un país en un
momento dado se siente amenazado por la “guerra preventiva” tenderá al rearme, y
más concretamente a la acumulación de armas de destrucción masiva, y defienden
la ilegalidad internacional de tales prácticas de guerra, ya que la Carta de las
Naciones unidas sólo contempla el uso de la fuerza en legítima defensa en el caso
de que se produzca un ataque armado.
Como medios alternativos en la resolución de conflictos a las intervenciones
militares, el movimiento pacifista defiende principios como la prevención, la
diplomacia, las acciones políticas, la suspensión de la venta de armas a países en
conflicto, etc.
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A pesar de que la parte más visible del movimiento pacifista se hace ver en las
manifestaciones a pie de calle, son otras muchas las actividades pacifistas que se
vienen desarrollando en la actualidad.
Las Brigadas Internacionales de Paz, por ejemplo, desde su fundación en 1981,
envía testigos presenciales en regiones en crisis y conflicto, y a grupos de
voluntarios que protegen con su presencia a personas amenazadas de muerte o
secuestro por medio de violencia política. El concepto desarrollado por PBI, que
consiste en un acompañamiento de la población civil local contribuye con un gran
aporte al fortalecimiento de la posibilidad de hallar soluciones civiles para los
conflictos.
La Red de Mujeres de Negro, por su parte, es una red internacional de mujeres
feministas y antimilitaristas que trabajan por la paz oponiéndose a las guerras,
denunciando la violencia específica contra las mujeres y buscando la participación
femenina en la resolución de conflictos y en las negociaciones de paz.
Una de las campañas más importantes en el marco de la insumisión se produjo
cuando diversos colectivos pacifista y antimilitaristas promovieron el apoyo social
a los desertores de la guerra del Golfo Pérsico de 1991.
Por último, centrándonos en nuestro país, y en cuanto a este asunto de oposición a
los conflictos violentos, hay que valorar el trabajo realizado por grupos como
“Gesto por la Paz” y “Elkarri” desde mediados de los 80 y principios de los 90
respectivamente, a favor del diálogo, el acuerdo y la paz en el País Vasco.
Posturas pacifistas contra los preparativos bélicos:
Las armas, los gastos militares, la investigación científica con finalidades bélicas,
la industria y el comercio de armas, los bloques y bases militares, los grandes
ejércitos, el adoctrinamiento militar agresivo… A todo esto se opone el
movimiento pacifista por razones obvias, y obvio resulta también que antes de que
una guerra se produzca, se toman una serie de decisiones que la preparan; y son,
siempre, decisiones políticas.
En los últimos años, los grupos pacifistas están poniendo todo su empeño en hacer
ver a los ciudadanos que ellos, muchas veces inconscientemente, muchas veces por
desentendimiento o por desinterés, contribuyen a la preparación de la guerra. Así,
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ponen el acento en realidades como las siguientes: una parte de las aportaciones
que se hacen a través del impuesto sobre la renta se destina a gastos militares; se
compran acciones, se realizan planes de pensiones o se depositan ahorros en
empresas vinculadas a la industria armamentística; se vota a partidos políticos que
apoyan acciones armadas contra otro países, aprueban gastos militares o potencian
el comercio de armas… Se trata por tanto de concienciar a la gente de la
responsabilidad que todos tenemos en la preparación de la guerra.
Las propuestas de actuación que el pacifismo propone al respecto son diversas: no
votar a los partidos políticos que sostienen el militarismo, la objeción fiscal,
objeción científica (negativa de los investigadores a participar en el desarrollo de
proyectos militares), objeción laboral (negarse a realizar trabajos que tengan
finalidades bélicas), objeción financiera (no invertir ni depositar ahorros en
empresas vinculadas a la industria y el comercio de armas), apoyar, colaborar y
participar en actividades, campañas y organizaciones pacifistas y antimilitaristas…
Sobre las armas hay que resaltar tres campañas. La campaña municipios
desnuclearizados, desarrollada en 1983-1984, durante la cual unos 400
Ayuntamientos de España aprobaron mociones en las que declaraban su territorio
libre de armas nucleares. La Campaña Internacional para la Prohibición de las
Minas Antipersona, que surgió en 1992 y a finales de la década de los noventa
agrupaba a más de mil ONG, denunció la situación en torno a este problema y
reclamó la aprobación de leyes que prohibieran su producción, dictaminaran la
destrucción de las que estuvieran almacenadas y establecieran planes de desminado
y asistencia a las víctimas.
La campaña internacional por el control y la reducción de las armas ligeras,
impulsada por la red IANSA (The International Action Network on Small Arms),
formada por más de 500 grupos de unos 100 países, que se fundó en 1998, ha
denunciado que existen unos 500 millones de armas de este tipo que circulan por el
mundo, que provocan la muerte de unas 500.000 personas cada año y son la causa
del 90% de los muertos en conflictos violentos. La campaña “Adiós a las armas” se
inició en España en 1999, la promueven unas veinte ONG´s, y ha criticado la
responsabilidad que tienen las industrias de armamentos españolas en este
problema, ya que han suministrado armas ligeras a bastantes países.
La objeción fiscal a los gastos militares, cuya primera campaña se hizo en España
en 1982, consiste en deducir en la declaración del impuesto sobre la renta el
porcentaje equivalente al que en los Presupuestos Generales del Estado se destina a
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financiar las fuerzas armadas, la investigación de programas militares o la compra
de armas, y en la donación del dinero correspondiente a entidades que desarrollan
proyectos de promoción de la cultura de paz, protección del medio ambiente o
lucha contra la pobreza.
Desde 1999 la campaña “Por la paz: no a la investigación militar!”, busca
promover el debate en la sociedad y en la comunidad científica sobre la
investigación con fines bélicos, y presionar a los poderes públicos para que
transfieran los recursos que se destinan a la investigación militar hacia la
investigación con fines civiles, a través de las diversas actividades de la campaña y
de la objeción científica. Hasta ahora la repercusión de la campaña es considerable:
entre abril de 2002 y febrero de 2004, 2.050 científicos habían firmado un
compromiso de no participar en investigaciones que tengan finalidades militares;
durante el año 2003, doce universidades españolas incluyeron en sus estatutos
cláusulas de objeción científica, en las que renuncian a la investigación científica
orientada hacia finalidades militares; y en el año 2004, por primera vez, una tesis
doctoral presentada en la Universidad de Sevilla incorporó una cláusula para
impedir su utilización con fines militares.
La venta de armas a países en
conflicto supone un negocio
multimillonario para las principales
potencias mundiales
Por otra parte, hay que mencionar la campaña “Hay secretos que matan”, a favor de
la transparencia y el control de la exportación de armas, iniciada en 1994 por
Amnistía Internacional, Greenpeace, Médicos sin fronteras e Intermón, que contó
con el apoyo de más de mil entidades y asociaciones, nueve parlamentos
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autonómicos y unos doscientos ayuntamientos, en la que se reclamó que el
Gobierno informara al Parlamento y a la sociedad sobre sus exportaciones de armas
y se reivindicó la adopción de un Código de Conducta en el comercio de armas, en
el que se exigiera a los gobiernos destinatarios de las armas el respeto a los
derechos humanos, que no existieran en el país conflictos bélicos internos y que no
estuvieran implicados en agresiones armadas contra otros países.
La campaña internacional “Armas bajo control”, reivindica la adopción de un
Tratado internacional que controle y regule el comercio de armas. Intermón y
Amnistía Internacional, que son los promotores de esta campaña en España, han
pedido al Gobierno que apruebe una ley que asegure el control de la exportación de
armamentos, prohíba las transferencias que violen el Código de Conducta de la
Unión Europea y exija la publicación con total transparencia de la información
relativa a las transferencias.
Sobre los bloques militares destacan las movilizaciones contra de la pertenencia de
España en la OTAN, que se iniciaron en 1981 y que continuaron entre 1983 y 1986
con las acciones a favor de la convocatoria de un referéndum claro y vinculante
sobre esta cuestión, convocadas por la Coordinadora Estatal de Organizaciones
Pacifistas.
Fue muy significativa la campaña “Bases Fuera!”, que se desarrolló entre 1987 y
1989, en la que se reivindicó la anulación del Convenio Bilateral con los Estados
Unidos, el desmantelamiento de las bases militares norteamericanas y que los
barcos de la OTAN y de la VIª Flota no recalaran en los puertos del Mediterráneo.
Las marchas de los años ochenta a las bases de Torrejón y Zaragoza fueron muy
numerosas.
El ecopacifismo andaluz ha ido convocando periódicamente, desde 1983 hasta la
actualidad, las Marchas a la base aeronaval de Rota.
El movimiento por la paz ha ido denunciado la utilización de las bases militares por
EEUU para agredir a otros países (Libia en 1986 e Irak en 1991 y 1998).
Frente al Ejército hay que destacar la larga lucha por el reconocimiento del derecho
a la objeción de conciencia y la abolición del servicio militar obligatorio, iniciada
en plena dictadura franquista, cuando aparecieron los primeros objetores de
conciencia.
Uno de los objetivos recientes del antimilitarismo ha sido la promoción de
actividades dirigidas a los jóvenes, para que no ingresen voluntariamente en el
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Ejército, así como la reivindicación del derecho a la objeción de conciencia para los
soldados profesionales.
Las formas de acción del pacifismo contemporáneo.
Con la llegada del siglo XXI, sin dejar de lado el recurso las movilizaciones
masivas que caracterizaron al pacifismo antinuclear de los sesenta y los ochenta,
como se comprobó en 2003 a propósito de la invasión de Irak, el movimiento
pacifista, ha evolucionado adaptando nuevas formas de acción que le han ayudado
a potenciar su eficacia.
Tras la Guerra Fría, muchas de las organizaciones más destacadas del pacifismo
antinuclear han ido desapareciendo, lo que a los ojos de muchos analistas evidenció
la decadencia del movimiento.
Sin embargo, un análisis y seguimiento más profundos de su evolución demuestra
que el declive de la militancia masiva en organizaciones característica desde finales
de la década de los ochenta no implica necesariamente la existencia una crisis del
movimiento social pacifista. Más bien, el hecho refleja una crisis de las formas de
organización tradicionales. Y es que, a la vez que ha ido descendiendo el número
de miembros oficiales de las agrupaciones estrictamente pacifistas, han proliferado
los grupos de ayuda mutua, las organizaciones humanitarias, los proyectos
solidarios, etc., especialmente mediante ONG´s.
Si bien los ciclos de protesta reviven en gran medida a las organizaciones de masas,
lo cierto es que se ha hecho frecuente el alejamiento del impulso pacifista de la
acción política en beneficio de formas de acción social de mayor participación
directa buscando, además, el desarrollo individual de los activistas.
Estas nuevas formas de grupos y actividades, mantienen sin embargo un sólido
consenso acerca de los valores característicos del movimiento pacifista, a la vez
que facilitan servicios y oportunidades para el desarrollo de los menos favorecidos
y para combatir la violencia en todas sus formas.
Por todo esto, no es el movimiento pacifista el que se muestra en crisis, sino los
modos organizativos pacifistas tradicionales han observado una crisis terminal en el
movimiento pacifista.
Sin embargo, aquellos medios tradicionales cumplen aún una importante función,
sobre todo en las etapas intermedias entre ciclos de protesta, ayudando a mantener
vivos los objetivos y temas sobre los que trabajan y aportan sus saberes y recursos
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otros grupos militantes menores incapaces de un alto desarrollo organizativo
propio.
En un creciente número de países, organizaciones similares por su modesto tamaño
y bajo coste de mantenimiento, pero altamente profesionalizadas, caracterizan a los
componentes de las redes transnacionales de los movimientos sociales de
comienzos del siglo XXI: centran su labor en alguna cuestión concreta, sean los
derechos humanos, la protección del medio ambiente, la oposición al tráfico de
armas, los derechos de las mujeres o los de los pueblos indígenas.
Su nivel organizativo es endeble, pero sus acciones y capacidad de convocatoria
pueden resultar tremendamente efectivas en campañas específicas debido a sus
vínculos con donantes, fundaciones y otros grupos activistas que puedan prestarles
su apoyo.
Las protestas protagonizadas por pequeños grupos, de fuerte
contenido simbólico, han ido ganando fuerza como expresión
de desacuerdo ante posturas belicistas.
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De este modo, parece estar surgiendo un modelo organizativo común a los
movimientos sociales a nivel internacional, resultante de la combinación entre
pequeños líderes profesionales, amplias redes de simpatizantes no
permanentemente activos y redes transnacionales solidarias. Los miembros de estas
organizaciones pueden comunicarse a bajo coste por correo, fax o e-mail;
participan de acciones masivas aunque poco habituales; difunden información
sobre algunas actividades de los demás grupos; y realizan puntualmente actividades
de solidaridad con la lucha paralela de organizaciones ajenas como charlas,
minutos de silencio, mesas redondas, etc. El prototipo de este modelo es
Greenpeace, que afirma incluir a millones de miembros, pero en realidad la
mayoría se limita a realizar una aportación económica y la ONG depende de un
limitado número de militantes profesionales, con la ayuda de voluntarios, en
algunas ocasiones, para desarrollar sus llamativas acciones.
Para subsanar los problemas originados por la lógica dificultad de contar con
amplias redes de apoyo ciudadano sin construir una gran organización, varios
movimientos sociales han desarrollado franquicias en forma de organizaciones
locales a menudo preexistentes. Éstas continúan siendo independientes, pero
utilizan el nombre de la organización nacional o internacional, recibiendo además
su publicidad y algunos materiales a cambio de contribuciones económicas y
cooperación en campañas conjuntas.
Aparte de las franquicias, los movimientos sociales actuales en general, y el
movimiento pacifista en particular, se apoyan en los recursos de organizaciones y
asociaciones aliadas no orientadas, en principio, hacia la acción colectiva. Esto les
permite tanto usar sus más estables infraestructuras y movilizar, por períodos
breves, a ciudadanos no interesados en un activismo permanente, y esta tendencia
que ha continuado su desarrollo de forma constante hasta la actualidad.
En fin, puede observase una evolución en el movimiento pacifista hacia formas de
trabajo más democráticas, flexibles, conocedoras y experimentadas, así como
generadoras de redes de conexión informativa, solidaria, etc., por lo que pueden
divulgar más y mejor información, llegar con mayor prontitud a zonas necesitadas,
y actuar con cada vez más eficacia.
La gran debilidad de este tipo de movimientos sociales es su falta de una base
social permanentemente activa. Lo informal de las alianzas y lo esporádico de sus
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grandes actividades de protesta conjuntas explica que, por una parte, el movimiento
parezca invisible por períodos de tiempo más o menos largos, a la espera de que la
estructura de oportunidad política sea propicia y, por otra parte, que las redes
sociales estén permanentemente abiertas y con posibilidad de ensanchar sus bases
de apoyo entre cada vez más grupos sin una exigencia inmediata de activismo.
Puede afirmarse, por tanto, que el movimiento pacifista ha adaptado sus formas a
los cambios experimentados por el conjunto de la sociedad mediante el desarrollo
de redes activistas más descentralizadas, capaces, no obstante, de organizar
coaliciones en campañas concretas y exigir determinadas actuaciones por parte de
las autoridades.
Además, hay que tener en cuenta las ventajas que el siglo XXI otorga a las
organizaciones pacifistas en cuanto a los recursos que están a su alcance: disfrutan
de un acceso más fácil a medios de comunicación (no en vano, Internet es una de
sus principales herramientas), una capacidad de movilidad geográfica más rápida y
económica, mayor interacción cultural, y más capacidad de convocatoria y trabajo
en equipo entre organizaciones afines.
Considerando la nueva orientación del pacifismo como movimiento social, el
declive de las organizaciones y movilizaciones de masas tradicionales más
centralizadas ha supuesto un beneficio, más que un coste, para el movimiento
pacifista en su conjunto. Es, por tanto, comprensible que tras la aparente quietud de
la década de los noventa, el movimiento pacifista resurgiera de forma tan llamativa
en 2003 contra la invasión de Irak: la inactividad era sólo aparente, y la tupida red
de organizaciones pacifistas, que nunca había dejado de trabajar, encontró un punto
de confluencia que las hizo muy visibles al gran público, alcanzando cifras
desconocidas de participación y apoyo ciudadanos.
En su evolución desde 1989, pues, el movimiento pacifista ha venido derivando
hacia nuevas expresiones y formas organizativas, trascendiendo, además, el ámbito
de la oposición a la violencia directa que en su momento protagonizó y simbolizó
el pacifismo antinuclear, y reforzándose otras manifestaciones del movimiento ya
existentes y surgiendo otras nuevas, de carácter preventivo y humanitario.
En este sentido, cabe mencionar la expansión del voluntariado, en el que
ciudadanos corrientes dedican parte de su tiempo y recursos a realizar labores
solidarias. El trabajo voluntario permite colaborar a muchos niveles y no exige
ningún tipo de adhesión ideológica. Muchos de los programas que llevan a cabo las
diferentes ONG´s serían imposibles de realizar sin el respaldo humano y material
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de los voluntarios. Otro tanto sucede con los activistas y voluntarios que trabajan
en el terreno de la enseñanza y la cultura de la paz mediante acciones de formación,
capacitación, y especialización de personal para adecuarlo a necesidades concretas
en una labor constante y comprometida.
La labor llevada a cabo
por activistas de las
diferentes ONG´s en
países en situación
conflictiva es una de las
principales expresiones
del la actividad
pacifista en nuestros
días.
Otra destacada manifestación del movimiento pacifista que ha conocido un gran
desarrollo tras la Guerra Fría es el intervencionismo humanitario, una forma muy
efectiva de acción directa en los lugares donde se producen conflictos armados.
Las dos Guerras Mundiales y los totalitarismos nazi y soviético darían pie al
apogeo de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, y hacia 1940 surgieron en Estados
Unidos las primeras organizaciones humanitarias privadas que más tarde se
denominarán Organizaciones No Gubernamentales. En 1942 se creó en Europa el
Oxford Famine Relief Committee o Comité para el Alivio de la Hambruna
(OXFAM) para socorrer a la población griega de la hambruna que sufría; siendo
heredera de la noción de “objetividad”, defendió la neutralidad e independencia en
sus actuaciones, respetando la soberanía de los Estados-nación y no comprometidos
más allá de sus labores paliativas.
Organizaciones como Cruz Roja, Médicos sin Fronteras y OXFAM, con su labor
de ayuda en situaciones de emergencia humanitaria, han venido ejerciendo un papel
de enorme utilidad social en escenarios donde los Estados y la comunidad
internacional oficial han sido incapaces de auxiliar a civiles víctimas de
desplazamientos, epidemias, hambrunas, etc. Además, sin perder su status apolítico
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y neutral, facilitaron, mediante sus programas de voluntariado, campañas de
información, etc., el surgimiento de otras organizaciones posteriores
comprometidas además con valores como la democracia, los derechos humanos, la
paz y la justicia social (Human Rights Watch, Amnistía Internacional, las diversas
ONGs sin fronteras, etc.), cuyo compromiso con esos valores dejaba atrás el
apoliticismo y neutralidad del intervencionismo humanitario tradicional.
De este modo, la acción humanitaria afronta sus retos con nuevas formas de
entender la independencia y la neutralidad, la relación entre la urgencia de la
intervención y la teoría y el compromiso con el desarrollo a largo plazo, reforzando
el papel del testimonio y la denuncia en lo que entienden como sus obligaciones
con los más débiles, y reconociendo el papel de interlocutores de las víctimas de la
exclusión y las catástrofes.
Otro ámbito en el que el movimiento pacifista se ha desarrollado
considerablemente en los últimos años es el desarrollo de la diplomacia civil
noviolenta, que apuesta por el acercamiento solidario entre los pueblos y las gentes.
No sólo pone en marcha medidas paliativas ni previene conflictos potenciales, sino
que se constituye en agente difusor de denuncia de sistemas injustos y corruptos; de
crítica de la violencia directa, cultural y estructural; de ayuda para encauzar las
acciones de las poblaciones mermadas o asoladas por un conflicto, dándoles más
confianza en sí mismas; de reconciliación entre partes enfrentadas; y de presión a
los Estados para legislar o adoptar medidas concretas a favor de una paz positiva.
En definitiva, se trata de generar redes, complicidades y solidaridades permanentes
que doten de mayor influencia, legitimidad y eficacia a las muchas iniciativas que
estas organizaciones llevan a cabo para modificar legislaciones y comportamientos
de los Estados. Las mencionadas campañas apuntan al cambio de estructura en la
tradicional concepción de los Estados como únicos protagonistas de las relaciones
internacionales, pues tanto poderes supraestatales como empresas multinacionales
ejercen una influencia decisiva en las actuaciones de los Estados, lo que también
aspira a conseguir la sociedad civil organizada a favor de la paz y los derechos
humanos.
En definitiva, ha sido la propia ciudadanía internacional organizada quien, con su
trabajo cívico, informativo, educativo, diplomático, paliativo, mediador y
reconciliador, ha reactivado las agendas y las acciones del movimiento pacifista.
Además, la legitimidad y reconocimiento de su labor se ha visto reflejada por la
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incorporación de representantes de destacadas ONGs que dan voz a la sociedad
civil en el Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas.
En conclusión, las modernas formas de organización, de redes transnacionales, de
metodologías de acción, de difusión de la idea de paz y del trabajo para su
construcción, suponen un salto importante en la consolidación del movimiento
pacifista como una de las manifestaciones más destacadas de la acción de la
sociedad civil internacional.
La capacidad de adaptación que el movimiento pacifista ha venido mostrando,
continúa evidenciándose al adaptar los fundamentos solidarios, humanitarios,
universalistas y de permanente insatisfacción con la realidad característicos de su
pensamiento ante nuevos retos y realidades, todo ello en pos de reivindicaciones
comunes y deseables: una auténtica y constante construcción de la paz, la
democracia, la justicia, la equidad y el desarrollo sostenible.
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