Novelas y no-velaciones: ensayos sobre algunos textos narrativos

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Estudios de Literatura Colombiana
No. 6, enero-junio, 2000
Novelas y no-velaciones: ensayos sobre algunos textos
narrativos colombianos
Mauricio Vélez Upegui. Medellín: Fondo Editorial Universidad Eafit, 1999.
Inusual en el medio encontrar un esfuerzo investigativo como el del académico
Mauricio Vélez Upegui en su Novela y no-velaciones: Ensayos sobre algunos
textos narrativos colombianos, de reciente aparición bajo el también nuevo
fondo editorial de la Universidad Eafit.
El objeto de reflexión de Vélez se orienta a un conjunto de novelas
representativas de la literatura colombiana desde El carnero (1636) de Juan
Rodríguez Freile, pasando por De sobremesa (1896) de José Asunción Silva,
hasta El día del odio (1962) de José Antonio Lizarazo, Respirando el verano
(1962) de Héctor Rojas Herazo, El hostigante verano de los dioses (1977)
de Fanny Buitrago, La casa grande (1962) de Álvaro Cepeda Samudio, Tarde
de verano (1980) de Manuel Mejía Vallejo y Asuntos para un hidalgo disoluto
(1994) de Héctor Abad Faciolince. En su estudio, Vélez se centra en lo que él
llama un campo de problematicidad que en cada texto se define según su
naturaleza y proyección discursiva. En ese acercamiento pretende, con gran
rigor conceptual, desvelar parte de lo que dichos textos ocultan o mostrar en
transparencia lo dicho por ellos a su manera, que es la forma de urdir un universo
de presuposiciones.
Las ocho aproximaciones a estas novelas dejan de ser mera percepción
intuitiva para convertirse en lectura sesuda, en ensayos críticos acompañados
de un profundo conocimiento de la materia que se explora. Porque no basta ser
buen lector para descubrir las múltiples realidades de un texto, es indispensable
un bagaje cultural y la competencia teórica de la disciplina o disciplinas con las
que se aborda el objeto de análisis textual. Y estas competencias las demuestra
con amplitud el profesor Vélez en cada uno de los estudios textuales realizados.
Y aunque acude para ello a modelos teóricos diferentes, sigue unos mismos
parámetros de análisis metodológico, es decir, de construcción del instrumento
crítico, porque previamente ha habido una deconstrucción del discurso de base.
Para el examen de cada novela procede con el siguiente derrotero: un epígrafe
que marca el derrotero de significación textual, un introito a la manera de los
textos medievales, la formulación de una hipótesis a demostrar, una exposición
teórica fundada en categorías metalingüísticas, el análisis en el que se da cuenta
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de la hipótesis inicial y un epílogo que, más que finiquitar el problema, vuelve y
lo abre a nuevos campos de reflexión siguiendo la propuesta de Eco de obra
abierta y cerrada.
Inicia su texto con un análisis de El carnero de Rodríguez Freile terciando
en la polémica de si esta es una novela, una crónica o un testimonio. Opta por la
primera perspectiva y lo demuestra con los aportes de la pragmática de John
Searle y Carlos Mignolo.
Con respecto a De sobremesa de Silva y desde la poética histórica de
Bajtín, confirma que, además de la consabida estética modernista de la que
participa, esta novela va más allá por su carácter dialogizante que pone en jaque
una visión única y coherente del mundo. La novela de Silva es un texto especular,
refractario, ambivalente.
En El día del odio, no es el tema de la violencia política y urbana la que
interesa exclusivamente, porque es lectura primera y manifiesta. Desde la
semiótica narrativa de Greimas, interpuesta por la lectura que de esa
aproximación teórica hace Raúl Dorra, se preocupa por la estructuración de un
espacio que se torna múltiple y complejo. Le interesa observar los efectos de
los distintos trazados de significación que instauran los personajes.
Con el concepto de novela anticonvencional de Jacques Sauvage, muestra
en Respirando el verano que el universo de sentido proviene de la construcción
de un orden imaginario que en su modo aparencial presume caótico y decadente,
pero que no es más que el presupuesto del anuncio del fin de una manera de
estar en el mundo y la urgencia de generar un orden nuevo.
El concepto de cuadrado semiótico, derivado de las investigaciones del
Grupo de Entrevernes, sirve a Vélez para observar en El hostigante verano
de los dioses de Fanny Buitrago la confluencia de elementos opuestos,
contradictorios a veces y casi siempre complementarios según la perspectiva de
enfoque. Con ese recurso metodológico y metalingüístico, pretende dar cuenta
de la compleja estructuración discursiva de la novela que se urde y retuerce
hasta morderse la cola.
Una historia, una época, un ámbito cultural y estético que se sincretizan en
La casa grande bajo la perspicaz pluma crítica de un escritor como Álvaro
Cepeda Samudio, son el motivo para que Vélez indague sobre el alcance de la
visión del mundo que subyace en esa novela; visión que se halla mediatizada por
un ordenamiento discursivo particular que deja ver no sólo las huellas de una
estructura socio-discursiva dominante, sino una rica intertextualidad que pretende
romper con esa supuesta hegemonía ideológica. El punto de arranque está dado
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a partir de los conceptos de héroe problemático lukcasiano, de explicación,
comprensión y visión de mundo del estructuralismo genético de Goldmann.
El pasado es la ilusión del presente y este lo configuran las voces del recuerdo
que se tornan algarabía o polifonía, mediatizada por un discurso hecho memoria;
quizá esto podría decirse de Tarde de verano de Mejía Vallejo. Las voces
relatoras y memorizadoras de la novela son perfiladas teóricamente por Vélez
con los aportes de la semiótica discursiva de Renato Prada Oropeza. Ese modelo
sirve para entender con rigor el eco ilusorio del pasado que en Mejía se vuelve
una especie de metafísica.
Tras la supuesta autobiografía novelada de Gaspar Medina, protagonista de
Asuntos para un hidalgo disoluto de Héctor Abad Faciolince, Vélez pretende
ver que, detrás del escepticismo y desparpajo del personaje, hay el
desmoronamiento de una sociedad fundada en el arribismo social y económico
y en la doble moral; igualmente es efecto sutil de un estado permanente de
simulación y equívoca identidad porque nunca ha estado interesada en construir
una. Pero además de ello y espejeando la naturaleza discursiva de la novela,
observa una rica tradición hipotextual a lo Genette. Igualmente percibe la deuda
fundacional de la picaresca española y la tradición provenzal del amor cortés tal
como nos la hizo conocer Georges Duby en sus estudios sobre la Edad Media.
La dialogización bajtiniana es uno de los recursos articuladores utilizados
por Vélez para abordar cada una de las novelas colombianas estudiadas.
Dialogización entendida como la relación cómplice y necesaria que se da entre
el crítico y el texto, relación que debe ser de por sí polémica, crítica, diagonal a
veces, transversal otras, pero en ningún momento mimética ni epigonal. El otro
articulador es el paradigma de la complejidad entendido como lo que vincula y
distingue pero sin desunir y, también, el conjunto de principios, normas,
orientaciones, apuestas abductivas, tanteos procedimentales que, en relación
con el fenómeno multisignificativo de la cultura y la literatura, no tolera un abordaje
reductivo, mecanicista y simplificador de dicho fenómeno.
Vélez realiza en este libro un novedoso ejercicio crítico para el medio, porque
no sólo se aventura en las novelas citadas, sino también las emplaza, como igual
hace con la crítica que las ha ido canonizando sin, a veces, el debido fundamento.
Aunque sigue las propuestas teóricas y metodológicas de grandes pensadores
contemporáneos, lo hace para demostrar una competencia y, sobre todo, para
señalar que la literatura colombiana no puede ni debe ser ajena a estas propuestas;
por el contrario, urge tal interlocución, tal contemporaneidad de pensamiento.
Además, lejos está en él la epigonalidad, y esto lo corrobora su divertimento
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metalingüístico, porque goza conceptualizando y creando neologismos, lo que
en momentos va en detrimento de la claridad expositiva y el rigor sostenido en
gran parte de los análisis. Eso hace que a veces se observe cierto hermetismo,
determinados intríngulis lingüísticos, a veces abalorios y fugas mentales que sólo
los dioses y el autor saben hacia dónde apuntan.
Sin lugar a dudas este texto del profesor Mauricio Vélez Upegui es un texto
valioso y único que reivindica el responsable y autónomo ejercicio crítico al que
invitaban Adorno y Benjamin, sobre todo en un ámbito cultural que hace
permanente esguince a este ejercicio.
Augusto Escobar Mesa
Maestría en Literatura Colombiana
Universidad de Antioquia
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