El fin de los días

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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
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El fin de los días
Ruinas de Babilonia
El retorno de los Anunnaki
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Zecharia
SITCHIN
EL FIN
DE LOS DÍAS
EL ARMAGEDDON Y LAS PROFECÍAS
DEL REGRESO
EL 7º Y ÚLTIMO DE LAS
CRÓNICAS DE LA TIERRA
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Ruinas de Babilonia … en Bagdad, Irak
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CONTENIDO
Prefacio - El Pasado, EL Futuro
1. El Reloj Mesiánico
2. “Y Ocurrió Que”
3. Profecías Egipcias, Destinos Humanos
4. De Dioses y Semidioses
5. Cuenta Regresiva al Día Final
6. Lo Que El Viento Se Llevó
7. El Destino Tiene Cincuenta Nombres
8. En el Nombre de Dios
9. La Tierra Prometida
10. La Cruz en el Horizonte
11. El Día del Señor
12. Tinieblas al Atardecer
13. Cuando los Dioses Abandonaron la Tierra
14. El Final de los Días
15. Jerusalén - Un Cáliz, Desaparecido
16. Armagedón y las Profecías del Retorno
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PREFACIO - EL PASADO, EL FUTURO
"¿Cuándo volverán?"
Esta pregunta me la han formulado montones de veces gente que ha leído mis libros, y se
refiere a los ‘Anunnaki’—los extraterrestres que vinieron a la Tierra desde su planeta Nibiru1 y fueron
reverenciados en la antigüedad como dioses.
¿Ocurrirá cuando Nibiru en su elongada órbita vuelva a nuestra cercanía?
¿Habrá en la Tierra paz, o un Armagedón?
¿Un milenio de problemas y tribulaciones, o una mesiánica Segunda Venida? ¿Ocurrirá en el
2012, o más tarde, o nunca?
Estas son preguntas penetrantes que combinan las más profundas esperanzas y ansiedades con
expectativas y creencias religiosas, interrogantes compuestas por varios sucesos actuales: guerras en
las tierras donde comenzó el entrelazamiento de los asuntos del hombre con los dioses; las amenazas
de holocaustos nucleares; la alarmante ferocidad de los desastres naturales.
Estas son preguntas que no me he atrevido a responder en todos estos años—pero ahora son
asuntos cuyas respuestas no puedo—no debo—dilatar.
Las preguntas en relación al Regreso, hay que darse cuenta, no son nuevas; se hallan
inexorablemente ligadas en el pasado—igual como ahora—a la expectativa y aprehensión del ‘Día del
Señor’, el Fin de los Días, Armagedón.
Hace cuatro milenios, el Cercano Oriente fue testigo de la promesa del Cielo en la Tierra por
parte de un dios y su hijo. Hace más de tres milenios, el rey y el pueblo de Egipto añoraban la época
mesiánica. Dos mil años atrás, la gente de Judá se preguntaba si el Mesías había aparecido, y
nosotros aun estamos encerrados con los misterios de estos sucesos.
¿Se están cumpliendo las profecías?
1
.- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_hercolobus.htm
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Trataremos, a partir de las extrañas respuestas que fueron dadas, de resolver antiguos
enigmas, descifrar el origen y significado de símbolos—la Cruz, los Peces, el Cáliz. Describiremos el
rol de los sitios relacionados espacialmente con los sucesos históricos, y será mostrado como el
Pasado, el Presente y el Futuro convergen en Jerusalén, el lugar del ‘Enlace Cielo-Tierra’.
Y consideraremos el por qué nuestro actual siglo 21 d.C. es tan similar al siglo 21 a.C.
¿Está la historia repitiéndose a si misma—está destinada a repetirse a si misma?
¿Está todo guiado por un Reloj Mesiánico?
¿Está esa fecha, a la mano?
Hace más de dos milenios, Daniel en el ‘Libro de Daniel’ del Antiguo Testamento repetida e
incontablemente le preguntaba a los ángeles:
¿Cuándo?
¿Cuándo ocurrirá el Fin de los Días, el Final del Tiempo?
Hace más de tres siglos atrás, el famoso Sir Isaac Newton, quién elucidó los secretos de los
movimientos celestiales, compuso tratados en relación al Libro de Daniel de Antiguo Testamento y al
Libro de las Revelaciones del Nuevo Testamento; serán analizados sus cálculos recientemente
hallados en relación al fin de los días, junto con otras predicciones más recientes, del Final.
Tanto la Biblia Hebrea como el Nuevo Testamento afirman que los secretos del futuro se hallan
incrustados en el Pasado, que el destino de la Tierra está conectado con el Cielo, que los asuntos y
sino de la Humanidad están enlazados con los de Dios y los dioses. Al meternos con aquello que aun
está por suceder, atravesamos desde la historia a la profecía; la una no puede ser comprendida sin la
otra, e informaremos de ambas. Con lo anterior como guía, miremos lo que viene a través de los
lentes de lo que ha ocurrido.
Las respuestas serán ciertamente una sorpresa.
Zecharia Sitchin
New York
Noviembre 2006
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1 - EL RELOJ MESIÁNICO
Hacia donde uno mire, la humanidad se ve atrapada por el temor apocalíptico, el fervor
mesiánico, y la ansiedad del fin de los tiempos.
El fanatismo religioso se manifiesta en guerras, rebeliones, y la carnicería de ‘infieles.’
Ejércitos acopiados por Reyes del Oeste están en guerra contra ejércitos de los Reyes del Este. Un
choque de civilizaciones hace temblar las bases de los sistemas de vida tradicionales. Las matanzas
sepultan pueblos y ciudades; los grandes y poderosos buscan seguridad tras muros de protección.
Las calamidades naturales y las cada vez más intensas catástrofes dejan a la gente
preguntándose:
¿Ha pecado la Humanidad, está siendo testigo de la Cólera Divina, es debido a otro
aniquilador Diluvio?
¿Puede haber—habrá—Salvación?
¿Están llegando los tiempos mesiánicos?
¿La época—siglo 21 d.C.—o fue en el siglo 21 a.C.?
La respuesta correcta es Sí y Sí, tanto en nuestra propia época como en aquellos tiempos
antiguos. Es una característica del tiempo presente, al igual como una fecha hace más de 4 mil años;
y tal asombrosa semejanza es debida a sucesos del tiempo al medio entre ambas—el período asociado
con el fervor mesiánico en tiempos de Jesús.
Esos tres períodos cataclísmicos para la Humanidad y su planeta—dos en el pasado registrado
(cerca de 2.100 a.C. y cuando a.C. cambió a d.C.), y uno en el futuro cercano—están
interconectados; uno ha conducido al otro, uno puede ser entendido sólo mediante la comprensión
del otro. El Presente deriva del Pasado, el Pasado es el Futuro. La Expectativa Mesiánica es esencial a
los tres; y la Profecía los enlaza.
Cómo terminará este tiempo presente lleno de problemas y tribulaciones—cuáles son los
augurios para el futuro—requiere penetrar al reino de la Profecía. Lo nuestro no será una mescolanza
de predicciones nuevas cuyo principal atractivo es el temor a caer y el Fin, sino un acto de fe
depositado únicamente en testimonios antiguos que documentan el Pasado, predicen el Futuro, y
grabaron expectativas mesiánicas anteriores—profetizando el futuro en la antigüedad y, pueden
creerlo, el Futuro está por llegar.
En las tres instancias apocalípticas—las dos que ya ocurrieron y la que está por suceder—la
relación física y espiritual entre el Cielo y la Tierra fue y permanece como crucial para los sucesos.
Los aspectos físicos fueron expresados por la existencia en la Tierra de sitios focales que la
ligan con los cielos—lugares considerados cruciales, que fueron focos de los eventos; los aspectos
espirituales han sido expresados en lo que llamamos Religión. En las tres instancias, fue central un
cambio en la relación entre el hombre y los dioses, en plural, excepto que, cuando cerca de 2100
a.C. la Humanidad que enfrentó el primero de estos eventos sobresalientes vivía una relación con ‘los
dioses’, en plural. Cuando cambió esta realidad, es lo que el lector pronto descubrirá.
La historia de los dioses, los Anunnaki (“Aquellos que vinieron del cielo a la Tierra”), como los
llamaban los sumerios, comenzaron su venida a la Tierra desde Nibiru por necesidad de oro.
La historia de su planeta fue relatada en la antigüedad en la Epopeya de la Creación, un largo
texto de siete tabletas2; usualmente es considerado como un mito alegórico, el producto de mentes
primitivas que hablan de los planetas como dioses vivientes en combate unos con otros.
Pero como he mostrado en mi libro ‘El 12º Planeta’3, los escritos antiguos son de hecho una
2
3
.- http://www.bibliotecapleyades.net/sumer_anunnaki/esp_sumer_annunaki01.htm
.- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/planeta12/12planet_index.htm
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sofisticada cosmogonía que relata como un planeta desviado, pasando por nuestro sistema solar,
chocó con un planeta llamado Tiamat; la colisión derivó en la creación de la Tierra y su Luna, del
Cinturón de Asteroides y los cometas, y en la captura del invasor mismo en una órbita muy elíptica
que le toma unos 3600 años terrestre para completarla (Fig. 1).
Ocurrió, señalan los textos sumerios, hace 120 de tales órbitas—432.000 años terrestres—antes
del Diluvio (la ‘Gran Inundación’) que los Anunnaki llegaron a la Tierra.
Cómo y por qué vinieron, sus primeras ciudades en el ED.IN (el Edén bíblico), su fabricación del
Adán y las razones para ello—han sido dichas en mi serie de libros ‘las Crónicas de la Tierra’, y no las
voy a repetir aquí. Pero antes que viajemos por el tiempo a la época del siglo 21 a.C., es necesario
retrotraer algunos famosos eventos pre-diluviales y otros post-diluviales.
La historia bíblica del Diluvio, que comienza en el capítulo 6 del Génesis, atribuye los aspectos
conflictuales a una sola deidad, Yahveh, quién al comienzo se muestra determinado a barrer al
hombre de la faz de la tierra, y luego abandona esta senda para salvarla mediante Noé y el Arca.
Las anteriores fuentes sumerias del cuento atribuyen el desafecto con la humanidad al dios
Enlil, y el esfuerzo contrario por salvar a la humanidad al dios Enki. Lo que la Biblia maquilló en aras
del Monoteísmo no fueron solamente las divergencias entre Enlil y Enki, sino la rivalidad y un
conflicto entre dos clanes de Anunnaki que dominaron el subsecuente curso de los acontecimientos
en la Tierra.
Ese conflicto entre ambos y sus descendencias, y las regiones de la tierra asignadas a ellos
después del Diluvio, necesitan mantenerse en la mente para comprender todo lo que sucedió a partir
de entonces.
Los dos medio-hermanos, hijos de Anu, regente de Nibiru; su conflicto en la Tierra tiene sus
raíces en su propio planeta natal, Nibiru. Enki—entonces llamado E.A. (‘Aquel cuyo hogar es el agua’)
—era el primogénito de Anu, pero no de su esposa oficial, Antu.
Cuando nació Enlil de Antu—una media hermana de Anu—Enlil se convirtió en el Heredero Legal
del trono de Nibiru aunque no fuera primogénito. El inevitable resentimiento de parte de Enki y su
familia materna fue exacerbado por el hecho que la subida de Anu al trono fue problemática en cómo
comenzó: habiendo perdido en una lucha por la sucesión con un rival de nombre Alalu, más tarde
usurpó el trono en un golpe de estado, forzando a Alalu a volar de Nibiru por su vida.
No eran sólo los resentimientos de Ea por los días de sus antepasados, sino también debido a
otros desafíos al liderazgo de Enlil, como se relata en el texto épico ‘Cuento de Anzu’.
(Para las enredadas relaciones de las familias reales de Nibiru y los ancestros de Anu y Antu, Enlil y
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Ea, ver ‘El Libro Perdido de Enki’4)
Me di cuenta que la clave para desentrañar el misterio de las reglas en la sucesión de los dioses
(y el matrimonio) era que estas normas también se aplicaron a quienes fueron escogidos por ellos
para servir como sus representantes ante la humanidad.
Fue el cuento bíblico del Patriarca Abraham explicando (Génesis 20:12) que no mentía cuando
presentó a su esposa Sarah como su hermana:
“De verdad, ella es mi hermana, la hija de mi
padre aunque no de mi madre, y se convirtió en mi esposa.”
No sólo estaba legítimamente casado con una mediahermana de una diferente madre, sino que un hijo con ella—
en este caso Isaac—se convirtió en el Heredero Legal de la
dinastía, en vez del primogénito Ismael, hijo de Hagar, la
doncella de mano.
(Cómo tales reglas de sucesión generaron la amarga contienda entre los descendientes del
divino Ra en Egipto, los medio-hermanos Osiris y Set casados con las medio-hermanas Isis y Neftis,
queda explicado en ‘Las Guerras de Dioses y de Hombres’5)
Aunque estas reglas de sucesión parezcan complicadas, están basadas en lo que aquellos que
escribieron acerca de las dinastías reales llaman ‘linaje’—que ahora deberíamos reconocer como una
sofisticada genealogía de ADN que además distingue el ADN general heredado de los padres, del ADN
mitocondrial (mtDNA6) que es heredado por las mujeres sólo desde la madre.
La compleja aunque básica regla era así: la línea dinástica fluye por línea paterna; el
primogénito es el siguiente en sucesión; una media-hermana podía ser tomada como esposa si tenía
una madre diferente, y si de tal media-hermana nacía un hijo, ese hijo—aun no siendo primogénito—
se convierte en heredero legal y sucesor dinástico.
La rivalidad entre ambos medio-hermanos Ea/Enki y Enlil en asuntos del trono se complicó por
rivalidad personal en asuntos del corazón. Ambos deseaban a su media-hermana Ninmah, cuya madre
era otra concubina de Anu. Ella fue el verdadero amor de Ea, pero no le fue permitido casarse con
ella. Entonces Enlil se hizo con ella, de quién tuvo un hijo—Ninurta.
Aunque nacido fuera de matrimonio, las reglas de sucesión hacen de Ninurta el incuestionable
heredero de Enlil, ya que es primogénito y nacido de una media-hermana de la realeza. Ea, como se
relata en los libros de ‘Las Crónicas Terrestres’, fue el comandante del primer grupo de cincuenta
anunnakis que vinieron a la Tierra para obtener el oro necesario para proteger la menguada
atmósfera de Nibiru.
Cuando fallaron los planes iniciales, su medio-hermano Enlil fue enviado con más anunnakis
para incrementar la Misión Tierra. Como si esto no fuera suficiente para crear una atmosfera hostil,
también llegó a Tierra Ninmah, para servir como oficial médico en jefe…
Un extenso texto conocido como el Poema Épico de Atrahasis7 comienza la historia de los
dioses y hombres en la Tierra con una visita de Anu a la Tierra para dejar establecido de una vez por
todas (esperaba él) que la rivalidad entre ambos hermanos estaba arruinando la vital misión; incluso
ofreció permanecer en la Tierra y dejar que uno de los dos medio-hermanos asumiera la regencia de
Nibiru.
Con eso en la mente, nos dice el antiguo texto, mucho fue discurrido para determinar quién
4
5
6
7
.- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/libroenki/libroenki.htm
.- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/guerradioses/guerradioses.htm
.- http://en.wikipedia.org/wiki/Mitochondrial_DNA
.- http://www.bibliotecapleyades.net/serpents_dragons/boulay03e_a.htm
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debería quedarse en la Tierra y quién debería sentarse en el trono de Nibiru:
Los dioses estrecharon sus manos,
habían repartido lotes y habían dividido:
Anu subió (de vuelta) al cielo,
[Para Enlil] la Tierra fue sometida;
Los mares, encerrados como por un lazo,
A Enki el príncipe le fueron dados.
El resultado de repartir terrenos, entonces, fue que Anu regresó a Nibiru como su rey. Ea,
recibió dominio sobre los mares y aguas (en tiempos posteriores, ‘Poseidón’ para los griegos y
‘Neptuno’ para los romanos), y le fue concedido el epíteto EN.KI (‘Señor de la Tierra’) para calmar
sus sentimientos; pero EN.LIL (‘Señor del Comando’) es quién fue puesto a cargo general:
“Aquel a quién la Tierra le fue sometida.”
Disgustado o no, Ea/Enki no podía desafiar las leyes de sucesión o los resultados de la división
de loteos; y así el resentimiento, el enojo de la justicia negada, y una abrumadora determinación a
vengar las injusticias a su padre y sus antepasados y así hasta él mismo, condujo a Marduk el hijo de
Enki a entrar en la lucha.
Algunos textos describen como los anunnakis establecieron sus asentamientos en el E.DIN (la
Sumeria post-Diluvio), cada uno con una función específica, y todos de acuerdo a una planificación
maestra.
La crucial conexión espacial—la capacidad de estar constantemente en comunicación con el
planeta natal y con el transbordador espacial y la tripulación—se mantuvo en el puesto de comando
en Nippur, cuyo corazón era una cámara tenuemente iluminada llamada el DUR.AN.KI, “El Enlace
Cielo-Tierra.” Otra instalación vital era el puerto espacial, ubicado en Sippar (“Ciudad Pájaro”).
Nippur queda al centro de círculos concéntricos en el cual las otras ‘ciudades de los dioses’
estaban ubicadas; todas juntas conformaban, para la llegada de un transbordador espacial, un
corredor de aterrizaje cuyo punto focal era el rasgo topográfico más visible del Cercano Oriente—los
picos gemelos del Monte Ararat (Fig. 2).
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Y entonces el Diluvio “barrió la tierra”, arrasó todas las ciudades de los dioses junto al Centro
de Control de la Misión y el Puerto Espacial, y enterró el Edin bajo millones de toneladas de barro y
cieno.
Todo tuvo que ser hecho de nuevo—pero mucho ya no pudo ser lo mismo.
Lo primero y más importante, fue necesario construir una nueva instalación para puerto
espacial, con un nuevo Centro de Control de la Misión y nuevas almenaras para un Corredor de
Aterrizaje.
La nueva ruta de descenso fue una vez más, anclada a los prominentes picos gemelos del
Ararat
Los demás componentes fueron todos nuevos: el puerto espacial mismo en la Península de
Sinaí, sobre el paralelo 30º norte
Un par de picos gemelos como sitio de guía de vuelo, las pirámides de Giza
Un nuevo Centro de Control de Misiones en un sitio llamado Jerusalén (Fig. 3)
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Fue un diseño que jugó un rol crucial en los acontecimientos post-Diluviales. El Diluvio marca
una línea de división de aguas (tanto literal como figuradamente) en los asuntos de dioses y hombres,
y las relaciones entre ambos: los Terráqueos, que fueron desarrollados para servir y trabajar para los
dioses fueron desde entonces tratados como socios menores en un planeta devastado.
La nueva relación entre dioses y hombres fue formulada, santificada, y codificada cuando a la
Humanidad le fue otorgada la primera civilización, en Mesopotamia, cerca del 3800 a.C.
El trascendental suceso tuvo lugar después de una visita de estado realizada por Anu a la
Tierra, no sólo como el monarca de Nibiru sino además como cabeza del panteón, en la Tierra, de los
dioses antiguos.
Otra (y probablemente la principal) razón de su visita fue establecer y afirmar la paz entre los
dioses mismos—un arreglo de ‘vive y deja vivir’ que dividió las tierras del Viejo Mundo en dos clanes
principales de anunnakis, aquellos de Enlil y los de Enki—porque las nuevas circunstancias postDiluviales y las nuevas ubicaciones de las instalaciones espaciales requerían una nueva división
territorial entre los dioses.
Esa división se halla reflejada en la Tabla de Naciones bíblica (Génesis, cap. 10), en la cual la
propagación de la Humanidad, emanando de los tres hijos de Noé, fue apuntada por nacionalidad y
geografía:
Asia para las naciones/tierras de Shem
Europa a los descendientes de Japhet
África para naciones/tierras de Ham
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Los documentos históricos muestran que la división paralela entre los dioses entregaron las dos
primeras partes a los enlilistas, y la tercera restante a Enki y sus hijos. La conexión vía Península de
Sinaí, donde fue ubicado el vital puerto espacial, fue establecida como una Región Sagrada, neutral.
Mientras la Biblia simplemente listó las tierras y naciones de acuerdo a la división desde Noé,
los primeros textos sumerios documentaron el hecho que la división fue un acto premeditado, el
resultado de deliberaciones de los líderes anunnakis.
Un texto conocido como el canto Épico de Etana8 nos dice que,
Los grandes Anunnakis que decretan los destinos
se sentaron a intercambiar consejos en relación a la Tierra.
Ellos crearon las cuatro regiones,
establecieron las bases.
En la primera región, las tierras entre los dos ríos Éufrates y Tigris (Mesopotamia), fue fundada
la primera civilización conocida del Hombre, la de Súmer. Donde habían estado las ciudades
prediluviales de los dioses, crecieron ciudades del hombre, cada una con un recinto sagrado donde
residía una deidad en su zigurat—Enlil en Nippur, Ninmah en Shuruppak, Ninurta en Lagash,
Nannar/Sin en Ur, Inanna/Ishtar en Uruk, Utu/Shamash en Sippar, y así.
8
.- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/mythetana.htm
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En cada centro urbano un EN.SI, un ‘Pastor Honesto’—inicialmente un semidiós escogido—fue
seleccionado para gobernar al pueblo en nombre de los dioses; su función principal era promulgar
códigos de justicia y moralidad. En el recinto sagrado, el clero, supervisado por un sumo sacerdote
servía al dios y su esposa, dirigía las celebraciones y festejos, y realizaba los ritos de ofrendas,
sacrificios, y oraciones a los dioses.
El arte y la escultura, música y danza, poesía e himnos, y por sobre todo la escritura y la
confección de documentos florecieron en los templos y se extendieron al palacio real.
De tiempo en tiempo una de esas ciudades era seleccionada para servir como la capital de las
tierras; ahí el gobernante era rey, LU.GAL (‘Gran hombre’). Inicialmente y por largo tiempo desde
entonces esta persona, el hombre más poderoso de la tierra, servía tanto de rey como de sumo
sacerdote. Era escogido cuidadosamente, porque su rol y autoridad, y todos los símbolos físicos de la
Monarquía, se consideraban venidos a la Tierra directamente desde el Cielo, desde Anu en Nibiru.
Un texto sumerio que trata el asunto indicaba que antes que los símbolos del reinado
(tiara/corona y cetro) y de justicia le fueran otorgados a un rey terrestre, “eran colocados delante
de Anu en el cielo.” En verdad, la palabra sumeria para ‘Real-eza’ era ‘Anun-eza’.
Este aspecto de ‘Realeza’ como la esencia de la civilización, un comportamiento ético y un
código moral para la Humanidad, fue claramente explicitado en una manifestación, en la Lista de
Reyes Sumerios, que después del Diluvio la “Realeza fue traída desde el Cielo.”
Es una profunda afirmación que debe ser sostenida en la mente a medida que avanzamos en
este libro hacia las expectativas mesiánicas—en palabras del Nuevo Testamento, por el Retorno del
“Reino de los Cielos” a la Tierra.
Alrededor de 3100 a.C. una civilización similar aunque no idéntica fue establecida en la
Segunda Región en África, la del Río Nilo (Nubia y Egipto). Su historia no fue tan armoniosa como la
del clan enlilita, porque las rivalidades y desacuerdos entre los seis hijos de Enki continuaron no sólo
en las ciudades sino en toda la tierra asignada.
El escenario de fondo era un conflicto en curso entre el primogénito
de Enki, Marduk (RA en Egipto) y Ningishzidda (Thoth en Egipto), situación
que derivo en el exilio de Toth y un grupo de seguidores africanos al Nuevo
Mundo (donde llegó a ser conocido como Quetzalcóatl, la Serpiente
Emplumada). Marduk/Ra mismo fue castigado y exiliado cuando,
oponiéndose al matrimonio de su hermano menor Dumuzi con la nieta de
Enlil, Inanna/Ishtar, causó la muerte de su hermano.
Fue como compensación a Inanna/Ishtar que le fue entregado un
dominio en la Tercera Región de civilización, la del Vale del Indo, cerca de
2900 a.C. Había una buena razón para que las tres civilizaciones—estando
el puerto espacial en la región sagrada—estuvieran todas centradas en los 30º del paralelo norte (Fig.
4).
De acuerdo a los textos sumerios, los anunnakis establecieron la Monarquía—civilizaciones e
instituciones, muy claramente ejemplificada en Mesopotamia—como un nuevo orden en sus
relaciones con la Humanidad, con reyes/sacerdotes sirviendo tanto como un puente y un separador
entre dioses y hombres.
Pero cuando se mira hacia atrás en esa al parecer ‘era dorada’ en los asuntos de dioses y
hombres, se hace evidente que los programas de los dioses dominaron y determinaron de manera
constante las cosas del Hombre y el destino de la Humanidad. Por encima de todo estaba la
determinación de Marduk para deshacer la injusticia con su padre Ea/Enki, cuando bajo las leyes de
sucesión de los anunnakis no Enki sino Enlil fue declarado Legítimo Heredero de su padre Anu, el
regente de su planeta hogar Nibiru.
De acuerdo con el sistema matemático sexagesimal (“base sesenta”) que los dioses entregaron
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
a los sumerios, a los doce grandes dioses del panteón sumerio les fue conferido una categoría
numérica en la cual Anu tenía el supremo Rango Sesenta; el Rango Cincuenta fue otorgado a Enlil; el
de Enki era cuarenta y así hacia abajo, en alternancia entre deidades masculinas y femeninas (Fig.
5).
Bajo las reglas de sucesión, Ninurta el hijo de Enlil estaba en línea con el rango de cincuenta
en la Tierra, mientras Marduk tenía un rango nominal de diez; e inicialmente, estos dos sucesores-enespera no eran siquiera parte de los doce ‘Olímpicos.’
Y así la larga, amarga y continua lucha de Marduk iniciada con la
más tarde en la contienda de Marduk con el hijo de Enlil, Ninurta,
Cincuenta, y entonces extendida a la nieta de Enlil, Inanna/Ishtar, cuyo
hijo menor de Enki, recibió tanta oposición de Marduk que terminó con la
contienda Enlil-Enki enfocó
por la sucesión del Rango
matrimonio con Dumuzi, el
muerte de Dumuzi.
Con el tiempo Marduk/Ra encaró conflictos incluso con otros hermanos y medio-hermanos,
además del conflicto con Thot que hemos mencionado recién—principalmente con el hijo de Enki,
Nergal, casado con una nieta de Enlil llamada Ereshkigal.
Durante el curso de estas luchas, el conflicto a veces se convirtió en guerras encendidas entre
los clanes divinos; alguno de estas conflagraciones son llamadas ‘Las Guerras de las Pirámides’ en mi
libro Las Guerras de Dioses y Hombres9. En una notable instancia la pelea derivó en un enterramiento
vivo de Marduk dentro de la Gran Pirámide; en otro, llevó a su captura por Ninurta.
9
.- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/guerradioses/guerradioses.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Además Marduk fue exiliado más de una vez—ambas como castigo y una ausencia autoimpuesta. Sus persistentes esfuerzos para alcanzar el estatus del que creía ser titular incluyeron el
hecho documentado en la Biblia como el incidente de la Torre de Babel; pero el final, después de
numerosas frustraciones, el éxito vino sólo cuando Tierra y Cielo estaban alineadas con el Reloj
Mesiánico.
De verdad, el primer grupo de sucesos cataclísmicos, en el siglo 21 a.C., y las esperanzas
mesiánicas que los acompañaron, son principalmente la historia de Marduk; también coloca al centro
del escenario a su hijo Nabu—una deidad, el hijo de un dios, pero cuya madre era una humanaterrestre.
A través de la historia de Súmer que abarca casi dos mil años, su capital real cambió—desde la
primera, Kish (la primera ciudad de Ninurta), a Uruk (la ciudad que Anu concedió a Inanna/Ishtar) a
Ur (asiento de Sin y centro de adoración); de ahí a otras y de nuevo volver a las ciudades iniciales; y
finalmente, por tercera vez, retornó a Ur. Pero en todo ese tiempo Nippur, ciudad de Enlil, su ‘centro
de culto’ como quieren llamarlo los académicos, permaneció como el centro religioso de Súmer y de
los sumerios; fue allí donde se determinó el ciclo anual para adoración de los dioses.
Los doce ‘olímpicos’ del panteón sumerio, cada cual con su pareja celestial entre los doce
miembros del Sistema Solar (el Sol, la Luna, y diez planetas, incluyendo a Nibiru), fueron también
honrados con un mes cada uno en el ciclo anual de doce meses. El término sumerio para ‘mes’,
EZEN, realmente significa fiesta, vacación; y cada mes estaba dedicado a celebrar el festival de
adoración a uno de los doce dioses supremos.
Fue la necesidad de determinar la fecha exacta en que tales meses comenzaban y terminaban
(y no para advertir a los campesinos cuando sembrar o cosechar, como explican los libros de colegio)
lo que condujo a la introducción del primer calendario de Nippur en 3760 a.C. Es conocido como el
Calendario de Nippur porque fue el trabajo de sus sacerdotes calcular la intrincada tabla del tiempo
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
y anunciar, a toda la tierra, el momento de los festivales religiosos.
Este calendario aún se mantiene en uso como el calendario religioso judío, según el cual el
2007 d.C. corresponde al año 5767.
En tiempos pre-diluviales Nippur sirvió como Control Central de la Misión, y Enlil ahí estableció
el DUR.AN.KI, el ‘Puente-Cielo-Tierra’ para las comunicaciones con el planeta madre Nibiru y con las
naves espaciales que los conectaban. (Después del Diluvio, estas funciones fueron reubicadas a un
sitio más tarde conocido como Jerusalén.) Su posición central, equidistante de los otros centros
funcionales en el E.DIN (ver fig. 2), era estimada como equidistante de los ‘cuatro rincones de la
Tierra’ y le dieron el nombre de ‘Nave de la Tierra’.
Un himno a Enlil se refirió a Nippur y sus funciones así:
Enlil,
cuando delineaste los acuerdos divinos en la Tierra,
a Nippur pusiste como tu verdadera ciudad propia…
Fundaste el Dur-An Ki
al centro de los cuatro rincones de la Tierra
(El término ‘los Cuatro Rincones de la Tierra’ también se halla en a Biblia; y cuando Jerusalén
reemplazó a Nippur como Control Central de la Misión después del Diluvio, también se le dio el
sobrenombre de Ombligo de la Tierra.)
En sumerio el término para las cuatro regiones de la Tierra era UB, aunque también se halla
como AN.UB—el cielo, los cuatro rincones celestiales—es en este caso un término astronómico
conectado con el calendario. Está referido a los cuatro puntos de ciclo anual Tierra/Sol que llamamos
hoy el Solsticio de Verano, el Solsticio de Invierno, y las dos cruzadas del ecuador—una al Equinoccio
de Primavera y después el Equinoccio de Otoño. En el calendario de Nippur, el año se iniciaba el día
del Equinoccio de Primavera, y tal cosa se mantuvo en los calendarios subsiguientes del antiguo
Cercano Oriente.
Lo que fijaba la fecha del festival más importante del año—el de Año Nuevo, evento que
duraba diez días, durante los cuales rituales detallados y canonizados tenían que ser seguidos.
Determinar el tiempo calendárico mediante la aparición solar llevó a la observación de los
cielos al amanecer, cuando el sol comienza a elevarse en el horizonte oriental pero el cielo está aún
lo suficientemente oscuro para ver estrellas en el telón de fondo. El día equinoccial fue fijado por el
hecho que ese día el día y la noche tenían la misma duración; la posición del Sol durante su aparición
fue entonces señalada por la erección de un pilar de piedra para guiar futuras observaciones—un
procedimiento que fue seguido, por ejemplo, más tarde en Stonehenge en Bretaña.
Y, como en Stonehenge, observaciones de largo aliento revelaron que el grupo de estrellas
(‘constelación’) del fondo no había permanecido igual (Fig. 6); ahí, la piedra de alineamiento
llamada ‘Piedra Tacón’ que apunta al amanecer del Sol en el solsticio, señalaba originalmente el
amanecer cerca del 2000 a.C.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
El fenómeno, llamado precesión de los Equinoccios
o sólo Precesión, resulta del hecho que cuando la Tierra
completa una vuelta alrededor del Sol, no vuelve al
mismo punto celeste. Hay una ligera, una retardación
muy leve: suma un grado (de los 360 del círculo) en 72
años.
Fue Enki quién primero agrupó a las estrellas
visibles desde la Tierra en ‘constelaciones’, y dividió
los cielos en los cuales la Tierra circulaba al Sol en
doce partes—lo que desde entonces ha sido llamado el
Círculo Zodiacal de constelaciones (Fig. 7).
Dado que cada 12avo del círculo ocupa 30º del arco
celeste, la retardación o cambio precesional de una
Casa Zodiacal a otra tomaba (matemáticamente) 2160
años (72 x 30), y un ciclo zodiacal un ciclo zodiacal
completo duraba 25.920 años (2.160 x 12). Las fechas
aproximadas de las Eras Zodiacales—siguiendo la
división de doce partes iguales y no las reales
observaciones astronómicas—se han añadido aquí como
una guía del lector.
Que esto fue un logro de un tiempo anterior a las civilizaciones humanas se halla atestiguado
por el hecho que se aplicó un calendario zodiacal para las primeras estadías de Enki en la Tierra
(cuando las dos primeras casas zodiacales tenían nombres en su honor).
Que no fue esto el logro de un astrónomo griego (Hiparco) en el siglo 3 a.C. (como muchos
libros de texto aun sugieren), se atestigua por el hecho que las doce casas zodiacales eran conocidas
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
por los sumerios milenios antes por nombres (Fig. 8) y descripciones (Fig. 9) de uso hoy en día.
1.- GU.AN.NA ("heavenly bull"), Taurus
2.- MASH.TAB.BA ("twins"), our Gemini
3.- DUB ("pincers", "tongs"), the Crab or Cancer
4.- UR.GULA ("lion"), which we call Leo
5.- AB.SIN ("her father was Sin"), the Maiden, Virgo
6.- ZI.BA.AN.NA ("heavenly fate"), the scales of Libra
7.- GIR.TAB ("wich claws and cuts"), Scorpio
8.- PA.BIL ("defender"), the Archer, Sagittarius
9.- SUHUR.MASH ("goat-fish"), Capricorn
10.- GU ("lord of the waters"), the Water Bearer, Aquarius
11.- SIM.MAH ("fishes"), Pisces
12.- KU.MAL ("fiels dweler"), the Ram, Aries
(figura 8)
En ‘Cuando Comenzó el Tiempo’10 las tablas calendario de dioses y hombres fueron discutidas
con largueza. Habiendo venido de Nibiru, cuyo período orbital, el SAR, significa 3600 años
(terrestres), esa unidad fue naturalmente la vara de medición para el primer calendario de los
anunnakis aun con el rotar acelerado de la Tierra.
De verdad, los textos que tratan de sus primeros días en la Tierra, tal como la Lista de Reyes
Sumerios, designó los períodos de tal o cual líder en la Tierra en términos de sars. Llamé a esto
Tiempo Divino. El calendario otorgado a la Humanidad, basado en aspectos orbitales de la Tierra (y
su Luna), fue llamado Tiempo Terrestre.
Señalando que el cambio zodiacal cada 2160 años (menos de un año para los anunnakis) les
ofreció una mejor proporción—la ‘proporción dorada’ de 10:6—entre los dos extremos; a este le llamé
Tiempo Celestial.
Como descubrió Marduk, ese Tiempo Celestial era el ‘reloj’ que determinaba su destino.
¿Pero cuál era el Reloj Mesiánico de la Humanidad, determinante de su sino y destino—
10 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/whentimebegan/whentimebegan.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Tiempo Terrestre, tal cómo la cuenta del jubileo de cincuenta años, una cuenta en siglos, o
el Milenio?
¿Era Tiempo Divino, enganchado a la órbita de Nibiru?
¿O era—es—Tiempo Celestial que sigue la lenta rotación del reloj zodiacal?
Como veremos, el dilema que desconcertó a la humanidad en los tiempos antiguos, aún yace
en el corazón del asunto actual del ‘Retorno.’ La pregunta propuesta ha sido formulada con
anterioridad—por los sacerdotes observadores estelares y asirios, por los Profetas bíblicos, en el Libro
de Daniel, en la Revelación del San Juan el Divino, por los seguidores de Sir Isaac Newton, por todos
nosotros hoy día.
La respuesta será asombrosa.
Embarquémonos en la concienzuda búsqueda.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
2 - “Y OCURRIÓ”
Es altamente significativo que en esta documentación de Súmer y de la temprana civilización
sumeria, la Biblia escogió dar relevancia al incidente de la conexión espacial—aquel conocido como
el relato de la ‘Torre de Babel’:
Y ocurrió mientras viajaban desde el oriente
que encontraron un plano en la tierra de Shin’ar
y ahí se establecieron.
Y se dijeron unos a otros:
“Vengan, hagamos ladrillos y los cocemos por fuego.”
Y los ladrillos servirán como piedras,
y el betún servirá como mortero.
Y ellos dijeron: Vengan, construyámonos una ciudad
Y una torre cuya cabeza alcance al cielo.”
Génesis 11: 2–4
Así es como la Biblia grabó el intento más audaz—¡Por Marduk!—por imponer su supremacía al
establecer su propia ciudad en el corazón de los dominios enlilitas y, más aun, para construir ahí su
propia instalación espacial con su propia torre de lanzamiento. El sitio es llamado en la Biblia Babel,
Babilonia en español.
Este relato bíblico es notable en varios aspectos. Documenta, antes que nada, la instalación
humana en el valle Tigris-Éufrates después del Diluvio, luego que el suelo se había secado lo
suficiente para permitir el re-asentamiento.
Menciona correctamente la nueva tierra Shin’ar, el nombre hebreo para Súmer. Contribuye con
la importante clave desde donde—de las regiones montañesas hacia el oriente—los asentados habían
venido. Reconoce que fue ahí donde comenzó la primera civilización urbana—la edificación de
ciudades. Señala correctamente (y explica) que en esa tierra, donde el suelo consistía de capas de
fango seco y no hay roca nativa, la gente empleaba ladrillos de barro para construir y que por
endurecer los ladrillos al horno podían ser empleados en vez de la piedra.
También habla del uso del betún como mortero en la construcción—una asombrosa cantidad de
información, ya que el betún, un producto natural del petróleo, escapaba del suelo en la zona sur de
Mesopotamia pero era totalmente ausente de la Tierra de Israel.
Los autores de este capítulo de Génesis estaban bien informados en lo que se refiere a los
orígenes y las innovaciones clave de la civilización sumeria; también reconocieron la significancia del
incidente de la Torre de Babel.
Como en los relatos de la creación de Adán y del Diluvio, mezclaron varias deidades sumerias
en el plural ‘Elohim’ o dentro de un omni-abarcante y supremo Yahweh11, pero dejan en el cuento el
hecho que le tocó a un grupo de deidades decir:
“descendamos y pongamos fin a esta insolencia
(Génesis 11:7).
Los documentos sumerios y más tarde los babilonios dan testimonio de la veracidad del relato
bíblico y contienen muchos más detalles, enlazando el incidente con las ya tensas relaciones entre
los dioses que causaron el estallido de las dos ‘Guerras de las Pirámides’ después del Diluvio. Los
arreglos para la ‘Paz en la Tierra’, cerca del 8.650 a.C. dejó al antiguo Edin en manos enlilitas. Eso
11 .- http://www.bibliotecapleyades.net/biblianazar/esp_biblianazar_jehovah.htm
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conforme a las decisiones de Anu, Enlil, e incluso Enki—pero jamás fue aceptado por Marduk/Ra.
Y fue tanto así que cuando las Ciudades del Hombre comenzaron a ser ubicadas en el antiguo
Edin de los dioses, Marduk sacó a juicio el asunto,
¿Qué hay conmigo?
Aunque Súmer era el corazón de los territorios enlilitas y sus ciudades eran ‘centros de culto’
enlilita, hubo una excepción: al sur de Súmer, al borde de la marisma, estaba Eridu; fue reconstruida
después del Diluvio en el exacto sitio donde estuvo el original asentamiento de Ea/Enki en la Tierra.
Fue insistencia de Anu, cuando la Tierra fue dividida entre los clanes anunnakis rivales, que Enki
retuviera a perpetuidad Eridu como propia. Cerca de 3460 a.C. Marduk decidió que él podía extender
el privilegio de su padre al tener también su propio punto de apoyo en el corazón de la tierra
enlilita.
Los textos disponibles no proveen la razón por qué Marduk escogió ese específico sitio en los
bancos del Éufrates para su nuevo cuartel general, pero su ubicación provee una clave: estaba
situada entre la reconstruida Nippur (el Centro de Control de la Misión) y la reconstruida Sippar (el
puerto espacial pre-Diluvio de los anunnakis), de modo que lo que Marduk tenía en mente pudo haber
sido una instalación que sirviera ambos propósitos.
Un mapa posterior de Babilonia, dibujado en una tableta de arcilla (Fig. 10) lo representa
como el ‘Ombligo del Mundo.’—cercana al título-función original de Nippur. El nombre que Marduk le
dio al lugar, Bab-Ili en acadio significa ‘Portal de los dioses’—un sitio desde el cual los dioses pudieran
ascender y descender, donde la apropiada instalación iba a ser una ‘torre cuya cúspide pueda
alcanzar los cielos’— !una torre de lanzamiento¡
Como en el relato bíblico, se halla contado en paralelo
(y antes) en versiones mesopotámicas que este astuto intento
por establecer una instalación espacial se desplomó por
completo. Aunque fragmentados, los textos mesopotámicos
(primero traducidos por George Smith en 1876) dejan claro
que los actos de Marduk enfurecieron a Enlil, quién “en su ira
decretó” un ataque nocturno para destruir la torre.
La documentación egipcia reporta que un período
caótico que duró 350 años precedió el inicio del reinado
faraónico en Egipto, cerca del 3110 a.C. Es el marco de
tiempo que nos conduce a fechar el incidente de la Torre de
Babel cerca del 3460 a.C., para el fin del caótico período que
marcó el retorno de Marduk/Ra a Egipto, la expulsión de
Thot, y el inicio del culto a Ra.
Esta vez frustrado, Marduk nunca desistió de sus
empeños por dominar las instalaciones espaciales oficiales
que servían como el “Enlace Cielo-Tierra”, el puente entre
Nibiru y la Tierra—o disponer de su propia instalación. Dado
que, al final, Marduk alcanzó sus objetivos en Babilonia, la
pregunta interesante es: ¿Por qué falló en 3460 a.C.?
La igualmente interesante respuesta es: Fue una cuestión de oportunidad.
Un texto muy conocido describe una conversación entre Marduk y su padre, Enki, en la cual un
descorazonado Marduk pregunta a su papá en qué había fallado por aprender. En donde se equivocó
fue en tomar en cuenta el hecho que en esa época—el Tiempo Celeste—era la Era de Tauro, la Era de
Enlil...
Entre las miles de tablillas inscritas desenterradas del antiguo Cercano Oriente, una buena
cantidad proveyó información relacionada con los meses asociados con una deidad particular. En un
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
complejo calendario iniciado en Nippur en 3760 a.C., el primer mes, Nissanu, era el EZEN (tiempo
festivo) para Anu y Enlil (en un año bisiesto con trece meses lunares, el honor se dividía entre
ambos).
La lista de ‘honores’ cambió a medida que pasó el tiempo, igual que la composición de los
miembros del supremo Panteón de Doce. Las asociaciones mensuales también cambiaban localmente,
no sólo en varias tierras sino a veces en reconocimiento del dios local. Sabemos, por ejemplo, que el
planeta que llamamos Venus fue inicialmente asociado con Ninmah y más tarde con Inanna/Ishtar.
Aunque tales cambios dificultan la identificación de quién estaba ligado celestialmente a qué,
algunas asociaciones zodiacales pueden inferirse con facilidad a partir de escritos o dibujos.
•
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Enki (llamado primero E.A., “Aquel cuyo hogar es el agua”) estaba claramente asociado con
el ‘Portador de Agua’ “Acuario” (Fig. 11), e inicialmente aunque no permanente también con
los Peces, Piscis.
La constelación que fue llamada Los Gemelos, ‘Gemini’, sin duda fue nombrada en honor de
los únicos mellizos divinos nacidos en la Tierra—los hijos de Nannar/Sin, Utu/Shamash e
Inanna/Ishtar.
La femenina constelación de ‘Virgo’ (la ‘Soltera’ más que el inexacto ‘Virgen’) que, como el
planeta Venus, fue probablemente nombrada primero en honor a Ninmah, fue renombrada
AB.SIN, ‘Cuyo padre es Sin’, lo que sólo podría ser correcto pata Inanna/Ishtar.
El Arquero o Defensor, ‘Sagitario’, hizo juego con los numerosos textos e himnos ensalzando a
Ninurta como el Arquero Divino, guerrero y defensor de su padre.
Sippar, la ciudad de Utu/Shamash, que después del Diluvio no fue más el puerto espacial, era
considerada en los tiempos sumerios como el centro de la Ley y la Justicia, y el dios era
considerado (incluso por los últimos babilonios) como el Jefe de Justicia del reino; es cierto
que la Balanza de la Justicia representó su constelación.
Y estaban los sobrenombres comparativos de fuerza,
destrezas, o características de un dios con un animal agarrado en
sobrecogimiento; Enlil, como lo reiteran texto tras texto, era el
Toro. Fue representado en sellos cilíndricos, en tablillas
relacionadas con astronomía, y en el arte.
Entre los más bellos algunos son objetos descubiertos en las
Tumbas Reales de Ur donde había cabezas de toro esculpidas en
bronce, plata, y oro, adornadas con piedras semipreciosas. Sin
duda, la constelación del Toro—Tauro—honró y simbolizaba a Enlil.
Su nombre, GUD.ANNA, significa ‘El Toro del Cielo,’ y los textos que
tratan de un ‘Toro del Cielo’ real vincularon a Enlil y su constelación
a uno de los más únicos sitios en la Tierra.
Era un lugar llamado El Sitio de Aterrizaje—y hay ahí una de
las más asombrosas estructuras en la Tierra, incluyendo una torre
de piedra que llega al cielo, aun de pie.
Muchos textos de la antigüedad, incluyendo la Biblia Hebrea,
describen o se refieren al elevado y gran bosque único de cedros en
Líbano. En los tiempos antiguos se extendía por millas, rodeando un sitio especial—una vasta
plataforma de piedra construida por los dioses como su primer sitio terrestre enlazado con el
espacio, antes que sus centros y el verdadero puerto espacial fueran establecidos.
Era, atestiguan los textos sumerios, la única estructura que sobrevivió al Diluvio, y pudo
entonces servir después del Diluvio como una base de operaciones para los anunnakis; desde donde
revivieron las devastadas tierras con cultivos y animales domesticados. El lugar, llamado ‘Sitio de
Aterrizaje’, en la Epopeya de Gilgamesh, era el destino del rey en su búsqueda de la inmortalidad;
sabemos por el relato épico que era ahí, en el sagrado bosque de cedros, que Enlil guardaba el
GUD.ANNA—el ‘Toro del Cielo,’ el símbolo de la Era de Tauro de Enlil.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Y lo que sucedió entonces en el bosque sagrado tuvo relación con el curso de los asuntos de
dioses y hombres.
El viaje al Bosque de Cedros y su Sitio de Aterrizaje12,
aprendemos del cuento épico, comenzaba en Uruk, la ciudad que
Anu otorgó como regalo a su bisnieta Inanna/Ishtar (un nombre que
significa ‘Amada por Anu’). Su rey, a comienzos del tercer milenio
a.C., era Gilgamesh (Fig. 12).
No era un hombre ordinario, porque su madre era la diosa
Ninsun, miembro de la familia de Enlil.
Esto hacía a Gilgamesh no un mero ‘medio-dios’, sino uno que
era ‘dos tercios –divino.’ Cuando creció y comenzó a contemplar los
asuntos de la vida y la muerte, se le ocurrió que ser dos-tercios
divino debía hacer una diferencia; ¿por qué debería ser como un
mortal ordinario?, preguntó a su madre.
Ella estuvo de acuerdo, pero le explicó que la apariencia
inmortal de los dioses era en realidad una longevidad debida al
largo período orbital de su planeta. Para lograr tal longevidad él
tenía que unirse a los dioses en Nibiru; y para hacer eso, él debía
acudir al sitio donde las naves cohete ascendían y descendían.
Aunque advertido de los peligros del viaje, Gilgamesh13
estaba determinado a ir. Si fallo, decía, al menos seré recordado
como alguien que trató. Por insistencia de su mamá, un doble
artificial (¿clonación?), Enkidu (ENKI.DU significa ‘Hecho por Enki’),
tenía que ser su compañero y guardián. Sus aventuras, relatadas
una y otra vez en las 12 tablillas y sus muchas interpretaciones antiguas, pueden ser seguidas en
nuestro libro ‘Escalera al Cielo.’14 Hubo, en efecto, no uno sino dos viajes (Fig. 13):
1. uno fue al Sitio de Aterrizaje en el Bosque
de Cedros
2. el otro al puerto espacial en la Península de
Sinaí donde—de acuerdo a descripciones
(Fig. 14)—había naves cohete emplazadas en
silos subterráneos
En el primer viaje hacia 2860 a.C.—al Bosque
de Cedros del Líbano—el dúo fue asistido por el dios
Shamash, abuelo de Gilgamesh, y la marcha fue
relativamente rápida y tranquila. Cuando llegaron al
bosque fueron testigos durante la noche del
lanzamiento de una nave cohete.
12 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_baalbek.htm
13 .- http://www.bibliotecapleyades.net/serpents_dragons/gilgamesh.htm
14 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/stairway_heaven/stairway.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Así es como lo describe Gilgamesh:
¡La visión que tuve fue del todo asombrosa!
Chillaron los cielos, tronó la tierra.
Aunque el día estaba amaneciendo, vino la oscuridad.
Estallido de relámpago, un incendio brota.
Las nubes se hinchan, ¡¡ llovió muerte ¡!
Entonces el brillo se desvaneció, el fuego se extinguió.
Y todo lo caído se volvió cenizas.
Impresionados pero inmutables, al día siguiente Gilgamesh y Enkidu descubrieron la entrada
secreta que era empleada por los anunnakis, pero apenas entraron, fueron atacados por un guardián
automático armado con rayos mortales y un fuego rotatorio. Se las arreglaron para destruir al
monstruo, y se relajaron en un arroyo pensando que su camino ya estaba despejado.
Pero cuando se aventuraron más profundo en el Bosque de Cedros, apareció un nuevo desafío:
el Toro del Cielo.
Infortunadamente, la sexta tablilla de la epopeya está demasiado dañada para que las líneas
describan la criatura y la batalla de forma completamente asequible. Las porciones legibles dejan en
claro que los dos camaradas corrieron por sus vidas, perseguidos por el Toro del Cielo todo el viaje de
regreso a Uruk, allí donde Enkidu se las ingenió para darle muerte.
El texto se hace legible cuando el jactancioso Gilgamesh, quién cortó el cuerno al toro, “llamó
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
a los artesanos y los armeros” de Uruk para admirar el cuerno del toro. El texto sugiere que eran
artificiales—“cada uno está formado por treinta piezas de lapislázuli, la cubierta tiene dos dedos de
espesor.
Hasta que otra tablilla con caracteres legibles sea descubierta, no sabremos de seguro si el
símbolo celeste de Enlil en el bosque de cedros era un toro viviente especialmente seleccionado,
decorado y embellecido con oro y piedras preciosas, o una creatura robótica, un monstruo artificial.
Lo que ciertamente sabemos es que sobre su muerte,
“Ishtar, en su morada, lloró” todo el camino hasta Anu en los cielos.
El asunto fue tan serio que Anu, Enlil, Enki y Shamash formaron un consejo divino para juzgar a
los camaradas (sólo Enkidu terminó siendo castigado) y considerar las consecuencias del
fallecimiento...
La ambiciosa Inanna/Ishtar tenía razón en sus aullidos: la invencibilidad de la Era de Enlil había
sido perforada, y la Era misma fue simbólicamente acortada por el desmembramiento del cuerno del
toro.
Sabemos por fuentes egipcias, que incluyen descripciones pictóricas en papiros astronómicos
(Fig. 15), que el simbolismo del asesinato trascendió más allá de Marduk: fue tomado para significar
que en los cielos, también, se había recortado la Era de Enlil.
El intento de Marduk para fundar una instalación espacial alternativa no fue tomado a la ligera
por los enlilitas; la evidencia sugiere que Enlil y Ninurta estuvieron preocupados con la fundación de
sus propias instalaciones espaciales alternativas al otro lado de la Tierra, en las Américas, cerca de
las fuentes de oro post-Diluvio.
Esta ausencia, sumada al incidente del Toro del Cielo, marcó el inicio de un período de
inestabilidad y confusión en sus centros mesopotámicos, sometidos a incursiones desde las tierras
vecinas.
El pueblo de los Gutianos, luego los Elamitas vinieron del oriente, gente de lengua semítica
vino desde el poniente. Pero mientras los orientales rendían culto a las mismas deidades enlilitas que
los sumerios, los ‘Amurru’ (“Occidentales”) eran diferentes. A lo largo de las costas del ‘Mar
Superior’ (el Mediterráneo), en las tierras de los cananeos, la gente era inclinada hacia los dioses
egipcios de Enki. Ahí yacen las semillas—quizá hasta el presente—de las Guerras Santas emprendidas
‘En Nombre de Dios’, excepto que diferentes pueblos tenían diferentes dioses nacionales…
Fue Inanna quién tuvo una brillante idea; que puede ser descrita como “si no puedes contra
ellos, invítalos a unirse.” Un día, mientras navegaba los cielos en su Cámara Celeste—sucedió
alrededor de 2360 a.C.—aterrizó en un jardín vecino a un hombre durmiendo que le había despertado
las ganas. Quería sexo, quería al hombre.
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Él era un occidental, que hablaba una lengua semítica. Como él mismo escribió después en sus
memorias, no sabía quién era su padre, pero sabía que su madre era una Entu, una sacerdotisa
divina, que lo puso en una canasta que fue arrastrada por el flujo del río hasta un jardín al cuidado
de Akki el Regador, quién lo hizo crecer como un hijo.
La posibilidad que el fuerte y buen-mozo hombre pudiera ser un hijo descastado de algún dios
fue suficiente para que Inanna recomendara a los otros dioses que el siguiente rey de esas tierras
fuera este Amurru. Cuando estuvieron de acuerdo ella le otorgó el nombre-epíteto Sharru-kin, el
viejo y querido título de los reyes sumerios.
Al no provenir de algún linaje antiguo real y reconocido de sumeria, estaba impedido de
ascender al trono en cualquiera de las viejas capitales, y se fundó entonces una nueva ciudad que
sirviera como capital. Fue llamada ‘Aggade’—“Ciudad Unión”—Nuestros libros de texto llaman
‘Sargón de Akkad a este rey, y a su lengua ‘acadio’. Su reinado, que añadió provincias al norte y al
noroeste al antiguo Súmer, fue llamado Súmer y Akkad.
Sargón perdió poco tiempo en realizar la tarea para la cual fue escogido—poner a las ‘tierras
rebeldes’ bajo control.
Himnos a Inanna—de ahí en adelante conocida por el nombre acadio Ishtar—contienen lo que
decía ella a Sargón: que sería recordado ‘por la destrucción de la tierra rebelde, la masacre de su
gente, haciendo que sus ríos fluyan con sangre.’
Las expediciones militares de Sargón fueron escritas y glorificadas en sus propios anales reales;
sus logros fueron sintetizados así en las Crónicas de Sargón: Sharru-kin, rey de Akkad.
Sharru-kin, rey de Aggade,
Afloró al poder en la época de Ishtar.
No dejó ningún rival ni oponente.
Él esparció su sobrecogimiento que inspira terror en todas las tierras.
Cruzó el mar en el oriente.
Conquistó el país del poniente
en toda su extensión.
El alarde implica que el sitio sagrado relacionado al espacio, el ‘Sitio de Aterrizaje’ en lo
profundo del ‘país del oeste’, había sido capturado y sujeto en nombre de Inanna/Ishtar—aunque no
sin oposición.
Incluso textos escritos para glorificar a Sargón dicen que “cuando viejo todas las provincias se
revolvieron contra él.”
Anales que documentan los hechos desde el punto de vista de Marduk, revelan que Marduk
encabezó una agotadora contraofensiva:
En cuenta del sacrilegio cometido por Sargón,
el gran dios Marduk se puso enfurecido…
Desde oriente a poniente él distanció a la gente de Sargón,
y lo castigó con una aflicción de permanecer
sin descanso.
El territorio de Sargón incluía, es necesario apuntarlo, sólo uno de los cuatro sitios ‘espaciales’
post-Diluvio—sólo el Sitio de aterrizaje en el bosque de Cedros (ver Fig. 3). Sargón fue rápidamente
sucedido por hijos en el trono de Súmer y Acadia, pero su verdadero sucesor en espíritu y letra fue un
nieto llamado Naram-Sin. El nombre significa ‘Favorito de Sin’, pero los anales e inscripciones
concernientes a su reino y campañas militares muestran que él fue de hecho un favorito de Ishtar.
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Textos y representaciones dicen que Ishtar animó al rey a buscar grandiosidad y grandeza
mediante incesantes conquistas y la destrucción de los enemigos de ella, asistiéndolo de forma activa
en los campos de batalla.
Representaciones de ella, que acostumbraban a mostrarla como una atractiva diosa del amor,
ahora la mostraron como una diosa guerrera, atestada de armas (Fig. 16)
No fue una guerra sin un plan—uno para frenar las ambiciones de Marduk mediante la captura
de todas las instalaciones espaciales en nombre de Inanna/Ishtar. Las listas de ciudades capturadas o
subyugadas por Naram-Sin indican que no sólo llegó hasta el Mar Mediterráneo—asumiendo el control
del Sitio de Aterrizaje—sino también viró hacia el sur para invadir Egipto.
Tal incursión en los territorios de Enki fue algo inaudito, y pudo tener lugar, como revela un
cuidadoso examen de los documentos, porque Inanna/Ishtar había formado una poco honrosa alianza
con Nergal, el hermano de Marduk casado con una hermana de Inanna. La ofensiva contra Egipto
requirió además penetrar y cruzar la Sagrada Región neutral en la Península de Sinaí, donde se
hallaba el puerto espacial—otra rajadura al viejo Tratado de Paz. Jactancioso, Naram-Sin se autoconfirió el título de ‘Rey de las cuatro regiones’…
Podemos escuchar las protestas de Enki. Es posible leer textos que registran las advertencias
de Marduk. Era tanto que incluso el líder de los enlilitas no pudo dejarlo pasar. Un extenso escrito
conocido como ‘La Maldición de Acadia’15, que relata la historia de la dinastía acadiana, afirma
claramente que su fin llegó ‘luego del ceño fruncido en la frente de Enlil.’
Y así la ‘palabra de Ekur—la decisión de Enlil en su templo de Nippur—fue ponerle fin:
“La palabra del Ekur se enfocó en Acadia” para ser destruida y borrada de la faz de la Tierra.
El fin de Naram-Sin llegó cerca del 2260 a.C.; textos de esa época reportan tropas del
territorio oriental, llamados Gutium, leales a Ninurta, que fueron el instrumento de la ira divina;
Acadia jamás fue reconstruida, nunca reinstalada; esa ciudad real, de verdad, nunca ha sido hallada.
La saga de Gilgamesh al comienzo del tercer milenio a.C. y las incursiones militares de los
reyes acadios cerca de fin del milenio, proveen un claro trasfondo de los eventos del milenio: los
15 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/cursing_agade.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
blancos fueron las instalaciones espaciales—para Gilgamesh alcanzar la longevidad de los dioses, para
los reyes una deuda hacia Ishtar para obtener supremacía.
Sin duda, fue el intento de Marduk con la Torre de Babel lo que puso el control de los sitios
espaciales al centro de los asuntos de dioses y hombres; y como veremos, esa localidad dominó
mucho (si no casi todo) de lo que vino después.
La fase acadiana de la Guerra y la Paz en la Tierra no ocurrió sin aspectos celestiales o
‘mesiánicos.’
En sus crónicas, los títulos de Sargón siguieron la costumbre honorífica:
“Capataz de Ishtar, rey de Kish, gran ‘Ensi’ de 'Enlil'”, pero además se llamaba a si mismo
“sacerdote ungido de Anu.”
Fue esta la vez primera que el ser divinamente ungido—que es lo que ‘Mesías’ literalmente
significa—aparece en las inscripciones antiguas.
Marduk, en sus pronunciamientos, advirtió de agitaciones por venir y fenómenos cósmicos:
El día se tornará en oscuridad,
el flujo del río será desordenado,
las tierras serán abandonadas
la gente buscará perecer.
Mirando hacia atrás, buscando profecías bíblicas similares, queda claro que al inicio del siglo
21 a.C. dioses y hombres esperaban un venidero Tiempo Apocalíptico.
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3 - PROFECÍAS EGIPCIAS, DESTINOS HUMANOS
En los anales del Hombre en la Tierra, el siglo 21 a.C. vio en el antiguo Cercano Oriente uno de
los más gloriosos capítulos de la civilización, conocido como el tercer período de Ur (Ur III). Al mismo
tiempo la época más difícil y apabullante, ya que fue testigo del fin de Súmer bajo una mortal nube
nuclear. Y después de eso, ya nada fue lo mismo.
Esos sucesos memorables, como veremos, fueron también las raíces para las manifestaciones
mesiánicas centradas en Jerusalén cuando el ‘a.C.’ se cambia a ‘d.C.’ más o menos 21 siglos
después.
Los eventos históricos de tal memorable siglo—como todos los hechos de la historia—tuvieron
sus raíces en lo que había ocurrido antes. De ello, el año 2169 a.C. es una fecha importante de
recordar. Los anales de Súmer y Acadia de ese tiempo registran una política principal manejada por
los dioses enlilitas. En Egipto, la fecha marcó el inicio de cambios político-religiosos significantes, y
lo que ocurrió en ambas zonas coincidió con una nueva fase de la campaña de Marduk para alcanzar
la supremacía.
Ciertamente fueron las maniobras estratégicas de ajedrez de Marduk y sus desplazamientos
geográficos de un lugar a otro lo que controló la agenda de la era del ‘juego de ajedrez divino.’ Sus
movidas y movimientos comenzaron con su salida de Egipto, para convertirse (a los ojos egipcios) en
Amón (también escrito Amun o Amen), “El Oculto.”
La fecha 2160 es considerada por los egiptólogos la marca del inicio de lo designado como el
Primer Período Intermedio—un intervalo caótico entre el final del Viejo Reino y la surgente dinastía
en el Reino Medio.
Durante los mil años del Viejo Reino, cuando la capital político-religiosa era Menfis en el Medio
Egipto, los egipcios daban culto al panteón de Ptah, le levantaron templos monumentales, a su hijo
Ra, y a sus divinos sucesores.
Las famosas inscripciones de los Faraones Menfitas daban gloria a los dioses y promesas de una
sobre-vida a los reyes.
Reinando como dioses subrogantes, esos faraones calzaron la doble corona del Egipto Superior
(al sur) y el Bajo Egipto (norte), lo que implicó no sólo la unificación administrativa sino además la
religiosa de las Dos Tierras, unificación lograda cuando Horus derrotó a Set en su lucha por el legado
de Ptah/Ra.
Y entonces, en 2160 a.C. esta unidad religiosa venía derrumbándose por completo.
Durante ese confuso período se vio el quiebre de la Unión, abandono de la capital, ataques
desde el sur por príncipes para ganar control, incursiones extranjeras, desacración de los templos, un
colapso de la ley y el orden, y sequías, hambrunas, y disturbios por alimento.
Esas condiciones están documentadas en un papiro conocido como las Admoniciones de IpuWer16, un extenso texto hieroglífico que consiste de varias secciones en las cuales da cuenta de una
cantidad de calamidades y tribulaciones, se culpa a un profano enemigo de fechorías religiosas y
males sociales, y se llama a la gente al arrepentimiento y a retomar los antiguos ritos. El papiro
concluye con una sección profética que describe la venida de un Redentor, y otra que ensalza los
tiempos ideales que siguen.
En su comienzo el texto describe el quiebre de la ley y el orden y de la funcionalidad de la
sociedad—una situación en la cual,
“los guardias de puerta se fueron a saquear, los porteadores se niegan a llevar su carga
16 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/admonitions_ipuwer.htm
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… robo por todas partes … un hombre mira a su hijo como enemigo.” Aunque el Nilo se
mantiene fluyendo e irriga la tierra, “nadie la trabaja … el grano ha muerto … los silos
se hallan vacíos … el polvo cubre los campos … el desierto avanza … se agosta la tierra
… las mujeres están secas, ninguna puede concebir … los muertos son arrojados el río …
el río es de sangre.”
Los caminos son inseguros, el comercio ha cesado, las provincias del Alto Egipto ya no
pagan impuesto; “hay guerra civil… bárbaros de todas partes han venido a Egipto… todo
está en ruinas.”
Algunos egiptólogos creen que al corazón de estos sucesos yace una simple rivalidad por
riqueza y poder, un intento (exitoso al final) de los príncipes tebanos del sur para controlar y regir el
país entero. Tardíamente, los estudios han asociado el colapso del Viejo Reino con un ‘cambio de
clima’ que minó una sociedad fundada en la agricultura, causó escasez de alimentos y disturbios por
alimento, desorden social, y el colapso de la autoridad.
Pero poca atención ha sido puesta a un principal y quizá el más importante cambio: en los
textos, en los himnos, en los nombres honoríficos de templos, ya no fue más Ra sino Amon-Ra, o
simplemente Amon, que fue desde entonces venerado; Ra se convirtió en Amon—Ra el Oculto—porque
se había ido de Egipto. Fue de verdad un cambio religioso que generó el quiebre político y social,
escribió el inidentificado Ipu-Wer; nosotros creemos que el cambio es que Ra se convirtió en Amon.
La agitación comenzó con un colapso de las observancias religiosas y manifestaciones mismas
durante la profanación y abandono de los templos, donde,
“el Lugar de los Secretos ha sido dejado vacío, los escritos de augustos secretos han
sido diseminados, los hombres comunes los rompen en las calles… la magia está
expuesta, está a la vista de quién no la conoce.”
El sagrado símbolo de los dioses usado en la corona de los reyes, el Uraeus (la Serpiente
Divina),
“se ha rebelado contra… las fechas religiosas se disturban… los sacerdotes son llevados
sin razón.”
Después de llamar a la gente al arrepentimiento, “brindar incienso en los templos … mantener
las ofrendas a los dioses,” el papiro llama a los arrepentidos a ser bautizados—para “recordar
sumergirse.” Después las palabras del papiro se tornan proféticas: en un pasaje que los egiptólogos
llaman “verdaderamente mesiánico”, las admoniciones hablan de “un tiempo que vendrá” cuando un
Salvador no identificado—un “dios-rey”, aparecerá.
Comenzando con unos pocos seguidores, de él “los hombres dirán:
El pone calma en el corazón,
es un pastor de todos los hombres.
aunque su manada sea paqueña,
él pasará sus días cuidándolos…
Luego él acabaría con lo diabólico,
estiraría su fuerte brazo en su contra.”
“La gente estará preguntándose: ¿Dónde está él, ahora? ¿Está acaso durmiendo? ¿Por
qué no se ve su poder?” Escribió Ipu-Wer, y respondió, “Contempla, la Gloria del mismo
no puede ser vista, (pero) la Autoridad, Percepción y Justicia están con él.”
Tiempos ideales aquellos, cuando Ipu-Wer inició su profecía, precedidos por sus propias
punzadas mesiánicas:
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
“La confusión estará por doquier en la tierra, con tumultuoso ruido un rey matará al
otro, los muchos matarán a los pocos.”
La gente preguntará: “¿Acaso el Pastor desea muerte?”
No, responde, “es la tierra que ordena muerte,” pero después de años de lucha, la
rectitud y el culto adecuado prevalecerán. Esto, concluye el papiro, fue “lo que dijo
Ipu-Wer cuando respondió a la majestad de Señor-Todo.”
No se trata sólo de la descripción de sucesos y las profecías mesiánicas, sino además la
elección de redactar en esos antiguos papiros parece sorprendente; hay más por venir.
Los académicos están conscientes de la existencia de otro texto profético/mesiánico que nos
llegó del antiguo Egipto, pero creen que fue compuesto realmente después de los hechos y que sólo
simula ser profético al fecharse a si mismo en un tiempo anterior.
Para ser específico, mientras el texto pretende relacionar profecías hechas en tiempo de
Sneferu, faraón de la Cuarta Dinastía (alrededor de 2600 a.C.), los egiptólogos creen que fue
verdaderamente escrito en el tiempo de Amenophis I de la 12ª Dinastía (cerca del 2000 a.C.)—
después de los eventos que pretende profetizar. Aun así, las ‘profecías’ sirven para confirmar esos
hechos anteriores; y muchos detalles y la misma redacción de las predicciones puede ser descrita
como escalofriante.
Las profecías se supone son contadas al Rey Sneferu por un ‘gran sacerdote-vidente’ llamado
Nefer-Rohu, un hombre de rango, un escriba con ‘dedos competentes’.
Al pedido del rey a que le mostrara el futuro, Nefer-Rohu “estiró su mano hacia la caja del
equipo de escritura, y sacó un rollo de papiros,” y comenzó a escribir lo que había visto, en una
manera parecida a Nostradamus:
Contempla, hay algo acerca del cual hablan los hombres,
Es terrorífico…
Lo que será hecho nunca ha sido hecho antes.
La Tierra está totalmente deteriorada.
Los terrenos están dañados, ya no hay remanente.
No hay un amanecer que la gente pueda ver.
Nadie puede vivir con las nubes que tapan.
El viento del sur enfrenta al viento del norte.
Los ríos de Egipto están vacíos…
Ra debe iniciar de nuevo los fundamentos de la Tierra.
Antes que Ra pueda restaurar los ‘Fundamentos de la Tierra’, habrá invasiones, guerras,
derramamiento de sangre. Después vendrá una nueva era de paz, tranquilidad, y justicia, y la justicia
prevalecerá.
Será traída por lo que hemos llegado a llamar un Salvador, un Mesías:
Entonces es que vendrá un soberano—
Amon (“El Desconocido).
Será llamado El Triunfante.
Hijo de Hombre será su nombre para siempre y siempre…
La maldad será erradicada;
Su lugar será tomado por la Justicia;
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Se alegran las personas de su época.
Es sorprendente encontrar tales profecías mesiánicas de tiempos apocalípticos y del final
de la Maldad que será seguido por la venida—el retorno—de la paz y la justicia, en textos de
papiros escritos hace unos 4200 años atrás; produce escalofríos encontrar en ellos terminología
que es familiar en el Nuevo Testamento, como un Desconocido, el Triunfante Salvador, el ‘Hijo
del Hombre,’
Es como veremos, un vínculo entre los interconectados hechos del milenio. En Súmer, un
período de caos, ocupación de tropas extranjeras, profanación de templos y la confusión acerca de
cual debería ser la ciudad capital y quién debería ser el rey siguió al final de la Era Sargónica de
Ishtar en 2260 a.C.
Por un tiempo, el único refugio
seguro en la tierra fue el ‘centro de culto
de Ninurta’ en Lagash, de donde habían
sido removidas las tropas extranjeras de
Gutian [dinastía sumeria]. Consciente de
las inexorables ambiciones de Marduk,
Ninurta decidió reafirmar su derecho al
Rango Cincuenta instruyendo al entonces
rey de Lagash, Gudea, a levantar para él
en el Girsu (recinto sagrado) de la ciudad,
un nuevo y diferente templo. Ninurta—aquí
llamado NIN.GIRSU, ‘Señor del Girsu’—ya
tenía un templo allí, así como un recinto
especial para su ‘Divino Pájaro Negro’ o
máquina voladora.
Sin embargo la construcción de un
nuevo templo requería el permiso especial
de Enlil, lo que fue otorgado a su tiempo.
Aprendemos de las inscripciones que el
nuevo templo debía tener características
especiales que lo ligaban a los cielos, al
permitir ciertas observaciones celestiales.
En ese tiempo Ninurta invitó a Súmer al
dios Ningishzidda (‘Toth’ en Egipto), el
Divino Arquitecto, y Guardián de los
Secretos de las pirámides de Giza.
El hecho que Ningishzidda/Toth17
fuera hermano de quién Marduk forzó al
exilio alrededor del 3100 a.C. no estaba
ciertamente olvidado por todos los
afectados…
Las asombrosas circunstancias que
rodearon el anuncio, la planificación,
construcción, y dedicación del E.NINNU
(‘Hogar/Templo de Cincuenta’) están
contadas con fino detalle en los escritos de
Gudea; fueron desenterrados en las ruinas
de Lagash (un sitio ahora llamado Tello) y están ampliamente citados en los libros Crónicas de la
Tierra.
Lo que emerge de aquel detallado documento (inscrito en dos cilindros de arcilla en una clara
17 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_thot.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
escritura cuneiforme sumeria, Fig. 17) es el hecho que desde el anuncio hasta la dedicación, cada
paso y cada detalle del nuevo templo fue dictaminado por aspectos celestes.
Esos aspectos celestes especiales tenían que ver con la coordinación en la construcción del
templo: Era el momento, según declaran las líneas de apertura, cuando son determinados en el cielo
los destinos de la Tierra”:
Al tiempo cuando en el cielo
los destinos de la Tierra fueron fijados,
“Lagash levantará su cabeza hacia el cielo
En concordancia con la Gran Tabla de los Destinos”
Enlil decidió a favor de Ninurta.
Ese momento especial cuando los destinos en la Tierra son determinados en los cielos fue lo
que llamamos Tiempo Celeste, el Reloj Zodiacal.
Que tal determinación estaba enlazada al Día del Equinoccio deviene evidente del resto del
relato de Gudea, igual que en el texto de Toth egipcio llamado Tehuti, El Equilibrador (del día y la
noche) que maneja la cuerda para orientar un nuevo templo. Tales consideraciones celestes vinieron
a dominar el proyecto Eninnu de principio a final.
La historia de Gudea comienza con una visión en sueño parecido a un episodio de la serie de TV
‘La Dimensión Desconocida’, ya que mientras los varios dioses involucrados se habían ido cuando
despertó, ¡los varios objetos que le mostraron en el sueño permanecían físicamente a su lado!
En aquella visión-onírica (la primera de varias) el dios Ninurta aparecía al amanecer, y el Sol
estaba alineado con el planeta Júpiter. El dios habló e informó a Gudea que había sido escogido para
construir un templo nuevo. A su lado estaba la diosa Nisaba; llevaba una imagen de la estructura del
templo en su cabeza; la diosa sostenía una tablilla en la cual estaban descritos los cielos estrellados,
y con una aguja comenzó a señalar las ‘constelaciones celestes favorables.’
Un tercer dios Ningishzidda (Toth), sostenía
una tableta de lapislázuli donde estaba dibujado
el plan estructural; tenía además un ladrillo de
arcilla, un molde para su fabricación, y un
canasto de carga de construcción.
Cuando Gudea despertó, los tres dioses se
habían ido, ¡pero la tableta estaba en su falda
(Fig. 18) y el ladrillo y su molde yacían a sus
pies!
Gudea necesitó la ayuda de una diosa
oráculo y un par de visiones oníricas más para
comprender todo el significado.
En la tercera visión le fue mostrada una
demostración animada similar a holográfica, de
la construcción del templo, el tendido de las
bases, la moldura de ladrillos—la construcción
completa, paso a paso. Tanto el inicio de la
construcción como la ceremonia final de
dedicación tuvieron que esperar señales de los
dioses en días específicos; ambas cayeron el Día
de Año Nuevo, lo cual significa el día de Equinoccio de Primavera.
El templo ‘levantó su cabeza’ según los acostumbrados siete pisos, pero—inusualmente para los
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
zigurats sumerios de tope plano—su cabeza debía apuntar, “en forma de cuerno”— ¡Gudea debió
emplazar en la punta del templo un toque final! ¡Su forma no está descrita, pero con toda
probabilidad (y a juzgar por la imagen en la cabeza de Nisaba) fue la forma de pirámide—a la manera
de los cabezales de las pirámides egipcias (Fig. 19).
Además, más que dejar expuesta la albañilería, se le pidió a Gudea que recubriera la
estructura con un revestimiento de piedras rojizas.
“La vista exterior del templo era como la de un montaña en el lugar.”
Que levantar una estructura con la apariencia de una pirámide egipcia tenía un propósito se
hace claro a partir de las propias palabras de Ninurta.
El nuevo templo, dijo a Gudea, será visto desde lejos; su aspecto impresionante alcanzará los
cielos; la adoración de mi templo se extenderá a todas las tierras, su celestial nombre será
proclamado en las naciones desde los confines de la Tierra—En Mahan y Meluhha causará que [la
gente diga]:
Ningirsu [el ‘Señor del Girsu’],
El Gran Héroe de las tierras de Enlil, es un dios sin igual;
es el señor de toda la Tierra.
Magan y Meluhha eran los nombres sumerios para Egipto y Nubia, las Dos Tierras de los dioses
en Egipto. El propósito del Eninnu era establecer, aun ahí, en tierras de Marduk, el desigual Señorío
de Ninurta:
“Un dios que no tiene igual, Señor de toda la Tierra.”
La proclamación de la supremacía de Ninurta (en vez de Marduk) requirió características
especiales en el Eninnu. La entrada del zigurat debía dar la cara al sol precisamente hacia el oriente,
en vez del acostumbrado noreste. En el nivel superior Gudea debía levantar un SHU.GU.LAM—‘donde
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
se anuncia el brillante, el sitio de la apertura, el lugar de la determinación,” desde el cual Ninurta
podía ver ‘la repetición sobre las tierras.’
Era una sala circular con doce posiciones, cada una marcada con un símbolo zodiacal, con una
apertura para observar los cielos—¡un antiguo planetario alineado con las constelaciones zodiacales!
En el frontis del templo, ligado a una avenida que enfrentaba la salida del sol, Gudea tuvo que
colocar dos círculos de piedra, uno con seis y el otro con doce pilares de piedra, para la observación
celeste. Dado que sólo se menciona una avenida, uno asume que los círculos eran concéntricos.
Mientras uno estudia cada frase, terminología, y detalles estructurales, se hace evidente que
lo que fue erigido en Lagash con la ayuda de Ningishzidda/Toth fue un complejo aunque práctico
observatorio de piedra, una parte del cual, enteramente unida a lo zodiacal, recuerda uno similar
hallado en Dendera, Egipto (Fig. 20), y el resto, orientado a la observación de salidas y puestas, ¡un
Stonehenge en los bancos de arena del río Éufrates!
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Como Stonehenge en las Islas Británicas
(Fig. 21) el construido en Lagash proveía
marcadores de piedra para observaciones solares
de solsticios y equinoccios, pero la principal
característica exterior fue la creación de una
línea visual desde una piedra central, continuada
entre los dos pilares de piedra, y luego por la
avenida hasta otra piedra.
Tal línea visual, orientada precisamente
cuando fue planeado, permitía determinar al
momento de la salida del Sol en cual
constelación zodiacal el Sol estaba apareciendo.
Y eso—determinar la era zodiacal mediante la
observación precisa—fue el objetivo principal de
toda la compleja instalación.
En Stonehenge, esa línea visual corría (y
aun corre) desde la columna de piedra llamada el
Altar de Piedra en el centro, a través de dos
columnas de piedra identificadas como las
Piedras Sarsen número 1 y 30, de ahí a lo largo
de la Avenida hasta la así-llamada Piedra Taco
(ver Fig. 6).
Se acepta generalmente que Stonehenge
con el doble Círculo de Piedrazul y la Piedra Taco de lo que es designado Stonehenge II data entre
2200 a.C. y 2100 a.C. Este es también la época –quizá más exactamente, en 2160 a.C.—cuando el
‘Stonehenge del Éufrates” fue construido.
Y eso no fue una coincidencia fortuita. Como ese par de observatorios zodiacales, otros
observatorios de piedra proliferaron al mismo tiempo en otros sitios de la Tierra—en varios lugares
europeos, en Sudamérica, en la alturas de Golán al noreste de Israel, aun en la lejana China (donde
los arqueólogos descubrieron en la provincia de Shanzi una piedra circular con trece pilares alineados
al zodiaco y fechado en 2100 a.C.).
Todas fueron contramedidas deliberadas de Ninurta y Ningishzidda al Divino Juego de Ajedrez
de Marduk: mostrar a la Humanidad que la era zodiacal estaba aun en la Era de Tauro.
Varios textos de la época, incluyendo un texto autobiográfico de Marduk y uno más largo
conocido como Erra Epos18, arrojan luz en las correrías de Marduk más allá de Egipto, haciendo de él
ahí El Desconocido.
También revelan que sus demandas y acciones asumieron una urgencia y ferocidad a causa de
la convicción que su tiempo de supremacía había llegado.
‘Los cielos hablan de mi gloria como Señor,’ era su clamor.
¿Por qué? Porque, anunciaba, la Era del Toro, la Era de Enlil, se había acabado; la Era del
Carnero, signo zodiacal de Marduk, ha llegado. Era, igual como Ninurta le contó a Gudea, el tiempo
cuando se determinan en los cielos los destinos de la Tierra.
Las eras zodiacales, será recordado, eran causadas por el fenómeno de Precesión19, la
retardación de la Tierra en su órbita solar. La retardación acumula 1º (de 360) en 72 años; una
división arbitraria del gran círculo en 12 segmentos de 30º cada uno significa que matemáticamente
el calendario zodiacal cambia de una Era a otra cada 2160 años. Puesto que de acuerdo a los textos
18 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/erra_epic.htm
19 .- http://es.wikipedia.org/wiki/Precesi%C3%B3n_de_los_equinoccios
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sumerios, el Diluvio ocurrió en la Era de Leo, nuestro reloj zodiacal comenzó cerca del 10860 a.C.
Aparece una sorprendente agenda si, en este calendario de año zodiacal matemáticamente
determinada por 2160, tomamos como punto de partida el 10800 a.C. en vez de 10860 a.C.
10800 a 8640— Era del León (Leo)
8640 a 6480— Era del Cangrejo (Cancer)
6480 a 4320— Era de los Gemelos (Gemini)
4320 a 2160— Era del Toro (Taurus)
2160 a 0 — Era del Carnero (Aries)
Dejando de lado el fantástico resultado final que sincroniza con la Era Cristiana, uno debe
preguntarse si ¿fue mera coincidencia que la era Ishtar-Ninurta se esfumase en o cerca de 2160 a.C.,
justo cuando, de acuerdo al calendario zodiacal de arriba, la Era de Tauro, la Era de Enlil, también
estaba terminando?
Probablemente no; ciertamente Marduk no lo pensó así. La evidencia disponible sugiere que de
acuerdo al Tiempo Celestial, su momento de supremacía, su Era, ha llegado. (Estudios modernos de
astronomía mesopotámica confirman de hecho que el círculo zodiacal estaba dividido ahí en doce
casas de 30º cada una—una división matemática más que observacional).
Los varios textos que hemos mencionado indican que en sus desplazamientos, Marduk hizo otra
incursión al corazón de la tierra enlilita, llegando de vuelta a Babilonia con una comitiva de
seguidores.
En vez de reaccionar con un conflicto armado, los enlilitas enlistaron al hermano de Marduk,
Nergal (cuya esposa era nieta de Enlil) a que viniera a Babilonia desde el sur de África y persuadir a
su hermano que se fuera. En sus memorias, conocidas como El Erra Epos, Nergal escribió que el
argumento principal de Marduk era que su momento, la Era del Carnero, había llegado. Pero Nergal
contradijo que eso no es así de real: el Inicio Heliaco, le dijo a Marduk, ¡aun ocurre en la
constelación del Toro!
Enfurecido, Marduk cuestionó la exactitud de las observaciones.
¿Qué ocurrió con los instrumentos precisos y confiables, de antes del Diluvio, que
fueron instalados en tus dominios del Mundo Inferior? Le preguntó a Nergal, quién
explicó que habían sido destruidos por el Diluvio.
Ven, mira por ti mismo cual constelación es vista al despuntar en el señalado día, le
urgió a Marduk.
No sabemos si Marduk fue a Lagash para efectuar la observación, pero se dio cuenta de la
causa de la discrepancia: mientras matemáticamente las edades cambiaban cada 2160 años, en
realidad, observacionalmente no era así. Las constelaciones zodiacales, en las que las estrellas están
agrupadas arbitrariamente, no eran del mismo tamaño.
Algunas ocupaban un arco celeste más grande, otras
eran pequeñas, y como sucedía, la constelación del
Carnero era una de las pequeñas, estrechada entre el más
grande, Tauro, y Piscis (Fig. 22).
Celestialmente la constelación Tauro ocupa más de
30º del arco celeste, y alarga al menos otros dos siglos más
allá de su medida matemática.
En el siglo veintiuno a.C., el Tiempo Celestial y el
Tiempo Mesiánico fallaron en coincidir. Vete en paz y
vuelve cuando los cielos declaren tu Era, dijo Nergal a
Marduk. Cediendo ante el destino, Marduk se fue, pero no
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
se alejó mucho.
Y con él, como emisario, diplomático, y heraldo, estaba su hijo, cuya madre era una mujer
terrestre.
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4 - DE DIOSES Y SEMIDIOSES
La decisión de Marduk de permanecer dentro o al menos cerca de las tierras en disputa e
involucrar a su hijo en la lucha por la lealtad humana persuadió a los enlilitas a poner como capital
central de Súmer a Ur, el centro de culto de Nannar (Su-en o Sin en acadio).
Fue la tercera vez que se escogió a Ur para servir como tal—de ahí la designación ‘Ur III’ para
ese período.
La movida enlazó los asuntos de los dioses contendientes al relato bíblico—y el rol—de
Abraham, y la entrecruzada relación cambió la religión hasta ahora.
Entre las muchas razones para la elección de Nannar/Sin como el campeón enlilita estuvo la
comprensión que la contienda con Marduk había dejado de ser un asunto sólo de dioses, y se había
convertido en una disputa en las mentes y corazones de la gente—de los terráqueos que los dioses
habían creado, quienes ahora formaban los ejércitos que peleaban las guerras en nombres de sus
creadores…
Diferente de otros enlilitas, Nannar/Sin no fue un combatiente en la Guerra de los Dioses; su
elección fue transmitir a la gente en todas partes, incluso en las ‘tierras rebeldes’, que bajo su
liderazgo comenzaría una era de paz y prosperidad. Él y su esposa Ningal (Fig. 23) fueron gratamente
amados por la gente de Súmer, y Ur misma mostraba prosperidad y bienestar; su solo nombre, que
significa ‘urbano, lugar domesticado,’ viene a expresar no sólo ‘ciudad’ sino La Ciudad—la joya
urbana de las tierras antiguas.
El templo de Nannar/Sin ahí, un zigurat rascacielos, se elevaba en pisos dentro de un recinto
sagrado amurallado donde una variedad de estructuras servían como morada de los dioses y
residencia y edificios funcionales de la multitud de sacerdotes, oficiales, y sirvientes que atendían
las necesidades de la pareja divina y organizaban las observancias religiosas para el rey y el pueblo.
Más allá de esos muros se extendía una magnífica ciudad con dos puertos y canales que los
comunicaban con el Éufrates (Fig. 24), una gran ciudad con el palacio del rey, edificios
administrativos (incluyendo tanto a los escribas y archivadores de documentos como a recaudadores
de impuestos), viviendas privadas de varios niveles, talleres, escuelas, almacenes y bodegas
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
mercantiles, y puestos—todo en amplias calles donde, en muchas intersecciones, se había construido
ermitas de oración abierta a todos los viajeros.
El majestuoso zigurat con sus monumentales escaleras (Reconstrucción, Fig.25), aunque grande
en ruinas, aun domina el paisaje después de más de 4000 años. Pero había otra razón indefectible.
Diferente de los combatientes Ninurta y Marduk, ambos ‘inmigrantes’a la Tierra desde Nibiru—
él fue el primero de la primera generación de dioses nacidos en la Tierra—no era sólo el primogénito
de Enlil en la Tierra— el fue el primero de la primera generación de dioses nacidos en la Tierra.
Fig.24
Sus hijos, los gemelos Utu/Shamash e Inanna/Ishtar, y su hermana Ereshkigal, que
pertenecieron a la tercera generación de dioses, nacieron todos en la Tierra. Eran dioses, pero
también nativos de la Tierra. Sin duda que esto fue tomado en consideración en la disputa emergente
por la lealtad de la gente. La selección de un nuevo rey, para reiniciar una dinastía fresca dentro y
desde Súmer, también fue realizada con mucho cuidado. Ya no más ‘mano abierta’ como la dada (o
tomada por) a Inanna/Ishtar, que escogió a Sargón el acadio para comenzar una nueva dinastía
porque le placía su forma de amarla.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
El nuevo rey, llamado Ur-Nammu (‘La Alegría de Ur), fue celosamente escogido por Enlil y
aprobado por Anu, y no era meramente terráqueo. Era un hijo—‘el amado hijo’—de la diosa Ninsun;
ella había sido, recordará el lector, la madre de Gilgamesh. Dado que su divina genealogía se repite
en numerosas inscripciones durante el reinado de Ur-Nammu, en presencia de Nannar y otros dioses,
uno debe asumir que el reclamo era factual.
Esto hacía a Ur-Nammu no sólo un semidiós sino—como en el caso de Gilgamesh—‘dos partes
divino.’ Ciertamente, la afirmación que su madre era la diosa Ninsun, colocó a Ur-Nammu a la altura
de Gilgamesh, cuyas hazañas eran bien recordadas y cuyo nombre permanecía reverenciado.
La selección fue así una señal, para amigos y enemigos, que los gloriosos días bajo la autoridad
indiscutida de Enlil y su clan estaban de vuelta.
Todo esto fue importante, quizá crucial, debido a que Marduk tenía sus propios atributos para atraer
las masas humanas.
Ese llamativo especial a los Terráqueos era el hecho que el suplente y jefe de campaña de
Marduk era su hijo Nabu—que era no sólo nacido en la Tierra, sino que nacido de madre que ella
misma era Terráquea, de hacía tiempo—en verdad, en los días antes del Diluvio—Marduk rompió todas
las tradiciones y tomó a una terráquea y la hizo su esposa oficial.
Que los jóvenes anunakis tomasen hembras terrestres como esposas no debería ser una
sorpresa escandalosa, porque está documentado en la Biblia para que todos lo lean.
Lo que es poco conocido incluso para los académicos, debido a que la información se halla en
textos ignorados y tienen que ser verificados con las complejas Listas de Dioses, es el hecho que fue
Marduk quién dio el ejemplo que siguieron los ‘Hijos de los dioses’:
Y ocurrió cuando
los hombres comenzaron a crecer
en número sobre la Tierra
y les nacieron hijas—
Que los Hijos de Elohim
vieron que las hijas del Adán
les venían bien;
Y tomaron como esposas
a las que escogieron.
Génesis 6: 1–2
La explicación bíblica de las razones para el Gran Diluvio en los primeros ocho enigmáticos
versos del capítulo 6 del Génesis señala claramente el inter-maridaje y su descendencia resultante
como la causa de la ira divina:
Los Nefilim20 estaban en la Tierra
en aquellos días y los posteriores
cuando los hijos de Elohim
tomaron a las hijas de Adán
y les nacieron hijos de ellas.
(Mis lectores pueden recordar que fue mi pregunta como niño escolar, de por qué Nefilim—que literalmente
significa ‘Aquellos que descendieron,’ que bajaron ^[del cielo a la Tierra]^—era usualmente traducido por
‘gigantes.’ Fue mucho más tarde que me di cuenta que la palabra hebrea para ‘gigantes,’ Anakim, era en verdad
una interpretación del sumerio Anunnaki.)
20 .- http://www.bibliotecapleyades.net/vida_alien/alien_watchers.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
La Biblia claramente cita tal matrimonio interracial—la ‘toma de esposas’—entre jóvenes ‘hijos
de los dioses’ (hijos de los Elohim, los Nefilim) y hembras Terrestres (‘hijas de Adán’) como una de
las razones de Dios para buscar el exterminio de la humanidad por el Diluvio:
‘Mi espíritu no permanecerá mucho tiempo en el Hombre, porque en su carne han
pecado… Y Dios se arrepintió de haber creado al Adán en la Tierra, y estaba angustiado,
y dijo: Dejen que limpie de la faz de la Tierra al Adán que he creado.’
Los textos sumerios y acadios que cuentan la historia del Diluvio explican que hay dos dioses
involucrados en ese drama: era Enlil quién ideaba la destrucción de la Humanidad por el Diluvio,
mientras que Enki se complicitó a prevenirla dándola instrucciones a ‘Noé’ para construir un arca de
salvación. Cuando uno hurga los detalles, encontramos que el agriado ‘¡Esto se acaba aquí! de Enlil, y
los esfuerzos contrarios de Enki no fue algo de principios nada más.
Porque fue el mismo Enki quién comenzó a copular hembras terrestres y tener hijos con ellas,
y fue Marduk hijo de Enki quién mostró el camino y dio el ejemplo para verdaderos matrimonios con
ellas…
Al tiempo que la Misión Tierra estuvo completamente operativa, los Anunnakis estacionados en
Tierra eran 600; además hubo 300 que fueron conocidos como los IGI.GI (‘aquellos que observan y
ven’) que manipulaban una estación planetaria—¡en Marte!21—y los vuelos de transbordador entre
ambos planetas.
Sabemos que Ninmah, la oficial médica jefa, vino a la Tierra como cabeza de un grupo de
enfermeras (Fig. 26).
N i n m a h
No está dicho cuántas eran o si había otras mujeres entre los Anunnaki, pero está claro que en
cualquier suceso las mujeres eran pocas entre ellos. La situación requirió estrictas reglas sexuales y
supervisión de los mayores, tanto así que (de acuerdo a un texto) Enki y Ninmah tuvieron que hacer
de casamenteros, escogiendo quién se casaba con quién.
Enlil, un estricto disciplinario, cayó él mismo víctima de la falta de hembras al violar a una
joven durante una cita. Por tal cosa él, el Comandante en Jefe en la Tierra, fue castigado con el
exilio; la pena fue conmutada cuando accedió a casarse con Sud y hacerla su consorte oficial, Ninlil.
Ella fue su única esposa hasta el final.
Enki, por otro lado, es descrito en numerosos textos como un mujeriego con diosas hembras de
todas las edades, y arreglándoselas para salir airoso. Además, una vez que las hijas del Adán
proliferaron, no tuvo aversión a tener contactos sexuales con ellas, también… Los textos sumerios
ensalzan al Adapa ‘el más sabio de los hombres’ que creció en casa de Enki, quién le enseñó a
21 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_marte.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
escribir y matemáticas, y fue el primer Terrestre en ser llevado arriba a visitar a Anu en Nibiru; los
textos también revelan que Adapa era un hijo secreto de Enki, hijo de una madre terrestre.
Textos apócrifos nos informan que cuando nació Noé, el héroe bíblico del Diluvio, mucho
acerca del niño y su nacimiento causaron que su padre, Lamec, se preguntara si el verdadero padre
no había sido un Nefilim. La Biblia sólo afirma que Noé era un hombre genealógicamente “perfecto”
que ‘Caminó con los Elohim’; textos sumerios, donde el héroe del Diluvio es llamado Ziusudra,
sugieren que era un semidiós hijo de Enki.
Fue así que un día Marduk se quejaba a su madre que mientras sus compañeros tenían esposas,
él no:
“No tengo mujer, no tengo hijos.”
Y continuó diciéndole que le había gustado la hija de un ‘alto sacerdote, un músico
consumado” (hay razones para creer que era el escogido hombre Enmeduranki de los textos
sumerios, el paralelo al bíblico Enoch). Después de verificar que la joven hembra terrestre—su
nombre era Tsarpanit—estaba de acuerdo, los padres de Marduk accedieron a seguir adelante.
El matrimonio produjo un hijo. Fue llamado EN.SAG, ‘Noble Señor’. Pero diferente de Adapa,
que era un semidiós terrestre, el hijo de Marduk fue incluido en las Listas Sumerias de Dioses22,
donde fue además llamado ‘el divino MESH’—un término empleado (como en GilgaMESH) para denotar
un semidiós.
El fue así el primer semidiós que fue un dios. Más tarde, cuando condujo las masas de hombres
en nombre de su padre, le fue dado el nombre-epíteto Nabu—El Que Habla, El Profeta—porque ese es
el significado literal de la palabra, como cuando se refiere al paralelo hebreo bíblico ‘Nabih’,
traducido a ‘profeta.’ Nabu fue por lo tanto el hijo-de-dios y un hijo-de-Adán de la escrituras
antiguas, aquel cuyo nombre significaba Profeta.
Como en las profecías egipcias citadas con anterioridad, su nombre y función tuvieron relación
con las expectativas mesiánicas.
Y fue tanto así, que en los días previos al Diluvio Marduk dio un ejemplo a los otros dioses
solteros: encontró y desposó una hembra terrestre… El rompimiento del tabú atrajo en particular a
los dioses Igigi quienes la mayoría del tiempo estaban en Marte, siendo su principal sitio en la Tierra
el Sitio de Aterrizaje en el Bosque de Cedros.
Viendo una oportunidad—quizá una invitación para venir y celebrar el matrimonio de Marduk—
tomaron hembras terrestres y las llevaron con ellos como esposas. Algunos libros extra-bíblicos,
llamados Los Apócrifos, tal como el Libro de los Jubileos, el Libro de Enoch (Book of Enoch23), y el
Libro de Noé (Book of Noah24), documentan el incidente del matrimonio interracial de los Nefilim con
profusión de detalles. Unos doscientos ‘Observadores - Watchers25’ (‘Aquellos que observan y ven’) se
organizaron en grupos de veinte; cada uno tenía un líder.
Uno de ellos, llamado Shamyaza, era el comandante general.
El instigador de la trasgresión,
‘el que condujo al mal camino a los hijos de dios y los trajo a Tierra y los hizo
extraviarse con las Hijas del Hombre,’ se llamaba Yeqon…
Sucedió, afirman estas fuentes, durante la época de Enoch.
A pesar de sus esfuerzos para encajar las fuentes sumerias (que hablan de la rivalidad y
22
23
24
25
.- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/mesopotamian_gods.htm
.- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_enochbook.htm
.- http://www.bibliotecapleyades.net/enoch/enoch.html#Fragment%20of%20the%20Book%20of%20Noah
.- http://www.bibliotecapleyades.net/vida_alien/alien_watchers.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
contradicciones entre Enlil y Enki) en una presentación monoteísta—la creencia en un solo Dios
Todopoderoso—los compiladores de la Biblia Hebrea finalizan esa parte en el capítulo 6 del Génesis
con un reconocimiento a las consecuencias factuales.
Hablando de la descendencia de estos matrimonios interraciales, la Biblia hace dos admisiones:
la primera, que estos intermatrimonios tuvieron lugar en los días antes del Diluvio, y también
‘de ahí en adelante’;
la segunda, que de la descendencia ‘vinieron los héroes de antaño, hombres de renombre.’
Los textos sumerios indican que los heroicos reyes postdiluviales fueron sin duda tales
semidioses.
Pero ellos fueron no sólo la descendencia de Enki y su clan: algunos reyes de la región enlilita
fueron hijos de dioses enlilitas. Por ejemplo, La Lista de Reyes Sumerios señala claramente que
cuando la realeza comenzó en Uruk (un dominio enlilita), el escogido fue un MESH, un semidiós:
Meskiaggasher, hijo de Utu,
se convirtió en el sumo sacerdote y rey.
Utu era por supuesto el dios Utu/Shamash,
nieto de Enlil.
Más abajo en la línea dinástica estaba el
afamado Gilgamesh, ‘el dos tercios divino’, hijo
de la diosa enlilita Ninsun cuyo padre era el
sumo sacerdote de Uruk, un Terrestre. (Hubo
algunos gobernantes más en la línea, tanto en
Uruk como en Ur, que llevaron el título ‘Mesh’ o
‘Mes’.)
En Egipto, también, algunos
reivindicaron parentesco divino.
faraones
Muchos en las dinastías de los siglos 18 y 19
adoptaron nombres ‘divinizados’ con un prefijo o un sufijo MSS (modificado a Me, Mo, Mes), que
significa ‘Asunto de’ tal o cual dios—tal como en los nombres A-mon o Ra-mses (RA-MaSeS—asunto
de,’ descendencia del dios Ra).
La famosa reina Hatshepsut, que a pesar de su condición femenina llevaba el título y
privilegios de un faraón, reclamó ese derecho en virtud de ser semidiosa—el gran dios Amón, estampó
en inscripciones y descripciones en su inmenso templo en Dair-el-Bahri, “tomó la forma de su
majestad el rey,” el esposo de su madre-reina, y tuvo una cópula con ella,” y derivó en que su hija
Hatshepsut naciera como semidivina.
Textos cananeos incluyen la historia de Keret, un rey que era hijo del dios El.
Una variante interesante de tal patrón fue el caso de Eannatum, un rey sumerio en Lagash de
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Ninurta durante los tempranos tiempos ‘heroicos.’
Una inscripción del rey en uno de sus bien conocidos monumentos (‘La Piedra de los Buitres’)
atribuye a este semidiós el estatus de inseminación artificial por Ninurta (el Señor del Girsu, el
recinto sagrado), y ayudado por Inanna y Ninmah (aquí llamada por su epíteto Ninhursag):
El Señor Ningirsu, guerrero de Enlil,
implantó el semen de Enlil en Eannatum
En la matriz de [ . . . ].
Inanna acompañó su [nacimiento],
Lo nombró “Importante en el templo de Inanna,”
Lo dejó al sagrado cuidado de Ninharsag.
Ninharsag le ofreció su seno sagrado.
Ningirsu se regocijó con Eannatum—
el semen implantado en la matriz por Ningirsu.
Aunque la referencia al ‘semen de Enlil’ no aclara si es el semen de Ninurta o de Ningirsu el
considerado ‘semen de Enlil’ porque él era el primogénito de Enlil, o realmente fue empleado semen
de Enlil para la inseminación (lo cual es dudoso), las inscripciones afirman con claridad que la madre
de Eannatum (cuyo nombre es ilegible en la piedra) fue fecundada artificialmente, de modo que un
semidiós fue concebido sin una verdadera cópula sexual—¡un caso de concepción inmaculada en
Súmer, tercer milenio a.C.!
Que a los dioses no les era desconocida la inseminación artificial se halla corroborada en textos
egipcios, de acuerdo a los cuales después que Set matara y desmembrara a Osiris, el dios Toth
extrajo semen del falo de Osiris y lo impregnó en la esposa de Osiris, Isis, consiguiendo el nacimiento
del dios Horus.
Una descripción de la hazaña muestra a Toth y la diosa del parto sosteniendo las dos cadenas
de ADN empleadas, y a Isis con el recién nacido Horus (Fig. 27).
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Queda claro entonces, que después del Diluvio los enlilitas también aceptaron tanto el cruce
con hembras terrestres como considerar a esa descendencia ‘héroes, hombres de renombre,’
escogibles para la realeza.
Así fue que comenzaron los linajes de ‘sangre real’ de los semidioses.
Una de las primeras tareas de Ur-Nammu fue lograr un renacimiento religioso y moral. Y para
eso, también, fue emulado un rey anterior recordado y reverenciado. Fue realizado mediante a
promulgación de un nuevo Código Legal, leyes de comportamiento moral y leyes de justicia—en
adherencia, decía el Código, a las leyes que Enlil y Nannar y Shamash querían que el rey impusiera y
la gente viviera así.
La naturaleza de las leyes, un listado de lo que hacer y lo que no hacer, puede juzgarse por el
reclamo que Ur-Nammu hace debido a esas leyes de justicia,
“el huérfano no fue presa del rico, la viuda no fue presa del poderoso, el hombre con
una oveja no cayó en manos del que posee un buey… la justicia fue establecida en la
tierra.”
En eso fue emulado—a veces empleando las exactas mismas frases—a un anterior rey sumerio.
Urukagina de Lagash, quién trescientos años antes había promulgado un código legal por el cual se
instituyeron reformas sociales, legales y religiosas (entre ellas el establecimiento de casas seguras
para mujeres, bajo el patrocinio de la diosa Bau, esposa de Ninurta). Esto, debe ser señalado, fueron
los mismos principios de justicia y moralidad que los profetas bíblicos pidieron a los reyes y a la
gente en el siguiente milenio.
Cuando comenzó la era de Ur III, obviamente hubo un deliberado intento de volver Súmer
(ahora Súmer y Acadia) a sus viejos días de gloria, prosperidad, y moralidad y paz—los tiempos que
precedieron a la última confrontación con Marduk.
Las inscripciones, los monumentos, y la evidencia arqueológica dan testimonio que el reinado
de Ur-Nammu, que comenzó en 2113 a.C., fue testigo de grandes obras públicas, la restauración de
la navegación fluvial, y la reconstrucción y protección de las carreteras del país:
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
“Hizo correr las carreteras desde las tierras bajas a las elevadas,” atestigua una
inscripción.
Siguió un aumento del intercambio y el comercio.
Hubo un surgimiento de las artes, artesanía, escuelas, y otras mejoras en los campos social y
económico (incluyendo la introducción de pesos y medidas más exactos). Tratados con los
gobernantes vecinos del este y del noreste expandieron la prosperidad y la calidad de vida. Los
grandes dioses, en especial Enlil y Ninlil, fueron honrados con magníficos y renovados templos, y por
primera vez en la historia de Súmer, el clero de Ur fue combinado con el de Nippur, lo que condujo a
un renacimiento religioso.
Todos los académicos concuerdan que virtualmente en todos los aspectos el período de Ur III
alcanzó nuevas alturas en la civilización sumeria. Esa conclusión sólo aumenta el misterio generado
por una hermosa caja artesanal descubierta por arqueólogos: sus paneles interiores, frente y espalda,
describen dos escenas contradictorias de la vida en Ur.
Mientras uno de las paredes (ahora conocida como el ‘Panel de Paz’) dibujó banquetes,
comercio y otras escenas de actividades sociales, el otro (el ‘Panel de la Guerra’) representa una
columna de soldados armados y con yelmo, y carros de caballo marchando a la guerra (Fig. 28)
Un examen cercano de los registros de ese tiempo revela que ciertamente mientras bajo el
liderato de Ur-Nammu el mismo Súmer floreció, la hostilidad hacia los enlilitas por parte de las
‘tierras rebeldes’ aumentó en vez de disminuir.
La situación aparentemente demandó acción, para lo cual de acuerdo con inscripciones de Urpg. 51 de 238
Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Nammu, Enlil le proporcionó,
“un arma divina que amontona a los rebeldes en pilas” con la cual atacar “las tierras
hostiles, destruir las ciudades malvadas y limpiarlas de oposición.”
Aquellas ‘tierras rebeldes’ y ‘ciudades del pecado’ estaban al oeste de Súmer, las tierras de los
amoritas seguidores de Marduk, allá, el ‘mal’—la hostilidad contra Enlil—fue avivada por Nabu, quién
se movió de ciudad en ciudad haciendo proselitismo para Marduk.
Los registros enlilitas lo llaman ‘El Opresor,’ de cuya influencia las ‘ciudades del pecado’
debían librarse.
Hay razones para creer que los Paneles de Paz y de Guerra describieron en verdad a Ur-Nammu
—uno mostrando las celebraciones y cenas de paz y prosperidad, el otro en el carruaje real,
conduciendo su ejército a la guerra.
Sus expediciones militares lo llevaron bastante más allá de las fronteras de Súmer dentro de
las tierras occidentales. Pero Ur-Nammu—gran reformador, constructor, y ‘pastor’ que fue—falló en el
liderazgo militar. En medio de una batalla su carro quedó atascado en el barro; Ur-Nammu cayó
fuera, pero ‘el carruaje como tormenta siguió de largo,” dejando al rey atrás, ‘abandonado como
una jarra rota.
La tragedia se agravó cuando la barca con los restos de Ur-Nammu,
‘naufragó en algún lugar; las olas lo hundieron, con él a bordo.’
Cuando llegaron a Ur las noticias de la derrota y la trágica muerte de Ur-Nammu, hubo gran
lamento en la ciudad.
La gente era incapaz de comprender como tal religioso devoto rey, un pastor correcto que sólo
siguió las directivas de los dioses con armas que ellos ponían en sus manos, podía perecer tan
ignominiosamente.
“¿Por qué el Señor Nannar no lo tomó de la mano?” se preguntaban; ¿Por qué Inanna,
Dama del Cielo, no puso su noble brazo alrededor de su cabeza? ¿Por qué el arrojado
Utu no lo asistió?”
Los sumerios, que creían que todo lo que ocurre ha sido destinado, se preguntaban,
"¿Por qué estos dioses dieron un paso al lado cuando fue decidido el amargo fin de UrNammu?"
De seguro aquellos dioses, Nannar y sus hijos gemelos, supieron lo que Anu y Enlil estaban
decidiendo; sin embargo nada dijeron para proteger a Ur-Nammu.
Podía haber una sola explicación plausible, concluía la gente de Ur y Súmer mientras lloraban y
se lamentaban:
Los grandes dioses habían faltado a su palabra—
¡Cómo ha sido cambiado el destino de un héroe!
Anu alteró su palabra sagrada.
¡Enlil falsamente cambió su decreto!
¡Estas son palabras fuertes, que acusan a los grandes dioses enlilitas de falsía y doble estándar!
Las palabras antiguas trasmiten la fuerte decepción de la gente. Si eso fue así en Súmer y en Acadia,
uno se puede imaginar la reacción en las rebeldes tierras del oeste.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
En la lucha por el corazón y la mente de la Humanidad, los enlilitas fueron vacilantes. Nabu, el
‘que dice’, intensificó la campaña en nombre de su padre Marduk. Su propio estatus estaba cambiado
y mejorado: su propia divinidad estaba ahora glorificada por una variedad de venerables epítetos.
Inspirados por Nabu—el Nabih, el Profeta—las profecías del Futuro, de lo que va a suceder,
comenzaron a barrer las tierras en lucha.
Sabemos lo que dicen porque se ha encontrado un número de tabletas de arcilla en los cuales
tales profecías fueron inscritas; trabajadas en el cuneiforme Antiguo Babilonio, están agrupadas por
los académicos como Profecías Acadianas o Apocalipsis Acadio.
Común a todas ellas es la visión del Pasado, Presente y Futuro como parte de un flujo continuo
de sucesos; que dentro de un destino prefijado hay algo de espacio para el libre albedrío y por tanto
a un Destino variado; que para la Humanidad, ambos fueron decretados o determinados por los dioses
del Cielo y la Tierra; y que por tanto los eventos en la Tierra reflejan ocurrencias en los cielos. Para
conceder credibilidad a las profecías, los textos a veces anclaron la predicción de hechos futuros a
hechos o entidades históricos conocidos.
Lo que está mal en el presente, por qué se necesita un cambio, es entonces narrado. Los
hechos desplegados son atribuidos a decisiones por uno o más de los grandes dioses. Un divino
Emisario, un Heraldo, aparecerá; pueden ser sus palabras, transcritas por el escriba, o anuncios
esperados; tan manudo como no, ‘un hijo hablará por su padre.’
El hecho(s) predicho será puesto con los presagios—la muerte de un rey, o signos celestiales:
un cuerpo celeste aparecerá y hará un sonido horroroso
‘un fuego ardiente’ descenderá de los cielos hasta el horizonte como una antorcha,’
y, más significativo, “un planeta aparecerá antes de aquel tiempo.”
Malas cosas, Apocalipsis, precederán a los hechos finales.
Habrá lluvias calamitosas, inmensas olas devastadoras—o sequías, los canales llenos de cieno,
langostas, y hambrunas. La madre se volverá contra la hija, el vecino contra el vecino. Rebelión,
caos, y calamidades ocurrirán en las tierras.
Las ciudades serán atacadas y despobladas; morirán los reyes, serán destituidos, y capturados:
"un trono derrocará al otro”
Los oficiales y sacerdotes serán muertos; los templos abandonados; cesarán los ritos y las
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
ofrendas. Y entonces el hecho predicho—un gran cambio, una nueva era, un nuevo líder, un Redentor
—vendrá. La buena voluntad prevalecerá sobre la maldad, la prosperidad reemplazará los
sufrimientos; las ciudades abandonadas serán restauradas, los remanentes de la gente dispersada
volverán a sus hogares.
Serán restaurados los templos, y la gente practicará los correctos ritos religiosos.
No inesperadamente, estas profecías babilónicas o pro-Marduk pusieron el dedo acusador de la
maldad en Súmer y Acadia (y también sus aliados Elam, Hattiland, y las Sealands), y nombraron a los
Amurru del oeste como el instrumento de retribución divina. Son nombrados los centros de culto
enlilitas Nippur, Ur, Uruk, Larsa, Lagash, Sippar, y Adab; serán atacadas, saqueadas, abandonados sus
templos.
Los dioses enlilitas se describen como confusos (‘incapaz de dormir’). Enlil llama a Anu, pero
desatiende su consejo (algunos traductores leen la palabra como ‘orden’) que promulgue un edicto
misharu—un poner las cosas en orden. Enlil, Ishtar, y Adad serán forzados a cambiar la realeza en
Súmer y Acadia.
Los ‘ritos sagrados’ serán trasladados a Nippur. Celestialmente, ‘el gran planeta’ aparecerá en
la constelación del Carnero.
La palabra de Marduk prevalecerá:
"él sojuzgará las Cuatro Regiones, la Tierra completa temblará a la mención de su
nombre… Después de él su hijo reinará como rey y será maestro de la Tierra entera.”
En algunas profecías, ciertas deidades son objeto de predicciones específicas:
‘Un rey se levantará,’ un texto profetizó en consideración a Inanna/Ishtar ‘sacará a las
diosas protectoras de Uruk de Uruk y las hará morar en Babilonia… Él establecerá los
ritos de Anu en Uruk..’
También los dioses Igigi están mencionados específicamente:
‘Las ofrendas regulares para los dioses Igigi, que han cesado, será restablecida,’ señala
una profecía.
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Como fue el caso con las profecías egipcias, la mayoría de los académicos trataron también las
‘Profecías Acadias’ como ‘seudo-profecías o textos post aventum—que fueron escritos de hecho,
mucho después de los sucesos ‘predichos;’ pero como hemos reiterado en asuntos de textos egipcios,
decir que los sucesos no fueron profetizados porque ya habían ocurrido es sólo reafirmar que los
acontecimientos ocurrieron per se (sea o no que hayan sido predichas), y aquello que más nos
importa a la mayoría.
Significa que las profecías se hicieron realidad.
Y si así es, lo más escalofriante en la predicción (en el texto conocido como Profecía “B”):
La Espantosa Arma de Erra
sobre las tierras y la gente
vendrá en juzgamiento.
Una profecía muy aterrante sin duda, porque antes del final del siglo veintiuno a.C., ‘el juicio
sobre las tierras y la gente’ ocurrió cuando el dios Erra (‘El Aniquilador’)—un epíteto para Nergal—
explotó ARMAS NUCLEARES26 en un cataclismo que hizo reales las profecías.
26 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_ancient_atomic.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
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5 - CUENTA REGRESIVA AL DIA DEL JUICIO FINAL
El desastroso siglo 21 a.C. comienza con la trágica y prematura muerte de Ur-Nammu, en 2096 a.C.
Culmina con una calamidad sin parangón, por la mano de los dioses mismos, en 2024 a.C. El intervalo
fue de 72 años—el cambio exacto de un grado precesional; y si fue sólo una coincidencia, entonces
fue una de una serie de sucesos que de alguna manera estuvieron bien coordinados.
Enseguida de la trágica muerte de Ur-Nammu, el trono de Ur fue asumido por su hijo Shulgi.
Imposibilitado de reclamar el estatus de semidiós, aseguraba (en sus inscripciones) que sin embargo
había nacido por auspicios divinos:
el dios Nannar mismo hizo los arreglos para que el niño fuese concebido en el templo de Enlil en
Nippur mediante una unión entre Ur-Nammu y la alta sacerdotisa de Enlil, de modo que,
"‘un pequeño Enlil,’ un niño escogible para reinar y ser entronizado, será concebido.”
Esto era un anuncio para ser no desestimado. El mismo Ur-Nammu, como él dijo antes, era ‘dos
tercios’ divino, ya que su madre era una diosa. Aunque la diosa Alta Sacerdotisa madre de Shulgi
permanece innombrada, su mero estatus sugiere que ella, también, era de algún linaje divino,
porque era una hija de rey escogido para ser un EN.TU; y los reyes de Ur, comenzando por la primera
dinastía, podían ser rastreados hasta semidioses.
Que Nannar mismo produjera la unión a tener lugar en el templo de Enlil en Nippur fue también
significante; como fue establecido, fue bajo el reinado de Ur-Nammu la primera vez en que el
sacerdocio de Nippur fue combinado con el de otra ciudad, en este caso, con Ur.
Mucho de lo que estaba ocurriendo dentro y alrededor de Súmer en ese tiempo ha sido recogido de
‘Fórmulas de Fecha’—registros reales en los cuales cada año del reinado real era apuntado según el
evento principal de ese año. En el caso de Shulgi la mayoría se sabe, porque dejó tras de sí otros
cortos y largos registros, incluyendo poesía y canciones de amor.
Estos registros señalan que pronto apenas ascendió al trono, Shulgi—quizá esperanzado en impedir el
mal sino de su padre en el campo de batalla—puso marcha atrás en las políticas militares de su
padre.
Lanzó una expedición a las provincias exteriores, incluyendo las ‘tierras rebeldes,’ pero sus ‘armas
‘fueron el ofrecimiento de intercambio, paz, y sus hijas en matrimonio. Considerándose a si mismo
como sucesor de Gilgamesh, su ruta abarcó los dos destinos del afamado héroe: la Península de Sinaí
(donde se hallaba el puerto espacial) en el sur y el Sitio de Aterrizaje en el norte. Observando la
sacralidad de las Cuatro Regiones, Shulgi bordeó la península y pagó tributo a los dioses en sus
fronteras, en un sitio descrito como ‘Gran palacio fortificado de los dioses.’
Moviéndose en dirección noroeste del Mar Muerto, se detuvo para ofrendar en el ‘Sitio de los
Brillantes Oráculos’—el lugar que conocemos como Jerusalén—y construir ahí un altar al ‘dios que
juzga’ (usualmente, un epíteto de Shamash). En el ‘Palacio Cubierto de Nieve’ en el norte, erigió un
altar y ofreció sacrificios. Habiendo esto ‘tocado base’ [término del baseball] con los sitios al alcance
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
relacionados con el espacio, siguió el ‘Fértil Creciente’—la gran ruta empleada para el intercambio y
la migración este-oeste dictada por la geografía y las fuentes de agua—luego continuó hacia el sur en
el llano Tigris-Éufrates, de vuelta hacia el sur de Súmer.
Cuando Shulgi volvió a Ur, tenía muchas razones para pensar que había traído a los dioses y también a
la gente ‘Paz en esta hora’ (para emplear una moderna analogía). Le fue otorgado por los dioses el
título ‘Gran Sacerdote de Anu, Sacerdote de Nannar.’ Tuvo la amistad de Utu/Shamash, y le fue dada
especial atención de Inanna/Ishtar (haciendo alarde en sus canciones de amor que ella le brindaba su
vientre en el templo).
Pero mientras Shulgi iba de los asuntos de estado a los placeres personales, continuaba la inquietud
en las ‘tierras rebeldes.’
Sin preparación para la acción militar, Shulgi pidió tropas a sus aliados elamitas, ofreciendo a su rey
como recompensa una de sus hijas en matrimonio y la ciudad sumeria de Larsa como dote. Una
expedición militar muy importante, empleando esas tropas elamitas, fue lanzada contra las ‘ciudades
del pecado’ en el oeste; las tropas llegaron al Sitio Fortificado de los dioses en la frontera de la
Cuarta Región. Shulgi alardeó de victoria en sus inscripciones, pero de hecho, poco después, comenzó
a construir un muro fortificado para proteger a Súmer contra intrusiones foráneas desde el oeste y el
noroeste.
Las Fórmulas de Fecha la llamaron el Gran Muro Oeste, y los académicos creen que corría desde el
Éufrates hasta las riberas norte del Tigris donde está situada Bagdad hoy día, bloqueando a los
invasores el camino hacia la fértil planicie entre los dos ríos. Fue una medida defensiva que precedió
a la Gran Muralla China, que fue construida por razones similares, ¡por casi dos mil años!
En 2048 a.C. los dioses, liderados por Enlil, tuvieron bastante de los errores de estado de Shulgi y de
su personal dolce vita. Decidiendo que no había cumplido con ‘las divinas regulaciones,’ decretaron
para él ‘la muerte de un asesino.’ No sabemos qué clase de defunción era esa, pero es un hecho
histórico que fue reemplazado en el trono de Ur por su hermano Amar-Sin, de quién sabemos por las
inscripciones que lanzó una expedición militar tras otra—por una revuelta en el norte, para luchar
contra cinco reyes aliados en el oeste.
Como en mucho más, lo que estaba sucediendo tenía sus raíces atrás, a veces de retorno, a sucesos y
tiempos anteriores.
Las ‘tierras rebeldes,’ aunque en Asia y por tanto dominio en las tierras enlilitas de hijo de Noé, Sem,
estaban inhabitadas por variados ‘cananeos’—descendientes del bíblico Canaán quién, aunque
descendía de Ham (y entonces pertenecía a África), ocupaba una tira de las tierras de Sem (Génesis;
cap. 10). Que las ‘Tierras del Oeste’ a lo largo de la costa mediterránea fueron de alguna manera
territorio en disputa fue también indicado por antiguos textos egipcios en miras a la amarga pelea
entre Horus y Seth que terminó en batallas aéreas entre ellos sobre el Sinaí y las mismas tierras en
contención.
Es valioso apuntar que en sus expediciones militares para subyugar y castigar ‘tierras rebeldes’ del
oeste, tanto Ur-Nammu como Shulgi llegaron hasta la Península de Sinaí, pero se devolvieron de esa
Cuarta Región sin entrar en ella. El premio ahí era un lugar llamado TIL.MUN—el ‘Sitio de los
Misiles’—el lugar del puerto espacial postdiluviano para los Anunnaki.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Cuando terminaron las Guerras de las Pirámides, la sagrada Cuarta Región
fue confiada a las manos neutrales de Ninmah (quién fue entonces renombrada como NIN.HAR.SAG—‘Dama de las Cumbres de Montaña’), pero
el verdadero comando del puerto espacial fue dejado en manos de
Utu/Shamash (mostrado aquí con su uniforme alado, Fig. 29, comandando
el puerto espacial de los ‘Hombres Águilas,’ Fig. 30).
Ensag/Nabu.
Eso, sin embargo,
pareció
cambiar
cuando recrudeció la
lucha
por
la
supremacía.
Inexplicablemente,
varios textos sumerios
y ‘Listas de Dioses’
comenzaron a asociar
Tilmun con el hijo de
Marduk,
el
dios
Enki estuvo aparentemente involucrado en
eso, por un texto que trata del asunto entre Enki
y Ninharsag que señala que ambos decidieron
asignar el lugar al hijo de Marduk:
‘Dejemos que Ensag sea el señor de
Tilmun,’ dijeron.
Las fuentes antiguas indican que desde la seguridad de la región sagrada Nabu se aventuró en
tierras y ciudades a lo largo de la costa del Mediterráneo, incluso algunas islas mediterráneas,
propagando en todas partes el mensaje del advenimiento de la supremacía de Marduk.
Así él fue, el enigmático ‘Hijo del Hombre’ de las profecías egipcias y acadias—el Hijo Divino
que es además Hijo del Hombre, el hijo de un dios y de una hembra Terrestre.
Los enlilitas, comprensiblemente, no pudieron aceptar tal situación.
Y así fue que cuando Amar-Sin ascendió al trono de Ur después de Shulgi, el blanco y la
estrategia de las expediciones militares de Ur III se cambiaron para reafirmar el control enlilita sobre
Tilmun, para separar la sagrada región de las ‘tierras rebeldes,’ entrometiéndose para quitar esas
tierras de la influencia de Nabu y Marduk por la fuerza de las armas.
Comenzando el 2047 a.C., la sagrada Cuarta Región se convirtió en blanco y peón en la lucha
enlilita contra Nabu y Marduk; y como tanto los textos bíblicos como los mesopotámicos señalan, el
conflicto germinó la más grande internacional ‘guerra mundial’ de la antigüedad. Involucrando al
hebreo Abraham, esa ‘Guerra de los reyes’ lo colocó en el escenario central de los eventos
internacionales.
En 2048 a.C. la dinastía del fundador del monoteísmo, Abraham y el destino del dios anunnaki
Marduk convergieron en un sitio llamado Harán.
Harán—‘La Caravanera’—era un importante centro comercial desde los tiempos inmemoriales
en Hatti (la tierra de los hititas).
Estaba ubicada en el cruce de las principales rutas militares y de comercio internacionales.
Situada en el cabezal del Río Éufrates, era también un centro focal para el transporte fluvial todo el
camino corriente abajo hasta la misma Ur. Rodeado por fértiles praderas regadas por los tributarios
del río, el Balikh y el Khabur, era un centro de pastoreo.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Los famosos ‘Mercaderes de Ur’ venían aquí por lana de Harán, y a cambio distribuyeron desde
allí los afamados atuendos de lana de Ur. Siguió el comercio de metales, pieles, cuero, utensilios de
arcilla y especias. (El Profeta Ezequiel, que fue exiliado de Jerusalén al área de Khabur en tiempos
babilónicos, menciona a los ‘mercaderes de Harán en la elección de tejidos, capas bordadas de azul,
y muchas alfombras multi-colores.’)
Harán (la ciudad, de ese mismo nombre, aun existe en Turquía, cerca de la frontera Siria, y la
visité en 1997) fue también conocida en tiempos antiguos como ‘Ur apartada de Ur’; en su centro se
erguía un gran templo a Nannar/Sin. En 2095 a.C., el año en que Shulgi asumió el trono de Ur, un
sacerdote de nombre Terah fue enviado desde Ur a Harán para servir en ese templo. Se llevó su
familia, que incluía a su hijo Abram.
Sabemos acerca de Terah, su familia, y su traslado de Ur a Harán por la Biblia:
Estos, son los descendientes de Téraj:
Téraj engendró a Abram, a Najor y a Harán.
Harán engendró a Lot.
Harán murió en vida de su padre Téraj,
en su país natal, Ur de los caldeos.
Abram y Najor se casaron.
La mujer de Abram se llamaba Saray,
y la mujer de Najor, Milká, hija de Harán,
el padre de Milká y de Jiská.
Saray era estéril, sin hijos.
Téraj tomó a su hijo Abram,
a su nieto Lot, el hijo de Harán,
y a su nuera Saray, la mujer de su hijo Abram,
y salieron juntos de Ur de los caldeos,
para dirigirse a Canaán.
Llegados a Harán, se establecieron allí.
Génesis 11: 27–31
Es con estos versos que la Biblia hebrea comienza el crucial relato de Abraham—llamado al
comienzo por su nombre sumerio Abram. Su padre, dijimos antes, descendía de una línea patriarcal
que se remonta hasta Sem, el hijo mayor de Noé (el héroe del Diluvio); todos esos Patriarcas
disfrutaron de largas vidas—Sem hasta la edad de 600, su hijo Arpakhshad 438; y los varones
descendientes 433, 460, 239, y 230 años.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Nahor, el padre de Terah, vivió hasta los 148; y Terah mismo—que fue padre de Abram cuando
tenía setenta—vivió hasta la edad de 205. El capítulo 11 del Génesis explica que Arpakhshad y sus
descendientes vivieron en las tierras posteriormente conocidas como Súmer y Elam y sus alrededores.
Así que Abraham, como Abram, era de verdad sumerio.
Esta sola información genealógica indica que Abraham era de ancestros especiales. Su nombre
sumerio AB.RAM, significa ‘Amado del Padre,’ un nombre apropiado para un hijo nacido finalmente a
un padre de 70 años. El nombre del padre, Terah [Téraj], derivó del nombre-epíteto sumerio TIRHU;
designa a un Sacerdote Oráculo—un sacerdote que observaba los signos celestiales o recibía mensajes
de un dios, y los trasmitía o explicaba al rey.
El nombre de la mujer de Abram, SARAI (más tarde Sarah en hebreo), significa ‘Princesa’; el
nombre de la esposa de Nahor, Milkhah, significa ‘Como-reina’; ambos sugieren una genealogía de
realeza. Desde que más tarde fue revelado que la mujer de Abraham era su media-hermana—‘la hija
de mi padre pero no de mi madre,’ explicaba—se deriva que la madre de Sarai/Sarah era de
ascendencia real. La familia entonces pertenecía a los más elevados escalones de Súmer, combinando
antecesores tanto reales como sacerdotales.
Otra importante clave para identificar la historia familiar es la repetida auto referencia de
Abraham, cuando se encuentra con los gobernantes en Canaán y Egipto, señala ser in Ibri—un
‘hebreo.’
La palabra deriva de la raíz ABoR—venir a cruzar, cruce—de modo que ha sido asumido por los
académicos bíblicos que venía desde el otro lado del Éufrates, p. ej., desde Mesopotamia. Pero yo
creo que el término era más específico. El nombre empleado para el ‘Vaticano de Súmer,’ Nippur, es
la interpretación acadia del nombre sumerio original NI.IBRU, ‘Espléndido Lugar del Cruce.’
Abram, y sus descendientes que han sido llamados hebreos en la Biblia, pertenecía a una
familia que se auto-identificaban como ‘Ibru’—de Nippur. Eso sugeriría que Terah fue primero un
sacerdote en Nippur, después se mudó a Ur, y finalmente a Harán, llevando consigo a la familia.
Al sincronizar las cronologías bíblicas, sumerias y egipcias (como se detalla en ‘Las Guerras de
Dioses y Hombres’27), hemos llegado al año 2123 a.C. como la fecha del nacimiento de Abraham.
27 .-http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/guerradioses/guerradioses.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
La decisión de los dioses de convertir a Ur el centro de culto de Nannar/Sin en la capital de
Súmer y entronizar a Ur-Nammu tuvo lugar en 2113 a.C. Poco después de eso, los sacerdocios de
Nippur y Ur fueron combinados por vez primera; es muy posible que haya sido entonces cuando el
sacerdote nippuriano Tirhu se mudara con su familia, incluyendo al niño de 10 años Abram, para
servir en el templo de Nannar en Ur.
En 2095 a.C., cuando Abraham tenía 28 y ya casado, Terah fue transferido a Harán, llevando
con él la familia. No pudo ser sólo coincidencia que fuera el mismo tiempo en el que Shulgi sucediera
a Ur-Nammu.
El escenario emergente es que los movimientos de esta familia estaban de alguna manera
ligados a los sucesos geopolíticos del momento.
Sin duda, cuando Abraham mismo fue escogido para cumplir órdenes divinas y dejar Harán y
moverse hasta Canaán, el gran dios Marduk dio el paso crucial de moverse a Harán.
Fue en 2048 cuando ocurrió el par de movidas:
Marduk a una estadía en Harán
Abraham dejando Harán por la lejana Canaán
Sabemos por el Génesis que Abram tenía 75 años, y fue en 2048 cuando dios le dijo,
“Vete de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre—deja atrás Súmer, Nippur, y
Harán—y ve a la tierra que yo te mostraré.”
Como con Marduk, un largo texto conocido
como las Profecías de Marduk que dirigió a la
gente de Harán (tablilla de arcilla, Fig. 31)
aporta la clave que confirma el hecho y la fecha
de su mudanza a Harán: 2048 a.C. No hay forma
que ambos movimientos no estén sincronizados.
Pero el 2048 a.C. fue además el mismo año
en que los dioses enlilitas decidieron acabar con
Shulgi, ordenando para él ‘la muerte de un
asesino’—una movida que señaló el fin de
‘intentemos por medios pacíficos’ y una vuelta al
conflicto agresivo; y no hay forma que esto
además, sea sólo una coincidencia.
No, los tres movimientos
Marduk a Harán
Abram abandonando Harán por Canaán
la remoción del decadente Shulgi,
...tuvieron que estar interconectados: tres
movidas simultáneas e interrelacionadas en el
Ajedrez Divino.
Fueron, como veremos, pasos en la cuenta regresiva al Día del Juicio Final.
Los siguientes 24 años—desde el 2048 al 2024 a.C.—fueron un tiempo de fervor y conmoción
religioso, de diplomacia e intriga internacional, de alianzas militares y choques armados, de una
lucha por la superioridad estratégica. El puerto espacial en la Península de Sinaí, y los otros sitios
espaciales, estuvieron constantemente en el corazón de los eventos.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
'The Marduk Prophecy'
(partial)
Extracted from
"Fictional Akkadian
Autobiography"(a)
by Tremper Longman
(a).-
http://www.amazon.com/Fictional-
Akkadian-Autobiography-GenericComparative/dp/0931464412/ref=sr_1_1?
ie=UTF8&s=books&qid=1227993183&sr=8-1
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Sorprendentemente, varios registros escritos de la antigüedad han sobrevivido, proveyéndonos
no sólo de un delineamiento de sucesos sino con gran detalle acerca de las batallas, las estrategias,
las discusiones, los argumentos, los participantes y sus acciones, y las cruciales decisiones que
resultaron en la más profunda conmoción en la Tierra desde el Diluvio.
Señalado por las ‘Fórmulas de Fechas’ y otras varias referencias, las principales fuentes para
reconstruir esos dramáticos acontecimientos están los relevantes capítulos del:
Génesis
la autobiografía de Marduk, conocida como las Profecías de Marduk
un grupo de tablillas de la ‘Colección Spartoli’ en el Museo Británico conocido como ‘Los
Textos de Kedorla Omer’
un extenso texto histórico/autobiográfico dictado por el dios Nergal a un escriba confiable,
un texto conocido como el Erra Epos28.
Como en una película—por lo general un thriller de crimen—en el cual varios testigos y
protagonistas describen el mismo hecho no exactamente de la misma manera, pero del cual surge la
verdadera historia, de modo que podemos lograr el mismo resultado en este caso.
La jugada principal del ajedrez de Marduk en 2048 a.C., fue situar su puesto de comando en
Harán. Para eso sacó de Nannar/Sin este vital cruce de caminos del norte y fustigó a Súmer desde las
tierras norteñas de los hititas. Además de la importancia militar, la movida deprivó a Súmer de sus
vitales nudos comerciales. La medida también dio capacidad a Nabu ‘para vigilar sus ciudades, hacia
el Gran Mar establecer sus medidas.
Los sitios mencionados en esos textos sugieren que las principales ciudades al oeste del
Éufrates estaban bajo el completo o parcial control del equipo padre-hijo, incluyendo el todoimportante Sitio de Aterrizaje.
Fue a las partes más pobladas de las Tierras del Oeste—Canaán—a donde se le ordenó ir a
Abram/Abraham. Abandonó Harán, llevando a su mujer y su sobrino Lot con él.
Iba viajando con rapidez hacia el suroeste, deteniéndose sólo para rendir culto a su Dios en
sitios sagrados seleccionados. Su destino era el Negev, la región seca que bordea la Península de
Sinaí.
No se mantuvo ahí por mucho. Tan pronto
como el sucesor de Shulgi, Amar-Sin, fue
entronizado en Ur el 2047 a.C., Abram recibió
instrucciones de ir a Egipto. De inmediato fue
llevado a reunirse con el faraón reinante, y fue
provisto con ‘ovejas y bueyes y asnos, y guardias
y mujeres para servir, y mulas y camellos.’ La
Biblia nada dice de las razones para este regio
tratamiento, excepto la insinuación que el
faraón, habiéndole sido dicho que Sarai era
hermana de Abram, asumió que le estaba siendo
ofrecida en matrimonio—un paso que insinúa que
un tratado estaba en discusión.
Que tales negociaciones internacionales
estaban ocurriendo entre Abram y el rey egipcio
parece plausible cuando se toma en cuenta que
el año cuando Abram volvió al Negev después de siete años en Egipto—2040 a.C.—fue el mismo en
que el príncipe tebano del Alto Egipto derrotó a la dinastía anterior de Bajo Egipto, iniciando el Reino
Medio de Egipto unificado.
28 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/erra_epic.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
¡Otra coincidencia geopolítica!
Abram, ahora reforzado con hombres armados y camellos, volvió al Negev justo a tiempo, su
misión ahora estaba clara: defender la Cuarta Región con su puerto espacial. Como revelan las
narraciones bíblicas, ahora disponía de una fuerza de élite de Ne’arim—término generalmente
traducido ‘Jóvenes’—pero los textos mesopotámicos emplean la palabra paralela LU.NAR (‘Hombres
NAR) para denotar la caballería armada.
Mi sugerencia es que Abraham, habiendo aprendido tácticas en Harán
de los excelentes militares hititas, obtuvo en Egipto la fuerza de choque
de una rápida caballería de camellos. Su base en Canaán fue una vez más,
el Negev, el área que bordea la Península de Sinaí.
Lo hizo al filo del tiempo, porque un poderoso ejército—legiones de
una alianza de reyes enlilitas—estaba en camino no sólo para aplastar y
castigar a las ‘ciudades de pecado’ que cambiaron su filiación a ‘otros dioses,’ sino además para
capturar el puerto espacial.
Los textos sumerios que tratan del reino de Amar-Sin, hijo y sucesor de Shulgi, nos informan
que en 2014 a.C. lanzó su más grande (y última) expedición militar contra las Tierras del Oeste que
habían caído bajo el llamado de Marduk-Nabu.
Implicó una invasión de un alcance sin paralelo para una alianza internacional, en la cual no
solo las ciudades de los hombres sino además los fuertes de los dioses y sus descendencias fueron
atacados.
Fue, sin duda, tal gran y sin paralelo suceso al que la Biblia otorga un completo y largo
capítulo—Génesis; cap. 14. Los académicos bíblicos lo llaman ‘La Guerra de los Reyes,’ por su clímax
en una gran batalla entre un ejército de cuatro ‘Reyes del Este’ y las fuerzas combinadas de cinco
‘Reyes del Oeste,’ y culmina con una hazaña militarmente memorable de la veloz caballería de
Abraham.
La Biblia comienza su informe de esa gran guerra internacional listando los reyes y reinos del
Este que ‘vinieron e hicieron guerra’ en el Oeste:
Y ocurrió
en los tiempos de Amrafel rey de Shine’ar,
Ariokh rey de Ellasar,
Kedorla’omer rey de Elam,
y Tidhal el rey de Goyim.
El grupo de tablillas llamado los Textos de Kedorla’omer fue primeramente traído a la atención
académica por el asiriologista Theophilus Pinches en una lectura en el Instituto Victoria, Londres, en
1897. Describen claramente los mismos hechos que son la gran guerra internacional del Génesis, cap.
14, aunque mucho más detallado; es muy posible, en verdad, que esas tablillas sirvieran como la
fuente para los escritores bíblicos.
Esas tablillas identifican a ‘Kedorla omer rey de Elam’ como el rey elamita Khudur-Laghamar,
un conocido de los registros históricos. ‘Arokh’ ha sido identificado como ERI.AKU (‘Sirviente de la
diosa Luna’), quién reinó en la ciudad de Larsa (‘Eleasar’ Bíblico); y Tidhal fue identificada como TudGhula, vasallo del rey de Elam.
Durante años ha habido un debate en torno a la identidad de ‘Amraphel rey de Shin’ar’; todas
las sugerencias apuntan hacia Hamurabi, un rey babilonio de siglos posteriores.
Shin’ar fue siempre el nombre bíblico para Súmer, no Babilonia, de modo que, ¿quién en
tiempos de Abraham, era su rey? He sugerido convincentemente en Las Guerras de los Dioses y los
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Hombres que en hebreo no debería leerse Amra-Phel sino Amar-Phel, del sumerio AMAR.PAL—una
variante de AMAR.SIN—y que las ‘Fórmulas de Fecha’ testimonian que sin duda fue el 2041 a.C. el año
que inició la Guerra de los Reyes.
Esa coalición totalmente identificada, en concordancia con la Biblia, era liderada por los
Elamitas—un detalle corroborado por datos mesopotámicos que resaltan el recordado rol conductor
de Ninurta en la lucha. La Biblia además adhiere la fecha al señalar que tuvo lugar catorce años
después en una incursión previa de los elamitas en Canaán—otro detalle que concuerda con los demás
del tiempo de Shulgi.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
La ruta de invasión esta vez fue, sin embargo, diferente: acortando la distancia desde
Babilonia por un arriesgado pasaje a través de una extensión desértica, los invasores esquivaron las
densamente pobladas costas del Mediterráneo marchando por la ribera este del Jordán. La Biblia da
una lista de los sitios donde tuvieron lugar aquellas batallas, y a quienes combatieron las fuerzas
enlilitas ahí; la información indica que hubo un intento de saldar cuentas con viejos adversarios—
descendientes del intermatrimonio de los Igigi, incluso Zu el Usurpador—que evidentemente
apoyaban los levantamientos contra los enlilitas.
Pero no se perdió de vista el principal objetivo: el puerto espacial. Las fuerzas invasoras
siguieron lo que se ha conocido desde los tiempos bíblicos como el Camino del Rey, corriendo de
norte a sur en la ribera este de Jordán.
Pero cuando giraron hacia el oeste por la salida de la Península de Sinaí, encontraron una
fuerza que los bloqueaba: Abraham y su caballería (Fig. 32).
En referencia a la salida de la Península, la ciudad Dur-Mah-Ilani (‘gran fortaleza de los dioses’)
—la Biblia la llama Kadesh-Barnea—los Textos Kedorla’omer claramente declaran que el camino
estaba bloqueado ahí:
El hijo del sacerdote,
a quién los dioses en su válido consejo han ungido,
el estropicio ha prevenido.
‘El hijo del sacerdote, ungido por los dioses’ Sugiero, era Abraham el hijo del Sacerdote
Terah.
Una tablilla de Cálculo de Fechas de Amar-Sin, inscrita por ambos lados (Fig. 33), alardea de
destruir NE.IB.RU.UM. El sitio de Pastoreo de Ibru’um. De hecho no hubo batalla alguna en la salida
hacia el puerto espacial; la mera presencia de la fuerza de choque de la caballería de Abram
convenció a los invasores a virar—hacia objetivos más ricos y lucrativos.
Pero si la referencia es ciertamente a Abram, por nombre, ofrece una vez más una
extraordinaria corroboración extra-bíblica de la lista de Patriarcas, sin importar quién clamó victoria.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Impedido de penetrar la Península de Sinaí, el Ejército del Este viró hacia el norte.
El Mar Muerto era más corto entonces; su actual apéndice sur no se había sumergido aun, y era
entonces una fértil planicie con granjas, huertos, y centros comerciales. Los asentamientos ahí
incluían cinco ciudades, entre las cuales se hallan las infamadas Sodoma y Gomorra.
Al girar hacia el norte, los invasores ahora enfrentaron las fuerzas combinadas de lo que la
Biblia llama ‘cinco ciudades del pecado.’ Fue allí, dice la Biblia, que los cuatro reyes pelearon y
vencieron a los cinco reyes. Después de saquear y tomar cautivos, los invasores se fueron de vuelta,
esta vez por el lado oeste del Jordán.
El foco bíblico sobre esas batallas pudo haber finalizado con esa vuelta atrás a no ser por el
hecho que Lot el sobrino de Abram, que residía en Gomorra, estaba entre los cautivos.
Cuando un refugiado de Sodoma le contó a Abram lo que había sucedido,
‘él armó a sus entrenados caballeros, trescientos ochenta de ellos, y les dieron caza.’
Su caballería se enfrentó con los invasores a todo lo largo hacia el norte, cerca de Damasco
(ver Fig. 32), donde Lot fue liberado y recuperado el botín. La Biblia registra la hazaña como,
‘el golpe que asestó Abraham a Khedorla’omer y los reyes que fueron con él.’
Las inscripciones históricas aluden que a pesar de ser tan atrevida y remota la Guerra de los
Reyes, fracasó en suprimir el surgimiento de Marduk-Sabu. Amar-Sin, sabemos, murió en 2039 a.C.—
no cayó por lanza enemiga sino por una picada de escorpión.
Fue reemplazado en 2038 a.C. por su hermano Shu-Sin. Los datos de sus nueve años de reinado
registran dos incursiones militares hacia el norte pero ninguna hacia el oeste; hablaban mayormente
de sus medidas defensivas. Él contaba principalmente con nuevas secciones construidas del Muro del
Oeste contra los ataques amoritas. Las defensas, sin embargo, eran movidas cada vez más cerca del
corazón de Súmer, y se encogió el territorio controlado desde Ur.
Para el tiempo de la siguiente (y última) dinastía de Ur III, Ibbi-Sin, ascendido al trono, tiene
invasores desde el oeste que han roto el muro defensivo y estaban chocando con las ‘Legiones
Extranjeras’ de Ur, tropas elamitas, en territorio sumerio. Nabu estuvo dirigiendo y apurando a los
occidentales hacia el preciado blanco.
Su padre divino, Marduk mismo, esperaba en Harán para recapturar Babilonia.
Los grandes dioses, llamados a un concilio de emergencia, aprobaron entonces medidas
extraordinarias que cambiaron el futuro para siempre.
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6 - LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ
El miedo que las profecías del Armagedón se hagan realidad subyace en el desencadenamiento
de ‘armas de destrucción masiva’ en el Oriente Medio. El hecho triste es que un conflicto creciente—
entre dioses, no hombres—condujo al empleo de armas nucleares, justo ahí, hace cuatro mil años. Y
si alguna vez hubo un hecho lamentable y con las consecuencias más inesperadas, fue aquel.
Que las bombas nucleares han sido empleadas en la Tierra por primera vez no en 1945 d.C. sino
en 2024 a.C. es un hecho, no ficción. El funesto suceso está descrito en una variedad de textos
antiguos de donde el Qué y Cómo, el Por qué y Quienes puede ser interpretado, reconstruido y
puesto en contexto. Esas fuentes antiguas incluyen la Biblia hebrea, porque el primer patriarca
hebreo, Abraham, fue testigo de la terrible calamidad.
El fracaso de la Guerra de los Reyes para subyugar las ‘tierras rebeldes’ por supuesto desalentó
a los enlilitas y envalentonó a los mardukitas, pero los sucesos hicieron más que eso. Por
instrucciones de Enlil, Ninurta se ocupó de fundar una estación espacial alternativa al otro lado del
mundo—lo que hoy es Perú en Sudamérica. Los textos indican que el mismo Enlil estuvo ausente de
Súmer por largos períodos. Estos traslados divinos causaron que los dos últimos reyes de Súmer, ShuSin y Ibbi-Sin, se cambiaran de bando y comenzaran a rendir tributo a Enki en su centro sumerio,
Eridu. Las divinidades ausentes también perdieron control sobre la ‘Legión Extranjera’ de elamitas.
Dioses y hombres progresaron en su disgusto con todo eso.
Especialmente furioso estaba Marduk, a quién le contaban de saqueos, destrucciones, y
profanaciones en su querida Babilonia.
Como se recordará, que la última vez que estuvo allí fue persuadido por su medio-hermano
Nergal a mantenerse pacífico hasta que el Tiempo Celestial llegara a la Era del Carnero. Así lo hizo,
habiendo recibido de Nergal la solemne palabra que nada sería disturbado o desacrado en Babilonia,
pero ocurría lo contrario. Marduk estaba airado por el reporte de la desacración de su templo allá
por los indignos elamitas:
“El templo de Babilonia lo han convertido en guarida de manada de perros; cuervos
volando, fuertes gritos, las fecas dejadas caer.”
Desde Harán él gritó a los grandes dioses:
"¡¿Hasta cuándo?!"
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
No había llegado aun su tiempo, preguntó en su autobiografía profética:
O grandes dioses, conozcan mis secretos
mientras ciño mi faja, mis memorias recuerdo.
Soy el divino Marduk, un gran dios.
Por mis pecados fui expulsado,
he ido a las montañas.
En muchas tierras he sido un vagabundo.
Desde donde el sol se eleva hasta donde se pone fui.
De las tierras altas de Hatti vengo.
Allí le pregunté a un oráculo;
allá pregunté: “¿Hasta cuándo?”
“Veinticuatro años anide en medio de Harán,” continúa Marduk; “¡Mis días se han
completado!”
Ha llegado el momento, dijo, de establecer su rumbo a
mi ciudad (Babilonia), “mi templo será reconstruido, para
establecer mi morada eterna.”
Derrochando visión habla de ver su templo E.SAG.ILA
(‘Templo cuya cabeza es muy elevada.’) levantándose como
una montaña en una plataforma en Babilonia, llamada ‘La casa de mi pacto.’ Visualizó a Babilonia
como establecida y de reconocido prestigio, para siempre, con un rey de su elección instalado ahí,
una ciudad llena de alegría, una ciudad bendecida por Anu.
Los tiempos mesiánicos, predijo Marduk,
“echarán fuera la maldad y la mala suerte, y le traerán amor maternal a la
humanidad.”
El año 2024 a.C. en el cual completó una estadía de veinticuatro años en Harán señaló setenta
y dos años desde que Marduk accediera a irse de Babilonia y esperar el anunciado tiempo celeste.
El llamamiento ¿Hasta cuándo? A los Grandes Dioses no fue algo vano, porque el liderato de los
Anunnakis estaba constantemente en consulta, de manera informal y también en consejos formales.
Alarmando por la empeorante situación, Enlil retornó a Súmer con rapidez, y recibió un shock
al ser enterado que las cosas en Nippur misma estaban siendo peores. Ninurta fue convocado para
explicar la mala conducta de los elamitas, pero Ninurta culpó de todo a Marduk y Nabu. Nabu fue
convocado, y ‘Delante los dioses el padre y el hijo vinieron.'
Su principal acusador fue Utu/Shamash, quién, describiendo la nefasta situación, dijo: “todo
esto Nabu ha causado que suceda.” Hablando por su padre, Nabu culpo a Ninurta, y revivió las Viejas
acusaciones contra Nergal en referencia a la desaparición de los instrumentos de monitoreo
prediluviales y la incapacidad para prevenir los sacrilegios en Babilonia; se enzarzó en un ruidoso
combate verbal con Nergal, y ‘mostrando irrespeto… a Enlil malamente habló’:
‘No hay justicia, la destrucción fue concebida, Enlil contra Babilonia causó que la
maldad sea planeada.’
Era una acusación-no-escuchada contra el Señor del Comando.
Enki habló entonces, pero fue en defensa de su hijo, no de Enlil. ¿De qué están Marduk y Nabu
realmente acusados? Preguntó. Su molestia estaba principalmente enfocada en su hijo Nergal: “¿Por
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qué continúas la oposición?” le preguntó. Los dos discutieron tanto que al final Enki le gritó a Nergal
que saliera de su presencia.
El concilio de los dioses se disolvió en desorden. Pero todos estos debates, acusaciones, y
contraacusaciones estaban teniendo lugar a pesar del sabido y progresivo hecho—lo que Marduk se
refería como el Oráculo Celestial; con el paso del tiempo—con el crucial cambio del reloj precesional
de un grado—la Era del Toro, el signo zodiacal de Enlil, estaba llegando al final, y la Era del Carnero,
la Era de Marduk, estaba clareando en los cielos.
Ninurta pudo verlo venir en su templo de Eninnu en Lagash (construido por Gudea);
Ningishzidda/Toth podía confirmarlo en todos los círculos de piedra que había erigido por doquier en
la Tierra; y la gente lo sabía, también.
Fue entonces que Nergal—vilipendiado por Marduk y Nabu, expulsado por su padre Enki
—“consultando consigo mismo,” tramó la idea de recurrir a las ‘Armas Impresionantes.’
No sabía donde estaban escondidas, pero sabía que existían en la Tierra, guardadas en un lugar
secreto bajo tierra (de acuerdo a un texto catalogado como CT-xvi, líneas 44-46, algún sitio en
África, en el dominio de su hermano Gibil):
Esas siete, en las montañas que acataron
en una cavidad en la tierra yacen.
Basados en nuestro actual nivel tecnológico, pueden ser descritas como siete aparatos
nucleares:
“Vestidos con terror, con un resplandor volaron raudos.”
Fueron traídas sin intenciones desde Nibiru y habían sido escondidas lejos en un lugar seguro
hacía mucho tiempo; Enki sabía donde, pero también Enlil. Un Consejo de Guerra de los dioses,
desautorizando a Enki, votó a favor de la sugerencia de Nergal de proporcionar a Marduk un golpe de
castigo.
Había constante comunicación con Anu:
“Anu a Tierra las palabras ha hablado, la Tierra a Anu las palabras pronunció.”
Él dejó en claro que su aprobación para el paso sin precedentes estaba limitado a privar a
Marduk del puerto espacial, pero que ni dioses u hombres debían resultar dañados:
“Anu, señor de señores, tuvo piedad de la Tierra,” señalan los antiguos registros.
Nergal y Ninurta fueron escogidos para realizar la misión, y se les dejó absolutamente en claro
las limitaciones y condiciones del escenario.
Pero eso no fue lo que ocurrió: La “Ley de Consecuencias Imprevistas” se probó a si misma a
escala catastrófica.
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En las secuelas de la calamidad que resultaron en
la muerte de incontable gente y la desolación de Súmer,
Nergal le dictó a un escriba confiable su propia versión
de los hechos, tratando de exonerarse. El extenso texto
es conocido como Erra Epos, por referirse a Nergal con
el epíteto Erra (‘El Aniquilador’) y a Ninurta como Ishum
(‘El Abrasador’). Podemos tener la historia completa al
añadir a este texto información de algunas otras fuentes
sumerias, acadias, y bíblicas.
Así encontramos que apenas se tomó la decisión
Nergal se apuró en ir al dominio africano de Gibil para
buscar y recuperar las armas, sin esperar por Ninurta.
Para su consternación Ninurta supo que Nergal estaba haciendo caso omiso de los límites del
objetivo, e iba a emplear las armas sin discriminación alguna para ajustar cuentas personales:
“Aniquilaré al hijo, y dejaré que el padre lo entierre; entonces matará al padre, y no
dejaré que alguien lo sepulte,” había alardeado Nergal.
Mientras discutían, supieron que Nabu no se estaba quedando quieto:
“De su templo de donde vigila las ciudades acomodó sus pasos, hacia el Gran Mar dirigió
su curso; se había enterado que en el Gran Mar se había instalado un trono que era el
de él.”
¡Nabu no sólo estaba convirtiendo las ciudades del oeste, sino haciéndose del poder en las islas
del Mediterráneo, y poniéndose a si mismo como su regente! Nergal/Erra arguyó entonces que
destruir el puerto espacial no era suficiente; ¡Nabu, y las ciudades que se le habían reunido, también
necesitaban ser castigadas, destruidas!
Ahora, con dos objetivos, el equipo Nergal-Ninurta vio otro problema: ¿El revuelo del puerto
espacial no sonaría la alarma para Nabu y sus ciudades del pecado para escapar?
Volviendo a estudiar sus blancos, encontraron la solución separándose: Ninurta atacaría el
puerto espacial; Nergal atacaría las vecinas ‘ciudades del pecado,’ Pero mientras todo esto se
acordaba, Ninurta tenia segundos pensamientos; insistía que no sólo los Anunnaki que trabajaban en
las instalaciones espaciales debían ser advertidos, sino también ciertas personas debían ser avisados:
“Valiente Erra,” le dijo a Nergal, "¿vas a destruir al correcto junto a los incorrectos?
¿Destruirás aquellos que no han pecado con aquellos que sí lo han hecho?"
Nergal/Erra, dicen los antiguos relatos, fue persuadido:
“Las palabras de Ishum fueron para Erra como aceite fino”
Y así, una mañana, ambos, compartiendo los siete explosivos nucleares entre ellos, partieron
en su Misión definitiva:
Entonces el héroe Erra fue adelante,
recordando las palabras de Ishum.
También Ishum fue adelante
de acuerdo con la palabra dada,
el corazón apretado.
Los textos disponibles incluso nos cuentan quién se dirigió a cuál blanco:
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“Ishum al Más Supremo Monte dirigió su rumbo” (por le Epopeya de Gilgamesh29 ahora
sabemos que el puerto espacial estaba al lado de esta montaña).
“Ishum levantó su mano: el Monte fue hecho trizas… Lo que servía para despegar hacia
Anu fue marchitado, su cara fue llevada lejos, su sitio desolado.”
Con una explosión nuclear, el puerto espacial y sus instalaciones fueron obliterados por la
mano de Ninurta.
Los relatos antiguos después describen lo que Nergal hizo:
“Emulando a Ishum, Erra siguió el Camino del Rey, con las ciudades acabó, a la
desolación las llevó”
Sus objetivos fueron las ‘ciudades del pecado’ cuyos reyes habían formado la alianza contra los
Reyes del Este, en la planicie al sur del Mar Muerto.
Y así fue que el año 2024 a.C. fueron desatadas armas nucleares en la Península de Sinaí y
en la Llanura del Mar Muerto; y el puerto espacial y las cinco ciudades ya no existieron más.
Sur de la península de Sinaí – La tierra parece carbonizada
Sorprendentemente, aun sin saber si Abraham y su misión en Canaán se comprende de la
manera que la explicamos, es en este hecho apocalíptico que la Biblia y los textos mesopotámicos
convergen.
Sabemos por los relatos mesopotámicos que relatan los hechos que, como fue requerido, los
anunakis del puerto espacial fueron advertidos:
“Los dos [Nergal y Ninurta], incitados a cometer la maldad, hicieron que la guardia se
apartara; los dioses del lugar lo abandonaron—sus protectores subieron a las alturas del
cielo.”
Pero mientras los textos mesopotámicos reiteran que “los dos hicieron huir a los dioses, los
hicieron huir del fuego abrasador,” son ambiguos en cuanto a señalar si la noticia de advertencia se
extendió además a la gente de las ciudades condenadas. Es aquí donde la Biblia aporta detalles
perdidos: leemos en el Génesis que ambos, Abraham y si sobrino Lot fueron ciertamente avisados—
pero no los demás residentes de las ‘ciudades de pecado.'
29 .- http://www.bibliotecapleyades.net/serpents_dragons/gilgamesh.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Esculturas “atómicas” en el Sinaí
El documento bíblico, aparte de arrojar luz sobre los ‘trastornantes’ aspectos de los hechos,
contiene detalles que derraman sorprendentes luces sobre los dioses en general y sobre sus
relaciones con Abraham en particular. La historia comienza en el capítulo 18 del Génesis cuando
Abraham, ahora de 98 años, sentado a la entrada de su tienda de un caliente mediodía, ‘levantó sus
ojos’ y de pronto en una visión repentina ‘tres hombres estaban de pie frente a él.’
Aunque son descritos como Anashin, ‘hombres,’ había algo diferente o inusual en ellos, por el
apuro en salir a recibirlos y postrarse ante ellos, y—refiriéndose a si mismo como su sirviente—se les
lavaron los pies y se les ofreció alimento. Como se desprende, los tres eran seres divinos.
Cuando se iban, su líder—ahora identificado como el Señor Dios—decide revelarle a Abraham la
misión del trío: determinar si Sodoma y Gomorra son en realidad ciudades de pecado que justifique
su destrucción.
Mientras dos de los tres continúan hacia Sodoma, Abraham se acerca y reprocha (!) a Dios con
palabras idénticas a las del texto mesopotámico:
¿Habrás de destruir al honesto junto con el deshonesto?
(Génesis 18: 23)
Lo que sigue fue una increíble sesión de regateo entre Hombre y Dios.
“¿Aunque hayan cincuenta personas rectas en la ciudad—la destruirás, y no salvarás la
ciudad en consideración a los cincuenta justos en ella?”
Abraham le preguntó a Dios. Dicho esto, bueno, la ciudad se salvaría si se hallan en ella
cincuenta justos, dijo Abraham, ¿y qué hay de cuarenta? ¿Con que sean sólo treinta?
Y así fue hasta llegar a diez…
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“Y Yahweh30 se fue apenas terminaron de conversar y Abraham volvió a su sitio.”
Rocas semi-fundidas azul cobalto -Península del Sinaí
Los otros dos seres divinos—la continuación del relato en el capítulo 19 los llama Mal’achim,
que significa literalmente ‘emisarios’, pero que comúnmente se traduce por ‘ángeles’—llegaron a
Sodoma al atardecer. Ahí los acontecimientos corroboraron la maldad de la gente, y al amanecer
ambos urgieron a Lot el sobrino de Abraham a escapar con familia, ‘porque Yahveh va a destruir la
ciudad.’
La insistente familia pidió más tiempo, y uno de los ‘ángeles’ estuvo de acuerdo en diferir la
explosión lo suficiente para que Lot y su familia alcanzara a estar a salvo en la montaña.
“Y Abraham se levantó temprano en la mañana… y miró hacia Sodoma y Gomorra y
hacia la tierra de la llanura, miró, y he aquí que subía una humareda de la tierra cual
la de una fogata.”
Abraham tenía 98 años; habiendo nacido en 2123 a.C., la fecha tenía que ser 2024 a.C.
La convergencia de los texto mesopotámicos con la narración bíblica del Génesis relativa a la
destrucción de Sodoma y Gomorra es una de las corroboraciones más significantes de la veracidad
bíblica en general y del estatus de Abraham en particular—aunque uno de los más rechazados por los
teólogos y otros académicos, porque su reporte de los hechos del día anterior, los tres seres divinos
(‘Ángeles’ que parecían hombres), visitaron a Abraham—tiene mucho sabor al cuento de los ‘Antiguos
Astronautas.31’
30 .- http://www.bibliotecapleyades.net/biblianazar/esp_biblianazar_jehovah.htm
31 .- http://www.bibliotecapleyades.net/vida_alien/alien_AAtheory.htm
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Aquellos que cuestionan la Biblia o tratan a los relatos mesopotámicos como sólo mitos han
buscado explicar la destrucción de Sodoma y Gomorra como una calamidad natural, aunque la
versión bíblica confirma dos veces que la destrucción por ‘fuego y azufre’ no fue una calamidad
natural sino un suceso premeditado, posponible e incluso cancelable: una vez cuando Abraham
regatea con El Señor para salvar las ciudades para así no destruir al justo con el malvado, y de nuevo
cuando su sobrino Lot consigue una postergación de la conmoción.
Las fotografías de la Península de Sinaí desde el espacio (Fig. 34) aún muestran la inmensa
cavidad y la rotura de la superficie donde tuvo lugar la explosión nuclear. Hasta hoy, el área misma
está sembrada de rocas aplastadas, quemadas y ennegrecidas (Fig. 35); contienen un inusual
contenido del isótopo uranio-235, indicando según opiniones expertas la exposición a un súbito calor
inmenso de origen nuclear.
Fig.34
La destrucción de las ciudades en el llano del Mar Muerto hizo colapsar la costa sur de l mar,
derivando en una inundación del alguna vez fértil área y su apariencia, hasta hoy, es un apéndice
separado del mar por una barrera llamada “El-Lissan” (‘La Lengua’) (Fig. 36).
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fig. 36
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Rocas y piedras “calcinadas” y quemadas en el sur de la Península del Sinaí
Los intentos arqueológicos israelitas para explorar ahí el lecho marino han revelado la
existencia de enigmáticas ruinas submarinas, pero el Reino Hasemita de Jordán, en cuya mitad del
Mar Muerto están las ruinas, puso un alto a investigaciones más profundas. Interesantemente, los
relevantes textos mesopotámicos confirman el cambio topográfico e incluso sugieren que el mar se
convirtió en Mar Muerto como resultado del bombardeo nuclear:
Erra, dicen, ‘cavó el mar, dividió su totalidad; lo que vivía ahí, aun los cocodrilos, lo
hizo marchitarse.’
Los dos, a medida que se vio, hicieron más que destruir el puerto espacial y las ciudades de pecado:
como resultado de las explosiones nucleares32,
Una tormenta, el Viento Maldito,
se levantó en los cielos.
Y comenzó la cadena de consecuencias imprevistas.
Los documentos históricos muestran que la civilización sumeria colapsó en el sexto año del
reinado en Ur de Ibbi-Sin—en 2024 a.C. Fue, como recordará el lector, el mismo año en que Abraham
tenía 98 años… Los académicos supusieron primero que la capital de Súmer, Ur, fue irrumpida por
‘invasores bárbaros’; pero no ha sido hallada evidencia de tal destrucción masiva.
Un texto titulado ‘Una Lamentación Por la Destrucción de Ur - A Lamentation Over the
Destruction of Ur33’ fue descubierto después; confundió a los académicos, porque no se lamentaba de
la destrucción física de Ur sino de su ‘abandono’: los dioses que ahí habían morado la abandonaron,
la gente que oraba ahí se fue, sus establos estaban vacíos; los templos, las casas, los rediles
permanecían intactos de pie, pero vacíos.
Se descubrieron después otros textos de lamentos34. Se dolían no sólo por Ur, sino por todo
Súmer. De nuevo hablaban de ‘abandono’: no sólo los dioses de Ur, Mammar, y Ningal abandonaron
Ur; Enlil, ‘el toro salvaje’, abandonó su amado templo en Nippur; su esposa Ninlil también se fue.
Ninmah abandonó su ciudad Kesh; Inanna, ‘la reina de Erech,’ abandonó Erech; Ninurta dejó su
templo Enninu; su esposa Bau también se fue de Lagash. Una ciudad sumeria tras otra están listadas
como ‘abandonadas’, sin sus dioses, gente, o animales. Los académicos quedaron ahora confusos por
alguna ‘catástrofe grave,’ una misteriosa calamidad que afectó a todo Súmer. ¿Qué pudo ser?
32 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_ancient_atomic.htm
33 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/lament_ur.htm
34 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/lamentation_texts.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
La respuesta a tal enigma estaba clara en aquellos relatos:
Lo que el viento se llevó.
No, no es un juego de palabras con el título
de un afamado libro/film. Ese fue el refrán de
los Textos de Lamentaciones: Enlil ha
abandonado su templo, el se ‘fue con el
viento,’ Ninlil de su templo ‘se fue con el
viento’; Nannar ha abandonado Ur—sus rediles
se los llevó el viento’; y así con todos.
Los académicos han supuesto que esta
repetición de las palabras era una estratagema
literaria, un refrán que los lamentadores
repitieron para destacar su dolor. Pero no era
un ardid literario—era la verdad literal: Súmer
y sus ciudades fueron literalmente vaciadas
como resultado de un viento.
Un ‘Viento Maldito’, señala el lamento (y
también otros textos), vino soplando y causó
‘una calamidad, una desconocida para los
hombres, sucedió a la tierra.’ Era un Viento
Maldito que ‘causó la desolación de las
ciudades, causó la desolación de las tiendas, el vacío de los rediles.’
Hubo desolación, pero no destrucción; vacío, pero no ruinas: las ciudades estaban ahí, las
casas estaban ahí, las tiendas y los rediles estaban ahí—pero nada vivo quedaba; aun,
‘los ríos de Súmer fluyen con agua que es amarga, los una vez campos cultivados llenos
de maleza, en las praderas las plantas se han marchitado.’
Toda la vida se ha ido. Fue una calamidad que jamás había sucedido antes—
Sobre la Tierra Súmer cayó una calamidad,
una desconocida a los hombres.
Una que jamás había sido vista,
una que no pudo ser resistida.
Impulsada por el Viento Maldito, había una muerte de la cual no había escape: era una muerte,
‘que deambula las calles, es dejada suelta en el camino… El más alto muro, la más
gruesa muralla, atraviesa como un aluvión; no hay puerta que lo deje afuera, ni un
cerrojo lo puede hacer retroceder.’
Aquellos que se escondieron tras las puertas cayeron dentro; aquellos que subieron a los
tejados murieron en los techos.
Era una muerte invisible:
‘Se para delante de un hombre, aunque nadie puede verla; cuando entra a una casa, su
apariencia es desconocida.
‘Era una muerte horripilante: Tos y flema debilitaban el pecho, la boca se llenaba de
baba, estupefacción y aturdimiento les acometió… un estupor aplastante… dolor de
cabeza.’
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Cuando el Viento Maldito
agarraba a sus víctimas, ‘sus bocas se
empapaban con sangre.’ Los muertos y
los fallecientes estaban por doquier.
Los relatos aclaran que el
Viento Maldito, ‘llevando la oscuridad
de ciudad en ciudad’ no fue una
calamidad natural; resultó de una
decisión deliberada de los grandes
dioses. Fue causada por ‘una gran
tormenta ordenada por Anu, una
[decisión] desde el corazón de Enlil.’
Y fue el resultado de un solo hecho, un
evento que ocurrió lejos al oeste:
‘Del medio de las montañas vendrá, desde la Llanura de No-Piedad vino… Como amargo
veneno de los dioses, desde el oeste ha venido.’
Que la causa del Viento Maldito fue la ‘conmoción’ nuclear35 atrás y cerca de la Península de
Sinaí se hizo claro al reafirmar los textos que los dioses conocían su fuente y causa—un estallido, una
explosión:
Un estallido maléfico anunció su torva tormenta.
Un estallido maléfico fue su predecesor.
Poderosa descendencia, valientes hijos,
fueron los heraldos de la pestilencia.
Los autores de los textos de lamentos, los dioses mismos, nos dejan un vívido registro de lo que
tuvo lugar. Tan pronto como las descomunales armas fueron detonadas desde los cielos por Ninurta y
Nergal, 'desplegaron impresionantes rayos, abrasándolo todo como fuego.’
La tormenta resultante,
‘en un estallido de relámpago fue creada.’ Una ‘densa nube que trae muerte’—un hongo
nuclear—levantaron al cielo, seguido por fuertes ráfagas de viento… una tempestad que
abrasa los cielos.’
Fue un día para no ser olvidado:
En ese día,
cuando el cielo fue roto
y la Tierra fue golpeada,
su cara doblegada por el residuo—
cuando los cielos fueron oscurecidos—
en ese día nació el Viento Maldito
Los varios textos siguen atribuyendo el venenoso residuo a la explosión en el ‘lugar donde los
dioses ascienden y descienden’—a la obliteración del puerto espacial, más que a la destrucción de las
‘ciudades de pecado.’
Fue ahí, ‘en medio de las montañas,’ que la nube del hongo atómico se elevó en un brillante
relámpago—y fue desde ahí que los vientos prevalecientes, viniendo del Mar Mediterráneo, llevaron
35 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_ancient_atomic.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
la venenosa nube nuclear hacia el este, hacia Súmer, y ahí causó no destrucción sino un silencioso
aniquilamiento, trayendo la muerte por aire nuclear a todos los vivientes.
Desde todos los textos relevantes resulta evidente que, con la posible excepción de Enki, que
había protestado y advertido contra el empleo de las Armas Imponentes, ninguno de los dioses
involucrados esperaban el eventual desenlace. La mayoría de ellos eran nacidos en la Tierra, y para
ellos los relatos de guerras nucleares en Nibiru eran Cuentos de los Mayores.
¿Acaso Anu, quién debió saberlo mejor que nadie, pensó que las armas, escondidas hacía tanto
tiempo, funcionarían mal o no funcionarían? ¿Asumieron Enlil y Ninurta (que había venido desde
Nibiru) que los vientos, si los había, soplarían la nube nuclear hacia el desolado desierto que ahora es
Arabia?
No hay una respuesta satisfactoria; los relatos solo establecen que ‘los grandes dioses
palidecieron ante la inmensidad de la tormenta.’ Pero es claro que tan pronto como se comprendió la
dirección de los vientos y la intensidad del veneno nuclear, se hizo sonar una alarma para aquellos
que estaban en el camino del viento—tanto dioses como gente—que corrieran por sus vidas.
El pánico, miedo, y la confusión que sobrecogió a Súmer y sus ciudades cuando se dio el alerta
están vívidamente descritos en una serie de textos de lamentaciones, como:
la Lamentación de Ur
la Lamentación por la Desolación de Ur y Súmer
La Lamentación de Nippur
La Lamentación de Uruk,
y otros.
En cuanto a los dioses, parece que fue por mucho un ‘cada uno por su cuenta’; empleando su
variedad de naves, su fueron por aire y agua para salir fuera del camino del viento. En cuanto a la
gente, los dioses dieron la alarma antes de irse.
Como se describe en Las Lamentaciones de Uruk,
‘¡Levántense! ¡Huyan! ¡Escóndanse en la estepa!' La gente fue avisada en la mitad de la
noche.
‘Cogidos de terror, los leales ciudadanos de Uruk’ corrieron por sus vidas, pero
igualmente fueron alcanzados por el Viento Maldito.
Sin embargo, el cuadro no fue idéntico en todas partes. En Ur, la capital, Nannar/Sin fue tan
incrédulo que rehusó creer que el destino de Ur estaba sellado.
Su extenso y emocional pedido a su padre Enlil para impedir la calamidad está registrado en la
Lamentación de Ur (compuesta por Ningal, esposa de Nannar); así como la rotunda admisión de lo
inevitable por Enlil:
A Ur se le concedió el reinado—
no le fue concedido un reino eterno…
Mal dispuesto para aceptar lo inevitable y demasiado devoto a la gente de Ur para
abandonarlos, Nannar y Ningal decidieron quedarse ahí. Era de día cuando se aproximó a Ur el Viento
Maldito,
‘de ese día aun tiemblo,’ escribió Ningal, ‘pero ese día del olor terrible nosotros no
huimos.’
Cuando llegó el juicio final,
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
‘un amargo lamento se levantó desde Ur, pero de su repugnancia no huimos.’
La pareja divina pasó la noche de pesadilla en la ‘casa termita,’ una sala subterránea en lo
profundo del zigurat.
Por la mañana, cuando el viento venenoso ‘fue sacado fuera de la ciudad,’ Ningal se dio cuenta
que Nannar estaba enfermo. Lo vistió a toda prisa y llevó al dios fuera y lejos de Ur, la ciudad que
amaban.
Al menos otra deidad fue también dañada por el Viento Maldito; fue Bau, la esposa de Ninurta,
quién estaba sola en Lagash (porque su esposo estaba ocupado destruyendo el puerto espacial).
Amada por la gente, que la llamaba ‘Madre Bau,’ estaba entrenada como medico de sanación,
y eso la forzó a quedarse.
Las lamentaciones registran que,
‘En ese día, la tormenta alcanzó a la Dama Bau; como si fuera una mortal, la tormenta
la alcanzó.’
No está claro cuán fuerte fue ella golpeada, pero posteriores registros de Súmer sugieren que
no sobrevivió mucho después de aquello. Eridu, la ciudad de Enki, tendida lejos hacia el sur, estuvo
aparentemente a la orilla de la pasada del Viento Maldito.
Aprendemos del Lamento de Eridu que Ninki, la esposa de Enki, voló lejos de la ciudad a un
cielo seguro en el Abzu Africano de Enki:
‘Ninki, la Gran Dama, volando como pájaro, dejó su ciudad.’
Pero Enki mismo partió de la ciudad apenas a tiempo para eludir la pasada del Viento Maldito:
‘El Señor de Eridu se mantuvo fuera de su ciudad… por el destino de la ciudad el vertió
lágrimas amargas.’
Muchos de los ciudadanos de Eridu le siguieron, acampando en los campos a una distancia
segura mientras miraban—durante un día y medio—‘la tormenta puso sus manos en Eridu.’
Sorprendentemente, la menos afectada de los centros mayores de todas las tierras fue Babilonia,
porque estaba más allá del extremo norte del borde de la tormenta.
Apenas sonó el alerta, Marduk contacto a su padre para pedir consejo: ¿qué van a hacer las
personas de Babilonia?, preguntó. Aquellos que pueden escapar deberían ir al norte, le dijo Enki; y de
la forma como los dos ‘ángeles’ que avisaron a Lot y su familia de no mirar hacia atrás cuando
huyeran de Sodoma, igual Enki instruyó a Marduk que dijera a sus seguidores ‘no darse vuelta ni
mirar hacia atrás.’
Si el escape no era posible, la gente debería buscar refugio bajo tierra:
'Ponlos en una sala bajo tierra, en oscuridad,’ fue el consejo de Enki.
ilesos.
Siguiendo esta advertencia, y debido a la dirección del viento, Babilonia y su gente resultaron
Cuando pasó y se fue el Viento Maldito (sus remanentes, aprendimos, alcanzaron los Montes
Zagros lejos al este), dejó a Súmer desolada y postrada.
‘La tormenta desoló las ciudades, desoló las casas.’
Los muertos, yaciendo donde cayeron, permanecieron sin enterrar:
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‘La gente muerta, su grasa como puesta al sol, de ellos mismos salía."
En las tierras de pastoreo,
"comenzó a escasear el ganado mayor y el menor, todas las criaturas vivientes se
acabaron."
Los corrales se los llevó el Viento. Los campos cultivados se atrofiaron,
‘En los bancos del Tigris y del Éufrates sólo hierbajos asquerosos, y en los pantanos los
juncos se pudrieron en fetidez.'
'Nadie se atrevía a ir por las carreteras, nadie busca los caminos.’
‘¡Oh Templo de Nannar en Ur, amarga es tu desolación!, gimieron los poemas de
lamentaciones; ‘Oh Ningal cuya tierra ha perecido, que se haga tu corazón como agua.’
La ciudad se convirtió en una ciudad extraña,
¿Cómo puede uno existir así?
La casa ha venido a ser una casa de lágrimas,
hace a mi corazón como agua.
Ur y sus templos han sido
llevados por el Viento.
Después de dos mil años, la civilización sumeria se había ido con el viento.
En años recientes arqueólogos se han unido a geólogos, climatólogos, y otros expertos en
ciencias de la tierra para realizar esfuerzos multidisciplinarios y abordar el enigma del abrupto
colapso de Súmer y Acadia a finales del tercer milenio a.C.
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Una de las variables de estudio fue la de un grupo de siete científicos de diferentes disciplinas
titulado ‘El Cambio Climático y el Colapso del Impero Acadio: Evidencia del Fondo del Mar - Climate
Change and the Collapse of the Akkadian Empire: Evidence from the Deep Sea’36 publicado en el
número de Abril del 2000 de la revista Geology.
Su investigación empleó análisis químicos y radiológicos de viejas capas de tierra de ese
período obtenidas de variados sitios en el Oriente Cercano, pero principalmente del fondo del Golfo
de Omán; su conclusión fue que un inusual cambio de clima en las áreas adjuntas al Mar Muerto
levantó tormentas de polvo y que dicho polvo—un inusual ‘polvo de mineral atmosférico’—fue
transportado por los vientos imperantes sobre el sur de Mesopotamia atravesando el Golfo Pérsico.
(Fig.37)—¡el mismo patrón que el Viento Maldito de Súmer!
La datación del carbono14 de la inusual ‘lluvia de polvo’ lleva a la conclusión que fue debido a
un ‘evento dramático inusual que ocurrió cerca de 4025 años antes del presente.’
Eso, en otras palabras, significa ‘cerca de del 2025 a.C.—¡el mismo 2024 señalado por nosotros!
Interesantemente, los científicos involucraron en ese estudio observaciones en registro que ‘el
nivel del Mar Muerto cayó abrúptamente 100 metros en ese tiempo.’
Dejan el punto sin explicar—pero obviamente la brecha de la barrera sur del Mar Muerto y la
inundación de la Llanura, como la hemos descrito, explica lo que ocurrió.
La revista científica Science dedicó su edición del 27 de Abril del 2001 al paleoclima alrededor
del mundo. En una sección que trata de los hechos en Mesopotamia, se refiere a evidencia de Irak,
Kuwait, y Siria que los ‘generalizados abandonos de la llanura entre el Tigris y el Éufrates se debió a
tormentas de polvo que ‘comenzaron 4025 años desde ahora.
El estudio deja sin explicar la causa del abrupto ‘cambio de clima,’ pero adopta la misma
fecha para él: 4025 años antes del 2001 d.C.
El año fatídico, confirma la ciencia, fue 2024 a.C.
36 .- http://www.bibliotecapleyades.net/archivos_pdf/climatechange_collapseakkadian.pdf
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7 - EL DESTINO TIENE CINCUENTA NOMBRES
El recurrir a las armas nucleares al final del siglo veintiuno a.C. acomodó—uno podría decir,
‘con un disparo’—la Era de Marduk. Fue, en casi todos los aspectos, verdaderamente una Nueva Era,
aun en los términos que entendemos el término en estos días. Su mayor paradoja fue que mientras
hizo que el Hombre mirara a los cielos, trajo a los dioses del cielo a la Tierra. Los cambios que la
Nueva Era generó nos afectan hoy día.
Para Marduk la Nueva Era tenía sabor a derecho propio, una ambición realizada, cumplimiento
profético. El precio pagado—la desolación de Súmer, el vuelo de sus dioses, la aniquilación de su
gente—no fue su responsabilidad. Si hubiera algo de eso, aquellos que sufrieron estarían pagando la
obstrucción del Destino. La imprevista tormenta nuclear, el Viento Maldito, y su curso que parecía
selectivamente guiado por una mano invisible que sólo confirmaba lo que los Cielos proclamaban: la
Era de Marduk, la Era del Carnero, ha llegado.
El cambio de la Era del Toro a la Era del Carnero fue especialmente celebrado y señalado en la
tierra-hogar de Marduk, Egipto. Gráficos astronómicos de los cielos (como el del templo en Dendera,
ver fig. 20) mostraban la constelación del Carnero como el punto focal del ciclo zodiacal. Las listas
de constelaciones zodiacales no comenzaron con el Toro como en Súmer, sino con el Carnero (Fig.
38).
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Las manifestaciones más imponentes fueron las filas de esfinges con cabezas de carnero que
flanqueaban el camino procesional a los grandes templos en Karnak (Fig. 39), cuya construcción, por
faraones del recientemente establecido Reino Medio, comenzó apenas Marduk/Ra ascendió a la
supremacía.
Eran faraones que cargaban con nombres teofóricos honrando a Amon/Amen, de modo que
ambos templos y reyes estaban dedicado a Marduk/Ra, como Amon, El Invisible, por Marduk, ausente
de Egipto por seleccionar a Babilonia en Mesopotamia como su Ciudad Eterna.
Fig.39
Tanto Marduk como Nabu sobrevivieron inermes a la conmoción nuclear. Aunque Nabu era un
blanco personal de Nergal/Erra, él aparentemente se escondió en una isla del Mediterráneo y escapó
sin daño.
Textos subsecuentes indican que le fue dado su propio centro de culto en Mesopotamia un sitio
llamado Borsipa, una ciudad nueva situada cerca de la Babilonia de su padre, pero él continuó
deambulando y siendo ofrendado en sus tierras favoritas del Oeste.
Su veneración tanto ahí como en Mesopotamia está atestiguada por los lugares sagrados
nombrados en su honor—como el Monte Nebo cerca del Jordán (donde más tarde murió Moisés)—y los
nombres reales teofóricos (como Nabo-pol-assar, Nebo-chadnezzar, y muchos otros) por los cuales
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
famosos reyes de Babilonia fueron llamados.
Y su nombre, como hemos notado, se hace sinónimo con ‘profeta’ y profecía en todo el antiguo
Cercano Oriente.
Marduk mismo, debe ser recalcado, estaba preguntando ¿Hasta cuándo? desde su puesto de
comando en Harán cuando los fatídicos sucesos tuvieron lugar.
En su texto autobiográfico La Profecía de Marduk el previó la llegada de un Tiempo Mesiánico,
cuando los dioses y los hombres reconocerán su supremacía, cuando la paz reemplace a la Guerra y la
abundancia borre el sufrimiento, cuando un rey de su elección ‘hará de Babilonia la más importante’
con el templo Esagil (como su nombre indica) levantando su cabeza al cielo—
Un rey aparecerá en Babilonia;
en medio de mi ciudad Babilonia,
mi templo hasta el cielo se elevará;
la ‘como-montaña’ Esagil él renovará,
el plan de terreno Cielo-Tierra
para la como-montaña Esagil dibujará.
La Puerta del Destino abrirá,
en mi ciudad Babilonia un rey se erguirá;
en abundancia residirá;
mi mano él asirá,
me llevará en procesiones…
A mi ciudad y mi templo Esagil
porque a la eternidad entraré.
Esa nueva Torre de Babel, sin embargo, no
tenía como objetivo (como la primera) ser una
torre de lanzamiento.
Su supremacía, reconocía Marduk, estaba
creciendo no sólo por la posesión de una conexión
espacial física sino de los signos del Cielo, los
Kakkabu (estrellas/planetas) del firmamento. Por
consiguiente visualizó al futuro Ensagil como el
observatorio astronómico reinante, haciendo
redundantes el Eninnu de Ninurta y los varios
Stonehenge levantados por Toth.
Cuando el Esagil estuvo eventualmente
construido, era un zigurat levantado de acuerdo
a detallados y precisos planos (Fig. 40); su
altura, el espacio de sus siete pisos, y su
orientación eran tales que su cabeza apuntaba
de forma directa a Iku [Hamal o Hamel]—la
estrella principal de la constelación del Carnero
—cerca de 1960 a.C
El apocalipsis nuclear y sus no planeadas
consecuencias llevaron a un abrupto fin el
debate en miras a cual Era Zodiacal era; el
Tiempo Celestial era ahora el Tiempo de
Marduk. Pero el planeta de los dioses, Nibiru,
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
estaba orbitando y marcando el reloj del Tiempo Divino—y la atención de Marduk cambió hacia allá.
Como deja claro su texto profético, él ahora imaginó sacerdotes astrónomos escaneando los
cielos desde los pisos del zigurat para ‘el legítimo planeta del Esagil’:
Todo-sabedores, puestos al servicio,
ascenderán entonces hasta el centro.
Izquierda y derecha, en lados opuestos,
se pararán separadamente.
El rey entonces se acercará;
el legítimo Kakkabu del Esagil
sobre la tierra [él observará].
Una religión estelar había nacido. El dios—Marduk—se convirtió
en estrella; una estrella (nosotros le llamamos planeta)—Nibiru—se
convirtió en “Marduk”. La Religión se convirtió en Astronomía, y la
Astronomía se convirtió en Astrología.
En conformidad con la nueva Religión Estelar, la Epopeya de la
Creación, el Enuma Elish, fue revisado en su versión babilónica para
conceder a Marduk una dimensión celestial: no sólo había venido de
Nibiru—él era Nibiru. Escrito en ‘babilonio’, un dialecto del acadio
(la lengua madre semítica), igualó a Marduk con Nibiru, el planeta
madre de los Anunnaki, y le dio el nombre ‘Marduk’ a la Gran
Estrella/Planeta que ha venido desde el espacio profundo a vengar
tanto al Ea celestial como al de la Tierra (Fig. 41).
fig.41
Esto hizo a Marduk el ‘Señor’ en el Cielo y en la Tierra. Su destino—en los cielos, su orbita—era
la más grande de todos los dioses celestiales (los otros planetas) (ver fig. 1); paralelo a eso, él estaba
destinado a ser el más grande de los dioses Anunnaki en la Tierra.
La revisada Epopeya de la Creación era leída públicamente en la cuarta noche del festival de
Año Nuevo. Acreditaba a Marduk la derrota del ‘monstruo’ Tiamat en la Batalla Celestial, la creación
de la Tierra (Fig. 42), y la remodelación del sistema Solar (Fig. 43)— todas las hazañas que en la
original versión sumeria se la atribuía al planeta Nibiru como parte de una sofisticada cosmogonía
científica. La nueva versión entonces acreditó a Marduk incluso la ‘astuta creación’ del ‘Hombre’, el
diseño del calendario, y la selección de Babilonia para ser el ‘Ombligo de la Tierra.’
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
El Festival de Año Nuevo—el evento religioso más importante
del año—comenzaba el primer día de mes de Nissan, coincidente
con el Equinoccio de Primavera. Llamado en Babilonia el festival
Akiti, evolucionó ahí hasta una celebración de doce días de
celebración en vez de los diez días sumerios del festival A.KI.TI
(‘Trayendo Vida a la Tierra’). Se realizaba de acuerdo a ceremonias
definidas elaboradamente y rituales prescritos que volvieron a la
vida (en Súmer) la historia de Nibiru y la venida de los anunakis a
la Tierra, igual que (en Babilonia) la historia de la vida de Marduk.
Incluía episodios de la Guerra de las Pirámides, cuando fue
sentenciado a morir en una tumba sellada, y su ‘resurrección’
cuando fue sacado de ahí con vida; su exilio para convertirse en el
Invisible; y su Retorno final y victorioso.
Procesiones, venidas e idas, apariciones y desapariciones, e
incluso obras de teatro con actores que vívida y visualmente
presentaban Marduk a la gente como un dios sufriente—sufriendo
en la Tierra pero finalmente victorioso por ganar supremacía
mediante una contraparte celestial. (La historia de Jesús en el
Nuevo Testamento era tan similar que académicos y teólogos en Europa debatieron durante un siglo si
Marduk era el ‘Prototipo de Jesús,’).
Las ceremonias consistían en dos partes. La primera involucraba un bote solitario remado por
Marduk cruzando el río flujo arriba, a una estructura llamada Bit Akiti (‘Casa de Akiti’); la otra tenía
lugar dentro de la ciudad misma.
Es evidente que la parte solitaria simbolizaba el viaje celestial de Marduk desde la ubicación
en el espacio exterior del planeta hogar al sistema solar interior—una jornada en barca sobre aguas,
en conformidad con el concepto que el espacio interplanetario era una ‘Profundidad Acuosa’ virginal
a ser viajada por ‘barcas celestiales’ (naves aéreas)—un concepto representado gráficamente en el
arte egipcio, donde los dioses celestiales eran graficados como navegando en los cielos en ‘barcas
celestiales’ (Fig. 44).
La festividad comenzaba con el exitoso retorno de Marduk del externo y solitario Bit Akiti.
Aquellas públicas y gozosas ceremonias comenzaban con el saludo de Marduk de otros dioses en el
embarcadero , y su acompañamiento por el rey y los sacerdotes en una Procesión Sagrada, seguidas
por multitudes cada vez mayores.
Las descripciones de las procesiones y sus rutas estaban tan detalladas que guiaron a los
arqueólogos que excavaron la antigua Babilonia. De los textos inscritos en tablillas de arcilla y de la
topografía descubierta de la ciudad, emerge que había siete estaciones en las cuales la procesión
sagrada hacía detenciones para rituales prescritos.
Las estaciones empleaban nombres tanto sumerios como acadios y simbolizaban (en Súmer) los
viajes de los Anunnaki dentro del sistema solar (de Pluto a la Tierra, el séptimo planeta), y (en
Babilonia) las ‘estaciones’ en la historia de la vida de Marduk:
su nacimiento divino el ‘Lugar Puro’
como su derecho de nacimiento, su derecho a la supremacía, le fue negado
cómo fue sentenciado a muerte
cómo fue enterrado (vivo, en la Gran Pirámide)
cómo fue rescatado y resucitado
cómo se había esfumado y se fue al exilio
cómo al final hasta los grandes dioses, Anu y Enlil, se doblegaron ante el destino y lo proclamaron
supremo
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
La original Epopeya de la Creación sumeria (Sumerian Epic of Creation37) se extendió en seis
tablillas (paralelo con los seis días de la creación bíblicos). En la Biblia, Dios descansó el séptimo día,
empleándolo para revisar los que había hecho.
La revisión babilónica de la Epopeya culminó con la adición de una séptima tablilla38
enteramente dedicada a la glorificación de Marduk por el otorgamiento a él de cincuenta nombres—
algo que simbolizaba su asunción al Rango de Cincuenta que era hasta entonces de Enlil (y al cual
Ninurta había estado en espera).
Comenzando con su tradicional nombre MAR.DUK, ‘hijo del Sitio Puro,’ los nombres, alternando
entre sumerios y acadios—le otorgaban epítetos que iban desde ‘Creador de Todo’ hasta ‘Señor que
creó el Cielo y la Tierra’ y otros títulos relacionados a la batalla celestial con Tiamat y la creación de
la Tierra y la Luna:
‘Delante de todos los dioses’
‘Repartidor de tareas a los Igigi y los Anunnaki’ y su Comandante
‘El dios que mantiene la vida… el dios que revive a los muertos’
‘Señor de todas las tierras’ el dios cuyas decisiones y benevolencia sostienen a la Humanidad, la
gente que él ha modelado
‘Otorgador de cultivos’ aquel que causa lluvias para enriquecer las cosechas, reparte campos, y
colma abundancia’ para dioses y también gente
Finalmente, le fue otorgado el nombre NIBIRU, ‘Aquel que mantendrá el cruce del Cielo y la
Tierra’: El Kakkabu que en los cielos es brillante…
El quién incesantemente cursa la Profundidad Acuosa—
¡dejemos que ‘Cruzando’ sea su nombre!
Él puede sostener los cursos de las estrellas en el cielo,
él puede conducir los dioses del cielo como ovejas
37 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sumer_anunnaki/esp_sumer_annunaki01.htm
38 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sumer_anunnaki/esp_sumer_annunaki01g.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Los largos textos establecen en conclusión ‘Con el título ‘Cincuenta’ los grandes dioses lo
proclamaron; Aquel cuyo nombre es ‘Cincuenta’ los dioses hicieron supremo.’
Cuando la lectura de toda la noche de las siete tablillas se completaba—probablemente era
madrugada por entonces—los sacerdotes que conducían el ritual hacían los siguientes
pronunciamientos de prescripciones:
Que los cincuenta nombres sean guardados en la mente…
Que el sabio y los que saben lo discutan.
Que el padre se los recite al hijo.
Que se abran los oídos de pastores y vaqueros.
Que se regocijen en Marduk, el ‘Enlil’ de los dioses,
cuya orden es firme, cuyo comando es inalterable;
las palabras de su boca ningún dios cambia.
Cuando Marduk aparecía a la vista de la gente, iba vestido con magníficas vestimentas que
avergonzaban los simples tejidos de lana de los dioses mayores de Súmer y Acadia (Fig. 45).
Aunque Marduk fue un dios no-visto en Egipto, su veneración y aceptación ahí fue algo
bastante rápido. Un Himno a Ra-Amon que glorificaba al dios con una variedad de nombres como
emulación de los Cincuenta Nombres Acadios lo llamó ‘Señor de los dioses, que mora al centro del
horizonte’—un dios celestial—‘que hizo la tierra entera,’ así como un dios en la Tierra que ‘creó a la
Humanidad e hizo a las bestias, que creó los árboles frutales, hizo la hierba y dio vida al ganado—un
dios por el cual el sexto día es celebrado.’ Los aislados datos similares de la creación bíblica y
mesopotámica son claros.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
De acuerdo a estas expresiones de fe, en la Tierra, en Egipto, Ra/Marduk era un dios invisible
porque su principal morada estaba en otro sitio—un largo himno se refiere de hecho a Babilonia como
el sitio donde los dioses están en jubileo por su victoria (los académicos sin embargo, asumen la
referencia no como la Babilonia mesopotámica sino como una ciudad de ese nombre en Egipto).
Fig.45
Era invisible en los cielos, porque ‘él está lejos en el cielo,’ debido a que fue ‘hasta la parte
de atrás del horizonte… a la altura del cielo.’ El símbolo del reinado de Egipto—un Disco Alado
flanqueado por serpientes—es comúnmente explicado como un disco Solar porque ‘Ra era el Sol’;
pero de hecho, era el símbolo omnipresente de Nibiru (Fig. 46), y era Nibiru el que se había
convertido en una lejana ‘estrella’ invisible.
Porque Ra/Marduk estaba físicamente ausente de Egipto, fue en
Egipto que su Religión Estelar fue expresada en su forma más clara. Ahí,
Aton, la ‘Estrella del Millón de Años’ que representa Ra/Marduk en su
aspecto celestial, llegó a ser El Invisible porque estaba ‘lejos en el cielo,’
porque se había ido ‘al otro lado del horizonte.’
La transición a la Nueva Era de Marduk y la nueva religión no fue tan
suave en las tierras enlilitas. Primero, el sur de Mesopotamia y las tierras
occidentales que estaban en la pasada del viento venenoso tuvieron que
recuperarse de su impacto.
La calamidad que le ocurrió a Súmer, debe ser recordada, no fue la
explosión nuclear sino el consecuente viento radiactivo. Las ciudades
quedaron vacías de sus residentes y ganado, pero estaban físicamente
indemnes. Las aguas fueron envenenadas, pero el flujo de los dos grandes
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
ríos pronto corrigió eso. El terreno absorbió el veneno radiactivo, y eso tomó más tiempo en
recuperarse; pero también eso, mejoró con el tiempo. Y así fue posible para la gente repoblar y
rehabitar lentamente su desolada tierra.
Fig.46
El primer gobernador administrativo documentado en el devastado sur fue un ex gobernador de
Mari, una ciudad al noroeste del Éufrates. Sabemos que ‘no era de semilla sumeria’; su nombre,
Ishbi-Erra, era de hecho semita. Estableció su cuartel general en la ciudad de Isin, y desde ahí
supervisó los esfuerzos por resucitar las demás ciudades mayores, pero el proceso era lento, difícil, y
en ocasiones caótico.
Su esfuerzo de rehabilitación fue continuado por algunos sucesores, todos con nombres
semíticos, la así-llamada ‘Dinastía de Isin.’ Entre todos, les tomó casi un siglo revivir Ur, el centro
económico de Súmer, y a la larga Nippur, el tradicional corazón religioso de la tierra; pero por
entonces ese proceso de una- ciudad-a-la-vez sufrió provocaciones de otros gobernadores locales, y
la antigua Súmer permaneció fragmentada como tierra quebrada.
Incluso Babilonia misma, aunque fuera del recorrido directo del Viento Maldito, precisaba un
país revivido y repoblado si iba a levantarse a tamaño y calidad imperial, y por un buen tiempo no
consumó las grandezas de las profecías de Marduk. Más de un siglo tuvo que pasar hasta que una
dinastía formal, llamada por los académicos la Primera Dinastía de Babilonia se instaló en su trono
(alrededor de 1900 a.C.). Aunque tuvo que pasar otro siglo para que un rey encarnara la profecía de
grandeza del trono de Babilonia; su nombre fue Hamurabi. Es mayormente conocido por el código
legal promulgado por él—leyes grabadas en una estela de piedra descubierta por arqueólogos (y que
ahora se halla en el Louvre en Paris).
También demoró casi dos siglos antes que la visión profética de Marduk en relación a Babilonia
se convirtiera en realidad. La precaria evidencia del tiempo post-calamidad—algunos académicos se
refieren al siguiente período a la desaparición de Ur como una Época Oscura en la historia de
Mesopotamia—sugiere que Marduk dejó que los otros dioses—incluso sus adversarios—tomaran el
cuidado de la recuperación y repoblación de sus propios antiguos centros de culto, pero se duda de la
respuesta positiva a esa invitación.
La recuperación y reconstrucción había sido iniciada por Ishbi-Erra en Ur, pero no hay mención
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
de Nannar/Sin y Ningal volviendo a Ur. Hay mención de la presencia ocasional de Ninurta en Súmer,
especialmente en vista de sus guarniciones de tropas de Elam y Gutium, pero no existe un documento
que él o su esposa Bau alguna vez volvieron a su amada Lagash.
Los esfuerzos de Ishbi-Erra y sus sucesores para restaurar
los centros de culto y sus templos culminaron—después de
pasar 72 años—en Nippur, pero no hay referencia que Enlil y
Ninlil volvieran a residir allí.
¿Dónde se habían ido todos? Un sendero de exploración
del intrigante tema fue averiguar que tenía Marduk—ahora
supremo y pidiendo ser quién da las órdenes a todos los
anunakis—preparado para ellos.
Las evidencias textuales y otras de ese tiempo muestran
que la elevación de Marduk a la supremacía no terminó con
el politeísmo—la creencia en muchos dioses. Por el contrario,
su supremacía requirió continuar esa directriz, porque para
ser supremo a otros dioses, era necesaria la existencia de
otros dioses.
Estaba satisfecho de dejarlos ser, mientras sus
prerrogativas estuvieran sujetas a su control; una tablilla
babilónica documentó (en su porción no dañada) la siguiente
lista de atributos divinos que ahí en adelante fueron
intereses personales de Marduk:
Ninurta
es
Nergal
es
Enlil
es
Zababa
Sin
es
es
Shamash es
Adad
es
Marduk de la azada
Marduk del ataque
Marduk del combate
Marduk del señorío y el consejo
Marduk el iluminador de la noche
Marduk de la justicia
Marduk de las lluvias
Los demás dioses permanecieron, mantuvieron sus
atributos—pero ahora disponían de poderes de Marduk que él
les había otorgado.
Permitió que continuaran las ofrendas que les brindaban;
el mero nombre del regente/administrador interino en el sur,
Ishbi-erra (‘Sacerdote de Erra,’ p. ej. de Nergal) confirma
esta política de tolerancia. Pero lo que Marduk esperaba es que vinieran y se quedaran con él en su
visualizada Babilonia—prisioneros en jaulas doradas, se podría decir.
En sus Profecías autobiográficas Marduk indica con claridad sus intenciones en vista de los otros
dioses, incluyendo sus adversarios: iban a venir y vivir al lado suyo, en el recinto sagrado en
Babilonia. Santuarios o pabellones para Sin y Ningal, donde residirían—‘¡juntos con sus tesoros y
posesiones!’—están específicamente mencionadas.
Los relatos que describen a Babilonia, y las excavaciones arqueológicas ahí, muestran que en
concordancia con los deseos de Marduk, el sagrado precinto de Babilonia también incluía santuariosresidencias dedicados a Ninmah, Adad, Shamash, e incluso Ninurta. Cuando Babilonia finalmente se
levantó como imperio—bajo Hamurabi—sus templos zigurat de cierto llegaban al cielo; a su tiempo el
profetizado gran rey ocupó su trono; pero a su precinto sagrado lleno de sacerdotes, los otros dioses
no acudieron. Esa manifestación de la Nueva Religión no ocurrió.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Mirando la estela Hamurabi que contiene su código legal (Fig. 47), lo vemos recibiendo las
leyes de nada menos que Utu/Shamash—el mismo, de acuerdo a la reciente lista citada, cuyas
prerrogativas como Dios de Justicia ahora pertenecían a Marduk; y el preámbulo inscrito en la estela
invoca a Anu y Enlil—aquel cuyo ‘Señorío y Consejo’ estaba siendo presumiblemente asumido por
Marduk—como los dioses a quienes les estaba en deuda por su estatus.
Elevado Anu, Señor de los dioses que vinieron del cielo a la Tierra,
y Enlil, Señor del Cielo y la Tierra
que determina los destinos de la Tierra,
determinados por Marduk, el primogénito de Enki,
las funciones de Enlil sobre toda la humanidad.
Fig.47
Estos reconocimientos del continuo otorgamiento de poderes a dioses enlilitas, dos siglos
después de iniciada la Era de Marduk, reflejan el real estado de cosas: no vinieron a retirarse en el
sagrado precinto de Marduk. Dispersos lejos de Súmer, algunos acompañaron a sus seguidores a
tierras lejanas en los cuatro rincones de la Tierra; otros permanecieron en las cercanías, congregando
a sus seguidores, antiguos y nuevos, a un renovado cuestionamiento a Marduk.
El sentimiento que Súmer no fue más una tierra hogar se halla expresado con claridad en las
instrucciones divinas a Abram de Nippur—en vísperas de la conmoción nuclear—de ‘semitizar’ su
nombre a Abraham (y el de su esposa Sarai a Sarah), y hacer su hogar permanente en Canaán.
Abraham y su esposa no fueron los únicos sumerios que necesitaban un nuevo refugio. La calamidad
nuclear gatilló desplazamientos migracionales a una escala desconocida hasta entonces.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
La primera oleada de gente estaba fuera de las tierras afectadas; su aspecto más significante,
y uno con los efectos más duraderos, fue la dispersión de los remanentes de Súmer lejos de Súmer. La
siguiente ola de migración fue hacia dentro de esa tierra abandonada, viniendo en oleadas desde
todas direcciones. Cualquiera sea la dirección que aquellas migraciones hayan tomado, los frutos de
dos mil años de civilización sumeria fueron adoptados por los demás pueblos que los siguieron en los
siguientes dos milenios.
Ciertamente, aunque Súmer como entidad física estaba aplastada, los logros de su civilización
se hallan aún hoy día con nosotros—sólo mire su calendario de doce meses, chequee el tiempo de su
reloj que retuvo el sistema sexagesimal sumerio (base sesenta), o conduzca su artilugio con ruedas
(un auto).
La evidencia de una amplia diáspora sumeria con su lenguaje, escritura, símbolos, costumbres,
conocimiento celestial, creencias y dioses viene de muchas formas. Junto a las generalidades—una
religión basada en un panteón de dioses que habían venido del cielo, una jerarquía divina, nombres
con epítetos divinos que significan lo mismo en diferentes lenguajes, conocimiento astronómico que
incluía un planeta hogar de los dioses, un zodíaco con sus doce casas, relatos de la creación
virtualmente idénticos, y recuerdos de dioses y semidioses que los académicos tratan como ‘mitos’—
existe multitud de asombrosas similitudes específicas que no pueden ser explicadas sino sólo por la
presencia real de sumerios.
Fig.48
Fue formulado en la difusión del símbolo de la doble águila de Ninurta en Europa (Fig. 48); el
hecho que tres lenguajes europeos—húngaro, finlandés [o finés], y vasco—sean parecidos sólo al
sumerio; la descripción ampliamente difundida en todo el mundo—incluso en Sudamérica—de
Gilgamesh peleando a mano limpia con dos feroces leones (Fig. 49).
En el Lejano Oriente, existe un claro parecido entre la escritura cuneiforme sumeria con la
escritura china, coreana, y japonesa. El parecido no es sólo en su caligrafía: muchos glifos parecidos
son pronunciados idénticamente y tienen el mismo significado. En Japón, la civilización es atribuida a
una enigmática tribu antepasada llamada AINU.
La familia del emperador se ha considerado ser linaje de los semidioses descendientes del dios
Sol, y la investidura de un nuevo rey incluia una solitaria secreta estadía nocturna con la diosa del Sol
—una ceremonia ritual que increíblemente emula los antiguos ritos del Sagrado Matrimonio del
antiguo Súmer, cuando el nuevo rey pasaba una noche con Inanna/Ishtar.
En las viejas Cuatro Regiones, las oleadas migratorias de diversos pueblos iniciada por la
calamidad nuclear y la Nueva Era de Marduk, a semejanza de ríos corriendo y otros inundando y
riachuelos después de lluvias tormentosas, están llenas las páginas de los siglos siguientes con la
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subida y caída de naciones, estados, y ciudades estado.
Al vacío sumerio, los nuevos vinieron de cerca y de lejos; su arena, su escenario central,
permaneció en lo que puede ser correctamente llamada las Tierras de la Biblia. De verdad, hasta el
advenimiento de la arqueología moderna, poco o nada era conocido acerca de la mayoría de ellas
excepto por su mención en la Biblia hebrea; provee no sólo un registro de esos varios pueblos, sino
además de sus ‘dioses nacionales’—y las guerras peleadas en nombre de esos dioses.
Pero después naciones como la hitita, estados como Mitanni, o capitales reales como Mari,
Carchemish, o Susa, los cuales eran incógnitas muy dudosas, fueron literalmente reveladas por la
arqueología; en sus ruinas fueron hallados no sólo artefactos de escritura sino además miles de
tablillas de arcilla que trajeron a la luz tanto su existencia como lo grande de su deuda por el legado
sumerio.
Virtualmente en todas partes, Súmer lleva la delantera en ciencia y tecnología, literatura y
arte, su reino y sacerdocio fueron la base sobre la cual se desarrollan las subsecuentes culturas. En
astronomía se han mantenido, la terminología, fórmulas orbitales, listas planetarias, y conceptos
zodiacales de Súmer. La escritura cuneiforme sumeria se mantuvo en uso por otros mil años, y más.
El lenguaje sumerio fue estudiado, los léxicos sumerios fueron compilados, y los relatos épicos
sumerios de dioses y héroes fueron copiados y traducidos.
Y una vez que esos lenguajes diversos de las naciones fueron descifrados, apareció que sus
dioses eran, después de todo, miembros del antiguo panteón Anunnaki.
¿Acompañaron a sus seguidores los dioses enlilitas mismos cuando tuvo lugar la replantación
del conocimiento y las creencias sumerias en tierras lejanas? El dato no es conclusivo. Pero lo que es
históricamente cierto es que dentro de dos o tres siglos de la Nueva Era, en tierras que bordeaban
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Babilonia, aquellos que se suponía iban a convertirse en los huéspedes retirados de Marduk se
embarcaron en una más nueva clase re afiliación religiosa: las Religiones Oficiales Nacionales.
Marduk puede haber cosechado los Cincuenta nombres divinos; pero eso no evitó, de ahí en
adelante, que las naciones pelearan contra naciones y los hombres dieran muerte a hombres ‘en
nombre de Dios’—su dios.
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8 - EN NOMBRE DE DIOS
Si las profecías y expectativas mesiánicas en relación a la Nueva Era del siglo veintiuno a.C.
parecen similares a las actuales, el grito de batalla no debería sonar extraño, cualquiera sea. Si en el
tercer milenio a.C. los dioses pelearon con los dioses empleando ejércitos de hombres, en el segundo
milenio a.C. los hombres guerrearon contra hombres ‘en nombre de dios.’
Demoró sólo unos pocos siglos desde iniciada la Era de Marduk mostrar que la realización de
sus profecías de grandeza no llegaría de manera fácil.
Significativamente, la resistencia vino no tanto desde los dispersos dioses enlilitas sino de la gente,
¡las masas de sus leales devotos!
Hubo de pasar más de un siglo del tiempo de la ordalía nuclear hasta que Babilonia (la ciudad)
emergiera al estrado de la historia como Babilonia (el estado) bajo su Primera Dinastía.
Durante este intervalo el sur de Mesopotamia—la Súmer de antaño—fue dejada a que se
recobrara en manos de regentes temporales con cuartel central en Isin y después en Larsa; sus
nombres teofóricos—Lipsit-Ishtar, Ur-Ninurta, Rim-Sin, Enlil-Bani—hacían alarde de sus lealtades
enlilitas. La corona de sus logros fue la restauración del templo de Nippur exactamente setenta y dos
años después del desastre nuclear—otra indicación de donde estaban sus lealtades, y una adherencia
al conteo zodiacal del tiempo.
Estos regentes no babilonios eran (¿sirios?) [scions] de lengua semita leales a la ciudad-estado
llamada Mari. Cuando se mira el mapa que muestra las ciudades-estado de la primera mitad del
segundo milenio a.C. (Fig. 50), queda claro que los estados no-mardukitas formaban un formidable
perno alrededor de la Gran Babilonia, partiendo por Elam y Gutium en el sureste y el este; Asiria y
Hatti en el norte; y como ancla occidental en la cadena, Mari al medio del Éufrates.
De ellos, Mari era la más ‘sumeria’, y aun habiendo servido alguna vez como capital de Súmer,
hubo rotación de ciertas funciones por las principales ciudades de Súmer. Antiguo puerto fluvial en el
Éufrates, era un importante punto de cruce para gente, bienes, y cultura entre Mesopotamia al
oriente, las tierras del Mediterráneo al poniente, y Anatolia al norponiente.
Sus monumentos llevan los más finos ejemplos de escritura sumeria, y su enorme palacio
central fue decorado con murales, asombrosos en su maestría, rinden honor a Ishtar (Fig. 51)
(Un capítulo de Mari y mi visita a sus ruinas puede ser leída en Las Expediciones de las Crónicas
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
de la Tierra - The Earth Chronicles Expeditions39.)
Sus archivos reales de miles de tablillas revelaron como la riqueza y las conexiones
internacionales de Mari a muchas otras ciudades-estado fueron primero usadas para luego ser
traicionada por la emergente Babilonia.
Después del logro de restaurar el sur de Mesopotamia por la realeza de Mari, los reyes de
Babilonia —fingiendo paz y sin provocación—trataron a Mari como un enemigo. En 1760 a.C. el rey
babilonio Hamurabi atacó, saqueó, y destruyó a Mari, sus templos y sus palacios. Fue hecho, alardeó
Hamurabi en sus anales, ‘mediante el imponente poder de Marduk.’
Después de la caída de Mari, caciques de las ‘Tierramar’—áreas fangosas de las áreas que
bordean el Mar Inferior (Golfo Pérsico)—condujeron ataques hacia el norte, y tomaron de tiempo en
tiempo control de la sagrada ciudad de Nippur. Pero esas fueron ganancias pasajeras, y Hamurabi
estaba seguro que vencer a Mari implicaba la dominación política y religiosa del antiguo Súmer y
Acadia. La dinastía a la cual pertenecía, llamada por los académicos la Primera Dinastía de Babilonia,
comenzó un siglo antes de él y continuó a través de sus descendientes por otros dos siglos. En
aquellos turbulentos tiempos, fue todo un logro.
Historiadores y teólogos están de acuerdo que en 1760 a.C., Hamurabi, llamándose a si mismo
como ‘Rey de los Cuatro Cuartos,’ ‘puso a Babilonia en el mapa del mundo’ y lanzó la diferente
Religión Estelar de Marduk.
Cuando la supremacía política y militar de Babilonia fue así establecida, fue tiempo de
reafirmar y engrandecer su dominación religiosa. En una ciudad cuyo esplendor fue exaltado en la
Biblia y cuyos jardines fueron considerados alguna vez como una de las antiguas maravillas del
mundo, el precinto sagrado, con el templo-zigurat sagrado Esagil en su centro, fue protegida por sus
propios muros y puertas con guardias; dentro, los caminos procesionales eran diseñados para encajar
con las ceremonias religiosas, y se construyeron santuarios para otros dioses (de los cuales Marduk
esperaba ser su invitado no deseado).
Cuando los arqueólogos excavaron Babilonia, encontraron no sólo restos de la ciudad sino
además ‘tablillas de arquitectura’ que describen y mapean la ciudad; aunque muchas de las
estructuras son residuos de tiempos tardíos, esta concepción artística del centro del sagrado precinto
(Fig. 52) da una buena idea del magnífico cuartel general de Marduk.
Adecuado para un ‘Vaticano,’ el sagrado precinto estaba lleno con una impresionante selección
de sacerdotes cuyos trabajos religiosos, ceremoniales, administrativos, políticos, y otros menores
fueron recogidas de sus variadas agrupaciones, clasificaciones, y designaciones. Al final de la
jerarquía estaba el personal de servicio, los Abalu—‘Portadores’—que limpiaban el templo y edificios
colindantes, proveían las herramientas y utensilios que los otros sacerdotes requerían, y actuaban
39 .- http://www.amazon.com/Earth-Chronicles-Expeditions-Zecharia-Sitchin/dp/1591430763/ref=sr_1_1?
ie=UTF8&s=books&qid=1228004595&sr=1-1
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
como proveedores generales y personal de bodega—excepto para las lanas hiladas, las cuales eran
confiadas sólo a los sacerdotes de Shu’uru. Sacerdotes especiales, como los Mushshipu y los Mulillu,
realizaban rituales de purificación, excepto que se requiriera un Mushlahhu para tratar una infección
por serpiente. Los Umannu, Maestros Artesanos, trabajaban en talleres donde eran fabricados objetos
religiosos artísticos; los Zabbu eran un grupo de sacerdotisas, jefas de cocina, y cocineras, que
preparaban los alimentos.
Fig.52
Otras sacerdotisas actuaban como lloronas profesionales en los funerales; las Bakate sabían
cómo derramar lágrimas amargas. Y también estaban los Shangu—simplemente ‘los sacerdotes’—que
supervisaban el funcionamiento general del templo, la realización tranquila de sus rituales, y el
recibimiento y manipulación de las ofrendas, o quienes eran responsables por las ropas de los dioses;
y así sigue.
La provisión de personal para servicios de ‘mayordomía’ a los dioses residentes fue manejada
por un pequeño grupo, élite de sacerdotes especialmente seleccionada. Estaban los Ramaqu que
manejaban los rituales de purificación-por-agua (honrando al dios con el baño), y los Nisaku que
sacaban el agua usada.
El ungimiento de los dioses con ‘Aceite Sagrado’—una delicada mezcla de aceites aromáticos
específicos—era realizado por manos especializadas, comenzando con los Abaraku que mezclaban los
componentes, e incluían a los Pashishu que hacían el ungüento (en el caso de una diosa los
sacerdotes eran todos eunucos). También estaban en general, otros sacerdotes y sacerdotisas,
incluyendo el Coro Sagrado—el Naru que canta, el Lallaru que eran cantantes y músicos, y los Munabu
cuya especialidad eran las lamentaciones.
En cada grupo había un Rabu—el Jefe, el que está a cargo.
Tal como lo previera Marduk, una vez que su zigurat-templo Esagil se levantó hacia las alturas,
su función principal fue observar de manera constante los cielos; y ciertamente el segmento más
importante de los sacerdotes del templo eran aquellos cuya función fue observar los cielos, seguir la
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
huella del movimiento de estrellas y planetas, documentar fenómenos (como conjunciones
planetarias o un eclipse), y considerar cuando los cielos reseñaban augurios; y si eso, interpretar lo
que significaba.
Los sacerdotes-astrónomos, por lo general llamados Mashmashu, incluían diversas
especialidades; un sacerdote Kalu, por ejemplo, se especializaba en observar la Constelación del
Toro. Era deber de un Lagaru llevar un registro diario de las observaciones celestes, y derivar la
información a un cuadro de sacerdotes-intérpretes.
Estos—que hacían el ‘top’ de la jerarquía sacerdotal—incluían a los Ashippu, especialistas en
presagios, los Mahhu ‘que podían leer los signos’, y los Baru—‘Decidores de la Verdad’—que
‘comprendían los misterios y los signos divinos.’ Un sacerdote especial, el Zaqiqu, estaba a cargo de
transmitir las palabras sagradas al rey. Luego a la cabeza de aquellos sacerdotes astrónomosastrólogos estaba el Urigallu, el Gran Sacerdote, que era un hombre santo, un mago, y un médico,
cuyas blancas vestimentas estaban trabajadamente ribeteadas de color en los dobladillos.
El descubrimiento de unas setenta tabillas que forman una serie continua de observaciones y
sus significados, llamadas por las palabras iniciales Enuna Anu Enlil, reveló tanto la transición de la
astronomía sumeria y la existencia de fórmulas oraculares que señalaban el significado del evento.
Con el tiempo una gran cantidad de adivinos, interpretadores de sueños, relata-fortuna, y
semejantes, se unieron a la jerarquía, pero estaban más bien al servicio del rey que de los dioses.
Con el tiempo las observaciones celestes degradaron a augurios astrológicos para el rey y el
país—prediciendo guerra, tranquilidad, derrocamientos, larga vida o muerte, abundancia o
pestilencias, bendiciones divinas o ira de los dioses. Pero al comienzo las observaciones celestes
fueron puramente astronómicas y fueron de principal interés al dios—Marduk—y sólo por extensión al
rey y la gente.
No era por casualidad que un sacerdote Kalu fuera especializado en observar la Constelación
del Toro de Enlil por cualquier fenómeno adverso, porque el principal propósito del observatoriocomo-Esagil era rastrear zodiacalmente los cielos y mantener un ojo sobre el Tiempo Celeste.
El hecho que sucesos significantes previos al bombazo nuclear
sucedieran en intervalos de 72 años, y continuaran así hacia
adelante (ver arriba en capítulos anteriores), sugiere que el reloj
zodiacal, en el cual toma setenta y dos años retroceder un grado
el cambio Precesional, continuó siendo observado y con
adherentes.
Queda claro a partir de textos astronómicos (y astrológicos) de
Babilonia que sus sacerdotes-astrónomos retuvieron la división
sumeria de los cielos en tres Caminos o senderos, cada uno
ocupando sesenta grados de arco celeste: el Camino de Enlil para
los cielos del norte, el Camino de Ea para los cielos del sur, y el
Camino de Anu como la banda central (Fig. 53). Fue más tarde
que se colocaron las constelaciones zodiacales, y fue ahí que la
‘Tierra se encontró con el Cielo’—en el horizonte.
Quizá debido a que Marduk alcanzó la supremacía en concordancia con el Tiempo Celestial, el
reloj zodiacal, sus sacerdotes-astrónomos continuamente exploraban el cielo al horizonte, el sumerio
AN.UR, ‘Base del Cielo,’ No había un punto para observar el sumerio AN.PA, ‘lo más Alto del Cielo’, el
zenit, porque Marduk como una ‘estrella,’ Nibiru, estaba por entonces ido e invisible.
Pero como planeta orbitante, aunque no visible de momento, ya venía de vuelta.
Expresando su equivalencia del tema Marduk-es-Nibiru, la versión egipcia de la Religión Estelar
de Marduk prometió abiertamente su esperanza en un tiempo que vendrá cuando este dios-estrella o
estrella-dios reaparezca como el ATON.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Fue este aspecto de la Religión Estelar de Marduk—el eventual Retorno—lo que directamente
desafió a los adversarios enlilitas de Babilonia, y cambió el foco del conflicto hacia renovadas
expectativas mesiánicas.
De los actores post-Súmer en el escenario del Viejo Mundo, cuatro que crecieron hasta estatus
imperial dejaron la más profunda huella en la historia:
Egipto y Babilonia
Asiria y Hatti (la tierra de los hititas),
y cada una tuvo su ‘dios nacional.’
Los dos primeros pertenecían al campo de Enki, Marduk, y Nabu; los otros dos eran afiliados a
Enlil, Ninurta, y Adad.
Sus dioses nacionales se llamaban Amon-Ra y Bel/Marduk, Ashur y Teshub, y fue en nombre de
estos dioses que las constantes, prolongadas, y crueles guerras fueron peleadas.
Los conflictos, los historiadores pueden explicar, fueron causados por las razones usuales de las
guerras:
I.
II.
III.
IV.
recursos
territorio
necesidad
codicia
Pero los anales reales que detallan las conflagraciones y las expediciones militares las
presentan como guerras religiosas en las cuales el dios propio era glorificado y humillada la deidad
opuesta. Sin embargo, las presentidas expectativas del Retorno cambiaron esas guerras a campañas
territoriales que tenían sitios específicos como sus blancos.
Ancient city of Mari
Las ofensivas, de acuerdo a los anales reales de todas esas tierras, eran lanzadas por el rey
más o menos ‘por orden de mi dios’; la campaña realizada ‘en concordancia a un oráculo’ de este o
ese dios; y a veces a menudo y otras veces no, se lograba la victoria con la ayuda de armas sin
oposición o la ayuda directa proveniente del dios.
Un rey egipcio escribió en sus registros de guerra que fue ‘Ra quién me ama, Amon que me
favorece,’ quienes lo instruyeron de marchar ‘contra esas ciudades que Ra abomina.’ Un rey asirio,
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
recordando la derrota de un rey enemigo, se jactaba de haber reemplazado, en el templo de la
ciudad, las imágenes de los dioses de la ciudad ‘con las imágenes de mis dioses, y los declaro a ellos
de ahora en adelante ser los dioses del país.’
Un claro ejemplo de los aspectos religiosos de aquellas guerras—y el deliberado cambio de
objetivos—puede ser hallado en la Biblia hebrea, en 2 Reyes, cap. 18-19, en los cuales se describe el
sitio de Jerusalén por el ejército del rey asirio Sennacherib.
Habiendo rodeado y aislado a la ciudad, el comandante asirio se comprometió en una guerra
psicológica para lograr que los defensores de la ciudad se rindieran. Hablando en hebreo para que
todos en la ciudad pudieran entender, les gritó las palabras de rey de Asiria:
No sean engañados por sus líderes que su dios Yahveh40 los protegerá.
¿Acaso alguno de los dioses de las naciones alguna vez rescató sus tierras de las manos del
rey de Ashur?
¿Dónde están los dioses de Hamath y Arpad?
¿Dónde están los dioses de Sepharvaim, Hena y Avva?
¿Dónde están los dioses de la tierra de Samaria?
¿Cuál de los dioses de todas esas tierras alguna vez rescataron sus tierras de mi mano?
(Yahveh lo hizo, señalan los registros históricos).
¿De qué se trataban estas guerras religiosas?
Las guerras, y los dioses nacionales en cuyo nombre fueron peleadas, no tienen sentido cuando
uno comprende que al núcleo de los conflictos estaba lo que los sumerios habían llamado DUR.AN.KI—
el ‘Puente Tierra-Cielo.’ Repetidamente, los textos antiguos hablan de la catástrofe ‘cuando la Tierra
quedó separada del Cielo’—cuando el puerto espacial que los conectaba fue destruido. La abrumante
pregunta durante los sucesos de la calamidad nuclear era esta: ¿Quién—cuál dios y su nación—podía
clamar ser quién poseía ahora en la Tierra el enlace a los Cielos?
Para las dioses, la destrucción del puerto espacial en a Península de Sinaí fue la pérdida
material de una instalación que necesitaba ser reemplazada. ¿Pero puede uno imaginar el impacto—
el impacto espiritual y religioso—sobre a Humanidad? De súbito, los adorados dioses de Cielo y Tierra
estaban fuera de contacto con el cielo…
Con el puerto espacial en el Sinaí ahora obliterado, quedaban sólo tres sitios relacionados con
el espacio en el Viejo Mundo: el Sitio de Aterrizaje en las montañas de cedro; el Centro de Control de
Misión post-Diluvio, y las grandes pirámides en Egipto que anclaban al Corredor de Aterrizaje. Con la
destrucción del puerto espacial, ¿tenían esos otros sitios alguna función celeste útil—y esto además
una significancia religiosa?
Conocemos la respuesta, hasta cierto punto, debido a que las tres ciudades aun están sobre la
tierra, desafiando a la humanidad por sus misterios y a los dioses a mirar hacia arriba a los cielos.
La más familiar de los tres es la Gran Pirámide de Egipto y su compañera en Giza (Fig. 54); su
tamaño, precisión geométrica, complejidad interior, alineamientos celestes, y otros aspectos
asombrosos han hecho dudar largo tiempo la atribución de su construcción a un faraón llamado
Cheops—un supuesto apoyado solamente por el descubrimiento de un hieroglifo de su nombre dentro
de la pirámide.
En La Escalera al Cielo (The Stairway to Heaven41) ofrecí pruebas que aquellas marcas eran una
falsificación moderna, y en ese libro y otros volúmenes se proveyó de evidencia textual y pictórica
para explicar cómo y por qué los Anunnaki diseñaron y construyeron aquellas pirámides.
Habiéndolas desnudado del equipamiento de su guía radiante durante la guerra de los dioses,
la Gran Pirámide y sus compañeras continuaron sirviendo para el Corredor de Aterrizaje. Con el
40 .- http://www.bibliotecapleyades.net/biblianazar/esp_biblianazar_jehovah.htm
41 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/stairway_heaven/stairway.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
puerto espacial inexistente, sólo permanecieron como silenciosos testigos de un Pasado desvanecido;
no ha habido indicaciones de que alguna vez hayan servido como objetos sagrados.
El Sitio de Aterrizaje en el bosque de cedros tiene
un registro diferente.
Gilgamesh, que fue casi mil años antes de la
calamidad nuclear, fue testigo ahí del lanzamiento de
una nave cohete, y los fenicios de la cercana Biblos de la
costa Mediterránea graficaron en una moneda (Fig. 55)
una nave cohete emplazada en una base especial dentro
de un recinto cerrado en el mismo lugar—casi mil años
después del suceso nuclear. Así, con y luego sin el puerto
espacial, el Sitio de Aterrizaje continuó siendo
operativo.
El sitio, Ba’albek42 (‘La grieta del valle de Ba’al’),
en Líbano, consistía en la antigüedad de una vasta
(alrededor de cinco millones de pies cuadrados [equivale
a un cuadrado de más de 70 metros de lado]) plataforma
de piedras enlosadas en cuyo rincón noroeste se eleva
hacia el cielo una enorme estructura de piedra.
Construida con piedras inmensas encajadas a
perfección cuyos pesos van de 600 a 900 toneladas cada
una, su muro occidental fue especialmente fortalecido con
el bloque de piedras más pesado de la Tierra, que incluye
tres monolitos cuyo peso son increíbles 1.100 toneladas
cada uno y son conocidos como el Trilitón (Fig. 56).
El hecho asombroso acerca de estos colosales boques
de piedra es que fueron sacados de la cantera cerca de dos
millas en el valle, donde uno de tales bloques, cuya
cantería no fue completa, aun permanece salido del piso.
(Fig. 57).
Los griegos veneraron el sitio desde el tiempo de
Alejandro como Heliópolis (ciudad del dios Sol); los
romanos construyeron allí el más grande templo de Zeus.
Los bizantinos lo convirtieron en una gran iglesia; los
musulmanes después de ellos construyeron ahí una mezquita, y al presente los Cristianos Maronitas
reverencian el sitio como una reliquia del Tiempo de los Gigantes. (Una visita al área y sus ruinas, y
como funcionaba como torre de lanzamiento, se describen en Las Expediciones de Las Crónicas de la
Tierra).
Lo más sagrado y santificado hasta hoy día ha sido el sitio que servía como Control Central de
la Misión—Ur-Shalem (‘Ciudad del Dios Comprensivo’), Jerusalén. Ahí, también como en Baalbeck
pero en escala reducida, una gran plataforma de piedra descansa en una base de roca y piedras
cortadas, incluyendo un masivo muro occidental con tres colosales bloques que pesan alrededor de
600 toneladas cada uno (Fig. 58).
Fue sobre esa preexistente plataforma que el Templo de Yahweh43 fue construido por el rey
Salomón, con su santo santuario y el Arca de la Alianza descansando sobre una roca sagrada encima
de una cámara subterránea. Los romanos, que construyeron allí el más grande templo a Júpiter
jamás erigido44, también planearon levantar uno a Júpiter en Jerusalén en vez de ese a Yahveh.
42 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_baalbek.htm
43 .- http://www.bibliotecapleyades.net/biblianazar/esp_biblianazar_jehovah.htm
44 .- http://www.bibliotecapleyades.net/arqueologia/esp_baalbek_2.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Fig.57
El Monte Templo se halla ahora dominado por la construcción musulmana Domo de la Roca (Fig.
59); su domo dorado originalmente superaba el santuario musulmán en Baalbek—evidencia que el
enlace entre los dos sitios relacionados con el espacio a menudo se había perdido.
En los desafiantes tiempos después de la calamidad nuclear, ¿pudo el Bab-Ili de Marduk , su
‘Partide de los dioses,’ sustituir los viejos sitios de Enlace Cielo-Tierra? ¿Pudo la nueva Religión
Estelar de Marduk ofrecer una respuesta a las perplejas masas? La antigua búsqueda de una
respuesta, parece, ha continuado hasta nuestro propio tiempo.
El más incesante adversario de Babilonia fue Asiria. Su provincia, en la región superior del Tigris, fue
llamada Subartu en tiempos sumerios y era la más norteña extensión de Súmer y Acadia. En lenguaje
y orígenes raciales parecen haber tenido un parentesco con Sargón de Acadia, tanto así que cuando
Asiria se convirtió en reino y poderío imperial, algunos de sus más famosos reyes tomaron el nombre
Sharru-kin—Sargón—como su nombre real.
Todo eso, deducido de hallazgos arqueológicos en los pasados dos siglos, corrobora las sucintas
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
aseveraciones de la Biblia (Génesis, cap. 10) que lista a los asirios como entre los descendientes de
Shem, y la capital de Asiria, Nínive y otras ciudades principales como ‘salidas de’—una consecuencia,
una extensión de—Shine’ar (Súmer).
Su panteón era el panteón sumerio—sus dioses eran los anunakis de Súmer y Acadia, y los
nombres teofóreticos de los reyes asirios y los altos oficiales señalaban reverencia a los dioses Ashur,
Enlil, Ninurta, Sin, Adad, y Shamash. Había templos dedicados a ellos, así como a la diosa
Inanna/Ishtar, que también fue extensamente venerada; una de sus representaciones mejor
conocidas, como piloto encasquetada (Fig. 60), fue hallada en su templo en Ashur (la ciudad).
Fig.58
Documentos históricos de la época indican que fueron los asirios del norte quienes
primeramente desafiaron al ejército babilonio de Marduk. El primer rey asirio registrado, Ilushuma,
condujo alrededor de 1900 a.C. una exitosa expedición militar por el Tigris, todo hacia el sur hasta la
frontera de Elam. Sus inscripciones señalan que su objetivo era ‘liberar a Ur y Nippur’; y removió,
por un tiempo, esas ciudades del puño de Marduk.
Esa fue sólo la primera pelea entre Asiria y Babilonia en un conflicto que continuó por más de
mil años y finalizó hacia el final de ambos. Fue un conflicto en el cual los reyes asirios fueron
generalmente los agresores.
Vecinos uno de otro, hablando el mismo lenguaje acadiano, y ambos herederos de las bases
sumerias, asirios y babilonios sólo eran distinguibles por una diferencia clave: su dios nacional.
Asiria se llamaba a si misma la ‘Tierra del dios Ashur’ o simplemente ASHUR, tomado de
nombre de su dios nacional, porque sus reyes y la gente consideraban muy importante este aspecto
religioso. Su primera capital fue además llamada ‘Ciudad de Ashur.’ O simplemente Ashur. El nombre
significa ‘El Que Ve’ o ‘El Que Es Visto.’ A pesar de los innumerables himnos, oraciones, y otras
referencias al dios Ashur, se mantiene borroso quién exactamente era, en el panteón sumeriosacadiano. En listas de dioses era el equivalente de Enlil; otras referencias a veces sugieren que era
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Ninurta, el Hijo y heredero de Enlil; pero dado que cada vez que la esposa es listada o mencionada
siempre es llamada Ninlil, la conclusión tiende a ser que ese Ashur asirio fue Enlil.
Fig.59
El registro histórico de Asiria es uno de conquistas y agresiones contra muchas otras naciones y
sus dioses. Sus incontables campañas militares fueron amplias y lejanas, y realizadas, por supuesto,
‘en nombre de dios’—su dios, Ashur: ‘Bajo la orden de mi dios Ashur, el gran señor’ fue la
introducción usual en los registros de las campañas militares de los reyes asirios.
Pero cuando llegó a la guerra con Babilonia, el sorprendente
aspecto de los ataques asirios fue su llamado central: no sólo la
reducción de la influencia de Babilonia—¡sino la real, remoción
física de Marduk mismo de su templo en Babilonia! La hazaña sin
embargo, de capturar Babilonia y poner a Marduk en cautividad
fue lograda primero, no por los asirios sino por sus vecinos del
norte—los hititas. Cerca de 1900 a.C. los hititas comenzaron a
desparramarse desde sus fuertes en el centro norte de Anatolia
(hoy Turquía), se convirtieron en un poder militar de importancia,
y se unieron a la cadena de estados-naciones enlilitas opuestas a
Marduk en Babilonia. En relativamente corto tiempo, alcanzaron
estatus imperial y sus dominios se extendieron hacia el sur
incluyendo la mayoría de la Canaán bíblica.
El descubrimiento arqueológico de los hititas, sus ciudades,
registros, idioma, e historia, es un asombroso y excitante relato
de traer a la vida y corroborar la existencia de gente y lugares
hasta ahora sólo conocidos a través de la Biblia hebrea.
Los hititas son repetidamente mencionados en la Biblia, pero sin el desdén o desprecio
reservado para adoradores de dioses paganos. Se refiere a su presencia por todas las tierras donde
fue desarrollada la historia de los Patriarcas Hebreos.
Fueron vecinos de Abraham en Harán, y fue de propietarios hititas en Hebrón, al sur de
Jerusalén, que compró la cueva funeraria de Macphelah. Bathsheba, cuyo rey David codiciaba
Jerusalén, era la esposa del capitán hitita en su ejército; y fue de granjeros hititas (que usaban el
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
sitio para limpiar trigo) que David adquirió la plataforma para el Templo del Monte Moremíah. El rey
Salomón compró a un príncipe hitita carros de caballo, y se casó con una de sus hijas.
La Biblia considera que los hititas pertenecen,
genealógica e históricamente, a los pueblos de Asia
Occidental; los académicos modernos creen que
fueron emigrantes al Asia Menor desde alguna parte
—probablemente desde más allá de las montañas
Cáucaso.
Porque su lenguaje, una vez descifrado, fue
hallado perteneciente al grupo Indo-Europeo (como
el griego en una mano y el sánscrito en la otra), son
considerados haber sido ‘Indo-Europeos’ noSemíticos. Sin embargo, una vez establecidos,
añadieron la escritura cuneiforme sumeria a su
propia y diferente escritura, incluyeron términos
sumerios ‘prestados’ en su terminología, estudiaron
y copiaron los ‘mitos’ sumerios y relatos épicos, y
adoptaron el panteón sumerio—incluyendo la cuenta
de doce ‘olímpicos.’
De hecho, alguno de los relatos tempranos de los
dioses en Nibiru y viniendo desde Nibiru fueron
descubiertos sólo en sus versiones hititas. Los dioses
hititas eran sin duda los dioses sumerios, y los
monumentos y sellos reales tenían invariablemente
el ubicuo símbolo del Disco Alado (ver fig. 46), el
símbolo para Nibiru. Esos dioses fueron a veces
llamados en los textos hititas por sus nombres
sumerios o acadianos—encontramos Anu, Enlil, Ea, Ninurta, Inanna/Ishtar, y Utu/Shamash
mencionados repetidamente.
En otras instancias los dioses eran llamados por nombres
hititas; encabezándolos estaba el dios nacional hitita, Teshub—‘el
Soplavientos’ o ‘Dios de las tormentas.’ No era otro que el hijo más
joven de Enlil, ISHKUR/Adad. Sus representaciones lo mostraban
sosteniendo el rayo como su arma, generalmente parado sobre un
toro—el símbolo de la constelación celestial de su padre (Fig. 61).
Las referencias bíblicas de la gran riqueza y destreza militar de los
hititas fueron confirmadas por los descubrimientos arqueológicos
ambos en sitios hititas y en los registros de otras naciones.
Significantemente, la parte sur hitita alcanzaba a envolver los dos
sitios relacionados con el espacio del Sitio de Aterrizaje (hoy día
Baalbek) y el Centro de Control de Misiones post-Diluvio
(Jerusalén); además trajo a los enlilitas hititas a distancia de
lanzamiento de Egipto, la tierra de Ra/Marduk.
Así ambos lados tenían todo lo necesario para embarcarse en
un conflicto armado. De hecho las guerras entre ellos incluyen algunos de las más famosas batallas
del mundo antiguo peleadas ‘en nombre de dios.’
Pero en vez de atacar Egipto, los hititas salieron con una sorpresa. El ejército hitita, el primero
quizá, en introducir carros de caballos en campañas militares, total e inesperadamente, en 1595 a.C.
bajaron el Éufrates, capturaron Babilonia, y tomaron cautivo a Marduk.
Aunque uno desea que más registros detallados de esa época y suceso hubieran sido
descubiertos, lo que se sabe indica que los atacantes hititas no intentaron invadir y gobernar
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Babilonia: se retiraron pronto apenas rompieron las defensas de la ciudad y penetraron su precinto
sagrado, llevando con ellos a Marduk, dejándolo sin daño, pero aparentemente bajo custodia, en una
ciudad llamada Hana—un sitio (aun sin excavar) en el distrito de Terka, a lo largo del Éufrates.
La humillante ausencia de Marduk de Babilonia duró veinticuatro años—exactamente el mismo
tiempo que Marduk había estado en el exilio en Harán cinco siglos atrás. Después de algunos años de
confusión y discordia, los reyes pertenecientes a la dinastía llamada la Dinastía Kassita tomaron el
control en Babilonia, restauraron el santuario de Marduk, ‘tomaron la mano de Marduk,’ y lo llevaron
de vuelta a Babilonia.
Sin embargo, el saqueo hitita de Babilonia es considerado por los historiadores haber señalado
el fin de la gloriosa Primera Dinastía de Babilonia y del Período Antiguo de Babilonia.
La súbita ofensiva hitita sobre Babilonia y la remoción temporal de Marduk permanecen como
un misterio histórico, político, y religioso sin resolver. ¿Fue la intención del ataque sólo avergonzar y
disminuir a Marduk—desinflar su ego, confundir a sus seguidores—o hubo ahí un propósito de largo
alcance—o causa—detrás de todo?
Fue posible que Marduk cayera víctima del proverbial ‘quemado por su propio petardo’?
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9 - LA TIERRA PROMETIDA
La captura y remoción de Marduk de Babilonia tuvo repercusiones geopolíticas, cambiando por
algunos años el centro de gravedad de Mesopotamia hacia occidente, a las tierras a lo largo del Mar
Mediterráneo. En términos religiosos, fue igual a un terremoto tectónico: de un golpe, las grandes
expectativas de Marduk que todos los dioses se reunieran bajo su égida, y todas las expectativas
mesiánicas de sus seguidores, se habían ido como volutas de humo.
Pero tanto geopolítico como religiosamente, el impacto mayor puede resumirse como la
historia de tres montañas—los tres sitios espacio-relacionados que pusieron la Tierra Prometida al
medio de todo: Monte Sinaí, Monte Moria, y el Monte Líbano.
De todos los sucesos que siguieron el hecho sin precedentes en Babilonia, el central y más
duradero de todos fue el Éxodo Israelita de Egipto—cuando, por primera vez, obras que hasta
entonces fueron encomendadas sólo a los dioses fueron encargadas a la gente.
Cuando los hititas que tomaron cautivo a Marduk se retiraron de Babilonia, dejaron tras de sí
un desorden político y un enigma religioso:
¿Cómo pudo haber sucedido?
¿Por qué ocurrió?
Cuando le ocurren cosas malas a la gente, dirían que los dioses estaban enojados; ¿Y
qué ocurre ahora cuando las cosas malas le ocurren a dioses—a Marduk?
¿Había un Dios supremo al supremo dios?
En Babilonia misma, la eventual liberación y retorno de Marduk no aportó una respuesta; de
hecho, aumentó el misterio, porque los kasitas que dieron la bienvenida al capturado dios de vuelta a
Babilonia fueron extranjeros no-babilonios. Ellos llamaban a Babilonia ‘Karduniash’ y tenían nombres
tales como Barnaburiash y Karaindash, pero poco más se sabe de ellos o de su lenguaje original.
Hasta este día no está claro de dónde vinieron y por qué a sus reyes se les permitió reemplazar la
dinastía de Hamurabi alrededor de 1660 a.C. y dominar Babilonia desde 1560 a.C. hasta 1160 a.C.
Los académicos modernos hablan del período que siguió a la humillación de Marduk como una
‘época oscura’ en la historia babilónica, no sólo por el trastorno causado sino principalmente debido
a la escasez de registros babilónicos del momento.
Los kasitas se integraron rápidamente a la cultura sumerio-acadiana, incluyendo el lenguaje y
la escritura cuneiforme, pero no fueron ni los meticulosos bibliotecarios que los sumerios habían sido
ni como los anteriores escritores babilonios de anales reales. Ciertamente, la mayoría de los pocos
registros de reyes kasitas han sido encontrados no en Babilonia sino en Egipto—tablillas de greda en
el archivo de la real correspondencia de El-Amarna.
Sorprendentemente, en esas tablillas los reyes kasitas llaman a los faraones egipcios ‘mi
hermano,’ La expresión, aunque figurativa, no era injustificada, porque Egipto compartía con
Babilonia la veneración de Ra-Marduk y, como Babilonia, tuvo también que sumergirse en una ‘época
oscura’—un período que los académicos llaman el Segundo Período Intermedio.
Comenzó con el deceso del Reino Medio cerca de 1780 a.C. y duró hasta 1560 a.C. Como en
Babilonia, actuó un reino de reyes extranjeros conocidos como ‘hicsos.’ Aquí, también, no hay
certeza de quienes eran, ni de dónde vinieron, o como era que sus dinastías fueron capaces de
gobernar Egipto por más de dos siglos.
Que las fechas de este Segundo Período Intermedio (con sus muchos aspectos oscuros) sean
paralelas a las de Babilonia del tiempo de las victorias de Hamurabi (1760 a.C.) y a la captura y
relanzamiento del culto a Marduk en Babilonia (cerca de 1560 a.C.) probablemente no es ni
coincidencia ni accidental: esos desarrollos similares en tiempos paralelos en las principales tierras
de Marduk ocurrieron porque Marduk ‘se quemó con su propio petardo’—la sola justificación para su
reclamo de supremacía estaba ahora generando su problemática.
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El ‘petardo’ fue su propio desacuerdo que los tiempos de su supremacía en la Tierra habían
llegado porque en los cielos la Era del Carnero, su era, había llegado. Pero mientras el reloj zodiacal
seguía tictackeando, la Era del Carnero comenzó a huir lentamente. La evidencia física de aquellos
asombrosos tiempos existe aun, y puede ser vista, en Tebas, la antigua capital del Alto Egipto.
Aparte de las grandes pirámides de Giza, los más impresionantes y majestuosos monumentos
egipcios están en los colosales templos de Karnak y Luxor en la parte sur de Egipto (Alto).
Los griegos llamaron al palacio Thebai, de donde su nombre en español—Tebas—deriva; los
antiguos egipcios le llamaron la Ciudad de Amon, porque era a este dios invisible al que aquellos
templos estaban dedicados. La escritura jeroglífica y los diseños pictóricos en sus muros, obeliscos,
pilones, y columnas (Fig. 62) dan gloria al dios y al faraón que construyó, creció, expandió—y los
mantuvo cambiando—los templos.
Fig.62 a, b
Fue ahí que la llegada de la Era del Carnero fue anunciada por las filas de esfinges con cabeza
de carnero (ver Fig. 39); y es ahí donde el mismo diseño de los templos revela el dilema secreto de
los seguidores egipcios de Ra/Amon/Marduk.
Una vez, de visita en los sitios con un grupo de seguidores. Me paré al centro de un templo
ondulando mis manos como un policía de tráfico, Los asombrados testigos se preguntaban, ¿Quién es
este loco? Pero estaba tratando de puntualizar a mi grupo el hecho que los templos de Tebas, erigidos
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
por una sucesión de faraones, cambiaban su orientación (Fig. 63).
Fue Sir Norman Lockyer, en los 1890s, quién primero captó la significancia de este aspecto
arquitectural, que dio origen a la disciplina llamada Arqueo-astronomía.
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The significance of the latitude of Karnak - (25° 43' 00")
(This latitude, whether through accident or design, has an important geometric significance).
It is has been noticed that certain significant ancient Egyptian temples were located on geometrically
significant latitudes. In the case of Karnak (Thebes), we can see that the latitude is a result of the following
simple mathematic procedure:
(90° / 7 which equals 12.857°)
Although this number may seem to have no immediate significance, there has been much work on the
theory that the ancient Egyptians were aware of the dimensions of the globe, a theory which finds favour in
the specific placement of particularly significant sacred sited.
Livvio Stecchini was the first to suggest that the ancient oracle centres were placed at
specific latitudes which he called the 'Oracle octave'. He suggested that the historical
narratives of Herodotus, who made a reference to the connection between the oracle centres
of Ammon-Ra and Delphi. (which is situated at 38.57° N).
If the Northern half of the hemisphere of earth (90°), is divided by seven, then one can start to look at the
ancient sacred sites in a different light. The 'First Cataract' of Egypt falls exactly on first division on latitude
12.857° N, the Temple of Amon (Thebes), falls on the second division:
12.857° x 2 = 25.714° N (25° 43' 00" N)
Delphi (and the Evora complex in Portugal).. both on latitude 38.57° N, and the
fourth, the home to the largest pyramid in Europe, Silbury Hill at (51.428° N).
The Third is home to
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Templos que fueron orientados a los equinoccios, como el templo de Salomón en Jerusalén,
(Fig. 64) (y la vieja basílica de San Pedro en el Vaticano en Roma), dan la cara permanentemente al
oriente, dando la bienvenida al Sol año tras año sin reorientación. Pero los templos orientados a los
solsticios, como los templos tebanos en Egipto o el Templo del Cielo en Beijing45, precisaban de
periódicas reorientaciones debido a la precesión, donde la elevación del Sol en los solsticios se
mueve apenas tan levemente a lo largo de siglos—como puede ser ilustrado por Stonehenge, donde
Lokyer aplicó sus hallazgos (ver Fig. 6).
El mero templo que los seguidores de Ra/Marduk habían edificado para glorificarlo estaba
mostrando que los cielos eran inciertos acerca de la durabilidad del dios y su Era.
El mismo Marduk—tan consiente del reloj zodiacal cuando había reclamado el milenio anterior
que su tiempo había llegado—trató de cambiar el foco religioso mediante la introducción de la
Religión Estelar de ¿Marduk es Nibiru.’ Pero su captura y humillación ahora levantaron preguntas en
relación a este dios celestial no visible. La pregunta, ¿hasta cuándo durará la Era de Marduk?, cambió
al cuestionamiento: si celestialmente Marduk es el Nibiru no visto, ¿cuándo se revelará a si mismo,
reaparecer, retornar?
Como eventos mostrados por despliegue, ambos focos, el religioso y el geopolítico se mudaron
en la mitad del segundo milenio a.C. a un estrecho de tierra que la Biblia llamó Canaán.
Como el retorno de Nibiru46 comenzó a emerger como foco religioso, los sitios espaciales
también emergieron como faroles brillantes, y fue en la ‘Canaán’ geográfica donde tanto el Sitio de
aterrizaje como el antiguo Centro de Control de Misiones estuvieron ubicados.
Los historiadores cuentan los hechos subsiguientes en términos de elevación y caída de
naciones-estado y el derrumbe de imperios. Fue alrededor de 1460 a.C. que los reinos olvidados de
Elam y Anshan (más tarde conocido como Persia, a este y sudeste de Babilonia) se juntaron para
formar un nuevo y poderoso estado, con Susa (la bíblica Shushan) como la capital nacional y Ninurta,
el dios nacional, como Shar Ilani—‘Señor de los dioses,’ esa reciente y asertiva nación iba a jugar un
rol decisivo en acabar con Babilonia y la supremacía de Marduk.
No fue probablemente coincidencia que mas o menos al mismo tiempo, un nuevo y poderoso
estado se levantase en la región del Éufrates donde Mari alguna vez había dominado. Ahí los bíblicos
horitas (los académicos los llaman Hurrianos) formaron un poderoso estado llamado Mitanni—‘El Arma
de Anu’—el cual capturó las tierras que hoy son Siria y Líbano y planteó un desafío geopolítico y
45 .- http://www.bibliotecapleyades.net/arqueologia/esp_altarheaven01.htm
46 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_hercolobus.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
religioso a Egipto. Ese reto fue respondido, con mayor ferocidad, por el faraón egipcio Tutmosis III,
cuyas historias lo describen como un ‘Napoleón Egipcio.’
Entrelazado con todo estaba el éxodo israelita desde Egipto, ese hecho seminal del período, si
no por otra razón que debido a sus duraderos efectos, hasta hoy, en las religiones de la Humanidad,
los códigos sociales y morales, y la centralidad de Jerusalén. Su agenda no fue accidental, porque
todos los desarrollos relacionados al asunto de quién habrá de controlar los sitios relacionados con el
espacio cuando suceda el retorno de Nibiru.
Como fue mostrado en capítulos anteriores, no fue de golpe que Abraham se convirtió en
Patriarca Hebreo, sino un participante elegido para asuntos internacionales mayores; y los lugares
donde su relato nos lleva—Ur, Harán, Egipto, Canaán, Jerusalén, el Sinaí, Sodoma y Gomorra—fueron
sitios principales en la historia universal de dioses y hombres en tiempos anteriores.
El Éxodo Israelita de Egipto, recordado y celebrado por la gente judía durante la fiesta de
Passover (Pésaj - festividad judía), fue asimismo un aspecto integral de los sucesos que estaban
entonces desplegándose a través de las antiguas tierras. La Biblia misma, lejos de tratar al Éxodo
como una ‘historia judía,’ claramente señala el contexto de la historia egipcia y los sucesos
internacionales del momento.
La Biblia hebrea abre su historia del Éxodo israelita desde Egipto en su segundo libro, Éxodo,
recordando al lector que la presencia israelita en Egipto comenzó cuando Jacob (quién fue
renombrado Israel por un ángel) y sus otros once hermanos se unieron a Joseph el hijo de Jacob en
Egipto, en 1833 a.C.
La historia completa de cómo José, separado de su familia, se elevó de ser un esclavo al rango
de virrey, y cómo él salvó a Egipto de una hambruna devastadora, está contada en la Biblia en el
último capítulo del Génesis; y mi opción de cómo José salvó Egipto y cual evidencia de ello hay al
presente, está dicho en las Expediciones de Las Crónicas Terrestres.
Habiendo recordado al lector de cómo y cuándo comenzó la presencia israelita en Egipto, la
Biblia hace claro que todo eso se fue y se olvidó en el tiempo del Éxodo: ‘José y todos sus hermanos y
toda su generación se habían ido.’ No sólo ellos sino también la dinastía de los reyes egipcios
conectados a esos tiempos hace rato se había extinguido. Una nueva dinastía llegó al poder. ‘Y se
levantó un nuevo rey en Egipto que no conocía a José,’
Certeramente, la Biblia describe los cambios de gobierno en Egipto. Las dinastías del Reino
Medio basadas en Menfis se habían ido, y después del desorden del Segundo Período Intermedio el
Príncipe de Tebas lanzó las dinastías del Nuevo Reino. Sin duda, florecieron reyes del todo nuevos en
Egipto—nuevas dinastías en una nueva capital, ‘y no conocían a José.’ Olvidando las contribuciones
israelitas a la sobrevivencia de Egipto, un nuevo faraón ahora percibió peligro en su presencia.
Ordenó una serie de pasos opresores contra ellos, incluyendo la matanza de bebés varones.
Estas eran sus razones:
Y le dijo a su gente:
‘Contemplad, una nación, los Hijos de Israel,
los israelitas son un pueblo más numeroso y fuerte que nosotros.
Tomemos precauciones contra él para que no siga multiplicándose, no sea que en caso de guerra
se una también él a nuestros enemigos para luchar contra nosotros y salir del país.»
Éxodo 1:9–10
Los académicos bíblicos siempre han asumido que la temida nación de los ‘Hijos de Israel’ eran
los israelitas en su estancia en Egipto. Pero esto no concuerda ni con los números dados ni con la
palabra literal de la Biblia.
El Éxodo comienza con una lista de nombres de Jacob y sus hijos que habían venido, con sus
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
hijos, para reunirse con José en Egipto, y señala que ‘todo aquel que desciende de las entrañas de
Jacob, excluyendo a José que estaba en Egipto, eran setenta,’ (que junto a Jacob y José el número
totalice 72 es un intrigante detalle a ponderar.)
La ‘estadía’ duró cuatro siglos, y de acuerdo a la Biblia el número de todos los israelitas que
abandonaron Egipto fue 600.000; ningún faraón hubiera considerado tal grupo como ‘grande y más
poderoso que nosotros.’ (Para la identidad de ese faraón y de la ‘Hija del Faraón’ que levantó a
Moisés como su hijo, ver Encuentros Divinos.)
Las palabras de la narrativa registran el temor del faraón que en tiempos de guerra, los
israelitas se ‘unirán a nuestros enemigos y pelearán contra nosotros, y luego se irán.’ Es un miedo no
por una ‘Quinta Columna’ dentro de Egipto, sino por los indigentes ‘Hijos de Israel’ egipcios yéndose
a reforzar una nación enemiga con la cual están relacionados—siendo todos ellos, según la visión
egipcia, ‘Hijos de Israel.’ ¿Pero que otra nación de Hijos de Israel y de qué guerra estaba hablando el
rey de Egipto?
Gracias a los descubrimientos arqueológicos de registros reales de ambos lados de aquel
antiguo conflicto y la sincronización de los contenidos, sabemos ahora que el Nuevo Reino de
faraones estuvo involucrado en guerras prolongadas contra Mitanni.
Partiendo alrededor de 1560 a.C. con el faraón Ahmosis, continuó con Amenofis I, Tutmosis I y
Tutmosis II, y se intensificó con Tutmosis III en 1460 a.C., ejércitos egipcios irrumpieron en Canaán y
avanzaron hacia el norte en contra de Mitanni. Las crónicas egipcias de estas batallas mencionan con
frecuencia Naharin como el blanco definitivo—el área del río Khabur, que la Biblia llama AramNaharayim (La Tierra Oeste de los dos Ríos); ¡su principal centro urbano era Harán!
Fue ahí, recalcan los estudiosos bíblicos, que Nahor hermano de Abraham se quedó cuando
Abraham procedió a Canaán; fue de ahí que venía Rebecca, la esposa de Isaac hijo de Abraham—era
en realidad, nieta de Nahor.
Y fue a Harán que Jacob hijo de Isaac (re-nombrado Israel) fue a buscar una esposa—
terminando por desposar a sus sobrinas, las dos hijas (Le’ah y Raquel) de Laban, el hermano de su
madre Rebecca.
Esta familia directa amarra entre los ‘Hijos de Israel’ (i.e. de Jacob) que fueron a Egipto y
aquellos que permanecieron en Naharin-Naharayim; se halla destacado en los primeros versos del
Éxodo: la lista de los hijos de Jacob que habían venido a Egipto con él incluye al más joven, BenYamin (Benjamín), el único hermano total de José porque ambos eran hijos de Jacob en Raquel (los
otros fueron con su esposa Le’ah y dos concubinas).
Sabemos ahora por tablillas de Mittania que ¡la tribu más importante en el área del río Khabur
era llamada Ben-Yamins! El nombre del hermano completo de José fue entonces un nombre tribal
mittanio; sin duda entonces, los egipcios consideraban a los ‘Hijos de Israel’ en Egipto y los ‘Hijos de
Israel’ en Mittani como una nación combinada ‘más grande y poderosa que nosotros.’
Esa era la guerra por la cual estaban preocupados los egipcios y esa fue la razón de la
preocupación militar egipcia—no el pequeño número de israelitas en Egipto si se quedaban, pero una
amenaza si se van y ocupan territorio al norte de Egipto. Ciertamente, el impedir que los israelitas se
fueran aparece como el tema central del drama en desarrollo del Éxodo—estaban los reiterados
llamados de Moisés al faraón reinante ‘deja irse a mi gente.’ y las repetidas negativas para otorgar
esa petición—a pesar de diez castigos divinos consecutivos. ¿Por qué? Para una respuesta plausible
necesitamos insertar la conexión espacial al drama en desarrollo.
En sus incursiones hacia el norte, los egipcios marcharon a través de la Península de Sinaí por
el Camino del Mar, una ruta (más tarde conocida por los romanos como Via Maris) que les permitió
pasar a través de la Cuarta Región de los dioses a lo largo de la costa mediterránea, sin realmente
penetrar en la Península misma.
Entonces, avanzando hacia el norte por Canaán, los egipcios repetidamente llegaron hasta las
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Montañas de Cedros del Líbano y pelearon batallas en Kadesh, ‘EL Sagrado Lugar.’ Esas fueron
batallas, sugerimos, para controlar los dos sagrados sitios relacionados con el espacio—el antiguo
Centro de Control de Misión (Jerusalén) en Canaán y el Sitio de Aterrizaje en Líbano. El faraón
Tutmosis III por ejemplo, en sus anales de guerra, se refiere a Jerusalén (“Ia-ur-sa”), donde tuvo una
guarnición, como el ‘sitio que se alcanza al otro lado de la Tierra—un ‘Ombligo del Mundo.’
Describiendo sus campañas hacia el norte lejano, registró batallas en Kadesh y Naharin y habló
de tomar las Montañas de Cedros, las ‘Montañas de la tierra de dios’ que ‘resisten los pilares que van
al cielo.’ La terminología inequívocamente identifica por sus atributos de relación espacial los dos
sitios que reclamaba haber capturado ‘para el gran dios, mi padre Ra/Amon.’
¿Y el propósito del Éxodo?
En palabras del dios bíblico mismo47,
para cumplir su juramento prometido a Abraham, Isaac, y Jacob para otorgar a sus
descendientes una ‘Herencia Eterna’ (Éxodo 6: 4-8)
del río de Egipto hasta el gran río, el Éufrates’; toda la tierra de Canaán.’ (Génesis 15:18,
17:8)
‘toda la Tierra de Canaán.’ ‘el Monte Oeste. . . La tierra de Canaán y Líbano (Deuteronomio
1: 7)
‘del desierto de Líbano, desde el Río Éufrates dentro del Mar Oeste’ (Deuteronomio 11:24)
aun los ‘lugares fortificados que alcanzan hasta el cielo’ donde ‘descendientes de los
anakim’—los Anunnaki48—aun residían (Deuteronomio 9: 1-2)
La promesa a Abraham fue renovada a los israelitas en primera instancia en Ha-Elohim, el
‘Monte de los dioses Elohim.’ Y la misión era apoderarse, poseer, los otros dos sitios relacionados con
el espacio, los cuales la Biblia conecta repetidamente (como en Salmos 48:3), llamando al Monte Sión
en Jerusalén Har Kodshi, ‘Mi Monte Secreto’, y el otro, en la cresta de Líbano, Har Zaphon, ‘El
Secreto Monte Norte.’
La Tierra Prometida claramente abarcaba ambos sitios espaciales; su división entre las doce
tribus otorgó el área de Jerusalén a las tribus de Benjamín y Judá, y el territorio que ahora es Líbano
a la tribu de Asher. En sus palabras de despedida antes de morir, Moisés recordó a la tribu de Asher
que la instalación espacial del norte se hallaba en su dominio—como ninguna otra tribu, dijo, ellos
verán al ‘Que Cabalga en las Nubes Mencionando Conjuros Celestes’. (Deuteronomio 33: 26).
Aparte la asignación territorial, las palabras de Moisés implican que el sitio debería ser
funcional y empleado para elevarse al cielo en el futuro. Clara y más enfáticamente, los Hijos de
Israel tuvieron que ser los custodios de las dos instalaciones espaciales de los Anunnaki.
El convenio con la gente escogida para efectuar el trabajo fue renovado, en la más grande
teofanía en registro, en el Monte Sinaí. No fue ciertamente por casualidad que la teofanía ocurrió
ahí. Desde muy al principio del relato del Éxodo—cuando Dios llama aparte a Moisés y le asigna el
Éxodo—ese lugar en la Península de Sinaí ocupaba el escenario central.
Leemos en Exodo 3:1 que ocurrió en el ‘Monte de los Elohim’—la montaña asociada con los
Anunnaki. La ruta del Éxodo (Fig. 65) fue divinamente diseñada, siéndole mostrada a la multitud
israelita una columna de nubes de día y un pilar de fuego por las noches.’
Los Hijos de Israel ‘viajaron por la naturaleza de Sinaí de acuerdo a instrucciones de Yahveh,’
la Biblia establece con claridad; al tercer mes de viaje ‘llegarán a un campamento opuesto al
Monte’; y al tercer día de eso, Yahveh en su Kavod ‘vino a posarse sobre el Monte Sinaí a la vista de
todos.’
Era el mismo monte que Gilgamesh, llegando al lugar donde las naves cohetes ascendían y
47 .- http://www.bibliotecapleyades.net/biblianazar/esp_biblianazar_jehovah.htm
48 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sumer_anunnaki/anunnaki/anu_1.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
descendían, había llamado ‘Monte Mashu.’ Era el mismo monte con ‘la doble puerta al cielo’ al cual
los faraones egipcios iban en su Viaje Después de la Vida a reunirse con los dioses en el ‘planeta del
millón de años.’
Era el monte a horcajadas con el antiguo Puerto Espacial—y fue ahí que el Pacto con el pueblo
elegido fue renovado para ser guardianes de los dos sitios espaciales remanentes.
The
route
of
the
Exod us
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(F ig.
65)
Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Mientras los israelitas se preparaban, después de la muerte de Moisés, para cruzar el Jordán,
los límites de la Tierra Prometida fueron repetidos al nuevo líder, Joshua. Abarcando las locaciones
de los sitios espaciales, los límites incluían enfáticamente Líbano.
Hablando a Joshua, el dios bíblico dijo:
“Ahora levántate y cruza este Jordán, tú y toda esta gente, los Hijos de Israel, en la tierra que les
doy para ellos.
Cada lugar donde la suela de tus pies pisará
te la doy, tal como hablé con Moisés:
Desde el desierto de Líbano
y desde el gran río, el Río Éufrates,
en el país de los hititas.
hasta el Gran Mar, donde su pone el sol—
Esa será tu frontera.
Joshua 1: 2–4
Con tanto del ocurrente desorden político, militar y religioso sucediendo en las Tierras de la
Biblia, y con la Biblia misma sirviendo como llave para el pasado y el futuro, se podría señalar una
advertencia inserta por el dios Bíblico en relación a la Tierra Prometida. Los límites, yendo desde las
Tierras Salvajes del sur hasta el Líbano por el norte, y desde el Éufrates al oriente hasta el
Mediterráneo al poniente, le fueron reconfirmados a Joshua.
Esos, dijo Dios, fueron los imites prometidos. Pero para convertirse en verdadero territorio
otorgado, tenía que ser obtenido por posesión.
Similar al ‘plantar la bandera’ por los exploradores en el pasado reciente, los israelitas podían
poseer y mantener la tierra que de verdad pisaban sus pies—‘apisonado con la planta de sus pies’;
por lo tanto, Dios ordenó a los israelitas no esperar ni demorar, sino cruzar el Jordán y valiente y
sistematíceme asentarse en la Tierra Prometida.
Pero cuando las doce tribus bajo el liderato de Joshua conquistaron y se asentaron en Canaán,
sólo una parte del área oriental del Jordán estaba ocupada; no todas las tierras al oeste del Jordán
fueron capturadas y asentadas.
En lo que concierne a los dos sitios relacionados con el espacio, las historias son muy
diferentes: Jerusalén—que fue listada específicamente (Joshua 12: 10, 18: 28) —estaba firmemente
en manos de la tribu de Benjamín. Pero está en duda si el avance hacia el norte conquistó el Sitio de
Aterrizaje en Líbano. Subsecuentes referencias bíblicas al sitio que llama la ‘Cresta de Zaphon’ (el
lugar secreto al norte) —como también lo llamaban sus moradores, fenicio-cananeos. (Las epopeyas
cananeas lo consideraban un sitio sagrado del dios Adad, el hijo menor de Enlil.
El cruce del Jordán—logro realizado con la ayuda de algunos milagros—tuvo lugar al frente de
Jericó, y la fortificada ciudad de Jericó (oeste del Jordán) era el primer objetivo de los israelitas. La
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historia del derrumbe de sus muros y su captura incluye una referencia bíblica a Sumer49 (Shin’ar en
hebreo): a pesar de la orden de no tomar botín, uno de los israelitas no resistió la tentación de
‘guardarse un valioso adorno de Shin’ar.’
La captura de Jericó, y la ciudad de Ai al sur de ella, abrió el camino al más importante e
inmediato objetivo: Jerusalén, donde había estado la plataforma del Control de Misión. Las misiones
de Abraham y sus descendientes y los pactos de Dios con ellos nunca perdieron de vista la centralidad
de este lugar. Como dijo Dios a Moisés, es en Jerusalén que Su morada terrestre iba a estar; ahora la
profecía-promesa podía ser completada. La captura de las ciudades camino a Jerusalén, junto con las
aldeas de las colinas a su alrededor, se convirtieron en un reto formidable, principalmente porque
algunas, en especial Hebrón, estaban habitadas por ‘hijos de los Anakim—descendientes de los
Anunnaki.
Jerusalén, debe recordarse, dejó de funcionar como Centro Control de Misión cuando el puerto
espacial en el Sinaí fuera borrado del mapa hacía más de seis siglos. Pero de acuerdo a la Biblia, los
descendientes de los Anunnaki que habían estado estacionados ahí aún residían en esa parte de
Canaán, y fue ‘Adoni-Zedek, rey de Jerusalén’ quién formó una alianza con otros cuatro reyes de
ciudad para bloquear el avance israelita.
La batalla que siguió, en Gibe’on en el Valle de Ayalon justo al norte de Jerusalén, tuvo lugar
en un día único—el día en que la Tierra se detuvo. En la mejor parte de ese día, ‘el Sol de detuvo y la
Luna se mantuvo quieta’ (Josué 10: 10-14), lo que permitió a los israelitas ganar tan crucial batalla.
Una ocurrencia paralela pero inversa, cuando la noche duró un extra de veinte horas, tuvo
lugar al otro lado del mundo, en las Américas; el tema fue discutido en Los Reinos Perdidos50.
10 Yahveh los puso en fuga delante de Israel y les causó una gran derrota en Gabaón: los
persiguió por el camino de la subida de Bet Jorón, y los batió hasta Azecá (y hasta
Maquedá).
11 Mientras huían ante Israel por la bajada de Bet Jorón, Yahveh lanzó del cielo sobre
ellos hasta Azecá grandes piedras, y murieron. Y fueron más los que murieron por las
piedras que los que mataron los israelitas a filo de espada.
12 Entonces habló Josué a Yahveh, el día que Yahveh entregó al amorreo en manos de
los israelitas, a los ojos de Israel y dijo: «Detente, sol, en Gabaón, y tú, luna, en el
valle de Ayyalón.»
13 Y el sol se detuvo y la luna se paró hasta que el pueblo se vengó de sus enemigo. ¿No
está esto escrito en el libre del Justo? El sol se paró en medio del cielo y no tuvo prisa
en ponerse como un día entero.
14 No hubo día semejante ni antes ni después, en que obedeciera Yahveh a la voz de un
hombre. Es que Yahveh combatía por Israel.
[plus de la traducción - El Traductor]
En la visión bíblica entonces, Dios mismo aseguró que Jerusalén quedaría en manos israelitas.
Apenas fue establecida la realeza bajo David que le fue ordenado por Dios limpiar la
plataforma sobre el Monte Moría y santificar el sitio para un Templo de Yahveh. Y desde que Salomón
erigió ese templo allí, el Templo del Monte/Monte Moría/Jerusalén ha permanecido como algo único
y sagrado. Ciertamente, no hay otra explicación de por qué Jerusalén—no una ciudad principal de
cruce de caminos, alejada de flujos de agua, sin recursos naturales—ha sido resguardada y sagrada
desde la antigüedad, considerada como una ciudad singular, un ‘Ombligo del Mundo.’
La exhaustiva lista de las ciudades capturadas dada en Josué cap. 12 nombra a Jerusalén como
la tercera ciudad, siguiendo a Jericó y Ai, como firmemente en manos israelitas. La historia fue
diferente, sin embargo, en relación al sitio espacial del norte.
Las Montañas de Cedros del Líbano corrían en dos cadenas, el Líbano al oeste y el anti-Líbano
al este, separadas por el Bekka—la ‘Grieta,’ una especie de cañón con valles que era conocido en los
49 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_sumer_annunaki.htm
50 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/reinosperdidos/reinosperdidos.htm
pg. 125 de 238
Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
tiempos cananeos como la ‘Grieta del Señor’ o Ba’al Bekka—de ahí Ba’albek51, el actual nombre del
lugar del Sitio de Aterrizaje (al extremo oriental, de cara al valle).
Los reyes del ‘Monte del Norte’ son apuntados en el Libro de Joshua como habiendo sido
derrotados; un lugar llamado Ba’al-Gad ‘en el Valle del Líbano’ es listado como derrotado; pero
queda la inseguridad de si Ba’al-Gad ‘en el Valle del Líbano’ es sólo otro nombre para Ba’al-Bekka.
Se nos dice (Jueces 1: 33) que la tribu de Neftalí ‘no desheredaron a los moradores de BethShemesh (‘Morada de Shamash,’ el dios Sol), y esa podría ser una referencia al sitio, llamado
Heliópolis por los posteriores griegos, ‘Ciudad del Sol.’ (Aunque más tarde los territorios bajo el rey
David y Salomón se extendieron hasta incluir Beth-Shemesh, eso fue meramente temporal.
El fracaso original israelita para establecer una hegemonía sobre el sitio espacial norte lo hizo
‘disponible’ para otros. Un siglo y medio después del Éxodo los egipcios intentaron tomar posesión de
ese ‘disponible’ Sitio de Aterrizaje, pero se encontraron con la oposición de un ejército hitita.
La épica batalla es descrita en palabras e ilustraciones (Fig. 66) en los muros de los templos de
Karnak.
51 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_baalbek.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Conocida como la Batalla de Kadesh, finalizó con la derrota egipcia, pero la guerra y la batalla
agotaron tanto a ambos bandos que el Sitio de Aterrizaje fue dejado en manos de los reyes fenicios
locales de Tiro, Sidón y Biblos (la Gebal bíblica). (Los profetas Ezequiel y Amos, que la llamaron el
lugar de los dioses’ tanto como ‘la Morada Edén,’ la reconocieron como perteneciendo a los fenicios.)
Los reyes fenicios del primer milenio a.C. estaban muy conscientes del propósito y significado
del lugar—lo atestigua su dibujo en una moneda fenicia de Biblos (ver Fig. 55).
El Profeta Ezequiel (28:2, 14) amonestó al rey de Tiro por su arrogante creencia que, habiendo
asistido a una reunión secreta de los Elohim, se había convertido él mismo en un dios:
Tú has estado en el Monte Sagrado,
como un dios estabas tú, moviéndote entre las abrasadoras piedras…
y te volviste altivo, diciendo:
‘Un dios yo soy, estuve en el lugar de los Elohim’.
Pero sólo eres un Hombre, no un dios.
Fue en ese tiempo que el Profeta Ezequiel—en exilio en el ‘país antiguo,’ cerca de Harán en la
orilla del Khabur—tuvo visiones divinas y un carruaje celestial, un ‘Plato Volador,’ pero ese relato
debe ser pospuesto para un capítulo más adelante. Aquí es importante notar que de los dos sitios
espaciales, sólo Jerusalén fue retenido en manos de los seguidores de Yahveh.
Los primeros cinco libros de la Biblia hebrea, conocidos como la Torah (‘Las Enseñanzas’),
cubren la historia desde la Creación, Adán, y Noé y los Patriarcas y José en el Génesis. Los otros
cuatro libros—Éxodo, Levítico, Números, y Deuteronomio—cuentan la historia del Éxodo por un lado,
y por la otra enumeran las reglas y regulaciones de la nueva religión de Yahveh.
Que era una nueva religión que abarcaba un nuevo modo de vida ‘sacerdotal’ fue dejado claro
y promulgado:
‘No te comportarás como hacen el tierra de Egipto, donde han morado, ni como se hace
en la Tierra de Caná de donde te traje; nunca te comportarás como ellos ni seguir sus
reglas’
(Levítico 18: 2-3)
Habiendo establecido las bases de la fe (‘No tendrás otro dios delante de mí.’) y su código de
moral y ética en apenas Diez Mandamientos, continúan página por página de requerimientos de
dieta, reglas para vestimentas y ritos de sacerdocio, enseñanzas médicas, directrices agrícolas,
instrucciones de arquitectura, leyes de propiedad y leyes criminales, y así.
Revelan un extraordinario conocimiento en virtualmente todas las disciplinas científicas,
experticia en metales y textiles, conocimiento de sistemas legales y asuntos sociales, familiaridad
con las tierras, la historia, las costumbres, y los dioses de otras naciones—y ciertas preferencias
numerológicas.
El tema de doce—como en las doce tribus de Israel o en el año de doce meses—es obvio. Obvio
también, es la predilección por siete, más prominentemente en el campo de los festivales y rituales,
y en establecer una semana de siete días y consagrar el séptimo día al Sabbath. Cuarenta es un
número especial, como en los cuarenta días y cuarenta noches que pasó Moisés en el Monte Sinaí, o
los cuarenta años decretados que debieron vagar los israelitas por el Sinaí.
Estos números nos resultan familiares por aquellos de los relatos sumerios—los doce del
sistema solar y el calendario de doce meses de Nippur; el siete como número planetario de la Tierra
(cuando los Anunnaki contaban desde fuera hacia dentro) y de Enlil como Comandante de la Tierra; el
cuarenta como rango numérico de Ea/Enki. El número cincuenta también está presente.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Cincuenta, como sabe el lector, fue un número con aspectos ‘sensitivos’—era el rango original
de Enlil y el rango-en-espera de su presunto heredero, Ninurta; y más significativo, en los días del
Éxodo, connotaba simbolismo hacia Marduk y sus cincuenta nombres.
Se necesita entonces atención extra para cuando encontremos que a ‘cincuenta’ se le otorgó
extraordinaria importancia—fue usado para crear una nueva Unidad de Tiempo, el cincuenta.
Mientras el calendario de Nippur fue adoptado claramente como el calendario por el cual los
festivales y otros ritos religiosos iban a ser observados, se dictaron regulaciones especiales para el
cincuentavo año; se le dio un nombre especial, aquel del Año de Jubileo:
10 Declararéis santo el año cincuenta, y proclamaréis en la tierra liberación para todos
sus habitantes. Será para vosotros un jubileo; cada uno recobrará su propiedad, y cada
cual regresará a su familia.
(Levíticas cap. 25).
En tal año, tenían lugar liberaciones sin precedentes. La cuenta debía ser hecha contando
desde el Año Nuevo del Día de la Expiación siete años septenarios, cuarenta y nueve tiempos;
entonces el Día de la Expiación del año siguiente, el año cincuenta, el llamado de trompeta de un
cuerno de carnero, debía ser sonado por toda la tierra, el llamado de trompeta de un cuerno de
carnero iba a ser sonado por toda la tierra, y se iba a proclamar la libertad para la tierra y para
quienes moraban en ella: las personas volverían a sus familias; la propiedad volvería a sus dueños
originales—todas las ventas de tierras y casas será redimible y deshecho; los esclavos (¡que debían
ser tratados siempre como una ayuda arrendada!) serán dejados en libertad, y la libertad le será
dada a la tierra misma dejando que descanse ese año.
Tanto como el concepto de un ‘Año de libertad’ es nuevo y único, la elección de cincuenta
como unidad calendárica parece extraña (adoptamos el 100—un siglo—como una unidad de tiempo
conveniente). Entonces el nombre dado a tal una-vez-en-cincuenta años es aún más intrigante. La
palabra que es traducida ‘Jubileo’ es Yovel en la Biblia hebrea y significa ‘un carnero.’
Así se puede decir que lo que fue decretado era un ‘Año del Carnero,’ a repetirse a si mismo
cada cincuenta años, y ser anunciado por sonar el cuerno de Carnero. Ambas opciones para una
nueva unidad de tiempo y su nombre descubren la inevitable pregunta:
¿Había allí un aspecto escondido, relacionado con Marduk y su Era del Carnero?
¿Se les dijo a los israelitas seguir contando ‘cincuenta años’ hasta algún significante evento
divino, relacionado ya sea a la Era del Carnero o al poseedor del Rango Cincuenta—cuando
todo sea devuelto a un nuevo comienzo?
Aunque no hay una respuesta obvia en estos capítulos bíblicos, uno no puede dejar de buscar
claves buscando una medida de años muy similar al otro lado del mundo: no cincuenta, sino
cincuenta y dos. Era el número secreto del dios mesoamericano Quetzalcoatl52, quién de acuerdo a
las leyendas mayas y aztecas les dio la civilización, incluyendo sus tres calendarios.
En Los Reinos Perdidos hemos identificado a Quetzalcoatl como el dios egipcio Toth, cuyo
número secreto era cincuenta y dos—un número basado en el calendario, porque representaba a las
cincuenta y dos semanas de siete días en un año solar. El más antiguo de los tres calendarios
mesoamericanos es conocido como la Cuenta Larga: cuenta el número de días desde un ‘Día Uno’ que
los académicos han identificado como Agosto 13, del 3113 a.C.
A lo largo de este continuo pero linear calendario había dos calendarios cíclicos. Uno, el Haab,
era un calendario de año solar de 365 días, dividido en 18 meses de 20 días cada uno más un
adicional de 5 días especiales al final del año. El otro era el Tzolkin, un Calendario Sagrado53 de sólo
260 días, compuesto de unidades de 20 días rotadas 13 veces.
52 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_thot.htm
53 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_tzolkin_maya.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Ambos calendarios cíclicos fueron entonces engranados juntos, como un par de ruedas
dentadas (Fig. 67), para crear la Vuelta Sagrada de cincuenta y dos años, cuando ambos contadores
volvían a sus puntos de inicio originales y la cuenta comenzaba de nuevo.
Este ‘paquete’ de cincuenta y dos años era una unidad de
tiempo muy importante, porque estaba ligada a la promesa de
Quetzalcoatl, que en algún momento dejó Mesoamérica, de
volver en su Año Sagrado. Por lo tanto los pueblos
mesoamericanos acostumbraban a reunirse en las montañas cada
cincuenta y dos años para esperar el prometido Retorno de
Quetzalcoatl. (En uno de tales Año Sagrado, 1519 d.C., un
barbudo español de cara blanca, Hernán Cortés, llegó a las
tierras mejicanas de Yucatán y fue bienvenido por el rey azteca
Montezuma como el dios retornante—un costoso error, como
sabemos ahora.)
En Mesoamérica, el ‘paquete de años’ sirvió como cuenta
regresiva al prometido ‘Año de Retorno,’ y la pregunta es, ¿Estaba el año de Jubileo planeado para
servir a similar propósito?
Buscando una respuesta, encontramos que cuando el año linear de cincuenta años se refunde
con la unidad cíclica zodiacal de setenta y dos—el tiempo que precisa el cambio de un grado—
llegamos a 3600 (50 x 72 = 3600), que era el período orbital (matemático) de Nibiru.
¿Estaba el Dios bíblico diciendo, al ligar el calendario de Jubileo y el calendario zodiacal a la
órbita de Nibiru, ‘Cuando entres a la Tierra Prometida, comienza la cuenta regresiva del Retorno?
Hace unos dos mil años, durante una época de gran fervor mesiánico, fue reconocido que el
Jubileo fue una unidad de tiempo divinamente inspirada para predecir el futuro—calculando cuando
las engranadas ruedas dentadas del tiempo anuncien el Retorno. Tal reconocimiento subyace en el
más importante de los libros post-bíblicos, conocido como el Libro de los Jubileos.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Aunque disponible ahora sólo en su traducción griega y posteriores, fue escrito originalmente
en hebreo, como confirman los fragmentos encontrados entre los Rollos del Mar Muerto54. Basado en
tratados extrabíblicos anteriores y tradiciones sagradas, re-escribió el libro del Génesis y parte del
Éxodo de acuerdo a un calendario basado en la Unidad de Tiempo Jubileo.
Fue producto, todos los académicos están de acuerdo, de las expectativas mesiánicas en el
tiempo en que Roma ocupaba Jerusalén, y su propósito era proveer un medio por el cual predecir
cuando vendrá el Mesías—cuando ocurrirá el Fin de los Días.
Es la verdadera tarea que hemos asumido.
54 .- http://www.bibliotecapleyades.net/scrolls_deadsea/scrolls_deadsea.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
10 - LA CRUZ EN EL HORIZONTE
Unos sesenta años después del Éxodo israelita, un inusual desarrollo religioso tuvo lugar en
Egipto. Algunos académicos ven estos impulsos como un intento de adoptar el Monoteísmo—quizá
bajo la influencia de las revelaciones en el Monte Sinaí. Lo que han tenido en mente es el reinado de
Amenotep (a veces traducido como Amenofis) IV que dejó Tebas y sus templos, desistió del culto a
Aton, y declaró a ATON como el único dios creador.
Como mostraremos, eso no fue un eco del Monoteísmo, sino otro heraldo de un esperado
Retorno—el retorno, a la vista, del Planeta del Cruce.
El faraón en cuestión es mejor conocido por el nuevo nombre que había adoptado—Aken-Aton
(‘El devoto/siervo de Aton’), y la nueva capital y centro religioso que había establecido, Akhet-Aton
(‘Aton del Horizonte’), es mejor conocida por el nombre moderno del sitio, Tell el-amarna (donde el
afamado y antiguo archivo de la correspondencia internacional real fue descubierto).
Akenaton, de la famosa octava dinastía egipcia, reinó desde 1379 al 1362 a.C. y su revolución
religiosa no perduró. El sacerdocio de Amon en Tebas encabezó la oposición, posiblemente debido a
la deprivación de sus posiciones de poder y riqueza, pero es posible por supuesto, que las objeciones
fueran genuinamente de corte religioso, porque los sucesores de Akenaton (de los cuales el más
famoso fue Tut-Ankh-Amon) reasumieron la inclusión de Ra/Amon en sus nombres teofóricos.
Apenas se fue Akenaton la nueva capital, sus templos, y su palacio fueron echados abajo y
sistemáticamente destruidos. Sin embargo, los restos que los arqueólogos han encontrado arrojan
suficiente luz sobre Akenaton y su religión.
La noción que el culto a Aton era una forma de monoteísmo—veneración a un solo creador
universal—derivó originalmente de algunos himnos a Aton que han sido encontrados; incluyen versos
tales como ‘O dios único, como él no hay otro… El mundo vino a ser por su mano.’
El hecho que, en una clara separación de las costumbres egipcias, que las representaciones de
este dios en forma antropomórfica estuvieran absolutamente prohibidas suena mucho como a la
prohibición de Yahveh, en los Diez Mandamientos, en contra de hacer ‘imágenes grabadas para rendir
culto.’
Adicionalmente, algunas porciones de los Himnos a Aton se leen como si fueran clones de los
Salmos bíblicos—
O viviente Aton,
¡Cómo múltiples son tus obras!
Escondidas están de la vista de los hombres.
¡O dios único, a cuyo lado no hay nadie!
Creaste la Tierra de acuerdo a tu deseo
mientras permanecías en soledad.
El famoso egiptólogo James H. Breasted (The Dawn of Consciencia - El Despertar de la
Consciencia) compara los versos superiores con el Salmo 104, comenzando con el verso 24—
¡O Señor, cuán multiples son tus obras!
En sabiduría las has hecho todas;
la Tierra está llena de tus riquezas.
La similitud, sin embargo, no surge porque ambos, el himno egipcio y el salmo bíblico, se
copian uno a otro, sino porque los dos hablan del mismo dios celestial sumerio de la Epopeya de la
Creación—de Nibiru—que formó los Cielos y creó la Tierra, trayéndole la ‘semilla de la vida.’
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Virtualmente todos los libros del antiguo Egipto dirán que el disco de Aton del que Akenaton
hizo su objeto central de culto representaba al benevolente Sol. Si así fuera, es extraño que en una
clara separación de la arquitectura egipcia de templos, que los orientaba a los solsticios en un eje
sureste noroeste, Akenaton orientó su templo en el eje este-oeste—pero los puso frente al oeste
[poniente], lejos del Sol al amanecer. Si estaba esperando una aparición celestial desde la dirección
opuesta a la salida del Sol, no podía ser el Sol.
Una lectura cercana de los himnos revela que la ‘estrella-dios de Akenaton no era Ra como
Amon ‘el Invisible,’ sino una diferente clase de Ra: era el dios celestial que ha existido desde el
tiempo primero… Aquel que renace de si mismo mientras reaparece en toda su gloria, un dios
celestial que ‘se iba lejos y volvía,’ En una base diaria, aquellas palabras podrían de cierto aplicarse
al Sol, pero en una de largo aliento, la descripción encaja a Ra sólo como Nibiru: se ha vuelto
invisible, dicen los himnos, porque estaba ‘lejos en el cielo,’ porque va hasta detrás del horizonte, a
la altura del cielo. Y ahora, anunciaba Akenaton, está volviendo en toda su gloria.
Los himnos de Aton profetizaron su reaparición, su retorno
‘hermoso en el horizonte del cielo… relumbrando, hermoso,
fuerte.’ Trayendo un tiempo de paz y benevolencia para todos.
Estas palabras expresan con claridad expectativas mesiánicas que
nada tienen que ver con el Sol.
En apoyo de la explicación ‘Aton es el Sol’, se ofrecen varias
representaciones de Akenaton; lo muestran (Fig. 68) con su esposa
bendecidos por, u orando a, una estrella con rayos; es el Sol, dirá la
mayoría de los egiptólogos.
Los himnos se refieren al Aton como una manifestación de Ra,
el cual a los egiptólogos que han asumido que Ra es el Sol significa
que Aton, también, representaba al Sol; pero si Ra era Marduk y el
celestial Marduk era Nibiru, entonces Aton, también, representaba a Nibiru y no al Sol.
Evidencia adicional viene de mapas del cielo, algunos pintados sobre tapas de ataúdes (Fig.
69), que mostraba claramente las doce constelaciones zodiacales, el Sol-con-rayos, y otros miembros
del sistema solar; pero el planeta de Ra, el ‘Planeta del Millón de Años,’ se muestra como un planeta
extra en su propia grande e individual barca más allá del Sol, con el hieroglifo pictórico para ‘dios’
en él—Aton de Akenaton.’
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
¿Cuál, entonces, era la innovación de Akenaton, o
más bien, su digresión de la línea religiosa oficial? En su
núcleo la ‘trasgresión’ era el mismo viejo debate que
tuviera lugar 720 años atrás acerca de la oportunidad.
Entonces el asunto era: ¿Ha llegado el tiempo de la
supremacía de Marduk/Ra, ha comenzado la Era del
Carnero en los cielos?
Akenaton cambió el asunto desde el Tiempo
Celestial (el reloj zodiacal) al Tiempo Divino (tiempo
orbital de Nibiru), cambiando la pregunta a: ¿Cuándo
reaparecerá el dios celestial No Visto y se dejará ver
—‘hermoso en el horizonte del cielo’?
Su mayor herejía a los ojos de los sacerdotes de
Ra/Amon puede juzgarse por el hecho que erigió un
monumento especial honrando al Ben-Ben—un objeto que
habían reverenciado generaciones anteriores como el
vehículo en el cual Ra había llegado a la Tierra desde los
cielos (Fig. 70).
Era una indicación, creemos, que lo que estaba
esperando en conexión con Aton era una Reaparición, un
Retorno no sólo como el Planeta de los Dioses, sino otra
llegada, ¡una Nueva venida de los dioses mismos!
Esto, debemos concluir, era la innovación, la
diferencia introducida por Akenaton. Desafiando al
establishment sacerdotal, y sin duda prematuramente en la
opinión del resto, estaba anunciando la venida de un nuevo
tiempo mesiánico. Esta herejía estaba agravada por el
hecho que los pronunciamientos de Akenaton eran
acompañados
de
un
aviso
personal:
Akenaton
progresivamente se refería a si mismo como el profeta-hijo
de dios, uno ‘que se presenta desde el cuerpo de dios,’ y el
cual es el único a quién los planes divinos son revelados:
No hay otro que conociera esto excepto tu hijo Akenaton;
tú lo has hecho sabio en tus planes.
Y esto, también, era inaceptable para los
sacerdotes tebanos de Amon. Tan pronto como Akenaton se
fue (y no se sabe como…), retornaron al culto de Amon—el
dios no-visto—y rompieron y destruyeron todo lo que
Akenaton había levantado.
Que el episodio de Aton en Egipto, como la introducción del Jubileo—el ‘Año del Carnero’—fue
lo conmovedor de una expectación más amplia del retorno de una ‘estrella dios’ celestial es evidente
incluso por otra referencia bíblica al Carnero, otra manifestación de la Cuenta regresiva del Retorno.
Es el registro de un inusual incidente al final del éxodo. Es una historia repleta de aspectos que
confunden, y uno que termina con una visión divinamente inspirada de las cosas por venir.
La Biblia repetidamente muestra la predicción mediante el examen de entrañas animales, la
consulta con los espíritus, adivinar, encantamientos, conjuros, y cuenta-fortunas como prácticas
‘abominables delante de Yahveh’—todas las formas de brujería practicada por otra nación que no sea
la israelita deben ser evitadas.
Al mismo tiempo, afirmaba—citando al mismo Yahweh—que los sueños, oráculos, y visiones
podían ser caminos legítimos de comunicación divina. Es tal distinción que explica por qué el Libro de
Números dedica tres largos capítulos (22-24) para contar— ¡aprobantemente!—la historia de una nopg. 134 de 238
Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
israelita vidente y oráculo. Su nombre era Bil’am, traducido Balaam en Biblias inglesas.
Fig.70
Los hechos descritos en esos capítulos tuvieron lugar cuando los israelitas (‘Hijos de Israel’ en
la Biblia), habiendo dejado la Península de Sinaí, rodearon, dieron la vuelta del Mar Muerto hacia el
oriente, avanzando hacia el norte. A medida que se encontraban con los pequeños reinos que
ocupaban las tierras orientales del Mar Muerto y el Jordán, Moisés pedía autorización para atravesar
pacíficamente; fue, por la mayoría, rechazado. Los israelitas, habiendo recién vencido a los
amonitas, que no los dejaron pasar en paz, ahora ‘estaban acampados en los llanos de Mo’ab, al lado
del Jordán opuesto a Jericó,’ esperando el permiso del rey moabita para atravesar su tierra.
No dispuesto a dejar que ‘la horda’ pasara aunque temeroso de enfrentarlos, el rey de Mo’ab—
Balak hijo de Zippor—tuvo una brillante idea. Envió emisarios por un vidente internacionalmente
renombrado, Bala’am el hijo de Be’or, y le pidió ‘que les pusiera a esa gente una maldición,’ que
haga posible vencerlos y echarlos fuera.
Balaam se hizo de rogar varias veces antes de aceptar el encargo. Primero en el hogar de
Balaam (¿alguna parte cerca del Éufrates?) y luego en el camino a Moab, un Ángel de Dios (la palabra
en hebreo, Mal’ach, significa literalmente ‘emisario’) aparece y se involucra en los procedimientos; a
veces visible y a veces invisible. El Ángel permitió que Balaam aceptara la asignación sólo después de
estar seguro que Balaam comprendió que sólo iba a ser un emisario divino. Confusamente, Balaam
llama a Yahveh ‘mi Dios’ cuando repite esta condición, primero a los embajadores del rey y luego al
rey moabita mismo.
Se arregló entonces una serie de sesiones oraculares. El rey llevó a Balaam a la cima de una
colina desde donde se veía todo el campamento israelita, y en donde por directrices de Balaam erigió
siete altares, sacrificó siete novillos y siete carneros, y esperó el oráculo; pero desde la boca de
Balaam no surgieron palabras de acusación sino de alabanza por los israelitas.
El persistente rey moabita lleva entonces a Balaam a otro monte, desde el cual sólo el borde
del campamento podía ser visto, y se repite el procedimiento por vez segunda.
Pero nuevamente el oráculo de Balaam bendice más que maldecir a los israelitas:
‘los veo venir desde Egipto protegidos por un dios con cuernos de carnero desplegados,’
dice—‘es una nación destinada a reinar, una nación que se levantará como un león.’
Determinado a tratar de nuevo, el rey ahora llevó a Balaam a una colina que encara al
desierto, mirando lejos del campamento israelita; ‘quizá los dioses te permitan aquí sentenciar
maldiciones,’ dijo. Siete altares son una vez más erigidos, sobre los cuales siete novillos y siete
carneros son sacrificados. Pero Balaam ahora ve a los israelitas y su futuro no con ojo humano sino en
‘una visión divina.’ Por segunda vez ve a la nación protegida, desde que salió de Egipto, por un dios
con cuernos de carnero abiertos, y presagia Israel como una nación que ‘se levantará como un león.’
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Cuando el rey moabita protesta, Balaam le explica que sin importar cuánto oro o plata sean
ofrendados, él sólo puede proferir las palabras que dios pone en su boca. De modo que el frustrado
rey desiste y deja ir a Balaam.
Pero ahora Balaam le ofrece al rey un consejo gratis: Deja que te diga lo que trae el futuro, le
dice al rey—‘lo que ocurrirá con esta nación y tu gente al fin de los días.’—y procede a describirle la
visión divina del futuro relacionándolo con una ‘estrella’:
Lo veo, aunque no para ahora,
lo diviso, pero no de cerca:
de Jacob avanza una estrella,
un cetro surge de Israel.
Aplasta las sienes de Moab,
el cráneo de todos los hijos de Set.
Números 24: 17
Balaam entonces dio la vuelta y enfocó sus ojos sobre los edomitas, amalequitas, kenitas, y
otras naciones cananeas, y ahí mismo pronunció un oráculo: Aquellos que sobrevivieran a la ira de
Jacob caerán en manos de Asiria, luego vendrá el turno de Asiria, y perecerá para siempre. Y
habiendo pronunciado este oráculo, ‘Balaam se levantó y volvió a su sitio, y lo mismo hizo Balak.
Aunque el episodio de Balaam ha sido naturalmente objeto de discusión y debate de
académicos teológicos y bíblicos, permanece incomprensible y sin resolver. El texto cambia sin
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
esfuerzo entre referencias a los Elohim—‘dioses’ en plural—y Yahveh, el Dios único, como la Presencia
Divina. Trasgrede de forma grave la más fundamental prohibición bíblica al aplicarle al Dios que sacó
a los israelitas de Egipto una imagen física, y luego acrecienta la transgresión al visualizarlo en la
imagen de ‘un carnero con cuernos extendidos’— ¡imagen que había sido la representación egipcia de
Amon (Fig. 71)!
La actitud aprobatoria hacia un vidente profesional en una
Biblia que prohibió la videncia, el conjuro y todo eso, añadido a que
todo el cuento era originalmente, una historia no-israelita, y que sin
embargo la Biblia lo incorpore y le dedique un espacio sustancial,
hace sentir que el incidente y su mensaje debieron haber sido
considerados un preludio significativo a la posesión israelita de la
Tierra Prometida.
El texto sugiere que Balaam era un arameo, residente en algún
lugar río Éufrates arriba; sus oráculos proféticos abarcaron desde el
destino de los Hijos de Jacob al lugar de Israel entre las naciones a
oráculos referente al futuro de tales otras naciones—incluso de la
distante y aun-por-venir Asiria imperial. Los oráculos eran por
consiguiente una expresión de amplias expectativas no-israelitas en
ese momento. Al incluir el relato, la Biblia combinó el destino
israelita con las expectativas universales de la Humanidad.
Aquellas expectativas, indica el relato de Balaam, fueron
canalizadas en dos senderos—el ciclo zodiacal en una mano, y el
curso de la Estrella Retornante en la otra mano.
Las referencias zodiacales son más fuertes al mirar la Era del
Carnero (¡y su dios!) en el tiempo del Éxodo, y se hizo oracular y
profética cuando el Vidente Balaam visualizó el Futuro, cuando los
símbolos de las constelaciones zodiacales del Toro y el Carnero
(‘novillos y carneros para sacrificios en septenas’) y el León (‘cuando
la trompeta real sea oída en Israel’) son invocados (Números, cap. 23). Y es cuando visualizando el
futuro distante que el texto de Balaam emplea el significante término Al fin de los días como el
tiempo al cual aplicar los oráculos proféticos (Números 24: 14).
El término liga directamente estas profecías no-israelitas al destino de la descendencia de
Jacob porque fue empleado por Jacob mismo cuando yace en su lecho de muerte y reúne a sus hijos
a que escuchen oráculos del futuro (Génesis; 49) ‘Venid y reúnanse todos,’ dijo, ‘que les anunciaré lo
que os ha de acontecer al final de los Días.’ Muchos consideran que estos oráculos, señalados
individualmente para cada uno de las futuras Tribus de Israel, tienen relación con las doce
constelaciones zodiacales. ¿Y qué hay de la Estrella de Jacob—una visión explícita de Balaam?
Durante las discusiones bíblicas académicas, es usualmente considerado un contexto
astrológico más que astronómico, y más a menudo que lo contrario, la tendencia ha sido considerar
la referencia a la ‘Estrella de Jacob’ como algo puramente figurativo. ¿Pero qué si la referencia fuera
de verdad a una ‘estrella’ recorriendo su órbita—un planeta visto proféticamente aunque aun no
resulte visible?
¿Qué si Balaam, como Akenaton, estaba hablando del retorno, la reaparición, de Nibiru? Tal
retorno, debe ser comprendido, sería un evento extraordinario que ocurre sólo en algunos milenios,
un hecho que repetidamente ha significado las más profundas particiones de aguas en los asuntos de
dioses y de hombres.
Esto no es un asunto retórico. De hecho, los acontecimientos en marcha fueron indicando de
forma creciente que un suceso tremendamente significativo estaba en perspectiva. Dentro de un
siglo más o menos las preocupaciones y predicciones en relación al Planeta que Vuelve que hallamos
en los relatos del Éxodo, Balaam, y Akenaton de Egipto, Babilonia misma, comenzaron a entregar
evidencia de tales expectativas de amplio rango, y la clave más prominente estaba en el Signo de la
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Cruz.
En Babilonia, era el tiempo de la dinastía Kasita, de la cual hemos escrito antes. Poco ha
quedado de su reino en Babilonia misma, y como fue señalado sus reyes no brillaron por su
excelencia en guardar archivos reales. Pero dejaron tras de sí descripciones habladas—y
correspondencia internacional de cartas en tablillas de arcilla.
Fue en las ruinas de Akhet-Aton, la capital de Akenaton—un sitio ahora conocido como Tell elAmarna en Egipto—que las famosas ‘Tablillas el-Amarna’ fueron descubiertas. De las 380 tablillas,
todas excepto tres fueron inscritas en lenguaje acadio, el cual era entonces el idioma de la
diplomacia internacional. Mientras algunas de las tablillas representaban copias de cartas reales
enviadas desde la corte egipcia, el bulto fueron por lo general cartas recibidas de reinos extranjeros.
¡El ‘caché’ [término informático] fue el archivo diplomático real de Akenaton, y las tablillas
era predominantemente correspondencia que había recibido de los reyes de Babilonia!
¿Empleó Akenaton estos intercambios de cartas con sus
contrapartes en Babilonia para decirles de su recién
fundada religión de Aton?
No lo sabemos en realidad, porque todo lo que tenemos
son cartas del rey de Babilonia a Akenaton en donde se
queja que el oro enviado fue hallado exiguo en peso, que
sus embajadores fueron robados camino a Egipto, o que
el rey egipcio olvidó preguntar por su salud.
A pesar de los frecuentes intercambios de embajadores y
otros emisarios, así como el saludo al rey de Egipto ‘mi
hermano’ por parte del rey babilonio, debe llevar a una
conclusión que la jerarquía en Babilonia estaba
totalmente al tanto de las movidas religiosas en Egipto; y
si Babilonia se preguntó ‘¿qué es toda esta conmoción por
este ‘Ra como una Estrella que Vuelve?’ Babilonia debió
darse cuenta que era una referencia a Marduk como el
Planeta que Vuelve’—Nibiru en retorno orbital.
Con la tradición de observaciones celestiales mucho más
antiguas y más avanzadas en Mesopotamia que en Egipto,
es por supuesto posible que los astrónomos reales de
Babilonia hayan llegado a conclusiones en relación al
retorno de Nibiru sin ayuda egipcia, e incluso antes que
ellos. Que eso es posible, quedó claro cuando en el siglo
treceavo a.C. los reyes kasitas de Babilonia comenzaron a
señalar, en una variedad de formas, sus propios cambios
religiosos fundamentales.
En 1260 a.C. un Nuevo rey ascendió al trono de Babilonia y adoptó el nombre Kadashman-Enlil
—un nombre teofórico que sorprendentemente venera a Enlil. No fue un gesto de pase, porque fue
seguido en el trono, durante el siguiente siglo, por reyes kasitas que emplearon nombres teofóricos
venerando no sólo a Enlil sino también a Adad—un sorpresivo gesto que sugiere un deseo de
reconciliación divina. Que algo inusual era esperado y más tarde evidenciado en monumentos
conmemorativos llamados kudurru—‘piedras redondeadas’—que fueron colocadas como marcadores
fronterizos.
Inscritas con un texto que señala los términos del tratado de límites (o tierra otorgada) y los
juramentos realizados para conservarlos, los kudurrus eran santificados mediante símbolos de los
dioses celestiales. Los símbolos zodiacales divinos—los doce—eran representados con frecuencia (Fig.
72); orbitando sobre ellos estaban los emblemas del Sol, la Luna, y Nibiru.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
En otra descripción (Fig. 73), Nibiru es mostrado en compañía de la Tierra el séptimo planeta)
y la Luna (y el cortador umbilical, símbolo de Ninmah).
De manera significativa, Nibiru ya no era más descrito como el símbolo del Disco Alado, sino
más bien en una nueva forma—como el planeta de la cruz radiante—acomodando su descripción por
los sumerios de los ‘Viejos Días’ como un planeta radiante que se convierte en el ‘Planeta del Cruce.’
Esta forma de mostrar un largamente-no-observado Nibiru mediante un símbolo de una cruz
radiante comenzó a hacerlo más común, y pronto los reyes kasitas de Babilonia simplificaron el
símbolo a sólo el Signo de la Cruz, reemplazando con él el símbolo del Disco Alado en sus sellos reales
(Fig. 74).
El planeta de Cruce
figs.74-(78)
Este símbolo de cruz, muy semejante a la posterior Cruz de Malta’ cristiana, es conocida en los
estudios de glifos antiguos como una ‘Cruz Kassita.’ Como indican otras representaciones, el símbolo
de la cruz era para un planeta diferente del Sol, que se muestra separadamente junto con la Luna
creciente y la estrella de seis puntas. (Fig. 75).
Cuando comenzó el primer milenio a.C., el Signo de la Cruz de Nibiru se esparció desde
Babilonia al diseño de sellos en tierras cercanas.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
En ausencia de textos kasitas religiosos o literarios,
es cosa de conjeturas cuáles expectativas mesiánicas
pueden
haber
acompañado
a
estos
cambios
representados. Donde sea que estaban, intensificaron la
ferocidad de los ataques de los estados enlilitas—Asiria,
Elam—sobre Babilonia y su oposición a la hegemonía de
Marduk. Esos ataques retrasaron, pero no previnieron, la
eventual adopción del Signo de la Cruz en Asiria misma.
Como revelan monumentos reales, era usada, muy
conspicuamente, por los reyes asirios en sus pechos,
cerca del corazón (Fig. 76) —de la manera como hacen
hoy los devotos católicos.
Religiosa y astronómicamente, fue un gesto muy significante.
Que era además una abierta manifestación sugerida por el hecho
que en Egipto, también, se hallaron representaciones de un reydios usando, como su contraparte asiria, el signo de la cruz en su
pecho (Fig. 77)
La adopción del Signo de la Cruz como emblema de Nibiru,
en Babilonia, Asiria, y en otros sitios, no fue una renovación
sorprendente. El signo había sido empleado antes—por los sumerios
y acadianos.
‘¡Nibiru—dejemos que ‘Cruce’ sea su nombre!’ señala la
Epopeya de la Creación; y de acuerdo a su símbolo, la cruz, había
sido empleado en los glifos sumerios para denotar a Nibiru, pero
entonces siempre significaba su Retorno a la visibilidad.
El Enuma Elish, Epopeya de la Creación, establece con
claridad que después de la batalla celestial con Tiamat, el Invasor
hizo una gran órbita alrededor del Sol y volvió a la escena del
combate.
Como Tiamat orbitaba al Sol en un plano llamado la Eclíptica
(como lo hacen otros miembros de la familia planetaria de nuestro
Sol), es a ese sitio en el cielo que debe regresar el Invasor; y
cuando eso sucede, órbita tras órbita, he aquí que cruza el plano
de la eclíptica.
Una manera simple de ilustrar esto sería mostrar el plano
orbital del bien-conocido Cometa Halley (Fig. 78), la cual emula a
escala muy reducida la órbita de Nibiru: su inclinada órbita lo trae,
cuando se acerca al Sol, desde el sur, desde abajo la eclíptica,
cerca de Urano.
Se arquea sobre la eclíptica y da la vuelta alrededor del Sol,
diciendo ‘Hola’ a Saturno, Júpiter, y Marte; entonces desciende y
cruza la eclíptica cerca del sitio de la Batalla Celestial de Nibiru
con Tiamat—el Cruce (marcado ‘X?)—y luego se va, sólo para volver
cuando su Destino orbital señala.
Ese punto, en el cielo y en el tiempo, es El Cruce—es entonces,
señala el Enuma elish, que el planeta de los Anunnaki se convierte
en el Planeta del Cruce:
Planeta NIBIRU:
Cruce de caminos de Cielo y la Tierra ocupará…
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Planeta NIBIRU:
El mantiene la posición central…
Planeta NIBIRU:
Es aquel que sin fatiga
el medio de Tiamat sigue atravesando;
¡dejemos que ‘Cruce’ sea su nombre!
Los textos sumerios que tratan con sucesos agrarios en la saga de la Humanidad proveen
indicaciones específicas en relación a las periódicas apariciones del Planeta de los Anunnaki—cada
3600 años aproximadamente—y siempre en conjunciones cruciales en la Tierra y a historia de la
Humanidad. Fue en una época tal que el planeta que fue llamado Nibiru, y su descripción en glifo—
incluso en los antiguos tiempos sumerios—era la cruz.
Ese registro comienza con el Diluvio. Algunos textos que tratan del Diluvio asocian la inundante
catástrofe con la aparición del dios celestial, Nibiru, en la Era del León (cerca de 10.900 a.C.) —fue
en ‘la constelación de Leo que los dioses midieron las aguas de la profundidad,’ dijo un texto.
Otros textos describen la aparición de Nibiru en el Diluvio como una estrella radiante, y es
representada de acuerdo a eso (Fig. 79) —
Cuando salgan gritando ‘¡Inundación!’
Es el dios Nibiru…
Señor cuya brillante corona está cargada de terror;
Diariamente en Leo es un fuego.
El planeta volvió, reapareció, y de nuevo se convirtió en ‘Nibiru’
cuando a la humanidad le fue concedido el trabajo agrícola y agrario,
en la mitad del octavo milenio a.C.; hubo representaciones (en sellos
cilíndricos) que ilustraron el comienzo de la agricultura, para lo cual
usaron el Signo de la Cruz para mostrar a Nibiru visible en los cielos de
la Tierra (Fig. 80).
Finalmente y más memorable para los sumerios, el planeta fue visible una vez más cuando Anu
y Antu vinieron a la Tierra en visita de estado cerca del 4000 a.C., en la Era del Toro (Tauro). La
ciudad que fue conocida durante un milenio como Uruk fue fundada en su honor, un zigurat fue
erigido, y cuando el cielo nocturno se oscurecía, desde sus pisos era observada la aparición de los
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
planetas en el horizonte.
Cuando Nibiru se hizo visible, se escuchó un griterío:
‘¡La imagen del Creador ha aparecido!’ y todos los presentes rompieron en cantos de
himnos para alabar al ‘planeta del Señor Anu.’
La aparición de Nibiru al comienzo de la Era de Tauro significa que para el tiempo del
amanecer solar—cuando el amanecer comienza pero aún se pueden ver las estrellas—la constelación
del fondo era Tauro.
Pero el movedizo Nibiru, hacía un arco en los cielos mientras rodea al Sol, y pronto descendía
de vuelta para cruzar el plano planetario (eclíptica’) en el punto del Cruce.
Ahí el cruce era observado contra el fondo de la constelación de Leo. Algunas
representaciones, en sellos de cilindro y en tablillas astronómicas, emplearon el símbolo de cruz para
señalar la llegada de Nibiru cuando la Tierra estaba en la Era del Toro y su cruce fue observado en la
constelación del León (dibujo en sello cilíndrico, Fig. 81, y como ilustrada en Fig. 82).
De este modo el cambio desde el símbolo Disco Alado al Signo de la Cruz no fue una
innovación; estaba revirtiendo a la forma en la cual el Señor Celestial fue representado en tiempos
anteriores—pero sólo cuando en su gran órbita cruza la eclíptica y se convierte en ‘Nibiru.’
Como en el pasado, la renovada manifestación del Signo de la Cruz significa reaparición, de
vuelta a la vista, RETORNO
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Temple of Amon-Ra
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11 - EL DÍA DEL SEÑOR
Mientras comenzaba el último milenio a.C. la aparición del Signo de la Cruz fue un heraldo del
Retorno. Fue también entonces cuando un templo a Yahveh en Jerusalén enlazó para siempre su sitio
sagrado con el curso de eventos históricos y las expectativas mesiánicas de la Humanidad. El tiempo
y el lugar no eran coincidencia: el inminente Retorno llamaba a la consagración del antiguo Centro de
Control de Misión.
Comparado con los fuertes y poderosos imperios de conquista de esos días—Babilonia, Asiria,
Egipto—el reino hebreo era un enano. Comparado con la grandeza de sus capitales—Babilonia, Nínive,
Tebas—con sus precintos sagrados, zigurats, templos, caminos procesionales, puerta de ornato,
palacios majestuosos, jardines colgantes, piscinas sagradas, y puertos fluviales—Jerusalén era una
pequeña ciudad amurallada precipitadamente con una dudosa fuente de agua. Y sin embargo, un
milenio más tarde es Jerusalén, una ciudad viviente, que está en nuestros corazones y en los
encabezados diarios, mientras la grandeza de las otras capitales de nación se ha convertido en polvo
y montón de ruinas.
¿Qué hace la diferencia? El Templo de Yahveh que fue construido en Jerusalén, y sus profetas
cuyos oráculos resultaron ciertos. Sus profecías, cree uno por consiguiente, aun guardan la clave del
Futuro.
La asociación hebrea con Jerusalén, y en particular con el Monte Moría, nos llevan de vuelta a
la época de Abraham. Fue cuando él hubo completado su asignación de proteger el puerto espacial
durante la Guerra de los Reyes que fue saludado por Melkizedek, el rey de Ir-Shalem (Jerusalén),
‘que era un sacerdote del Dios Más Elevado.’ Ahí Abraham fue bendecido, y a su turno tomó un
juramento, ‘por el Dios Más Elevado, poseedor del Cielo y la Tierra.’ Estuvo ahí de nuevo, cuando la
devoción de Abraham fue puesta a prueba, que Dios le otorgó un pacto. Aun demoró un milenio,
hasta el tiempo y las circunstancias adecuadas, para que fuera construido el Templo.
La Biblia asevera que el Templo de Jerusalén fue único—y sin duda que lo fue: fue concebido
para preservar el ‘Puente Cielo-Tierra’ que había sido alguna vez el DUR.AN.KI en Nippur de Súmer.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Ocurrió en el año 480 de la salida de los Hijos de Israel de Egipto,
en el cuarto año del reinado del rey Salomón, en el segundo mes,
que comenzó a construir la Casa del Señor.
Esto es lo que la Biblia señala, en el primer Libro de Reyes (6: 1), el memorable inicio de la
construcción del Templo de Yahveh en Jerusalén por el rey Salomón, dándonos la fecha exacta del
evento. Fue un paso decisivo, crucial, cuyas consecuencias aún están con nosotros; y el tiempo, debe
ser notado, fue cuando Babilonia y Asiria adoptaron el Signo de la Cruz como heraldo del Retorno…
La dramática historia del Templo de Jerusalén comienza no sólo con Salomón sino con el rey
David, padre de Salomón; y cómo se dieron las cosas para que llegara a ser rey de Israel es una
historia que revela un plan divino: preparar para el Futuro resucitando el Pasado.
El legado de David (después de reinar 40 años) incluyó un reino gratamente expandido,
alcanzando por el norte tan lejos como Damasco (¡e incluyendo el Sitio de Aterrizaje!), muchos
Salmos magníficos y el trabajo de base para el Templo de Yahveh. Tres emisarios divinos jugaron roles
claves en la factura de este rey y su lugar en la historia; la Biblia los lista como ‘Samuel el Vidente,
Nathan el Profeta, y Gad el Visionario.’ Fue Samuel, el sacerdote custodio del Arca de la Alianza,
quién fue instruido por Dios para ‘sacar al joven David, hijo de Jesse, del pastoreo de ovejas para ser
pastor de Israel,’ y Samuel ‘tomó el cuerno lleno de aceite y lo ungió para reinar sobre Israel.’
La elección del joven David, quién estaba pastoreando el rebaño de su padre, de pastorear
sobre Israel fue sin duda simbólica, porque se devuelve a la época dorada de Súmer. Su rey era
llamado LU.GAL, ‘Gran Hombre,’ pero se esforzaban por ganar el ansiado EN.SI, ‘Pastor Juicioso.’
Eso, como veremos, fue sólo el comienzo de los enlaces de David y el Templo al pasado sumerio.
David inició su reinado en Hebrón, al sur de Jerusalén, y eso, también, fue una opción escogida
llena de simbolismo histórico. El nombre previo de Hebrón, señala repetidamente la Biblia, era Kiryat
Arba, ‘la fortificada ciudad de Arba.’¿Y quién era Arba? ‘Fue un Gran Hombre de los Anakim’—dos
términos bíblicos que traducen a hebreo los sumerios LU.GAL y ANUNNAKI. Comenzando por pasajes
en el Libro de Números, y luego en Joshua, Jueces, y Crónicas, la Biblia señala que Hebrón era un
centro de los descendientes de los ‘Anakim, quienes como los Nefilim son contados,’ de ese modo
conectándolos con los Nefilim de Génesis 6 que se casaron con las Hijas del Adán.
Hebrón estaba aun habitada al tiempo del Éxodo por tres hijos de Arba, y fue Caleb el hijo de
Jephoneh quién capturó la ciudad y le dio muerte en nombre de Joshua. Al escoger ser rey de
Hebrón, David estableció su reino como una directa continuación de reyes enlazados a los Anunnaki
de la popular Súmer.
Reinó en Hebrón por siete años, y entonces mudó su capital a Jerusalén. Este asiento del reino
—la ‘Ciudad de David’—fue construida sobre el Monte Sión, justo al sur y separada por un pequeño
valle del Monte Moría (donde estaba la plataforma construida por los Anunnaki, Fig. 83). El construyó
el Miloh, el Cierre, para cerrar la brecha entre ambos montes, como un primer paso para erigir, en la
plataforma, el Templo de Yahveh; pero todo lo que le fue permitido construir en el Monte Moría fue
un altar. La palabra de Dios, a través del profeta Nathan, fue que porque David había derramado
sangre en sus muchas guerras, no él sino su hijo Salomón construiría el templo.
Devastado por el mensaje del profeta, David fue y ‘se sentó delante de Yahveh’, en frente al
Arca de la Alianza (que aun estaba guardada en una tienda portátil). Aceptando la decisión de Dios,
le pide una recompensa por su devota lealtad a Él: una seguridad, un signo, que sería sin duda la
Casa de David la que construiría el Templo y sería bendecida para siempre. Esa misma noche, sentado
en frente del Arca de la Alianza con la cual Moisés se comunicaba con el Señor, recibió un signo
divino: ¡le fue dado un Tavnit—un modelo a escala—del futuro templo!
Uno puede encogerse de hombros respecto a la veracidad del cuento por el hecho que lo
sucedido esa noche al Rey David y su proyecto de templo es el equivalente a una historia de La
Dimensión Desconocida del rey sumerio Gudea, a quién más de mil años atrás le fuera también
entregada durante la visión de un sueño una tablilla con el plan arquitectural y un molde de ladrillo
para la construcción de un templo en Lagash para el dios Ninurta.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Mapa topográfico del plano de Jerusaén.
Monte Moriah – El Monte del Templo
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
El Monte del Templo – El Monte Moriah
Apréciese el desproporcionado perímetro de la Terraza (¿Plataforma de aterrizaje?) respecto de los los demás templos y
construcciones.
Es una réplica exacta de la Terraza (¿Plataforma de aterrizaje?) de Baalbek
Cuando llegó al fin de sus días, el Rey David convocó a Jerusalén a todos los líderes de Israel,
incluyendo los jefes tribales y comandantes militares, los sacerdotes y oficiales reales, y les contó de
la promesa de Yahveh; y a la vista de aquella multitud puso en la mano de su hijo Salomón ‘el Tavnit
del templo y todas sus partes y salas... el Tavnit que recibió del Espíritu.’ Había más, porque David
también puso en manos de Salomón ‘todo lo que Yahveh, por su propia mano escrito, me ha dado
para la comprensión de los trabajos del Tavnit’: un set de instrucciones, escritas divinamente (I
Crónicas, cap. 28).
El término hebreo Tavnit es traducido en la Biblia Inglesa del Rey Jaime como ‘modelo’ pero en
traducciones más recientes es mejorada a ‘plano’, lo que sugiere que a David le fue dado alguna
clase de diseño arquitectural. Pero la palabra hebrea para ‘plano’ es Tokhnit. Tavnit, por otra parte,
deriva de la raíz verbal que significa ‘construir, erigir, erectar,’ así que lo que a David le fue dado y
que puso en manos de Salomón fue un ‘modelo de construcción’—en palabras actuales, un modelo a
escala. (Hallazgos arqueológicos a través del antiguo Cercano Oriente de hecho han desenterrado
modelos a escala de carruajes, carros, naves, talleres, e incluso santuarios multiniveles.)
Los libros bíblicos de Reyes y Crónicas proveen medidas precisas y claros detalles estructurales
del templo y sus diseños arquitectónicos. Sus ejes corren este-oeste, convirtiéndolo en un ‘templo
eterno’ alineado a los equinoccios. Consistiendo de tres partes (ver Fig. 64), adoptó los planos de
templos sumerios para el frontis (Ulam en hebreo), un gran salón central (Hekhal en hebreo,
enraizado en el sumerio E.GAL, ‘Gran Morada’), y un Sancta Sanctorum para el Arca de la Alianza.
La sección más interna era llamada el Dvir (el ‘que habla’) —porque era por medio del Arca de
la Alianza que Dios hablaba con Moisés.
Como en los zigurats sumerios, los cuales tradicionalmente fueron construidos para expresar el
concepto ‘base sesenta’ sexagesimal, el Templo de Salomón también adoptó el sesenta en su
construcción: la sección principal (el Salón) tenía unos 60 codos, 100 pies de largo, 20 codos (60:3)
de ancho, y 120 (60 x 2) codos de altura.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Fig.64
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Terraza-Plataforma del Monte Moriah
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
El Sancta Sanctorum era de 20 por 20 codos—apenas suficiente para guardar el Arca de la
Alianza con su par de Querubines dorados en su tope (‘sus alas tocando’). Evidencia textual e
investigación arqueológica indican que el Arca fue colocada precisamente en la extraordinaria roca
en la cual Abraham estuvo presto a sacrificar a su hijo Isaac; su designación hebraica, Even Shattyah,
significa ‘Piedra de la Fundación,’ y las leyendas judías sostienen que será desde ella que el mundo
será re-creado.
Hoy día está cubierta y rodeada por el Domo de la Roca (Fig. 84). (Los lectores pueden
encontrar más información acerca de la roca sagrada y su enigmática cueva y pasajes subterráneos
secretos en Las Expediciones de las Crónicas Terrestres.)
Aunque estas no eran medidas monumentales comparadas con los rascacielos zigurats, el
Templo, cuando completo, era verdaderamente magnífico; era además como ningún otro
contemporáneo en esa parte del mundo. No fue usado hierro ni herramientas de hierro para su
construcción desde la plataforma (y absolutamente ninguna en su operativa—todos los utensilios eran
de cobre o bronce), y el edificio fue incrustado interiormente con oro; incluso los clavos que
sostenían piezas doradas fueron hechos también de oro.
Las cantidades de oro empleadas (sólo para el Sancta Sanctorum, 600 talentos [1 talento =
aprox. 34 kg. oro]; los clavos, 50 shekels’ [1 skekel = aprox. 17 gr.] ) fueron enormes—tanto que
Salomón arregló que barcos especiales trajeran oro desde Ophir (se cree estaba al sudeste en África).
La Biblia no ofrece explicación, ni por la prohibición contra emplear cualquier cosa de hierro
en el sitio ni por la incrustación de todo el interior del templo con oro. Uno sólo puede especular que
el hierro fue evitado por sus propiedades magnéticas, y el oro porque es el mejor conductor
eléctrico. Es significante que las únicas otras dos instancias de santuarios tan incrustados de oro
están al otro lado del mundo.
Uno es el gran templo en Cuzco, la capital Inca del Perú, donde el gran dios de Sudamérica,
Viracocha, fue venerado. Fue llamado el Coricancha (‘Patio Dorado’), por su Sancta Sanctorum
completamente tapizado con oro. El otro es en Puma-Punku en las playas del Lago Titicaca en
Bolivia, cerca de las famosas ruinas de Tiwanaku.
Ahí las ruinas consisten de los restos de cuatro construcciones de piedra estilo cámara cuyos
muros, pisos, y techos fueron cortados cada uno de un solo bloque de piedra colosal. Los cuatro
recintos estaban completamente tapizados por dentro con placas doradas sostenidas en su sitio por
clavos de oro. Describiendo los sitios (y como fueron saqueados por los españoles) en Los Reinos
Perdidos, he sugerido que Puma-Punku fue erigido para la estadía de Anu y Antu cuando visitaron la
Tierra alrededor del 4000 a.C.
De acuerdo a la Biblia, decenas de miles de obreros fueron necesitados durante siete años para
la inmensa tarea. ¿Cuál, entonces, era el propósito de esta Casa del Señor? Cuando todo estuvo listo,
con mucha pompa y circunstancia, el Arca de la Alianza fue llevada por sacerdotes y puesta en el
Sancta Sanctorum.
Tan pronto el Arca fue colocada en el piso y fueron abiertas las cortinas que separan el Sancta
Sanctorum del gran salón, ‘la Casa del Señor se llenó con una nube y los sacerdotes no podían estar
de pie.’
Entonces Salomón ofreció una oración de gracias, diciendo:
Señor que has escogido morar en la nube:
he construido para Ti una Casa majestuosa,
un lugar donde puedas morar por siempre…
Aunque los mayores cielos no pueden contenerte,
Puedes escuchar nuestras súplicas desde Tu asiento
en el cielo.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
‘Y Yahveh apareció a Salomón esa noche, y le dijo: He escuchado tu oración; he escogido
este sitio para mi lugar de culto… Desde el cielo escucharé las oraciones de mi gente y
perdonaré sus trasgresiones…. Ahora he escogido y consagrado esta Casa para que mi
Nombre [Shem] permanezca en ella para siempre.’
(2 Crónicas, cap. 6-7)
La palabra Shem—aquí y anteriormente, como en los versos de apertura del capítulo 6 del
Génesis—se traduce comúnmente por ‘Nombre’. Tan lejos como en ni primer libro, El Duodécimo
Planeta, he sugerido que el término originalmente y en contextos relevantes se refiere a lo que los
egipcios llamaban la ‘Barca Celestial’ y los sumerios llamaban MU—nave del cielo—de los dioses.
Concordantemente, el Templo en Jerusalén, levantado sobre la plataforma de piedra, con el Arca de
la Alianza colocada sobre la roca sagrada, iba a servir como un enlace terrestre con la deidad
celestial— ¡tanto para comunicar como para el aterrizaje de su nave!
En el Templo no había estatua alguna, ni ídolos, ni imágenes talladas. El único objeto era la
reverenciada Arca de la Alianza—y ‘nada había en el Arca excepto el par de tablas que le fueron
dadas a Moisés en Sinaí.’ Diferente de los zigurats en Mesopotamia, desde el de Enlil en Nippur hasta
el de Marduk en Babilonia, este no era un lugar de residencia para la deidad, donde el dios viviera,
comiera, durmiera, y se bañara. Era una Casa de Culto, un sitio de contacto divino; era un templo
para la Divina Presencia del Morador en las Nubes.
Overview of the Temple Complex
Temples of Jupiter & Bacchus at Baalbek, Lebanon
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Se dice que una imagen vale por mil palabras; es ciertamente verdadero cuando hay pocas
palabras pertinentes pero muchas relevantes imágenes.
Fue por la época en que el templo de Jerusalén estuvo completado y consagrado al Morador en
las Nubes que un cambio notable en el glifo sagrado—la descripción de lo divino—tuvo lugar donde
tales descripciones son comunes y permisibles, y (en su tiempo) primero y más importante en Asiria.
Mostraban, con mucha claridad, al dios Ashur como un ‘morador en las nubes,’ a toda cara o
con sólo el brazo señalando, con frecuencia dibujado sosteniendo un arco (Fig. 85) —una
representación que recuerda una historia de la Biblia ‘el Arco en la Nube’ que era un signo divino tras
los disturbios del Diluvio.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Más o menos un siglo después, las representaciones asirias introdujeron una nueva variante en
el Dios en las Nubes. Clasificada como la ‘Deidad en un Disco Alado,’ mostraban claramente una
deidad dentro del emblema del Disco Alado, solo (Fig. 86a), o acompañado de la Tierra (siete puntos)
y la Luna (creciente) (Fig. 86b).
Dado que el Disco Alado representaba a Nibiru, tenía que haber una deidad llegando con
Nibiru. Claramente entonces, estos dibujos implicaban expectativas de la cercana llegada no sólo del
planeta, sino de sus divinos moradores, probablemente liderados por Anu mismo.
Los cambios en glifos y símbolos, comenzaron con el Signo de la Cruz, donde manifestaciones
de expectativas más profundas, o cambios incontenibles y preparaciones más amplias clamaban por
el esperado Retorno. Sin embargo, las expectativas y las preparaciones eran diferentes en Babilonia y
Asiria. En una, las expectativas mesiánicas estaban centradas en el dios(es) que estaba ahí; en el
otro país, las expectativas relacionadas el dios(es) que retorna y reaparece.
En Babilonia las expectativas eran mayormente religiosas—un renacimiento mesiánico de
Marduk a través de su hijo Nabu. Grandes esfuerzos debieron ser asumidos, alrededor de 960 a.C., las
sagradas ceremonias Akitu con su renovado Enuma Elish—apropiando para Marduk la creación de la
Tierra, el rediseño de los Cielos (el Sistema solar), y la generación del Hombre—era leído
públicamente.
La llegada de Nabu desde su santuario en Borsippa (sur de Babilonia) para jugar un rol crucial
en las ceremonias fue parte esencial del renacimiento. Concordantemente, los monarcas de Babilonia
que reinaron entre 900 a.C. y 730 a.C. reanudaron el empleo de nombres relacionados con Marduk y,
en los números mayores, nombres relacionados con Nabu.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Los cambios en Asiria fueron más geopolíticos; los historiadores consideran alrededor de 960
a.C. como el comienzo del período Asirio Neo Imperial. Además de las inscripciones en monumentos y
muros palaciegos, la principal fuente de información acerca de Asiria en esos días son los anales de
sus reyes, en los cuales grababan los que hacían, año tras año. A juzgar por todo aquello, su principal
ocupación era la Conquista.
Con incomparable ferocidad, sus reyes lanzaron una expedición militar tras otra no sólo para
tener dominio sobre los viejos Súmer y Acadia, sino además contra lo que ellos consideraban esencial
para e Retorno: el control de los sitios espaciales. Que este era el propósito de las campañas es
evidente no sólo por sus ‘blancos,’ sino además por los grandes relieves en piedra en los muros de los
palacios asirios del noveno y octavo siglo a.C. (que pueden ser vistos en algunos de los principales
museos del mundo): igual como algunos sellos cilíndricos, muestran al rey y al sumo sacerdote,
acompañados por Querubines—‘astronautas’ Anunnaki—flanqueando el Árbol de la Vida mientras dan
la bienvenida al dios del Disco alado (Fig. 87a,b).
¡Una llegada divina era claramente esperada!
Los historiadores vinculan los inicios de este período Neo-Asirio al advenimiento de una
dinastía real en Asiria, cuando Tiglath-Pileser II ascendió al trono en Nínive. El patrón de
engrandecimiento y conquista, destrucción y anexión exterior fue establecido por el hijo del rey y su
nieto, quienes le siguieron como reyes de Asiria. Interesantemente, su primer objetivo fue el área
del río Khabur, con su importante centro religioso y comercial—Harán.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Sus sucesores comenzaron desde ahí. Con frecuencia emplearon el mismo nombre de un rey
previamente glorificado (de ahí las numeraciones I, II, III, etc. para ellos), los reyes sucesivos
expandieron el control de Asiria en todas direcciones, pero con especial énfasis sobre las ciudades
costeras y montañesas de La-ba-an (Líbano). Alrededor de 860 a.C. Asurbanipal II—que usaba el
símbolo de cruz en su pecho (ver Fig. 76) —alardeaba de haber capturado las ciudades fenicias
costeras de Tiro, Sidón, y Gebal (Byblos), y de ascender la Montaña de Cedros con su lugar sagrado,
el más antiguo Sitio de Aterrizaje de los Anunnaki.
Su hijo y sucesor Shalmaneser III documentó la erección ahí de una estela conmemorativa
llamando al lugar Bit Idini. El nombre literalmente significa ‘el Hogar Edén’—y fue conocido por ese
nombre por los Profetas bíblicos. El Profeta Ezequiel fustigó al rey de Tiro por considerarse a si
mismo un dios porque había ido a ese sagrado lugar y ‘movido entre sus abrasadoras piedras’; y el
Profeta Amos lo puso en lista cuando habló del venidero Día del Señor. Como era de esperar, los
asirios entonces cambiaron su atención hacia el otro sitio espacial. Después de la muerte de Salomón
su reino fue dividido por herederos contendientes en ‘Judá’ (con Jerusalén como capital) en el sur e
‘Israel’ y sus diez tribus en el norte.
En su monumento escrito mejor
conocido, el Obelisco Negro, Shalmaneser III
documentó el recibo de tributo del rey
israelí Jehu y, en una escena dominada por
el emblema de Nibiru el Disco Alado, lo
graficó poniéndose de rodillas en obediencia
(Fig. 88).
Tanto la Biblia como los anales asirios
documentaron la subsecuente invasión de
Israel por Tiglath-Pileser III (744–727 a.C.), la
separación de sus mejores provincias, y el
exilio parcial de sus líderes. Entonces, en
722 a.C., su hijo Shelmaneser V invadió lo
que quedaba de Israel, exilió a toda su
gente, y los reemplazó con extranjeros; las Diez Tribus se fueron, y sus paraderos permanecieron
como un misterio duradero. (Por qué y cómo, a su retorno de Israel, Shalmaneser fue castigado y
abruptamente reemplazado en el trono por otro hijo de Tiglath-Pileser es también un misterio sin
resolver.) Habiendo ya capturado el Sitio de Aterrizaje, los asirios estaban ahora a las puertas del
premio grande, Jerusalén; pero nuevamente resistieron el asalto final. La Biblia lo explica
atribuyéndolo todo a la voluntad de Yahveh; un examen de los documentos asirios sugiere que el ‘qué
y cuándo’ ellos hicieron en Israel estaba sincronizado con el ‘qué y cuándo’ ellos hicieron con
Babilonia y Marduk.
Después de la captura del sitio espacial en Líbano—pero antes de emprender las campañas
contra Jerusalén—los asirios dieron un paso sin precedentes para la reconciliación con Marduk. En 729
a.C. Tiglath-Pileser III entró a Babilonia, fue a su precinto sagrado, y ‘tomó las manos de Marduk.’
Fue un gesto con significancia religiosa y diplomática; los sacerdotes de Marduk aprobaron la
reconciliación invitando a Tiglath-Pileser a compartir el alimento sacramental del dios. Enseguida de
aquello, el hijo de Tiglath-Pileser Sargón II marchó hacia el sur en las áreas del viejo Súmer y Acadia,
y después de tomar Nippur volvió a entrar en Babilonia. En 710 a.C. él, como su padre, ‘tomó las
manos de Marduk’ durante las ceremonias de Año Nuevo.
La tarea de capturar el restante sitio espacial recayó en el sucesor de Sargón, Sennacherib. El
asalto a Jerusalén en 704 a.C. en tiempos del rey Hezekiah, se halla ampliamente documentado
tanto en los anales de Sennacherib como en la Biblia. Pero mientras Sennacherib en sus inscripciones
habla sólo de la exitosa toma de las ciudades provinciales de Judá, la Biblia provee una historia
detallada del sitio de Jerusalén por un poderoso ejército asirio que fue milagrosamente eliminado
por la voluntad de Yahveh.
Encerrado Jerusalén y entrampado su pueblo, los asirios se ocuparon de la guerra psicológica
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
gritando palabras descorazonadoras a los defensores en los muros de la ciudad, terminando con la
vilificación de Yahveh. El choqueado rey, Hezekiah, rasgo sus vestiduras en luto y rezó en el Templo a
‘Yahveh, el Dios de Israel, que descansa en los Querubines, el Dios único sobre todas las naciones,’
por ayuda.
En respuesta, el Profeta Isaías le hizo llegar el oráculo de Dios: el rey asirio jamás entraría en a
ciudad, volvería fracasado a casa, y allá sería asesinado.
Aquella misma noche salió el Ángel de Yahveh e hirió en el campamento asirio a 185.000
hombres; a la hora de despertarse, por la mañana, no había más que cadáveres.
Senaquerib, rey de Asiria, partió y, volviéndose, se quedó en Nínive.
2 Reyes 19: 35–36
Para estar seguros que el lector comprende que la completa profecía se hizo realidad, continúa
la narrativa bíblica:
‘Y Sennacherib se fue, y volvió a Nínive; y he aquí que estaba reverenciando a su dios
en su templo… cuando Adramelekh y Sharezzer lo mataron con espada, y huyeron a la
tierra de Ararat. Su hijo Esarhaddon fue coronado rey en su lugar.’
La postdata bíblica es un documento sorprendentemente informado: Sennacherib fue de cierto
asesinado por sus propios hijos, en 681 a.C... Por segunda vez, los reyes asirios que habían atacado
Israel o Judá murieron tan pronto regresaron.
Mientras la profecía—la predicción de la que va a suceder—es intrínsecamente lo que se espera
de un profeta, los Profetas de la Biblia hebrea fueron más que eso. Desde el inicio, como queda claro
en Levítico, un profeta no era ‘un mago, un hechicero, un encantador, un vidente de espíritus, un
cuenta fortunas, o alguien que conjure a los muertos’—una bastante exhaustiva lista de la variedad
de cuenta-fortunas de las naciones circundantes.
Su misión como Nabih—‘Hombre que Habla’—era transmitir a los reyes y el pueblo las propias
palabras de Yahveh. Y como la oración de Hezekiah lo deja claro, mientras los Hijos de Israel fueron
Su Pueblo Escogido, Él era ‘el Dios único sobre todas las naciones.’
La Biblia habla de los profetas desde Moisés en adelante, pero sólo quince de ellos tienen su
propio libro en la Biblia. Incluyen los tres ‘mayores’—Isaías, Jeremías, y Ezequiel—y doce ‘menores.’
Su período profético comenzó con Amos en Judá (cerca del 760 a.C.) y Oseas en Israel (750 a.C.) y
terminó con Malaquías (alrededor de 450 a.C.). Mientras las expectativas del Retorno tomaban
forma, los acontecimientos geopolíticos, religiosos y cotidianos se combinaron para servir como base
a la Profecía bíblica.
Los Profetas bíblicos sirvieron como Guardianes de la Fe y fueron la brújula ética y moral de
sus propios reyes y el pueblo; también fueron observadores y predictores del ruedo mundial por
poseer un increíble conocimiento exacto de lo que sucedía en tierras lejanas, o las intrigas de la
corte en capitales extranjeras, de cuales dioses eran venerados dónde, además de un sorprendente
conocimiento de historia, geografía, rutas comerciales, y campañas militares.
Entonces ellos combinaban tal conciencia del Presente con el conocimiento del Pasado para predecir
el Futuro.
Para los profetas hebreos, Yahveh no era sólo El Elyon—‘Dios Supremo’—y no sólo Dios de los
dioses, El Elohim, sino un Dios Universal—de todas las naciones, de toda la Tierra, del universo.
Aunque su morada estaba en el Cielo de los Cielos, el cuidaba su creación—la Tierra y su gente. Todo
lo que sucedía era por su voluntad, y su voluntad era transmitida por Emisarios—fueran Ángeles, un
rey, o una nación.
Adoptando la distinción sumeria entre el predeterminado Destino y el Libre Albedrío, los
Profetas creían que el Futuro podía ser predicho porque todo estaba preplaneado, aunque en el
camino sin embargo, las cosas podían cambiar. Asiria por ejemplo, fue llamada a veces ‘el camino de
la ira de Dios’ con el cual otras eran castigadas, pero cuando escogió actuar de manera
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
innecesariamente brutal o fuera de límites, Asiria misma fue a su turno sujeta al castigo.
Los Profetas parecían estar entregando mensajes de dos-pistas no sólo considerando los
sucesos presentes, sino también respecto del Futuro. Isaías por ejemplo, profetizó que la Humanidad
esperaría un Día de la Ira cuando todas las naciones (Israel incluida) será juzgada y castigada—tanto
como mirar hacia delante a un tiempo idílico cuando el lobo habitará junto al cordero, los hombres
fundirán sus espadas para hacer instrumentos de labranza, y Sión será una luz sobre las naciones.
La contradicción ha desconcertado generaciones de académicos bíblicos y teólogos, pero un
examen más cercano de las palabras del Profeta nos llevan a un hallazgo sorprendente: el Día del
Juicio fue hablado como el Día del Señor; el tiempo mesiánico era esperado al Fin de los Días; y los
dos no eran ni sinónimos ni predecían eventos concurrentes. Eran dos sucesos diferentes, a ocurrir en
épocas diferentes: Uno, el Día del Señor, el día del juicio Divino, era algo por suceder; el otro,
conducente a una era benevolente, era algo por venir, alguna vez en el futuro.
¿Fueron las palabras dichas en Jerusalén un eco de los debates en Nínive y Babilonia en
relación a cuál ciclo de tiempo aplica al futuro de dioses y hombres—el Tiempo Divino orbital de
Nibiru o el zodiacal Tiempo Celestial?
Sin duda, como el siglo octavo a.C. estaba terminando, estaba claro en las tres capitales que
los dos ciclos de tiempo no eran idénticos; y en Jerusalén, hablando del Día del Señor por venir, los
profetas bíblicos de hecho hablaban del Retorno de Nibiru.
Al traducir en el capítulo de apertura del Génesis una versión abreviada del la Epopeya de la
Creación sumeria, la Biblia reconoció la existencia de Nibiru y su retorno periódico a la vecindad de
la Tierra, y la trató como otra—en este caso, celestial—manifestación de Yahveh como Dios universal.
Los Salmos y el Libro de Job hablaron del Señor Celestial no-visto que ‘en las alturas del cielo recorre
una órbita.’
Recordaron esta primera aparición del Señor Celestial—cuando colisionó con Tiamat (llamado
en la Biblia Tehom y apodado Rahab o Rabah, la Altanera), la castigó, creó los cielos y ‘el Brazalete
Repujado (el Cinturón de Asteroides), y ‘suspendió la Tierra en el vacío’; también recordaban el
tiempo en que ese Señor Celestial causó el Diluvio.
La llegada de Nibiru y la colisión celeste, conducente a la gran órbita de Nibiru, fue celebrada
en el majestuoso Salmo 19:
Los cielos cuentan la gloria de Dios,
la obra de sus manos anuncia el firmamento [cinturón de asteroides];
el día al día comunica el mensaje,
y la noche a la noche trasmite la noticia.
No es un mensaje, no hay palabras,
ni su voz se puede oír;
mas por toda la tierra se adivinan los rasgos,
y sus giros hasta el confín del mundo.
En el mar levantó para el sol una tienda,
y él, como un esposo que sale de su tálamo,
se recrea, cual atleta, corriendo su carrera.
A un extremo del cielo es su salida,
y su órbita llega al otro extremo,
sin que haya nada que a su ardor escape.
Fue el acercamiento del Señor Celestial en la época de Diluvio lo que se tenía en cuenta como
presagio de lo que ocurrirá la siguiente vez que el Señor celeste vuelva (Salmos 77: 6, 17–19):
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Pienso en los días de antaño,
de los años antiguos. . .
Viéronte, oh Dios, las aguas,
las aguas te vieron y temblaron,
también se estremecieron los abismos.
Las nubes derramaron sus aguas,
su voz tronaron los nublados,
también cruzaban tus saetas.
¡Voz de tu trueno en torbellino!
Tus relámpagos alumbraban el orbe,
la tierra se estremecía y retemblaba.
Los Profetas consideraron estos fenómenos anteriores como una guía para esperar lo venidero.
Esperaban que el Día del Señor (para citar al Profeta Joel) fuese un día en que ‘la Tierra será
agitada, el Sol y la Luna se oscurecerán, y las estrellas retendrán su brillo… Un día que es grande y
terrorífico.’
Los Profetas llevaron a Israel y todas las naciones la palabra de Yahveh durante un período de
cerca de tres siglos. El primero de los quince Profetas ‘literarios’ fue Amós; comenzó como ‘el que
habla por Dios’ (Nabih) cerca de 760 a.C. Sus profecías cubrieron tres períodos o fases: predijo los
asaltos asirios del futuro cercano, un venidero Día del Juicio, y un Tiempo Final de paz y plenitud.
Hablando en el nombre ‘del Señor Yahveh que revela Sus secretos a los Profetas,’ describió el Día del
Señor como un día en que ‘el Sol se pondrá a mediodía y la Tierra se oscurecerá en la mitad del día.’
Dirigiéndose a aquellos que veneran los ‘planetas y estrellas de sus dioses,’ comparó el
venidero Día con los sucesos del Diluvio, cuando ‘el día se hizo noche, y las aguas de los mares fueron
vertidas en la tierra’; y advirtió a tales adoradores con una pregunta retórica (Amós 5: 18):
¡Ay de los que ansían el Día de Yahveh!
¿Qué creéis que es ese Día de Yahveh?
¡Es tinieblas, que no luz!
Medio siglo después, el Profeta Isaías vinculó las profecías del ‘Día del Señor’ a un lugar
geográfico específico, al ‘Monte del Día Señalado,’ el sitio ‘de las laderas del norte,’ y tuvo esto que
decir al rey que se había auto colocado allí:
‘Contempla, el Día del Señor llegó con furia e ira sin piedad, para dejar la tierra
desolada y destruir a sus pecadores.’
Además, comparó lo que está por suceder con el Diluvio, recordando la época cuando el ‘Señor
vino como una tormenta destructora de poderosas olas,’ y describió (Isaías 13: 10,13) el Día venidero
como un acontecimiento celeste que afectará a la Tierra:
Cuando las estrellas del cielo y la constelación de Orión
no alumbren ya,
esté oscurecido el sol en su salida
y no brille la luz de la luna. . .
Por eso haré temblar los cielos,
y se removerá la tierra de su sitio,
en el arrebato de Yahveh Sebaot,
en el día de su ira hirviente.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Lo más notable en esta profecía es la identificación del Día del Señor como el tiempo en que
‘el Señor de los Ejércitos’—el celestial, el señor planetario—‘estará cruzando.’ Este es el mismo
lenguaje empleado en el Enuma Elish cuando describe cómo el invasor que combatió a Tiamat llegó a
ser llamado NIBIRU:
‘¡Del Cruce será su nombre!’
Siguiendo a Isaías, el Profeta Oseas también previó el Día del Señor como un día en que el
Cielo y la Tierra ‘responderán’ uno al otro—un día de fenómenos celestiales resonando en la Tierra.
En la medida que continuamos examinando las profecías de forma cronológica, encontramos que en
el siglo séptimo a.C. los pronunciamientos proféticos se hicieron más urgentes y más explícitos:
el Día del Señor será un Día de Juicio sobre todas las naciones, incluido Israel, pero
principalmente sobre Asiria por lo que ha hecho y sobre Babilonia por lo que hará, y el
Día está acercándose, está cerca—
¡Cercano está el gran Día de Yahveh,
cercano, a toda prisa viene!
¡Amargo el ruido del día de Yahveh,
dará gritos entonces hasta el bravo!
Día de ira el día aquel,
día de angustia y de aprieto,
día de devastación y desolación,
día de tinieblas y de oscuridad,
día de nublado y densa niebla,
Sofonías, 1: 14–15
Justo antes del 600 a.C. el Profeta Habacuc rezó al ‘Dios que vendrá en los años cercanos,’ y
mostrará piedad a pesar de Su ira. Habacuc describió al esperado Señor celeste como un planeta
radiante—la misma forma como Nibiru era descrito en Súmer y Acadia.
Aparecerá, dijo el Profeta, de los cielos del sur:
El Señor vendrá del sur…
cubiertos serán los cielos con su halo,
su esplendor llena la Tierra,
sus rayos brillan fuertes
desde donde su poder se oculta.
Delante de él marcha la peste,
sale la fiebre tras sus pasos.
Se planta para medir la Tierra;
es visto y la naciones tiemblan.
Habacuc 3: 3–6
La urgencia de las profecías aumentó al comenzar el siglo sexto a.C. ‘¡El Día del Señor está a la
mano!’ anunciaba el Profeta Joel; ‘¡el Día del Señor está cerca! declaraba el Profeta Obadiah.
Cerca del 570 a.C. el Profeta Ezequiel recibió el siguiente mensaje divino (Ezequiel 30: 2–3):
Hijo de hombre, profetiza y di:
Así dice el Señor Yahveh:
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
gemid: «¡Ah, el día aquel!»
Porque está cercano el día,
está cercano el día de Yahveh,
día cargado de nubarrones,
la hora de las naciones será.
Ezequiel estaba entonces lejos de Jerusalén, habiendo sido exiliado junto a otros líderes de
Judá por el rey babilonio Nabucodonosor. El terreno de exilio, donde las profecías de Ezequiel y la
famosa visión del Carro Celestial tuvieron lugar, fue en los bancos del río Khabur, en la región de
Harán. El sitio no fue al azar, porque la concluyente saga del Día del Señor—y de Asiria y de Babilonia
—tenía que terminarse donde comenzó el viaje de Abraham.
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12 - TINIEBLAS AL MEDIODÍA
Mientras los Profetas hebreos predijeron las Tinieblas al Mediodía, ¿qué estaban las ‘otras
naciones’ suponiendo mientras esperaban el Retorno de Nibiru? A juzgar por sus documentos escritos
e imágenes grabadas, suponían la resolución de los conflictos divinos, tiempos benevolentes para la
humanidad, y una gran teofanía. Participaron, como veremos, de una inmensa sorpresa.
Anticipándose al gran evento, los cuadros de sacerdotes que observaban los cielos en Nínive y
Babilonia se movilizaron para tomar nota de los fenómenos celestes e interpretar sus augurios. Los
fenómenos eran documentados con meticulosidad e informados a los reyes.
Los arqueólogos han encontrado en los restos de bibliotecas reales y de templos tablillas con
aquellos documentos y reportes que en muchas instancias fueron arreglados de acuerdo al tema o al
planeta que estaban observando. Una bien conocida colección en la cual se combinaron unas setenta
tablillas—en la antigüedad—fue una serie titulada Enuma Anu Enlil; reportó observaciones de los
planetas, estrellas, y constelaciones clasificadas de acuerdo a los Caminos celestiales de Anu y de
Enlil—abarcando los cielos desde los 30º sur hasta el zenit norte (ver Fig. 53).
Al principio las observaciones fueron interpretadas comparando los fenómenos con datos
astronómicos de los tiempos sumerios. Aunque escritos en acadio (el lenguaje de Babilonia y Asiria),
los reportes observacionales emplearon de forma extensiva terminología y matemáticas sumerias y a
veces incluían alguna nota del escriba que habían sido traducidos de tablillas sumerias anteriores.
Tales tablillas sirvieron como manuales de ‘astronomía,’ diciéndoles por experiencia pasada
cuál era el significado de un fenómeno oracular:
Cuando la Luna no es vista según lo calculado:
habrá una invasión de una poderosa ciudad.
Cuando un cometa alcanza el recorrido del Sol:
disminuirán los flujos del campo,
y por dos veces habrá tumulto.
Cuando Júpiter y Venus van juntos:
las oraciones de la tierra alcanzarán a los dioses.
Cuando pasó el tiempo, se incrementaron los reportes de observaciones acompañados por los
propios augurios de los sacerdotes: ‘Por la noche Saturno se acerca a la Luna. Saturno es un planeta
del Sol. Este es el significado: Es favorable al rey.’ El cambio notable incluía la puesta de especial
atención a los eclipses; una tablilla (ahora en el Museo Británico), que lista columnas numéricas
similares a las de un computador, servía para predecir eclipses lunares con cincuenta años de
anticipación.
Estudios modernos han concluido que el cambio a una nueva astronomía tópica tuvo lugar en el
siglo octavo a.C. cuando, después de un período de caos y desórdenes reales en Babilonia y Asiria, los
dos destinos de las tierras fueron colocados en manos de nuevas y fuertes manos: Tiglath-Pileser III
(745–727 a.C.) en Asiria y Nabunassar (747-734 a.C.) en Babilonia. Nabunassar (‘protegido de Nabu’)
fue aclamado, ya en la antigüedad, como un innovador y energético en el campo de la astronomía.
Una de sus primeras opciones fue reparar y restaurar el templo de Shamash en Sippar, el
‘centro de culto’ del dios-Sol en la antigua Súmer. Además construyó un nuevo observatorio en
Babilonia, actualizó el calendario (heredado de Nippur), e instituyó el reporteo diario de los
fenómenos celestes y sus significados, al rey. Fue principalmente gracias a estas mediciones que ha
venido a la luz una riqueza de datos astronómicos que esclarecen los eventos subsecuentes. TiglathPileser III fue también activo, en sus propios medios.
Sus anales describen constantes campañas militares y alardes de ciudades tomadas,
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
ejecuciones brutales de reyes y nobleza locales, y exilios masivos. Su rol, y el de sus sucesores
Shalmaneser V y Sargón II, en la desaparición de Israel y el exilio de su pueblo (las Diez Tribus
Perdidas), y luego los intentos de Sennacherib por incautar Jerusalén, fueron descritos en el capítulo
previo. Más cerca de casa, esos reyes asirios estuvieron ocupados anexando Babilonia al ‘tomar las
manos de Marduk.’
El siguiente rey asirio, Esarhaddon (680–669 a.C.), anunció que ‘tanto Ashur como Marduk me
dieron sabiduría,’ juraba en nombre de Marduk y Nabu, e inició la reconstrucción del templo Esagil
en Babilonia. En los libros de historia, Esarhaddon es recordado principalmente por su exitosa
invasión a Egipto (675–669 a.C.). El propósito de la invasión, hasta donde pudo ser establecido, era
detener los intentos egipcios por ‘entrometerse en Canaán’ y dominar Jerusalén.
Digno de atención, a la luz de subsecuentes eventos, fue la ruta que escogió: en vez de ir por
el camino más corto, hacia el sudoeste, hizo un rodeo considerable y fue hacia el norte, a Harán.
Ahí, en el viejo templo del dios Sin, Esarhaddon buscó la bendición del dios para embarcarse en su
conquista; y Sin, inclinado por su personal y acompañado de Nusku (el Mensajero Divino de los
dioses), dio su aprobación. Entonces Esarhaddon viró hacia el sur, pasando poderosamente a través
de las tierras del Mediterráneo oriental hasta alcanzar Egipto.
Considerablemente, se desvió del premio que
Sennacherib fracasó en obtener—Jerusalén. También
considerablemente, que la invasión de Egipto y el
desvío lejos de Jerusalén—tanto como el propio
destino de Asiria—hayan sido profetizados por Isaías
décadas antes (10: 24-32)
construida—de acuerdo a dibujos de un sello
cilíndrico—para emular el portalón de Anu en
Nibiru (Fig. 90) en Nibiru. Es una clave de lo
que fueron las expectativas de Retorno en
Asiria.
Ocupado como estaba Esarhaddon en lo
geopolítico, no descuidó los requerimientos
astronómicos de aquellos tiempos. Con la guía de los
dioses Shamash y Adad, erigió en Ashur (la ciudad
centro de culto de Asiria) una ‘Casa de Sabiduría’—
un observatorio—y representó el completo sistema
solar de doce miembros, incluido Nibiru55, en sus
monumentos (Fig. 89).Conducente a un más fastuoso
precinto sagrado era una puerta monumental,
Todas estas movidas político-religiosas
sugieren que los asirios se aseguraron de
‘tocar todas las bases’ en que estuvieran
concernidos los dioses. Y así, por el siglo
séptimo a.C. Asiria estuvo lista para el
anticipado Retorno del planeta de los dioses.
Textos descubiertos—incluyendo cartas a los
reyes por sus astrónomos jefes—revelen la
anticipación de un tiempo idílico, utópico:
Cuando Nibiru culmine… Las tierras serán
habitadas de forma segura; los reyes hostiles
estarán en paz; los dioses recibirán oraciones
y escucharán súplicas.
Cuando el Planeta del Trono del Cielo
crezca en su brillo, habrá lluvias e
55 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_hercolobus.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
inundaciones. Cuando Nibiru alcance su perigeo, los dioses darán paz. Los problemas serán resueltos,
las complicaciones serán desenredadas. Claramente, la expectación era que un planeta reaparecería,
se elevaría en los cielos, crecería en brillantez, y en su perigeo, al Cruce, sería NIBIRU (el Planeta del
Cruce).
Y como indicaban el portalón y otras construcciones, con el retorno del planeta era esperada
una repetición de las previas visitas de Anu a la Tierra. Estaba ahora en manos de los astrónomos
observar los cielos por esa aparición planetaria; pero ¿dónde estaban ellos para observar e la
extensión celeste, y cómo reconocerían el planeta mientras aún estuviera en los cielos distantes? El
siguiente rey asirio, Asurbanipal (668-639 a.C.), llegó con la solución.
Los historiadores consideran que Asurbanipal fue el más erudito de los reyes asirios, porque
había aprendido otros idiomas además del acadio, incluyendo el sumerio, y alegaba que incluso pudo
leer ‘textos de antes del Diluvio.’ También hacía alarde que él ‘aprendió los signos secretos del Cielo
y la Tierra… y estudió los cielos con los maestros de la adivinación.’
Algunos investigadores modernos lo consideran además haber sido ‘El Primer Arqueólogo,’
porque coleccionó de manera sistemática tablillas de sitios que ya eran antiguos en su época—como
Nippur, Uruk, y Sippar en lo que fue Súmer. También envió equipos especializados a ordenar y saquear
tales tablillas de las capitales asirias conquistadas. Las tablillas terminaron en una famosa biblioteca
donde equipos de escribas las estudiaron, tradujeron, y copiaron textos escogidos del milenio
anterior.
(Un visitante del Museo del Antiguo Cercano Oriente en Estambul puede ver una muestra de
tales tablillas, cuidadosamente ordenadas en sus estantes originales, con cada estante encabezado
por una ‘tablilla catálogo’ que enlista todos los textos en ese estante).
Aunque los temas de las tablillas acumuladas cubrían un amplio rango, lo que fue hallado
indica que a la información celestial se le prestó especial atención. Entre los textos puramente
astronómicos había tablillas que pertenecían a una serie titulada ‘El Día de Bel’—¡el Día del Señor!
Además, relatos épicos e historias pertinentes a las venidas e idas de los dioses fueron consideradas
importantes, en especial si arrojaban luz sobre las pasadas de Nibiru. El Enuma Elish—la Epopeya de
la Creación que relata cómo un planeta invasor se unió al sistema solar para convertirse en Nibiru—
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
fue copiado, traducido, y re-copiado; también había escritos que tratan del Diluvio, tales como la
Epopeya Atra-Hasis y la Epopeya de Gilgamesh.
Aunque todas ellas parecen legitimar ser parte del conocimiento acumulado en una biblioteca
real, también ocurre que todas las tablillas tratan con instancias de las apariciones de Nibiru en el
pasado—y por ende con su próximo acercamiento.
Entre los textos traducidos puramente astronómicos y, sin duda, cuidadosamente estudiados,
había directrices para observar la llegada de Nibiru y para reconocerlo en su aparición.
Un texto babilónico que retuvo la terminología sumeria original señala:
Planeta del dios Marduk:
sobre su aparición SHUL.PA.E;
elevándose treinta grados, SAG.ME.NIG;
cuando se detiene en el medio del cielo: NIBIRU.
Aunque el primer planeta mencionado (SHUL.PA.E) se considera sea Júpiter (pero podría ser
Saturno), el siguiente nombre (SAG.ME.NIG) podría ser una variante para Júpiter, pero es considerado
por algunos como que sea Mercurio56(*).
56 .- (*) Los extensos datos astronómicos que han sido encontrados atrajeron, ya en el siglo 19 y comienzos del
20, el tiempo, atención, y paciencia de académicos gigantes que combinaron brillantemente la ‘asiriología’ con
conocimientos astronómicos. El primer libro de las Crónicas Terrestres, el 12º Planeta, cubrió e hizo uso del
trabajo y los logros de aquellos como Franz Kugler, Ernst Weidner, Erich Ebeling, Herman Hilprecht, Alfred
Jeremias, Morris Jastrow, Albert Schott, y Th. G. Pinches, entre otros. Su trabajo fue complicado por el hecho
que el mismo kakkabu (cualquier cuerpo celeste, incluyendo planetas, estrellas fijas, y constelaciones) podía
tener más de un nombre.
También señalé con claridad entonces y ahí la falla más básica de sus trabajos: todos asumieron que los
sumerios y otros pueblos antiguos no tenían modo de saber (‘a ojo desnudo’) acerca de planetas más allá de
Saturno. El resultado fue que siempre que un planeta era mencionado de forma diferente a los nombres
aceptados para los ‘siete kakkabani conocidos’—Sol, Luna, Mercurio, Venus. Marte, Júpiter, Saturno—se asumió
que se trataba sólo de otro nombre para alguno de los ‘siete conocidos.’ La víctima principal de esta errónea
instancia fue Nibiru; doquiera que él o su equivalente babilónico ‘planeta Marduk’ fue enlistado, se asumió que se
trataba de oro nombre para Júpiter o Marte o (en algunas visiones extremas) incluso para Mercurio.
Increíblemente, el ‘establishment’ de la moderna astronomía siguen basando su trabajo en esos asumidos ‘siete
conocidos’—a pesar de la extensa evidencia contraria que muestra que los sumerios conocían la verdadera forma
y composición de nuestro sistema solar, partiendo con el nombre de los planetas exteriores en el Enuma Elish, o
la representación de 4500 años de antigüedad del completo sistema solar de doce miembros, con el Sol al
centro, en el sello cilíndrico VA243 en el Museo de Berlín (Fig. 91), o el dibujo de doce símbolos planetarios sobre
monumentos asirios y babilónicos, etc.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Un texto similar de Nippur, que tradujo los nombres planetarios sumerios como
UMUN.PA.UD.DU y SAG.ME.GAR, sugiere que la llegada de Nibiru será ‘anunciada’ por el planeta
Saturno, y después de elevarse 30 grados estará cerca de Júpiter.
Otros textos (p.ej. una tablilla conocida como K.3124) señala que después de pasar SHUL.PA.E
y SAG.ME.GAR—que creo se trata de Saturno y Júpiter—el ‘Planeta Marduk entrará al Sol (alcanzará el
perigeo, lo más cercano al Sol) y se convertirá en Nibiru.’
Oros textos proveen claves más claras en relación a la ruta de Nibiru, así como al marco para
su reaparición: Desde la estación de Júpiter, el planeta pasa hacia el oeste.
Desde la estación de Júpiter
el planeta aumenta su brillo,
y en el zodíaco de Cancer se convierte en Nibiru.
El gran planeta:
en su aparición: rojo oscuro.
El cielo él divide en mitades
mientras permanece en Cruce (Nibiru)
Tomados juntos, los textos astronómicos del tiempo de Asurbanipal describieron una aparición
planetaria desde la orilla de sistema solar, elevándose y llegando a ser visible cuando alcanza a
Júpiter (o incluso Saturno antes de eso), y después doblando hacia abajo a la eclíptica. En su
perigeo, cuando está más cerca del Sol (y por tanto a la Tierra), el planeta—en el Cruce—se convierte
en Nibiru ‘en el zodíaco de Cancer.’
Eso, como muestra el esquema adjunto (no a escala), pudo suceder sólo cuando la salida del
Sol del Equinoccio de Primavera tuvo lugar en la Era del Carnero—durante la era zodiacal de Aries
(Fig. 92).
Tales claves en relación a la ruta orbital del Señor Celestial y su reaparición, a veces
empleando las constelaciones como un mapa celeste, se hallan también en pasajes bíblicos,
revelando de ese modo un conocimiento que debió haber sido internacionalmente disponible:
‘En Júpiter será vista su faz,’ señala el Salmo 17. ‘El Señor vendrá desde el sur… su
esplendoroso brillo será como un haz de luz,’ predijo el Profeta Habacuc (cap. 2).
‘Él solo se extiende por los cielos y pisotea la mayor profundidad; llega a la Osa Mayor, Sirio y
Orión, y las constelaciones del sur,’ señala el Libro de Job (cap. 9); y el Profeta Amós (5: 9) previó al
Señor Celestial ‘sonriendo su faz sobre Tauro y Aries, desde Tauro a Sagitario irá.’ Estos versos
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
describen un planeta que hace un arco en la parte más elevada del cielo y, orbitando en el sentido de
los relojes—‘retrógrado,’ dicen los astrónomos—llega vía las constelaciones del sur.
Es una trayectoria, en una escala más amplia, similar a la del cometa Halley (ver Fig. 78).
Una decidora clave en relación a las expectativas de Asurbanipal fue la meticulosa traducción
al acadio de descripciones sumerias de las ceremonias realizadas cuando la visita de Anu y Antu cerca
del 4000 a.C. Las secciones que tratan con su estadía en Uruk describen cómo, al atardecer era
ubicado ‘en la parte más elevada de la torre’ para observar y anunciar la aparición de los planetas
uno tras otro, hasta que el ‘Planeta del Gran Anu del Cielo’ se dejaba ver, con lo cual todos los dioses
reunidos para dar la bienvenida a la pareja divina recitaba la composición ‘a aquel cuyo brillo crece,
el planeta celestial del dios Anu’ y cantaban el himno ‘La imagen del Creador se ha levantado.’
Luego los largos textos describen los alimentos ceremoniales, el retiro a las cámaras
nocturnas, las procesiones del día siguiente, y todo eso.
Uno puede concluir razonablemente que Asurbanipal estaba comprometido en coleccionar,
recopilar, traducir, y estudiar todos los textos anteriores que pudiera:
(a) aportar guía a los sacerdotes-astrónomos para detectar, al más posible primer
momento, el retornante Nibiru
(b) informar a rey acerca de los procedimientos a seguir después
El llamar al planeta ‘Planeta del Trono Celestial’ es una clave importante para las expectativas
reales, como lo eran las representaciones en los muros de palacio, en magníficos relieves, de reyes
asirios saludando a dios en el Disco Alado mientras se suspendía sobre el Árbol de la Vida (como en la
Fig. 87).
Era importante estar informado de la aparición del planeta tan pronto como fuera posible para
ser capaces de preparar la recepción apropiada para la legada del gran dios dibujado dentro— ¿Anu
mismo? y ser bendecidos con una larga y quizá eterna, vida.
Pero eso no estaba destinado a ser.
Pronto después de la muerte de Asurbanipal, por todo el imperio asirio surgieron rebeliones.
Las posesiones de sus hijos en Egipto, Babilonia y Elam se desintegraron. Aparecieron recién llegados
de lejos, desde los extremos del imperio asirio—‘hordas’ desde el norte, los Medos desde el este.
Por todas partes, los reyes locales se tomaron el control y declararon la independencia. De
particular importancia—inmediata y para hechos futuros—fue la ‘escisión’ de Babilonia del reino dual
con Asiria. Como parte del festival de Año Nuevo en 626 a.C. un general babilonio cuyo nombre—
Nabupolassar (‘Nabu protege sus hijos’) —implicaba ser hijo del dios Nabu, fue entronizado como rey
de una Babilonia independiente.
Una tablilla describió así el comienzo de su investidura:
‘Los príncipes de la tierra fueron congregados; bendijeron a Nabupolassar; abriendo sus
puños, lo declararon soberano; Marduk en la asamblea de los dioses otorgó el
Estandarte de Poder a Nabupolassar.’
El resentimiento del brutal regente de Asiria fue tan grande que Nabupolassar de Babilonia
pronto encontró aliados para una acción militar contra Asiria. Un importante y frescamente vigoroso
aliado fueron los Medos (precursores de los Persas), que tenían experiencia en la brutalidad e
incursiones asirias.
Mientras las tropas babilonias avanzaban sobre Asiria desde el sur, los Medos atacaron desde el
oriente, y en 614 a.C.—¡como había sido profetizado por los Profetas hebreos!—capturaron y
quemaron la capital religiosa Asiria, Asur. El turno de Nínive, la capital real, fue o siguiente. Por
612ª.C. la gran Asiria era un desastre. Asiria—la tierra del ‘Primer Arqueólogo—se convirtió ella misma
en tierra de sitios arqueológicos.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
¿Cómo pudo suceder aquello a la tierra cuyo nombre significaba ‘Tierra del dios Asur? La única
explicación del momento fue que los dioses retiraron su protección de esa tierra; de hecho,
mostraremos, había más que eso: los dioses mismos se retiraron—de esa tierra y de la Tierra.
Y entonces el más asombroso y final capítulo de la Saga del Retorno, en el cual Harán jugó un
rol clave, comenzó a desarrollarse.
La asombrosa cadena de sucesos después de la desaparición de Asiria comenzó con el escape a
Harán de miembros de la familia real. Buscando allí la protección del dios Sin, los fugados
concentraron los remanentes del ejército asirio y proclamaron a uno de los refugiados reales como
‘Rey de Asiria’; pero el dios, cuya ciudad Harán había tenido desde entonces días de llanto, no
respondió. En 610 a.C. tropas babilonias capturaron y pusieron final a las persistentes esperanzas
asirias.
La lucha por el manto heredero de la sucesión de Súmer y Acadia se había acabado; era ahora
algo solamente usado, y por gracia divina, por el rey de Babilonia. Una vez más, Babilonia regía las
tierras que alguna vez fueron las santificadas ‘Súmer y Acadia’—tanto que en muchos textos de la
época, Nabupolassar recibió el título de ‘Rey de Acadia.’ Él empleó esa autoridad para extender las
observaciones celestiales a las antiguas ciudades sumerias de Nippur y Uruk, y algunos de los textos
observacionales claves de los años subsecuentes vinieron de allá.
Fue en ese mismo fatídico año, 610 a.C.—un memorable año de eventos asombrosos, como
veremos—que un revigorizado Egipto también puso en su trono a un fuerte y asertivo hombre llamado
Necho.
Apenas un año más tarde una de las menos comprendidas—por los historiadores, claro—movidas
geopolíticas tuvo lugar entonces. Los egipcios, que acostumbraban a estar del mismo lado de los
babilonios en oposición a la regencia asiria, salieron de Egipto y, moviéndose con rapidez hacia el
norte, se tomaron territorios y sitios sagrados que los babilonios consideraban propios. El avance
egipcio, todo hacia el norte hasta Carchemish, los puso a distancia de tiro de Harán; también puso en
manos egipcias los dos sitios espaciales, en Líbano y en Judá.
Los sorprendidos babilonios no iban a dejar así las cosas.
El añoso Nabupolassar confió la tarea de recapturar los sitios vitales a su hijo Nabucodonosor,
que ya se había distinguido en el campo de batalla. En Junio del 605 a.C., en Carchemish, los
babilonios aplastaron al ejército egipcio, liberaron ‘el sagrado bosque en Líbano lo cual deseaban
Marduk y Nabu,’ y dieron caza a los egipcios en su huída hasta la Península de Sinaí.
Nabucodonosor sólo detuvo su persecución debido a las noticias desde Babilonia en relación al
fallecimiento de su padre.
Volvió con rapidez, y fue proclamado Rey de Babilonia ese mismo año.
Los historiadores no encuentran explicación para la ofensiva egipcia y la ferocidad de la
reacción babilónica. Para nosotros es evidente que el núcleo de los sucesos era la expectativa del
Retorno. Ciertamente, parece que en el año 605 a.C. el Retorno era tenido como inminente, quizá
incluso tardíamente; porque fue en ese mismo año que el Profeta Habacuc comenzó a profetizar en
nombre de Yahveh, en Jerusalén.
Prediciendo increíblemente el futuro de Babilonia y otras naciones, el Profeta preguntó a
Yahveh cuando el Día del Señor—un día de juicio sobre todas las naciones, Babilonia incluida—
llegaría, y Yahweh respondió, diciendo:
Escribe la profecía,
explícala claro en las tabillas,
de modo que pueda ser leída con rapidez:
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
para la visión hay un tiempo establecido;
¡al final vendrá, sin falta!
Aunque parezca tardar, espera por ese día;
porque ha de llegar con seguridad—
porque la fecha de su cita no será atrasada.
Habakkuk 2: 2–3
(La fecha de la cita, como veremos, llegó justamente quince años después.)
Los cuarenta y tres años del reinado de Nabucodonosor (605-562 a.C.) son considerados un
período de un imperio ‘Neo-Babilonio’ dominante, un tiempo marcado por acciones decisivas y
movidas rápidas, porque no había tiempo que perder—¡el venidero Retorno era ahora el premio de
Babilonia!
Para preparar Babilonia para el esperado Retorno, se iniciaron rápidamente trabajos de
renovación y de construcción. Su punto focal fue el precinto sagrado, donde el templo Esagil de
Marduk (ahora llamado simplemente Bel/Ba’al, ‘El Señor’) fue renovado y reconstruido, su zigurat de
siete pisos preparado para observar de allí los cielos estrellados (Fig. 93)—tal como había sido hecho
en Uruk cuando la visitó Anu cerca de 4000 a.C., se construyó un nuevo Camino Procesional que
conducía al sagrado recinto a través de una nueva y grande puerta; sus muros estaban decorados y
cubiertos de arriba abajo con exquisitos ladrillos vidriados que asombran incluso hoy día, porque los
modernos excavadores del sitio sacaron el Camino Procesional y la Puerta y los llevaron al Museo
Vorderasiatiches en Berlín.
Fig.93
Babilonia, la Ciudad Eterna de Marduk, estaba lista para dar la bienvenida al Retorno.
Nabucodonosor escribió en sus inscripciones:
‘He hecho que la ciudad de Babilonia sea la más importante entre todos los países y
lugares habitados; su nombre elevé hasta ser la más elogiada de todas las ciudades
sagradas.’
La expectación, parece, era que la llegada del Disco Alado descendería en el Sitio de Aterrizaje
en Líbano, luego consumar el Retorno al entrar a Babilonia a través del maravilloso Camino
Procesional y su imponente Puerta (Fig. 94)—llamada ‘Ishtar’ (alias IN.ANNA), que había sido la
‘amada de Anu’ en Uruk—otra clave en relación a quién era esperado en el Retorno.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
En compañía de estas expectativas estaba el rol de Babilonia como el nuevo Ombligo de la
Tierra—heredando el estatus prediluvial de Nippur como la DUR.AN.KI, el ‘Puente Cielo-Tierra.’ Que
ahora esta era función de Babilonia quedó expresado cuando a la plataforma base del zigurat se le
dio el nombre E.TE.MEN.AN.KI (‘Templo de la Fundación para Cielo-Tierra’), tensionando el rol de
Babilonia como el nuevo ‘Ombligo de la Tierra’—una función claramente representada en el ‘Mapa
del Mundo’ babilónico (ver Fig. 10). ¡Esta era terminología que hacía eco con la descripción de
Jerusalén, con su Piedra de la Fundación, sirviendo como vínculo entre la Tierra y el Cielo!
Pero si eso era lo que Nabucodonosor preveía, entonces Babilonia tenía que reemplazar el
enlace espacial post-Diluvio—Jerusalén.
Habiendo asumido la función prediluvial de Nippur—servir como Centro de Control de Misión
después del Diluvio—Jerusalén fue ubicada al centro de distancias concéntricas a los otros sitios
espaciales (ver Fig. 3). Llamándolo el ‘Ombligo de la Tierra’ (38: 12), el Profeta Ezequiel anunció que
Jerusalén había sido escogida para esto por Dios mismo:
Esto ha dicho el Señor Yahveh.
Esta es Jerusalén;
al medio de las naciones la he puesto,
y todas las tierras están en círculo
a su alrededor.
Ezequiel 5: 5
Determinado a usurpar esa función para Babilonia, Nabucodonosor condujo sus tropas hacia el
elusivo premio y en 598 a.C. capturó Jerusalén. Esta vez, como había advertido el Profeta Jeremías,
Nabucodonosor llevaba la ira de Dios al pueblo de Jerusalén, por haber aceptado la veneración de los
dioses celestiales: Ba’al, el Sol y la Luna, y las constelaciones.’ (II Reyes 23: 5) —¡una lista que
incluyó a Marduk como una entidad celeste!
Sometido a hambruna al pueblo de Jerusalén por un sitio que duró tres años, Nabucodonosor se
las arregló para someter la ciudad y llevó cautivo a Jehoyachin rey de Judá, a Babilonia. Además
fueron exiliados la nobleza de Judá y la elite instruida—entre los cuales se hallaba el Profeta Ezequiel
—y miles de sus soldados y artesanos; se les hizo residir en los bancos del río Khabur, cerca de Harán,
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
su hogar ancestral.
La ciudad misma y el Templo fueron dejados intactos esta vez, pero once años más tarde, en
587 a.C., los babilonios volvieron en pie de guerra. Actuando esta vez, de acuerdo a la Biblia, por
voluntad propia, los babilonios incendiaron el Templo que Salomón había construido. En sus
inscripciones Nabucodonosor no da más explicación que la usual—realizar los deseos y agradar a ‘mis
dioses Nabu y Marduk’; pero como pronto mostraremos, la verdadera razón era simple: la creencia
que Yahveh había partido y se había ido.
La destrucción del Templo fue un hecho desconcertante y malvado por el cual Babilonia y su
rey—habiendo sido considerados anteriormente por los Profetas el ‘camino de la ira’ de Yahveh—iban
a ser castigados con severidad: ‘La venganza de Yahveh nuestro Dios, venganza por Su Templo,’ irá
contra Babilonia, anunció el Profeta Jeremías (50: 28).
Prediciendo la caída de la poderosa Babilonia y su destrucción por invasores del norte—sucesos
que tuvieron lugar apenas unas décadas más tarde—Jeremías además proclamó el sino de los dioses
que Nabucodonosor había invocado:
Anunciadlo y hacedlo oír entre las gentes;
levantad bandera; hacedlo oír; no lo calléis; decid:
Ha sido tomada Babilonia, está confuso Bel,
desmayó Marduk, están confusos sus ídolos, (desmayaron sus inmundicias).
Jeremías 50: 2
El castigo divino sobre Nabucodonosor mismo fue proporcional al sacrilegio. Enloquecido, de
acuerdo a fuentes tradicionales, por un insecto que penetró al cerebro vía fosas nasales,
Nabucodonosor murió en agonía en 561 a.C.
Ni Nabucodonosor ni sus tres sucesores sanguíneos (que fueron asesinados o simplemente se
dispuso de ellos en breve) vivieron para ver una llegada de Anu a las puertas de Babilonia. De hecho,
tal llegada jamás tuvo lugar, aunque Nibiru retornó.
Es un hecho que las tablillas astronómicas de ese mismo tiempo documentan observaciones
reales de Nibiru, alias ‘Planeta de Marduk.’ Algunos fueron documentados como augurio, por
ejemplo, una tablilla catalogada K.8688 que informaba al rey que si Venus fuera visto ‘en frente de’
(saliendo delante de) Nibiru, fracasarán las cosechas, pero si Venus sale ‘detrás’ de Nibiru, la
cosecha de la tierra será un éxito.’ De mayor interés para nosotros es un grupo de tablillas
‘Babilónicas Tardías’ halladas en Uruk; en ellas tradujeron los datos en doce columnas de meses
zodiacales y combinaron los textos con descripciones gráficas.
En una de esas tablillas (VA 751, Fig. 95), el Planeta de Marduk, mostrado entre el símbolo del
carnero Aries por un lado y los siete símbolos de la Tierra por el otro, grafica a Marduk como dentro
del planeta.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Otro ejemplo s la tablilla VAT 7847; habla de una observación real, en la constelación de Aries,
como el ‘Día en que fue abierta la puerta del gran señor Marduk’—en que Nibiru había aparecido
a la vista; y después tiene una entrada—‘Día del Señor Marduk’—mientras el planeta se movía y fue
visto en Acuario.
Aun más decidor de la venida visible del planeta ‘Marduk’ desde los cielos australes y su
rapidez en ser ‘Nibiru’ en la banda celeste central, fue otra clase de tablillas, esta vez circulares.
Representando un ‘avance hacia atrás’ a los principios astronómicos sumerios, las tablillas dividieron
la esfera celeste en tres Senderos (el Sendero de Enlil para los cielos del norte, de Ea para los del
sur, y de Anu al centro). Los doce segmentos zodiaco-calendáricos fueron después sobreimpuestos en
los tres Senderos, como se muestra por los fragmentos descubiertos (Fig. 96); textos explicativos
fueron escritos en las partes traseras de aquellas tabillas circulares.
En 1900 d.C., dirigiéndose a una reunión de la Real Sociedad Asiática en Londres, Inglaterra,
Theophilius G. Pinches causó sensación al anunciar que había tenido éxito en re-armar un completo
‘astrolabio’ (‘Tomador de Estrellas’), como llamó a la tablilla.
Mostró lo que era un disco circular dividido en tres secciones concéntricas y, como un queque,
en doce segmentos, dando como resultado un campo de treinta y seis porciones. Cada una de las
treinta y seis porciones contiene un nombre con un pequeño círculo bajo él, indicando que se trata
de un cuerpo celestial, y un número. Además cada porción lleva el nombre de un mes, de modo que
Pinches los enumeró del I al XII, comenzando con Nissan (Fig. 97).
La presentación causó una sensación comprensible, porque aquí había un mapa celeste
babilonio, dividido en los tres senderos de Enlil, Anu, y Ea/Enki, mostrando cuales planetas, estrellas
y constelaciones eran visibles durante los meses del año. Aún continúa el debate acerca de la
identidad de los cuerpos celestes (en la raíz del cual acecha esa noción de ‘nada más allá de
Saturno’) y el significado de los números.
También sin resolver permanece el asunto de la fecha— ¿en que año se hizo el astrolabio, y si
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
era una copia de una tablilla anterior, cuál era la fecha mostrada? Las opiniones de la fecha tienen un
rango que va desde antes del siglo doce hasta el siglo tercero a.C.; sin embargo la mayoría está de
acuerdo en que el astrolabio perteneció a la era de Nabucodonosor o su sucesor Nabuna’id.
El astrolabio presentado por Pinches fue identificado en los subsiguientes debates como ‘P,’
pero fue más tarde renombrado como ‘Astrolabio A’ debido a que desde entonces otro de ellos logró
ser armado y es conocido como ‘astrolabio B.’
Aunque ambos astrolabios al comienzo parecían idénticos, son diferentes—y para nuestro
análisis, la diferencia clave es que en ‘B’ el planeta identificado como mul Neberu deidad Marduk
—‘Planeta Nibiru del dios Marduk’—es mostrado el en Sendero de Anu, la banda central-eclíptica (Fig.
98), mientras en el ‘A’ el planeta identificado como mul Marduk—el ‘planeta de Marduk’—es mostrado
en el Sendero de Enlil, en los cielos del norte (Fig. 99).
El cambio en nombre y posición es absolutamente correcto si ambos astrolabios grafican un
planeta en movimiento—‘Marduk’ como fue llamado por los babilonios—que, después de haber
llegado a verse alto en los cielos del norte (como en ‘A’), se curva hacia abajo para cruzar la
eclíptica y se convierte en NIBIRU (‘del Cruce’) cuando cruza la eclíptica en el Sendero de Anu (como
en ‘B’). ¡La documentación de dos escenarios aportada por los dos astrolabios grafica precisamente
todo lo que hemos estado señalando!
Los textos (conocidos como KAV 218, columnas B y C) que acompañan las representaciones
circulares eliminan cualquier sombra de duda en relación a la identidad de Marduk/Nibiru:
[mes]Adar:
Planeta Marduk en el Sendero de Anu:
EL Kakkabu radiante que aparece en el sur
después que los dioses de la noche terminan sus tareas,
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
y divide el cielo.
Este kakkabu es Nibiru = dios Marduk.
Mientras podemos estar seguros—por razones prontas a ser dadas—que las observaciones en
todas estas tablillas ‘Babilónicas Tardías’ no pudieron haber tenido lugar antes del 610 a.C., también
podemos estar seguros que no fueron realizadas después del 555 a.C., porque esa fue la fecha
cuando uno llamado Nabuna’id se convirtió en el último rey de Babilonia; y su alegato para ser
legitimado era que su reinado fue confirmado celestialmente porque ‘el planeta de Marduk, alto en
el cielo, me ha llamado por mi nombre.’ Haciendo esta afirmación, también señalaba que durante
una visión nocturna había visto ‘la Gran Estrella y la Luna.’ Basado en las fórmulas de Kepler para las
órbitas planetarias alrededor del Sol, el completo período de visibilidad de Marduk/Nibiru desde
Mesopotamia duraba justo unos pocos años; por lo tanto, la visibilidad alegada por Nabuna’id coloca
el Retorno del planeta en los años inmediatamente precedentes a 555 a.C.
¿Entonces cuándo fue la época precisa del Retorno? Hay un aspecto más involucrado en
resolver el puzle: la profecía de ‘Oscuridad al mediodía’ en el Día del Señor—un eclipse solar— ¡y tal
cosa sucedió de hecho, en 556 a.C.!
Los eclipses solares, aunque más extraños que los lunares, no son incomunes; ocurren cuando
la Luna, pasando de una cierta forma entre la Tierra y el Sol, temporalmente oscurece al Sol. Sólo
una pequeña porción de los eclipses solares son totales. El alcance, duración, y derrotero de la
oscuridad total varía de pasada en pasada debido a la siempre cambiante danza de las tres órbitas
involucradas, el Sol, la Luna y la Tierra, además del rotar diario de la Tierra y su cambiante
inclinación del eje.
Extraños son los eclipses solares, pero aún así el legado astronómico de Mesopotamia incluye
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
conocimientos del fenómeno, llamándolo atalu shamshi. Referencias textuales sugieren que no sólo
ese fenómeno sino además la participación lunar eran parte del antiguo acumulado conocimiento. De
hecho, un eclipse solar cuyo recorrido de totalidad pasó sobre Asiria había ocurrido en 762 a.C.
Fue seguido por otro en 584 a.C. que fue visto en todas las tierras del Mediterráneo, con su
totalidad sobre Grecia. Pero después, en 556 a.C., hubo un eclipse solar extraordinario ‘en una fecha
no esperada.’ Si no fue debido a los predecibles movimientos de la Luna, ¿pudo haber sido causado
por un inusual pasaje cercano de Nibiru?
Entre las tablillas astronómicas pertenecientes a una serie llamada ‘Cuando Anu es Planeta de
Señor,’ una de ellas (catalogada VACh.Shamash/RM.2,38—Fig. 100), que trata de un eclipse solar,
documentó así el fenómeno observado (líneas 19-20):
En el comienzo el disco solar,
no en fecha esperada,
se hizo oscuro,
y permaneció en el resplandor del Gran Planeta.
El día 30 [del mes] fue
el eclipse del Sol.
¿Qué significan con exactitud las palabras que el oscurecido Sol ‘permaneció en el resplandor del
Gran Planeta? Aunque la tablilla misma no aporta una fecha para tal eclipse, es nuestra sugerencia
que el fraseo particular, destacado arriba, indica fuertemente que el inesperado y extraordinario
eclipse solar fue algo generado por el retorno de Nibiru, el gran planeta radiante, pero si la causa
directa fue el planeta mismo, o los efectos de su ‘resplandor’ (¿un tiraje gravitacional o magnético?)
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sobre la Luna, el texto no lo explica.
Todavía, es un hecho astronómicamente histórico que en un día igual a Mayo 19, 556 a.C.
ocurrió un eclipse solar total. Como se muestra en este mapa, preparado por el Centro de Vuelo
Espacial Goddard de NASA (Fig. 101), el eclipse fue uno grande e importante, visto sobre amplias
zonas, y un aspecto único acerca de él fue que ¡la banda de oscuridad total pasó exactamente sobre
el distrito de Harán!
Este último hecho es de tremenda importancia para nuestras conclusiones—y fue de hecho más
aún en aquellos fatídicos años en el mundo antiguo; porque de inmediato después de eso, en 555 a.C.
Nabuna’id fue proclamado rey de Babilonia—no en Babilonia, sino en Harán. Fue el último rey de
Babilonia; después de él, como había profetizado Jeremías, Babilonia siguió el destino de Asiria.
Fue en 556 a.C. que ocurrió la profetizada oscuridad al mediodía. Fue justo cuando volvió
Nibiru; fue el profetizado DÍA DE SEÑOR.
Y cuando ocurrió el Retorno del planeta, ni Anu ni otro de los dioses esperados se mostraron.
De cierto, ocurrió lo opuesto: los dioses, los dioses Anunnaki, se fueron y abandonaron la Tierra.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
13 - CUANDO LOS DIOSES DEJARON LA TIERRA
La partida de los dioses Anunnaki de la Tierra fue un drama repleto de teofanías, fenómenos,
incertidumbres divinas, y dilemas humanos.
Increíblemente, la Partida no es algo conjeturado ni especulativo; está documentada con
amplitud. La evidencia nos llega tanto del Cercano Oriente como de las Américas; y algunos de los
más directos, y ciertamente los más dramáticos documentos de la partida de los antiguos dioses de la
Tierra nos llegan desde Harán. El testimonio no es una habladuría; consiste de documentos
atestiguados, entre ellos por el Profeta Ezequiel. Los informes están incluidos en la Biblia, y fueron
inscritos en columnas de piedra—textos que tratan con sucesos milagrosos que conducen a la
ascensión al trono del último rey de Babilonia.
Hoy día Harán—sí, aun se encuentra allí, y la he visitado—es una ciudad dormilona en Turquía
oriental, apenas a pocas millas de la frontera Siria. Está rodeada por muros desmoronándose de los
tiempos Islámicos, sus habitantes habitan chozas de barro en forma de colmenas. El tradicional pozo
donde Jacob conoció a Raquel se halla aún ahí entre los prados de ovejas fuera de la ciudad, con el
agua más naturalmente pura que uno pueda imaginarse.
Pero en los días antiguos Harán fue un floreciente centro comercial, cultural, religioso y
político, tanto que aun el Profeta Ezequiel (27: 24), que vivía en el área con otros exiliados de
Jerusalén, la nombró como un reputado centro comercial de ‘ropas azules y trabajos de bordado, de
ricos aparejos al pecho hechos con cordones y madera de cedro.’
Fue una ciudad que había sido en tiempos sumerios un centro del culto ‘Ur fuera de Ur’ del
‘dios Luna’ Nannar/Sin. La familia de Abraham terminó residiendo allí porque su padre Terah era un
Tirhu, un sacerdote y augur, primero en Nippur, después en Ur, y finalmente en el templo de Nannar/
Sin en Harán. Después de la desaparición de Súmer por el Viento Maldito nuclear, Nannar y su esposa,
Ningal, hicieron de Harán su hogar y cuartel general.
Aunque Nannar (“Su’en,” o Sin abreviado en acadio) no era el heredero primogénito legal—ese
rango perteneció a Ninurta—era el primogénito de Enlil y su esposa Ninlil, un primogénito terrestre.
Dioses y hombres adoraron enormemente a Nannar/Sin y su esposa; los himnos en su honor en los
tiempos gloriosos de Súmer, y las lamentaciones acerca de la desolación de Súmer en general y de Ur
en particular, revelen el gran amor y admiración de la gente por esta pareja divina. Que muchos
siglos después Esarhaddon fuera a consultar con un añoso Sin (apoyado en un staff) en relación a la
invasión de Egipto, y que la familia real asiria arrancase hasta Harán, sirve para indicar el continuo e
importante rol jugado por Nannar/Sin y Harán hasta el final.
Fue en las ruinas del templo de la ciudad de Nannar/Sin, el E.HUL.HUL (‘Casa de la Doble
Alegría’), que los arqueólogos descubrieron cuatro columnas de piedra (‘estelas’) que alguna vez
estuvieron de pie en el templo, una en cada rincón del principal salón de oraciones. Las inscripciones
en las estelas revelan que dos de ellas fueron erigidas por la sumo sacerdotisa del templo, AddaGuppi, y dos por su hijo Nabuna’id, el último rey de Babilonia.
Con un evidente sentido histórico y como una entrenada oficial del templo, Adda-Guppi aportó
en sus inscripciones datos precisos de los asombrosos eventos de los que ella fue testigo. Los datos,
vinculados como era costumbre a los años reinantes de reyes conocidos, pudieron ser entonces—y lo
fueron—verificados por académicos modernos. Es cierto que nació en 649 a.C. y vivió entre los
reinados de varios reyes asirios y babilónicos, alcanzando hasta la madura edad de 104 años.
He aquí lo que escribió en su estela en relación al primero de una serie de sucesos increíbles:
Fue en el dieciseisavo año de Nabupolassar,
rey de Babilonia, cuando Sin, señor de los dioses,
se enojó con su ciudad y su templo
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
y subió al cielo;
y la ciudad y la gente se fueron a la ruina.
El año dieciséis de Nabupolassar fue 610 a.C. —un año memorable, el lector recordará, cuando
las fuerzas de Babilonia capturaron Harán de los restos del ejército y la familia real asiria, y cuando
un revigorizado Egipto decidió tomar los sitios espaciales. Fue entonces, escribió Adda-Guppi, que un
enojado Sin, quitando su protección (y a él mismo) de la ciudad, empacó y ‘¡subió al cielo!’
Lo que siguió en la capturada ciudad está detalladamente descrito: ‘Y la ciudad y su gente
fueron a la ruina.’ Mientras otros sobrevivientes huyeron, Adda-Guppi se quedó. ‘A diario, sin cesar,
de día y de noche, por meses, por años,’ ella guardó vigilia en el arruinado templo. De luto,
abandonó los vestidos de fina lana, se quitó las joyas, no usó ni oro ni plata, renunció a los perfumes
y aceite de dulce aroma.’ Como un fantasma errando por el abandonado santuario, ‘me vestía con
ropas rotas; iba y venía silenciosa,’ escribió.
Entonces, en el desolado recinto sagrado, encontró un atuendo que alguna vez perteneció a
Sin. Para la abatida sacerdotisa, el hallazgo fue un augurio del dios: súbitamente él la había regalado
con su propia presencia física. No podía quitar la vista de la vestimenta sagrada, sin atreverse a
tocarla ni siquiera para ‘adueñarse de sus costuras.’ Como si el mismo dios estuviera allí para
escucharla, se postró y ‘en oración y humildad’ pronunció un voto: ‘Si quieres volver a tu ciudad,
toda la gente Cabeza-Negra veneraría tu divinidad.’
‘Gente cabeza-Negra’ era un término que los sumerios empleaban para referirse a si mismos, y
el empleo del término por la sumo sacerdotisa 1300 años después que Súmer no estaba más, fue algo
lleno de significado: ella le decía al dios que si volvía, sería restaurada su Señoría como en los Días
Antiguos, volviendo a ser el señor dios de una restaurada Súmer-Acadia.
Para lograr esto, Adda-Guppi ofreció a su dios un trato: Si retornara y empleara sus poderes
para hacer de su hijo Nabuna’id el siguiente rey imperial, reinando sobre los dominios de Babilonia y
Asiria, Nabuna’id restauraría el templo de Sin no sólo en Harán sino también en Ur, y ¡proclamaría el
culto a Sin como religión estatal en todas las tierras de la gente Cabeza-Negra!
Tocando las bastas de la ropa del dios, oró día tras día; entonces una noche el dios se apareció
ante ella en un sueño y aceptó su proposición. El dios Luna, escribió Adda-Guppi, gustó de la idea:
‘Sin, señor de los dioses del Cielo y la Tierra, por mis buenas acciones me miró con una sonrisa;
escuchó mis plegarias; aceptó mi voto. Se calmó el enojo en su corazón. Para con Ehulhul, su templo
en Harán, la residencia divina en la que regocijaba su corazón, él se reconcilió; y tuvo un cambio de
corazón.’
El dios, escribió Adda-Guppi, aceptó el trato:
Sin, señor de los dioses,
miró favorablemente mis palabras,
Nabuna’id, mi único hijo,
fruto de mi vientre,
al reinado llamó—
el reinado de Súmer y Acadia.
Todas las tierras desde la frontera de Egipto,
desde el Mar Superior hasta el Mar Inferior,
en sus manos confió.
Ambos lados mantuvieron su trato. ‘Yo me vi a mi misma realizada,’ señaló Adda-Guppi en el
concluyente segmento de sus inscripciones: Sin ‘honró la palabra con que me habló,’ generando el
ascenso de Nabuna’id al trono de Babilonia en 555 a.C.; y Nabuna’id mantuvo el voto de su madre de
restaurar el templo Ehulhul en Harán, ‘perfeccionando su estructura.’ Renovó el culto de Sin y Ningal
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
(Nikkal en acadio) —‘todos los ritos olvidados los hizo de nuevo.’
Y después un gran milagro, un suceso no visto por generaciones, sucedió. El hecho es descrito
en las dos estelas de Nabuna’id, donde es graficado sosteniendo un inusual báculo y encarando los
símbolos celestiales de Nibiru, la Tierra, y la Luna (Fig. 102):
Este es el gran milagro de Sin
que por dioses y diosas
no ha ocurrido en la tierra,
desde días antiguos desconocidos;
que la gente en la Tierra
ni han visto ni encontrado escrito
en tablillas desde los días de antaño:
que Sin, señor de dioses y diosas,
residiendo en los cielos,
ha bajado desde los cielos—
a plena vista de Nabuna’id, rey de Babilonia.
Sin, reportan las inscripciones, no volvió solo. De acuerdo a los textos entró al restaurado
templo Ehulhul en una procesión ceremonial, en compañía de su esposa Ningal/Nikkal y su asesor, el
Mensajero Divino Nusku.
El milagroso retorno de Sin ‘desde los cielos’ suscita muchas preguntas, siendo la primera de
ellas ¿Dónde, ‘en los cielos,’ había estado por cinco o seis décadas? Respuestas a tales preguntas
pueden ser dadas al combinar la evidencia antigua con los logros de la ciencia y tecnología
modernas. Pero antes de irnos a eso, es importante examinar todos los aspectos de la Partida, porque
no fue solo Sin quién ‘se enojó’ y, dejando la Tierra, ‘subió a los cielos.’
Las extraordinarias idas y venidas celestiales descritas por Adda-Guppi y Nabuna’id tuvieron
lugar mientras estaban en Harán—un punto significativo porque otro testigo estaba presente en esa
área al mismo tiempo; era el Profeta Ezequiel; y él también, tuvo mucho que decir al respecto.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Ezequiel, un sacerdote de Yahweh en Jerusalén, estaba entre la aristocracia y los artesanos
exiliados, junto con el rey Jehoiachin, después del primer ataque de Nabucodonosor sobre Jerusalén
en 598ª.C. Fuero llevados por la fuerza al norte de Mesopotamia, ubicados en el distrito del rio
Khabur, a escasa distancia de su hogar ancestral en Harán. Y fui ahí que ocurrió la famosa visión de
Ezequiel de un carro celestial. Como sacerdote entrenado, además documentó el sitio y la fecha: fue
en el quinto día del cuarto mes en el quinto año del exilio—594/593 a.C.—‘cuando estaba entre los
exiliados en los bancos del Khabur, que los cielos se abrieron y tuve visiones de Elohim,’ señaló
Ezequiel al inicio de sus profecías; y lo que vio, apareciendo en un remolino, luces destellantes y
rodeado por un resplandor, fue un carruaje divino que podía bajar y subir e ir hacia los lados, y
dentro de él, ‘sobre algo como un trono, el semblante de un hombre’; y escuchó una voz que se
dirigía a él como ‘Hijo de Hombre’ anunciándole su tarea profética.
La declaración inicial del Profeta es usualmente transcrita ‘visiones de Dios.’ El término
Elohim, que es plural, ha sido traducido ‘Dios’ en singular, incluso cuando la Biblia misma claramente
o trata en plural, como en ‘Y Elohim dijo hagamos al Adán a nuestra imagen y nuestra semejanza.’
(Génesis 1: 26). Como los lectores de mis libros saben, el relato del Adán bíblico es una traducción de
los mucho más detallados textos sumerios de la creación, donde hubo un quipo de Anunnaki, liderado
por Enki, que empleó ingeniería genética para ‘fabricar’ al Adán. El término Elohim, hemos mostrado
una y otra vez, se refería a los Anunnaki; y lo que Ezequiel documentó fue que había encontrado una
nave celestial Anunnaki—cerca de Harán.
La nave celestial que fue vista por Ezequiel fue descrita por él, en el capítulo de apertura y a
partir de entonces, como el Kavod de Dios (‘Ese el cual es fuerte’) —el mismo término usado en el
Éxodo para describir el vehículo divino que había aterrizado en el Monte Sinaí. La descripción de la
nave presentada por Ezequiel ha inspirado a generaciones de artistas y eruditos; los dibujos
resultantes han cambiado con el tiempo, según nuestra propia tecnología de vehículos voladores ha
avanzado. Los textos antiguos se refieren tanto a naves voladoras como a vehículos espaciales, y
describen a Enlil, Enki, Ninurta, Marduk, Toth, Sin, Shamash, e Ishtar, para nombrar los más
prominentes, como dioses que poseían vehículos voladores y podían deambular por los cielos de la
Tierra—o involucrarse en batallas aéreas, como entre Horus y Seth o Ninurta y Anzu (para no
mencionar a los dioses indoeuropeos). De todas las variadas descripciones y representaciones
pictóricas de las ‘barcas celestiales’ de los dioses, la más apropiada a la visión de Ezequiel de un
Torbellino parece ser el ‘carruaje remolino’ graficado en un sitio en Jordania (Fig. 103) del cual el
Profeta Elías fue subido al cielo.
Fig.103
Como un helicóptero, tenía que servir como un transbordador espacial hasta donde una nave
espacial de gran alcance estuviera estacionada. La misión de Ezequiel fue profetizar y advertir a sus
compatriotas exiliados del venidero Día del Juicio por las injusticias y abominaciones de todas las
naciones. Luego, un año más tarde, la misma ‘semblanza de hombre’ apareció de nuevo, lo toma y se
lo lleva hasta Jerusalén misma, a que profetice allí. Como se recuerda, la ciudad estaba pasando por
un sitio de hambruna, una humillante derrota, un licencioso saqueo, una ocupación babilónica, y el
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
exilio del rey y toda la nobleza. Al llegar ahí, Ezequiel vio una escena de quiebre total de la ley y la
observancia religiosa. Al preguntar que estaba sucediendo, escuchó a los remanentes reunidos en luto
quejándose (8: 12; 9: 9):
Yahveh no nos observa más,
¡Yahveh ha abandonado la Tierra!
Esta fue, sugerimos, la razón por la cual Nabucodonosor se atrevió a atacar Jerusalén de nuevo
y destruir el templo de Yahveh. Era una protesta virtualmente idéntica a la que Adda-Guppi había
reportado de Harán: ‘Sin, el señor de los dioses, se enojó con su ciudad y su gente, y subió al cielo; y
la ciudad y su gente se arruinaron.’
No se puede tener certeza de cómo o por qué los sucesos ocurrentes en el norte de
Mesopotamia despertaron la noción en la distante Judá que también Yahveh, había abandonado la
Tierra, pero es evidente que la palabra que Dios y los dioses partieron se había esparcido lejos y con
amplitud. Ciertamente, la tablilla VAT 7847, que fue mencionada anteriormente en conexión con el
eclipse solar, señala lo siguiente en una sección profética en relación a calamidades que duraron 200
años:
Crepitantes los dioses, volando,
de las tierras se irán,
de los pueblos serán separados.
La gente dejará que las moradas de los dioses se arruinen.
La compasión y la bondad cesarán.
Enlil, en furia, se irá.
Como algunos otros documentos del género ‘Profecías Acadianas’, los académicos consideran
este texto, también, una ‘profecía post-suceso’—un texto que usa hechos que han ocurrido como
base para predecir otros futuros eventos. Sea como sea, tenemos aquí un documento que expande de
forma considerable el éxodo divino: los enojados dioses, liderados por Enlil, volaron lejos de sus
tierras, no fue sólo Sin quién estaba molesto y se fue.
Hay además otro documento. Está clasificado por los académicos como perteneciente a
‘fuentes proféticas Neo-asirias,’ aunque sus primeras palabras sugieren autoría de un (¿babilonio?)
devoto de Marduk.
Aquí está, completo, lo que dice:
Marduk, el Enlil de los dioses, se enojó. Su mente se puso furiosa.
Diseñó un plan malvado para dispersar la tierra y sus pueblos.
Su enojado corazón estaba torcido en arrasar la tierra y su gente.
Una dolorosa maldición se formó en su boca.
Portentos malvados indicando la rotura de la armonía celestial comenzaron a aparecer en
abundancia en el cielo y la Tierra.
Los planetas en los senderos de Enlil, Anu y Ea erraron sus posiciones y repetidamente revelaron
augurios anómalos.
Arahtu, el río de la abundancia, se convirtió en un torrente embravecido.
Una feroz oleada de agua, una avalancha violenta como el Diluvio arrasó la ciudad, sus casas y
santuarios, tornándolos en ruinas.
Los dioses y diosas tuvieron miedo, abandonaron sus santuarios, volaron lejos como pájaros y
subieron al cielo.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
VAT 7847
Lo que es común a todos estos textos son las afirmaciones que (a) los dioses se enojaron con la
gente, (b) los dioses ‘volaron lejos como pájaros,’ y (c) ellos ascendieron al ‘cielo.’ Estamos bastante
informados que la partida fue acompañada por inusuales fenómenos celestes y algunos disturbios
terrestres. Hay aspectos del Día del Señor como lo profetizado por los Profetas bíblicos: La Partida
estuvo relacionada al Retorno de Nibiru—los dioses dejaron la Tierra cuando vino Nibiru.
El texto VAT 7847 incluye una intrigante referencia a un período calamitoso de dos siglos. El
texto no aclara si esa era una predicción de lo que sigue a la partida de los dioses, o si fue durante
tal momento que creció su enojo y decepción para con la Humanidad, conducente a la Partida.
Parece que lo último es el caso, porque probablemente no es coincidencia que la era de la profecía
bíblica en relación al pecado de las naciones y el juicio que viene el Día del Señor haya comenzado
con Amós y Oseas alrededor de 760/750 a.C. — ¡dos siglos antes del Retorno de Nibiru!
Durante dos siglos los Profetas, desde el único legitimado sitio del ‘Puente Cielo-Tierra’—
Jerusalén—clamaron por justicia y honestidad entre la gente y paz entre las naciones, en desdén por
las ofrendas sin sentido y el culto a ídolos sin vida, denunciaron las conquistas licenciosas y la
destrucción sin piedad, y advirtieron a una nación tras otra—Israel incluida—de los inevitables
castigos, pero en vano.
Si este fue el caso, entonces lo que había tenido lugar fue un gradual acrecentamiento del
enojo divino y la decepción, y la conclusión de los Anunnaki que ‘suficiente es suficiente’—era
tiempo de irse. Todo trae a la mente la decisión de los dioses, liderados por el decepcionado Enlil, de
guardar el secreto a la Humanidad del venidero Diluvio y la subida de los dioses mismos en sus naves
aéreas; ahora, mientras Nibiru estaba de nuevo acercándose, fueron los dioses enlilitas quienes
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
prepararon la Partida.
¿Quiénes se fueron, cómo lo hicieron, y adónde se fueron si Sin pudo volver en unas pocas
décadas?
Para las respuestas, enrollemos hacia atrás los hechos, hasta el inicio. Cuando los Anunnaki,
liderados por Ea/Enki, vinieron a la Tierra para obtener el oro con el cual proteger su atmósfera
planetaria en peligro, planearon extraer el oro de las aguas del Golfo Pérsico. Cuando eso no
funcionó, cambiaron las operaciones mineras al sudeste de África y los fundían y refinaban en el
E.DIN, la futura Súmer. Su cantidad aumentó a 600 en la Tierra más 300 Igigi que operaban las naves
aéreas a una estación en Marte, desde la cual las grandes naves espaciales hacia Nibiru podían ser
lanzadas con mayor facilidad.
Enlil, el medio-hermano de Enki y rival por la sucesión, vino y fue puesto como comandante
general.
Cuando se amotinaron los Anunnaki por el duro trabajo en las minas, Enki sugirió que un
‘Trabajador Primitivo’ fuera generado; esto fue hecho mediante la mejora genética de un existente
homínido. Y entonces los Anunnaki comenzaron a ‘tomar las hijas del Adán como esposas y tuvieron
hijos con ellas’ (Génesis 6), con Enki y Marduk rompiendo el tabú. Cuando vino el Diluvio, el
enfurecido Enlil dijo ‘dejemos perecer a la humanidad,’ porque ‘la maldad del Hombre era grande en
la Tierra.’ Pero Enki, a través de un ‘Noé,’ frustró el plan. La Humanidad sobrevivió, proliferó, y con
el tiempo se le concedió la civilización.
El Diluvio que cayó sobre la Tierra inundó las minas en áfrica, pero expuso una veta madre de
oro en las montañas de Los Andes en Sudamérica, permitiendo a los Anunnaki obtener más oro con
mayor rapidez y facilidad, y sin la necesidad de fundirlo y refinarlo, porque las pepitas de oro puro
lavado de las montañas sólo necesitaban ser limpiadas y reunidas. También hizo posible reducir la
cantidad de Anunnaki necesarios en la Tierra.
En su visita de estado a la Tierra alrededor de 4000 a.C., Anu y Antu estuvieron en la tierra
aurífera en las costas del Lago Titicaca.
La visita sirvió como una oportunidad para comenzar a reducir el número de Nibiruanos en
Tierra; además aprobó tratados de paz para la rivalidad de los medio-hermanos y sus clanes
guerreros. Pero mientras Enki y Enlil aceparon la división territorial, el hijo de Enki Marduk jamás
desistió de la disputa por la supremacía que incluía el control de los antiguos sitios espaciales. Fue
entonces que los enlilitas comenzaron a preparar instalaciones espaciales alternativas en
Sudamérica. Cuando el puerto espacial post-Diluvio en el Sinaí fue eliminado por las bombas
nucleares en 2024 a.C., las instalaciones en Sudamérica fueron las únicas que permanecieron en
manos enlilitas.
Y así, cuando los frustrados y molestos líderes Anunnaki decidieron que era tiempo de irse,
algunos pudieron usar el Sitio de Aterrizaje; otros, quizá con un último y gran botín de oro, tuvieron
que hacer empleo de las instalaciones sudamericanas, cerca del lugar donde Anu y Antu estuvieron
durante su visita al área.
Como se mencionó antes, el sitio - ahora llamado PumaPunku - se halla a corta distancia de un
reducido Lago Titicaca (compartido por Perú y Bolivia), pero estaba entonces ubicado en la orilla sur
del lago, con instalaciones portuarias.
Su principal resto consiste en una fila de cuatro estructuras colapsadas, cada una hecha de un
gigantesco monolito vaciado (Fig. 104).
Cada uno de tales monolitos estaba completamente tapizado con placas de oro—sujetas por
clavos de oro—un increíble tesoro saqueado por los españoles cuando llegaron en el siglo dieciséis. El
cómo tales moradas fueron vaciadas con tanta precisión de la roca y cómo cuatro enormes rocas
fueron llevadas hasta el lugar permanece en el misterio.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Puma-Punku
Puma-Punku
Puma-Punku
Carved stone block at Puma Punku. This precision-made 6 mm wide
groove contains equidistant, drilled holes. It seems impossible that this
cuts were made with use of stone or copper tools.
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Puma-Punku
The so-called Gate of the Sun seen at the back side.
Made of one piece of hard rock. Possibly it was a part of a large wall.
Puma-Punku
Puma Punku doesn’t look impressive: a hill as remains of an old pyramid and
a large number of megalithic block of stone on the ground, evidently
smashed by a devastating earthquake. However, closer inspection shows that
these stone blocks have been fabricated with a very advanced technology.
Even more surprising is the technical design of these blocks shown in the
drawing below. All blocks fit together like interlocking building blocks.
Puma-Punku
A wall of the Akapana, the pyramid of Tiahuanacu, shows similar modular design.
Blocks that are piled one on top of the other but the underside of the upper stone is cut at an angle. The top of the standing
stone is cut at the same angle, as shown on the figure below.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Puma-Punku
This stone technology plainly contradicts what
official archaeology suggests about the general
state of development of the ancient peoples of
South-America.
Source:
"Die Ruinenstätte von Tiahuanaco im Hochlande
des alten Peru"
(The Ruins of Tiahuanaco in the Highlands of
Ancient Peru)
1892 book about Tiahanaco written by two
German
discoverers and engineers Alphons Stübel and
Max Uhle
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Hay todavía otro misterio en el sitio. Los hallazgos arqueológicos del lugar incluyen un gran
número de inusuales bloques de piedra que fueron cortados con precisión, angulados y formados;
algunos de ellos se muestran en Fig. 105.
No es necesario un grado de ingeniería para comprender que esas piedras fueron cortadas,
taladradas, y conformadas con una increíble capacidad tecnológica y sofisticado equipamiento; de
cierto, es dudoso que tal cosa podría hacerse hoy día.
La confusión aumenta por el misterio del propósito de tales milagros tecnológicos;
obviamente, se trata de algo aún sin develar pero altamente sofisticado. Si era para servir como
fundición de instrumentos complejos, ¿qué—y de quienes—fueron esos instrumentos?
Claramente, se puede pensar que sólo los Anunnaki poseían tanto la tecnología para hacer
aquellos ‘moldes’ y emplearlos en su producción. La principal avanzada de los Anunnaki estaba
situada unas pocas millas tierra adentro, en un lugar hoy conocido como Tiwanaku (anteriormente
pronunciado Tiahuanacu57), perteneciente a Bolivia. Uno de los primeros exploradores europeos en
llegar allí en los tiempos modernos, George Squier, describió el lugar en su libro ‘Perú Ilustrado’
como la ‘Ba’albek del Nuevo Mundo’ (The Baalbec of the New world58) - una comparación más válida
de lo que él imaginó.
El siguiente explorador importante de Tiwanaku, Arthur Posnansky (Tiwanaco - la Cuna del
Hombre Americano / Tihuanacu - The Cradle of American Man59), llegó a asombrosas conclusiones en
relación a la edad del lugar. Las principales estructuras de superficie en Tiwanaco (hay numerosas
subterráneas) incluyen el Akapana, una colina artificial plagada de canales, conductos, y compuertas
cuyo propósito se discute en Los Reinos Perdidos60.
Favorita del turista es una puerta de piedra conocida como la Puerta del Sol, una estructura
prominente que también fue cortada a partir de un monolito, con algo de la precisión exhibida en
Puma-Punku. Probablemente sirvió algún propósito astronómico e indudablemente uno de calendario,
como indican las imágenes talladas en el arco; estas talladuras son dominadas por una gran imagen
del dios Viracocha sosteniendo el arma de rayos que claramente semeja a Adad/Teshub en el Cercano
Oriente (Fig. 106).
De hecho, en Los Reinos Perdidos he sugerido que era Adad/Teshub.
La Puerta del Sol está ubicada de manera que forma una unidad de observación astronómica
con la tercera estructura prominente en Tiwanaco, llamada la Kalasasaya. Es una gran estructura
rectangular con un patio hundido y rodeado de cuatro pilares de piedra.
57
58
59
60
.- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_tiahuanaco.htm
.- http://www.bibliotecapleyades.net/arqueologia/esp_tiahuanaco3.htm
.- http://www.bibliotecapleyades.net/arqueologia/esp_tiahuanaco5.htm
.- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/reinosperdidos/reinosperdidos.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
La sugerencia de Posnansky que el Kalasasaya servía como un observatorio ha sido confirmada
por exploradores subsecuentes; su conclusión, basada en las guías arqueoastronómicas de Sir Norman
Lockyer, que los alineamientos astronómicos de la Kalasasaya muestran que fue construida miles de
años antes a los Incas era tan increíble que las instituciones astronómicas alemanas enviaron equipos
para averiguar tal cosa. Su reporte, y posteriores verificaciones adicionales (revista científica
Baesseler Archiv, volumen 14) afirman que la orientación de Kalasasaya sin duda encaja con la
inclinación terrestre en 10000 a.C., o 4000 a.C.
Cualquier fecha, escribí el Los Reinos Perdidos, va bien conmigo—la primera poco después de
Diluvio, cuando comenzaron ahí las operaciones para obtener oro, o la última fecha, cuando la visita
de Anu; ambas fechas encajan con las actividades anunakis allí, y la evidencia para la presencia de
los dioses enlilitas está por todas partes.
Las investigaciones arqueológicas, geológicas y mineralógicas del sitio y el área confirmaron
que Tiwanaku además sirvió como centro metalúrgico. Basado en varios hallazgos y las imágenes de
la Puerta del Sol (Fig. 107a) y su similitud con representaciones en antiguos sitios hititas en Turquía
(Fig. 107b), he sugerido que las operaciones para obtener oro (¡y estaño!) fueron ahí supervisadas por
Ishkur/Adad, el hijo más joven de Enlil.
Su dominio en el
Viejo Mundo fue
Anatolia, donde fue
venerado por los
hititas
como
Teshub, el ‘dios del
clima’ cuyo símbolo
era la vara de
rayos; tal enorme
símbolo,
enigmáticamente
tallado
en
una
empinada ladera de
montaña (Fig. 108),
puede ser vista
desde el aire o
desde fuera en el
mar en la bahía de Paracas, Perú, un puerto
natural cuesta abajo desde Tiwanaku.
Apodado el candelabro, el símbolo tiene unos 140 metros de largo por 80 de ancho, y sus
líneas, de entre 2 a 5 metros de ancho, han sido grabadas en rocas duras a una profundidad de medio
metro—y no hay modo de saber por quienes y cuándo o cómo, a menos que Adad mismo quisiera
declarar su presencia.
Al norte de la bahía, tierra adentro en el desierto entre los ríos Ingenio y Nazca, los
exploradores han encontrado uno de los más misteriosos enigmas de la antigüedad, las así llamadas
Líneas de Nazca. Llamada por algunos ‘las piezas artísticas más grandes del mundo,’ una vasta área
(unos 300 kilómetros cuadrados) que se extiende hacia el oriente desde la pampa (desierto plano)
hasta las rugosas montañas fue empleado por ‘alguien’ como una tela para dibujar en ella imágenes
delineadas; los dibujos son tan grandes que no tienen sentido a ras de piso—pero cuando se ven
desde el aire, representan con claridad animales y aves conocidos e imaginarios (Fig. 109). Los
dibujos fueron hechos removiendo la superficie del terreno hasta una profundidad de varios
centímetros, y se ejecutaron con una línea monocursiva—una línea continua que dobla y se tuerce sin
cruzarse sobre sí misma.
Cualquiera que vuele sobre el área (hay ahí un servicio de avionetas para el turismo)
invariablemente concluye que ‘alguien’ aerotransportado empleó un aparato rompe-terreno para
garabatear el terreno de abajo.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Sin embargo, directamente relevante al tema de la Partida, hay otro trabajo aún más
misterioso en las Líneas de Nazca—verdaderas ‘líneas que semejan anchas pistas (Fig. 110).
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Rectas sin error, esos tramos planos—a veces angostos, a veces anchos, a veces cortos, a veces
largos—corren a lo largo de colinas y valles, sin importar la textura del terreno. Hay unas 740 ‘líneas’
rectas, combinadas en ocasiones con ‘trapezoides’ triangulares (Fig. 111).
Con frecuencia se entrecruzan unas a otras sin ton ni son, a veces corriendo sobre los dibujos
animales, revelando que las líneas fueron hechas en diferentes fechas.
Varios intentos para resolver el misterio de las Líneas, incluyendo aquellos por la reciente
María Reiche, que las convirtió en su proyecto de vida, fracasaron cada vez que una explicación fue
vista en términos de ‘fueron hechas por los nativos peruanos’—gente de la ‘cultura Nazca’ o una
‘civilización Paraca’ o similares.
Estudios (incluyendo algunos de la Sociedad National Geographic) que apuntan a orientaciones
astronómicas encubiertas de las líneas—alineamientos con solsticios, equinoccios, esta o esa estrella
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
—han conducido a ninguna parte. Para aquellos que dejan fuera una solución de ‘Antiguos
Astronautas’, el enigma permanece sin resolver.
Aunque las líneas más anchas semejan carriles de aeropuerto, sobre los cuales naves aéreas
ruedan para despegar (o aterrizar), no es este el caso aquí, no más sea porque las ‘líneas’ no están
niveladas horizontalmente—corren derechas sobre terreno desigual, ignorando colinas, barrancos, y
quebradas.
Ciertamente, más que haber estado ahí para posibilitar un despegue, parecen ser resultado de
barrido por el despegue de naves dejando en el terreno debajo ‘líneas’ creadas por los tubos de
escape de sus máquinas. Que las ‘cámaras celestiales’ de los Anunnaki emitían tales residuos queda
indicado por la pictografía sumeria (se lee DIN.GIR) para las naves espaciales de los dioses (Fig. 112).
Esta, sugiero, es la solución del puzzle de las ‘Líneas de Nazca’: Nazca fue el último puerto
espacial de los Anunnaki. Les sirvió cuando el otro en el Sinaí fue destruido, y después les sirvió para
la Partida final.
No hay informes de testigos en relación a máquinas aerotransportadas y vuelos en Nazca; hay,
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
como sabemos, textos de Harán y Babilonia referentes a los vuelos que indudablemente usaban el
Sitio de Aterrizaje en Líbano. Los reportes de testigos relacionados con esos vuelos y las naves
Anunnaki incluyen el testimonio del Profeta Ezequiel y las inscripciones de Adda-Guppi y Nabuna’id.
La conclusión inevitable debe ser que al menos desde 610 a.C. hasta 560 a.C. los dioses
Anunnaki fueron abandonando la Tierra de manera metódica
¿A dónde iban cuando dejaban la Tierra? Tuvo que ser, por supuesto, un sitio desde donde Sin
pudo retornar relativamente pronto una vez que cambió su decisión. Ese lugar era la antigua Estación
en Marte, desde donde las naves de larga distancia volaban para interceptar y aterrizar en Nibiru.
Como fue detallado en El Duodécimo Planeta61, el conocimiento sumerio de nuestro sistema
solar incluía referencias al empleo de Marte por los Anunnaki como una Estación de paso.
Es evidenciado por una notable representación en un sello cilíndrico de 4500 años de
antigüedad ahora en el Museo Hermitage en San Petersburgo, Rusia (Fig. 113) que muestra un
astronauta en Marte (el sexto planeta) comunicándose con uno en la Tierra (el séptimo planeta,
contando desde afuera), con una nave aérea en los cielos entre ellos.
Beneficiándose de la menor gravedad marciana comparada con la terrestre, los Anunnaki
habían encontrado más fácil y lógico primero transportarse ellos mismos y su carga en
transbordadores espaciales desde la Tierra a Marte, y ahí transferir hasta Nibiru (y viceversa).
En 1976, cuando todo fue primeramente presentado en EL Duodécimo Planeta, Marte era aún
tenido por un planeta sin aire, sin agua, sin vida, y hostil, y la sugerencia que una base espacial
existió alguna vez ahí fue considerada por los académicos del ‘establishment’ como aun más lejana
que la noción de ‘Astronautas Antiguos.’ En la época del Génesis Revisado en 1990, había suficientes
hallazgos propios de NASA además de fotografías de Marte para llenar un capítulo completo titulado
‘Una Base Espacial en Marte.’ La evidencia mostró que Marte alguna vez tuvo agua, e incluía
fotografías de estructuras amuralladas, caminos, una estructura cúbica (la Fig. 114 muestra dos de
tales fotografías) —y la famosa Cara (Fig. 115).
Tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética (hoy Rusia) hicieron grandes esfuerzos para
llegar y explorar Marte con navíos espaciales no tripulados; diferente de otros intentos espaciales, las
misiones a Marte—desde que fueron aumentadas por la Unión Europea—se han encontrado con una
inusual, molesta y confusa serie de errores y fracasos, incluyendo desconcertantes desapariciones
inexplicables de astronaves.
Pero debido a la persistencia en los esfuerzos, bastantes máquinas norteamericanas,
soviéticas, y Europeas se las han arreglado para llegar y explorar Marte en las última dos décadas, y
ahora las revistas científicas—de los mismos "Tomases Dubitativos" de los 70s—se han llenado de
reportes, estudios, y fotografías anunciando:
que Marte tuvo una atmósfera considerable y que aún tiene una delgada pero presente capa
de aire que lo rodea
61 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/planeta12/12planet_index.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
que alguna vez tuvo ríos, lagos, océanos y todavía tiene agua, en algunos sitos apenas bajo
la superficie y en otras instancias incluso visible como pequeños lagos congelados—como
muestra un popurrí de titulares (Fig. 116).
En 2005 los Rovers de NASA en
Marte enviaron evidencia química y
fotográfica que llevaron a esas
conclusiones;
junto con algunas de las sorprendentes fotografías de los Rovers que muestran
remanentes estructurales—como un muro cubierto de arena con esquinas definidamente
en ángulo recto (Fig. 117)—lo que debería ser suficiente aquí para demostrar el punto:
Marte pudo, y lo hizo, servir como una Estación de Viaje para los Anunnaki.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Fue el primer destino cercano de los dioses que se iban, como confirma el relativamente
pronto retorno de sin. ¿Quién más se fue, quién se quedó, quién puede regresar?
Sorprendentemente, algunas de las respuestas también vienen de Marte.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
14 - EL FIN DE LOS DÍAS
La recolección humana de eventos famosos de su pasado—‘leyendas’ o ‘mitos’ para la mayoría
de los historiadores—incluyen relatos considerados ‘universales’ que han sido parte de la herencia
cultural o religiosa de la gente por toda la Tierra. Cuentos de la Primera Pareja Humana, de un
Diluvio, o de dioses que vinieron de los cielos, pertenecen a esa categoría. Y También los relatos de
la partida de los dioses de vuelta a los cielos.
De particular interés para nosotros son tales recuerdos colectivos de la gente y las tierras
donde las partidas tuvieron realmente lugar. Hemos cubierto ya la evidencia del antiguo Cercano
Oriente; también vino de las Américas, y abarca tanto a los dioses enlilitas como a los enkistas.
En Sudamérica, la deidad dominante fue llamada Viracocha (‘Creador de Todo’). Los antiguos
aymaras de los Andes decían de él que su morada estaba en Tiwanaku62, y que les dio a las dos
primeras parejas de hermano-hermana una vara de oro con la cual encontrar el lugar correcto para
fundar Cuzco (la eventual capital Inca), el sitio para el observatorio de Machu Picchu63, y otros
espacios sagrados. Y entonces, habiendo hecho todo eso, se fue. El magnífico diseño, que simulaba
un zigurat cuadrado con sus esquinas orientadas hacia los puntos cardinales, señaló entonces la
dirección de su eventual partida (Fig. 118). Hemos identificado al dios de Tiwanaku como
Teshub/Adad de los sumerios/hititas, el hijo menor de Enlil.
En Mesoamérica, el dador de la civilización fue la ‘Serpiente Emplumada’ Quetzalcoatl64. Lo
hemos identificado como el hijo de Enki, Toth del panteón egipcio (Ningishzidda para los sumerios) y
quién, en 3113 a.C. trajo a sus seguidores africanos para fundar la civilización en Mesoamérica.
Aunque el tiempo de su partida no ha sido especificado, tuvo que coincidir con la desaparición
de sus protegidos africanos, los Olmecas, y el simultáneo nacimiento de los nativos mayas—cerca de
600/500 a.C. La leyenda dominante en Mesoamérica era su promesa, cuando partiera, de retornar—
en el aniversario de su Número Secreto 52.
Y así fue que, por la mitad del primer milenio a.C. en una parte del mundo detrás de otra, la
Humanidad se encontró a si misma sin sus largamente venerados dioses; y antes de mucho, la
pregunta (que ha sido formulada por mis lectores) comenzó a preocupar a la Humanidad: ¿Volverán?
Como una familia súbitamente abandonada por su padre, la Humanidad se agarraba de la
62 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_tiahuanaco.htm
63 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_machu_picchu.htm
64 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_thot.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
esperanza del Retorno; entonces, como un huérfano en necesidad de ayuda, la Humanidad buscó un
Salvador. Los Profetas prometieron que de seguro sucedería—en el Fin de los Días.
En el ápice de su presencia, los anunakis sumaron 600 en Tierra además de otros 300 igigis
estacionados en Marte. Su número fue decayendo después del Diluvio y en especial luego de la visita
de Anu cerca de 4000 a.C. De los dioses nombrados en los primeros textos sumerios y en largas Listas
de Dioses, pocos quedaban a medida que los milenios se sucedían unos tras otros.
La mayoría volvió a su planeta hogar; algunos—a pesar de su aparente ‘inmortalidad’—murieron
en Tierra. Podemos mencionar a los derrotados Zu y Seth, el desmembrado Osiris, el ahogado
Dumuzi, Bau, afectada por la radiación nuclear. La partida de los dioses anunakis cuando Nibiru
volvió a acercarse fue el dramático final.
Los tiempos imponentes cuando los dioses residían en recintos sagrados en las ciudades de los
hombres, cuando un faraón afirmaba que un dios conducía su carruaje, cuando un rey asirio hacia
alardes de la ayuda del cielo, se habían acabado e ido. Ya en los días del Profeta Jeremías (626-586
a.C.), las naciones alrededor de Judá recibían la mofa por venerar no a un ‘dios viviente’ sino ídolos
hechos por artesanos en piedra, madera y metal—dioses que necesitaban ser transportados porque no
podían caminar.
Con la partida final teniendo lugar, ¿quién de los dioses Anunnaki permaneció en la Tierra?
A juzgar por quién es mencionado en los textos e inscripciones del período siguiente, sólo
podemos estar seguros,
de Marduk y Nabu por los enkistas
de los enlilitas, Nannar/Sin, su esposa Ningal/Nikkal y su asesor Nusku, y probablemente
también Ishtar
En cada lado de la gran división religiosa había ahora apenas un solo Gran Dios del Cielo y la
Tierra: Marduk por los enkistas, y Nannar/Sin por los enlilitas.
La historia del último rey de Babilonia reflejó las nuevas circunstancias.
Fue escogido por Sin en su centro de culto Harán—pero requirió el consentimiento y la
bendición de Marduk en Babilonia, y la confirmación celestial por la aparición del planeta de Marduk;
y usó el nombre Nabu-Na’id. Este divino co-reinado pudo haber sido un intento de Monoteísmo-Dual
(por acuñar una expresión); pero su inesperada consecuencia fue plantar la semilla del Islam.
La documentación histórica indica que ni los dioses ni la gente estaban felices con estos
arreglos. Sin, cuyo templo en Harán fue restaurado, pidió que su gran templo zigurat en Ur debería
ser reconstruido y llegar a sr el centro de culto; y en Babilonia, los sacerdotes de Marduk se
levantaron en armas.
Una tablilla ahora en el Museo Británico está inscrita con un texto que los académicos han
titulado Nabunaid y el Clero de Babilonia.
Contiene una lista de acusaciones de los sacerdotes Babilónicos contra Nabuna’id. Los cargos
van desde asuntos civiles (‘la ley y el orden no son promulgados por él’), pasando por negligencias
económicas (‘los granjeros están corruptos,’ ‘los caminos comerciales están bloqueados’), y una falta
de seguridad pública (‘los nobles son asesinados’), hasta los cargos más serios: sacrilegios religiosos—
Hizo una imagen de un dios que nadie ha visto
antes en la tierra.
La colocó en el templo, elevada sobre un pedestal,
la llamó por el nombre de Nannar,
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
con lapislázuli la adornó.
Coronada con una tiara en forma de
una luna eclipsada,
haciendo con sus manos el gesto de un demonio.
Se trataba de, continuaban las acusaciones, una extraña estatua de una deidad, nunca vista
antes, ‘con cabellos que llegaban hasta el pedestal.’
Resultaba tan inusual e indecoroso, escribieron los sacerdotes, que incluso Enki y Ninmah
(quienes habían ‘hecho’ las extrañas y quiméricas creaturas cuando intentaban generar al Hombre)
‘no podrían haberla concebido’; era tan rara que ‘ni siquiera el instruido Adapa’—un ícono de la suma
sabiduría humana—‘podría haberla nombrado.’
Para empeorar las cosas, dos inusuales bestias fueron esculpidas como sus guardianes:
uno un ‘demonio del Diluvio’
el otro un toro salvaje
Entonces el rey tomó esta abominación y la colocó en el Esagil del templo de Marduk. Aun más
ofensivo fue el anuncio de Nabuna’id que desde entonces en adelante el festival Akit, durante el cual
la muerte-cercana, la resurrección, el exilio, y el triunfo final de Marduk eran recreados, ya no se
celebraría más.
Declarando que el ‘dios protector de Nabuna’id se hizo hostil a ellos’ y que ‘el anterior dios
favorito estaba ahora condenado a la desgracia,’ los sacerdotes babilónicos forzaron a Nabuna’id a
irse de Babilonia al exilio ‘en una región distante.’ Es un hecho histórico que Nabuna’id ciertamente
abandonó Babilonia y nombró a su hijo Bel-Shar-Uzur—el Beltsassar del bíblico libro de Daniel—como
regente. La ‘región distante’ en la cual se autoexilió Nabuna’id fue Arabia. Como varias inscripciones
atestiguan, su séquito incluyó judíos de entre los exiliados en la región de Harán.
Su base principal estaba en un lugar llamado Teima, un centro de caravanas en lo que hoy es el
noroeste de Arabia Saudita que es mencionando varias veces en la Biblia. (Excavaciones recientes han
encontrado ahí tablillas cuneiformes atestiguando la estadía de Nabuna’id). Fundó otros seis
asentamientos para sus seguidores; cinco de las ciudades fueron enlistadas—mil años más tarde—por
escritores árabes como ciudades judías.
Una de ella era Medina, la ciudad donde Mahoma fundó el Islam.
Islam
El ‘ángulo judío’ en la historia de Nabuna’id ha sido reforzado por el hecho que un fragmento
de los Rollos del Mar Muerto65, encontrados en Qumran en las playas del Mar Muerto, menciona a
Nabuna’id y afirma que estaba sufriendo en Teima de una ‘desagradable enfermedad a la piel’ que
fue sanada sólo después que ‘un judío le dijera que rindiera honor al Dios Más Elevado.’
Todo esto ha llevado a la especulación que Nabuna’id estaba contemplando el Monoteísmo;
pero para él el Dios Más Elevado no era el Yahveh de los Judios, sino su benefactor Nannar/Sin, el
dios Luna,
Luna cuyos símbolo creciente ha sido adoptado por el Islam; y hay pocas dudas que sus raíces
puedan ser rastreadas hasta la estadía de Nabuna’id en Arabia.
El paradero de Sin se esfuma de los documentos mesopotámicos después del tiempo de
Nabuna’id. Textos descubiertos en Ugarit, un sitio cananeo de la costa mediterránea en Siria ahora
llamado Ras Shamra, describen al dios Luna como retirado, con su esposa, a un oasis en la
confluencia de dos cuerpos de agua, ‘cerca de la hendidura de los dos mares.’ Siempre
preguntándome por qué la Península de Sinaí fue nombrada en honor a Sin y su principal centro de
cruce de caminos en honor de su esposa Nikkal (el lugar es aun llamado, en árabe, Nakhl), supuse
que la añosa pareja se retiró a algún lugar en la costa del Mar Rojo y el Golfo de Eilat.
65 .- http://www.bibliotecapleyades.net/scrolls_deadsea/scrolls_deadsea.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Los textos ugaríticos llaman al dios Luna EL—simplemente,
‘Dios,’ un predecesor del Alá del
EL
Islam;
Islam y su símbolo de luna-creciente corona cada mezquita musulmana. Y como exige la tradición,
las mezquitas están flanqueadas, hasta hoy día, por minaretes que simulan cohetes multi-etapas
listos para ser lanzados (Fig. 119).
El último capítulo en la saga de Nabuna’id estuvo vinculado a la emergencia en la escena del
mundo antiguo de los persas—nombre dado a una mezcla de pueblos y estados en la plataforma Iraní
que incluían las viejas Anshan y Elam sumerias y la tierra de los posteriores Medos (quienes tuvieron
una mano en la desaparición de Asiria).
Fue en el siglo sexto a.C. que una tribu llamada Asmodianos por los historiadores griegos que
documentaron sus hechos emergió de los alrededores norte de aquellos territorios, tomó el control, y
los unificó para convertirlos en un nuevo poderoso imperio.
Aunque racialmente considerados como ‘Indo-Europeos,’ su nombre tribal derivaba de sus
ancestros Hakham-Anish, que significa ‘Hombre Sabio’ en hebreo semítico—un hecho que algunos
atribuyen a la influencia de judíos exiliados de las Diez Tribus que habían sido reubicadas en esa
región por los asirios.
Religiosamente, los Persas Asmodianos aparentemente adoptaron el panteón sumerio-acadio
semejante a su versión Hurrian-Mitannian, lo cual fue un paso hacia el Indo-Ario de los Vedas
sánscrito—una mezcla que está convenientemente simplificada por sólo establecer que ellos creían
en un Dios Más Elevado que llamaban Azura-Mazda (‘Verdead y Luz’).
En 560 a.C. murió el rey arameo y su hijo Kurash lo sucedió en el trono y dejó su huella en
sucesos subsecuentes. Le llamamos Ciro; la Biblia lo llamó Koresh y lo consideró un emisario de
Yahveh para conquistar Babilonia, derrocando a su rey, y reconstruyendo el destruido Templo en
Jerusalén.
Yo soy el que dice a Ciro: «Tú eres mi pastor y darás cumplimiento a todos mis deseos,
cuando digas de Jerusalén: “Que sea reconstruida” y del santuario: “¡Coloca los
cimientos!”»
Así dice Yahveh a su Ungido Ciro, a quien he tomado de la diestra para someter ante él
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
a las naciones y desceñir las cinturas de los reyes, para abrir ante él los batientes de
modo que no queden cerradas las puertas.
Yo marcharé delante de ti y allanaré las pendientes. Quebraré los batientes de bronce y
romperé los cerrojos de hierro.
Te daré los tesoros ocultos y las riquezas escondidas, para que sepas que yo soy Yahveh,
el Dios de Israel, que te llamo por tu nombre.
A causa de mi siervo Jacob y de Israel, mi elegido, te he llamado por tu nombre y te he
ennoblecido, sin que tú me conozcas.
El bíblico Dios afirmó a través del profeta Isaías
(44: 28 a 45: 1–4)
Ese fin del reinado babilónico fue más dramáticamente predicho en el Libro de Daniel. Uno de
los exiliados llevados a Babilonia, Daniel estaba sirviendo en la corte de Baltasar cuando, durante un
banquete real, una mano flotante apareció y escribió en el muro MENE MENE TEKEKL UPHARSIN.
Asombrado y mistificado, el rey llamó a sus magos y videntes para descifrar el significado de la
inscripción, pero ninguno pudo. Como un último resorte, fue llamado el exiliado Daniel, y él le dijo al
rey el significado de la inscripción:
Dios ha pesado Babilonia y su rey y encontrándolo falto de peso le ha puesto fin,
numerado sus días; el reino encontrará su fin a manos de los Persas.
En 539 a.C. Ciro atravesó el Tigris y penetró territorio de Babilonia, avanzó sobre Sippar donde
interceptó a un apurado Nabuna’id, y entonces—afirmando que Marduk mismo lo había invitado—
entró en la ciudad de Babilonia sin pelear.
Bienvenido por los sacerdotes que lo consideraron un salvador del herético Nabuna’id y su
antipático hijo, Ciro ‘cogió las manos de Marduk’ como signo de homenaje al dios. Pero además, en
una de sus primeras proclamaciones, rescindió el exilio de los de Judá, permitió la reconstrucción del
Templo en Jerusalén, y ordenó devolver al Templo todos los objetos rituales que habían sido
saqueados por Nabucodonosor.
De vuelta los exiliados, bajo el liderazgo de Ezra y Nehemiah,
completaron la reconstrucción del Templo—desde entonces
conocido como Segundo Templo—en 516 a.C. —exactamente,
como fue profetizado por Jeremías, setenta años antes que fuera
destruido el Primer Templo. La Biblia considera a Ciro un
instrumento de los planes de Dios, un ‘ungido de Yahweh66’; los
historiadores creen que Ciro proclamó una amnistía religiosa
general que permitió a cada persona venerar según su deseo
propio.
Lo que Ciro mismo puede haber creído, a juzgar por el
monumento que se hizo levantar, parece haberse visualizado
como un alado Querubín (Fig. 120).
Ciro—algunos historiadores agregan el epíteto ‘el grande’ a su
nombre—consolidó en un vasto imperio persa todas las tierras que
habían sido una vez Súmer y Acadia, Mari y Mittani, Hatti y Elam,
Babilonia y Asiria; a su hijo Cambices (530-522 a.C.) le fue dejado
el extender el imperio a Egipto.
Egipto estaba recién recuperándose de un período de desorden
que algunos consideran un Primer Período Intermedio, durante el
cual estuvo desunido, cambió la capital varias veces, fue gobernado por invasores de Nubia, o no
tuvo autoridad central para nada.
66 .- http://www.bibliotecapleyades.net/biblianazar/esp_biblianazar_jehovah.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Egipto estaba además en desorganización religiosa, sus sacerdotes sin saber a quién venerar,
tanto así que el culto principal era el del fallecido Osiris, la diosa principal era Neith cuyo título era
Madre de Dios, y el principal ‘objeto de culto’ un toro, el sagrado Buey Apis, para quién se realizaban
elaborados funerales.
Cambices además, como su padre, no era un fanático religioso, y dejó a la gente rendir culto
de manera libre; incluso (de acuerdo a una estela inscrita hoy en el museo Vaticano) aprendió los
secretos del culto a Neith y participó en una ceremonia funeraria para un buey Apis.
Esta política religiosa de laissez-faire dio a los persas paz en su imperio, pero no para siempre.
El descontento, levantamientos, y las rebeliones estallaron casi en todas partes. Especialmente
problemático fueron los crecientes lazos comerciales, culturales, y religiosos entre Egipto y Grecia.
(Mucha información acerca de esto viene del historiador griego Heródoto, quién escribió
extensamente acerca de Egipto luego de su visita alrededor de 460 a.C., coincidiendo con el
comienzo de la ‘edad de oro’ griega.)
Los persas no podían complacerse en esos lazos, sobre todo porque mercenarios griegos
estaban participando en los levantamientos locales. De particular inquietud eran también las
provincias en Asia Menor (hoy día Turquía), en la punta oeste de la cual Asia y los persas daban la
cara a Europa y los griegos.
Ahí, colonos griegos estaban reviviendo y reforzando antiguos asentamientos; los persas, por su
parte, vieron de conjurar la problemática europea tomando las islas griegas cercanas.
Las crecientes tensiones derivaron en abiertos hechos de guerra cuando los persas invadieron
la tierra firme de Grecia y fueron golpeados en Maratón en 490 a.C. Una invasión persa por mar fue
abatida por los griegos en el estrecho de Salamina una década más tarde, pero las escaramuzas y
batallas por el control de Asia Menor continuaron por otro siglo, aun a pesar que en Persia un rey
siguió a otro y en Grecia los atenienses, espartanos, y macedonios peleaban entre ellos por la
supremacía.
En estas dobles luchas, una entre los griegos continentales, la otra con los persas—el apoyo de
los colonos griegos de Asia Menor fue muy importante. Apenas los macedonios ganaron la mano
superior en tierra firme, su rey Filipo II, envió un cuerpo armado sobre el estrecho del Helesponto
(hoy día los Dardanelos) para asegurar la lealtad de los colonos griegos. En 334 a.C. su sucesor,
Alejandro (‘Magno’), encabezando un ejército de 15000 hombres, cruzó al Asia en el mismo lugar y
lanzó una guerra mayor contra los persas.
Las asombrosas victorias de Alejandro y la resultante subyugación del Antiguo Oriente por la
dominación occidental (Grecia) han sido contadas y recontadas por los historiadores—comenzando
por alguien que había acompañado a Alejandro—y no precisan ser repetidas aquí. Lo que necesita ser
descrito son las razones personales para la incursión de Alejandro en Asia y África.
Porque, aparte de todas las razones geopolíticas o económicas para la gran guerra griegopersa, había una búsqueda propia personal de Alejandro: habían habido persistentes rumores en la
corte macedonia que no Filipo sino un dios—un dios egipcio—era el verdadero padre de Alejandro,
que había llegado hasta Olimpia su madre, disfrazado de hombre. Con un panteón griego derivado
desde el otro lado del Mar Mediterráneo y encabezado (como los doce en Súmer) por doce Olímpicos,
y con relatos de los dioses (‘mitos’) que emulaban las historias de los dioses del Cercano Oriente, la
aparición de un tal dios en la corte macedonia no fue consideraba una imposibilidad.
Con una problemática cortesana que involucraban a una joven egipcia amante del rey y
conflictos maritales que incluían divorcio y asesinatos, los ‘rumores’ fueron creídos—primero y más
importante, por Alejandro mismo.
Una visita de Alejandro al oráculo de Delfos para averiguar si era en realidad hijo de in dios y
por lo tanto inmortal sólo intensificó el misterio; fue aconsejado de buscar la respuesta en un sitio
sagrado en Egipto.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Fue así que apenas los persas fueron vencidos en la primera batalla, Alejandro, en vez de
perseguirlos, dejó su ejército principal y se dio prisa para atravesar al oasis de Siwa en Egipto. Ahí los
sacerdotes le aseguraron que sin duda era un semidiós, e hijo del dios carnero Amon. Para celebrar,
Alejandro acuño monedas de plata que lo muestran con cuernos de carnero (Fig. 121).
¿Pero qué acerca de su inmortalidad?
Mientras el curso de la reanudada guerra y las conquistas de Alejandro han sido documentadas
por su historiador de campañas Calístenes y otros, su búsqueda personal de la Inmortalidad es
mayormente conocida de fuentes consideradas como seudo-Calístenes, o ‘Romances de Alejandro’
que embellecen los hechos con leyendas.
Como se detalla en La Escalera al Cielo (The Stairway to Heaven67), los sacerdotes egipcios
dirigieron a Alejandro desde Siwa a Tebas. Ahí, en la ribera oeste del Nilo, pudo ver en el templo
funerario construido por la reina Hatshepsut la inscripción atestiguando que ella había sido procreada
por el dios Amon cuando el llegó hasta su madre disfrazado como el esposo real—exactamente como
la historia de la concepción semidivina de Alejandro.
En el gran templo de Ra-Amon en Tebas, en el Sancta Sanctorum, Alejandro fue coronado como
faraón. Luego, siguiendo las directrices dadas en Siwa, penetró unos túneles subterráneos en la
Península de Sinaí, y finalmente fue donde Amon-Ra, alias Marduk, estaba—en Babilonia.
Reasumiendo las batallas con los persas, Alejandro llegó a Babilonia (la ciudad) en 331 a.C., y entró a
la ciudad montado en su carro.
En el sagrado precinto se apresuró hasta el templo zigurat de Esagil para tomar las manos de
Marduk como antes que él otros conquistadores habían hecho. Pero el gran dios estaba muerto.
De acuerdo con algunas pseudo-fuentes, Alejandro vio al dios yaciendo en un ataúd de oro, su
cuerpo inmerso (o preservado) en aceites especiales. Verdad o no, los hechos son que Marduk ya no
estaba vivo, y que su zigurat Esagil fue, sin excepción, descrito como su tumba por subsecuentes
historiadores de renombre.
De acuerdo a Diodoro de Sicilia (siglo primero a.C.), cuya Biblioteca histórica se sabe haber
sido compilada de fuentes verificadamente confiables,
‘eruditos llamados Caldeos, que han ganado una gran reputación en astrología y quienes
estaban acostumbrados a predecir futuros eventos por un método basado en
observaciones de tiempos antiguos,’ advirtieron a Alejandro que moriría en Babilonia,
pero ‘podía escapar al peligro si re-levantaba la tumba de Belus que había sido
demolida por los persas’
(Libro XVII, 112: 1).
Entrando en la ciudad de todos modos, Alejandro no tuvo ni el tiempo ni la mano de obra para
realizar las reparaciones, y ciertamente murió en Babilonia en 323 a.C.
El siglo primero a.C. el geógrafo-historiador Strabo, que había nacido en una ciudad griega del
Asia Menor, describió Babilonia en su afamada Geografía—su gran tamaño, los ‘jardines colgantes’
que eran una de las Siete Maravillas del Mundo, sus elevadas construcciones de ladrillos cocidos, y
67 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/stairway_heaven/stairway.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
así, y dijo esto en la sección 16.I.5 (énfasis añadido):
Aquí también está la tumba de Belus, ahora en ruinas,
habiendo sido demolida por Jerjes, como se dice.
Era una pirámide cuadrangular de ladrillos cocidos,
no sólo siendo de un estadio de altura.
Alejandro intentó reparar esta pirámide;
pero hubiera sido una larga tarea
y hubiera requerido un largo tiempo,
de modo que no pudo terminar lo que había intentado.
De acuerdo a esta fuente, la tumba de Bel/Marduk fue destruida por Jerjes, que fue el rey
persa (y gobernante de Babilonia) desde 486 hasta 465 a.C. Strabo, en Libro 5, había señalado antes
que Belus yacía en un ataúd cuando Jerjes decidió destruir el templo, en 482 a.C. Por consiguiente,
Marduk murió no mucho antes (los principales asiriólogos alemanes, reunidos en a Universidad de
Jena en 1922, concluyeron que Marduk ya estaba en su tumba en 484 a.C.). Nabu el hijo de Marduk
también se esfumó de las páginas de la historia más o menos al mismo tiempo. Y así llegó al final, un
final casi humano, la saga de los dioses que dieron forma a la historia en el planeta Tierra.
Que el final llegó mientras la Era del Carnero estaba decayendo probablemente no fue
coincidencia, tampoco.
Con la muerte de Marduk y Nabu esfumado, todos los grandes dioses que habían una vez
dominado la Tierra se habían ido; con la muerte de Alejandro, los reales o pretendidos semidioses
que vinculaban la Humanidad con los dioses que, también se habían ido. Por vez primera desde que
Adán fue generado, e Hombre estaba sin sus creadores.
En aquellos descorazonantes tiempos para la Humanidad, la esperanza vino desde Jerusalén.
Sorprendentemente, la historia de Marduk y su destino definitivo en Babilonia había sido
correctamente vaticinada en las profecías bíblicas. Ya hemos apuntado que Jeremías, mientras
predecía un final desastroso para Babilonia, hizo la distinción que su dios Bel/Marduk estaba sólo
condenado a un ‘atrofiamiento’—permanecer, pero envejecer confuso, ajarse, y morir. No debería
sorprendernos que fuese una profecía que se hizo realidad.
Pero mientras Jeremías predijo correctamente la caída final de asiria, Egipto, y Babilonia, él
acompañó estas predicciones con profecías de una Sión restablecida, de un templo reconstruido, y de
un ‘final feliz’ para todas las naciones al Final de los Días.
Sería, dijo, un futuro planeado por Dios ‘en su corazón’ desde el comienzo, un secreto que
será revelado a la Humanidad (23: 20) en un futuro predeterminado:
‘al Final de los Días te darás cuenta’ (30: 24), y, ‘en ese tiempo, llamarán a Jerusalén el
Trono de Yahveh, y todas las naciones se reunirán ahí’
(3: 17)
Isaías, en su segundo grupo de profecías (a veces llamado el Segundo Isaías), identificando al
dios de Babilonia como el ‘dios Escondido’—lo cual es el significado de ‘Amon’—previó el futuro en
estas palabras:
Bel abatido está, Nebo encogido (de miedo),
sus imágenes son una carga para las bestias y el ganado…
Juntos se encorvaron, se abatieron,
Incapaces de salvarse de su captura.
Isaías 46:1–2
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Estas profecías, como las de Jeremías, también contienen la promesa que a la Humanidad e
será presentado un nuevo comienzo, nueva esperanza; que un Tiempo Mesiánico vendrá cuando ‘el
lobo habite con el cordero’.
Y, dijo el Profeta,
‘sucederá al Final de los Días que el Monte del Templo de Yahveh será reconocido como
el más importante de todos los montes, exaltado sobre todas las colinas; y todas las
naciones se congregarán a él’; será entonces que todas las naciones ‘fundirán sus
espadas en arados y sus lanzas en azadones, una nación no levantará su espada contra
otra, y ya no será enseñada más la guerra’
(Isaías 2: 1–4)
[Isaías 2:
Lo que vio Isaías, hijo de Amós, tocante a Judá y Jerusalén.
Sucederá en días futuros que el monte de la Casa de Yahveh será asentado en la cima de
los montes y se alzará por encima de las colinas.
Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos. Dirán: «Venid,
subamos al monte de Yahveh, a la Casa del Dios de Jacob, para que él nos enseñe sus
caminos y nosotros sigamos sus senderos.»
Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra de Yahveh.
Juzgará entre las gentes, será árbitro de pueblos numerosos. Forjarán de sus espadas
azadones, y de sus lanzas podaderas.
No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán más en la guerra.]
La afirmación que después de problemas y tribulaciones, luego que pueblos y naciones sean
juzgados por sus pecados y transgresiones, vendrá un tiempo de paz y justicia también fue hecha por
los Profetas anteriores aun cuando predicaron el Día del Señor como un día de juicio.
Entre ellos estuvo Oseas, quién previó el retorno del reino de Dios a través de la Casa de David
al Final de los Días, y Miqueas, quién—empleando palabras idénticas a las de Isaías—declaró que ‘al
Final de los Días sucederá.’ Específicamente, Miqueas consideró además la restauración del Templo
de Dios en Jerusalén y el reinado universal de Yahveh a través de un descendiente de David como un
requisito previo, una ‘condición’ impuesta desde el inicio mismo, ‘emanada desde tiempos antiguos,
desde los días imperecederos.’
Había entonces una combinación de dos elementos básicos en aquellas predicciones del Fin de
los Días: una, que el Día del Señor, un día de juicio sobre la Tierra y las naciones, será seguido por la
Restauración, Renovación, y una era benevolente centrada en Jerusalén. La otra es, que todo ha sido
preordenado, que el Fin ya estaba previsto por Dios desde el Comienzo. Ciertamente, el concepto de
un Fin de las Épocas, un tiempo cuando el curso de los eventos será interrumpido—un precursor, se
puede decir, de la idea actual del ‘Fin de la Historia’—y una nueva época (uno está casi tentado a
decir, una Nueva Era), un nuevo (¡y predicho!) ciclo comenzará, puede de hecho encontrarse en los
primeros capítulos bíblicos.
El término hebreo Acharit Hayamim (a veces traducido ‘últimos días,’ ‘días finales,’ pero más
exactamente ‘fin de los días’) fue ya empleado en la Biblia en el Génesis (cap. 49), cuando el
falleciente Jacob convocó a sus hijos y dijo: ‘Reúnanse todos juntos, que les diré lo que les va a
suceder el Fin de los Días.’ Es una declaración (seguida por predicciones detalladas que muchos
asocian con las doce casas zodiacales) que presupone la profecía como basada en el conocimiento
anticipado del futuro.
Y de nuevo, en Deuteronomio (cap. 4), cuando Moisés, antes de morir, al revisar el legado
divino de Israel y su futuro, consuela así a la gente:
‘Cuando en tribulaciones estén y tales cosas les sucedan, en el Fin de los Días a Yahveh
tu Dios retornarás y escucharás Su voz.’
El énfasis repetido sobre el rol de Jerusalén, en la esencialidad de su Monte Templo como el
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
faro al cual todas las naciones concurrirán, tenía más que un motivo teológico-moral. Se cita una
razón muy práctica: la necesidad de tener listo el sitio para el retorno de la ‘Kavod’ de Yahveh—¡el
mismo término empleado por Ezequiel para describir el vehículo celestial de Dios! La Kavod que será
consagrada en el Templo reconstruido, ‘desde donde concederé la paz, será mayor que la del Primer
Templo,’ dijo el Profeta Ageo (Haggai). Significativamente, la venida de la Kavod a Jerusalén fue
repetidamente vinculada in Isaías al otro sitio espacial—en Líbano:
Es desde allá que la Kavod de dios llegará a Jerusalén, señalan los versos 35: 2 y 60: 13.
Uno no puede obviar la conclusión que un Retorno divino era esperado al Fin de los Días; pero
¿cuándo fue el debido Fin de los Días?
La pregunta—una a la cual ofreceremos nuestra propia respuesta—no es nueva, porque ha sido
formulada desde la antigüedad, incluso por los mismos Profetas que habían hablado del Fin de los
Días. Las profecías de Isaías acerca del tiempo ‘cuando una gran trompeta será soplada y las naciones
se reunirán y se inclinarán ante Yahveh en el Monte Sagrado en Jerusalén’ estaba acompañada por su
admisión que sin detalles ni tiempo la gente no podría comprender la profecía.
‘La regla está sobre la regla, la regla está dentro de la regla, la línea está sobre la
línea, la línea está con la línea, un poco aquí, algo allá’ fue como Isaías (28: 10) se
quejó a Dios.
Cualquier respuesta que la haya sido dada, se le ordenó sellarla y esconder el documento; no
menos de tres veces, Isaías cambió una palabra por ‘letras’ de un texto—Otioth—a Ototh, que
significa ‘signos oraculares,’ insinuando la existencia de una clase de un secreto ‘Código Bíblico’
debido al cual el plan divino no podría ser comprendido sino hasta el tiempo correcto. Su código
secreto pudo haber sido insinuado cuando el Profeta le pide a Dios—identificado como el ‘Creador de
la letras’—que ‘hable de las letras de atrás’ (41: 23)
El Profeta Sofonías (Zephaniah)—cuyo nombre significa ‘codificado por Yahveh’—transmitió un
mensaje de Dios que será en el tiempo de las naciones reunidas que él ‘hablará en un lenguaje
claro.’ Pero que no dijera más, ‘Tú sabrás cuando sea el momento de decir.’
No maravilla, entonces, que en su último libro profético, la Biblia trate casi exclusivamente
con la pregunta de CUANDO— ¿cuándo vendrá el Fin de los Días?
Está en el Libro de Daniel, el mismo Daniel que descifró (correctamente) para Baltasar la
Escritura en el Muro. Fue después que Daniel mismo comenzó a tener sueños augúricos y ver visiones
apocalípticas del futuro en el cual el ‘Anciano de los Días’ y sus arcángeles cumplían roles claves.
Perplejo, Daniel pidió explicaciones a los ángeles; las respuestas fueron predicciones de sucesos
futuros, teniendo lugar en, o llevando a, el Fin del Tiempo.
¿Y cuándo será eso? preguntó Daniel; las respuestas, que a la vista de ellas parecieron precisas,
sólo apilaron enigmas sobre confusiones.
En una instancia un ángel respondió que una fase en los hechos futuros, un tiempo cuando ‘un
rey profano tratará de cambiar los tiempos y las leyes,’ durará ‘un tiempo, tiempos y un medio
tiempo’; sólo después de aquello, cuando ‘el reino de los cielos sea dado a la gente por el Sagrado de
los Más Grandes,’ vendrá el prometido Tiempo Mesiánico.
En otra ocasión el ángel respondió:
‘Setenta siete y setenta sesenta de años han sido decretados para tu gente y tu ciudad
hasta que la medida de su transgresión sea completada y la visión profética sea
ratificada’; y aún una vez más que ‘después de los setenta y sesenta y dos años, el
Mesías será suprimido, un líder vendrá que destruirá la ciudad y el final vendrá como
inundación.’
Buscando una respuesta más clara, Daniel entonces pidió al mensajero divino que hablara con
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
sencillez:
‘¿Cuánto tiempo hasta que estas cosas terribles sucedan?’
En respuesta, recibió de nuevo la enigmática sentencia que el Fin vendrá después de ‘un
tiempo, tiempos y medio tiempo.’
¿Pero qué significaban ‘tiempo, tiempos y medio tiempo’?
‘Escuché y no comprendí,’ escribió Daniel en su libro.
¿Así que dije: Mi señor, cuáles serán las consecuencias de esas cosas?
Una vez más hablando en código, el ángel respondió:
‘desde el tiempo en que las ofrendas regulares sean abolidas y una abominación atroz
sea establecida, habrá un mil y dos cientos y noventa días; feliz aquel que espere y
alcance un mil tres cientos y treinta y cinco.’
Y habiendo dado a Daniel esa información, el ángel—que lo había llamado antes ‘Hijo de
Hombre’—le dijo:
‘Ahora, vete a descansar, y te levantarás para recibir tu destino al Fin de los Días.’
Como Daniel, generaciones de académicos bíblicos, eruditos y teólogos, astrólogos e incluso
astrónomos—el afamado Sir Isaac Newton entre los últimos—también han dicho ‘escuchamos, pero no
comprendemos.’
El enigma no es sólo el significado de ‘tiempo, tiempos y medio tiempo’ y lo demás, sino
¿cuándo comienza (o comenzó) la cuenta?
La incertidumbre proviene del hecho que las visiones simbólicas de Daniel (como la cabra
atacando un carnero, o los dos cuernos multiplicándose a cuatro y después dividiéndose) le fueron
explicadas por los ángeles como sucesos que iban a ocurrir mucho más allá de la época de Daniel en
Babilonia, más allá de su caída predicha, incluso más allá de la profetizada reconstrucción del
Templo después de setenta años.
La subida y desaparición del imperio persa, la llegada de los griegos bajo el liderazgo de
Alejandro, aún la división de su conquistado imperio entre sus sucesores—está todo predicho con tal
exactitud que muchos académicos creen que las profecías de Daniel son del género ‘post-evento’—
que la parte profética de libro fue escrita alrededor de 250 a.C. pero simuló haber sido redactada
tres siglos antes.
El argumento resolutivo es la referencia, en uno de sus encuentros angélicos, al inicio de la
cuenta ‘desde el tiempo en que las ofrendas regulares [en el templo] sean abolidas y una
abominación atroz sea establecida.’ Eso podía sólo referirse a los hechos que tuvieron lugar en
Jerusalén en el día 25 del mes hebreo Kislev en 17 a.C.
La fecha se halla documentada con exactitud, porque fue entonces que ‘la abominación de
desolación’ fue instalada en el Templo, señalando—muchos creyeron entonces—el comienzo del Fin
de los Días.
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15 - JERUSALÉN: UN CÁLIZ, DESAPARECIDO
En el siglo veintiuno a.C., cuando las armas nucleares fueron empleadas por vez primera en la
Tierra, Abraham fue bendecido con pan y vino en Ur-Shalem en nombre del Dios Más Grande—y
proclamada la primera religión Monoteísta de la Humanidad. Veintiún siglos más tarde, un devoto
descendiente de Abraham, celebrando una comida especial en Jerusalén, llevó en su espalda una
cruz—el símbolo de cierto planeta—hasta un lugar de ejecución, y dio nacimiento a otra religión
monoteísta.
Aun revolotean preguntas acerca de él:
¿Quién fue en realidad?
¿Qué estaba haciendo en Jerusalén?
¿Hubo allí un complot en su contra, o fue él su propio complot?
¿Y qué era el cáliz que ha dado origen a las leyendas acerca (y búsquedas de) del ‘Santo
Grial’?
En su última noche de libertad celebró la cena ceremonial de la Pascua Judía (llamada Seder
en hebreo) con vino y pan sin levadura junto a sus doce discípulos, y la escena ha sido inmortalizada
por algunos de los más grandes pintores del arte religioso, siendo la más famosa de ellas ‘La Última
Cena’ de Leonardo da Vinci (Fig. 122).
Leonardo fue reconocido por su conocimiento científico y perspicacia teológica; lo que su
pintura muestra ha sido discutido, debatido, y analizado hasta el día de hoy—profundizando, más que
resolviendo, los enigmas.
La clave para desentrañar los misterios, mostraremos, yace en lo que la pintura no muestra; es
lo que falta lo que contiene respuestas a los molestos rompecabezas en la saga de Dios y el Hombre
en la Tierra, y el anhelo de Jerusalén: Una Cáliz, Desaparecido.
Pasado, Presente y Futuro convergen en los dos sucesos, separados por veintiún siglos;
Jerusalén fue crucial para ambos, y por su coordinación, estuvieron ligados por las profecías bíblicas
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
acerca del Fin de los Días.
Para comprender qué sucedió hace veintiún siglos, necesitamos enrollar hacia atrás las páginas
de la historia hasta Alejandro, quién se consideraba a si mismo como hijo de un dios, aunque murió
en Babilonia a la temprana edad de treinta y dos. Mientras vivió, controló a sus generales feudales
mediante una mezcla de favores, castigos, e incluso muertes prematuras (algunos, de hecho, creían
que Alejandro fue envenenado). Muy pronto, después de su muerte, su hijo de cuatro años y su
guardián, el hermano de Alejandro, fueron asesinados y los enemistados generales y comandantes
regionales se dividieron entre ellos las tierras conquistadas:
Tolomeo y sus sucesores, acuartelados en Egipto, se quedaron con los dominios
africanos de Alejandro
Seleuco y sus sucesores rigieron, desde Siria, Anatolia, Mesopotamia y las distantes
tierras de Asia
la impugnada Judá (Con Jerusalén) terminó como parte del reino tolemaico
Los Tolomeos, habiendo maniobrado para disponer del cuerpo de Alejandro para un funeral en
Egipto, se consideraban a si mismos sus verdaderos herederos y, por mucho, continuaron su actitud
tolerante hacia otras religiones. Fundaron la famosa Biblioteca de Alejandría, y asignaron a un
sacerdote egipcio, Manetón, para poner por escrito la historia dinástica y la prehistoria divina de
Egipto para los griegos (la arqueología ha confirmado lo que se conoce de los escritos de Manetón).
Eso convenció a los Tolomeos que su civilización era una continuación de la egipcia, y por eso
se consideraban los legítimos sucesores de los faraones. Los eruditos griegos mostraron particular
interés en la religión y los escritos judíos, tanto que los Tolomeos ordenaron la traducción de la Biblia
hebrea al griego (una traducción conocida hoy como Septuagint) y otorgaron a los judíos total
libertad de culto en Judá, así como en sus crecientes comunidades en Egipto.
Como los Tolomeos, los seléucidas también retuvieron un estudioso de habla griega, un antiguo
sacerdote de Marduk conocido como Beroso, para compilar la historia y la prehistoria de la
Humanidad y sus dioses de acuerdo a los conocimientos mesopotámicos.
En un giro de la historia, investigó y escribió en una biblioteca de tabillas cuneiformes ubicada
en Harán. Es a partir de sus tres libros (de los cuales sólo conocemos fragmentos de apuntes de lo
escrito por otros en la antigüedad) que el mundo occidental, de Grecia y después Roma, aprendieron
de los anunakis y su venida a la Tierra, la era prediluvial, la creación del Homo Sapines, el Diluvio, y
lo que siguió.
Así, fue gracias a Beroso (como fue confirmado más tarde por el descubrimiento de las tablillas
cuneiformes) que el ‘sar’ de 3600 años de los dioses fue originalmente dado a conocer.
En 200 a.C. los seléucidas cruzaron la frontera tolemaica y capturaron Judá. Como en otras
ocasiones, los historiadores han buscado razones geopolíticas y económicas para la guerra—ignorando
los aspectos religioso-mesiánicos.
Fue en el documento acerca del Diluvio que la exquisita información fue dada por Beroso, en
el sentido que Ea/Enki instruyó a Ziusudra (el Noé sumerio) para,
‘ocultar todos los escritos disponibles en Sippar, la ciudad de Shamash,’ para una
recuperación postdiluvial, porque esos textos ‘eran acerca de los inicio, el medio, y el
final.’
De acuerdo a Beroso, el mundo atraviesa periódicos cataclismos, y los relacionó con las Eras
zodiacales, habiendo comenzado su contemporánea 1920 años antes de la Era Seléucida (312 a.C.); lo
que estaría colocando el inicio de la Era del Carnero en 2232 a.C.—una Era destinada pronto a su fin
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
si nos atenemos a los cálculos matemáticos (2232-2160 = 122 a.C.)
Los documentos disponibles sugieren que los reyes seléucidas, asociando esos cálculos con el
Retorno Perdido, se vieron apremiados por la necesidad de urgentemente esperar y prepararse para
ello. Comenzó un frenesí de reconstrucción de los arruinados templos de Súmer y acadia, con énfasis
en la E.ANNA—la ‘Casa de Anu’—en Uruk. El Sitio de Aterrizaje en Líbano, llamado por ellos Heliopolis
—Ciudad del dios Sol—fue rededicado con el levantamiento de un templo en honor a Zeus. La razón
para la guerra de captura de Judá, uno debe concluir, fue la urgencia de preparar además en
Jerusalén el sitio espacial para el Retorno.
Fue, sugerimos, la manera griego-seléucida de prepararse para la reaparición de los dioses.
Diferentes de los Tolomeos, los gobernantes Seléucidas estaban determinados a imponer la
cultura y la religión helénicas en sus dominios.
El cambio fue más significante en Jerusalén, donde tropas extranjeras súbitamente fueron
estacionadas y se redujo la autoridad de los sacerdotes del Templo.
La cultura y las costumbres helénicas fueron introducidas a la fuerza; incluso los nombres tuvieron
que ser cambiados, comenzando por el sumo sacerdote, que fue obligado a cambiar su nombre de
Joshua a Jasón.
Las leyes civiles restringieron a los ciudadanos judíos en Jerusalén; los impuestos fueron
elevados con objeto de financiar la enseñanza del atletismo y la lucha en vez de la Torah; y en los
campos, santuarios para deidades griegas fueron erigidos por las autoridades y se enviaron soldados
para forzar su veneración.
En 169 a.C. el entonces rey seléucida, Antíoco IV (quién adoptó el epíteto Epifanio) vino a
Jerusalén. No fue una visita de cortesía. Violando la santidad del Templo, penetró al Sancta
Sanctorum. A sus órdenes, los objetos rituales de oro atesorados en el Templo fueron confiscados, se
puso un gobernador griego a cargo de la ciudad, y se construyó al lado del Templo una fortaleza de
soldados extranjeros como una guarnición permanente. De vuelta en su capital Siria, Antíoco emitió
una proclama requiriendo la veneración de los dioses griegos por todo el reino; en Judá, prohibió
específicamente la observancia del Sabbath y la circuncisión.
De acuerdo con el decreto, el Templo de Jerusalén iba a convertirse en un templo de Zeus; y
en 167 a.C. en el día 25 del mes hebreo Kislev—equivalente al 25 de Diciembre de hoy—un ídolo, una
estatua representando a Zeus, ‘El Señor de los Cielos,’ fue instalada por soldados sirio-griegos en el
templo, y el gran altar fue alterado y empleado para sacrificios a Zeus. El sacrilegio no pudo haber
sido mayor.
El inevitable levantamiento judío, comenzado y liderado por un sacerdote de nombre
Matityahu y sus cinco hijos, es conocido como el Hashmonean o la Revuelta Macabea. Iniciada en las
zonas rurales, prontamente la revuelta superó a la guarnición local griega. Mientras los griegos se
apresuraron a reforzar, la revuelta envolvió el país entero; lo que les faltaba a los Macabeos en
número y armas, lo compensaron por la ferocidad de su fervor religioso.
Los hechos, descritos en el Libro de los Macabeos (y por subsecuentes historiadores), no dejan
duda que la pelea de los pocos contra un poderoso reino era guiada por una cierta agenda: era
imperativo recuperar Jerusalén, limpiar el Templo, y rededicarlo a Yahveh en cierto plazo.
Dirigiendo las fuerzas sólo para recapturar el Monte Templo, los macabeos limpiaron el Templo,
y la sagrada llama fue vuelta a encender ese año; la victoria final, que derivó en el completo control
de Jerusalén y la restauración de la independencia judía, tuvo lugar en 160 a.C. La victoria y
rededicación del Templo son aun celebrados por los judíos como la fiesta de Hanukkah
(‘rededicación’) en el veinticinco día de Kislev.
La secuencia y la coordinación de estos sucesos pareció estar vinculada a las profecías del Fin
de los Días. De esas profecías, como hemos visto, las únicas que ofrecían claves numéricas
específicas en relación al futuro definitivo, el Fin de los Días, fueron transmitidas a Daniel por los
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
ángeles.
Pero la claridad es algo ausente debido a que las cuentas fueron expresadas de forma
enigmática ya sea bajo la forma de una unidad llamada ‘tiempo,’ o en ‘semanas de años,’ e incluso
en números de días; y es quizá sólo respecto a la última que a uno se le dice cuando comienza la
cuenta, de modo que uno pudiera saber cuando termina. En esa situación, la cuenta debió comenzar
desde el día en que ‘la ofrenda regular es abolida y una abominación atroz es instalada’ en el templo
de Jerusalén; hemos establecido que tal abominable acto en verdad tuvo lugar un día en 167 a.C.
Con la secuencia de esos eventos en mente, la cuenta de días dada a Daniel debe ser aplicada
a los hechos específicos en el Templo: su profanación en 167 a.C. (‘cuando la ofrenda regular es
abolida y una abominación atroz es instalada’), la limpieza del Templo en 164 a.C. (después de ‘un
mil y dos cientos y noventa días’), y la completa liberación de Jerusalén por 169 a.C. (‘feliz aquel
que espera y llega a los mil tres cientos y treinta y cinco días’). El número de días, 1290 y 1335,
encajan fundamentalmente con la secuencia de sucesos en el Templo.
De acuerdo a los Profetas en el Libro de Daniel, fue entonces que el reloj del Fin de los Días
comenzó a tictaquear.
Lo imperioso de recapturar la completa ciudad y la remoción de los no circuncidados soldados
extranjeros del Monte Templo por 160 a.C. contiene la llave a otra pista. Aunque hemos estado
usando la cuenta aceptada de a.C. y d.C. para datar eventos, la gente de aquellos días pasados
obviamente no pudo y no empleó una agenda basada en un futuro calendario cristiano.
El calendario hebreo, como hemos mencionado antes, era el calendario iniciado en Nippur en
3760 a.C. –y de acuerdo a ese calendario, ¡lo que llamamos 160 a.C. era precisamente el año 3600!
Eso, como el lector sabe ahora, era un SAR, el período original (matemático) de la órbita de
Nibiru. Y aunque Nibiru había reaparecido cuatrocientos años antes, la llegada del SAR—3600—la
finalización de un Año Divino—era de insoslayable significancia. Para quienes las profecías bíblicas del
retorno de la Kavod de Yahveh al Monte Templo eran incuestionables pronunciamientos divinos, el
año que llamamos ‘160 a.C.’ fue un momento crucial de verdad: sin importar donde estaba el
planeta, Dios ha prometido Regresar a Su Templo, y el templo tenía que estar purificado y listo para
eso.
Que el paso de los años de acuerdo al calendario nippuriano/hebreo no fue perdido de vista en
aquellos tiempos turbulentos es atestiguado por el Libro de Jubileos, un libro extrabíblico
presumiblemente escrito en hebreo en Jerusalén en los años siguientes a la revuelta macabea (ahora
disponible sólo en sus versiones griega, latina, etíope, y eslava).
Recuenta la historia del pueblo judío desde el tiempo del Éxodo en
unidades de tiempo de Jubileos—la unidad de 50-años decretada por
Yahveh en el Monte Sinaí (ver cap. IX); además creó una cuenta
histórica calendárica consecutiva que desde entonces ha sido
conocida como Annu Mundi—‘Año del Mundo’ en latín—que comienza
en 3760 a.C. Académicos (como el Rev. Robert Henry Charles en su
interpretación inglesa del libro) convirtió tales ‘años de jubileo’ y sus
‘semanas’ a una cuenta de Annu Mundi.
Que tal calendario fue no solamente conservado a través del antiguo Cercano Oriente, sino
incluso determinó cuando los eventos estaban a tiempo de ocurrir, puede ser establecido por
simplemente revisar algunas fechas cruciales (a menudo destacadas en letra negrita [‘bold’]) dadas
en nuestros capítulos anteriores.
Si escogemos apenas unas cuantas de esos eventos históricos, esto es o que ocurre cuando el
acrónimo ‘A.N.E.’ (antes de nuestra era) es convertido a ‘C.N.’ (calendario nippuriano):
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A.N.E.
C.N.
Acontecimientos
3760
0
3460
300
Incidente de la Torre de Babel
2860
900
El Toro del Cielo muerto por Gilgamesh
2360
1400
Sargón: comienza la Era de Acadia
2160
1600
Primer Período Intermedio en Egipto; Era de Ninurta (Gudea (Gudea
construye el Templo-de-Cincuenta)
2060
1700
Nabu organiza los seguidores de Marduk; Abraham a Canaán; Guerra de
los Reyes
1960
1800
Templo Esagil de Marduk en Babilonia
1760
2000
Hamurabi consolida la supremacía de Marduk
1560
2200
Nueva dinastía en Egipto (“Reino Medio”); nueva regencia regencia
dinástica (“Kassita”) en Babilonia
1460
2300
Anshan, Elam, Mitanni surgen contra Babilonia; Moses Moisés en Sinaí,
la ‘zarza ardiente.’
960
2800
Lanzado el imperio Neo-Asirio; el festival Akitu festival renovado en
Babilonia
860
2900
Asurbanipal usa el símbolo de la cruz
760
3000
Comienza la Profecía en Jerusalén con Amós
560
3200
Los dioses Anunnaki completan su Partida; los Persas desafían Babilonia;
Ciro
460
3100
Era de Oro Griega; Heródoto en Egipto
160
3600
Los Macabeos liberan Jerusalén. El Templo es re-dedicado
Civilización sumeria. Comienza el calendario de Nippur Nippur
El lector impaciente difícilmente esperará reemplazar las siguientes entradas:
60
3700
Los romanos construyen el templo de Júpiter en Baalbek, Baalbek;
ocupación de Jerusalén
0
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Jesús de Nazaret; comienza la cuenta A.N.E.
El siglo y medio que ocurrió desde la liberación macabea de Jerusalén hasta los hechos
conectados con Jesús después que llegó ahí fueron algunos de los más turbulentos en la historia del
mundo antiguo y del Pueblo Judío en particular.
Ese crucial período, cuyos sucesos nos afectan hasta hoy día, comienza con un júbilo
comprensible. Por primera vez en siglos los judíos fueron de nuevo del todo dueños de su sagrada
capital y de su bendito Templo, libres para escoger sus propios reyes y Sumo Sacerdote. Aunque la
guerra continuaba en las fronteras, éstas mismas ahora se extendían para abarcar bastante del viejo
reino unido del tiempo de David.
El establecimiento de un estado Judío independiente, con Jerusalén como su capital, bajo los
Asmodianos fue un hecho triunfal en todos los aspectos—excepto uno: El retorno de la Kavod de
Yahveh esperada al Fin de los Días, no tuvo lugar, aunque el conteo de los días desde el tiempo de la
abominación parecía haber sido correcto.
Muchos se preguntarán si acaso el Tiempo del Cumplimiento aún no estaba a la mano; y se hizo
evidente que los enigmas de las cuentas de Daniel, de ‘años’ y ‘semanas de años’ y de ‘Tiempo,
Tiempos,’ y lo demás aun tenía que ser descifrado.
Claves fueron las partes proféticas en el Libro de Daniel que hablan de la elevación y caída de
futuros reinos después de Babilonia, Persia, y Egipto—reinos crípticamente llamados ‘del sur,’ ‘del
norte,’ o un navegante ‘Kittim’; y reinos que nacerán por la partición de otros, pelearan entre ellos,
‘plantar tabernáculos de palacios entre los mares’—toda clase de futuras entidades que también
estaban representadas de forma tan críptica por variados animales (un carnero, una cabra, un león y
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
así) cuyas descendencias, llamadas ‘cuernos,’ de nuevo se romperán y lucharán entre ellos.
¿Cuáles eran esas futuras naciones, y qué guerras fueron las previstas?
El Profeta Exequiel también habló de grandes batallas por venir, entre norte y sur, entre un
inidentificado Gog y un opositor Magog; y la gente iba preguntándose si los reinos profetizados habían
ya aparecido en la escena—la Grecia de Alejandro, los seléucidas, los Tolomeos.
¿Eran esos los objetos de las profecías, o era algo aún por llegar en el futuro más distante?
Había confusión teológica:
¿Era la expectación de la Kavod en el Templo de Jerusalén como un objeto físico una
comprensión correcta de las profecías, o la esperada Venida era algo simbólico, de
naturaleza efímera, una Presencia Espiritual?
¿Qué se requería de la gente—o era que lo que estaba destinado a suceder ocurriría de
cualquier forma?
El liderazgo judío se quebró entre los devotos y apegados a la letra fariseos y los más liberales
saduceos, que eran de mentalidad más internacional, y reconocían la importancia de una diáspora
judía ya esparcidos por Egipto, Anatolia, y Mesopotamia.
En adición a estas dos corrientes principales, surgieron pequeñas sectas, a veces organizadas
en sus propias comunidades; la mejor conocida de ellas fueron los Esenios (de los Rollos de Mar
Muerto), que se secluyeron a si mismos en Qumran.
En los esfuerzos para descifrar estas profecías, tenía que figurar un nuevo poder emergente—
Roma. Habiendo ganado repetidas guerras con los fenicios y con los griegos, los romanos controlaron
el Mediterráneo y comenzaron a involucrarse en los asuntos del Egipto Tolemaico y el Levante
Seléucida (Judá incluida).
Los ejércitos seguían a los delegados imperiales; por el 60 a.C., los romanos, bajo Pompeyo,
ocuparon Jerusalén. En su viaje, como Alejandro antes de él, se desvió a Heliópolis (alias Baalbek) y
ofreció sacrificios a Júpiter; fue seguido por la construcción ahí, en lo alto de los colosales bloques
de piedra anteriores, del más grande templo del imperio romano dedicado a Júpiter (Fig. 123).
fig.123
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Una inscripción conmemorativa encontrada en el lugar indica que el emperador Nerón visitó el
sitio en 60 a.C., lo que sugiere que el templo romano ya había sido construido por ellos.
La confusión nacional y religiosa en esos días encontró expresión en una proliferación de
escritos histórico-proféticos, como el Libro de los Jubileos, el Libro de Enoch68, los Testamentos de
los Doce Patriarcas, y la Asunción de Moisés (y algunos otros, todos conocidos colectivamente como
los Apócrifos y Pseudo-Epigrafía).
68 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_enochbook.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
El tema común en ellos era una creencia que la historia es cíclica, que todo ha sido predicho,
que el Fin de los Días—un tiempo de confusión y desorden—marcará no sólo el fin de un ciclo histórico
sino además el inicio de uno nuevo, y que el desorden del tiempo será manifiesto por la llegada del
‘Ungido’—Mashi’ach en hebreo (traducido Chrystos en griego, y así Mesías o Cristo en español).
El acto de ungir un rey recién investido con aceite sacerdotal era conocido en el Mundo
Antiguo, al menos desde los tiempos de Sargón.
Fue reconocido en la Biblia como un acto de consagración a Dios desde los primeros tiempos,
pero su instancia más memorable fue cuando el sacerdote Samuel, custodio del arca de la Alianza,
convocó a David, el hijo de Jesé, y, proclamándolo rey por a gracia de Dios,
Tomó Samuel el cuerno de aceite y le ungió
en medio de sus hermanos.
Y a partir de entonces,
vino sobre David el espíritu de Yahveh.
I Samuel 16: 13
Al estudiar cada profecía y cada palabra profética, el devoto en Jerusalén encuentra repetidas
referencias a David como Ungido de Dios, y una divina promesa que será de ‘su semilla’—por un
descendiente de la Casa de David—que su trono será establecido de nuevo en Jerusalén ‘en días que
han de venir.’
Es en el ‘trono de David’ que los reyes futuros, que deben ser de la Casa de David, se sentarán
en Jerusalén; y cuando eso ocurra, los reyes y príncipes de la Tierra acudirán a Jerusalén por
justicia, paz, y la palabra de Dios. Esto, prometió Dios, es ‘una promesa eterna,’ un pacto divino
‘para todas las generaciones.’
La universalidad de esta promesa se halla testificada en
Isaías 16: 5 y 22: 22
Jeremías 17: 25, 23: 5, y 30: 3
Amós 9: 11; Habacuc 3: 13
Zacarías 12: 8
Salmos 18: 50, 89: 4, 132: 10, 132: 17,
...y así sucesivamente ...
Estas son palabras fuertes, inconfundibles en su pacto mesiánico con la Casa de David, aunque
están llenas además de explosivas facetas que virtualmente dictaron el curso de los eventos en
Jerusalén. Vinculado a eso estaba el asunto del Profeta Elías.
Elías, apodado el Tishbita por el nombre de su ciudad natal en la región de Galaad [Gile’ad],
fue un activo Profeta bíblico del reino de Israel (después de la partición de Judá) en el siglo noveno
a.C., durante el reinado del rey Ahab y su esposa cananita, la reina Jezabel. Fiel a su nombre
hebreo, Eli-Yahu—Yahveh es mi Dios—estaba en constante conflicto con los sacerdotes y ‘habladores’
del dios cananita Ba’al (‘el Señor’), cuyo culto promovía Jezabel. Luego de un período de seclusión
en un sitio escondido cerca del Jordán, donde fue ordenado para convertirse en ‘Un Hombre de Dios,’
le fue dado un ‘manto de tela-cabello’ que poseía poderes mágicos, y era capaz de realizar milagros
en el nombre de Dios. Su primer milagro documentado (I Reyes, cap. 17) consistió en hacer de una
cucharada de harina y un poco de aceite de cocinar alimento para una viuda que le duró el resto de
su vida. Después resucitó a su hijo, que había muerto de una virulenta enfermedad. Durante una
pugna con los profetas de Ba’al en el Monte Carmelo, pudo convocar un fuego desde el cielo. La suya
fue la única instancia bíblica de un israelita volviendo a visitar el Monte Sinaí después del Éxodo:
cuando escapó por su vida de la cólera de Jezabel y los profetas de Ba’al, un Ángel del Señor lo
protegió en una cueva del Sinaí.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
De él las Escrituras dicen que no murió porque fue llevado al cielo en un torbellino para estar
con Dios. Su acenso, como está descrito con gran detalle en II Reyes cap. 2, no fue ni súbito ni un
hecho inesperado; por el contrario, fue una operación preplaneada y pre-arreglada cuyo lugar y
momento fueron comunicados a Elías con anticipación.
El sitio designado fue en el Valle del Jordán, en el lado oriental del río. Cuando fue el
momento de ir allá, sus discípulos, encabezados por uno de nombre Eliseo, lo acompañaron. Hizo una
parada en Gilgal (donde se realizaron algunos milagros de Yahveh para los israelitas comandados por
Joshua). Ahí trató de zafarse de sus compañeros, pero ellos lo escoltaron hasta Beth-El; aunque les
pidió que lo dejaran atravesar sólo el río, se mantuvieron con él hasta su última parada, Jericó, todo
el camino preguntándole si era cierto que el Señor vendría a llevarlo al cielo ese día.
En el banco del Jordán, Elías enrolló su manto milagroso y golpeó las aguas, partiéndolas, lo
que le permitió atravesar el río. Los otros discípulos se quedaron atrás, pero aun entonces Eliseo
persistió en estar con Elías, cruzando el río con él;
Iban caminando mientras hablaban,
cuando un carro de fuego con caballos de fuego
se interpuso entre ellos;
y Elías subió al cielo en el torbellino.
Eliseo le veía y clamaba:
«¡Padre mío, padre mío!
Carro y caballos de Israel! ¡Auriga suyo!»
Y no le vio más.
Asió sus vestidos y los desgarró en dos.
II Reyes 2: 11–12
Excavaciones arqueológicas en Tell Ghassul (el ‘Túmulo
del Profeta’), un lugar en Jordania que encaja con la
geografía de los relatos bíblicos, han encontrado murales
que graficaron los ‘torbellinos’ mostrados en Fig. 103. Es
el único sitio excavado bajos los auspicios del Vaticano.
(Mi propia búsqueda en este sentido, que cubrió museos
arqueológicos en Israel y Jordania e incluyó una visita al
sitio en Jordania, y en última instancia me llevó hasta el
Instituto Bíblico Pontificio de los jesuitas en Jerusalén—
Fig. 124—se halla descrita en Las Expediciones de la
Crónicas Terrestres - The Earth Chronicles Expeditions69.)
La tradición judía ha sostenido que el transfigurado Elías volverá algún día como un anunciador
de la redención final del pueblo de Israel, un heraldo del Mesías. La tradición ya fue documentada en
el siglo cinco a.C. por e Profeta Malaquías—el último Profeta bíblico—en su profecía póstuma. Porque
la tradición sostenía que la cueva en el Sinaí donde el ángel llevó a Elías fue donde Dios se reveló a
Moisés, se espera que Elías reaparezca al comienzo de la Fiesta de Pascua [judía], cuando se
conmemora el Éxodo. Hasta este día el Seder, la comida ceremonial al atardecer cuando se inician
los siete días del festejo de Pascua, requiere la colocación de una copa llena de vino para Elías en la
mesa, de donde beber cuando llegue; la puerta permanece abierta para que pueda entrar, y se recita
un himno prescrito, que expresa la esperanza que (él) pronto anunciará ‘al Mesías, hijo de David’
(Como es el caso de los niños cristianos que se les dice que Santa Claus baja por la chimenea y trae
los regalos que luego disfrutan, a los niños judíos se les cuenta que aunque no visto, Elías se desliza
dentro y toma un ligero sorbo de vino.) Por costumbre, la ‘Copa de Elías’ ha sido embellecida hasta
convertirse en una artística copa, un cáliz nunca empleado para un propósito diferente del ritual de
la cena de Pascua.
69 .- http://www.amazon.com/Earth-Chronicles-Expeditions-Journeys-Mythical/dp/1591430364/ref=pd_bbs_sr_2?
ie=UTF8&s=books&qid=1231786125&sr=8-2
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
La 'Ultima Cena' de Jesús fue la celebración tradicional de Pascua.
Aunque se mantuvo la apariencia de poder escoger sus propios sumos sacerdotes y reyes, Judá
se convirtió a todas luces en una colonia romana, gobernada primero desde el cuartel general en
Siria y luego por regentes locales. El gobernador romano, llamado Procurador, se aseguraba que los
judíos escogieran, según la preferencia de Roma, un Ethnarch (‘Cabeza del Consejo Judío’) para
servir como Sumo Sacerdote del Templo, y al comienzo incluso un ‘Rey de los Judíos’ (no un ‘Rey de
Judá’ como país). Desde 36 a 4 a.C. el rey fue Herodes, descendiente de edomitas convertidos al
judaísmo, que fue la elección de dos generales romanos (famosos por Cleopatra): Marco Antonio y
Octavio.
Herodes dejó un legado de estructuras monumentales, incluyendo la mejoría del Monte Templo
y la estratégica fortaleza de Masada en el Mar Muerto; además ponía mucha atención en cumplir los
deseos del Procurador como un vasallo romano de facto. Fue a una Jerusalén crecida y magnificada
por construcciones herodianas y arameas, repleta de peregrinos para la fiesta de Pascua, que llegó
Jesús de Nazaret—en 33 d.C. (de acuerdo al fechaje aceptado por los académicos). Por ese tiempo a
los judíos sólo se les permitía conservar una autoridad religiosa, un consejo de setenta ancianos
llamado el Sanedrín; la tierra, ya no más un estado judío sino una provincia romana, era gobernada
por el Procurador Poncio Pilatos, protegido en la Ciudadela Antonia adjunta al Templo.
Las tensiones entre el populacho judío y los romanos dueños de la tierra estaban creciendo, y
derivaron en una serie de motines sangrientos en Jerusalén. Poncio Pilatos, llegado a Jerusalén en 26
d.C., empeoró las cosas trayendo a la ciudad legionarios romanos con sus signos, monedas y una serie
de imágenes de ídolos prohibidas en el Templo; los judíos que se resistieron fueron sentenciados sin
piedad a la crucifixión en tal cantidad que el sitio de castigo fue apodado Gólgota—Sitio de las
Calaveras.
Jesús había estado antes en Jerusalén,
‘Sus padres iban todos los años a Jerusalén a la fiesta de la Pascua. Cuando tuvo doce
años, subieron ellos como de costumbre a la fiesta y, al volverse, pasados los días, el
niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin saberlo sus padres'.
(Lucas 2: 41-43).
Cuando llegó Jesús (con sus discípulos) esta vez, la situación no era en verdad la esperada, no
la prometida por las profecías bíblicas. Los judíos devotos—y de hecho Jesús lo era—estaban absortos
con la idea de redención, de salvación por un Mesías, en la cual el núcleo central era el especial y
eterno vínculo entre Dios y la Casa de David. Estaba clara y específicamente expresado en el
majestuoso Salmo 89 (19-29), en el cual Yahweh dijo, hablando a Sus fieles seguidores en una visión:
Antaño hablaste tú en visión
a tus amigos, y dijiste:
«He prestado mi asistencia a un bravo,
he exaltado a un elegido de mi pueblo.
«He encontrado a David mi servidor,
con mi óleo santo le he ungido…
…«El me invocará: ¡Tú, mi Padre,
mi Dios y roca de mi salvación!
Y yo haré de él el primogénito,
el Altísimo entre los reyes de la tierra.
«Le guardaré mi amor por siempre,
y mi alianza será leal con él;
estableceré su estirpe para siempre,
y su trono como los días de los cielos.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
¿No es acaso esa referencia a ‘los días de los cielos’ una clave, un vínculo entre la venida de
un Salvador y la profecía del Fin de los Días?
¿No era el momento de ver realizadas las profecías?
Y eso fue lo que Jesús de Nazaret, ahora en Jerusalén con sus doce discípulos, se propuso
tomar en sus propias manos; ¡si la salvación requiere un Ungido de la Casa de David, él, Jesús, sería
aquel!
Su nombre hebreo—Yehu-shuah (“Joshua”) —significa Salvador de Yahveh; y en cuanto al
requerimiento que el Ungido (‘Mesías’) fuera de la Casa de David, él lo era: el primer verso al inicio
del Nuevo Testamento, en el Evangelio Según San Mateo, dice:
‘El libro de las generaciones de Jesús, hijo de David, hijo de Abraham.’
Después, aquí y en otras partes del Nuevo testamento, la genealogía de Jesús es dada según las
generaciones:
catorce generaciones desde Abraham a David
catorce generaciones desde David a la deportación a Babilonia
catorce generaciones desde ahí a Jesús.
Estaba calificado, los Evangelios lo aseguraron.
Nuestras fuentes para lo que ocurrió después son los Evangelios y otros libros del Nuevo
Testamento.
Sabemos que los ‘reportes de testigos visuales’ fueron de hecho escritos con posterioridad a los
hechos; sabemos que la versión oficial es el resultado de deliberaciones del concilio convocado por el
emperador romano Constantino tres siglos más tarde; sabemos que los manuscritos ‘gnósticos,’ como
los documentos de Nag Hammadi70 o el Evangelio de Judas, entregan versiones diferentes que la
Iglesia tuvo razón para suprimir; incluso sabemos ahora—lo cual es un hecho indiscutible—que
primero hubo una Iglesia de Jerusalén liderada por el hermano de Jesús, enfocada de manera
exclusiva a seguidores judíos, que fue superada, suplantada, y eliminada por la Iglesia de Roma71 que
dirigían los gentiles.
Aún así seguiremos la versión ‘oficial’, porque, por si misma, vincula los sucesos de Jesús en
Jerusalén con todos los siglos y milenios previos, como se ha dicho hasta este momento en este libro.
Primero, cualquier duda, si aún existe, que Jesús vino a Jerusalén a la Pascua y que la ‘Ultima
Cena’ fue la comida Seder de Pascua, debe ser eliminada. Mateo 26: 2, Marcos 14: 1, y Lucas 22: 1
citan a Jesús diciendo a sus discípulos a su llegada a Jerusalén:
‘Saben que en dos días es la fiesta de Pascua’
‘En dos días más era la fiesta de Pascua, del pan sin levadura’
‘Se acercaba la fiesta del pan sin levadura, que es llamada la Pascua’
Después, los tres evangelios, en los mismos capítulos señalan que Jesús les dijo a sus discípulos
de ir a cierta casa, donde podrían celebrar la cena de Pascua con que se iniciaban los festejos.
Lo siguiente a ser abordado es el tema de Elías, el heraldo del Mesías (Lucas 1: 17 incluso cita
los relevantes versículos en Malaquías). Según los Evangelios, la gente que había escuchado de los
milagros de Jesús—milagros que eran tan populares para ellos como los de Elías—al comienzo se
preguntaban si acaso Jesús era la reaparición de Elías.
Sin negarlo, Jesús preguntó a sus más cercanos discípulos:
70 .- http://www.bibliotecapleyades.net/nag_hammadi/contents.htm
71 .- http://www.bibliotecapleyades.net/esp_vatican.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
‘¿Quién dicen ustedes que soy? Y Pedro respondió y le dijo: Tú eres el Ungido’
(Marcos 8: 28-29)
Si así es, le preguntaron, ¿dónde está Elías, que debía aparecer primero?
Y Jesús respondió:
Sí, por supuesto, ¡pero él ya vino!
Y le preguntaron, diciendo:
¿Por qué los escribas dicen que Elías debe venir primero?
Y él respondió, diciendo:
Elías de cierto vino primero, y restauró todas las cosas…
Pero de cierto les digo…
Que Elías sin duda ya ha venido.
Marcos 9: 11,13.
Esta fue una audaz afirmación, la prueba de lo que estaba por suceder: porque si Elías había
de hecho vuelto a la Tierra, ‘ciertamente vino,’ de ese modo satisfaciendo el prerrequisito para la
venida del Mesías— ¡entonces él tenía que mostrarse en el Seder y beber de su copa de vino!
Como requería la tradición y la costumbre, la Copa de Elías, llena de vino, fue colocada en la
mesa del Seder de Jesús y sus discípulos. La cena ceremonial está descrita en Marcos, 14. Dirigiendo
el Seder, Jesús tomó el pan sin levadura (llamado ahora Matzoh) e hizo las bendiciones, y lo partió, y
entregó partes a sus discípulos.
‘Y tomó la copa, y después de dar gracias, lo pasó a ellos, y todos bebieron.’
(Marcos 14: 23)
Entonces, si duda alguna, la Copa de Elías estaba allí, pero Leonardo escogió no
mostrarla. En esta pintura de La Última Cena, que sólo podía estar basada en los pasajes del Nuevo
Testamento, ¡Jesús no sostiene la importante copa, y no hay por parte alguna sobre la mesa una
copa de vino! En vez de ello hay un inexplicable intervalo a la derecha de Jesús (Fig. 125) y el
discípulo a su derecha se halla inclinado como para permitir que alguien invisible esté entre ellos:
¿Acaso el impecable y teológicamente correcto Da Vinci estaba insinuando que un invisible
Elías vino por la ventana abierta, detrás de Jesús, y tomó la copa que le pertenecía?
Fig.125
Elías, sugiere de ese modo la pintura, volvió: el heraldo precediendo al Ungido Rey de la Casa
de David llegó.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Entonces, cuando el arrestado Jesús fue llevado delante del gobernador romano que le
preguntó:
‘¿Eres tú el rey de los judíos?
Jesús le dijo:
'Tú lo has dicho’
(Mateo 27: 11).
La sentencia, morir en la cruz, fue inevitable.
Cuando Jesús levantó la copa de vino e hizo la requerida bendición, dijo a sus discípulos, de
acuerdo a Marcos 14: 24:
‘Esta es mi sangre de la nueva alianza.’
Si esas fueron sus palabras exactas, no quiso decir que ellos fueran a beber vino transformado
en sangre—una grave transgresión a una de las estrictas prohibiciones del judaísmo desde los tiempos
ancestrales, ‘porque la sangre es el alma.’ Lo que dijo (o quiso decir) era que el vino en esta copa, la
Copa de Elías, era un testimonio, una confirmación de su linaje de sangre.
Y Da Vinci representó esto de forma conveniente mediante su ausencia, sacado
presumiblemente por el visitante Elías.
La copa desaparecida ha sido durante siglos un tema favorito para los autores. Los relatos
semejan leyendas: los Cruzados lo buscaron; los Templarios lo hallaron; fue llevado a Europa… la
copa se convirtió en cáliz; era el cáliz que representaba la Sangre Real—Sang Real en francés, lo que
derivó a San Greal, el Santo Grial.
¿O nunca, después de todo, fue sacado de Jerusalén?
La continua subyugación e intensificada represión romana sobre los judíos en Judá llevó al
estallido de la más desafiante rebelión; le tomó siete años a los más grandes generales romanos y sus
mejores legiones derrotar a la pequeña Judá y llegar hasta Jerusalén. En el 70 d.C., luego de un
prolongado asedio y fieras batallas mano a mano, los romanos rompieron las defensas del Templo; y
el general a cargo, Tito, ordenó quemarlo. Aunque la resistencia continuó en otras partes durante
tres años más, la Gran Revuelta Judía llegó a su fin. Los triunfantes romanos estaban tan jubilosos
que conmemoraron su victoria con una serie de monedas que anunciaban al mundo Judaea Capta—
Judá Capturada—y erigieron un arco de la victoria en Roma representando los objetos rituales
saqueados del Templo (Fig. 126).
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Titus
fig.127
Pero durante cada año de independencia, las monedas judías estaban grabadas con la leyenda
‘Año Uno,’ ‘Año Dos,’ etc., ‘por la libertad de Sión,’ mostrando frutos de la tierra como temas
decorativos. Inexplicablemente, las monedas de los años dos y tres tienen a imagen de un cáliz (Fig.
127)…
¿Estaba el ‘Santo Grial’ aún en Jerusalén?
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
16 - ARMAGEDÓN Y LAS PROFECÍAS DEL RETORNO
¿Volverán? ¿Cuándo ocurrirá?
Estas preguntas me han sido formuladas infinidad de veces, acerca de los dioses Anunnaki cuya
saga ha llenado mis libros. La respuesta a la primera pregunta es SÍ; hay claves que precisan ser
atendidas, y las profecías del Retorno necesitan ser cumplidas. La respuesta a la segunda pregunta ha
preocupado a la Humanidad desde los sucesos que dividieron las aguas en Jerusalén hace más de dos
mil años.
Pero la pregunta no es sólo ‘si’ y ‘cuándo.’ ¿Cuál será la señal del Retorno, y qué traerá? ¿Será
acaso algo benevolente, o—como cuando ocurrió el Diluvio—será el Fin? Cuáles profecías se harían
realidad: un Tiempo Mesiánico, la Segunda Venida, un Nuevo Comienzo—o quizás un Apocalipsis
catastrófico, el Final Definitivo, Armagedón…
Es la última posibilidad la que saca esas profecías del reino de la teología, escatología, o la
mera curiosidad, a un asunto de sobrevivencia de la Humanidad; porque Armagedón, un término que
ha llegado a denotar una guerra de inimaginable amplitud calamitosa, es un efecto el nombre de un
lugar específico en una tierra que ha estado sujeta a las amenazas de la aniquilación nuclear.
En el siglo veintiuno a.C., una guerra de los reyes del este contra los reyes del oeste fue
seguida por una calamidad nuclear. Veintiún siglos después, cuando el ‘a.C.’ cambió a ‘d.C.’, los
miedos de la Humanidad fueron expresados en unos rollos, escondidos en una cueva cerca del Mar
Muerto, que describen una gran y final ‘Guerra de los Hijos de la Luz contra los Hijos de la
Oscuridad.’ De nuevo hoy, en el siglo veintiuno d.C. una amenaza nuclear cuelga sobre el mismo
lugar histórico. Es suficiente razón para preguntar: ¿Se repetirá la historia—se repite a historia, de
algún misterioso modo, cada veintiún siglos?
Una guerra, una conflagración aniquilante, ha sido representada como parte del escenario del
Fin de los Días en Ezequiel (caps. 38-39). Aunque ‘Gog de la tierra de Magog,’ o ‘Gog y Magog,’ están
previstos como los principales instigadores en esa guerra final, la lista de los combatientes que serán
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
succionados a las batallas virtualmente abarca todas las naciones notorias; y el foco de conflagración
serán ‘los moradores del Ombligo de la Tierra’—de acuerdo a la Biblia la gente de Jerusalén..
¡Es una comprensión escalofriantemente espinosa que la extensa lista de Ezequiel de aquellas
naciones (38: 5) que serán enganchadas en la guerra final—Armagedón—comience con PERSIA—el
mismo país (hoy día Irán) cuyos líderes buscan armamento nuclear con el cual ‘barrer de la faz de la
Tierra’ a la gente que habita donde está Har-Megiddo!
¿Quiénes son esos ‘Gog y Magog,’ y por qué tal profecía de hace dos y medio milenios atrás
suena tan semejante a los actuales titulares? ¿Acaso la exactitud de tales detalles proféticos apuntan
al Cuándo—a nuestro tiempo, a nuestro siglo?
Armagedón, una guerra final de Gog y Magog, es además un elemento esencial en el escenario
del Fin de los Días del libro profético del Nuevo Testamento, las Revelaciones (cuyo completo nombre
es El Apocalipsis de San Juan el Divino). Compara a los instigadores de los sucesos apoacalípticos a
dos bestias, una de las cuales puede ‘hacer caer fuego del cielo a la tierra, a la vista de los
hombres.’
Sólo hay una enigmática llave para su identidad (13: 18)
¡Aquí está la sabiduría!
Que el inteligente
calcule la cifra de la Bestia;
pues es la cifra de un hombre.
Su cifra es 666.
Muchos han intentado descifrar el misterioso número 666, asumiendo que se trata de un
mensaje codificado perteneciente al Fin de los Días...
Debido a que el libro fue redactado cuando comenzó la persecución romana a los cristianos, la
interpretación aceptada es que el número era un código por el emperador opresor, Nerón, cuyo valor
numérico de su nombre en hebreo (NeRON QeSaR) sumado da 666. El hecho que haya ido a la
plataforma espacial en Baalbek, posiblemente a inaugurar el templo de Júpiter ahí, en el año 60 d.C.
puede-o no—tener cierta orientación con el puzzle del 666.
Que podría haber más que una conexión con Nerón en el 666 queda sugerido por el intrigante
hecho que 600, 60, y 6 son los números básicos del sistema sexagesimal sumerio, de modo que el
‘código’ podría remontarse a algunos textos anteriores; había 600 Anunnaki, el rango numérico de
Anu era 60, y el rango de Ishkur/Aada era 6. Entonces, si los tres números se multiplican en vez de
sumarlos, obtenemos que 666 = 600 x 60 x 6 = 216.000, lo que es 100 veces el familiar 2160 (una era
zodiacal) —un resultado que puede ser especulado hasta el infinito.
Después está el puzzle que cuando siete ángeles revelan la secuencia de futuros eventos, no
los vincula a Roma; ellos los enlazan con ‘Babilonia’ [la ciudad]. La explicación convencional ha sido
que, así como el 666 era un código para el gobernador romano, así también ‘Babilonia’ era una
palabra secreta por Roma. Pero cuando fueron escritas Las Revelaciones, Babilonia hacía varios siglos
que había desaparecido, y ese libro, hablando de Babilonia, inequívocamente vincula las profecías al
‘gran río Éufrates’ (9: 14), incluso describiendo como el sexto ángel ‘derramó su copa sobre el gran
río Éufrates; y sus aguas se secaron para preparar el camino a los reyes del Oriente’. Se habla de una
tierra/ciudad en el Éufrates, no el rio Tíber [Roma].
Ya que las profecías de Las Revelaciones son del futuro, uno debe concluir que ‘Babilonia no es
un código—Babilonia significa Babilonia, una futura Babilonia que se verá envuelta en la guerra del
‘Armagedón’ (el versículo 16: 16 explica correctamente como el nombre de ‘un sitio en la lengua
hebrea’—Har-Megido, Monte Megiddo, en Israel) —una guerra que envuelve la Tierra Sagrada.
Si tal futura Babilonia es de verdad el Irak de hoy, los versículos proféticos son una vez más
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
escalofriantes, porque al paso que predicen eventos corrientes que llevan a la caída da Babilonia
después de una breve pero espantosa guerra, ¡presagian la partición de Babilonia/Iraq en tres partes!
(16: 19).
Como el Libro de Daniel, el cual pronostica fases de tribulaciones y escenarios difíciles en los
procesos mesiánicos, así Las Revelaciones trató de explicar las enigmáticas profecías del Viejo
Testamento al describir (cap. 20) una Primera Era Mesiánica con ‘una Primera Resurrección’ de mil
años de duración, seguida por un reinado Satánico de mil años (cuando ‘Gog y Magog’ se involucren
en una inmensa guerra), y después un segundo tiempo mesiánico y otra resurrección (y por
consiguiente la ‘Segunda Venida’).
Inevitablemente, esas profecías gatillaron un frenesí especulativo a medida que se acercaba el
año 2000 d.C.: reflexiones en relación al Milenio como un punto en el tiempo, en la historia de la
Humanidad y la Tierra, cuando las profecías se harían realidad.
Asediado con preguntas del milenio mientras el 2000 se acercaba, dije a mis audiencias que
nada ocurriría en el 2000, y no sólo porque el verdadero punto del milenio contado desde el
nacimiento de Jesús ya había pasado, habiendo nacido Jesús, según todos los cálculos serios en 6 ó 7
a.C. La razón principal para mi opinión fue que las profecías parecían visualizar no una línea de
tiempo lineal—año uno, año dos, año 900, y así—sino una repetición cíclica de sucesos, la creencia
fundamental que ‘Las Primeras Cosas serán las Últimas Cosas’—algo que sólo puede ocurrir cuando la
historia y el tiempo histórico se mueven en circulo, donde el punto de partida es el punto final, y
viceversa.
En este plan cíclico de la historia, es inherente el concepto de Dios como una entidad divina
eterna que ha estado presente al Comienzo cuando el Cielo y la Tierra fueron creados y que estará
ahí al Fin de los Días, cuando Su reino sea renovado sobre Su monte sagrado. Está expresado en
repetidas afirmaciones desde las primeras en la Biblia hasta los últimos Profetas, como cuando Dios
anunció, mediante Isaías (41: 4, 44: 6, 48: 12):
Yo soy, Yo soy el Primero y también soy el Último…
Desde el Principio Yo anuncio lo que viene después
y desde el comienzo lo que aun no ha sucedido
Isaías 48: 12, 46: 10
E igualmente así (dos veces) en el Libro de las Revelaciones del Nuevo Testamento:
Soy el Alfa y el Omega,
el Comienzo y el Final, dijo el Señor—
lo que es, lo que fue, y lo que será.
Apocalipsis 1: 8
Ciertamente, la base de las profecías era la creencia que el Final está anclado en el Comienzo,
que el Futuro podía ser predicho porque el Pasado era conocido—si no por el Hombre, entonces por
Dios: Soy aquel ‘que desde el Comienzo dice el Final,’ dijo Yahveh (Isaías 46: 10). El Profeta Zacarías
(1: 4, 7: 7, 7: 12) predijo los planes de Dios para el futuro—los Últimos Días—en términos del Pasado,
los Primeros Días.
Esta creencia, la cual es reafirmada en los Salmos, en Proverbios, y en el Libro de Job, fue
vista como un plan divino universal para toda la Tierra y todas sus naciones. El Profeta Isaías,
visualizando las naciones de la Tierra reunidas para averiguar lo que hay en todo esto, las describe
preguntándose unas a otras:
¿Quién entre nosotros puede decir el futuro dejándonos oír las Primeras Cosas?
(41: 22).
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Que esto fue un principio universal es mostrado en una colección de Profecías Asirias, cuando
el dios Nabu dijo al rey asirio Easrhaddon: ‘El futuro será como el pasado.’
Este elemento cíclico de las Profecías bíblicas del Retorno nos lleva a una respuesta actual a la
pregunta de CUÁNDO. El lector recordará que se halló un giro cíclico del tiempo en Mesoamérica,
resultante del engranaje, como las ruedas dentadas, de dos calendarios (ver Fig. 67), creando un
‘paquete’ de 52 años, en cuya ocurrencia—luego de una no especificada cantidad de vueltas—
Quetzalcoatl (alias Toth/Ningishzidda) prometió volver. Y eso nos introduce a las tan llamadas
Profecías Mayas, de acuerdo a las cuales el Fin de los Días será alrededor de 2012 d.C.
El prospecto que la crucial fecha profetizada esté casi al alcance de la mano naturalmente ha
sido de mucho interés, y amerita una explicación y un análisis. La bullada fecha surge del hecho que
en ese año (dependiendo como se calcule) la unidad de tiempo Baktun completará su treceava
vuelta. Dado que un Baktun toma 144.000 días, es una clase de hito.
Es necesario señalar algunos errores, o suposiciones equivocadas en este escenario. La primera
es que el Baktun no pertenece a ninguno de los calendarios involucrados con la promesa de los 52
años (el Haab y el Tzolkin) sino a un tercero llamado La Cuenta Larga. Fue introducido por los
Olmecas—africanos que habían venido de Mesopotamia cuando Toth fue exiliado de Egipto—y la
cuenta de días realmente comienza con ese hecho, de modo que el Dúa Uno de la Cuenta Larga fue
en lo que fechamos como Agosto de 3113 a.C.
Los glifos en ese calendario representaban las siguientes secuencias de unidades:
1 kin = 1 día
1 Uinal = 1 kin × 20 = 20 días
1 Tun = 1 kin × 360 = 360 días
1 Ka-tun = 1 tun × 20 = 7.200 días
1 Bak-tun = 1 Ka-tun × 20 = 144.000 días
1 Pictun = 1 Bak-tun × 20 = 2.880.000 días
Estas unidades, cada una un múltiplo de la previa, continuaban así más allá del Baktun con
glifos siempre crecientes. Pero como los monumentos mayas nunca alcanzaron más allá de 12
Baktuns, cuyos 1.728.000 días estaban ya más allá de la existencia maya, el 13º Baktun aparece como
un verdadero hito. Además, la tradición maya supuestamente sostenía que el presente ‘Sol’ o Era
terminaría con el 13º Baktun, así que su cantidad de días (144.000 x 13 = 1.872.000) se divide por
365.25, resulta el paso de 5.125 años; cuando se resta 3113, el resultado es 2012 d.C.
Es tanto una emocionante como ominosa predicción. Pero ya desde hace un siglo esa fecha ha
sido resistida, por académicos (como Fritz Buck, El Calendario Maya en la Cultura de Tiahuanacu72),
que señalan que la lista superior indica el multiplicador, y por ende lo divisorio, la perfección
matemática del calendario debería ser 360 y no 362.25.
De ese modo, los 1.872.000 días dan 5.200 años—un resultado perfecto, porque representa
exactamente 100 'paquetes’ del número mágico de Toth 52. Así calculado, el mágico año del Retorno
de Toth sería el 2087 d.C. (5200 – 3113 = 2087).
One could stand even that wait; the only fly in the ointment is that the Long Count is a linear
time count, and not the required cyclical one, so that its counted days could roll on to the
fourteenth Baktun and the fifteenth Baktun and on and on.
Uno podría alegar que, espere: la única mosca en la leche es que la Cuenta Larga es un conteo
lineal del tiempo, y no la cíclica requerida, así que sus días contados podrían pasar hasta el 14º
Baktun y al 15º Baktun y seguir… (traducción exacta pendiente de corregir)
Todo eso, sin embargo, no elimina la significancia de un milenio profético. Ya que la fuente del
72 .- http://siris-libraries.si.edu/ipac20/ipac.jsp?uri=full=3100001~!73024!0
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
‘milenio’ como un tiempo escatológico tiene sus orígenes en las escrituras apócrifas judías del siglo 2
a.C., la búsqueda de resultados debería cambiar en esa dirección. De hecho, la referencia a ‘un
mil’—un milenio—como definiendo una era tuvo sus raíces atrás, en el Antiguo Testamento.
El Deuteronomio (7: 9) asignó un período de ‘mil generaciones’ a la duración del pacto de Dios
con Israel—una afirmación repetida (I Crónicas 16: 15) cuando el Arca de la Alianza fue traída por
David a Jerusalén. Los Salmos aplican de manera repetida el número ‘mil’ a Yahveh, sus milagros, e
incluso a su carruaje (Salmos 68: 17).
La declaración en el Salmos 90: 4 es directamente relevante al asunto del Fin de los Días y el
Retorno—una afirmación atribuida a Moisés mismo—que dice de Dios que ‘mil años, en tus ojos, no
son más que un día que ha pasado.’ Esta declaración ha dado origen a la especulación (que partió
apenas los romanos destruyeron el Templo) que era una manera de descifrar el elusivo Fin de los Días
mesiánico: si la Creación, ‘El Comienzo,’ de acuerdo al Génesis, demoró seis días, y un día divino
dura mil años, el resultado desde la Creación hasta el Fin es de 6.000 años.
El Fin de los Días, ha sido así calculado, llegará en el Anno Mundi 6.000.
Aplicado el calendario hebreo de Nippur que comenzó en 3760 a.C., esto significa que el Fin de
los Días ocurrirá en 2240 d.C. (6000 – 3760 = 2240).
Este tercer cálculo del Fin de los Días puede resultar desalentador o confortante—dependiendo
de las expectativas particulares. La belleza de este cálculo es que se halla en perfecta armonía con
el sistema sumerio sexagesimal (‘base 60’). Puede incluso en el futuro probar que es correcto, pero
no lo creo así: es nuevamente linear—y es una unidad de tiempo cíclica la encerrada en las profecías.
Con ninguna de las predichas fechas ‘modernas’ factible, uno debe buscar atrás en las antiguas
‘fórmulas’—hace lo que fue aconsejado en Isaías, ‘mirar las señales hacia atrás.’ Tenemos dos
elecciones cíclicas: el período orbital de Tiempo Divino de Nibiru, y el Tiempo Celestial de la
Precesión zodiacal. ¿Cuál es?
Que los Anunnaki vinieron y se fueron durante una ‘ventana de oportunidad’ cuando Nibiru
llegó durante el perigeo (lo más cercano al Sol, y por ende lo más cercano a la Tierra y Marte) es tan
obvio que algunos lectores míos lo emplean para quitar 3600 de 4000 (como una fecha redonda de la
última visita de Anu), de lo que resulta 400 a.C., o restan 3600 de 3760 (cuando comenzó el
calendario de Nippur) —como hacían los macabeos—y llegan a 160 a.C. De cualquier manera, a
siguiente llegada de Nibiru se halla en el futuro distante.
De hecho, como sabe ahora el lector, Nibiru vino anteriormente, cerca del 560 a.C. Al
considerar esa ‘digresión,’ se debe mantener en la mente que el perfecto SAR (3600) siempre ha sido
un período orbital matemático, porque las órbitas celestes—de planetas, cometas, asteroides—
difieren de órbita en órbita debido al tirón gravitacional de otros planetas cercanos cuando pasan.
Para emplear el bien conocido cometa Halley como ejemplo, su período dado de 75 años
realmente fluctúa entre 74 y 76; en su última reaparición en 1986, fue de 76 años. Extrapolar la
diferencia a los 3600 de Nibiru, conduce a un más/menos de 50 años de variación cada vez.
Hay además otra razón para preguntarse por qué Nibiru se ha apartado tanto de su
acostumbrado SAR: el inusual acontecimiento del Diluvio alrededor de 10900 a.C. Durante sus 120
SARs antes del Diluvio, Nibiru orbitó sin generar tal catástrofe. Después algo no acostumbrado ocurrió
que trajo a Nibiru más cerca de la Tierra: combinado con la disminución de la capa de hielo de la
Antártida, ocurrió el Diluvio.
¿Qué fue ese ‘algo no acostumbrado’?
Bien puede a respuesta estar lejos en nuestro sistema solar, en Urano y Neptuno, planetas a los
cuales varias de cuyas lunas inexplicablemente los orbitan en dirección ‘opuesta’ (‘retrógrada’) —la
forma en que se mueve Nibiru.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Uno de los grandes misterios en nuestro sistema solar es el hecho que el planeta Urano
literalmente yace en su costado—su eje norte sur encara al Sol de forma horizontal en vez de ser
vertical. ‘Algo’ le dio a Urano un ‘gran golpe’ alguna vez en el pasado, dicen los científicos de la
NASA—sin aventurarse a suponer que fue ese ‘algo.’ A menudo me he preguntado si acaso ese ‘algo’
fue también lo que generó esa inmensa y misteriosa cicatriz y un inexplicable ‘surco’ que el Voyager
2 de NASA encontró en Miranda, una luna de Urano73,74 en 1986 (Fig. 128)—una luna diferente en
muchas formas de los otros satélites de Urano.
¿Pudo una colisión celestial con Nibiru y sus lunas causar todo eso?
Fig.128
En años recientes los astrónomos han establecido que los grandes
planetas exteriores no se han mantenido allí donde se formaron, sino
que han ido distanciándose hacia fuera, lejos del Sol. Los estudios
concluyeron que el cambio ha sido más pronunciado en el caso de
Urano y Neptuno (ver esquema, Fig. 129), y eso puede explicar por
qué nada sucedió ahí durante muchas pasadas de Nibiru—y de pronto
ocurrió algo. No es inverosímil asumir que durante su órbita ‘diluvial’
Nibiru encontró al errante Urano, y una de las lunas de Nibiru golpeó a
Urano, inclinándolo en su costado; incluso pudo ser que el arma del
golpe fuese la enigmática luna Miranda—una luna de Nibiru—golpeando
a Urano y que terminó por ser capturada en órbita a Urano.
Tal hecho habría afectado la órbita de Nibiru, acortándola hasta cerca de los 3450 años
terrestres en vez de 3600, y resultando en un esquema de reaparición postdiluvial alrededor de los
7450, 4000, y 550 a.C. Si eso es lo que sucedió, explicaría la ‘adelantada’ llegada de Nibiru en 556
a.C. —y sugiere que su siguiente llegada será cerca del 2900 d.C. Para quienes asocian los
profetizados eventos cataclísmicos con el retorno de Nibiru—‘Planeta X’ para algunos—el tiempo no
está a la mano.
Pero cualquier noción que los Anunnaki limitaron sus venidas e idas a una simple y corta
‘ventana’ durante el perigeo del planeta es, sin embargo, incorrecta. Igual pudieron haber venido e
irse en otros momentos.
Los textos antiguos citan numerosas instancias de viajes de ida y regreso de los dioses sin
indicación de un vínculo con la proximidad del planeta. Hay además una cantidad de relatos de viajes
Tierra-Nibiru por terrestres que omiten cualquier mención de Nibiru visto en los cielos (una visión
acentuada, por otra parte, cuando Anu visitó la Tierra cerca del 4000 a.C.).
73 .- http://www.bibliotecapleyades.net/luna/esp_lunassistsolar25.htm
74 .- http://www.enterprisemission.com/_articles/06-03-2004_Interplanetary_Part_3/InterplanetaryDayAfter-Part3-amended2.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
En una ocasión Adapa, un hijo de Enki con una mujer terrestre, a quién le fue conferida
Sabiduría pero no inmortalidad, realizó una corta visita a Nibiru, acompañado por los dioses Dumizi y
Ningishzidda. Enoch, emulando al sumerio Enmeduranki, también fue y volvió, dos veces, durante su
vida terrestre.
Esto fue posible en al menos dos formas, como se muestra en Fig. 130: una por una nave
espacial viniendo desde Nibiru en fase de entrada al sistema solar (desde el punto A), llegando
bastante antes del perigeo; la otra en sentido inverso (punto B) durante la fase de salida de Nibiru.
Una corta visita a la Tierra, como la de Anu, podía tener lugar al combinar ‘A’ para venir y ‘B’
para partir; Una corta visita a Nibiru (como la de Adapa) puede ser realizada partiendo de la Tierra
para interceptar a Nibiru en ‘A’ y devolverse desde ‘B’ para el retorno.
Un Retorno de los Anunnaki en un momento diferente de la vuelta de Nibiru puede entonces
tener lugar, y por eso nos quedamos con el otro tiempo cíclico—el tiempo zodiacal.
Lo he llamado, en Cuando Comenzó el Tiempo (When Time Began75), Tiempo Celestial, definido
para servir como un puente entre el Tiempo Terrestre (nuestro ciclo orbital planetario) y el Tiempo
Divino (el reloj del planeta de los Anunnaki). Si el esperado Retorno será de los anunakis más que de
su planeta, entonces nos lleva a buscar la solución a los enigmas de los dioses y los hombres
mediante el reloj que los ha vinculado—el cíclico zodíaco del Tiempo Celestial. Después de todo, fue
inventado por los Anunnaki como una forma de reconciliar los dos ciclos; su proporción—3600 por
Nibiru, 2160 por las eras zodiacales—era la Proporción Áurea de 10:6. He sugerido que ocasionó el
sistema sexagesimal en el que se basaron las matemáticas y la astronomía sumeria (6 x 10 x 6 x 10 y
así).
Beroso, como hemos mencionado, estimó que las Eras zodiacales eran puntos de cambio en los
asuntos de dioses y hombres y sostenía que periódicamente ocurren catástrofes apocalípticas, ya sea
por agua o por fuego, cuya coordinación está determinada por fenómenos celestiales. Como su
contraparte Maneto en Egipto, también dividió la prehistoria y la historia en fases divinas,
semidivinas, y postdivinas, con un gran total de 2.160.000 años de ‘la duración de este mundo.’
Esto —¡maravilla de maravillas!—es exactamente mil—¡un milenio!—eras zodiacales.
Los académicos que estudian las antiguas tablillas de arcilla que tratan de las matemáticas y la
astronomía quedaron asombrados al descubrir que las tablillas usaban el fantástico número de
12960000—sí, 12.960.000—como punto de partida. Concluyeron que esto sólo podía estar relacionado
con las eras zodiacales de 2.160, cuyos múltiplos resultan en 12.960 (si 2.160 x 6), o 129.600 (si
2.160 x 60), o 1.296.000 (si se multiplica por 600); y—¡maravilla de maravillas!—el fantástico número
con el cual comienza esta antigua lista, 12.960.000, es un múltiplo de 2.160 por 6.000—como en los
seis días divinos de la creación.
Que los eventos mayores, cuando los asuntos de los dioses afectaban a los asuntos de los
75 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/whentimebegan/whentimebegan.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
hombres, estaban vinculados a las eras zodiacales ha sido mostrado a través de este volumen de Las
Crónicas de la Tierra. Cuando comienza cada Era, algo trascendental ocurre: la Era de Tauro señaló el
otorgamiento de la civilización a la Humanidad. La Era de Aries estuvo marcada por el desastre
nuclear y finalizó con la Partida.
La Era de Piscis llegó con la destrucción del Templo y el inicio del cristianismo.
¿No debería uno preguntarse si el profético Fin de los Días significa en realidad el Fin de la
Era (zodiacal)?
¿Fue el ‘tiempo, tiempos, y medio tiempo’ de Daniel simplemente una terminología referente
a las eras zodiacales?
La posibilidad fue considerada, tres siglos atrás, por nada menos que Sir Isaac Newton. Mejor
conocido por su formulación de las leyes naturales que gobiernan los movimientos celestes—como los
planetas orbitando al Sol—sus intereses además penetraron el pensamiento religioso, y escribió
extensos tratados acerca de la Biblia y las profecías bíblicas. Consideró los movimientos celestiales
que formuló como la ‘mecánica de Dios,’ y creía firmemente que los descubrimientos científicos que
comenzaron con Galileo y Copérnico y fueron por él continuados tuvieron que ocurrir cuando sucedió.
Esto lo llevó a poner especial atención a las 'matemáticas de Daniel.’
En Marzo de 2003 la BBC (British Broadcasting Corporation) sobresaltó a los establishments
científicos y religiosos con un programa sobre Newton que reveló la existencia de un documento,
escrito a mano por él por delante y atrás, que calculaba el Fin de los Días de acuerdo a las profecías
de Daniel.
Newton escribió sus cálculos numéricos en un lado de la hoja, y sus análisis de los cálculos
como siete ‘proposiciones’ al otro lado del papel. Un examen cercano del documento—una fotocopia
del cual tengo el privilegio de poseer—revela que los números que usó en los cálculos incluyen varias
veces el 216 y el 2160—una clave para comprender por mi parte cuál era su línea de pensamiento:
estaba pensando en términos de tiempo zodiacal— ¡para él, ese era el Reloj Mesiánico!
Resumió sus conclusiones apuntando un set de tres ‘no antes que’ y ‘no después de’ agendas
para las claves proféticas de Daniel:
Entre 2132 y 2370 de acuerdo a una clave dada a Daniel
Entre 2090 y 2374 de acuerdo a una segunda clave
Entre 2060 y 2370 para el crucial ‘tiempo, tiempos, y medio tiempo’
‘Sir Isaac Newton predijo que el mundo terminaría en el año 2060,’ anunció la BBC. No
exactamente quizá—pero como muestra la tabla de las eras zodiacales en capítulos anteriores, no
estaba tan alejado de la marca en dos de sus fechas ‘no antes que’: 2060 y 2090.
El apreciado documento original del gran británico está ahora guardado en el Departamento de
Manuscritos y Archivos de la Biblioteca Nacional y Universitaria Judía— ¡en Jerusalén!
¿Una coincidencia?
Fue en mi libro de 1990 El Génesis Revisado76 (Genesis Revisited) que el ‘Incidente de
Phobos77’—un hecho silenciado—fue revelado públicamente por vez primera. Se trata de la pérdida,
en 1989, de una nave espacial soviética enviada a explorar Marte y su luna posiblemente hueca
llamada Phobos. De hecho, no se perdió una nave soviética sino dos.
Llamadas Phobos 1 y Phobos 2 para señalar su propósito—investigar el satélite Phobos—fueron
lanzadas en 1988, para llegar a Marte en 1989. Aunque era un proyecto soviético, fue apoyado por la
NASA y agencias europeas. Phobos 1 sólo desapareció—nunca fueron dadas explicaciones ni detalles al
público.
76 .- http://www.bibliotecapleyades.net/sitchin/genesisrevisto/genrevisit.htm
77 .-http://www.bibliotecapleyades.net/marte/marte_phobos.htm
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
Fig.132
Fig.131
Phobos 2 llegó a Marte, y comenzó a enviar fotografías tomadas por dos cámaras—una regular y
la otra infrarroja.
Sorprendente o alarmantemente, incluyeron imágenes de la sombra de un objeto en forma de
cigarro volando en los cielos entre la nave soviética y la superficie marciana (Fig. 131) por ambas
cámaras. Los jefes de la misión soviética describieron el objeto que proyectó la sombra como ‘algo lo
cual algunos pueden llamar un plato volador.’ Inmediatamente, la nave fue dirigida para salir de la
órbita marciana para acercarse al satélite y, desde una distancia de 50 metros, la bombardeó con
rayos láser.
La última imagen que Phobos 2 envió mostró un misil viniendo hacia ella desde el satélite (Fig.
132). Inmediatamente después de eso, Phobos entró en un ‘trompo’ y detuvo sus transmisiones—
destruida por el misterioso cohete.
El ‘incidente Phobos’ permanece, oficialmente, como ‘accidente inexplicado.’
De hecho, inmediatamente después de eso, entró en acción una comisión secreta en la cual
están representadas todas las naciones ‘espaciales.’ La comisión y el documento que formuló
ameritan más atención de la que recibió, porque tiene la llave para comprender lo que las naciones
líderes realmente saben de Nibiru y los Anunnaki.
Los hechos geopolíticos que derivaron en la formación del grupo secreto comenzaron en 1983,
con el descubrimiento de un planeta ‘tamaño Neptuno’ por el IRAS (Infra-Red Astronomical Satellite)
de la NASA—que escaneó los límites del sistema solar no de manera visual sino mediante detectar la
emisión de calor de los cuerpos celestes.
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Zecharia SITCHIN – El Fin de los días – El retorno de los Anunnaki
La búsqueda de un décimo planeta era uno de sus objetivos señalados, y ciertamente encontró
uno—determinando que se trataba de un planeta porque, una vez ves detectado y luego seis meses
más tarde, estaba moviéndose claramente en dirección nuestra.
La noticia de su descubrimiento se convirtió en titulares, pero fue rápidamente desmentida en
los días siguientes como un ‘mal entendido.’ (Fig. 133).
De hecho, fue tan impactante que condujo a un cambio radical y súbito en las relaciones entre
los EE.UU. y Rusia, una reunión y un acuerdo para la cooperación espacial entre Reagan y Gorbachov,
y declaraciones públicas del presidente en las Naciones Unidas y otros foros que incluyeron las
siguientes palabras (apuntando con el dedo hacia el cielo mientras las decía):
Sólo piensen cuán fácil puede ser su trabajo y el mío en estas
reuniones si de pronto hubiera una amenaza a este mundo desde
otras especies de otro planeta en el universo… Ocasionalmente
pienso con cuánta rapidez desaparecerían nuestras diferencias si
tuviéramos que encarar una amenaza alienígena de fuera de este
mundo.
El Comité de Trabajo formado a partir de esas preocupaciones llevó a cabo varias reuniones y
tranquilas consultas—hasta el incidente de Phobos en Marzo de 1989.
Trabajando febrilmente, en Abril del mismo año se aprobó un acuerdo, un conjunto de
delineamientos conocido como la Declaración de Principios Respecto a las Actividades Tendientes a la
Detección de Inteligencia Extraterrestre, a través del cual se acordaron los procedimientos a seguir
después de recibir ‘una señal u otra evidencia de inteligencia extraterrestre.’
La ‘señal,’ reveló el grupo, ‘puede no ser simplemente una que indique su origen
inteligente sino que podría ser un mensaje factual que necesite ser decodificado.’
Los procedimientos de acuerdo incluyeron la promesa de demorar la revelación el contacto por
al menos veinticuatro horas antes de efectuar una respuesta. Esto sería completamente ridículo si el
mensaje proviniera de un planeta a años luz de distancia… ¡No, las preparaciones fueron por un
encuentro cercano!
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Para mi, todos estos eventos desde 1983, más toda la evidencia desde Marte bosquejada en
capítulos anteriores, y el misil disparado del satélite Phobos, indican que los Anunnaki aun mantienen
una presencia—probablemente robótica—en Marte, su antigua Estación de Viaje. Esto podría indicar
una premeditación, un plan para disponer de una instalación lista para una futura re-visita.
Todo junto, sugiere un intento de un Retorno.
Para mi, el sello cilíndrico Tierra-Marte (ver Fig. 113) es tanto una descripción del Pasado como
una predicción del Futuro porque contiene una fecha—una fecha indicada por el signo de dos peces—
la Era de Piscis.
¿Acaso nos dice: Lo que ha ocurrido en una previa Era de Piscis volverá a repetirse en la Era de
Piscis? Si las profecías se harán realidad, si las Primeras Cosas serán las Últimas Cosas, si el Pasado es
el Futuro—la respuesta tiene que ser Sí.
Aun estamos en la Era de Piscis.
El Retorno, dicen los signos, ocurrirá antes de final de la Era presente.
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