Entrevista con Curro Vázquez - Plaza de Toros de Las Ventas

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entrevist
Curro
Vázquez
Texto: José Ignacio de la Serna
Fotos: Salva, Humanes y David Cordero
Permaneció en activo más
de treinta años. Estuvo
considerado torero de
toreros y, cuando las
circunstancias se lo
permitieron, toreó hasta
con la expresión de la
cara: Con el mentón
hundido en el pecho y la
mirada prendida por la
emoción. Su trayectoria
se fue fraguando con
dientes de sierra y
pronto descubrió que
la regularidad en el
triunfo no iba a ser su
bandera, Así que decidió
que ese toro se lo
echaran al corral. Lo
suyo era la pureza, la
clase y la entrega. Pero,
sobre todo, una afición
desmedida.
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“Nunca cambié mi
concepto porque
era lo que sentía”
Curro afirma sentirse un hombre feliz. Satisfecho y realizado con lo que ha
sido en la vida: torero. Mucho más de lo que hubiera podido imaginar cuando,
a principios de los años sesenta, vistiendo pantalón corto, salía de ‘tapia’ en
los tentaderos que se celebraban por los alrededores de Linares. “Mi padre
me inculcó la afición. Quiso ser torero y desde muy chico me llevó a los toros.
Recuerdo que toreábamos mucho juntos de salón”. Curro Vázquez hoy es
noticia porque dirige, con insuperable acierto, la carrera de Cayetano Rivera
Ordóñez, su sobrino.
Pregunta | ¿Qué significa para ti apoderar a Cayetano?
Respuesta | Cuando hace dos años acepté el reto de apoderar a Cayetano, supe
desde el principio que no resultaría fácil. Solamente anunciar su nombre en
los carteles iba a despertar el máximo interés, tanto dentro como fuera de la
plaza, con toda la responsabilidad que eso conlleva. Además, hay que tener en
cuenta que estamos hablando de un torero nuevo, que arrancaba prácticamente de cero y que apenas sabía torear de salón. Afortunadamente, Cayetano ha
demostrando tener una gran capacidad para aprender y para asimilar el toreo.
En dos años ha evolucionado con una rapidez que no es habitual en un torero
que empieza.
P | Aun así, dices que hay que ir despacio, sin prisa.
R | Lo primero que tiene que hacer un apoderado, por encima de todo, es
defender los intereses de su torero. Y eso implica muchas cosas, no sólo dinero.
Hay que saber qué tipo de torero tienes en tus manos, qué ganaderías se adaptan mejor a su forma de torear y en qué momento profesional se encuentra.
Después, hay que sopesar cuidadosamente el grado de responsabilidad que
puede asumir. Lo principal es no precipitar las cosas. Muchos toreros con condiciones vieron malograda su carrera por culpa de una mala administración..
P | Sin embargo, a ti no te dieron esa opción. Debutaste con picadores en
abril de 1969 y el 12 de octubre de ese mismo año tomaste la alternativa
la plaza de toros de Vista Alegre.
R | Es cierto. Y aquel día un toro de Barcial, de nombre Batanero, me pegó una
cornada muy fuerte. Aquella alternativa fue idea del Pipo, que por entonces
me apoderaba. En pocos meses había alcanzado tanto cartel como novillero
que don Manuel Chopera nos ofreció ese invierno torear veinte corridas de
toros en América. Yo entonces era un chaval, tenía sólo diecisiete años y no
supe decir que no. Por eso, con Cayetano, no quiero precipitar las cosas. En esta
profesión los errores se pagan muy caros.
P | Tras aquella cornada, ¿fuiste a América?
R | Sí, sí. Y toreé las veinte corridas de toros que tenía firmadas, pero luego pasó
lo que tenía que pasar. No estaba hecho como torero y acusé el paso del novillo
al toro. Caí en el bache en el que caemos tantos y tantos toreros. Lo curioso
es que en América me encontré a gusto con el capote y con la muleta, pero
perdí el sitio con la espada, a pesar de que el toro de la alternativa no me cogió
entrando a matar. Lo que son las cosas…
P | Y de regreso a España…
R | Pues pagué mi falta de oficio y los toros comenzaron a pegarme volteretas.
Tantos golpes acabaron por descentrarme y lo pasé fatal. Me costó salir del
bache en el que estaba metido. Si a eso le añadimos la presión de torear al
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entrevist
E
n Madrid me apretaron
como al que más y cuando
lo creyeron oportuno me
pegaron unas broncas
tremendas”
lado de figuras del toreo de la talla de El Viti, Ordóñez, Camino,
Antoñete… pues imagínate.
P | Sin embargo, el público supo esperar. En 1979, a los nueve
años de tomar la alternativa, cortaste tu primera oreja en Las
Ventas.
R | Para que veas que no hay que forzar ni precipitar las cosas. Yo
no vine a Madrid ni de novillero ni durante mi primer año como
matador de toros. En aquella época era habitual dejar pasar un par
de temporadas antes de confirmar la alternativa. Sin embargo,
después he toreado ochenta y dos tardes en Las Ventas. Me sentía
muy querido e identificado con su afición.
P | ¡Esa cifra no está al alcance de cualquiera!
R | Sobre todo con lo que se pasa cuando te ves anunciado en esta
plaza.
P | Siempre dijiste que lo peor era la víspera.
R | Es que para mí la víspera de torear en Madrid comenzaba un
mes antes de hacer el paseíllo. Desde el momento en que empezaban a hablarme de la contratación, ya estaba preocupado. Me
preocupaba saber si acudiría una o dos tardes a la feria, si la corrida
se ajustaría a mi forma de interpretar el toreo, si ese día soplaría o
no el viento... Y luego, el día que salía ese toro y veías la plaza tan
grande y llena de gente, te quedabas a un cincuenta por ciento de
tus posibilidades. Cuando lo pienso, no sé como fui capaz de soportar tanta presión, tantas noches sin dormir y tanto miedo.
P | Una constante en tu carrera fue que a Madrid siempre tuviste que ir a resolver.
R | Durante muchos años me vi obligado a comenzar la temporada
en Madrid, o el Domingo de Resurrección o en la Feria de San
Isidro. Lo mío era un poquito de campo y hala… a la plaza a solucionar mi futuro. La verdad es que era un trago.
P | Existe una tarde muy importante en tu carrera. El 18 de septiembre de 1982 sales por primera vez por la Puerta Grande de
Las Ventas.
R | Aquel triunfo llegó en un momento muy complicado de mi
carrera. Recuerdo que ese año había toreado muy poco y las cosas
estaban cada vez peor. En el mes de julio vine a Madrid y tuve la
fortuna de cortar una oreja a un toro de El Chaparral, que me
sirvió para verme anunciado en la feria de Otoño, la tarde de la
que estamos hablando, cuando le corté las dos orejas a un toro
de El Torero. Gracias a aquel triunfo pude dormir tranquilo ese
invierno. Al año siguiente me anunciaron tres tardes en la feria de
San Isidro, con un ambiente extraordinario.
P | Que es cuando un toro de Moreno Silva te pega una cornada
de caballo, ¿Qué recuerdas de aquella tarde?
R | Era una de esas tardes en las que el público de Madrid está a la
contra y no le da importancia a nada de lo que sucede en el ruedo.
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La corrida era de Saltillo, que como sabes no tiene mucho tamaño,
y la gente se enfadó por eso. No había tenido suerte en mis dos primeras comparecencias y era el último cartucho que me quedaba
en la feria. Recuerdo que me cogió al iniciar faena, cuando me fui
lejos del toro y lo llamé con la muleta. Cuando llegó a mi jurisdicción se metió para adentro, y fíjate la que me pegó.
P | Las imágenes que se vieron en televisión fueron escalofriantes.
R | Aquella cornada fue tremenda y tardé mucho tiempo en recuperarme. No tanto física como psicológicamente. Estuve casi un
mes ingresado en el hospital y cuando reaparecí, aunque intentaba por todos los medios que no se me notara, no podía olvidarla.
Superé aquel trance gracias a mi enorme afición.
P | Dicen que afición nunca te faltó. Incluso después de retirarte te hemos visto como espectador en distintas plazas de
toros.
R| Eso es cierto, afición he tenido siempre. Mira, cuando uno tiene
los baches, los altibajos y los percances que yo he sufrido a lo largo
de mi carrera, si no es a base de afición y de un amor incondicional
al toreo, eres incapaz de salir adelante. Sin afición, cuando las
cosas se ponen difíciles, te vienes abajo y terminas por aburrirte.
Y lo digo por experiencia: cuando esta profesión se pone difícil, se
pone difícil de verdad.
P | ¿A qué obedecían aquellos altibajos?
R | Son muchos los factores y las circunstancias que intervienen en
la carrera de un torero. En mi caso particular, supongo que unas
veces tuve yo la culpa, otras no tuve suerte en los sorteos y muchas
porque pinché toros a destiempo. Tampoco hay que olvidar que
me pegaron fuerte. Todo ello, ligado a mi forma de ser y entender
la vida, fue lo que faltó para consagrarme en ochenta corridas por
temporada. Sin embargo, hubo años en los que si no me llegan a
herir las hubiera toreado.
P | ¿Te hubiera gustado?
R | Mucha tela, ¿no?
P | Has abarcado tres décadas del toreo, desde los años 70 al
2000. Durante ese tiempo el toro ha subido de volumen, de
pitones y perdió parte de su movilidad ¿te viste obligado a
adaptar tu concepto?
R | Nunca cambié mi concepto porque era lo que sentía. Lo único
que a un torero le da seguridad en la cara del toro es hacerle sólo
aquello que sientes. Con el paso del tiempo fui cogiendo oficio y
técnica y, lógicamente, eso me permitió torear cada vez mejor.
Pero mi concepto siempre fue el mismo. Existe una fotografía
reveladora, en la que siendo un niño, estoy pegando un natural
a una vaca en el campo con el mismo concepto y el mismo sentimiento que el día que me retiré. (La imagen puede verse en esta
página).
T
L
e jugabas mucho
en esta plaza, no sólo la
cotización y la temporada,
también la ilusión y tu
vanidad como torero”
a víspera de
torear en Madrid
comenzaba un
mes antes de
hacer el paseíllo”
P | Curro, capitulo aparte merece tu toreo a la verónica. ¿Crees
que con el capote has sido de los mejores intérpretes?
R | Sinceramente, creo que sí. De todos los toreros que yo he visto,
pienso que estoy entre los mejores. Torear con el capote no es fácil
y, si te digo la verdad, creo que todavía hoy no sé como explicárselo
a un chaval. Lo que sí te digo es que siempre me preocupé de torear
con las muñecas, con la palma de las manos y con los vuelos del
capote.
P | También con intuición.
R | Intuición y templanza, para dejar que el toro meta la cara en el
momento justo. Y, desde luego, entrega. Sin entrega no se puede
torear bien con el capote…
P | Curro, es que con el capote en las manos has tenido sabor
hasta para meter un toro en el caballo. ¿Te acuerdas de la media
verónica que le soplaste a un toro de Baltasar Iban el día que
César Rincón salió catapultado de Madrid?
R | (Una tímida sonrisa, fundida en nostalgia y satisfacción, asoma a sus ojos).
Aquella facilidad que Dios me regaló, me permitió hacerle cosas
importantes a los toros.
P | En 1994 decides retirarte, ¿por qué lo hiciste atravesando tu
mejor momento?
R | Pues porque llevaba veinticinco años como matador de toros
y ya empezaban a pesarme muchas cosas. Sentía la necesidad de
hacer otras cosas en la vida, cosas nuevas que no tuvieran nada
que ver con el mundo del toro. Por otro lado, tampoco era fácil
que, después de estar en activo tantos años, las empresas siguieran
contratándome en las mismas condiciones que yo quería. Cuando
tomé la decisión de retírame, la emoción se hizo presente en cada
una de las plazas en las que toreé.
P | ¿Cómo la tarde del 19 de mayo de 1994, cuando cuajaste un
toro de Alcurrucen en San Isidro?
R | Ese era mi último paseíllo en Madrid. Desde que me desperté
por la mañana todo tuvo una gran intensidad, una gran emoción.
Recuerdo que aquella tarde estaba lloviendo tanto que al doblar
el tercero querían suspender la corrida. Las cuadrillas se negaban
a torear a consecuencia del mal estado en el que se encontraba el
piso, algo que, por otra parte, hubiera sido lo más razonable. Pero a
mí no se me iba de la cabeza matar mi ultimo toro en Las Ventas. Mi
hermano Antonio, que estaba conmigo en el callejón, se acercó y
me comentó que el toro que me quedaba dentro tenía muy buenas
hechuras y que podía embestir. No lo pensé dos veces, le dije a la
cuadrilla que de acuerdo, que respetaba su decisión, pero que yo no
me iba sin matar mi último toro en la feria de San Isidro. Como era
mi gente, ‘se echaron pa´lante’.
P | ¡Vaya forma de torear al natural!
R | Aquella tarde me vacié por completo. Fue de los toros importantes que he toreado en Madrid. Todo fue muy emotivo… Tampoco
quiero olvidar otro de Victorino Martín al que corté las orejas una
feria de Otoño; ni otro de Peñajara, con más de 700 kilos, al que
corté una oreja después de que le pegara en el cuello una cornada
muy grave a Joselito.
P | Tras dos años de inactividad, en 1997 decides volver a los
ruedos, ¿Cuáles fueron los motivos?
R | Regresé por lo mismo que vuelven todos los toreros. De todos
los que yo he conocido, creo recordar que sólo Diego Puerta no
reapareció. Cuando me quité, ya te he dicho que lo hice pensando
en que haría o me llenarían otras cosas en la vida. Pero luego resulta
que no, que no es como tú lo habías imaginado y comienzas a echar
de menos la satisfacción de pegarle veinte pases a un toro. También
influyó que algunos empresarios me hicieron muchas y buenas
ofertas. Al final las cosas no salieron como yo hubiera deseado.
P | Pues recuerdo varias faenas importantes y un quite a la verónica
en Vista Alegre, sencillamente monumental.
R | Es cierto, tuve algunas tardes importantes, como las de Vista
Alegre, Plasencia, Aranda de Duero…. Sí, hubo ‘cosas’, pero sueltas.
Además, cuando uno vuelve y no ruedan las cosas, el público no
perdona porque piensa que vienes para quitarle la cartera.
P | Aseguran que fuiste un ‘torero de Madrid’.
R | Y estoy muy orgulloso, pero que nadie se equivoque, en Madrid
también me han apretado como al que más y cuando lo han considerado oportuno me ha pegado unas broncas tremendas. Lo importante es que en esta plaza me he sentido muy querido, comprendido y, sobre todo, respetado. El día que me embestía un toro me
pegaban unos olés ensordecedores.
P | ¿Te dolieron las broncas?
R | Mucho, más de lo que el público pudiera imaginar. Te jugabas
mucho en esta plaza, no sólo la cotización y la temporada, también
la ilusión y mi vanidad como torero.
P | ¿Cuándo sentiste aquella complicidad?
R |Desde mis principios en Vista Alegre. Aquello fue importante, se
llenaba la plaza y el callejón estaba desbordado de taurinos y profesionales que venían a verme torear, incluso las figuras. Ver aquella
expectación me hizo crecer como torero.
P | Cuando ahora vas al campo con Cayetano, ¿tienes necesidad
de coger la muleta ?
R | Cuando estamos solos en el campo, sí. Si no, me da mucha vergüenza.
P | ¿Sientes la misma insatisfacción que otros toreros retirados?
R | En absoluto. Estoy plenamente satisfecho con lo que he sido
en el toreo. Siento el cariño y el respeto de la gente y, sobre todo,
el convencimiento de haber sido un buen torero. Con eso tengo
bastante.
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