LA MORENA TRINIDAD

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LA MORENA
TRINIDAD
Paseaba una mañana
por las calles de La Habana
la morena Trinidad,
la morena Trinidad.
Entre dos la sujetaron,
entre dos la sujetaron
y presa se la llevaron
por orden de la autoridad.
La morena lloraba y decía
esto si que es la gran cobardía.
Señor Juez, no me trate tan duro
que yo le aseguro
que no le he hecho ná.
Señor Juez, no me trate tan duro
que yo le aseguro
que no le he hecho ná.
Pero el juez que la escuchaba
y en sus ojos se miraba
sin poderlo remediar,
sin poderlo remediar,
le decía a la morena,
le decía a la morena,
no te levanto la pena:
ni la paz, ni la caridad.
Porque si es que a robar corazones
se dedicant tus ojos, ladrones,
ésos son los que a ti te delatan
y al verlos me matan
y es mucha verdad
ésos son los que a ti te delatan
y al verlos me matan
y es mucha verdad.
Va y le dice zalamera:
si me suelta, su mercé,
cuando pase por su vera
mis ojitos cerraré.
Y ya no sé más,
que el cuento acabó
perdonándole gastos y costas
que él se las pagó.
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