Plaza Brasil y monumento a José Bonifácio de Andrada e Silva

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Plaza Brasil y monumento a José Bonifácio
de Andrada e Silva
Avenida de La Reforma y 10 calle, zona 10
Plaza Brasil y monumento a José Bonifácio de Andrada e Silva
Avenida de La Reforma y 10 calle, zona 10
La plaza dedicada a la República Federativa del Brasil fue inaugurada en la Avenida
de La Reforma, el domingo 20 de julio de 1963. En esa misma fecha fue descubierto el
busto del patriota y sabio José Bonifácio de Andrada e Silva, uno de los promotores de la
independencia del Brasil, una obra plástica realizada por el reconocido artista brasileño
Bruno Giorgi.
El busto fue un obsequio del embajador de la República Federativa del Brasil, señor
Martín Francisco Lafayette de Andrada, descendiente directo de José Bonifácio, a la
Ciudad de Guatemala como una muestra de buena voluntad y para estrechar, aún más, los
lazos de amistad y reciprocidad entre Guatemala y Brasil. En la entrega oficial, el
embajador se expresó así:
Es triple mi alegría. Primero, porque veo la personalidad de más relieve en
la emancipación política de mi patria homenajeada por el pueblo y el
gobierno guatemaltecos; por esta nación de gloriosas tradiciones en la
historia de las Américas, núcleo político inicial de las primeras investidas
de la liberación de los pueblos de esta parte del continente, reducto básico
de las Provincias Unidas de Centro América, importante movimiento que
sería la base y las raíces de la fundación de las diversas naciones que
componen esta importantísima región del globo.
(…) Este homenaje del Brasil a Guatemala, del pueblo brasileño al pueblo
guatemalteco, ofreciendo por intermedio del embajador el busto del mayor
de los brasileños, del padre de la patria, es más un marco de la amistad que
une a los dos pueblos amantes de la paz, dos patrias fundadas bajo los
mismos principios, educadas en la misma vocación profundamente
americanista, de respeto a las columnas maestras del orden internacional;
que se resumen en la igualdad de derechos de las naciones y tributo a la
democracia
En esta grandiosa celebración de amistad recíproca estuvieron presentes el alcalde
de la ciudad, licenciado Francisco Montenegro Sierra, el coronel Guillermo Rendón
Vasconcelos, oficial mayor del Ministerio de la Defensa y en su calidad de representante
personal del jefe de Gobierno, coronel Peralta Azurdia, licenciado Alberto Herrarte,
ministro de Relaciones Exteriores de Guatemala, señor Antonio Chocano Batres, jefe del
protocolo del Ministerio de Relaciones Exteriores, honorable cuerpo diplomático y
miembros del concejo municipal y el alcalde auxiliar de la zona 10. El señor Alberto
Montezuma Hurtado, ilustre embajador colombiano ante nosotros, quien hizo la apología
de don José Bonifácio de Andrada e Silva.
En la parte final del homenaje, el alcalde capitalino se dirigió a la concurrencia para
expresar, en nombre del concejo y de la Ciudad de Guatemala, la oportunidad de colocar en
el paseo de La Reforma el busto de uno de los varones y patriotas más preclaros de
América, como lo fuera don José Bonifácio de Andrada e Silva:
Figura cimera cuyos ideales de dignidad y grandeza atravesaron la vasta
selva amazónica, se elevaron para tramontar la muralla centinela de los
Andes y se esparcieron con generosidad por todos los confines del suelo
americano.
Después de terminado el acto, en la sede de la embajada brasileña, fue ofrecida una
recepción que resultó todo un éxito por la gentileza y cordialidad de los distinguidos
anfitriones.
Una semana después de este acto, el embajador brasileño recibió la Orden del
Quetzal, en el grado de Gran Cruz, condecorado por el ministro de relaciones exteriores de
Guatemala, licenciado Alberto Herrarte.
Reseñas biográficas
Sobre el prócer brasileño
José Bonifácio de Andrada e Silva
Naturalista, estadista, poeta y político brasileño,
nació el 13 de junio de 1763 en la ciudad de Santos, São
Paulo, Brasil. Es conocido por el epíteto de Patriarca de
la Independencia. Descubrió y describió cuatro
minerales, incluida la muy importante petalita, en la cual
posteriormente se encontrara el elemento litio.
Fue ministro del reino de los Negocios
Extranjeros, de enero de 1822 a julio de 1823; asimismo,
fue profesor en Coimbra y al mismo tiempo Intendente
General de Minas y Metales del Reino de Portugal,
Administrador de las Fundiciones de Hierro de Figueró
dos Vinhos, Administrador de las Minas de carbón de
piedra de Buarcos, Inspector de Plantas y Sementeras,
Director del Laboratorio de la Casa de Moneda de
Lisboa.
Desde el comienzo apoyo la Regencia de D.
Pedro de Alcântara. Proclamada la Independencia,
organizó la acción militar contra los focos de resistencia
a la separación de Portugal, y comandó una política centralizadora. Durante los debates de
la Asamblea Constituyente, se dio la separación de él y sus hermanos Martim Francisco
Ribeiro de Andrada y Antônio Carlos Ribeiro de Andrada Machado e Silva con el
Emperador. El 16 de julio de 1823, Don Pedro I cesó el ministerio y José Bonifácio pasó a
la oposición. Después del cerramiento de la Constituyente, el 11 de noviembre de 1823,
José Bonifácio fue desterrado y se exilió en Francia, donde vivió en la ciudad de Burdeos
durante seis años. De vuelta en Brasil, y reconciliado con el Emperador Don Pedro I, tomó
la tutoría de su hijo Pedro II de Brasil cuando éste abdicó en 1831, permaneciendo como
tutor del futuro emperador hasta 1833, fecha en la que fue exonerado del cargo por el
gobierno del Período Regente del Imperio de Brasil. Falleció en la ciudad de Niterói, Rio
de Janeiro, Brasil, el 6 de abril de 1838.
Sobre el artista plástico
Bruno Giorgi
(1905-1993)
Escultor y profesor brasileño, nació en la ciudad de Mococa, São Paulo, el 13 de
agosto de 1905. Hijo de inmigrantes italianos, viajó a Italia a los seis años de edad, donde
vivió hasta su juventud. Estudió en Roma, en la escuela del escultor Loss. Durante el
periodo de Mussolini fue activista político, participando del movimiento antifascista. Fue
condenado y preso en Nápoles, pero allí solamente cumplió pena de cuatro años porque
consiguió ser extraditado a Brasil. Más tarde regresa a Europa y vive un tiempo en París.
Retorna a Brasil en1939 para dedicarse completamente al trabajo escultórico. Compartió su
arte con el escultor Joaquín Figueira, se integró al movimiento modernista brasileño, y al
grupo Santa Helena.
Su primera escultura, denominada Monumento a la
juventud brasileña (1946) forma parte los jardines del Ministerio
de Educación y Salud en Rio de Janeiro. Otros trabajos son:
monumento a Dante Alighieri (1954), en la Plaza José Gaspar
Dutra en São Paulo; Os guerreiros (1960), conocida como
Candangos, colocada en la Plaza de los Tres Poderes de Brasilia;
José de Anchieta (1960), en Santa Cruz de Tenerife, Islas
Canarias, España; Meteoro (1964), en el Palacio de los Arcos
del Ministerio de Relaciones Exteriores de Brasilia; Ritual
(1970), en Tel Aviv, Israel; Os fundadores y A mulher de
Mococa, se encuentran en plazas públicas de su ciudad natal;
Os guerreiros.
São Francisco, Lobo de Gubio y Torso se encuentran en el
museo de artes plásticas Quirino da Silva, en la ciudad de Mococa, São Paulo.
Asimismo, participó de numerosas exposiciones y en 1953 recibió el premio al
mejor escultor en la II Bienal de São Paulo, y en 1967, tuvo una sala especial en la bienal
de ese año. En 1985, se llevó a cabo una exposición con la recopilación de toda su obra en
el Ministerio de Educación y Salud de Rio de Janeiro y en la Galería Skultura, de São
Paulo. Falleció a los 88 años de edad, en la ciudad de Rio de Janeiro, el 7 de septiembre de
1993.
EM PORTUGUES:
Praça Brasil e monumento a José Bonifácio de Andrada e Silva
Avenida de La Reforma y 10 calle, zona 10
A praça dedicada à República Federativa do Brasil foi inaugurada na Avenida de La
Reforma, no dia domingo 20 de julho de 1963. Nessa mesma data foi desvelado o busto do
patriota e sábio José Bonifácio de Andrada e Silva, um dos promotores da independência
do Brasil, uma obra plástica realizada pelo reconhecido artista brasileiro Bruno Giorgi.
O busto foi um obsequio do embaixador da República Federativa do Brasil na
Guatemala, senhor Martín Francisco Lafayette de Andrada, descendente direto de José
Bonifácio, à Cidade da Guatemala como uma amostra de boa vontade e para unir, ainda
mais, os laços de amizade e reciprocidade entre a Guatemala e o Brasil. Na entrega oficial,
o embaixador disse o seguinte:
É triple a minha alegria. Primeiro, porque vejo a personalidade de mais
relevo na emancipação política da minha pátria homenageada pelo povo e
governo guatemaltecos; por esta nação de gloriosas tradições na história
das Américas, núcleo político inicial das primeiras investidas da libertação
dos povos desta parte do continente, reduto básico das Províncias Unidas de
Centro América, importante movimento que seria a base e as raízes da
fundação das diversas nações que compõem esta importantíssima região do
globo.
(…) Esta homenagem do Brasil à Guatemala, do povo brasileiro ao povo
guatemalteco, oferecendo por intermédio do embaixador o busto do maior
dos brasileiros, do padre da pátria, é mais um marco da amizade que une
aos dois povos amantes da paz, duas pátrias fundadas sob os mesmos
princípios, educadas na mesma vocação profundamente americanista, de
respeito às colunas mestras da ordem internacional; que se resumem na
igualdade dos direitos das nações e tributo à democracia.
Igualmente, nesta grandiosa celebração de amizade recíproca estiveram presentes: o
prefeito da cidade, licenciado Francisco Montenegro Sierra, o coronel Guillermo Rendón
Vasconcelos, oficial maior do Ministério da Defesa Nacional e na sua qualidade de
representante pessoal do chefe de Governo, coronel Peralta Azurdia, licenciado Alberto
Herrarte, ministro de Relações Exteriores da Guatemala, senhor Antonio Chocano Batres,
chefe do protocolo do Ministério de Relações Exteriores, honorável corpo diplomático,
membros do conselho municipal e o prefeito auxiliar da zona 10. O senhor Alberto
Montezuma Hurtado, ilustre embaixador colombiano ante nós, fez a apologia de dom José
Bonifácio de Andrada e Silva.
Na parte final da homenagem, o prefeito da cidade dirigiu-se à concorrência para
expressar, em nome do conselho e da Cidade da Gutemala, a oportunidade de colocar neste
passeio de La Reforma o busto de um dos varões e patriotas mais preclaros da América,
como o fora dom José Bonifácio de Andrada e Silva:
Figura majestosa cujos ideais de dignidade e grandeza atravessaram a
vasta selva amazônica, se elevaram para tramontar a muralha sentinela dos
Andes e se alargaram com generosidade por todos os confins do solo
americano.
Depois disto, na sede da embaixada brasileira foi oferecida uma recepção que se
caracterizou pela gentileza e cordialidade de seus distinguidos anfitriões.
Uma semana após este ato, o embaixador brasileiro recebeu a Ordem do Quetzal, no
grau de Grande Cruz, condecorado pelo ministro de relações exteriores da Guatemala,
licenciado Alberto Herrarte.
Resenhas biográficas…
Sobre o prócer brasileiro
José Bonifácio de Andrada e Silva
Naturalista, estadista, poeta e político brasileiro,
nascido em 13 de junho de 1763 na cidade de Santos, São
Paulo, Brasil. Foi conhecido pelo epíteto de Patriarca da
Independência. Descobriu e descreveu quatro minerais,
incluída a muito importante petalita, na qual posteriormente
foi encontrado o elemento lítio.
Teve cargos públicos como o de ministro do reino dos
Negócios Estrangeiros, de janeiro de 1822 até julho de 1823;
igualmente, foi professor em Coimbra e ao mesmo tempo
Intendente Geral de Minas e Metais do Reino de Portugal,
Administrador das Fundições de Ferro de Figueró dos Vinhos,
Administrador das Minas de carvão de pedra de Buarcos,
Inspetor de Plantas y Sementeiras, Diretor do Laboratório da
Casa de Moeda de Lisboa.
Desde o começo apoiou à Regência de D. Pedro de Alcântara. Proclamada a
Independência, organizou a ação militar em contra dos focos de resistência à separação de
Portugal, e comandou uma política centralizadora. Durante os debates da Assembleia
Constituinte, deu-se a separação dele e seus irmãos, Martim Francisco Ribeiro de Andrada
e Antônio Carlos Ribeiro de Andrada Machado e Silva, com o Imperador. Em 16 de julho
de 1823, Dom Pedro I cessou o ministério e José Bonifácio passou a integrar à oposição.
Depois do encerramento da Constituinte, em 11 de novembro de 1823, José Bonifácio foi
desterrado, partindo para o exílio na França, onde viveu na cidade de Burdeos durante seis
anos. De volta ao Brasil, e reconciliado com o Imperador Dom Pedro I e quando este
abdicou em 1831, tomou a tutoria do seu filho Pedro II do Brasil, permanecendo como tutor
do futuro imperador até 1833, data na que foi exonerado do cargo pelo governo do Período
Regente do Império do Brasil. Faleceu na cidade de Niterói, Rio de Janeiro, Brasil o dia 6
de abril de 1838.
Sobre o artista plástico
Bruno Giorgi
(1905-1993)
Escultor e professor brasileiro nascido na cidade de Mococa, São Paulo, em 13 de
agosto de 1905. Filho de imigrantes italianos. Viajou à Itália aos seis anos de idade, onde
viveu até sua juventude. Estudou em Roma, na escola do escultor Loss. Durante o período
de Mussolini foi ativista político, participando do movimento antifascista. Ele foi
condenado e levado à prisão em Nápoles, cidade na que somente cumpriu pena de quatro
anos porque conseguiu ser extraditado ao Brasil. Logo mais volta para Europa e mora um
tempo em Paris. Após um tempo, volta ao Brasil em 1939, se dedicando completamente ao
trabalho escultórico. Compartilhou seu trabalho com o escultor Joaquim Figueira, se
integrou ao movimento modernista brasileiro, assim como também ao grupo Santa Helena.
Sua primeira escultura, denominada Monumento à
juventude brasileira (1946) forma parte dos jardins do
Ministério de Educação e Saúde no Rio de Janeiro. Outros
trabalhos são: monumento a Dante Alighieri (1954), na Praça
José Gaspar Dutra em São Paulo; Os guerreiros (1960),
conhecida como Candangos, colocada na Praça dos Três
Poderes de Brasília; José de Anchieta (1960), em Santa Cruz de
Tenerife, Ilhas Canárias, Espanha; Meteoro (1964), no Palácio
dos Arcos do Ministério das Relações Exteriores de Brasília;
Ritual (1970), em Tel Aviv, Israel; Os fundadores e A mulher de
Mococa, encontram-se em praças públicas da sua cidade natal;
São Francisco, Lobo de Gubio e Torso pertencem ao museu de
artes plásticas Quirino da Silva, na cidade de Mococa, São Paulo.
Os guerreiros.
Igualmente, participou de inúmeras exposições e em 1953 recebeu o premio ao
melhor escultor na II Bienal de São Paulo e em 1967, teve uma sala especial na bienal
daquele ano. Em 1985, houve uma exposição contendo uma recopilação de toda sua obra
no Ministério de Educação e Saúde do Rio de Janeiro e na Galeria Skultura, de São Paulo.
Faleceu aos 88 anos de idade, na cidade do Rio de Janeiro, em 7 de setembro de 1993.
Resumen noticioso…
El Imparcial, 23 de julio de 1963. p. 3-13.
José Bonifácio de Andrada e Silva héroe de la libertad Del Brasil
Palabras del señor embajador de Colombia al descubrirse el bronce del Libertador
Por Alberto Montezuma Hurtado, embajador de Colombia ante Guatemala
Sin duda alguna, el espíritu de nuestra cordial vecindad amazónica, influyó en
Martín Lafayette de Andrada, ilustre embajador del Brasil en Guatemala, para honrarme
con el singular encargo de acompañarlo en la exaltación de un egregio antecesor familiar
suyo, don José Bonifácio, personaje que se salió de su época como suele suceder con los
ejemplos y con las leyendas.
He aceptado la obligante invitación, no solo por la amistad que me une al gentil
diplomático, sino por un reflejo de la simpatía tradicional con que los colombianos
miramos al Brasil, aplaudimos sus obras, comprendemos a sus hombres. No constituyen
legión los compatriotas míos poco idóneos en el conocimiento y la apreciación del mundo
brasileño; cuando se habla de la dinámica humana y de la impulsividad creadora de las
ciudades pensamos en São Paulo, por ejemplo, y en las fuerzas desprendidas de su
inconformidad; si se trata de la destreza indispensable para dotar a la vida de cierto estilo de
encantamiento, inmediatamente acude a nosotros una imagen de Rio de Janeiro, donde todo
hasta los accidentes de la naturaleza han sido aprovechados para producir infinitas
emociones estéticas; si hablamos de nuestras esmeraldas, en alguna forma se asocia a ellas
el recuerdo de los diamantes del Brasil, como en una relación de piedra preciosa a piedra
preciosa y situándose en un zona común, desde luego que su suelo como el nuestro esconde
riqueza parecida. Y el hecho mismo de que un colombiano lleve complacido la palabra en
la inauguración del monumento de un brasileño preclaro, está probando la receptividad de
nuestro camino frente a glorias brasileñas que de algún modo son nuestras, por ser glorias
americanas.
Este don José Bonifácio de Andrada e Silva pensó una vez, en el curso de sus
andanzas de exiliado, plantar la tienda en Colombia, acogerse a su sol, a sus aguas
cristalinas, a su pan de buena levadura, y habría realizado su pensamiento si otros no fueran
los rumbos trazados calladamente por su destino. Le llamaba la atención el país nuevo y
libre, que a sangre y fuego conquistara el derecho a ejercer la coyuntura para la aplicación
de sus conocimientos científicos, lejos de la política, de sus compromisos y de sus traumas.
Porque este don José Bonifácio se preparó para robarle a la tierra sus secretos, en provecho
de la especie; nada en el contemporáneo mundo de la geología le era desconocido, como
tampoco en la esfera diabólica de la química y a tanta trascendencia alcanzaron sus
estudios, que en una etapa fecunda de su vida, fue profesor en Coimbra y al mismo tiempo
Intendente General de Minas y Metales del Reino de Portugal, Administrador de las
Fundiciones de Hierro de Figueró dos Vinhos, Administrador de las Minas de carbón de
piedra de Buarcos, Inspector de Plantas y Sementeras, Director del Laboratorio de la Casa
de Moneda de Lisboa. Pocos hombres resisten tanta carga, pocos salen airosos de tan varias
y superlativas responsabilidades.
Que no son muchas sin embargo, ni tan graves para el genial brasileño, pues de
pronto se transforma en militar y presta su ayuda al pueblo portugués contra la invasión
napoleónica. Es todo un soldado, no un simple leude ardido por el guerrero entusiasmo, y
en el Cuerpo Militar Académico que comanda el profesor de matemáticas Tristán Álvarez
da Costa Silveira, nuestro José Bonifácio sirve la sargentía mayor para terminar más tarde
en el ejercicio de la comandancia. Pero no logran los galones de la coronelía, ni tampoco el
honor de su admisión a la Academia de Ciencias del Portugal, aquietar los vivos deseos de
regresar al Brasil que comienzan a arder en su alma como llamas espontáneas. Supone que
el suyo es territorio destinado a ser el asiento de una nueva civilización, y al fin, en uso de
pasaporte de agosto de 1819, realiza su reencuentro con la naturaleza tropical, con los
árboles olvidados, con los colores, con la sensación de su ilimitada fuerza latente.
Seguir los pasos iniciales de don José Bonifácio a lo largo y ancho de su patria
redescubierta, es tarea del biógrafo y no del circunstancial apologista; de tal manea que me
limito a evocarlo en su faz de visionario, en su anhelo de una constitución propia de su
tierra, esto es, un estado de final independencia de la ley lusitana; en su clamor por la
multiplicación de las escuelas primarias y de las universidades; ya convencido de la
urgencia de consolidar la unidad brasileña; ya obsesionado por la idea de establecer una
especie de pacto social que poco a poco diera al indio y al negro la conciencia de sí
mismos, como condición previa a la altivez de la ciudadanía; y ya proyectando la fundación
de una ciudad central en el interior del Brasil, que fuera sede del gobierno y de la justicia y
de donde partieran grandes vías despejadas hacia todas las provincias y hacia todos los
pueblos del mar; por sus irradiaciones aquella ciudad entonces utópica había de ser una
especie de Nueva Jerusalén. Anticipándose al futuro, don José Bonifácio habría de
reflexionar también sobre la posibilidad de un nuevo régimen de tierras, de una subdivisión
de la propiedad territorial, que revolucionara la economía y elevara a niveles no
sospechados las condiciones sociales de su país. Un hombre que por los años de 1820 a
1825 pensara así, no podía ser otra cosa que un iluminado.
Al pleno ejercicio de poder Bonifácio entrará más tarde, cuando el Brasil rompa sus
amarras con las Cortes portuguesas, y constituya su propio gobierno. Será Ministro del
Reino y de los Negocios Extranjeros, un ministro empeñado en establecer las bases
políticas de la existencia nacional con la minuciosidad, el cálculo y el sólido aplomo de una
labor científica. Naturalmente, el inquieto ministro comprenderá que un pueblo no puede
ser libre sin una carta constitucional que estructure sus movimientos y afirme su libertad; de
tal manera que su primer proyecto será la convocatoria de una Asamblea Constituyente, que
escuche la voz de la patria e instaure el imperio de la ley. Pero no contaba José Bonifácio
con que los pueblos no son unánimes ni siquiera cuando tratan de ser libres; las dudas los
enfrían, la aprensión los intimida, las disidencias y las reservas mentales dan a su acción
una babélica tonalidad.
La vida emancipada está por asentarse, los planes por cumplirse, la nacionalidad por
adquirir motivos y caracteres perdurables; la edificación de la patria está, en fin, por
llevarse a término, y es entonces cuando más problemas surgen, de todo estilo y dimensión,
cuando el gobierno ve sus horizontes poblados de interrogantes y sombras, y es también
entonces cuando José Bonifácio da la medida de su alma, preparada para las tormentas,
pero incapaz de transigir, de vencer la impaciencia, de tolerar la presunción y la
mediocridad ajenas. Bien es cierto que estaba sumergido en la política como en otra
ciénaga florida. Pueden cubrir la superficie delicadas flores del agua; pueden en ella
reflejarse la luz y el cielo cambiante; pero muchos elementos inferiores agitan su movilidad
en el fondo de la florida ciénaga política, a pesar de su irresistible atractivo, especialmente
muchos renacuajos humanos, con sus instintos y sus naturales pasiones de renacuajo, y
nuestro José Bonifácio no tardará en ser víctima de sus intrigas y de la acción abierto o
subterránea de su envidia. Cuatro años han pasado desde su ascenso al poder cuando
acosado por las malquerencias se verá en el caso de renunciar a su Ministerio; con todo, la
renuncia no es sino la primera etapa de su caída, la segunda es la prisión, la tercera el
exilio. No ha realizado ni siquiera la mitad de sus sueños; la serie impetuosa de sus
esfuerzos se ha convertido en una dramática ronda de frustraciones.
Con su desilusión a cuestas, sienta el real en un apacible vecindario de los
alrededores de Burdeos, ¿y qué hace allí el viejo geólogo, el indomable ministro del Reino
y de sus Relaciones Exteriores? ¿Acaso medita? ¿Tal vez se lamenta? ¿Vive en trance
imprecatorio contra las perversidades de sus prójimos? No; traduce a Virgilio y a Píndaro y
compone odas sáficas y anacreónticas, aprovechando la riqueza de otras vetas de su
espíritu. El mundo y las armonías interiores no se han acabado para él; no empaña su
corazón saudade alguna de sus esplendorosos tiempos de poder, y él mismo confiesa que no
puede conceder importancia al humo de las grandezas humanas. No me parece necesario
emplear más palabras y acudir a más historia para probar como era nuestro José Bonifácio
un hombre superior.
Sólo el pensamiento de la patria lo pone a veces taciturno y el miedo a no volver le
inspira versos tristes:
“Vales e serras, altas matas, rios
–Nunca mais vos verei...”
Su suerte es esquiva o contraria, pero jamás ha sido cruel, y un día le permite
regresar; el exiliado trae la cabeza blanca y sin embargo, como dijera un compatriota mío,
tal vez “no le inquietan las canas que hay por fuera –sino las otras, las que van por dentro”.
Afrontará nuevas responsabilidades, librará recios combates y definitivamente no perderá
sino uno, el de la muerte, que lo atierra para siempre, a los 75 años, un 6 de abril de 1838.
A Latino Coelho pertenecen las siguientes palabras:
Tuvo José Bonifácio de Andrada e Silva todas las fortunas que lisonjean la
ambición; todas las contradicciones con que se fortalece el desengaño. Tuvo
la idolatría de las multitudes y la persecución de los enemigos; el favor de
las coronas y la ingratitud de los patentados; la estatua y el exilio.
Este es, ciudadanos, el brasileño que de ahora en adelante va a acompañarnos desde
la mudez tranquila de su bronce. También un día quiso venir a Guatemala; soñaba con la
explotación de minas fantásticas y con el goce intenso del clima de los crepúsculos y de los
paisajes. Ahora está como en su propia casa; un grande hombre ha venido a casa de noble
estirpe, engalanada por las leyendas y cuya grandeza se mide por la alta suma de valores
que contiene y no por los tamaños y las cantidades mensurables.
Queda noblemente alojado don José Bonifácio de Andrada e Silva, un hombre que
actúo en su vida como quería Goethe que actúen los grandes hombres, en forma tal que aún
después de la muerte continúen actuando como si vivieran.
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