nuestro preciado tesoro

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Conferencia General Octubre 1980
NUESTRO PRECIADO TESORO
Elder Rex C. Reeve
del Primer Quórum de los Setenta
Os traigo saludos de los buenos hermanos de las Islas Británicas
y de Africa, quienes envían su amor a cada uno de vosotros y
especialmente al presidente Kimball y demás Autoridades Generales.
Ha sido una inspiración saber que el Espíritu del Señor esta en
estas tierras. Es emocionante observar la dedicación y el empeño de
estos fieles miembros de la Iglesia, muchos de los cuales son
miembros recién bautizados.
A vosotros, los padres de los dos mil misioneros que sirven en esas tierras y a los
hijos y las familias de los dedicados matrimonios misioneros que están sirviendo allí,
os traigo saludos. Os agradecemos todo lo que hacéis para ayudarlos a servir; por los
sacrificios que hacéis a fin de que ellos puedan servir, las cartas de aliento que les
escribís cada semana, y las oraciones de fe que ofrecéis por su bien cada día. Podéis
estar orgullosos de ellos. Si, la obra misional es obra de toda la familia.
Es maravilloso vivir en esta época en que el Evangelio del Señor Jesucristo esta en
la tierra, con su prodigioso poder para cambiar a las personas y dar un nuevo propósito
a su vida.
Y vosotros, buenos amigos que no sois todavía miembros de esta gran Iglesia,
espero que podáis saber que os amamos. Todos somos Hijos de Nuestro Padre
Celestial, todos somos hermanos. La letra inspirada de una canción para niños pone de
manifiesto esta gran verdad.
"Soy un hijo de Dios,
Por El enviado aquí;
Me ha dado un hogar
Y padres caros para mí "
(Canta conmigo, B76.)
Nosotros os amamos lo suficiente como para saber que no os ofenderéis si os
hablamos claramente, porque el amor no puede ofender. Tenemos para cada uno de
vosotros el mensaje de que la autoridad de Dios ha sido restaurada y que su Iglesia ha
sido restablecida en la tierra. Yo os testifico de esta verdad. Pero no tenéis que confiar
solo en nuestra palabra sino que podéis llegar a saberlo vosotros mismos.
Todos los que estáis buscando, que estáis tratando de llegar humildemente al
Padre Celestial en oración, podéis saber con certeza Si esta es o no la verdad.
Para ayudarnos en nuestra búsqueda, nuestro Padre Celestial ha hecho que
apareciera en nuestros días un maravilloso registro, el registro de sus tratos con un
pueblo que vivió en el Hemisferio Occidental; como la Biblia, este es un registro
sagrado; se llama el Libro de Mormón. Fue traducido por el don y el poder de Dios de
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un registro grabado en planchas de oro. Este sagrado libro, a distinción de otros libros,
contiene una promesa que se encuentra en la pagina 544 (pág. 554 en la edición de
1980) y que dice:
"Y cuando recibáis estas cosas, quisiera exhortaros a que preguntéis a Dios el
Eterno Padre, en el nombre de Cristo, si no son verdaderas estas cosas; y si pedís con
un corazón sincero, con verdadera intención, teniendo fe en Cristo, el os manifestara
la verdad de ellas por el poder del Espíritu Santo." (Moroni 10:4.)
Muchos cientos de miles de personas han puesto a prueba esta promesa y
comprobado que se cumple; han recibido un testimonio que ha dado nuevo significado
y propósito a su vida. Si, lo podéis saber vosotros mismos. Pero también debéis saber
que una vez que hayáis recibido el testimonio del Espíritu estaréis obligados, con una
obligación sagrada, a testificar de ello a otras personas.
Ahora me dirijo a los que son miembros de esta Iglesia. Esta es una época de gran
servicio misional; mas de 30.000 fieles y devotos jóvenes de ambos sexos y también
matrimonios están llevando este mensaje a muchas naciones. Nunca se había hecho
en esta dispensación un esfuerzo mundial tan grande por alcanzar a cada ser que vive
en la tierra. Esto es maravilloso y sabemos bien el tiempo y los medios con que muchas
personas han contribuido voluntariamente para este propósito.
Mas, aun cuando nuestro esfuerzo ha sido grande, todavía estamos lejos de la meta
de llevar este mensaje a toda tierra, nación, pueblo y a cada alma como nuestro gran
líder y Profeta misionero nos ha exhortado. Todavía hay una parte vital de esta fuerza
misional que hasta ahora no ha despertado realmente, que es como un gigante
dormido que espera para levantarse. Cuando este gigante dormido se despierte
totalmente, llegara a su fin el día de cosechar con la hoz y comenzara la época de la
segadora trilladora; la cosecha entonces se contara en millones en lugar de las miles
de gavillas que ahora recogemos.
La gran necesidad de la obra misional consiste en que los miembros, aquellos que
llevan sobre si el nombre del Señor, aquellos que han tenido un testimonio, aparten
las cadenas del temor y busquen con amor a sus amigos, familiares y vecinos para
rodearlos con nuestro amor, a fin de que sepan que realmente nos interesamos por
ellos como nuestros hermanos que son, y para que ellos también puedan gozar de las
grandes bendiciones que el evangelio nos brinda.
Cuando fuimos bautizados, entramos en un convenio con el Señor, como fue
registrado en Mosíah, para ser: "... testigos de Dios a todo tiempo, y en todas las cosas
y todo lugar en que estuvieseis, aun hasta la muerte, para que seáis redimidos por
Dios, y seáis contados con los de la primera resurrección. . ." (Mosíah 18:9.)
Ahora, los testigos callados no son de gran valor.
Y el Señor ha dicho:
". . . y conviene que todo hombre que ha sido amonestado, amoneste a su prójimo.
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Por tanto, quedan sin excusa, y sus pecados descansan sobre su propia cabeza."
(D. y C. 88:81-82.)
También nos ha dicho a los que somos miembros de su Iglesia:
"Mas con algunos no estoy complacido, porque no quieren abrir su boca, sino que
esconden el talento que les he dado, a causa del temor de los hombres. ¡Ay de estos!
porque mi enojo esta encendido en contra de ellos." (D. y C. 60:2.)
"Abrid vuestra boca y será llena, y seréis como Nefi de antaño, que salió de
Jerusalén al desierto.
Si, abrid vuestra boca y no desistáis: y vuestras espaldas serán cargadas de gavillas,
porque, he aquí, estoy con vosotros." (D. y C. 33:8-10.)
Luego, hablando en otra revelación acerca de aquellos miembros de la Iglesia que
no estarán en el reino celestial, sino que tendrán que contentarse con quedar en el
reino terrestre, El les dijo:
"Estos son aquellos que no son valientes en el testimonio de Jesús; así que, no
obtienen la corona en el reino de nuestro Dios." (D. y C. 76:7)
Marcos registró estas palabras del Salvador en sus días:
"Porque el que se avergonzare de mi y de mis palabras en esta generación adultera
y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzara también de él, cuando venga en la gloria
de su Padre con los santos ángeles." (Marcos 8:38.)
Deseo deciros que una persona nunca esta mas cerca del Señor que cuando esta
tratando, al igual que El, de salvar otra alma. Las palabras del poeta Juan Whittier lo
dicen así:
"Los cielos se cierran al que solo se presenta.
Llevad allí otras almas Y salvareis la vuestra."
Quisiera preguntaros ¿tenéis un libro mayor en el cual llevar cuenta de vuestras
acciones y valores? Muchos hombres de éxito lo tienen.
En varias ocasiones hubo hombres que fueron a pedir al profeta José Smith que le
preguntara al Señor que podrían hacer que fuera de mas valor para ellos, y cada vez la
respuesta fue:
"Y ahora, he aquí, te digo que la cosa que será de máximo valor para ti será declarar
el arrepentimiento a este pueblo, a fin de que puedas traer almas a mi, para que con
ellas reposes en el reino de mi Padre." (D. y C. 15:6.)
¿Llevamos un libro de cuentas misional donde podamos registrar aquello que será
de "máximo valor" para nosotros? Quizás os interese esta idea y tal vez también os
ayude. Nosotros tenemos un libro mayor misional de nuestra familia; es un libro
común de cuentas en el cual hemos puesto una lamina del Cristo resucitado, como
diciendo a su Profeta, el presidente Kimball, "Apacienta mis ovejas". Luego hemos
puesto nuestras fotografías debajo de la del presidente Kimball como si el nos dijera:
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¡Alarga el paso! ¡Hazlo AHORA! Después he escrito el comentario "si así ha de ser, yo
lo debo hacer", lo que significa que debo hacer algo al respecto ahora.
En este libro escribimos los nombres de todas las buenas personas que conocemos
en el curso de nuestra vida, y que todavía no son miembros de la Iglesia. Debajo de
cada nombre hemos escrito cuando lo conocimos, lo que hicimos con ella, y la fecha.
Como ejemplo, para mostraros lo fácil que es, permitidme hablaros de unos nombres
que tengo aquí. En enero de 1979 al llegar por primera vez a Inglaterra, cayo una
cantidad extraordinaria de nieve; no teníamos pala para nieve y tampoco encontramos
ninguna para la venta; trate de barrer la nieve pero era demasiado pesada. Un joven
llamado Philip Brown se detuvo en casa con su amigo y me pregunto si podrían limpiar
el frente de la casa; hicieron un buen trabajo, y luego mi esposa llamó a la madre de
este joven para hacerle saber que lo necesitábamos de nuevo y para decirle cuan buen
trabajo había hecho su hijo, así como que era este un joven muy agradable. La Señora
de Brown le dijo: "¿Por que no viene a nuestra casa a tomar un café y conocer a todos
los vecinos?" Mi esposa fue, pero tomo jugo de naranja y, por supuesto, eso le dio la
oportunidad de decirles por que no tomaba café. La Señora de Brown le dijo: "He
conocido a algunos de sus misioneros cuando estaba en Irlanda y los consideraba
jóvenes muy amables; si quisiera cambiar de religión me cambiaría a la suya".
En el mes de febrero, durante nuestro cuadragésimo segundo aniversario de
bodas, no teníamos a nadie que compartiera esa ocasión con nosotros así que
llamamos a los padres de Phillip y les dijimos: "¿Por que no vienen y nos acompañan
para celebrar nuestro aniversario?" Fue otra experiencia agradable. Ahora, ellos tienen
un Libro de Mormón y un libro de himnos (la Señora de Brown toca el órgano en su
iglesia); les enviamos tarjetas postales cuando viajamos y nos mantenemos en
contacto con ellos. Son buena gente y buenos amigos.
No hemos establecido una meta especial para esta obra misional, sino que
buscamos oportunidades con todos aquellos que conocemos y en el poco tiempo que
lo hemos hecho tenemos anotados 29 nombres; tres de estos han sido bautizados y el
cuarto se bautizara el 3 de octubre; otros están recibiendo las charlas.
Cuando los misioneros reparten folletos en Inglaterra tienen que golpear en tres
mil puertas para encontrar una persona a quien enseñar x, por lo tanto, pasan el 90
por ciento del tiempo buscando interesados. ¿Podéis imaginar lo que seria si cada
familia dejara a un lado el temor (o timidez) y decidiera allegarse a sus amigos y vecinos
con amor y amistad? No solo la cosecha seria grande, sino que cada familia
participante recibiría las grandes bendiciones de la obra misional.
El Señor promete grandes bendiciones a aquellos que enseñen el evangelio. En la
sección 4 de Doctrina y Convenios dice:
". . . y he aquí, quien mete su hoz con su fuerza [esto significa con gran energía]
atesora para si de modo que no perece, sino que trae salvación a su alma." (D. y C. 4:4.)
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'Y ningún hombre que salga y predique este evangelio del reino, sin dejar de
continuar fiel en todas las cosas, sentirá fatigada su mente, o entenebrecida, ni su
cuerpo, miembros o coyunturas; y ni un cabello de su cabeza caerá a tierra inadvertido.
Y no padecerá hambre ni sed. (D. y C. 84:80.)
¡Que promesa tan maravillosa! y sigue: "Y quienes os reciban, allí estaré yo
también, porque iré delante de vuestra faz. Estaré a vuestra diestra y a vuestra
siniestra, y mi Espíritu estará en vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de vosotros,
para sosteneros." (D. y C. 84:88)
Vosotros, hermanos, que sois presidentes de estaca y obispos, si en realidad
deseáis santificar a vuestros hermanos y fortalecer los barrios y las estacas, guiadlos
para que participen en la obra misional. Cada joven debería estar preparado y tener
una recomendación para cumplir con una misión regular. Los misioneros reciben el
equivalente a cincuenta años de experiencia en la misión; es lo mas maravilloso que
puede recibir un joven. Y cada familia debería extender su amistad a otra y tener su
propio registro misional, bajo la dirección del padre. Padres, si en realidad deseáis
fortalecer y bendecir a vuestra familia, guiadla para que tome parte en llevar este gran
mensaje a todos aquellos que conozcáis.
Os doy mi testimonio de que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, nuestro Salvador y
Redentor, y nos habla por medio de su profeta, el presidente Spencer W. Kimball.
Pido a Dios que nos bendiga e infunda en cada corazón el espíritu misional para
salir y brindarles a los que no las tienen, las grandes bendiciones que gozamos.
Recordemos que "Las manos de Cristo son las nuestras y que El no cuenta con otra voz
mas que la nuestra para hacer su obra en la tierra". Y os testifico que esto os rendirá
los mejores dividendos. Os digo esto en el nombre de Jesucristo, el Señor. Amen.
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