Auguste Compte

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En el año 1844, Augusto Comte publicó el Discurso sobre el espíritu positivo, como introducción a un
Tratado filosófico de astronomía popular.
Se trata de un breve libro que encierra lo esencial del pensamiento comtiano. Es una obra de madurez
posterior al Sistema de filosofía positiva , que recoge sus momentos fundamentales, es uno de esos textos que
podríamos llamar fundacionales, por cuanto exponen los principios de una doctrina y un programa general
para desarrollarla.
Está doctrina se llamo positivismo, y de alguna forma viene a condensar en poco espacio toda la concepción
sobre la ciencia que había comenzado a perfilarse desde el Renacimiento.
Pero conviene distinguir dentro del positivismo, dos dimensiones diferentes. Por un lado tenemos la
dimensión negativa, que dice que el positivismo no era filosofía y por otro lado el hecho del positivismo, que
es mucho más que un hecho. Nos encontramos con que en el siglo pasado la Humanidad fue positivista, y que
nosotros ya no lo somos hemos dejado de serlo. Nosotros venimos de él, y no podemos acabar de entendernos
si no lo entendemos.
Según Comte hay una gran distancia entre el fundador y los fundados. La peregrina suerte del positivismo, al
querer convertirse en casi−religión , ha hecho que llegue sobre todo, a nosotros jerarquizado y que se
desvanezca toda la sustancia filosófica que pudo tener. Conviene volver a las fuentes vivas para entender que
ha sido la filosofía. Por ello, entre otras cosas este libro está escrito con el propósito de obtener una gran
difusión.
Comte comienza hablando de que el espíritu humano está por debajo de los problemas científicos más
sencillos, y busca casi de un modo exclusivo, el origen de todas las cosas, las causas esenciales ,sea primera,
finales, de los diversos fenómenos que le extrañan y su modo fundamental de producción; es decir, busca los
conocimientos absolutos. Y ahí tres formas principales que le pertenecen sucesivamente, ( aquí el autor nos
habla de la ley de los tres estadios) :
Tanto la sociedad como los individuos, pasan por distintos estados. La sociedad pasa por tres estadios, y la
clave para delimitar estos tres estadios es el desarrollo del pensamiento, y esté pasa a su vez por tres estados o
estadios , son los siguientes:
• Estadio teológico: Para el autor la infancia de la sociedad humana está caracterizada por el predominio del
pensamiento teológico, este estadio tiene su principal característica en que las explicaciones eran mágicas
.Era un estadio provisional y preparatorio. A su vez se divide en las siguientes fases:
♦ fase fetichista: Es la más inmediata, consiste en atribuir a todos los cuerpos exteriores una
vida esencialmente análoga a la nuestra, pero más enérgica. La adoración de astros es el grado
más alto.
♦ fase politeísta: Aquí la filosofía inicial sufre la más profunda transformación. La vida es por
fin retirada de los objetos materiales para ser transportada a lo diversos seres ficticios,
habitualmente invisibles, cuya activa intervención se convierte en la fuente directa de todos
los fenómenos exteriores. Según Comte la mayor parte de nuestra especie no ha salido
todavía de está fase.
♦ fase monoteísta: Supone la decadencia de la filosofía inicial. Su característica es la adoración
a un solo Dios. Es una fase de gran abstracción.
2.Estadio metafísico: La metafísica intenta sobre todo la íntima naturaleza de los seres, el origen y el destino
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de todas las cosas, pero en lugar de emplear para ello los agentes sobrenaturales los reemplaza, por aquellas
entidades o abstracciones personificadas, cuyo uso, en verdad característico, ha permitido a menudo
designarla con el nombre de ontología. Es entonces la pura imaginación la que domina, y todavía no es la
verdadera observación: pero el razonamiento adquiere aquí mucha extensión y se prepara confusamente al
ejercicio verdaderamente científico.
Es un período intermedio, de duda, todo se cuestiona. Lo define como una especie de enfermedad crónica
inherente por naturaleza a nuestra evolución mental.
3. Estadio positivo: La lógica especulativa había consistido hasta entonces en razonar, no ofreciendo prueba
alguna. Este estadio poco a poco estará presente en toda la humanidad. Es la última fase en la evolución del
pensamiento y la sociedad. Los hombres aceptan la realidad a través de la observación, experimentación ... . A
través de este pensamiento orden y progreso se unen. El pensamiento se limita a ser operativo, estudiar la
mecánica de los fenómenos y la relación entre ellos.
Posteriormente nos habla de la naturaleza relativa del espíritu positivo, y nos dice que la ciencia se limita a
descubrir los objetos externos sin descubrir su verdadera constitución, y que ninguna ciencia mejor que la
astronomía puede mostrar esa naturaleza necesariamente relativa de todos nuestros conocimientos reales. Y
por lo tanto el destino de las leyes positivistas consiste ante todo, en ver para prever, en estudiar lo que es, a
fin de concluir de ello lo que será, según el dogma general de la invariabilidad de las leyes naturales.
Una vez que ya nos ha hablado del destino de las leyes positivistas, nos habla del destino del espíritu positivo,
que en definitiva viene a ser la satisfacción de nuestras propias necesidades, ya que la filosofía positiva
procura en los espíritus bien preparados una aptitud muy superior a la que nunca pudo ofrecer la filosofía
teológico− metafísica .
Es importante comentar la opinión de Augusto Comte de que estamos viviendo una revolución mental, del
régimen teológico al régimen positivo.
El orden natural es lo suficientemente imperfecto para exigir sin cesar la intervención humana , mientras que
la teología no admite otro medio de modificarlo que solicitar un apoyo sobrenatural, debido a esto el autor
profundiza en la incompatibilidad de la ciencia con la teología en este discurso, dice que el verdadero espíritu
filosófico es indispensable hoy para acabar de caracterizar la naturaleza y las condiciones de la gran
renovación mental que ahora necesita de lo más escogido de la Humanidad, manifestando la incompatibilidad
última de las concepciones positivistas con todas las opiniones teológicas. En resumen la imposibilidad de
ninguna conciliación entre las dos filosofías.
El espíritu positivo procede de forma muy prudente respecto a asuntos muy fáciles y esto contrasta con la loca
temeridad del espíritu teológico frente a las cuestiones más difíciles , sin embargo donde más se aprecia la
incompatibilidad entre ambas filosofías en la disidencia metódica.
Una incompatibilidad semejante resulta directamente evidente cuando se opone la previsión racional, a la
adivinación, único medio legítimo que ofrece la teología de conocer el futuro.
En el siguiente capítulo el autor se centra principalmente en la superioridad social del espíritu positivo, y la
crisis social desarrollada, desde hace medio siglo en todo el occidente europeo y sobre todo en Francia:
Mientras que la inevitable disolución de la filosofía teológica, el sistema político estaba presidido por el
espíritu metafísico. Pero la Gran Crisis final comenzó cuando está decadencia llegó por fin al punto de hacer
irrecusable la imposibilidad de conservar el régimen antiguo y la necesidad creciente de un orden nuevo.
Como antes de la crisis , la lucha permanece entablada entre el espíritu teológico y el metafísico , que no ha
podido tender, en política más que a constituir el desorden, o un estado equivalente de desgobierno.
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Esta oscilación entre dos filosofías completamente opuestas, debía producir el desarrollo de una escuela
intermedia, que estuviera destinada a recordar el conjunto de la cuestión social.
Según el sentimiento de insuficiencia social que ofrecen el espíritu teológico y el metafísico que hasta ahora
han estado disputando el imperio, la razón pública debe ser la única dispuesta a acoger hoy el espíritu positivo
como la única base posible de una resolución verdadera de la anarquía intelectual y moral que caracteriza a la
gran crisis moderna.
Permaneciendo ajena a estas cuestiones la escuela positiva constituye el verdadero estado normal de todas las
clases más sencillas.
Una de las grandes ventajas que posee el espíritu positivo es que ofrece poderosas garantías directas, ( no sólo
científicas, sino también lógicas) que podrían juzgarse pronto como muy superiores a las pretensiones de una
teología retrógrada, cada vez más degenerada, como el propio autor define.
La nueva filosofía asigna el mejoramiento continuo no sólo de nuestra condición sino también de nuestra
naturaleza, tanto como lo permita la totalidad de las leyes reales, exteriores e interiores.
La conclusión del autor respecto a lo citado anteriormente es que la humanidad no podría permanecer
indefinidamente condenada a no poder fundar sus reglas de conducta más que en motivos quiméricos, de
modo que tuviera lugar una gran oposición entre las necesidades intelectuales y las necesidades morales.
La antipatía que ha inspirado el espíritu teológico a la razón moderna ha afectado a muchas nociones morales
y esta oposición resulta de la incompatibilidad que existe entre estas dos maneras de sistematizar la moral ,
pero no existe ninguna alternativa entre fundar la moral sobre el conocimiento positivo de la Humanidad y
fundarla entre el conocimiento sobrenatural.
El autor deja patente a lo largo del discurso la creciente necesidad de hacer independiente la moral de la
teología y la metafísica, deja bien claro que las opiniones teológicas no admiten ninguna verdadera
demostración más allá de la explicación sobrenatural o quimérica, y que es esto lo que tiende a viciar todas las
fuentes de la moralidad humana, al hacer descansar a esta sobre un continuo estado de falsedad, e incluso de
desprecio de los superiores con los inferiores, por esto principalmente es necesario trabajar en nombre de la
moral, para conseguir por fin el ascenso universal del espíritu positivo, para reemplazar un sistema caído
como es el teológico−metafísico, que cada vez encuentra menos puntos de apoyo para justificar sus acciones y
doctrinas.
Llegados a este punto es muy importante destacar el desarrollo del sentimiento social, algo en lo que Comte
veía el regulador lógico de todos los demás aspectos positivos. Opina que el espíritu positivo es directamente
social, la universalidad es muy necesaria en esta enseñanza, puesto que no hay que moralizar solamente a los
espíritus selectos sino también a la masa de la inteligencia, que habrán de participar , todas, más o menos en
este gran paso. El pensamiento dominante hasta ahora ha sido el del yo, el del estudio del individuo pero
nunca se ha abracado realmente el estudio de la especie, en una sola palabra , la universalidad.
Aquí se puede apreciar otra gran diferencia del espíritu positivo con el teológico, y es que para este último,
por su naturaleza esencialmente individual y nuca colectiva, no existe la vida social, según esta idea la
sociedad humana no puede ofrecer más que una aglomeración de individuos , cuya reunión es siempre fortuita
y pasajera, y que al estar cada uno ocupado de su propia salvación no conciben la participación con la del
prójimo sino como un medio de merecer la mejor.
El espíritu positivo por el contrario es directamente social, para él , el hombre no existe, no puede existir más
que la Humanidad, puesto que todo nuestro desarrollo se debe a la sociedad, y la búsqueda activa del bien
público se representará sin cesar como el modo más apropiado para asegurar la felicidad privada , aunque la
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única recompensa fuera la satisfacción interior.
Para superar distintas resistencias, la escuela positiva debe esforzarse en propagar en la masa activa, los
principales estudios científicos propios para constituir en ella la base de su gran elaboración filosófica.
El público lo que no quiere es hacerse astrónomo, ni químico etc..., lo que siente es la necesidad de obtener
conocimiento de todos las ciencias, aunque sen nociones básicas de estas, el público quiere saber de todo. Por
Ello es muy importante que esta nueva enseñanza desarrolle desde su origen la universalidad social, que será
una de sus principales ramas de lucha contra las diversas resistencias que ha de encontrar.
Después de haber tratado el desarrollo del sentimiento social, e inevitable tratar el destino esencialmente
popular de esta enseñanza:
La teología fue reemplazada provisionalmente (aunque sólo para los cultos) , por una cierta instrucción
metafísica y literaria, pero el problema radica en que no ha podido recibir ningún equivalente parecido para la
masa popular.
Para Comte la nueva enseñanza filosófica debe ir especialmente dirigida a los proletarios , aunque eso si, sin
excluir nunca su enseñanza a una clase cualquiera, el pueblo debe ser, la mejor dispuesta a acoger
favorablemente la nueva filosofía, que al fin debe encontrar allí su principal apoyo, esto se debe
principalmente a que las clases inferiores tienen una afortunada carencia de cultura escolástica que los hace
menos accesibles a las costumbres vagas o sofísticas. Cuando estas diferencias mentales, morales y
tendenciales , entre las distintas clases , hayan obrado de modo conveniente, habrá de ser, pues , entre los
proletarios donde mejor se realice esa propagación universal de la instrucción positiva, pues hasta ahora no ha
existido una política esencialmente popular, y sólo la nueva filosofía puede constituirla.
A continuación nos habla de la política popular, siempre social, debe hacerse sobre todo moral :
Desde el comienzo de la gran crisis moderna, el pueblo no ha intervenido más que como auxiliar en las
principales luchas políticas, con la esperanza
de obtener de ellas algunas mejoras de su situación general, pero no por un fin que le fuese propio. Todas las
disputas habituales han quedado concentradas esencialmente entre las diversas clases superiores o medias,
pues estas disputas o luchas se referían sobre todo a la posesión del poder.
Las clases sacerdotales y feudales se vuelven hoy cada día más indiferentes para la estéril propagación de esas
luchas y el pueblo no puede interesarse esencialmente más que por el uso efectivo del poder, sean
cualesquiera las manos en que resida, y no por su conquista especial.
El espíritu positivo, no puede encontrar un apoyo sólido más que en el pueblo propiamente dicho, único
dispuesto a comprenderla bien y a interesarse profundamente por ella, si bien el pueblo es ahora, y debe seguir
siéndolo en adelante, indiferente a la posesión directa del poder político, no puede nunca renunciar a su
indispensable participación continua en el poder moral.
Según Comte se puede asegurar que la escuela positiva tendrá mucha más facilidad para hacer penetrar esta
enseñanza en los espíritus populares que en cualquier otro lugar ya sea porque la metafísica negativa no ha
podido arraigarse allí tanto o sea sobre todo por el impulso constante de las necesidades sociales. En definitiva
se trata de asegurar la educación normal, y luego el trabajo regular.
La filosofía teológica no conviene ya más que a las clases superiores, cuyo poder político tiende a eternizar,
así como la filosofía metafísica se dirige sobre todo a las clases medias.
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Las necesidades esenciales de la filosofía positiva coinciden directamente con los deberes naturales de los
gobiernos.
Para concluir el discurso, nos habla de tres leyes que fundamentan la evolución y sirven de base a la nueva
filosofía general, son las siguientes:
• Ley de clasificación: Un orden tal debe cumplir dos condiciones esenciales, una dogmática que
consiste en ordenar las ciencias según se dependencia sucesiva, de manera que cada una descanse en
su precedente y prepare la siguiente, la otra condición es la histórica, que prescribe disponerlas según
la marcha de su formación efectiva, pasando siempre de las más antiguas a las más recientes.
Es decir consiste en clasificar las diferentes ciencias, según la naturaleza de los fenómenos estudiados.
• Ley Enciclopédica o Jerarquía de las ciencias: Este objeto final exige, un doble preámbulo relativo,
al hombre por una parte y por otra, al mundo exterior. En el estado actual de las inteligencias, la
aplicación lógica de esta gran fórmula es aún más importante que su uso científico, ya que el método
es, más esencial que la doctrina misma. Para facilitar el uso habitual de esta fórmula jerárquica
conviene agrupar sus términos dos a dos, de modo que se reduzca a tres parejas: una inicial,
matemático−astronómica: otra final, biológica−sociológica, separadas y reunidas por la pareja
intermedia, físico−química.
Es aquí precisamente, en esta última ley donde encontramos la base sistemática de la nueva filosofía general,
esta teoría de clasificación debe ser considerada como inseparable de la teoría de la evolución que el autor
expone al comienzo del libro, pues esta jerarquía es indispensable para explicar la ley de los tres estados.
Por último y para concluir este discurso, Comte nos habla de la aplicación de la enseñanza de la astronomía,
nos dice que esta enseñanza popular debe referirse a la pareja científica inicial,( matemático−astronómica) y
es de allí de donde todos deben primero tomar las verdaderas nociones elementales de su positividad,
adquiriendo los conocimientos que sirven de base a todas las demás especulaciones reales, pero no se trata de
ofrecer una sistematización de la instrucción popular, sino de imprimir el impulso filosófico que debe
conducir a ella.
Llegados a este punto Comte reconoce que un movimiento semejante debe depender sobre todo de los
estudios astronómicos, que por su naturaleza, ofrecen necesariamente la plena manifestación del verdadero
espíritu matemático , de quien constituyen en el fondo el principal destino.
Esta predisposición de la ciencia astronómica en ser la primera propagación de la iniciación positiva ( y que el
autor caracteriza de necesaria) , está del todo conforme con la influencia histórica de dicho estudio, principal
motor hasta ahora de las revoluciones intelectuales.
Comte nos habla de un ejemplo que ilustra la influencia de dicha enseñanza, nos dice lo siguiente: su primer
bosquejo matemático, en las escuelas de Tales y Pitágoras, constituyó luego la principal fuente mental de la
decadencia del politeísmo y del ascendiente del monoteísmo. Por último, el despliegue de la positividad
moderna, que tiende a un nuevo régimen filosófico, ha resultado esencialmente de la gran renovación
astronómica comenzada por Copérnico , Kepler y Galileo
Comte concluye este discurso diciendo: no hay que extrañarse mucho de que la universal iniciación positiva,
sobre la que debe apoyarse la filosofía definitiva, se halle también dependiente, de un estudio semejante,
según la conformidad necesaria de la educación individual con la evolución colectiva
RESEÑA BIOGRÁFICA
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Auguste Comte nació en Montpellier, Francia, el 19 de enero de 1798, en el seno de una familia de clase
media. A pesar de que fue un estudiante precoz , no llegó a obtener un título universitario, Comte y su clase
fueron expulsados de la Escuela Politécnica por su rebeldía y sus ideas políticas. Esta expulsión influyo
negativamente en la carrera académica de Comte. En 1817 se convirtió en secretario de Claude Henri
Saint−Simon , ambos trabajaron juntos durante varios años y Comre reconocería en numerosas ocasiones la
importancia de Saint_−Simon en su vida pues fue el quien le oriento en una dirección filosófica, pero en 1842
hubo una discusión entre ambos y se puso fin a dicha relación.
En 1862 Comte planificó un curso integrado por setenta y dos lecciones públicas sobre su vida, pero tuvo que
ser interrumpido después de la tercera lección debido a una crisis nerviosa. Comte siguió padeciendo
problemas mentales y en 1827 intentó suicidarse arrojándose al río Sena.
Posteriormente, trabajo en los seis volúmenes de lo que sería su obra más conocida, Cours de Philosophie
Positive, publicado en 1842. En ella exponía una perspectiva según la cual la sociología constituía la ciencia
última.
Sobre 1838se produjo una ruptura importante en la vida de Comte , cuando se embarcó en una vida de higiene
cerebral, es decir, evitaba la lectura de las obras de los demás, y como consecuencia de ello llegó a estar
completamente al margen de las principales corrientes intelectuales de su tiempo. Fue después de 1838
cuando comenzó a desarrollar sus extravagantes ideas para reformar la sociedad expresadas en su Systéme de
Politique Positive . También soñaba con llegar a ser sumo sacerdote de una nueva religión de la humanidad;
creía en un mundo que finalmente sería gobernado por sociólogos−sacerdotes.
A pesar de sus excéntricas ideas atrajo a numerosos seguidores tanto en Francia como en otros países.
Auguste Comte murió el 5 de septiembre de 1857.
VALORACIÓN CRÍTICA
Comte ha influenciado a algunos autores y ha dejado una serie de contribuciones positivas: como que fue el
primer pensador que utilizó el término sociología, que enunció los tres principales métodos sociológicos( la
experimentación, observación, y la comparación), que diferenció la estática social de la dinámica social y
expresó claramente su idea de que si se la dejaba a su arbitrio , la naturaleza humana se vería dominada por el
egoísmo...
Pero aparte de esto, cuando he terminado de leer este libro o discurso mejor dicho, me han venido una serie de
ideas a la cabeza que han tomado fuerza al leer su biografía( esta claro que padeció problemas
mentales).Como ejemplo de sus extravagancias Comte soñaba con convertirse en sumo sacerdote de la nueva
religión de la humanidad.
Por una parte en este discurso encuentro cosas muy ciertas y muy elaboradas, como cuando dice que la
teología no fundamenta opiniones y que la moral no puede ser quimérica.
Me parece muy acertado cuando nos comenta que la teología fue remplazada poco a poco por la metafísica y
la literatura, pero esto sólo fue para los cultos, la masa popular no ha recibido ningún equivalente, y es por eso
por lo que Comte defiende el positivismo como enseñanza universal, aunque debe encontrar su principal
apoyo en la clase trabajadora y popular puesto que esta nunca ha intervenido en las luchas más que como
auxiliares, sin un fin que les fuese propio. Es precisamente este sentimiento de ausencia de poder y
participación, y predominio de las clases superiores, lo que hace que Comte encuentre en el positivismo la
salvación (por llamarlo de algún modo) de la Humanidad, y según el autor sólo cuando esta enseñanza este en
el interior de todos los hombres, se emprenderá el camino hacia una nueva sociedad mucho mejor.
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Pero aparte de esto anterior que sería algo así como una síntesis, encuentro una cierta obsesión especialmente
en cuanto al tema de la teología, lo que da como resultado para el lector( o al menos para mi) una lectura
aburrida y difícil , con una repetición constante de ideas.
En resumen me ha parecido una obra interesante en su inicio, pero que a medida que avanza no hace más que
repetir las mismas ideas del principio, y también pienso que trata el tema del positivismo con demasiado
dogmatismo, como si fuera la clave para la salvación, algo que me hace irremediablemente compararlo con
una especie de mesías o salvador.
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