Tema 7, Borjas, La reconvención

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§ 4.°
DE LA RECONVENCION
A R T IC U LO 2 6 6
291.
Art. 266.—Podrá el demandado hacer reconvención o mu­
tu a petición, expresando con toda claridad y precisión el objeto y
sos fundamentos; si versare sobre cosa distinta de la del juicio prin­
cipal, determinándolo como se expresa en el artículo 237.
RECONVENCION. DEFINICION Y GENERALIDADES
I.—Ya se ha visto que, al tenor de lo dispuesto en el artículo 247,
só lo en el acto de la litis-contestación puede promover el demandado
la reconvención o mutua petición, haciéndolo a raíz de la contestación
a l fondo de la demanda, porque se trata, no de una excepción de fon­
d o , no de una defensa, sino de una acción, de una nueva demanda
c o n que el reo, haciéndose actor, ataca a su vez al demandado. En
efecto, la reconvención, según la definición de Voet, es la petición por
medio de la cual el reo reclama, a su vez, alguna cosa al actor, fun­
dándose en la misma o en distinta causa que él: est petitio qua reus
vicissim quid ab adore petit ex eadem vel diversa causa.
Cuando alguien es llamado a juicio, es natural y justo que, junto
con el derecho de defensa, se le reconozca además, caso de tener con­
tra su adversario alguna acción que hacer valer, el de ventilarla en la
misma lid a que éste le ha traído, evitándose así que se multipliquen
lo s pleitos, y facilitándose a los litigantes la manera de dejar solucio­
nadas simultáneamente sus mutuas reclamaciones judiciales. La insti­
tución de la reconvención satisface a esa imposición de justicia; y se
l a denomina por su objeto mutua petición, o contrademanda, que es la
traducción de la voz latina reconventio.
La reconvención ha existido en el Derecho procesal patrio desde la
promulgación del Código de Aranda (art. 8.® de la Ley III, Título I),
e n el que fue acogido como herencia del Derecho español. El Rey Sabio
la sancionó en la Ley 20 del Título IV de la 3.“ Partida, en estos
términos: «Et aún decimos que después quel demandado haya res-
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puesto a la demanda de su contendor antel Juez delegado, si él quisie­
re facer otra demanda al demandador delante dese mismo Juez, que
la pueda facer como en manera de reconvención.» Así mismo se orde­
naba en la Ley 32, Título II de la misma Partida, que aunque el de­
mandado hubiese sido llamado ante Juez que no tuviese poder para
juzgarlo, debía contestar la demanda ante él, si quería «mover algún
pleyto contra aquel quel face la demanda; ca luego que haya fecho
la respuesta a ella, tenudo es el otro de responderle a la suya».
En el Derecho francés anterior a la Revolución, la reconvención
no era admitida, conforme a la máxima reconvention n’a lieu en cour
laie, si elle ne dépend de l’action, pero sí lo era en los Tribunales
eclesiásticos, porque, al decir de Merlin, en los laicos «la justicia era
considerada como patrimonial, y en aquéllos no tenía el mismo carác­
ter»; y que como «la patrimonialidad de las justicias seculares fue abo­
lida por las leyes del 4 de agosto de 1789, nada se opuso ya, desde esa
época, a que la reconvención fuese admitida en todos los Tribunales»1.
El eminente jurista francés establece una diferencia de forma entre
la demanda reconvencional que no se emplea sino como defensa con­
tra la principal, y sólo se propone hacer efectuar una compensación,
y las que no tienen relación alguna con la demanda principal. A su
juicio, estas últimas deben ser precedidas, como toda demanda en ge­
neral que lo requiera, del previo ensayo legal de conciliación, al paso
que la primera no exige ningún procedimiento preliminar.
NATURALEZA DE LA RECONVENCION. PRODUCE LOS MISMOS EFEC­
TOS «CONSERVATIVOS» QUE LA DEMANDA. NO ES UNA EXCEPCION,
Y NO DEBE CONFUNDIRSE CON LA COMPENSACION
II.—La ley nacional no establece ni permite establecer doctrinaria­
mente entre la demanda y la contrademanda ninguna distinción se­
mejante a la que advierte Merlin en el Derecho procesal francés, por­
que la reconvención, según la legislación patria, no puede tener nunca
efectos de excepción, efectos meramente defensivos, por más que sea
conexa con la demanda por depender del mismo título que ella, o que
únicamente tenga relación con las excepciones opuestas y nazca de
esa relación su conexidad con el negocio principal. La excepción no
es sino la respuesta que se da a las pretensiones del actor, la impug­
nación de la demanda, y no forma junto con ésta sino una sola causa:
la reconvención, independiente de la defensa, o reforzándola por me­
dio de un ataque que sirva para hacerla más eficaz, es una demanda
nueva, el ejercicio de una nueva acción, y constituye una segunda causa,
1 M er l in ,
op. cit., voc. Reconvention, § III.
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que aunque deducida en el mismo juicio que la primera, tiene vida y
autonomía propias, y pudo haber sido intentada en juicio separado.
La contrademanda produce, por consiguiente, respecto del reconviniente y del reconvenido, los mismos efectos que la demanda respec­
to del actor y del reo, a excepción únicamente de algunos de los efec­
tos procesales de la demanda. Estos efectos, de que ya antes nos
hemos ocupado3, son el de iniciar el juicio y el de determinar la com­
petencia; por lo cual, como la reconvención se propone en un juicio
ya comenzado, y generalmente debe conocer de ella el mismo Tribunal
ante el cual se propuso la demanda, es claro que no puede producir
esos efectos, que son peculiares de la demanda inicial. Puede, sin em­
bargo, producir en algunas ocasiones el efecto de determinar la com­
petencia, porque, según lo hemos expuesto al comentar el artículo 85,
cuando, para conocer de la contrademanda, necesita el Juez decidir
sobre una cosa que por su valor corresponda al conocimiento de un
Tribunal Superior, será éste el competente para conocer de todo el
asunto, aunque el Tribunal ante quien se la haya propuesto lo fuese
para conocer de la demanda sola.
Cuando a los efectos conservativos o extensivos de la demanda3,
esto es, los de interrumpir civilmente la prescripción, los de permitir
el ejercicio de derechos personalísimos del actor a sus descendientes y
herederos, los de constituir en mora al deudor, hacer correr los inte­
reses moratorios y hacer al reo que posee de buena fe responsable de
los frutos que percibiere, son efectos que siempre los producen por
igual la demanda y la mutua petición.
La compensación no tiene por qué confundirse con la reconven­
ción, siendo como es únicamente una excepción de fondo. Pudiera tal
vez la disposición del artículo 85, a que acabamos de referirnos, suscitar
dudas sobre ello, porque en el expresado texto legal se enuncian mancomunadamente la compensación y la contrademanda como igualmente
capaces de hacer cesar la competencia del Juez de la demanda y deter­
minar la del Superior respectivo; pero debe advertirse que en esa dis­
posición se deja ver la diferencia esencial que existe entre una y otra
institución, cuando emplea respecto de cada una de ellas las expresi»nes adecuadas para que se distinga su diversa naturaleza, como que en
dicho artículo se habla de oponer compensación o de intentar contra­
demanda, y en el tecnicismo del Foro son las excepciones las que se
oponen, y las acciones las que se intentan.
Caravantes, Manresa y Feo exponen pormenorizadamente las di­
ferencias que existen entre la reconvención y la compensación4, todas
7 Véase retro el núm. 257, § I.
* Véase retro el § II del núm. 257.
4 C a r a v a n t es , op. cit., t. II, núm. 724 del Libro Segundo, pág. 152 de la ed. de
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las cuales son consecuencia de la primera que citan, única fundamen­
tal, que ya dejamos expuesta; esto es, la que existe entre una acción
intentada y una excepción opuesta. De ahí que el demandado que opon­
ga la compensación no podrá pedir que se declare sino la compensación
legal, la que se efectúa de derecho hasta concurrencia de los dos
créditos que sean igualmente líquidos y exigibles, sin pretender que se
condene a su adversario a pagarle el excedente de su crédito, caso de
haberlo; en tanto que el reconviniente puede pedir y obtener la com­
pensación judicial, la que efectúa el Juez después de liquidar y declarar
exigible el crédito del demandado; puede alcanzar que se condene al
actor al pago de la parte de crédito que sobre después de efectuada la
compensación; no tiene necesidad de reconocer el crédito o el derecho
del demandante para poder proponer su contrademanda; y aun cuan­
do tenga derecho a ser absuelto si el actor no prueba su acción, podrá
él ser condenado a su vez, si no prueba la suya.
SU FORMA Y SU OPORTUNIDAD. HA DE EXPRESAR CON CLARIDAD
Y PRECISION SU OBJETO Y SUS FUNDAMENTOS. PERSONAS ENTRE
QUIENES PROCEDE. MATERIA SOBRE QUE HA DE VERSAR
III.—La reconvención, aunque es una demanda, no se propone por
medio de libelo, porque su promoción se hace por el demandado en el
acto de la contestación, después de haberla dado, de modo que puede
ser verbal o escrita, como dicha contestación, y no necesita expresar,
por ser ya conocidos en el juicio, el nombre, apellido y domicilio de las
partes; ni sus respectivos caracteres; debe, sí, contener todas las demás
enunciaciones que son exigidas en el artículo 237, esto es, el objeto de
la nueva acción, debidamente determinado como se expresa en dicho
artículo, siempre que no sea el mismo sobre que verse el juicio prin­
cipal, las razones e instrumentos en que se apoye el reconviniente y
la especificación de los daños y perjuicios y de sus causas, si ellos
fueren materia de la mutua petición. Por último, cuanto se ha dicho
respecto de los documentos fundamentales de la acción, es aplicable
a los que lo sean de la contrademanda.
De lo expuesto se deduce que el reconvenido, esté o no presente
en el acto, como debe estar a derecho, no tiene por qué ser citado, ni
notificado de la reconvención; y que en ningún caso habrá necesidad
de citar a otra persona alguna que no esté en el juicio, pues en la
contrademanda las partes deben ser idénticamente las mismas de la
demanda principial, conservando sus mismos caracteres, sin otra difeMadrid de 1856. M a n r e s a y
op. cit., t . II, p á g . 4 9 .
F eo ,
N avarro ,
op. cit., t. III,
p á g . 119
de la
3.*
ed. (1910).
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(enría entre ellas que la de pasar en la nueva demanda a ser actor el
que figuraba como demandado en la otra, y a reo el actor de aquélla.
No sería permitido, por consiguiente, al contrademandante proponer
ana acción dirigida a la vez contra su contenedor y una o varias otras
personas, ni menos asociar en ella, como litis-consortes suyos, a otro
« otros demandantes. El derecho a reconvenir es privativo del deman­
dado contra el actor, y no puede extenderse ni en favor ni en contra
■de quienes sean terceros en el juicio.
Pero si se requiere que haya identidad de personas en las deman­
das principal y reconvencional, no es necesario que las haya también
de algún otro de los tres elementos que las constituyen, de manera que
bien pueden ser diferentes por el título o causa de pedir y por el objeto,
como si, v. gr., la empresa ferroviaria que demandase a alguien por
pago de fletes, fuese contrademandada por éste en reclamación de los
daños y perjuicios sufridos por él como pasajero, en un descarrilamien­
to u otro accidente de que fuese culpable dicha empresa.
ARTICULO 267
292.
Art. 267.—El Juez, a solicitud de parte, y aun de oficio,
declarará Inadmisible la reconvención si ésta versare sobre asuntos
o puntos para cuyo conocimiento carezca de jurisdicción por razón
de la materia, o sobre materia cuyo procedimiento sea incompatible
con el juicio ordinario.
INADMISIBILIDAD DE LA RECONVENCION. INCOMPETENCIA DEL TRI­
BUNAL PARA CONOCER DE ELLA «RATIONE MATERIAE». INCOMPA­
TIBILIDAD DEL PROCEDIMIENTO DE LA CONTRADEMANDA CON EL
JUICIO ORDINARIO
I.—No toda contrademanda en que se llenen las ritualidades de for­
ma a que hemos hecho referencia en el número precedente debe ser
necesariamente admitida. La preinserta disposición declara inadmisi­
bles: 1°, la que versare sobre puntos o asuntos que, por razón de la
materia, no pueden ser sometidos al conocimiento del Tribunal de la
demanda, y 2.°, la que versare sobre materia cuyo procedimiento sea
incompatible con el del juicio ordinario.
La incompetencia ratione materiae es de orden público, y sería
nido el procedimiento en que interviniese un funcionario judicial que
por tal causa careciera de jurisdicción para conocer de él. Así, por
ejemplo, ante un Juez exclusivamente mercantil no podría proponerse
una reconvención meramente civil, ni en un juicio promovido por la
Nación ante un Tribunal ordinario, contra un ciudadano, podría éste
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reconvenirla intentando una reclamación contra ella, o por cumplimien­
to de un contrato celebrado por el Presidente de la República, porque
de estas acciones sólo puede conocer la Corte Federal y de Casación.
La incompatibilidad de procedimientos, que como antes se ha di­
cho5, hace imposible la acumulación de autos en un mismo juicio y
la de acciones en una misma demanda, hace igualmente imposible la
acumulación especial de las acciones principal y reconvencional. No se
pueden aplicar a un mismo tiempo, en un mismo juicio, dos procedi­
mientos diferentes. No se podría, por ejemplo, proponer como recon­
vención en un juicio reivindicatorío una acción interdictal, ni en uno
ordinario por cobro de bolívares, una contrademanda por rendición de
cuentas.
Pudiera aparecer incongruente el legislador al establecer entre la
demanda y la reconvención, que, como hemos dicho, son acciones dis­
tintas e independientes, la diferencia capital de no poder la primera, y
sí la segunda, ser declarada inadmisible de oficio, de modo que no
puede dársele curso a dicha demanda si previamente no ha sido de­
clarada su admisibilidad, haya o no sido objetada por la contraparte.
Pero es evidente la razón de la diferencia, que no ha sido establecida
en realidad entre una y otra acción, sino entre la manera de ser inten­
tada la una y promovida la otra. Cuando se declara de oficio inadmi­
sible la contrademanda, no se rechaza la acción considerada en sí mis­
ma, que bien puede ser propuesta en demanda por separado sin obje­
ción oficiosa del Tribunal, sino que se niega la acumulación de la
segunda acción a la primera. En otros términos, lo que se declara
inadmisible, aun de oficio, no es la acción ejercida en la reconvención,
sino la acumulación que resulta de la promoción de dicha acción en
forma reconvencional.
En otras legislaciones, como la española, es causal de inadmisibilidad de la contrademanda, la incompetencia del Tribunal ante quien se
propuso la demanda, para conocer de aquélla por razón de la cuan­
tía. Nuestra ley procesal no se opone a la admisión de la reconvención
en tales casos, pero al permitir ésta que podríamos denominar acumu­
lación reconvencional, somete todo el asunto al conocimiento del Juez»
que por la cuantía debiera haber conocido de la reconvención, si hu­
biera sido intentada en demanda por separados.
5 Véase en el t. II el § III del núm. 245, y en este volumen el § III del
número 260.
6 Argumento del artículo 85 del Código de Procedimiento Civil.
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ES ADMISIBLE AUN CXJANDO POR SU CUANTIA CORRESPONDA AL
CONOCIMIENTO DE UN TRIBUNAL INFERIOR AL JUEZ DE LA DE­
MANDA. ¿«QUID JURIS» SI EL TRIBUNAL DE LA DEMANDA EJERCE
UNA JURISDICCION PRORROGADA?
II.—¿Será admisible, en cambio, la mutua petición que por su
cuantía debiera haber sido propuesta ante un Juez de inferior categoría
a la del Tribunal de la demanda? Si ésta, por ejemplo, fue intentada
ante un Juez de Primera instancia por cobro de más de cuatro mil bolíva­
res, ¿podría ser reconvenido el actor por una deuda que no llegue a dicha
suma, cuyo cobro, en acción principal, sólo hubiera podido demandarse
ante un Juez de Distrito o de Municipio? Parécenos que sí, atendiendo
a que el objeto de la reconvención es el de evitar la multiplicidad de
los procesos entre las mismas partes y de dar facilidades al reo para
su defensa, ventilando las acciones que le competan contra su conten­
dor en el mismo juicio promovido por él; y considerando, además, ra­
zones de analogía, pues la acumulación de autos y la de acciones no
están prohibidas en casos análogos al de la hipótesis que consideramos,
circunstancia ésta que da valor jurídico, en este caso especial, a la
máxima de que el Juez que conoce de lo más, puede conocer de lo
menos.
Si el Tribunal de la demanda conoce en virtud de haberle sido
prorrogada la jurisdicción, como cuando las partes han elegido domi­
cilio para el ejercicio de las acciones judiciales originadas de determi­
nado negocio, o cuando sin haberlo elegido previamente, lo hacen en
el momento de promover la demanda, ocurre preguntar, ¿se entenderá
prorrogada su jurisdicción para conocer de la contrademanda que se
pretende proponer, o deberán las partes, para que pueda conocer de
ella, prorrogarle también al efecto la competencia? Parécenos induda­
ble que la prórroga para conocer de la demanda lo inviste de la compe­
tencia necesaria para conocer de la reconvención. El Juez de la deman­
da, cualquiera que sea el título de su competencia para decidir sobre la
demanda, es siempre el funcionario judicial ante quien debe intentar­
se la contrademanda, y deberá conocer de ella con tal que por la cuan­
tía no sea necesario que se la pase, junto con la demanda, a un Tribu­
nal Superior.
¿PROCEDE LA RECONVENCION EN TODA CLASE DE JUICIOS O SOLO
EN EL ORDINARIO?
III.—¿Podrá ser propuesta la reconvención en un juicio especial?
En principio, la negativa se impone, puesto que la disposición del ar­
tículo 267 se refiere al procedimiento ordinario, es decir, al derecho
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de reconvenir después de contestada de fondo la demanda propuesta
en un juicio ordinario; pero como en algunos juicios especiales, des­
pués de cumplidas determinadas formalidades que constituyen la espe­
cialidad del procedimiento, se continúa la sustanciación como si se tra­
tase de un juicio ordinario, parécenos que la disposición que permite
al demandado promover reconvención en esta clase de juicios es apli­
cable cada vez que de las circunstancias del caso no aparezca evidente­
mente lo contrario. Así, por ejemplo, en el procedimiento por la vía
ejecutiva, fuera de las diligencias de embargo de bienes y demás actua­
ciones consiguientes a dicho procedimiento especial, toda la sustan­
ciación, todo lo relativo a la citación del demandado, a la contestación
de la demanda, a las excepciones, a las pruebas, relación, informes,
sentencias, etc., se efectuará de manera pautada en el procedimiento
ordinario, y no hay razón alguna que niegue en tales juicios al de­
mandado el derecho de oponer reconvención, desde luego que ésta
no obsta absolutamente al cumplimiento de las disposiciones que son
peculiares de la acción ejecutiva. En los juicios breves, como no di­
fieren de los ordinarios sino en la brevedad de los lapsos y en algu­
nas ritualidades de mera forma, pues son casi un compendio de éstos,
la contrademanda es siempre procedente. En cambio, en los interdic­
tos posesorios, en que no hay contestación de demanda, no puede ha­
ber tampoco reconvención. No sucede lo mismo en los interdictos pro­
hibitivos, cuando debe procederse en ellos al juicio plenario por haber
sentencia firme que declare la suspensión de la obra nueva o la ejecu­
ción de las medidas dictadas para precaver el daño o peligro temidos,
porque en tal estado de la causa se han de observar todos los trámites
del juicio ordinario a partir del acto de la contestación de la demanda,
y ha lugar, por tanto, a intentar contrademanda. Supóngase, por ejem­
plo, que A, propietario del fundo F, delimitado por un arroyo de
curso natural, que no es del dominio público, alegase tener derecho
exclusivo en las aguas de éste, y proponga un interdicto de obra nue­
va contra B, a objeto de que se le mande suspender la apertura del
rasgo empezado a cavar por él para tomar el agua de la misma ver­
tiente a su paso frente a su fundo; y que la sentencia firme recaída en
la articulación sumaria haya ordenado suspender la obra nueva. Em­
plazadas las partes para comparecer ante el Juez competente, en el
término ordinario para la contestación y conciliación, B podrá recon­
venir al querellante para reivindicar el fundo F de que se dice propie­
tario, o en ejercicio de cualquiera otra acción admisible que le compe­
ta. Al Juez corresponde, en cada caso, apreciar prudencialmente si el
procedimiento ordinario que debe seguirse dentro del especial permite,
sin colidir con la especialidad de éste, admitir o no la reconvención del
demandado.
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155
ARTICULO 268
293.
Art. 268.—Admitida la reconvención, se concederá al de­
mandante el término de diez días para contestarla, suspendiéndose
entre tanto el procedimiento respecto de la demanda.
Si no se hiciere reconvención o la rechazare el Juez, el deman­
dado podrá intentar separadamente las acciones que le competan
contra el demandante.
TERMINO QUE SE CONCEDE AL ACTOR PARA PREPARAR Y DAR SU
CONTESTACION A LA RECONVENCION. NO SE CONCEDE EL DE DIS­
TANCIA. ANTICUO SISTEMA SOBRE EL PARTICULAR
I.—Puesto que la reconvención es una nueva demanda, es natu­
ral que se conceda al actor reconvenido un lapso de diez días, igual
•al que se acuerda al demandado, para preparar y dar su contestación.
No habrá término de distancia, aun cuando el domicilio del demandan­
te no sea el lugar donde tenga su asiento el Tribunal, porque, presente
•como debe hallarse en el juicio dicha parte, y a derecho en él, a tal
punto que, aunque no haya concurrido al acto de la reconvención, se le
tendrá por impuesto de ella y emplazado para comparecer y contestarla,
sería retardar injustificadamente el curso del proceso concederle al ac­
tor contrademandado un término que no necesita.
El artículo 193 de los Códigos de Procedimiento Civil de 1873
y 1881 contenía en su primer aparte la siguiente disposición: «El apo­
derado del demandante debe contestar dentro del término legal la re­
convención; pero si ésta no estuviese relacionada con la demanda, y
su representado no se encontrare en el lugar del juicio, tiene derecho
a que se le acuerde el término de la distancia de ida y vuelta para
•obtener las correspondientes instrucciones. Si el actor estuviese fuera
de la República, el Tribunal acordará a su representante el término
•que, según las circunstancias, estimare suficiente para preparar la de­
fensa de la reconvención». Esta disposición, del todo contraria a la
“doctrina que dejamos expuesta, fue suprimida al hacerse la revisión
de la ley procesal en 1897, y la abolición del sistema por ella esta­
blecido nos parece muy acertada y fundada en razones rigurosamente
jurídicas. El Código de 1873, en efecto, disponía, lo mismo que el vi­
gente, que las partes deben estar a derecho después de practicada la
citación para la lids-contestación, y que no hay necesidad de hacerla
para ningún otro acto del juicio; y de igual modo en dicho Código,
lo mismo también que en el vigente, se establecía que al defensor de
los demandados no presentes en la República no se le concede término
ultramarino, ni ningún otro que exceda del ordinario de diez días,
156
A r m in io B o r ja s
para buscar al reo y preparar, de acuerdo con sus instrucciones, 1»
contestación; y no hay, por consiguiente, razón alguna para que sesuponga que el actor no está a derecho en el acto de la reconvención,
y para que se le tenga en mejor condición que al reo no presente en
la República, acordándose en su favor términos que no se le conceden
al defensor de éste. No opina Feo de la misma manera; y cree que,
no obstante haber sido suprimidos los preceptos del antiguo artículo 193
ya referido, el legislador no ha pretendido abolirlos, puesto que «sería
un absurdo suponerle (al apoderado) instruido sobre un asunto ajeno
al encargo que se le dio y él aceptó» 7. A nuestro parecer, una argumen­
tación semejante autorizaría al apoderado judicial para pedir término
de distancia; a fin de ponerse al habla con su mandante y pedirle ins­
trucciones, en toda ocasión en que surgiere alguna incidencia no pre­
vista por él, como una tercería, una oposición a embargo, una excep­
ción fundada en documentos o hechos que él no conociese, y es eviden­
te que el mandatario judicial no tiene derecho a retardar el curso del
negocio, obteniendo tales términos de distancia, casi siempre expresa­
mente prohibidos. Sea o no extraña la reconvención al asunto de la
demanda, el demandado no tendrá sino diez días para contestarla, y
sólo por ese tiempo durará la suspensión del procedimiento respecto
de la demanda. La ley no distingue, y al intérprete no corresponde
hacerlo, máxime cuando, como en la presente hipótesis, el legislador
ha manifestado, con la supresión de la distinción antiguamente estable­
cida, su voluntad de abolir todo distingo.
CONTESTACION DE LA CONTRADEMANDA. ¿PROCEDE EN DICHO
ACTO LA OPOSICION DE EXCEPCIONES DILATORIAS Y DE INADFU­
SIBILIDAD? ¿PUEDE RECONVENIRSE AL RECONVINIENTE?
II.—Llegado el décimo día hábil señalado para la contestación de
la reconvención, y a la hora que el Tribunal haya fijado al efecto,
el actor reconvenido procederá a darla de fondo, alegando todas las
excepciones que tenga por conveniente, pero sin que las dilatorias o
de inadmisibilidad puedan ser opuestas para que sean decididas en
artículo de previo pronunciamiento. Es evidente que entre las defensas
alegables tiene derecho a incluir dichas excepciones, porque la ley no
lo prohíbe expresamente, ni es posible, por interpretación restrictiva,,
menoscabar el derecho de defensa; pero también lo es que, no habien­
do expresa disposición que autorice promover la incidencia sobre la
excepción dilatoria y la de inadmisibilidad en ocasión que no sea la
del acto de la contestación de la demanda, sería interpretar errónea e
7 F eo ,
op. cit., t. II, pág. 47.
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Ilógicamente el texto del artículo 247, si no obstante expresar que sólo
en el acto de la litis-contestación pueden ser promovidas tales alega­
ciones, se quisiera entender que, para el caso, son idénticamente una
misma cosa el acto referido y el de la contestación de la reconvención.
Por otra parte, ya hemos visto que la ley reconoce efecto de ex­
cepciones de inadmisibilidad a dos clases de alegaciones que no son
sino dilatorias cuando se oponen a la demanda, pero que sirven para
negar la entrada a la reconvención cuando son opuestas contra ella.
Esas alegaciones pueden ser hechas por el actor, y deben ser resueltas
sin pruebas, relación ni informes, como puntos de mero derecho o su­
plidas de oficio por el Tribunal, si así lo creyere de justicia. Nos refe­
rimos a los dos casos de inadmisibilidad de la reconvención que esta­
blece el artículo 267, cuando por la materia no corresponde ésta al
conocimiento del Juez de la demanda, o cuando su procedimiento sea
incompatible con el juicio ordinario. Y puesto que el legislador sólo
considera como previas contra la reconvención estas dos alegaciones,
•es indudable que no está en su mente permitir que esas mismas excep­
ciones puedan oponerse en otra forma, como dilatorias que son, y den
lugar a incidencias o articulaciones que él no ha establecido.
¿Y no podrá tampoco el demandante reconvenido, después de dar
su contestación, reconvenir a su vez al demandado? No, sin duda. Ese
•derecho de reconvenir sólo aparece concedido, según lo dispuesto en
el artículo 266, al demandado después de contestar de fondo la deman­
da, no al actor al contestar la reconvención. De no ser así podrían
hacerse interminables los procesos por medio de sucesivas contrade­
mandas, sin que ello fuese siquiera justificable por la necesidad de
■ampliarle al actor sus medios de defensa, ya que él pudo y debió pro­
poner de una vez, al intentar su demanda, todas las acciones acumulables que tuviese contra el reo, sin haber de esperar para hacerlo a que
■éste lo hubiese reconvenido.
EFECTOS DE LA NO ADMISION DE LA RECONVENCION. RECURSO
CONTRA EL AUTO QUE LA DECLARA
III.—El efecto de la no admisión o del rechazo por el Tribunal de
la contrademanda se limita a negar su acumulación al juicio principal,
y el demandado, por consiguiente, podrá proponerla como demanda en
juicio separado, de la misma manera que habría podido hacerlo si
nunca hubiese intentado la reconvención.
El auto que declare la inadmisibilidad de ésta es apelable en am­
bos efectos, pues causa al demandado gravamen irreparable por la
definitiva, gravamen que puede ser tanto mayor, cuanto que en ocasio­
nes la defensa del reo estriba en la prueba de la contrademanda. Cree­
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A r m in io B o r ja s
mos, en cambio, que en la hipótesis de ser ésta admitida, no se para al
reo ningún perjuicio que no sea subsanable en la sentencia definitiva o
en el curso del proceso, y que, por tanto, el auto respectivo no es
apelable.
ARTICULOS 269 Y 270
294.
Art. 269.—Contestada la reconvención, el Juez procurará
la conciliación de las partes, tanto sobre la demanda como sobre
la reconvención; y si no se lograre, podrá llamarlas a la conciliación
en otra oportunidad que juzgue conveniente, sin que esto obste para
seguir un solo procedimiento hasta la sentencia definitiva, la cual
deberá comprender la demanda y la reconvención.
Art. 270.—Si no se hubiere propuesto reconvención, contradicha
que sea la demanda total o parcialmente, el Juez procurará la conci­
liación de las partes; y si no se lograre, se h ará constar lo ocurrido
y el juicio seguirá su curso. La falta de excitación a la conciliación
no será motivo de reposición ni de nulidad en ningún caso.
LA DEMANDA Y LA RECONVENCION DEBEN SEGUIRSE EN UN SOLO
PROCEDIMIENTO HASTA LA SENTENCIA DEFINITIVA QUE LAS COM­
PRENDA A AMBAS
I.—Después de haber sido dada la contestación a la contrademan­
da, el procedimiento continuará como si se tratase de dos o más accio­
nes acumuladas en un mismo libelo, o de la acumulación de dos o más
causas que se hallasen en idéntico estado, en el inmediatamente poste­
rior al acto de la contestación de fondo. Los estados subsiguientes, los
lapsos y cuantos actos correspondan a la tramitación del proceso, serán
comunes a la demanda y a la reconvención, las cuales han de seguir un
solo procedimiento, hasta la sentencia definitiva que deba comprenderlas
a ambas.
Contestada que sea la reconvención propuesta, o contradicha la de­
manda en todo o en parte, sin que el demandado haya de reconvenir,
el Tribunal debe procurar la conciliación de las partes. Ya dijimos al
comentar el Título X del Libro Primero que el Juez, conforme a lo dis­
puesto en el artículo 198, tiene la facultad de excitar a las partes a la
conciliación en cualquier estado del juicio en primera instancia, antes
de la sentencia; y debe observarse ahora que la disposición del artícu­
lo 270 impone a dichos funcionarios el deber de hacerlo antes de cerrar
el acto de la contestación al fondo de la demanda. No se excluyen, no
se contradicen ambas disposiciones, sino que se complementan, por­
que el legislador patrio ha adoptado el sistema de la conciliación judi­
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