7. Acompañamiento terapéutico, interdisciplina y neoinsercion

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FACULTAD DE PSICOLOGÍA
CARRERA DE PSICOLOGÍA
P.P. FUNDAMENTOS CLÍNICOS DEL ACOMPAÑAMIENTO TERAPÉUTICO
(COD. 800)
COORD. ADJ: Gabriel O. Pulice
Del Acompañamiento Terapéutico, la interdisciplina y la
neoinsersión Lic. Cecilia Olivera y Lic. Paula Oppedisano. Trabajo presentado en la II
Jornada regional de AT en Chacabuco-Pcia. de Buenos Aires. 5 de Abril de 2014
“La interdisciplina nace, para ser exactos, de la incontrolable indisciplina de los problemas
que se nos presentan actualmente. De la dificultad de encasillarlos. Los problemas no se
presentan como objetos, sino como demandas complejas y difusas que dan lugar a prácticas
sociales inervadas de contradicciones e imbricadas con cuerpos conceptuales diversos”
(Stolkiner, A. 1987, Pág. 313)
El AT es un auxiliar de la salud mental y su función es situacional, flexible y plástica. Por lo tanto, el
encuadre se verá afectado al necesitar ser repensado constantemente y de acuerdo a la singularidad de
cada caso. Así, los recursos creativos de los AT se ponen a prueba a diario. Los avatares se suceden en el
día a día y obligan a la invención de nuevos recursos que apunten a la subjetivación del paciente.
El acompañamiento terapéutico, es un enfoque que trabaja desde una distancia mínima y una
amplia disponibilidad afectiva (Cavagna). Es también una técnica terapéuticacomplementaria que se utiliza
para la contención de pacientes en un marco de prevención, atención y neo-inserción.
La necesidad de organizar la atención de la salud mental en sus distintos niveles, diversificando la oferta a
la atención por fuera de la institución hospitalaria, necesita de personal idóneo y en constante formación
que facilite la transición entre el adentro y el afuera.
Lo deseable en el trabajo con pacientes con padecimientos mentales, debiera ser posibilitar la autonomía
tanto subjetiva del propio paciente, como de éste para con las personas que propiciaron sus cuidados a lo
largo del tratamiento. El AT, aquí, se convierte en el nexo entre la institución y la sociedad, apuntando a
una nueva inserción del paciente en esta última. Esta nueva inserción requiere de ciertas habilidades y
recursos que apunten al logro de una mayor autonomía. Con el AT el paciente irá transitando,
paulatinamente y dentro de las posibilidades de cada caso, un camino hacia la neo-inserción.
Los AT’s se enfrentan con casos que representan un límite para la clínica psiquiátrica y psicológica
tradicional. Se necesita de la interdisciplinariedad, ya que no basta con un solo saber para pensar la
singularidad de cada caso y planificar las estrategias de tratamiento.
Trabajar en equipo supone reconocer nuestras faltas y nuestra incompletud, aceptando que un otro nos dé
su punto de vista, conozca cómo trabajamos, nos guie, nos marque los errores y los aciertos, pero nos
marque. El ser marcado por otro, implica a su vez y principalmente reconocernos incompletos tanto a
nosotros mismos como a nuestro saber. Trabajar en un equipo interdisciplinario, parafraseando a Alicia
Stolkiner, implica hacer una primer renuncia que es la de pensar que la propia disciplina es suficiente para
dar cuenta de los problemas. Las problemáticas relacionadas a la Salud Mental deben ser pensadas
necesariamente junto a otras disciplinas y el AT no debe reducir las situaciones que se le presentan a su
saber previo. Sabiendo que el desarrollo de toda acción produce conocimiento, entendemos que el trabajo
dentro de un equipo interdisciplinario permitemultiplicar las posibles líneas de abordaje de intervención
para nuestra práctica con los pacientes. Solo concebiremos esta forma de obrar si entendemos que
trabajamos con seres complejos, que presentan demandas y situaciones problemáticas complejas, que
obligan a ser pensadas desde distintos puntos de vista, leídas desde distintas subjetividades
y abordadas a través de distintas experiencias. Un equipo interdisciplinario es un grupo de personas, en
donde se pone en juego tanto lo subjetivo como lo intersubjetivo. Nos encontraremos en nuestra práctica
con disciplinas y personas que contradigan nuestro saber o que lo complementen. En estos casos,
aparecerán cuestiones de poder en relación a ciertas disciplinas que pretenden hegemonizar ciertas áreas
del saber. Estará en nosotros poder sortearlas de la mejor manera, sin perder de vista cual es allí nuestra
función. Tomando a Freud, entendemos que como ya dijo el maestro en 1915,el progreso del conocimiento
no tolera rigidez alguna, lo cual, nos abre a pensar en cada paciente en su singularidad, sin necesidad de
rótulos, ni de manuales explicativos, ni de diagnósticos prefijados. El estar acompañante, implica corrernos
de la lógica de la objetivación des- subjetivante del paciente a la que muchos colegas adhieren, alejarnos
de las etiquetas y de nuestros propios pre-juicios y miedos e ir al encuentro siempre de lo nuevo,
preparados para la sorpresa que cada caso nos deparará. Para pensar a un paciente y para incluirnos
como At’s dentro de una estrategia de tratamiento, debemos conocer sobre diagnósticos, sobre
psicofarmacología, sobre teoría, pero antes que nada, nos interesa conocer a nuestros pacientes,
escucharlos, contener sus discursos y sus historias. Debemos tener siempre presente que nuestros
acompañados no son “Trastornos Bipolares”, ni “Psicóticos”, ni “Trastornos Límite”, ni “TGD’s”. Antes que
todo y detrás de todo, hay un ser que padece, que ama y que sufre. Y allí entonces, está el AT, para
presentarse desde un lugar de escucha, de apoyo. O desde un simple estar, que de simple, no tiene
nada. En esta dirección trabaja el AT: sale del encuadre duro de consultorio, del dispositivo institucional y
acompaña el tránsito de la enfermedad de la hospitalización, a la salud de la libertad; apunta a la
restitución de lazos sociales y a la generación de nuevas formas de vincularse con el afuera.
La proliferación de acompañantes terapéuticos demuestra la existencia de una “ruptura” con el modelo
“tradicional”, meramente asistencial y regido por esquemas médicos hegemónicos y va de la mano de lo
promovido por la Ley Nacional de Salud Mental, al trabajar en el marco de la interdiciplina, de la
prevención de la enfermedad y la promoción de la salud, en una estrategia que podría encuadrarse dentro
de la APS (Atención primaria de la salud).
En el plano comunitario, “el trabajador de la salud mental, interviene procurando disipar el prejuicio
inscripto en el imaginario colectivo que atribuye al “loco” o al enfermo mental, una naturaleza peligrosa. Si
las rejas y paredes de los manicomios que excluyen y recluyen fueran demolidas, la comunidad podría
abandonar la idea de “peligrosidad” que obligatoriamente le viene impuesta1” (José Schiapapietra). La ley
nacional de Salud mental (26.657) promueve en este sentido el cambio en la concepción del enfermo
mental como peligroso, apuntando a modificar la concepción de peligrosidad del enfermo mental, por una
concepción de Riesgo: el equipo interdisciplinario decidirá la necesidad de internación, cuando considere
que existe una situación de riesgo cierto e inminente para sí o para terceros. Concebir al enfermo mental
como peligroso desde un marco legal promueve el prejuicio. El AT en su tarea diaria hace frente a estos, a
la mirada del otro sobre el enfermo mental. La violencia simbólica que llevan implícitas la exclusión, la
segregación, el ser señalado como diferente, hace marca en el padeciente mental y dificulta la tarea de
neo-inserción. Aquí, el AT establece una diferencia al contener, compartir, sostener la escucha y permitir el
despliegue de la creatividad del paciente y su singularidad, sin ser coercitivo.
El AT acompaña el bien-estar del enfermo mental en la sociedad. Acompaña, a su vez, a inaugurar una
nueva manera de estar en la sociedad, en la comunidad, de conectarse con pares, de relacionarse con un
mundo distinto al que conocía antes de transitar y durante el tránsito por la enfermedad. Dado a que el ser
humano es, por su naturaleza, un ser social, la llamada “neo-inserción social” sería una de las etapas más
importantes y saludables del proceso de tratamiento. El ser humano es en tanto está en sociedad, en tanto
se lo sitúa en un contexto, es en tanto situado y en situación. Situaciones en las que somos, vivimos, nos
desenvolvemos, asumimos roles, interactuamos con el otro, trabajamos. En cada una de estas
situaciones, necesitamos de un otro. Este otro que ayuda en el primer paso en el afuera y que hace de
nexo con la sociedad, sería el AT. Y aquí radica la riqueza de esta labor. La terapéutica se combina con la
vida real. Se mezcla allí, se sumerge en ella y danza a su ritmo.
Todos los pacientes, según la Ley Nacional de Salud Mental, tienen derecho a que el padecimiento mental
no sea considerado un estado inmodificable. Queda implícita aquí la necesidad de considerar a la
enfermedad como un estado transitorio, y por tanto, modificable. Luego, existe la posibilidad de curar. Para
ello, hay que apostar a la subjetividad y a la posibilidad. Apostar al cambio, al deseo y a la cura; a la
modificación de ese estado que hace del sujeto un sujeto sufriente, doliente. Aquí radica la diferencia: es
muy distinto trabajar con un paciente psicótico desde la concepción de que ésta es una enfermedad
incurable, que trabajar desde la concepción de que uno puede apostar al cambio. De esta manera no se
resigna a la mera pasividad, sino a la acción y a la posibilidad.
Es una cuestión ideológica el pensar al paciente como un sujeto pasible de desear y de sanar, que
pensar a esto como imposible. De ese modo se asumirá un rol que no apuntará al tratamiento sino al destrato y este viene de la mano del mal-trato. Si ya no podemos curar al enfermo, pues entonces lo
concebiremos como un objeto, como una cosa con la que nada se puede hacer. Esta ideología acompañó
a profesionales de la salud mental durante muchos años, y fue la que hizo posible la cronificación y los
hospicios como lugares de depósito del padeciente. Sostenemos que el AT debe apostar a la pulsión de
vida, al deseo, al sujeto.
De la concepción de salud y enfermedad que se tenga, dependerá el criterio de encierro o de
acompañar a re-liberarse al sujeto. Este es el trabajo del acompañante terapéutico: el trabajo de re-
liberación del enfermo.
1 Lic. José Schiappapietra: Nuevos trabajos en Salud Mental. pp
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