Oración el cántaro y la sed

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Oración: el cántaro y la sed
CANTO
De noche iremos, de noche
que para encontrar la fuente.
solo la sed nos alumbra.
Lectura 1:
Llega, pues, a una ciudad de Samaría llamada Sicar,
cerca de la heredad que Jacob dio a su hijo José. Allí
estaba el pozo de Jacob. Jesús, como se había fatigado
del camino, estaba sentado junto al pozo. Era
alrededor de la hora sexta. Llega una mujer de Samaría
a sacar agua. Jesús le dice: «Dame de beber.» Pues sus
discípulos se habían ido a la ciudad a comprar comida.
Le dice la mujer samaritana: «¿Cómo tú, siendo judío,
me pides de beber a mí, que soy una mujer
samaritana?» (Porque los judíos no se tratan con los
samaritanos.)
Comentario 1:
Junto al brocal de un pozo, en Samaría, coinciden dos personas con dos
historias muy distintas pero las dos con sed. Es el encuentro de dos sedientos
junto a una fuente. No se trata de una coincidencia porque la sed es algo
constitutivo de todo ser humano. Las personas, por definición, somos seres
insatisfechos que siempre tenemos sed de algo: de agua, de riqueza de
felicidad, de poder, de amor, de justicia, de salvación... Pero la sed también
es uno de los mecanismos más eficaces para salir de nosotras mismas y
superar nuestras limitaciones. El desencanto y la insatisfacción nos recuerdan
la necesidad que todos tenemos de encontrar el sentido de las cosas para
poder vivir la vida en plenitud. Nuestra sed, en el fondo, es sed de Dios y nos
está remitiendo a la necesidad de buscarlo y encontrarnos con Él.
Interiorización:
Cierra los ojos. Imagina que te acercas al pozo. Es un
sitio conocido al que sueles ir a menudo a buscar agua.
Hace calor... Tienes sed... Llevas un cántaro en la
mano... De pronto, aparece un desconocido que se
sienta junto a ti en el pozo. Te pide agua... Escucha
qué te dice... cómo te lo dice... qué agua necesita de
ti...
Música, silencio…
Lectura 2:
Jesús le respondió: «Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice:
dame de beber, tú le habrías pedido a él, y él te habría dado agua viva.» Le
dice la mujer: «Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de
dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Acaso eres tú más que nuestro padre
Jacob, que nos dio el pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»
Jesús le respondió: «Todo el que beba de esta agua, volverá a tener sed; pero
el que beba del agua que yo le dé, no tendrá sed jamás, sino que el agua que
yo le dé se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna.»
Comentario 2:
Observa la imagen. La samaritana se asoma al fondo del pozo. Otra imagen se
refleja junto a la suya, es Jesús. Ella comprende que ahí hay alguien que no
va a dejarla atrás, sola, quemada de la lucha de cada día... En esta
experiencia de sed la mujer de Sicar se encuentra con su propio yo en el
pozo, en ella misma. Sólo cuando entramos en nuestro interior en
profundidad, puede ocurrir que encontremos lo que andamos buscando: el
“agua viva” del misterio del encuentro.
CANTO
De noche iremos, de noche
que para encontrar la fuente.
solo la sed nos alumbra.
Lectura 3:
Le dice la mujer: «Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no
tenga que venir aquí a sacarla.»
Interiorización y reflexión:
-¿de qué tengo sed?
-¿qué necesito?
-¿de qué quiero llenar mi cántaro?
Música, silencio…
Lectura 4:
Le dice la mujer: «Sé que va a venir el Mesías, el llamado Cristo. Cuando
venga, nos lo desvelará todo.» Jesús le dice: «Yo soy, el que está hablando
contigo.»
En esto llegaron sus discípulos y se sorprendían de que hablara con una
mujer. Pero nadie le dijo: «¿Qué quieres?» o «¿Qué hablas con ella?» La
mujer, dejando su cántaro, corrió a la ciudad y dijo a la gente: «Venid a ver
a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será el Cristo?»
Salieron de la ciudad e iban hacia él.
Gesto:
La Samaritana ha entendido que lo que quiere dar Jesús es agua viva, y
quien pueda beber de esa agua, será capaz a la vez de compartirla.
En el reconocimiento de Jesús como el Señor, la mujer vive una
transformación. El mirar y ser mirada le hace salir de sí misma, por eso deja
su cántaro y corre a la ciudad a compartir su encuentro con el Señor de la
vida.
Nosotras queremos unirnos al gesto de la
Samaritana y vamos a dejar como ella nuestro
cántaro. Os invitamos a acercaros al “pozo” y dejar ese
cántaro único para nosotras, de dónde tantas veces
hemos bebido y el que tantas veces nos ha impedido
encontrar el agua verdadera.
Solo el encuentro con Jesús desde nuestra
verdad, nos hace capaces de dejar nuestro cántaro, de
despreocuparnos de nosotras mismas, de dejar de ser el
centro para dejar que los demás ocupen un lugar
importante en nuestra vida.
MOMENTO PARA COMPARTIR…
Vamos intercalando el canto:
De noche iremos, de noche
que para encontrar la fuente.
solo la sed nos alumbra.
ORACIÓN FINAL
Señor, Tú me sondeas y me conoces.
Sabes que mi corazón anda siempre inquieto, ansioso, anhelante...
Tengo muchas cosas, no carezco de nada.
Pero “los dioses y señores de la tierra” no me satisfacen.
El cántaro que lleno con mis obras y mis ajetreos cotidianos
se me antoja cada día más incapaz de saciar mi sed de vida plena.
Recorro calles y plazas, con mi cántaro en las manos.
No me bastan las aguas turbias y efímeras
que soy capaz de retener en él.
Como busca la cierva corrientes de agua,
así te busco yo, Dios mío.
Como tierra reseca, agostada, sin agua,
mi alma tiene sed de ti,
y espera, resistente, que tu lluvia me empape
y convierta mi desierto en vergel,
que tu torrente me inunde
y de mi seno corran ríos de agua viva.
Que tu misericordia no retarde tu Promesa, Señor,
que nuestro deseo la atraiga;
que mi vida rendida a tu Espíritu
consienta en mí la misma transformación
que obró en la samaritana;
que, dejando por fin mi cántaro,
me convierta en tu discípula y vaya a comunicar
la buena noticia a mis hermanos.
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