Los ciegos ven, y los inválidos andan

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« Los ciegos ven, y los
inválidos andan;
los leprosos quedan
limpios, y los sordos oyen;
los muertos resucitan, y a
los pobres se les anuncia
el Evangelio.
¡Y dichoso el que no se
escandalice de mí!»
Jesús nos habla hoy de una alegría poco conocida: “Dichoso el que no se
escandalice de mí”. Tú siendo Dios, te haces Hombre, asumes la debilidad
humana, creces como un niño de tu pueblo. Cuando te llega el tiempo de la
vida publica, tocas a los ciegos, los curas a los desvalidos, te compadeces de
los marginados de la sociedad en la que vives, anuncias la Buena Noticia a los
pobres, es decir, amas misericordiosamente las realidades no amadas.
Es esta manera de actuar de Jesús, la desconsienta a Juan Bautista, él
anuncia un Mesías fuerte, sin embargo, se encuentra con Jesús que ama lo
débil y rescata al más indefenso. Por eso, Juan manda a preguntar a Jesús
“Eres Tú a quien tenemos que esperar a es a otro” Jesús le contesta con los
signos que hace: “Decid a Juan: “Lo ciegos ven, los sordos oyen (…) y dichoso
el que no se escandalice de mi” es como si le mandase decir a Juan: serás feliz
si no te escandalizas de mí, de mi manera de vivir mi mesianismo, de mi
manera de reflejar el rostro de Dios que es misericordia y bondad.
Este es el domingo de la alegría, la Iglesia universal nos llama a que se
despierte en nosotros el gozo. Necesitamos aprender a vivir la plenitud de la
vida. Jesús nos está presentando una alegría auténtica. Por eso, nos llama a
conocerlo, entrar en su intención al hacerse Hombre, al estar tan cerca de
nosotros cada día. Es como si nos preguntara Él a nosotros: ¿Qué esperas de
mi venida? ¿Quién piensas que soy yo? Y a la vez, como si Él mismo nos
respondiera ¡Si descubrieras que he venido a buscar lo que estaba perdido, si
abrieras los ojos a mi presencia. Estoy amando tu vida. Cree hay solución para
las situaciones donde bajas los brazos. La humanidad no está del todo perdida,
yo he venido para amar y rescatar. No me han vencido en la batalla, esta
batalla la he ganado Yo. Serás feliz si reconoces que yo vengo en el silencio,
que estoy sosteniendo la humanidad, que amo y vengo a rescatar todo!
Señor, nos encontramos como Juan Bautista, no estamos acostumbrados a
esta alegría. A veces, nuestra alegría no admite pobreza, miseria, enfermedad,
límites. Soñamos con una felicidad que no tenga problemas. Tú nos quieres
mostrar la verdadera alegría, esa que nace de saber que tú nos puedes curar
cuando estamos ciegos, que nos puedes levantar cuando estamos paralíticos,
que cuando nos sentimos pobres, podemos escuchar la Buena Noticia que Tú
nos diriges.
Jesús, ¡abre nuestros ojos ciegos! ¡Estamos cansados de buscar el gozo pleno!
¡Queremos verte y dejarnos tocar por Ti! ¡Ven, Señor Jesús y sé nuestra luz,
para poder comprender tu manera de actuar!
Deseamos celebrar tu nacimiento con esos ojos de niño y ese corazón nuevo
que cree en Ti y la fuerza que tienes en la debilidad. Señor, queremos que se
haga realidad en nuestra vida este himno de la Liturgia de las Horas.
“Porque, Señor, yo te he visto
y quiero volverte a ver,
quiero creer.
Te vi, sí, cuando era niño
y en agua me bauticé,
y, limpio de culpa vieja,
sin velos te pude ver.
Devuélveme aquellas puras
transparencias de aire fiel,
devuélveme aquellas niñas
de aquellos ojos de ayer.
Están mis ojos cansados
de tanto ver luz sin ver;
por la oscuridad del mundo,
voy como un ciego que ve.
Tú que diste vista al ciego
y a Nicodemo también,
filtra en mis secas pupilas
dos gotas frescas de fe.
Señor, filtra en nuestras seca pupilas dos gotas frescas de fe, para vivir el gozo
de la Navidad, como la vivieron los pastores, la Virgen, San José, los Magos.
Todos ellos se dejaron inundar por una alegría distinta, por la alegría que viene
de Ti.
Lunes Libro de los Números 24,2-7.15-17a Mt 21,23-27
El evangelio de hoy nos hace ver cómo los sumos sacerdotes quieren saber de
dónde procede la autoridad de Jesús. Ellos no creen que esa autoridad le
venga del Padre. Jesús ama, sana, levanta, toca los enfermos, todo esto que
para ellos es incomprensible, les escandaliza. A demás, Jesús va más allá de
las fronteras, ama a todos, no solo a los de su pueblo, Él ha venido a salvar ya
dar la vida por todos. Esto desconcierta a muchos. Sin embargo Jesús está
revelando quién es Dios y como ama.
En este momento de oración queremos pedirte Jesús, que nos ayudes a no
nos escandalizamos como ellos, pero pensamos que la autoridad de la vida
viene del poder, del que se reconozca lo que hacemos, de la inteligencia que
tenemos. Tú vienes con tu vida a decirnos que la autoridad, la credibilidad de
una vida da la el amor. Solo el amor da crédito, es amando que los otros
pueden creer que te pertenecemos. Señor, ayúdanos a ir más allá como Tú,
enséñanos a vivir el gozo de darnos a los otros sin miedo, a salir al encuentro
de los más necesitados.
Martes
Gen 49,2.8-10; Mt 1,1-17 En este dinamismo del amor, hoy el
Evangelio nos presenta la genealogía de Jesús, es decir, nos habla de sus
antepasados. Jesús tiene una historia, una familia, al hacerse Hombre asumió
todo lo que conlleva esto, en la genealogía de Jesús hay personas de todo tipo,
ejemplares en el amor, pecadores convertidos, luchadores, personas que han
hecho la voluntad de Dios, extranjeros, en fin, una gama de situaciones, de
personas, de historia, de sufrimientos, de alegrías. Pero también leemos la
genealogía de Jesús, para recordar que el Padre cumple su promesa. La
promesa del Mesías, del amor hecho carne para levantar nuestra humanidad.
¡que amor tan grande nos ha tenido Dios para llamarnos hijos, pues lo somos!
Expresa san Juan en su carta. Es así, somos hijos en Jesús, tenemos la
capacidad de amar como el Hijo, de salir al encuentro de los demás, de
enriquecernos de los dones de los hermanos. Tenemos la capacidad más
grande que se puede tener: hijo de Dios, con su misma capacidad de amar.
Señor, esto nos sobrepasa, no lo entendemos con la mente, necesitamos que
nuestro corazón, que nuestro interior se sumerja en este misterio para dejar
que todo lo bueno que hay en nosotros salga y creamos que podemos ir a más
en el amor. Jesús danos ese espíritu humilde de hijo que le pide al Padre lo
que le hace falta para poder amar como Tú.
Miércoles Jer 5-8; Mt 1,18-24
En las lecturas de hoy se nos repiten una
palabra: “Justo” en la primera lectura se nos dice: surgirá un germen justo” en
el Evangelio, se nos presenta la imagen de José, como hombre justo. Cuando
se actúa justamente del corazón brota un gozo inexplicable. Si somos sinceros,
vivir como personas justas hasta el final de nuestra vida, atrae mucho. Una de
las cosas que más nos chocan cuando vemos las noticias, cuando nos
encontramos con la pobreza, la marginación, la violencia es precisamente, que
falta justica, que la justica no actúa. De hecho nuestro deseo más profundo es:
queremos un mundo justo, equitativo, donde podamos vivir como hermanos,
sin tanta injustica. Las lecturas de hoy nos dan una clave sencilla para esta
realidad tan vasta. Podemos ser justo, tal vez, no vamos a transformar las
realidades grandes de injusticia, pero si, podemos como José, ser justos en lo
pequeño. Ser justos en el amor, ser justos con los pobres que nos encontramos
cada día. Ser justos en nuestra familia, con los hijos, con los padres, con los
profesores, con los alumnos. Podemos sembrar justicia a nuestro alrededor y
eso puede hacer que se expanda a más. Las cosas grandes siempre han
empezado por lo pequeño. Madre Teresa de Calcuta empezó en lo pequeño, y
tantos otros que han transformado las grandes estructuras de injusticia.
Señor, solo se puede ser justo en diálogo contigo, como lo hizo José. Que en
este momento de oración recibamos de ti la fuerza para poder amar justamente
a los otros.
Jueves
Jue 13,2-7.24-25a; Lc 1, 5-25
Las lecturas de hoy nos hacen
reflexionar sobre la fuerza de amor de Dios. Dos mujeres estériles a quienes se
les anuncia la fertilidad. Estos dos pasaje de la Biblia nos vienen a mostrar que
la vida viene de Dios, que el amor viene de Dios, que la alegría verdadera, nos
viene cuando Él se acerca a nuestra esterilidad y nos da posibilidad de vida.
Nosotros podemos hacer cosas para que la vida y el amor dependan de
nosotros, pero siempre nos quedamos cortos. A veces tenemos la sensación
de esterilidad, tal vez no física, cuando tocamos nuestro límite, cuando
queremos salir de nosotros y vemos que no podemos, cuando entendemos que
deberíamos amar y no nos sale. Esos momentos nos hacen sentir el vacío, la
esterilidad, ahí es donde Dios quiere actuar. Nos viene a decir como a
Zacarías, no creas que las capacidades de ser padre vienen de ti o de tu mujer
ya vieja, la capacidad viene de mi. “El amor viene de Dios” .
Señor, te presentamos nuestra esterilidad, nuestro límite, nuestras decepciones
en el intento de amar. Te pedimos que nos ayudes a volver una y otra vez a ti
que eres la fuente del amor. Te pedimos por los momentos en que no nos sale
el amor, en que herimos a los hermanos. Ayúdanos a volver continuamente la
mirada a Ti y dejar que nos hagas fértiles otra vez. Que los límites no nos
hagan claudicar, sino, que sean el motivo más grande para apoyarnos en Ti.
Viernes
Is 7,10-14; Lc 1,26-38
María con su actitud sencilla, nos enseña a vivir continuamente un gozo pleno.
Hacer la voluntad de Dios. “Hágase en mi según tu palabra” Las palabras
pronunciadas por María, que nos trajeron a Jesús. Ese si que ella dio, nos trajo
la paz, nos dio al salvador.
María, queremos aprender a vivir haciendo la voluntad de Dios. Viéndote a ti,
nos damos cuenta que lo que Dios nos propone nos hace creer. Te
descubrimos como esa mujer sencilla, pobre, que se deja en las manos de
Dios. Conoces al Padre, María, no tienes miedo de ÉL, sabes que lo que viene
de Él aunque aparentemente tenga consecuencias, es bueno no solo para ti, si
no para los otros, para todas las generaciones.
Te llamamos feliz porque creíste. En este momento de oración danos poder
participar en tu alegría. Somos pequeños, pobres, a veces, dudamos de Él.
Cuando vivimos situaciones duras lo ponemos a prueba, en ocasiones creemos
que nos pide más de lo que podemos dar. No le conocemos como tú, María,
por eso en este día enséñanos adentrarnos en el corazón tierno y amoroso de
Dios, que nunca nos pide más de lo que nos da, Él tiene mucha compasión de
nosotros y vive lo que nosotros vivimos. María de Nazaret, que este
preparación para la venida de Jesús, nos encuentre con un corazón dispuesto
y confiado como el tuyo.
Sábado:
Cnt 2,8-14;
Lc 1,39-45 Hoy escuchamos en las lecturas dos
pasajes preciosos de la biblia: el Cantar de los Cantares cuando se invita a la
novia a levantarse, el invierno ha pasado y se anuncia la vida nueva, la nueva
primavera. En el Evangelio, es María, que sales, llevando consigo al Esposo de
la Iglesia y va a servir a su prima Isabel. Es un signo claro de la vida del que
lleva en su seno. Él es el servidor de todos. Él también como ella está
sirviendo, está a los pies, se ha hecho Hombre, pequeño, indefenso, crece al
compas de la existencia humana. Jesús, María, ojalá y en este día
escuchásemos la voz del amor que nos llama. La voz del amor que nos suplica
que salgamos al encuentro. El Papa Francisco, no se cansa de decir que
tenemos que salir. Seguramente nos espera un gozo más profundo ahí, fuera,
al salir y servir a los más necesitados.
A lo largo de la historia nos han hecho creer, que la verdadera felicidad está en
tener todo, salud, dinero, todo lo que necesitamos para vivir. Es como si nos
hubiesen hecho creer que vivir replegados en nosotros, dándonos todos los
“gustos” nos haría feliz y la propia historia ha desmentido esto. Hemos visto
personas que teniéndolo todo y viviendo para ellos no han sido dichosas, en
algunos casos hemos comprobado todo lo contrario. Señor, queremos
encontrar el gozo que hay en darnos, en servir, en llevar como María al
salvador, en comunicarlo a los otros, cueste lo que cueste. Que no temamos
salir, hablar, decir que creemos en Él, que Él es la vida y la alegría que todos
buscan.
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