La soga al cuello

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T08// sociedad
TENDENCIAS | LATERCERA | Sábado 22 de marzo de 2014
La soga
al cuello
AMISA celeste desabotonada,
impermeable café y… sin corbata. Así hizo su estreno Gabriel Boric como diputado en
el Congreso el pasado 11 de
marzo. Su estilo causó cierto
revuelo y el diputado UDI Ignacio Urrutia pidió que se le exigiera cumplir el reglamento
del Congreso que aunque no dice nada de
corbatas, pide tenida formal. El hecho demuestra varias cosas, y la primera es que la
formalidad en el caso de los hombres viene
con corbata.
El ex dirigente estudiantil explicó el no uso
de este accesorio por razones ideológicas.
Para él las formas de protocolo son “un mecanismo de la elite para alejarse y diferenciarse
del bajo pueblo”. El egresado de la Escuela de
Derecho de la Universidad de Chile y diputado de la República no está demasiado perdido, pero sí algo descontextualizado. Efectivamente, en algún momento de la historia la
corbata era exclusiva de una elite ilustrada y
educada, explica el Premio Nacional de Diseño y académico de la UDP, Óscar Ríos. Sin
embargo, hoy, dice, la corbata es un accesorio
masivo, pero al mismo tiempo cada vez más
opcional y cuyo uso depende del contexto.
Sin embargo, todavía esta prenda es un símbolo de formalidad que expresa respeto y que
demuestra que algo importa. Por eso, según
Ríos, entrar al Congreso sin ella es como llegar de visita y no saludar al dueño de casa.
Pero la corbata también representa el trabajo, o determinados tipos de trabajos al menos.
Por algo, sacarse esta prenda es lo primero
que hace un hombre cuando quiere relajarse
y existe la denominación de “trabajadores
de cuello y corbata” que alude principalmente a las personas que se desempeñan en
oficinas, en el sector servicios. Hasta hace
poco todos ellos efectivamente usaban corbata. Pero al igual que Boric, cada vez más se
rehúsan a hacerlo, lo que además de moda,
también es reflejo de cómo están cambiando
las dinámicas del mundo laboral.
C
Gabriel Boric
no se la quiso poner
porque la ve como
un símbolo de la elite.
No estaba tan
equivocado: la corbata se
popularizó en la corte de
Luis XIV. Hoy, sin embargo,
es sobre todo sinónimo de
formalidad y cada vez más, una
excepción y no la regla.
TEXTO: Fernanda Derosas Arriagada
Un invento croata
Los historiadores de la moda y el diseño
cuentan que la primera aproximación a la
corbata fueron los pañuelos que usaban los
croatas que llegaron a París en 1635 a apoyar
al cardenal Richelieu y al rey Luis XIII. Su colorido atuendo llamó la atención de los franceses y alrededor de 1650 se aprobó su uso
oficial en la corte del rey Luis XIV, donde
rápidamente se convirtió en un símbolo de distinción.
Siglos después, a comienzos de la
década de 1920, el norteamericano
Jesse Langsdorf selló y patentó el
modelo tal como lo conocemos hoy y
comenzó a elaborarla a partir de tres
piezas (punta, cuerpo y nudo).
Sin embargo, según el libro El caballero. Manual de moda masculina, de
Bernhard Roetzel, la “masificación” de
la corbata, o sea, su uso por parte de la
clase media emergente, ocurre incluso
antes que eso con la creación de las cor-
batas estampadas, a principios de 1900. En
esta época, cuenta Óscar Ríos, da sus primeros pasos en el mundo laboral cuando los capataces del sector obrero y portuario empiezan a usarla para demostrar su mayor jerarquía. Ya en el período posterior a la Segunda
Guerra Mundial pasa a ser cada vez más una
exigencia en el mundo laboral.
Hoy en cambio, ocurre lo contrario. Los trabajadores han comenzado a sacársela, lo que
ha tenido un efecto en el mercado. Denise
Neger, gerenta en Chile de la lujosa marca
francesa de corbatas Hermès, cuenta que si
hace un poco más de dos años las personas
compraban seis corbatas al año, hoy día compran una. Para ella la razón es clara: el mundo se puso informal y en ese entendido cada
vez hay menos ocasiones para usar la corbata.
“Antes nuestros abuelos se la ponían para la
mayoría de las ocasiones, hoy sólo para alguna reunión, velorio o matrimonio”, dice.
Al igual que Hermès la marca Brooks Brothers también ha sentido el cambio y aseguran que de cada tres camisas se vende una
corbata. Para ellos, explica Francisca Cienfuegos, brand manager de la marca, eso también tiene que ver con que en muchos casos
en el mundo laboral ha disminuido el contacto persona a persona.
Liberados
Si bien la corbata sigue siendo una regla tácita en muchas ocasiones, su uso ha comenzado a relajarse hasta en los lugares más tradicionalmente asociados a ella, por ejemplo el
Congreso, no sólo por la llegada del diputado
Boric, sino porque desde hace un tiempo se
ha instalado la idea de los jueves informales,
que lo único que tienen de informales es que
algunos van sin corbata.
Otro caso son los abogados. Aunque prácticamente a ninguno se le ocurría llegar sin
este accesorio ni a tribunales ni a una reunión con un cliente, cada vez más se los encuentra sin esta prenda adentro de sus oficinas y estudios, por lo que todos tienen una a
mano en el cajón de su escritorio para sacar
cuando sea necesario. En la oficina de abogados Cariola Díez Pérez-Cotapos y Cía., uno
de los principales estudios de Chile, por
ejemplo, el uso de la corbata se ha relajado,
sobre todo los lunes y viernes cuando socios
y abogados llegan vestidos en forma más casual. En Carey & Cía, la oficina más grande
del país con más de 160 abogados y 30 procuradores, han ido más allá y desde hace cerca de una década existe una política oficial
de vestimenta informal. La idea nació a partir de la experiencia de los estudios estadounidenses donde existe más libertad en el uso
de la ropa, y basada en estudios que dicen
que la gente rinde mejor laboralmente cuando se siente cómoda con su atuendo. Ahora,
estas medidas tienen que tomarse desde
donde vienen y hay que entender que informal para los abogados no significa lo mismo
que para otras profesiones. Eso quiere decir
que ninguno llega a trabajar en jeans ni pole-
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