El palacio de hierro Promiscuidad y comunidad (itinerancia de vida)

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El palacio de hierro
Promiscuidad y comunidad
(itinerancia de vida)
Ivonn López Becerra
Raúl René Villamil U.
“Para Sade [...] su principal argumento
es volver a decir que el crimen está más de
acuerdo con el espíritu de la naturaleza,
porque es movimiento, es decir, vida; la
naturaleza que quiere crear, dice, tiene
necesidad del crimen que destruye todo
esto establecido, de una manera sumamente
minuciosa, con duraciones infinitas y algunas
veces con pruebas bastante llamativas”
(Blanchot, 1990:50).
Para pensar la comunidad penitenciaria
N
os preguntamos sobre las cartografías humanas que se tienden
en los espacios ortopédicos del encierro. Sobre los sistemas de
distribución que marca el lenguaje y sus silencios. Sobre las redes
y los vínculos que se establecen en los dispositivos de castigo que aprisionan
el movimiento, lo cual es relativo desde el punto de vista de lo que Erwing
Goffman decía que eran las instituciones totales:
La institución total es un híbrido social, en parte comunidad residencial y en
parte organización formal; de ahí su particular interés sociológico. Hay también
otras razones para interesarse en estos establecimientos. En nuestra sociedad son
los invernaderos donde se transforma a las personas, cada una es un experimento
natural sobre lo que puede hacérsele al yo (1988:25).
ANUARIO DE INVESTIGACIÓN 2010 • UAM-XOCHIMILCO • MÉXICO • PP. 331-361
el palacio de hierro. promiscuidad y comunidad (itinerancia de vida)
Desde esta perspectiva del invernadero, como caldo de cultivo en la
experimentación del yo, es en sí mismo el laboratorio social del fracaso del
sistema institucional de procuración de justicia, por lo que trae consigo el
aislamiento como castigo, con una cierta dosis de sufrimiento y dolor. La
experimentación que indaga sobre las múltiples transformaciones del yo, es
una ruptura de límites y fronteras, entre mundos que siempre han convivido
en un concubinato, relaciones colectivas incestuosas, en promiscuidad y
en unión libre. Son dispositivos que reactivan en la memoria colectiva, al
Marqués de Sade (Blanchot, 1990) y su utopía del placer y de la decadencia,
justo antes de la Revolución Francesa, en la intimidad pública de la corrupción
sexual y a su vez revolucionaria de los monasterios y conventos. Es el
sistema de objetos siniestros, que la imaginación de Isidoro Ducase aporta
al comportamiento humano.
En el contexto de la realidad nacional, el sistema penitenciario relativiza la
separación total del afuera con el adentro. Nuestras cárceles no son totalizantes
como lo plantea Goffman (1988), más bien son instituciones fragmentarias
que se trastocan violentamente con el efecto de la corrupción, que rige el
sistema cotidiano del orden institucional.
La familia, la escuela, el hospital psiquiátrico, las correccionales, los
hospicios, los orfanatorios y la cárcel, son instituciones ortopédicas, que
intervienen sobre un orden simbólico, sobre campos rituales que delinean
dubitativamente el límite entre lo real y lo imaginario, que establecen la
inestabilidad de los dominios psicológicos del adentro y del afuera.
Conservábamos la idea que privaba en las décadas de 1960 y 1970, de
que los seres humanos en libertad teníamos claro qué pasaba al interior de
las prisiones, y que los internos no tenían idea de qué pasaba en la sociedad
exterior. Ahora, el punto de observación se ha invertido. Cada vez es más
contundentemente, ya que los que vivimos en el exterior, no tenemos idea de
lo que sucede con la comunidad de los presos, y que ellos cada vez de manera
más decisiva, intervienen en más cosas sustanciales que nos afectan afuera.
El encierro como totalización de la existencia dentro de un dispositivo
de ortopedia social se pervierte por la acción social de las comunidades
marginadas, pero que son sumamente poderosas y que tienen mucho dinero.
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No obstante, este lente de aumento es a su vez un poderoso microscopio para
investigar, las estructuras, fenómenos y formas nuevas de la producción de
subjetividad, que inventan permanentemente formas nuevas, cada vez más
anómicas, de sobrevivir y sobreponerse al encierro. A tal grado de poder
establecer un cogobierno o una cogestión institucional.
¿Qué ha pasado con lo que la mirada panóptica de Foucault apuntalaba
en una observación precisa sobre la transparencia de los cuerpos dóciles?1
La liminaridad de los rituales de paso
Una de las intenciones que nos anima a escribir, parte de la necesidad que como
investigadores de las instituciones de encierro, nos conduce a problematizar
qué función tiene el castigo legalmente instituido que plantea la Constitución
mexicana, cuando un ciudadano comete un delito que amerite la pérdida de su
libertad, de manera temporal, por muchos años o de manera definitiva.
Este procedimiento, con todos sus elementos de complejidad, sus formas
perversas, la corrupción que lo inunda y sus efectos contundentes en las
historias de vida de los reos, nos provoca a pensar sobre los submundos
carcelarios, que se ocultan o denuncian en todo el país, como un infierno que
analiza la procuración de justicia y la reclusión de miles y miles de personas,
que en un porcentaje elevado son inocentes o son víctimas propiciatorias de
un sistema social y político, que necesita de estas estadísticas para legitimar
su acción judicial.
La fuga de una veintena de internos del penal de Alta Seguridad del Cefereso de Zacatecas,
en 2009, nos arroja muchas preguntas y varias certezas históricas. La transparencia de los
cuerpos dóciles, ya que se puede grabar por una cámara al interior del penal, se pueden grabar
también las camionetas que llegan a la puerta del edificio, cómo entran, cómo los guardias no
intervienen, cómo todos están de acuerdo con el poder de la ruptura de las instituciones, de
sus códigos de valores y de la confianza social. Todos pudimos ver las imágenes, en cadena
nacional, en horario cinco estrellas, por todos los medios televisivos y de internet, pero nadie
ha sido detenido por estos hechos. Ahora podemos atestiguar quiénes son los delincuentes,
cómo se llaman, para quién trabajan, y no pasa nada. ¿Este es el mensaje?
1
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La transversalidad2 de este texto nos conduce a construir una mirada sobre
la prisión en el momento presente por el que atraviesa nuestro país.
Culpables, víctimas, responsables, inocentes o ingenuos, los miles de
internos que habitan la cárcel nos muestran una gran diversidad de itinerarios,
promiscuidades, sobrepoblación al exceso, trayectorias, motivaciones, fatalidades, casualidades y movimientos azarosos que los producen como delincuentes,
que cínicamente el mismo aparato de Estado instalado necesita.
Lo anterior sin demérito de la heterogestión penitenciaria, dónde los grupos
con más poder económico y de corrupción establecen convenios y complicidades
para obtener privilegios inimaginables para la situación de encierro.
La microsociología del laboratorio social de la prisión
La cárcel es un espacio de clausurado, que produce sus propios códigos de
significación. La comunidad de internos, los custodios, las autoridades, los
técnicos penitenciarios y los profesionistas que coinciden ahí, con la presencia
permanente de la familia del interno, reproducen e inventan entre los muros
y las rejas, el mundo social del “afuera” que les tocó vivir en el suspenso e
incertidumbre que provoca el encierro.
La microsociología de la prisión es un holograma de las comunidades
que proyectan su historia, sus vínculos y nudos en estos espacios de encierro.
Las cárceles son fundamentales para la regulación y la administración de la
violencia social, modelos de corrupción total, para ir un poco más allá de la
propuesta de Erwing Goffman (1988).
Aquí queremos trabajar conceptualmente con la noción de transversalidad, propuesta por
Felix Guattari, cuando rompe con el esquema horizontal y vertical de las organizaciones, y
propone la transversalidad, como el momento de la enunciación del deseo institucional, cuando
pueden comunicarse los reos más desposeídos con los custodios, administrativos o con las
mismas autoridades del penal. De tal forma que con estos niveles de comunicación se dibujan
otros escenarios en los que se dirime la reclusión. Aquí surge el inframundo de la cárcel que
es poco conocido (Guattari, 1976 ).
2
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También, sus desafiliaciones, la corrupción y la impunidad que en este
caso configura una realidad hiperdensa en el mundo de los lugares de castigo
y de pérdida de la libertad.
Historias de vida que recorren toda la novela familiar del mexicano, su
educación sentimental, su laberinto de la soledad y su jaula de la melancolía.
Nada más ni nada menos, que el itinerario del mestizo perdido en una
multiplicidad de callejones sin salida, en un viaje a la cárcel que en la
organización falocéntrica constituye un ritual de paso. ¿Laberinto o jaula,
soledad o melancolía?, ¿soledad e indefensión del detenido, del presunto
responsable o simplemente experiencia traumática por la pérdida del objeto
amado, o de las dos cosas?
Nos encontramos ante afecciones que nos conmocionan, la metáfora del
laberinto sin salida, ante el dispositivo de la reja.
A la manera de un laboratorio social, se vuelven perceptibles, contundentemente con ejemplos concretos, la tiranía, el autoritarismo y la violencia
de los mundos de castigo, basados en la privación de la libertad, como se da
en los hospitales psiquiátricos, los hospicios, los orfanatorios, las instituciones
asistenciales de custodia de menores, las escuelas correccionales, los internados, los anexos, etcétera.
Instituciones de privación de la libertad, que mantienen entre sí fuertes
correspondencias con los métodos y normatividades de castigo, que se
experimentan en la cárcel.3
La aduana
La frontera del lente astigmático de la vida exterior, y lo inimaginable del
límite que se fija con microscopio para delinear el territorio y el dominio
Es importante señalar el pensamiento de Donzelot (1988), así como el de René Lourau en
su trabajo sobre El análisis institucional, para poder resaltar dos momentos centrales en la reflexión
sobre la prisión. Por un lado, el lugar que toma el Estado como tutor de los reos en la ortopedia
social que le demanda su acción de readaptación y, por otro, las múltiples segmentariedades y
atravesamientos que se producen en la cárcel de otras instituciones equivalentes.
3
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simbólico entre un afuera y un dentro, esa es la función de la aduana, que se
privilegia para poder acceder a la cárcel.
Una primera señal de su control es la vigilancia extrema del cuerpo,
que visita un cuerpo detenido. Se vuelve sospechoso el cuerpo de la gente
cercana al preso. Un familiar, un amigo, la madre, la esposa, el abuelo, el
hijo, la amante constituyen el cuerpo familiar al que pertenece el cuerpo del
delincuente, pero que con su detención o condena, se ha desprendido en una
mutilación, que lo ha tomado preso. El umbral es la demarcación violenta,
artificial entre los ciudadanos libres y los prisioneros. Esto es uno de los
presupuestos de la llamada Ortopedia Social.
La aduana es un pliegue, el territorio del límite que inevitablemente se
desdobla, el sí mismo, al que se le devuelve la imagen del dominio del allá y
del aquí. Border line que reclama su border patrol. Un territorio desquiciado,
delimitado por las fronteras de otro intolerante. La aduana es la fijación de
límites, de tiempo cronológico y milenario en el espacio de la experiencia humana
que se da entre las rejas, entre suplantaciones de uno con los otros.
La aduana es el pasaje de un mundo a otro, del mundo institucionalizado
de lo normal al mundo desconcertante de lo hiperreal, que analiza con bisturí
nuestras instituciones íntimas.
Estos establecimientos configuran una infinidad de redes sociales hacia
dentro y hacia el exterior,4 bañan incesantemente de sentido a los sistemas
simbólicos que surgen de lo inesperado, del caos que altera las buenas
conciencias, o de las protestas sociales que no alteran las declaraciones cínicas
del presidente.
En este punto, en el espacio y en el tiempo de encierro se resignifica la
imagen cosmogónica de la inversión del sentido de la realidad, la aduana es
uno de los primeros dispositivos que conducen a los internos y a los itinerantes
a este mundo.
La banda de Moebius es una buena metáfora para entender el adentro-fuera de los
grupos, aunque la tecnología de punta nos pone los hologramas y la tercera dimensión como
una metáfora que se puede pensar con la noción de frontera.
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La aduana nos deja en claro que, si pasamos, nos encontraremos con un
mundo raro, en el que se llevan a cabo todo tipo de modelos de corrupción que
han penetrado todos los pliegues sociales e institucionales. Asistimos al infierno
del sistema político en la cotidianidad de las cárceles. Desde este planteamiento las
cárceles son un dispositivo clave que modifica la sociedad de manera permanente,
pero desde una dimensión del mundo al revés (Mühlman, 2009).
La aduana es una cartografía, una geopolítica que localiza el miedo del
sujeto a traspasar el límite. Aunque atravesar el límite y quedarse en él, son
dos cosas distintas en la aduana. Sobre todo en la penitenciaria, porque
estar ahí describe un estado mental comparable a la psicosis del vigilante,
a su paranoia, para dejar pasar o prohibir la entrada y, además, consigue su
propósito, es perversamente sádica.
Entrar y suspenderse en la imposición de otro tiempo ritual, en el estado
antropológico de un proceso liminar, roza por su excepción en el desequilibrio
mental, en el delirio y en la psicosis de un mundo replegado en sí mismo,
que se desdobla sobre el campo de lo social.
La aprobación de la entrada, es un ritual de paso, es un regreso a casa, pero
también a la ilusión y a la supremacía del dinero y el poder y su imperativo
categórico, la hiperrealización de la crueldad y de la pobreza, económica,
moral y psicológica que se extrema en la prisión, lo que genera una especie
de pedagogía terror, que intenta atemorizar al ciudadano común.
La arquitectura
En el tendido arquitectónico que ocupan las instalaciones de la prisión
existen muchas cosa a tomar en cuenta para una lectura a profundidad. Por
mucho que se tomaran en cuenta las últimas recomendaciones del diseño de
las nuevas instituciones de encierro, lo único que no pudo ser pensado, con
la intensidad que este fenómeno se está dando dentro de las prisiones, es el
hacinamiento, con toda la caótica que esto representa, para un sistema de
corrección de las conductas delictivas y violentas.
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De tal forma que son estas instituciones de encierro, los espacios arquitectónicos de las rejas y del castigo, los lugares más propicios para experimentar,
ensayar e investigar acerca de la sociedad que está por venir, de su sistema
simbólico, de la organización de los objetos, del ciudadano en ciernes.
Aquí no existen las más mínimas condiciones de higiene. El drenaje
está tapado. Hay ratas por todos lados. La arquitectura actúa sobre el
cuerpo en todo tiempo, cuando los encueran, cuando los someten a punta
de garrote y armas largas, todos pecho tierra. Todos los espacios están en
malas condiciones. La arquitectura exige la grupalidad, para mejorar sus
condiciones de hospedaje. Compran el “cantón”, tiene que bajar a llenar
las mamilas, no hay agua corriente en las celdas. Espacios físicos y aromas
fétidos. La comida y su aspecto nauseabundo “para perros”. Todo está
organizado en un sistema de relaciones objetales para castigar, para exaltar
la existencia más repugnante del ser humano, para agarrar al interno desde
la necesidad urgente de pagar todo, para que su condición de estancia sea lo
menos aberrante posible.
Situación que, de manera contradictoria, puede observarse en las celdas de los
“peces gordos”, que cumplen la función simbólica de adornar la celda con todo
el confort y el lujo del exterior, para minimizar mediante la simulación y en lo
posible, actuar en el estado emocional y afectivo de los sujetos de la comunidad,
que reproducen e inventan todos los días una realidad que se basa en la pérdida
de la libertad, en la política, en la sexualidad, en el Estado y el ejercicio del poder,
aunque el que se sigue ejerciendo en la cárcel, interviene de manera importante
en la configuración de los delitos que se cometen “afuera”.
El proyecto de diseño arquitectónico de las celdas, de los sanitarios, de las
regaderas, de los espacios de encuentro comunitario, del hospital, del hotel,
del comedor, del infierno y del purgatorio, se ha rebasado desde su origen.
La promiscuidad, el hacinamiento obsceno, los grupos de la delincuencia
organizada, con la corrupción de las autoridades, son la fórmula que
permanentemente amenaza con hacer explotar la institución como motines,
que cada vez se les escapan de control a las autoridades con consecuencias
más radicales, autoritarias y brutalmente crueles. La prisión es bomba de
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tiempo, que en cualquier momento hacen estallar la granada de fragmentación
que intenta volar a toda la sociedad de presos y custodios.
Organización de los espacios y distribución de los objetos, es producción
de una estética de poder. Dotar de un sentido al vacío, es también dominio
del territorio que se politiza. El panóptico de la arquitectura carcelaria intenta
una utopía presente en el discurso moderno de la criminalística, hacer cuerpos
transparentes a la mirada del poder, y dóciles en sus posturas disciplinarias,
aunque algo permanentemente hace fracasar esta intención.
No obstante, la distribución del ¿cómo y por qué del encierro? de los
delitos, de los riesgos, de la peligrosidad y de los cuadros clínicos individuales,
desde el diseño del proyecto arquitectónico, que ya se ha imaginado la
distribución espacial del delito y su motivación. El sistema penitenciario
desde esta perspectiva está encargado de reproducir cotidianamente, desde
los penales, la propaganda que avala a las sociedades de castigo y de encierro,
en una doble moral autosustentada en el resentimiento y cinismo entre poder
adquisitivo y capacidad de crédito, para ocupar los espacios y las celdas de
la penitenciaria.
Instalando en la estética de lo grotesco la puesta en escena de la sociedad
degradada, vertical, autoritaria y que se consolida en estos espacios, con los
privilegios de los que gozan los internos ricos, entre los que se encuentran,
ocupación del espacio, comunicación con el exterior, protección y vigilancia,
para que no los maten, y heterogestión con las autoridades del penal. Negocio
redondo.
Condiciones de vida
Están vestidos todos de color beige, pero ahí adentro –no faltaba más– hay
marcas de ropa, clases sociales, diferencias de escalas económicas de consumo,
existen reclusos que no comen el “rancho”, que tienen celulares, aparatos de
sonido, televisión, sky, internet, y apoyo servil de los custodios que los cuidan
y procuran por ciertas cuotas. En algunos privilegiados se nota el apoyo de la
familia, para que aun en el encierro se mantengan ciertas condiciones de vida.
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Desde dentro se conoce la complejidad con la que transcurre la impunidad,
el cinismo y la tranza del afuera.
Las condiciones de vida de la cárcel son las metáforas de miles de
experimentos que se ponen en escena en un laboratorio social, con personas
de carne y hueso; no existe propiamente un científico ortodoxo de las ciencias
duras, detrás de un lente de microscopio, observando cómo se comporta la
sociedad en condiciones de encierro, de manera preconcebida.5
Pero, con la acción del imaginario en el proceso de subjetivación, se dan
permanentemente preguntas, cuestionamientos y situaciones inesperadas,
que transitan y relacionan a muchos de los dominios disciplinarios de las
humanidades y de la sociedad. Estamos entrometidos en los vínculos, en
los nexos, en las interdicciones, con una estructura institucional cada vez
más corrupta y delirante, que tira por los suelos muchos de los presupuestos
sobre la constitución de la oposición, de la resistencia y la virulencia de la
autogestión.
Que se da de facto en lo individual, en la conciencia de sí, que genera la
separación de la pareja, la reconstitución melancólica de la familia “rompecabezas”,6 la institución de encierro, como fábrica de experimentos sociales, recorre
la descomposición y rearticulación familiar, con el proyecto de inversión del
mundo y produce delincuencia, cada vez más perversamente preparada, para la
impunidad y la devastación social de la confianza entre vecinos.
Se han escrito millones de páginas, en todos los idiomas, en la diversidad discursiva de la
comunicación, de la psicología, de la sociología, antropología, la política, etcétera, rizomas que
configuran una red simbólica e imaginaria de intercambios sobre la libertad y las instituciones
que la pueden extirpar.
6
Nos referimos a esas familias rotas, que se vinculan a otras familias con similares características
sociohistóricas, para reconstruir el objeto perdido. La familia idealizada, con un cierto nivel de
cambio, en cuanto a que intentan que no se reproduzca lo mismo del pasado, pero sin poder
romper el esquema de recuperar a la familia feliz, que viaja en la educación sentimental, como un
lastre. Y que en situación de encierro se privilegia como una pedagogía de control. Si no existe
readaptación social del delincuente, por lo menos simular la re-estructuración de la familia, con los
restos humanos que quedan, con las reacciones en cadena que conmueven a los sujetos en encierro.
Aunque esta familia penitenciaria también se proyecta como una sociedad en resistencia.
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Los secuestradores, narcotraficantes, las bandas de trata de blancas, los
sujetos que generan violencia contra las mujeres, pederastia eclesiástica y
civil, delincuencia organizada, políticos complicitados con los sacerdotes y
los jueces de la Suprema Corte de Justicia, o no, se persigan todos los días
para que Dios los proteja, y les permita regresar a su casa con bien.
Las condiciones de vida de la sociedad abierta, en un violento contraste
con la cárcel, se condensan y se hacinan en las mazmorras más abyectas de
la cárcel, lo que pone en las primeras planas de los periódicos amarillistas,
al descubierto, con lente de aumento, el sentido del proyecto social de
dominación del encierro, en cuanto a la presencia de imágenes, videos,
películas, blogs, redes sociales en espacios públicos, y control social del poder
del diario devenir de la cárcel.
No obstante, y cada vez con más intensidad, el mundo interior de los
sistemas penitenciarios ejerce más dominio y terror sobre los espacios abiertos
que lo que estaba planeado, por las ciencias penitenciarias y criminalísticas.
Los sistemas de comunicación del presido hacia el exterior y hacia el interior,
no se han cortado, como nunca, por más aislamiento, ninguna prisión ha
logrado cortar, las redes externas de los detenidos.
Todo lo que se diga sobre las cárceles en México es inexacto, porque son
en sí mismas dispositivos de impunidad y crueldad, fenómenos inimaginables,
en sus orígenes, en su desarrollo y en su definición para el ciudadano común.
Situaciones que ya se han vuelto cotidianamente sorpresivas, para todos
nosotros como sujetos de la calle, pero que rápidamente nos involucran de
manera indirecta, cercana o personal como delincuentes o como presuntos
implicados.
Los penales de máxima seguridad, los centros de readaptación social, los
reformatorios, los internados, son fuente de creación permanente de sentido,
en estos lugares emana la significación y la imaginación de la sociedad, para
pervertirla, para violentarla, para corromperla, para inundarla de terror
cuando se aprende a transgredir las leyes y no pasa nada. Esta es una de
las funciones latentes de la cárcel, producir sujetos con mejores habilidades
delictivas y con menos conciencia de culpa ante la violencia y crueldad de
sus actos, en contra de los demás, pero cada vez son sujetos que delinquen
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de manera más delirante, como producción de enfermedad mental, como
proceso de subjetivación de la cultura del miedo.7
Las mamás
Oficialmente, las personas privadas de la libertad, que interpretan estos
papeles, son los más viejos de cada estancia. Son los que imponen sus reglas
en cada espacio que dominan. Son los que imponen respeto, miedo, control,
y se les pide permiso casi para todo. Son los que en todo van primero.
Mantienen, como estrategia, la escena de suspenso que viven sus protegidos.
A pesar de otros, que impacientes quieren que ya se vaya, que se muera o
que les concedan más poder.
Las mamás son los que protegen y castigan. Protoedipos y déspotas del
espacio microsocial de la crujía que gobiernan. Vicevirreyes del espacio
jurídico de la heterogestión de la cárcel.
La figura de las “mamás” además de tener un obvio significado maternal,
feminiza la protección y poder de control de lo que sucede en la cárcel. El
encierro y la represión exaltan la figura de la madre en el líder de la crujía. El
negocio de la protección se ofrece y se impone desde la violencia y el maltrato
del que se puede ser sujeto si uno no se encomienda a este jefe “mamá”.8
Cabe la reflexión acerca de los vínculos íntimos que establece la producción social de la
enfermedad y la subjetivación cultural.
8
Desde el punto de vista psicoanalítico, esta figura de la “mamá” es convulsionante, sobre todo
cuando es un punto nodal en las situaciones de encierro, ya que nos encontramos ante fenómenos
colectivos e individuales de una virulencia regresiva inconmensurable. La institución de castigo
echa a andar, en los sujetos en cautiverio, una serie de mecanismos de orfandad, de vulnerabilidad
y de soledad, que los hace reaccionar, en el sentido más abyecto y tierno, en búsqueda de la
madre. Lo que nos coloca como sujetos de una sociedad cerrada y abierta, como una comunidad
presente, actual. Llena de encontronazos y conflagraciones. Los que hace que reaccionemos como
un criminal, en búsqueda del útero perdido, proceso en el que estamos implicados todos, ante la
tendencia definitiva de desafiliarnos de las instituciones, amenaza que paradójicamente tiene la
misión de protegernos. Madre fálica que nos brinde seguridad en la prisión.
7
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La falicización de la figura materna, es en la fantasía del protegido, una
doble seguridad condesada en la imagen masculina que se fusiona con la
función materna.
Chapultepec y la Alameda
(espacios abiertos en lugares cerrados)
Paradojas del encierro, la construcción social de la subjetividad humana
puede crear alamedas y bosques en los patios centrales de la arquitectura de
clausura. Por lo menos la imagen, la fantasía de una sombra bajo un árbol. El
día de campo del mexicano que no tiene para más. Pero la familia armada de
manera violenta por la cárcel reactiva los recuerdos del porvenir, que Elena
Garro nos heredó, como educación sentimental, como un procesos ideológico,
José Revueltas no nos dejaría mentir.
Aunque no todos los familiares y amigos los van a ver.
El pollito, el arroz, los frijoles, las quesadillas, la salsa, el chicharrón, los
refrescos, la tía, el ahijado, la comadre, el guisado, la plática del que no quería
venir, pero todos están ahí, atestiguando la burocracia del penitenciarismo que
detiene a un miembro de la familia. Que lo atora en el tiempo y en el espacio.
¿Cómo se atreve un policía a quitarnos a un miembro de la familia?
Los patios donde se reúne la familia son grandes tianguis con camioncitos
que pasean a los niños. El nombre de ambos lugares dentro de la cárcel son
melancólicos. Se ponen tarimas con grupos de música y se hace el baile. O se
monta un ring y se contrata a la lucha libre, con ex luchadores convictos, que
se prestan a la parafernalia de divertimento familiar, y de paso se recuerdan
aquellas viejas glorias.
La Alameda es el patio más grande, el espacio meramente familiar, donde
se convive al aire libre; también existen las salas de visita que en cuestiones
económicas resultan más caras, pues hay que pagar por la mesa, y lógicamente
se tiene que consumir algo en el restaurante. Ahí es donde se instalan los
cuartos hechos de tablaroca para la visita íntima clandestina y el precio oscila
entre los 100 y 200 pesos la hora, dependiendo también la temporada del año.
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Aunque lo que predomina son casas de campaña hechas con cobijas, la Historia
de la cándida Eréndida y su abuela desalmada es el paraíso de la prisión.
Para pasar de la Alameda a Chapultepec, existen unas escaleras que los
comunican, Chapultepec es un patio más pequeño lleno de puestos y donde se
colocan las “cabañas” (una especie de casas de campaña hechas con cobijas) las
cuales también son utilizadas para visita íntima pero más barata, ahí pueden
cobrar 50 pesos la hora.
El negocio es de varias personas, de ahí tienen que repartir a todos los
que colaboran en él, desde el que coloca la cabaña hasta el que va a conseguir
clientes, comparten el mundo de la resistencia en equipo, aunque tienen que
mocharse con una lana.
En ambos lugares, e incluso en el edificio oficial de la visita íntima, el
negocio va desde pedir un buen colchón, radio, televisión y alguno que otro
accesorio extra, algo que intente disfrazar el encierro.
Se montan casas de campaña y escenarios prefabricados con tablaroca para
aislar, en lo posible, la atmósfera de la vendimia familiar que se desencadena
en los patios, de las escenas sexuales impacientes, en estos patios conviven los
gritos alegóricos de los niños con los pujidos de los amantes furtivos.
El negocio y la administración del placer en la cárcel, es un negociazo
para los patrones del penal.
La visita íntima
El trámite oficial para tener visita íntima es que sólo pueden ir las esposas
y las concubinas; es sumamente burocrático, tienen que presentar el acta
de matrimonio o la constancia de concubinato. Luego tienen que hacerse
exámenes de laboratorio, entre muchos otros trámites administrativos, para
que las mujeres puedan ir a una visita de siete horas.9 Existe un edificio
especial, construido para la realización de estas actividades.
Cabe señalar que en el espacio simbólico de la cárcel, la visita íntima desempeña un lugar
estratégico, tanto en el negocio que controla la sexualidad de los reos, como en el ejercicio del
9
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Es importante señalar que independientemente de estos enredosos trámites,
sólo tienen derecho a solicitar dicho beneficio quienes están comisionados y
asisten al Centro Escolar. Dependiendo de cómo se porten pueden solicitar
una visita doble, lo cual implica dos turnos seguidos.
Eso es lo oficial, pero como ya se esbozó anteriormente, la otra realidad
es que la amante, o las mujeres que van de visita, martes y jueves y fines de
semana, se conectan con los presos mediante una cuota, pueden ir de manera
clandestina, a casas que se arman con cobijas o con paredes de tablaroca, que
pueden ser rentadas con pantallas de plasma y grabadoras. Interviniendo en
la planeación arquitéctonica original, prostituyéndola como un espejo de la
sociedad en la que vivimos. La visita íntima pone en escena las imágenes de
la corrupción montadas sobre las relaciones sexuales de los internos de todas
las clases sociales.
En esta dimensión, los homosexuales, las vestidas, los trasvestis, los
transexuales y los que se operan los senos y/o las nalgas, cumplen una función
primordial en el sistema de regulación de las pasiones libidinales que se
destapan en situación de encierro.
Los que tienen poder y dinero, tienen hombres y mujeres en sus dormitorios, todos los días, en una reinvención del brutal autoritarismo del poder
de la delincuencia y del dinero que circula en estos burdeles.
Las reglas de la heterogestión10
Hace algunas décadas, se pensaba que la gente de “afuera” teníamos conocimiento de lo que sucedía ”dentro” de la prisión. Suponíamos que la mirada
poder y del sometimiento, que un grupo puede generar en contra de otro. Cabe señalar un
acontecimiento de imposición y de venganza, que se generó en el penal de Ciudad Juárez,
justo a la salida de los reos de la visita íntima en las primeras horas del día, fue planeado para
producir una venganza entre pandillas, aprovechando el momento de máxima vulnerabilidad
de los internos que regresaban a sus celdas, justo después de la visita íntima.
10
La heterogestión es una forma de organización de la prisión que rompe con la idea del
control total de las autoridades, o de la autogestión penitenciaria por parte de los presos, lo que
el encierro, la violencia y sus efectos psicosociales
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el palacio de hierro. promiscuidad y comunidad (itinerancia de vida)
de la sociedad podía asomarse a las cloacas y, hasta cierto punto, tener una idea
de la dinámica de las relaciones humanas que se establecían en el encierro.
Se pensaba que la autogestión de los internos era una forma de gobierno del
penal, pero no se conocía la complejidad de los vínculos y de los nudos de
complejidad que hacen el mundo de la heterogestión.
Ahora sabemos que esta idea está muy alejada de la realidad presente. Las
prisiones tanto las denominadas centros de readaptación social (Ceresos), como
los centros federales de readaptación social (Ceferesos), en la medida que el
aparato de Estado se fractura cada vez de una manera más contundente, la
delincuencia organizada penetra los pliegues más íntimos de las instituciones,
de las redes sociales que las soportan. Y que la corrupción y la impunidad
toman de rehenes a la sociedad civil, propiciando que los espacios de encierro
se vuelquen sobre el dominio de los espacios abiertos.
El gran fracaso de los penales de alta seguridad tiene que ver con esta
lógica, en la que el poder, el dinero y el desbordamiento de los valores éticos
han permito que los penales se conviertan en centros de operación y protección
de la delincuencia; en los cuales se compran y se negocian grandes contratos de
tráfico de armas, de drogas, de órganos y de personas. Desde ahí se organizan
secuestros, levantones, ajustes de cuentas, ejecuciones, homicidios y las formas
más siniestras del terror que se plasma en la sociedad abierta.
La heterogestión es la negociación del poder delincuencial, de las grandes
familias, pandillas y ghetos que operan al interior, con las autoridades y
custodios del penal; se lleva a cabo en todos los niveles, ya que la cárcel es un
negocio que abarca desde la dádiva al custodio de la entrada para que permita
el acceso de todo tipo de productos y mercancías, el pago por poder pasar de
un espacio enrejado a otro, la compraventa de drogas, bebidas alcohólicas, de
servicios sexuales entre los internos o del exterior. Como un burdo ejemplo
está el negocio y la venta de calefacción. A los internos de nuevo ingreso se
implica que necesariamente en todas las cárceles, por la corrupción del sistema de readaptación
social, las autoridades están penetradas por los grupos delincuenciales, por el gran negocio que
se lleva a cabo todos los días en los penales. Se vende y se compra todo, de manera voluntaria
u obligatoria.
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el encierro, la violencia y sus efectos psicosociales
ivonn lópez becerra • raúl rené villamil u.
les cobra el uso de cobijas, así como de cartones y periódicos que instalan
en las rejas para protegerse del frío. Si no pagan, los custodios les queman
estas protecciones.
Hasta la preparación y realización de fugas, como la cínicamente célebre
del Chapo del Penal de Alta Seguridad de Puente Grande en Jalisco, o una
de las últimas del penal de Zacatecas (mayo 2009).
Las víctimas propiciatorias
El héroe es pura víctima cargado de esta culpa con la que no tiene ninguna
relación. Esta concepción en sentido único, meramente “proyectivo” es insuficiente
y falaz”. Sófocles, en su profundidad, nos deja entender, como lo hará más
adelante Dostoievsky en los Hermanos Karamasov que, incluso cuando es acusada
erróneamente, la víctima propiciatoria es tan culpable como los demás. A la
concepción habitual de la “culpa” que perpetúa la teología, debe ser sustituida por
violencia, pasada, futura y sobre todo presente, la violencia igualmente compartida
por todos [...] Gracias a la víctima inocente con cuya suerte se identifica, pasa a
ser posible culpabilizar a todos los falsos inocentes (Girard, 1995).
Una de las nuevas políticas que impactan de manera significativa la
detención de personas, para ser puestas a disposición del Ministerio Público,
es el ofrecimiento a los policías y granaderos de cinco mil pesos por detenido
en flagrancia. Estímulo económico que obviamente a elevado las estadísticas
de lucha contra la delincuencia. Pero la cuestión se complejiza ante la
corrupción que se desborda en contra de los ciudadanos de la calle, ya que
existen miles de maneras de poner en situación a una víctima propiciatoria.
De acuerdo con un total de 1 870 entrevistas, realizadas durante dos años,
se vislumbra de manera inequívoca que, por lo menos 60% de los detenidos
en este periodo, son víctimas propiciatorias.11 Gente inocente que por aras
El término de víctima propiciatoria ha sido y sigue siendo estudiado ampliamente por
la antropología moderna.
11
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el palacio de hierro. promiscuidad y comunidad (itinerancia de vida)
del destino, estuvieron colocadas en las coordenadas de tiempo y espacio para
ser tomadas como delincuentes. Lo que llama poderosamente la atención
es que en su mayoría son jóvenes entre los 18 y los 45 años, de los cuales la
frecuencia más alta es de 18 a 25.
La tendencia social, que se inició hace ya varias décadas, de delincuentizar
a los jóvenes, probablemente se dejó ver con más intensidad en 1968, con
la masacre que el Estado ejecutó en contra de miles de estudiantes. A la
fecha, a los muchachos se les detiene en la calle,12 se les arma un delito, les
siembran droga, un celular, cien pesos, que en la parafernalia del delito, los
vuelve presuntos sospechosos, y mientras se llevan acabo las averiguaciones,
son remitidos a los penales, donde pasan de tres a seis meses de prisión, y
sus abogados les recomiendan que se declaren culpables, para que puedan
alcanzar fianza más rápido y puedan ser dejados en libertad.
La tragedia que se produjo en el antro del New’s Divine, tiene que ver con
esta lógica, con la producción de víctimas propiciatorias que en un mal manejo
de los dispositivos de impunidad, se les van de las manos a las autoridades
y propician este lamentable acontecimiento.
Del que hasta la fecha no se ha dicho una sola palabra, de la motivación
económica que subyace a la necesidad de detener a todos estos jóvenes, ya que
se dio el “pitazo” de que en ese lugar se vendía alcohol y drogas a menores
de edad. Para ello se hicieron desplazar varios camiones de la ruta 100, para
subir a todos los jóvenes, con la intención de remitirlos al Ministerio Público,
corromperlos con cinco mil pesos por detenido, ya que se desplazaron al lugar de
los hechos varios camiones de granaderos. Por este motivo, no los dejaron salir,
obstruyeron las salidas y produjeron las muertes por aglomeración y asfixia, de
las personas que no pudieron salir. Acontecimiento provocado, además, por la
intimidación y el encontronazo de canales de comunicación, que transmitieron
el mensaje de que tenían que desalojar el lugar y al mismo tiempo bloquearon
la salida, provocando el pánico y la desbandada, en un embudo sin salida.
Estas detenciones, en un alto porcentaje, se hacen en la noche en los perímetros que
circundan a los establecimientos comerciales como las tiendas OXXO, cuando los chavos van
a comprar más cervezas o licor. Ahí los espera la patrulla, con un señuelo, los atrapan y los
remiten al Ministerio Público.
12
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el encierro, la violencia y sus efectos psicosociales
ivonn lópez becerra • raúl rené villamil u.
Los verdaderos delincuentes
¿Y los verdaderos delincuentes, dónde están? Los grandes criminales, secuestradores, narcotraficantes, homicidas, defraudadores, políticos pederastas,
magnicidas, bien gracias.
Este apartado es de todos conocidos, está repleto de lugares comunes, de
miles de denuncias que nunca van a ser atendidas, de expedientes congelados o
perdidos. De cinismo e impunidad. Entonces, ¿para qué sirven las prisiones?,
¿cual es su función en la maquinaria del sistema?
En este apartado, es necesario hacer una reflexión ética de fondo, ya que en
los últimos años es difícil distinguir a los delincuentes de los agentes encargados
de conservar el orden. En la creencia colectiva, a partir de la influencia de los
medios de comunicación masiva y de la difusión de la llamada opinión pública,
es la delincuencia organizada y el “narco” quienes han infiltrado las estructuras
de la policía, el ejército y del gobierno mexicano.
Pero realmente tenemos que cuestionar esta idea difundida como una
manera de amortiguar, en el discurso demagógico, la descomposición del
llamado Estado fallido, que no es un tema del presente año, sino que tiene
sus signos de visibilidad desde 1988, con el fraude electoral, y se potencia en
1994 con la aparición del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)
y el asesinato de Luis Donaldo Colosio.
De tal manera que la delincuencia organizada proviene del Estado, de
las esferas más altas de gobierno, de los mismos jefes policiacos, de los zares
antinarco del ejército. Por lo tanto es pertinente hacer la pregunta: ¿el Estado, el
gobierno, las autoridades y el ejército han sido penetrados por la delincuencia,
o son estas mismas instancias institucionales y oficiales las que han provocado
la descomposición de la vida social, pública y privada de nuestro país?
No podemos soslayar, desde hace muchos años, que hemos sido testigos
de gobernadores, presidentes municipales, judiciales, agentes de la Agencia
Federal de Investigación (afi), secretarios de seguridad nacional, funcionarios,
empresarios y secretarios de gobierno, que son los delincuentes líderes de
cárteles, de grupos delincuenciales y de bandas de secuestradores.
el encierro, la violencia y sus efectos psicosociales
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el palacio de hierro. promiscuidad y comunidad (itinerancia de vida)
Ahora ya no hay límites que pongan de un lado o de otro, el bien y el
mal. El general cinco estrellas en pleno uso de sus funciones es el principal
dirigente de una banda de narcotráfico. El secretario de seguridad nacional
está fuertemente implicado con secuestradores, un gobernador de un estado
está plenamente reconocido como pederasta y protector de una red de
pornografía. El representante nacional de los derechos humanos es cómplice
del presidente de la República, en un hecho de violación tumultuaria por
parte de soldados del ejército en la sierra de Zongolica, etcétera.
Ante esta realidad, son la inversión de sentido, el delirio, la psicosis y
la enfermedad mental, los sistemas simbólicos que habitan las prisiones,
envueltos en un manto de legalidad.
Los que ya le encontraron el modo (producción de sociopatía)
Ante la falta de oportunidades, de empleo y de impulso económico a
negocios y comercios de la pequeña y de la mediana empresa, en la cárcel
se desarrollan empleos y negocios que no necesariamente están relacionados
con la delincuencia y la corrupción. Existen restaurantes, puestos de carnitas,
comidas corridas, jugos, complementos alimenticios, alimentos naturistas,
dulces, cigarros, artesanías, y todo tipo de maquila que las grandes empresas
concesionan a los internos, explotando su mano de obra, pero finalmente
ofreciendo un trabajo. No obstante, estas pequeñas empresas y empleos
también pagan una cuota por el espacio que ocupan y tienen que dar dinero
a los encargados o custodios, como un porcentaje de sus ganancias.
De tal manera que algunos personajes de la cárcel prefieren quedarse
ahí, todo el tiempo que puedan, ya que afuera no tienen las posibilidades de
tener un negocio redituable, al punto que varios padres de familia se llevan
a sus hijos al penal en días de visita para que les ayuden con el negocio. Esta
es una manera de producir conductas sociopáticas, que se han adaptado a la
perversión de los espacios de encierro.
En esta lógica, el uso de celulares al interior de la prisión sigue desplegando
los delitos más ominosos en el campo de las sociedades abiertas. Secuestros
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ivonn lópez becerra • raúl rené villamil u.
expres, asesinatos, levantones, robos y tráfico de drogas se acuerdan y se
ordenan desde dentro de las prisiones del país.
Los motines como termómetro
¿Qué significan los movimientos de protesta dentro de la prisión por parte
de los internos, en casi todos los penales de nuestro país?
El que los presos se inconformen, entren en una catarsis colectiva, con
cualquier pretexto, que es en el fondo el texto de la sociedad de injusticias y
desigualdades, es una caja de resonancia que pone en alerta a la sociedad en
su conjunto, de lo que se está fraguando en los espacios de encierro. De tal
manera que, en esta lógica, las prisiones de alta seguridad no están exentas
de esta atemperancia social, que permanentemente producen datos, signos y
tragedias al interior de los penales, la fuga de “El Chapo” Guzmán, la entrada
de comandos armados a los penales de muchos estados del país, para liberar
tranquilamente a narcotraficantes y delincuentes del fuero común, es un ejemplo
de la banda de Moebius que permea los límites amurallados de la cárcel.
La presencia de drogas, alcohol, prostitutas, celulares, armas de fuego,
televisores de plasma, antenas de comunicaciones satelitales, privilegios
para entrar o salir de los penales, hacen del espacio de la cárcel, un espacio
privilegiado, para configurar el espacio de la sociedad abierta, para incidir
en él, para violentarlo, agredirlo, propagar terror y controlarlo mediante la
profusión del miedo.
Los motines constituyen una protesta generalizada de la población ante
las condiciones que prevalecen en el encierro. Sometimiento, denigración,
ejercicio del poder con lupa de aumento, al extremo de lo inimaginable,
corrupción y darwinismo social, la prevalencia del más fuerte ante el más
débil. Los alzamientos en esta perspectiva también son inducidos, no todos
son espontáneos, existe un cálculo que muchas de las veces son promovidos
por los custodios ante las nuevas medidas de vigilancia por cámaras, por
aparatos tecnológicos de vigilancia extrema, que ponen en riesgo sus negocios
personales de control.
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el palacio de hierro. promiscuidad y comunidad (itinerancia de vida)
Esta comunidad penitenciaria está potenciada y proyectada al extremo, los
límites de la clausura del sujeto se reactualizan todos los días, la cárcel es un
gran negocio y hay que llevar a sujetos con todo y familia para que paguen
los gastos y el costa del “ gran hotel” en donde todo cuesta.
En estos hábitats los sustentos psicológicos comunitarios están en relación
directa con la clase social de pertenencia, pero de manera hiperreal.
Caso 1
El palito de elote y una cubetita para sacar agua
Edgar viene de una familia pequeña, papá, mamá y dos hermanas. Recuerda
que cuando tenía entre 8 o 9 años, su padre era alcohólico y drogadicto. Los
golpeaba. Para ese entonces, todavía no nacía la hermana menor, que de
hecho es de otro papá.
Un día su madre después de la golpiza que recibía de manera cotidiana,
decide correr al golpeador, quien se queda dos días afuera de la casa, esperando
que le abran. Como esto no sucede, se fue y desde ese día no saben nada de
él. Es un caso más del victimario que se vuelve una víctima itinerante.
Su hermana, a partir de que va creciendo, presenta problemas de
alcoholismo y rebeldía, es llevada a tratamiento e internada por un tiempo
en un hospital psiquiátrico, al salir continúa con medicamentos, hasta un día
que decide suspenderlos, pues ella ya se siente bien; el diagnóstico: “maniaco
depresiva”, lo que ahora se denomina bipolar.
Hasta aquí, la familia, la violencia, la drogadicción y el psiquiátrico en
una fuerte complicidad para la producción de delincuentes.
Para ese entonces Edgar se casa, se va a vivir a otro lado y tiene un hijo
de cinco años.
El destino le llama por teléfono, alguna vez, en algún sitio, un tío que le
pide que baje de la colonia de paracaidistas que formó con otras familias,
pues su hermana se puso mal, acude al llamado inmediatamente, pero para
su sorpresa, cuando llega, su hermana ya estaba muerta. A sus 19 años había
bebido y se molestó porque su mamá salió por ella, se puso agresiva, tiró
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golpes a quien se le acercara y después de un rato, se calmó, se fue a dormir,
luego se levantó, entró al baño y con la extensión de la lavadora se ahorcó.
No más de la historia melodramática que nos enseña la televisión.
Este suceso marca la vida de Edgar, quien ya había probado la compulsión
química de la evasión. Ante el suicidio de su hermana, vuelve a consumir “la
piedra”, aunque sea a ratos para no pensar, para olvidar la cárcel.
El vicio ha llevado a Edgar a separarse de su esposa, y poco a poco va
vendiendo todo, e incluso en algún momento, es ingresado al Fray Bernardino,
donde lo atienden y le diagnostican “esquizofrenia”, pues dice que de repente
escucha voces que lo atacan. Ha estado medicado, pero en ningún momento
deja la droga.
En un momento clave, en su vida delictiva, se encuentra en el punto de
reunión donde se consume la piedra, se queda sin dinero, encuentra a un
conocido y lo acompaña a robar. Es aquí donde se interrumpe la biografía
del sujeto con el estado de abstinencia que lo incita a robar.
Dice que él ya había robado antes, sin que nadie lo viera (tanques de gas,
cartones, fierros etcétera).
Él y su amigo, que lo había invitado a robar, abordan un taxi y al llegar a
el lugar que ellos le indican, el amigo amaga al taxista con un palito de elote
y se produce el asalto, el taxista los denuncia cuando pasa una patrulla, los
detiene la policía y se encuentran ambos en proceso por dicho delito.
Él comenta que desde ese momento, sólo ha consumido marihuana, que
tiene deseos de cambiar y que busca ayuda, pues van cinco veces que es
llevado al Centro Varonil de Rehabilitación Psicosocial (Cevarepsi) y nunca
hay psiquiatra.
Cuenta un sueño: está angustiado, frente a un estanque muy profundo, a
punto de desparramarse, lleno de tortugas y salamandras, él con una cubetita
empieza a sacar el agua y con ella los animales, unos vivos, otros muertos,
saca agua, hasta que en una de esas, se da cuenta que el estanque es pequeñito
y sin animales y entonces se tranquiliza.
¿Qué sucede con la relación que se establece en la historia delincuencial
del sujeto, entre el palito de elote que los lleva a la cárcel y la cubetita que saca
agua con animales vivos y muertos de su sueño?
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el palacio de hierro. promiscuidad y comunidad (itinerancia de vida)
Caso 2
El asesino de Xochimilco
Israel es un individuo pequeño, de tez morena y facciones no muy finas,
usa lentes y dice tener pocos amigos. Su familia está integrada por papá (50
años), mamá (49 años) y dos hermanas (26 y 14 años).
El papá se dedicaba a la mecánica y tenía camiones en una ruta en Milpa
Alta; Israel le ayudaba en el taller y la mamá administraba los bienes.
Menciona que siempre tuvo lo que quiso, su papá lo ayudó a comprar dos
camiones y acababa de comprar un departamento y lo estaba amueblando,
con la idea de que en el momento que decidiera casarse ya tuviera dónde
vivir. Dice que tiene una novia de 26 años, con quien lleva dos de relación y
sin planes de matrimonio aún.
Es notorio el tono aplanado de su discurso, su indiferencia, su palabra sin
tonos emotivos, su cara sin muecas de dolor, cuando narra la muerte de sus
padres y de su hermana, después de que fueron golpeados a tubazos para
después ser incinerados.
No obstante, manifiesta ciertos ademanes y gestos, que hacen suponer
una posible homosexualidad, que él por supuesto niega.
Estudió hasta la preparatoria, no continuó porque era más importante
apoyar a su padre en los negocios, dice que se llevaban bien, aunque cuenta
que no sabía reconocer errores. Él decía “eso es negro y es negro”, con su
mamá las cosas eran diferentes, platicaban y hasta le daba consejos.
Vivían en un pueblo de Xochimilco llamado San Gregorio, al lado estaba
la casa de sus abuelos paternos.
Israel llega al Reclusorio a sus 24 años de edad, el 26 de mayo de 2008,
el delito: homicidio calificado, lo acusan de asesinar a sus padres y hermana
mayor.
Durante la entrevista permanece serio, su discurso es lento (tal parece que
está pensando rápidamente qué contestar para evitar dar datos que puedan
contradecir lo que ante las autoridades ha declarado).
Comenta que el día que sucedieron los hechos, salió de su casa como a
las 7:00 a.m. con destino al taller mecánico, al llegar a dicho lugar saluda a
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su vecino de enfrente, José Miranda, quien ahora es su “causa”13 –como se
les denomina en la cárcel–, comenta que olvidó en su coche, en su casa, unas
facturas que le eran necesarias. Regresa a eso de las 10:30 a.m., entra directo
al auto, saca los documentos necesarios y se encuentra a su abuela, quien le
pregunta: ¿dónde están sus papás? Pues todas las puertas de la casa están
cerradas y nadie responde, él le contesta que no sabe y sale de ahí, regresa
al taller y más tarde, ya no precisa la hora, sus choferes le llaman y le dicen
que baje rápido pues se está quemando su casa.
Llega al lugar, ya los vecinos estaban apagando el fuego por la parte de
atrás, pues un primo había derribado la puerta.
Él entra con su llave por la parte delantera, llega hasta el lugar de los hechos,
había mucho humo en la casa, el lugar era la sala de televisión, pero antes de
entrar lo interceptan los vecinos, le dicen que sus papás y su hermana están
muertos, no lo dejan que los vea y lo meten a casa de los abuelos, en donde
se siente mal pues dice tener diabetes; llega una enfermera, lo estabiliza.
Después, llegan los policías e inician la investigación, las puertas no están
forzadas, en el interior las víctimas fueron salvajemente golpeadas con un
tubo y se le prendió fuego al cuarto.
A Israel, se lo llevan a declarar y resulta ser el principal sospechoso, pues
según la versión de muchas personas, le interesaban los bienes, quería proteger
su herencia, en una rivalidad abierta contra su padre, discutió con él, que ya
sabía de sus preferencias sexuales, de la vida en común que tenía con otro
hombre, al cual lo había llevado a vivir a su departamento, con la amenaza
de su padre de quitarle todo y dejarlo en la calle.
Desde ese día él permanece encerrado junto con José Miranda, el vecino
que lo saludó al llegar al taller.
Su hermana pequeña está con una tía, hermana de su padre y toda la
familia cree que él los mató y los incineró. Motivo por el cual le han llegado
comentarios de que si sale de la cárcel, la gente del pueblo le prenderá fuego
y lo pasearán arrastrando por todas las calles.
“La causa” son las personas que acompañan al delincuente por el mismo delito. En este caso
el acusado, le pide que se eche la culpa del homicidio y que como tiene dinero, él lo saca.
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¿Inocente o culpable? No lo sabemos, lo que es visible es que los hechos
no le producen dolor, llanto o indignación.
Tal vez lo que realmente no aguantó Israel es la mirada inquisitiva de
su padre ante sus prácticas homosexuales, por lo que reaccionó dándole de
tubazos a él, a su madre y a su hermana. Después los incineró, con la fantasía
perversa y delirante de desaparecerlos, volverlos cenizas para depurar su
imagen, para acabar de una vez por todas con la mirada que lo denunciaba
como “desviado”.
Impulso de desaparecerlos salvajemente, piromanía y homosexualidad
llevadas al extremo, en el seno de la familia, en el centro de la sociedad.
Caso 3
El tío chimuelo y el refrigerador
Gerardo tiene 18 años, alto como de 1.80, luego, luego se le ve que no es de
escasos recursos, güerillo. Nació en Monterrey y tiene una hermana de 20
años, su papá es ingeniero mecánico y su mamá se dedica al hogar. Pero no
puede ocultar, en el encierro, su cara de niño.
Terminó la preparatoria y, en un acto de rebeldía e independencia, decide
venir a la ciudad de México a probar suerte solo, encuentra trabajo en una
empresa de soporte técnico en internet, en la cual llevaba sólo cuatro meses
trabajando.
Ahí conoce a una chava de 21 años, con la cual entabla una relación
amorosa de free, pues ella tenía novio.
Su relación era un secreto a voces en el trabajo, pero ella decide terminar
la relación, pues su novio sospechaba que salía con alguien más. Él comenta
que hablaron sobre la situación, y sin mayor problema deciden quedar como
amigos.
Esto ocurre a fines de diciembre de 2008, por lo que Gerardo decide
ir unos días a Monterrey, a pasar el fin de año con su familia. Esos días se
convierten en dos semanas, durante las cuales su papá lo convence de regresar
a casa, le comenta que él lo va a apoyar para que entre a la universidad.
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ivonn lópez becerra • raúl rené villamil u.
Acepta, pero regresa al Distrito Federal a presentar su renuncia y
dejar todo en orden. Se dirige a la empresa, renuncia, le dan un día para
presentarse a recibir su finiquito y al salir se encuentra a un compañero que
le comenta de la muerte de su amiga, Gerardo sorprendido regresa y sube
al área donde laboraba a buscar a la prima de la muchacha asesinada, que
también prestaba sus servicios en ese lugar. La encuentra y ella le sugiere
que se presente a declarar, pues su prima fue asesinada y él es uno de los
principales sospechosos.
Le dan los datos y al salir del lugar, es aprehendido por judiciales y
encarcelado, sin más averiguaciones.
Comenta que algunas veces fue con su amante a su departamento, ella
vivía sola y su tío ocupaba el departamento de al lado y tenía llaves del
departamento de su sobrina.
El tío fue quien encontró el cuerpo desnudo dentro del refrigerador.
Con el paso de los días y con las investigaciones en curso, se descubre que
la chica tenía una mordida en un seno, lo que con ayuda de peritos forenses,
se determina que esa mordida no corresponde a la de Gerardo, pero sí a la
del tío que había perdido un diente, justo la misma pieza dental, que faltaba
en las huellas que quedaron marcadas en el pecho de la chica asesinada.
¿Qué relación establecieron la sobrina y el tío, para que éste tuviera en
su poder la llave de su departamento, la mordiera en un seno, la asesinara y
luego la guardara en el refrigerador?, ¿qué pasiones delirantes quiso marcar
el asesino, mordiendo un seno?,14 ¿qué fantasías animan al asesino, para
congelar un cuerpo?
La acción de marcar el cuerpo de la víctima nos remite a rituales sagrados de culturas
aborígenes, estudiadas por los antropólogos en todas las épocas de la historia y, entre todos, de
manera particular a las dos décadas de asesinatos de mujeres en Ciudad Juárez, que durante
o después de su calvario, han sido brutalmente marcadas, arrancando pezones, haciendo
inscripciones en el cuerpo de la víctima con arma blanca, etcétera.
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Caso 4
Uno de nana y dos de buche
El señor José tiene aproximadamente 55 años y lleva seis caídas en la prisión,
todas por robo, lo cual le ha hecho pasar no más de tres años por cada ingreso.
En esta ocasión tenía pocos días de haber salido, pero como él lo menciona,
afuera no la hace, su vida está en la cárcel, dónde el negocio de carnitas le da
para vivir y para mantener a su familia afuera.
Se puede decir que tiene la concesión dentro del penal para tener esta
manera de ganarse la vida; por eso, cuando sale, deja a alguien encargado,
pues tiene buenos ingresos, la ultima vez comenta haber obtenido ganancias
de medio millón de pesos, obviamente repartidas entre los líderes de los presos
y las autoridades, aun así es muy buen negocio, concluye.
Ahora, el intento de robo fue en una farmacia cercana a la colonia donde
vive su familia y con un plus, en compañía de su hijo, que andaba de flojo,
dejó la escuela y no hallaba un buen trabajo.
La película delincuencial empieza a rodar, cuando padre e hijo, entran
furtivamente a la farmacia, procuran que la empleada los ubique perfectamente,
le piden el dinero de la caja e inconscientemente dan tiempo para que la chica
avise a la policía y más tardan en salir que en ser aprehendidos. Un acuerdo
de sangre que reactiva el vínculo del regreso al encierro, al núcleo familiar, a
la socialización de un lugar de inserción y de incertidumbre en común.
Aquí el factor especial es que cometen el delito mientras el Reclusorio en
el que tiene su negocio está en turno. Para que los detengan y los envíen ahí.
Después coinciden que esto es lo que buscaban, pero nunca lo planearon de
manera consciente. Padre e hijo resolviendo su relación afectiva, mediante
la adrenalina que se dispara en un asalto.
La esposa es quien se encarga del abasto y de la administración de las
ganancias. El señor es conocido en prisión y los mismos internos comentan
que no hay otras carnitas como las de él. Al parecer, esta es la filosofía de la
familia dentro de las rejas, que les da de comer y un lugar de pertenencia,
que no lograron en la calle.
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Uno de nana y dos de buche, es un clamor cotidiano, en la educación
sentimental del mexicano, que atraviesa todas las instituciones, incluso la
penitenciaría.
Caso 5
Los cobardes no heredarán el reino de Dios
Antonio tiene 23 años, es el mayor de seis hijos; su padre es bolero y su mamá
cocinera; él y su esposa trabajan en el mismo restaurante de tacos, sólo que él
es subgerente, y su esposa es cajera del mismo sitio, no tienen hijos, pues los
dos coinciden en que primero deben tener qué ofrecerles y por ahora viven
con la suegra de... no importa realmente de quién.
En diciembre de 2008, el presunto culpable sale de trabajar un día junto
con dos compañeros meseros y una amiga cajera, se dirigen a casa de uno de
ellos a festejar las fiestas navideñas, abordan el metro y llegan a la estación
Centro Médico, ahí al ir subiendo las escaleras hacia la salida, se topan con
dos hombres que de inmediato les enseñan un arma y con palabras altisonantes
les exigen celulares y todo lo que traigan de valor, ellos temblando de miedo,
les entregan todo. A él y a otro chavo los asaltantes les dan con la cacha de
la pistola en la cabeza y se van.
A él le preocupaba su mochila, porque ahí traía su uniforme de limpiabotas,
su celular y el de su esposa, así como su licencia de manejo.
Regresan al metro a dar aviso al policía, éste los acompaña a la salida, le
preguntan a una señora que vendía dulces si los vio y les comenta que los
asaltantes se fueron en un auto blanco.
El policía sugiere que vayan a levantar un acta al ministerio público
porque ahí, en el lugar de los hechos no pueden hacer nada; ellos muy
asustados, deciden no hacer nada.
El inculpado platica que en días posteriores levanta un acta por la pérdida
de la licencia, para poder tramitar otra, pero para evitarse problemas lo hace
por extravío.
el encierro, la violencia y sus efectos psicosociales
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el palacio de hierro. promiscuidad y comunidad (itinerancia de vida)
Continúa su vida normal, pero con la paranoia de que los asaltantes tenían
su licencia y tal vez intentarían hacer algo en su contra.
Recibe en su casa algunas llamadas telefónicas, le preguntaban por otras
personas o le ofrecían tarjetas de crédito a altas horas de la noche, él sólo
colgaba.
Su suegra le dice que llamaron preguntando por él y que ella des dio el
número de su trabajo, la preocupación aumenta.
Ya en enero y estando en sus labores, se presentan tres hombres, judiciales
que no se identifican y con lujo de violencia lo detienen, lo suben a un auto,
él no sabía quiénes eran, ni qué querían, estaba confundido y le empiezan
a pregunta incisivamente que con quién iba ese día, él cree que se refieren
al día del asalto y menciona con Eduardo. Todavía no termina de decir con
quién más cuando se bajan del auto, entran nuevamente al restaurante y
sacan a Eduardo quien es mesero y tiene 17 años de edad, los golpean y los
llevan a una casa de arraigo y hasta ahí Antonio se da cuenta que está en la
Procuraduría.
Sigue recibiendo golpes y le preguntan ahora sobre el Audi, él dice que
no sabe de qué le hablan y le enseñan su licencia de manejo, les cuenta que
lo asaltaron en diciembre y no lo escuchan, le ponen una bolsa en la cabeza y
continúan los golpes. Cuando queda casi desmallado lo dejan y le advierten
que se va a “chingar”.
Al otro día aparecen otros tipos, más tranquilos y le explican que hubo
un robo de un Audi, en el que adentro del auto encontraron su licencia.
Posteriormente en el mismo auto se produjo un robo a un hombre de Nueva
Ghinea, que salía del aeropuerto y al resistirse al robo le disparan, razón por
la cual a Antonio también lo acusan de intento de homicidio.
Él intenta contar su versión, pero los señores le dicen que confiese, le
sacan una cámara y le muestran una foto... era su esposa... comienza la tortura
psicológica. Antonio sigue con su versión y se queda solo.
Ahí sobreviene la idea del suicidio, pues siente que su vida ya no tendrá
sentido y lo único que ve en ese lugar es una ventanita por la cual piensa en
aventarse, pero en ese momento aparecen sus creencias religiosas y piensa
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el encierro, la violencia y sus efectos psicosociales
ivonn lópez becerra • raúl rené villamil u.
que no es la mejor opción pues, los cobardes no heredarán el reino de Dios y él
tiene que afrontar su realidad. Días después es trasladado al Reclusorio y el
proceso está en curso.
A manera de un primer recuento
Podemos decir que la cárcel es un caldo de cultivo de la vida social en libertad,
donde se ensayan y se inventan fórmulas de corrupción, de evasión de la
ley y de nuevas identidades criminales. En donde lo inimaginable se realiza
de una manera contundente y cruel. También tiene la función simbólica
de producción de subjetividad en espacios cerrados que intentan, a su vez,
refundar vínculos y organizaciónes sociales que sean la parte más viva de la
sociedad instituyente.
Bibliografía
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Girard, R. (1995), La violencia y lo sagrado, Anagrama, Barcelona.
Goffman, E. (1988), Internados, Amorrortu, Buenos Aires.
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Donzelot, J. (1979), La policía de las familias, Pretextos, España.
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París (traducción al español: Rafael Reygadas Robles Gil).
Villamil, R. (2009), “De Spencer Tunick al penal de Neza Bordo”, Anuario de
investigación, Departamento de Educación y Comunicación, UAM-Xochimilco,
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