Interjuego Entre Amor Y Deseo: Una Aproximación Al Vinculo

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Interjuego entre Amor y Deseo
Interjuego Entre Amor Y Deseo: Una Aproximación Al Vinculo Amoroso
De Abelardo Y Eloisa
Franlet Rocio Araque Castellanos , Martha Helena Gardeazábal Cifuentes
Universidad de La Sabana
1
Interjuego entre Amor y Deseo
Tabla De Contenido
Portada
1
Tabla De Contenido
2
Tabla De Apéndices
3
Resumen
4
Marco De Referencia
5
La Relación Amorosa en su desarrollo histórico hasta el siglo XII
8
La Relación de Pareja Vista Desde El Psicoanálisis
13
Sublimación y Represión
23
Marco Contextual
32
Planteamiento Del Problema
41
Objetivos
42
Objetivo General
42
Objetivos Específicos
42
Justificación
43
Método
45
Procedimiento
48
Categorías
49
Resultados
Análisis cualitativo
Discusión
Lo femenino y lo masculino
50
74
76
85
Referencias
89
Apéndices
92
2
Interjuego entre Amor y Deseo
Tabla de contenido Apéndices
Apéndice A
92
Apéndice B
102
Apéndice C
110
Apéndice D
120
3
Interjuego entre Amor y Deseo
4
Resumen
La investigación tiene como objeto interpretar la dialéctica entre amor y deseo en la
historia de Abelardo y Eloisa, amantes de la edad media, dentro de un marco conceptual
psicoanalítico, a través del análisis de su correspondencia y la Contextualizacion de su
historia. Corresponde a una investigación cualitativa dentro de un enfoque
Hermenéutico-Dialéctico, que exige un ejercicio interpretativo. Proceso que fue dividido
en tres fases: análisis socio-histórico, análisis formal-argumentativo e Interpretación. En
el estudio se logró establecer la dinámica entre amor y deseo en los personajes así como
la mediación de lo femenino y lo masculino. Así mismo se pudo observar la dinámica
de la pulsión transformada en sublimación y bloqueada en la represión.
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Interjuego Entre Amor Y Deseo: Una Aproximación Al Vinculo Amoroso
De Abelardo Y Eloisa
De leyendas y relatos acerca del amor y sus luchas, la historia tiene múltiples
registros, Eros y Psiquis es uno de ellos, este resalta por la riqueza de su simbolismo al
retratar las diferentes caras del amor. Psiquis, la menor de tres hermanas dotada de una
extraordinaria belleza encendió la envidia de Venus que interpretó la veneración que
causaba la joven como una suplantación, por lo que quiso tomar venganza por medio de
Eros a quien le ordenó hacer que la doncella se enamorase de un ser de la más baja
condición. Pero el propio dios del amor se fijo en Psiquis y quedó enamorado.
El Oráculo presagiaría el encuentro de Eros y Psiquis, y así también lo dispuso el
padre de la joven quien la mandaría a la montaña señalada donde encontraría el esposo
anhelado.
Cuando estuvo allí, en la noche la visitó el marido desconocido y la
acompañó en el lecho, pero antes que hubiese luz del día se ausentó, de esta manera
pasaron las noches y los días, mientras Psiquis se enamora de este.
No obstante, pronto la comenzó a asaltar la curiosidad sobre la fisonomía de su
marido e intrigada por las aseveraciones de sus hermanas sobre el aspecto monstruoso de
aquel desconocido, decide iluminar el rostro de este con una antorcha.
Esta luz
simboliza la chispa de la clarividencia que comienza a disipar el encantamiento
imaginativo que la tenía esclava de un amor físico y perverso, el cual debe purificar con
duros trabajos que le impone Hera para reparar el amor y adherirse de esta manera a la
visión sublime del amor físico.
A través de este mito, es fácil visualizar los extravíos que puede sufrir el amor
en la pareja, ya que guiado por el deseo transitan las vías del amor-pasión y la
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idealización imaginativa, con el riesgo de fulminarse en el momento que rompa el
vínculo que une estos dos extremos. Así lo vivió Psiquis, al verse esclava de un amor
seductor y oscuro que simboliza la lujuria en forma de monstruo y que sólo puede ser
salvada por la dimensión idealizada del amor. Relato que manifiesta el sentir humano,
en una relación de pareja como en el Caso de Abelardo y Eloísa, hecho histórico del
siglo XII de la Francia medieval que muestra los encuentros y desencuentros de una
pareja, como las de nuestros días, que se ve enfrentada a los extravíos del amor, el
deseo y la pulsión en un contexto histórico-social particular que da cuenta de las
vicisitudes a que se ve enfrentada la pareja en su constitución y desarrollo.
Aunque, el matrimonio y la relación de pareja en aquél entonces se regía por
normas de caballería en las cortes y la incipiente institucionalización de los lazos
conyugales a través de la iglesia, esta pareja es muestra fehaciente de la presencia de
elementos como el deseo, el amor, la sublimación, la represión, al interior de la unión
entre un hombre y una mujer. Por lo tanto, dichos tópicos serán analizados a la luz de
los aportes que el Psicoanálisis ha hecho, al respecto por medio de la interpretación de
símbolos y significados encubiertos al interior de la Historia de estos dos amantes.
Para una mayor comprensión de la pareja y de su constitución y dinámica, es
necesario dar un soporte en cuanto al término vínculo, el cual, tiene su origen en el latín
vinculum, de vincire: atar. Significa unión o atadura de una persona a una cosa con otra.
La palabra también ha sido utilizada para expresar unir, juntar o sujetar. En términos
generales atar remite a unir con ligaduras o nudos, correlativamente vinculo como
atadura también da en francés lien cuyo origen se remonta al latín ligare de donde deriva
en castellano, sugiriendo atadura duradera (Casares, J, 1979).
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Para Puget y Berenstein (1992), La pareja es entonces una estructura vincular
entre dos personas de diferente sexo, esto es, una relación intersubjetiva estable entre un
yo y otro yo, donde tiene cabida el mundo intrasubjetivo de cada uno y donde el vinculo
a su vez ocupa un área diferenciada de la estructura objetal.
Este vínculo está
caracterizado por la presencia de un referente externo y la bidireccionalidad, en tanto
ambos yoes son simultánea y sucesivamente, pacto y acuerdo, lugar del deseo y la
realización del deseo del otro.
De esta manera, el objeto-pareja se empieza a construir desde el nacimiento
mismo del sujeto, en el interjuego de las constelaciones vinculares ocupadas por el yo
infantil desde distintas posiciones. Por lo tanto, la expresión singular de interrelaciones
del sujeto tiene sus primeros cimientos en la infancia, pero dichos cimientos no son
exclusivos de la misma, ya que en épocas posteriores como la adolescencia y adultez, el
sujeto puede crear nuevos modos de relacionarse, sobre sus bases anteriores.
Finalizada la etapa de la adolescencia, transición del desarrollo entre la infancia y
la edad adulta, para unos turbulenta y tormentosa y para otros algo normal, según la
cultura en que se viva, dentro del proceso evolutivo del ser humano, viene la
consolidación de la identidad sexual adulta que lleva tanto al hombre como a la mujer a
encontrarse con el otro sexo en la búsqueda de su realización como persona y como ser
sexuado.
De igual manera, en la dinámica de la creación y de las leyes que rigen el
universo, todo tiene su complemento, llevando a cada una de sus partes a conjugar y
configurar un orden y a cumplir con unas funciones específicas. Se habla entonces, de la
conformación de la pareja humana que armoniza la relación entre lo masculino y lo
femenino, en una entrega física, espiritual, afectiva y económica. Sin embargo, cabe
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destacar lo planteado por Milmaniene, para él, “la constitución de la pareja es un
proceso complejo, abierto a múltiples fracasos y extravíos, dado que se debe articular un
pacto deseante que no desconozca la propia libertad y a la vez que respete al otro en su
irreducible diferencia” (Milmaniene, 1998, p.10).
En consecuencia, habla de conformar una relación de convivencia, que no
implique ni la sumisión, ni el sometimiento del otro; que permita además, desplegar los
roles sexuales y abrir espacios para asumir las funciones como padre o madre.
Así mismo, Milmaniene (1998) manifiesta que la pareja establece un
entrecruzamiento del deseo con el amor y que estos dos elementos deben equilibrarse
para no llegar ni a la idealización, degradación o subestimación, sino que se permita la
realización a través del otro.
De acuerdo a lo expuesto anteriormente, es necesario establecer pactos, contratos
y alianzas formales que regulen las relaciones de la pareja y permitan mantener la
permanencia, estabilidad, la organización social, la constitución de la familia, la crianza
y formación de los hijos.
Sin embargo, la consolidación de un vínculo formal en la pareja no siempre ha
tenido la misma connotación
a través de los años y en los diferentes escenarios.
Simultáneamente, el amor también ha variado en importancia como elemento decisivo
en la elección de la pareja, cambios que son evidentes al hacer un recuento de la historia.
La relación Amorosa en su desarrollo Histórico hasta el siglo XII. Si se retoma en
primer lugar la Grecia antigua, 1300 a.C. a 450 a.C., las mujeres Homéricas fueron
relativamente libres y ejercían una considerable influencia sobre el hombre pero
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conservando la virtud y un estándar doble, con el que fueron convertidas en ídolos y
perdieron su importancia (Burney, 1978).
En la edad de Oro de Grecia, 450 a.C. a 27 a.C., las prostitutas de clase alta y
cortesanas eran consideradas superiores a las esposas y mujeres virtuosas. Por su parte,
los hombres querían amor y fidelidad pero trataban de obtenerlo por medio de presentes
y engaños. Los Griegos nunca conectaron el amor con el matrimonio, ya que vieron en
los dos un entretenimiento de carácter divino que podía ser perdurable.
En el Imperio Romano, 27 a.C. a 385 d.C, el amor pagano se concebía sin
pecado, sin fidelidad y engañoso. A diferencia de los Griegos, preferían el sexo sin
filosofía o significancia; no fue acogida la libertad femenina; tampoco se permitía que
los hombres lloraran, si esto ocurría eran sancionados.
Hacia la decadencia del Imperio Romano, 100 d.C. a 300 d.C., el pueblo se
mueve dentro de un ascetismo y culpabilidad cargado de sexo. Los cristianos asocian
todo lo malo con sexo y placer. Se excomulga por argumentar que el matrimonio es
superior al celibato.
Entre los años 385 y 1000 d.C.
considerados como el crecimiento de la
cristiandad en las Edades Oscuras, los cristianos convirtieron el sexo en algo
pecaminoso llegando al extremo de quemarse los dedos para resistir las tentaciones; el
amor y las alegrías debían estar dirigidas solo a Dios; la mujer no era valorada, se veía
como una propiedad desperdiciada; las prostitutas se consideraban como neuróticas
sexuales. El sexo dentro del matrimonio debía practicarse en una sola posición, en
tiempos especiales y sólo para concebir los hijos
Entre los años 1000 y 1300, época del prerrenacimiento, cabe resaltar que hace
su aparición el principio del amor de cortejo y la creación del amor romántico ideal en el
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sur de Francia, siglo XI, por los nobles, introduciéndose por primera vez los elementos
emocionales dentro de las relaciones amorosas entre un hombre y una mujer. Este
concepto nuevo y revolucionario del amor, estaba basado en el respeto y la admiración
mutua, elevando a la mujer desde sirviente y ama de casa a una dama con las mismas
aspiraciones de progreso.
El amor cortés como un código de comportamiento que define las relaciones
entre enamorados de la nobleza europea influidos por las ideas de caballería y el
feudalismo, inaugura el cortejo de la mujer por parte del hombre, inexistente hasta ahora
en la historia de los pueblos, ya que lo habitual era el apoderamiento sin muchas
contemplaciones, aunque esto siguió ocurriendo en las clases bajas.
Conviene destacar a Denis de Rougemont en “El amor y occidente” citado por
Carranza (2001), señala que la concepción occidental del amor, con la fuerza que extrae
de la pasión, se remonta a los tres primeros decenios del siglo XI, periodo en el que
comienza la poesía y luego la prosa del “amor cortés”, formando parte de una revolución
en las ideas y costumbres de Europa. No obstante, en estos momentos produce asombro
pensar que sentimientos que se supone son eternos y universales, tal como se viven,
resultan ser creaciones históricas, producto de complejas motivaciones interdependientes
y que sobre ellas se organizó la visión occidental de las relaciones entre los sexos, que a
pesar del tiempo transcurrido, siguen profundamente arraigadas en nuestra cultura
ejerciendo influencias inconscientes, aunque posteriormente, se hayan adquirido
distintas formas de comportamiento.
Dentro de esta misma idea, es importante para mejor comprensión del nacimiento
del amor cortés, ubicarse en la Edad Media, momento de gran expansión en occidente,
donde se inicia la evolución de las ciudades, la incipiente creación de la burguesía, el
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desarrollo de la vida en los monasterios y en las cortes. Por otra parte, la iglesia
empeñada en la reforma eclesiástica busca imponer en las clases altas el sacramento del
matrimonio como única posibilidad de la sexualidad para procrear herederos.
Para los demás, considerados la mayoría, esta posibilidad está vedada
especialmente para la mujer y la única opción desde la adolescencia era ingresar a los
monasterios y a las cortes, donde son educados para transformarse en caballeros por
orden del señor feudal quien es el dueño de la tierra y de la dama. La doncella de buena
cuna que estaba destinada a casarse, se convertía en esposa desde la pubertad. Otras, se
transformaban en esposas de Cristo y otras vivían en las cortes (Duby, 1990).
En este entorno social, todos los matrimonios eran concertados entre hombres;
padres, hermanos, pretendientes, puesto que la concepción de la mujer como “un ser
débil que debe ser sometido necesariamente dado que es naturalmente perversa, que esta
consagrada a servir al hombre en el matrimonio y que el hombre tiene el derecho
legitimo de servirse de ella” (Duby, 1990, p.35).
Dentro de este estado conyugal, la mujer se muestra como un ser fragmentado,
con el deber de asumir las obligaciones que tiene con su marido pues éste tiene derecho
a su posesión y por otra parte, estaba llamada a conservar su alma para su esposo
Celeste, Dios. Por lo tanto, cuerpo y espíritu corresponden a instancias distintas que
excluyen el amor dentro del matrimonio. De igual manera, la persona masculina
también se desdobla, pero en forma diferente, aquello que puede haber en el hombre de
deseo, de impulso, de amor, no se expansiona, como debe hacerlo el amor femenino en
la sublimación en lo espiritual. (Duby, 1990).
En consecuencia, cabe señalarse que el matrimonio era concebido como un
contrato social, un trámite, y que fuera de el se podían tener amantes, a los que se amaba
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realmente con mayor intensidad que entre marido y mujer, no considerándose este hecho
como infidelidad. Por lo tanto, en esta época un hombre, generalmente un caballero
enamorado de una mujer casada de igual o mayor alcurnia, tenía que demostrar su
devoción mediante gestas heroicas y escritos amorosos, presentados en forma anónima a
su amada.
Estos escritos o versos amorosos, trascendieron las cortes para adentrarse en la
cotidianidad de la gente del pueblo. Cabe resaltar a Guillermo IX o Guillermo de
Poitiers considerado como el padre del amor en occidente y uno de los primeros
trovadores europeos. Su poesía comienza como una parodia a la exaltación religiosa de
la virgen, donde utiliza formas y ritmos de los himnos religiosos y del latín y los pasa a
la lengua vulgar con el propósito de promover las relaciones sexuales. Pero a medida
que realiza nuevas transformaciones, su creación poética se transforma y nace una nueva
forma de concebir los vínculos entre hombre y mujer, apoyándose en el amor a los
divino.
En una palabra, el amor místico tiene sus raíces en la forma en que se organizó el
amor profano en occidente. Este acontecimiento significó la creación del amor – pasión
que se difundió por todas las cortes europeas, quienes sostenían a poetas encargados de
esta producción para su esparcimiento. Cabe aclarar que la pasión en considerada como
un afecto intenso que cuando se instala en la persona puede llegar a dominar su voluntad
y su razón y acentúa el poder del destino sobre esta. En este caso, el fervor amoroso
hacia la dama terrenal, las casadas con caballeros, la eleva por encima de los hombres y
se le enaltece poéticamente.
Los troveros o trovadores entonaban poemas y romances de amor y de guerra,
donde el héroe conocedor de las reglas de cortesía se adornaba y proponía como ejemplo
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a seguir. La mujer, siempre cantada por el hombre, era la imagen de lo que se esperaba
o criticaba de ella, estructurándose a través de la palabra formas de sentir y pensar. A
través de estas obras se exaltaba el amor humano, se promovía la renuncia al deseo
carnal, la castidad del amor – pasión como máximo poder de la voluntad del hombre.
Otras fueron destacando las bondades del dominio de sí mismo, la contención sexual,
hasta la consumación en la vida matrimonial. Esto permitió y facilitó que muchos
hombres que estaban condenados al celibato tuvieran acceso a las mujeres.
Duby, George (1990) en “Mujeres del siglo XII”, destaca el carácter didáctico de
estas creaciones, trovas, que eran supervisadas por el príncipe feudal o generadas en los
monasterios que animaban y divertían al medioevo, estimulando nuevas formas de
comportamiento que los caballeros, las damas y las doncellas de las cortes se
apresuraban a imitar. Igualmente, se constituyeron en un aporte para fortalecer el
aspecto cultural, al reconocimiento de la identidad femenina y masculina en occidente,
sociedad que atravesaba violentos cambios y se empeñaba en fijar las bases de su
organización.
Resumiendo lo anterior, se puede visualizar una gama de costumbres y vivencias
sobre el amor, la pareja, el matrimonio, enlazadas con emociones, sentimientos, que han
marcado la historia individual y colectiva de los pueblos y los seres humanos.
La relación de Pareja vista desde el Psicoanálisis. El Eros desde la Grecia clásica, ha
sido concebido como la fuerza que une, que mantiene la cohesión de toda vida. Esta
energía unificadora ha tomado a lo largo de la historia de la humanidad diferentes
nombres y formas, sin embargo, coinciden en nombrarlo como amor, este es el término
con el cual se conoce más comúnmente y las formas varían de acuerdo con la persona u
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objeto; amor filial, paternal, amistad, amor-pasión, amor de transferencia. Se refiere a
tipos de apego a objetos concretos o ideas abstractas que en todas su formas están
ínfimamente emparentadas en su naturaleza y que se presenta en diferentes escenarios de
la vida como el de la pareja Humana (Kaufmann, 1996).
Por lo tanto, es necesario revisar las elucidaciones que se han hecho respecto al
amor como una de las fuerzas que vinculan la pareja. No obstante, el recorrido por este
terreno no es fácil por las continuas exclusiones y relaciones que se establecen entre lo
Psíquico y lo somático, en este caso, entre el deseo, el amor, y la pulsión, hablando
desde el campo Psicoanalítico.
Con respecto a la ruptura entre el amor y el deseo, dualidades propias del ser
humano, Ortega y Gasset, (1987) en su texto Estudios sobre el amor, insiste en separar
el deseo del amor. Difieren en que el hecho de “desear algo” es en definitiva la
tendencia a la posesión y este se fulmina en tanto que se obtiene el objeto deseado, en
tanto que el amor en cambio es “un eterno insatisfecho” es decir no se colma con la
captación del objeto sino busca una unión totalizante.
Esta marcada polarización entre amor tierno y pasión, denotan tan sólo los dos
extremos del amor humano que también han sido nombrados con los términos griegos
de Eros y de Ágape. Eros es el amor de deseo, “captativo" y egoísta, mientras que
Ágape representa las formas altruistas que pueden elevarse hasta el nivel “Oblativo” de
la caridad (Burney, 1978).
Sin embargo, aunque se haga la escisión entre el deseo y el amor, no se puede
negar la existencia de ambos elementos para que se de el acto amoroso. Así lo describe,
Ortega y Gasset (1987) al decir, que:
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El amor en su inicio se parece al deseo porque su objeto, cosa, persona, lo excita; pero
luego de que el deseo ha dejado su marca, su huella en la persona, esta se dirige hacia el
objeto del deseo, va del amante a lo amado de mí al otro en dirección centrífuga. (p.17).
Por lo tanto, no se puede sino suponer la complementariedad de la fracción
egoísta del amor, el deseo, con su elemento caritativo, amor propiamente dicho, porque
su separación conduce a la desagregación y a la negación del amor (Burney, 1978).
Esta idea era clara para Freud citado por Verhaeghe (2001), en sus Tres Ensayos de una
Teoría Sexual, donde afirma, que el bienestar en el amor depende de la mayor o menor
capacidad del sujeto para resolver la oposición entre una corriente tierna y una corriente
sensual, en otras palabra en lograr una armonía en lo que se ha nombrado como amor y
deseo.
Hasta el momento se han descrito algunas de las expresiones del deseo, pero
poco se ha dicho de la manera como se estructura. Para ello es necesario revisar el mito
de Andrógino, en el se manifiesta la perfección de dios, en la creación del universo, un
universo de forma connatural: la esfera, cuyo centro se encontraba en todas partes, y
cuya circunferencia permanecía ausente del mismo.
Y así como el universo era
perfección y plenitud, los seres primitivos que hacían parte de el, eran su espejo, no
experimentaban la necesidad. Pero el orgullo y la insolencia, despertó la cerril furia de
los dioses, siendo separados, desligados de si mismos como castigo. De esta forma su
existencia se orientara en la búsqueda incesante de su ausencia, de su necesidad.
En este sentido la necesidad es algo innato y constitutivo del ser humano, que
debe colmar para vivir, simultáneamente y gracias a la satisfacción de los requerimientos
biológicos, se da origen a sensaciones placenteras, de relajación de un estado de tensión
preexistente, que se separan progresivamente de las funciones fisiológicas y que el niño
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empieza a buscarlas independientemente de la situación de privación / satisfacción de la
necesidad. Estas sensaciones placenteras están ligadas en un primer momento a la
presencia de otro ser humano, apuntalándose a él pero independizándose gradualmente
de este.
De esta manera, la realización del deseo es indisociable del otro, pero la
disponibilidad de otro como objeto de placer está siempre restringida en la sociedad y en
el niño se va constituyendo en el seno de la carencia del otro (Braunstein,1994).
Sin embargo, la aceptación del otro, requisito para la satisfacción de la necesidad,
implica la represión del deseo de ser uno con el otro o de tenerlo para sí. Es así, que en
este proceso el deseo se separa de la necesidad: la necesidad fisiológica puede ser
satisfecha pero el deseo no puede ser realizado (Braunstein, 1.994)
Por lo tanto, el deseo es el concepto fundante en Freud, así lo afirma Ravinovich
(1988), pues la ruptura entre la satisfacción de la necesidad y la satisfacción del deseo
condicionan la posibilidad sustituir el objeto perdido del deseo ya sea a través del objeto
de la pulsión o del objeto del amor. De esta manera, pulsión y amor surgen a partir de
la ruptura que da paso al deseo y son puntos fundamentales de examinar en la obra de
Freud.
La diferencia más marcada entre la pulsión y el amor se sitúa en el plano del
objeto. En la pulsión el objeto como medio es indefinidamente intercambiable, en tanto
que en el amor todo gravita alrededor de ese otro único e irremplazable, de modo que el
yo propio es renegado en beneficio de la persona amada (Verhaeghe, 2001).
Freud(1992), respecto a la pulsión en el Compendio del Psicoanálisis manifiesta
que la pulsión sexual, que se exterioriza como libido, se compone de pulsiones parciales
que al principio actúan independientemente, pero que luego se unifican en
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organizaciones definidas. Es en el caso Schreber, donde introduce el tema de la
elección de objeto, que en el desarrollo de la libido implica un paso del autoerotismo al
amor objetal. Precisa que cuando el sujeto reúne sus pulsiones sexuales, hasta entonces
autoéroticas, dicha reunión es solidaria de la consecución de un objeto de amor.
Es decir, para incursionar en el plano del amor, el sujeto tiene que recorrer el
camino de la parcialidad de la pulsión hacia la totalidad del cuerpo, este va del amor de
sí mismo hacia el amor al otro. Por lo tanto, el narcisismo es un tema a tratar cuando se
habla de amor (Rabinovich, 1988).
Según Krazjman (1988), para Freud el amor está íntimamente relacionado con la
dimensión narcisista. Cabe resaltar que el término narcisismo, proviene de la figura
mitológica de narciso, joven beocio alabado por su belleza y amado por Eco, quien
estaba enamorado únicamente de su propia imagen. De ahí, Freud soporta su teoría para
expresar que el narcisismo es el amor por la imagen de sí mismo; comportamiento por
el cual un individuo trata a su cuerpo de forma semejante a aquella en que se trata
comúnmente al cuerpo de un objeto sexual. Es claro que en el narcisismo, el sujeto se
toma como objeto a sí mismo, y el amor se reduce a querer ser amado.
Es importante aclarar que Freud (1973) en su escrito Introducción al narcisismo,
diferencia entre
dos tipos de narcisismo: el narcisismo primario y el narcisismo
secundario. El primario, es definido como el estado en que el niño ocupa toda su libido
en sí mismo otorgándose una imagen corporal, una unidad de sí mismo y una noción del
mundo. Por su parte, Lacan lo relaciona con el estadio del espejo, en donde gracias a su
imagen corporal “todo lo que en el hombre está suelto, fragmentado, en estado anárquico
se enlaza con sus percepciones en una relación original” (Krazjman, 1988, p.29).
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Dentro de este mismo planteamiento, Freud (1973) concibe que en el narcisismo
secundario se catectizan los objetos, pero la libido retorna a él, es decir, se establece un
vínculo afectivo con el exterior. Sin embargo, la energía retorna a uno mismo, modelada
y armonizada en relación con el otro.
En el mismo texto, Introducción al narcisismo, también se establece la diferencia
entre la elección narcisista y la anaclítica, Freud oscila en el uso de los términos objeto
sexual y objeto de amor, aun cuando el apartado hace alusión a la “vida amorosa del ser
humano”. Señala que primitivamente éste tiene dos objetos sexuales originarios a los
que identifica como él mismo y la mujer que lo crío. El primero de ellos se funda en la
elección narcisista, el segundo en la elección anaclítica. En el caso de esta última, Freud
le agrega la figura del padre protector, se da una identificación activa con alguna de las
dos figuras. Por lo que, aquí el amor en su surgimiento se apoya sobre la necesidad
(Ravinovich, 1988).
Posteriormente, Freud (1990) retoma el tema de la identificación con las figuras
de afecto en Psicología de las Masa y análisis del yo. Allí reconoce la identificación
como la más temprana exteriorización de una ligazón afectiva con otra persona, en la
que el sujeto hace todo su esfuerzo para modelar su propio yo de acuerdo con el modelo
elegido mediante la introyección de las características de la figura de identificación.
Para explicar mejor este mecanismo, Freud toma como ejemplo la melancolía,
donde ante la pérdida real o afectiva del objeto amado, el yo se fracciona en una parte
que ha introyectado al objeto y otra que se comporta cruelmente y arroja su furia hacia
el fragmento identificado. Esta parte del yo evaluadora incluye la conciencia moral,
que tiene funciones de autoobservación, censura onírica y
conocida como Ideal de yo (Freud, 1990).
la represión y que es
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Esta instancia, el ideal del yo, es herencia del narcisismo, el amor de sí mismo se
desplaza hacia el yo ideal, que se estructura al entrar en contacto con las represiones
sociales, representaciones éticas y culturales de su entorno. Esta introyección de la
normatividad social, tiene dos funciones: crear una identidad o imagen de sí a través del
otro y un ideal de sí mismo (Krazjman, 1988).
La función del Ideal del yo, se observa en la idealización del objeto de amor.
Freud distingue de modo claro la separación entre este objeto amoroso y el objeto del
deseo que él llama sensual. Esta diferencia muestra dos corrientes diferentes respecto al
objeto, una tierna, donde la pulsión se instala como inhibida en su meta, y la corriente
sensual reprimida, pero preservada en el inconsciente.
Es en esta corriente tierna donde se sitúa el enamoramiento, por el predominio de
la pulsión inhibida en su meta, se produce la sobrevaloración del objeto, que falsea el
juicio. En este caso el objeto recibe el mismo tratamiento que el yo e incluso, Freud
afirma, el objeto se pone en el lugar del ideal del yo (Rabinovich, 1988).
De esta manera, este ideal yo guiará la búsqueda del objeto amado. Así lo había
expuesto Freud (1973) en Introducción al narcisismo: “Se ama aquello que posee la
perfección que le falta al yo para llegar al ideal”. Por lo que podría decirse, que se busca
en el otro lo que hace falta en mí. En el imaginario colectivo, es común encontrar esta
idea de la completud perdida, proyectada en la famosa dulce mitad y el mito del
Andrógino de Artistófanes, relato que se narra en el Banquete de Platón, allí y desde la
postura psicoanalítica se recrea la ruptura con el primer objeto de amor, la madre, y la
búsqueda constante por llenar el espacio que ha dejado.
Sobre esta primera relación afectiva, en la que psicoanálisis ha desplegado gran
parte de su conocimiento, es considerada como la que guiará, dará forma y servirá de
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medida a los posteriores vínculos. Esto es la llamada transferencia, de manera muy clara
lo expresa también Kierkegaar citado por Verhaeghe, 2001, La repetición es una esposa
amada de la que nunca nos cansamos. El acento que se hace en la repetición es por lo
que determina el lugar que ocupará la pareja y no a la inversa.
Dicho vinculo madre e hijo, primera relación afectiva, se caracteriza por: Ser
total y exclusiva, uno significa todo para el otro y viceversa hay plenitud, ausencia de
falta.. En segundo lugar por estar condenada a muerte, la unidad entre ellos se disuelve
en tanto se inserta el lenguaje para mediar en la necesidad que no se puede satisfacer de
manera inmediata, palabra que es ordenadora del deseo. Y por la presencia de poder,
por la pérdida del poder absoluto que se tenia en unidad con su madre, el sujeto se
desviará de esta hacia la promesa de algún día ser como el padre (Verhaeghe, 2001).
De acuerdo con lo anterior, la relación primigenia conserva coincidencias con la
relación de pareja en un estado de enamoramiento, donde la similitud o equivalencia
entre el objeto amado y el ideal del yo, generaría una dependencia hacía el objeto
amado, similar a la ya establecida con la madre en la primeras instancias de la vida.
En este sentido Freud (1990) hace la analogía, en su libro Psicología de las
masas; del estado amoroso con el estado hipnótico, donde el sujeto pierde el juicio y se
asemejan ambos estados en: “igual sumisión humilde, igual docilidad, igual ausencia
crítica tanto hacia el hipnotizador como hacia el objeto amado, Igual reabsorción de la
iniciativa personal”.
Krazjman (1988), nombra a este punto como la dimensión fantasmática del
amor, pues en esta instancia se busca la imagen ideal en el otro, punto desde el cual creo
que soy visto por el otro de un modo que me resulta acogedor y me hace sentir halagado.
Sin embargo, esta ilusión, de que el otro está en condiciones de completarme, es lo que
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produce el engaño en el amor y a la vez es su señuelo, ya que lo que a mí me falta
también le falta a él.
Al respecto, Lacan citado por Krajzman, (1988) manifiesta que el amor se
inscribe en el terreno de lo imaginario y busca llenar o completar una carencia. En
consecuencia, el lugar atribuido clásicamente al amor se inscribe en el registro de lo
imaginario y en la búsqueda del objeto amado que se ha perdido.
En este registro imaginario, los dos polos de la oposición, en el caso de la pareja,
son complementarios; construyen una armoniosa totalidad; cada uno da al otro lo que al
otro le falta, cada uno llena la falta con el otro. El pacto del amor se unifica en una
unidad totalizante, fuera de la cual nada existe, salvo terceros excluidos. (Milmaniene,
1998).
De aquí que la función imaginaria trata de ocultar la falta del sujeto así como la
del Otro, si no se ocultara se volvería insoportable la imagen de un cuerpo fraccionado,
desarticulado e incompleto. Hablar de unidad en el ser humano es una ficción, lo escribe
Lacan en su grafo del sujeto S barrado o dividido, para demostrar que el hombre esta
escindido entre lo inconsciente y lo conciente, entre lo imaginario, lo simbólico y lo real.
El ser humano es un conjunto no unificado pero necesita sentirse unificado para
enfrentar al mundo, aunque las contradicciones revelan constantemente la escisión
(Baudes, 1995).
En el registro simbólico, la relación en cambio es diferencial. La presencia del
otro no llena la falta, no es complementaria, sino que revela la carencia del sujeto. En el
anterior registro, en lo imaginario, se evidencia como la relación con el otro da la ilusión
de completud, en el caso de la relación madre-hijo, ese otro es la madre, pero muy
pronto esta madre se ausentará y dicha relación simbiótica será regulada por el padre a
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través del lenguaje, es decir el infante tendrá que nombrar a la madre porque ya no está
en lo inmediato y para esto utilizará la palabra como medio de simbolización que viene
a representar el Nombre del Padre.
Igualmente Lacan lo llama o reconoce como “Nombre del Padre, porque es un
padre que nombra, que representa la ley, y porque la madre acepta ser sustituida por ese
Padre” (Baudes, 1995 P.52).
Aquí los opuestos, hombre y mujer, en el terreno de lo simbólico, son polos en la
relación simbólica, cada uno de ellos desenvuelve al otro su propia falta; ambos están
unidos con base en su falta común por medio de lo simbólico, del lenguaje. Aquí cada
uno acepta su falta, pero intenta vanamente obturarla con la falta del otro, fallido
recubrimiento de dos faltas. El hombre acepta que la mujer no es el falo y la mujer
reconoce que este no lo tiene, lográndose pues asumir la castración, la carencia, en cada
uno de los sexos (Milmaniene, 1998).
Mientras en el registro Real es todo aquello que esta fuera del sentido, es aquello
que lo simbólico no logra significar, y poner en palabra, es lo que se resiste a la palabra.
Es el trauma la angustia (Baudés, 1995).
Con respecto a lo anterior Lacan, logra establecer una marcada diferencia entre
amor, pulsión y deseo. En la ilusión del amor, de desear ser amado y de amar, existe
una reciprocidad entre el sujeto y el objeto, en tanto que en el orden de la pulsión no hay
reciprocidad sino pura actividad, ya que el objeto es intercambiable.
Con respecto al amor y el deseo, el amor esta claramente opuesto al deseo puesto
que el amor se basa en un fantasma de unidad con lo amado y esto anula la diferencia
que da origen al deseo. El amor esta en el campo de lo imaginario en tanto que el deseo
en el terreno de lo simbólico. Los dos son similares en cuanto nunca pueden ser
Interjuego entre Amor y Deseo
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satisfechos. La estructura del amor como “deseo de ser amado” es idéntica a la
estructura del deseo, en la cual el sujeto desea convertirse en el objeto de deseo del Otro.
Sublimación y Represión. Retomando la idea de pulsión, Freud la designo desde sus
primeros estudios como un concepto limite entre lo somático y lo psíquico, y fue el
mismo quien distinguió instinto de pulsión del mismo modo que Verhaeghe para el cual
“La pulsión no es instinto, es mas bien el pervertimiento de reacciones que, en el origen
eran instintivas”. Verhaeghe, (2001). Como en el reflejo de succión del bebe, que se
convierte en otra cosa, como lo demuestran la anorexia y bulimia_ las cuales van a veces
en contra de su función de supervivencia. Este punto demuestra que el reflejo y el
instinto no es lo único que constituye al ser humano, ya que el sujeto, con tal de
garantizar su subjetividad, en ocasiones es capaz de sacrificar su propio cuerpo
haciéndolo padecer.
Por otro lado la pulsión para Freud comprende cuatro componentes: por un lado
la fuente y el empuje, por otro lado, el fin y el objeto. Los dos primeros tiene su raíz en
el cuerpo; los otros dos en el psiquismo, lo cual da un toque de complejidad a la pulsion
humana, ya que esta viene a comprender tanto la parcialidad, como la naturaleza
autoerótica del objeto, al no centrarse, ni necesitar la totalidad del cuerpo para su
satisfacción.
La pulsión puede tener cuatro destinos posibles, que son la vuelta contra sí
mismo, la transformación en lo contrario, la represión y la sublimación, lo cual depende
de las particularidades de la pulsión y del sujeto mismo. De igual manera resulta
necesario para los fines de la investigación explorar y revisar los mecanismos de
sublimación y represión, medios por los cuales la pulsión se encamina.
Interjuego entre Amor y Deseo
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Tomando en cuenta lo anterior, es preciso iniciar haciendo un breve recorrido, de
los trabajos desarrollados en torno al concepto de sublimación desde el psicoanálisis,
dentro de la teoría freudiana se hace evidente la falta de desarrollo del término, ya que a
pesar de que Freud, anuncia un artículo sobre el tema, este nunca se publicó, dejando así
inconclusa una explicación más detallada sobre uno de los destinos de la pulsión. Sin
embargo quedo claro a partir de entonces que la sublimación se caracteriza por la
desexualización de sus fines.
Por otro lado la mención de la sublimación en varios de los escritos de Freud ha
permitido que el psicoanálisis no haya renunciado a la utilización del concepto y se haya
tomado la tarea de recoger dichas menciones. Tal vez, la posibilidad de que la pulsión
salga de manera satisfactoria, sin represiones ni desaciertos y de que ésta a la vez sea
fuente de producción en un contexto socio cultural, hace que se niegue su olvido, ya que
vincula lo pulsional y orgánico del hombre con la creación, dejando ver una fachada
distinta de la pulsión, una fachada grata dentro del contexto cultural del sujeto.
Freud en sus inicios toma la sublimación desde la perspectiva y en relación con
el apuntalamiento, el paso directo del estado sólido al estado gaseoso sin pasar por
estado liquido, mientras que para Laplanche (1.987) es insuficiente pensar en una
relación tan sencilla, donde la sublimación se remite exclusivamente al apuntalamiento
en sentido inverso, es decir en el retorno de lo sexual a lo no sexual. Para este autor por
un lado el producto de la sublimación mantiene contenidos de orden sexual, no es una
desexualización total, como lo afirmaba Freud y por otro lado, siempre queda algún
residuo, de orden sexual que se escapa al destino de la sublimación, que el sujeto
reprime, punto común con Freud.
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De igual manera dentro del análisis de Freud a Leonardo Davinci, se confirma la
idea de que las sublimaciones verdaderas, son las precocez, a través de la intelectualidad
en su primera infancia. En este sentido la sublimación se produciría en el momento
mismo en el que aparece la excitación sexual del sujeto, es decir en el momento de la
pulsión parcial sexual.
De esta manera para el autor, la sublimación viene a constituirse como el
mecanismo típico de los primeros años de vida, por lo que se le conoce, como
sublimación originaria.
Sin embargo cabe aclarar que en los años posteriores de
desarrollo del sujeto, el mecanismo de sublimación, continua haciendo parte de la
adaptabilidad y funcionalidad en el adulto. Como en el caso de Leonardo, donde la
pulsión se deriva y transforma, a través no solo en la pintura, sino de su incesante
búsqueda de diversos conocimientos y experiencias de aprendizaje.
A partir de ello podría decirse que la pulsión sexual no esta dada de una vez y
para siempre, sino que en efecto existe la capacidad en el ser humano de crear sin cesar,
desde el origen, desde lo sexual a partir de toda suerte de conmociones exteriores, a
partir de lo nuevo. Freud, citado por Laplanche (1987).
Por otro lado Elisser, citado por Laplanche (1987) se cuestiona, si la actividad
sublimada, en la vida del individuo, es competidora de la actividad directamente sexual,
o si por el contrario podrían ser consideradas paralelas. Dentro de esta misma idea, si se
admite por una parte que la pulsión sexual esta dada tal cual desde el origen, como una
cantidad idéntica de libido, y se admite por otra parte que la sublimación es una manera
de derivar una parte de esa sexualidad, parece claro entonces encontrar en el creador y,
de manera general, en todo aquel que se dedique a una actividad sublimada, una
disminución de la actividad sexual.
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Lo esencialmente sublimado para Freud, eran las tendencias perversas
polimorfas, del estadio pregenital, sin embargo para el dichas tendencias perversas
también eran sublimadas en etapas posteriores, durante la elaboración del complejo de
Edipo y el de castración del sujeto. En este sentido las estructuras psicopatológicas
como la homosexualidad para el caso de Leonardo, son sublimables.
De manera complementaria Melanie Klein, trabaja la sublimación desde el punto
de la totalidad, toda sublimación desde su perspectiva pretende reparar, este elemento, el
de reparación, esta ligado a la fase depresiva del sujeto, así toda relación de objeto, todo
vinculo de amor es y implica reparación, creación del objeto como una totalidad, y a su
vez creación del yo. Sin embargo para Laplanche la actividad sublimada es un sustituto
del primado genital, una coordinación de las actividades pregenitales del sujeto, que se
reflejan en una obra o trabajo creativo. Con respecto a este punto “la síntesis viene a
constituir un elemento vital tanto en estadios pregenitales como genitales, sin embargo la
síntesis genital, se refleja en creaciones, que pueden desencadenarse bajo el signo de
represión o de renegación” (Laplanche, p. 117, 1987).
Freud trabaja en un inicio el concepto de inhibición de meta, como un aspecto,
una etapa hacia la sublimación en el sujeto, este mecanismo se presenta como una
explicación a la ternura, sea en el amor llamado platónico, en la amistad, o aun en las
relaciones afectuosas dentro de la familia. La meta principal, que es la satisfacción
sexual, resulta inhibida y reemplazada por metas preliminares, circunstanciales, que
pasan a enmascarar su no-realización. Sin embargo en el caso de la sublimación no
permanece ni la meta, ni el objeto, ni tampoco la fuente de la pulsión, así finalmente se
halla la energía sexual, desexualizada, puesta en función de actividades no sexuales.
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En introducción al narcisismo, Freud hace resaltar la diferencia entre sublimación
e idealización. La sublimación es un proceso que se relaciona con la libido objetal, y
consiste en que la pulsión se orienta sobre un fin diferente y alejado de la satisfacción
sexual; lo mas importante de el es el apartamiento de lo sexual. La idealización es un
proceso que tiene efecto en el objeto, engrandeciéndolo y elevándolo psíquicamente, sin
transformar su naturaleza. Es decir que la sublimación describe algo que sucede con la
pulsión y la idealización algo que sucede con el objeto.
De igual manera Freud distingue claramente entre el yo ideal y la sublimación,
pues aunque el sujeto haya transformado sus deseos y anhelos en la veneración de un yo
ideal, esto no implica que haya conseguido la sublimación de sus pulsiones, siendo de
esta forma la sublimación un proceso distinto, cuyo estimulo puede partir del ideal, pero
cuya ejecución permanece totalmente independiente de tal estimulo, Freud (1973).
Posteriormente, Freud en el año 1923, en su obra El yo y el ello, esboza lo que
pasa con la pulsión en la sublimación. Afirma que la transformación de la libido objetal
en libido narcisista trae un abandono de los fines sexuales, es decir, una desexualización.
Así en el proceso de sublimación se da en primera instancia una mediación del yo, que
transforma primero la libido objetiva sexual, en libido narcisista, para ponerle un fin
distinto al sexual. Freud (1973).
En consecuencia, la particularidad de cambiar el fin sexual original por otro, que
ya no sea sexual, pero que esté psíquicamente emparentado, le permite a la sublimación
responder sin represión a las primeras exigencias de la civilización, exigencia
interiorizada por las prohibiciones y los ideales (Chamana, 1998).
Cabe aclarar, que la aceptación o no por parte de la sociedad, de los productos de
la sublimación, no es lo que le da el valor a la producción. Este valor se lo da el mismo
Interjuego entre Amor y Deseo
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sujeto, ya que la sublimación se encuentra en el plano individual. Es necesario entonces
que exista un sostén interno subjetivo, para proveer un apoyo al sujeto, para proponerle
objetos de investidura y un cambio de meta en la realización personal. Es así, que la
sublimación se inscribiría en el campo de lo Intersubjetivo (Maris, 1995).
De igual manera, existe un equívoco en lo que respecta a los productos de la
sublimación. En este sentido, se ha limitado y equiparado la sublimación con la creación
artística, dejando de un lado la producción creativa y constante que se da en otros
terrenos distintos al arte y tan cotidianos como el trabajo.
Para el kleinismo en el lugar central de la Sublimación, está el cuerpo mítico de
la madre. Mientras que Lacan desmarca la Sublimación del campo kleiniano, en que se
ubicaba como reparación del cuerpo materno y del universo netamente freudiano, en
tanto desexualización de la líbido y propone interrogar la noción. .La Sublimación según
Lacan no tiene que ver con el objeto, sino con la meta.
Ahora bien, desde la perspectiva de Lacan, se enfatiza que la actividad
sublimatoria encuentra su motor en el vacío representacional al que el sujeto accede,
entendiendo, el vacío y la falta como estructurantes y organizadores de la creación.
En esta misma idea, la creación se instala en el vacío que se inventa para dar
espacio a lo que va a venir y lo que se ve venir es la conformación de lazos y
conexiones, que entran en contacto con un círculo laboral, dando la posibilidad de
desplazar al trabajo y a las relaciones humanas una parte de los componentes narcisistas,
agresivos y aún eróticos de la libido (Maris, 1995).
Siguiendo la misma perspectiva, Jasiner (1998), concibe la sublimación como un
trabajo de producción de nuevos enlaces, de nuevos goces, que a través de la creación y
la relación con otros ayudan al sujeto a salir del destino de la fijación. Plantea que ese
Interjuego entre Amor y Deseo
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desvío es posible, gracias a la plasticidad de la pulsión, lo que supone una operación de
demora de la pulsión, una dislocación de sentidos consagrados, buscando anudar una
marca, en sucesivas vueltas, de un trabajo siempre con otro.
Con respecto a este punto, el trabajo de Jasiner (1998) tiene un amplio
significado, si es visto en las palabras del mismo Freud, en su entrevista con George
Sylvester Viereck.
Allí Freud dice: "El Psicoanálisis, reorganiza el laberinto de
pulsiones extraviadas, y trata de volver a enrrollarlas, al carretel al que pertenecen.
Dicha metáfora, implica desde otra perspectiva proveer el hilo que conduce a un hombre
fuera del laberinto de su propio Inconsciente. ¿A qué se refería Freud, con la expresión:
reorganizar el laberinto de pulsiones extraviadas?".
En el mito del minotauro, la casa de Asterión es el laberinto. A fuerza de fatigar
patios y galerías Asterión encuentra la salida de las monótonas paredes que son su
destino, pero allí se encuentra con que el laberinto es el mundo. "Laberinto de pulsiones
extraviadas... al que el Psicoanálisis provee un hilo". Freud, citado por Jasiner (1998).
En 1930, en El Malestar en la Cultura, Freud señala que por la vía del síntoma o
por vía sublimatoria el paciente dará cuenta de sus marcas. Por los caminos de la
Sublimación, sería posible que estas marcas propias del rasgo de cada uno, sean
asumidas por el sujeto de manera distinta, como un modo de anudar lo ya anidado.
Retomando ahora, el tema de la represión dentro de la corriente Psicoanalista,
este concepto se convierte en uno de los pilares de esta teoría. Freud en 1896, escribe
acerca de las psiconeurosis de defensa y aquí plantea la represión como concepto de
defensa, siendo sustitutiva del inconsciente, e inhibiendo las excitaciones internas de
origen pulsional, cuya persistencia provocaría displacer excesivo en el sujeto.
Interjuego entre Amor y Deseo
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Pero la represión no se ejerce sobre las pulsiones en si, sino sobre sus
representantes, llámense imágenes o ideas que, aunque reprimidas, siguen activas en el
inconsciente,
posibilitando
el
acceso
del
material
reprimido
al
consciente.
(Chemamama, 1998).
En este sentido, Freud (1912) en su escrito titulado “La represión”, vincula
estrechamente la represión y lo inconsciente, afirmando que la represión no es
originariamente dada sino, que no puede surgir hasta haberse establecido una separación
en la actividad anímica conciente y la inconsciente, puesto que su esencia esta en
rechazar y mantener alejados de la conciencia a determinados elementos.
En este mismo artículo, aclara la diferencia entre represión primaria y secundaria,
concibiendo a la represión primigenia como una operación por la cual se deniega a lo
pulsional su acceso a la conciencia, y tiene su origen en el trauma. Mientras, que la
represión propiamente dicha, recae sobre ramificaciones psíquicas de la representación
reprimida o sobre aquella serie de ideas, procedentes de fuentes distintas, pero que han
entrado en conexión asociativa con dicha representación.
No obstante, la represión no solo se instala en el campo de la idea y sus
representantes, sino donde cobra un valor importante, que es en el afecto, a lo que Freud
denominó Monto de afecto. En este sentido, este elemento, encuentra una expresión
adecuada a su cantidad en procesos que se hacen perceptibles a la sensación a título de
afectos. De ello se deduce, que el destino del monto de afecto del representante
[Repräsentanz], es mucho más importante que el de la idea [Vorstellung].
Por otra parte para Laplanche (1987), la represión significa, síntoma, conflicto
inconsciente, que resurge bajo el aspecto de una formación que llega a sustituirse ahí y a
constituir un compromiso entre los elementos del conflicto.
Interjuego entre Amor y Deseo
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De acuerdo con este enfoque, es equivocado pensar que la represión actúa de
igual manera para todos los sujetos. Esta se constituye en un proceso individual, ya que
si bien nos une a todos la represión originaria por su carácter mítico, la operación de
sustitución y su contenido afectivo corresponde a la historia de cada individuo.
Por lo tanto, es comprensible que el fin del Psicoanálisis sea buscar “lo que
quiere decir el hombre deseante”, tarea que implica tener en cuenta los efectos de la
represión ya que esta disfraza el deseo de múltiples maneras.
A partir de allí, es fundamental estudiar el doble sentido en el lenguaje del
hombre hablante. Así como el deseo avanza enmascarado, también el lenguaje esta
distorsionado, quiere decir, otra cosa de lo que dice. Por lo tanto, dicho lenguaje es
equívoco, no tiene una significación lineal, lo que le otorga la cualidad del doble sentido
y a la vez demanda interpretación, es decir, la tarea es desenmascarar su significado
oculto. (Ricoeur, 1973).
Como consecuencia, de la complejidad del deseo humano y de su expresión, se
abre el espacio para la hermenéutica, ya que su fin es la interpretación, la toma de
conciencia de lo que no se dice a través de todas las formas de decirlo. En conclusión, la
hermenéutica es comprensión.
Es preciso destacar, que el campo de acción de la hermenéutica y del
psicoanálisis tiene su soporte en el lenguaje y por lo tanto, es necesario estudiar la
naturaleza del símbolo, considerado a éste, como la expresión lingüística de doble
sentido, de contenidos siempre singulares que requieren de una interpretación.
Lo
simbólico, quiere expresar “el carácter no inmediato de nuestra aprehensión de la
realidad”. Sin embargo, la relación que se da entre lo sensible y el significado, entre la
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significación y la cosa, no se refiere al símbolo, sino al signo que se expresa por su
naturaleza dual.
El símbolo, es más complejo. Este, supone una relación de sentido a sentido;
presupone signos que ya tienen un sentido primario literal y que a través de este sentido
primario remiten a otro, es decir, no se establece una relación univoca entre significante
y significado ya que el significante puede asumir multiplicidad de sentidos particulares.
(Ricoeur. 1973).
El símbolo no solo atiende a una estructura semántica, lo que significa, sino a los
mitos, es decir a los grandes relatos que tratan del principio y el fin del mal. Estos mitos
nacen de generalizar la experiencia humana al nivel de los universal concreto, dándole
un valor heurístico al símbolo ya que confiere universalidad, temporalidad y alcance
ontológico a la comprensión del hombre. (Ricoeur, 1973).
Marco contextual
En los primeros años del siglo XII, bajo un régimen
feudal, época donde
comienzan a constituirse las primeras ciudades y con un marcado resurgimiento del
fervor cristiano, se desenvuelve la historia de los amantes Abelardo y Eloisa, por su
parte Abelardo desde sus primeros años de vida, se inclinaba decididamente por el
estudio de las letras y la filosofía.
Aunque en su familia existía una tradición por las armas, su padre siempre estuvo
pendiente de su educación y como primogénito debía asumir la espada de caballero, ante
lo cual declinó a favor de su hermano, así como de la parte que le correspondía de las
posesiones de su padre. Considerando que para convertirse en un maestro de la
Interjuego entre Amor y Deseo
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dialéctica y la retórica no necesitaba más que su intelecto, se marchó a París en busca de
conocimiento dejando atrás su natal Bretaña, como también el legado de guerra que
heredaba.
Es preciso, aclarar que Abelardo con su renuncia implícitamente también estaba
descartando la posibilidad del matrimonio, ya que en esta época el matrimonio era para
las clases altas, pues el mandato eclesiástico era que los herederos de la tierra debían
engendran herederos (Carranza, 2001).
Estando en París logró lo que se propuso: ser reconocido por maestros y
estudiantes como uno de los más importantes pensadores de su época. Abelardo desde
sus inicios en la escuela de Nuestra Señora, se iba perfilando como el más aventajado de
los pupilos hasta el punto de superar a sus maestros, creando enemistad con algunos de
ellos, en particular, con Guillermo de Champeux. Fue tan alto su éxito que logró reunir
una cantidad considerable de alumnos que esperaban recibir su cátedra en la Montaña de
Santa Genoveva.
Sin embargo, el hecho de convertirse en un maestro en dialéctica y retórica no lo
distanciaba de las aulas en su posición de estudiante. Decidió entonces, tomar lecciones
de Teología con Anselmo, quien en su tiempo era una celebridad, y, con quien no tardó
en rivalizar como lo había hecho con su anterior maestro.
Es así, como describe
Anselmo parte de la personalidad de Abelardo en ese entonces: “Sentirse herido por la
acción poco elegante de este alumno que patétiza una superioridad manifiesta sobre la
mayor parte de sus condiscípulos” (Pernoud, p. 34).
A consecuencia de las diferencias entre Anselmo y Abelardo, se le prohibiría a
Abelardo continuar la enseñanza que había improvisado sobre algunos pasajes de la
Biblia y la cual ya contaba con seguidores. No obstante, este incidente le daría más
Interjuego entre Amor y Deseo
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fama y renombre del que tenía con anterioridad y le abría las puertas de París para
continuar enseñando. Al parecer, este fue el mejor momento en la vida de Abelardo.
Así lo describe Pernoud. Con tan sólo 35 años: “en él todo era excepcional: la
ciencia, que en él parece infusa, de la dialéctica y hasta de la teología; las dotes de
maestro, la vivacidad de su espíritu, la elocuencia y su atractivo físico”; sumado a la
fortuna que hacía con la remuneración de sus estudiantes, que en esta época no era bien
visto, pero que Abelardo no tenía ningún escrúpulo en aceptar.
Por otro lado está Eloísa, un espíritu igual de inquieto que el de Abelardo, que no
se queda rezagada frente a los triunfos académicos de éste, ya que a Eloísa se le conoce,
no sólo en París sino en otras escuelas y monasterios por su inteligencia, su amor al
estudio, que llama la atención de sus contemporáneos. Esta admiración que despertó en
su época es entendible, ya que la mujer que se interese por la filosofía y por desarrollar
su pensamiento no es lo corriente en la edad media y menos que no tenga en cuenta
tomar el hábito para continuar su instrucción bajo el amparo de un convento. De igual
manera que Abelardo, la joven Eloísa decide seguir su educación al margen de la vida
religiosa.
Ahora bien, Eloísa realiza sus estudios en Argenteuil, pero allí no logra saciar
toda su curiosidad por el conocimiento, por lo que se desplaza hacia el claustro de
Nuestra Señora en donde contó con la hospitalidad de su tío Fulberto para continuar con
sus estudios. Este pariente era canónigo y se albergaba en una de las casas canónicas
que cercaban y hacían parte del claustro de Nuestra Señora; así era más fácil para Eloísa
asistir a las aulas.
Pero la presencia en el claustro de Nuestra Señora de una joven que ha venido
expresamente para continuar los estudios no es una cosa corriente, pues mujeres
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instruidas hay muchas en los conventos; algunas en los cursos señoriales, pero en la
escuela de Nuestra Señora, entre jóvenes clérigos no se había visto. Y son los ojos de
Abelardo los que están destinados para observar en Eloísa, no solo la grandeza de su
espíritu, sino también su belleza. De esta manera el filósofo sale de sus silogismos y
deducciones para acercarse al género femenino, al cual había olvidado por concentrarse
en un mundo de estudiantes, de lecciones y discusiones con los grandes maestros de la
época.
Por otra parte, Abelardo se hace estratega para ponerse en relación con Eloísa y
decide por medio de algunos amigos suyos, entrar en contacto con el tío de la joven para
que sea admitido mediante alquiler en su casa que estaba muy cerca de la escuela. Los
argumentos con los que Abelardo se presentó fueron contundentes y él los expresa en
autobiografía: “Yo alegaba como motivo de los cuidados de una casa perjudicaban mis
estudios y me resultaba demasiado costoso. A Fulberto le gustaba el dinero y estaba
deseoso de facilitar a su sobrina todos los medios de progreso en la carrera de las letras.
Satisfaciendo sus dos pasiones, obtuve sin esfuerzo su consentimiento y conseguí lo que
me propuse”. (Pernoud, 1973 p. 53).
De esta manera Abelardo y Eloísa tenían la posibilidad de estar juntos cuantas
veces quisieran y con el pretexto de estudiar se entregaron a vivir la pasión de su amor,
porque el sentimiento fue recíproco aunque el modo de amor si difiere; “ella amará toda
su vida, Abelardo pasará por diversas fases y seguirá una evolución en su manera de
amar; pero Eloísa no, en ella es sin matices, como sin fallo alguno es el amor”.
(Pernoud,1973 p. 55).
Sin embargo, la dimensión de la relación traspasaría los muros del hogar de
Fulberto para proyectarse en el trabajo de Abelardo, quien daba sus lecciones con
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indiferencia y solo tenía energía para componer algunos versos románticos y dedicarse a
los goces del amor. Así lo sintieron sus alumnos quienes notaron el cambio de su
querido profesor, convirtiendo así la relación de Abelardo y Eloísa un secreto a gritos.
Freud en su texto introducción al narcisismo, Obras completas, p. 2025, se refiere
particularmente al fenómeno del enamoramiento, “que recuerda a la compulsión
neurótica, que se caracteriza por el empobrecimiento de la libido del yo a favor del
objeto.”.
Desde esta perspectiva los límites del yo de Abelardo se diluyen, empobreciendo
sus propios intereses y estima, centrándose en el objeto de su libido Eloisa. Como se
refiere Abelardo en su propia autobiografía: “llegue entonces a ejercitar la docencia tan
lánguida y negligentemente, que nada original decía, sino que todo lo hacia
rutinariamente”, “Ahora que, cuanto mas me embargaba esta delectación, menos podía
dedicarme a la filosofía y menos podía también atender a mis escuelas” (Abelardo 1967,
p. 38).
Conviene destacar que el siglo XII, es el siglo del nacimiento del amor cortes,
donde se inaugura el cortejo de la mujer por parte del hombre, su difusión se le debe en
gran parte a los trovadores que llevaban de un lugar a otro poemas y romans de amor y
guerra (Carranza, 2001). No es de extrañar, que los escritos dedicados a Eloísa se
conocieran rápidamente por medio de esta vía.
Pero el secreto no podía ser ignorado tanto tiempo por el tío de Eloísa, quien
ante la aflicción del engaño decidió echar a Abelardo de su casa. La separación sacó a
relucir un cambio en Abelardo, ya que no lo unía solo la pasión sino también el amor y
así lo expresa: “¡Qué dolor para los amantes obligados a separarse!... cada uno de
nosotros, no de propia suerte, sino de la suerte del otro... la separación estrechaba más
Interjuego entre Amor y Deseo
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los lazos del corazón; privado de toda satisfacción, nuestro amor se inflamaba cada vez
más”. (Pernoud, 1973 p. 64).
Ahora bien, no tardaría Eloísa en conocer el estado en que se encontraba; iba a
ser madre. Una vez se lo comunicó a Abelardo, éste tomó las acciones del caso y
decidió en la ausencia de Fulberto, entrar en su casa y raptarla, para llevarla a su casa
paterna donde nacería su hijo, Pedro Astrolabio.
Después del nacimiento de su hijo, Abelardo decide presentarle sus excusas a
Fulberto y proponerle la reparación de la falta cometida casándose con Eloísa, con la
única condición de que el matrimonio permaneciera en secreto a fin de no perjudicar su
reputación.
No obstante, para Eloísa la idea de que este ser excepcional pueda encontrarse
reducido a la condición de padre de familia le resulta insoportable, por lo que se opone
al matrimonio. Eloisa esta dispuesta a sacrificarse enteramente por su amado. No quiere
ser su esposa porque serlo redundaría en desmedro de la carrera de Abelardo. La razón
por la que Eloísa rechaza el matrimonio es la calidad de su amor absoluto, perfecto y
gratuito, concepción de un amor poco clásico, haciendo comprensible que se rehusé a
degradar el objeto idealizado de su amor reduciendo a un simple contrato matrimonial.
Pero igualmente la actitud de Eloisa opuesta frente al matrimonio, no atañe
exclusivamente a la degradación de Abelardo como objeto de su amor, sino que
enmascara su feminidad en una histeria, con la cual su existencia se reduce al deseo del
otro y no de ella misma, como una renuncia, que la remite a su estado de mujer. un
estado carente de completad y significado.
Conviene resaltar, a partir de Aliaga (1998), que la mujer en medioevo solo
comienza a tenerse en cuenta a partir del surgimiento del culto mariano, pero su
Interjuego entre Amor y Deseo
38
sexualidad se ve escindida entre las vírgenes y las otras; casadas o viudas. Sin embargo,
sólo con la aparición de Magdalena, la sexualidad femenina es considerada como posible
de superar, y mediante el arrepentimiento sincero, convertirse en el pasaporte a la
compañía divina.
En este contexto, Eloísa se exponía a no estar dentro de ninguna de estos
requerimientos y a ser objeto de repudio. “ya que el goce para la mujer es seguramente
mas difuso, menos genital y por ello mas rico en posibilidades, lo cual ofrece una
explicación de dicho repudio, por otra parte el hecho de que su primera relación es
homosexual y su órgano genital invisible, lo que simbólicamente representa y viene a
constituir la falta femenina. Así que en base a este punto, el despliegue femenino sobre
un objeto distinto al primario, es decir heterosexual implica un rechazo y una amenaza
dentro de una sociedad enmarcada en el patriarcado.
Igualmente sucederá con la expresión de su sexualidad, ya que ella frente a la
amenaza de castración del hombre, deberá de mantenerse en su ausencia, sin la
posibilidad de acceder a su genitalidad o por lo menos si, siendo señalada y acusada, por
expresar su feminidad a la cual tiene tanto derecho como el hombre.
Sin embargo, Eloísa y Abelardo se casaron. Podría afirmarse, de este evento, que
aún cuando Eloísa quiere anteponer su deseo a la restricciones sociales, ella no puede
desconocer el lugar dado a la mujer en al edad Media. En este sentido, la figura de la
mujer es escindida, fragmentada y contradictoria, la imagen femenina se vio
condicionada por el discurso clerical, es decir, el discurso masculino de quienes poseían
el poder de la palabra, de la cultura y de la tradición. Las veces en que las mujeres
enunciaron su yo, lo hicieron determinadas por el contexto, y por la particular
direccionalidad de su discurso. (Aliaga, 1998).
Interjuego entre Amor y Deseo
39
A pesar de que trataron de ocultar su unión, las murmuraciones afectaron tanto a
Abelardo, que decidió mandar a Eloísa a la abadía de monjas de Argenteuil con la
intención de callar las habladurías y de rescatarla de los malos tratos de su tío Fulberto.
De esta manera, Eloísa nuevamente era objeto del discurso masculino que le ordena y
demanda su destino.
Posteriormente, a esta nueva acción de Abelardo, fulberto y algunos familiares de
Eloísa hicieron sentir su protesta. Así lo describe la víctima: “Se entendieron entre ellos
y una noche mientras descansaba en casa en una habitación retirada, uno de mis
sirvientes les introdujo y me hicieron sufrir la más brutal y vergonzosa de las venganzas,
venganza de la que el mundo se enteró con estupefacción: me cortaron las partes del
cuerpo con que cometí aquello de que se quejaban (Pernoud, 1973 p.76).
A pesar de todo ello, la relación se mantiene viva a través del tiempo. A partir de
este hecho, cada vez que Abelardo evocaba el recuerdo de la castración aseguraba que el
dolor físico era más tolerable que el golpe que recibió su orgullo. De esta manera, se
rompía un amor donde la convivencia solo se redujo a tres años pero que a pesar de los
obstáculos, ésta se mantuvo a través del tiempo aún estando los dos, tras las paredes de
un monasterio, para ocultar según la sociedad, la vergüenza de su falta.
Conviene destacar, que los años que siguieron al infortunio de Abelardo, se
constituyeron en el período más fecundo de su producción, tiempo durante el cual pone a
punto su método y redacta sus principales obras. En este sentido, también hace cambios
drásticos en su objeto de estudio, pues deja de ser un filósofo del mundo para convertirse
en un filósofo de Dios. Es así, que se dedica al estudio de la teología, campo donde no
tardará en rivalizar con los maestros en la materia, por sus escritos que son tildados de
heréticos.
Interjuego entre Amor y Deseo
40
De igual manera, desencadenó enemistad en la abadía de San Dionisio, donde se
había albergado cuando decidió tomar el hábito, al realizar unos comentarios acerca de
San Dionisio. En este caso, decidió buscar el amparo del Conde Thibaud de Champaña,
quien le brinda la oportunidad de acceder a una extensión de tierra donde pronto
edificaría su escuela para seguir dando sus lecciones a estudiantes que rápidamente irían
a poblar los alrededores de la capilla principal que llamaría, El paráclito.
Aunque el éxito que tuvo su obra fue el que se propuso, pronto tendría que
cerrarlo por comportamiento de algunos de sus alumnos y hacerse cargo de la abadía de
Sant Gildas en Bretaña, tierra incivilizada con una población brutal y salvaje. Su estadía
allí no fue nada sencilla por la vida desarreglada de los monjes.
Adicionalmente, a la situación en la que se encontraba Abelardo, fue de su
conocimiento que Eloísa y sus compañeras habían sido echadas de Argentuil y se
encontraban dispersas en varías abadías. De inmediato se apresuró a darles auxilio y
ofrecerles el oratorio que había abandonado hacía poco, El paráclito. Con ello revela el
amor del sacerdote por su iglesia, la caridad del abad por una hermana en Jesucristo y
también la ternura del esposo por la esposa. Y aunque hubiera preferido quedarse con
Eloísa y la comunidad, los comentarios malintencionados que recordaban su pasado
juntos, sancionaron la intención de ayudar a la naciente comunidad religiosa por lo que
tuvo que volver a Bretaña.
Ahora bien, allí no se extinguían los vínculos que unían a Abelardo y Eloísa.
Pronto se comunicarían a través de la correspondencia, que es uno de los instrumentos
que ha de conservar esta historia hasta nuestros días. Con el objeto, al parecer, de
ponerse en escena, Abelardo redacta carta a un amigo, escrito que relata las
persecuciones de las que fue objeto por sus escritos y en la abadía de Sant Gildas, de las
Interjuego entre Amor y Deseo
41
malas intenciones de los monjes. Este texto tan prontamente difundido, llegó a manos
de Eloísa, quien se apresura a lanzar un grito de reclamo ante el abandono de Abelardo
recordándole su condición de esposa y las proporciones infinitas de su amor, así como lo
inmutable de su afecto hacia él.
Sin embargo, el tono en que responde Abelardo, lo aleja un tanto de la pasión de
Eloísa. Este se ofrece tan sólo a guiarla espiritualmente y a consolarla en su duelo por
la pérdida de su amor y la imposibilidad de algún encuentro. En consecuencia, sus
cartas son testimonio del fiel amor cortés y de la dinámica de la pareja, del diálogo entre
lo femenino y lo masculino.
Finalmente, el silencio, la soledad, la expiación y la muerte se presentan en el fin
de la existencia. A Abelardo se le impone un silencio perpetuo por conceptos heréticos
en sus obras, que pronto será reparado por Pedro el Venerable, quien bajo su cuidado
logra que Abelardo lleve una vida austera o escéptica muy lejos de la ostentación a la
que estaba acostumbrado; tan solo logra conservar su estatus de maestro que siempre lo
distinguió y lo dio a conocer y con este título muere a sus 63 años en Saint Marcel de
Chalon.
Pero es Eloísa, la que una vez más tiene que cargar con el peso de la ausencia, y
la soledad ya que sobrevive 20 años más y tiene la tarea de llevar el cuerpo de Abelardo
para que descanse en “El Paráclito” donde pronto se reunirán ambos para siempre.
Planteamiento del problema
Tras la revisión y reconstrucción de la historia de Abelardo y Eloísa en un marco
socio-cultural que corresponde a la Edad Media, y la revisión bibliográfica de la relación
de pareja desde una visión psicoanalítica; se revelaron elementos importantes como son:
el surgimiento del amor cortes y sus repercusiones en la poesía y la filosofía, la
Interjuego entre Amor y Deseo
42
represión sexual de la época, el renacer del fervor cristiano, la exaltación del intelecto
por parte de los personajes, así como los sacrificios y la entrega hacia el otro.
Dentro de lo anteriormente expuesto, se evidencia un interesante interjuego entre
Amor y Deseo que se muestran como fenómeno particular de la relación y que se
expresan en diferentes momentos de la historia de los personajes en sus cartas,
imprimiéndole un sentido propio que se puede develar a la luz de los fundamentos
psicoanalíticos.
De esta manera, el soporte de la investigación esta dado por la interpretación
dialéctica, de estos conceptos que permiten reconstruir los significados y mostrar
sentidos diversos anteriormente inexplorados de manera circular y particular. En este
sentido, es posible formular la siguiente pregunta:
¿Cómo se presenta el interjuego entre amor y deseo en Abelardo y Eloisa, protagonistas
de una historia de amor del siglo XII en Francia?
Objetivos
Objetivo General
Interpretar la dialéctica que se dá entre el amor y el deseo en la historia Abelardo y
Eloisa dentro de un marco conceptual
psicoanalítico, a través del análisis de su
correspondencia, que lleve a develar la dinámica amorosa de los personajes.
Objetivos Específicos
•
Relacionar a través de la narrativa, los aspectos relevantes de la historia amorosa
de Abelardo y Eloisa, ubicando la obra dentro de un contexto socio-cultural,
político, religioso y temporal.
Interjuego entre Amor y Deseo
•
43
Analizar la función del deseo y del amor en el vínculo amoroso de los personajes
de la historia.
•
Conocer las expresiones de la sublimación en la relación amorosa de Abelardo y
Eloísa.
•
Identificar las implicaciones de la represión en la relación de pareja del relato
seleccionado.
•
Relacionar los estilos femenino y masculino de la pareja en el interjuego Amor y
Deseo.
Justificación
El estudio e interpretación de los fenómenos que acontecen en la vida psíquica,
mental y anímica de los seres humanos, ha sido una de las grandes metas y conquistas de
hombres y mujeres apoyados en las ciencias creadas por ellos mismos, como son la
psicología, la psiquiatría, la filosofía, antropología, entre otras, quienes han querido
trascender las esferas de lo inexplicable y controvertido para develar mitos, tabúes,
comportamientos, rasgos
y características que permiten la comprensión de la
personalidad de cada ser humano, como entidad única, diferente e irrepetible.
En consecuencia, como estudiantes de Psicología y el haber tenido a través de la
universidad y de esta carrera, acceso al conocimiento, la ciencia, la investigación y a las
posibilidades de crecimiento personal social y profesional, permitió
y facilitó la
exploración de diferentes enfoques Psicológicos, conocer diversas maneras de pensar y
explicar lo fenómenos psíquicos y en consecuencia otorgar elementos para la elección,
de una de esta visiones, que en este caso corresponde al enfoque Pscodinámico. De esta
manera, la escogencia de este modelo teórico, captó la atención e interés por el estudio
Interjuego entre Amor y Deseo
44
de la personalidad y sus aportes especialmente en el ámbito de la afectividad y la
relación amorosa
No obstante, la investigación seleccionada, en este caso, la interpretativa
hermenéutica - dialéctica, llena una serie de expectativas e intereses, que han permitido
retroceder al conocimiento de diferentes culturas, en particular la occidental, para
apreciar los misterios de las personas, los mitos del alma, del amor y la pasión, vividos y
tejidos desde lo real y lo imaginario, con un tinte represivo y pecaminoso, marcado por
los principios morales, éticos y religiosos de cada época.
En este ejercicio de carácter interpretativo, pretende fundamentalmente describir
y analizar la relación amor y deseo, en la historia de Abelardo y Eloísa, a partir de la
revisión y Contextualizacion del texto y de las cartas de estos personajes, escritos
realizados en el siglo XII en Francia.
psicodinámica
Dicho trabajo,
facilita la comprensión
de los significados latentes e implícitos allí expresados, en lo que
respecta al vínculo amoroso vivido por los protagonistas.
Así mismo, vale la pena agregar que la investigación propuesta, valida los
postulados freudianos al ofrecer una interpretación aplicada a un hecho histórico, que
exige profundidad y dominio teórico por parte de las investigadoras. Aunque resulte
obvio, es necesario enfatizar que la investigación no se agota en el registro de la
realidad. “Los datos no hablan, se les hace hablar. Ni aún la estadística es transparente,
es necesario interpretarla”, (Mejía y Sandoval, 1999, p. 36).
Por otra parte la temática y la investigación elegida, facilitan el desarrollo de
habilidades y manejo de herramientas de pensamiento como la traducción, la
caracterización, la exposición de ideas y teorías, el análisis de significados dentro de los
discursos humanos que son sensibles de interpretación en los fenómenos ocurridos en el
Interjuego entre Amor y Deseo
45
ser humano. Todo ello, contribuye a fortalecer y refirmar la práctica y desempeño
profesional, ya que gran parte del actuar humano, es sensible de interpretación, por la
doble significación del lenguaje y del gesto, de la experiencia y la vivencia, del sentir y
el actuar, de lo real y lo fantástico.
Desde otra óptica, se puede expresar que la labor del psicólogo en los diferentes
campos de desempeño (educativo, clínico organizacional) y en estos tiempos, implica el
manejo eficiente, dinámico y actualizado de una serie de técnicas y estrategias, que le
permitan no sólo conocer las diversas problemáticas, sino generar soluciones oportunas
y coherentes encaminadas a la búsqueda de salud y bienestar, tanto físico como mental y
en consecuencia, a que personas y colectivos disfruten de calidad de vida. De acuerdo
con lo anterior, es clara la necesidad de manejar los diversos enfoques de la
investigación, en especial desde el punto de vista de lo cualitativo e interpretativo.
No se puede desconocer la relevancia del trabajo desde la perspectiva de
formación integral ofrecida por la universidad. Es pertinente resaltar, que la realización
de éste, como culminación de una etapa de preparación en la disciplina específica, como
lo es la Psicología, permite transferir y aplicar los conocimientos, las experiencias y las
vivencias obtenidas desde la construcción del saber a través de la lectura, la consulta, la
investigación, las tutorías; a través de las relaciones interpersonales y de convivencia y
de la práctica profesional tanto educativa como clínica. Estas bases y el deseo de mostrar
resultados significativos, marcaron un reto importante para darle curso a la
investigación.
Método
La metodología desarrollada en la presente investigación es de orden cualitativointerpretativo, y está centrada en un estudio profundo del vínculo amoroso, el cual ha
Interjuego entre Amor y Deseo
46
sido interpretado a partir de los aportes que ha realizado el psicoanálisis de los conceptos
amor y deseo.
Dentro de la investigación, la orientación epistemológica se desarrolla en un
orden interpretativo, correspondiéndose con el estudio a profundidad y permitiendo
producir descripciones detalladas del fenómeno, para el desarrollo de posibles
explicaciones teóricas.
La hermenéutica facilita el descubrimiento de los significados de las cosas, las
palabras, los escritos, los textos y los gestos, así como del acto humano u obra humana,
de cualquier índole. De la misma forma la dialéctica viene a constituir la esencia del
método hermenéutico-dialéctico, por la relevancia que da a la singularidad de la historia
u acto humano en el contexto del cual forma parte, en el caso particular de la
investigación
El método hermenéutico-dialéctico esta diseñado especialmente para el
descubrimiento, comprensión y explicación de las estructuras o sistemas dinámicos que
se dan en los seres humanos o en la organización y dinámica de grupos de personas,
étnicos o sociales (Martínez, 1998).
Desde allí, que la interpretación como tal, busca reconstruir el sentido de las
vivencias de Abelardo y Eloísa, dentro de un espacio de participación discursiva y
argumentativa, en un espacio de acción comunicativa que permite el dialogo de saberes
y de valoraciones culturales, la contextualización y recontextualización de experiencias.
Dentro de este proceso interpretativo, se reconocen tres tipos de texto: Un primer
texto, fruto de la intertextualidad que el autor establece con otros autores, en el que se
explicitan los conceptos, las categorías, la intelección de la realidad. Un segundo texto,
corresponde a lo que respondió la realidad investigada, interrogada de una manera
Interjuego entre Amor y Deseo
47
particular. Un tercer texto, es la interrelación de los dos anteriores, (Mejía y Sandoval,
1999)
Thompson, citado por Mejía y Sandoval (1999), manifiesta que existen tres
dimensiones analíticamente distintas dentro del complejo proceso interpretativo. Ellas
son: El análisis socio-histórico, el análisis formal o discursivo y la interpretación /
reintrepretación.
El objeto del análisis socio histórico es reconstruir las condiciones sociales e
históricas de la producción, la circulación y la recepción de las formas simbólicas
mediante la identificación y descripción de un ámbito espacio-temporal específico, los
campos de interacción, las instituciones sociales y los medios técnicos de inscripción y
transmisión en que se ubican estas formas simbólicas.
Esta característica exige una segunda fase de análisis formal o discursivo, que al
igual que los análisis de la primera fase, pueden utilizarse diversos métodos; semiótico,
conversacional, sintáctico, narrativo, argumentativo, como tal este análisis, no debe
desligarse del análisis socio histórico, ni de la interpretación/reinterpretación.
La fase tercera y final del enfoque hermenéutico profundo, es lo llamado
interpretación/reintrepretación. La interpretación se construye sobre este análisis, así
como sobre los resultados del análisis socio-histórico. Pero la interpretación implica un
nuevo movimiento del pensamiento: procede por síntesis, por la construcción creativa de
un sentido posible.
De esta forma, el proceso de interpretación transciende la contextualización de
las formas simbólicas tratadas como productos situados socialmente, y el cierre de las
formas simbólicas tratadas como construcciones que presentan una estructura articulada.
Por lo tanto, el símbolo como expresión lingüística se presta por su doble sentido a
Interjuego entre Amor y Deseo
48
sentidos múltiples, a un trabajo de interpretación. “Todo mito conlleva un logos latente
que pide ser exhibido” (Ricoeur, 1973).
Procedimiento. Teniendo en cuenta los tres momentos de la investigación Hermenéutica
según Mejía y Sandoval, que son en su orden Contextualización socio-histórica, análisis
formal e Interpretación-reintrepretación, el presente ejercicio investigativo se construyó
a partir de este postulado en tres etapas que dan cuenta de estos requerimientos:
Fase I. Análisis socio-histórico: Esta etapa, estuvo guiada por la búsqueda de textos que
recrearan la relación de Abelardo y Eloísa en su contexto histórico y social. Como
biografías de los personajes, la correspondencia que mantuvieron y escritos sobre el
tema del amor, en particular el amor cortes en un momento particular de su vinculo. De
esta manera, se sitúa a los personajes en un espacio y tiempo determinado (Francia en el
siglo XII), inmersos en un sistema socio-político (Feudalismo), con unas demandas
sociales específicas (códigos de caballería y amor cortes, cristianismo).
Fase II
Análisis formal: Durante este momento de la investigación, se pretende
argumentar las incidencias que tiene los conceptos amor y deseo en la relación de
Abelardo y Eloísa. Para tal propósito, fue necesario en primera instancia tomar los
elementos teóricos que desde el Psicoanálisis fundamentan dichos conceptos para
posteriormente encontrar evidencias que dieran cuenta de la participación de estos
elementos en la dinámica amorosa de los personajes.
Es decir, esta parte de la
investigación se sustenta en un ejercicio Deductivo-Inductivo.
Fase III Interpretación: Siendo esta la última instancia en el proceso investigativo, es
aquí donde se sintetizan las fases anteriores para dar un nuevo producto, la
interpretación.
En este sentido, las expresiones simbólicas culturales y la historia
Interjuego entre Amor y Deseo
49
personal de los personajes se aproximaran para develar un sentido oculto por los
procesos de simbolización, y que se muestran gracias a la tarea interpretativa.
En dicho proceso se hizo necesario esquematizar unidades de análisis, frases con
sentido completo de las cartas de Abelardo y Eloísa, en categorías. Estas categorías se
construyeron a partir de los elementos que se constituyeron como el núcleo de la
relación, en este caso amor y deseo. Sin embargo, no abarcaban todas las dimensiones de
la relación por que fue pertinente incluir los conceptos de sublimación, represión y
género que complementan el análisis dándole un sentido más amplio a la construcción
de sentido en la relación.
A través de la inclusión de estas categorías, represión, sublimación y género se
dan cabida para comprender que sucede en la dinámica amor y deseo en los personajes,
puesto que la diferencia de los sexos y los caminos que puede seguir la pulsión y el
deseo son fundamentales para comprender aún más la relación de Abelardo y Eloísa en
su marco histórico y social. La conceptualización de las categorías responden a un
abordaje desde un enfoque Lacaniano, que permite comprender los planteamientos
psicoanálicos a la luz del estudio del lenguaje y sus incidencias en la constitución del
sujeto y la pareja.
Categorías
Amor: Para Lacan, se inscribe en el terreno de lo imaginario, se refiere a la
relación total y exclusiva que busca completar la falta, la carencia de cada ser humano, a
través del otro. En el amor todo gravita alrededor de ese único objeto irremplazable y
exclusivo. Para Kierkegaard, es una unión psicosomática de la totalidad de dos seres.
Deseo: Expresión de avidez, apetito, que es esencialmente deseo del Otro, lo que
significa deseo de ser objeto de otro, y deseo de reconocimiento por otro. El deseo es
Interjuego entre Amor y Deseo
50
deseo de algo, puesto que es imposible desear lo que uno ya tiene, así el Objeto de deseo
es continuamente pospuesto e intercambiable. Para Lacan el Deseo se estructura como
deseo del Otro desde lo simbólico. (Rubinesco, 1998)
Sublimación: Particularidad de cambiar el fin sexual original por otro, que ya no
sea sexual, pero que esté psíquicamente emparentado, le permite sublimar, es decir,
responder sin represión a las primeras exigencias de la civilización, exigencia
interiorizada por las prohibiciones y los ideales. Para Lacan, se enfatiza que la actividad
sublimatoria encuentra su motor en el vacío representacional al que el sujeto accede,
entendiendo, el vacío y la falta como estructurantes y organizadores de la creación.
(Chamana, 1998).
Represión: Para Freud la represión original es el olvido mítico de algo nunca fue
consciente, en tanto que para Lacan es la alineación del deseo a la demanda que se da a
través del la inserción de sujeto en el lenguaje. La represión secundaria, es un acto
psíquico especifico por el cual un signficante es sacado de la cadena signficante. La
represión secundaria esta estructurada como una metáfora. (Evans, 1997)
Género: la identidad genérica es el producto de tres clases de fuerzas: biológicas,
biopsiquicas e intrapsiquicas, que responden a los requerimientos ambientales y, en
especial, a las actitudes paternas y sociales, de cada individuo Se refiere igualmente a
aspectos de la masculinidad y feminidad.
Resultado
En esta fase de la investigación está comprendida la profundización de las
correspondencias entre Abelardo y Eloisa. En un primer momento cada carta se
fragmenta por segmentos lógicos, congruentes con la totalidad del texto, dichos
segmentos se van enumerando (ver anexos) . En segunda instancia, después de la
Interjuego entre Amor y Deseo
51
fragmentación de los textos se organiza el texto en categorías de análisis trabajadas:
amor, deseo, sublimación, represión y género.
Interjuego entre Amor y Deseo
52
Tabla 1. Categorización de La Carta de Eloisa. Carta N.2
TEXTO
ANÁLISIS
Y, dejando a un lado las demás cosas, piensa en que forma tan
particular me eres deudor. Si te debes al común de las mujeres piadosas,
justo es que me pagues a mí con más dedicación, pues soy solo tuya.
_______________________________________________________
20 Tú sabes, amado mío –y todos saben también – lo mucho que he
perdido al perderte a ti. Y como la mala fortuna -valiéndose de la mayor
y por todos conocida traición - me robo mi mismo ser al hurtarme de ti.
Y sabes, también, como mi dolor por mi es incomparablemente menor,
por la forma en que se realizo. Así pues, cuanto mayor es la causa del
dolor, mayores remedios se han de poner para llevar el consuelo. No
ciertamente por ningún otro, sino por ti mismo.
El objeto amoroso se muestra como
único e irremplazable, con una absoluta
alineación hacia la voluntad del otro. Es
proyectada una imagen idealizada del
Objeto de amor, dotándolo con las
máximas perfecciones que se pueden
anahelar.
CATEGORÍA
16
AMOR
21 Si
tu solo eres la causa del dolor, también has de ser tu solo para darme
la gracia del consuelo. Tú eres el único capaz de entristecerme y
también el único que puede traerme la alegría o la confortación.
_______________________________________________________
24 Dios sabe que nunca busque en ti nada más que a ti mismo. Te quería
simplemente a ti, no a tus cosas. No esperaba los beneficios del
matrimonio, ni dote alguna, finalmente, nunca busque satisfacer mis
caprichos y deseos, sino como tu sabes, los tuyos.
_______________________________________________________
26 Tan convencida estaba de que cuanto mas me humillara por ti, mas
grata seria a tus ojos y también causaría menos daño al brillo de tu gloria.
Interjuego entre Amor y Deseo
AMOR
53
_______________________________________________________
44 Mi alma no estaba en mí, sino contigo. Y ahora mismo, sino esta
contigo no esta en ninguna parte. Tan verdad es, que sin ti no puede
existir. Haz, pues, que se encuentre bien contigo, te lo suplico. Y estaría
bien si te encuentra propicio, si devuelves favor por favor, poco por
mucho, palabras por obras.
_______________________________________________________
22 Tú solo tienes tan gran deuda que pagarme, precisamente en el
momento en que estoy dispuesta a realizar lo que mandes, pues no
pudiendo ofenderte en nada, estaría dispuesta -si tú me lo mandas- a
perderme a mi misma. Hay todavía más -aunque extrañe decirlo-.
_______________________________________________________
23 El amor me llevo a tal locura, que me arrebato lo que mas quería y sin
esperanza de recuperarlo, pues obedeciendo al instante tu mandato,
cambie mi hábito junto con mi pensamiento. Quería demostrarte con
ello que tú eras el único dueño de mi cuerpo y de mi voluntad.
Dímelo, si eres capaz, o yo te diré lo que pienso y lo que de verdad
todos sospechan. Te unió a mí la concupiscencia más que la amistad, el El deseo se convierte en deseo del Otro,
fuego de la pasión más que el amor. Cuando termino lo que deseabas, se para acceder al otro Eloísa ofrece la
realización de las ordenes de Abelardo.
esfumaron también todas sus manifestaciones
37
No puedo esperar que seas generoso conmigo en tus obras, si veo que
eres tan avaro en las palabras. Hasta ahora me las había prometido muy
felices esperando muchísimo de tu parte, pues todo lo hice pensando en ti
e incluso ahora me mantengo en esta misma entrega a ti.
Existe una incompatibilidad entre ser
objeto y sujeto del deseo al mismo
tiempo, o erástes y eromenós. Mientras
Eloísa fue en un principio objeto de
___________________________________________________________________________________
deseo de Abelardo ella estaba agradada,
42 No fue la vocación religiosa la que arrastro a esta jovencita a la
pero en tanto fue reciproca en la
austeridad de la vida monástica, sino tu mandato. Puedes juzgar por ti relación, es decir fue sujeto activo sujeto
mismo lo inútil de mi trabajo, sino puedo esperar algo de ti.
deseante, la pareja empezó a oscilar en
___________________________________________________________________________________
ti
dif
t
40
DESEO
Interjuego entre Amor y Deseo
54
Ojalá, querido mío, confiaras menos en mi amor, para que así fuera tiempos diferentes.
mas solicito. Pero cuanto más seguro te sabes, más negligente te
encuentro.
En cuanto ella pretendía atraer,
___________________________________________________________________________________
Abelardo se distanciaba más. Mientras
49 Cuando en otro tiempo buscabas en mí las delicias del cuerpo me
más distante se mostraba Abelardo
visitabas con cartas frecuentes. Tus canciones ponían a tu Eloisa en mayor era su deseo.
labios de todos. Todas las calles y casas repetían mi nombre. ¡Con
cuanta más razón me elevarían ahora hacia Dios que antes a la lujuria!
Considera -te lo suplico- lo que me debes; no te hagas sordo a lo que
pido. Y termino mi larga carta con un final breve: Adiós, mi único amor.
45
___________________________________________________________________________________
Tuya es, pues, y muy tuya, esta nueva plantación, nacida de un santo
propósito, cuyas tiernas plantas necesitan todavía para crecer de un
frecuente y necesario riego. Por la misma naturaleza del sexo femenino,
esta plantación débil y delicada, aunque no fuera nueva. Por lo mismo
exige un cuidado y atención mas frecuente, según aquello del Apóstol:
“Yo plante, Apolo regó, pero Dios lo hizo crecer”. El apóstol había
fundado por la doctrina de su predicación a los corintios, a quienes
escribía. Su discípulo Apolo los había regado con sus exhortaciones,
dejando a la gracia divina el incremento de sus virtudes. Cultivas una
viña nacida de otras cepas que tu no plantaste y que se ha convertido en
amargura para ti, después de que tus exhortaciones han terminado en un
fracaso y tus predicaciones han resultado vanas. Pones tus cuidados en
una viña extraña. Piensa si no te debes a la tuya propia. Enseñas y
corriges a los rebeldes y no consigues nada. Estas desparramando, en
vano, las perlas de la palabra divina a los puercos. Si arriesgas tanto por
los rebeldes, piensa y reconsidera lo que debes hacer por los que te
obedecen. Recapacita en lo que debes a las hijas, cuando de esa manera
despilfarras con los enemigos.
15
GENERO
_________________________________________________
Eloisa habla desde su rol de mujer,
desde la ausencia, ella espera
ser
protegida y confortada.
En una actitud propiamente femenina
antepone el amor a la pasión, el ser al
tener.
Interjuego entre Amor y Deseo
GENERO
27 Tu mismo no te olvidaste del todo de estas pruebas en la carta de
consuelo al amigo, a la que me he referido un poco mas arriba. En ella
no juzgaste indigno exponer algunas razones que yo te daba para
disuadirte de un matrimonio desgraciado. Pero dejaste en el tintero la
mayoría de los argumentos que yo te di y en los que prefería el amor al
matrimonio y la libertad al vínculo conyugal.
_______________________________________________________
30 La mujer que ha de comprender que si se casa con más alegría con un
hombre rico que con un hombre pobre y quiere a su marido más por sus
cosas que por el mismo, esta mostrando ser una mercancía. Cualquier
mujer que va al matrimonio con esa concupiscencia merece un sueldo,
no gratitud. Se sabe que persigue las cosas, no al hombre y, si pudiera,
se vendería al más rico.
_______________________________________________________
36 Dime tan solo una cosa, si es que puedes. ¿Por qué -después de mi
entrada en religión, que tu decidiste por mi- he caído en tanto desprecio y
olvido por tu parte, que, ni siquiera te dignas dirigirme una palabra de
aliento cuando estas presente, ni una carta de consuelo en tu ausencia?
_______________________________________________________
39 Escucha, por favor, lo que te pido: es cosa insignificante y fácil de
hacer por tu parte. Ya que me niegas tu presencia, dame, al menos, la
dulzura de tu imagen, siquiera a través de tus palabras, tan abundantes,
por otra parte, en ti.
_______________________________________________________
40 No puedo esperar que seas generoso conmigo en tus obras, si veo que
eres tan avaro en las palabras. Hasta ahora me las había prometido muy
felices esperando muchísimo de tu parte, pues todo lo hice pensando en ti
e incluso ahora me mantengo en esta misma entrega a ti.
_______________________________________________________
43 Pensando quizá en la mujer de Lot que se volvió a mirar atrás, tu
55
Interjuego entre Amor y Deseo
56
mismo me pusiste el velo y tomaste mis votos monásticos antes de
entregarte tu mismo a Dios. Este acto de desconfianza tuya hacia mi -lo
confieso- me causo vehemente dolor y vergüenza. Dios sabe que yo
nunca dude en precederte o en seguirte hasta las llamas del infierno si tú
te precipitabas o tú me lo mandabas.
Tabla 2. Categorización de La Carta de Abelardo. Carta N. 3
TEXTO
ANALISIS
Estando yo ahora ausente necesito más de la ayuda de vuestras
oraciones, cuanto mayor es el peligro de que me veo rodeado. Al
suplicar pido y pidiendo suplico _sobre todo ahora en mi ausencia_ que
yo pueda experimentar lo verdadera que es vuestra caridad para con el
ausente. En consecuencia, una vez terminado el rezo de horas añadiréis
esta formula: …
_______________________________________________________
28 Pero, si el Señor me entregare en mano de mis enemigos, es decir, si
llegan a matarme o de cualquier otra manera _siguiendo el camino de
toda carne_ me veo alejado de vosotras, os pido que mi cadáver _donde
quiera que se halle, enterrado o sin enterrar_ lo hagáis traer a vuestro
cementerio, para que en el nuestras hijas o mejor nuestras hermanas en
Cristo, puedan ver mi tumba y así se vean invitadas a dirigir sus
oraciones al Señor por mi.
_______________________________________________________
33 Debéis mostrar al difunto el amor que manifestasteis al vivo, a través
del apoyo especial y particular de vuestras oraciones.
_______________________________________________________
En Abelardo, se evidencia la naturaleza
narcisista del amor. El amor al igual que
el deseo se presenta como deseo de ser
amado y reconocido por el Otro.
CATEGORÍA
27
AMOR
Claras muestras de esto son las
recomendaciones que hace a Eloisa
sobre el destino de su cadáver,
expresando una notable preocupación de
su cuerpo, estadio del espejo, ansiedad
que ira a atenuar en el mandato que da a
Eloísa de mantener un altar en su
nombre y santificarlo a través de la
oración de toda una comunidad
religiosa, acto de amor propio.
Interjuego entre Amor y Deseo
57
34Vive
y que os vaya bien a ti y a tus hermanas que están contigo. Vivid,
pero acordaos de mí -os lo suplico- en Cristo.
______________________________________________________
10 Medita, pues, en el gran poder de la oración –si es que caminamos
como se nos manda- y advierte como el profeta, a quien Dios prohibió la
intercesión, consiguió, no obstante, con ella hacer cambiar a Dios de su
propósito. Y otro profeta le dice a Dios: “En tu ira, acuérdate de la
SUBLIMACION compasión.” Oiganlo y ténganlo en cuenta los poderosos de la tierra que
se muestran obstinados, mas que justos, a la hora de ejecutar la justicia
que han decretado y pronunciado.
15 Tú sabes, carisma hermana, por la lectura de la Homilía XXXVIII de
San Gregorio con que fuerza la oración de los hermanos atrajo a un
hermano que se resistía y oponía. Conoces con todo detalle, y no escapa
a tu conocimiento, el caso de aquel hermano que estaba sumido en la
más absoluta miseria, el miedo de perderse que atormentaba a su pobre
alma, la total desesperación y tedio de la vida que le llevaba a apartar a
sus hermanos de la oración.
17 Y
pienso que estas resurrecciones fueron hechas por la intervención de
unos pocos. La conservación de mi vida la conseguirán fácilmente las
múltiples oraciones de vuestra piedad. Cuanto mas agraden a Dios la
abstinencia y continencia de unas mujeres consagradas a el, con mayor
agrado atenderá sus oraciones.
______________________________
La expresión de la ansiedad y el miedo
que propicia el vacío y falta, se plasma a
través del desplazamiento que hace
hacia la oración y la exhortación de
otras almas que se encuentran en iguales
condiciones.
Interjuego entre Amor y Deseo
14 Pero
GENERO
si tú no crees tener meritos suficientes para interceder, conseguirá
lo que tú no puedes, ese santo cenobio de vírgenes viudas que esta
contigo. Pues cuando la verdad dice a los Apóstoles: “Donde hay dos o
tres congregados en mi nombre allí estoy yo en medio de ellos”; y
cuando dice en otro lugar: “Si dos de vosotros estáis de acuerdo en todo
lo que pedías, mi Padre lo hará”, ¿qué no conseguirá de Dios la oración
frecuente de una comunidad santa? Si, como dice Santiago: “la oración
asidua del justo tiene mucha fuerza“, ¿Qué no habrá de esperar de una
comunidad numerosa?
_______________________________________________________
16 Ojalá que este ejemplo te de a ti y a esa santa comunidad de hermanas
de una mayor confianza en la oración. A mi me guardara vivo para
vosotras aquel por quien - según atestigua San Pablo- las mujeres
recibieron a sus muertos vueltos a la vida. Si repasas las páginas tanto
del Antiguo Testamento, como del Nuevo, podrás ver que los máximos
milagros de la resurrección solo, o principalmente, fueron presenciados
por las mujeres, que fueron hechos para ellas o con ellas.
_______________________________________________________
21 Estoy seguro que tu santidad será eficacísima a los ojos de Dios.
Pienso, además, que estas obligada a hacer todo lo posible por mi,
especialmente ahora que me encuentro en tan gran adversidad.
Acuérdate, pues, en tus oraciones de aquel que es especialmente tuyo.
_______________________________________________________
23 En el libro de los Proverbios se escribe: “La mujer diligente es la
corona de su marido.” Y en otro lugar: “El que encuentra a una mujer
buena, encuentra un tesoro y conseguirá el favor del Señor.” Y mas
adelante: “La casa y las riquezas se heredan de los padres, pero la mujer
58
El hombre se limita, a representaciones
conscientes, al valor significativo de las
palabras,
elaborando
sistemas
conceptuales con la inquebrantable
pretensión de producir un discurso
universal cuya función es en realidad, la
de ocultar la verdad del discurso
inconsciente y la radicalidad ineludible
de la castración
Mientras que el hombre disocia para
mantener la ilusión de la madre fálica y
poder desmentir la castración, la mujer
integra para encubrir con el velo del
amor la dimensión de la falta que el
comienzo de la vida sexual se impone.
Interjuego entre Amor y Deseo
GENERO
adelante: “La casa y las riquezas se heredan de los padres, pero la mujer
prudente es don de Dios.” También en el eclesiástico se dice: “Una
buena mujer hace feliz al hombre.” Y a continuación: “Buena herencia
es una mujer buena”. Todo ello queda confirmado por la autoridad del
Apóstol: “El marido infiel queda santificado por una mujer fiel.”
_______________________________________________________
32 Finalmente, lo que por encima de todo os pido es que si ahora estáis
demasiado afligidas por el peligro de mi cuerpo, entonces os mostréis
especialmente solicitas de la salvación de mi alma.
59
Interjuego entre Amor y Deseo
60
Tabla 3. Categorización de La Carta de Eloisa. Carta N. 4
CATEGORÍA
TEXTO
ANALISIS
Ante la evidente incompletud del cuerpo
y el del ser, surge la ilusión de llenar los
orificios, los agujeros del cuerpo por
medio de la exaltación del otro y su
posesión. Es por esto, que se anhela ese
encuentro con el otro que ha sido
llenado de glorias y perfecciones pero
que no es más que un espejismo.
AMOR
Pero ¿qué puedo espera yo, si te pierdo a ti? ¿Qué ganas voy a tener yo
de seguir en esta peregrinación en que no tengo más remedio que tú
mismo y en ti mismo nada más que saber que vives, prescindiendo de los
demás placeres en ti – cuya presencia no me es dado gozar- y que de
alguna manera pudiera devolverme a mi misma?
_______________________________________________________
12 ¡Ay de mí, la más desgraciada de las desgraciadas, la más infeliz de las
desdichadas! Pues, si al elegirme tú fui exaltada por encima de las demás
mujeres, mi sufrimiento fue tanto mayor por cuanto que mi caída fue la
ruina para mí y para ti.
13 ¡Cuánto más alta es la subida, más grave será la caída! ¿Pudo la
fortuna igualar o anteponer a mí alguna de las mujeres nobles y
poderosas? ¿Pudo finalmente, derribarla y aplastarla más que a mí?
¡Cuanta gloria me dio a mí en ti y qué ruina me trajo por medio de ti!
Violenta en ambos extremos ¿mostró acaso moderación tanto en el bien
como el mal? Para hacer de mí la más feliz, de manera que al pensar lo
mucho que había perdido fuera presa de tanto y tan graves lamento
cuanto eran mis daños.
_______________________________________________________
30 Por mi parte he de confesar que aquellos placeres de los amantes –que
yo compartí con ellos- me fueron tan dulces que ni me desagradan ni
pueden borrarse de mi memoria. Adondequiera que miro siempre se
presentan ante mis ojos con sus vanos deseos. Ni siquiera en sueños
dejan de ofrecerme sus fantasías.
9
Interjuego entre Amor y Deseo
Debería gemir por los pecados cometidos y, sin embargo, suspiro por
lo que he perdido. Y no sólo lo que hice sino que también estáis fijos en
mi mente tú y los lugares y el tiempo en que lo hice, hasta el punto de
hacerlo todo contigo, sin poder quitaros de encima, ni siquiera durante el
sueño.
_______________________________________________________
33 A veces me traicionan mis pensamientos en un movimiento del cuerpo
o me delatan en una palabra improvisada. ¡Desdichada de mi y digna de
aquel grito de angustia que un alma aquejada “ infeliz de mi ¿y quien me
librará de este cuerpo de muerte? Ojalá que pudiera seguir diciendo de
verdad aquello “La gracia de Dios por nuestro Señor Jesucristo”
_______________ _______________________________________________________
14 Y tanto mayor fuera el dolor por lo perdido, cuanto mayor había sido
el deleite de la posesión que había precedido. La alegría del supremo
éxtasis terminaba en la infinita tristeza del dolor.
61
32
DESEO
________________________________
La naturaleza insaciable del deseo hace
que le objeto amoroso se muestre
esquivo ante el anhelo de posesión. Sin
embargo aunque la posesión parezca ser
23 Me entregué antes a los deleites de los deseos carnales mereciendo lo el fin este no se colma con la obtención
que ahora deploro. Y el castigo que es una justa consecuencia de mis temporal del objeto pues deviene la
anteriores pecados. Y es que de un mal comienzo hay que esperar que ambivalencia, por los deleites obtenidos
al pretender transpasar, transgredir la
salga un mal final.
imposibilidad de saciar su deseo.
27 ¿Cómo se puede llamar penitencia de lo pecados – por mucha que sea
la mortificación del cuerpo- si el ánimo retiene todavía la voluntad de
pecar y arde en los viejos deseos?
Dios sabe que, en todas las ocasiones de mi vida, temí ofenderte más a
ti que a él y que quise agradarte a ti más que a él. Fue tu amor, no el de
Dios el que me mandó tomar el hábito religioso. Fíjate, entonces, en la
vida miserable que llevo -más digna de compasión por todos – teniendo
36
Interjuego entre Amor y Deseo
DESEO
_____________
GENERO
62
que aguantar en esta vida tantas cosas y sin esperar premio alguno en la
otra.
38 No pienses que estoy sana y me prives de la gracia de la meditación.
Deja de creer que no lo necesito, y no retrases tu ayuda a mi necesidad.
No pienses que estoy sana, no sea que me caiga antes de que puedas
sostenerme.
Tus alabanzas hacia mi son tanto más peligrosas cuanto más agradables.
Y tanto más me deleitan y me cautivan, cuanto más intento agradarte en
todo. Te lo pido: recela siempre de mí no te confíes, para que de esta
manera pueda encontrar yo ayuda en tu solicitud. Y ahora más que
nunca se ha temer, cuando ya no tengo en ti el remedio de mi
concupiscencia.
__________________________________________________________ ________________________________
El orden natural de las cosa, primero el
hombre y luego la mujer. No es màs que
un producto de la diferencia misma de
los dos sexos. El hombre tiende a
organizarlo todo en un sistema
conceptual e ideológico a diferencia de
las palabras de la mujer, que persisten
19 ¡Ay, desdichada de mí, nacida para ser la causa de tal crimen! ¿Es como significante o mejor aún como
éste el común destino de las mujeres llevar a la ruina a los grandes letras que aluden al deseo.
hombres? De ahí lo escrito en los Proverbios. Sobre el peligro de la
mujeres: “Ahora, hijo mío, escúchame, presta atención a mis consejos:
no se extravíe tu corazón detrás de ella, no te pierdas por sus sendas,
porque ella ha asesinado a muchos, sus victimas son innumerables, su
casa es un camino hacia el abismo, una bajada a la morada de la muerte”.
Y en el Eclesiastés: “Y se descubrió que es más trágica que la muerte, la
mujer cuyos pensamientos son redes y lazos y sus brazos cadenas”.
2 Quedé sorprendida, mi único y solo amor, por algo que no se usa en las
cartas y que incluso va contra el mismo orden natural. En el mismo
encabezamiento de su carta juzgaste oportuno anteponer mi nombre al
tuyo: la mujer al varón, la esposa al marido, la esclava al señor, la monja
al monje o sacerdote, la abadesa al abad. Pero en cartas a los inferiores
preceden por orden de inscripción los que van por delante en dignidad.
Interjuego entre Amor y Deseo
63
Tabla 4. Categorización de Las Cartas de Abelardo. Carta N. 5
TEXTO
ANALISIS
Estoy decidido a contestar a estos cuatro puntos. No tanto para
justificarme, cuanto para orientarte y animarte. Pienso que has de
recibir mis razones con tanto más agrado, cuanto más razonables las
encuentres.
_______________________________________________________
4 Mientras tanto doy gracias a Dios por haber llenado vuestros
corazones de solicitud por mis incesantes y gravísimos peligros,
haciéndoos participes de mi aflicción. Ojalá que la divina Providencia
me proteja merced a vuestras oraciones y aplaste enseguida a Satanás
bajo nuestros pies.
_______________________________________________________
6 Nada de extraño, pues, que tanto en vida como en muerte, me
encomiende sobre todo a tus oraciones. Por derecho consta que las
esposas pueden más con su intercesión ante los maridos que sus
mismos familiares, pues son esposas más que siervas. Valga de
ilustración lo que dice el Salmo de la reina y esposa del Rey de reyes:
“reina esta a tu derecha.” Como si dijera claramente: “esta junto a su
marido y muy unida a él; caminan juntos, mientras les atienden y
asisten desde lejos todos los demás”.
_______________________________________________________
31 Y todos los que se compadecen y sufren por las angustias de los
demás quieren verlas terminadas _incluso con daño propio_ hasta el
punto de amar verdaderamente a los que ven sufriendo y de pensar mas
en el bien de los amigos que en el suyo propio.
En Abelardo la disyunción entre el amor
y deseo es bastante marcada. Puesto que
una vez sumergido en los deleites del
cuerpo y la posesión de Eloísa. Se
expresa en el la deuda por haber
accedido a su deseo, hecho que lo lleva
a desplazarse en una corriente tierna y a
expresar cariño y preocupación por el
destino de Eloísa. Sin embargo, lo que
diferencia a Abelardo de Eloísa en el
terreno del amor, es que a él lo empuja
la culpa, en tanto a ella el deseo. En ella
el deseo de unidad con él y a él la deuda
que tiene por haber querido acceder a la
unidad a través de su pareja.
CATEGORÍA
2
AMOR
Interjuego entre Amor y Deseo
Busca en tu piedad no apartarte de mí ahora que _según crees_
camino hacia Dios. Y lo harás con tanta más alegría cuanto más feliz es
la meta hacia la que vamos, de manera que nuestro caminar juntos será
tanto mas agradable cuanto más feliz. Acuérdate de lo que hablaste y
repasa lo que escribiste sobre nuestra entrada en religión, a saber, que
Dios, que parecía ser mi gran enemigo se mostró _como quedó
manifiesto después_ más propicio.
_______________________________________________________
59 En un momento en que yo quería retenerte para mí solo y para
siempre, pues te amaba desmesuradamente, él ya planeaba servirse de
esa oportunidad para que los dos nos convirtiéramos a El. Si con
anterioridad no hubieses estado unida a mí en matrimonio, seguirías
fácilmente en el siglo, sea por sugerencia de tus parientes o por la
atracción de los goces carnales. Advierte, pues, la solicitud amorosa
AMOR
del Señor sobre nosotros como si quisiera reservarnos para algún gran
destino y como si estuviera molesto y se lamentara de que nuestro
conocimiento de las letras o talentos, que nos había confiado, no
redundarían en la glorificación de su nombre. O como si temiese de su
humilde e incontinente siervo aquello que esta escrito: “que las mujeres
llevan incluso a la apostasía a los sabios”, como sabemos que lo
hicieron con el sapientísimo Salomón.
_______________ _______________________________________________________
65 Ten siempre delante de los ojos, hermana mía, a este verdadero
esposo tuyo y de toda la Iglesia y llévalo contigo. Míralo cuando camina para ser crucificado por ti, llevando su propia cruz, Sé una mas del
pueblo y de las mujeres que lloraban y se compadecían de El
_______________________________________________________
DESEO
17 Bien pudo, pues, decir que por ser negra y hermosa, fue elegida e
introducida en la cámara real, esto es, en el secreto y descanso de la
contemplación. Y en el lecho del que ella misma habla en otra parte:
64
40
_____________________________
Como el mito de Eros y Psiquis
Abelardo
disocia
y
desarticula
claramente el amor del deseo. Hecho
que lo lleva a degradar de manera
tajante la corriente sensual que lo
empujo junto a Eloísa, por lo tanto le
imprime un tinte oscuro, la carne de la
mujeres negras y siniestro al deseo.
Interjuego entre Amor y Deseo
DESEO
“Noche tras noche busco en mi lecho al que ama mi alma» La misma
deformidad de su negrura busca lo oculto mas que lo manifiesto y lo
secreto más que lo público. Una esposa así, desea más los goces
secretos de su marido que los manifiestos y prefiere ser más conocida
en la cama que vista en la mesa.
_______________________________________________________
18 Y sucede a menudo que la carne de las mujeres negras es tanto mas
suave al tacto cuanto menos atractiva es a la vista. Por eso mismo, el
placer que producen es mayor y más deseable en secreto que en
público, y sus maridos para gozar de ellas, prefieren llevarlas a la
alcoba a mostradas en público.
_______________________________________________________
41 Para tu alegría, bástete saber al menos esto: que su disposición Fue
saludabilísima para mí _diré que para mi y para ti_ si es que la Fuerza
del dolor permite el razonamiento. Ni te duelas de haber sido causa de
tanto bien, para el que no has de dudar fuiste especialmente creada por
Dios.
________________________________________________________
43 Sabes que después de haber concertado nuestro matrimonio y,
encontrándote con las monjas en el claustro de Argenteuil, fui a
visitarte en secreto cierto día. Y sabes lo que allí mi incontrolada
incontinencia hizo contigo en el lugar mismo del refectorio, no
teniendo otro lugar donde retirarnos.
_______________________________________________________
51 Con golpes y amenazas intenté forzar muchas veces tu
consentimiento _pues eras por naturaleza más débil_ aun cuando tú no
querías y te resistías con todas tus fuerzas y tratabas de disuadirme.
Tanto era el fuego de la pasión que me unía a ti que antepuse a Dios y
a mi mismo todas aquellas miserables y obscenosísimas pasiones, cuyo
solo nombre me avergüenza. Parecía que no había otra manera de
65
Interjuego entre Amor y Deseo
DESEO
_______________
SUBLIMACION
actuar de la clemencia divina más que cortando de raíz y sin esperanza
alguna de que brotaran estas voluptuosidades.
_______________________________________________________
62 El era quien te amaba verdaderamente, no yo. Amor mío, lo que nos
llevó a ambos al pecado se ha de llamar lujuria, no amor. Llenaba yo
en ti mis apetencias miserables y esto era todo lo que yo amaba.
_______________________________________________________
5 Para este fin particular me apresure a enviarte al Salterio, que con
tanta insistencia me habías pedido, hermana mía, un tiempo querida en
el
mundo
y
ahora
queridísima
en
Cristo.
_______________________________________________________ 21
Esta Vileza de los hábitos de estameña está pidiendo el retiro más que
la vida publica y se ha de mantener como lo más conveniente a la
humildad y a lo apartado del lugar de nuestra profesión. El lujo de los
vestidos provoca a presentarse en publico, que _como dice San
Gregorio_ no es buscado por nadie que no vaya tras la gloria vana y la
pompa de este siglo. “Nadie _dice_ se adorna a si mismo en privado,
sino donde pueda ser visto.
_______________________________________________________
22 Y la alcoba de la esposa, de la que antes hablamos, no es otra que
aquella a la que el esposo invita al que ora, cuando dice: “Y tú, cuando
ores, entra en tu habitación y, cerrada la puerta, ora a tu Padre.” Como
si dijera: “No como los hipócritas que lo hacen en las esquinas de las
calles y en las plazas públicas.” Llama, pues, alcoba a un lugar alejado
de todo tumulto y de la vista del mundo donde se puede orar más sosegada y limpiamente. Tal es, por ejemplo, el alejamiento de la soledad
doméstica, en que se nos manda cerrar las puertas, es decir, obstruir
todas las entradas, no sea que cualquier circunstancia impida la pureza
de la oración y lo que ven nuestros ojos haga prisionera al alma infeliz.
66
________________________________
Tras el vacío que le propinó la
separación de Eloísa y la falta que le
causó su castración tanto física como
simbólica, Abelardo trata de llenar los
orificios dejados a través de una
comunidad religiosa que le restituya en
alguna mediad todas sus carencias y le
brinde el respaldo la aprobación que ha
perdido.
Interjuego entre Amor y Deseo
25 Que
SUBLIMACION
se encomiende el que quiera a las oraciones de éstos, hechas
como están a puerta abierta. Pero vosotras, que fuisteis introducidas a
la cámara por el mismo rey celestial y descansáis en sus abrazos cuánto
más familiarmente unidas y entregadas estáis a él con la puerta siempre
cerrada, según aquello del Apóstol: “El que se une al Señor es un
espíritu con El.”
_______________________________________________________
48 Cuenta siempre llena de agradecimiento “las grandes cosas que Dios
hizo a nuestra alma” _Consuela con nuestro ejemplo a todos los
pecadores que desesperan de la misericordia de Dios y que todos sepan
lo que sucede con los que suplican y piden, cuando a tan grandes
pecadores como nosotros, les otorgan tan grandes favores.
_______________________________________________________
52 Así pues, con toda justicia y misericordia _aunque por medio de la
suprema traición de tu tío_ quedé disminuido en esa parte de mi
cuerpo, que es el asiento de la injuria y la única fuente de todos esos
deseos, para que de esta forma pudiera yo crecer de muchas maneras.
Era así justamente castigado aquel miembro que había sido causa en
nosotros de todos los desvaríos, a fin de que expiara, sufriendo, los
pecados que había cometido gozando. Y, al mismo tiempo, separaba de
mí todas aquellas inmundicias en las que me veía envuelto como si
fueran cieno, tanto en el cuerpo como en el alma. Sólo de esta manera
me hacía tanto más idóneo para los sagrados oficios, cuanto que en
adelante ya no me mancharía ningún contagio de impureza carnal.
67
Interjuego entre Amor y Deseo
¿Para qué quieres que recuerde las primeras fornicaciones y
desvergonzadas impurezas que precedieron al matrimonio? ¿O debo
recordarte mi suprema traición hacia ti cuando engañé tan torpemente a
tu tío con el que convivía asiduamente en su casa? ¿Quién no piensa
que fui injustamente traicionado por aquél a quien yo mismo traicioné?
¿Piensas que para vengar tan grandes crímenes basta el dolor
momentáneo de aquella herida o, por el contrario, que de tantos males,
debían derivarse tales ventajas? ¿Qué castigo crees que basta para
aplacar a la justicia de Dios por haber profanado _como ya dije_ un
lugar tan sagrado como el de su madre? No quisiera equivocarme, pero
lo cierto es que no fue aquella saludabilísima herida la que se convirtió
en venganza de todo aquello, sino la que de manera permanente llevo
todos los días conmigo.
44
REPRESION
68
La represión se muestra en Abelardo en
cuanto renuncia al deseo de unidad con
Eloisa por una demanda mayor la de
conferirle todos sus esfuerzos al trabajo
de la teologia.
Este anhelo de unidad se desplaza hacia
el deseo de ser uno, pero con una
entidad más elevada, Dios.
Abelardo trata de dar explicaciones a los
reveces que se presentaron en la
relación, evadiendo el tener que
enfrentarse a su verdadera castración,
_______________________________________________________ tanto en lo real como en lo simbólico.
47 Atiende, pues, querida mía, y fíjate con qué redes de misericordia
nos pescó el Señor de lo profundo de este proceloso mar. Y de qué
torbellino de una inmensa Caribdis sacó contra su voluntad a estos dos
náufragos, hasta poder prorrumpir los dos en este grito: “Dios se cuida
de mi”.
Piensa y repiensa en qué peligros nos habíamos metido y de cuántos
nos ha librado el Señor
_______________________________________________________
49 Considera el altísimo designio de la misericordia de Dios sobre
nosotros y con qué compasión dirigió el Señor su juicio hacia nuestro
castigo. Piensa con qué sabiduría se sirvió de los mismos males y con
Interjuego entre Amor y Deseo
qué compasión cambió nuestra impiedad hasta el punto de curar
nuestras dos almas con la única herida justificada de una sola parte de
mi cuerpo, Compara el peligro y la manera de liberarnos de él.
Compara la enfermedad y la medicina. Examina la causa de nuestros
meritos y admira después el efecto de su misericordia.
_______________________________________________________
53 Ahora
REPRESION
ves con qué misericordia me hizo sufrir solamente en ese
miembro, cuya privación ayudaba a la salvación del alma y no
deformaba mi cuerpo ni me impedía la celebración de los divinos
oficios. Es más, me hacía más idóneo para realizar todo aquello que
hay que hacer honestamente, sobre todo, del pesado yugo de los deseos
carnales.
_______________________________________________________
72 El era quien te amaba verdaderamente, no yo. Amor mío, lo que nos
llevó a ambos al pecado se ha de llamar lujuria, no amor. Llenaba yo
en ti mis apetencias miserables y esto era todo lo que yo amaba.
_______________________________________________________
75 Escucha
esto, por favor, y avergüénzate a no ser que quieras admitir
aquellas viles torpezas ya pasadas... Así pues, te ruego, hermana, que
aceptes con paciencia lo que misericordiosamente nos ha sucedido.
Esta es la vara del padre, no la espada del perseguidor. El padre golpea
para corregir, para que el enemigo no hiera de muerte. Evita la muerte
con la herida, no mata.
_______________________________________________________
77 Pues
cuanto más débil eras por el sexo y más fuerte por tu
69
Interjuego entre Amor y Deseo
_______________
GENERO
continencia, menos digna eras de castigo. Por esto mismo doy gracias
al Señor porque te libro entonces del castigo y te reservo una corona
futura. Y agradezco también al Señor, quien, por un sufrimiento
momentáneo de mi cuerpo, sufrió de una vez por todas los fuegos de
aquella lujuria en que me encontraba hundido por mi desmesurada
incontinencia a fin de que no me perdiera.
_______________________________________________________
1 Si mal no recuerdo, tu última carta versaba toda ella sobre cuatro
puntos, resumen de tu agitación y tú pena. Te quejas en primer lugar
de que _al margen del estilo epistolar e incluso contra el orden mismo
de las cosas_ la mía antepusiera en el saludo tu nombre al mío.
Lamentas, en segundo lugar, que debiéndote proporcionar un remedio
de consuelo, aumenté mas bien tu desolación. Y excité, más que
enjugué, tus lágrimas, añadiendo a renglón seguido, aquello de «si el
Señor me entregare en manos de mis enemigos y, echándose sobre mi
me mataran...», etc. En tercer lugar lanzaste contra el Señor tu vieja y
constante queja, a saber: la manera en que entramos en la vida
religiosa, nuestra conversión a Dios y la crueldad de la traición contra
mi persona. En cuarta, Finalmente, oponías tu acusación contra mi
alabanza hacia ti, rogándome, insistentemente, que no lo volviera a
hacer.
_______________________________________________________
28 Los
que se conduelen suelen llevar algún consuelo al que padece. Y
una carga impuesta a muchos se sostiene y lleva mejor.” ¿De qué te
quejas entonces, si os hice partícipes de mi angustia, habiéndome
obligado a ello como con cierta conminación? ¿Es que en una tan gran
desesperación como vivo es lícito que vosotras estéis alegres? No hay
mayor diferencia entre los verdaderos y falsos amigos que a los
70
_______________________________
El discurso del hombre busca totalizar
en sentido definitivo, aspira atrapar al
modo obsesivo con frases y formulas el
sentido pleno de la existencia. Al
finalizar su discurso el hombre aspira
haber
aprehendido
todas
las
significaciones, a la que mujer supone
siempre inabarcable.
Contra la función de la represión del
discurso del hombre, la protesta de la
mujer no carece de fundamentos cuando
denuncia su tendencia hegemónica, pero
se trata del discurso de la represión,
discurso del poder.
Interjuego entre Amor y Deseo
primeros los encontramos en la adversidad y a los segundos en la
prosperidad.
_______________________________________________________
GENERO
29 No digas tales cosas, por favor y evítate semejantes reproches, que
distan muchísimo de unas entrañas de caridad. Y, si todavía sigues
ofendida, sábete que yo _rodeado como estoy de tantos peligros y
desesperado de vivir_ debo estar atento a la salud del alma y mirar por
ella mientras pueda. Si verdaderamente me quieres, no debes oponerte
a este presentimiento doloroso.
_______________________________________________________
35 Pero,
por favor, no busques la alabanza, cuando parece que la
rehuyes, reprobando con la boca lo que busca el corazón. De ello
escribe San Jerónimo entre otras cosas a la virgen Eustoquio: “Nos
dejamos arrastrar por nuestra mala naturaleza. Favorecemos de buena
gana a los que nos adulan, a pesar de que nos confesamos indignos y
de que un astuto rubor nos inunda la cara. Nuestra alma, sin embargo,
se alegra interiormente con su alabanza.” Así nos pinta Virgilio la
hipocresía de la lasciva Galatea que, con su huida buscaba lo que
quería, y, con la simulación de la repulsa, más atraía hacia sí al amante
_______________________________________________________
Pero te pido también que te abstengas de usar tales palabras no sea
que parezcas a los que no te conocen que “vas buscando la gloria con
la huida” _como dice San Jerónimo_, ¡No quiera Dios que mi alabanza
te hinche, sino que te lleve a cosas mis altas! Que tomes mi alabanza
con tanto más entusiasmo cuanto mayor es tu empeño en complacerme.
Mi alabanza no es un testimonio a tu piedad de forma que tomes
motivos para ensoberbecerte. No se han de creer las alabanzas de los
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71
Interjuego entre Amor y Deseo
amigos ni tampoco los vituperios de los enemigos.
_______________________________________________________
39 Cuanto
más peligrosa es para ti _pues va minando tu cuerpo y tu
alma_ mas digna de lástima y más molesta es para mi. Si _como dices_
quieres agradarme en todo, te ruego que, para no atormentarme y sobre
todo para complacerme, dejes ¡esa queja con la que no me das gusto ni
puedes llegar conmigo a la felicidad. ¿Consentirás que yo vaya allá sin
ti? ¿Yo, a quien dices estar dispuesta a seguir hasta el infierno?
_______________________________________________________
58 Ven
GENERO
tú también _mi inseparable compañera_ y únete a mi acción de
gracias, tú que fuiste partícipe de mi culpa y de mi gracia. Pues el
Señor no se olvidó de tu salvación, antes al contrario, acordándose
muchísimo de ti _por una especie de santo presagio de su nombre_ te
marcó para que fueras especialmente suya, llamándote Eloísa, nombre
que procede de su mismo nombre, esto es, Helohim. En su misericordia
_repito_ quiso proveer a dos personas en una, aquellas dos, a las que el
mal quiso destruir en una de ellas. Pues poco antes de que esto
sucediese, nos había unido con la ley indisoluble del santo matrimonio.
_______________________________________________________
73 Me
dices: “Pero yo por ti.” No lo pongo en duda. Pero sufriste más
por ti; y eso mismo contra tu voluntad. No por un amor que saliera de
ti, sino por coacción mía. Ni redundo en tu salvación, sino en tu dolor,
El, en cambio, padeció porque quiso y te trajo la salvación; El, que con
su pasión cura toda enfermedad y disipa toda pasión. En éste _te lo
suplico_ no en mí has de centrar toda tu devoción, toda la compasión,
72
Interjuego entre Amor y Deseo
toda compunción.
___________________________________________________________________________________
74 Llora
la gran injusticia cometida con un ser tan inocente y no llores
la justa venganza de la equidad sobre mí _y, si quieres, como ya se
dijo_ la suprema gracia sobre nosotros dos. Pues no eres justa si no
amas la equidad, e injusta si de manera consciente te enfrentas a la
voluntad _qué digo_ a tanta gracia de Dios. Llora a tu Salvador y
Redentor, no al seductor que te defloró. Llora a tu Señor muerto por ti,
no al siervo que todavía vive y que, por primera vez, se ha visto libre
de la muerte. Guárdate, te lo ruego, de que se te pueda reprochar
aquello tan feo que Pompeyo dijo a Cornelia que lloraba:
73
Interjuego entre Amor y Deseo
74
Análisis Cualitativo de las categorizaciones de las cartas de Abelardo y Eloisa. En
cuanto a la categoría de amor se encontró en el texto de Eloisa, se evidencia una entrega
absoluta y incondicional a Abelardo, que da cuenta en cierto modo de lo exclusividad de
este como objeto de su amor, de la misma forma hay una queja constante por parte de la
indiferencia de el frente a su amor como mujer. Por otra parte su amor se manifiesta
hacia el de modo dependiente, suplantando sus intereses a los de el, con tal de
mantenerlo a su lado. El amor de Eloisa se manifiesta así mismo desinteresado en
cuanto a sus propios deseos y caprichos y al matrimonio mismo.
Dentro de la categoría del deseo Eloisa reconoce que su incursión a la vida
monástica como sugerencia de Abelardo se tomada por ella como una manera de esperar
y obtener algo de el, algo en beneficio propio, como la satisfacción de su cercanía física
y sexual. Sin embargo prima el amor aunque ambos constituyan su vínculo amoroso.
Por otra parte la sublimación y la represión son mecanismos de defensa que no se
logran precisar ni evidenciar en Eloisa, como procesos Inter-psíquicos de algún modo en
sus cartas manifiesta que su vida religiosa, es un modo de satisfacer a su esposo y de
mantenerlo cerca, así sea al modo que el mismo impuso por su represión, Eloisa sigue
manifestando sus deseos y afecto hacia el. Sin embargo ella al someterse a su mandato,
elige vivir el camino de la represión social, una represión que viene desde fuera
impuesta por las circunstancias de distancia y separación permanente entre la pareja.
En lo que se refiere al género Eloisa expresa a Abelardo su debilidad y la
necesidad de cuidados constantes tanto, le reclama la legitimidad y exclusividad de su
amor para con ella. Dentro de este punto le reclama su ausencia y le exige la cercanía no
solo del espíritu, sino también de lo cuerpos.
Interjuego entre Amor y Deseo
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Es claro, el énfasis que le da dentro de esta misma categoría a los valores
personales de Abelardo, desprestigiando dentro del amor el aprecio por lo material y a la
apariencia. La completud es otro punto de su feminidad, bajo el cual se entrega
totalmente a su amor sin reservas, elevando dicho sentimiento y al amado mismo, hasta
el idealismo.
Finalmente pone a Abelardo como el único dueño de su cuerpo y de si misma,
dentro de este punto vuelve el amor y el deseo hacia el, el único sentido y significado de
su existencia
En cuanto a Abelardo se encuentra una manifestación del amor hacia Eloisa un
exaltamiento, más no idealización como si ocurre con Eloisa, sin embargo en él prima
un amor humano, más objetivo y real, asequible, con algo de romanticismo.
El deseo prima en el, en los inicios de la relación, y en adelante, desea a Eloisa
por su belleza básicamente, mientras que ella lo desea por sus valores, aunque cada uno
desea ser deseado por el otro.
En lo que se refiere a la sublimación, Abelardo por medio de su vida religiosa y
la oración, pretende ser librado de sus impulsos y deseos hacia Eloisa, que de hecho
percibe como pecaminosos y como un punto que limita su cercanía a Dios y a la vida
espiritual e intelectual que lleva. Así a través de sacrificios, de oración y de estudio
pretende librarse de sus impulsos naturales.
Sin embargo en las cartas de Abelardo, hay repudio y negación frente a sus
impulsos sexuales, los rebaja y manifiesta como estos lo limitan, en algunos fragmentos
es claro un bloqueo frente a tales emociones, las excluye de su vida sin premeditarlo.
En lo masculino, en el genero, el le da prioridad en un inicio a lo sexual, a pesar
de que posteriormente manifiesta no tener que ver con ello, el no vuelve a Eloisa el
Interjuego entre Amor y Deseo
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centro de su vida, a pesar de que la exalte mantiene sus intereses y prioridades sobre los
de ella. El deseo prima sobre el sentimiento amoroso siempre, no esta en la actitud de
satisfacer las demandas y quejas de ella sino las propias, omite las de ella y antepone las
suyas
Discusión
Todos los mitos se originan en lo inexplicable, para Lacan la mejor forma de
hablar del amor como revelación en lo real es a través del mito de la mano, construcción
que elabora en el seminario de la transferencia. Una mano que dirige su movimiento
hacia un fruto, hacia una flor, hacia un leño, en la intención de alcanzar atraer, atizar, lo
hace solidariamente a la maduración del fruto, a la belleza de la flor, al resplandor del
leño. Si la mano fue lo bastante lejos en la búsqueda del objeto resultará súbitamente
ardiendo cuando del fruto, de la flor, del leño, emerja otra mano que se extienda al
encuentro (Krazjman, 1987)
A través de esta metáfora Lacan trata de introducirnos en la compleja dinámica
entre amor y deseo, la mano avanza busca atraer, hacer arder en el otro el deseo. En un
primer contacto que entran en relación los personajes, Abelardo se introduce en el la
casa del tío de Eloísa en busca de ese fruto, flor, leño que representa Eloísa para él.
Quien realiza el avance está en el lugar del que desea, el otro es su objeto. Mientras se
es deseado y no se está interesado en ello, no ocurre nada, pero basta con que se
formule la preguntar ¿debo o no debo? ¿bajo qué condiciones?, para que se precipite
una respuesta, para que la mano se extienda. Eloísa da la respuesta de inmediato,
extiende la mano al encuentro, accede a ser objeto y sujeto del deseo al mismo tiempo,
sin contratiempos expresa su deseo por Abelardo.
Interjuego entre Amor y Deseo
77
Pero es en este justo momento, cuando Eloísa entra en la incompatibilidad de ser
objeto y sujeto del deseo al mismo tiempo, puesto que en el mismo instante que ella se
muestra reciproca en el afecto hacia Abelardo y quiere atraerlo hacia sí, es justo cuando
este se muestra más esquivo hacia Eloísa. En palabras de Moreno (1994, p.40) quien
quiere atraer, resulta atraído; el que quiere encender resulta encendido: es el movimiento
de báscula. El juego amoroso usa el ardid del rechazo para avivar las pasiones, pero tan
pronto quien dirige la estrategia pretende codificarla, esta se vuelve fácilmente contra él.
De igual manera, Ortega y Gasset (1987), advierte una relación intima entre amor
y deseo en sus inicios. Para este autor, el amor se parece al deseo porque “su objeto,
cosa, persona, lo excita; pero luego de que el deseo ha dejado su marca, su huella en la
persona, esta se dirige hacia el objeto del deseo, va del amante a lo amado”. Abelardo se
muestra atraído por Eloísa y no escatima estrategia para poseerla, pero una vez
alcanzado el objeto deseado, este no se puede colmar allí, devienen diferentes
dificultades, la separación por parte de la familia, un matrimonio por conveniencia, la
castración de Abelardo, circunstancias que tan solo develan la naturaleza insaciable del
deseo.
Aunque la estructura del deseo parece la misma tanto para Lacan como para
Ortega y Gasset , en tanto el deseo es guiado por la carencia, por el ansia de poseer lo
que no se tiene mostrándose errático, mutante y anhelante de variación. Para Ortega y
Gasset el deseo se fulmina en la captación del objeto mientras que para Lacan el deseo
es insaciable, pues su estructura a través de la alineación del deseo del sujeto al deseo
del Otro que nunca es satisfecho, porque para la realización del deseo es necesaria la
presencia del otro y la disponibilidad de otro como objeto de placer, pero siempre esta
disponibilidad esta restringida en la sociedad y se va constituyendo y formando por la
Interjuego entre Amor y Deseo
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carencia del otro (Braunstein, 1994) Dicha alineación es muy diciente en Eloísa, quién
somete su deseo a favor del deseo del Otro, y se lo expresa claramente a Abelardo: “No
fue la vocación religiosa la que arrastró a esta jovencita a la austeridad de la vida
monástica sino tu mandato”. Sin embargo, esta renuncia aunque trata de satisfacer los
mandatos de Abelardo no le garantiza su posesión y la reciprocidad en el afecto, por el
contrario demarca aun más su carencia que solo puede ser llenada por la ilusión del
amor.
Sin embargo, la aceptación del otro, se convierte en requisito indispensable para
la satisfacción de la carencia. Esta aceptación de la subjetividad del otro en la pareja
implica la represión del deseo de fusión, de ser uno con el otro o de tenerlo para sí; es
decir, necesito del Otro para saciar el deseo, pero para esto tengo que preguntarme ¿Qué
quiere de mi el Otro?, ¿Qué me demanda?, ¿Tengo que acceder a su deseo? (Braunstein,
1994). Eloísa vivencia este mandato con gran lucidez: “Dios sabe que nunca busque en
ti nada más que a ti mismo...no esperaba los beneficios del matrimonio, ni dote, nunca
busque satisfacer mis caprichos y deseos, sino como tú sabes los tuyos”. Claramente se
evidencia la alineación del deseo de Eloísa por las demandas que hace Abelardo, con el
fin de acceder a la aprobación del Otro. Hacer reconocer su deseo por el Otro, desear el
deseo del Otro, esas son la raíces en que se origina la dependencia del sujeto con
relación al deseo del Otro.
Ante la renuente imposibilidad de llenar la falta, la carencia de ser, el amor en
su anhelo de fusionarlo todo mantiene la ilusión de completud. Empédocles sostiene
que el amor es el amor que reúne, aglomera, que asimila, que aglutina. Y esto bajo la
forma de una esfera integrada a la unidad del Ser. (Krajman, 1987, p.65)
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En el amor se busca entregar pasionalmente “aún “lo que no se tiene, en tanto se
aspira a la entrega de todo el ser, para poder fusionarse eternamente. Eloísa a través de
las cartas enviadas a Abelardo, anhela por el resto de su vida esa ilusión de plenitud y
completud que le otorgo el encuentro con un ser que tenía de la perfecciones que ella
carecía o anhelaba. del amor. Ese
amor en donde todo gravita alrededor de ese otro
único e irremplazable, de modo que el yo propio es renegado en beneficio de la persona
amada (Verhaeghe, 2001).
Clara muestra del paso del deseo hacia el amor en Eloísa esta dada en la
declaración que esta hace a Abelardo: “El amor me llevó a tal locura, que me arrebató
lo que más quería y sin esperanza de recuperarlo, pues obedeciendo al instante tu
mandato, cambie mi hábito junto con mi pensamiento. Quería demostrarte que tú eras el
único dueño de mi cuerpo y de mi voluntad”.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que el bienestar en el amor depende de la
mayor o menor capacidad del sujeto para resolver la oposición entre una corriente tierna
y una corriente sensual, en otras palabra en lograr una armonía en lo
que se ha
nombrado como amor y deseo o Eros y Ágape (Verhaeghe, 2001).
Y es en este terreno donde Eloísa hace uno de sus más fuertes reclamos al
sentirse objeto de deseo y no vislumbrar en Abelardo la reciprocidad de su afecto:
“Dímelo, si eres capaz, o yo te diré lo que pienso y lo que de verdad todos sospechan.
Te unió a mí la concuspiscencia más que la amistad, el fuego de la pasión más que el
amor. Cuando terminó lo que deseabas, se esfumo también todas sus manifestaciones”.
El mismo Freud en Psicología de las masa y análisis de yo, distingue de modo
claro la separación entre este objeto amoroso y el objeto del deseo que él llama sensual.
Esta diferencia muestra dos corrientes diferentes respecto al objeto, una tierna, donde la
Interjuego entre Amor y Deseo
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pulsión se instala como inhibida en su meta, y la corriente sensual reprimida, pero
preservada en el inconsciente.
Es en esta corriente tierna donde se sitúa el
enamoramiento, por el predominio de la pulsión inhibida en su meta, se produce la
sobrevaloración del objeto, que “falsea el juicio”. En este caso el objeto recibe el mismo
tratamiento que el yo e incluso, Freud afirma, el objeto se pone en el lugar del ideal del
yo (Rabinovich, 1988).
Con respecto a lo anterior se podría afirmar que Eloísa habla en sus cartas y con
sus acciones desde la dimensión tierna del amor, es decir, Eloísa vive en carne propia lo
que Freud llama enamoramiento, a diferencia de Abelardo quien le cuenta conjugar estas
dos caras de la relación.
En consecuencia,
el deseo es un elemento siempre presente en la relación
amorosa de Abelardo y Eloísa. Sin embargo, sus manifestaciones fueron diversas, en
Eloísa se expresa en la búsqueda constante de poseer a Abelardo, hecho que a lo largo de
su vida le fue esquivo, carencia que trato de obturar o sanar a través del imaginario del
amor. En otras palabras, La fastamagoria que provoca el objeto de amor es inversamente
proporcional a la realización del deseo. Y es tanto más fuerte porque la amada no está al
alcance (krazjman, 1973 p.17)
Siguiendo las consideraciones de Lacan en relación al “amor cortés” se podría
conjeturar que esta pareja instrumentó una treta para eludir la imposibilidad intrínseca de
la relación sexual. Esta consiste en la creación de un obstáculo “externo” sintomático
que impide la misma, preservándose así la ilusión de que una vez que se decidan y
puedan superarlo, ambos serían capaces de gozarla completamente (Milmaniene, 1998).
Interjuego entre Amor y Deseo
81
Sublimación y represión. Es preciso ubicarse para iniciar este análisis, en la Edad Media
en occidente, considerado como un momento histórico de gran expansión, evolución y
crecimiento de las ciudades, el surgimiento de la Burguesía, de los monasterios y de la
vida cortesana. Así mismo, en el aspecto religioso, se imprimen e imponen una serie de
normas y prohibiciones que afectan la vida afectivo-sexual tanto para adolescentes,
como para hombres y mujeres, que les hacen tomar decisiones obligadas, como la de
ingresar a los monasterios al servicio de Dios o hacerse caballero, para recibir la
formación requerida para ser dueño de la tierra y de la dama.
Desde este panorama, la historia de Abelardo y Eloisa, se desarrolla entre la
encrucijada, por un lado de la represión religiosa a la vida sexual y por el otro de la
exaltación del amor-pasión en el amor cortes. En este sentido, la dinámica de la pareja
se construye entre represiones y sublimaciones pulsionales, que dan cuenta de la época
en que se enmarca la relación y la singularidad de los personajes que le imprimieron su
fuerte personalidad a la historia, por lo que se constituyeron en un icono o imagen para
la época y aún para las posteriores.
Retomando la vida de Abelardo desde la historia planteada, se nota una marcada
inclinación hacia la actividad académica, resaltándose en su profesión el amor por la
Filosofía hasta el punto de renunciar conscientemente a heredar títulos y posesiones, así
como el estatus de caballero que su padre tenía. También se negó la posibilidad de
establecer cualquier tipo de contacto con el otro sexo. Así lo expresa él mismo: “yo
tenia aversión a los impuros comercios de la corrupción; la preparación laboriosa de las
lecciones no me permitía frecuentar las mujeres de la nobleza; tampoco tenia relación
con las de la burguesía” (Pernoud, 1987).
Interjuego entre Amor y Deseo
82
Como se puede apreciar, hasta este momento Abelardo había concentrado toda su
energía en un solo objetivo, cual era, el de convertirse en el filosofo más reconocido de
su época. En consecuencia, como lo describe la obra, Abelardo encuentra en su trabajo
una gran satisfacción, que lo lleva a sentir la verdadera plenitud de su vida. Estas
situaciones le permiten llegar a un verdadero éxtasis, donde puede colmar muchas de sus
aspiraciones, de sus deseos, de sus pasiones, en este caso, hacia la lectura, el
conocimiento, la reflexión, la creación. No obstante, serían estos, los momentos en que
Abelardo encuentra en la sublimación el mejor camino para descargar toda su energía
pulsional.
Sin embargo, aún sin proponérselo, se ve sorprendido porque en su vida aparece
Eloísa, mujer que lo cautiva y lo desvía de su camino trazado, cual es el amor por la
filosofía y que después de un tiempo y una vivencia amorosa, lo dejará con el vació de
su falta a partir de su tormentosa separación. De esta manera, Abelardo se permitió
amar, depositando su afecto en Eloisa, pero tras la fuerte ruptura no tuvo más opción
que volver a retraer la energía sobre sí y retomar nuevamente el camino hacia vocación
de maestro, la que en un tiempo constituyó su razón de ser y lo exaltó por encima de
otros personajes de la época.
Expresado lo anterior en términos de Freud, se transformará la libido objetal en
libido narcisista que le permita desligarse de la concupisciencia para acercarse a la
producción intelectual.
Dentro de esta misma idea y retomando el punto de vista de Lacan, éste resalta el
papel que juega el vacío en la sublimación. En el caso Abelardo, el evidenciará su falta,
su incompletud, al encontrarse con Eloísa, porque en ella podrá reflejar todas sus
Interjuego entre Amor y Deseo
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carencias y deseos. De esta manera, aunque el amor le da la ilusión de llenar el agujero
de la falta, pronto tendrá que vivir la ausencia real del objeto amoroso, su partida.
Este momento, se convertirá para Abelardo en el comienzo de una búsqueda
incesante por llenar la falta y desmentir su castración. Así, se evidencia que después de
esta etapa en la vida de Abelardo, se avecinaría el período más fecundo en su carrera
durante el cual pone a punto su método y redacta sus principales obras. En palabras de
Pernoud (1973) Abelardo dejo de ser un filósofo del mundo para convertirse en un
filósofo de Dios y además cargar con el título de ser “filosofo errante”.
Ubicándonos en la persona de Eloisa, al igual que Abelardo, consagra su vida al
trabajo en la comunidad religiosa, pero lo que los diferencia es la intensidad, claridad y
entrega de su afecto en la relación de pareja. En este sentido, ella siempre mantuvo un
profundo amor por Abelardo aún después de su castración, que no se extinguió en lo
más mínimo y no pudo dejar de reflejar este sentimiento en su labor como Abadesa.
Prueba de esto es su obra en “El Paráclito”.
Como promotora de dicha Orden, su papel fue fundamental al construir los
cimientos de este monasterio y darle renombre y respeto frente al clero. Sin embargo, en
ésta, su máxima obra frente a los ojos de Abades y clérigos, está también presente
Abelardo
pues le hizo fundador de una Orden y Maestro espiritual de la misma,
proyectando la infinitud de su amor hacia su labor religiosa.
Desde el punto de vista de la constitución del sujeto, es necesario que el
individuo rompa la barrera de su narcisismo y edifique lazos con el mundo que le
permitan construir si mismo.
Sin embargo, en este choque del organismo con la
realidad, entra a ser fundamental la represión como mecanismo que le permite al sujeto
Interjuego entre Amor y Deseo
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mantenerse en contacto con su entorno social, que en términos de Lacan, significa
acceder a lo simbólico.
En este orden de ideas, Abelardo y Eloísa se enfrentan con dos realidades que
no pueden eludir: la institución religiosa que en esta época representa el orden social
establecido y la diferencia de los sexos. De esta manera, se exponen dos ejes sobre los
que se desarrolla el mecanismo de represión en los personajes, el armazón cultural y la
complejidad de la pareja en su forma femenina y masculina.
Uno de los momentos importantes de la relación de pareja, se da para hablar de
matrimonio, con el fin de reparar la unión ante los ojos de los hombres. Con este
compromiso, sólo se pretendía cumplir una demanda. ¿Pero que pasaba con el deseo que
los había unido? Eloísa entiende que esta no es la vía para perpetuar el amor perfecto e
infinito que ella había concebido. Pero para Abelardo vale más el deber que el querer, y
sobre todo el tener.
De esta manera quiere conciliar el amor y la gloria en un
matrimonio que se mantenga oculto para no perder su estatus y fama en el terreno
académico.
De acuerdo con lo anterior, Abelardo reprime su amor hacia Eloísa porque toma
en cuenta las demandas sociales, desconociendo su deseo hacia la joven. Podría decirse
que sin darse cuenta, accede a las pretensiones de una sociedad que lo coacciona a
ejercer determinados comportamientos que le impriman un carácter de no culpabilidad
de sus actos.
Así mismo, Eloísa cede en su deseo, pero ante el ordenamiento de Abelardo de
concluir su unión con un pacto matrimonial, contrario al actuar de Abelardo, ella no
reprime su amor-pasión por su amante, sino que se entrega de manera total al
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cumplimiento sus deseos. De esta manera, se iguala al enamorado que idealiza el objeto
del amor, de tal modo, que cae en absoluta sumisión y enajenación respecto a este.
Es importante señalar, que Abelardo el resto de su vida reprime el amor que
siente por Eloísa de muchas maneras, mientras que ella es más consciente de su afecto
hacia Abelardo y nunca trata ni siquiera de negarlo, pero carga con lo que implica ser
mujer en su época y con la falta de decisión de Abelardo.
En consecuencia, en diferentes momentos de la relación expresó directamente y
sin temores su deseo, en un primer momento, cuando entra en relación con Abelardo no
tiene ningún pudor en declararle su amor, luego cuando se rehúsa al matrimonio, lo hace
por querer preservar la perfección del objeto del amor en su calidad de ideal y de esta
manera no sofocar la llama del deseo; y después, cuando le envía su carta de reclamo a
Abelardo por el abandonó a la cual la tiene sometida. En todas estas ocasiones su
sinceridad y claridad frente a sus sentimientos fueron diáfanos.
En término de Freud, en el Malestar en la Cultura, el ser humano
predominantemente erótico antepondrá los vinculo afectivos que lo ligan a otras
personas, que es el caso de Eloísa quien nunca dejará de volcarse sobre Abelardo a
quién en sus cartas le asigna el título de “Su dueño”. Mientras el tipo narcisista,
evidente en Abelardo quien a pesar de expresar su amor a Eloísa se dedica la mayor
parte de su vida a satisfacerse en el terreno de la academia, en palabras de Freud, se ve
inclinado a bastarse a sí mismo y buscar la satisfacción de sus procesos Psíquicos
íntimos.
Lo Femenino y Lo Masculino. Ahora bien, en el terreno de la pareja uno de los
elementos que pone en juego el imposible encuentro de los amantes, es la diferencia
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básica entre los sexos, que en su dinámica compleja también da pasó a la represión. Por
lo tanto, es necesario prestar atención a esta tópica dentro de la pareja humana.
La diferencia entre el hombre y la mujer, ha constituido históricamente dos
estilos singulares, lo femenino y lo masculino. Es así como la mujer es sedentaria, habla
de la ausencia, mientras que el hombre es cazador, viajero rondador. Los personajes de
la historia presentada, no se escapan a esta realidad. Eloísa teje el recuerdo de la
ausencia de Abelardo enclaustrada en un convento, desde donde lanza un grito de
reclamo ante su abandono al causante de su dolor: “Decidme tan sólo si podéis, por qué,
después de nuestra común entrada en la Religión, que vos solo decidisteis, caí en tal
abandono y olvido que no tengo ni tu presencia ni tu palabra para fortalecer, ni ninguna
carta tuya para consolar mi ausencia. (Pernoud, 1973 p. 152).
Mientras Eloísa no ha podido calmar su pasión por Abelardo, este en cambio se
ha dedicado a rodar de un lado a otro tratando de ocultar su falta, se ha dedicado a
elaborar sistemas conceptuales y lógicos, en su caso en el campo de la teología y la
filosofía. En términos de Milmaniene, su actuar es típicamente masculino, tratando de
atrapar al modo obsesivo, con las frases y formulas verbales, el sentido pleno de la
existencia.
Y es en este tono, distante del afecto y con el afán de ordenar todo que responde
al llamado de Eloísa: “Después que hemos dejado el siglo por Dios, no os he dirigido
todavía una palabra de consuelo o de exhortación, no debéis atribuirlo a mi negligencia,
sino a vuestra cordura, en la que siempre tuve confianza absoluta. No creí que ningunos
de los socorros fuesen necesarios...” y culmina diciendo: “si sentís la necesidad de
dirección y mis consejos por escrito; decidme sobre que materia necesitáis que os
esclarezca” (Pernoud, 1973 p. 155).
Interjuego entre Amor y Deseo
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Florence Thomas (1985) hace una diferencia clara entre la posición de la mujer y
del hombre dentro de la cultura occidental, para ella la diferencia radica en la
diferenciación fisiológica y anatómica entre ambos sexos, específicamente de los
órganos genitales, situación que coloca a la mujer en posición de ausencia, de falta ya
que sus genitales no son visibles, mientras que en el caso del hombre la visibilidad de su
órgano, lo ubica en el lugar de la completud, de lo existente, a partir de esta diferencia
individual, socialmente el hombre y la mujer vienen a constituir un rol distinto, dentro
de la cultura.
En el caso de la mujer, su personalidad se desarrollara dentro de una dependencia
respecto al hombre, dependencia por medio de la que se asume como sujeto existente, a
través de la representación de su yo, en un yo masculino. En tanto que para el hombre a
través de la relación con una mujer, confirma la realidad de su existencia, y no la duda, o
posibilidad de ella, como en el caso de la mujer.
Se puede apreciar como en el discurso de Eloisa, esta se refiere a si misma como
ausencia, por el hecho de no ser tenida en cuenta por Abelardo, desde su estadía en el
convento. Así ella misma lo confirma en sus cartas a Abelardo, expresando que no es
nada sin el, y que necesita de él para existir.
En estos dos fragmentos del dialogo amoroso, se evidencia las palabra de la
mujer que hablan de la falta que debe ser colmada, la ausencia, que siente y percibe el
mundo poéticamente y que anhela lo singular del amor de Abelardo. Frente a esta
despliegue del deseo de la mujer, se encuentra la represión latente en el discurso del
hombre, que habla de un “saber masculino que desmiente su castración” y la de ella,
pues no solo reprime cualquier comentario suyo sobre el afecto hacia Eloísa, sino que
Interjuego entre Amor y Deseo
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reduce el amor que se le expresa en su carta. El quiere ordenar la pasión de Eloísa, de
llevarla a la cordura por medio de su consejo.
En fin, la dialéctica de la pareja es un juego de subjetividades en donde cada uno
habla desde lo femenino o lo masculino de su ser. Por lo tanto, ella se refiere a lo
singular del amor de los dos, mientras que él a lo absoluto del amor Divino, ella expresa
con su carta la desmesura de su deseo en tanto él se encamina a ordenar este deseo. En
resumen y tomando los las palabras de Milmaniene, son palabras de mujer enfrentadas al
discurso del hombre.
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Interjuego entre Amor y Deseo
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Apendice A
Carta 2
Eloisa a Abelardo, su dueño; o mejor, su padre,
marido; o mas bien, hermano. Ella, su criada; o
mejor, su hija; su hermana.
1
Amado mío: Poco ha, cierta persona me trajo casualmente tu carta de consuelo a un
amigo. Por la misma dedicatoria me di cuenta, al instante, de que era tuya. Y comencé a
leerla con tanta mayor ansiedad cuanto mayor era el cariño con que abrazo al que la
escribo, pues si lo perdí sus palabras me lo recuerdan como si fuera su retrato.
2 Si
mal no recuerdo, toda la carta rezumaba hiel y ajenjo, pues reproducía la desdichada
historia de mi entrada en religión y los interminables sufrimientos que tú, mi único y
solo amor soportas.
3
En esta tu carta cumples realmente lo que prometías a tu amigo, pues en comparación
con tus penas, las suyas le debieron parecer inexistentes o insignificantes. Comenzabas
exponiendo la persecución llevada contra ti por tus maestros.
Pasabas después a
describir la injuria de una suprema traición que acabo con la mutilación de tu cuerpo,
para terminar con la envidia y acoso execrable y desmedido de tus condiscípulos y, en
particular, de Alberico de Rheims y de Lotulfo de Lombardia.
4Tampoco
dejaste en el tintero sus maquinaciones contra tu gloriosa obra de teología, ni
Como se actuó contra ti, como si se tratara de un condenado en la cárcel.
A
continuación pasabas revista a las insidias del Abad y de los falsos hermanos, a los
infundios levantados contra ti por esos dos falsos apóstoles y propalados por los mismos
rivales. Tampoco pasabas por alto el haberte convertido en escándalo para mucha gente
por el simple hecho de haber dedicado al Paráclito el oratorio, en contra de la costumbre.
Interjuego entre Amor y Deseo
Y así llegaste finalmente a la triste historia
de las continuas
93
e intolerables
persecuciones a manos de aquel tirano y de aquellos desalmados monjes a quienes
llamas tus hijos.
5
Pienso que nadie podrá leer u oír estas cosas sin derramar lagrimas. Por lo que a mi
respecta, tu carta tan cuidadosa en todos sus detalles, ha renovado mis dolores y, si cabe,
los ha aumentado, ya que declara que tus peligros continúan.
6
Todas nosotras seguimos pendientes de tu vida -al borde mismo de la desesperación-
hasta el punto de esperar todos los días la noticia fatal de tu muerte entre sobresaltos del
corazón.
7 En
nombre, pues, de Cristo, que todavía te sigue repitiendo de alguna forma para El, te
pido que me escribas tan pronto como lo creas conveniente para nostras que somos tus
siervas, y nos digas algo de los naufragios en que todavía fluctúas. Haz participes de tus
dolores y alegrías, al menos, a aquellas que te han permanecido fieles.
8
Saber que nuestro dolor es compartido por alguien, siempre proporciona cierto
consuelo. Y toda carga llevada por muchos se soporta o se sobrelleva mejor. Y si esta
tormenta ha amainado un tanto, razón de más para que nos envíes una carta que nos
llenara de alegría. Todo lo que escribas nos servirá de un gran consuelo, pues será al
menos una prueba de que piensas en nosotras. Las cartas de los amigos ausentes siempre
son bien recibidas. El mismo Séneca nos da buena muestra de ello cuando escribe este
pasaje en una carta a su amigo Lucilo.
9
Te agradezco tus frecuentes cartas, pues es la única manera de hacerme sentir tu
presencia. Siempre que las recibo tengo el intimo sentimiento de que estamos juntos. Si
los retratos de los amigos hacen más agradable la ausencia -renovando nuestros
recuerdos comunes y haciendo más llevadero el dolor de la separación- aun que tal
Interjuego entre Amor y Deseo
94
consuelo sea falso o inane, ¿Cuánto mas gratas no serán las cartas que nos traen noticias
verdaderas de los amigos?
10 Gracias
a Dios, ya ninguna envidia te impide devolvernos tu amistad, aunque solo sea
por carta. Y, si ya ninguna dificultad te lo impide, te ruego que la negligencia no te
detenga. Escribiste una carta de consolación a un amigo, inspirada, sin duda, en sus
desgracias, que mas bien era sobre las tuyas. Y al recordarlas con tanto detalle, quisiste
ofrecer consuelo, pero, al mismo tiempo, me colmaste a mí de desolación. Pues al
intentar curar sus heridas, me hiciste a mí otras nuevas y aumentaste las viejas.
11
Te pido, pues, a ti, que intentaste curar las heridas que hicieron otros, que cures ahora
las que tú has hecho. Cumpliste con un amigo y colega, dándole amistad y compañía.
Pero, piensa que estas mas obligado con nosotras que somos amigas, e intimas amigas,
tuyas y a quienes se puede llamar, más que compañeras, hijas o cualquier otro nombre
más dulce y santo que se pueda imaginar.
12
Nadie puede ponerlo en duda, y no se necesitan pruebas y testigos para demostrar lo
obligado que estas hacia nosotras. Aunque todo el mundo callara, los hechos mismos
gritarían. Después de Dios tu eres el único fundador de este lugar, el único constructor
de este oratorio, tu el único creador de esta comunidad. Nada hay aquí que halla sido
edificado sobre los fundamentos de otro hombre. Todo lo que hay aquí es creación tuya.
Esta soledad solo estaba abierta a las fieras y a los ladrones; en ella no había ni casa, ni
refugio para los hombres.
13
En los mismos cubiles de las fieras y en las guaridas de ladrones -donde ni siquiera se
suele nombrar a Dios- levantaste un tabernáculo sagrado y dedicaste un templo propio
del Espíritu Santo. Para edificarlo no pediste a los reyes y príncipes ningún dinero o
ayuda -pudiendo conseguir cuanto hubieras pedido- y lo hiciste para que todo pudiera
Interjuego entre Amor y Deseo
95
esta adscrito a tu nombre. Los clérigos y estudiantes que acudieron en tropel a acogerse
a tu disciplina te proporcionaban lo necesario. Y aquellos que vivían de algún beneficio
eclesiástico y que no estaban acostumbrados a hacer donaciones, sino a aceptarlas -y que
tenían manos, no para dar, sino para recibir- aquí se convertían en prodigo y manirrotos
a la hora de hacer donaciones.
14
Tuya es, pues, y muy tuya, esta nueva plantación, nacida de un santo propósito, cuyas
tiernas plantas necesitan todavía para crecer de un frecuente y necesario riego. Por la
misma naturaleza del sexo femenino, esta plantación débil y delicada, aunque no fuera
nueva. Por lo mismo exige un cuidado y atención mas frecuente, según aquello del
Apóstol: “Yo plante, Apolo regó, pero Dios lo hizo crecer”. El apóstol había fundado
por la doctrina de su predicación a los corintios, a quienes escribía. Su discípulo Apolo
los había regado con sus exhortaciones, dejando a la gracia divina el incremento de sus
virtudes. Cultivas una viña nacida de otras cepas que tú no plantaste y que se ha
convertido en amargura para ti, después de que tus exhortaciones han terminado en un
fracaso y tus predicaciones han resultado vanas. Pones tus cuidados en una viña extraña.
Piensa si no te debes a la tuya propia. Enseñas y corriges a los rebeldes y no consigues
nada. Estas desparramando, en vano, las perlas de la palabra divina a los puercos. Si
arriesgas tanto por los rebeldes, piensa y reconsidera lo que debes hacer por los que te
obedecen. Recapacita en lo que debes a las hijas, cuando de esa manera despilfarras con
los enemigos.
15
Y, dejando a un lado las demás cosas, piensa en que forma tan particular me eres
deudor. Si te debes al común de las mujeres piadosas, justo es que me pagues a mí con
más dedicación, pues soy solo tuya.
Interjuego entre Amor y Deseo
16
96
Tu gran sabiduría conoce mejor que mis pobres conocimientos, los muchos y grandes
tratados que los santos Padres escribieron para doctrina, exhortación y consuelo de
santas mujeres, poniendo en ello todo cuidado y diligencia.
17
Por eso, en los primeros y ya lejanos días de mi conversión, mi sorpresa y confusión
no fueron pequeñas al ver que ni la reverencia a Dios ni el amor mutuo, ni el ejemplo de
los santos Padres te movió a intentar consolar a quien, como yo, fluctuaba en un mar de
tristeza, y afuera por palabra directa, cuando estaba contigo, ya por carta.
18
Has de saber que te encuentras obligado a mí por un lazo tanto más fuerte, cuanto
mas estrecha es la unión del sacramento nupcial que nos une. Lo que te hace tan cercano
a mí, como es patente a todos por el amor sin límites con que siempre te ame.
19
Tú sabes, amado mío –y todos saben también – lo mucho que he perdido al perderte a
ti. Y como la mala fortuna -valiéndose de la mayor y por todos conocida traición - me
robo mi mismo ser al hurtarme de ti. Y sabes, también, como mi dolor por mi es
incomparablemente menor, por la forma en que se realizo. Así pues, cuanto mayor es la
causa del dolor, mayores remedios se han de poner para llevar el consuelo.
No
ciertamente por ningún otro, sino por ti mismo.
20
Si tu solo eres la causa del dolor, también has de ser tu solo para darme la gracia del
consuelo. Tú eres el único capaz de entristecerme y también el único que puede traerme
la alegría o la confortación.
21
Tú solo tienes tan gran deuda que pagarme, precisamente en el momento en que estoy
dispuesta a realizar lo que mandes, pues no pudiendo ofenderte en nada, estaría
dispuesta -si tú me lo mandas- a perderme a mi misma. Hay todavía más -aunque
extrañe decirlo-.
Interjuego entre Amor y Deseo
22
97
El amor me llevo a tal locura, que me arrebato lo que mas quería y sin esperanza de
recuperarlo, pues obedeciendo al instante tu mandato, cambie mi hábito junto con mi
pensamiento. Quería demostrarte con ello que tú eras el único dueño de mi cuerpo y de
mi voluntad.
23
Dios sabe que nunca busque en ti nada más que a ti mismo. Te quería simplemente a
ti, no a tus cosas. No esperaba los beneficios del matrimonio, ni dote alguna, finalmente,
nunca busque satisfacer mis caprichos y deseos, sino como tu sabes, los tuyos.
24
El nombre de esposa parece ser mas santo y mas vinculante, pero para mi la palabra
mas dulce es la de amiga y, si no te molesta, la de concubina o meretriz.
25
Tan convencida estaba de que cuanto mas me humillara por ti, mas grata seria a tus
ojos y también causaría menos daño al brillo de tu gloria.
26
Tu mismo no te olvidaste del todo de estas pruebas en la carta de consuelo al amigo, a
la que me he referido un poco mas arriba. En ella no juzgaste indigno exponer algunas
razones que yo te daba para disuadirte de un matrimonio desgraciado. Pero dejaste en
el tintero la mayoría de los argumentos que yo te di y en los que prefería el amor al
matrimonio y la libertad al vínculo conyugal.
27
Dios me es testigo de que, si Augusto -emperador del mundo entero- quisiera
honrarme con el matrimonio y me diera la posesión, de por vida, de toda la tierra, seria
para mi mas honroso y preferiría ser llamada tu ramera, que su emperatriz.
28
No es más digno un hombre por ser más rico o más poderoso. Esto depende de la
fortuna, aquello de la virtud.
29
La mujer que ha de comprender que si se casa con más alegría con un hombre rico que
con un hombre pobre y quiere a su marido más por sus cosas que por el mismo, esta
mostrando ser una mercancía.
Cualquier mujer que va al matrimonio con esa
Interjuego entre Amor y Deseo
98
concupiscencia merece un sueldo, no gratitud. Se sabe que persigue las cosas, no al
hombre y, si pudiera, se vendería al más rico.
30
Así de claro aparece en el dialogo del socrático Esquines entre Aspasia, Jenofonte y su
esposa. Después de haber expuesto la primera sus razones y -con animo de llegar a una
reconciliación entre ellos- termina con estas palabras: “Si os convencéis de que no hay
en la tierra hombre mejor ni mujer mas digna que vosotros dos, buscareis siempre lo que
juzgáis lo mejor de todo: ser el marido de la mujer de las mujeres y la mujer del mejor
de los maridos.”
31
Más que de un filósofo son estas palabras de un santo. Mas que de la filosofía, son
fruto de sabiduría, un santo error y una bendita mentira que se da entre cazados, cuando
el perfecto amor puede mantener los lazos íntimos del matrimonio, no tanto a través de
la continencia del cuerpo como de la castidad del espíritu. Lo que el error hacia creer a
las demás mujeres, a mi me lo decía la misma verdad, pues lo que ellas decían de sus
maridos, todo el mundo creía y sabia que era cierto de ti.
32
Mi amor por ti, entonces, era tanto más verdadero cuanto mas lejos estaba del error.
¿Qué rey o filósofo podía competir en fama contigo? ¿Qué región, ciudad o aldeano
tenia ansias de verte? ¿Quién no se precipitaba a verte cuando aparecía en público, o
quien, puesto de puntillas, no te seguía mirando cuando marchabas? ¿Que casada que
virgen no ardía en deseos del ausente y se quemaba con tu presencia? ¿Qué reina o gran
mujer no envidiaría mis placeres y mi cama?
33
Tenias -he de confesarlo- dos cualidades especiales que podían deslumbrar al instante
el corazón de cualquier mujer: la gracia de hacer versos y de cantar, cosa que no vemos
floreciera en otros filósofos. Compusiste muchos poemas amatorios por su ritmo y
medida, como simple diversión a tu profesión de filósofo. Pronto consiguieron la
Interjuego entre Amor y Deseo
99
popularidad, merced al embrujo de sus palabras y melodías. Se oían por todas partes y
tu nombre estaba, incesantemente, en labios de todos. Lo pegadizo de tu melodía hizo
que ni siquiera los analfabetos desconocieran tu nombre. Fue esto, sin duda, lo que más
suscito el amor de las mujeres por ti. Y como quiera que la mayor parte de las canciones
hablaban de nuestro amor, pronto dieron a conocer mi nombre en muchas regiones,
suscitando la envidia de muchas mujeres sobre mí. Pues, ¿Qué clase de bien del alma o
del cuerpo dejaba de adornar tu adolescencia? ¿Y entre las mujeres que me envidiaban
entonces, podía haber ahora alguna que no se moviera a compasión por mi desgracia o a
compadecerme por la perdida de tales goces? ¿Qué hombre o mujer que fuera entonces
mi enemigo no se movería ahora a compasión por mí?
34
Te hice mucho mal, mucho. Pero tu mismo sabes que soy inocente. No es la obra,
sino la intención del agente, lo que constituye el crimen. Tampoco lo que se hace, sino
el espíritu con que se hace, es lo que tiene en cuenta la justicia. Tú eres el único que
sabes, y puedes juzgar, cual ha sido siempre mi intención hacia ti. Todo lo someto a tu
juicio y me entrego totalmente a tu veredicto.
35
Dime tan solo una cosa, si es que puedes. ¿Por qué -después de mi entrada en
religión, que tu decidiste por mi- he caído en tanto desprecio y olvido por tu parte, que,
ni siquiera te dignas dirigirme una palabra de aliento cuando estas presente, ni una carta
de consuelo en tu ausencia?
36
Dímelo, si eres capaz, o yo te diré lo que pienso y lo que de verdad todos sospechan.
Te unió a mí la concupiscencia más que la amistad, el fuego de la pasión más que el
amor. Cuando termino lo que deseabas, se esfumaron también todas sus
manifestaciones.
37
Querido, esta no es solo una opinión mía. Todos piensan así: es una opinión general,
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100
no personal; publica, no privada. Me gustaría que solo fuera mía y que el amor que me
tuviste sirviera de excusa para que encontraras a alguien que pudiera mitigar mi dolor.
Ojalá pudiera fingir ocasiones que me permitieran excusarte, al tiempo que, de algún
modo, encubrieran mi vileza.
38
Escucha, por favor, lo que te pido: es cosa insignificante y fácil de hacer por tu parte.
Ya que me niegas tu presencia, dame, al menos, la dulzura de tu imagen, siquiera a
través de tus palabras, tan abundantes, por otra parte, en ti.
39
No puedo esperar que seas generoso conmigo en tus obras, si veo que eres tan avaro
en las palabras. Hasta ahora me las había prometido muy felices esperando muchísimo
de tu parte, pues todo lo hice pensando en ti e incluso ahora me mantengo en esta misma
entrega a ti.
40
No fue la vocación religiosa la que arrastro a esta jovencita a la austeridad de la vida
monástica, sino tu mandato. Puedes juzgar por ti mismo lo inútil de mi trabajo, sino
puedo esperar algo de ti.
41
Por esto no debo esperar nada de Dios, pues todavía no tengo conciencia de haber
hecho nada por su amor. Te seguí a tomar el hábito cuando tú corrías hacia Dios,
incluso te me adelantaste.
42
Pensando quizá en la mujer de Lot que se volvió a mirar atrás, tu mismo me pusiste el
velo y tomaste mis votos monásticos antes de entregarte tu mismo a Dios. Este acto de
desconfianza tuya hacia mi -lo confieso- me causo vehemente dolor y vergüenza. Dios
sabe que yo nunca dude en precederte o en seguirte hasta las llamas del infierno si tú te
precipitabas o tú me lo mandabas.
43
Mi alma no estaba en mí, sino contigo. Y ahora mismo, sino esta contigo no esta en
ninguna parte. Tan verdad es, que sin ti no puede existir. Haz, pues, que se encuentre
Interjuego entre Amor y Deseo
101
bien contigo, te lo suplico. Y estaría bien si te encuentra propicio, si devuelves favor por
favor, poco por mucho, palabras por obras.
44
Ojalá, querido mío, confiaras menos en mi amor, para que así fuera mas solicito. Pero
cuanto más seguro te sabes, más negligente te encuentro.
45
Acuérdate -te lo suplico- de todo lo que he hecho por ti y piensa lo mucho que me
debes. Mientras gocé contigo de las delicias de la carne, muchos no sabían a que
atenerse, si obraba por lujuria o por amor. Ahora, el final esta demostrando la intención
del principio. Me he negado toda clase de placeres para hacer tu voluntad.
46
No me he reservado nada, sino probarte que así soy ahora más tuya. Pondera tu
injusticia: das menos a la que sufre más. Que digo: no le das nada, máxime cuando lo
que se pide es poca cosa y para ti muy fácil.
47
Así pues, te pido por Dios a quien te has entregado, que me devuelvas tu presencia de
la forma que sea. Escríbeme, al menos, una carta de consuelo, para que de esta manera
me sienta confortada y recreada con el favor divino.
48
Cuando en otro tiempo buscabas en mí las delicias del cuerpo me visitabas con cartas
frecuentes. Tus canciones ponían a tu Eloisa en labios de todos. Todas las calles y casas
repetían mi nombre. ¡Con cuanta más razón me elevarían ahora hacia Dios que antes a
la lujuria! Considera -te lo suplico- lo que me debes; no te hagas sordo a lo que pido. Y
termino mi larga carta con un final breve: Adiós, mi único amor.
Interjuego entre Amor y Deseo
102
Apendice B
Carta 3
A Eloísa su querida su querida hermana en Cristo, Abelardo
su hermano en Cristo.
1
Si, después de nuestra conversión a Dios, no te he escrito una palabra de consuelo o
exhortación, no debes imputarlo tanto a mi indiferencia cuanto a tu buen sentido en el
que siempre he confiado. No creí que necesitara de tales palabras quien tan
pródigamente ha sido dotada de lo necesario por la divina gracia. Estas, en efecto,
capacitada para enseñar a los que yerran, consolar a los pusilánimes y exhortar a los
vacilantes tanto de palabra como de obra, tal como lo has venido haciendo desde que
fuiste priora a las ordenes de tu abadesa.
2 Por
eso, el hecho de atender ahora a tus hijas, como antes a tus hermanas, fue suficiente
para hacerme creer que toda enseñanza o exhortación por mi parte era totalmente
superflua.
3 Si,
por otra parte, en tu humildad no piensas así y crees que necesitas de mi instrucción
y magisterio en materias relativas a Dios, puedes escribirme lo que quieras. Tratare de
contestar como el Señor me de a entender.
4 Mientras
tanto doy gracias a Dios por haber llenado vuestros corazones de solicitud por
mis incesantes y gravísimos peligros, haciéndoos participes de mi aflicción. Ojalá que
la divina Providencia me proteja merced a vuestras oraciones y aplaste enseguida a
Satanás bajo nuestros pies.
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5
103
Para este fin particular me apresure a enviarte al Salterio, que con tanta insistencia me
habías pedido, hermana mía, un tiempo querida en el mundo y ahora queridísima en
Cristo.
6
Con el podrás ofrecer al Señor un sacrificio perpetuo de oraciones por mis grandes y
muchos excesos y por los peligros que constantemente me amenazan.
7 Tenemos,
en efecto, muchos ejemplos y testimonios del favor ante Dios y los santos de
las oraciones de los fieles, y sobre todo de las mujeres por sus amigos y sus maridos. A
esto se refiere el Apóstol cuando nos manda rezar continuamente. Leemos que Dios dijo
a Moisés: “deja que se desfogue mi cólera.” Y a Jeremías: “No reces -le dice- por este
pueblo, ni te pongas en mi camino.”
8
De estos textos deducimos que el Señor confiesa abiertamente que la oración de los
santos sirve como de freno a su cólera, que le impide castigar a los pecadores según lo
merecen.
9
Lo mismo que aquel a quien su sentido de la justicia le lleva a la venganza y a quien
doblega la intercesión de los amigos y que, contra su voluntad, es impedido como con
una fuerza superior. Así se dice al que ora o al que habrá de rezar: “Déjame solo, y no te
pongas en mi camino.” El Señor manda que no se ore por los impíos. Ora el justo prohibiéndoselo el Señor- y consigue de él lo que le pide y cambia la sentencia del juez
airado. En este sentido, continua diciendo de Moisés: “Y el Señor se arrepintió de la
amenaza que había pronunciado contra su pueblo.” En otro sitio esta escrito de todas las
obras de Dios: “Dijo y se hicieron todas las cosas.” En este lugar, en cambio, se
recuerda lo que había dicho sobre el castigo del pueblo y como, influido por el poder de
la oración, no llevo a cabo su promesa.
Interjuego entre Amor y Deseo
10
104
Medita, pues, en el gran poder de la oración –si es que caminamos como se nos
manda- y advierte como el profeta, a quien Dios prohibió la intercesión, consiguió, no
obstante, con ella hacer cambiar a Dios de su propósito. Y otro profeta le dice a Dios:
“En tu ira, acuérdate de la compasión.” Óiganlo y ténganlo en cuenta los poderosos de
la tierra que se muestran obstinados, mas que justos, a la hora de ejecutar la justicia que
han decretado y pronunciado.
11
Se avergüenzan de aparecer laxos, si ejercen la misericordia, y mentirosos si cambian
su edicto o no cumplen una decisión tomada sin mayor prudencia, aun cuando puedan
enmendar sus palabras con hechos. Yo compararía a tales hombres con Jeptha, quien
hizo un voto estúpido y al cumplirlo obro mas estúpidamente, matando a su única hija.
12
Pero quien desea ser miembro de su cuerpo como dice el Salmista: “Cantare tu
misericordia y tu justicia oh Señor.” La misericordia _como esta escrito_ exalta la
justicia, según lo que la Escritura misma dice en otro lugar: “Juicio sin misericordia para
aquel que no ejerce la misericordia”. El mismo Salmista, considerando atentamente
esto, ante la suplica que le hizo la mujer de Nabal del Monte Carmelo, rompió _llevado
de misericordia_ el juramento que en justicia había hecho, relativo a su marido y a la
destrucción de su casa. Antepuso las suplicas a la justicia y la suplica de la mujer borro
la falta del marido.
13 Aquí
tienes un ejemplo, hermana, y una seguridad para ti. Debes saber que si el ruego
de esta mujer consiguió tanto de un hombre, ¿Qué no serán capaces de conseguir tus
oraciones a Dios por mí? Pues Dios que es nuestro padre ama más a sus hijos que
David a la mujer suplicante. El era tenido por bueno y misericordioso, Y aquella mujer
que suplicaba, era una mujer cualquiera del mundo, para nada unida a Dios por los lazos
de la profesión religiosa.
Interjuego entre Amor y Deseo
14
105
Pero si tú no crees tener meritos suficientes para interceder, conseguirá lo que tú no
puedes, ese santo cenobio de vírgenes viudas que esta contigo. Pues cuando la verdad
dice a los Apóstoles: “Donde hay dos o tres congregados en mi nombre allí estoy yo en
medio de ellos”; y cuando dice en otro lugar: “Si dos de vosotros estáis de acuerdo en
todo lo que pedías, mi Padre lo hará”, ¿qué no conseguirá de Dios la oración frecuente
de una comunidad santa? Si, como dice Santiago: “la oración asidua del justo tiene
mucha fuerza“, ¿Qué no habrá de esperar de una comunidad numerosa?
15
Tú sabes, carisma hermana, por la lectura de la Homilía XXXVIII de San Gregorio
con que fuerza la oración de los hermanos atrajo a un hermano que se resistía y oponía.
Conoces con todo detalle, y no escapa a tu conocimiento, el caso de aquel hermano que
estaba sumido en la más absoluta miseria, el miedo de perderse que atormentaba a su
pobre alma, la total desesperación y tedio de la vida que le llevaba a apartar a sus
hermanos de la oración.
16
Ojalá que este ejemplo te de a ti y a esa santa comunidad de hermanas de una mayor
confianza en la oración. A mi me guardara vivo para vosotras aquel por quien - según
atestigua San Pablo- las mujeres recibieron a sus muertos vueltos a la vida. Si repasas
las páginas tanto del Antiguo Testamento, como del Nuevo, podrás ver que los máximos
milagros de la resurrección solo, o principalmente, fueron presenciados por las mujeres,
que fueron hechos para ellas o con ellas. El AT no recuerda que dos hombres volvieron
a la vida mediante las suplicas de sus madres, es decir, por Elías y Eliseo. El Evangelio
solo contiene tres resurrecciones hechas por el Señor. Las tres, hechas en presencia de
mujeres, confirman por si mismas las palabras del Apóstol citadas arriba: “las mujeres
recibieron a sus muertos vueltos a la vida”. Jesús compadecido devolvió el hijo a su
madre viuda a las puertas de la ciudad. Resucito a Lázaro, su amigo, a ruegos de sus
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106
hermanas, Martha y Maria. Y cuando hizo este único favor a la hija del jefe de la
sinagoga a petición de su padre, “nuevamente las mujeres recibieron sus muertos vueltos
a la vida”, pues volviendo a vivir recibió su propio cuerpo de la muerte, lo mismo que
las otras mujeres recibieron los cuerpos de sus muertos.
17
Y pienso que estas resurrecciones fueron hechas por la intervención de unos pocos.
La conservación de mi vida la conseguirán fácilmente las múltiples oraciones de vuestra
piedad. Cuanto mas agraden a Dios la abstinencia y continencia de unas mujeres
consagradas a el, con mayor agrado atenderá sus oraciones.
18 Añádase
a esto que, posiblemente, la mayoría de estos resucitados de entre los muertos
no tenían fe, pues no consta que la viuda mencionada arriba _a cuyo hijo resucito el
Señor_ fuese fiel.
19
Pero, nuestro caso, estamos mutuamente obligados por la integridad de nuestra fe y
unidos en la comunión profesión de la vida religiosa.
20
Permíteme que, ahora _dejando a un lado el santo convento de vuestra comunidad en
que tantas vírgenes y viudas se dedican de forma constante al servicio de Dios _me
dirija a ti sola.
21 Estoy
seguro que tu santidad será eficacísima a los ojos de Dios. Pienso, además, que
estas obligada a hacer todo lo posible por mi, especialmente ahora que me encuentro en
tan gran adversidad. Acuérdate, pues, en tus oraciones de aquel que es especialmente
tuyo.
22 Y
debes mantenerte en la oración con tanta más confianza, cuanto mas justa crees que
es mi causa y, por lo mismo, más aceptable a Aquel a quien suplicas. Estate atenta –
telo pido- con el oído del corazón, a lo que con tanta frecuencia has oído con los oídos
del cuerpo.
Interjuego entre Amor y Deseo
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107
En el libro de los Proverbios se escribe: “La mujer diligente es la corona de su
marido.” Y en otro lugar: “El que encuentra a una mujer buena, encuentra un tesoro y
conseguirá el favor del Señor.” Y mas adelante: “La casa y las riquezas se heredan de
los padres, pero la mujer prudente es don de Dios.” También en el eclesiástico se dice:
“Una buena mujer hace feliz al hombre.” Y a continuación: “Buena herencia es una
mujer buena”. Todo ello queda confirmado por la autoridad del Apóstol: “El marido
infiel queda santificado por una mujer fiel.”
24
Ejemplo de esto lo tenemos _por la gracia de Dios_ en nuestro propio reino, es decir,
de los Francos. Sabido es que el rey Clodoveo se convirtió a la fe cristiana más por las
oraciones de su esposa que por la predicación de las personas santas. Su reino quedo,
desde entonces, sometido a las leyes de Dios para que los humildes se animaran a
perseverar en la oración por el ejemplo de sus superiores.
25
A esta imitación nos invita con fuerza aquella parábola del Señor: “Os digo que
acabara por levantarse y darle lo que necesita si no por ser amigos, al menos para
liberarse de su importunidad.” Por esta importunidad, llamémosla así, Moisés aplaco como ya dije - la severidad de la justicia divina y cambio la sentencia.
26
No necesito recordarte, querida mía, la inmensa caridad que vuestro convento
demostró hacia mi persona en sus oraciones cuando estuve ahí. Todos los días, en
efecto, después del rezo de horas dedico una suplica especial interesándose por mi.
Comenzaba con un responsorio y versículo cantados, a los que se añadían las preces y la
oración común (colecta). De esta manera: ...
27
Estando yo ahora ausente necesito más de la ayuda de vuestras oraciones, cuanto
mayor es el peligro de que me veo rodeado. Al suplicar pido y pidiendo suplico _sobre
todo ahora en mi ausencia_ que yo pueda experimentar lo verdadera que es vuestra
Interjuego entre Amor y Deseo
108
caridad para con el ausente. En consecuencia, una vez terminado el rezo de horas
añadiréis esta formula: …
28 Pero,
si el Señor me entregare en mano de mis enemigos, es decir, si llegan a matarme
o de cualquier otra manera _siguiendo el camino de toda carne_ me veo alejado de
vosotras, os pido que mi cadáver _donde quiera que se halle, enterrado o sin enterrar_ lo
hagáis traer a vuestro cementerio, para que en el nuestras hijas o mejor nuestras
hermanas en Cristo, puedan ver mi tumba y así se vean invitadas a dirigir sus oraciones
al Señor por mi.
29 Pienso
que no puede haber un lugar mas saludable y seguro para mi alma, que se duele
y esta desolada por el error de sus pecados, que el que esta dedicado al verdadero
Paráclito, esto es, consolador, y particularmente señalado por su nombre.
30
También creo que no puede haber un lugar mas adecuado para una sepultura cristiana
entre los fieles que uno entre mujeres dedicadas a Cristo. Fueron mujeres las que se
encargaron del sepulcro de Nuestro Señor Jesucristo, adelantándose y siguiéndole,
comprando ungüentos preciosos, permaneciendo vigilantes ante la tumba y llorando la
muerte del esposo.
31
Así lo encontramos escrito: “Las mujeres sentadas ante la tumba lloraban y se
lamentaban por el Señor”.
Fue allí también donde, por primera vez, quedaron
convencidas de la resurrección del Señor por la aparición de un ángel y las palabras que
les dirigió. Posteriormente fueron consideradas dignas de gozar de su resurrección
cuando se les apareció dos veces, y de tocarle con sus manos.
32
Finalmente, lo que por encima de todo os pido es que si ahora estáis demasiado
afligidas por el peligro de mi cuerpo, entonces os mostréis especialmente solicitas de la
salvación de mi alma.
Interjuego entre Amor y Deseo
33
109
Debéis mostrar al difunto el amor que manifestasteis al vivo, a través del apoyo
especial y particular de vuestras oraciones.
34Vive
y que os vaya bien a ti y a tus hermanas que están contigo.
Vivid, pero acordaos de mí _os lo suplico_ en Cristo.
Interjuego entre Amor y Deseo
i d nAé p
ec
110
C
Carta 4
Eloisa
Su único después de Cristo,
su única en Cristo
1
A su único después de Cristo, Su única en Cristo.
2
Quedé sorprendida, mi único y solo amor, por algo que no se usa en las cartas y que
incluso va contra el mismo orden natural. En el mismo encabezamiento de su carta
juzgaste oportuno anteponer mi nombre al tuyo: la mujer al varón, la esposa al marido,
la esclava al señor, la monja al monje o sacerdote, la abadesa al abad. Pero en cartas a
los inferiores preceden por orden de inscripción los que van por delante en dignidad.
3
Nos sorprendió no poco también el hecho de que en vez de traernos el remedio del
consuelo, aumentaras nuestra desolación.
En vez de mitigar nuestras lágrimas las
excitaste. Porque ¿quién de nosotras podría oír sin los ojos llenos de lagrimas lo que
escribiste al final de tu carta? Decías: “Si el señor me entrega en manos de mis
enemigos, es decir, si apoderándose de mi me mataran....” Amor mío, ¿Cómo pudiste
pensar tal cosa? ¿Y cómo pudiste escribirla? No quiera Dios olvidarse de sus pobres
esclavas para que puedan sobrevivirle. Nunca nos conceda una vida que sea más pesada
que cualquier género de muerte. Eres tú el que ha de enviar por delante las almas que
congregaste para Dios. Que ningún cuidado por ellas te perturbe. Nos has de seguir con
tanta más alegría cuanto más seguro estuvieres de nuestra salvación. Perdona, te ruego,
Señor, perdónale las palabras que dice con las que nos hace desgraciadas, muy
desdichadas. No nos quites ante de morir a aquél por quien de todas formas vivimos.
Interjuego entre Amor y Deseo
111
“Bástale a cada día su afán”. Y ese día traerá consigo toda clase de preocupación a los
que encuentre. “¿Es que es necesario –Se pregunta Séneca- Acumular todos los males y
perder la vida antes de morir?”
4
Nos pides, mi amor, que si, por casualidad, acabas tus días estando ausente de nosotras,
hagamos traer tu cuerpo a nuestro cementerio, para de esta manera conseguir más frutos
por el recuerdo constante de nuestras oraciones.
5
Pero ¿Cómo te imaginas que pueda desaparecer tu memoria de nosotras? O ¿Cómo
crees que puede haber un tiempo propicio a la oración cuando la máxima perturbación
deje lugar a la quietud, cuando ni el alma tendrá el uso de la razón, ni la lengua el uso de
la palabra? Cuando el alma enferma se dirige a Dios más aireada que inquietada ¿No le
irritará más con sus quejas que le aplacará con sus oraciones? Sólo nos quedará a estas
pobres desgraciadas llorar. No nos estará permitido rezar. Será cosa de pensar en
seguirte más que en enterrarte, de tal forma que podamos ser sepultadas más que en
darte sepultura.
6
Si te carece de sentido vivir, pues ya hemos perdido nuestra vida en ti. ¡Ojalá en esto
te precedamos y no te sigamos!
7
Perdónanos, pues- y perdona aquella que es toda tuya- por insistir en las palabras con
que traspasas nuestras almas con espadas de muerte. Un alma llena de dolor no puede
vivir en calma, ni la mente llena de ansiedad se puede entregar de veras a que tu quisiste
que viviéramos. Hay que desear que venga pronto lo que ha de venir, aunque cuando
llegue, traiga consigo el máximo dolor.
De esta manera no nos torturaremos de
antemano con un temor inútil contra el cual ninguna providencia puede hacer nada.
Esto es lo que pondera el poeta cuando dice:
Interjuego entre Amor y Deseo
112
Sea inminente lo que nos depara. Esté ciega al hado la mente humana. Que el que
8
teme pueda esperar
9
Pero ¿qué puedo espera yo, si te pierdo a ti? ¿Qué ganas voy a tener yo de seguir en
esta peregrinación en que no tengo más remedio que tú mismo y en ti mismo nada más
que saber que vives, prescindiendo de los demás placeres en ti – cuya presencia no me es
dado gozar- y que de alguna manera pudiera devolverme a mi misma?
10
Oh Dios ¡que cruel –Permítemelo decirlo- te has mostrado conmigo en todas cosas!
¡oh clemencia inclemente! ¡Oh fortuna desafortunada, que gastaste en mí sola todos los
dardos que lanzas contra los humanos – pues ya no te quedan más que herir a los
demás!-.
11
Agotaste en mí toda la aljaba para que, en adelante, los demás no teman la guerra. Y
caso de que te quedará todavía alguna flecha, no encontraría en mi lugar para la herida.
Lo único que, en medio de tantas heridas, temió en mí fue que, con mi muerte, acabara
de sufrir. Y como no deja destruirme sigue temiendo la destrucción que, por otra parte,
acelera.
12
¡Ay de mí, la más desgraciada de las desgraciadas, la más infeliz de las desdichadas!
Pues, si al elegirme tú fui exaltada por encima de las demás mujeres, mi sufrimiento fue
tanto mayor por cuanto que mi caída fue la ruina para mí y para ti.
13
¡Cuánto más alta es la subida, más grave será la caída! ¿Pudo la fortuna igualar o
anteponer a mí alguna de las mujeres nobles y poderosas? ¿Pudo finalmente, derribarla y
aplastarla más que a mí? ¡Cuanta gloria me dio a mí en ti y qué ruina me trajo por medio
de ti! Violenta en ambos extremos ¿mostró acaso moderación tanto en el bien como el
mal? Para hacer de mí la más feliz, de manera que al pensar lo mucho que había
perdido fuera presa de tanto y tan graves lamento cuanto eran mis daños.
Interjuego entre Amor y Deseo
14
113
Y tanto mayor fuera el dolor por lo perdido, cuanto mayor había sido el deleite de la
posesión que había precedido. La alegría del supremo éxtasis terminaba en la infinita
tristeza del dolor.
15
Y para que de tal ultraje surgiera una mayor indignación, en nuestro caso todas la
leyes de la equidad quedaron trastocadas. Pues, mientras gozábamos de los placeres del
amor –lo diré con un vocablo más torpe, pero más expresivo- nos entregábamos a la
fornicación, la severidad divina nos perdonó. Pero cuando corregimos nuestros excesos
y cubrimos con el honor del matrimonio la torpeza de la fornicación, entonces la cólera
del señor hizo pesar fuertemente su mano sobre nosotros y no consintió el lecho casto,
aunque había tolerado antes un manchado poluto.
16
El castigo que sufriste por ello hubiera sido la justa venganza para los hombres
cogidos en fragante adulterio. Lo que otros merecían por su adulterio, cayo sobre ti por
el matrimonio, por el cual creías haber satisfecho todas las culpas anteriores. Lo que las
mujeres adúlteras hicieron a sus amantes fornicarios, a ti te lo hizo tu propia mujer.
Todo esto nos sucedió cuando nos entregamos a los primeros goces, sino cuando
separados temporalmente vivíamos castamente.
17
Tú estabas al frente de la escuela de París y yo, por mandato tuyo, en Argenteuil,
viendo con las monjas.
Fue en estas circunstancias y estando separados, tu más
entregado a las clases y yo más dedicada a la oración o a la meditación de las sagradas
páginas, viviendo más santamente cuando más castos éramos, fue entonces, digo cuando
tú solo sufriste en tu cuerpo lo que ambos habíamos cometido.
18
Sólo tú sufriste el castigo, aunque los dos habíamos sido culpables. Y el que menos
debía pagó toda la deuda, pues cuanto más habías satisfecho humillándote por mí y
Interjuego entre Amor y Deseo
114
ensalzándome a mí y a toda mi parentela, tanto menos digno de castigo te habías hecho,
tanto ante Dios como ante los que te traicionaron.
19
¡Ay, desdichada de mí, nacida para ser la causa de tal crimen! ¿Es éste el común
destino de las mujeres llevar a la ruina a los grandes hombres? De ahí lo escrito en los
Proverbios.
Sobre el peligro de la mujeres: “Ahora, hijo mío, escúchame, presta
atención a mis consejos: no se extravíe tu corazón detrás de ella, no te pierdas por sus
sendas, porque ella ha asesinado a muchos, sus victimas son innumerables, su casa es un
camino hacia el abismo, una bajada a la morada de la muerte”. Y en el Eclesiastés: “Y
se descubrió que es más trágica que la muerte, la mujer cuyos pensamientos son redes y
lazos y sus brazos cadenas”.
20
Fue, en efecto, la primera mujer quien sacó del paraíso al varón. Y la que fuera creada
por Dios como ayuda del hombre se convirtió en su mayor ruina. Aquel fortísimo
nazareno del Señor, cuya concepción fuera anunciada por el hombre, fue vencido por
Dalila. Entregado a sus enemigos y privado de la vista, su dolor le arrastró a causar su
propia ruina y la de sus enemigos. A Salomón – el más sabio de todos los hombres- le
entonteció la mujer a que se había unido. A tal grado de locura le llevó que, a pesar de
haber sido elegido para edificar el templo –siendo preferido a su padre David, hombre
justo- la misma mujer le sumergió en la idolatría hasta el final de su vida. Abandonó por
completo el culto divino que había exaltado y enseñado de palabra y con sus escritos.
El santísimo Job libró la última y más grave batalla con su mujer que le invitaba a
maldecir de Dios.
21
Y el astutísimo tentador sabía bien esto, basado en la repetida experiencia de que los
hombres van fácilmente a la ruina por la mujeres. Por eso dirigió también su consabida
Interjuego entre Amor y Deseo
115
malicia hacia nosotros: tentó con el matrimonio a quien no pudo destruir por la
fornicación. No pudiendo hacer el mal por el mal, realizó el mal a través del bien.
22
Daré al menos gracias a Dios por eso. Nunca el demonio me arrastró conscientemente
al pecado como a las mujeres arriba mencionadas. Confesaré, no obstante, que me hizo
en realidad instrumento de su malicia. Pero si bien mi conciencia está limpia por su
inocencia –y ningún consentimiento me hace culpable- hay, sin embargo, anteriores
pecados que no me dejan libre de esta culpa.
23
Me entregué antes a los deleites de los deseos carnales mereciendo lo que ahora
deploro. Y el castigo que es una justa consecuencia de mis anteriores pecados. Y es que
de un mal comienzo hay que esperar que salga un mal final.
24
Ojalá pues, que yo pueda hacer penitencia sobre todo por esta falta. Que pueda
recompensar de algún modo con una larga contrición de la penitencia el castigo de esa tu
herida.
25
Que lo que tú padeciste en el cuerpo durante una hora, lo acepto yo –pues es justo –
durante toda mi vida con verdadero dolor de corazón y de esta manera pueda darte a ti,
al menos una reparación, ya que no a Dios.
26
Admito, sinceramente, la debilidad de mi alma, pero no acierto a encontrar la
penitencia justa con que aplacar a Dios quien siempre acuso de suma crueldad en
relación a este ultraje. Me rebelo contra su disposición y, por lo mismo, le ofendo más
con mi indignación, que le aplaco por la satisfacción de la enmienda.
27
¿Cómo se puede llamar penitencia de lo pecados – por mucha que sea la mortificación
del cuerpo- si el ánimo retiene todavía la voluntad de pecar y arde en los viejos deseos?
28
Es muy fácil acusarse a sí mismo confesando los propios pecados, así como afligir el
cuerpo con una manifestación externa de penitencia. Pero es muchísimo más difícil
Interjuego entre Amor y Deseo
116
apartar el alma del deseo de las pasiones que más nos agradan. Con toda razón se había
adelantado a esto el santo Job. “Estoy hastiado de la vida: me voy a entregar a las
quejas”, es decir, soltaré la lengua y abriré la boca para hacer la acusación de mis
pecados. Pero añade en seguida: “Desahogaré la amargura de mi alma”.
29
San Gregorio lo comenta así: “Hay personas que confiesan en voz alta sus culpas,
pero no saben cómo gemir sobre ellas. Hablan alegremente de lo que debería ser
lamentando.
Por eso, el que confiesa sus culpas y las detesta debe hacer todavía otra
cosa: Manifestarlas con amargura en el corazón a fin de que la misma amargura castigue
lo que la lengua acusa por medio del juicio de la mente” El mismo San Ambrosio, sin
embargo, observa muy atinadamente cuán raro es este arrepentimiento de la verdadera
penitencia, cuando dice: “He encontrado más fácilmente a personas que permanecieron
inocentes que a las que hicieron penitencia”.
30
Por mi parte he de confesar que aquellos placeres de los amantes –que yo compartí
con ellos- me fueron tan dulces que ni me desagradan ni pueden borrarse de mi
memoria. Adondequiera que miro siempre se presentan ante mis ojos con sus vanos
deseos. Ni siquiera en sueños dejan de ofrecerme sus fantasías.
31
Durante la misma celebración de la misa –Cuando la oración ha de ser más pura- de
tal manera acosan mi desdichadísima alma, que giro más en torno a esas torpezas que a
la oración.
32
Debería gemir por los pecados cometidos y, sin embargo, suspiro por lo que he
perdido. Y no sólo lo que hice sino que también estáis fijos en mi mente tú y los lugares
y el tiempo en que lo hice, hasta el punto de hacerlo todo contigo, sin poder quitaros de
encima, ni siquiera durante el sueño.
Interjuego entre Amor y Deseo
33
117
A veces me traicionan mis pensamientos en un movimiento del cuerpo o me delatan
en una palabra improvisada. ¡Desdichada de mi y digna de aquel grito de angustia que
un alma aquejada “ infeliz de mi ¿y quien me librará de este cuerpo de muerte?. Ojalá
que pudiera seguir diciendo de verdad aquello “La gracia de Dios por nuestro Señor
Jesucristo”
34
Esta gracia, amado mío se te anticipó, pues una simple herida del cuerpo –curándote
de estos tormentos- te sanó al mismo tiempo de muchas heridas en tu alma. Donde
creías que Dios era tu mayor adversario, se descubre más propicio: como el más fiel de
los médicos que no duda causar el dolor, buscando la salud.
35
A estos estímulos de la carne y a estos incentivos de la libido, los atizan contra mí,
tanto el ardor juvenil de mi edad, como la experiencia de los más dulces placeres. De
manera, que su acoso es tanto más intenso, cuando más débil es la naturaleza contra la
que arremeten.
36
Dios sabe que, en todas las ocasiones de mi vida, temí ofenderte más a ti que a él y
que quise agradarte a ti más que a él. Fue tu amor, no el de Dios el que me mandó tomar
el hábito religioso. Fíjate, entonces, en la vida miserable que llevo -más digna de
compasión por todos – teniendo que aguantar en esta vida tantas cosas y sin esperar
premio alguno en la otra.
37
Mi simulación te engaño a ti y a otro muchos durante mucho tiempo, llevándote a
confundir religión con hipocresía, y en consecuencia, a encomendarte a mis oraciones,
pidiéndome así lo que yo espero de ti. No confíes tanto en mí, te lo ruego, que dejes de
venir en mi ayuda con tus oraciones.
Interjuego entre Amor y Deseo
38
118
No pienses que estoy sana y me prives de la gracia de la meditación. Deja de creer
que no lo necesito, y no retrases tu ayuda a mi necesidad. No pienses que estoy sana, no
sea que me caiga antes de que puedas sostenerme.
39
La Adulación dañó a muchos, quitándoles la ayuda que necesitaban. Dios clama por
Isaías: “Pueblo mío, tus guías te extravían, destruyen tus senderos” Y por Ezequiel
“!Ay de las que cosen las cosen lazos en la muñecas y hacen capillos de todos lo
tamaños para cazar a la gente!”. Por otro lado, se nos dice, por medio de Salomón. “Las
sentencias de los sabios son como aguijadas o como clavos bien clavados” que, en
efecto, no pueden tocar suavemente las heridas, sino que las taladran.
40
Deja, pues, de alabarme, te lo suplico, y no incurras en la infamia del adulador, ni en
el crimen del mentiroso, De lo contrario, el bien digno de alabanza que crees ver en mí
lo disparará el viento de la vanidad.
41
Nadie experto en medicina diagnostica una enfermedad interna por la simple vista de
los síntomas externos. Ninguna obra que sea común a los réprobos y a los santos puede
conseguir méritos ante Dios. Tales son, en efecto, las obras externas, que ningún santo
hace con tanto cuidado como los hipócritas.
42
“Malo e impenetrable es el corazón del hombre ¿quién lo conocerá? Y: “Cree uno
que su camino es recto y va a parar a la muerte”. Antes de que muera, no declares
dichoso a nadie; en el desenlace se conoce el hombre. Es decir, no debes alabar al
hombre, si al alabarlo, no puedes hacerlo más digno de alabanza.
43
Tus alabanzas hacia mi son tanto más peligrosas cuanto más agradables. Y tanto más
me deleitan y me cautivan, cuanto más intento agradarte en todo. Te lo pido: recela
siempre de mí no te confíes, para que de esta manera pueda encontrar yo ayuda en tu
Interjuego entre Amor y Deseo
119
solicitud. Y ahora más que nunca se ha temer, cuando ya no tengo en ti el remedio de
mi concupiscencia.
44
No quiero que cuando me exhortas a la virtud y me incitas a la lucha me digas: “la
virtud se perfecciona en la debilidad” Y no será coronado más que el que luchare como
hay que luchar”. No busco la corona de la victoria. Me basta con evitar el peligro. Es
más seguro cortar el peligro que hacer la guerra. Me basta con que Dios me ponga en un
rincón del cielo. Allí nadie envidiará a nadie, pues a cada uno le bastará con lo que
tiene.
45
Para dar peso y autoridad a este mi consejo, oigamos a San Jerónimo. “Confieso mi
debilidad, no quiero luchar con la esperanza de la victoria, no sea que algún día pierda la
batalla” ¿Qué sentido tiene perder las cosas ciertas y seguir tras la inciertas?
Interjuego entre Amor y Deseo
120
Apéndice D
Carta 5
Abelardo
A la esposa de Cristo, el siervo de Cristo
1 Si mal no recuerdo, tu última carta versaba toda ella sobre cuatro puntos, resumen de tu
agitación y tú pena. Te quejas en primer lugar de que _al margen del estilo epistolar e
incluso contra el orden mismo de las cosas_ la mía antepusiera en el saludo tu nombre al
mío. Lamentas, en segundo lugar, que debiéndote proporcionar un remedio de consuelo,
aumenté mas bien tu desolación. Y excité, más que enjugué, tus lágrimas, añadiendo a
renglón seguido, aquello de «si el Señor me entregare en manos de mis enemigos y,
echándose sobre mi me mataran...», etc. En tercer lugar lanzaste contra el Señor tu vieja
y constante queja, a saber: la manera en que entramos en la vida religiosa, nuestra
conversión a Dios y la crueldad de la traición contra mi persona. En cuarta, Finalmente,
oponías tu acusación contra mi alabanza hacia ti, rogándome, insistentemente, que no lo
volviera a hacer.
2
Estoy decidido a contestar a estos cuatro puntos. No tanto para justificarme, cuanto
para orientarte y animarte. Pienso que has de recibir mis razones con tanto más agrado,
cuanto más razonables las encuentres.
3
Y que estarás más dispuesta a escucharme en mis cartas, cuanto menos digno de
represión me encuentres en las tuyas, estando menos dispuesta a rechazarme, cuanto
menos digno de reproche me encuentres.
4
Comenzando por el que tú llamas orden no natural del encabezamiento de mi carta _si
lo miras con atención_ se procedió de mutuo acuerdo, De todos es sabido _y tú misma
lo indicaste_ que, cuando se escribe a los superiores se pone primero su nombre. Y,
Interjuego entre Amor y Deseo
121
entiéndemelo, tú comenzaste a ser mi superiora cuando comenzaste a ser mi señora,
hecha esposa de mi señor, según aquello de San Jerónimo cuando escribe a la virgen
Eustoquio: “Esta es la razón de llamarte en mi carta “señora mía Eustoquio”. Con toda
la razón he de llamar Señora a la esposa de mi Señor.»
5
Dichoso trueque el de tales nupcias: de mujer de un hombrecillo miserable, has sido
ahora elevada al tálamo del rey supremo. Por el privilegio de este alto honor has sido
colocada no sólo sobre tu primer marido, sino también sobre algunos siervos de tan gran
Rey.
6 Nada
de extraño, pues, que tanto en vida como en muerte, me encomiende sobre todo a
tus oraciones. Por derecho consta que las esposas pueden más con su intercesión ante
los maridos que sus mismos familiares, pues son esposas más que siervas. Valga de
ilustración lo que dice el Salmo de la reina y esposa del Rey de reyes: “reina esta a tu
derecha.” Como si dijera claramente: “esta junto a su marido y muy unida a él; caminan
juntos, mientras les atienden y asisten desde lejos todos los demás”.
7
La esposa en el Cantar de Los Cantares _una etíope, como la que Moisés tomó como
esposa _alegrándose de la gloria a que ha sido exaltada en su nueva posición, dice
«Negra soy, pero hermosa, hijas de Jerusalén; por eso me ama el rey y me llevo a Su
alcoba.» Y más adelante: “No pienses que soy fea, porque me ha quemado el sol”
8
En tus palabras no es difícil ver que se hace una descripción general del alma
contemplativa _que, de modo especial, llamamos esposa de Cristo_. Pues bien, en ellas
se alude especialmente a vosotras como lo demuestra vuestro mismo hábito externo. El
mismo porte exterior de los vestidos negros y de estameña _semeja el vestido de las
buenas viudas que lloran a los maridos, ya muertos, que amaron _os hace a vosotras,
según el Apóstol, verdaderas y desoladas viudas por su esposo muerto, a quienes la
Interjuego entre Amor y Deseo
122
Iglesia ha de sustentar. La misma Escritura recuerda el llanto de las santas viudas por su
esposo muerto, cuando dice: Las mujeres estaban sentadas junto al sepulcro llorando al
Señor”.
9
La etíope es negra en su carne y en todo su exterior aparece más fea que las demás
mujeres. Pero en su interior no se diferencia de ellas, incluso en algunas cosas es más
hermosa y blanca, por ejemplo, en sus huesos o dientes. La blancura de los dientes es
alabada también por su esposo, según aquello de “sus dientes más blancos que la leche”.
Es negra por fuera, pero hermosa por dentro. Porque sometida a frecuentes tribulaciones
de las adversidades en su mismo cuerpo, de algún modo su carne se ennegrece, según
aquello del Apóstol: “Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo, padecerán en
su carne.”
10
Así como la prosperidad esta simbolizada por lo blanco, de la misma manera con lo
negro se expresa adecuadamente lo adverso. Pero, en su interior, es, de algún modo,
blanca en sus huesos, porque su alma goza de las virtudes, como está escrito: “toda la
gloria de la hija del rey está en su Interior.” Los huesos como interiores que son y
rodeados de carne, son la fuerza y el soporte de la misma carne que llevan y sustentan.
Son una buena expresión del alma _que a su vez vivifica a la misma carne en la que
está_, la conforta, sustenta, mueve y dirige y le proporciona todo su bienestar. A ella
pertenece esa blancura o belleza y las virtudes que la adornan.
11 Es también negra en su parte exterior porque, mientras sigue alegrándose en esta
peregrinación, se tiene a sí misma por vil y abyecta en esta vida para que sea exaltada en
la otra _que está oculta con Cristo en Dios_ una vez llegada a la patria.
12 Así
pues, el verdadero sol le cambia el color, porque el amor del esposo celestial de tal
forma la humilla y la atormenta con tribulaciones, que la prosperidad no la enorgullece.
Interjuego entre Amor y Deseo
123
La cambia de color, es decir, la hace diferente a las demás mujeres que ansían las cosas
terrenas y buscan la gloria mundana, para que, de esta manera, se convierta, por medio
de la humildad en lirio de los valles.
13 No ciertamente en lirio de los montes, como aquellas vírgenes necias que, hinchadas
por la pureza de la carne, y por la continencia exterior, se consumieron en el fuego de las
tentaciones. Con razón, pues, las llamo hijas de Jerusalén, como si hablara a fieles
menos perfectos, que más que hijos merecen que se les llame hijas. “No os fijéis en que
soy fea _dice_ pues el sol me cambió de color.” Cuando habría podido decir más
claramente: “Si me humillo o resisto tan virilmente a las adversidades, no se ha de
atribuir a mi virtud, sino a la gracia de aquél a quien sirvo.”
14 Otro
es el comportamiento de los herejes e hipócritas que _atentos siempre a la mirada
de los hombres_ se humillan hasta el polvo con la esperanza de una gloria terrena o
aguantan inútilmente cuanto sea.
15
Este tipo de abyección o tribulación que soportan, no deja de ser verdaderamente
sorprendente: son los más miserables de los hombres ya que no disfrutan de los bienes
de la vida presente ni de la futura. Lo que, ponderando con diligencia la esposa, le lleva
a decir: “No debéis admiraros de mi comportamiento.
16
Habéis de extrañaros, más bien, de los que ardiendo inútilmente en el deseo de la
alabanza terrena, se privan de las comodidades de este mundo.” Son doblemente
desgraciados: en el presente y en el futuro. Este tipo de continencia de las vírgenes
fatuas es el que les cerró la puerta.
17
Bien pudo, pues, decir que por ser negra y hermosa, fue elegida e introducida en la
cámara real, esto es, en el secreto y descanso de la contemplación. Y en el lecho del que
ella misma habla en otra parte: “Noche tras noche busco en mi lecho al que ama mi
Interjuego entre Amor y Deseo
124
alma» La misma deformidad de su negrura busca lo oculto mas que lo manifiesto y lo
secreto más que lo público. Una esposa así, desea más los goces secretos de su marido
que los manifiestos y prefiere ser más conocida en la cama que vista en la mesa.
18
Y sucede a menudo que la carne de las mujeres negras es tanto mas suave al tacto
cuanto menos atractiva es a la vista. Por eso mismo, el placer que producen es mayor y
más deseable en secreto que en público, y sus maridos para gozar de ellas, prefieren
llevarlas a la alcoba a mostradas en público.
19
Siguiendo, pues, esta metáfora, la esposa espiritual, después de decir “soy negra, pero
hermosa, añadió: “por eso me amó el rey me introdujo en su cámara”. Relacionando una
cosa con otra dice: “Me amo por hermosa y me introdujo por ser negra.” Hermosa
_como dije por las virtudes interiores que ama el esposo y negra al exterior por las
adversidades de las tribulaciones corporales.
20
La negrura de las tribulaciones corporales aparta, fácilmente, la atención de los fieles
del amor a los bienes terrenos y mantiene los deseos de la vida eterna, arrastrándola
desde la tumultosa vida del siglo al secreto de la contemplación. Así sucedió en San
Pablo eremita, principio de nuestra vida monástica, como escribe San Jerónimo.
21
Esta Vileza de los hábitos de estameña está pidiendo el retiro más que la vida publica
y se ha de mantener como lo más conveniente a la humildad y a lo apartado del lugar de
nuestra profesión. El lujo de los vestidos provoca a presentarse en publico, que _como
dice San Gregorio_ no es buscado por nadie que no vaya tras la gloria vana y la pompa
de este siglo. “Nadie _dice_ se adorna a si mismo en privado, sino donde pueda ser
visto.
22
Y la alcoba de la esposa, de la que antes hablamos, no es otra que aquella a la que el
esposo invita al que ora, cuando dice: “Y tú, cuando ores, entra en tu habitación y,
Interjuego entre Amor y Deseo
125
cerrada la puerta, ora a tu Padre.” Como si dijera: “No como los hipócritas que lo hacen
en las esquinas de las calles y en las plazas públicas.” Llama, pues, alcoba a un lugar
alejado de todo tumulto y de la vista del mundo donde se puede orar más sosegada y
limpiamente. Tal es, por ejemplo, el alejamiento de la soledad doméstica, en que se nos
manda cerrar las puertas, es decir, obstruir todas las entradas, no sea que cualquier
circunstancia impida la pureza de la oración y lo que ven nuestros ojos haga prisionera al
alma infeliz.
23
A pesar de esto, tenemos que aguantar a muchos de los que llevan nuestro hábito que
desprecian este consejo, o más bien, precepto divino. Pues, cuando celebran los divinos
oficios con el claustro o el coro abiertos de par en par, se exhiben a sí mismos sin ningún
pudor ante hombres y mujeres _sobre todo durante la misa solemne_ vestidos con
ornamentos lujosos, lo mismo que los seglares ante quienes os ostentan.
24
A su juicio, una fiesta es tanto más sonada, cuanto más rica es en su boato externo y
más abundante el banquete. Será mejor guardar silencio que hablar torpemente de su
miserable ceguera que es totalmente contraria a la religión de los pobres de Cristo. Son
judaizantes que hacen regla de sus costumbres y posponen el mandato del Señor a sus
tradiciones. Atienden no a lo que se debe hacer, sino a lo que suele hacerse, cuando
_como advierte San Agustín_ el Señor dijo: “Yo soy la verdad”, no: “Yo soy la costumbre.”
25
Que se encomiende el que quiera a las oraciones de éstos, hechas como están a puerta
abierta. Pero vosotras, que fuisteis introducidas a la cámara por el mismo rey celestial y
descansáis en sus abrazos cuánto más familiarmente unidas y entregadas estáis a él con
la puerta siempre cerrada, según aquello del Apóstol: “El que se une al Señor es un
espíritu con El.”
Interjuego entre Amor y Deseo
26
126
Puedo, por tanto, creer que tendrás una oración más pura y eficaz y, por lo mismo,
imploro con más urgencia; vuestra ayuda. Y estoy también convencido de que tales
oraciones se hacen más devotamente por mí por cuanto estamos unidos en un mayor y
mutuo amor.
27 Si
os inquieté al mencionar el peligro que corro o la muerte que temo, te recuerdo que
lo hice pensando también en tus ruegos y conminaciones. Tu primera carta a mi
dirigida, dice en cierto lugar, como sigue: “Te suplicamos por Cristo _que de alguna
manera te sigue protegiendo para El_ que hagas participes a tus siervas y suyas a través
de frecuentes cartas de los naufragios en que fluctúas.
28
Los que se conduelen suelen llevar algún consuelo al que padece. Y una carga
impuesta a muchos se sostiene y lleva mejor.” ¿De qué te quejas entonces, si os hice
partícipes de mi angustia, habiéndome obligado a ello como con cierta conminación?
¿Es que en una tan gran desesperación como vivo es lícito que vosotras estéis alegres?
No hay mayor diferencia entre los verdaderos y falsos amigos que a los primeros los
encontramos en la adversidad y a los segundos en la prosperidad.
29
No digas tales cosas, por favor y evítate semejantes reproches, que distan muchísimo
de unas entrañas de caridad. Y, si todavía sigues ofendida, sábete que yo _rodeado
como estoy de tantos peligros y desesperado de vivir_ debo estar atento a la salud del
alma y mirar por ella mientras pueda. Si verdaderamente me quieres, no debes oponerte
a este presentimiento doloroso.
30
Por el contrario si crees que la misericordia divina se ocupa de mi deberías desear
verme tanto más libre de las miserias de esta vida, cuanto mas intolerables las consideras. Pues sabes que _sea quienquiera el que me libre de esta vida_ me apartará de
los mayores sufrimientos. Ignoro los padecimientos que me esperan, pero no me cabe
Interjuego entre Amor y Deseo
127
duda ninguna de los que me veré libre. Toda vida infeliz tiene un final Feliz.
31 Y
todos los que se compadecen y sufren por las angustias de los demás quieren verlas
terminadas _incluso con daño propio_ hasta el punto de amar verdaderamente a los que
ven sufriendo y de pensar mas en el bien de los amigos que en el suyo propio.
32 Vemos
así como una madre quiere que termine la larga enfermedad de su hijo, incluso
con la muerte, porque se le hace insoportable y prefiere verse privada de él, antes que
compartir con él la desgracia. Y todo aquél que se deleita con la presencia del amigo,
prefiere tenerle ausente y feliz a tenerlo presente y desgraciado, pues no puede tolerar un
dolor que no puede remediar.
33 A
ti ni siquiera se te ha concedido gozar de mi presencia. Por desdichada que esta sea,
Tampoco puedes hacer nada por mí que redunde tu bien. No veo, entonces, por qué
prefieres que viva miserabilísimamente a que muera feliz. Pero si quieres prolongar mis
desdichas en beneficio tuyo, te delatas mas como enemiga que como amiga. Deja ya de
quejarte, te lo ruego, si no quieres _como te dije_ parecer mi enemiga.
34 Apruebo,
sin embargo, tu rechazo de las alabanzas, pues eso mismo te hace más digno
de ellas. Está escrito: “El justo se acusa a si mismo.” Y: “el que se exalta será
humillado”. Y ¡ojalá lo sientas como lo escribes! Si así fuere, tu humildad es verdadera
y no se desvanecerá con mis palabras.
35 Pero,
por favor, no busques la alabanza, cuando parece que la rehuyes, reprobando con
la boca lo que busca el corazón. De ello escribe San Jerónimo entre otras cosas a la
virgen Eustoquio: “Nos dejamos arrastrar por nuestra mala naturaleza. Favorecemos de
buena gana a los que nos adulan, a pesar de que nos confesamos indignos y de que un
astuto rubor nos inunda la cara. Nuestra alma, sin embargo, se alegra interiormente con
su alabanza.” Así nos pinta Virgilio la hipocresía de la lasciva Galatea que, con su huida
Interjuego entre Amor y Deseo
128
buscaba lo que quería, y, con la simulación de la repulsa, más atraía hacia sí al amante:
Vuela hacia los sauces (dice), no sin antes hacerse ver.
36
Antes de esconderse desea que la vean huyendo, para que con la misma fuga que
parece rechazar la compañía de los jóvenes asegure más su conquista. De la misma
manera excitamos más las alabanzas de los hombres cuanto más parece que huimos de
ellas. Y cuando simulamos querer escondernos de ellas _para que nadie conozca lo que
alaba en nosotras_ mas atentos e imprudentes buscamos nuestra alabanza, porque con
ello nos consideramos más dignos de la misma. Y digo esto porque sucede con
frecuencia, no porque sospeche tales cosas de ti, que nunca he dudado de tu humildad.
37
Pero te pido también que te abstengas de usar tales palabras no sea que parezcas a los
que no te conocen que “vas buscando la gloria con la huida” _como dice San Jerónimo_,
¡No quiera Dios que mi alabanza te hinche, sino que te lleve a cosas mis altas! Que
tomes mi alabanza con tanto más entusiasmo cuanto mayor es tu empeño en
complacerme. Mi alabanza no es un testimonio a tu piedad de forma que tomes motivos
para ensoberbecerte. No se han de creer las alabanzas de los amigos ni tampoco los
vituperios de los enemigos.
38
Vengamos ya, finalmente, a ésa que ve llamado antigua y constante queja tuya. Me
refiero al modo de nuestra entrada en religión, que se ha convertido para ti en acusación
contra Dios más que en deseo de glorificación, como es justo. Esta prolongada amargura
de tu ánimo a lo que es voluntad manifiesta de la misericordia divina yo creía que se
había desvanecido.
39 Cuanto
más peligrosa es para ti _pues va minando tu cuerpo y tu alma_ mas digna de
lástima y más molesta es para mi. Si _como dices_ quieres agradarme en todo, te ruego
que, para no atormentarme y sobre todo para complacerme, dejes ¡esa queja con la que
Interjuego entre Amor y Deseo
129
no me das gusto ni puedes llegar conmigo a la felicidad. ¿Consentirás que yo vaya allá
sin ti? ¿Yo, a quien dices estar dispuesta a seguir hasta el infierno?
40
Busca en tu piedad no apartarte de mí ahora que _según crees_ camino hacia Dios. Y
lo harás con tanta más alegría cuanto más feliz es la meta hacia la que vamos, de manera
que nuestro caminar juntos será tanto mas agradable cuanto más feliz. Acuérdate de lo
que hablaste y repasa lo que escribiste sobre nuestra entrada en religión, a saber, que
Dios, que parecía ser mi gran enemigo se mostró _como quedó manifiesto después_ más
propicio.
41 Para
tu alegría, bástete saber al menos esto: que su disposición Fue saludabilísima para
mí _diré que para mi y para ti_ si es que la Fuerza del dolor permite el razonamiento. Ni
te duelas de haber sido causa de tanto bien, para el que no has de dudar fuiste
especialmente creada por Dios.
42
Ni has de llorar lo que me ha sucedido, a menos que te contristen los bienes de los
sufrimientos de los mártires y de la misma muerte del Señor. ¿Crees que si esto me
hubiera sobrevenido justamente, seria para ti más llevadero y te molestaría menos? De
haber sido así, el resultado no podría haber sido más ignominioso para mí ni más
glorioso para mis enemigos. La justicia hubiera sido para ellos motivo de alabanza y la
culpa traería para mí el desprecio. Nadie se movería tampoco a compasión por mí ni
estaría dispuesto a condenar el hecho.
43 No
obstante, y para que, de algún modo, se pueda aliviar la amargura de este dolor, te
demostraré que todo sucedió tan justa como útilmente y que el castigo de Dios se realizó
más justamente estando casados que cuando fornicábamos. Sabes que después de haber
concertado nuestro matrimonio y, encontrándote con las monjas en el claustro de
Argenteuil, fui a visitarte en secreto cierto día. Y sabes lo que allí mi incontrolada
Interjuego entre Amor y Deseo
130
incontinencia hizo contigo en el lugar mismo del refectorio, no teniendo otro lugar
donde retirarnos. Sabes, repito, lo desvergonzado de esta acción, tratándose de un lugar
tan santo y dedicado a la Santísima Virgen. Has de reconocer que, aunque hayan
terminado otros desmanes, esto último es digno de un castigo mucho mas grave.
44
¿Para qué quieres que recuerde las primeras fornicaciones y desvergonzadas
impurezas que precedieron al matrimonio? ¿O debo recordarte mi suprema traición hacia
ti cuando engañé tan torpemente a tu tío con el que convivía asiduamente en su casa?
¿Quién no piensa que fui injustamente traicionado por aquél a quien yo mismo
traicioné? ¿Piensas que para vengar tan grandes crímenes basta el dolor momentáneo de
aquella herida o, por el contrario, que de tantos males, debían derivarse tales ventajas?
¿Qué castigo crees que basta para aplacar a la justicia de Dios por haber profanado
_como ya dije_ un lugar tan sagrado como el de su madre? No quisiera equivocarme,
pero lo cierto es que no fue aquella saludabilísima herida la que se convirtió en venganza
de todo aquello, sino la que de manera permanente llevo todos los días conmigo.
45 Sabes,
también, que cuando estabas encinta te llevé a mi propia casa; disfrazada con el
hábito de monja y que con tal simulación te burlaste irreverentemente de la vida
religiosa que ahora profesas. Considero, pues, cuan justamente la justicia de Dios, o
mejor, su gracia te trajo, contra tu voluntad, a la religión de la que no dudaste burlarte,
46 De
esta manera podías expiar de grado tu profanación vistiendo el hábito contra el que
faltaste. Y de este modo también, la verdad de los hechos pondría remedio al engaño de
mi simulación y corregirá la falsedad. Y si, por tu parte, quieres sacar un poco de
utilidad a la justicia de Dios con nosotros, podrás llamar a lo que entonces se hizo con
nosotros, no justicia sino gracia de Dios.
47
Atiende, pues, querida mía, y fíjate con qué redes de misericordia nos pescó el Señor
Interjuego entre Amor y Deseo
131
de lo profundo de este proceloso mar. Y de qué torbellino de una inmensa Caribdis sacó
contra su voluntad a estos dos náufragos, hasta poder prorrumpir los dos en este grito:
“Dios se cuida de mi”. Piensa y repiensa en qué peligros nos habíamos metido y de
cuántos nos ha librado el Señor.
48
Cuenta siempre llena de agradecimiento “las grandes cosas que Dios hizo a nuestra
alma” _Consuela con nuestro ejemplo a todos los pecadores que desesperan de la
misericordia de Dios y que todos sepan lo que sucede con los que suplican y piden,
cuando a tan grandes pecadores como nosotros, les otorgan tan grandes favores.
49
Considera el altísimo designio de la misericordia de Dios sobre nosotros y con qué
compasión dirigió el Señor su juicio hacia nuestro castigo. Piensa con qué sabiduría se
sirvió de los mismos males y con qué compasión cambió nuestra impiedad hasta el
punto de curar nuestras dos almas con la única herida justificada de una sola parte de mi
cuerpo, Compara el peligro y la manera de liberarnos de él. Compara la enfermedad y la
medicina. Examina la causa de nuestros meritos y admira después el efecto de su
misericordia.
50
Tú sabes a qué bajeza arrastró mi desenfrenada concupiscencia a nuestros cuerpos. Ni
el simple pudor, ni la reverencia debida a Dios fueron capaces de apartarme del cieno de
la lascivia, ni siquiera en los días de la Pasión del Señor o de cualquiera otra fiesta
solemne.
51
Con golpes y amenazas intenté forzar muchas veces tu consentimiento _pues eras por
naturaleza más débil_ aun cuando tú no querías y te resistías con todas tus fuerzas y
tratabas de disuadirme. Tanto era el fuego de la pasión que me unía a ti que antepuse a
Dios y a mi mismo todas aquellas miserables y obscenosísimas pasiones, cuyo solo
nombre me avergüenza. Parecía que no había otra manera de actuar de la clemencia
Interjuego entre Amor y Deseo
132
divina más que cortando de raíz y sin esperanza alguna de que brotaran estas
voluptuosidades.
52 Así
pues, con toda justicia y misericordia _aunque por medio de la suprema traición de
tu tío_ quedé disminuido en esa parte de mi cuerpo, que es el asiento de la injuria y la
única fuente de todos esos deseos, para que de esta forma pudiera yo crecer de muchas
maneras. Era así justamente castigado aquel miembro que había sido causa en nosotros
de todos los desvaríos, a fin de que expiara, sufriendo, los pecados que había cometido
gozando. Y, al mismo tiempo, separaba de mí todas aquellas inmundicias en las que me
veía envuelto como si fueran cieno, tanto en el cuerpo como en el alma. Sólo de esta
manera me hacía tanto más idóneo para los sagrados oficios, cuanto que en adelante ya
no me mancharía ningún contagio de impureza carnal.
53
Ahora ves con qué misericordia me hizo sufrir solamente en ese miembro, cuya
privación ayudaba a la salvación del alma y no deformaba mi cuerpo ni me impedía la
celebración de los divinos oficios. Es más, me hacía más idóneo para realizar todo
aquello que hay que hacer honestamente, sobre todo, del pesado yugo de los deseos
carnales.
54
Así pues, citando la gracia divina me limpió _más que me privó_ de esos viles
miembros que, por su practica de suma indecencia, llamamos «vergüenzas» _y que no
tienen nombre propio_, ¿qué otra cosa hizo sino quitar la suciedad y los vicios para
conservar toda la transparencia de la pureza? Sabemos que algunos sabios desearon
ardientemente tal pureza que llegaron a automutilarse, a fin de erradicar totalmente el
azote o aguijón del deseo. El mismo Apóstol confiesa haber pedido a Dios que le
liberara del aguijón de la carne sin haber sido escuchado. Valga como ejemplo aquel
gran filósofo cristiano llamado Orígenes, quien para apagar en si mismo totalmente el
Interjuego entre Amor y Deseo
133
incendio no dudó en castrarse.
55 Entendía,
sin duda, al pie de la letra, que son bienaventurados aquellos hombres que se
automutilan por el reino de los cielos, Como si creyera que estos tales cumplían
verdaderamente lo que ordena el Señor sobre los miembros que nos escandalizan, a
saber, que los cortemos y los arrojemos lejos de nosotros. Y como si interpretara como
un hecho histórico _no como un símbolo misterioso_ aquella profecía de Isaías en la que
el Señor prefiere los eunucos al resto de los fieles _“A los eunucos que guardan mis
sábados, que deciden lo que me agrada y perseveran en mi alianza, les daré en mi casa y
en mis murallas un monumento y un nombre mejores que hijos e hijas: nombre eterno
les daré que no se extinguirá.”
56
Pero Orígenes incurrió en una culpa no pequeña, porque buscó un remedio a su culpa
en el castigo de su cuerpo. Tenía, ciertamente, el celo de Dios, pero un celo no bien
formado, ya que al automutilarse cayó en la culpa de homicidio. Se dice que lo hizo por
sugestión diabólica o por un error sacrísimo, lo que por misericordia de Dios fue
realizado en mi por otro.
57
Yo no incurro en la culpa, escapo a ella. Merezco la muerte y alcanzo la vida, Se me
llama y doy la espalda. Persisto en el crimen y soy perdonado con mi voluntad. El
apóstol ora y no es escuchado. Insiste en la oración y no se le contesta. Verdaderamente
“el Señor está de mi parte”. “Iré, pues y cantaré las grandes cosas que Dios ha hecho
conmigo”.
58
Ven tú también _mi inseparable compañera_ y únete a mi acción de gracias, tú que
fuiste partícipe de mi culpa y de mi gracia. Pues el Señor no se olvidó de tu salvación,
antes al contrario, acordándose muchísimo de ti _por una especie de santo presagio de su
nombre_ te marcó para que fueras especialmente suya, llamándote Eloísa, nombre que
Interjuego entre Amor y Deseo
134
procede de su mismo nombre, esto es, Helohim. En su misericordia _repito_ quiso
proveer a dos personas en una, aquellas dos, a las que el mal quiso destruir en una de
ellas. Pues poco antes de que esto sucediese, nos había unido con la ley indisoluble del
santo matrimonio.
59 En
un momento en que yo quería retenerte para mí solo y para siempre, pues te amaba
desmesuradamente, él ya planeaba servirse de esa oportunidad para que los dos nos
convirtiéramos a El. Si con anterioridad no hubieses estado unida a mí en matrimonio,
seguirías fácilmente en el siglo, sea por sugerencia de tus parientes o por la atracción de
los goces carnales. Advierte, pues, la solicitud amorosa del Señor sobre nosotros como si
quisiera reservarnos para algún gran destino y como si estuviera molesto y se lamentara
de que nuestro conocimiento de las letras o talentos, que nos había confiado, no
redundarían en la glorificación de su nombre. O como si temiese de su humilde e
incontinente siervo aquello que esta escrito: “que las mujeres llevan incluso a la
apostasía a los sabios”, como sabemos que lo hicieron con el sapientísimo Salomón.
60
Piensa qué gran interés paga diariamente el talento de tu sabiduría al Señor en las
muchas hijas espirituales que le diste ya a luz. Mientras tanto, yo permanezco estéril y
sigo trabajando inútilmente entre los hijos de perdición.
61
¡Oh, qué daño tan irreparable y qué inmensa desgracia hubiera sido entregarte a las
bajezas de los goces carnales y dar unos pocos hijos al mundo con dolor! Ahora, en
cambio, estás dando al cielo, con gozo, una prole numerosa. Hubieras sido una simple
mujer, ahora, en cambio, te elevas por encima incluso de los hombres, pues convertiste
la maldición de Eva en la bendición de Maria. ¡Qué indecencia seria para esas manos
sacras que ahora manejan libros sagrados tener que dedicarse a los viles servicios a que
atienden as mujeres!
Interjuego entre Amor y Deseo
52 Dios
135
mismo se dignó sacarnos a los dos del contagio de este cieno y de los deleites del
barro, tirando de nosotros con fuerza, la misma con que hirió y convirtió a Pablo. Y
quién sabe si con nuestro ejemplo no querrá también alejar de esta presunción a otros
amantes de las letras.
53
Que nada te turbe, hermana _te lo suplico_ ni estés molesta con el padre que nos
corrige paternalmente. Atiende, más bien, a lo que esta escrito: “Dios corrige a los que
ama”. Y “castiga a aquel que reconoce como a hijo”. Y en otro lugar: “el que no usa la
vara, odia a su hijo”. Recuerda que este castigo es momentáneo, no eterno; de
purificación, no de condenación. Escucha al profeta y ten animo: “No juzgará el Señor
dos veces sobre un mismo asunto ni surgirá una segunda tribulación”. Escucha la
suprema y mas alta exhortación de la verdad: “Con vuestra paciencia llegaréis a poseer
vuestras almas” De ahí que Salomón dijera: “es mejor un varón paciente que uno fuerte;
y el que es dueño de sí mismo a ventaja al expugnador de ciudades”.
54
¿No te invita a derramar lagrimas, o a la compunción, el inocente unigénito Hijo de
Dios que, por ti y por todos, fue prendido por las manos de los impíos, arrastrado,
flagelado, cubierto el rostro y hecho objeto de mofa, abofeteado, escupido, coronado de
espinas, para ser finalmente suspendido entre ladrones en aquel ignominioso patíbulo de
la cruz y morir en él con tan horrendo y execrable género de muerte?
55
Ten siempre delante de los ojos, hermana mía, a este verdadero esposo tuyo y de toda
la Iglesia y llévalo contigo. Míralo cuando camina para ser crucificado por ti, llevando
su propia cruz, Sé una mas del pueblo y de las mujeres que lloraban y se compadecían
de El como nos narra San Lucas con estas palabras: “Le seguía una gran muchedumbre
de pueblo y de mujeres llorando y compadeciéndose de El.” Y El volviéndose con
dulzura hacia ellas les profetizó compasivamente la destrucción que había de venir como
Interjuego entre Amor y Deseo
136
castigo de su muerte, castigo del que se podrían librar si lo entendieran. “Hijas de
Jerusalén _les dijo_ no lloréis por mí; llorad mejor por vosotras y por vuestros hijos,
porque mirad que van a llegar días en que digan: “Dichosas las estériles, los vientres que
no han parido y los pechos que no han criado.” Entonces pedirán a los montes:
“desplomaos sobre nosotros”, y a las colinas: “Sepultadnos”, porque si con el leño verde
hacen esto, con el seco ¿Qué irá pasar?”.
56
Compadece a quien voluntariamente, sufrió por tu redención y gime sobre el que fue
crucificado por ti. Que tu espíritu esté siempre presente ante su sepulcro, lamentándote y
llorando junto a las fieles mujeres. De estas, en efecto _como ya dije_ esta escrito: “Las
mujeres sentadas junto al sepulcro lloraban al Señor y se lamentaban.” Prepara con ellas
los perfumes de su sepultura, pero perfumes mejores, esto es, los espirituales, no los
corporales. Pues ésos son los perfumes que El necesita, quien no aceptó los otros.
57 Compúngete
sobre estos con fervorosa devoción. A esta compunción compasiva invita
a los fieles el mismo Señor por boca de Jeremías: “Todos vosotros, que pasáis por el
camino, mirad y ved si hay un dolor semejante a mi dolor.» Como si dijera: “Si de algún
paciente hay que compadecerse ese soy yo, que solo y sin culpa pago las culpas de los
demás.” El es el camino por el que los fieles pasan del exilio a la patria.
58
El mismo que fue levantado en la cruz, desde la que nos llama, para que nos
sirviéramos de ella como de una escalera. Aquí fue ejecutado por ti el unigénito de Dios
aquí se ofreció porque quiso. Duélete con compasión de El solo y comparte sus dolores
con tus sufrimientos. Realiza así lo profetizado por Zacarías de las almas devotas: “Le
llorarán como se llora al unigénito, y llorarán su muerte como se siente la del
primogénito”.
59 Advierte,
hermana mía, cuál será el llanto de los que aman al Rey ante la muerte de su
Interjuego entre Amor y Deseo
137
primogénito o unigénito. Fíjate en los lamentos y el dolor de la familia y corte real, y si
llegas a ver a la prometida del unigénito, no podrás soportar sus gemidos. Este habrá de
ser tu llanto y tu gemido, hermana, tú que te uniste en matrimonio feliz a este esposo.
60
El te compró con El mismo, no con sus riquezas. Te compro y te redimió con su
propia sangre. Fíjate en los derechos que tiene sobre ti y medita lo mucho que vales.
Este es el precio que el apóstol tiene delante y que le lleva a considerar lo poco que él
vale y el gran precio pagado por él y lo mucho que debe devolver por tanto favor. “Lejos
de mi gloriarme si no es en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo
está crucificado a mí y yo al mundo”.
61 Tú
eres mayor que el cielo, mayor que el mundo, pues el mismo creador del mundo se
convirtió en precio tuyo. ¿Qué vería en ti _dímelo_ para que El, que no necesita de nada,
sufriera las agonías de una muerte tan horrenda e ignominiosa para comprarte ti? ¿Qué
es _repito_, lo que busca de ti, sino a ti misma? Amigo verdadero, ciertamente, es el que
te desea a ti, no tus cosas. Y amigo verdadero el que dijo que estaba dispuesto a morir
por ti. “Nadie tiene un amor tan grande como que da la vida por sus amigos”
62
El era quien te amaba verdaderamente, no yo. Amor mío, lo que nos llevó a ambos al
pecado se ha de llamar lujuria, no amor. Llenaba yo en ti mis apetencias miserables y
esto era todo lo que yo amaba.
63
Me dices: “Pero yo por ti.” No lo pongo en duda. Pero sufriste más por ti; y eso
mismo contra tu voluntad. No por un amor que saliera de ti, sino por coacción mía. Ni
redundo en tu salvación, sino en tu dolor, El, en cambio, padeció porque quiso y te trajo
la salvación; El, que con su pasión cura toda enfermedad y disipa toda pasión. En éste
_te lo suplico_ no en mí has de centrar toda tu devoción, toda la compasión, toda
compunción.
Interjuego entre Amor y Deseo
64
138
Llora la gran injusticia cometida con un ser tan inocente y no llores la justa venganza
de la equidad sobre mí _y, si quieres, como ya se dijo_ la suprema gracia sobre nosotros
dos. Pues no eres justa si no amas la equidad, e injusta si de manera consciente te
enfrentas a la voluntad _qué digo_ a tanta gracia de Dios. Llora a tu Salvador y
Redentor, no al seductor que te desfloró. Llora a tu Señor muerto por ti, no al siervo que
todavía vive y que, por primera vez, se ha visto libre de la muerte. Guárdate, te lo ruego,
de que se te pueda reprochar aquello tan feo que Pompeyo dijo a Cornelia que lloraba:
Terminó la batalla. El gran Pompeyo vive:
Su fortuna murió. Lloras ahora lo que amaste
65
Escucha esto, por favor, y avergüénzate a no ser que quieras admitir aquellas viles
torpezas ya pasadas... Así pues, te ruego, hermana, que aceptes con paciencia lo que
misericordiosamente nos ha sucedido. Esta es la vara del padre, no la espada del
perseguidor. El padre golpea para corregir, para que el enemigo no hiera de muerte.
Evita la muerte con la herida, no mata.
66 Mete
la espada para cortar la enfermedad. Hiere cuerpo y sana al alma. Debería matar
y vivifica. Corta impureza para dejar lo que es puro. Castiga de una vez para no tener
que hacerlo eternamente. Uno sufre la herida para que dos no sean condenados a muerte.
Dos son culpables y uno recibe el castigo. Y esto también se concede por misericordia
divina a tu débil naturaleza y, en alguna medida, justamente.
67
Pues cuanto más débil eras por el sexo y más fuerte por tu continencia, menos digna
eras de castigo. Por esto mismo doy gracias al Señor porque te libro entonces del castigo
y te reservo una corona futura. Y agradezco también al Señor, quien, por un sufrimiento
momentáneo de mi cuerpo, sufrió de una vez por todas los fuegos de aquella lujuria en
que me encontraba hundido por mi desmesurada incontinencia a fin de que no me
Interjuego entre Amor y Deseo
139
perdiera.
68 Los
muchos y grandes sufrimientos de tu corazón, nacidos de los asiduos asaltos de la
carne en tu juventud, los reservo para la corona del martirio. Todo lo cual _aunque no te
guste oírlo y me prohíbas hablar de ello_ es, sin embargo, verdad manifiesta. Siempre
hay reservada una corona, para quien siempre lucha. Pues, “nadie será coronado que no
luche legítimamente”. A mí, en cambio, no me espera ninguna corona, porque yo no
tengo razón para luchar. Falta el motivo de la pelea a aquel a quien se le ha arrancado el
aguijón de la concupiscencia. No es poco _pienso yo_ que pueda evitar algún castigo ya
que no puedo conseguir aquí corona alguna; y con el dolor de un castigo momentáneo
quizá pueda verme libre de muchos eternos. Pues está escrito de los hombres o más bien
de las bestias de esta vida miserable: “Los asnos se pudrieron en su mismo estiércol”.
69
Son menos, asimismo, mis quejas porque disminuyen mis meritos, cuanto menos
desconfío de que aumentan los tuyos. Pues los dos somos uno en Cristo, una carne,
según la ley del matrimonio. Todo lo tuyo pienso que no puede dejar de ser mío. Y
Cristo es tuyo porque te hiciste su esposa. Y ahora _como ya te recordé_ aquí me tienes
como siervo, yo a quien antes reconocías como señor: mas tuyo ahora en que estoy
unido a ti por un amor espiritual que sometido por temor. De ahí mi creciente esperanza
de que intercederás por mí ante El a fin de que obtenga por tus oraciones lo que no
puedo por las mías.
70
Especialmente ahora, cuando me cercan todos los días peligros y complicaciones que
no me dejan vivir ni tampoco entregarme a la oración. Ni siquiera puedo imitar a aquel
bienaventurado eunuco, que tenía un gran cargo en la corte de Candaces, reina de
Etiopía, que estaba al frente de todos sus bienes y había venido de tan lejos a adorar a
Jerusalén. A éste le fue enviado el apóstol Felipe por el ángel, para convertirlo a la fe:
Interjuego entre Amor y Deseo
140
cosa que El ya había merecido por su oración y asiduidad en la lectura de las Escrituras.
La misma lectura, en efecto _de la que este mismo varón, riquísimo y gentil, no se
privaba ni siquiera en el viaje_ fue ocasión de la que se sirvió la misericordia divina para
un gran favor. Pues el mismo lugar de la Escritura que iba leyendo, dio al apóstol, una
oportunísima ocasión para su conversión.
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Así pues, para que nada pueda impedir mi petición diferir su cumplimiento, me
apresuré a componer y a enviarte esta oración, que puedes dirigir inmediatamente al
Señor por nosotros: “Oh Dios, que desde el mismo comienzo del mundo, al formar a la
mujer de la costilla del varón, santificaste el sacramento de la unión nupcial y que
glorificaste el matrimonio con honores sin limites _ya sea naciendo de una virgen
desposada, ya con el primero de tus milagros_ y que, en otro tiempo me lo concediste,
además como remedio a mi fragilidad, no desprecies las súplicas de tu humilde sierva,
que hago suplicante en presencia de Tu Majestad por mis muchos excesos y los de mi
amado.”
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Tu que eres misericordiosísimo _mejor, la misma bondad_ perdona nuestros muchos
grandes crímenes, y que la inmensidad de nuestras culpas experimente lo grande que es
tu inefable misericordia. Castiga _te lo suplico_ a estos reos en la vida presente para que
los perdones en la futura. Aplica tus siervos la vara de la corrección, no la espada del
furor. Aflige la carne y conserva sus almas. Preséntate como seductor no como
vengador, como benigno, más que como justo y como padre misericordioso, más que
como Señor severo. Pruébanos Señor, y tiéntanos en la manera en que te lo pedía para él
el profeta. Como si dijera: “Mira primero nuestras fuerzas y a tenor de las mismas
modera el peso de las tentaciones”. Es lo que promete el apóstol San Pablo a sus fieles
cuando les dice: Poderoso es el Señor que no consentirá que seáis tentados por encima
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de lo que podéis. Y, si viniere la tentación, hará que la podáis hacer frente con
provecho”.
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Nos uniste y nos separaste, Señor, cuando y como te plugo. Ahora, pues, termina
felizmente lo que comenzaste misericordioso. Y, a los que separaste en el mundo, únelos
perennemente contigo en el cielo, tú, que eres nuestra esperanza, nuestra porción,
nuestra expectación y nuestro consuelo. Tu, Oh Señor, que eres bendito por los siglos.
Amén.
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“Adiós en Cristo, Esposa de Cristo;
Permanece en Cristo y vive en Cristo”
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Brainsky, S. (1986). Manual de psicología Dinámica.
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