El Sultán: Medidas extremas

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LATERCERA Domingo 21 de diciembre de 2014
Sociedad
Espectáculos
CRITICA DE TV
El Sultán: Medidas extremas
D
IAS inverosímiles: hace
poco en un manotazo desesperado, Canal 13 suspendió la producción de
una teleserie que ya estaba siendo
escrita y, para tratar de salvar su
año, compró y programó un culebrón turco. Los ejecutivos eligieron El Sultán, una obra histórica
cuyas principales virtudes eran ser
el programa más visto de su país y
tener de protagonista a Halit Ergenç, quien hacía de Onur en Las
mil y una noches. Con eso, esperaban reventar el rating y recuperar
ese prime time que creían merecer.
Con eso, esperaban doblarle la
mano a Mega, que este año pareció
robar lo que mejor hacían al resto
de los canales: los culebrones nocturnos y los vespertinos, los realities, los matinales. Las razones de
lo anterior eran económicas, pero
también simbólicas, más allá de
que las crisis obligan a medidas extremas. Canal 13 quería ganarle a
Mega en su propio terreno: programando una turca, pero claramente
la movida no funcionó.
El Sultán no pudo competir con
nada pues la historia de Sulei-
Alvaro
Bisama
Escritor y crítico de TV
mán, el rey enamorado de una
muchacha pelirroja y su mundo
de conspiraciones de palacio,
danzas exóticas, eunucos y concubinas, no convenció: los oropeles de la recreación histórica lucen de cartón piedra y el gancho
del exotismo es simplemente las
marcas de la idiosincracia de un
país que queda demasiado lejos.
Quizás nadie la vio antes de comprarla para darse cuenta de que,
antes que nada, se trataba de una
serie histórica que apelaba a mitos culturales de los que comprendemos poco y nada. Así, carente de contexto, la telenovela
era con suerte una fantasía edificada sobre un pasado lleno de un
romanticismo que es tan candoroso, atroz y ajeno.
Esa distancia se acentúa cuando
se la compara con Chipe libre, la
otra nocturna que el 13 tiene en
pantalla ahora mismo. Chipe libre
trata de los códigos sexuales de una
serie de chilenos que existen tal y
como los personajes de Friends habitaban el Manhattan de la década
del 90: ligeros pero completamente
desconectados de la realidad. Aún
así, lo que esa nocturna trata de
poner pantalla es una fotografía
moral, un diagnóstico sobre los
cuerpos y los chilenos de estos
años. El Sultán, en cambio, habita
en otro mundo, en un imperio hecho de papel maché que desde acá
sólo puede ser leído como un pastiche hecho de malos efectos 3D,
machismo y violencia sexual.
Por lo mismo, la mejor telenovela del año es una que nunca veremos pues transcurre entre bambalinas, en las oficinas de los ejecutivos y los directivos de nuestros
canales. En ese melodrama fracasó
toda la maquinaria pesada de la
RR Halit Ergenç, Onur de Las
mil y una noches, interpreta al
sultán Suleimán FOTO: CANAL 13
publicidad del canal. En esa comedia, Tonka Tomicic viajó a entrevistar a Halit Ergenç a Turquía. En
esa telenovela, el avance de El Sultán fue programado en medio de
una emisión de Los 80, provocando la perplejidad y repudio del público. En esa telenovela, se llegó al
extremo de volver a doblar la voz
de Ergenç (que estaba hecha por
un actor mexicano) para hacerla
coincidir con la de Onur, tratando
de volverla más reconocible dentro del público local.
En el fondo, el error descansa en
leer una tendencia cultural ahí donde sólo existe un eco, un parpadeo.
La cultura pop está llena de pistas
falsas: cuando Michelle Bachelet
trató a Alvaro Elizalde de “Onur”
muchos abrieron los ojos y quisieron ver algo ahí. Pero era pura challa. Queda el consuelo de que ahora,
por una vez, la parrilla sea lo suficientemente flexible para que el canal busque una salida digna, para
que replanteen el proyecto que cortaron o encuentren otro camino.
Mientras, Mega arrasa y quema la
tierra a su paso. Este es el fin de año
que la tele chilena merece, quizás.
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