Ramon Faura Coll Arquitectura d’autor? Sí, per suposat Ambiente ¿Arquitectura de autor? Sí, por supuesto Bienestar Desjerarquización Diseño Arquitectura Diseño del espacio Autoría Diseño integral Proyecto El artículo propone una reflexión a partir del descrédito que ha sufrido la expresión “proyecto de autor”, que, a priori, parece ser debido a dos causas: por una parte, los excesos del fenómeno llamado “arquitectos estrella” y, por otra, una crisis especialmente dura en el sector de la construcción que ha obligado a reformular la profesión. Si asumimos que la palabra “arquitectura” ya incluye una referencia a la autoría, podemos entender “proyecto de autor” como una redundancia bajo la que se esconde un desplazamiento en las maneras de hacer y comprender el proyecto. En este sentido, la desaparición del cliente provoca la aparición del autor como estrategia de branding de las grandes corporaciones de diseño y arquitectura. Disposición Distribución Espacio de trabajo Espacio urbano Estancias de la ciudad Hábitat estratégico Interactividad Interioridad Luz Nuevos consumidores Ocupación Prácticas experimentales Representación Retail Sociocultural Tecnología Tendencias Teorías espaciales Terreno doméstico Triple bottom line Ramon Faura Coll “Independientemente de la forma de los edificios y la calidad de su diseño y dejando aparte el rédito crítico de determinadas voces, toda renovación arquitectónica se ha visto siempre precedida de una crisis de la autoría” 1 Doctor arquitecto y músico. Profesor en la Escola d’Arquitectura de Reus (URV) y en ELISAVA (UPF), en el Máster de Historia de la Escola d’Arquitectura de Barcelona (UPC) y en la Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos de la Universidad Torcuato di Tella de Buenos Aires. Fue redactor jefe de Quaderns d’arquitectura i urbanisme entre 2003 y 2006, y comisario de exposiciones como “Arquitectures sense lloc” (Centre d’Arts Santa Mònica, 2009). En su faceta musical, ha publicado dos álbumes con Azucarillo Kings y cinco con Le Petit Ramon. También ha publicado el libro Lluís XIV vestit de rei: L’escapçament del cos místic (2010). Autoría: euforia y caída Hasta hace muy poco, apenas tres años, los medios de comunicación aún celebraban el proyecto de autor como un fenómeno indiscutiblemente positivo. Una redactora del diario El Punt, por ejemplo, anunciaba que los futuros usuarios de la nueva línea 9 del metro de Barcelona, además de trasladarse de un lugar a otro, podrían “hacer un recorrido por las distintas apuestas arquitectónicas” de estudios de prestigio como Jordi Garcés, Alfons Soldevila, Toyo Ito u Oriol Bohigas.1 Que los espacios hablasen a los usuarios de la personalidad y el carácter de sus autores no le parecía ningún inconveniente. Cuando la “arquitectura de autor” se hacía cargo de la vivienda protegida, y la “personalidad” de MVRDV, FOA o Mendes da Rocha —por citar tres casos— entraba en conflicto con la “personalidad” de los usuarios, la euforia era tanta que un periodista no dudaba en señalar que a quien se tenía que educar era a sus habitantes. Había que conservar la integridad de unos diseños irrevocables. La arquitectura de autor era también un importante reclamo turístico.2 El enquistamiento de la crisis y otros factores han modificado la percepción que se tiene de la arquitectura de autor. No deja de ser significativo que en la Bienal de Venecia de 2012, un estudio como OMA vinculase el anonimato de la autoría a un futuro más respetuoso con el entorno y el contexto. 3 Mercader, P. “Estacions de marca”. El Punt (29 de marzo de 2010). de información (un gran número de los inquilinos ignoran por completo que tienen el privilegio de ser propietarios de obras de enorme interés arquitectónico) hay crecientes signos de una falta de respeto al diseño de sus autores. Se están cerrando terrazas, cambiando la carpintería de las ventanas, introduciendo rejas y alterando de una u otra forma el edificio.” 2 Mazorra, J. “La mejor arquitectura de ‘andar por casa’ se construye en Madrid”. El Mundo (6 de mayo de 2009). Vale la pena reproducir un fragmento: “Sin que los madrileños se hayan dado cuenta, su ciudad se ha convertido en uno de los destinos favoritos de ese nuevo tipo de viajero que busca arquitectura de autor. Llegan buscando obras de Herzog & De Meuron […], Richard Rogers […], Norman Foster […], Cesar Pelli […], Dominique Perrault […], Jean Nouvel […]. Pero quizás lo más interesante que se está haciendo en la capital es la nueva vivienda social […]. Quizás a causa de esa falta 3 Bosco, R. “Venecia rompe con la arquitectura espectáculo”. El País (27 de agosto de 2012). Reproducimos un fragmento: “Pensar en otro futuro más respetuoso con el entorno y el contexto es lo que proponen los arquitectos de OMA, el estudio fundado por Rem Koolhaas y cuya participación en la Bienal es dirigida por Reinier de Graaf, con una muestra que 21 Ramon Faura Coll ¿ Arquitectura de autor? Sí, por supuesto 30 ELISAVA Temes de Disseny Ahora, desde los mismos medios que todavía dedican de vez en cuando panegíricos a todo color al último premio Pritzker, se insiste en la necesidad de “diluir la autoría” como condición previa, puede que incluso indispensable, para una nueva arquitectura. 4 El espíritu colectivo impregna cualquier discurso que se pretenda mínimamente renovador. Independientemente de la forma de los edificios y la calidad de su diseño y dejando aparte el rédito crítico de determinadas voces, toda renovación arquitectónica se ha visto siempre precedida de una crisis de la autoría. En los años veinte del siglo xx, la reformulación de la arquitectura pasó antes por un intento de racionalizar cualquier decisión de proyecto. El uso de la máquina, los prefabricados, la seriación, la higiene, el soleamiento y la economía parecían argumentos lo bastante definitivos como para que la subjetividad del autor se echara un paso atrás. Paradójicamente, y al margen del discurso de sus autores, aquellos edificios del movimiento moderno que la historia ha calificado de canónicos no parecen haber sido generados únicamente con preceptos racionales. Sin embargo, otras propuestas más consecuentes con el discurso racionalista (la siedlung de Walter Gropius en Törten es uno de los casos más claros) han acabado dejando al descubierto los límites del funcionalismo. Un segundo episodio especialmente intenso de la crisis de la autoría lo hallamos en la década de los sesenta. Por una parte, se había renovado el interés por las construcciones en las que no interviene ni el arquitecto ni la industria. Es cierto que muchos arquitectos del movimiento moderno, ya en reivindica a los arquitectos anónimos, que realizaron obras públicas en cinco países europeos a finales de la década de los sesenta. ‘En muchos casos son obras maestras que se están dejando en ruinas solo porque no son adscritas a algún estudio célebre’, explica uno de los comisarios”. Véase el breve e interesante vídeo colgado en Dezeen magazine con declaraciones de Reinier de Graaf [en línea]. [Consulta: 30 de agosto de 2014]. Disponible en: http://bit. ly/1xzWw74. 4 Montaner, J. M. “Colectivos de arquitectos”. El País (7.2.2013) 5 Ortega, L. “Digitalization takes command II”. TDR (Tesis Doctorales en Red), p. 106-108. 22 1 Cedric Price, Fun Palace, 1961-1972. los años treinta, habían centrado parte del debate en las tradiciones vernáculas, pero en los sesenta, la publicación de un libro como Architecture without Architects (Bernard Rudofsky, 1964) no solo centró la mirada en la construcción popular, sino que también hizo ver culturas y tiempos muy alejados del canon occidental. El libro no se limitaba a buscar un referente local-popular como estrategia visual de integración: introducía una verdadera noción de alteridad que cuestionaba los valores supuestamente universales y objetivos del movimiento moderno. Diametralmente opuestos a las arquitecturas de Rudofsky, pero con unos efectos similares en lo que a la consideración del autor respecta, desde un ámbito que podríamos calificar de “protodigital”, 5 apareció también una serie de arquitectos que, en lugar de tomar decisiones sobre la forma, proponían subordinar la autoría al establecimiento de protocolos y estrategias que generasen una arquitectura más abierta, autónoma y, sobre todo, más conformada a la participación del usuario. Cedric Price, con proyectos como el Fun Palace (Londres, 1961-1972), fue quizás uno de los autores más significados. También ahora, la actual crisis de la autoría, laboral y teórica, que se arrastra desde finales de los años noventa, parece la oportunidad para reconstruir un discurso agotado. Antes nos hemos referido a la participación de OMA en la Bienal de Venecia de 2012, y, en este sentido, las recientes declaraciones de Rem Koolhaas, comisario de la edición de 2014, no pueden ser más explícitas: “Esta vez hablaremos de arquitectura, no de arquitectos”.6 La arquitectura en el origen Como es bien sabido, la palabra “arquitecto”, a través del latín (architectus), proviene de la contracción griega arkhitéktōn, que podríamos traducir como “el primero de los operarios”.7 Así, el origen etimológico no nos remite a una práctica o disciplina, sino a una relación laboral en un proceso de trabajo. Teniendo en cuenta que, en el origen, el término “arquitectura” deriva del término “arquitecto”, podemos observar como mínimo que el arquitecto no es el que hace arquitectura, sino que se llama “arquitectura” a lo que produce un equipo bajo la autoridad del arquitecto (el operario jefe). El matiz es interesante: si la arquitectura diera el nombre a quien la hace, la arquitectura sería una práctica cerrada. En tanto en cuanto el arquitecto es el “jefe de los operarios”, el que da nombre a todo lo que el trabajo que él dirige genera, la arquitectura se revela como una práctica mucho más abierta que puede incluir tanto la confección de una cortina como la construcción de un puente. En cuanto al segundo término de la expresión de nuestro título, “autor” (siglo xiii), comparte raíz con la palabra “autoridad” (siglo xiv). Ambas provienen del latín: auctor, -oris y auctoritas, -atis, dos términos formados sobre la raíz “aug”, es decir, aumentar. Así, si olvidamos toda la carga romántica que la palabra “autor” adquiere a lo largo del siglo xix y que conserva aún para tantos, el autor no es quien mantiene una relación íntima y subjetiva con su obra, sino quien dispone de la máxima autoridad en un proceso de trabajo que dirige. Volviendo al origen etimológico de “arquitecto”, podríamos cerrar el círculo afirmando que, como 6 Citamos traducido un fragmento de las declaraciones de Koolhaas: “Esta vez hablaremos de arquitectura, no de arquitectos […]. Ya me habían invitado antes a dirigir, pero me resistía porque ponía dos condiciones: tener un año y medio para prepararlo y poder romper todos los vínculos con la arquitectura contemporánea, que no goza precisamente de buena salud”. En: Wainwright, O. “Rem Koolhaas’s Venice Biennale ‘will be about architecture, not architects’”. Architecture and design blog with Oliver Wainwright. The Guardian, 12 de marzo de 2014. [Consulta: 30 de agosto de 2014]. Disponible en: http://www. theguardian.com/artanddesign/architecture-design-blog. primera autoridad en el proceso de trabajo, él es el autor de la obra. O, dándole la vuelta, que la arquitectura solo está cuando hay un autor que dirige el proceso que le da forma. A partir de aquí, reducir el proyecto a la combinación de prefabricados no es ninguna renuncia a la autoría, como tampoco lo es delegar parte de su resultado a los usuarios, cuando entendemos que ellos forman parte de dicho proceso de trabajo. A diferencia de términos como “construcción” o “edificación”, la palabra “arquitectura” siempre implica la presencia de un autor, lo que deberíamos entender en su sentido menos restrictivo. En un momento como el actual, en el que abundan las propuestas colectivas y los sistemas participativos, es importante insistir en que, también en su origen, la arquitectura entendida como el trabajo dirigido por el “primero de los operarios” es una práctica abierta y fundamentada en la participación. No obstante, habrá que preguntarnos, más allá de la etimología, de donde surge la necesidad de adjetivar un nombre con lo que el propio nombre ya incluye. El diagrama de Charles Eames En 1969, Charles Eames presenta un interesante diagrama sobre el diseño que intenta arrojar un poco de luz sobre los límites del autor. En el mundo anglosajón la palabra design es más frecuente y puede abarcar a la arquitectura. En el diagrama se insiste especialmente en el momento del proceso previo a la construcción, el proyecto, cuando las diferencias entre diseñar una silla, un edificio o un cartel parecen menores; el momento en el que se dibuja lo que será. 8 En el caso de Ray y Charles Eames, ar- 7 En catalán, por ejemplo, la palabra “arquitectura” está documentada desde 1653. Proviene del latín “architectura”. En cambio, la palabra “arquitecto” aparece mucho antes, en el siglo xv, provinente del latín architectus, que a su vez proviene del griego arkhitéktōn, una contracción de los términos árkhō (el primero, el jefe) y téktōn (operario). Véase Gran Diccionari de la Llengua Catalana [en línea]. Barcelona: Grup Enciclopèdia Catalana. [Consulta: 30 de agosto de 2014]. Disponible en: http://www.diccionari.cat/lexicx. jsp?GECART=0011981 y http://www.diccionari.cat/lexicx. jsp?GECART=0011986. 8 El diseño así entendido aparece como un término más moderno. Algunos idiomas como el inglés, el castellano 23 30 ELISAVA Temes de Disseny quitectos o diseñadores, es importante insistir en que el dibujo no es una condición a priori respecto a la materialización de la idea. Precisamente, lo que se inserta en la tradición moderna es el interés por introducir los nuevos materiales de la industria y, sobre todo, aplicar los nuevos procesos de producción en el ámbito doméstico. Uno de los primeros trabajos reconocidos de Charles Eames, las férulas ligeras diseñadas para el ejército de Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial, no se entiende a partir del dibujo, sino a partir de la madera contrachapada que se adapta al cuerpo. Según el diagrama de Eames, son tres las áreas de intereses que se cruzan en el proceso de diseño: la del cliente, la del diseñador y la de la sociedad entendida como un todo. Es en la intersección de las tres áreas de intereses donde el diseñador puede trabajar con “convicción y entusiasmo”. Si partimos de este esquema, la pregunta sobre “el autor” se convierte en una pregunta sobre el hecho de excederse. Así, a partir del diagrama, cabe pensar que la autoría cobra especial importancia cuando el diseñador supera los límites del área en la que se solapan los tres intereses y lo hace además sin salir del área de sus propios intereses. Dicho de otra forma, el autor se hace especialmente visible cuando el proceso ignora los intereses del cliente, los de la sociedad entendida como un todo o los de ambas cosas a la vez. Charles Eames es lo bastante hábil como para apuntar que ninguna de las áreas es estática. Tanto los intereses del diseñador como los del cliente o la sociedad cambian a lo largo del tiempo. Sin embargo, no deja de ser curioso que una de sus obras más conocidas, la Case Study House Nº 8 (1949), permita cuestionar el diagrama que él mismo dibujará veinte años después. Vale la pena detenernos a exponer, ni que sea brevemente, el contexto del proyecto. Como los Eames, John Entenza, editor de la revista Arts & Architecture Magazine entre 1940 y o el catalán recurren al italiano disegno para incorporar los respectivos design, diseñar, dissenyar y establecer diferencias con la palabra que ya tenían (to draw, dibujar, dibuixar). Otros, como el francés, recurren a la polisemia (dessin, dessiner). 24 1 Charles Eames, Diagrama, 1969. Texto: “1. Si este área representa los intereses y las inquietudes del estudio de diseño, 2. y esta área, los intereses genuinos del cliente, 3. y esta, los de la sociedad como un todo...”. La intersección de las tres áreas aparece señalada como: “4. entonces es en esta área de superposición de intereses e inquietudes donde el diseñador puede trabajar con convicción y entusiasmo”. El diagrama incluye dos notas interesantes: “Nota: estas áreas no son estáticas: crecen y se desarrollan en función de cómo se influyen entre ellas”. Nota: si se añade más de un cliente al modelo, la relación se va construyendo de una forma positiva y constructiva”. © Eames Office, LLC (eamesoffice.com). 1962, también estaba interesado en introducir los materiales, los procesos y la lógica industrial en el ámbito doméstico. El fin de la Segunda Guerra Mundial parecía marcar el momento más adecuado, puesto que gran parte de la industria bélica se iba a reconvertir en industria de consumo. Con más de diez años de anticipación respecto a una Europa en plena reconstrucción, el consumismo transformaría el territorio y las costumbres, hasta llegar a convertirse en un rasgo identitario. El interés de John Entenza por introducir una “arquitectura moderna de calidad” en Estados Unidos se tradujo en el programa de las Case Study Houses (CSH). El programa, centrado en California, se inició en 1945 y duró hasta 1962. Entenza se rodeó de muchos arquitectos dispuestos a experimentar con la tecnología y el diseño de los hogares estadounidenses. Uno de sus aciertos fue la lista de talentos implicados en el programa: Neutra, Koenig, Ellwood, Soriano, Saarinen o los Eames. En muchos casos se trataba de encargos sin cliente ni solar. La CSH 1 de Ralph Davidson no se construyó hasta tres años después de que se publicara el proyecto, y en un lugar distinto al previsto. En otros casos, como el de la espectacular CSH 22 (1959-1960) de Pierre Koenig, la urgencia por publicar obligaba a simular ante los fotógrafos una domesticidad provisional en una obra aún inacabada. La CSH 8, diseñada en un principio por Charles Eames y Eero Saarinen, albergaba la casa y el estudio de Charles y Ray Eames. Volviendo al diagrama, podemos entender que en la casa de los Eames el diseñador también es cliente y usuario. Si pensamos además que el programa de las Case Study Houses de John Entenza pretende aportar un bien a la sociedad norteamericana entendida como un todo, hasta podríamos entender que el diseñador también es esa sociedad “entendida como un todo”. Así, en el caso de la CSH 8, el diseñador trabaja con “convicción y entusiasmo” para las tres áreas de intereses. Satisfacer una será siempre satisfacer las tres. El autor como carencia Dejando aparte el caso singular de la CSH 8, el punto en el que el diagrama de Charles Eames merecer ser actualizado es en la ambigüedad con la que se define cada una de las tres áreas. Es evidente que cliente y usuario son entidades cada vez más separadas, que una no puede aparecer en representación de otra. Y es aún más evidente, sobre todo el año 1969, que los intereses de la sociedad son muchos y a menudo divergentes.9 Pero es precisamente cuando sitúa los intereses del autor en el mismo plano que los del cliente y la sociedad (si no, no habría intersección) cuando el diagrama parece menos efectivo. Después de todo, el diseñador no es un factor más entre otros, sino quien 9 Basta con repasar las principales desgracias que se produjeron en los años sesenta en Estados Unidos: 1959, empieza la guerra de Vietnam (que dura hasta 1975); 1963, asesinato de John F. Kennedy; 1965, asesinato de Malcolm X; 1968, asesinatos de Martin Luther King y de Robert F. Kennedy. Además, se producen disturbios raciales en las principales ciudades de Estados Unidos: 1964, Harlem (Nueva York); 1965, Watts (Los Ángeles); 1967, Detroit; 1968, West Side (Chicago), etc. Fundación del partido Black Panther en 1966. Fuera del gueto: quema de banderas estadounidenses y de cartillas militares, aparición de la contracultura, eclosión del Flower Power. La segunda mitad 1 Julius Shulman fotografiando la Case Study House 22 de Pierre Koenig, Los Angeles, 1959-1960. gestiona los demás factores. Opera desde otro plano. Es a través de él por donde pasan las constricciones y a través de el por donde se transforman en respuestas. Actúa como un gestor de información. El diseñador es el umbral o el filtro a través del cual se producen combinaciones, relaciones y conexiones que antes no eran evidentes. No dispone de una región propia y delimitada, sino que es el punto por donde todo pasa. Los demás intereses, más que regiones definidas, son un enjambre de nociones; infinitas, como el mundo que rodea al proyecto; agentes potenciales que el autor filtra (por ejemplo, “lugar” o “usuario”), y en ningún caso conceptos determinados que actúen sobre el diseñador. Son más bien entidades pasivas que forman parte de un todo indiscernible. Detectarlas y aislarlas del resto, seleccionarlas, significa convertirlas en agentes activos. Lo que marca la especificidad de cada diseño es el número y el tipo de nociones detectadas. La urbanización Villa Verde de Constitución (Chile, 2010), del colectivo Elemental,10 constituye un buen ejemplo. Con unos condicionantes de proyecto no muy diferentes a primera vista de los de la siedlung de Törten de Gropius (prefabricados, casas unifamiliares alineadas, etc.), de la década también ve proliferar las sectas. En 1969 Charles Manson y sus adeptas asesinan a Sharon Tate, precisamente en Hollywood, no muy lejos de la CSH 8 de Charles Eames. En definitiva, en el año 1969 se hace difícil pensar en los intereses de la sociedad como un todo. 10 Además de en la web del colectivo (http://bit. ly/1ks6D5K), el proyecto está especialmente bien publicado en Villa Verde / ELEMENTAL. [en línea]. ArchDaily México. [Consulta: 30 de agosto de 2014]. Disponible en: http://bit.ly/1mWDv6R 25 Ramon Faura ¿ Arquitectura de autor? Sí, por supuesto 1 Alejandro Aravena | ELEMENTAL, Dos imágenes de la urbanización Villa Verde en Constitución (Chile), construida en 2010: antes y después de la intervención de los habitantes. El diseño reserva un espacio para la incertidumbre. Fotografía: Cristián Martinez. en este caso se detecta un agente específico: la voluntad del usuario de apropiarse del diseño también en términos simbólicos. Así, el hecho de proyectar la casa inacabada permite que sea el habitante quien la complete. En realidad, el agente “voluntad del usuario de apropiarse del diseño también en términos simbólicos” no solo es una respuesta a los prefabricados de Gropius; es también una respuesta a la banalidad con la que Venturi reclamaba variedad al diseño,11 confiando únicamente en la capacidad del autor de generar una falsa complejidad desde referentes personales. Si bien el diseñador es el punto en el que se filtran las nociones que él mismo detecta, sería un error simplificar el proceso de diseño y pensar que el autor es un filtro que solo absorbe condicionantes para responder con una forma. Aparte de que detectar a un agente de proyecto ya es responder, cuando el diseñador propone, lo que lanza contra la realidad le permite detectar nuevas nociones. La retroalimentación es continua y únicamente condicionantes ajenos al proceso de diseño (como entregar el proyecto básico al cliente) segmentan un proceso que de hecho no se acaba nunca. Lo que solemos denominar “coherencia” no es sino la evidencia de esta retroalimentación continua entre autor y mundo, segmentable en términos laborales, pero no en términos de investigación. En la medida en la que es el autor quien detecta y gestiona los condicionantes del proyecto, un proyecto perfecto hipotético sería el que incluyera todas las 11 Venturi, R. Complexity and Contradiction in Architecture. Nueva York: The Museum of Modern Art Press, 1966. 26 1 Hannes Meyer, Dormitorio de la escuela sindical ADGB en nociones necesarias. Entonces el autor se haría invisible. Por fortuna, esto no es posible. La sociedad es variada y las nociones que para unos son fundamentales no tienen la menor importancia para otros. Es más, muchas veces la noción que beneficia a unos (abaratar costes) perjudica a otros (viviendas mal aisladas). En cualquier caso, y estirando del hilo, en un mundo hipotéticamente perfecto y sin conflictos, el autor se haría visible, precisamente, en el caso de una desatención flagrante de determinadas nociones. En este sentido, la autoría no se manifestaría por un exceso, sino por una carencia. Una magnífica fotografía de Walter Peterhans sirve para ilustrar lo que decimos. Es una de las habitaciones de estudiantes de la escuela estatal ADGB enBernau, diseñada por Hannes Meyer. La fotografía a contraluz nos permite forzar el sentido de la imagen: por la ventana no vemos nada, solo una mancha blanca que devora hasta los montantes y los travesaños. El exceso de luz se traduce en una opacidad que oculta el paisaje. El diseño ha detectado y convertido en activas nociones como técnica, economía, soleamiento, pero no ha detectado entorno, vecinos ni paisaje; posiblemente sí ha detectado geología, íntimamente vinculada a la estructura. La subjetividad del diseño no se manifiesta en formas caprichosas, sino en la manera de elegir a los agentes. La celda tiene sol, pero no tiene entorno; tiene luz, pero no pertenece a ningún sitio. Es una utopía. La autoría como branding Con frecuencia se asocia proyecto de autor a desinterés por el lugar. Antes citábamos las palabras de Rei- Bernau (Alemania), construida entre 1928 y 1930. Fotografía: Walter Peterhans. nier Graaf:12 es habitual establecer vínculos directos entre el anonimato del arquitecto y el respeto por el entorno. Sin duda se trata de uno de los estereotipos más injustificados sobre la autoría, al menos en términos estadísticos. ¿Quién es José Gómez Sánchez? ¿O Lorenzo Montón Mayer? ¿O Emilio Dahl Sáenz de Santamaría y María del Mar Conejero Espí? No podríamos responder si no fuera por libros como el de Julia Schulz-Dornburg.13 La calidad de la obra de estos arquitectos no los ha puesto nunca en el punto de mira. Son “autores anónimos”. Sin embargo, algunos de sus proyectos son auténticas catástrofes naturales. El volumen de obra firmada y la enormidad de una lista que ni de lejos se acaba con los cuatro nombres citados los hacen aún más peligrosos. Son autores anónimos como ellos los que han proyectado urbanizaciones fantasma para 141.576 habitantes entre dos poblaciones que sumadas no llegan a los 14.000; son autores anónimos como ellos los que han proyectado un centro de esquí donde no nieva o un campo de golf donde no llueve. Es en el anonimato donde sus crímenes quedan impunes. Tal vez el tópico que relaciona proyecto de autor y desprecio por el lugar venga marcado por un bran- 12 Véase nota 3. 13 Schulz-Dornburg, J. Ruinas modernas, una topografía del lucro. Barcelona: Àmbit Serveis Editorials, 2012. 14 En el caso de la torre de Zumthor para Isny, el 72% de los habitantes votaron en contra del proyecto, la mayoría por razones económicas. Véase: Hevia García. G. ¿No a la Arquitectura de Autor?. [en línea]. Plataforma arquitectura, 2012. [Consulta: 30 de agosto de 2014]. Disponible en: http://www.plataformaarquitectura.cl/2012/02/27/ editorial-no-a-la-arquitectura-de-autor/. ding que mediatiza todo discurso hasta reducirlo a pretexto. Hasta los autores que han construido un perfil propio a partir de la relación con el entorno, como Peter Zumthor o Enric Miralles (por citar solo a dos) han acabado teniendo problemas con determinados sectores que se erigen, con o sin razón, en defensores de lo local.14 Una paradoja de los últimos veinte años es que los estudios que por el volumen de encargos han acabado transformándose en enormes estructuras empresariales son precisamente los que más representan la arquitectura de autor. Y, sin embargo, ¿cuántos trabajadores tiene la empresa liderada por Norman Foster? ¿Qué parte de la empresa Ateliers Jean Nouvel pertenece a Jean Nouvel? En muchos casos, la identificación de una empresa con el nombre del autor responde más a la voluntad de marcar un perfil propio y mantener un nicho de mercado que a la idea romántica de un autor íntimamente implicado en su trabajo. En este caso, el arquitecto, además de ser el “primero de los operarios”, es sobre todo la imagen corporativa de la empresa, la alegoría humana de una estructura sin cara. Sobre la supuesta disminución de la calidad de la arquitectura debida a la proliferación de grandes firmas, habría que preguntarse cuánta gente trabajaba en el taller de Hardouin-Mansart, o cuántos operarios dirigía Brunelleschi o, ya puestos, cuántas pinceladas de la mano de Rubens hay en los cuadros de Rubens. Probablemente la respuesta no apuntaría al autor. Aunque siempre ha habido artistas que han ido por libre, lo cierto es que el autor solitario no adquiere un sentido histórico hasta la reacción romántica contra el proceso de uniformización introducido por la máquina. Paradójicamente, gran parte de la primera generación del movimiento moderno, pese a aceptar la máquina y sacar de ella un sentido formal inédito, sigue relacionándose con el propio trabajo como en el siglo xix. Cuando leemos los textos de maestros como Wright o Le Corbusier, más allá de lo que dicen, es la forma en la que lo dicen lo que nos lleva a pensar tanto en la beligerancia de los 27 Ramon Faura Coll ¿ Arquitectura de autor? Sí, por supuesto 30 ELISAVA Temes de Disseny románticos de 1830 como en los atributos de vidente que figuras como Rimbaud atribuyen al poeta. En este sentido, el siglo xx no empezará hasta los años sesenta. El nuevo entorno comercial que dibuja el consumismo, la fascinación por las megaestructuras, los sistemas agregativos y combinatorios como nuevas estrategias de proyecto, el uso de la imagen (y no del plano) como nueva forma de pensar y explicar la arquitectura, la reformulación del usuario en términos retroactivos y tantas otras cosas modifican las relaciones del diseñador con su trabajo. Pero es sobre todo la comunicación entendida en su sentido más polisémico lo que transformará realmente el oficio en profesión. Mientras Bernini tardó tres meses en ir de Roma a París, Renzo Piano llegará en dos horas. Es la desaparición del autor tal como lo ha entendido cierto movimiento moderno lo que explica el éxito comercial y mediático de una tautología como la de la “arquitectura de autor”. Y añadimos “autor” porque la palabra “arquitectura” ha dejado de incluir su presencia. La pregunta sobre el autor es una pregunta sobre el cliente La transformación digital, la globalización, el debate energético, la crisis de la autoría en todos los campos acaban con un modelo de arquitecto que durante los años sesenta (al menos en el plano internacional) ya había entrado en crisis. Hablar hoy de proyecto de autor no es solo el síntoma de una extinción; es también, como decíamos antes, convertir al autor en parte del branding de la empresa que lleva su nombre. Las pizzas de Casa Tarradellas son tan artesanales como una lavadora de AEG. Antropomorfizar el producto es una estrategia comercial especialmente efectiva. Precisamente es la dimensión de estas estructuras empresariales que ahora hacen proyecto de autor lo que les permite, a través de los servicios de prensa, ser visibles en los medios de comunicación con una imagen corporativa fundamentada en la personalidad del autor. Sin embargo —ya lo apuntábamos antes—, el 1 Le Corbusier, Cité Frugés transformado por los habitantes. Imagen extraída de: “Cité Frugès à Pessac. Le Corbusier”. Portfolio (fr) de Thibaud Loegler – Etudiant en architecture. [blog] [Consulta: 30 de agosto de 2014] Disponible en: http://bit.ly/1rHsU7i. arquitecto siempre ha formado parte de estructuras enormes, ya fuera en el sistema académico al servicio de los encargos reales o en el cuerpo de funcionarios al servicio del Estado. De hecho, lo que verdaderamente arrastra al autor hacia su disolución definitiva es la desaparición del cliente. No es casualidad que el renovado interés por el usuario que tienen arquitectos como los Smithson o Cedric Price surja, justamente, cuando el cliente empieza a cambiar de forma. Ya sea una gran corporación o una administración pública, es sobre todo el cliente quien ha pasado a ser una estructura sin rostro, y es a través de la autoría, como principal atributo del edificio, como este cliente sin rostro quiere representarse cuando hace un encargo importante. Desde el Seagram Building hasta la Torre Agbar, la pregunta sobre el autor se convierte en una pregunta sobre el cliente. Justamente, del diagrama de Charles Eames criticábamos la imprecisión de un área asignada a los “intereses del cliente”. Y era una crítica particularmente fundamentada porque sabemos que el autor del diagrama conocía bien los entornos productivos y empresariales en tanto en cuanto él también era diseñador de producto y en tanto en cuanto trabajaba en el país dónde el arranque de esta transformación de la arquitectura en producto fue más intenso. Ya nos hemos referido al programa de las Case Study Houses, una arquitectura que a menudo se proyecta sin cliente ni emplazamiento, como quien diseña una silla o produce, como Charles Eames, cinco mil férulas para el ejército de Estados Unidos. El producto, una lámpara o un coche, puede estar en cualquier sitio. Tal vez la conversión de la arquitectura en producto, y no el supuesto desdén del autor, explique mejor por qué solemos asociar el proyecto de autor a una falta de consideración hacia el contexto. En realidad, la transformación de la arquitectura en producto y el que se ignore el contexto forma parte de un proceso muy antiguo. La industrialización de los procesos constructivos a lo largo del siglo xix, la aparición de nuevos materiales, el abaratamiento de los costes y una reducción considerable de los plazos de obra no sólo convirtieron el solar en el valor más estable del edificio, sino que permitieron pensar en el solar al margen del edificio. Y también, por supuesto, en el edificio desvinculado del solar. En palabras de Neil Smith, en “el edificio como mercancía”.15 A pesar de las transformaciones, las historias canónicas de la arquitectura moderna se han construido sobre el simulacro de un cliente que no cambia. Todos sabemos quién es la señora Farnsworth, a qué se dedicaba la señora Millard, el lujo en el que nadaban los Stein. Aparentemente, pequeños príncipes a escala 1:20. Pero habría que trasladar la mirada. En la Cité Frugès de Le Corbusier, lo que ya nos confunde es el cliente. Está claro que no es el conjunto de usuarios, aquellos pobres desgraciados, maltratados por la historia por haber instalado balaustradas y frontones sobre la cubierta plana. Ni siquiera es el industrial Frugès, el promotor del proyecto. Probablemente, “el cliente” sea la necesidad de los productos asfálticos por encontrar un escaparate dónde exponerse, la célebre cubierta plana. Con la industrialización, Luis XIV y Julio II se transforman en una industria que quiere colocar sus productos, no en el cliente que encarga chalés. En la medida en que el proyecto de autor es una mercancía que necesita crear empatía entre el públi- 15 Smith. N. La nueva frontera urbana (ciudad revanchista y gentrificación). Madrid: Traficantes de sueños, 2012. Veáse especialmente las páginas 111 a 118. co al que se dirige, entendemos, como decíamos, la necesidad de construir el branding sobre un rostro carismático. Si hasta hace poco una autoría demasiado explícita podía resultar obscena, ahora es esta autoría simulada lo que asegura el éxito (comercial o promocional) del gestor que ha decidido invertir en un proyecto de autor. El museo Guggenheim en Bilbao sigue siendo el caso más paradigmático. Todas las irregularidades administrativas y políticas previas a la aparición del proyecto (sobre todo el sabotaje institucional al proyecto de Jorge Oteiza para el Centro Cultural de la Alhóndiga de Bilbao)16 no evitan que el edificio sea perfecto. Perfecto porque es técnicamente perfecto, y perfecto porque es carísimo, que al fin y al cabo es lo que querían explicar los gestores de la ciudad (la propaganda de cualquier palacio siempre ha pasado por anunciar su exorbitante coste). Acusar a Frank Gehry de subjetivo y dispendioso sería un error. Produce la mercancía que le piden. Y, en tanto en cuanto el usuario no es el cliente, sino el público, y el éxito con este tiene que avalar todas las decisiones de los agentes implicados en el encargo, Frank Gehry no diseña un edificio a medida, sino un prêt-à-porter “customizado” que guste a todo el mundo. Perfecto como un Levi’s y con la marca bien visible. Lo cual no impide que algunas características del edificio, presentes o no en otras obras de Gehry, también puedan ser referidas al contexto del museo: la bajada a la Ría, la experiencia del salto de cota, los materiales reflectantes bajo una climatología cambiante y, sobre todo, las toneladas de hierro que evocan el pasado industrial del emplazamiento. El diseñador trabaja con convicción y alegría dentro del área en la que se solapan los intereses del cliente, los del diseño y los del mercado. El arquitecto que convierte su nombre en una marca y produce mercancías ya no detecta, sino que son los inversores quienes lo detectan a él. Como en el Hollywood de los años cuarenta o el Londres de los sesenta, la crudeza del mercado no evita que de vez en cuando salte la chispa. 16 Sobre el proceso del encargo, véase: Guasch, A. M. “Museos globales versus artistas locales. Paradojas de la identidad entre lo global y lo local”, en Guasch, A. M.; Zulaika, J. (coord.). Aprendiendo del Guggenheim de Bilbao. Madrid: Akal, 2007, pp. 208-212. 28 29