palabra y sacramentos: acercamiento ecuménico

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LUCIEN RICHARD, O. M. I.
PALABRA Y SACRAMENTOS: ACERCAMIENTO
ECUMÉNICO
The Word and the Sacraments: an Ecumenical approach to the Sacraments, Journal of
Ecumenical Studies, 2 (1965) 234-250.
Doctrina protestante: sacramento como palabra visible
La comprensión histórica de la teología sacramental protestante se nos hace difícil por
dos motivos: primero, la repugnancia instintiva de la Reforma nacida de las
deformaciones innegables en las prácticas sacramentales del medioevo; y segundo, la
interpretación rígida, estrecha y cada vez menos vital de una doctrina en principio
verdadera.
Esta repugnancia hacia una idea mágica de los sacramentos es fruto de una tendencia
agustiniana, influida de platonismo, que reduce lo espiritual a lo interior. En
consecuencia, todo lo corpóreo o sensible es tenido como superfluo y mirado con
recelo. Sin embargo, no hemos de ver precisamente ahí el elemento más importante de
la Reforma. Su verdadero valor es la doctrina luterana, inspirada directamente en san
Agustín, que enlaza íntimamente los sacramentos con la Palabra de Dios y los explica
como una Palabra visible (verbum visible).
Para Lutero, al igual que para Calvino,la Palabra de Dios es un acontecimiento, una
intervención de Dios en nuestra vida que no solamente nos ilumina con su enseñanza,
sino que nos transforma con su poder creador. Por consiguiente, un sacramento, palabra
visible, es también un acontecimiento misterioso por el cual la Palabra nos alcanza
directa y personalmente, no sólo con su luz, sino con su poder que transforma nuestra
vida. Para Calvino, el sacramento es una gracia de Dios contenida en un signo visible, y
su misión es causar realmente dentro de nosotros las promesas de la Palabra de Dios.
Como verbum visible, el sacramento es una expresión tangible de las promesas de Dios,
de manera que podamos estar tan ciertos como si las tuviésemos delante de los ojos. La
Palabra de Dios no puede engañarnos, ni tampoco su signo. Por eso la eficacia del
sacramento no depende de nosotros.
Esta doctrina sacramental de la palabra visible no alcanzó sus plenas consecuencias. En
su preocupación por salvaguardar la primacía de Dios en la santificación del hombre,
los reformadores olvidaron en cierto modo la causalidad sacramental, y algunas de sus
expresiones dieron pie a sus discípulos para atribuir a los sacramentos un efecto
solamente psicológico: un cierto conocimiento, una comprensión, "Los sacramentos no
son signos de la gracia eficaz" (Lutero). "Los sacramentos son ejercicios para fortalecer
nuestra fe en la Palabra de Dios... El único papel que les ha asignado Dios es testificar y
confirmar su, benevolencia para con nosotros" (Calvino). Estas y otras afirmaciones,
separadas de su conjunto doctrinal, nos llevarían a concebir los sacramentos como las
decoraciones e imágenes de las antiguas catedrales, destinadas a, la instrucción del
pueblo sencillo. "La fe proviene del oído. Y así como la palabra que resuena en el oído
toca el corazón, así el rito que hiere en los ojos mueve también el corazón"
(Melanchthon).
LUCIEN RICHARD, O. M. I.
Algunos protestantes modernos sostienen aún esta doctrina. Según Karl Barth, el
bautismo en el NT se explica en términos de un conocimiento (cognitio) de la salvación,
sin que en sentido propio se pueda hablar de medio de efectuar la salvación. El
sacramento no tiene, pues, una conexión inmediata con la causalidad divina. Actúa sólo
como una expresión visible de la Palabra de Dios. Al separar así la eficacia del
sacramento de la Palabra de Dios, la causalidad ex opere operato queda reducida a pura
magia.
En su libro Ceci est mon corps (Neuchâtel-Paris, 1955) el Profesor Franz J. Leenhardt
ha propuesto una nueva concepción sobre la relación entre la Palabra de Dios y los
Sacramentos. Destaca la Palabra de Dios en su aspecto dinámico. Dios nos habla no
sólo con palabras, sino también con acciones. La eficacia del sacramento va unida a la
eficacia de la Palabra de Dios. Leenhardt acepta la fórmula ex opere operato, apta para
subrayar que el efecto sacramental no depende del sacramento concebido como cosa, ni
del sacerdote que lo administra, sino únicamente de Cristo que habla y actúa. Aunque
Leenhardt no aprovecha la riqueza de su exposición doctrinal -pues el efecto
sacramental no va más allá de un mero conocimiento-, tiene el mérito de haber
establecido con claridad la profunda relación entre la Palabra y los Sacramentos.
Palabra y sacramento según la doctrina católica
Esta relación de causalidad entre Palabra y sacramento a la luz de la Biblia es, sin duda,
un camino abierto al diálogo ecuménico, muy de acuerdo con la doctrina de los Santos
Padres de la Iglesia. La concepción del sacramento como palabra visible nos la da san
Agustín en su comentario in Joan. Hom 80 (PL 35,1840): "La Palabra va unida al
elemento (agua) y el resultado es el sacramento que se convierte así en una palabra
visible". También san Ambrosio, en De Sacramentos, atribuye el efecto sacramental al
poder de la Palabra de Dios. Para santo Tomás la estructura del sacramento -palabra y
signo material- refleja el misterio de la Encarnación -Palabra de Dios unida a la carne.
La misma Palabra de Dios opera en la creación y a través de los sacramentos.
La Palabra de Dios según la teología bíblica
Tanto la teología católica como la protestante subrayan fuertemente el carácter de
acontecimiento histórico de la revelación. El Dios que habla es el mismo Dios que
actúa. La revelación es el conjunto de estas acciones salvíficas de Dios. La revelación
no sólo está inserta en la historia humana, sino que ella misma es historia. Así la Palabra
de Dios se nos manifiesta como acontecimiento salvífico.
Los sacramentos -según Cullmann- son los acontecimientos con los cuales Dios nos trae
la salvación. El bautismo, por ejemplo, concebido como un renacimiento, una
incorporación a Cristo, no es sólo un simple conocimiento del hecho histórico de la
cruz, sino .un nuevo acontecimiento salvífico: En cada bautismo acontece algo nuevo en
el período actual presente de la historia de la salvación. Los sacramentos serian, pues, el
medio con el cual Dios -a través de su Palabra- sale al encuentro del hombre en un
acontecimiento salvífico. Las leyes del sacramento son las mismas de todo
acontecimiento de la Historia de salvación: la Palabra de Dios interviene eficazmente de
una manera visible para establecer una comunión, de vida por medio de una alianza.
LUCIEN RICHARD, O. M. I.
Así, pues, sólo podemos entender los sacramentos en relación con los hechos del AT y
NT. Las acciones de Dios son mirabilia, acontecimientos salvíficos, sucedidos en
diferentes tiempos de la única Historia de salvación. Los sacramentos son continuación
de estas acciones de Dios en la vida de la Iglesia.
La Palabra de Dios es al mismo tiempo dinámica y noética, acontecimiento y
revelación. Su efecto es la salvación, previa a la respuesta del hombre: la fe. Esta
estructura que aparece en el AT y NT, es válida también para los sacramentos, palabras
visibles de Cristo.
La Palabra de Dios en el AT
La idea central de revelación en el AT se basa en la analogía que hay entre la palabra
hablada distinta de la revelación como visión. Para el pueblo hebreo palabra y
acontecimiento son una misma cosa: dabar, palabra no sólo pronunciada o escrita, sino
palabra que incluye en su poder la realidad que significa. La palabra dice y hace (Gén
24,66). Este mismo concepto de la palabra se aplica a la Palabra de Yahvé. El poder
creador de la Palabra de Dios ha hecho todas las cosas y la misma historia de los
hombres. Su fuerza es irresistible (Sal 33,9) como las fuerzas de la naturaleza (Is 55,1011). En cierto sentido, la Palabra de Yahvé participa de la misma eternidad de Dios (Is
40,6-8), aunque, considerada como una manifestación externa de su personalidad, no es
eterna, sino tan sólo expresión de su voluntad, fuerte y duradera como ella.
El elemento dinámico de la Palabra de Dios aparece a menudo en el lenguaje simbólico
usado por los profetas, expresión gráfica de lo que sucederá (Jer 19, 10-11). La Palabra
de Dios significa lo que realiza y realiza lo que significa: es una palabra sacramental.
Toda la revelación del AT tiende a establecer una relación entre Dios y el hombre. Dios
llama al hombre a una comunión de vida, sellada por un pacto. La revelación es un
encuentro salvífico a través de un acontecimiento que da la vida. La respuesta del
hombre es, la fe, manifestada de una manera visible -después del pacto del Sinaí- con un
sacrificio y un banquete sagrado.
La Palabra encarnada de Dios
Esta misma estructura de la revelación se repite en el máximo acontecimiento salvífico
de la historia humana: la encarnación (Heb 1,1). Esta Palabra hecha carne es la misma
que habló en la creación, a través de la Ley y los Profetas, es la total autorrevelación de
Dios, llena de poder, que da a todas las cosas vida y hace a los hombres hijos de Dios.
Cristo, palabra sacramental y definitiva del amor del Padre, tiene su continuación
contemporánea en la Iglesia. Esta Palabra de Cristo en la Iglesia dinámica, eficaz,
engendra la vida ya que posee la misma fuerza de la Palabra de Dios. Esta Palabra en la
Iglesia no se limita a la predicación o a la enseñanza; es un acontecimiento constante
que realiza el encuentro de Dios con el hombre. Los sacramentos son esos
acontecimientos, signos visibles de la, acción salvífica de Dios.
LUCIEN RICHARD, O. M. I.
Conclusiones
En la presente economía de la salvación, escogida por Dios, los sacramentos son los
acontecimientos salvíficos de la Nueva Alianza, intervenciones de Dios en la historia
humana que piden nuestra libre respuesta para obtener así un constante progreso en
nuestro encuentro salvífico con Cristo. A través de esos acontecimientos, se actualiza la
Alianza entre Dios y la humanidad que llegará a su plenitud, suceso tras suceso,
sacramento tras sacramento, hasta la Parusía.
Los sacramentos son, pues, palabras visibles no sólo porque nos revelan la intención
salvífica de Dios, sino porque la realizan. Los sacramentos tienen así un lugar en la
pedagogía divina de la Alianza: Dios que se revela en su acción y realiza lo . anunciado.
Esta relación entre Palabra y sacramento expresa, de una manera más bíblica y
ecuménica, el fundamento doctrinal de los sacramentos. Veámoslo, por ejemplo, en la
causalidad sacramental.
A partir de la doctrina de los Padres, que enlaza el poder de la Palabra de Dios con el
poder sacramental, se comprende mejor el contenido del ex opere operato. El
sacramento -afirma Rahner- tiene una validez escatológica irrevocable. Es la señal de la
alianza eterna de Dios con los hombres, señal que participa eterna e irrevocablemente de
la voluntad salvífica de Dios. El sacramento no perderá jamás esta cualidad de ser
expresión visible de esta voluntad de Dios que posibilita la respuesta del hombre. Puede
ciertamente el hombre rechazar esta palabra de Dios, pero desde Jesucristo y sólo a
partir de Jesucristo, el hombre no puede ya salirse de la influencia de esta palabra
dirigida constantemente a él, llamándole a él, y dejarla sin respuesta. Así, pues, esta
palabra que emplaza al hombre y le llama a la gracia está ya irrevocablemente presente
en el signo sacramental y es inseparable de él. Este concepto de causalidad sacramental
nos descubre que los sacramentos son medios para un encuentro personal con Dios.
La teología católica no siempre distinguió con claridad entre la mera presencia de las
cosas en el mundo y la llamada personal de Dios a una existencia humana. La
consecuencia, en la teología de los sacramentos, ha sido una despersonalización del
encuentro sacramental Dios-hombre, entendido sólo como una relación de causa-efecto.
Una causa física no tiene necesariamente conexión con la persona, mientras que los
sacramentos producen su efecto porque es Cristo en persona quien actúa. Como decían
los Santos Padres: Cristo bautiza, Cristo consagra, Cristo perdona.
Esta concepción del sacramento como palabra visible no significa que baste una mera
pasividad para recibir los sacramentos. El acontecimiento salvífico que tie ne lugar en el
sacramento no es un monólogo, sino un diálogo: llamada de Dios y respuesta del
hombre (cfr. Ex 24, 3-8). Así la Iglesia no es solamente una Iglesia de sacramentos, ni
una Iglesia de la Palabra; pero por ser la Iglesia de la Palabra es tambié n la Iglesia de los
sacramentos: el Sacramento del encuentro con Cristo.
Tradujo y extractó: JOSÉ RICART
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