Orfebrería en Mompox

Anuncio
Orfebrería en Mompox
El lugar y su historia
Don Alfonso de Ojeda, adelantado de la gobernación de Cartagena en territorio
Zenù, funda el 3 de mayo de 1537, en una isla en el río Magdalena formada por los
brazos Mompox y Loba, la Villa de Santa cruz de Mompós. Al ser puerto obligado en
todas las exploraciones al interior del virreinato, muy pronto Mompox se convierte
en una floreciente ciudad comercial. Muchas familias acaudaladas se trasladan allá
por la importancia estratégica del puerto y por escapar a la zozobra de los ataques
de piratas en Cartagena o Santa Marta. A finales del siglo XVIII, llega a ser la
tercera cuidad del Nuevo Reino, con una población de 15.000 habitantes. Esta
‘ciudad camino’ andaluza, de trazado islámico irregular, paralela a la ribera del río,
cuyas cuadras testimonian la invasión romana en España, luce para ese tiempo una
magnífica arquitectura que le debe su belleza, en gran parte, al trabajo artesanal.
La variedad en los oficios artesanales en Mompox se deben al carácter tri-étnico de
sus habitantes. La orfebrería y la alfarería fueron oficios ejercidos por los indígenas
desde mucho antes de la llegada de los españoles. Aunque no existían minas de oro
en las cercanías de Mompox, una fecunda relación con algunos pueblos mineros de
la actual Antioquia y una rica visión de mundo e imaginación, les permitió a los
Zenúes hacer unas de las piezas más bellas de la orfebrería prehispánica. Por su
parte, los Españoles aportaron la talla en madera, la mampostería, la herrería,
bordada, tejida y nuevos tipos de loza. Al pueblo Afrocolombiano se le debe el bello
trabajo de forja. En la orfebrería momposina actual aún se perciben los ancestros
zenúes y españoles. En los muebles de hoy la influencia del Mediterráneo.
En el siglo XIX, la guerra de Independencia y las siguientes guerras civiles se
financiaron en gran parte con recursos de la Villa de Mompox, lo que afectó
notablemente su progreso. Más tarde fue la misma naturaleza la que se encargó de
alejar a esta ciudad del desarrollo económico nacional ya que la erosión y
sedimentación hizo que uno de los brazos del río perdiera profundidad. Así, los
barcos de gran calado quedaron inhabitados para llegar hasta el puerto y la Villa de
Mompox tuvo que despedirse de su gloria pasada.
El viajero de hoy se maravilla al pasear por sus calles principales y toparse con una
magnifica arquitectura doméstica, religiosa y publica, como detenida en el tiempo.
Orfebres
Luis Guillermo Trespalacios
El diseño de la orfebrería momposina suele ser un trabajo anónimo. Muy rara vez
los diseños son fruto de la invención de un determinado taller; por lo general, los
maestros crean su versión propia de diseños tradicionales.
Mención aparte merece el fallecido artesano momposino Luis Guillermo
Trespalacios, catalogado en un estudio de la Universidad de Stanford, como “uno de
los grandes artesanos de América“. A Luis Guillermo le debemos la supervivencia
de antiguos y hermosos diseños tradicionales como el pescadito de oro.
Además, Don Guille como le decían con cariño quienes lo conocían, es el autor de
importantes diseños reconocidos en diversos ámbitos: es el caso de los aretes
campanario, realizados con la técnica de la filigrana.
Don Guillermo, como la mayoría de los maestros orfebres, tenía su taller en la
misma casa donde vivía. Allí consolidó una verdadera escuela de orfebrería. Según
él, a los aprendices había que enseñarles “hasta a aprender a hablar”. Siempre
estuvo pendiente de que la educación que se daba en su taller, aparte de la técnica,
le cultivara a sus alumnos valores morales como la honradez y el respeto mutuo.
En su taller cada artesano tenía su lugar de trabajo, escogido por él mismo, sin que
nadie osara quitárselo. Porque para Don Guille, más que la maquinaria lo que
importaba era el ser humano.
Y para desarrollar una pieza, lo que determina la calidad de ésta, es a su entender
“la habilidad y el gusto del operario”. Lo que es importante, decía, es que el
individuo emplee no sólo sus manos sino también su ingenio y su imaginación
creadora.
Don Guille murió después de casi noventa años en la Villa de Mompós. Ya no está
él, pero le sobrevivieron sus enseñanzas que legó no sólo a sus alumnos, sino
también a los artesanos, artistas y maestros de Colombia y del mundo entero.
En los talleres, así aprendemos
Origen, organización y aprendizaje
Desde mediados del siglo XVI, atraídos por la cantidad de oro que arroja el río,
llegan a Mompox los primeros maestros orfebres españoles, o en algunos casos
portugeses o de otra nación europea. Sólo hasta 1776 se aceptan, bajo varias
restricciones, maestros mestizos o indios. Habrá que esperar hasta entonces para
que ciertos diseños y técnicas de la orfebrería Zenú vuelvan a cobrar vigor. Tal es
el caso de la muy empleada técnica de la cera perdida.
La organización de los talleres no ha cambiado mucho, salvo por el número de
miembros y las rígidas relaciones jerárquicas de antaño. De 40 o 50 integrantes de
un taller se ha pasado a unos 10 o 15. Estos talleres formados por el maestro, unos
oficiales, sus ayudantes y unos aprendices, son verdaderas escuelas de orfebrería
donde cada artesano se siente cómodo al tener su lugar particular de trabajo.
Generalmente el maestro vive en la casa donde funciona su taller, además de
supervisar el trabajo de los oficiales y de enseñarle a los aprendices, debe planear
la producción, desde el abastecimiento de la materia prima hasta la
comercialización de la pieza, pasando por el mantenimiento de las maquinas y el
suministro de herramientas, tomando las medida de seguridad necesarias. Hoy por
hoy, el maestro ha dejado de ser quien posee una sabiduría secreta, inalcanzable.
Ahora hay una mayor cooperación entre el maestro y sus trabajadores. El aprendiz,
escogido por sus aptitudes manuales, su dedicación y su honradez desde muy
chico, pasa a ser con el tiempo un ayudante; de ahí puede llegar a ser oficial y, en
algunos casos maestros.
El proceso utilizado para la fabricación de una pieza varía según la técnica
empleada: puede ser filigrana, moldeo o estampe. Actualmente, la filigrana es la
más utilizada. Las fases de su producción son básicamente las mismas que se
utilizan desde hace 150 años. Tan sólo han cambiado los combustibles empleados
para la fundición así como las herramientas, anteriormente forjadas por herreros
locales. Este proceso consta fundamentalmente de cinco etapas: limpieza y
aleación; fundición y forjado; laminación y estiramiento; torcida, escarchado y
ensamble; soldadura y terminado.
La orfebrería momposina requiere habilidad y paciencia, lo que interesa es que el
individuo emplee no sólo sus manos sino también su ingenio y su imaginación
creadora para desarrollar una pieza. Para el reconocido y ya extinto maestro Luis
Guillermo Trespalacios lo que importa, más que aprender a manejar las
herramientas, es desarrollar la habilidad, el respeto y el gusto del operario por su
trabajo.
Materiales, diseño, significado y usos
El trabajo de joyería momposino es realizado básicamente en oro aunque
últimamente y debido a su escasez, ha sido en muchas ocasiones remplazando por
plata. Para la transformación del oro se han empleado básicamente tres técnicas: la
filigrana, consistente en la utilización de delgadísimos hilos para realizar figuras; el
moldeo para lo cual el metal fundido es vaciado en un molde de caracol marino con
una determinada figura; y el estampe que se logra al prensar una figura hecha en
un molde de acero, sobre una lamina de oro. Durante la Segunda Guerra Mundial,
el estampe fue una de las técnicas mas empleadas por los artesanos debido a la
llegada de extranjeros, en especial de Europa del este, interesados en comercializar
estos productos. Posteriormente y a causa del contrabando de joyería italiana de 18
quilates, los orfebres optaron por volcar sus energías a la filigrana.
La mayoría de los diseños de filigrana son tradicionales. Así, hay modelos como la
candonga y la esclava momposina que no se han modificado sustancialmente desde
hace quizá cien años. No obstante, cada una de las familias o talleres hace su
propia versión de este mismo modelo. Tales modificaciones afectan sólo el interior
de la pieza - la filigrana propiamente dicha- ya que el marco se corseva igual. En
algunas ocasiones, se encuentran diseños anónimos.
Comercialización e impacto cultural
Durante la colonia española la mayoría de los trabajos de los orfebres de Mompox
eran requeridos por la iglesia, para sus objetos de culto. Con el tiempo también
encomenderos y burgueses acaudalados se interesaron por las joyas momposinas.
Hoy día muy pocas obras de ese periodo se conservan, las guerras civiles del siglo
XIX llevaron a sus poseedores a fundirlas. En el siglo XX Mompox vivió algunos
momentos de bonanza, como en la época de la Segunda Guerra Mundial, cuando
hubo mucha exportación de joyas.
Aunque no ha vuelto a haber grandes bonanzas, los orfebres siguen trabajando en
sus talleres y vendiendo sus joyas sobre todo en su propia tienda, que es una
habitación a la entrada de la casa, junto al zaguán, donde la vendedora es la
esposa del maestro del taller. También comercian sus productos en el resto del país
y en el exterior.
Artesanías de Colombia, en consecuencia con sus objetivos de “unir voluntades
para lograr desarrollos sostenidos” y de conservar el valor de antiguas formas y
técnicas de las artes tradicionales, apoya a los orfebres de Mompós mediante varios
proyectos de carácter cultural y comercial. Así, contribuye al desarrollo de nuevos
productos que se adapten a los veloces y a veces radicales cambios del mundo
actual, y les da posición a las joyas momposinas en mercados internacionales.
Bibliografía
ARCILA ESTADA, Maria Teresa. 1998. Semana Santa en Mompox. En Revista
Colombiana de folklore. Patronato de Artes y Ciencias. Bogotá
ARIAS URIBE, Fernán. 2000. Cuaderno de diseño en joyería en Mompox
Bolivar y Santa Fe de Bogotá: etapa de producción. Artesanías de Colombia.
ARIAS URIBE, Fernán. 1998. Joyería de plata en Mompox - Bolívar, Quibdó Chocó. Artesanías de Colombia – Sena.
HORMAZA, Manuel. 1996. Ciudades de oro. Editorial Colina. Bogotá.
MUÑOZ, Freddy. 1997. Circulo de obreros San Pedro Claver: Desarrollo
integral de artesanos de Bolivar (audiovisual) Artesanías de ColombiaFundación Social.
1996. Mompox: Un trabajo tradicional que evoluciona con el tiempo
(audiovisual) en serie Administrando mi trabajo artesanal. Fundación Volvamos a la
Gente - Artesanías de Colombia.
RAMÍREZ MARTÍNEZ, Miguel. 1988. Artesanías Momposina. En Nueva Revista
Colombiana de Folclore (Vol. 1, No. 4)
TRIANA, Gloria, LOOK, Ann Marie. Mompox: El ocaso del oro y el barro
(audiovisual) En serie Yuruparí. Audiovisuales
TÉLLEZ CASTAÑEDA, Germán. 1994. Santa Cruz de Mompox. Colombia. GuíaCiudad Histórica. Colcultura.
Descargar