la salud de america y la alianza para el progreso

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PAGINA EDITORIAL
LA SALUD DE AMERICA Y LA ALIANZA
PARA EL PROGRESO
Vivimos una época que se caracteriza por el inconfomismo. Si en otros
tiempos el hombre aceptó carencias y males como frutos de un destino irremediable, como formas estructurales de su condición humana, hoy se rebela contra esas
carencias yesos males, busca incansablemente los caminos para superarlos y para
anularlos.
América, este continente que un gran pensador europeo llamó del porvenir, no podía permanacer ajeno a este afán de superación, y se unió en la Alianza para el Progreso, como conjunto de ideales para el mejoramiento del hombre
americano. La Alianza para el Progreso encara problemas económicos vitales, sin
cuya solución no sería posible cumplir sus fines. Así, entiende que el mejoramiento individual de nuestros hombres los convertirá en factores idóneos de producción
v, a la vez, en agentes de consumo, que al integrar grandes mercados, permitan el
florecimiento industrial de zonas hoy sumidas en el subdesarrollo económico. Busca
el bienestar efectivo del hombre y de la comunidad.
Todos los países americanos están deseosos y necesitados de mejorar sus
condiciones de vida, elevando sus niveles de cooperación que, siendo hoy altos y
en algunos aspectos ejemplares, dejan que desear en otros y pueden mejorarse
considerablemente. Pero de nada servirían nuestros ideales y nuestros afanes si las
ideas que hoy nos animan no se tradujeran en acción, en acción justa, humana, cordial. Por encima de las ideas abstractas, de las estadísticas, de los estudios científicos, está la realidad dolorosa de las mayorías latinoamericanas, sumidas en la
miseria, en la ignorancia y en la insalubridad, que son problemas comunes a los
países de esta región del Continente. N o se trata solo de cuestiones de gabinete,
de análisis fríos y de cálculos numéricos: se trata de dramas humanos de incalculable alcance, de un dolor sin medida que abate a nuestros pueblos.
Pienso que somos nosotros, soldados de la salud pública, los que debemos
tener jerarquía de prioridad porque somos los que mejor podemos comprender este
aspecto esencialmente humano de la Alianza para el Progreso. La Carta de Punta
del Este considera la salud pública como uno de los factores principales para lograr
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sus fines. Pero ese factor no ha sido valorado por algunos economistas que solo
manejan cifras o ideas abstractas. Es el contacto con el hombre, el acercamiento
cordial a sus problemas, la comprensión del drama individual de cada uno de ellos,
el que ha de darnos la medida de nuestra tarea, la tensión enorme de nuestro esfuerzo.
Y ese esfuerzo debe ser, tiene que ser mútiple. Desde luego hemos de poner
toda nuestra capacidad en la tarea urgentísima de formular programas realistas,
que puedan aplicarse en forma inmediata, para lograr que la salud llegue a las
zonas rurales más atrasadas y a los cinturones de miseria de nuestras ciudades,
para que en América no haya desheredados, sino hombres capaces de ejercer su
libertad dignamente.
Pero eso no será suficiente. Hemos de lograr que los economistas, los políticos, se acerquen al pueblo, no solo a través de las cortinas de cifras y estadísticas
que todo lo enfrían y mecanizan, sino a través del sentido de solidaridad cordial,
de hombre a hombre, de americano a americano, que es el ideal más bello de la
Alianza para el Progreso. Hemos de valorar todos los esfuerzos que se hagan en
este sentido, no como políticos, sino como servidores del hombre humilde de nuestra América, y no importa dónde ni cómo esos esfuerzos se hagan. Otros países se
han acercado al hombre y están ya recogiendo el fruto de esa tarea. No seremos
nosotros quienes lo vayamos a negar.
Dentro de la Democracia, nuestra guerra es contra la miseria, la ignorancia
y la insalubridad. Por eso proclamamos que nuestro esfuerzo tiene un carácter esencialmente pacífico, puesto que no está enderezado contra el hombre, sino, por excelencia, en favor del hombre. Permítanme ustedes, que, en tal virtud, recuerde
aquí la lucha del señor Presidente Adolfo López Mateas en pro de la paz, una paz
que es marco indispensable de progreso, y sin la cual no ten dría sentido nada de
lo que aquí nos reune en afán común de mejoramiento del hombre. El Presidente
López Mateas ha llevado su mensaje de convivencia al mundo, fundándose en las
tradiciones de mutuo respeto entre las nacíones-y ·de justicia social de la Revolución Mexicana. Justicia social, porque no habrá paz mientras subsistan las abismáticas diferencias entre los pueblos, mientras haya pueblos ricos y pueblos pobres.
Estos ideales humanistas de la Revolución Mexicana, lo decirnos con orqu110, informan gran parte del contenido de la Alianza para el Progreso. Fuimos los
primeros en América en realizar una revolución social y nos complacernos de que
ahora sea el Continente entero el que emprende ese camino. El ilustre Presidente
de los Estados Unidos de Norteaméríca.
[ohn F. Kennedy, creador de la Alíanza para el Progreso, lo ha entendido así; así lo expresó en su visita a México
adonde afirmó que nuestro país está gozando de los beneficios de nuestra Revolución y que el pueblo de Norteamérica es también fruto de una revolución. La
Alianza para el Progreso es la revoluci ón social constructiva que, realizándose,
marcará un rumbo nuevo al Continente Americano.
Por eso ponernos todo nuestro entusiasmo, todo nuestro esfuerzo en que los
ideales de la Alianza para el Progreso se lleven a 'cabo. Sabernos también, que todas las naciones latinoamericanas están ansiosas por dar fuerza y vigor a una
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cooperación leal, abierta, franca, que permita el mejoramiento integral de los hombres de América. Si nuestros recursos son limitados, ello no debe ser obstáculo:
es necesario que se inicien programas básicos de salud, de saneamiento, de dotación
de agua, de mejoramiento de la vivienda, de nutrición, etc., aunque sus alcances
sean limitados. Lo importante es que sean planes prácticos, de fácil desarrollo, que
contribuyan al bienestar general, sin sentarnos a esperar, mano sobre mano, la realización de grandes programas, que requieren recursos fuera de nuestro alcance
por ahora.
Estamos seguros de que ese es el camino: el de la cooperación franca, inmediata. Tenernos fe en América, fe en nuestro destino en la libertad, y confiarnos
por ello en nuestras propias posibilidades para alcanzar un destino luminoso.
JOSÉ ALVAREZ AMÉZQUITA.
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