Jorge Aravena Llanca

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Historia de las canciones a
Pichilemu
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ETIMOLOGIA DEL TOPONIMO PICHILEMU
A modo de preámbulo
Sé que se han escrito muchos libros sobre Pichilemu, uno de los
cuales, tal vez el más interesante, es el de Antonio Saldías González, que
como investigador tiene alerones en el corazón que lo mantienen, en la
altura, como un observador de amplio criterio y visibilidad y se transfiere
literalmente como ave de piedra, con el seudónimo don Antonio de Petrel.
Su obra se titula “Pichilemu. Mis fuentes de información”. Muy pocas veces
se encuentra un libro, desde el título, con investigaciones tan veraces; con
una ética singular que pocos escritores observan y conservan en sus trabajos.
Antonio Saldías González, en vez de escribir sobre él, sobre sus
pensamientos, deducciones y observaciones informa en el libro sobre los
escritos que ha utilizado para referirse a los hechos que narra. Un extenso
índice nos ubica prácticamente en toda la historia de Chile, de anotaciones
desde los primeros cronistas hasta las referencias actuales. Leído con
atención el libro contiene, no sólo la historia de Pichilemu, sino la de casi
todo Chile encaminadas, por supuesto, a entregarle al lector materiales de
investigación y análisis.
Después de su libro poco hay que agregar, sólo que se dirijan a él
los interesados en la historia de este pueblo que hoy es una ciudad, que
dentro del turismo de Chile ofrece las mejores vacaciones bajo el sol junto al
mar, en un entorno de tradiciones que trascienden ya al mejor anecdotario de
quienes lo conocen.
Se han publicado periódicos y revistas que han narrado la historia
de este balneario en forma amena y bien documentada como el libro de José
Arraño Acevedo “Pichilemu y sus alrededores Turísticos” y el recién
aparecido del mismo autor “Hombres y Cosas de Pichilemu” que nos reseña
la imagen humana de los más importantes personajes de la historia de
nuestro pueblo con una prosa inteligente, amena y por sobre todo educativa.
José Miranda Pérez publicó una revista sobre la historia del Club “Unión
Pichilemu” cuyo contenido, referente al football practicado en el pueblo,
nos entrega unas semblanzas humanas de profundo contenido afectivo e
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historias que forman parte de la vida atlética de todos los grupos deportivos
que tenía Pichilemu hasta hace pocos años. Otro libro que pertenece a Juan
Marcelo Mella Polanco “Historia urbana de Pichilemu” Origen y
crecimiento, ofrece, con un nutrido y útil contenido metodológico que
justifica y ampara plenamente el título, importantes datos sobre el desarrollo
de Pichilemu desde su nacimiento hasta nuestros días.
Nombramos también a otros inquietos intelectuales que se han
preocupado de Pichilemu: José Luis Arraño Acevedo, su hermano el
sacerdote Alberto Arraño Acevedo, Esteban Valenzuela Van Treek, Héctor
Orlando Henríquez y Orlando Arraño Urzúa; entre los poetas a José Vargas
Badilla. Sus obras lamentablemente no están en nuestras manos.
José Toribio Medina escribió por encargo de Agustín Ross en l908,
“Los restos indígenas de Pichilemu”. El historiador, académico y profesor
de renombre nacional, Feliú Cruz, también por encargo del empresario Ross,
le dedicó una investigación, pero fue Manuel Rojas gran personaje de la
literatura chilena, quien escribió las más amenas semblanzas pichileminas
en sus anotaciones “A pié por Chile” y “Chile país vivido”, humanas por
sobre todo, donde es el hombre el que alcanza relieves emocionales como su
Manuel Llanca, cuando de él dice: “entre seres de ojos negros y cabellos
obscuros, él tenía los ojos verdes y dorado el cabello, Llanca... ¿Es un
apellido indígena? También podría ser vasco...”.
Inspirados en Pichilemu encontramos además muchas voces de
poetas populares con sus décimas espinelas llenas de afecto y admiración.
Entre ellos sobresalió Ponciano Meléndez, que además de tener el mérito,
como escribiera José Arraño Acevedo, “de haber nacido en el pastoril y
tranquilo refugio de Nuevo Reino” fue también un gestor cultural, de
excepcional talento de las versainas del canto folklórico chileno.
Y sin que falte el más erudito, el más abundante y proficuo escritor
de Pichilemu, aunque dentro del tema religioso, el Cardenal José María
Caro, una de cuyas obras, quizá la más difundida sobre el tema y la más
vendida en la historia del libro de Chile fue “El Misterio de la Masonería,
descorriendo el velo” de la Imprenta Chile, año 1926.
Y ahora con la técnica moderna de las comunicaciones se puede
leer la página de Pichilemu en Internet, publicada por el Concejal
Washington Saldías González, ubicada entre las más afinadas concepciones
creativas, con sanos propósitos de difusión masiva internacional.
Sin olvidar un libro grandioso, al aire libre, tal vez el más
importante: las verde plantaciones de pinos que están recuperando la tierra
pichilemina gracias a CONAF y a la prosecución, con moderna visión
comercial, que ha proporcionado trabajo a muchos hombres nacidos en el
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lugar y viste al paisaje con su antiguo ropaje, espectante de belleza y
porvenir cubriendo de árboles, los valles y laderas de los montes antes
totalmente erosionados.
Mi primera intención fue dar estas referencias de libros para
inducirlo, a usted querido lector, a páginas escritas, nacidas desde adentro
del mismo territorio al cual nos estamos remitiendo. Téngalas presente.Yo
me limitaré a darle sentido a las historias de mis canciones que ahora son
bastantes conocidas y que para mí, no sólo son canciones, sino que tengo en
mi memoria las historias que las inspiraron, algunas en forma muy singular
y que fueron realizadas, válgame Dios, casi todas viviendo en otros parajes,
en algunos países muy alejados de Pichilemu, tan sólo con la imaginación
puesta en ese pueblo que ha sido siempre por mí, tan querido y que ahora es
tan añorado.
Pero para comenzar las historias, y que mi paso por estas páginas
no sean sólo referencias entretenidas, graficaré en este preámbulo un
conocimiento adquirido recientemente sobre la etimología de la toponimia
de la palabra Pichilemu, que está enmarcada dentro de una extensa y
profunda investigación, lingüística-histórica-comparada, que abarca todo el
territorio del Continente Americano; una atrevida investigación conceptuada
dentro de la arquelogía que cuando trabaja con otras ciencias, en este caso
unida a la lingüística-histórica, la genética comparada, la religión
sociológica, dentro del cuadro de la conquista de nuestro continente, logra
encontrar capítulos perdidos de la historia de nuestra humana americanidad
que por otros derroteros hubiera sido imposible conocer. Controvertida
investigación, por cierto, de hechos desconocidos hasta ahora o por lo
menos, si fueron conocidos, nunca escritos. Pido perdón por aventurar una
teoría para la cual me exigirán pruebas científicas que no tengo pues no
existen. ¿Quiénes son científicos cuando uno se refiere a estudios de
lenguas humanas del pasado? ¿Quién puede afirmar que la lengua no
evoluciona a diario, constantemente? y ¿qué sabio o científico está al día en
las palabras que diariamente el pueblo inventa? ¿Qué significan 500 años
para investigar el lenguaje humano?
Indagar lo que fue dejado de lado, por que no ofrecía dividendos
monetarios, fue siempre una tarea, no sólo de menor cuantía, sino casi del
todo desechada. Nosotros contrarios a estas formulaciones, nos planteamos
una búsqueda y la fundamentamos con seriedad, indagando con
responsabilidad y un profundo sentido humano; alineados con los que
estudian disciplinas emparentadas con la lingüística, cuyo nombre indica, en
general, al estudio comparado de dos o más lenguas, en su aspecto
sincrónico o diacrónico; con la filología como desde la antiguedad se
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designó a la ciencia que se ocupaba de fijar, restaurar y comentar los textos
literarios, tratando de extraer de ellos las reglas del uso lingüístico; en ambas
disciplinas está inserta, la ahora muy dejada de lado etimología -ciencia que
busca la verdad de las palabras- como se designó hasta el siglo XIX una
parte de la Gramática, cuyos límites coinciden, rudimentariamente, con los
de la moderna Morfología. La etimología popular (A. Volksetymologie,
volkstümliche Verkennung o Umdeutung), es el fenómeno que se produce
por “la tendencia a asociar a cada palabra un sentido determinado”. Esta
creación de significado se manifiesta por un trastrueque semántico o bien
por adaptación fonética de la palabra. En definitiva la etimología es la
ciencia que estudia el origen de las palabras o, en otros términos, la
investigación de las relaciones -formales o semánticas- que ligan una
palabra con otra unidad que la precede históricamente y de la que deriva.
Hemos obviado con el fin de hacer más ameno este trabajo,
concientemente, las palabras con significados técnicos comunes a la
lingüística y al desarrollo temático de la filología, las que requerirían, cada
una de ellas, largas explicaciones y de una lista de términos poco comunes,
difíciles a cualquier lector para que no tenga que remitirse a cada instante a
diccionarios especializados. Ha sido una decisión muy razonada.
Etimología de la palabra Pichilemu
En todos los diccionarios e inciclopedias en lengua castellana y en
el RAE, Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, la palabra
Pichilemu dice lo que ya todos sabemos: Pichilemu. Geog. Municipio de
Chile, en el Dto. de Santa Cruz, de la provincia de Colchagua. Dan cifras
de la cantidad de habitantes y una designación que la señala como:
balneario popular. La Enciclopedia Universal Sopena aun da señales que
sigue siendo un puerto del Océano Pacífico.
Naturalmente, los libros arriba mencionados, afirman lo mismo que
los primeros Diccionarios Araucanos, el de Fray Félix José de Augusta, el
de Rodolfo Lenz y el del Padre alemán Ernesto Wilhelm de Moesbach en su
“Voz de Arauco”. Estos últimos coinciden en afirmar: Pichilemu: lemu:
bosque, pichi: pequeño = pequeño bosque. Todos los diccionarios
posteriores repiten lo mismo. Walterio Meyer Rusca, Pablo Groeber, Juan
Grau V. y hasta los diccionarios argentinos sobre palabras mapuches, como
el de Esteban Erize, se remiten al de Augusta y al de Lenz, y sin opiniones
divergentes repiten la definición. El Dr. Juan Grau V. proporciona un dato
final más
actualizado: Pichilemu: (del map.: pichi = chico y lemu =
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bosque) Bosque pequeño. Pueblo, balneario y puerto de la Provincia del
Cardenal Caro en la VI Región. Y añade el dato: Hemos encontrado un
apellido.
Nuestras investigaciones
Junto con Pedro de Valdivia vino a Chile como soldado y
colonizador Juan Caro, sirvió bajo sus órdenes, a las de Hurtado de
Mendoza y Rodrigo de Quiroga. Fue también con Ruiz de Gamboa al
descubrimiento de Chiloé. En l575 aun vivía en Concepción. Es el primer
Caro que menciona nuestra historia. En el año de l690 en Concepción uno
de sus descendientes don Francisco de Caro, contrajo matrimonio con doña
Andrea Pérez, este documento “Origen” genealogías de familias chilenas
Santiago l983, nos da un informe que corroborado con los de José Toribio
Medina en su “Personajes de la Colonia” y en “Colección de documentos
Inéditos” nos acerca, con una ayuda informativa bien documentada a un
personaje al cual, por su importancia más que por su origen, se le han
dedicado muchas páginas escritas a diverso nivel, nos referimos al Cardenal
José María Caro, nacido en la hacienda San Antonio de Petrel comuna de
Pichilemu, el 23 de Junio de l866.
Al hijo del Capitán don Francisco de Caro, al joven Alférez Caro,
militar como su padre, las autoridades españolas le quitaron la encomienda
de indios por ser mestizo. El padre del Alférez, don Francisco se había
casado con una india mapuche y el nacimiento de sus hijos contradecía una
ley, nueva por entonces, de que sólo eran españoles los nacidos en la
Península y sólo ellos tenían derecho a poseer indios a su servicio en calidad
de encomenderos. En México esta ley tenía vigencia desde l556. Hasta ese
momento el joven Alférez Caro, igual que su padre, retrocediendo hasta
llegar al primer Juan Caro, pertenecía al grupo de judíos conquistadores que,
bajo el rubro de cristianos nuevos, buscaron en el Nuevo Mundo la “Tierra
de Promisión”, la “Tierra Mesiánica”. Históricamente fueron judíos ibéricos
casi todos los conquistadores peninsulares. El apellido Caro, muy
documentado, pertenecía a las más rancias y antiguas familias de rabinos
judíos que España erradicó hacia toda Europa y América a consecuencias
del fanatismo ejercido por las garras de la Inquisición.
En nuestro territorio los conquistadores judíos-ibéricos, sin dar
muestras evidentes de que lo fueran -sobre todo los mestizos nacidos de
indias y españoles- poco a poco, acosados por las autoridades aclesiásticas y
en una asidua práctica de las costumbres católicas severamente controladas,
abandonaron paulatinamente su anterior religión, sin poder olvidar
consecuentemente su potencial genético, acogiéndose a la nueva, la católica,
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sin perder por ello indicios cualificativos: apellidos, fisonomías, tradiciones,
costumbres en la forma de cocinar, de vestir, de practicar su ancestral
tendencia a lo místico y las observancias religiosas que completan en
nuestros días su panorama espiritual, inclusive, en la puesta en práctica de
su perseverancia religiosa católica imbuídas de las tradiciones místicas de
las religiones tanto islámica, judía como cristiana. Estas observaciones,
válidas para España y toda Latinoamérica, nos llevan a ratificar estas
documentaciones, al punto de afirmar que el plasma chileno es de diversos
orígenes, africano occidental: sahariano-tarteso-ibérico y mapuche; africano
oriental: semita-judío y mapuche y europeo: celta-godo-germano y
mapuche, contrariamente a lo que afirma Nicolás Palacios en su obra “Raza
chilena”, 1919. Los conquistadores judíos ibéricos, con estas ricas y
variadísimas mezclas raciales, fueron nuestros padres y dejaron su
descendencia criolla, como yerba buena entre araucarias, donde el rasgo
facial mapuche de nuestras madres aun se advierte, en viriles facciones de
inteligente serenidad, en nuestros rostros pichileminos.
El joven Alférez Caro, herido en su orgullo y una gran decepción,
con toda su familia se trasladó al centro del país, al territorio ya denominado
Colchagua. Ahí se les dió lugar para trabajar como compesinos a todos los
mestizos que con él venían, que sin duda se apellidaban Gaete, Herrera,
Hidalgo, Leyton, Morales, Lobos, Martínez, Sánchez, Mella, Méndez,
Llanca, Mora, León, Acevedo, Arraño, Pérez, Figueroa, Pavéz, Clavijo,
Lizana, Vargas, Vidal, Leiva, Cornejo, Cabello, Becerra, Barahona, Silva,
Maturana, López, Caroca, Parraguez, Galarce, Jorquera, Huerta, Castro,
Gómez, Labarca, Chacón, Liébana, Bravo, Díaz, Rojas, González, Osorio,
Polanco, Parra, Acosta, Acuña, Alfaro, Alcalde, etc., etc., y otros como Le
Caro, que terminaron casándose entre ellos y su prole, con un mosaico de
facies y de apellidos de todas las sonoridades, ascendiendo genéticamente,
sin retrocesos a la primera indígena sangre materna, lo que hace al
pichilemino no sólo parecerse entre ellos, sino que han adquirido rasgos
faciales muy definidos, lo que no es ninguna excepción pues este entrevero
genético lo revelan, maravillosamente, casi todos los pueblos chilenos donde
abunda la prole mestiza que es muy diferente a la de otras realidades de
Latinoamérica. Los apellidos de los pichileminos están calificados, por los
mismos estudiosos españoles sobre la Inquisición, su historia y sus
consecuencias dentro de la filiación de los judíos venidos, como cristianos
nuevos y con apellidos cambiados, al Nuevo Continente a descubrir,
conquistar y colonizar tierra americana. (Para esta referencia consultar a
Pere Bonnín “Sangre Judía”, Colección DEL VIENTO TERRAL.
Barcelona, España, l998)
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Fue reubicado este grupo en las propiedades de la familia
descendiente del conde de Lemus, que desde casi el comienzo de la
conquista emprendida por Pedro de Valdivia, hasta esos años, había
pertenecido a varios conquistadores cambiando repetidas veces de mano.
Muchos de estos datos y nombres de propietarios no están registrados en
ningún libro, pues el lugar en sí no tenía mucha importancia por carecer de
riqueza cuantitativa explotable de inmediato; y además podría bien estar a
nombre de un terrateniente, cosa muy habitual, entonces y ahora, para
ocultar la riqueza de la nobleza, de los políticos y de sus administradores. Al
lugar al que llegó el Alférez Caro, se le llamó posteriormente Ciruelos y los
nombres que los inmigrantes le pusieron, en primera instancia, a su nueva
patria coincide con sus, ahora, abandonados principios judaicos: Nuevo
Reino, entre otros.
Al primero que menciona la historia, que se le regaló el territorio,
fue a Juan Gómez de Almagro, el 24 de enero de l544 por Pedro de
Valdivia, junto con todos sus caciques llamados Topocalma, Palloquierbico
y Gualauquén -datos que da Toribio Medina, corroborados por Antonio
Saldías González en su libro “Pichilemu. Mis Fuentes de Información- que
debieron entregarle todos sus indios poromaucaes o promaucaes, para el
servicio y mantenimiento físico de los señores conquistadores. Poco tiempo
después Gómez de Almagro disputó el territorio con Antonio Tarabajano
sobre la pertenencia de estos caciques y de su prole.
Lemus, Lemo, Lemos, Lemuz, Lemur, Lemnos
Cuando el Conde de Lemus, o de Lemos, etc., lo adquirió o le fue
confiado a su nombre, seguía siendo un paraje hinóspito, sin riquezas, es
decir, oro que explotar. Carecía, por tanto, de interés para el conquistador.
Era un espacio cubierto por pequeños árboles, y se debió denominar a la
propiedad los “bosques de árboles pequeños del Conde de Lemus”. La
mención sobre el Conde de Lemus la encontramos en “Autores españoles”
de Gonzalo Fernando de Oviedo en su descripción y conquista del Perú, en
un estudio de Juan Pérez de Tudela Bueso. Sobre Pichilemu nada hay escrito
en los documentos de la conquista, sin duda a causa de la escasísima
población indígena que allí existía, datos que apunta José Toribio Medina en
su insólito, y casi increíble, informe “Pichilemu, restos arquelógicos”,
publicado y financiado a instancias de Agustín Ross en l908, en su intento
de darle al balneario, por él creado, relieve a nivel histórico y arqueológico,
factores de importancia científica que pudieran cualificar y cuantificar su
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empresa turística. Pero esta historia, de cuánto le pagó Ross a José Toribio
Medina, la entregaremos en otra ocasión.
Hasta aquí tenemos una de las palabras claves, Lemu, que en el
vocabulario mapuche hasta ahora ha significado bosque. La palabra bosque
resume de por sí una parcialidad de árboles. Pichilemu debió haber sido por
esos años una verdadera selva de árboles, si bien pequeños, una tremenda
selva, tal vez impenetrable, totalmente virgen, agreste. Allí los primeros
ocupantes encontraron un auténtico paraíso, pues como han dicho algunos
historiadores respecto a Chile, “ni el hombre ni sus cabras” habían
desforestado los bosques ni el manto verde de la naturaleza. Mal entonces
que la denominación se haya reducido tan sólo a una parcialidad como
indica la palabra bosque.
Nuestra opinión es que la denominación, cuando comenzó a ser
escrita en papeles administrativos de la colonia, se debió dirigir a todo el
conjunto por esa característica de ser pequeños o “pichis” los árboles ahí
existentes. Este apócope, pichi, de la frase, de “bosques de árboles pequeños
del Conde de Lemus”, es muy común, tenemos el caso ilustrativo de
Santiago de Nueva Extremadura, que se redujo a Santiago; Santa María de
los Buenos Aires, que quedó en Buenos Aires, y si seguimos con los
apócopes de San Santiago debemos decir que Santiago significa San Jacobo,
Jacobo es también Diego y Yago o Yiago y Jack. Si seguimos así no
terminaríamos jamás pues en España y en nuestro continente existen cerca
de 3.500 lugares con el nombre de este santo.
Lemus o Lemu, con sus variantes Lemo, Lemuz, Lemos, Lemur, en
Español y Latinoamérica es en la actualidad, sobre abundante como
apellido. En Argentina existen en la guía telefónica 70 Lemos, 26 Lemus y 1
Lemuz; en Quito, Ecuador: 37 Lemos, 14 Lemus; en Guatemala: 300
Lemus; en Costa Rica, San José: 8 Lemus; en Bolivia: 4 Lema y 8 Lemus;
en Las Palmas de las Islas Canarias: 1 Lemu; en Caracas, Venezuela: 15
Lemos, 3 Lemur, 37 Lemus; en México: 720 Lemus; en Panamá: 300
Lemos, 11 Lemus, 1 Lemur; en Madrid: existen Lema, Lemos, Lemur, y
contamos 15 Lemus; en Cataluña, Barcelona: 20 Lemos, 1 Lemur y 11
Lemus. Toribio Medina en su libro “Personajes de la Colonia” consigna a
un Fray Luis de Lemus, que vivió en Chile, de la orden de San Agustín
nacido en l620 y muerto en Madrid en l702. Francisco J. Santamaría en su
“Diccionario General de Americanismos” tiene consignado: Lemuyana.
(de Lemuy nombre de lugar. / Solanum tuberosum.) f. Nombre que en Chile
se le da a una clase especial de papas de la isla de Chiloé.
Esta palabra y sus variantes como apellido, es, supuestamente, de
origen vasco. Al primero que mencionan los archivos y único nobiliario es
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al séptimo Conde de Lemus, don Pedro Fernández de Castro (1556-1622)
fue colonizador y además el autor de “Historia del búho gallego con las
demás aves de España”. Era entonces la palabra lemus, en la época de la
conquista, sólo un título de nobleza, no un apellido. Su propagación -más en
latinoamérica que en España, tiene una multiplicación, por la cantidad de
hijos que se quiera, hasta donde alcance la fantasía- y da los mismos
dividendos, en criollos americanos, que todos los demás apellidos dejados
por los conquistadores a su mestiza descendencia.
Los testaferros
Una práctica habitual de las monarquías del mundo entero, de la
que no estuvo exenta la hispana, fue cobrar el famoso diezmo sobre los
bienes materiales, oro, plata y cuanta mercadería se embarcaba desde el
Nuevo Mundo hacia la Península, y el 10% de la tierra descubierta que
pasaba a manos del cofre secreto del rey de turno. Éste nombraba testaferros
y a sus nombres quedaban las tierras inscritas, esta práctica existe aun hoy
día. Sabemos de muchas de las fortunas y del modo de operar de nuestra
aristocracia, y que su calificativo de aristocracia, no es más que un escudo
protegiendo bienes que no le pertenecen y que fueron usurpados en el
pasado y con tanta astucia son conservados en el presente. Así el rey de
España, con la complicidad de los históricos aristócratas, sigue dueño del
10% de la tierra de cada uno de los países de Latinoamérica.
Por secretos reales y libros ocultos, manejados por la
administración monárquica, y por carencia de documentos administrativos
auténticos que pudieran certificar la veracidad de la pertenencia de la tierra,
a nombre del cual estaban, ante escribanos, con algunos documentos
secretos inscritas las tierras, muchos nombres, los verdaderos, no figuran.
Los libros registran nombres falsos. El Conde de Lemus bien pudo ser el
mayor testaferro de la monarquía española -la omisión de su persona y de su
historia es una constante que les cupo a muchos otros importantes jerarcas
administrativos de la corona- pues su paso por el continente, de acuerdo a la
descendencia dejada, está desparramada en toda nuestra geografía. Donde
estuvo dejó significativas huellas. Por esta causa nos vemos en la obligación
de buscar comprensión e incitar a que se continuen las investigaciones con
intensidad y mucha serenidad.
Los lemures
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Por ello -volviendo a nuestro dictado- agregamos que si no viniera
la palabra Lemus del apellido del mencionado Conde, ni del nombre de la
religión de Bálticos, Celtas y Romanos, la fonética no es mapuche, ni vasca,
ni siquiera castellana, podría provenir del griego Lemnos, nombre de una
isla al norte del archipiélago Egeo y por esos cambios de sonidos de los
diversos pueblos la “n” haya desaparecido y por lenición la “o” convertida
al latín en “u”. Los casos de lenición se dan con vocales y consonantes. Y
también es posible que la religión de los lemures haya llegado, o salido, de
esta antigua isla de la cual existen menciones hasta en ideogramas etruscos,
600 a.C., lengua que aún no ha sido descifrada.
Como nadie está exento de errores, más en lo tocante a palabras
insertas en la historia antigua, todos los parentezcos lingüísticos deben ser
analizados profundamente y con un extremo cuidado, pues siempre existirán
dudas en la medida que entramos en la oscuridad de nuestra civilización.
Pensemos que desde nuestro tiempo año 2003, estamos retrocediendo a la
conquista de Chile, Pedro de Valdivia, 1545; más atrás al descubrimiento
1492; a los años de las invasiones árabes en el 700 d.C.; visigodas-germanas
en el 424 d.C; a las de los ilirios; Celtas 600 siglos a.C. hasta llegar a los
10.000 a.C.de la llegada de los saharianos, habitantes del norte de África, a
la actual España, sur de Europa ¿o norte de África? Saharianos fueron en
España los tartesos e ibéricos; en Italia los Etruscos; en Creta la civilización
minoica, hasta la isla de Lemnos al norte del mar Egeo.
Empezamos desde los orígenes del mundo, del hallazgo
maravilloso del lenguaje donde la ciencia que la estudia comienza por el
hecho de que alguien se admire de lo cotidiano y natural, es decir, no que las
cosas en general tengan un nombre fue lo que causó asombro a los hombres,
sino que quisieron saber por qué llevaban precisamente ese nombre, en el
caso nuestro: la palabra Pichilemu. Es de esperar que los lectores no tengan
ahora la impresión de ser introducidos en un laberinto.
Mientras, nosotros nos quedamos con la espada de Damocles sobre
nuestras cabezas, pendiente de otras investigaciones más profundas que el
tiempo y otros estudiosos puedan entregarnos.
Tenemos otra palabra, que aunque no es de un estudio inmediato,
fue y ha seguido siendo consignada como de origen mapuche, nos referimos
a Topocalma nombre de un cacique y otra palabra importante, el recurrido y
tan mencionado nombre de poro o promaucaes: los indios de la región que
enmarca a Pichilemu. Más adelante daremos breves alcances sobre estas dos
palabras manejadas hasta ahora como autóctonas de la lengua mapuche.
Buscando la verdad, del ser de la palabra, nos hemos remitido a
RAE y este nos dice: lémur. (Del lat. Lemúres.) Género de mamíferos
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cuadrúmanos, con los dientes incisivos adelante y las uñas planas, menos la
del índice de las extremidades torácicas y a veces la del medio de los
abdominales, que son ganchudas, y la cola muy larga. Son frugívoros y
propios de Madagascar. // 2 pl. Mit.Genios tenidos generalmente por
maléficos entre los romanos y etruscos. // 3. fig. Fantasmas, sombras,
duendes.
Lemurias. (Del lat. N. lemuría) f. pl. Fiestas nocturnas que se
celebraban en Roma durante el mes de mayo, en honor de los lémures.
La Enciclopedía Universal Sopena, como es costumbre también en
los diccionarios extranjeros, en este caso españoles, repite lo mismo con
otras palabras para que no aparente ser una copia textual -copias que no
están ni penadas ni mal vistas-. Que todo diccionario copia a otro
diccionario es una verdad a todas luces.
Los caminos paralelos en este caso no existen. Los hallazgos son
accidentes, pero como dice un amigo mío, uno no los busca, ellos lo
encuentran a uno. Viviendo con el ojo avisor y en busca de explicaciones
bien definidas, dentro de los temas: religiones antiguas; historia antigua;
lingüística-histórica-comparada; etimología de pueblos mencionados por
Heródoto, Plinio el Viejo, en los mapas de Ptolomeo, Marino de Tiro el
fenicio y el geógrafo Estrabón, etc., sus ejemplos se juntan en lugares de
estudio, solitarios en espacios no esperados, no resumidos, a veces, en
grupos de familias.
Los Celtas
Ahora nos remitiremos al libro “LAS RELIGIONES ANTIGUAS
Vol. III”. de la editorial Siglo XXI. México, Buenos Aires, l992.
Se describe a los Celtas, como una rama occidental de los pueblos
indoeuropeos. Estos tomaron Europa central, según se desprende de las
investigaciones, como punto de partida de una rápida expansión que alcanzó
hacia el siglo X o el IX a.C. la Galia y las Islas Británicas y entre los siglos
VI y V a.C. a España e Italia. Este es el momento en que los Celtas entregan
a los romanos una descripción de dioses que formaban el panteón de los
bálticos y de todas las regiones por ellos conquistadas. Antes los
conquistadores asumían las religiones y las creencias de los vencidos, ahora
pareciera que no. Los romanos se limitan posteriormente a dar una lista de
todo ello traducida y condensada en teónimos latino.
Y aquí es cuando comienzan los desconciertos pues cada pueblo,
con su particular fonética, le da sonidos y semantización a las palabras de
acuerdo a su manera peculiar de entender los fonemas entregados en
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cualquiera de las formas de contacto cultural. Lo mismo en los diccionarios,
en el de Sopena, el Lemus de los vascos figura como Lemos.
Desgraciadamente para nosotros, el cristianismo ha borrado en su mayor
parte el sentido original de los términos, con el que el nombre conservado,
en estas lenguas antiguas, viene a significar las conveniencias particulares
de sus intereses. Así los lemures pasaron a ser, como grupo religioso para
los romanos, primero unos enanos malditos y eróticos cargados a los rituales
del infierno, luego feroces y despiadados que se metían como sabandijas
hasta en la piel. De ahí que la palabra, lemures, venga a significar también
una pequeña garrapata, ladilla que se incrusta en lugares especiales y
sensibles de la piel humana o un animal extraño provisto de garras incisivas
que todo lo despeña.
Pero cuando los Celtas invadieron España muchos de ellos
practicaban la religión de los lemures; del interior de sus regiones viajaban
con sus recuerdos y creencias transmitidas oralmente pero aplacadas en sus
costumbres y se denominaron, a sí mismo los que la practicaban, lemures; la
llevaban como un culto de sus ancentros y la vinculaban, a nivel familiar, a
la veneración de lares y penates. Los semitas hispanos fueron y siguen
siendo seres llenos de complejos –ya veremos por qué- copiaban estos
nombres adjudicándoselos como patronímicos de alta alcurnia, hasta que la
palabra quedó en Lemus, Lemos y las otras variantes que arriba
consignamos, y el que la obtentaba pasaba por ser un descendiente de un
Celta y no de africano o judío, mirados a menos, y como fue el Celta un
poderoso conquistador, dominador pero a la vez un profundo civilizador,
pasaron al olvido las diversas significaciones peyorativas que esta palabra
entrañaba desde tantos siglos atrás.
Después los españoles practicarían lo mismo con palabras
germánicas cuando los visigodos conquistaron la península allá por los años
424 d.C. -llegando a ser, hasta la invasión árabe 700 d.C.- los dueños de
todo el territorio de la entonces llamada Hispania. Nunca el conquistado, por
ejemplo, en este caso los habitantes de la península ibérica, cuyo territorio
fue, en el neolítico, ocupado por los saharianos del norte de África; por los
Celtas en el norte hasta Galicia y parte del País Vasco, hasta los Pirineos;
invadida 800 años a.C. comercialmente por griegos y judíos fenicios; 200
años a.C. por los judíos cartagineses; luego por los romanos; luego por los
vándalos; los ilirios, luego por los visigodos-germánicos, y posteriormente
por los árabes en el 700 d.C., fueron los nombradores de su territorio sino
sus invasores, aseveración que demuestra la diversidad de palabras en la
Península Ibérica de origen de los pueblos antes mencionados.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
La importancia de estas invasiones en la Península Ibérica es que
todas estas corrientes humanas, con su diversidad de lenguas, venidas de
alejados lugares geográficos, le dieron un cambio absoluto y penetraron en
todos los dialectos que ahí se hablaban al punto de crearse otra lengua con el
conjunto de ellas: el castellano. El castellano es una corrupción de todas y
de cada una de las lenguas que llegaron con los invasores, principalmente,
en cantidad, la de los romanos: el latín.
Para ratificar con significativos ejemplos diremos que la palabra
España, tuvo y tiene muchas grafías: Hespania, Spania, Hispania, Spanna,
Spanien y es de origen judío-fenicio y significa conejo. Que Madrid
significa reunión y proviene del africano bereber; que Andalucía proviene
del visigodo-germano: vándalo, al cual los árabes le añadieron el artículo
al-andaluz, para terminar siendo Andalucía; Portugal es puerto de los
galos, o puerto de gallos. Seguimos por el camino abierto por la lingüísticahistórica casi en un punto fronterizo con lo desconocido. Esto mismo
sucedió en el Nuevo Mundo, no fue el aborigen el nombrador de su
toponimia, y si la tenía nombrada antes de la llegada de los conquistadores,
éstos la ignoraron por que los términos no coincidían con sus conocimientos
e intereses económicos por ello no le dieron importancia en lo más absoluto.
Pero a lo que hay que darle relieve y decirlo en voz alta, gritarlo tal
vez para que no se registren equívocos a lo largo de todo nuestro
Continente, es que el llamado indio americano conservó su lengua, conservó
todas sus lenguas, que siguen creciendo, hasta el día de hoy, defendiéndola
con hachas, piedras y mordiscos, aunque es lamentable que se mantengan en
la actualidad bastante corroídas por el castellano y en algunos países de
Latinoamérica, lastimosamente, en franca retirada. El conquistador judíoibérico, insistimos, fue el verdadero nombrador de lo que conquistaba.
De no haber sido así, los habitantes del Nuevo Mundo serían el
único caso en toda la historia de la humanidad, que siendo cruelmente
vencidos, casi exterminados, no sólo conservaron sino que siguieron
nombrando su territorio. Que siendo vencidos -valgan las redundancias- sus
habitantes autóctonos, éstos hubieran conservado y seguido dándole
nombres al territorio que habitaban, pero que ya no les pertenecía y que hoy
comparten en minoría, con el rigor de la fuerza con los depredadores
llegados de Europa: sus vencedores.
La palabra Pichi.
El objeto de estas páginas es proporcionar material de
investigación, aunque parcial, para la supuesta etimología mapuche en la
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
toponimia del territorio chileno, específicamente en el de Pichilemu. Ahora
nos estamos remitiendo a una sóla palabra, Pichilemu, lo que imposibilita
una rápida, por lo breve, comprensión y aceptación de nuestra tesis, pero
cuando se advierte, que no es sólo una, sino centenares los topónimos, que
en el Continente Americano y en Chile, pasan por ser indígenas,
comprendemos y nos acercamos a la verdad, de que son de origen africanosemita-judío e indoeuropeos e impuestos por los conquistadores por razones
obvias: desconocían las lenguas de los aborígenes y desde la altura
valorativa de su civilización era una vocación el menoscabo a otras culturas
abajo de su nivel; la imposición de justificar todo con sus principios
religiosos; la invocación de un Dios desconocido por el aborigen que no le
daba lugar a obtener concesiones; seguían las costumbres de los guerreros y
las civilizaciones antiguas de darle los nombres de sus dioses, de sus reyes y
los suyos propios a lo conquistado; porque con los topónimos se utilizó un
medio sincrético de dejar huellas y señales para que comprendieran los que
venían detrás quién era el que había estado antes y confiara en que sería
ayudado; y la comprensión de que la única revitalización de las lenguas, en
este caso también los topónimos, proviene de la hegemonía política, del
dominio tecnológico y capacidad renovadora que eso lleva consigo. Todo
esto los conquistadores judíos-ibéricos, llamados comunmente españoles, lo
pusieron en práctica en el Nuevo Mundo.
En casi todos los topónimos definidos en Chile como indígenas se
repiten con frecuencia fenómenos idénticos o similares. Lo difícil son los
casos aislados al margen de fichas familiares y que no reiteran hechos
lingüísticos notables en las primeras apreciaciones, sino que sobresalen en
virtud del aislamiento, pero a veces, por el mismo aislamiento, algunas
palabras ofrecen al estudioso un caudal de datos recuperables por semejanza
o a veces por mera instuición, técnica nunca despreciable cuando es mucho
lo que se ha comparado, estudiado y leído.
Pichi es un término que en todos los idiomas indoeuropeos
significa pequeño. La raíz PIK, PICK o PIT debe de haber resultado, en el
génesis de las lenguas, expresiva de la idea de pequeñez y ha dado lugar a
piccuinnu, español: pequeño; portugues: pequeno y PETTITTUS francés,
catalán. Y provenzal, PETIT, que dió al argentino PETIZO, a las
postemillas pique, y a los pequeños árboles de los bosques de Pichilemu y
de otras zonas de Chile, nunca se ha dicho de qué especie, pichi,
Del latín tenemos: pisinnus, que nos acerca también a pequeño,
pero advertimos la pitis y pikes y pischi que va a dar a picha, la que llega en
Chile a pichula, que es el pene que también está en la familia de las
deformaciones fonéticas por que significa “algo que pende”. De ahí que
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Historia de las canciones a
Pichilemu
cuando las mamacitas le toman a su pequeño hijo la “cosita pequeña” que
cuelga -en un principio la religión prohibía dar el nombre propio a todo
aquello que pudiera ser pecamino- y le piden al niño que haga una pequeña
orinadita, le dicen ¡pipí! o ¡pichí, pichí!, ¡un poco, poquito; pequeño,
pequeñito! Así todo lo poco es pichi hasta a la persona que es baja de
estatura, y a los niños, se les dice en Italia pichi; en Chile a las personas de
baja estatura se les dice chicos, que en definitiva también es pichi. Las
madres son las primeras nombradoras, las transmisoras de las palabras hasta
llegar a entregar la lengua, la primera de los niños, y cuando sus hijos
comienzan a moverse comentan que hacen pininos en donde también
encontramos la raíz pi. Las madres mapuches orgullosas de las deferencias
que el conquistador tenía con ella, por ser madre de un hijo suyo, se
esmeraban en educar al niño a semejanza de su padre entregándole como
primera propiedad las palabras de una nueva lengua que ella misma estaba
aprendiendo. Comprendemos en lo dicho el caso del cacique Lautaro, a
quien tanto le sirvió el hablar castellano para entender la psicología de los
conquistadores, según nos afirma en La Araucana, el tan elogiado don
Alonso de Ercilla y Zúñiga.
El padre alemán Ernesto Wilhelm de Moesbach en su libro: “Voz
de Arauco” nos entrega 22 palabras que tienen la raíz pichi.
Quien nos señala mayor cantidad de palabras con la raíz Pi es
Rodolfo Lenz en su “Diccionario Etimológico de las voces chilenas
derivadas de Lenguas Indígenas Americanas”, Universidad de Chile,
Seminario de Filología Hispánica, l977. Son 92 términos entre los que
incluye “picunche,-I.m.-el indio chileno del norte; en tiempos de la
conquista eran los del Centro del país, más tarde los que quedaban al norte
del Bíobío, hoi son los collipulli i alrededor, cp, “huilliche”, “mapuche”,
etc. / 2. adj. Lo que refiere a esos indios; su dialecto, etc. Variante: picón,
jen. Plur. Picones”, y los hace derivar de escritos de “Oviedo IV 268, de
Barros Arana I 187, Medina 90, Ercilla. Esta inclusión de Alonso de Ercilla
es por la “Araucana” y bien sabemos que este poeta recibió palabras y
nombres de los más viejos conquistadores en los que se basó para la casi
completa transcripción de los nombres indígenas araucanos para completar
su famoso libro. El inicio de todo esto, insistimos, los conquistadores
debieron haberlo aprendido por vía oral iniciado por el tan mencionado
mapa topográfico del padre Gregorio Molina el Almagrista.
Acercándonos aun más, Rodolfo Lenz anota en “1064. Píchi, m.-n.
vulg. De armadillo, según MOLINA Dasypus quadricinctus. En la edición
castellana de MOLINA 474 se dice “los picos”. No sé si el nombre pichi se
usa en alguna parte. ETIMOLOJIA: Es posible que sea un nombre indio. II.
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Historia de las canciones a
Pichilemu
Píchi, m. –según Carvallo 25 es otro nombre vulg. Del pajarito “loica”
Sturnella militaris. ETIMOLOJIA: Hai una palabra mapuche, Febrés, pichipoco, cosa poca i pequeña, chiquita de la cual podría venir el nombre; pero
es más problable que sea un sinónimo, tal vez por el grito”, etc., hasta aquí
Lenz.
El padre Cristóbal de Molina el Almagrista.
Obra conocida: “Conquista y Población del Pirú; Fundación de algunos
pueblos; Relación de muchas cosas acaecidas en el Pirú”.
El padre Cristóbal de Molina, El Almagrista, fue el primer cronista
de nuestra historia. Vino a Chile con Diego de Almagro, junto a otros
religiosos: Antonio de Almarza, el Licenciado Guerrero, Rodrigo Pérez, y el
Presbítero Bartolomé de Segovia, todos ellos mercedarios.
Que la raíz pic deriva de un sonido indoeuropeo, donde tiene el
mismo sentido y las mismas derivaciones de lo pequeño, no nos cabe duda.
Nos basta con repasar a Francisco Santa María en su “Diccionario General
de americanismos” para ampliar nuestro conocimiento sobre dicho vocable.
Ésta es la razón que se encuentre desde México hasta el Perú, en variados
vegetales, árboles, plantas, animales, insectos, indios, etc. Y todos con la
característica de pequeñas cosas o pequeños seres. Con la ampliación de la
conquista, de norte a sur, fue generosamente desparramada a los últimos
confines hasta llegar finalmente a Chile.
Mi versión es que la palabra PICHILEMU contiene dos vocablos
de origen indoeuropeo, pues Lemur, Lemus o Lemnos, proviene de los
bálticos a través de los Celtas que eran indoeuropeos y pichi es una
deformación del latín, por igual indoeuropeo, PISINNUN con la raíz PIK o
PIT, palabras registradas desde hace mucho tiempo, miles de años, y por los
lingüistas y gramáticos, desde antes del descubrimiento de América. Esto
llevado a la toponimia no nos resulta extraño considerando que de los
ibéricos, que llegaron a nuestro continente, la mayoría no sabía leer ni
escribir. Eran soldados, agricultores y artesanos que sólo codiciaban los
metales preciosos e ignoraban el significado incluso de lo que nombraban,
pues el nombrador, compañero de conquistas y aventuras, había sido, tal
vez, de otra región del sur de la hispania, en donde el habitante de un pueblo
no entendía el dialecto del habitante de otro pueblo, aunque fuera cercano,
por la inmensa diversidad de dialectos existentes por entonces en la
Península Ibérica. Así los Adelantados, Conquistadores y Encomenderos
-todos con mayúsculas- sin entenderse ni siquiera entre ellos, las
denominaciones toponímicas, por uno de ellos colocadas, por ignorancia se
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
las abjudicaban a la lengua de los indígenas y muchas otras veces con
propósitos, a sabiendas la mayoría, llenas de un malvado sincretismo.
Por tanto afirmamos que la palabra Pichilemu no es de origen
indígena. Digo claramente, de los indios que habitaron y aun habitan nuestro
territorio, y que ahora son nombrados como mapuches chilenos, y repito que
estos indios incorporaron la palabra de los conquistadores, como tantas
otras a su lenguaje donde permanece y de donde es extraída como legítima
por los estudiosos de su historia, de su lengua y sus costumbres.
Hacemos nuestras las palabras de Luis Enrique Délano cuando dice
que los que “sufrimos a Chile, lo sentimos y lo admiramos como un país
grandioso y entrañable.
Lo sentimos como elemento natural a la vida de todos los pueblos
del mundo, y sabemos muy bien que lo complejo de su extraordinaria vida,
que lo disímil de su densa existencia, que lo soterrado de sus grandes
poderes espirituales, no puede someterse al capricho de un cúmulo de
páginas más o menos simpáticas, más o menos bien intencionadas, más o
menos cordiales de información, de crónica o historia cariñosa, tan sólo para
agradar. Por esto y mucho más es el afán de penetrar y desentrañar, ahora
podemos hacerlo sólo en parte, los misterios de la etimología de nuestra
toponimia. También que no olvidamos que con sólo el conocimiento
lingüístico -necesitamos a la historia, a la arqueología y a las nuevas
técnicas del estudio de la genética comparada- no es posible acceder a los
secretos de las viejas costumbres de las lenguas inmersas en una pegajosa y
abigarrada telaraña de contracciones, hiatos, lexicográficas, y que se puede
fracasar, risueñamente, por falta de una metodología adecuada. Pero
volvamos al centro de nuestro tema.
El verdadero nombrador del territorio chileno, desde Copiapó hasta
el Maule, fue el cura Cristóbal de Molina, como apuntamos arriba, que llegó
con Almagro el descubridor, que además de músico era el topógrafo oficial
de la primera invasión al territorio que nombraron Chile. Después acompañó
en la segunda expedición al analfabeto Pedro de Valdivia, a quien le
escribía, hasta las cartas otro nombrador, aunque menor, Juan de Cardeña o
Cárdenas.
Cristóbal de Molina levantó un mapa de todo el territorio desde
Copiapó hasta la orilla norte del río Maule. Por este trabajo el cura alegó
ante el rey que sus favores hacia la corona habían sido importantes y se
merecía algunas atenciones por su vejez y delicado estado de salud. Nunca
se ha encontrado este mapa, aunque el historiador Barros Arana, da pistas
de quién lo tiene en España en los archivos secretos de libros sobre los
primeros cronistas del descubrimiento y la conquista. El libro permanece
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
oculto. Con el desciframiento del mapa de Cristóbal de Molina, sabríamos la
etimología verdadera de casi todos nuestros topónimos y nos animaría a
darle veracidad y verdadera credibilidad a todos los existentes en el
Continente Americano. Comprendemos las razones de su peligrosidad si se
publicara algún día. Para mayor abundamiento sobre este tema remito al
lector a Luis Enrique Délano en su escrito: “Mapas de Chile”, inserto en el
libro “Autorretrato de Chile” de la editorial Zig-Zag. 1957. Santiago de
Chile.
El topónimo Pichilemu, según consigna Juan Marcelo Mella
Polanco en su libro “Historia Urbana de Pichilemu, origen y crecimiento”,
como designación de lugar con población relativamente estable, sólo
aparece en un informe de l872 del capitán de corbeta Francisco Vidal
Gormaz, respondiendo a órdenes de Aníbal Pinto, Ministro de Guerra y
Marina del Presidente Errázurriz Zañartu, que le había encomendado el
reconocimiento de la costa de Colchagua.
Topocalma y Poro-Promaucaes
Para terminar nos falta dar dos últimos ejemplos de la toponimia
pichilemina. Uno de índole muy claro en su comprensión, el nombre del
cacique Topocalma, donde encontramos, del griego topo: topografía, y
calma que no necesita explicación. El otro, con un contenido sincrético y de
oscura comprensión, es la palabra con que se designó a los aborígenes del
territorio pichilemino. Con muchas variantes lo escribieron los recopiladores
y gramáticos, alemanes y chilenos, de la lengua indígena mapuche:
poromoacaes, purumauscaes, poromaucaes, promascaes, promaucá,
promocaes, promaucaes. Poro o pro es un pronombre griego y maus, en
germano, significa ratón; en latín caes es caecus, -a, um (ant. Irl. Caech;
got. Hails; sánscr. Kékarah), adj., ciego; invidente, que no ve: ratón ciego,
se explica: murciélago por que peleaban atacando de noche. En definitiva
fue el cura veedor y topógrafo real Cristóbal de Molina, quien
sincréticamente, burlona y despreciativamente, o por orden superior,
nombró a los habitantes del territorio chileno: mapache una variante de
perro salvaje en lengua vasca, dió mapuche; reitero, murciélagos a los
promaucaes por su costumbre de pelear de noche; a los chillanes por atacar
chillando; a los maulinos maul, que significa hocico, las fauces de un perro
rabioso, y es palabra de origen germano, porque peleaban a los mordiscones.
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Historia de las canciones a
Pichilemu
Maule, dió derivaciones en todas las formas gramaticales: al río, a la
comarca y a toda la gente de la región. Este nombre es un topónimo en
España, es el de un pueblo del norte, vasco, y es por las mismas razones
antes expuestas, copia de una palabra despreciativa, aun hoy día, en el habla
común germana, sin saber los vascos su explicación copiaron el vocablo, tan
sólo porque lo empleaban los fuertes y nobles señores que los conquistaron.
Hasta en Inglaterra existe un noble de hocico trompudo: Lord Maule.
Este caso se repite entre todos los pueblos vencidos y conquistados:
en Uruguay los indios churruas y en Argentina los chacos son en vasco
nombres del chacal, un perro salvaje; en Bolivia los haymaras, haymarás,
aimaras, guaimarás, etc., es el nombre de un perro cazador alemán, el
Weimaraner, pronunciado la doble “w” como “gua” costumbre inglesa y
española, en Inglaterra es el Deutscher Kurzhaar Pointer.
Otro caso entretenido es el nombre de la iguana ese animal
espantoso que vieron los conquistadores desde el primer viaje de Colón. Les
pareció serpiente o dragón, a un tiempo terrestre y acuático; pero bien
pronto vieron que era inofensivo y que su carne era comible y sabrosa.
El nombre que le pusieron fue el de Yuana, o sea Juana en
ortografía moderna que por la pronunciación tanto de los nativos como los
de -¡vaya a saber de qué región de la península eran los otros ibéricos!- dio
iguana, en forma definitiva como conocemos en la actualidad a este
gracioso animalito; lo que fue gran desacato, si en ese ser de apariencia
horrible y de majestad ridícula, quisieron recordar a la reina doña Juana,
sobrenombrada la Loca, a quien de nada le sirvió su boato regio.
Con la mayoría de los incultos y despreciativos ibéricos pasó lo
mismo en repetidas ocasiones en que tuvieron el poder de decidir el nombre
de una tribu, de una lengua, territorio, seres animales o vegetales. Por
ejemplo: en el norte de Chile existió el grupo de los Diaguita también
catalogados por Antonio Tovar como Calchaquí. Diaguitas no es más que
el nombre del conquistador Diego de Almagro, estos indios le pertenecieron
al “turnio”, así era llamado Almagro, por derecho de conquista; y
Calchaquí no es más que Karl en germano, Carlos en castellano; y chaquí,
en vasco el perro salvaje, el mismo que apuntamos como chaqueño: los
perros de Carlos V.
Los ibéricos prolongaron, con abuso, la costumbre de bautizar con
nombres arbitrarios, y con frecuencia ofensivos, a las agrupaciones
indígenas que encontraban en Centro América: los Motilones, que significa
los pelados; los Comemocos, los Orejones, los Corcovados, los
Pampanillas, los Pintados, los Tiznados, los Alcoholados, los Cocinas,
los Salivas, los Mosquitos, los Comechingoles en el sur, los Sacamecas en
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Venezuela, etc., etc. Así no nos sorprende encontrar en Chile la variedad de
nombres despectivos que arriba hemos anotado.
Como último ejemplo. El ejercito chileno creó un regimiento
ubicado en Buín, estación por la que pasaba el tren que iba a Pichilemu.
Buín es el nombre de un perro famoso: Windhund, la “w” pronunciada
como “b”, o “guin” la traducción literal nos da viento-perro, y es el
nombre del mejor perro cazador de zorros, conejos y liebres. A los indios de
la región de Buin les llamaban cazadores de liebres porque eran como el
viento de rápidos para la caza, la misma imagen que han tenido de sí los
militares del nombrado regimiento. Ampliando el análisis: a la “W”
germana los españoles le dieron el sonido de “b”, “v” y de gua-e-i-o-u, por
lo que Buín nos suena igual Guin.
Añadimos ya sin sorpresas que la mayoría de los confeccionadores
de diccionarios mapuche fueron alemanes: p. Félix José de Augusta; p.
Bernardo Havestandt; Walterio Meyer Rusca; p. Ernesto Wilhelm de
Meosbach; Rodolfo R. Schuller; Wilhelm Koppers; M. Gusinde y el más
proficuo Rodolfo Lenz. Los de origen español han sido pocos y sus obras
han alcanzado menor difusión que los nombrados. El interés por los
misioneros alemanes que vinieron al territorio chileno, desde la conquista,
alcanzó notoriedad en l906, por la difusión de la Revista Internacional de
Etnografía y Lingüística que publicaba un tomo por año de más de mil
páginas dirigida por Wilhelm Schmidt.
Carlos V los Fúcares y los Bélzares.
¿Por qué tenemos, en nuestras lenguas indígenas, términos
germanos, latinos y griegos que separados designan un objeto no
emparentado y con la unión de dos o tres de sus palabras, siendo ellas de
distintas lenguas, nombran otra cosa, cuando en cada una de sus lenguas
tienen definido muy claramente su significado como es el caso de los
primogénitos aborígenes de Pichilemu: pro-mau-caes?
Brevemente. Porque el territorio actual de Chile, el rey Carlos V, se
lo vendió a la banca del judío alemán Jacobo Fugger, llamado por los
españoles Fúcares, a quien le debía mucho dinero por los préstamos
otorgados por el banquero, con los que él como rey financiaba sus continuas
guerras. Y se planeó entre el rey Carlos V y Jacobo Fugger, en 1530,
actuando de albacea el alemán Vido Herll, una capitulación “para el
descubrimiento de las islas y tierras que hay desde el Estrecho de
Magallanes hasta Chincha en el Perú”, y llevar colonizadores germanos a
esta nueva región.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Por ello los nombradores, casi todos sacerdotes, que eran veedores
del rey y a la vez improvisados topógrafos como el padre Cristóbal de
Molina, manejaban diccionarios de palabras germánicas, lengua que no
conocían y que al pronunciarla o escribirla deformaban su fonética de tal
manera que su estudio y comprensión hoy día es sumamente complicado,
pero que un requisito impuesto por célula real los obligaba a manejar, así
mismo otros diccionarios de lengua griega y latina. Ésta última sí la
hablaban, la escribían y la leían sin duda todos los eclesiásticos que vinieron
al Nuevo Mundo.
Para mayor comprensión. La misma banca de los Fúcares había
financiado la conquista de la actual isla de Santo Domingo para colonizarla
con alemanes pero tuvo un rotundo fracazo. Posteriormente la banca judía
alemana de los Welser, llamada por los hispanos Bélzares, recibió, por los
mismos motivos, el endeudamiento del rey ante sus créditos impagables, el
actual territorio de Venezuela, con el mismo desastrozo final. En esta
empresa de Venezuela, el hijo del banquero germano Welzer, fue ajusticiado
de forma que aun hoy en día la sola mención de su muerte es terrorífica.
En un nuevo intento colonizador el banquero Fugger financió la
conquista del Perú, emprendida por Pizarro y Almagro, en cuyo contrato el
nombrado cura Luque, “el loco”, fue tan sólo un palo blanco, siendo a la
sombra, el verdadero testaferro de Fugger, el Licenciado Espinosa, que
murió en el Perú mientras gestionaba uno más de los pagos de esta deuda
con los conquistadores Pizarro y Almagro. En las mismas condiciones, entre
el rey Carlos V y Fugger, realizó Almagro el descubrimiento y después
Valdivia la conquista del territorio chileno. Pero en medio de la temeraria
empresa, al poco tiempo, el banquero Fugger, ¿olió desde lejos la fiereza de
los araucanos?, desistió de ser colonizador dejando a Valdivia y a todos sus
compañeros cesantes. De ahí nacen las quejas del cura C. de Molina y de
don Pedro en sus cartas escritas, para éste último por Cárdenas, al rey
solicitándole favores por tantos servicios prestados, que no beneficiaban ya
al empresario sino al propio rey. Estos datos están consignados por José
Toribio Medina en la Colección de documentos Inéditos para la Historia de
Chile l518-l818, página 221, tomo III, de la Imprenta Ercilla, l889, tomados
por nuestro fecundo historiador y polígrafo del Archivo de Indias, Patronato
1-2 1/28.
Epílogo.
Con cientos de otros topónimos ocurrió lo mismo, empezando por
la palabra Chile, que tiene, según José Toribio Medina, 4 ó 5
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Historia de las canciones a
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denominaciones: otro misterio que pronto intentaremos revelar. Después el
sabio chileno, me refiero a todos los nuestros, siguió en la misma operación:
repetir, sin indagar en las diversos dialectos que tenía cada uno de los
diversos pueblos de donde procedían los conquistadores; y así, ellos,
nuestros sabios, se encargaron de rematar la comprensión del indio que
boquiabierto escuchaba topónimos, supuestamente de su lengua, sin
comprenderlos y los aceptaba todos, siempre que fueran acompañados, en
este caso los topónimos y otras bárbaras acciones de despojo, de un “buen
trago de cualquier alcohol” que con tal que embriagara ya era regocijante y
hacía bajar las lanzas; y a todo lo demás, de carácter débil y de difícil
comprensión, no le opuso el indio resistencia. Mientras no le quitaran su
preciada tierra, se avino y se acostumbró a nombrar su habitat con
topónimos extraños, recién llegados a su oído y a su propio territorio -al
recién descubierto y conquistado territorio chileno- de el que diría
posteriormente la historia: Chile les pertenecía desde tiempos inmemoriales
y fueron ellos, los indios mapuches, los nombradores de todo cuanto existía
en la larga y angosta faja de tierra que conforma a éste, nuestro país llamado
Chile, palabra cuya significación, a ciencia cierta, tampoco hemos sabido, ni
nadie sabe hasta ahora como explicarla. Aunque confiamos que un día, no
muy lejano, daremos pruebas de su verdadera significación.
No obstante el nombre Chile y su hermoso sonido, ¡Chile, Chile!,
mientras esté dentro de Pi-chile-mu, lo seguiremos considerando una
hermosísima, elocuente, admirable y amada palabra.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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BREVE ANALISIS POETICO
SOBRE EL CANCIONERO POPULAR Y FOLKLORICO
DE LATINOAMERICA
En este capítulo el lector encontrará un breve estudio de las formas
poéticas más comunes en las canciones de todo el ámbito, popular y
folklórico de Latinoamérica, desde México hasta Chile. Al no anotar en un
pentagrama las melodías de las canciones a Pichilemu, como hubiera sido
nuestro deseo, nos remitimos modestamente a que se reconozca, con poco
esfuerzo, el estilo poético de cada una de ellas como un alcance
metodológico y práctico, dentro de las fórmulas académicas, que pretende
tener este breve estudio de la composición poética a nivel popular.
En todos los países de Latinoamérica, cada uno de sus pueblos se
expresa dentro de las particularidades del acento melódico de su lenguaje y
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
para lograr una efectiva y afectiva comunicación utiliza la música, por sobre
todo sus canciones, la palabra versificada y cantada, como una forma de
acercamiento e identificación. Canta lo que conoce, lo que ama, recuerda y
añora; lo que le pertenece o lo ajeno que quiere hacer propio. En esta unidad
y variedad radica su creatividad, es el marco de identidad con las otras
naciones que la circundan y a las que está unida históricamente. Así toda
Latinoamérica pareciera ser una e indivisible, pero en un examen más
profundo descubrimos no sólo diversidad del sonido en su lenguaje -hecho
sabido y repetido por todos- sino también las diversidades de su idioma
común: el castellano.
De ahí parte la riqueza del cancionero de nuestro continente por las
distintas interpretaciones de los hechos, en sus formas externas, y además, la
sensibilidad e inteligencia de sus hombres que crean en el arte su diversidad,
sus opuestos, sus encuentros históricos bajo el prisma del lugar de
nacimiento en una misma tierra: el vergel inspirativo de América, que aun
tiene vigencia, sobre todo en la creatividad musical, que es el caso que
analizamos, el mundo complejo, vasto y pródigo de sus canciones que es
sorprendente en cantidad y calidad, hecho que constatamos a diario, al
intentar cantar la inmensa variedad de temas que existen.
La música y la canción latinoamericana es tan variada como los
hombres y el continente que la produce. Este se compone de 30 estados y
posee zonas climáticas que van del trópico al clima templado. Ha hecho
suyas dos lenguas europeas y asimilado a tres culturas distintas -la europea,
la africana, y la indígena- y todas las variantes que han surgido de cada una
de estas divisiones. La unidad en la diversidad resultante es extraordinaria.
Aun los países más pequeños han desarrollado un lenguaje musical y
poético propio, definitivamente diferenciados uno del otro, a veces en leves
matices de descripción del paisaje y de su poderosa y avasallante geografía
como de las incidencias históricas y sociales en que cada una de estas
naciones desarrolló su pasado y el presente y como vislumbró el porvenir
en las variantes tonales y melódicas de su lenguaje típico. Esto va desde la
canción popular hasta el estilo conservatorio, variantes que se traducen, se
funden y se distinguen entre sí. Pero se puede decir, sin embargo, que en
todas estas variantes se reconoce el mestizaje sanguíneo: el que posee cada
país es su singularidad.
Es así, por ejemplo, que no se han fundido ni en la música cubana,
ni en el resto de la música del caribe, los elementos indígenas, grupo
humano que fue irresponsable e inhumanamente exterminado durante y
después del descubrimiento. Del mismo modo son pocos los ingredientes
africanos en el estilo musical de los pueblos andinos.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
La música cubana es la amalgama más enriquecida de elementos
africanos y españoles. Sólo de la brasileña se puede afirmar algo similar. La
canción española hasta el siglo pasado enriqueció en el campo, en la ciudad
y en los salones la vida musical de toda Latinoamérica. La mayoría de las
formas musicales latinoamericanas son difíciles de definir, ya que poseen un
ritmo y formas de danza propio, estilos distintos de interpretación, tiempos y
temas específicos. Más aun, sus orígenes son oscuros y varían
frecuentemente de un período a otro, de un país a otro aunque sea vecino.
Cada cual posee una constante y original modalidad en la renovación
creativa de los temas cantados, ya sea por el tratamiento de la palabra
versificada, la originalidad del tema tratado o la calidad y diversidad del
acompañamiento melódico y armónico. Y esto es en definitiva, la palabra
cantada convertida en canción, lo que más nos interesa- y a ella vamos- en
éste breve análisis.
La utilización de los instrumentos musicales, partiendo desde Cuba,
en todo el resto de los países del sur, responde a las mismas necesidades en
ritmo y melodías: el piano como elemento básico y al que se añade el bajo;
en las cuerdas el violín y en los vientos el clarinete, la trompeta y la tuba que
fue un primitivo componente rítmico; a ellos se agregó el arpa; el acordeón
y tardíamente la guitarra que se encontraba fuera de ser considerada dentro
de un grupo instrumental, ya que fue siempre un instrumento solista que el
pueblo popularizó con su rápida adopción y en donde afincó y edificó todas
sus futuras creaciones de estilos melódicos para ser cantados. En los
instrumentos rítmicos la variedad supera todo análisis pues fue constante la
creatividad desarrollada, la inventiva del criollo y del mestizo, y sobre todo
del negro, (la marímbula por ejemplo), fue infinita, como lo demuestran en
la actualidad la inmensa variedad de instrumentos de percusión existentes en
todos los países de Latinoamérica.
El siglo XIX y nuestra historia, la de las letras de las canciones
latinoamericanas, comenzaron con la Habanera, que fue un modo musical
donde se expresaba, por intermedio de la palabra cantada, todos los
sentimientos del pueblo, utilizando formas poéticas ya definidas en el viejo
continente desde remotos tiempos.
La Habanera fue universalizada desde Cuba hacia toda
Latinoamérica. Desde México a Chile su modalidad rítmica alcanzó gran
difusión a través del canto y del baile. La Habanera, aun vigente, es una
forma musical mixta, en ritmo de 2x4, levemente variada de la contradanza
europea de moda en los siglos 17 y 18, llegada a España desde Francia e
Italia y rápidamente trasladada e incorporada al acervo y riqueza musical de
Cuba. Poseía, por aquel entonces, una tremenda exquisitez y delicada
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
riqueza melódica que creó una variada y casi inacabable sementera de
canciones para los inspirados recreadores o refundidores de melodías en
todos los ritmos con que se identificaba cada uno de los países
latinoamericanos: dio origen a la "Milonga" y al "Tango" de Buenos Aires;
es el "Rasguido doble" en la provincia de Corrientes al norte de la
Argentina; es "Serenata" en la provincia del mismo país norteño de Salta. En
Chile se introdujo en la "Tonada campera"; en el "Pasacalle" y en el
"Pasillo" de Ecuador, y sus melodías la encontramos en la actualidad en el
Perú con ritmo de vals; así mismo en los "Bambucos" y "Valses"
colombianos y en los "Joropos" venezolanos. En Cuba, la Habanera se
convirtió en "Sones", "Boleros", "Guarachas", "Rumbas" y "Merengues" en
Santo Domingo, decantó su influencia así mismo en toda el área del Caribe.
En México sus melodías están en los "Corridos", "Rancheras", "Guapangos"
y en sus primeros "Boleros"; y en Brasil dio origen al "Maxixe", una de las
primeras formas musicales y dancísticas formales de este país.
La Habanera hoy día se conserva, intacta y vigente en España en
toda el área de Cataluña, Galicia y los países Vascos y disfrazada en
infinidades de otros ritmos en los países europeos, como reseña afirmamos
que "O sole mio", la popular canción napolitana es una Habanera. Pese a
todo esto, es casi de conocimiento general la divulgación, de que todos estos
ritmos, salvo algunos naturalmente, provienen del África y llegaron con los
negros en los infames y enriquecedores embarques de esclavos traídos y
comercializados por las monarquías españolas, francesas e inglesas en todos
los siglos posteriores al descubrimiento de América.
Las letras de las canciones latinoamericanas son sólo una parte de
lo que es la realidad literaria del cada uno de sus países, una fuente que no
se agota en ninguno de ellos ni en su conjunto sino que comprende y
emprende su función dentro de cada forma de la vida humana. En esta
realidad histórico-social efectiva ha alcanzado la canción popular, lo que me
parece más valioso y fecunda identidad, en su más amplio sentido, como
recreación, diversión y solaz para todos los seres, hombres y mujeres que
habitan en Latinoamérica. La canción así entendida es algo de lo cual el
hombre no puede prescindir. El silencio de siglos del hombre americano
frente a su carcelero, se quebró cuando aprendió a escuchar bien, no tan en
silencio es verdad, en los momentos en que iba desatando las ligaduras y
adquiriendo por su propia experiencia nuevos conocimientos. Así logró
saber que el placer recreativo que ahuyenta las tristezas del corazón es
necesidad inexcusable del hombre libre, lo mismo en el descanso que en el
trabajo, esos dulces cantares que aminoran las pesadumbres del alma,
llegando hasta a paliar los dolores físicos del enfermo; y en este solaz
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
musical los letristas son dignos dispensadores profesionales. Pues
respondiendo a una necesidad vital, al oficio de cantor del pueblo, su
intérprete, hubo de ejercer profesionalidad recreando al público en cualquier
circunstancia que se le presentase en una continuación de un arte que no
impuso considerandos. En todas partes se los ve: pobres, ricos, toscos,
refinados, hombres y mujeres, morales e inmorales, excomulgados y
perseguidos o invitados y festejados, para la danza, para el recitado,
cantando, trovando, tañendo instrumentos, hasta el labial del íntimo e
infantil silbido. La severa imagen se va animando en cuanto se aclaran las
nebulosas de la colonización y se van abriendo a la claridad del bosque,
divisando la riqueza circundante de todo el continente -ya en sus manos- en
su boca, en su alma como algo propio y que había que glorificar tanto a los
hombres como a su historia, al paisaje y a la exuberante geografía y así van
haciendo historia de interés para la cultura general, como difundidores de
sus invenciones, gustos e ideas, ofreciendo crónicas para el arte popular,
para la realidad social y el esquema musical en particular.
Los primeros letristas de canciones eran difundidores de cantos
noticieros sobre sucesos actuales, referencias de historias pasadas,
portadores de mensajes versificados y musicalizados dentro de una melodía
simple y llana, siempre en un estilo fácil de memorizar. Fueron un poderoso
órgano de propaganda política. En fin. Eran editores y periodistas
ambulantes, agentes de toda clase de publicidad, abarcaban todos los
órdenes y géneros humanos pues la realización de textos para ser cantados
respondía a una necesidad vital y profunda y estos seres tuvieron
permanencia en todos los tiempos, llegando en la actualidad a ser
incontables los nombres de los que se han constituido en el numen de la
creatividad en toda Latinoamérica.
Ahora el hombre que canta una canción está transmitiendo un canto
social, una denuncia social, una historia de su patria colectiva y personal y
no concibe su tarea como la de un receptor y emisor meramente copista,
mecánico, como la tarea de una máquina de escribir cualquiera. El que canta
se halla ante una herencia común de antepasados, anónimos o inscrito en
registros de propiedad intelectual, ante un patrimonio común que todos
cantan como una canción propia y que todos repiten en tensión poética o
recreativa y reelaboran, espontánea e inmediatamente, cada verso, incluso la
melodía de la canción. Esta tensión poética o creadora es la misma del
lenguaje, pero en su sentido radical "se canta", o mejor aun: se canta y se
crea otra vez la misma canción y la misma melodía cada vez que se la utiliza
o se la recrea en el estilo personal que cada cual posee y así pasa a ser la
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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forma, el mensaje y su contenido, otra identificación entre la nacionalidad
del autor con todo el resto de los habitantes de Latinoamérica.
Letristas y poetas populares
En la versificación de las canciones folklóricas, populares o
modernas, en cualquiera de sus modalidades rítmicas, observamos el
clasicismo generalizado del arte de versificar. El ritmo musical en su forma
elemental es repetición. Los versos cantados son unidades rítmicas que
forman series sobre las que se apoyan y tienen como soporte una melodía y
así, las letras llegan a ser regular, irregular fluctuante o libre. En la métrica o
medida silábica tienen las letras del cancionero latinoamericano semejanzas
con las formas de composición de cualquier verso regular:
Nadie comprende lo que sufro yo,
canto pues no puedo sollozar...
Perfidia.
ALBERTO DOMINGUEZ
El uso de la sinalefa y hiato, la sinéresis y la diéresis y cuántos
otros tecnicismos son empleados concientemente por los letristas y todas las
denominaciones con que se cuentan las sílabas han sido empleadas, desde
tetrasílabos hasta dodecasílabos; el de catorce sílabas; el elegante
alejandrino, que fue y es, muy empleado en las letras de tangos:
Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando,
su boca que era mía ya no me besa más...
Sus ojos se cerraron
GARDEL- LE PERA
El más recurrido ha sido en todos los tiempos la cuarteta compuesta
generalmente de versos endecasílabos que riman el primero con el tercero y
el segundo con el cuarto. Se le llama también serventesio, aunque muchos
letristas los escriben en versos de cualquier medida, con su rima consonante
o asonante:
Porque no engraso los ejes
me llaman abandona´o,
si a mí me gusta que suenen
pa´que los quiero engrasa´o.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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Los ejes de mi carreta
RIZZO-A. YUPANQUI
El empleo del romance con sus series indefinidas de octosílabos
con rima asonante o consonante, las famosas y populares cuartetas, ha sido
también de una recurrencia asidua, inclusive poetas como José Martí, Pablo
Neruda y Jorge Luis Borges, y muchos otros, hicieron en esta categoría
poemas para ser cantados:
Quiero a la sombra de un ala
contar este cuento en flor,
la niña de Guatemala
la que se murió de amor.
José Martí
Señora dicen que dónde,
mi madre, dicen, dijeron,
el agua y el viento dicen
que vieron al guerrillero.
Pablo Neruda
Me acuerdo fue en Balvanera,
en una noche de farra,
que alguien dejó caer el nombre
de un tal Jacinto Chiclana.
Jorge Luis Borges
A las mismas cultas y técnicas estructuras, insistimos, recurren los
letristas o poetas populares:
Son tus cartas mi esperanza,
mis temores, mi alegría,
y aunque sean tonterías,
escríbeme, escríbeme.
Bolero.
G. Bustamante
En un barrio de Asunción
gente viene y gente va,
ya está sonando el tambor
la galopa va a empezar.
Galopa, Paraguay
M.Cardozo Ocampo
Estas son las mañanitas
que cantaba el rey David,
hoy por ser día de tu santo
te las cantamos a ti.
Popular mexicano.
Percanta que me amuraste
en lo mejor de mi vida,
dejándome el alma herida
y espinas en el corazón.
Tango, Argentina
P. Contursi-Castriota
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Historia de las canciones a
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Ninguna de la formas poéticas han sido dejadas de lado:
redondillas; quintilla; octava o octava real, la octava francesa llamada a
veces octavilla, la décima en los llanos venezolanos, entre los gauchos
argentinos y los guasos chilenos aun está vigente. El romántico y culto
soneto y cuántas combinaciones de versos desiguales: copla de pie
quebrado, la lira, la estancia, la seguidilla, ágil y sincopada en la cueca
chilena y en muchas canciones de carácter indígena; el romance
endecasílabo o heroico; el romancillo en hexasílabos; la silva en serie de
endecasílabos y heptasílabos con rima consonante y, a veces versos sueltos
están todavía en el ejercicio y el conocimiento de los letristas populares.
Naturalmente todos estos elementos poéticos llegados vía España a
Latinoamérica, se difundieron desde la época del descubrimiento por todas
las áreas, y su utilización y práctica se expresó en conveniencia a la
personalidad del músico o del mero letrista.
La canción mexicana
En México floreció una riqueza inmensa de canciones que se han
popularizado en todo el mundo, especialmente el género ranchero, con
características tan particulares como puede tener, salvo las distancias, el
flamenco. Para sus interpretaciones se requiere una orquesta típica, el
mariachi, compuesto por once músicos (violines, trompetas, guitarras y
guitarrón). Sin embargo la ranchera no es la única de sus expresiones
musicales. El corrido, pese a todo, es el más popular por su raigambre
campesina. Son romances populares que se cantan o recitan e incluso se
bailan. En algunos textos trata de la tradición nacional, de hechos
milagrosos, de apariciones, de santos, del destino, del amor desquiciado e
infiel, etc., etc. Los destinados a cantarse suelen tener un carácter más
regional y relatan casi siempre hazañas de héroes populares y hechos
acontecidos durante la guerra de la Independencia y posteriormente de las
revoluciones que sufrió México a comienzos del siglo pasado. El corrido es
una especie de gacetilla poética que, como el romance castellano tiene por
misión reflejar con una ingenua y simple melodía, con espíritu crítico como
fondo, los sucesos de un período histórico cargado siempre de violencia.
Otros ritmos amparan letras de diverso contenido semejantes ya a toda el
área del Caribe. El bolero y el vals tienen un sitio destacado en el cancionero
mexicano.
Cuba y Centro América
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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Desde Cuba se han gestado siempre fenómenos musicales, sus
ritmos y nuevas modalidades son las que más se han expandido hacia toda
Latinoamérica. A Cuba se deben muchas formas musicales que abundan en
ricas melodías y en letras bien fundamentadas irradiadas a todos los países
del Caribe y del resto del continente. Son innumerables los ritmos surgidos
en esta área. Difícil enunciarlos a todos. Son sí, bastamente conocidos los
actuales como la salsa y el merengue, donde han convergido antiguos ritmos
en desuso. Cuando algún ritmo pierde vigencia, -o el olvido y el tiempo
enmaraña su existencia- otros más modernizados ocupan su lugar en el
gusto popular, y esto es más generalizado por el actual requerimiento
comercial a que están sometidos los creadores de canciones.
El bolero
La canción más destacada y de mayor raigambre en Cuba, en el
Caribe y en todo Centro América, ha sido el bolero. El musicólogo y escritor
Leonardo Acosta afirma: "Los textos de los boleros se nutren del habla
popular de la época, de la poesía de mayor difusión, las lecturas de amor,
incluyendo la prensa y lo que llega a través de otros medios como la radio
o el cine, del lenguaje y las formas de enamorar -o cortejar- en esa época y
lugar". "Un bolero puede hacer que los enamorados se quieran más y a mí
eso me basta para querer hacer un bolero. Yo estuve tratando con
Manzanero de hacer un bolero por lo menos durante un año, y es lo más
difícil que hay. Poder sintetizar en las cinco líneas de un bolero todo lo que
un bolero encierra es una verdadera proeza literaria": Gabriel García
Márquez.
El bolero, como muchos otros ritmos de Cuba, de México y de toda
el área centroamericana, tienen una vigencia innegable. Las letras de los
boleros cumplen la función de ser otra de las manifestaciones populares
urbanas que retratan el alma del pueblo que es en definitiva su creador.
Canciones latinoamericanas: baladas,
populares, tradicionales y folklóricas
Desde Venezuela hasta los países del Cono Sur, Uruguay,
Argentina y Chile, la práctica del canto se ha afincado en lo folklórico y en
la canción de proyección folklórica y popular, es decir, con ritmos anónimos
son compuestos en la misma forma sus textos y sus melodías. Los países
andinos que agrupan mayor cantidad de mestizos, o indios mayoritariamente
de sangre pura, se expresan, con un sistema melódico y armónico
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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encuadrado dentro del clasicismo hispánico, pero con algunos instrumentos
autóctonos. Los textos son descripciones de sus dolencias, defecciones,
tristezas y el ingrato recuerdo de un pasado glorioso truncado por la codicia
del conquistador. Sus expresiones son llevadas al pentagrama dentro del
orden poético clásico, con las estructuras vigentes que antes analizamos.
Varía sólo el contenido. Las formas han permanecidos fieles a la tradición
hispánica. La canción venezolana, la colombiana y ecuatoriana reparten sus
textos dentro de la más estricta descripción del paisaje, de su historia, el
canto de sus campesinos, descripciones paisajísticas, amores y desengaños,
en alabanzas a la hermosura de sus mujeres con diversos ritmos como el
"Joropo", en Venezuela y el "Bambuco" en Colombia; así como en Ecuador
es el "Pasillo" y el "Pasacalle". El "Vals" en Perú no se diferencia en sus
textos en nada al resto de los demás países latinoamericanos. Pero sí en el
ritmo, pues se distanció notablemente del vals vienés, el iniciador de esta
modalidad, dándole una singular síncopa que lo distingue de los del resto del
continente. El "Vals" en la Argentina permaneció fiel al modelo europeo que
junto con la "Milonga" y el "Tango" destacan su personalísima creatividad.
En cuanto a Bolivia, Paraguay, Uruguay y Chile, la modalidad de los textos,
para ser cantados, responde igualmente a las estructuras mencionadas, todas
sujetas al cordón umbilical europeo.
Canciones argentinas de proyección folklórica
y el tango como expresión urbana
Capítulo aparte es el cancionero argentino. La utilización de lo
folklórico como proyección ha alcanzado cierta universalidad siempre
dentro de la modalidad europea de versificación, aunque distanciado, como
en todos los países latinoamericanos, en la descripción histórico-social y por
la diversidad geográfica incorporada a sus vivencias. Le corresponde a la
Argentina, con el tango, ser lo más destacado dentro de la creatividad del
cancionero del Cono Sur. Sus letras tienen un contenido existencialista
propio de la corriente filosófica y la psicosis colectiva de los europeos del
siglo pasado desarraigados por las continuas luchas internas y en su bélico
afán expansionista con los países vecinos.
De más está justificar esto con las menciones a la inmigración que
Argentina se propuso desde el siglo 19. La inmensa cantidad de extranjeros
pusieron sus manos llenas de necesidades en toda actividad comercial, en
ideologías innovadoras y revolucionarias y en la acción de un nuevo arte
creativo tanto en la pintura como en la música culta.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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Pero donde más se destacó el inmigrante fue en lo creativo popular.
Y he ahí al tango. En el tango la problemática conceptual es el abandono de
la tierra lejana, el hogar paterno y la maternidad consabida llena de ternura y
dedicación, y el retornar, ¿hacia adónde? no se sabe si al ancestro de sus
abuelos o a la tierra que recién lo ha admitido y que ha sido por él
nuevamente abandonada; el eterno volver hacia algún sitio en donde poder
identificarse con una ciudad y sus costumbres, con el paisaje y el recuerdo
de seres queridos, de amores perdidos o lejanos y esa vida que va
envejeciendo a los hombres, hombres finales que siempre están solos.
Todo esto confirma la eterna búsqueda de sí mismo, de ser
alguien y algo definitivo como ser humano. Enorme contenido tienen los
textos de los tangos por la inmensa carga de humanidad que ahondan los
argumentos de sus letras, reflejo del ser argentino y de su soledad, y a veces
identificado en el derrotismo de su relación hombre-mujer y en el fatalismo
existencial de sus enunciados.
Los contenidos del tango se han propagado hacia los cuatro puntos
cardinales llegando a convertirse en un axioma el decir "la vida es un
tango". Sus textos fueron inicialmente cuartetas en romance octosílabos. Se
practicó también mucho el soneto y el alejandrino, bajo la influencia de
Rubén Darío, y el modernismo imperante entre los poetas de habla
castellana a comienzos del este siglo XX.
La milonga, que dicen ser antecesora del tango, e hija directa de la
Habanera cubana, utilizó las décimas espinelas en su mayoría de edad,
además de la cuarteta, infaltable en toda canción de origen campesino, pues
fue la popular guitarra utilizada por los hombres iletrados y de origen
humilde, el instrumento que más se adaptó a esta modalidad creativa.
Evolución y evaluación futura
La canción latinoamericana es un fenómeno complejo y vasto que
no cabe dentro de los límites de una breve definición aunque sea clara y
precisa. No es una moda pasajera ni un alarde de literatura espontánea de
carácter formal ni una reacción contra el realismo, o un retorno sólo a la
intimidad. Ni siquiera querer demostrar al mundo su esencia como canción
latinoamericana. Sin negar nada de lo anterior me gustaría declarar que la
canción latinoamericana es una constante de la cultura occidental, y que,
entre nosotros, actúa desde hace cuatro siglos y seguirá actuando al impulso
de fuerzas vivas, históricas, que nadie ni nada podrá resistir ni debilitar ni
mucho menos destruir. Es la constante en que se expresa el espíritu mágico,
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libre y universalista, amigo de sondear los misterios del mundo, de la carne,
del cielo y del infierno; de los seres humanos en su preferencia en el
ejercicio del amor y todas sus secuelas, sin perder el interés a las formas en
que resplandece, orienta, recrea y complace la belleza auditiva. En este
sentido el canto popular latinoamericano tiene un parentesco innegable con
el barroquismo, el romanticismo y el superrealismo moderno, y con los
helénicos y el bajo latinismo de la antigüedad. Así se describen, cantando
los mitos antiguos, amores remotos ya perdidos, aunque quede un resto de fe
en la recuperación del ser amado, la descripción de la naturaleza; tipos y
costumbres llenos de luz y color, con melodías que llegan al alma por su
contenido emocional y de fácil captación, donde se columpian las imágenes
voluptuosas o deslumbrantes de las primeras emociones de la vida y en la
excitación carnal del primer amor.
Todos los letristas buscan en su técnica interna y externa el sentido
del misterio, por el deseo de escuchar lo que dicen las cosas; los seres y su
alma; por el afán de hallar las correspondencias entre el alma humana
individual y el oscuro pensamiento esparcido en el silencio que es lo que
quieren interrumpir en la noche del Universo. Todos estos letristas no han
constituido nunca escuelas de versificación popular para ser cantada. Han
sido casi todos individualistas y autodidactas. Cada uno ha seguido su
propio camino; magos de la palabra estimulante, directa dentro de una frase,
manida si se quiere, vulgares al pretender llegar a todos para que se
acuerden de inmediato de la canción por la insinuación inicial tomada de
frases del lenguaje popular para ser cantada con todo el sentimiento: "Voy a
apagar la luz para pensar en ti", de Manzanero es un típico ejemplo,
¿alguien puede olvidar esta frase? ¿necesita ser un gran memorialista para
repetir con Gardel: "Volver con la frente marchita las nieves del tiempo
platearon mi sien" o " que veinte años no es nada..."; con Violeta Parra:
"Gracias a la vida que me ha dado tanto"; o con Orlando Brito: "Angustia
de no tenerte a ti”; o “ven mi corazón te llama, ¡ay! desesperadamente...".
Estos letristas ¿cuántos de una incultura manifiesta? fueron
revolucionarios y amantes de la libertad, místicos musicales que cultivaron
sus temas preferidos como en todos los tiempos los poetas románticos,
impresionistas y parnesianos con nuevas palabras sobre el dolor, la soledad
y el tedio; el desprecio a las muchedumbres en la búsqueda de los paraísos
artificiales; en la confesión sincera de todas las flaquezas humanas; la
historia, el recuerdo y la nostalgia de una vida mejor; el lujo, el pecado, el
ansia del amor eterno de la mujer idealizada y el anhelo nunca oculto de la
beatitud en la belleza y el amor.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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Ahora en Latinoamérica todo se puede cantar. No existen palabras
ni frases que no tengan su propia melodía y ningún hecho que no posea su
descripción. Es hasta tal punto su independencia de la esclavitud del
versificador llamado culto, que para muchos no tiene sentido hablar de las
cosas de la vida pues el derrotero de todo lo que se dice es que llegue a ser
cantado, en que todo se conjugue en un solo canto universal, que será al fin
una gran sinfonía, como la epopeya de Ulises que está en la fuente de
nuestra cultura occidental y constituye el capital homérico de toda una época
de largos siglos, no hechos "escritos en el viento y con el dedo" como dijo
Juan Ramón Jiménez.
Al escribir sus canciones los autores, como lo sé yo -y deben
saberlo los lectores- que todo es de todos, que la palabra no tiene dueño, que
ningún lenguaje es breve ni está desnudo, que todo nos es familiar, que
nacen los sentimientos, al igual que el hombre –como versificó Quevedodel "polvo enamorado" de la tierra, y con ese espíritu terráqueo se alza en
vuelo a lo infinito, revestido con melodías simplificadas en un
entendimiento universal que despiertan las emociones eternas y a todos nos
eleva, desde lo más íntimo, hasta convertirnos en el misterio mismo que es
el canto del alma del ser latinoamericano.
QUIERO VOLVER A PICHILEMU
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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Volver a Pichilemu después de tantos años de ausencia, significó
para mí una apertura memorial que, hasta ahora en que han transcurrido
tantos años desde ese día, ha sido ese regreso un fortificante de mi vida, en
afectos, nuevos amores, transferencias emotivas y únicas del paisaje de la
infancia. De ese mar que vi por primera vez sin darme cuenta que era el
mar; sin conciencia de mí mismo frente a esa inmensidad. Cuando niño era
algo natural enfrentarlo a diario. Lo único que perturbaba nuestros juegos en
la playa eran los mayores, nuestros padres que siempre vigilantes, no
dejaban que nos apartáramos de su lado, cuando uno lo que quería era ir y
venir, constantemente, igual que el vaivén de las olas. Con ese flujo y
reflujo quedábamos hipnotizados, siendo este hipnotismo, la costumbre de
querer a diario volver a pisar la arena, mojarnos en las aguas frías de ese
Océano inmenso que formaba parte –y yo sin saberlo- de mi vida y de mi
personalidad en formación
Cuando volví a Pichilemu, allá por el año l964, desde Buenos Aires
donde vivía con toda la familia materna, era ya un hombre que había
empezado a tener sentido del destino de mi vida. La estaba edificando, y
sabía ya, que podría tener un futuro promisorio si continuaba con los
mismos afanes de progresar en mis estudios. Pero el amor y la fuerza natural
de la vida puede más que muchas cosas que uno se propone.
Llegué a Pichilemu junto a un compañero de estudio mi entrañable
amigo Luis Berizzo. Cruzamos la cordillera en un auto Peugeot, recién
salido de las nuevas fábricas argentinas que le habían comenzado a fabricar
y nos dábamos un aire de grandes señores -sobre todo entre las mujeres- que
en definitiva detrás de ellas andábamos sin descanso todo el día.
Llegamos primero a Santiago y sin detenernos enfilamos hacia
Peralillo donde nos esperaba otro ex compañero de estudios, Leonel
Etcheñique que se había casado con Sarita, una chilena que había conocido
en Buenos Aires. Era Sarita hija de don Juan de Dios Vial, señor
emparentado con los copetudos Vial de la historia de Chile, patriotas que
jugaron valiosos roles desde los años de la Independencia y que en el
presente desempeñaban, cabe decir con propiedad, obtentaban altos cargos
en la administración, en la política y la intelectualidad del país. Don Juan de
Dios, era peseedor de una pequeña propiedad en el pueblo de Peralillo,
donde además de unos cuantos animales para la leche y la carne diaria tenía
unas hectáreas de viña que él mismo se encargaba de cuidar y de cosechar.
Elaboraba su propio vino, fruto sagrado de Chile. Don Juan de Dios era
como el capo del pueblo: juez de lo civil, bombero y el primer comulgante
dominguero; hombre severo hasta el paroxismo; recto y serio en todas sus
cosas y con un gran orgullo de su apellido y su ascendencia.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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Llegamos con bombo y guitarra. Berizzo le daba al parche y yo a
las seis cuerdas. Juntos cantábamos zambas, chacareras y cuecas argentinas,
que entonces estaban muy de moda en todo Chile. El éxito de Los
Chalchaleros rebozaba salud en los labios de los amantes de la música
folklórica.
El primer día que llegamos a Peralillo, esperábamos con ansias la
cena para bebernos un buen jarro de vino “Cosecha Don Juan Vial”, a la
salud de Chile en primer lugar, de nuestro amigo y de nosotros mismos.
Sobre la mesa, en medio de las sedientas espectativas, lo sobresaliente era la
vestimenta y el aire de gran señor de don Juan de Dios. Lo mejor de sus
platos de hermosa cerámica, tenedores, cucharas y cuchillos, aparatosamente
los habían desplegado sobre la mesa en un orden para mi desconocido. Un
gran jarro de cristal labrado tenía la posición privilegiada en la mesa pero
estaba lleno de agua, la que tuvimos que beber pues nadie manifestó
intención de cambiarlo por un botellón de vino.
Berizzo me miraba y juntos observábamos a Etcheñique, con ojos
sedientos y burlones, pero como caballeros argentinos, porteños para más,
no pronunciamos palabras. Y bebimos agua.
Al final de la cena don Juan de Dios se echó para atrás en su gruesa
y patriarcal silla, acomodó al respaldo su chaqueta de pana dejando al
descubierto un enorme reloj de oro y dijo: ¡ahora la guitarra y el canto!
¡Bien comidos hay que cantar muchachos!
Cantamos por cierto, como huerfanitos, sin mucho entusiasmo,
pero cantamos: “Para largarse a cantar, primero hay que afinar y luego es
bueno echar un trago pa´entonar...”
Como todos los finales de las zambas eran muy desganados, así
como desafinados, Etcheñique nos invitó a salir para conocer el pueblo.
Adivinamos con alegría sus intenciones y salimos prestos y ligeros y nos
metimos en la primera cantina que encontramos. Ahí saciamos la sed de
vino chileno que nos merecíamos después del largo viaje por la pampa seca
y árida y cruzando, por alturas de insondables ventisqueros, la hermosa y
terrible cordillera de los Andes.
Nos mirábamos de reojo, mientras empinabamos el codo hasta que
comenzamos a reirnos y a cantar. Yo exclamé, copa en alto, y con muy
buena entonación un versito, utilizando una melodía del folklore argentino,
que nunca más me la pude sacudir de la lengua, que tiene, nadie sabe con
qué derecho, registrada Margarita Palacio: “Y con don Juan Vial tomando
vino vamo´ a cantar”.
Después esta melodía se convirtió en un refrán de reflejo melódico
cotidiano, la que siempre tenía el mérito de aumentarnos una incontrolable
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
sed que a mí me dejó, hasta ahora como resabio, el sobrenombre de “el che
garrafa”.
Después todos juntos fuimos a Pichilemu. Ahí comencé a
recuperar mis recuerdos infantiles. Otra vez me vi frente al mar. Ese mar
que era mío lo fui recuperando mientras se me metía otra vez, ruidoso, en el
corazón. Lo fui recuperando todo: la palabra Pi-chile-mu, custodiando en su
interior por extraño misterio el nombre de Chile; el sol y el viento; la arena
azotando nuestras piernas no acostumbradas a esas multiplicaciones
millonarias de golpecitos; el caldo de pulgas de mar de la tía Teresa; el
bosque de pinos de la infancia correteando a los tímidos conejos; el pan de
huevos; las empanadas de peras; el apellido fecundo de los Llancas
rondando por las calles de Cahuil; la tradición andando por sus calles;
acompañado de mis sobrinos José, Aliro chico, Juan Carlos y la hermosa
Kika Miranda, a contemplar la ceremonia conmovedora de la puesta del sol
en Infiernillo; las cabritas con briosos caballos, un poco desteñidos y viejos;
el recuerdo de mi abuelo materno Honorio Llanca, el primer carabinero del
pueblo, cuando aun los nombraban “pacos”, rondando por el parque
“aguaitando” a los enamorados; las abuelitas vestidas de negro; los rostros
de todos los pichileminos parecido al mío me hicieron sentirme otra vez de
esa tierra, de ese paisaje verde, humano, transparente y entonces acusé, en lo
más sensible de mi nostalgiosa humanidad, el sentimiento profundo de
querer volver, aunque ¡estaba en él! ¡en Pichilemu! Ningún otro sentimiento
me poseyó en toda mi vida con tanta fuerza: ¡todo era querer volver! -no
quedarme- ¡sino volver!
Yo volveré -le decía a mis amigos- y ésta no será la última copa de
vino, la última serán todas aquellas que tendrán la virtud de saciarme la sed
cada vez que regrese a Pichilemu.
¡Bien, che, porque con don Juan de Dios Vial tomando vino vas a
cantar…¿no? Y rubricaban...
¡Por tu salud, che garrafa!
QUIERO VOLVER A PICHILEMU
Pichilemu es la costa
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Donde en las tardes
Se oculta el sol,
Donde nació mi madre
Una mañana llena de amor.
El tiempo y la distancia
Me han apartado,
Lejos estoy
De la tierra querida
Que añora y canta mi corazón.
Quiero volver a Pichilemu,
Una mañana de sol radiante del mes de enero,
Bajar al mar, mirar
El cielo porque en el parque
Vaga el recuerdo de mis abuelos.
Y con don Juan Vial,
Tomando vino vamo´ a cantar.
Guarda a Chile en su nombre
Como a su pueblo
Entre monte y mar,
En la sangre la cueca
Y en los pañuelos
Ansias de amar.
En el bosque de pinos
El viento avisa que se va el sol,
De Cahuil son los Llanca
Arbol fecundo de tradición.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
CORAZON PICHILEMINO
A Pichilemu iban, por los años de l966-68, a veranear casi siempre
las mismas personas y las mismas familias. Ahí se juntaba la juventud con
amigos que durante todo el año no se veían y repetían las mismas aventuras,
nada singulares por cierto, pues todo se resumía a perseguir a las muchachas
por las playas pichileminas o juntarse con ellas en pichangas o fogatas a la
orilla del mar. Yo andaba siempre con mi guitarra y era un invitado a todas
estas reuniones para deleitar, con mis canciones argentinas, al círculo de
oyentes donde nunca faltaban hermosas mujeres pletóricas de juventud,
exuberantes ejemplares chilenas, como las hijas de don Hernán Bravo
Moreno, y sus primas las Bravo-Seguel, tal vez las más bellas de todas, que
se alojaban fielmente en el Gran Hotel España, e incitaban a un
romanticismo para mí desconocido, pues nuestra vida en Buenos Aires
siempre fue vivida, dentro de las reservas puritanas, impuesta por las
costumbres católicas de los inmigrantes europeos, que custodiaban a su
femenina prole, en cuarteles de rígida virginidad.
En ese tiempo el chino Bradley era uno de los más connotados
contertulios a cuánta fiesta se organizaba. Era el chino Bradley hijo de don
Guillermo; el dueño del almacén más grande de Pichilemu, además de
poseer el City Hotel, el mismo comerciante después fue dueño del Gran
Hotel Ross. El chino tenía mucho dinero y lo hacía correr en vino y fiestas,
siempre acompañado de mujeres: recuerdo a Gina y su hermanita, feroces
bailarinas de rock, y de los bolseros que nunca faltan a las fiestas cuando
son gratis.
Era el único de los pichileminos que no trabajaba. Los demás, los
niños lustraban zapatos o vendían pan amasado; los mayores proseguían con
sus habituales ocupaciones como José Miranda dueño de una carnicería; mi
primo Lalo repartiendo la carne del matadero local a los hoteles y pensiones:
Pablo, Sergio y Jorge, niños aun aprendiendo a construir casas veraniegas;
Aliro Miranda atendiendo su bar; las dueñas de pensiones buscando a diario
pasajeros para alojarlos en sus casas; Juan Figueroa limpiando cada mañana
la Municipalidad cuando era Alcalde don Carlos Rojas y mi tío Filomeno
con su amigo Juan Dionisio transportando arena y sal de Cahuil a Pichilemu
o a los pueblos vecinos; los pescadores pichileminos, fieles a la tradición
bíblica, entrando al mar en precarias embarcaciones, o lanzando primitivas
redes recogiendo el sustento diario para los huéspedes privilegiados de los
lujosos hoteles que eran los que consumían esas frescas exquisiteses
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
marinas. Recuerdo que algunos pescadores no sabían nadar y cuando el agua
les llegaba a las tetillas del pecho salían despavoridos.
Ahora siento el silbido del tren cotidiano anunciando su llegada,
pitazo a pitazo, y las briosas cabritas, en medio del polvo, bajando,
insólitamente sin despeñarse, hacia la estación a recoger a los eufóricos
pasajeros cargados de maletas, que los niños más fuertes, peleándose con los
mayores, le arrebataban de las manos a los viajeros para llevarlas a las
carretas por unas moneditas dejadas siempre, con la primera alegría de los
veraneantes, ante el mar que olían desde lejos y que habían anhelado durante
todo el año. Pichilemu era un mágico trasvazador de dinero. Algunos
veraneantes llegaban con la plata necesaria, otros con mucha y de sobra,
pero al fin todos, sin excepción, se iban con los bolsillos vacíos. Por este
arte de magia, Pichilemu convertía a los viajeros en seres bondadosos, en
Curicó, San Fernando, Rancagua o Santiago dejaban un año de
preocupaciones y llegaban como ingenuas criaturas, recién salidas de la
infancia, para entrar, con toda la familia, en un salino paraíso marítimo.
Con el chino Bradley el vino corría ligero como el del aguacil del
poeta de Hita. Pero el chino un día, de improviso, cambió el vino por el
pisco y ese sí que corroía la memoria y sólo lo siguieron acompañando los
más fuertes que, como sonámbulos, aparecían en la playa a la mañana
siguiente y rondaban sedientos de algo potable, para volver a comenzar en
cuanto baile el chino aparecía con su tractor, que desde que lo ponía en
marcha siempre andaba lleno. Manejaba un tractor pequeño donde cabían,
agarrados de cualquier parte, los amigotes y las más osadas muchachas que
iban a todas las paradas que el chino organizaba en la playa y que
proseguían en su casa hasta la madrugada.
Había pasado el tiempo en que un cantante de apellido Millán
entonaba “Le meer” de la francesa Edit Piaf, y estaban de moda los tangos
Sur y Malena. Millán rompía los corazones hasta de las señoras de más
entrada edad, las que nunca se bañaban en el mar y se las veía con sus largas
faldas bajo las elegantes carpas de alquiler, protegiéndose del viento y de la
arena.
Era la época del grupo musical Los Panters, que barrían con su
estusiasmo juvenil en cuántos bailes se organizaban en hoteles, enramadas y
al aire libre y sobre todo en La Municipalidad, donde iban los pelientos, los
de medio pelo y el huaserío de los campos y pueblos cercanos a Pichilemu, a
esa Municipalidad donde se llegaba, bailando y bebiendo, a la madrugada y
la alegría terminaba siempre en grescas descomunales.
Era el tiempo en que un etilizado presentador de Radio Chilena
llamado Mañungo invitaba, a la madrugada, a cantarles serenatas a sus
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
enamoradas. En una de ellas el padre de la homenajeada nos corrió a tiros de
escopeta. Gracias a su mala puntería puedo contar estas historias..
Guitarra en mano y de fiesta en fiesta se fue consolidando mi
apelativo del “che garrafa”: el guitarrero que tenía un acento argentino lleno
de ¡ches, tomá, vení pibe, agarrá, qué bárbaro! que causaba la risa al
principio pero después, con un verdadero enojo racial, me incitaban a que
hablara como chileno, “porque yo era chileno y debía decir tú y no vos; niña
y no piba”. En este tiránico control, y de no saber cómo expresarme para no
disgustar, ni estar dando explicaciones a cada instante a los amigos y recién
conocidos, me volví tartamudo, cuando quería decir ¡mirá che! cuando la
ocasión indicaba que debía decir dulcemente ¡mira tú! tartamudeaba y las
sílabas eran un zapateo histérico empañado de saliva. Así escenificado
alcancé la categoría de medio idiota. Cuando quería abreviar una frase y la
cortaba con el clásico y muy argentino “...y pico che” el ambiente se
enrarecía. Hasta que un día me dije: ¡dejáte de pelotudiar, que yo voy a
hablar como me salga! Así superé el complejo en que se había convertido mi
elegante y distintivo acento porteño bonaerense, pero quedé por mucho
tiempo, sin darme cuenta, tartamudeando en el subconciente algunas
inoportunas sílabas del país trasandino.
Guitarra en mano conocí a muchas hermosas muchachas de mi
edad, esas reuniones terminaban siempre con el clásico refrán: “el regreso
del guitarrero es, al final como destino, volver siempre solo”. En una de
estas reuniones junto al mar la vi a ella, -no voy a decir ahora su nombre,
ella no lo querría, sé que prefiere el anonimato- que como todas las demás
chilenitas, me miraba con signos de curiosidad y claras intenciones de
acercarse más que las otras. Yo siempre fui muy tímido con las mujeres y
no llegaba nunca más allá de preguntarle su nombre y dedicarle una canción.
Después enmudecía como un papanatas. En la Argentina se les llama
“boludos” a este tipo de hombres. En fin, si lo era o no, ya no tiene remedio.
Siempre volvía de esos encuentros resignado, resignado y sin culparme de
nada.
Insólitamente siempre me sentí muy solo. Tuve oportunidad de
conversar con ella más de una vez. Yo sólo sabía hablar de Pichilemu, tanto
que ella llegó a creer que yo sólo amaba a Pichilemu. Y me repetía -tienes
un corazón pichilemino- porque cuando conversabamos a solas yo no
ocultaba palabras para elogiar al pueblo de mis mayores. ¿Era o no era un
boludo?
De regreso a Buenos Aires, caminando por sus calles atiborradas de
gente, dentro del anonimato tanguero que a todo porteño le ha carcomido
más de una vida, pensaba en ella y en Pichilemu. Pensaba que era ella,
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
verdaderamente ella, quien tenía un corazón pichilemino y que había
quedado atrás, formando parte de un pasado que yo comenzaba recién a
construir, de historias que comenzaban a acumulárseme. El pasado de un
hombre, más que las desgracias que le ocurren, son los amores sin destino
los que forman la base de sus desventuras futuras, el tango de su vida, que si
no lo aprende a cantar está perdido. Y a la chilenita la seguí pensando
durante largo tiempo pues no podía apartar mis sentimientos de su recuerdo
ni de mi guitarra; cada nueva canción se la dedicaba a ella embobado. Con
cara de cordero degollado salieron unos versos que fui uniendo en una
canción hasta configurar la imagen de mi soledad, en Buenos Aires una
ciudad de cemento, tan lejana de Pichilemu, se iban gestando los versos en
mis nostálgicos pensamientos. Mis amigos me decían: tenías que haberla
tocado, ¡boludo! Cuando se toca a las mujeres se es capaz de olvidarlas! A
las mujeres hay que tocarlas, sentir que son de carne y hueso igual que
nosotros y no estrellas que caen del cielo ¡pelotudo!
Ahora que ha pasado tanto tiempo y sé que no caben las
recomendaciones de mis amigos, la sigo pensando y sé bien donde está. Sé
que se casó, que tiene un hijo, y que sabe, por esa instuición de mujer que
todo lo comprende y nunca lo olvida, que “Corazón pichilemino” fue
compuesta para ella.
“Que querés que te diga che piba: ¡es verdad! Sólo vos y yo lo
sabemos. Aunque sabés muy bien que otras mujeres también se la han
adjudicado. Sólo vos sabés, que fue pensando en vos, que yo cantara, ante
vos, siempre tan triste che. Que ahora te nombro sin pronunciar tu nombre.
Que ahora te evoco en cada melodía, sólo vos y yo lo sabemos. Y que la
vida es triste porque juntos, sin decirnos entre nosotros ni una palabra,
nada, se lo oímos decir al mar, ola tras ola, constantemente: la vida es
triste sin un amor”.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
CORAZON PICHILEMINO
Guitarreando te conocí
Mientras la luna besaba el mar,
Cuando del cielo de tu presencia
Cayó una estrella: mi soledad.
Vimos la luna seguir al sol
Por un inmenso camino azul,
Tú me dijiste: debo marcharme,
Mientras mirabas la Cruz del Sur.
Corazón pichilemino no te olvides de mí,
Febrero enamorado se ilumina por tí.
Y yo cantando triste tu ausencia he de vivir.
Era mi anhelo hablarte de amor,
Que no te fueras luna de miel.
Que mi destino no te perdiera
Para fundirte dentro de mi piel.
Hoy Pichilemu nombra tu adiós,
Crece el silencio, calla mi voz.
Camino triste, y el mar responde
“La vida es triste sin un amor”.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
TONADA PARA EL VINO MACAYA DE PLACILLA
En este momento, en la soledad de mi habitación, haciendo un
descanso a esta escritura he tomado un mapa de la Sexta Región. Lo miro
con nostalgia y advierto que no reconozco los nombres y las ubicaciones
geográficas me son casi desconocidas, y en lo que es de mi interés, advierto,
mirando detenidamente, que no es legible el itinerario de los trenes que en el
verano salían de Santiago a Pichilemu. Me percato por la fecha, que este
mapa fue confeccionado en el presente, en este tiempo en que el tren ya no
existe. Mirando con una lupa logro dar con el nombre de muchos pueblos
que conservo en mi memoria y que este ambiguo y egoísta mapa los anota
casi con misericordia.
Saliendo de Santiago la primera estación era San Bernardo. El tren
paraba en todos los demás pueblos y en las ciudades la espera era más
prolongada. En Rancagua y San Fernando cuando el pasajero ya había
agotado las provisiones caseras que eran casi siempre huevos duros, la
infaltable gallina cocida y luego trozada que se le daba a comer, con una
marraqueta, antes que a los mayores, a los niños para que se durmieran
pronto y se dejaran de joder. En estas ciudades volvía el pasajero a
aprovisionarse de huevos, frutas y de las infaltables sustancias de colores
que eran la delicia de los más pequeños. Cuando el tren partía, ese era el
momento preciso, cuando salía debajo de algún asiento el chuico de vino, a
veces de l8 litros, que hasta ese momento había pasado desapercibido y cuyo
descorche era inmediato.
En San Fernando comenzaba a palpitar mi corazón porque ahí
comenzaba la verdadera aventura, pues el tren, casi en un ángulo de
cuarenta y cinco grados, se quebraba enfilando valientemente, con verdadera
decisión hacia la costa. Con sus infaltables saltitos y su silbido, que ahora sé
que era en Fa Mayor, aun está en ese mismo tono en mi memoria auditiva, el
tren entraba a los valles de la cordillera de la costa donde, en el paisaje
verde, quedaba a la vista la abundancia de sembradíos que en esa tierra se
extendían como cuadros al sol del verano, tierra generosa apta sobre todo
para el viñedo.
El tren atravezaba tres túneles, el más largo era la delicia de los
pulmones enfermos cuyo maloliento humo era una panacea de cualidades
curativas, consigna que era una larga tradición entre los viejos ferroviarios.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Cruzando casi a oscuras por debajo del cerro la gritería del chiquillerío era
ensordecedora entremezcladas por los gritos de los padres que rogaban a los
pequeños prudencia y calma.
Se llegaba casi de inmediato a Placilla. Con mi amigo Luis Berizzo,
el viaje lo hicimos esta vez en auto. Parábamos en cualquier pueblo y en
cuanto veíamos a un huaso, le preguntábamos, después de invitarlo a unos
tragullos, si tenía en su casa algunas espuelas viejas: ¡se las compramos
señor! Es de imaginar su carucha sorprendida al ver a dos tipos preguntando
por algo tan común entre ellos. Por supuesto que descendimos en Placilla,
aunque sólo para saciar la sed, nuestra diaria y a todas horas sed, compañera
inseparable.
Llegamos a Pichilemu y nos alojamos en la pensión de María
Pérez, un viejo hotel que tenía por entonces arrendado en la calle Ortúzar,
cerca del salón de baile de la Municipalidad, edificio que hoy está
totalmente destruído y cuyo solar aun permanece vacío.
Nos tenían preparado, a los pocos días de nuestra llegada, un
pequeño homenaje que consistía en el clásico asado de res pichilemino,
mezclado con piures, jaibas y pescado frito acompañado con una ensalada a
la chilena de tomates y cebollas picadas a la pluma y pencas de la zona
sazonadas con limón y aceite.
Con Berizzo, antes, paseando por la playa, habíamos devorado
unos sabrosos pescados fritos, y así ya comidos, llegamos a la pensión. Ahí
estaban casi todos mis primos: Lucho, Checho y Carlos Pérez, Jorge y Lalo
Morales, los hermanos de Aliro Miranda y algunos otros amigos poco
conocidos. Y la prole de todos, los cabros chicos -me acuerdo de Aliro
chico- que rondaba a mi alrededor mirándome, y alegre con una inocente
sonrisa de complacencia me decía: ¡hola tío!
Ante nuestra llegada lo primero, al recibirnos, fue un ¡salud por los
guata ´e leche! Comprendimos que sin el sol de Pichilemu así se les llamaría
a los veraneantes recién llegados, y bien, entonces, queridos amigos ¡salud!
Entre salucitas, salusotas y salutetas y de tirarle varias veces, un tigre a la
ensalada -mientras está el pan en ella nadie puede comer sólo beber- es
como un deber nos dijeron.
Nosotros respetamos y aceptamos el jueguito. La noche ya había
entrado y más de uno de los comensales dormía apoyado en la mesa, otros
apoyados en los árboles hipaban furiosos y los que aun permanecían en la
mesa nos miraban con ojos vidriosos, sorprendidos, sin atreverse a repetir, al
hacer salud ¡... guata ´e leche!
Hasta que Aliro Miranda grito: ¡cómo mierda aguantan tanto vino!
¡Nos mandaron cortados! Ha salido cara la talla, se tomaron el vino que
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
teníamos para una semana. Y ahí comprendimos. Nos quisieron curar, digo
emborrachar. Sí, curarnos era el propósito. El chileno no comprende que
primero hay que comer, luego hay que beber y que después es posible
ponerse a cantar para recuperar nuevamente el apetito y la sed y volver a
empezar.
No les quedó comida ni vino por una semana. Y nosotros los “guata
´e leche” seguíamos cantando: “Y con don Juan Vial, tomando vino vamo´ a
cantar...”. Nunca más nos invitaron ni a comer ni a una sola copa de vino
pese a nuestros deseos de “cuando nos invitan otra vez a bailar un tango”.
Debimos regresar a Santiago y nos recomendaron parar en Placilla
y entrar, sin más, así nomás, sin permiso, en la viña más grande y preguntar
por don Macaya, -...que él mismo nos atendería y que cuando viéramos a un
hombre chiquitito, gordito como un duende y con unos dientes, muchos
dientes de oro, ese era don Macaya-. De inmediato lo reconocimos. Nos
presentamos como amantes y muy conocedores de las vides mendocinas y
cordobesas. El dueño de casa al ver nuestro auto nuevo, escuchar nuestro
acento de caballeros porteños y ver que cargábamos bombo y guitarra, nos
hizo entrar; visitar la viña y las bodegas de cemento y las cubas de roble de
bosnia, de las que estaba muy orgulloso; nos señalaron en ellas sus más
viejas reservas y nos ofrecieron probar de cada una de ellas. Luego en su
mesa familiar nos invitaron a tomar once y cuando, Berizzo y yo,
terminamos con todo el pan amasado, la matequilla y el queso de cabra, nos
ofrecieron un delicado vino: “solo para los invitados de honor” dijo como
despedida don Macaya. Berizzo con el bombo y yo con la guitarra, ya
bastantes chispiados, curaos, machaos, mejor dicho con un ¡pedo bárbaro!
cantamos como despedida unas sentimentales zambas y cuecas alusivas al
vino: “cuando voy y cuando vengo/ desde Jachal a San Juan/ con mi burro
me entretengo/ siempre con el mismo afán,/ de encontrar un tonel bien
lleno/ con vino bueno del viejo San Juan”.
Gracias don Macaya, nos despedíamos una y otra vez. A sido Ud.
muy amable, igual ustedes -nos dirigíamos a sus hijos- queridos amigos.
Muchas gracias don Macaya. Hasta la vista. ¡Pero che qué gentiles que son
estos chilenos!
Y enfilamos hacia Santiago bien cañoneados. Esta vez sin mirar
atrás ni fijarnos que pueblo pasábamos y si algún huaso tenía o no tenía
espuelas. Al llegar al hotel e intentar sacar nuestras maletas del cofre trasero
del auto, lo vimos lleno de damajuanas de distintos tipos de vino: blancos,
rosados y tintos. Las damajuanas descansaban apretaditas unas con otras
desafiándonos en posición horizontal con su inocente quietud.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Gracias don Macaya, no hay caso che, todos los chilenos son unos
caballeros, gracias don Macaya. ¡Viva Pichilemu! Pibe, fenómeno ¿no?
Pasando el tiempo nos contaron que en Chile decir “don”, ante el
apellido, significa decir “don huevas”, que el “don” va sólo ante el nombre
de pila. Desde entonces sólo fue ¡gracias señor don Juan Macaya! nunca
olvidaremos su gesto de bondad y su silencio ante nuestra ingenuidad
malherida por la maldad pichilemina.
TONADA PARA EL MACAYA
De Santiago a Pichilemu
hay que pasar por Placilla
Donde el sol hinca su nombre
Dorando el fruto en las viñas.
El viento baja a los valles
vestido de colchaguino,
Cantando entre los sausales
y en las botellas de vino.
Macayados van los huasos
secando alegre el sudor
Por el camino y el tiempo
de la vendimia y la flor,
Buscando los ojos verdes
de la niña de su amor.
De Pichilemu a Santiago
bajaremos con Berizzo
Para bebernos el vino
que don Macaya nos hizo.
Nos tenderemos en el sueño
Que arpegia alegre en las viñas
Para cantarle a los hombres
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Historia de las canciones a
Pichilemu
que trabajan en Placilla.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
ESTRELLA DE SOLEDAD
Las canciones de amor tienen el destino que se merecen, cantarlas
en la soledad o ante la complicidad expectante de los demás seres humanos,
que cuando saben callar y escuchar en silencio, cumplen las canciones con
el cometido que el autor le asignó: alimentar el alma.
No existen estrellas en soledad. Menos en Pichilemu. Cuando en
Pichilemu está nublado, no se ve ninguna como es lógico, pero cuando de
noche el cielo está despejado son millones las que lo iluminan, lo
abrillantan, las estrellas se atiborran, se descomunan, se superponen unas a
las otras, detrás, al lado, adelante, unas con más brillos que las otras,
pequeñas, grandes y entre todas, orgullosa, indicando pasados derroteros la
Cruz del Sur. Han sido millones de hombres los que la han mirado,
observado, elogiado y se han guiado por ella; le han cantado mil versos en
todos los idiomas pero sólo los pichileminos saben que a ellos los ilumina,
que sobre su cielo tiene su casa y su destino, que a ellos los proteje, a sus
caminantes nocturnos a los indios y arrieros incansables de toda su historia,
a los enamorados veraneantes palpitándole en el corazón con las manos
alzadas y abiertas para alcanzar su brillo, para que contagie de amor su
espíritu. A ese mar pichilemino es a quien le pertenece para que brille la
arena, se dibujen laS olas mar adentro como barcas de espumas blancas que
vienen y se van ininterrumpidamente. En cada gesto del mar, cada una de las
estrellas ilumina, y le da razón, a la vida gestora del fecundo vientre marino
en su profundidad abismal de vida eterna.
No soy un entendido en meteorología ni astrología, no sabría
explicar por ello el fenómeno estelar de Pichilemu, sólo con mis modestas
canciones puedo explicar la emoción de un pobre humano ignorante de
tanta grandiosidad.
Por eso siempre he guardado silencio, yo que he sido, como dicen
los chilenos, un hocicólogo inveterado, un profesional barato de la jerga
poética, no he pretendido nunca versificar como Neruda poemas de amor
exclusivos a una sola mujer ni a una sola estrella. Pienso que son inútiles
ilusiones cantarle a una sola mujer. Mi canto es como el cielo pichilemino
para todas las estrellas: una sola de ellas lo es todas; una sola mujer lo son
todas. Por eso, pienso, que una sola es la madre, la gestora de nuestra vida.
Y que por ahí va el canto. Pero como romántico asalariado de penas, que se
aceptan sin pagar por ellas y sin cobrar para desparramarlas en compases
melódicos, es que alcanzamos la decepción de no haber sido capaces de
magnificar con todo su esplendor el cielo pichilemino. Vanas palabras. Solo
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
el silencio puede explicarlas. Aceptando nuestra pequeñez, tan sólo ante esta
postura, somos merecedores de una comprensión ante las débiles
expresiones versificadas en el canto.
La estrella de soledad, si pluralizamos mejor, es nuestro primer
amor, aquel no comprendido por nadie ni siquiera por nosotros mismos, esas
primeras emociones que sacuden el entendimiento y nos hacen crecer raíces
para sentirnos terrestres, subterráneos, auténtico producto sementalizado de
un amor que no conocimos, que nos dio vida y que después nos dará la
muerte: el amor de nuestros padres. Todo es una ardiente metáfora.
Que las guitarras callen. Han sido inútiles por ser pobre su lenguaje
pues no ha logrado explicar con sonidos la inmensidad del cielo estrellado
de Pichilemu. Que los versos no prosigan acumulándose pues no han
logrado magnificar la grandiosidad del cielo de Pichilemu. Que los sabios
no intenten explicar nada, pues deben saber que sólo les está permitido
observar, y que nunca lograrán contar ni aclarar el misterio del cielo de
Pichilemu. Que los cantores admitan su insignificancia e imposibilidad de
alcanzar con sus gemidos el cielo de Pichilemu. El manto estrellado, ese
eterno, de todos los tiempos le pertenece y abriga sólo a los pichileminos.
Que sólo los pinos canten cuando ellos se recorten de noche por el
brillo de una sola de las estrellas; que el agua de los esteros siga cantando,
celebrando su color pues una estrella es quien lo hace visible en las
tinieblas; que el amor del día esperando la aurora, ese amor creador, gestor
de sublimes relieves en las olas, sea el que anuncie que es de Pichilemu el
cielo estrellado, que sólo a él le pertenecen todas las estrellas que iluminan
su cielo y que a nosotros los mortales se nos asigna y señala, tan sólo,
balbucear un débil canto de admiración
ESTRELLA DE SOLEDAD
Guardo en silencio tu nombre,
Yo que no puedo callar,
Llevo en el alma los besos
Que allá en Pichilemu me dió tu mirar.
Sale la luna del monte
Vuelve a brillar sobre el mar
Y alumbrando me recuerda
Que un día tus ojos me vieron llorar.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Sólo le pido a las estrellas
que alumbren mi soledad,
Porque en mi angustia tu nombre
no lo puedo pronunciar.
Esta noche en Pichilemu
yo busco el consuelo para olvidar.
Eras la aurora que nace
Sangrando sobre el pinar,
El arroyito que hace
Fecunda la tierra a orillas del mar.
Cuando una estrella aparece
Antes que se oculte el sol,
Quiebra mi canto el silencio
Con tristes acordes de adiós a tu amor.
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Historia de las canciones a
Pichilemu
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Historia de las canciones a
Pichilemu
NOCHES DE PICHILEMU
Esta canción fue compuesta en Buenos Aires, después de mi primer
viaje a Pichilemu en el año l964. Mi regreso a la Argentina fue en definitiva
un ahogo salvador: las calles de cemento, los edificios de la ciudad
atiborrada de gente en cuyo contacto mi inutilidad se hizo evidente, me dió
pruebas fehacientes, que mi vida, podría tener otro destino. Un nuevo
derrotero para borrar las multiples insatisfacciones que vivía en medio de un
ambiente que no era el mío.
La canción fue compuesta arriba del tranvía que circulaba, por
entonces, entre la estación Retiro y el barrio de Valentín Alsina donde
vivíamos. Demoraba una hora y media el recorrido. Tuve tiempo suficiente
para memorizar la melodía, de escribir y corregir la letra pese a las miradas
agresivas de los pasajeros del tranvía, que volvían cansados del trabajo y
necesitaban silencio o un tiempo para pensar en sus propios problemas,
porque yo silbaba y seguía silbando incansable. La melodía salió del viento,
entre mis labios, como muchas otras canciones, silbando por la calle
distraídamente.
Debo confesar que para mí cualquier sitio fue un buen lugar para
conmponer. Una vez, recuerdo, andando en bicicleta tarareaba una nueva
melodía que me entusiasmó sobre manera, la misma quedó interrumpida
pues choqué, contra un tremendo culo un caballo que se había estacionado
en medio de la calle, le metí la rueda dentro de sus patas traseras y yo quedé
incrustado entre sus vigorosas nalgas. Se rompió la bicicleta y se me perdió
la melodía por la sorpresa en la raya del inmenso bulto en que metí la nariz.
Sentado, caminando, en un bus, conversando con otra persona,
comiendo, en todo momento y en cada acción física, detrás, estaba una
melodía, y una intención de letra para ser cantada. El mejor entrenamiento
como compositor lo realicé caminando. Por eso nunca pude jugar a las
cartas, al billar y a las bolitas. Viví siempre distraído del quehacer cotidiano.
¡Ah, cuántas veces hice el ridículo por no saber dónde estaba, en que cielos
perdidos, contando qué estrellas! ¡Despertá che boludo! era el llamado de
frecuente atención de mis compañeros: ¡bajá, che boludo, bajáte del
escenario, que te vas a quemar, pelotudito!
Mis amigos dejaron de invocar mi presencia a casi todos sus juegos
y paulatinamente me iban dejaban marginado. Estas son confesiones muy
personales que a nadie le debe importar, pero ahora a mí me sugieren
incisivamente la pregunta: ¿perdí el tiempo? ¿qué gané con todo ésto?
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
La canción “Noches de Pichilemu” en sí lo dice todo. Marca la
sorpresa de reencontrar la tierra natal bajo un cielo llena de estrellas, y de
muchos otros valores humanos. Después de vivir a diario bajo un cielo
siempre nublado como es el de Buenos Aires, con una humedad permanente
de 99 grados, de noche y de día, en verano y en invierno, la sorpresa de que
existiera otro mundo, que existieran cerros, tantos árboles, tanto verde, un
mundo con otros colores, con otro cielo fue impactante.
Hice dos veces el recorrido en ese tranvía hasta estar seguro que no
olvidaría la melodía, paraba cuando advertía que ya no tenía saliva para
silbar y que se me acalambraban los labios. Cuando llegué a mi casa el
milagro, a plena conciencia, se había realizado: ¡me voy de esta ciudad!
¡regreso a Pichilemu! La decisión fue tomada entre silbido y silbido para no
olvidar la melodía. Sólo me quedaban algunas dudas de carácter práctico,
¿cuándo terminaré mis estudios, qué hago con ellos? ¡qué esperen! me
contestó el ángel racional y práctico que tengo entre mis neuronas. ¿Y la
familia? ¿Mi madre, mis hermanas que esperan algo más de mí, que no sea
sólo un pelotudito sentimental que sabe sólo suspirar por estrellas? ¡Sería
ridículo que me fuera porque en sueños una niñita, allá en Pichilemu,
suspira por mí!
Pero al fin salí de Buenos Aires. Salí sin que nadie lo
comprendiera. Solo y el recuerdo de tantas estrellas, tal vez ellas mismas
con un misterioso poder me inspiraron, ¿ellas y yo sabíamos que tenía otro
destino? ¿El qué aun estoy cumpliendo y aún no está del todo terminado?
¡Qué lindas son las noches de Pichilemu! Por ellas y por otras cosas
que sólo yo sé, muchas gracias noches de Pichilemu.
NOCHES DE PICHILEMU
Noches de Pichilemu llenas de estrellas
Que alumbran montes, valles, rocas y arena.
De niño por sus playas soñaba el tiempo
Que el amor por mi sangre fuera creciendo.
¡Qué lindas son las noches de Pichilemu
Quién pudiera algún día verlas de nuevo!
Y en tus ojitos niña, soñar el tiempo
tan dulce en que me dabas tus pensamientos.
Hasta la piel del agua llega la luna
Como gaviota herida sobre la espuma.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
En el silencio canta la luz del cielo
Porque un día en tus labios perdí un te quiero.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
VIOLETA PARRA
El año 1966, volví d nuevo a Santiago y tuve la oportunidad de
conocer la carpa de Violeta Parra en La Reina. Esta experiencia ha dado
margen a muchas amarguras. Difícil de narrar, imposible diría, aun después
de tantos años, no es el momento, pues le hice una promesa a mi querido
amigo y compadre el poeta Jorge Teillier: “¡calle compadre -me dijo-. Chile
es un país joven, casi sin historia, necesitamos mitos, debemos construírlos
para reforzar lo poco que tenemos!” Y hasta ahora he callado.
Puedo decir, tan sólo, que estuve cantando en la Carpa desde
septiembre hasta fines de diciembre de l966, y a cargo de ella, por encargo
de la misma Violeta, cuando partió a comienzos de diciembre a Bolivia en
busca del gringo Fabré el flautista suizo, que convivió con ella y que la
abandonó inesperadamente para su gran desconsuelo, tristeza que la cantora
evocó en su canción “Rum, rum se fue pal norte”. Lautaro, uno de sus
hermanos, que también trabajaba en la Carpa, aprovechando su ausencia le
sustrajo el revólver de fabricación brasileña que ella guardaba bajo la
almohada. Ante mis enérgicos requerimientos, logré que lo devolviera ¡para
qué! Con él Violeta se suicidó el 27 de febrero de 1967.
A la Carpa, que se abría sólo los días sábados, el más asiduo
visitante era Nicanor, el hermano mayor de Violeta. Cubierto con una gruesa
manta de tenues colores y un sombrero campesino de ala ancha, permanecía
en silencio mientras se hacían los preparativos antes de recibir a los
huéspedes. Los consejos de Nicanor a Violeta la llevaron a tomar la fatal
decisión final. Nicanor siempre reconoció publicamente que él era el
culpable de la muerte de su hermana, porque no supo cuidar su alterada
psicología, su delicado espíritu, los débiles parámetros sentimentales que
alimentaban la desolación de su alma. En “Maldigo del alto cielo” Violeta
muestra, con toda crudeza y sinceridad, los desconciertos de su vida y el
desamparo social que padecía Chile, una de sus mayores amarguras.
La relación entre ellos era muy distorcionada, de parte únicamente
de Nicanor, no de Violeta, que sentía por su hermano un inmenso respeto y
amor. Estando yo un día en la casa del poeta en La Reina, junto a Jorge
Teillier, Beba Ortíz de Zárate, su esposa, y Rolando Cárdenas -de ese día
tengo una foto junto a ambos- llegó una gringa norteamericana, estudiante
de latinoamericanística, buscando, en domicilio equivocado, a Violeta Parra.
Esta dama había escuchado, estudiado y analizado sus canciones y le
preguntó a Nicanor sorprendida: ¿usted es el hermano de Violeta Parra? a lo
que el poeta respondió: ¡no, ella es mi hermana! La fama de Violeta y su
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
obra, había sobrepasado sus antipoemas, y él no podía rebajarse a ser sólo el
hermano, sino demostró ese día que él era el jefe intelectual de la familia
Parra, creadora por naturaleza, con más fuerza telúrica los que creaban sobre
temas del pueblo, sobre lo popular, como lo demostró el tío Roberto, sin
alardes de intelectualismo oportunista como se ha consideraba la obra
poética y la conducta política de Nicanor.
Violeta no tenía conciencia de esta rivalidad. Nicanor la sufría en
silencio, sin poder contenerse pues los méritos de Violeta cada día
sobrepasaban toda sus espectativas. Con sus “Nuevas composiciones” éstas
la llevaron al límite porque entre ellas se encontraba “Gracias a la vida”,
que ha marcado un hito en el cancionero del mundo entero, pues ha sido la
canción chilena más cantada y escuchada, millones de personas la conocen y
aun la siguen cantando. Adquirió una fama que no perderá nunca vigencia.
Toda la familia Parra fue de marcada tendencia comunista y
consecuentes hasta el presente con sus ideales. Pero Nicanor dejó de serlo
rápidamente, de inmediato después del golpe militar el 11 de septiembre de
l973. ¿Por la envidia que sentía por Neruda? ¿Por ser un profesor con seis
meses al año en Inglaterra ya convertido en un Lord? Su afán de
reconocimientos le llevó a aceptar de inmediato al golpe militar el cargo de
Decano de una Facultad en el Instituto Pedagógico de Santiago. Hoy
postulado al Premio Nóbel lucha su candidatura con las historias de varias
mujeres suecas, que son un obtáculo para darle bizos de honestidad a su
vida, ellas manejan esas historias para no darle signos de dignidad a su
engañosa persona, tanto como ser humano y como poeta, pues siempre se ha
nutrido de lo que ha escuchado y de lo que los demás piensan y dicen, sobre
todo, la gente del pueblo y sus dichos populares. Careció siempre de
originalidad y de inventiva. En la Sociedad de Escritores de Chile, la SECH,
era proverbial que cuando llegaba Nicanor a una reunión los contertulios
decían: ¡cállense la boca, no hablen, llegó Nicanor, silencio que les robará
hasta el aliento!
Las canciones de Violeta en esa época eran esclarecedoras sobre
todos los problemas sociales del pueblo chileno. Fue en esta etapa, la final
de su vida, en que grabó “Nuevas Composiciones”, cuyos originales tuve en
mis manos pues fui el encargado, a pedido de la misma Violeta, de pasarlos
a máquina, corregirle algunas faltas de ortografía, de puntuación y darle un
ordenamiento temático para la publicación del folleto adjunto al LP, que
posteriormente editó RCA Víctor.
Basta recordar algunos títulos donde la sensibilidad social de
Violeta marca un hito dentro de esta temática en el cancionero de protesta
latinoamericano: “Que vivan los estudiantes”, “Qué dirá el Santo Padre”,
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
“Chile al frente de la injusticia”, “Porque los pobres no tienen”, “Los
pueblos americanos”, temas de gran importancia y de alta calidad artística,
joyas del cancionero de protesta y anticipadores a los de la llamada Nueva
Canción Chilena. Ella como precursora dejó su impronta como una madre
en sus hijos: calidad, sensibilidad, respeto y un agresivo sistema de defensa
personal ante tantas agresiones que sufriera ella personalmente como a
diario el pueblo chileno.
Cuando cantaba y administraba la peña de Violeta, yo usaba una
camisa gris, muy de moda en la Argentina, que en la misma Carpa me
robaron unos macucos en una incursión nocturna. Violeta me regaló un
pulóver blanco, usado, pero en muy buen estado. Ese mes de febrero de
l967, yo aun permanecía en Pichilemu y protegido del frío de los últimos
días del mes con ese pulóver. Caminaba por la playa cuando me informaron
la noticia de su muerte. Los pormenores de la misma y lo que aconteció días
antes en la Carpa, es la historia que debo callar a solicitud de mi compadre
el poeta Jorge Teillier.
Por esos años tuve la suerte de conocer al poeta, hoy Premio Nóbel
de Literatura, Pablo Neruda. En Buenos Aires había compuesto una obra
histórica-musical sobre José Miguel Carrera, personaje del que era Neruda
gran admirador. El Dr. Bravo Moreno, viejo amigo de Pichilemu, le llevó
unos originales de los textos de la cantata y el poeta de inmediato me invitó,
junto al Dr. Bravo Moreno a su siguiente visita a la Isla Negra. De ahí surgió
que me regalara dos poemas dedicados al prócer que naturalmente fueron
incluídos en el disco LP publicado por Emi-Odeón en el año 1968. Pablo
Neruda tuvo otras bondades con mi persona cuando intervine como
organizador del Encuentro de Escritores Latinoamericanos el año l969. En
1971, Pablo Neruda me invitó a su despedida en Temuco, cuando fue
nombrado Embajador en Francia, al que asistí, junto a Jorge Teillier, Hernán
Loyola, Jaime Concha, Guillermo Quiñones y entre otros connotados
escritores amigos del Nóbel, el poeta Juvencio Valle, con el cual inicié una
invalorable y admirativa amistad.
La canción a Violeta Parra, tiene el valor de haber sido compuesta,
una de las pocas, pisando la arena del mar y bajo el cielo de Pichilemu, por
ello está incorporada a estas historias. Le faltan muchos detalles
esclarecedores que algún día serán revelados para hacerle justicia a la
dignidad de su vida y a su trágica y oscura muerte.
VIOLETA PARRA
Si acaso volvieras, Violeta del sur,
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Verías el fruto de tu guitarrear
Que el canto florece y tu triste canción
Es nuestro paisaje de vida interior.
Tu canto, Violeta, de azul soledad,
Es el campo verde al atardecer,
La melancolía que en mi patria está
Mojando tu nombre que crece en San Carlos.
Canta, canta Violeta al amor,
Que si vuelves hoy lo encontrarás
Por la ausencia que abrieron tus ojos
En cada canción,
Violeta de luz, Violeta de amor.
..............................................................
..............................................................
Tú sigues viviendo, tu sigues cantando,
Sigues alegrando mi corazón.
Tu canto es un puerto materno y carnal,
Un rojo horizonte que arpegia dulzor,
Tus manos aun razgan la fiebre que hoy
Abisma a mi pueblo al no escuchar tu voz.
Tu nombre Violeta, es rumbo feliz,
Estrella que guía nuestro guitarrear,
Eres la esperanza, la angustia, el amor,
Madre de los Andes, dulce inspiración.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
A MACHALI
A los ciudadanos romanos, desde que como imperio comenzaron a
formarse como una fuerte comunidad civilizadora, se les enseñaba a mirar a
Roma, se les alentaba a aceptar y adoptar su cultura y sus valores. Todos los
países desde la antiguedad, como todas las corrientes civilizadoras, se han
implicado en este quehacer formativo, en cierta medida en un proceso de
aculturación y crearon lazos que impregnaron todo el entramado de sus
relaciones sociales y civilizadoras y establecieron los rudimentos de una
identidad compartida, de una voluntad de ser realidad junto a otros seres
humanos de lejanas tierras.
Este proceso viene incipiente, como un balbuceo, desde el primer
aliento en el ser humano y, se robustece con la educación. Sentirse de un
pueblo, de una ciudad, de un país es dar los primeros pasos de una
responsabilidad a la vida, a la procreadora de ella que es la madre. En ella
identificamos nuestros primeros amores y nuestras primeras referencias
están empapadas de sus enseñanzas que, cuando se es adulto, quedan
incorporadas, y se divisan tenuamente en el cristal de nuestra memoria, pero
forman el fondo sólido que ya no deja filtrar nada de lo que concierne a
nuestra vida. Es la base de nuestra personalidad. Toda referencia al lugar de
nacimiento, ya sea al pueblo, a la ciudad o al país que lo vió a uno nacer
-donde pudo dormirse o morir en sus brazos, donde pudo sobrevivir en sus
manos, donde fue seducido y sometido- es un acto de recordación genética,
que forma parte ya del metabolismo ancentral de la especie humana.
Sentirse seducido o sometido por esa tierra, son operaciones acrescentadas
por la pasión y, como tales, se realizan en la memoria antes que en la
práctica de las comunicaciones de sobrevivencia implícitas en la educación,
la economía, la religión o en las expresiones artísticas tan caras a todo
hombre en particular, como a la comprensión de formar parte de una
comunidad integrada a una nacionalidad con identidad propia.
La canción al pueblo de Machalí fue un propósito de congeniar en
él la búsqueda de mi propia identidad. Me ha sucedido en muchos lugares
donde he habitado. En todos ellos quiero vivir y también morir, por creer
que al fin he encontrado el paraíso perdido, que psicológicamente es el
Pichilemu que extravié en la infancia. Nunca he perdido la fe en ello, de que
existe un lugar que debe pertenecerme, nunca me he sentido desarraigado
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
del primer contacto con la vida, ni con la de mis mayores esos Llanca,
Pavéz, Lizana, Clavijo que por ser tan telúricos, me impregnaron de sabias y
fuertes raíces, cuyas semillas del árbol ya fructífero, siempre vuelven en la
misma dirección del viento: a germinar en la primogénita tierra natal.
Llegué a Machalí a consecuencia del golpe militar del 11 de
septiembre de l973, cuando fuí exonerado de la Universidad de Chile, Sede
Chillán. En el fundo de la Sanchina me dieron oportunidad de administrar
las propiedades de los Larroulet Irribarren-Manchot Rodríguez, los padres
de mi mujer. Vivimos junto a ellos con mis dos pequeñas hijas, Cristina de
tres años y Javiera tan sólo de seis meses.
Una de las casas de inquilinos que tenía el fundo fue arrendada por
Ponciano Meléndez, asiduo visitante de Machalí donde tenía numerosos
amigos lo que convirtió, el lugar y mi estadía, en un regocijo de poesía
popular, un inacabable fortín de refuerzos emocionales, un vino dulce,
teniendo al frente los ojos inteligentes y bondadosos del amigo payador, que
le dieron descanso a esos meses de mi vida ante los agobios del nuevo
devenir de Chile, que empezaba a vivir una larga noche de oscurísimas
tinieblas. Después, Ponciano administró un popular programa radial
dedicado a la difusión folklórica del canto de los payadores de todo Chile.
Labor encomiable donde yo participaba con las canciones a Pichilemu,
animado por un Ponciano orgulloso de Ciruelos, del Nuevo Reino, de San
Andrés y del mar de Pichilemu y, que además, había sido un niño adherido
al conocimiento de mis abuelos y compañero de juegos de todos las Llancas.
Machalí tenía para mí una enorme fuerza telúrica sostenida por esas
venas de rico metal que son las minas de cobre de El Teniente, paredón de
riqueza que a miles de familias les ha dado el pan cotidiano, familias que
han sacrificado sus vidas para darle a Chile, en convertibilidad económica,
la búsqueda de su bienestar y al fin su vida, apoyados en la fuente de riqueza
que es el cuerpo robusto de ese contrafuerte cordillerano.
El llano machalino fue tierra de indios, la cruzan profundos canales
ancestrales, construidos desde tiempos inmemoriales que riegan
generosamente la tierra apta para todo sembradío. Sus antiguos habitantes
debieron, lo atestiguan los canales por ellos construidos -no queda otra cosa
como testimonio- gozar de una subsistencia plácida y generosa pues la
naturaleza les brindaba con creces cuanto necesitaban. Esos valles hicieron
rico a más de una generación de hacendados, eran tierras que no se vendían,
ni se arrendaban, sus propios dueños las trabajaban, aunque tuvieran en la
ciudad otra profesión, volvían a dirigir personalmente las labores de sus
campos.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Con Ponciano Meléndez, siempre con un alcance vitivinícolo por la
salud de Pichilemu, ascendíamos al Cerro San Juan a cuya falda los
Centauros, más de una vez, detuvieron sus cabalgaduras para escuchar los
elogios en décimas espinelas que les lanzaba Ponciano, y alzaban sus cachos
con un estruendoso ¡salud por el payador! La quietud del pueblo nunca era
interrumpida, salvo los 18 de septiembre en que todo era algarabía, colores y
una fe entusiasta en el pueblo y en esa gente que en él vivía, como si no
existieran otros pueblos; pueblo magnificado por la tradición; genético de
vigorozo mestizaje; pletórico por la corriente magnética de la espalda
metálica que lo protegía: ¿morirías aquí Jorge? –me preguntaba Ponciano¡te contesto, querido Ponciano, que me quedaría a vivir aquí, y moriría
también aquí, si así fueran todos los despreocupados días que me restan de
vida. ¡Por supuesto que sí!
A MACHALI
Todos los caminos me llevan a Machalí
Porque allí la felicidad
Es principio y es final de mí existir.
Porque el amor que hay en mi voz
Es la historia y la fuerza de la tradición,
Del minero en el socabón,
Del esfuerzo del labrador,
De sus calles y la luz del sol.
A Machalí quiero volver,
Y de nuevo ser
El niño que allí creció tan feliz.
En Machalí quiero vivir
Cantando al amor
Aquí en Machalí yo quiero morir.
El hombre es paisaje que siempre ha de volver
Al lugar que lo vió nacer,
A los brazos de su madre su primer querer.
A donde la luz del Cerro San Juan
Ilumina a los Centauros jinetes sin par,
Y Ponciano Meléndez está
Con su alma de payador
En un dieciocho primaveral.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
A RANCAGUA
Ocurre con varias ciudades de Chile, que pueden ser, con mucho
cariño, descritas, glosadas, narradas, desear haber nacido, vivir y morir en
ellas, pues hace demasiados años que en sus casas y edificios se vive
perfilado en greda: se puede desear verlas, pero cuando no se es de ahí,
después de la primera mirada se necesita un vaso de vino que escancie la
curiosidad convertida en ansiedad. Las ciudades de Chile son casi todas
iguales de antiguas, como gemelas, sus trazados nunca se renovaron y sus
casas con sus humildes fachadas, sus angostas calles y veredas hoy en día
permanecen inmóviles, como si no hubiera existido el paso del tiempo. Una
que otra rajadura, producto de un pasado terremoto indica, como las marcas
de los árboles, los años en que inciertamente pudieron haber sido
construídas. Las nuevas construcciones siguen los mismos diseños
impuestos desde tiempos de la colonia en una arquitectura genética, cuyo
parecido es el mismo de los ciudadanos que la habitan, gestos sanguíneos
que provienen del mismo material y mestizaje en que se fundieron los
mismos genes provenientes del mismo lugar, con los mismos intereses.
Rancagua no es ninguna excepción. Los arquitectos que la han
remodelado, como el caso especial de Gonzalo de Pablo, han mantenido un
amor hacia todos los modelos antiguos, al material con que fueron
construídas esas casas de adobe con techos de tejas rústicas, grandes
ventanales y patios interiores que ventilan cada una de sus habitaciones, que
sin privacidad, todas sus puertas indican solo una dirección: el patio central.
Rancagua es sin duda, la teoría puesta en práctica de un cúmulo de barrios
españoles.
Recuerdo la plaza central, pequeña y de tanta humildad que parece
el interior de una casa antigua, en cuyo centro, lleno luz, está Bernardo O
´Higgins. Como en casi todas las ciudades de Chile, la Iglesia Catedral es
pequeña de altura como todos los otros edificios coloniales que rodean la
plaza. Si mi memoria no me falla deben estar rodeándola, además de la
Municipalidad, la Catedral, el Correo, la primera comisaría, el cuartel de los
valientes e imprescindibles bomberos y los más importantes comercios y
oficinas públicas.
La Plaza de Rancagua, siempre fue para mí el patio interior de la
casa patronal del inmenso fundo que es la región y toda la tierra que la
circunda, que le da personalidad con su entorno de aire limpio, de un
paisaje verde de puro campesino que es, sin alarde ni aspavientos, parte de
la provincia más “huasa de Chile”.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Para mí Rancagua es su plaza. Es la heróica salida, acaballada, de
los patriotas con Bernardo O´Higgins a la cabeza; es los cuerpos mutilados y
la sangre derramada sobre las piedras de las calles y las veredas de tantos
mártires anónimos cuyos nombres, salvo el de los jefes, nadie recuerda. Es
esa Iglesia en cuya torre los patriotas atisbaban a los realistas para ver si
venía en su socorro José Miguel Carrera y Manuel Rodríguez, con sus
tropas, de cuyo campanario yo me robé un ladrillo del piso, que llevé de
inmediato a Buenos Aires. Lo confieso para que los inocentes curitas, por
una o dos monedas, no sientan ninguna simpatía por los serios
investigadores de historias pasadas, porque si hay algunos más como
nosotros, con el tiempo se les resquebrajará el piso y el campanario quedará
incrustado en medio del templo.
Es Rancagua para mi un cúmulo de pequeñas historias que uno
piensa que sólo pueden ocurrir en Chile. Como aquella del rancaguino
radio-aficionado que se comunicaba en inglés con todo el mundo. Cuando
vino el golpe militar fue investigado, pero como había prestado repetidas
veces innumerables servicios a la comunidad, y a las mismas autoridades, no
lo molestaron ni investigaron como a otros que las pasaron negras. Un día al
atardecer, su mujer notó que su casa era rodeada por carros militares y con
carabinas y ametralladoras en los brazos se acercaban sigilosos a su puerta.
Cuando Pedro Morales, el radio-aficionado la abrió, delante de él estaba un
señor coloradito que sonriendo le dijo: “Pedro aquí al habla está Carlos”. El
hombre entró solo. Mientras los militares lo esperaron prudentes y alertas en
la calle. Hasta que el tipo salió abrochándose el saco cruzado de su traje
color gris y arreglándose, con un manido gesto, la corbata torcida.
¿Quién era ese tipo Pedro? fueron las preguntas a la mañana
siguiente. “Bueno que quieren que les cuente: era el príncipe heredero de la
corona inglesa, Carlos de Windsor, el Principe de Gales, que se comunica
conmigo desde hace años por la radio de aficionado de la que él es un
usuario fanático y quizo conocer a Pedro, su perro choco, el más austral de
todos sus amigos parlantes”.
Rancagua es para mí el lugar donde el poeta Oscar Castro, asiduo
visitante de las playas de Pichilemu, tosía versos antes de morir, en el
interior de su casa de altos ventanales; donde conocí a Gustavo Rosso, de
clara ascendencia judía, uno de los mejores guitarristas chilenos, un músico
excepcionalmente dotado, con el que más de una vez, hasta el toque de
queda, guitarreamos juntos; fue donde compartí la generosa amistad y
protección de mi concuñado el arquitecto Gonzalo de Pablo; es la historia de
cuando mi suegra Larroulet-Manchot, valiente mujer, con las virtudes de
una altiva patrona de fundo chileno, decidió arrendar la casa patronal de la
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Sanchina a la oficialidad de los carabineros rancaguinos, y que cuando ya
tenían las pergolas terminadas para recibir, con una gran fiesta de
inauguración a la Junta Militar con Pinochet a la cabeza, y como no habían
firmado aun el contrato de arrendamiento, mi suegra, sin contemplación, le
cambió el candado a la reja de entrada del fundo, lo que imposibilitó que se
realizara la inauguración ante el consabido enojo de la plana mayor de
oficiales porque se provocó un descomunal descalabro institucional, por
cuya acción me culpaban a mí por ser el portavoz administrativo de la
propiedad. Cuando uno de los carabineros, castigado por borrachito y que
dirigía la construcción de las pérgolas, con el cual compartía todos los días
más de una garrafa de vino junto a sus compañeros, me encontró por la
calle, me avisó que me cuidara, pues me iban a sacar la contumelia porque
me consideraban el responsable de todo lo acontecido, mi paranoia se desató
y como recurso protector le conté a todos mis prominentes amigos, al sirolibanés Anich propietario de la farmacia de la esquina, del almacén de
comestibles más gran de Rancagua, a Gonzalo de Pablo, al abogado de la
familia que era el Dr. Rosenberg abogado -también de los carabineros y que
fue el que se quedó, no sé por qué, con toda la propiedad de la Sanchina- el
temor de posibles represalias, lo que hizo que los oficiales de carabineros
me protegieran poniéndome durante todo el día dos guardaespaldas, ¿por
qué? porque si yo llegaba a tropezar, -andaba siempre borracho y muerto de
miedo- al regresar siempre tarde a mi casa después del toque de queda, no
me lastimara y pudieran culparlos a ellos de ser los causantes de una posible
agresión. ¿Cómo iban a ser los carabineros? ¿Nosotros? ¿A don Jorge?
Rancagua fue el lugar donde gané el primer concurso de fotografía
programado por la Sexta Región, concurso en el que gané todos los premios,
el primero con un paisaje de Punta de Lobos, y todos los demás a nombre de
mis parientes, amigos y de mis alumnas del Colegio Inglés; donde después
varios fotógrafos lugareños apuntaban que me habían regalado los premios
por ser pariente de Ackermann, el Comandante del Regimiento y sobrino de
José de Pablo, uno de los responsables del jurado; es el Munich, el hermoso
restaurant, un panal de abejas, construído por Gonzalo de Pablo, que
pertenecía a una familia de ascendencia alemana, que ahora es pichilemina,
los von Unger, donde yo cantaba acompañado por el organista llamado
“tararara” por su labio leporino; donde los dueños de la Casa Zúñiga de la
calle Brasil, los generosos Anich y otros prominentes comerciantes
apuraban sus pasos de baile y las copas de pisco antes del toque de queda
para salir, disparados en todas direcciones, hacia sus domicilios en sus
zigzagueantes autos.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Rancagua es la ciudad donde se apagó la vida del payador Ponciano
Meléndez, una oscura noche, sorprendido por siniestros maleantes que
nunca supieron el talento que extirpaban a la comunidad rancaguina, sin
saber que era ese pichilemino la voz de una tierra que necesitaba contar su
historia. Su muerte hasta hoy día está sin aclarar. Otro crimen que ha
quedado impune.
Rancagua fue para mí otro derrotero en el cual, canté que allí había
nacido, y creí que ahí, por lo tanto, debía morir. La última página de mi vida
en Chile. Mis paranoias acrescentadas, exacerbadas, hasta casi la etilización
-la sirrosis hepática completa- me hicieron recapacitar y abandonar el suelo
de la patria, mi nacionalidad chilena que tanto esfuerzo me había costaba
recuperar. Desde Rancagua le dije adiós a Chile, a Pichilemu, a mi hogar, al
aromo que plantó en la Sanchina mi hija Cristina, a mis nuevos amigos, a las
guitarras de tantos creadores y decidí partir a lugares de donde aun no he
podido retornar.
A RANCAGUA
Desde los patios interiores viene a mí
El cálido perfume de los patios coloniales
Porque en Rancagua se detuvo la vida
En las casas de adobes tras los altos ventanales.
Ahora que regreso a la tierra en que nací
El rostro de mi madre está en todas las flores
Y mis recuerdos, de niño entre sus brazos,
Revive en la alegría de sus viejas canciones.
Al volver a Rancagua comienzo a sentir
Que la patria es más bella viviéndola aquí.
La ciudad rancaguina es mi hermoso ideal
Por ella, desde hoy, por su amor,
Seré su humilde cantor.
Por esas viejas calles iba Oscar el poeta,
Rimándole esperanza a lo breve de su vida,
Cual leve mariposa su juventud volaba
En versos que en el tiempo recobran armonías.
Fue campo de batalla de valientes capitanes,
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
De O´Higgins cabalgando junto a Libertadores.
En la montaña el cobre es pan de nuestros días
Junto al esfuerzo agrario de nobles labradores.
INVIERNO CRUEL
Esta ingeniosa canción pertenece, en letra y música, a Hugo Díaz
Girón. Fue compuesta con las sinceras observaciones de un hombre que vivió
casi toda su vida en Pichilemu y conocía profundamente la psicología y las
costumbres de sus habitantes. Yo fui el primero que lo grabó en un disco
simple de 45´ rpm, para Odeon-Emi, allá por el año 1968. Grabé la canción
acompañado por Los Panters, en esos días en que la mujer del chino Bradley lo
había abandonado. Estos músicos eran amigos asiduos del rico tractorista y le
pusieron otra nota de humor a la canción cuando uno de ellos pregunta:
¡comadre! ¿sabe lo qué le pasó al chino?
José Miranda, recitador y gran admirador de Girón, me contaba en
uno de mis últimos viajes a Pichilemu, que el poeta popular, era un
versificador proficuo, fecundo y con una capacidad de penetración en los
sentimientos del pichilemino que nunca se había dado en sus entornos, salvo el
talento de Ponciano Meléndez, no había otro como Hugo Díaz Girón. Invierno
Cruel es el vals más conocido por los pichileminos, el que cantan con más
asiduidad. No falta reunión donde así mismos se recuerden y se vuelvan a ver
retratados en las costumbres descritas por Hugo Díaz Girón, ante el silencio de
sus mujeres que escuchan como cómplices complacientes lo que convertido en
una cuasi leyenda, es en la realidad, el mayor motivo de discordia.
Algún día quizás tenga usted la oportunidad de escuchársela cantar
a Carlos Pérez Llanca, una de las mejores voces pichileminas, -como a la vez
junto a Jorge Morales, uno de sus mejores futbolistas, según testimonio de
José Miranda Pérez- y si es tiempo aun, a duo con José Miranda Gaete,
acompañados por la guitarra del Negro Pelé, todos al unísono pero con la
seriedad de los que saben que cantan, como en la iglesia los feligreses,
verdades y rogativas que son consagraciones de fecunda tradición.
Recuerdo que Hugo Díaz Girón, trabajaba en el Registro Civil de
Pichilemu. Fue autor de otras tonadas muy conocidas y cantadas en cuánta
reunión y fiestas realizan los pichileminos, algunas fueron grabadas por el
Negro Pelé, su gran propagandista, hoy en Santa Cruz, llamado en la
actualidad cariñosamente por sus amigos don Benja, que sé que me odia
profundamente. Otros dicen que es pura envidia y rivalidad.
La descripción de las costumbres de los pichileminos en esta
canción es cabal. Los pichileminos cambian en invierno su forma de vida de
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
manera notable. En verano son los esforzados y anónimos trabajadores que
ayudan a sus mujeres en todo para recibir a los huéspedes veraniegos, pero en
invierno, después de reparar los daños que los veraneantes ocasionan en el
pueblo, reponen sus fuerzas en la ociosidad tal cual son descritos en la
canción. Guatones y con el bocio descomunalmente abultado, “guenos pa´ la
talla”, pal´tinto y los piures y procreadores de muchos hijos. Por ejemplo: mi
tía Teresa tuvo catorce, la tía Luisa ocho, la tía Clara ocho, y los tíos, los
maridos de cada una de ellas, después de programar uno, o en cualquier otro
momento, se iban de pichanga. Contando los avatares del verano se entretenían
en el invierno, observados con ojos de buen cubero por Hugo Díaz Girón.
Ninguna historia es tan veraz como ésta en donde todo está en su sitio y muy
bien versificado, cada estrofa es una realidad absoluta y todo descrito dentro
de un ambiente de cordialidad y buen humor. No debo ser yo, ni nadie, quien
le agregue una palabra más.
En esta época fue que conocí a los que fueron Alcaldes de
Pichilemu a don Felipe Iturriaga Esquivel, don Carlos Echazarreta Iñiguez,
don Carlos Rojas Pavez, y a don Washington Saldías Fuentealba. Don
Washington, era en esos años, en su calidad de Alcalde, también Juez de
Policía Local. Un día muy temprano a través de Carlos Pérez LLanca, su
ayudante, me mandó a llamar. Se me acusaba de agresión física y de haber
robado una maza de carreta en una casa de Ciruelos.
El hecho ocurrió así. Fuí invitado junto con unos oficiales de la
aviación militar encabezados por el dueño del Hotel Casino, el Comandante
“Tavo” González Pérez,, un pichilemino que se destacaba por ser el mejor
aviador del grupo de los famosos intrépidos Cóndores de Plata, a un paseo
almuerzo a las laderas de Ciruelos. Frente a la iglesia yo tropecé con un objeto
duro, escarbé el suelo y resultó ser una vieja y oxidada espuela de huaso.
Maravillado por este hallazgo, no sin sorpresas, divisé una maza de carreta
tirada en el camino, de inmediato la tomé cargándola al auto de uno de mis
amigos. Mientras comíamos el asado campestre, en una de las laderas de un
cerro apareció un huaso enorme de alto y tremendo guatón y, como Goliat
frente al bíblico David, empezó a despotricar, -qué digo- a putear a todos los
comensales: “esos oficialitos cobardones; esas putas santiaguinas; ese
argentino que me robó la maza de carreta”, fue lo menos que grito desde la
altura. Se nos arruinó el almuerzo y porque todos me miraban, culpándome
por ello con caras descompuestas, me armé de coraje y me fuí donde el guatón.
Una vez frente a frente, el guatón sacó una enorme cuchilla que
revolió en el aire como el bandido Benavides, el de la cueva de las Termas de
Chillán que fue apresado en Pichilemu, yo me enrollé el poncho en la mano
izquierda como lo acostumbran hacer los gauchos argentinos; él se sacó y tiró
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
al suelo su sombrero y nos enfrentamos cautelosos como expertos facinerosos
que no hacían más que repetir una vieja escena. El guatón estaba borrachísimo
y en el primer embiste, con el puñal dirigido a mi guata, le hice una zancadilla
y mientras resbalaba, lo golpié con un pase de judo que lo hizo caer y rodar
como una vaca cuando se despeña en un barranco. Le quise pegar una patada
en la cara de puro odio que me incitó, pero en ese momento salió su mujer con
un palo enorme a defender a su marido. Yo opté por alejarme pues nunca le he
pegado a una dama. Los comensales del “Tavo” González me aplaudían como
si yo fuera David porque salvé el honor de todos los insultados y limpié las
gruesas palabras que el guatón le dirigió a las damas.
Don Jorge, me dijo el Juez Washington Saldías, si no lo mando a
llamar con su primo Carlos Pérez Llanca serían los carabineros los que lo traen
esposado y directo al calabozo antes de traerlo a mi presencia, porque está
acusado de una falta muy grave: de agresión física y robo. Acusado de robo
por el Sr. Catalán, don Jorge, pero como Carlos Pérez Llanca ya trajo el objeto
robado, a Ud. le pregunto: ¿lo devuelve?
¡Por supuesto Sr. Juez!
Bien, como por esa causa está Ud. acusado lo dejo en libertad. Y
saliendo detrás de su escritorio me decía mientras me abrazaba: ¡permítame
felicitarlo don Jorge, Ud. ha sido el único que le ha sacado la chucha a ese
guatón de mierda que le pega todos los días a su mujer, que nos tiene a todos
cubierto de porquerías con sus insultos y su agresividad! ¡Usted ha sido el
único que le bajó los humos al guatón Catalán y aquí ayer ese desgraciado se
presentó en mi oficina, llorando porque todo el pueblo, enterado de la paliza
que Ud. le dió, le ha perdido el miedo y el respeto, y se le ríen en la cara.
¡Gracias don Jorge! ¡Queda Ud. en libertad!
¡Ah, don Washington! ¡Qué recuerdo! ¿Será por ello que ahora soy
tan amigo de sus hijos sobre todo de su homónimo? ¿Por ello que salí a gritar
por las calles de Pichilemu vivas por su candidatura a Alcalde? Imborrables
momentos guarda la memoria para solaz del alma mientras los atareados años
pasan y somos sólo un recuerdo del paisaje de nuestra infancia.
Cuántas anécdotas van a quedar sin escribirse porque no todo tiene
importancia en la vida. Chile es una nación joven y tiene su historia cubierta
de sangre por la liberación del yugo español. Un duro camino en la
consolidación de sus estructuras políticas y sociales. Y nosotros don
Washington, como pichileminos somos un pueblo aun joven y debemos
graficar nuestra historia detalle a detalle como un ejemplo a las generaciones
futuras. Debemos graficar muestras costumbres, como las descritas en la
canción Invierno Cruel; en el paso por la alcaldía y la política de tantos
sacrificados pichileminos que entregaron todas sus fuerzas por lograr bienestar
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Historia de las canciones a
Pichilemu
para su pueblo. Nos nutrimos de todos ellos tanto en verano como en el
invierno cruel.
Bueno. Vamos a cantar otra vez junto a un buen Macaya. Ahí va la
letra de la canción sin cambio ninguno. Igualita como la hizo nuestro amigo
Hugo Díaz Girón.
INVIERNO CRUEL
Cuando se va el verano
Y llega la quietud
Para los que quedamos,
Nace Pichilemu.
Muy lejos está Santiago,
Más cerca Santa Cruz,
No falta nunca un trago ni un santo
Bien rociado por quien hacer salud.
¿Qué hacen allá en Pichilemu
En ese invierno tan cruel?
Me preguntan los amigos,
Me preguntan por doquier.
¿Qué hacen allá esos bribones,
En ese invierno tan cruel?
Para el Macaya no falta
Ni pal mastique también.
Llegan las noches largas,
Comienzan los pelambres,
El marido en pichangas,
Ellas por el alambre.
Así se va pasando
Otro invierno cruel,
A un perro bien asado
Van muchos convidados
Y va también la ley.
Los piures se hacen pocos,
Llega la primavera,
Con pencas y chaguales
Se arman las tomateras.
No falta un buen velorio
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Donde pasarlo bien,
El muerto es buen cristiano
Se fue antes del verano
En ese invierno cruel.
PICHILEMU ME ESTA ESPERANDO
En junio del año l985 realicé un viaje desde Berlín hasta Ikaalinen,
ciudad cerca de Turku al sur oeste de Finlandia. Habíamos sido invitados al
Festival Anual de la Armónica que consiste en un evento donde se reunen
anualmente mil ejecutantes de acordeón, bandoneón, armónica de boca y los
añorados organitos. Vinieron conjuntos de todo el norte de Europa
acompañando a sus grupos de canto y baile con sus trajes típicos: rusos,
polacos, lituanos, ingleses, irlandeses, alemanes, suecos, noruegos, etc., etc.,
se reunieron en un mundo de colores y melodías, a cantar y bailar al compás
de estos clásicos y útiles instrumentos populares. El epicentro de la reunión
es la reiterada presentación de estos instrumentos que emiten el sonido a
travéz de lengüetas de diversos tamaños formando escalas hasta alcanzar a
veces la extensión de ocho octavas, que forman la familia de las
“armónicas” como se les llama a los instrumentos similares al acordeón.
Nosotros representamos a la Argentina con el tango, el único país
latinoaméricano invitado. Fuimos la sensación pues nuestro repertorio se
componía de tangos, milongas y valses, donde el bandoneón juega el papel
más importante. El bandoneón es un invento alemán y siempre fue un
instrumento de amplia difusión en los países del norte de Europa. Fue
creado allá por l820 por el alemán Herr Band, para suplir las necesidades
lúgubres del sonido del órgano y para acompañar a los difuntos en las
procesiones fúnebres hacia su última morada en el camposanto. Su fama se
extendió a Francia e Italia, y fue llevado por los inmigrantes alemanes en
l858 a la Argentina, cuando se creó la primera colonia de teutones en la
provincia de Corrientes. Los alemanes nunca han dejado de tocar el
bandoneón, son muchos los músicos que lo emplean en la ejecución de su
propia música en el volk, Schlager, y en la Mussette francesa y,
naturalmente, en el tango, pero en un tango muy especial llamado “tango
europeo”, que no es nada más que una melancólica polka.
Partimos en auto desde Berlín atravezando la primera frontera de la
RDA, de la Alemania comunista, luego la segunda de la RFA, de la
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Alemania capitalista, hasta llegar a Hamburgo. De ahí a Travemunde, donde
nos embarcamos en transportadores marítimos capaces de llevar cientos de
autos en sus bodegas, hasta Mälmo ciudad-puerto del sur oeste de Suecia.
Atravezamos Kronoberg, Göteland, Ostergolland hasta llegar a Estocolmo.
Nos embarcamos de nuevo cruzando un ancho brazo del mar Báltico hasta
la entrada del mar Bottniske viken, llegando a Turka Abo, cruzando Pori, los
lagos de Nokia hasta llegar a Ikaalinen nuestro destino final.
El largo camino incitaba a pensar en el destino que cada uno tiene
en la vida, por esos parajes distantes de la patria, del lugar que nos vió nacer
y tarareando la melodía de “Noches de Pichilemu” yo contemplaba el cielo
apenas estrellado; los inmensos bosques de pino insigne, el mismo pino de
Pichilemu, que es un árbol de origen canadiense muy apto para tierras
erosionadas, cuyas raíces recuperan la tierra, aunque lentamente y la
mejoran. Esos pinos en estos lares son rotativos, una alternancia para luego
de ser cortados, se planta en su sitio avena, trigo, cebada, y por sobre todo
rapsol cuyas flores mostraban grandes extensiones de un color amarillo
intenso, con bosques de pinos, agrupados en parcelas que parecían islas en
medio del paisaje. De vez en cuando, y muy seguido, extensiones de
numerosos y placidos lagos de aguas azules y de cristalinas profundidades.
El sol sin el peso agobiante del nuestro, alcanzaba a ser suficiente y
reconfortante en esos parajes donde en invierno no se ve nada más que un
infinito manto de nieve.
Le envié a Pichilemu una carta a mi primo Lucho Pérez Llanca,
donde le contaba que por primera vez veía la palabra Llanca fuera de
nuestro entorno. En Ikaalinen la palabra “yanka” (la J y la Y suenan igual
que la doble LL) es el nombre de los cuernos de un cierto tipo de ciervos,
sólo de los cuernos, de dos puntas, de ese tipo de alce regional, hay muchas
otras variedades de este manso animal que tira de los trineos. Fueron
muchas las palabras que encontré cercanas a nuestra fonética castellana,
pero no les hice mayor caso, hasta que al llegar al lugar donde todos los
grupos musicales de reunían a almorzar, mi asombro adquirió visos
sospechosos. La sala del comedor tenía integrada una inmensa cocina:
comedor y cocina eran lo mismo. Y en la entrada de esta gran habitación
había un lienzo escrito en varios idiomas que decía Benvenidos a la “Ruka”.
Ruka en Ikaalinen significa “hogar”: cocina, comedor y dormitorio. Pensé
en Chile y en nuestros araucanos; en un largo camino hacia el sur
emprendido hace miles de años; vi los rostros de muchachos fornidos, de
rostros blancos y ojos azules e imaginaba que si se los pintara un poquito de
café oscuro tendrían las mismas caras de nuestros mapuches, o de los inkas
peruanos. Un grupo de mujeres, del absoluto norte de Finlandia, de la zona
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
de hielos eternos -forman un grupo llamado esquimales- cuya conformación
física y sus rasgos fisonómicos son exactamente iguales a nuestros indios de
la araucanía o al de algunos promaucaes que aun sobreviven y que andan
confundidos entre los pichileminos. Pensaba que hasta yo con mi cara de
mestizo, si fuera rubio y de ojos azules, pasaría por uno de ellos. Tal vez por
esos tuvimos tanto éxito, pues una bellísima filandesa -¡qué mujeres
preciosas, Dios mío!- me dijo, a través de la lengua alemana, que yo me
parecía a su hermano, pero que yo era un poquito oscuro y más bajo de
estatura. En uno de los puertos de embarque encontramos a un grupo de
jóvenes turistas rusos que llevaban puestos una camiseta donde tenían la
imagen de una especie de gaviota de largo pico que ellos llaman Yanka,
pero ya no tenía ánimo para seguir sacando conclusiones de parentezcos
idiomáticos.
La fiesta de la Armónica se realiza para festejar el día del solsticio,
el 21 de junio de cada año, cuando el día se prolonga 48 horas, es decir, no
hay noche, las últimas luces del día anterior, largo de 24 horas de luz, se
confunde con el nuevo. Algo único que en Ikaaline, su realización, es algo
sagrado: desde tiempos ancentrales se repite este acto como una religiosa
consagración al Dios Sol. Antes de llegar el segundo anhelado, todos
mirando hacia el norte, las copas están llenas, y en el instante preciso, en el
cero de la medianoche, se alzan todos los brazos, en una mano previamente
llenas las copas de un vodka de 42 grados; se agitan los corazones y la
mente se dispone al sacrificio de iniciar el nuevo día. En el escenario cien
acordeones inician de nuevo el antiguo rito, eufórico de alegría, y comienza
el baile, el canto, y lo imprescindible: el primer trago que se añade a los
anteriores culminando todo en una borrachera descomunal, paradisíaca, que
prosigue hasta que las fuerzas se agotan.
El regreso fue por el mismo camino. Atravezamos otra vez Suecia,
pero esta vez desembarcamos nuestros autos en Dinamarca. Paramos un día
en Copenague para conocer la ciudad y de ahí rumbiamos hacia Alemania,
hasta Kiel, donde yo me quedé, yendo en búsqueda de mi familia que me
esperaba para ir a una casa de campesinos alemanes que teníamos arrendada
para pasar nuestras verdaderas vacaciones.
Esta casa era de construcción moderna pero enteramente de
madera. Estaba al lado de un inmenso granero, pues la zona es apta sobre
todo para el trigo que, por sus grandes plantaciones, se debe cosechar hasta
de noche: colocan en el área a recolectar, grandes focos de luces que
permiten a las trilladoras moverse sin ningún inconveniente, y así, en
brevísimo tiempo, se recolecta el grano con un ahorro de tiempo con plena
seguridad y eficiencia.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Cuando se retorna de algún viaje, siempre soñamos que alguien
debe estar esperándonos y yo sabía que este viaje no había sido a parajes
cercanos a Pichilemu: Chorrillos, Alto Colorado, Playa Hermosa, Cahuil,
Pueblo de Viudas, Ciruelos, El Copao, Pañul, Rodeillo, el Maqui, ni a
Bucalemu, Paredones, Marchigue, La Estrella, Lago Rapel, nombres todos
recordados casi con angustia. Yo medía mentalmente las distancias y
pensaba: si sigo regresando con el recuerdo hacia el sur, voy a llegar otra
vez a Pichilemu.
Así versifiqué “Pichilemu me está esperando”. Mirando un mapa
no me atareví a calcular cuántos kilómetros me separaban de Pichilemu, por
flojera de contar y calcular y por miedo a que fueran tantos e imposibles de
posibilitar, aunque sea, un imaginario retorno.
El lugar se llamaba Siberien weg, “Camino a Siberia”, y el último
día de nuestra plácida y tranquila estadía, muy temprano, nos preparábamos
agitadamente para regresar a Berlín. A eso de las 10 de la mañana
ordenábamos las maletas del retorno, cuando de repente, sentí un tremendo
ruido en el camino, estruendosos e intermitentes estampidos que se lo
achaqué a un grupo de motos que podrían circular por Siberia weg.
Christiane, mi mujer alemana, se tiró al suelo de inmediato y a los gritos de:
¡Jorge son ametralladoras! ¡La guerra, la guerra! Lo que sucedía era que
unos soldados alemanes habían pasado toda la noche a la intemperie en ese
camino a Siberia, en una campaña de simulacro de batalla esperando al
enemigo Soviético. Grande el estupor y violenta indignación de mi mujer y
un infantil pánico para Antonia mi hija pequeña.
El oficial a cargo del grupo nos explicó después que la maniobra
era sólo un simulacro, mientras cargaban en camiones a los supuestos
heridos que vendadas las piernas, entablillados los brazos y con parches,
coloreados con jugo de tomate, en sus cabezas heridas, eran atendidos por
los enfermeros militares.
A las dos horas volvió el oficial, humildemente confundido y
avergonzado, explicando que se les habían quedado unas granadas de mano
en un rincón del jardín, a los pocos minutos volvió de nuevo, más
achunchado esta vez, pues también habían olvidado unas cajas con todo el
material de comunicaciones y pienso que no se atrevieron a volver a buscar
unas escobas y otras cajas, llenas de balas de fogueo, que escondieron bajo
unas flores, algunas de las cuales aun las conservo de recuerdo.
No doy lugar a pensar que yo he andado siempre recordando a
Pichilemu, que he vivido pendiente como un obsesionado, pero si que por
donde quiera que he ido siempre he caminado pensando en alguna nueva
canción.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
La canción a Pichilemu esta vez quedó interrumpida, pues me
impresionó comprobar por qué Alemania, con su gran poderío y fama
militar, perdiera tantas guerras, ¿gracias a sus desmemoriados ofiales?
Logré al fin terminar la canción en mi casa de Berlín donde tengo
mi nuevo hogar.
PICHLEMU ME ESTÁ ESPERANDO
Quiero volver, allá me espera mi madre,
Febrero, el sol que dio calor a mi sangre.
Me esperas tú también entre la gente
Que lucha con fe: junto a tu amor seré
Un hombre nuevo que vuelve a nacer.
Latinoamérica me está esperando
Y he de volver al sur, a Chile, al mar
Y a Pichilemu donde tengo mi hogar.
Quiero volver al pueblo, al mar de mi infancia,
Donde dejé entre sus calles mis ansias,
Donde aprendí a cantar cuando tus labios
Dijeron adiós: allí logré encontrar
En mi guitarra la felicidad.
Quiero volver no encontré lo que buscaba,
Todo está allí, en esa tierra soñada está la luz,
La paz, el pan y el vino al calor familiar,
Tengo una historia aquí,
Pero en mi pueblo yo quiero morir.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
¿CUANDO REGRESAREMOS A PICHILEMU?
En la ciudad de Quito, capital de Ecuador, viví ocho años. Los
primeros después de mi alejamiento de Chile. Llegué por tierra en un bus de
línea peruana. Era evidente que la mayoría de los pasajeros eran chilenos,
pero todos mantuvieron un silencio sepulcral durante el viaje. En la frontera
peruana de Tacna, una vez pasada la última inspección de los carabineros de
Chile, y ya en la tierra de nadie, un grito casi al unísono, ensordecedor,
extremeció al bus, muchos rostros se volvieron entristecidos y otros llenos
de cólera, algunos le hacían un corte de manga al territorio que iban dejando
atrás. Era evidente que todos habían salido por las mismas causas y que
abandonaban la patria natal, sin su expresa voluntad, buscando refugio a los
enconados odios políticos desatados en Chile en los últimos meses.
Sin conocer a nadie, los primeros días en Quito fueron inquietantes
y angustiosos. Antes de partir de Santiago el abogado Julio Stuardo, el
último Intendente de la ciudad de Santiago de la Unidad Popular, ya de
vuelta de la isla Dawson, me despidió con estas palabras: “en Ecuador
Jorge, nunca muy abajo, tampoco muy arriba, mantente siempre en el
medio. Trata de nunca sobresalir demasiado para que no te descabecen”.
He seguido estos consejos donde quiera que he estado. “Vuela bajo
que abajo está la verdad” dice una canción de Facundo Cabral y estos versos
han sido preceptos protectores en cada acción que he emprendido en la vida
y en cada país donde he habitado, aunque el destino nos depara sorpresas
muchas veces incontrolables e imprevisibles.
Ecuador me costó la separación de mis hijas, me costó un
matrimonio de once años de aparente tranquilidad. Nos sucedió a casi todos
los que se alejaron de la patria. Fue un destino al cual, en definitiva, uno se
resigna porque el tiempo relaja todas las pasiones humanas, ayuda con la
memoria a que se cumpla el designio del olvido. Existe demasiada gente,
buena y comprensiva, en este mundo como para ceñirse sólo a una persona,
a una idea o a una sola fantasía y el horizonte por muy lejos que esté,
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
después de la lluvia, siempre es luminoso. Y como “no hay bien que por mal
no venga” se emprende siempre una nueva vida, o se la vislumbra por lo
menos. Nunca el horizonte, por todos los tiempos, se cierra por completo
por más nubes que anuncie la tormenta y si se cierne, sabido es que detrás
de ella siempre viene la calma.
Durante esta crisis quiteña, la reiteración de ¿cuándo volveremos?
era un constante reproche, un no saber a qué atenerse, un tener conciencia
que la patria es algo real, y que en ella, la vida, como un deber obliga en ella
desarrollarse. Así fueron naciendo los versos, vinieron a mí de otros
pensamientos, de quejas y lamentaciones muy razonables y comprensibles,
de las cuales me hice eco planteándomelos, por lo menos escuchándolos,
para darle sentido a una existencia e historia que parecía inútil.
En Quito fundé la Editorial “Colección Música, Palabra e Imagen
de Latinomérica”, marca con la que edité 24 libros de autores ecuatorianos;
toda la poesía de Jorge Carrera Andrade; la vida y la obra de Benjamín
Carrión; la luz y el trazo mágico del pintor Osvaldo Guayasamín, y la
poderosa poesía de Euler Granda, el más importante poeta actual de toda
Latinoamérica.
Tuve un restaurant conocido como el Fortín Gaucho, que tuvo
mucho éxito, donde teníamos música todos los días. Tocaba el piano don
Humberto Fuentes, un viejito socarrón y peorro, nacido en Arica cuando
este puerto era del Perú. Desfilaron por él todos los intérpretes del pasillo
ecuatorianos. Fue frecuentado primero por los diplomáticos, luego por los
políticos, después por los escritores, poetas y pintores, para terminar con los
militares sedientos y frenéticos y que fue imposible no dejarlos entrar. De
todos conservo un lote de boletas de cenas, vino y coñac sin pagar, los
tunantes firmaban y luego, inmediatamente al otro día, olvidaban las cuentas
que yo infructuosamente intentaba cobrar. El pago por ser extranjero
resultaba muy caro tanto en Perú como en Ecuador. Por supuesto el bendito
restaurant quebró llevándose en la tumultuosa corriente a toda mi familia. Y
yo me quedé sólo, pero con las manos llenas, de boletas y cheques sin
cobrar.
En Ecuador tuve la suerte -la petición de Job a Jehova salva el
porvenir y muchas vidas- de tener varios amigos poetas que eran hombres
sublimes como Euler Granda, Simón Zavala, Iván Edwin, Carlos Eduardo
Jaramillo. De ellos conservo un recuerdo imborrable, eran el alma
bondadosa y humana de la cruenta realidad que ocurría en esos tiempos en
casi toda Latinoamérica.
En el año 1982 compuse la obra histórica-musical “Canto al
Libertador Simón Bolívar”, que tuvo una amplia difusión al celebrarse los
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
200 años de su nacimiento, obra con la cual recorrí todos los países del área
bolivariana. La obra fue declarada Homenaje Oficial del Ecuador por el
Bicentenario del nacimiento del Prócer. En misión cultural fui enviado a
Colombia que en esa época -yo fui siempre un despistado políticamentesufría una de las peores represalias por los graves incidentes de
paramilitares, guerrilleros, fuerzas revolucionarias y subversivas al gobierno
de turno. En cuanto llegué a la ciudad de Cali, noté que me seguían, ¿otra
vez mi paranoia? Junto con el agregado cultural del Ecuador me entrevisté
con el jefe de la policia del distrito y éste me recomendó que por favor me
fuera, que en tiempos de violencia es imposible la difusión cultural. El
hecho es que muchos chilenos extendieron su furia guerrillera a ese país y
eran muy mal aceptados, de hecho nunca admitidos oficialmente.
Mi nuevo destino histórico-cultural con la llama de Bolívar
encendida en mi voz, fue Caracas, Venezuela. Ahí me esperaba el agregado
cultural de Ecuador el poeta Rubén Jaramillo. La primera noche de mi
llegada, me invitó a un lujoso restaurant lugar de reunión de los
diplomáticos del mundo entero. Esa noche, antes de comenzar a servirnos la
sopa, con la cuchara a medio camino, aparecieron los militares y ¡todos a la
pared carajo! No sirvieron carnet de identidad ni pasaportes diplomáticos,
los que pretendían mostrarlos eran arrojados al suelo y esa noche se acabó,
ahí mismito, la cena, los tragos y mi ánimo de permanecer un día más en esa
bendita tierra del Libertador.
Sólo en Perú y Ecuador pude dar cumplimiento a mi tarea de
difundir la obra, el martirio y holocauto, del más grande de nuestros
libertadores, las gestas heróicas de Simón Bolívar. El último libro que edité
en la Colección, fue una amplia reseña del complejo arqueológico de Inga
Pirca, el reducto terminal que tuvo en el Cañar, Cuenca, el Inca Atahualpa.
Dejé esa tierra ecuatoriana donde viví, más de ocho años, a las
faldas del Pichincha, volcán alabado tantas veces por Alejandro de
Humboldt, a tres mil metros de altura, bajo un cielo de tibia transparencia,
de aire puro y de aguas cristalinas y vivificantes.
De Quito conservo el recuerdo de haber vivido como cicerone, por
encargo de la Editorial “Círculo de Lectores”, 15 días junto al escritor
argentino Jorge Luis Borges, a quien siempre he admirado desde mis años
juveniles vividos en Buenos Aires. Recuerdo que de joven estudiante
faltábamos a clases para ir a escuchar sus disertaciones, a veces tan sólo por
verlo pasar por la calle Florida camino al Ateneo. Compartir su presencia y
su conversación a diario en Quito y Guayaquil, fue una experiencia única.
Así también el calor y la ancha humanidad de la mano del poeta
Euler Granda, que fue quien me despidió en el aeropuerto de Quito, desde
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
donde viajé definitivamente hacia Alemania en cuya capital, Berlín, aun
permanezco.
¿CUÁNDO REGRESAREMOS?
Ella me dice: ¿cuándo regresaremos?
Hace tanto tiempo y estamos muy lejos,
Las niñas crecen y nos hacemos viejos,
El tiempo y la distancia mellan mi esperanza,
Si hasta nosotros
hablamos distinto
¿Cuándo volveremos, mi amor,
Al mar de Pichilemu?
Extranjeros por la libertad.
Caminantes en busca de patria.
Un paisaje detrás de la infancia:
Eso es lo que somos,
Mi amor, adentro del alma.
Un paisaje detrás de la infancia
Que allá en Pichilemu nos entró en el alma.
Ella me dice: ¿dónde están nuestros amigos,
Aquellos que forjaron ideales nuevos?
¡Basta de voces con acentos extraños,
Quiero ver mi casa,
Mi madre y mis hermanos,
El pueblo y el aromo que mis hijas plantaron!
¿Cuándo volveremos, mi amor,
Al mar de Pichilemu?
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
LOS PESCADORES DE PICHILEMU
Las historias que mencionan a Pichilemu, comienzan casi siempre
con la descripción de los pescadores promaucaes, que en la laguna de Cahuil
pescaban dentro de un bote de piel de lobo inflado, al igual que los indios
changos en el norte de Chile. Una de las más eruditas descripciones de este
hecho la encontramos en un folleto firmado por el historiador Feliú Cruz, en
una investigación encargada por el dinámico empresario Agustín Ross, para
darle relieve a su balneario recién creado. La tradición del pichilemino
pescador nunca se interrumpió, ni cuando fue quemado el ambicioso puerto,
obra de la familia Ortúzar para sacar los productos cárnicos y los granos de
la región de Colchagua, sobre todo del inmenso granero que eran las
provincias desde Curicó hasta Los Angeles, todo con un inocente destino a
Europa.
La tradición del pescador pichilemino fue el abastecer de alimento
a la población desarrollando una peligrosa tarea. La mar de Pichilemu es
brava, nadie puede decir que a ese mar se lo puede dominar. El mar es lo
que es, como es, y cuando está embravecido el ser humano no cuenta para
nada, ni su valentía ni su destreza pueden con esas fuerzas que surgen desde
las oscuras profundidades, alzándose violentas para despeñarse sobre sí
mismo en un incesante vaivén cuya continuidad no pudieron penetrar nunca
las débiles canoas de piel de lobo inflado, ni las débiles embarcaciones de
los pescadores pichileminos que yo conocí de pequeño.
Lloré una vez porque uno de ellos se ahogó. Sus compañeros
salieron, a nado de adentro del mar hacia la playa, mientras las mujeres
vestidas de negro esperaban noticias del bote que se había dado vuelta y que
nadie salía mar adentro a recuperarlo. Un pescador que no sabía nadar,
quedó aferrado a él. Fue imposible socorrerlo. Las mujeres lloraban y yo sin
saber por qué, conmovido de sus lágrimas, lloré con ellas. Me abrace a una y
así me encontró mi madre empapando de lágrimas la falda negra de la
anciana que me apretaba la cabeza entre sus brazos.
Desde entonces he amado a los pescadores de Pichilemu, siempre
he brindado por su valentía, por su anónimo afán de abastecer, nada menos
que de alimento, a quienes una vez recogido y pagado el pescado, se alejan
sin importarles más sobre el hombre que arriesgó su vida para traerlo a su
mesa.
Esa pesca, ese oficio bravo y romántico, esos botes de tablas de
pino recubiertas de alquitrán dejaban ver las uniones mal calafateadas y las
redes en la playa en altas rumas como vientres de arena impacientes por
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
mojarse en el agua salina. ¿Y los colores de los botes?: rojos, verdes,
amarillos con su gran número de matrícula. ¿Y el nombre de los botes?: uno
amarillo era mi preferido, se llamaba Pichilemu, a su dueño nadie pudo
quitarle el nombre. Los otros se tenían que conformar con el nombre de su
amada o el de un pescado o de un poblado cercano. ¿Y los hombres de
mar?: mal vestidos; un pantalón deshecho; una chaqueta a veces deformada
sobre sus hombros; su cara con una espesa barba, o un bigote como el actual
del amigo Arteaga, grande como el de los soldados del Kayser Guillermo de
Prusia; los ojos brillantes, casi lagrimógenos, bajo unas gruesas cejas y el
cabello hirsuto que solo lo peina el viento mar adentro.
Cuando no salen al mar están tranquilos, en silencio en la orilla de
la playa; nunca más de una palabra o nunca una de más. Al atardecer en
alguna cantina amiga conversando a monosílabos con otros pescadores.
Nosotros los más pequeños alrededor de ellos, dando vueltas, yo rondaba
por oir lo que hablaban. Nunca les entendí una palabra.
Don Honorio Llanca, mi abuelo, el paco Llanca -me contaba mi
madre- llegaba siempre con pescado fresco a la casa, y en la mesa familiar
era una alegría oirlo hablar de los pescadores que conocía por sus nombres.
¿Qué pichilemino no tuvo un abuelo pescador? ¿Quién no ha ido de
noche, como Carlos Pérez Llanca y su amigo Vargas, el padre de Jorge el
que sería Alcalde, a sacar jaivas con sólo un alambre a la orilla del mar? ¿O
con una endeble caña recoger cuántos pescados gordos y grandísimos, les
daba la gana, en momentos en que grandes cardúmenes se asomaban
asombrados a la orilla, para, de puros curiosos, morder el anzuelo?
¿Qué pichilemino no comió pulgas de mar en un sabroso caldo con
cebolla picada y un puñado de ají, que se pasaba con un buen trago de vino
blanco, aunque persistíeran los granos de arena bajo la lengua hiriendo las
encías? ¿Quién no tuvo un congrio fresquito adobado con tomates, cebollas,
ajos y verduritas especiales, frente a frente, haciéndosele agua la boca?
No fue sólo Pablo de Rokha quien comió el famoso caldillo de
congrio, ni tampoco Neruda quien primero le cantó en sus Odas al piure, a
los locos, las jaivas y las cholgas: fueron los pichileminos los primeros en
inventar los “salusitas con vino blanco” ante un causeo de mariscos al
horno.
No compadre, no fueron los poetas los inventores de las canciones
al pescado chileno, fueron los que han estado familiarizados con ellos, los
que de primera mano se internan en el mar para recogerlo, son esos valientes
pescadores -no confundir con los marineros de barcos de guerra, pantalón
blanco y gorras con ribetes- hombres históricos han sido los pichileminos,
con los choros, los piures, con el cochayuyo y han sido los que mejor han
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
freído las sardinas. Una sardina frita, por el mismo que la pescó, en
Pichilemu vale una eternidad de vida. ¿Si la comí en la loma norte de Punta
de Lobos?
No existían aun los poetas, esos lindos vagos amigos míos,
borrachos, románticos y tuberculosos, en tiempos en que en Chile se
descubría y nombraba al cacique Topocalma, a Palloquierbico y a
Gualauquén y también, como afirma José Arraño Acevedo, los pescadores
Llanca, caciques en Cahuil y Curicó. ¡Caramba! ¿Los Llanca fueron
caciques?
Los verdaderos navegantes de la zona central fueron los
promaucaes, en el norte los changos y en el sur los alacalufes. El amor al
mar de Chile proviene de ellos, es el amor instintivo de la raza que justifica
el esfuerzo del alimento diario, lo justificó antes de la llegada de los
españoles y lo sigue justificando el esfuerzo diario de los pescadores, que en
Pichilemu, son el grupo al cual no se le pueden contar historias, nada, pues
lo saben todo, aunque callen y miren sin contestar, lo saben todo.
Son hombres acostumbrados a amar siempre por última vez; besan
y se alejan sin volver la vista atrás; sin despedirse tienden su mirada sobre el
último lecho como una red sobre los senos blancos de las olas; a la
madrugada entran mar adentro y en la soledad ¿quién sabe que canciones
musitan? ¿A quién recuerdan bajo el sol?; todo les queda atrás; todo lo
abandonan pero llevan todo un universo de memorias consigo; no sólo saben
besar a la muerte sino se burlan de ella; son los que gozan la vida hasta el
fondo de un vaso de vino, hasta el miñique; dar una palmada en el hombro
de sus hijos con el amor del más severo pero amoroso padre; nunca se
persignan en vano; y miran a sus mujeres como niños que saben que cuando
sean jóvenes la deben abandonar como a la madre ¿alguna vez, quizás en
alta mar?
El pescador es el creador que se reconoce como hijo del mar, sabe
lo que es un alma salina y sabe de materias carcáreas al borde del alma, es el
que con el movimiento de sus brazos, con mágicos gestos, desvela el
misterio de los fondos marinos. El más sabio silencio de nuestra estirpe. El
pescador cuando encuentra una guitarra, que no saben navegar, pareciera
que no la comprende, escucha sus melodías, mirando a la distancias las
palabras y las notas del cantor.
El pescador sabe de la transparencia de la orilla del mar vista desde
adentro; de las redes de todas las vidas que se divisan desde el mar; que la
soledad marina es menos acuciosa que la soledad terrestre; sabe que la flora
vibra en los fondos marinos; es el que descifra los signos misteriosos del
lenguaje del agua salina; el que mantiene en secreto los tesoros del fondo
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marino. Cuando con voz atronadora el viento y los truenos calcinan el
oscuro azul del cielo, mientras las aguas se entibian, su silencio es sabiduría.
Cuando sus botes se alejan y apenas se divisan en alta mar o se
ocultan tras sucesivas olas de espuma blanca, siempre hay un corazón que se
encoje, una frente que frunce el ceño y eleva una plegaria a esa virgen del
Carmen, patrona de los chilenos, que a veces se olvida que es la protectora
de sus vidas, pero las mujeres igual le rezan con sincera fe, para volver a
besar al ser querido, bendecir el fruto del mar que viene en sus generosas
manos y los desparrama para sus hijos en la mesa familiar.
Los pescadores de Pichilemu han sido mis mejores y más sinceros
amigos. Recordándolos y viéndome a la orilla del mar, y viéndome
interiormente a mí mismo, viendo como se alejaban sus botes hacia alta mar,
salió esta canción, no tan cruda y real como sus vidas, pero que está llena de
amor y agradecimiento.
LOS PESCADORES DE PICHILEMU
A orillas del mar pensativo
Revivo los sueños de Honorio Llanca.
LaS barcas regresan al puerto
Trayendo en su vientre el fruto del mar.
Siento que mi abuelo me llama
Y con otros amigos se pone a cantar:
Al mar se van las barcas, se van,
Se van, se van, se van, se van...,
Y en la distancia nos van recordando
A los pescadores que no volverán
A Pichilemu, al mar, a Pichilemu, al mar.
El viento, el mar y las olas
Me marcan el ritmo de la soledad.
Ya nadie me indica el camino
Que iba a tu casa detrás del pinar
Y siento que alguien pronuncia,
Caracola virgen, tu nombre de sal.
Desde el Mirador van surgiendo
El parque y las casas de adobe y de cal.
La historia pronuncia mi nombre
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Con miles de años a orillas del mar:
Los hombres que han sido y me fueron
Hoy son mi memoria y en mi sangre están.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
CHRISTIANE MEINE DEUTSCHE FRAU
Llegué a Berlín el año l982, cuando aun estaba el famoso muro que
dividía a las dos Alemanias. Una férrea línea de alambradas electrizadas, y
de grueso y elevado cemento, las separaba. Berlín estaba en el centro de la
RDA, era una isla a la cual debía abastecérsela de alimentos por el aire. Para
salir de él se debían cruzar dos fronteras, la de Berlín y la otra de entrada a
la Alemania democrática. Era una ciudad llena de gente joven. A los
estudiantes, si se venían a estudiar a Berlín, se les perdonaba el servicio
militar y se le daban mil facilidades para que permanecieran en él. Así se
llenó la ciudad de gente joven que era prácticamente un circo de
entretención, de bienestar y despreocupación. Las fiestas se realizaban a
puertas abiertas y cualquiera podía entrar aunque no conociera a nadie:
había comida y bebidas para todos. Cada dos o tres meses los habitantes
cambiaban sus enseres eléctricos, las alfombras y los muebles antiguos por
nuevos. Se dejaba todo lo viejo en la calle, y un día preciso un camión
basurero los recogía triturándolos de inmediato. Los bares estaban abiertos
toda la noche y el puterío -rubio y joven ¡qué bellas mujeres!- rondaban por
las calles sin vigilancia alguna. Toda era bondad, bonhomía y una aparente
despreocupación se reflejaba en el diario vivir. Pese a que la “guerra fría” y
la “cortina de hierro” estaba latente en cuántos comentarios políticos se
debatían entre el área comunista y la capitalista.
Llegué en el mes de enero, cuando la nieve es más abundante en el
norte. Días de intenso frío asolaban sus calles y mi vestimenta era
sumamente precaria, los hermosos pulóveres de lana cruda ecuatorianos
dejaban pasar el viento frío hasta calarme los huesos. Hernán Renán, uno de
los primeros exiliados chilenos, me recomendó una chaqueta especial;
pantalones con doble forro; zapatos con felpa interior; calzoncillos largos y
camisetas de lana natural y un sobretodo de cuero revestido de lana pura, lo
que me dió la protección adecuada para, por lo menos, enfrentar a diario el
vagabundear por los barrios berlineses en ese afán por conocerlo todo.
De inmediato ingresé en la Universidad Libre del Berlín capitalista,
a dar clases de literatura latinoamericana en el LAI, la Facultad de
Latinoamericanística, donde perrmanecí por espacio de algunos años.
La dirigía por entonces Gonzálo Lozada, que había sido,
afortunadamente, un compañero de estudios en Buenos Aires. Este
esclarecido profesor, lamentablemente, se mató pocos años después en un
triste accidente de aviación entre Cuba y Nicaragua.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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Nunca pude relacionarme con la numerosa comunidad chilena.
Estaban divididos en fracciones políticas de la misma forma que en Chile en
el tiempo de la Unidad Popular. Nunca hubo entendimiento entre nadie,
cada fracción en lo suyo, para lo suyo y por lo suyo. Afortunadamente el
nuevo trabajo me ocupaba todo el tiempo por lo que no sentí ni sufrí la falta
inmediata de chilena comunicación.
Conocí a Christiane Borgelt en una fiesta “Offene Tür”, a puertas
abiertas. Y comenzó nuestro idilio, que ha sido lo más tonificante que he
recibido en mi vida. Instuí que su espíritu era el de un ángel, lleno de
bondad, esclarecido y fortificante. Y me aferré a él con todas las
necesidades de vivir dentro de un ambiente, donde el primer tropiezo es la
lengua. Sin conocer la lengua es muy difícil vivir en Alemania. Es difícil
aprender cualquier idioma a la edad en que yo llegué a Europa. Las lenguas
se aprenden perfectas hasta los 25 años, después siempre quedan vacíos de
vocabulario, el acento de extranjero no se borra jamás, añadido a esto el
color de nuestra piel, el pelo negro, los ojos marrón y un eterno andar detrás
de la rubias viquingas nos delataban al primer paso que dábamos. Hablando
como Tarzán en busca de una chita rubia ¿qué éramos?
Cuando me preguntan ¿por qué te quedaste en Berlín? Respondo
sinceramente: por Christiane en primer lugar, por el amor que me brindó,
por su belleza y las perspectivas que vislumbraba de formar un nuevo hogar
y la casi inmediata concepción de un nuevo hijo, que resultó una niña; las
posibilidades de una nueva formación académica por los nuevos
conocimientos que ofrece un país desconocido, sobre todo Alemania.
También por la fabulosa Biblioteca del Instituto Iberoamericano de
Berlín, que tiene casi un millón de libros de carácter mayoritariamente
analíticos, libros de historia sobre Latinoamérica que no existen en ninguna
otra casa de estudios. En esta consagrada biblioteca he logrado realizar
importantes investigaciones que han acrescentado mis conocimientos sobre
todo en lingüística-histórica-comparada sobre la etimología de la toponimia
del continente americano. Uno de sus primeros capítulos, sobre Pichilemu,
está desarrollado en el inicio de este libro, trabajo arqueológico, capítulo
desconocido de nuestra historia, el que pronto será ampliado y publicado si
los medios editoriales responden con buen criterio.
Yo fuí siempre un alemanófilo, gran amante de los valores
culturales de los alemanes, de sus músicos, sus poetas y sus filósofos que
tanto le han dado a la humanidad. Mi primera infancia transcurrió en un
colegio regido por alemanes, aunque no aprendí su idioma con ellos, estando
aquí, descubrí que estaba formado, increíble, con una disciplina germana,
cuya mayor cualidad es la obediencia. Y me acomodé a lo “verboten”, lo
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
prohibido, palabra que tiene vigencia en todos los países de Europa, donde
rinden culto al orden y a la disciplina, dentro de una estabilidad económica
que da, a las personas previsoras, las garantías de poder vivir el futuro sin
mayores problemas. La previsión en todos los órdenes es el lema de la
prosperidad de estas nacionalidades. Nada se hace sin pensar en el mañana,
nada se deja de hacer que pueda cumplir un requisito de necesidad en el
futuro, todo está programado, nada se deja a la intemperie. Los hombres de
las zonas frías se forjan con esta cualidad y es una de sus programaciones
más eficaces.
Uno de los logros más significativo conseguidos en Alemania fue
cuando me adjudicaron el Primer Premio del Concurso Los Maestros
Cantores de Nurenberg l985, por el ciclo de composiciones, letra y música
mía, “Kreuzberg Tango”. Este evento tiene una larga historia. Comenzó en
el año l200 en la ciudad de Nurenberg donde se reunían compositores de
todos los países de occidente, además de ser una especie de mercado de
creación y de intercambio de instrumentos y de nuevas composiciones
musicales. En esta ciudad y en su concurso se inspiró el famoso compositor
alemán Richard Wagner para su ópera “Los Maestros Cantores de
Nurenberg”. El concurso no se realizaba desde el año l938 en que comenzó
la Segunda Guerra Mundial y en l985 fue la primera versión moderna,
donde participaron también extranjeros, en este rubro fue que recibí este
gran estímulo.
Presencié la caída del muro de Berlín en l989. Todo me pareció una
grandísima farsa, pues yo siempre consideré un engaño el comunismo y la
Unión Soviética y a la RDA una inocente víctima en sus siniestras garras,
como secuencias de una guerra desastrosa cuyas huellas lastimosamente
perduran aun en la conducta actual de los alemanes. Pero lo que más me
angustió fue la alegría de esos días de fiestas incontroladas pues todos los de
la RDA, que eran sin duda comunistas y vivían como tal, a la fuerza o por
convicción, cuando cayó el muro dejaron de serlo de inmediato.
¿Habían sido comunistas? ¿O por el temor y la bruta fuerza
represiva lo aparentaban? Fue esclarecedor comprender que los mismos que
crearon el comunismo, que lo exportaron y lo siguen manteniendo con su
financiamiento en nuestras naciones, se encargaron de terminarlo como para
dar prueba que lo único valedero, en este sistema mundial que vivimos, es el
capitalismo. Una triste comprensión, que los que viven en las sombras y
cuya patria es el dinero, son los que manejan el destino de millones de seres
humanos.
Estos son los que siguen dándole cuerda al comunismo para tener
controlado los ideales de los hombres sinceros, de cualquier confesión
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Historia de las canciones a
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política, que confían en que un día habrá una paz duradera, justicia y
equidad social en este mundo. Son los maquiavélicos del poder que juegan
con los valores eternos por los que la humanidad tanto ha luchado.
La Unión alemana fue un acontecer en todo el mundo que ha dado
margen a mil especulaciones difícil de resumir en breves páginas.
Naturalmente ahora esta nación está pagando las consecuencias pues se vive
un negro receso económico que se cierne sobre el país. Yo creo que volverá
la prosperidad no antes que transcurran 50 años, éxitos que espero gocen
nuestros nietos.
En cuanto llegué a Berlín, me puse en contacto con músicos
alemanes, con uno de ellos, Bernd Machus, un prestigioso bandoneonista
formamos el primer grupo de tangos que tuvo la ciudad de Berlín.
Posteriormente en l995, la Editorial Transit Verlag me publicó el libro
escrito en alemán “El Tango y la Historia de Carlos Gardel”, que
recientemente editó LOM, para Chile y Argentina pero esta vez en
castellano. Este libro tuvo la virtud de ser el primero escrito sobre el tango
en lengua germana, lo que aseguró su éxito y dio lugar a que muchos otros
escritores alemanes se preocuparan sobre el desarrollo y el fenómeno de la
música y la danza del tango argentino.
En Berlín hoy existen más de seis mil bailarines; es donde se baila
el tango más que en Buenos Aires; donde es una fiebre su aprendizaje;
donde son conocidos todos los ejecutantes y compositores argentinos y son
silbadas por las calles las melodías de la Cumparsita, El choclo, A media
luz, Adiós muchachos. Un verdadero fenómeno de comunicación masiva.
Con este grupo viajamos por varios países de Europa. Llegamos, yo dos
veces, hasta Tunesia. Fuimos a Jordania antes de la guerra entre Irak y
Kuwai, internándonos hasta la antigua ciudad de Petra, cerca del golfo de
Akaba, desde donde casi se divisa Egipto, casi se huele el Nilo, y se quiebra
el entendimiento ante el misterio de las pirámides.
La experiencia de haber conocido la ciudad de Petra fue algo
impagable. Es una ciudad de piedra y fue, varios siglos antes de Cristo, la
ciudad cruce de cuántos comerciantes llegaban desde el oriente buscando la
riqueza de los faraones. Ahí dejaron sus huellas todos los pueblos asiáticos,
los persas, los asirios, los griegos y los romanos. Labraban sus templos en la
piedra, dejando tan solo una fachada, sin profundidad, ni habitaciones, salvo
escasos sitios como el de los mismo egipcios que cavaron en una ladera
cortada a tajo de un monte de 200 metros de altura, siete metros adentro
haciendo cuatro cuartos para pernoctar. Luego Petra fue abandonada y las
tribus de beduinos, las oriundas de esa zona, utilizaron esas habitaciones
para sus ritos fúnebres. Ahora todo está abandonado. El inmenso anfiteatro
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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romano permanece mudo y los muros con sus fachadas, de distinto orden
civilizador, está sólo para ofrecer misterios a los turistas y un buen estadio
para filmar películas sobre Moisés y el antiguo testamento.
En l999 se realizó en Berlín el estreno mundial de mi obra
histórica-musical en 18 cuadros: “Humboldt, Cantata Popular
Latinoamericana”, en celebración de los 200 años del viaje, en l799, de este
sabio alemán a los países del Nuevo Mundo. Después fuimos invitados, toda
la familia, a Tenerife en las Islas Canarias para presentar la obra. La
Municipalidad de la isla dispuso a un actor y a un grupo de músicos que me
acompañaron, aunque sin conocer el contenido, en una forma técnica y
profesional excepcional. La capacidad musical de los tenerifeños resultó
sorprendente.
El argumento del viaje de Humboldt, me dió también margen a
escribir un libro sobre su vida; la historia de los países latinoamericanos por
él visitados; de todos sus estudios realizados en México, Cuba, Venezuela,
Colombia, Ecuador y Perú; las incidencias del viaje y la valorización de su
hazaña aun vigente tanto en Europa como en nuestro Continente, libro que
pronto será publicado en versión bilingüe alemán-castellano.
Otras experiencias de obras publicadas en Alemania han sido las
cinco exposiciones fotográficas en la Biblioteca del Instituto Iberoamericano
de Berlín, todas sobre retratos de poetas y escritores latinoamericanos,
donde se incluyó “Rostro Poético de Chile” que había sido expuesta en l971
en la Biblioteca Nacional de Chile y posteriormente viajé con ella a Buenos
Aires y Montevideo, la misma que luego fue llevada, con gran éxito, a todas
las Universidades de Chile.
“El amor, el amor, el amor”, dice repetidamente una canción
italiana que cantaba Pepino di Capri en mi juventud de Buenos Aires. El
amor lo puede todo, es el verdadero creador de los gestos artísticos del ser
humano. Qué más decir. Así, por él, hacia Christiane nació la canción que
fueron los pasos de mi madre que murió a las pocas semanas de pisar Berlín.
El amor hacia los amigos chilenos cuando les dirigía algunas cartas y el sol
que iluminaba nuestra calle cada vez que llegaba Christiane con una bella
sonrisa bajo el verde de los castaños, cuyas copas frente a nuestras ventanas
del cuarto piso de nuestro departamento, vemos cada año cubrirse de hojas
primaverales y cuyas flores dejan un fragante color rosado en nuestra calle
de la Taunus Strasse 15. Vemos las hojas caer pálidas en el otoño, y las
ramas desnudas cubrirse de nieve en el invierno compartiendo, nosotros con
los castaños, su blanca resignación.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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CHRISRIANE, MEINE DEUTSCHE FRAU
Tu amor es como el roce
En la tierna mejilla
De un niño que ríe.
Y como los pasos lentos y graves
En la alcoba donde muere
La última luz para mi madre.
Tu amor es la primavera
Cuando Berlín florece
Y tú llegas sonriendo,
El vuelo de las aves que retornan,
El saludo que le enviamos
En una carta a algún amigo.
Tu amor Christiane,
Es la flor de los aromos,
Por él siento el deseo
De hacer de nuestra casa
Un nido de golondrinas.
Tu amor es el sendero
Que ha elegido el hombre
Que vuelve del exilio;
La luz del verano que se acerca,
Nuestra calle iluminada
Y la libertad de fiesta.
Tu amor que es infinito
Retiene la extranjera angustia
De querer volver,
Y llenas la soledad con luces nuevas
Y en el alma crecen flores
Con un aroma a madre eterna.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
ANTONIA, MEINE DEUTSCHE TOCHTER
Durante el mes de enero Berlín es una ciudad blanca. A pesar del
intenso frío, hasta 20 grados bajo cero, y la nieve de dos metros de espesor,
la gente vive con toda naturalidad, se ha acomodado, desde hace milenios,
a estas condiciones climáticas y nada constituye un obtáculo para que el
trabajo se siga desempeñando con la mayor normalidad. Pero para quien no
está acostumbrado, el frío puede destruirle el sistema nervioso, incide de tal
manera en ellos que se pierde la tranquilidad y se entra en un estado de
neurotismo insostenible, donde la incapacidad, motivada por el cansancio
físico, imposibilita cualquier actividad que se emprenda, incidiendo más en
las de carácter intelectual, porque es la mente la que más se desequilibra.
Es el mismo cansancio que se anticipa a la muerte blanca que le
sobrecoge a los andinistas, que en una montaña, a miles de metros de altura,
si no han tomado las precauciones adecuadas, en cuanto entran en reposo
para reponer fuerzas al extremo cansancio al que suelen llegar, les entra una
reconfortante fatiga y se van aletargando llenos de agradables fantasías que
se apoderan de su mente y se van quedando dormidos profundamente. El
frío hace el resto para que ese sueño sea eterno.
Afortunadamente a mí nunca me afectó el frío, de ninguna manera,
talvez por extrañas ecuaciones de mi físico lo he sabido soportar. Pero no así
la nieve a la cual soy absolutamente indiferente. Me ha procurado siempre
más molestias que agrado, sobre todo, cuando está durante días trajinada en
las veredas por los peatones y se convierte en un agua terrosa que oculta
cuánta piedra sobresale en la calzada e incluso el viejo excremento de los
perros -se calcula que existen en alemania 30 millones de perros- que
permanece seco desde el verano anterior y que se vuelven a pisar una y mil
veces. Los perros de toda Europa se están comiendo, no sólo a los caballos y
canguros australianos, sino además, todo el alimento que necesitan los
países pobres del llamado Tercer Mundo.
A los dos meses de estar en Berlín en una tarde oscura, a veces la
luz del día en pleno invierno dura solamente cuatro horas, sentí que mis
nervios desfallecían y un desequilibrio emocional me sobrecogió, de tal
manera, que lo consideré anormal. Deambulando por las calles, bajo la
copiosa nieve, me percaté que un espíritu superior a mis fuerzas me
dominaba: ¡murió mi madre exclamé! A las pocas horas, un telegrama de mi
hermana Graciela, me indicaba, exactamente la hora de mi recesión
nerviosa, como la hora en que moría mi madre doña Filomena Llanca
Clavijo en Viña del Mar.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
En el mes de mayo fue concebida nuestra hija Antonia que ahora
tiene 18 años. Cuando tenía tres semanas la alegría de nuestra casa por su
presencia era una verdadera fiesta de dedicación a su cuidado, ambos, mi
mujer y yo, ya no éramos jovencitos como aquellos que en Chile suelen
tener sus hijos a los 20 años, sino bien avanzados en edad y con
obligaciones dentro de las que la llegada de un hijo suele tener sus buenas
complicaciones. Pero congeniamos con mi mujer -aquí ni pensar en una
nana- y entre los dos la comenzamos a criar.
A las tres semanas yo comencé a sentir voces en la casa con un
acento telúrico, terráqueo, subterráneo -nunca he sabido encontrar la palabra
adecuada para definir esa voz- no era una voz que yo conociera la que
pronunciaba mi nombre ¡Jorge...! ¡Jorge...! El llamado ¡Jorge...! ¡Jorge...! se
convirtió en algo habitual. Mi mujer estaba al tanto pues yo le informaba de
cuántas veces al día escuchaba repetidamente mi nombre. Hasta que el
diario llamado de ¡Jorge...! ¡Jorge...! lo consideré algo normal. Nunca he
creído en brujerías, yo he sido siempre un hombre demasiado racional como
para suponer que fuerzas de otro mundo pudieran intentar influenciarme.
¿Mis nervios? ¿Tal vez el frío?
Un día, teniendo Antonia unos seis meses, su madre le cambiaba
los pañales y yo en la misma habitación a dos metros de ellas, estando de
espalda a ambas, oí de nuevo ese llamado ¡Jorge...! ¡Jorge...! con una voz
subterránea comprometida con las profundidades de un sonido que tiene que
pasar por varias capas de impedimentos físicos. Volví la cabeza, a fuerza de
costumbre, sin decir nada, y vi a Christiane pálida, indicándome con el dedo
a la pequeña Antonia. ¡Es ella, ella la que te llama! exclamó en el margen de
un desvanecimiento.
Desde ese día empecé un juego en el que me suponía creer que mi
madre se había reencarnado en mi hija. Mi hermana me contó que cuando
mi madre estaba a punto de que se le rompiera el corazón, estando ella a su
lado, mi madre le tomó la mano y le dijo ¡Jorge! ¡Jorge! Mi hermana
comprendió que se moría. Desde hacía 8 años tenía paralizado el lado
derecho por una embolia cerebral, un derrame muy común en la gente de
mucha edad. Mi hermana llamó de inmediato a su hija de cuatro años:
¡Mélody, Mélody, ven, ven que la abuelita se muere! La niña le tomó la
mano y le dijo: ¡adiós abuelita, que le vaya bien! Mi madre la miró en los
ojos y con sus labios paralizados, desde adentro, le grito: ¡Jorge! ¡Jorge!
Y comenzó el juego de suposiciones. Yo te voy a criar desde ahora
Filito -le decía a diario- mientras la aseaba o le daba de comer. Un día
preparé mi equipo de grabación, me senté con Antonia cómodamente
micrófono en mano, prendí la grabadora y le dije: ¡llámame Filito. Dime
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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Jorge cuántas veces quieras! Antonia me miró fíjamente y haciendo un
esfuerzo no común a una niña de tan corta edad, se tiró un pedito pequeño
pero muy sonoro y le salió desde una profundidad terráquea: ¡Jorge! Jorge!
Y nunca más. Antonia, nunca más desde ese momento volvió a
repetir el encantamiento y se comportó, desde entonces, como una niña
absolutamente normal, dejándonos inquietos a todos los que sabíamos de su
capacidad para pronunciar la palabra Jorge. Nunca los alemanes logran
correctamente emitirla, pues en su lengua la pronunciación de la “j” y la “g”
tienen un sonido diferente. Para nosotros esas letras son guturales y para
ellos interlabiales, pero para Antonia la pronunciación de Jorge desde
pequeña fue lo más natural, como natural le ha sido el aprendizaje del
castellano cuya pronunciación es, con un simpático acento chileno,
absolutamente correcta.
Quienes gozaron con esta historia fueron Cristina y Javiera, mis dos
hijas chilenas quienes visitaron Berlín a los pocos meses del definitivo
silencio de Antonia. En uno de los viajes que realizamos juntos durante su
emotiva visita, llegamos hasta el Mar del Norte. Desde una ancha playa
caminamos sobre él hacia adentro, estando la superficie toda cubierta de
hielo, debajo, a unos 30 centímetros de la dura y gris capa congelada -hecho
común en los mares y en todos los inviernos de estos países cercanos al Polo
Norte- abajo las olas rezongaban con sonidos cavernosos, guturales como de
tráqueas desgastadas de cantar versos incomprensibles, de pedir socorro a un
cruel encierro, abatiéndose olas contra olas en una inútil batalla contra el
poder de la blanca superficie. Doscientos metros mar adentro, oímos que
alguien pronunciaba desde las profundidades marinas mi nombre ¡…Jorge,
…Jorge!, con un rítmico e incesante acento de espuma combatiente. Sin
duda no eran las sirenas, sino el golpearse del oleaje contra la gruesa costra
de hielo, el sonido era ahogado, corredizo como si dos materias adversas
estuvieran disputando su nacimiento desde oscuros e insondables abismos
marinos hacia la superficie liberadora. Corrimos hasta la playa y sólo
cuando pisamos la arena, detuvimos nuestra carrera medio avergonzados del
pánico de enfrentar los sonidos desconocidos de las profundidades marinas.
Cristina y Javiera nombraron, para halagarme, a este fenómeno acústico:
“Llanca el Dragón del Norte”. Desde entonces yo no he vuelto jamás a
internarme, en invierno, sobre ninguno de los lagos de Berlín que son
numerosos y donde patinaron todas las niñitas con ese placer del cómodo
deslizamiento y de lo sorpresivo de los frecuentes y cómicos costalazos,
ejercicio de culazos, que forma parte de la cultura de toda Europa.
En Alemania la educación de los niños, hasta terminar el
ballillerato, está en un 90% a cargo de los profesores, socialmente
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
pertenecen al Estado y no a los padres que casi no influyen en la formación
de su personalidad. Esto ha sido una de las grandes luchas que he tenido que
enfrentar en Alemania como educador. Nosotros en Latinoamérica
transmitimos nuestras virtudes, buenas y malas, al carácter de nuestros hijos;
aquí escapan a ello y su temperamento forman parte de la personalidad
alemana, personalidad que caracteriza a todos los pueblos germanos. No
daré más detalles al respecto, sería muy largo entrar en disquisiciones que
necesitan explicaciones inclusive de carácter metafísicos.
Diré para terminar que la canción dedicada a Antonia encierra mis
anhelos de retorno hacia la infancia, aquella infancia que justifica nuestra
existencia, que llena nuestra memoria, pues para mí, fue la etapa más
hermosa, placentera y feliz de mi vida.
ANTONIA, MEINE DEUTSCHE TOCHTER
Antonia, eres tú, lo que más amo en el mundo,
Tienes el calor del sol del sur en primavera;
Tienes la ternura azul del mar de Latinoamérica;
Eres lo que yo soñé, lo que me da la fe.
Antonia, eres tú, tiernamente amanecida
La presencia del amor en mi alma anochecida,
La esperanza de la humanidad, mi niñez perdida.
Tienes la inocencia que yo un día perdí.
Antonia.
Tú, sólo tú, justificas mi existencia.
Tú, eres tú, un misterio de encarnación
Y del amor y del amor y del amor.
Antonia, eres tú, el comienzo de otra historia
Y dentro de tí siempre estaré en tu memoria
Que florece al descubrirme lleno de gloria,
Porque tu alma es ave azul que vuelve siempre al sur.
Antonia, eres tú, mi retorno hacia la infancia
Cuando aquel manzano en flor me dio el sabor de su
/ fragancia,
Porque descubrí la eternidad en esa instancia:
Porque tú eres lo que fui y mis otros que vendrán.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
UN PICHILEMINO EN LLANCA DE ESPAÑA
Cuando en Alemania termina el invierno, y se va la quietud, todos
dejamos de ser lobos esteparios. La algarabía y el entusiasmo se remiten a la
ensoñación de los planes vacacionales que suelen estar decididos con meses
de anticipación. La necesidad de la luz es para el metabolismo europeo una
obligación que todos se la imponen. ¡El sol! ¡El sol! claman los berlineses.
Las mujeres en verano casi andan desnudas por las calles, los hombres con
sus peludas piernas se lucen en pantaloncitos cortos; los lagos, de los que
hay docenas en Berlín, se llenan de nudistas ante la indiferencia de los
bañistas que ni se miran entre ellos; esa masa de seres se mueve como un
hormiguero y meriendan, tendidos en la arena, bebiendo el agua del MontBlanc francés; las viquingas, rubias y blanquiñosas, altas y muy bien
formadas con una indestructible cota teutónica, están, apenas empieza el
verano, quemadas como jaivas recién hervidas en una olla, luciéndose con
toda naturalidad. ¿Se imaginan ustedes qué significa, para los que tenemos
buena vista, observar de cerca esos cuerpos femeninos, en su totalidad, con
todo, así, todo, todo expuesto al aire y al sol?
¿Dónde iremos esta vez? fue la pregunta. Christiane trajo a casa
unos folletos de publicidad veraniega y con mucha suspicacia me los puso
enfrente. Eran de España, promocionando a un pueblo de Cataluña, en la
Costa Brava, de nombre Llanca. Primero fue una leve sonrisa y la decisión
de ir, de una vez por todas a España –que yo evité durante años- quedó
doblegada por esa mágica palabra.
Realizamos por tren el viaje rumbo al sur ibérico. Bajamos por toda
la geografía alemana, cruzamos la bella Francia. Demoramos más de 24
horas hasta llegar a nuestro soleado destino. Se imaginan a este pichilemino
frente a Llanca, a esa palabra con tanto significado afectivo, que estaba
escrita en letras de molde en la estación del tren; por todos lados, hasta en
las paredes de sitios baldíos la palabra era descomunal. El escudo de la
Municipalidad reseñaba gráficamente su significado: lanza.
En verano todos los balnearios españoles se llenan de turistas del
norte de Europa, alemanes, ingleses, suizos, franceses y suecos buscan el sol
de Mallorca, de la Costa Brava, de Valencia, de Sevilla, de las Islas
Canarias. Los alemanes fueron los que crearon el éxito veraniego del
Mediterráneo después de la muerte del dictador Francisco Franco. Junto al
mar edificaron sus casas de descanso y capitalizaron la industria hotelera y
sus anexas estructuras turísticas. El capital germano le dió el espectacular
crecimiento al turismo peninsular y con ello, un inmenso bienestar a sus
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
habitantes, gracias, exclusivamente ¡al sol, al sol! por el que claman los
alemanes durante todo el invierno. Después del sol de España, en la lista de
los gustos de los alemanes viene el vino, el flamenco, las palmas y las
rumbas. Al alemán no le gusta la mujer española por indolente y por su
fanatismo en la práctica de la religión, aunque lo acepta como algo exótico
que le da color al paisaje humano y a sus fiestas. Tampoco le gustan los
toros, práctica que consideran cobarde e infame, lo mismo que las fiestas
regionales españolas de descabezar al ganso; apalear a un burro; tirar desde
el último piso de un edificio a un tierno corderito; correr delante de becerros
con los cachos limados y otros jueguitos hispanos que carecen de toda
bondad y amor hacia los animales.
Pero bien. Igual que los pichileminos, los españoles viven
exclusivamente del turismo, del benéfico sol, de la tranquilidad marina y del
vino, benefactor de olvidos y lamentaciones. Aunque los españoles añaden a
su éxito las aceitunas, el aceite de oliva, los melones y las sandías que son
exquisitas y el acartonado flamenco, con muchas palmas, zapateo y olé;
abanicos y olé que los árabes dicen que se lo robaron a ellos, pues olé -le
cambiaron las dos vocales- significa Alá.
Pero la diferencia abismal entre Pichilemu y España, es que en este
país hay sol todo el año, sobre todo en la costa del Mediterráneo, en las islas
de Tenerife, las Palmas y Gran Canarias bien llamadas por los griegos desde
la antiguedad: Islas Afortunadas.
Un matrimonio alemán, con 20 años en Llanca, editaban el único
periódico del pueblo. Ambos hablaban castellano. Los encontramos en una
taberna -eran como tontos para el vino blanco- y de inmediato, cuando se
enteraron que mi apellido era Llanca, escribieron un artículo sobre toda mi
familia y desde ese momento nos comenzaron llamar “Los Condes de
Llanca”. Me llevaron a la casa nobiliaria de la familia Llanca, cuyo escudo
aun se veía sobre la gruesa puerta, mansión que fue declarada Monumento
Nacional de Cataluña. Después que nos fotografiaron me presentaron a la
dueña, una hermosa catalana de la misma estatura, por lo pequeña, de
nuestras mujeres chilenas, de evidente proveniencia bereber. Nos hizo entrar
al palacio mientras nosotros notábamos extrañados que crecía su
nerviosismo. En la habitación de recibo, precipitadamente, abrió la puerta de
un mueble y de un cajón sacó unos papeles indicándole a los periodistas que
esos eran los documentos notariales que certificaban que en su propiedad
todo estaba en regla, que ese palacio le pertenecía con todas las legalidades
de las leyes españolas. ¿Con ellos avalaba su posesión y que ningún indio
Llanca, viniera de donde viniese de Latinoamérica se la podría quitar? Así
con el mismo humor los periodistas publicaron el artículo y la foto del
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Jorge Aravena Llanca
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Pichilemu
regreso del “Conde de Llanca” al lugar de sus orígenes y de sus ancestrales
pertenencias. Para muchos fue novedosa la noticia, para otros un un
hazmereir; para el Sr. Alcalde de LLanca, “una insolente temeridad que
después de 500 años se pudiera pretender recuperar posesiones históricas”,
“menos por un indio venido de Chile”, (¡juro, que yo apenas hablaba,
aunque estaba feliz del hallazgo!). Se aventuró a publicar un artículo en su
revista mensual dando cuenta de este insólito hecho en términos en que casi
me declara “persona non grata”, me tachaba de “indio cara de hacha” y otras
linduras. Pero después, cuando me conoció personalmente, solicitó de
inmediato mi colaboración para su revista “La Farella” y publicó, en catalán,
varios artículos que escribí sobre el tema de la habanera, el tango y sobre el
carácter alemán, declarándose, desde entonces, un ferviente admirador de mi
prosa, elogiando al margen de cada artículo “la fuerza literaria que, como un
nuevo y tonificante monzón de aire fresco, nos llega de Latinoamérica”.
Nuestra estadía le dio al pueblo un poco más de sabor veraniego. Es
tanta la gente que visita estas playas y de tan diversas nacionalidades que
todos los turistas son anónimos. Al poco tiempo todos nos reconocían y
saludaban o nos miraban con un penetrante y escrudiñoso silencio.
Igual que en Pichilemu, en el verano, todos trabajan para recolectar
ahorros para el invierno cruel. Los pescadores trabajadores, cuyos patrones
tienen una infraestructura pesquera super moderna, eran mis amigos más
entusiastas. Por supuesto llegué con la guitarra y ahí aprendí a cantar
habaneras catalanas y cubanas, que son para los catalanes el recuerdo de
cuando Cuba era una colonia de España, y ellos, los dueños de los tabacales;
del ron y de todas las mulatas por las que aun siguen suspirando en sus
evocaciones habaneradas.
Celebran, en el pueblo de Caleya de Palafruguet, un festival donde
reunen a 40 mil turistas, presentando grupos de habaneros vascos, gallegos y
de todas las regiones de España que siguen practicando esta forma musical
que de acuerdo a investigaciones posteriores que realicé, y que se han
publicado, esta modalidad dio origen al tango argentino y a otros ritmos
dentro de los que está, inclusive, la tonada chilena, en la cual hay melodías y
versos íntegros que los catalanes conservan como patrimonio colonizador.
Terminamos comprándonos una inmensa casa frente al
Mediterráneo, en El Puerto de la Selva, pueblo a 15 kilómetros de Llanca.
La mantuvimos durante siete años hasta que decidimos venderla, hastiados y
aburridos, pues nunca logramos contactarnos con la gente del pueblo. De la
gente humilde del pueblo se obtiene la alegría y con sabio y bondadoso
humor se viven sus anécdotas de vino y vino, de butifarras picante y de
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
jamones serranos; son ellos los que entregan lo más sabroso de las historias
de su pasado y de su diario vivir.
Durante el invierno en Llanca viven 5 mil personas, en verano 50
mil. Poseen una infraestructura turística con modernos e inmensos hoteles,
es de imaginarse, para darle cabida a 50 mil personas durante tres meses que
dura la temporada. Todas las casas son alquiladas por empresas de turismo
internacional. En el Puerto de la Selva, donde teníamos la casa, en invierno
viven en el pueblo solo 500 personas, y en verano llegan cerca de 20 mil
turistas.
España tiene unos 42 millones de habitantes y durante todo el año
entran al país 40 millones de turistas. Durante la temporada veraniega todos,
hombres, mujeres son cocineros, camareros, mucamos, choferes, jardineros
y personal de aseo en hoteles y casas privadas. Con esto, es cierto, nada
nuevo le digo a los pichileminos.
Una de las grandes virtudes de los catalanes, entre otras, pues
tienen muchas, es el amor a su tierra y sobre todo a su lengua. Con un
nacionalismo, a veces aberrante, la defienden con el bienestar que tiene su
país, su soberbio estatus económico, el más alto de toda España; con el
moderno turismo de masa; las ramificadas y modernas empresas editoriales,
cuyos tentáculos, cubren incluso toda Latinoamérica y los capitales en
empresas, ahora nueva modalidad, de telecomunicaciones. Durante la
dictadura de Franco, se pretendió borrar del habla de España la lengua
catalana, por designo de Dios -decía el gallego gobernante- y los que nos
educábamos primariamente durante esa etapa -Latinoamérica obedecía al
pie de la letra al dictador gallego- recibimos palabras de la lengua catalana
traducidas al castellano y se borraron las cedillas de las “c” que acentúan las
últimas vocales, modismo idiomático del Languedoc francés. Así en
castellano, Llanca se convirtió en Llansá. Macá por Massa, Chorca por
Lorca, entre otros patronímicos.
Abandonamos Puerto de la Selva, Llanca, la Costa Brava, Cataluña,
España al fin, concientes de que el bien ganado título de los catalanes de
egoístas y usureros se lo tienen bien merecido. Siempre ha sido proverbial la
tacañería del catalán en todos los países latinoamericanos donde buscaron
socorro a su miseria, y de donde, si bien a fuerza de trabajar como enanos,
fue la especulación lo que les hizo enriquecerse, sobre todo en Cuba, país
que asolaron como negreros, procreadores y sostenedores de la esclavidad,
estigma que el hombre, de cualquier nacionalidad que la practicó no puede
quedar por todos los tiempos eximido de culpa y condena.
Etimología de la palabra Llanca
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
La palabra llanca en Chile siempre se la ha considerado, y sin
ninguna duda, como de origen mapuche. Todos los diccionarios repiten:
llanca: (del map.: llanka = piedras verdes) material de cobre de color
aulino. 2) Piedras gemas de distintos colores perforadas que servían de
colgantes y para pagar deudas. /...es prefijo de muchos topónimos y
apellidos compuestos como: Llanca, Lanca, Yanka, Llancabure, Yancavore,
Llancacura, Llancache, Llancaguerrai, Llancaman, Llancar, Llanquihue etc.,
etc. Esteban Erize, etimólogo argentino dice: “según Malaret la voz es
quechua o aymará;” Pablo Groeber escribe, llanca: una chaquira grande,
verde que servían, entre los indios, para pagar sus delitos. El padre
Moesbach y Meyer Rusca la entregan como llangca. Fray Félix José de
Augusta la nombra, llanka /...una chaquira, etc. El diccionario castellano
Kechwa de Perroud y Chouvenc nos da variantes como llanka = como
llanja; llanja. 1.- Greda, tierra pegajosa, barro para hacer olla, mezcla; otra
variante, que veremos más adelante, Llanke = Sandalia de indígena, llanki:
ojota, sejoi, usuta, chaqlla. Llanki = llanke, cambio de cosas pequeñas;
mejor es Yanki = cosa menuda que cambian por otra igualmente de
poco valor.
Como siempre Rodolfo Lenz es el más abundante: llánca. F.mineral de cobre verde azulejo, etc., / servían para pagar delitos. Y agrega
entre medio: “según Nájera, son sartas de piedras brutas, no transparentes
que se ponen los indios en los sombreros. /Son piedras verdes i negras,
variadas con vetas de uno u otro color que estiman más que los diamantes i
esmeraldas de que no hacen caso”, etc., etc. Es nombrada esta palabra por
Valdivia, Fabrés, Ovalle, Rosales, Bascuñán, y otros mapuchistas.
El sonido de la palabra llanca en Europa tiene dos direcciones de
propagación, una dentro del latín que se difundió ampliamente por las
regiones romanizadas, hacia occidente Italia, Francia, España, Portugal y
Cataluña como un sustantivo y en Alemania es un nombre y un difundido
patronímico.
Empezando por su definición en latín tenemos que: lancéa-ae
(acaso de origen celta), f., lanza, pica //fig.) lanzada; inquietud, susto
grande. En vasco encontramos tan sólo Lantzari = lancero, armado de
lanza. Con la Y de sonido similar a ll, Yankitar = yanqui, anglo-americano.
En Polonia, Ucrania, Rumania y otros países cercanos la palabra
llanca tiene invariablemente dos sonidos inicales una con J y la otra con Y,
ambas letras suenan igual que nuestra doble ll. Así Yanka en los países
nombrados es Juanita, Yanko Juancito y Yanki es Juanucho. Creemos que
estas formas corresponden al semítico, propiamente al hebreo bíblico, lo
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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mismo que las formas difundidas por el cristianismo como: Jahn, forma al
lado de Jan, del holandés-alemán Johannes, que tiene además otras formas,
Jahn, Jann, Janpeter; Janek, Yanka, Yanko (Polonia); Janik
(Dinamarca): Jens, Jannis, Jano, Janka-o (Ungaria). Jana forma de
Johanna, tiene otras formas: Janna; Janne; Janika (Bulgaria); Janina
(Polonia); Janita (Eslovaquia): Janka (Rusia, Bulgaria, Ungaria). En todas
estas formas, repetimos, la J, suena Y, y ambas como nuestra doble ll.
En alemán, la forma Hans, da el conocido Johannes, Jens, Jahn,
todas las J sonando como doble ll. En ruso Ivan es la forma de Johannes,
nuestro Juan, con otra variante: Iwan e Ivanka con sus respectivos
femeninos. Esta forma de Juan, Iván, Yanka, Hans, todas tienen el mismo
prefijo, la misma raíz. En Europa nos lleva la búsqueda de la palabra al
antiguo testamente, pero antes veremos la forma laica del mismo que
encontramos en el “LIBRO DE LA TRADICION” de Abraham Ibn Daud, de
Riopiedras Ediciones, Barcelona, l990. Este curiosísimo libro fue escrito
entre los años 1110-1180, tiempo en que vivió el autor. Es la historia,
rabinos en nuestro tiempo, de los nobles y sabios judíos de las generaciones
precedentes a la suya propia -desde Adán hasta la construcción del primer
templo- que tenían la tarea de conservar las tradiciones israelitas;
cronología; registro de personas; lengua y la ascendencia social de cada
judío dentro del marco religioso. El texto fue escrito en árabe y,
posteriormente fue traducido al hebreo en dos ocasiones, la primera en l392.
Ibn Daud nos da un sinnúmero de palabras, nombres y patronímicos.
Tomamos en cuenta y transcribimos lo que está dentro del tema que ahora
nos preocupa: Pirque Abot, cadena de transmisión; Gaon, Gaones, Gaona,
sacerdote; Rab es la designación usual del nombre del sabio R. Abba Arika,
en el Talmut de Babilonia. En el año judío de 4234, nos refiere Ibn Daud, un
rey persa detuvo a tres de los grandes sabios de Israel, a Amemar bar Mar
Yanqa y a otros dos más. En este caso la q hebrea, suena como la k
alemana y la c castellana.
Sigmund Freud
En la época en que el iniciador del psicoanálisis Sigmund Freud,
era un agnóstico desligado del judaísmo, escribió “Moisés y la Religión
Monoteísta y otros escritos sobre Judaísmo y Antisemitismo” de Alianza
Editorial, Madrid, l970-86. Encontramos en este libro una curiosa reseña,
que transcribimos, sobre lo que para nosotros sería el primer inicio de la
palabra:
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
“Jahve era sin duda un dios ctónico, volcánico. Ninguna razón
podían tener los habitantes de Egipto para venerarlo. Seguramente no soy
el primero en advertir la notable similitud fonética del nombre Jahve con la
raíz de otro nombre divino Ju-piter (Jovis). El nombre compuesto Johanan
una de cuyas partes es la abreviación del hebreo Jahve, tiene un
significado similar a Gotthold, el nombre más popular de la cristiandad
europea en las formas de Johann, John, Jean, Jens, Juan. Los italianos, al
reproducirlo en las formas de Giovanni y al llamar Giovedi a uno de los
días de la semana, vuelven a traer a luz una similitud que quizá no
signifique nada, pero que posiblemente explique mucho. En esos oscuros
siglos que la investigación histórica sólo comienza a explorar, los pueblos
que rodeaban la cuenca oriental del Mediterráneo habrían sido escenario
de frecuentes y violentas erupciones volcánicas que debían causar la más
profunda impresión a sus habitantes. Ya hemos mencionado que el ritual
judío impone ciertas restricciones en el uso del nombre de Dios. En lugar
de Jahve debía decirse Adonai. La prohibición de pronunciar el nombre
divino es, como sabemos, un antiquísimo tabú. No es preciso suponer que la
prohibición fuera cumplida consecuentemente, pues el nombre Jahve quedó
librado a la formación de nombres propios teofóricos, es decir, de los
compuestos como Jahanan, Jehú, Josué...”
Lo que Freud nos insinúa es que Johanan, es uno de los ángulos
agudos, afilados del triángulo, los otros son Jehú, Josué -dos triángulos
formaron posteriormente la estrella de David- y de donde provienen todas
las semantizaciones de nuestra palabra Juan que hemos encontrado escrita
en diversos idiomas con el mismo sonido aunque con distinta grafía en latín.
Júpiter era el dios cretense que manejaba los cataclismos, las
grandes tormentas amenazantes de rayos que eran lanzados hacia la tierra.
El verbo lanzar se convirtió en sustantivo y en un nombre propio y dió a
Juan la significación de lanza rayos –Júpiter lanza rayos- en los países de
lenguas romanas hacia el occidente, Lancia: Italia; Llanca: Languedoc y
Cataluña; Lanza: castellano, y en las de propagación de infuencia de
lenguas eslavas e indoeuropeas, por el norte, las de Hans, Janka, Yanka,
Ywan, que siguieron conservando el significado de Johanan, una de las
puntas agudas del triángulo que es la forma de la punta de la lanza. Ambas
definiciones coinciden en que Juan, Hans, Yanka, es a la vez Juan –
Johanan-Júpiter: el lanzador de rayos; y Lanza, Lancia y Llanca: el
objeto, el rayo, que es lanzado como se lanza una lanza. José María
Albaigés Olivart nos dice en su libro “Diccionario de Nombres de
Personas” Universitat de Barcelona, 1993, Juan. Nombre derivado del
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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Hebreo Johanan o –hannes- “Dios es propicio”. O, quizá, Yohanan, “Dios
se ha apiadado”.
Lanza en mapuche
Esteban Erize en su diccionario mapuche nos entrega la palabra
lanza, como Huaiqui; lanzar, arrojar: Huerquentun. Mulduntun,
Üchruvuln. En el Kechwa de Perroud-Chouvenc lanza es chuki; en el de
Augusta lanza, f. waiki (armada), lanzada, f. Waiki men, lanzar, a., arrojar,
tirar./-ar algo (con la tos) chafonentun; (con el vómito), rapinentun. El
padre Ernesto Wilhelm de Moesbach con otras grafías anota, lanza,
huaiqui: de huaiqui (waiki): aguijón, punta de lanza (de mineral o metal),
la lanza misma (caña de colihue con punta de pedernal o de fierro).
Runguillanca (Rungin): de rëngi, el colihue y llanca: piedra joya, joya de
colihue/compare (renil, reñel, runil). El mismo autor nos da como apellido
a Huaiqué y agrega: el apellido Huaiqui constituye tanto la parte individual
como genérica. Al misionero y gramático padre Bernardo Havestandt le
dieron por nombre Huaiquilafquén, lo que él mismo explica con las
palabras: huaiqui-lancea. Para añadir y terminar: Huaiquilef:- lef: ligero.
Lanza ligera. Huaiquimilla:-milla: oro. Oro del aguijón de la lanza y
Millahuay: milla: oro;- lanza de oro y muchos más”. La palabra lanza no la
supimos encontrar en el diccionario mapuche de Rodolfo Lenz, aunque no
dudamos que esté, por cierto, pues esta arma fue un elemento fundamental
de la vida y la sobrevivencia de los mapuches ante la agresión de los
invasores de su vasto territorio.
Hay que penetrar en estas terminologías con sumo cuidado pues no
concuerdan las versiones de los mapuches del territorio argentino con la de
los chilenos, además las grafías cambian los fonemas cuando son nombres o
son apellidos y nombran con la palabra lanza a lo que es el colihue y nos
dan la idea de que los mapuches tenían lanzas con punta de oro y piedra
joya, joya de colihue. Sabemos que los mapuches no conocían el oro, y si
conocían las esmeraldas y los diamantes no hicieron caso de ellos y que es
una versión, cargada de fantasía e irónica, el que a Pedro de Valdivia lo
mataron dándole a comer oro derretido para satisfacer su gula por este
metal.
Los Corral de Llanca de Cataluña
El cura párroco de Llanca Josep Clavería i Canet, bibliotecario del
Castillo de Perelada, en la revista “Llanca, Festa Mayor de Sant Vicenc”
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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del año l990, escribe una reseña de una noble familia de Llanca. Nos dice
que todos los estudiosos de la historia medieval afirman que el feudalismo
originó una serie de nobles o caballeros en pequeñas villas y territorios de
las que tomaban o le daban su nombre. Así encuentra, en los anales de su
biblioteca, por primera vez mención de la familia de un tal Berenguer de
Llanca, en un escrito del 20 de enero de 1265, que reseña una batalla en el
distrito del monasterio de San Peré de Rodes, en el Puerto de la Selva. Nos
dice que uno de los nombres de un descendiente era Ramón de Llanca, y se
interroga si el Corral de Llanca, de la crónica de Muntaner, era de la familia
de los Llanca. Nos entrega así mismo, una reproducción del contrato
matrimonial de Berenguer de Llanca, pariente antecesor de los reyes de
Cataluña, los Ramon I, II, de Berenguer, casado con Catalana hija del conde
del Castellar, en enero de l308. Insinua que la procedencia de los Llanca
podría ser de los Condes de Lancia de la región italiana del mismo nombre
que también estaban emparentados con los Roger de Llúria y que una
Catalina de Llanca, fue casada por los años de 1158 con el famoso Federico
Barbaroja, el guerrero germano que bajó hacia Italia con su ejército y se
hizo coronar rey de Italia en Pavia y se adueñó, en esos tiempos, de Sardeña,
Nápoles y Sicilia. Poca duración debió tener, de ser creíble esta crónica y de
haberse concretado el matrimonio, la vida de la señora Llanca, pues
Federico Barbaroja, está históricamente comprobado, mató a todas las que
fueron sus mujeres.
El párroco Josep Clavería i Canet finaliza su historia en l500,
detallando que desde esos años se pierde la huella del Conde Corral de
Llanca y que no existe el apellido Llanca ni en la región que lleva este
nombre ni en la totalidad de España. Que los Berenguer, los Roger, los
Llúria, los Corral y los Llanca eran de clara ascendencia judía, lo que me dió
a entender que como tantos otros judíos ibéricos se trasladaron como
conquistadores hacia el Nuevo Mundo.
Los Llanca en América
En “La conquista de México” de Fernandez de Oviedo y de Bernal
Díaz del Castillo en su “Historia Verdadera de la Conquista de la Nueva
España”, encontramos a un Corral, como estandarte de Hernán Cortés, el
que siendo noble no participaba en el frente de batalla y que se fue a
Nicaragua cuando ésta fue descubierta, convirtiéndose en un buscador,
comprador y comerciante especializado en diamantes y esmeraldas, a la vez
que se aparejaba sin dificultad con muchas indias con las cuales tuvo una
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
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numerosa descendencia. Ahí se pierde la pista de todo Corral, pero la
retomamos en Panamá, donde encontramos a un Corral de Gómez.
Sabido es que los conquistadores españoles, cuando cambiaban de
región también cambiaban de apellido para no dejar huellas, detrás de sí, por
temor a la inquisición, y adoptaban otro conveniente a sus nuevas aventuras.
Suponemos, tan sólo son conjeturas, que el personaje Corral Gómez de
Almagro, con un amplio y conveniente apellido, vino junto con su padre a
Chile, como lo registra José Toribio Medina, siendo amigo de Pizarro y de
Almagro primero hasta el Perú y luego ambos, padre e hijo, acompañaron a
Pedro de Valdivia a la conquista de Chile pues uno de sus apellidos ocultos,
el Corral, dio nombre a una ciudad al sur de Chile junto a la fundada por don
Pedro, las ciudades de Corral y Valdivia fueron fundadas, no sólo una al
lado de la otra, sino casi al mismo tiempo. Encontramos posteriormente,
como un privilegiado, al conquistador Juan Gómez de Almagro, amigo
íntimo de Pedro de Valdivia siendo el feliz destinatario de una donación de
éste, de toda la región, con todos sus indios, que conforma el actual marco
geográfico de Pichilemu.
Este Juan Gómez de Almagro, es el que hallándose en Madrid en
los días en que Ercilla daba a luz la “Primera Parte” de su “Araucana”, el
poeta invocó su testimonio para acreditar que los hechos referidos en el
poema estaban ajustados a la verdad. Existen otras menciones a su persona
en los “Documentos Inéditos” de José Toribio Medina, con las siguientes
reales células. “Yo, el Rey.-... por parte de Juan Gómez, vecino de Santiago
de esa tierra, que me ha hecho relación que él y Alvar Gómez, su padre,
fueron los primeros conquistadores de las provincias del Perú.../y se fueron
a esa provincia –Chile- en compañía del gobernador don Pedro de
Valdivia.../y que cuando don García Hurtado de Mendoza fue por
gobernador de esa tierra, se juntó con él debajo de nuestro estandarte real,
y se halló en todas la batallas y descubrimiento della, siempre sirviendo a
su costa y mención, sustentando armas y caballos, en los cual había
gastado más de cien mil pesos oro.../que estuvo en el fuerte de Purén.../en el
fuerte que dicen de Tucapel.../fue con el mariscal Francisco de Villagra
desde la ciudad Imperial hasta la ciudad de la Concepción.../don García le
señaló por vecino de la dicha ciudad de la Concepción y le dió un
repartimiento de indios en nuestro nombre.../Fecha en Madrid, a 19 de
Diciembre de l568.- Yo, el Rey.-Refrendada de Eraso.-Señalada del
Consejo”.
¿Sería este Juan Gómez de Almagro, el primer dueño de Pichilemu,
el que correteaba a los indios mapuches para quitarles sus lanzas? Porque en
las puntas de las lanzas había una piedra que la divisaban verde-azulada,
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
¿sería esa piedra -punta de lanza- un diamante, una esmeralda?
¡Imaginemos a un conquistador agarrado de la lanza, de la wuaiki, de un
mapuche y tironeando para arrebatársela! Ambos tironeando, el español por
la avaricia de poseer una esmeralda, al grito de ¡quítenles las llancas, –las
lanzas– que tienen una esmeralda en la punta! y al indio, defendiendo
también a tirones, como todo orgulloso guerrero, su utensilio de guerra, el
más preciado objeto, el cual es lo que más defienden los soldados del mundo
entero: indio sin lanza es indio muerto. Sabido es que la punta de las lanzas
de los mapuches sólo tenía una piedra cílice de color verde-azulada y otras
de cuarzo llamada piedra lidia, lidita o piedra de toque que, como se sabe,
fue muy abundante en la cordillera, hallándose casi siempre dividida en
fragmentos sumamente agudos y de cantos cortantes. En ninguna de las
partes bajas de la cordillera escasean las demás variedades de cuarzo y
llegan en las cajas de los ríos hasta la costa arrastradas por las aguas.
Tomamos como una verdad lo dice nuestro etimólogo Rodolfo Lenz: “los
indios ni de diamantes ni esmeraldas hacían caso”.
Hemos insistido que los indios de todo el continente adoptaron
nombres, apellidos y un sinnúmero de palabras de los conquistadores ¿le
seguirían llamando llancas a las piedras codiciadas por los españoles? ¿Cuál
sería el verdadero nombre de la punta de sus lanzas? ¿O realmente, como
dice Lenz, usaban las llancas, que ahora son piedras preciosas, para llevarlas
como adornos en el sombrero? ¿Usaban sombrero los mapuches?
¿Sería este Juan Gómez de Almagro, Corral de Gómez, Corral,
Corral de Llanca, el que le dio su primer nombre, aquel de Llanca, que los
acreditaba como noble en Cataluña a sus primeros descendientes mestizos?
¿Seguirían los mapuches nombrando llanca a las piedras verdes-azuladas? Si
tanto las apreciaban los invasores ¿pasarían a ser tan valiosas, también para
ellos, como para comprar esposa y otros objetos y pagar sus faltas con un
puñado de ellas? En verdad no necesitamos mucha credulidad para no dudar
de estos argumentos que dejan de ser historia para convertirse en el juego de
incertidumbres en que se ha convertido la historia de todo nuestro
continente.
Desde La Concepción parte el Alférez Caro hacia la región de
Colchagua en l690, con todos sus mestizos se interna en parajes
pichileminos ¿pertenecerían a los descendientes de Juan Gómez de Almagro
o serían todavía del testaferro Conde de Lemus? ¿O estarían a nombre de
otro oculto aristócrata escudando en secreto el nombre del verdadero dueño
de la zona que pasó a llamarse humildemente Ciruelos?
¿Podría el Conde Corral de Llanca, solo Corral en México, luego
Corral de Gómez en Nicaragua y Panamá, cambiado a Juan Gómez de
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Almagro, ser el mismo personaje que sin olvidar su ascendencia de Conde
de Llanca, haberle dado el nombre bíblico de Llanca, Yanqa, Juan, Johanan,
uno de los secretos del triángulo que encierra el nombre de Jahve, a sus hijos
mestizos?
Igual que lo que escribieron otros historiadores podrían ser nuestros
informes puras conjeturas, un entretenido argumento ensamblado de débil
maderaje, que no podría resiste ni el más leve empujón. De ello soy
conciente. Pero también sé que ningún historiador chileno puede confirmar
la mayoría de sus argumentos. Nos encontramos en su misma encrucijada
pues en definitiva la historia del descubrimientos y la colonia en Chile es
eso, solo suposiciones bien argumentadas, aunque con fechas y datos
cronológicos precisos lo único de lo cual se puede tener fe.
¿Bueno y la canción en qué quedó? Ella fue compuesta, para decir
la verdad, sin ningún argumento amoroso. No tuve ninguna aventura, ni
idilio con rubias de ojos azules en Cataluña. (En Alemania..., bueno, no es
este el espacio adecuado para ocuparse de narraciones que no calzan con la
historia que nos estamos proponiendo).
Bien. La palabra Llanca, repito, -en Cataluña la “c” se escribe con
cedilla-, apellido en Pichilemu, me hizo suponer que en España hay seres
nobles, catalanes que piensan ardientemente en Latinoamérica y que les
duele la sangre vertida en ella por sus antepasados, esos residuosos y
desheredados conquistadores llenos de desmedidas ambiciones, de lo cual, si
hubo un Carral de Llanca, no debió de estar lejos de estas tristes
apreciaciones.
Pero sí pude comprobar que todos los catalanes, -nacionalistas
hasta la exageración, grandes defensores de su lengua, hombres de cultura y
artistas connotados-, aman a su pueblo, a su mar y sus tradiciones, que
cantan y bailan la tradicional sardana y que han emigrado por millares a
Latinomérica en busca de la fortuna que en su patria, en épocas de grandes
depresiones, les fue negada a la mayoría y que, en Latinoamérica,
encontraron una nueva patria, un nuevo y fecundo porvenir. Que nos han
dado su sangre mezclada con la de nuestros indios y mestizos; que
heredamos sus apellidos; parte de sus buenas y malas costumbres y también
los misterios de los cuales nos hemos hecho dueños, y que yo intentando
descifrarlos, y de ser ameno, he querido compartir con mis parientes Llancas
de mi tierra pichilemina.
UN PICHILEMINO EN LLANCA DE ESPAÑA
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
La conocí en Llanca cuando llegué del sur.
Era rubia y sus ojos azules
Conservaban un tierno perfume,
Su sonrisa era igual que en su infancia:
Llena de fragancia.
En su alma guardaba recuerdos
De conquistas, y el misterio interno,
De los hombres de España que piensan
En Latinoamérica.
Amo a Llanca, decía,
Es mi pueblo y aquí tengo mi vida.
Amo a Llanca, decía,
Es mi pueblo y aquí tengo mi vida.
Amaba la inquietud de los hombres del mar.
La hermosura del cielo en el puerto,
Los rostros serenos del pueblo
Y bajo el sol la rebelde esperanza
Del que sabe qué espera.
Me contaba bailando sardanas
Las historias de los catalanes
Que emigraron y nunca volvieron
De Latinoamérica.
Yo tuve que volver a Pichilemu, al mar.
Sé que ahora ella busca en los niños
La ternura que fue mi cariño.
Quién la abraza en Llanca ¿le solaza
Lo que ambos vivimos?
¿Quién comprende mi angustia en su ausencia
Y qué ella en silencio me piensa?
En su idioma la busco y la llamo
Por Latinoamérica.
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
ANTONIA, ELLA, ERES TU
Esta canción tiene ritmo de habanera. Esta modalidad musical, para
todos nosotros tienen evocaciones cubanas, y está lamentablemente en
franca decadencia en todos los países latinoamericanos. Es como la lengua
latina a la que se la define como lengua muerta pero bien sabemos que se
encuentra, en gran porcentajes de palabras, en casi todas las lenguas
europeas. Lo mismo la habanera está en casi todas las canciones de carácter
folklórico no sólo de Europa sino también de nuestro continente. Fue la
habanera una modalidad practicada desde comienzos de l800. Su creación,
con otro nombre, por supuesto, se remonta a los griegos y en Alemania se la
menciona desde el 1200, con el nombre de Schottich, chotis para los
españoles, y es un baile escocés propagado hacia todos los confines
europeos con diversos nombres. Fue contradanza escrita por músicos
clásicos como Mozart, Beethoven; en Italia por Bellini, Donizeti, Verdi; en
Francia por Ravel, Bizet, que las incluyeron como árias en sus óperas. En
Nápoles la conocida canción “O sole mio” tiene, sin ir más lejos, un
marcado y auténtico ritmo de habanera.
La contradanza europea era una modalidad para ser bailada y se lo
hizo con cuatro figuras: paseo, cadena, sostenido y cedazo. Una figura para
ocho conmpases. Las dos primeras eran de carácter tranquilo, las dos
últimas se hacían vivas y picantes. Era bailada en la corte y de ahí pasó, por
imitación, al pueblo que la desarrolló con sus propias necesidades, con su
característico lenguaje en el movimiento que siempre ha sido más alegre que
los de la aristocracia.
Por un proceso de simplificación, en Cuba se dieron todos los
cambios, se fue sustituyendo el nombre de contradanza por el de danza. Ya
en l848 se hablaba de la danza y se describían sus cuadros. De ahí pasó a
llamarse, por que se practicaba en La Habana, danza habanera, o “ritmo de
tango americano”, para diferenciarlo del tango andaluz, para terminar
llamándose solo habanera. Como tal fue tomada por el compositor Bizet que
incluyó una, que se la copió a Sebastián Iradier el autor vasco de “La
Paloma” y la incluyó en su ópera Carmen. La habanera tuvo una
popularidad descollante en todo el mundo. Desde Cuba se desplazó a toda
América, vía marítima hasta Brasil originando el Maxixe que comenzó
como un tango y terminó luego en marchiña; en Uruguay, primero dió
también la marchiña, compartiendo después el tango con la ciudad
Argentina de Buenos Aires, donde tomó carta de ciudadanía, adquiriendo
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
carácterística propias y definitivas que hoy pertenecen exclusivamente a la
creatividad porteña.
En los demás países del sur, sus melodías fueron ejecutadas de
acuerdo a las posibilidades y conocimientos propios de cada nacionalidad, y
los guitarreras en Chile, que fueron inicialmente sólo mujeres, la
simplificaron hasta convertirla en lo que hoy se llama tonada chilena. Así la
conocí yo desde niño. Mi madre cantaba en el coro de la iglesia de
Pichilemu, mucho antes de que llegara el cura Orozimbo Fuenzalida, cuando
era una niña, a duo con su hermana melliza la querida y bondadosa tía
Luisa. Después aprendió a tocar la guitarra. En su guitarra y con su voz yo
escuché por primera vez el aire de habanera. Cuando llegué a Cataluña y
escuché de nuevo estas canciones me resultaban, no sólo conocidas, sino
que tenían también la curiosa particularidad de lograr emocionarme, diría
con extremecimientos, y hacían retroceder mis recuerdos hacia tiempos
olvidados por fajos de historias que nos corroen y nos hacen perder memoria
de los valores de la infancia. Yo recuperé en Llanca esos mensajes amorosos
que mi madre me cantaba con ritmos de habaneras.
En Llanca compré cuánto libro de partituras de habaneras encontré,
y en ellos está casi todo el caudal antiguo de la canción llamada “tonada
chilena”. Versos y melodías coincidían plenamente y no me fue difícil
memorizar letra y música en breve tiempo. En Berlín la incorporé a mi
repertorio con buen éxito, pues el ritmo de habanera los alemanes lo
practican, con un poco más de síncopa, en casi todas sus canciones
folklóricas llamadas Schlager.
Antonia por entonces aprendía a ejecutar el violín y me escuchaba
cantar pensativa, hasta que un día me preguntó: ¿a quién le cantas papito?
¿Quién es esa mujer que siempre nombras en tus canciones? y ¿por qué sólo
habaneras?
Por las interrogaciones de Antonia, que tenía apenas 6 años, nació
esta canción. Con los recuerdos melódicos de las canciones que nos cantaba
mi madre doña Filomena Llanca Clavijo, la tía más linda, según mis primos
hermanos que la conocieron: “entre todas las Llancas, la tía Mena era la más
hermosa” me decían Lucho Pérez y Juan Figueroa.
¿Cómo era ella? Me preguntas cada día.
¿Cómo era aquélla mujer que está en tu corazón?
¿Cómo era aquélla que vibra en tu alegría,
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
En tu habanera, en tu infancia, en tu amor?
Era una estrella de luces generosas,
La melodía de amor de una habanera,
Era una puerta abierta a cada hora
Con sus ventanas dejando paso al sol.
Sus manos eran flores humedecidas,
La madrugada prodigando calor.
Tengo recuerdos de su mirada tierna
Como el rocío brillando en una flor.
Ella era el trigo de un campo generoso
Y era del árbol su fruto y su sabor,
Como un pañuelo de adiós y despedida
Que el viento agita sin decir nunca adiós.
Seda y fragancia sus gestos, sus miradas,
Cuando cantaba lo hacía igual que tú.
Yo la nombraba porque ella era mi estrella,
Mi protectora, de noche ángel azul.
Tú me preguntas: ¿por qué yo siempre canto
Esa habanera constante y melodiosa?
¡Si fue con ella que me entregó a la vida!
¡Era mi madre y cantaba como tú...!
Era mi madre la mujer por quién preguntas,
Era mi madre y se parecía a tí.
Era mi madre... y cantaba como tú.
¡Hija querida, ella eres tú, ella eres tú, ella eres tú!
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Historia de las canciones a
Pichilemu
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
MI TIO FILOMENO MORALES
Cuando nació mi tío Filomeno Morales, Pichilemu era sólo una
mención, apenas iniciada, en folios administrativos. El hogar de todos los
del grupo del Alférez Caro era Ciruelos, el paraje de San Andrés, en cuya
iglesia aun permanece su estatua portando la cruz de Cristo, en la que los
católicos del mundo entero, todos los años, crucifican otra vez su cuerpo, lo
matan de nuevo y después lo recuerdan y adoran bebiendo, como si fuera
vino su sangre y comiendo su cuerpo convertido en masa de trigo. El
pichilemino nunca ha perdido la fe en sus antepasados ni en su religión,
siempre fiel a las consignas de su grupo eligió, cuando se formó la comuna
en un Municipio a quien le correspondía, a un descendiente del Alférez
Caro, como primer alcalde. Y así ha seguido siendo fiel, lo mismo en el
matrimonio como en la amistad. Se puede querer a un pichilemino
consciente que ese cariño será siempre retribuído; el vino que uno le brinda
siempre es devuelto en otro vaso lleno de salud auspiciada con una alegre
sonrisa; el pan es repartido como un bien común entre todos; los peces del
mar pasan a la mesa como una bendición; por sus calles en verano, en
definitiva, todos trabajan, sin decirse nada entre sí, anónimamente, por el
bienestar del conjunto de su economía y su sobrevivencia.
Ciruelos es un pueblo, hoy semi abandonado, ubicado en una
localidad a 13 Kms. al sur-este de Pichilemu. Posee el cementerio católico
más antiguo de la costa de la región, una iglesia centenaria dedicada a San
Andrés. Era, y lo sigue siendo, un pequeño grupo de casas que
correspondían a los trabajadores de varias propiedades agrarias. Medio
perdido en medio de los cerros, oculto en quebradas, aislados del mundo
transcurrió la existencia de todos los Llancas. Creo que mi tío Filomeno
vino de otro pueblo a trabajar, siendo muy joven, a la pequeña propiedad de
mis abuelos. Ahí se enamoró de una de sus hijas y ella le correspondió su
amor. Me contaba mi madre que la tía Clara, mayor que ella, tenía los ojos
verdes, grandes y verdes y era la más querida de su padre y que éste sufrió
mucho cuando Filomeno la raptó llevándosela a Pichilemu, que comenzaba
a formarse como pueblo, y en él, indudablemente había más trabajo que en
Ciruelos.
Los pueblos cercanos corresponden a la Zona Central de Chile y es
donde se originó el llamado costino y entendemos por costa, no solamente la
orilla del mar, sino también los cerros y valles comarcanos, todo lo cual
forma un conjunto animado de un mismo espíritu y en el cual el costino ha
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
gravitado y ha predominado. El costino fue siempre un hombre de limitados
medios económicos y ha vivido satisfecho en su rincón, sin ambiciones
mayores que ganar el sustento para él y su familia. Los historiadores
sostienen que el primitivo indígena chileno tuvo marcada preferencia por los
parajes de la costa y tal situación lo indica la Zona Central. Todos los
hombres, desde la prehistoria transitaron por la orilla del mar y Chile no fue
ninguna excepción. Los primeros fueron pescadores y siempre cerca de la
costa levantaron sus chozas, luego vinieron otros conociendo rudimentos de
agricultura, y se fueron internando, tierra adentro, buscando mejores parajes
para el cultivo y así fueron a la vez pescadores y agricultores.
Cuando los españoles llegaron a Chile encontraron a la población
indígena aglomerada junto al mar o en los valles y cerros inmediatos. Más al
interior o en los faldeos cordilleranos, esta población estuvo siempre
dispersa, distanciada o simplemente no existía. Las razones de esta
preferencia son obvias. Por los espacios abiertos del litoral, por sus plazas
de enorme extensión, se podía avanzar con mayor facilidad que por cerros
abruptos de la cordillera o por entre los valles cenagosos del valle central y
era más fácil cruzar los ríos por las anchas y lentas ensenadas de su
desembocadura que por sus rápidos torrentes del interior. Además de ello, la
costa le ofrecía un clima en extremo benigno, suave, acogedor, y
proporcionaba, exigiendo un mínimo de esfuerzos, toda clase de recursos y
alimentos.
En esos parajes la mayoría de los grupos familiares estaban
radicados en la costa. De esta circunstancias habrían de derivar hechos
históricos y sociológicos de importancia. Uno de ellos es el nacimiento del
costino que en Chile fue una mezcla del conquistador español y del indio
que allí se encontraba por tiempos seculares. Muchas veces sin retroceso, sin
volver a tener descendencia con indios lo que le dió un aspecto más europeo
que al que volvía al ancentro autóctono. Más tarde la población se correría
hacia el centro, se fundaron ciudades, se construyeron caminos y se
incrementó la agricultura. La costa queda así casi olvidada y abandonada,
situación que ocurrió en la Zona Central. El habitante de ella se aisló, se
concentró y trató de valerse por sí mismo. O sea, dió un nuevo paso para
definir su personalidad y constituirse en el costino actual.
En esas zonas nacen grandes estancias con increíbles extensiones
de tierras vírgenes y fértiles que pertenecían a unas pocos propietarios o
terratenientes y eran heredadas por los familiares directos. Se conformaron
clases, con la psicología medieval que trajeron los españoles, dejando
postergados por largo tiempo a los modestos labriegos utilizados como
pertenencia perpetua. Así el costino es diferente al guaso y al gañán
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
transhumante, y alejado sanguíneamente del indio, sin retrocesos a uno de
sus orígenes; vivió abocado a un porvenir modesto y sin relieve; se formó
modesto, sencillo, resignado, sin ambiciones aunque orgulloso de sus dones
que son la lealtad, la honradez y todas las virtudes que da una buena
enseñanza de las prácticas cristiana que inducían al hombre a la resignación
de su destino, aunque fuera en provecho, y siempre era así, sólo del rico
propietario de la tierra. El costino aprendió a querer a su tierra y de la cual le
ha resultado siempre, difícil abandonar, aunque la tierra no le perteneciera.
El costino no está dentro, exclusiva o preferentemente, de un solo
tipo racial, sino que tiene un origen amplio, multiforme. Se diferencia del
huaso por ser éste de un claro y más cercano mestizaje, en cambio los
costinos tienen un origen español más antiguo, salvo algunas marcadas y
recientes excepciones. Descienden del antiguo propietario español, del
habitante de viejos poblados, que aun siguen viviendo en su aldea, de los
estancieros venidos a menos o que dividieron sus estancias en pequeños
retazos, por la repartición de la herencia pues casi siempre tenían muchos
hijos. Diríase que, en el costino, el tiempo se ha detenido y que su vida se
ha desarrollado por medio de procesos retardados. En cualquier momento de
su evolución y en los días actuales, es fácil, así, apreciar aspectos faciales,
económicos, lingüísticos, agrícolas, sociales, etc., de tiempos pretéritos. El
costino ha tenido gran valor como conservador de tradiciones y costumbres
chilenas del más variado origen que, sin él, seguramente habrían
desaparecido.
Mirado en este aspecto el costino es un exponente de la vieja
chilenidad y frente a intromisiones foráneas defiende su personalidad y pasa
a ser una promesa promisoria para el futuro de Chile.
Los que se casaron con las niñas Llanca de Ciruelos, el tío
Valeriano Figueroa, José Pérez y Filomeno Morales, eran todos costinos,
salvo mi padre y el tío Eduardo Mendez, y fueron entre sí, grandes amigos y
como mi madre fue la primera que se fue a trabajar a Santiago, -los demás
se quedaron para siempre en Pichilemu- eran nuestras visitas a la costa una
alegría para todos cuando se encontraban juntos hermanas y cuñados. El tío
Filomeno sentía una admiración especial por mi padre, tal vez por esta
razón, era mi tío preferido y por que me metía como un bulto en su carreta,
tirada por dos bueyes, llevándome a los lugares donde él cargaba arena,
piedras y maderas para la construcción de casas en Pichilemu.
Mi tía Teresa tuvo 14 hijos, entre ellos tres pares de mellizos; mi tía
Clara con Filomeno 8: Eduardo, para mí, era cariñosamente el Lalo; Flora,
la de los inmensos e impresionantes ojos verdes; Pablo, siempre sereno y
apaciguado; Carmen al lado de su madre en todo momento; Eugenia, con
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
una gracia y chispiante alegría que aun nos recuerda a su padre; Sergio y
Jorge, los dos rubios y de ojos verdes con pinta de alemanes, llamaban la
atención por el color de su piel y de sus cabellos; y la menor de las hijas,
con el nombre de la tía Edulia, otra de las hermanas de mi madre: la hija
más dulce y querendona, el conchito del tío Filomeno, Edulia, llamada
cariñosamente Yula. Edulia sentía por su padre un amor compenetrado de
una dulzura proverbial. La tía Celinda tuvo dos hijos; la tía Luisa, melliza de
mi madre, tuvo 7 hijos, entre los cuales Carlitos el menor era mi primo más
querido y recordado; mi madre tuvo 6 hijos de los que vivimos cuatro. La tía
Edulia, y Olga la menor, no tuvieron descendencia. En nuestra rama el
Llanca se ha conservado como segundo apellido, pues los hijos varones de
mis abuelos Honorio Llanca Pavez y María Magdalena Clavijo Lizana,
murieron siendo muy jóvenes. Sigfrido se ahogó en el mar de Pichilemu, a
sido la única víctima de nuestra familia, en ese benéfico mar que custodia
nuestras costas.
Mi tío Filomeno tenía un amigo llamado Juan Dionisio. Amigo en
el trabajo y en la alegría de detener la marcha de sus bueyes para abrevar la
sed bajo el ardiente sol pichilemino. Inseparables compartieron su vida en el
esfuerzo del trabajo y en la amistad, siempre consecuentes con sus familias.
La última vez que vi a mi tío Filomeno fue en Rancagua en casa de
Yula. Ella me comentó, con mucha tristeza, que su padre había perdido la
memoria y que no regresaría nunca más a Pichilemu por su avanzada edad.
Cuando el tío Filomeno se levantó, abrigado con dos pulóveres que le traía
como regalo de Alemania, mientras nosotros haciendo un ruedo lo
contemplábamos, empezó a bailar y canturrear una cueca con una vivacidad
increíble. De pronto fijó sus ojos en mi persona, me indicó con el índice y
después de un breve silencio exclamó: ¡Jorge Aravena Llanca! Yula se puso
a llorar diciendo ¡mi papá recuperó la memoria! pero él siguió bailando
cueca y dirigiéndose a mí otra vez, me miró fijamente, y preguntó ¿quién es
usted? ¡No lo conozco! Era la última neurona de su árbol de recuerdos no
usada por más de 30 años, que aunque débil, en ella yo permanecía intacto.
Ahí reventó, tal vez se agotó en ese instante, y yo, tristemente, desaparecí
para siempre de su memoria.
Digo al final de la canción: ¡nadie sabe cuánto amé a mi tío
Filomeno! Creo que con su desaparición también aprendí a encontrar
cuántos bellos recuerdos tenía de él, pues para mí, fue el tío Filomeno la
imagen fiel y reverenciada que mantengo de toda la gente que ha transitado
por el paisaje marino, exuberante, plácido y añorado de Pichilemu.
MI TIO FILOMENO MORALES
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Donde nació el Cardenal
nacieron mis dos abuelos,
Llancas, Clavijos, Lizanas
son tradición de Ciruelos.
Mi madre vió allí la luz
lo mismo que Filomeno
Que enamoró a la Clarita
y la llevó a Pichilemu.
Fuerte y noble era don Filo
como buen pichilemino,
Con su amigo Juan Dionisio
trabajaban sol a sol,
Picaneándole a los bueyes
desde Pirquenes de Arcilla,
Cruzaban por el Pañul pa´
descansar en Las Viñas.
Desde lejos lo recuerdo,
lo imagino en Bucalemu,
Lo veo cargando sal
y llevarla a Pichilemu.
¡Nadie sabe cuánto amé
a mi tío Filomeno!
En La Laguna de Cahuil
las Llancas le daban chicha
Y allá en El Pueblo de Viudas,
¡causeo y vino ¡qué dicha!
De Punta ´e Lobo a Infiernillo
cargaban piedras y arena,
Ayudados por sus hijos
sangre de sus mismas venas.
¿Dónde andará Filomeno?
¿Nadie lo ve en Pichilemu?
¿Salió a buscar a Clarita
qué lo espera allá en Ciruelos?
¿Bajaron juntos al mar
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
o han subido hasta el cielo?
¡Hoy forman parte, infinitos,
del cielo de Pichilemu!
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Historia de las canciones a
Pichilemu
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Historia de las canciones a
Pichilemu
EL CARDENAL JOSE MARIA CARO
El jueves 4 de Diciembre de l958, sobre Buenos Aires, donde
vivíamos, se abatió una tormenta eléctrica, por demás, muy común antes de
comenzar el verano, que anunciaba una descarga de lluvia, tal vez, una de
esas granizada en que caen del cielo las nubes convertidas en cubos de hielo
que no entran en un vaso normal, que rompen los parabrisas de los autos y
detienen toda actividad de los transeuntes por las calles. Eran las 14,30 hora
local. Mi madre miró hacia el cielo por el pequeño espacio del patio de
nuestra casa y entró en la cocina asustada, nerviosa, como si la lluvia, los
truenos y los rayos fueran un acontecimiento inusual en nuestro diario vivir.
El día anterior había llovido todo el día, también el pasado anterior, y la
humedad, en esa fecha en Buenos Aires era lo más común, y como siempre,
casi insoportable.
A las pocas horas mi madre escuchaba por la radio la noticia de que
había muerto el primer Cardenal chileno de la Santa Iglesia Católica,
Apostólica y Romana, don José María Caro Rodríguez. Desde ese día mi
madre cada vez que se enfermaba decía: ¡llamen al Cardenal! Tal vez el día
de su muerte pensó en lo mismo -aunque yo sé que fue mi nombre lo último
que pronunció en su vida- o acaso repitió en silencio las últimas palabras de
su madre, mi abuelita María Magdalena, que antes de morir pedía,
insistentemente, la presencia del Cardenal: ¡qué venga el Cardenal, qué
venga José María! Sólo cuando el Cardenal llegó a nuestra casa y le dió
personalmente los últimos sacramentos de la extremaunción, pudo mi
querida abuelita, expirar tranquila.
El nacimiento de mi abuelita, María Magdalena Clavijo Lizana, se
verificó en el punto denominado “Los Valles de la Hacienda de San Antonio
de Petrel” el 24 de Junio de l866 y fue bautizada -en caso de necesidadporque no había cura en el pueblo, por don Pascual Caro, seglar aprobado.
El mismo día y solo dos horas más tarde don Pascual Caro corría a casa de
sus parientes don José María Caro Martínez -hijo de don Pedro Pascual Caro
Gaete y de doña Calletana Martínez Ríos- y de doña Rita Rodríguez
Cornejo, para bautizar -en caso de necesidad- a un niño al que le pusieron el
nombre de José María Caro Rodríguez, y que con el tiempo, ya hombre,
llegaría a ser el primer Cardenal de Chile, y en consecuencia a ocupar el más
alto cargo eclesiástico de la Iglesia Católica chilena.
En el lugar denominado “La quebrada del Nuevo Reino” estaba el
caserío de Ciruelos y más o menos a una legua quedaba la escuela donde mi
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Historia de las canciones a
Pichilemu
abuelita recibió las primeras letras. Junto con el niño José María marchaban
hasta la Sede Parroquial, cada día a pie, llevando por provisión un par de
tortillas para el almuerzo, lo que hacían todos los niños, algunos de los
cuales venían desde más lejos que de San Antonio de Petrel, para
permanecer recibiendo hasta el comienzo del atardecer, los primeros
conocimientos del abecedario. La escuela estaba situada en el caserío
llamado Ciruelos, al Oriente del cerco de la Parroquia, por donde pasaba el
agua que corre, al menos en invierno, desde el sur llamado “Copao”.
A la escuela llegaron ambos como de diez años y la regía don
Ramón Antonio León. A ambos niños los unía también un lejano parentezco
por la familia Lizana y los Cornejo. Todos en ese pueblo estaban ligados por
lazos sanguíneos, desde los tiempos en que el Alférez Caro se trasladó al
lugar. Se buscaba, convenientemente entre ellos, la unión matrimonial, sin
poder evitar del todo el mosaico sanguíneo, de casi una unidad familiar, un
gran árbol genealógico, cuyas ramas estaban conformadas por todos los
habitantes del pueblo. Eran los tiempos en que el bautismo y los apellidos
tenían suma importancia, pues por ellos, y por las inscripciones
parroquiales, era posible evitar casamientos entre parientes cercanos, acción
que era a la vez penada por la iglesia y no contaba con la benevolencia de
las leyes civiles.
Cuando mi madre se trasladó a Santiago, mis dos abuelos vinieron
con ella, y se instalaron en una casa común en los portales del Cementerio
Católico de Santiago, para trasladarse luego a una enorme casa cerca de la
Estación Central. Allí, habiendo muerto don Honorio, mi madre en las
tardes soleadas, sentaba a mi abuelita en un banquito cerca de la puerta de
entrada de la casa, donde ella permanecía horas sumergida en sus
pensamientos.
Recuerdo que en varias ocasiones un cura vestido, naturalmente de
negra sotana, se sentaba a su lado y conversaban con amenidad, confianza y
mucha vivacidad, yo siempre andaba dando vueltas alrededor de doña María
Magdalena y nunca me perdí ninguna de estas ocasiones.
Pero un día que el curita, como lo nombraba yo, y observando su
nueva visita, dejó su auto a 20 metros de nuestra casa, hasta nueva orden,
después de recomendar a su chofer, de sombrero y de librea, que ahí
permaneciera, se encaminó a saludar a mi abuelita que ya lo esperaba. Noté
que el curita llevaba un ancho cinturón de color púrpura y un bonete en la
cabeza del mismo tono. Cuando se sentó en la silla, que mi madre le dispuso
y después de iniciarse como siempre las amenas charlas entre ambos, pude
observar que mucha gente se detenía a mirarlos y dejaban monedas en la
falda del ropaje negro de ambos, hasta que de pronto una vieja media loca y
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
santurrona, que vivía por ahí cerca, reconoció en el “curita” al Cardenal de
Chile, y se puso a los gritos, casi alaridos, agitando los brazos al cielo, se
hincó frente a él pidiéndole la bendición, lo que inició una serie de
peticiones y clamores ante tan insigne personaje. Yo no he podido olvidar y
tampoco me he puesto a pensar por qué mi abuelita se reía.
Ante tantos besos en el anillo cardenalicio, y tal vez sin perdonarse
el olvido de no haberse quitado el grueso cinto y la tonsura de color púrpura,
objetos y color de identificación de su alta investidura, el Cardenal se
levantó precipitadamente dejando caer todas las monedas depositadas en su
falda, las que yo corrí a recoger pensando en darle de inmediato un
provechoso destino.
Este detalle de las monedas recogidas y su inmediata inversión es
lo que no me ha hecho nunca olvidar las visitas y las conversaciones entre
esos dos ancianos, amigos y parientes, nacidos en las mismas circunstancias
y en un lugar que atañe a la vida del pueblo de Pichilemu, y ahora de mis
sentimentales canciones.
En mi último viaje a Pichilemu como siempre acompañado de Juan
Carlos y Aliro Miranda, antes de ir a ver la puesta del sol en Infiernillo,
pasamos por donde me indicó Juan Carlos que había un homenaje del
pueblo de Pichilemu al Cardenal. Era un pequeño círculo muy digno,
enteramente de cemento cerca de la abandonada Estación, sostenido a casi
un metro del suelo por un ensamblaje de cemento más grueso, en cuyo
centro un obelisco de unos tres metros, cuya repisa de cemento estaba vacía,
indicaba el lugar donde estuvo el busto, que fue robado, del más calificado
pichilemino.
Las divisiones entre grupos de ideas progresistas dividen las
opiniones de casi todos los chilenos, que viven en pequeños getos
sosteniéndose en doctrinas convenientes a sus intereses de progreso
económico, los que, contrarios a las ideas monopolizadoras de la iglesia
católica, que compartamos o no, han llevado a ignorar a la figura que en
Pichilemu llegó al más alto cargo eclesiástico del catolicismo, cuya doctrina,
hoy en retroceso, no significa que no sea importante, porque aun, su
detenida progresión en cuanto a la ética y la moral, conforman el numen de
la conducta de nuestros pueblos, sobre todo de nuestras mujeres y es aun
preponderante e influyente entre las capas más pobres de la sociedad
chilena. No importa que el Cardenal nunca se halla preocupado de su
pueblo, ni que éste haya logrado un mínimo de progreso por su ayuda.
Al margen de lo expuesto, el día que reconozcan los pichileminos,
olvidándose de sus intereses personales y doctrinarios, que es la inteligencia
pichilemina la que debe honrarse, no las características de su conducta, ni el
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Pichilemu
lugar que le cupo en la vida, sino el sitio del progreso intelectivo y
comunitario, que hace al hombre progresar dentro de una sociedad, no de
grupos, sino abierta y en plena libertad, pues esta actitud, el ser libre, hasta
en el elogio y veneración, es lo que verdaderamente engrandece a una
comunidad.
El Cardenal José María Caro Rodríguez, es la figura del pueblo de
Pichilemu que ha llegado a ocupar el más alto cargo en su historia; fue un
hombre de fe y sinceridad manifiesta dentro de su religión; de clara
inteligencia; un fecundo escritor; un sacerdote católico, que en todos los
cargos que ocupó, como profesor, obispo y Cardenal de Chile, supo ganarse
no sólo las simpatías de sus familiares y allegados, sino el aprecio y el
respeto de todos los presidentes de Chile que ocuparon el cargo durante su
período de Cardenal Primado, reconociendo en él su inteligencia y una
fuerza de clara progresión religiosa en la fe; la esperanza; en la paz y el
bienestar del pueblo chileno; en lo económico y en su condición civil de
libertad y democracia. Durante el primado de José María Caro, el gobierno
de Chile le dio Ley, al importante documento de la separación de la Iglesia y
el Estado, que marcó en la vida institucional del país un adelanto moral y
ético de significativo progreso.
No es de extrañar que hoy día los nietos de los hijos pichileminos
de la misma generación de don José María Caro Martínez, padre del
Cardenal, el primer alcalde de Pichilemu, hayan emprendido un arranque
intelectivo donde se ha desarrollado y puesto de manifiesto que los
pichileminos han iniciado la marcha hacia el progreso, dentro del marco de
una evolución progresiva digna de los más altos valores de la patria, con una
inteligencia y capacidad para el estudio, en cuyas Universidades donde han
estudiado sus méritos han sido descollantes. Algunos han ejercido como
destacados profesores y directivos: en la Universidad de Chile, es el caso
elocuente del eminente profesor Fortunato Bobadilla; de José Miranda
Pérez, con estudios superiores en administración escolar, becado en Europa
y dirigente en Rancagua de una prestigiosa escuela.
En el quehacer político actual se destacan el Alcalde Jorge Vargas
González, los Concejales Washington Saldías González, Roberto Córdova
Carreño, Carlos Leyton Labarca, Aldo Polanco Contreras, Víctor Rojas
González y el anterior Concejal de alto mérito, mi gran amigo Mariano
Polanco Galarce; y mis parientes: cuyos hijos o nietos son casi todos
profesionales universitarios, y como Juan Carlos, Aliro y Kika Miranda
Pérez, Checho y Carlos Pérez Llanca, los Morales Llanca, en tareas
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Historia de las canciones a
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comerciales o privadas, han descollando personalmente, dándole por
añadidura a Pichilemu el progreso del cual hoy en día todos se enorgullecen.
Un caso de especial y moderna progresión empresarial es Mauricio
Blanco Stevenson, gracias a cuyas iniciativas, dentro del sano quehacer de la
entretención, el baile en Pichilemu de alegría nocturna fue siempre esencial,
le ha dado al pueblo, en este rubro, una calidad turística a la altura de una
ciudad moderna no sólo de Chile sino del mundo entero.
Debemos mencionar, esto gracias a las sugerencias del concejal
Washington Saldías González, siempre preocupado de los valores culturales
de Pichilemu y al reconocimiento del quehacer creativo de sus habitantes, al
joven José Luis Arraño Lizana, publicista y diseñador; Ana María Encina
Lemarchand pintora santiaguina avecindada en Pichilemu y a Oscar Vega
Etcheverry, acuarelista, ambos padres de Félix Vega Encina, el mejor
dibujante chileno de comic que vive en Barcelona, Ignacio Vargas Celis,
Pedro Vergara Arteaga, Juan Ortiz González, Benjamín Calderón Caro,
Felipe Iturriaga Jara; Yovanny Moraga Paredes con estudios en dirección
televisiva, a su hermano Jairo Moraga Paredes, pintor; Macarena Irarrázaval
Correa, escultora y a Juan Pablo Marín Rodríguez. Y a los poetas como José
Sepúlveda, Claudio Lizana González, Pedro Reyes González, Rebeca
Depich, Guillermo Pulgar; a los infaltables versificadores populares Antonio
Alvarez “Ganchete”, Gerardo Caroca Tobar, Miguel Becerra Pavez, Hugo
González Urzúa y Raimundo León Morales que tras las huellas del hermano
mayor Ponciano Meléndez describen a Pichilemu con la emoción
primogenia de hijos amantes de un mar fecundo bajo un cielo pródigo de
estrellas. Y a los folkloristas Patricia Becerra Vargas, Alejandro Silva Pérez,
Pedro Pablo Pavez Caro, Elías Yañez Ramos, los hermanos Oscar, Omar,
Roberto, Marco Antonio y Mauricio González Becerra y Marcelo Rojas
Catalán.
Los nombrados, y muchos otros que olvidamos, el tiempo y la
distancia me hacen imposible recordarlos a todos, se han destacado por
singulares cualidades que ubican a estos ciudadanos, hoy en día, entre los
más progresistas hijos de la tierra colchaguina, dignos herederos que le
prometen a Chile un verdadero y digno esplendor pichilemino.
ELCARDENAL JOSE MARIA CARO
El milagro llegó
Con San Andrés bendiciendo a Ciruelos,
Su madre lo ofreció a Dios con la humildad
Con que los pobres se colman de fe,
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
De amor y fe, de amor y fe.
Y en Ciruelos creció
Junto al mar de Cahuil y Pichilemu,
Profundas huellas de amor, fértil de luz
Fue su paisaje de sangre y de miel,
De amor y fe, de amor y fe.
¡Ven, vayamos por su misma senda!
¡Vamos, únete a él!
El Cardenal extendió sus manos
A los que sufren sin encontrar la verdad.
Y hoy con su amor nos conduce
A la alegría de Dios y a la libertad.
Con su santa humildad
Es manto azul cubierto de estrellas.
Bendice nuestro hogar con su bondad,
Con apostólica entrega de fe,
De amor y fe, de amor y fe.
Es ahora el Cardenal
José María Caro Rodríguez,
Agua y sol del labrador, el pan del mar,
De Pichilemu el sustento de amor,
De amor y fe, de amor y fe.
Para terminar quiero dejar como testimonio que en esta vida
mis últimas palabras serán:
“¡Quiero volver a Pichilemu!”
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Jorge Aravena Llanca
Historia de las canciones a
Pichilemu
Berlín, invierno de 2004.
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