Cómo y cuándo conocí a Julián Grimau. Víctor Díaz Cardiel .

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Cómo y cuándo conocí a Julián Grimau. Víctor Díaz
Cardiel .
diumenge 21 d’abril de 2013
http://www.unidadcivicaporlarepublica.es/index.php/nuestra-memoria/franquismo-y-represion/7152como-y-cuando-conoci-a-julian-grimau
Cómo y cuándo conocí a Julián
Grimau
Nuestra Memoria - franquismo y represión
Escrito por Víctor Díaz Cardiel
Sábado, 20 de Abril de 2013 05:40
A Julián Grimau le conocí en París, en casa de unos tíos míos, Sabina y Pedro, que avalaron mi
ingreso en el P.C.E. Y volvía de Inglaterra, donde había estado trabajando tras haber pedido
una excedencia, durante el periodo del Plan de Estabilización, que llevó a la inmigración
(Alemania federal, Suiza, Bélgica, etc..) a un millón de trabajadores españoles. Cuando se me
agotó el plazo de un año de excedencia, tuve que reincorporarme a mi trabajo en la fábrica
Euskalduna, en Villaverde Bajo.
Después de mi primer encuentro con Julián, en París, volveríamos a vernos, un mes después,
en Madrid. Julián me presentó en esa nueva cita a otro camarada, que hasta años después no
conocería su nombre: Luis Antonio Gil López.
Tras las huelgas de los mineros asturianos, la primera en abril-mayo de 1962, en Madrid, en
Euskalduna fuimos a la huelga por solidaridad con ellos y con nuestra propia plataforma
reivindicativa el 22 de mayo de ese mismo año 1962. También habría paros en otras fábricas
de Villaverde Bajo, Cerro de la Plata, cartonera Industrial de Madrid, Talleres de RENFE, Santa
Catalina, etc.
La huelga de Euskalduna, con 15 días de duración, con 21 despidos, con la anulación de la
antigüedad de los más de 1000 trabajadores, tuvo una enorme resonancia en toda aquella
zona
industrial
madrileña:
- Primero porque se trataba de una huelga total en uno de los más importantes cinturones
industriales
de
Madrid
en
los
años
60.
- Segundo, por los numerosos paros en fábricas como VERS, TAFESA, Talleres de RENFE, y
otros.
- Tercero, porque se probaba que sí se podía hacer huelgas, sí se podía romper el hielo, el
miedo de lo prohibido, esto sería, pese a la represión, lo más importante.
Tras las huelgas de los mineros asturianos y la solidaridad en Madrid, País Vasco, etc.,
nuestros encuentros hasta la mortal detención de Julián fueron muy intensos. Julián Grimau,
los camaradas de la dirección del P.C.E. en esos momentos en Madrid vivían frenéticamente
estas acciones del movimiento obrero. La represión se acentuó en esos años de 1962, 63, 64…
y el fusilamiento de Julián Grimau fue el escarmiento de la dictadura a esa nueva situación.
Las huelgas de abril-mayo de 1962 nos permitieron un mayor nivel de influencia, al tiempo que
un crecimiento de la militancia del partido, considerables en las zonas industriales-obreras del
Madrid de los 60.
En esa época, éramos más militantes comunistas de lo que dice Nicolás Sartorius, según le
había contado su buen amigo Lobato (1).
La detención de Julián Grimau
Fue el 7 de noviembre de 1962. Antes de su detención habíamos estado con él, Valentín
Andrés Álvarez, hijo del decano de la facultad de económicas de la universidad complutense, y
Alberto Yébenes Simón, por entonces militantes del P.C.E., y yo mismo, Víctor Díaz Cardiel, en
la casa de este último, situada en la calle del Pez Volador nº 5, desde más o menos las 11 de
la mañana hasta aproximadamente las 14h.
En el libro Julián Grimau. El último muerto de la Guerra Civil, de Pedro Carvajal, se dice “Julián
Grimau, antes de acudir a la Plaza de Roma, actualmente Manuel becerra, tenía que reunirse
con dos militantes del P.C.E., Alberto Yébenes y Víctor Díaz-Cardiel, que se habían hecho con
una apreciada multicopista”.
No nos reunimos con Julián en la Plaza de Roma, sino en la calle, lugar ya indicado.
En la Plaza de Roma, en la línea de autobús nº 18 es donde subió Julián, y fue detenido.
Cuando salimos de la reunión en la casa de Alberto, Julián y yo fuimos andando por Dr.
Esquerdo hasta la esquina de la calle Ibiza, donde nos despedimos con el siguiente comentario
a Julián, “ la azotea de la casa de nuestro amigo es algo como un sanatorio”.
En esa reunión le explicamos, entre otras cosas, la situación política y social que vivíamos en
ese momento en nuestro país, de cómo nos conocimos, de dónde venía nuestra relación y
amistad de Alberto, Valentín y yo, es decir, la relación de amistad de un metalúrgico, militante
obrero despedido y perseguido en esos meses de las huelgas de abril y mayo, de un realizador
de T.V.E y un estudiante de casi todo, de familia acomodada, después periodista y
perteneciente a una familia con una dilatada tradición falangista.
Al siguiente día 8 ó 9 de noviembre, leía en ABC que un tal Emilio García se había arrojado por
una ventana de la Dirección General de Seguridad, en Sol.
Cuando detienen a Julián Grimau (Emilio García), le decomisan algo más de 13.000 pts., buena
parte de ellas, que se las entregué yo mismo, eran el producto de cotizaciones y ayudas
solidarias de las fábricas para los mineros asturianos y para los compañeros de Euskalduna,
que me entregaban a mí mismo, sin saber, claro está, que era un despedido más, que daba la
impresión, dicen, de conocer bien la huelga.
Empezaban esos tremendos meses que iban del 7 de noviembre de 1962 a abril de 1963.
Fueron
meses
tremendamente
dolorosos.
7 de noviembre 1962: detención. 20 de abril de 1963: fusilamiento.
Estos meses que transcurrieron entre su detención y fusilamiento, se vivieron de manera
intensa. Salvar a Julián Grimau era aquellos días y hasta su fusilamiento, tarea prioritaria del
partido.
Creo, si la memoria me es fiel, que Julián Grimau estuvo veinte días totalmente aislado. Fue un
verdadero calvario. En noviembre de 1962 fue a visitarle por primera vez su abogado
Amandino Rodríguez Armada, o sea, habían transcurrido veintitantos días de su detención.
Repito, si no recuerdo mal, en ese mismo mes de noviembre se inician las primeras
manifestaciones, de lo que fueron en aquellos días de finales del 62 y hasta abril de 1963, la
más colosal de las manifestaciones internacionales contra la dictadura del general Franco. Ante
las embajadas de Londres, París, Bruselas, Ámsterdam, Bonn, y así un largo etcétera, la
juventud europea, reclamaba la libertad de Julián Grimau. Al mismo tiempo lideres socialistas
como Jules Moch, Harold Wilson, H. Otto Kraff, Pietro Nenni, Willy Brand, el presidente de la
U.R.R.S Nikita Jruschov, la Reina Madre de Holanda, y un largo número de personalidades
políticas expresaban su repulsa ante lo que fuera un Crimen de Estado.
La comisión internacional de juristas, en diciembre, publicó un informe público, en el que
sostuvo que España no era un estado de derecho. El gobierno de Franco solicitaba su ingreso
en la Comunidad Económica europea, la ejecución de Julián Grimau retrasó en años esa
petición.
A los tres médicos franceses que solicitaron visitar a Grimau no les fue autorizada su visita.
En Madrid, y en otras partes de España, el Partido hacía todo lo que estaba en sus manos. En
el movimiento obrero, desde la militancia del P.C.E en las ya importantes empresas en las que
teníamos organización distribuíamos información sobre el caso de Julián Grimau, qué
podíamos hacer. Algunos camaradas fueron detenidos por intentar asistir al juicio. En fin,
Julián Grimau fue fusilado a las 06:30 el 20 de abril de 1963 en el espaldón del cuerpo de tiro
de Carabanchel.
Yo escuché la noticia por la BBC de Londres, en casa rompí a llorar desconsoladamente;
Carmen no sabía qué hacer para consolarme.
A los 50 años de su fusilamiento, después de haber interpuesto recurso para la anulación de
ese CRIMEN DE ESTADO, sigue estando en nuestro recuerdo. No te olvidaremos, seguiremos
batiéndonos por la anulación de todos los juicios sumarísimos, contra la impunidad del
franquismo.
NOTA
1. Carvajal, Pedro (2003): “Julián Grimau: “el ultimo muerto de la Guerra Civil”, El País-Aguilar,
pág. 77
-----------------Fuente: Mundo Obrero
Publicat per Jordi Grau a 10.55
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