Normativa vigente sobre establecimientos de compraventa de oro

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NORMATIVA VIGENTE SOBRE ESTABLECIMIENTOS DE
COMPRAVENTA DE ORO
Pascual Martínez Espín
Profesor Titular de Derecho Civil
Centro de Estudios de Consumo
Universidad de Castilla-La Mancha
PLANTEAMIENTO:
Debido a la proliferación de establecimientos de compraventa de oro y casas de empeño
se ha estado evaluando la vigencia de las normas de aplicación a este tipo de
establecimientos.
En el caso concreto de las casas de empeño, la normativa sectorial que resultaría de
aplicación es el Real Decreto del Ministerio de Gobernación de 12 de junio de 1909,
Reglamento de Casas de Préstamos y Establecimientos similares.
En este Real Decreto se establecen una serie de obligaciones a los establecimientos que
ejerzan la actividad de casas de empeño, tales como;
1.
2.
3.
4.
5.
Necesidad de autorización previa del Gobernador Civil en las capitales de
provincia y Autoridad superior facultativa en el resto de poblaciones, para las
casas de empeño, o establecimientos que realicen la misma función, aunque las
denominen de otra forma (artículos 1 y 2 del Real Decreto del Ministerio de
Gobernación de 12 de junio de 1909).
Necesidad de establecer una fianza en efectivo (artículo 3, tercero).
Imposibilidad de que el tipo de interés al que se preste sea superior al 12%
anual, y que éste sea comunicado a al autoridad gubernativa (artículo 4).
Prohibición de que los establecimientos que se dediquen a empeño, puedan
realizar otro tipo de operaciones, como las ventas en firme, o vender otros
productos que los recibidos en prenda.... (artículo 5).
Obligación de que en toda operación de empeño se entregue a los interesados un
recibo justificante o resguardo en el que consten los siguientes datos (fecha,
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6.
7.
número de orden, iniciales del interesado, concepto, importe, plazo e interés de
la operación, descripción de la prenda y su tasación, y que esté suscrito por la
empresa (dueños o representantes autorizados) (artículo 11º).
Obligación de que para todos los objetos empeñados el establecimiento posea
una papeleta, en el que se puede comprobar al menos la fecha y el número de
orden de la operación (artículo 13º).
Obligación de que exista un aviso visible y legible, en el que estén consignados
los tipos de interés que el establecimiento cobra en las diversas operaciones,
dentro del máximo notificado a la autoridad, así como un ejemplar del
Reglamento accesible, en el lugar donde se efectúen (artículo 19º).
CONSULTA:
Debido al tiempo transcurrido desde su aprobación, se solicita información sobre la
vigencia de dicha normativa, y especialmente de las obligaciones citadas anteriormente,
especialmente la del punto 3º (artículo 4), que establece la limitación de que el tipo de
interés anual pueda exceder del 12% anual, y del punto 7 (artículo 19), que establece la
obligación de que en los centros de empeño haya un cartel en el que se informe de los
tipos de interés."
RESPUESTA:
Debemos distinguir 2 cuestiones: una, la normativa vigente, dos, la consideración o no
jurídica de la persona que vende oro como consumidor.
A.
NORMATIVA VIGENTE
Con relación al régimen legislativo, es necesario distinguir entre los Montes de Piedad y
los demás establecimientos de empeño. Esta distinción no es gratuita ya que la
naturaleza de la misma variará notablemente en un caso u otro, por lo que es necesario
el estudio por separado de la regulación legal de estos establecimientos de préstamos
pignoraticios.
1.- En la actualidad la normativa reguladora de los Montes de Piedad está constituida
por:
a) El Decreto de 14 de marzo de 1933 regulador de Estatuto de las Cajas de Ahorro
Popular, como norma legal básica de aplicación general.
b) los Reglamentos de carácter establecidos por cada una de las Cajas de Ahorros para
sus respectivos Montes de Piedad, en ejercicio de las facultades de autoregulación que
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de indicado nivel meramente estatutario-les derivan del mencionado Decreto y con
subordinación al mismo, Reglamento o estatuto adaptados en la actualidad al modelo o
Reglamento-tipo aprobado por la Confederación Española de Cajas de Ahorro en am
yode 1983.
c) los usos mercantiles observados en esta materia con carácter general, con plena
fuerza vinculante conforme al art. 2 del Código de Comercio, en aspecto tales como la
forma de efectuar las subastas en las Salas de la Almoneda.
d) Y finalmente, con carácter subsidiario, la normativa del Código Civil sobre el
particular, tal como se dispone en sus citados artículos 1757, 1893.
2.- Régimen legislativo de otros establecimientos de empeño.
Los establecimientos dedicados habitualmente al préstamo sobre alhajas, ropas y efectos
denominados casas de empeño no estaban regulados por reglas fijas y uniformes en
todas las provincias; regían sólo las dictadas en algunas de ellas por las autoridades
gubernativas. La índole especial de las operaciones a que dichas casas se dedicaban y su
extraordinaria trascendencia social imponía la necesidad excusable de una regulación
uniforme.
El Código Civil, en su arts. 1757 y 1783 hace referencia a una legislación especial e
igualmente la Ley de Represión de la Usura de 29 de julio de 1908 en su art. 15.
Fue el 12 de junio de 1909 cuando se promulgó con carácter definitivo el Reglamento
regulador, todavía aún vigente, que consta de 7 capítulos:
1º) De los establecimientos de préstamo.
2º) De las operaciones.
3º) De la inspección.
4º) De las ventas.
5º) De los sobrantes.
6º) De la cesación de las operaciones.
7º) De las infracciones.
Según su art. 1º quedan sometidos a esta disposición todos los establecimientos
dedicados a contratar préstamos sobre alhajas, muebles, etc. y cualesquiera otros que se
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dediquen a operaciones que con distintos nombres tales como el de compraventa con
pacto de retro, equivalgan sustancialmente al préstamo sobre prenda. Serán también
consideradas como operaciones de préstamo según la Real Orden de 7 octubre de 1920;
aquellas compraventas mercantiles en las que se reserve el vendedor la facultad de
adquirir nuevamente lo vendido dentro de determinado plazo, aunque esta condición no
esté consignada expresamente.
Se han dictado disposiciones posteriores, dictadas con la finalidad de controlar las casas
de compraventa de joyas usadas, casas de empeño y Montes de Piedad para el evitar el
delito de receptación. Así el Real Decreto de 18 de diciembre de 1981. También el Real
Decreto de septiembre de 1988, y el Real Decreto de 28 febrero 1988.
3.- Las casas de empeño en la realidad social.
La normativa vigente permite la existencia de casas de empeño o préstamo, distintas y
diferenciadas de las de Montes de Piedad, como así demuestra
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El RD 197/1988, de 22 de febrero, por el que se aprueba el Reglamento de la
Ley de objetos fabricados con metales preciosos, de 1 de julio de 1985. Al
regular en el Capítulo Segundo del Titulo VII el comercio y reciclaje de objetos
usados que contengan en su composición metales preciosos, con o sin piedras
preciosas o perlas finas, incluye como entidades dedicadas a estas actividades en
su arts. 87, 88 y 90 a las casas de compraventa, las casas de empeño o préstamo
y los Montes de Piedad.
El RD 968/1988, de 9 de septiembre, que modifica determinados preceptos del
Reglamento anteriormente mencionado, precisamente en los arts. 87, 90 del
mismo, reitera las alusiones a las casas de compraventa, las de casas de empeño
o préstamo y los Montes de Piedad.
Finalmente, la Orden del Ministerio de Interior de 2 de noviembre de 1989, por
la que se regula las modalidades de elaboración de Libros-registros, vuelve a
referir las obligaciones de llevanza de dichos Libros-Registro, entre otros, a las
casas de compraventa o cambio, los Montes de piedad y las casas de empeño.
Queda fuera de duda, la posibilidad legal de la existencia de las casas de
empreño o préstamo, diferenciadas de las casas de compraventa o cambio y de
los Montes de Piedad.
Sin embargo, fecha a dicha posibilidad legal, la realidad social es otra.
La transformación de las casas de empeño o préstamo, por propia supervivencia, en las
denominadas “casa de compraventa y establecimientos dedicados al comercio de
objetos usados de metales preciosos” (como literalmente las define el art. 60 del
Reglamento de la Ley de Objetos fabricados con Metales Preciosos) que proliferan en la
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actualidad y que son objeto de un cuidadoso control y vigilancia gubernativos como lo
demuestra la minuciosidad con que se regula tanto su establecimiento como su
funcionamiento y verificación de todas y cada una de sus operaciones en las normas
precedentemente citadas (Ley del 1 de julio de 1985, Reglamento de 22 de febrero de
1988, Real Decreto de 9 de septiembre de 1988, y Orden del Ministerio del Interior de 2
de noviembre de 1989), control y vigilancia cuya finalidad evidente es impedir que tales
establecimientos se conviertan en centros de transacciones subrepticias con la
consiguiente elusión de la normativa fiscal y sobre todo y fundamentalmente en centros
de compraventa de objetos de ilícita procedencia, incidiendo en lo que nuestro Código
Penal califica como delito de receptación.
Si, incidentalmente, algunos de estos establecimientos efectúan alguna operación que
pudiera calificarse como pignoraticia con algún cliente, es siempre de forma subrepticia,
no podrá ser de otra forma puesto que no son casas de empeño- al margen o mejor dicho
contra la legalidad vigente, por mero acuerdo verbal entre las partes sin garantía alguna
para el supuesto “pignorante” y enmarcada en el ámbito de la economía marginal y
sumergida.
En conclusión, el Real Decreto del Ministerio de Gobernación de 12 de junio de 1909,
Reglamento de Casas de Préstamos y Establecimientos similares, está vigente y, por
tanto, es de aplicación a las casas de compraventa de oro, con las consecuencias que de
ello se deriven.
Ahora bien, la persona que vende oro a un establecimiento ¿puede ser considerado un
consumidor en el sentido del TRLCU? A ello respondemos en el siguiente apartado.
B.
VENTA DE ORO POR PARTICULARES
ESTABLECIMIENTOS ABIERTOS AL PÚBLICO
A
TITULARES
DE
En relación con esta cuestión, podría considerarse que la persona física que vende sus
objetos de oro a cambio de dinero es un consumidor por las siguientes razones:
Se trata de una persona que actúa en un ámbito ajeno a su actividad profesional o
empresarial, como es la satisfacer necesidades personales o familiares.
-
Obtiene dinero a cambio de la venta, dinero que es bien mueble fungible.
-
La contraparte es un profesional que está ejerciendo su actividad.
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Y lo que es más importante, existe una desigualdad en la contratación pues el
consumidor está en situación de “necesidad” y es el empresario el que fija el precio de
forma unilateral. El consumidor se ve obligado a contratar por la situación de necesidad,
pues la mayoría de las veces los vendedores nunca obtienen el valor real de las joyas,
sino que se les paga alrededor del 20%.
También se puede sostener, aunque es muy forzado, que el bien que el particular
adquiere con la venta es precisamente el dinero que le pagan, como si fuera un contrato
de financiación para satisfacer necesidades propias. De hecho, en algunos casos que sí
constituyen una relación de consumo la venta que hace el particular forma parte del
atractivo de la oferta del empresario, como sucede con la compra de vehículos nuevos
que valen menos si se lleva el coche usado.
Podría considerarse también que el particular que vende oro a un establecimiento
comercial es usuario de un servicio de permuta de bienes fungibles (el oro lo es porque
se vende por su valor como materia prima y no como pieza singular, y el dinero porque
siempre lo es por naturaleza) cuya finalidad es proveer de liquidez al consumidor.
Que el comprador del oro es el empresario lo pone de manifiesto sin más el art. 1. RD
3390/1981 de 18 de diciembre, que establece los requisitos del comercio de joyas
usadas:
1. Quienes se dediquen al comercio de objetos usados de oro, plata, platino, son o sin
piedras preciosas o perlas finas, deberán cumplir cuantos requisitos exija la legislación
vigente para el ejercicio de dicha actividad y figurar dados de alta en el epígrafe o
epígrafes correspondientes de la Licencia Fiscal del Impuesto Industrial
Lo que caracteriza al usuario de este servicio como sujeto protegido por la normativa de
consumo no es su desigualdad real en cuanto a conocimientos y control del mercado de
metales preciosos. Es cierto que el usuario obtiene menos dinero del que obtendría en el
mercado oficial del oro (que alcanza en estos días sus límites históricos) y es cierto que
desconoce incluso los criterios que determinan el valor real del metal entregado. Pero
este dato no es definitorio en la legislación de consumo, porque sería usuario aunque los
conociera y fuese capaz de exigir al comerciante un precio justo.
Tampoco lo es el hecho de que el dinero obtenido se destine al pago de bienes y
servicios relacionados con la economía doméstica. De hecho, será usuario de este
servicio el particular que, agobiado por las deudas de su negocio, decide vender las
joyas familiares para aliviar su situación y pagar a sus acreedores, incluso probar suerte
en la bolsa o gastarlo en el bingo a la espera de multiplicar la liquidez obtenida. Lo
definitorio de la condición de usuario del servicio de conversión de oro en dinero es que
se haga uso del mismo con la finalidad exclusiva de obtención de liquidez. Ello no será
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así cuando el vendedor de oro sea un intermediario en la cadena de obtención del mismo
y por lo tanto, al vender el oro previamente adquirido de otros particulares esté
realizando una actividad comercial consistente en sí misma en reintroducir el bien
objeto en el mercado con la intención de aumentar su precio.
Con todo esto, no podemos empeñarnos en calificar al particular que vende oro a un
establecimiento (que podrá tener, ese sí, las notas características del concepto de
empresario, pero esa calificación es ahora irrelevante) como consumidor, cuando el
simple sentido común nos dice que el consumidor es el que adquiere (en un ámbito
ajeno a su actividad profesional) el bien, no el que lo vende a través de un contrato de
compraventa civil sometida al CC. No se puede forzar el concepto de relación de
consumo hasta el punto de cambiarle el sentido y hacerla reversible: el particular que
compra una pieza de joyería en un establecimiento sí es consumidor (y entonces tendrá
sentido aplicarle el TRLCU), pero nunca el que lo vende a cambio de dinero, por mucho
que el comprador le engañe con el cambio.
Ésta cuestión también tiene aplicación en otros ámbitos, por ejemplo en la venta (por no
empresarios) de vehículos usados a empresarios para su reventa. Se puede mantener que
el particular que vende oro (o el coche o cualquier otra cosa) a un empresario no realiza
acto de consumo alguno, porque no es el destinatario final de un producto o servicio
ajeno alguno adquirido por la venta (cfr. la SAP Madrid 3 mayo 2007 [AC 2007\898] en
un caso de un tipo, no profesional, que cedió derechos de reproducción y comunicación
pública de un largometraje a TVE).
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