Instituciones económicas. Contornos de la tríada básica

Anuncio
INSTITUCIONES ECONÓMICAS: CONTORNOS DE LA TRIADA BÁSICA*
Javier Alfonso Gil
1. Introducción y Supuestos Básicos
Junto con los ya consagrados de Public-choice y el revivir de la escuela austríaca, los
enfoques institucionales para el estudio de la economía han venido progresando en la
literatura especializada a un ritmo sustancial. Estos distintos enfoques intentan mejorar el
modelo neoclásico básico, no sustituirlo, ya que ninguno se ofrece como alternativa. No
ofrecerse como alternativa implica reconocimiento e incluso dependencia, pero también
posibilidad de mejoras significativas con respecto a aquel. Para el enfoque institucional que
aquí seguimos, resulta difícilmente comprensible tanto la ausencia del análisis institucional en
el modelo básico (North, 1990), como el mantenimiento del concepto de racionalidad fuerte
(Williamson, 1985). El propósito del enfoque institucional será, en parte, traer el
comportamiento del ser humano tal y cual es, al ámbito de análisis económico y su evolución
(Coase, 1984).
Nuestro objetivo en este trabajo será "describir" el papel de los individuos con sus
organizaciones en el juego social de actuar en las reglas (instituciones) que ellos mismos se
han dado. Paralelamente intentaremos analizar las que consideramos no únicas pero sí las más
importantes instituciones del capitalismo: el Mercado, el Estado y la Empresa. El proceso es
dinámico, difícil y, a veces todavía, confuso; pero también creemos que en muchos aspectos,
esclarecedor.
Puesto que de instituciones hablamos, bue no sería empezar exponiendo una definición de
éstas, y ello no con pretensión de zanjar algo que está abierto, como es el caso de definir lo
que entendemos por mercado, o empresa, o estado, sino con un carácter expositivo que
pretende ir demarcando el territorio, aunque sea un territorio tan ignoto como éste. Así pues,
"Las Instituciones son creaciones humanas cuyo objetivo es autolimitarse en sus actuaciones,
para así poder interrelacionarse con sus semejantes maximizando las oportunidades, riqueza,
renta, de sus “principales” (North 1991).
Repasemos: son creaciones del hombre, elaboradas para poder relacionarse con "el otro",
por lo que debe acatar unas reglas mínimas que restrinjan su libre albedrío y cuyo objetivo
será maximizar las oportunidades del individuo en el devenir de su organización.
¿De qué individuo estamos hablando? Desde la aportación de Simon, (1986) hay amplio
consenso en la literatura institucional en describir el comportamiento individual como de
"Bounded- Racionality" (racionalidad limitada). El individuo quiere ser racional, quiere más o
menos, pero ese más no siempre podrá alcanzarlo (Williamson, 1985). No puede, porque
problemas de conocimiento (información) le hacen vulnerable frente al problema a resolver.
Conocer es algo inalcanzable para el ser humano, solo aspectos parciales del problema le
*
Artículo publicado en Madoery, Oscar y Vázquez Barquero, Antonio (eds.), Transformaciones globales,
Instituciones y Políticas de desarrollo local. Editorial Homo Sapiens, Rosario, 2001.
estarán permitidos y ello a través de la experiencia, es decir, de los errores cometidos.
(Popper, 1987).
Junto a la "Racionalidad Limitada", el individuo es portador de ideas, visiones, reglas,
normas sociales, que le construyen una determinada ideología que influirá en sus decisiones y
comportamiento (North 1993). El individuo en su motivación no sólo se manifiesta como ser
nacional, sino que, su componente ideológico, también condicionará, a veces poderosamente,
su comportamiento económico.
El individuo arriba descrito actúa en las instituciones por él construidas con el fin de
optimizar sus posibilidades en sociedad. Las instituciones marcan las reglas de juego que
todos los individuos deben respetar. Es la cesión de soberanía que debe entregar a cambio de
beneficiarse del bien público que la organización le proveerá 1 .
Conviene distinguir entre institución y organización, mientras aquella viene representada
por las normas, reglas generadas, esta, la organización, vendrá configurada por los agentes,
los individuos que actúan bajo esas reglas. Acudiendo al símil del juego y siguiendo a North,
en todo juego se dan unas reglas (las instituciones) y un equipo que ejecuta el juego (las
organizaciones). También veremos que se necesita un árbitro que se encargue de interpretar y
hacer respetar las reglas.
Serán las organizaciones, llevando al límite las posibilidades que ofrecen de las reglas
existentes para su beneficio, las que condicionen la trayectoria y evolución del proceso
económico. La pugna por obtener ventajas con la legislación existente, con las reglas del
juego actuales, o intentar cambiarlas, mediante la legislación2 a través del mercado político,
será el campo natural de análisis de las instituciones.
2. El Mercado
De las tres instituciones que vamos a considerar, creemos que el mercado ocupa una
posición preeminente entre ellas. Intentémoslo esbozar. Aceptando que las normas, reglas, e
incluso la ley, tienen un origen social, evolutivo y debidas a la acción de los hombres, de
todos los hombres, pero no al diseño de ningún hombre en concreto 3 , ello nos lleva a aceptar
la institución del mercado como generada mediante un proceso "orgánico" en el tiempo
debido a la acción de los individuos en su evolución social.
1
De toda la argumentación entre el individuo y las instituciones, debe quedar claro el no-reduccionismo del
enfoque. El individuo se aleja de la visión neoclásica estándar, es en combinación con su "salida natural a la
sociedad" vía las instituciones, donde hay que ubicarlo, lo que implica un análisis del proceso de cambio debido
ala interacción entre individuo y sociedad (Hodgson, 1988).
2
Legislar, en sentido amplio, es cambiar derechos de propiedad creando instituciones formales. El mercado
político, donde lo anterior se realiza, forma parte integral de la aplicación del modelo económico a la política,
iniciado por Buchanan y Tullock, (1962), aunque con antecedentes en Downs, (1957).
3
En palabras de Hayek (1978): La idea, central al concepto de evolución y orden espontáneo en la literatura de
los austríacos, está tomada de los economistas escoceses del S.XVIII, concretamente Fergurson, tal y como lo
expone.
Lo sustantivo es el proceso de desarrollo del mercado en la sociedad, lo que implica
relacionar sociedad con mercado en un proceso inextricablemente unido. La evolución del
mercado correrá en paralelo a las leyes de que se dote la sociedad. La ley y el mercado con un
origen común se acompañarán en un viaje histórico común, no siempre en armonía, lo que
influirá decididamente en el proceso evolutivo de la sociedad (Hayek 1978).
El mercado se nos presenta como "La Institución" de la sociedad ya pesar de las dudas
sobre si emerge antes o no que el Estado (Pitelis, 1993), dada su importancia cualitativa ser
el núcleo de la sociedad privada debe aceptarse su papel de "institución primigenia de la
sociedad" en el principio, fue el mercado (Williamson, 1975).
Tenemos contrastado el lento amanecer del mercado en la sociedad (North, 1984). Desde
el siglo X hasta el XVII, asistimos en Europa a un proceso lento, brutal y lleno de
incertidumbre sobre esta institución. El mercado, deberá luchar con las creencias, normas y
reglas que envolvían, mejor sujetaban, ala sociedad pre-mercado. El componente ideológico
en el comportamiento humano, como hemos expresado anteriormente, actuaba y actúa, a
modo de corsé social, sustentando en normas sociales conocidas, impermeables, de cambio
evolutivo lento e inamovibles a corto plazo.
¿Cómo se inicia el proceso de ruptura de estas "tribus" compartimentalizadas, aisladas en
pequeños núcleos? Todo apunta al "descubrimiento" del comercio en seguridad, como
proceso de expansión económica que genera a su vez caídas en los costes de transacción y
nuevo aumento de mercado (North 1981). La función del mercado resulta crucial en la
ruptura y cambio de la sociedad pre- mercado; concretamente la aceptación "del otro" como
agente de intercambio se convertirá en la herramienta clave para el salto de la tribu a la Gran
Sociedad (Buchanan, 1977). La Catallaxia, la ciencia del intercambio, no sólo se preocupa de
estudiar el proceso de transar entre los individuos, sino que su significado, más importante
para nuestro propósito, es la cualidad de "aceptación del otro" como elemento civilizador y
universalizador del comportamiento humano. "Transar con el otro" es aceptarle, lo que
genera, en su evolución, un "orden espontáneo" que repercute e influye en la sociedad.
3. Contorno del Mercado
Lo expresado arriba para el mercado, su origen y significado, podríamos ampliarlo para
los derechos de propiedad definiéndolos como creaciones humanas en base a
comportamientos regulares (convenciones) a través del tiempo que tienden a autoafirmarse
ya replicarse (Sudgen, 1989). Sin derechos de propiedad, sin su delimitación en el proceso
social, es muy difícil que emerja la transacción, es decir, el mercado. De hecho, sin
delimitación de derechos de propiedad, los costes de transacción alcanzarán tal magnitud que
el intercambio se bloqueará (Coase, 1960). Las instituciones, con los derechos de propiedad a
la base, son necesarias para posibilitar las transacciones y consecuentemente reducir sus
costes 4 . Con ellas el mercado tenderá a expandirse a través de las de las ganancias del
4
La "nueva economía institucional" como diferencia a los institucionalistas de principios de siglo, basa su
argumentación en los costes de transacción. Es decir, los costes asociados a la información, la negociación ya
hacer cumplir los contratos. De ahí la "Economía de los Costes de Transacción" (Williamson, 1975) (Arrow,
1970).
comercio y la sociedad podrá evolucionar hacia situaciones de mayor éxito en sus soluciones
parciales al problema económico.
Aceptar "al otro", transar, significa que hay "unanimidad" entre los agentes (Buchanan
1975) y que la generalización de la unanimidad, desemboca en el fenómeno de la "replicación"
como vehículo de expansión del mercado. Replicarse ó transar, equivale a la facultad de
dividirse, cuyo fin es el de multiplicarse.
El tejido del mercado crece mediante la replicación, pero observemos que crece sin un
propósito concreto (Kirzner, 1982). Si el mercado se debe a la acción de los individuos y no a
su diseño, la entrada de los agentes debe estar radicalmente garantizada en su neutralidad. El
mercado es neutral para sus participantes, ellos acudirán con su conocimiento y sus propósitos
(Hayek 1991), pero, el espacio de encuentro y aceptación, es neutro para ambos. Además y
consecuentemente con lo anterior, el mercado no puede asegurar el resultado de la transacción,
habrá ganadores y también perdedores, pero el mercado no tiene ningún objetivo concreto
hacia personas y/o grupos de ganadores o perdedores. Es un espacio neutral sin propósito
definido y con resultados aleatorios, para los agentes que intervienen.
El mercado no es una institución jerárquica ya que ello implicaría que habría sido diseñada
por "un hombre" y no creada por "los hombres"; al contrario, el mercado no funciona a través
de órdenes jerárquicas basadas bien en el poder, bien en el control; funciona, por el contrario,
sólo en base a la competencia entre los agentes, entendida ésta como "descubrimiento de
posibilidades" (Kirzner 1992), competencia que logrará, en el espacio de neutralidad, el orden
espontáneo como resultado del proceso. Un orden, ni impuesto, ni buscado, simplemente
hallado.
En el proceso de transacción, el individuo, dotado como hemos visto de racionalidad
limitada e ideología, tenderá en general, a que su componente de racionalidad impere por
encima de su componente ideológico. La batalla interna entre las dos tendencias, la razón
crítica y la norma social, tenderá a sesgarse, en el mercado, hacia la primera. De ahí la función
del mercado como modelador activo de la sociedad.
El requisito de un espacio de neutralidad definido para el acto de intercambio, presupone
distinguir entre situaciones ex- ante y ex-post de la transacción. Los individuos y las
organizaciones intentarán condicionar el acto de transar tratando de imponer sus preferencias
en la negociación ex-ante. En esta situación, las partes usarán o bien argumentos que
aparentemente expresen sus preferencias cuando es posible que lo utilicen como estrategia; o
bien intentarán utilizar el bloqueo en la negociación, mediante su poder de mercado. Todo ello
es relevante y se ha escrito hasta la extenuación5 . Nuestra posición, no obstante, es que las
posiciones ex-ante y ex-post de los agentes, conviene que sean separadas del acto de transar
como espacio radical de neutralidad, donde la unanimidad queda preservada.
Ex-ante, los individuos, con sus limitados conocimientos y sus objetivos, se acercan al
mercado para transar. El resultado será un beneficio agregado para la sociedad y ello, aunque
los individuos no lo quieran ni lo prevean. El mecanismo se basará en el proceso
descentralizado de conocimientos parciales de los individuos que, puestos a disposición de la
sociedad, con sus motivos, ésta termina por beneficiarse; todo ello, además no es incompatible,
5
Para el comportamiento estratégico en los actores véase por ejemplo (Feldman, 1992) para el poder del
mercado (Reder, 1982).
para que, ex-post, algunos individuos u organizaciones vean sus propósitos frustrados 6 . Es lo
que se entiende como un proceso de mano invisible (Langlois, 1989), o como el mejor camino
para resolver, parcial y evolutivamente, el problema económico de toda sociedad (Hayek,
1976).
¿Podemos, por fin, definir el mercado? Como intento, diremos que es una institución, unas
reglas, que entienden del intercambio y su replicación y que se caracteriza por su neutralidad,
unanimidad, competencia, ausencia de propósitos, no-jerarquía y resultado aleatorio para los
participantes.
4. Proposición Central
El entorno expuesto garantizará el trato igual, ante la ley del mercado, de los participantes/
sólo esas normas sancionarán el resultado del juego, sólo ellas estarán en posición favorable
para resolver el problema económico al que se enfrenta la sociedad y, sin embargo... resulta
duro, muy duro, exponerse a tales exigencias 7 .
Los individuos y/o las organizaciones, dado su limitado conocimiento y su búsqueda del
propio interés, es lógico que quieran zafarse de una exposición, de un escrutinio, ante unas
reglas de exigencia sin par, pero que no garantizan un resultado en el proceso. La propia
valoración de sus conocimientos, relativos al del resto de los agentes, junto a su motivación
les impulsarán a salir del mercado, con el objetivo, vano por otro lado, de evitar su juicio.
Creen y quieren "construir el resultado" de la acción del mercado. piensa que sólo saliéndose
de él podrán alcanzarlo.
Nuestra proposición central es que las organizaciones tiene n incentivos para abandonar el
mercado, sesgar sus resultados, transformándose en organizaciones jerárquicas, o bien hacia
formas de Estado (emprendedores políticos) o bien hacia formas de empresa (empresarios
económicos).
5. La Empresa
El mercado, el espacio de neutralidad, es un "territorio hostil", por lo que el individuo, el
empresario, y las organizaciones, querrán salir de él. Lo paradójico es que será a través de la
experiencia del mercado, donde dichos agentes económicos descubrirán sus oportunidades en
función de sus especialidades de conocimiento y motivación.
Desde esa experiencia construirán organizaciones jerárquicas, con objetivos definidos,
basados en el control tecnológico sobre la división del trabajo. Adiós al mercado, bienvenido a
la empresa.
6
Las consecuencias del "juego" para los perdedores persistentes nos llevan a problemas de redistribución de la
renta. Ningún autor liberal rechaza la ayuda estatal a los desfavorecidos, ver por ejemplo (Hayek, 1991) o
(Buchanan, 1975). ¿Un suelo garantizado? Si, pero fuera del mercado, afirmarán.
7
No hay mercado sin regulación, es decir sin normas claras que garanticen la ley fundamental de neutralidad.
Cuanto mejor regulado, mejor cumple su función (Coase, 1986).
La literatura económica gira en torno a la propuesta de (Coase, 1937) sobre la aparición de
la empresa. Para él la empresa nace cuando el empresario constata que los costes de producir
el bien por él mismo, son menores que adquirirlo en el mercado. El empresario puede encargar
al exterior de su empresa el bien requerido ya costes de producción similares a los suyos, pero
los costes de transacción pueden hacer inviable, por bloqueo, el comercio. Se trata de una
barrera natural que desincentiva acudir al mercado e internaliza la producción.
Siempre que exista esa discrepancia en costes (de producción y de transacción), el potencial
empresario tendrá incentivos a internalizar el bien previamente adquirido en el mercado.
Históricamente sería el paso del "p utting-out system" a la factoría o, lo que es equivalente, del
comerciante intermediario al empresario capitalista. La proposición de Coase también nos
muestra el límite a la internalización. Efectivamente cuando los costes de adquirir el bien en el
mercado tiendan a igualarse a los existentes al interior de la empresa, el incentivo para
producir se verá atenuado. La empresa se configura entonces como reductora de los costes de
transacción (Williamson, 1975).
La literatura sobre la naturaleza de la empresa ha sido enorme (Pitelis, 1993). Las
posiciones grosso- modo van desde legitimar la diferenciación de la empresa en función de su
especificidad y contratos de actuación frente al mercado, en la tradición de Coase y
desarrollada hasta límites exhaustivos por Williamson, hasta los que niegan la diferenciación
entre ambas entidades y afirman que la empresa es mercado (Alchian y Demsetz,1972)
La posición de los primeros, se centra en aceptar la II distinción que representa la empresa
como organización jerárquica y analizar las variedades contractuales que, junto a la
especificidad de los activos en que interviene, determinará la relación de ésta en el proceso
económico. Serán las "Governance Structures" (estructuras contractuales de gobierno) de la
empresa, con su especificidad, las que determinarán su perfil y resultados en el mercado
(Williamson, 1985).
Creemos que es más útil mantener la diferenciación entre mercado y empresa, ya que de
esta manera, se puede aclarar más satisfactoriamente el origen y desarrollo de la organizaciónempresa. Si aceptamos la propuesta de que "no hay diferencia entre mercado y empresa", nos
resultaría muy difícil el discernir los orígenes, la evolución y los objetivos de cada una de
ellas. ¿Por qué son creadas? ¿Cómo explicar la figura de los empresarios? ¿Son los objetivos
de la empresa semejantes a los del mercado?.
6. Contorno de la Empresa
El contorno de la empresa debe ser contrastado con el del mercado, quizá así, podamos
encontrar respuestas a las preguntas arriba hechas.
Al contrario del mercado, la empresa no dimana de la acción espontánea, de la acción de
los individuos enfrentados al problema económico de la sociedad, sino que nace del mercado,
de la mano de los empresarios potenciales no dispuestos a aceptar el veredicto de éste.
Los individuos activos en el mercado, pero todavía pre-empresarios, a través de la
experiencia han acumulado conocimiento (Arrow,1962), lo que les lleva a poseer ciertas
ventajas de información relativas, frente al resto de sus pares; no importa que el conocimiento
sea real o ficticio, esto se podrá constatar con el tiempo, lo que importa es que el agente crea
en las posibilidades que le otorga su conocimiento, lo que es básico para el inicio de su
aventura. Esta creencia de conocimiento relativo superior, junto a sus motivaciones, generarán
la transformación del agente de mercado en empresario o, lo que es lo mismo, la
transformación del mercado en empresa, en organización.
Superior nivel de conocimiento relativo y motivación, le permiten al empresario controlar el
nivel de tecnología existente en la sociedad. La empresa cuando nace, lo hace con el nivel
standard de tecnología existente en su entorno, lo que implica para el empresario, la necesidad
de controlar los procesos y los factores de producción. No hay empresario sin control sobre su
proceso tecnológico.
De los medios de producción, desde un principio el más importante fue el factor trabajo 8 ,
por lo que la revolución industrial y capitalista consistió en la capacidad histórica de los
empresarios para controlar el proceso productivo de la factoría expresado por su rutina como
óptimo tecnológico (Nelson y Winter 1974). Al interior de la factoría indudablemente se
ejercía un control jerárquico y tecnológico.
La organización-empresa pivota alrededor del control jerárquico, control sobre el nivel
tecnológico existente en el entorno, que queda plasmado en el control sobre la división del
trabajo dentro de la organización.
No es fácil comprender la división del trabajo fuera de una organización, de hecho, desde su
formulación por Adam Smith (1759) la imagen de la división del trabajo viene asociada ala
factoría. Sabemos que la división del trabajo es la generadora última de productividad el
interior de la empresa. Es la empresa9 , en base al control tecnológico que posee manifestado a
través de la división del trabajo, la generadora de las inconcebibles. ganancias de
productividad que los últimos dos siglos han conocido (Maddison, 1982).
Por supuesto, al exterior de la empresa, el mercado, con su replicación, especialización y
crecimiento, genera un incremento sin cesar de los intercambios que da significado al término
"ganancias del comercio" ya expuesto aquí; pero insistimos, lo anterior debe compaginarse
con la acción endógena al interior de la empresa para la total compensación del fenómeno del
crecimiento de una economía.
Que inicialmente la empresa rompa al mercado, no quiere decir que pueda prescindir de él.
Al contrario, la empresa necesita volcar el tremendo potencial que su control sobre la división
del conocimiento y del trabajo han creado. Volverá al mercado con una cantidad de bienes y
servicios acrecentada sobre la que hubiera existido sin empresa. Estas crean, multiplican, los
productos por un factor de orden imposible de alcanzar por el mercado- intercambio. Las
organizaciones empresariales destruyen mercado al salirse de él, pero vuelven a él para
acrecentarlo. (Leijonfhud, 1986).
8
Las proposiciones del crecimiento endógeno (P. Romer, 1986,1993) resaltan la función del conocimiento, a
través del capital humano, como determinante en el crecimiento económico. El conocimiento genera en los
procesos de producción rendimientos crecientes.
9
Pensamos sesgadamente en la figura histórica de factoría industrial.
Lo anterior nos lleva al problema de la competencia, crecimiento y límites alrededor de la
empresa. Si la empresa surge zafándose del mercado, explotando su nivel relativo de
conocimiento con el objetivo de "construir" un final feliz al juego del mercado, nos damos
cuenta inmediatamente de la necesidad de la competencia. La organización, si quiere evitar el
resultado aleatorio, pérdidas, tendrá que condicionar el mercado para que éste no imponga su
ley sobre aquella. Bien sabe que sus beneficios, si acierta en el juego, dependen en última
instancia de que el mercado crezca, pero como nos enseña en la teoría de los jue gos, dilema
del prisionero, la actitud de cooperar; que nos llevaría a una situación paretiana, no es la que
los jugadores finalmente tomarán (Farrell, 1987).
Por ello es tan importante la competencia. Sólo ésta podrá poner límites al mandato de la
organización de condicionar el mercado e intentar anularlo. La competición como proceso
dinámico es la mejor solución al problema de la sociedad, es un viaje de exploración hacia lo
desconocido, un intento de descubrir nuevas vías para hacer las cosas mejor que en el pasado.
El concepto de competencia debe ser repensado o ampliado. La competencia cada vez más
se realiza el interior de la empresa, por lo que, de ser así, la importancia del poder del
mercado debería cualificarse. Más importante sería analizar globalmente, las condiciones del
producto. Si éste se obtiene con costes medios mínimos en el sector, nivel internacional, la
empresa actúa eficientemente y genera bienestar. Si por el contrario, el poder del mercado no
coincide con un producto eficiente, será un signo de no-competencia al interior y
normalmente de monopolio por legislación y altos costes de transacción (Demsezt, 1968)
(Alchian, 1984).
Las condiciones descritas están teniendo amplio efecto en las leyes anti- trust para su
consideración. La ley y el derecho están aquí más juntos que nunca y de ahí la importancia
del estudio de los contratos, la institución del contrato como análisis del proceso económico.
De hecho, se llega a definir la empresa como un "nexo de contratos" (Eggertsson, 1990).
La competencia al interior o al exterior asegura que la empresa se auto limite en sus
actuaciones confinándola a ser una institución creadora mediante el "descubrimiento" de sus
posibilidades y límite, en el mercado. El mercado, como institución sin objetivos que es,
debe, en última instancia, poder dominar y centralizar el objetivo de crecer, de beneficio y
de condicionar al mercado, que posee la empresa.
7. Control y Poder en la Empresa
Hemos visto que el control que la empresa ejerce sobre su proceso de producción es su
gran ventaja sobre otras organizaciones, como veremos, el estado. En lo que implica el
factor trabajo, la polémica no termina entre los defensores de que existe coacción sobre el
factor trabajo al interior de la empresa (Marglin, 1974; Bowles y Gintis 1993) y los que
creen que las relaciones son estrictamente contractuales y por lo tanto, de doble libertad. a
bien para que el empresario libremente rescinda el contrato con el trabajador o bien que éste,
también libremente, deje la empresa. (Alchian y Demsetz 1972 a), lo que viene a ser lo
mismo, la posibilidad de que el capital contrate al trabajo o que el trabajo contrate al capital.
Lo sustancial es que la empresa, como organización jerárquica mantiene, y
evolutivamente cambia, el control sobre la rutina de la factoría, que es la fuente de
rendimientos crecientes. Por lo tanto, el control tiene una connotación económica equiparable
al de utilización eficiente de los medios de producción. En competencia y en perspectiva
histórica, la empresa solo sobrevivirá si utiliza óptima y consistentemente su proceso de
aprendizaje y cambio tecnológico (Nelson y Winter 1982).
La empresa en su crecimiento, si no encuentra limitaciones a su expansión, bien vía
competencia al exterior o vía deseconomías de escala al interior (Williamson, 1967),
generará una trayectoria que, para el sector y para la economía, tenderá a transformar la
variable control en el sentido expuesto aquí, por la variable poder, entendida ésta como la
propiedad de imponerse al mercado incluso por la fuerza, coercitivamente, si fuera necesario.
Si, como veremos al analizar el estado, una institución puede poseer o tener acceso ala
fuerza frente a terceros, las relaciones entre ellos son de poder, no de control económico. Ha
habido un cambio cualitativo en el proceso institucional, la empresa ya no es un nexo de
contratos ó una organización jerárquica con control tecnológico. La empresa no solo es un
agente más entre sus pares, sino que se convierte en juez y parte para la economía, es decir,
sufre un proceso de transformación y connivencia hacia el estado. La empresa deviene
estado.
Ahora sí podemos hablar de Poder de Mercado, por ello es importante analizar,
contrastando, el tipo de contrato de relación entre la empresa y el mercado. Todo
desplazamiento hacia contratos blindados, legislados, sesgados frente al mercado, son inicios
de transformación de la empresa desde la variable control, económica, hacia la variable
poder, de coacción y, por lo tanto, agresiones a la sociedad por vía extra ley, que no extra
legislación10 .
8. El Estado
Al igual que expresábamos para la empresa, el estado nace en la "Gran Sociedad" desde el
mercado, en definitiva, desde los grupos sociales. En un proceso análogo el empleado allí,
bajo la hipótesis de replicación y aceptación del "otro", los individuos o agentes de la
sociedad, "los emprendedores", ante el riesgo de ser meramente sujetos en el mercado y por
lo tanto "sometidos" en su espacio de neutralidad, pretenderán romper el mercado, salirse de
él, para mediatizarlo. En esa lucha por imponerse será necesaria la utilización de la fuerza;
primero, frente a rivales y, después, si consolidado el poder, frente a la población. En
realidad, alcanzar el poder equivale ala aparición y consolidación del estado como institución
jerárquica, cuyo objetivo será la obtención de ingresos, su maximización frente a los
ciudadanos, en base al monopolio del uso de la fuerza detentado/conquistado (North, 1981).
La variable clave, en la aparición/consolidación del estado es el poder. Poder entendido
como capacidad, si fuera necesario, de utilizar la fuerza en exclusiva, es decir, eliminados
los rivales que pudieran existir. La manifestación natural del Poder será su actuación política
sobre la sociedad. El estado utiliza el poder, la fuerza, para controlar políticamente la
sociedad, el mercado. De aquí la dificultad, imposibilidad, de distinguir entre economía y
política, entre mercado y sociedad.
10
"La ley es anterior a la legislación" (Hayek, 1978). En esta obra Hayek diferencia entre ley como origen
natural y evolutivo de la sociedad y la legislación como creación "diseñada".
El emprendedor, con ventaja relativa en el conocimiento político que quiere imponerse al
mercado, a la sociedad, debe hacerlo sin paliativos, es una contienda donde debe haber
vencedor, es un juego de suma cero, o tú o yo. Por ello, la cualidad que caracteriza al poder
será la de no tener, y no necesitar, el control económico más arriba descrito. El poder se ha
impuesto a la sociedad y por lo tanto, no tiene que dar explicaciones; la sombra del poder, la
coacción, lo evitará.
Lo que nos interesa es comprender que el estado, ni intentará, ni necesitará, ni podrá,
controlar económicamente el producto de su actividad. El poder conseguido por el estado
suplanta y está por encima de cualquier ley de neutralidad. Una vez consolidado el estado,
éste se limitará a legislar con el objetivo de mantenerse y maximizar sus ingresos.
La utilización de esos recursos, coactivamente conseguidos, se realizará de acuerdo a sus
decisiones e intereses, normalmente obtener más poder, más estado, o a gastos consuntivos.
No hay límites naturales, ni constitucionales a su actividad. No hay normas, ni reglas, ni ley
que le restrinja; la ley del mercado y de la sociedad ha sido quebrada. Hay poder jerárquico,
no hay control jerárquico.
Estas tendencias para condicionar el mercado, son más peligrosas que las realizadas por la
empresa; mientras la empresa tiene que volver al mercado como único medio de realizar su
objetivo, el estado puede cumplir su objetivo sin el mercado 11 .
Los costes de transacción que el bloqueo del mercado por el poder impondrá a la sociedad,
serán altos e incluso intolerables, pero su continuidad como poder podrá trasladarse en el
tiempo. Es verdad que sólo aquellas sociedades que se han dotado de instituciones
económicas eficientes han visto progresar el mercado y la sociedad a través de la caída en los
costes de transacción. Pero, paradójicamente, muchas otras sociedades, la mayoría que
podrían también haberse beneficiado del desarrollo de instituciones económicas acordes, no lo
realizaron cuando en último extremo, también hubiera sido el estado, como maximizador de
impuestos, el más favorecido, a través de una mayor base impositiva (North, 1984).
Simplemente reducir costes de transacción para crear mercado hubiera conllevado cambios en
los derechos de propiedad, y con ello cambios en las organizaciones afectadas y peligro
tangible para el propio poder establecido. El cambio político traería necesariamente el inicio
de un proceso revolucionario que, como la competencia económica, al ser un fenómeno
dinámico, se sabe como se inicia, pero no como acaba.
9. Cambios en los Derechos de Propiedad
Hemos expresado que el mercado requiere para su desarrollo la clara delimitación de los
derechos de propiedad y de las organizaciones que en ellos se asientan. Además, el estado en
su actuación, puede alterar los derechos de propiedad y con ello el porvenir de las
organizaciones económicas a través del mercado político.
El resultado de este mercado político tendrá lógicamente consecuencias económicas para
los grupos afectados, aunque en realidad, las causas se generan en el mercado económico. En
11
Por supuesto, a largo plazo, el mercado puede vengarse. Episodios recientes en no pocos países parecen
apuntar hacia esta hipótesis. Lo que aquí queremos expresar es la mayor autonomía relativa del estado frente a la
empresa con respecto al mercado.
éste, las organizaciones económicas, al tratar de agotar sus posibilidades dentro de los
márgenes acordados por la legislación, ejercen una persistente presión al cambio en los
derechos de propiedad. Dinámicamente, esta tensión generará cambios con resultados no
conocidos, pero sentenciado por el mercado político. Ante el nuevo panorama legislativo, las
organizaciones económicas nuevamente empezarán a situarse buscando su maximización del
espacio permitido por el veredicto político, estaremos ante un proceso de retroalimentación
entre ambos mercados, donde distinguir una acción de contenido económico de otra política,
se hace compleja e inútil 12 .
Debemos resaltar la insistencia de las escuelas de pensamiento liberal clásico, en separar lo
económico de lo político. Para estos, la sociedad debe estar regida por "lo privado", por lo que
toda intromisión política, más allá de lo mínimamente deseable, resultará perniciosa para la
sociedad. Particularmente irritante para estos autores es que el estado pueda cambiar,
desposeer, los derechos de propiedad de los individuos (Buchanan, 1975).
Esta posición conlleva el no interés por los orígenes de los derechos de propiedad 13 y su
cambio a lo largo de la historia. Si aceptamos los derechos de propiedad como dados y no
aceptamos otro cambio de estos que a través del "intercambio consentido", sí podríamos
obviar el mercado político y sus resultados. Estaríamos ante una división neta entre lo
económico, en la esfera del mercado, y lo político, en la esfera de la legislación limitada. La
situación hoy día, y quizá fue siempre así, dista mucho de poder separar los derechos de
propiedad, es decir el mercado económico, de sus efectos en el mercado político.
Los defensores del liberalismo clásico achacan a la extralimitación del parlamento, la
fuente de la confusión. Para ellos, un parlamento no puede llevar hasta un límite radical su
soberanía. No se puede legislar por mayoría cuando la legislación atenta contra "derechos"
que emanan de la ley acordada "naturalmente" por la sociedad en el tiempo. No se puede, en
fin, diseñar desde el gobierno hechos que solo pueden emerger de la acción de los
individuos en sociedad 14 .
Deslizarse por la vía del constructivismo racionalista, argumentan, donde todo es posible
para el legislador, sólo puede generar menores cuotas de libertad para los individuos.
Además, si el estado también está sujeto al problema económico básico de la sociedad, el
problema del conocimiento, los problemas de libertad para el individuo devienen también
problemas de eficiencia del sistema, ya que, al ir paulatinamente eliminándose el mercado,
el problema del conocimiento se agravará.
12
La literatura de la Public-choice intenta buscar el eslabón perdido, el análisis económico de la política, pero
no tradicionalmente estudiado. Ver como pioneras las ya citadas obras de (Buchanan y Tullock, 1962), más
generalmente ver la revista Public-choice.
13
La literatura sobre los Derechos de propiedad es amplia, ver por ejemplo (Demsetz, 1969) (Pejovich, 1972).
Para sus orígenes ver por ejemplo (Umbeck, 1979).
14
Por legislación limitada queremos expresar la autorestrición que debería ponerse al parlamento a legislar en el
terreno económico. Dicha autorestrición llegaría hasta reformas institucionales para su limitación. Ver
(Buchanan, 1986).
Pero la cuestión permanece, podemos compartir con el liberalismo clásico que en los
regímenes parlamentarios actuales se da un exceso de legislación no deseable 15 pero, al
mismo tiempo, debemos admitir como válida la hipótesis de que lo económico y lo político
están indisolublemente unidos a través de los derechos de propiedad. En realidad, la
aclaración podría venir de la distinción entre lo positivo, los liberales reconocen las relaciones
entre los mercados políticos y económicos, y lo normativo. Precisamente por ello, y dado su
perniciosidad, querrán limitar al mínimo el mercado político.
10. El Poder y su Evolución
Hemos dicho que el Estado nace para intentar determinar el mercado, porque los
emprendedores políticos, sus fundadores, creen tener el suficiente conocimiento y fuerza de
coacción como para soslayar la ley fundamental del mercado, es decir, su neutralidad, frente a
los agentes.
De triunfar el estado, la sociedad queda a merced de una autoridad que ejerce sin control
económico. En realidad no está interesado en él, ya que, al ser su objetivo la maximización
de sus ingresos impositivos, el control económico sobre estos será superfluo por tratarse de
un bien público con fácil exclusión de sus potenciales beneficiarios. Los ingresos del estado
a través de los impuestos, devienen un bien público para su beneficiario, el estado y un mal
público para los contribuyentes 16 .
¿Es posible para la sociedad civil evitar la manifestación del Poder estatal? En un
contexto histórico y evolutivo, el problema refleja el largo camino de la sociedad, del
mercado 17 hacia su independencia del Estado, el largo camino para exigir que el estado
también esté sujeto a la ley.
La tarea es hercúlea, más aún, es utópica, puesto que solo la desaparición del estado
ocasionaría la independencia frente a él. Es más, dudamos que aún en el caso de que el
estado pudiera teóricamente desaparecer, la sociedad pudiera alcanzar finalmente su
emancipación; antes al contrario, es muy posible que, con la desaparición del estado, nos
encontráramos en situación de anarquía, o punto de vuelta a empezar, es decir de la anarquía
a la anarquía. Hay amplia evidencia de que la población huye de zonas de anarquía a zonas
de seguridad (Olson, 1986), por ello, eliminar la práctica del poder no es algo que este al
alcance del ciudadano en su totalidad.
15
El exceso de legislación "pretende" resolver los problemas de una sociedad donde la connivencia es posible
entre: por un lado los políticos que les sirve para justificarse, pues "hacen algo"; los burócratas, como
administradores de lo legislado y, los votantes, dispuestos siempre a justificar sus demandadas sin fin. Sobre el
"triángulo de hierro de la connivencia" ver (Anne Krueger, 1989).
16
In extremis el Poder del Estado se manifiesta con mayor descontrol cuando más "poder ejerce", como en
tiempos de guerra. Entonces, el poder consiste en arrasar. A más poder menor control. De los 50.000.000 de
hombres muertos en la 2ª guerra mundial, más de la mitad eran civiles, a priori, no objetivos de guerra.
17
La larga marcha del mercado por emerger. Entre el siglo X y XVII según (North, 1981) puede interpretarse
como la larga marcha de la sociedad para zafarse del poder.
Aceptando la imposibilidad de la desaparición del estado, el problema de sus límites y
dimensiones debe considerarse como un proceso evolutivo de la sociedad hacia la libertad,
aún sabiendo que nunca alcanzaremos la estación término. La pregunta relevante es que
sociedades han sido capaces de transitar, en un proceso evolutivo, con mayor éxito que
otras, desde una situación donde el poder no es contestable, absoluto, a otra donde los
grados de libertad, políticos y económicos, se han ido ensanchando.
Cualquier comparación entre naciones desarrolladas y en desarrollo podría ser un buen
testimonio del abismo existente en ellas, entre la ley y el poder. La relación es claramente
inversa y, a más poder estatal, menor imperio de la ley. El problema del poder, del estado,
deviene un problema de libertad.
11. Límites al Poder Estatal
Si a más poder político menor control económico ¿cómo la sociedad ha podido / puede
delimitar el poder estatal? El problema vuelve a ser un problema conceptualizado como de
"mano invisible", de "descubrimiento". El mercado, en su inicio y mediante la replicación a
través del intercambio consentido posibilita que, de la ignorancia con que se enfrentan a él
los individuos, lo que hemos llamado problema económico básico de la sociedad, pueda
"mejorar" el resultado colectivo, aumentando el conocimiento de todos, partiendo del
desconocimiento de todos. Así, la sociedad, mediante el mercado, puede alcanzar situaciones
mejores por la acción de los individuos que acuden a transar "con su limitado conocimiento y
con su propósito" (Hayek, 1978).
El mercado aparece como el garante de la sociedad para su crecimiento y, para que
ocurra, debe pasar por una debilitación del estado, en tanto en cuanto, poder sobre la
sociedad, sobre el mercado. El largo camino de la sociedad civil frente al estado, es paralelo
al proceso del mercado en su replicación. Las instituciones que lo permiten van
desarrollándose en el proceso, posibilitando la caída en los costes de transacción, lo que a su
vez genera mayores posibilidades de desarrollo del mercado y mayor control sobre el poder.
El poder debe respetar más y más el juego de los participantes, puesto que son estos, en su
acción, los que mejor solucionan, a largo plazo, el problema económico.
Al ser el mercado al principio débil, local, personalizado y sin apenas división del trabajo
y sofisticación, el imponerse a él fue relativamente fácil, era presa fácil; téngase en cuenta
que las 3/4 partes de la actividad del individuo, como mínimo, estaba dedicada a la
subsistencia (North, 1984) es decir, muy poco de su tiempo podría dedicar al intercambio, y
de ahí la debilidad del comercio. Además, el nivel de conocimiento de los individuos y de la
sociedad, era tan bajo que aunque las transacciones tenderían a mejorar las aportaciones
individuales, el resultado agrupado para la sociedad no se percibiría como alto. En esa
situación, el nivel de creencias, reglas y comportamientos que determinaban sus
instituciones no eran precisamente pro- mercado (Polanyi, 1964). El inicio del camino
histórico se caracteriza por un poder absoluto del estado y una ausencia casi total de
intercambio. Estamos ante el estado depredador clásico, el Leviatán Hobbesiano.
El aumento de la población, las ferias medievales, la conquista del espacio europeo y la
protección del comercio en los desplazamientos, generaran procesos imparables de
crecimiento en el intercambio, en la s ganancias por el comercio (North, 1990).
A la anterior génesis del mercado en sus inicios hay que agregar la aportación tecnológica
y la irrupción de la empresa como elementos aceleradores del cambio y progreso social a
través de la replicación, sofistic ación e impersonalización del intercambio. El control
económico emerge imponiendo su disciplina y paralelamente el estado va cediendo poder y
sometiéndose a la ley de la sociedad, a la ley del mercado. Se entra históricamente en una
nueva fase de transformación de la sociedad, donde el Leviatán va transformándose en
déspota benevolente (Buchanan, 1975).
La atenuación histórica del estado depredador hay que enjuiciarla a la luz del inicio de las
revoluciones político- económicas en Europa, más concretamente en Inglaterra y los Países
Bajos. El proceso de acumulación de riqueza que genera el comercio 18 posibilita que el
empresario, al ser sujeto-fiscal de un gobierno depredador, inevitablemente quiera
preguntarse sobre el origen, cuantía y fines de sus tributos confiscados por el gobierno.
Un comercio próspero, un mercado fuerte, unos burgueses emergentes cuando no
hegemónicos, están en situación de oponerse al estado. Lo crucial es que la legitimación del
burgués, su triunfo viene de su aceptación de ser sujeto- fiscal19 , a cambio de opinar, sugerir y
mediatizar, en competencia con otros grupos y organizaciones, sobre el estado y su
evolución. Desde entonces, inicio de lo que entendemos por sociedad democrática, el poder
va cediendo paso aun mayor, aunque todavía débil y titubeante, control civil.
El camino del individuo, a raíz de las revoluciones políticas, queda marcado por su
elevación a la categoría de ciudadano de derechos ante la ley; aunque eso si, unidos esos
derechos al correspondiente pago impositivo. El individuo adquiere evolutivamente libertad
a cambio de su esfuerzo económico al convertirse en contribuyente. La libertad pues, no se
conquista, se compra 20 .
12. El Estado corno Ouid-Pro-Ouo o corno Déspota Benevolente
El Estado contemporáneo debe ceder al mercado una parte sustancial del poder, el poder
se transforma en control en el sentido económico aquí expuesto. Será el individuo y las
empresas los que, desde su condición de sujetos fiscales, tengan motivos e incentivos para
acrecentar el control sobre el poder. Si la base fiscal, número de contribuyentes fiscales es
pequeña, estaremos ante un estado clásico mínimo, donde la política pretenderá estar
separada de la economía, y donde las exacciones fiscales tenderán a correlacionarse con el
gasto, media nte impuestos finalistas. A medida que la base fiscal se amplíe, el proceso
18
La aparición del burgués está unida ala aparición de la empresa moderna, sus orígenes pueden ser dispersos
(comercio y agricultura), pero su papel histórico está anclado en la manufactura. Desde muy pronto la
revolución política va asociada a la empresa, la industrialización, como fuerza de cambio y progreso.
19
La famosa frase lo resume, creemos, perfectamente "No taxation without representation". Por supuesto este
fenómeno revolucionario no fue generalizado ni en el espacio ni en el tiempo. Es más, en los otros países
europeos competidores de Inglaterra, como España y Francia, el fenómeno no cuajó, lo que tendría
consecuencias graves para su futuro (North, 1981).
20
Solo la muerte puede evitar al individuo ser sujeto impositivo. No hay escape, pero, curiosamente, solo se es
libre si se paga. Fenómenos de justicia social y de acción colectiva deberían enfocarse a la luz de la relación
derecho-pago en sociedad.
capitalista tiende a ser hegemónico, el creciente número de sujetos fiscales, al "descubrir" su
esfuerzo fiscal, tenderán a demandar bienes públicos, lo que, en conjunción con el sistemas
de partidos políticos, tenderán a generalizar la oferta de dichos bienes ya distorsionar su
financiación.
La perversión del problema del "free rider" (Olson, 1965) en toda acción colectiva, hace
que dicho fenómeno aparezca, inevitablemente, en el proceso de financiación del gasto
público. La desviación sistemática entre gasto y esfuerzo fiscal y el recurso a justificarla en
base a la solidaridad amenaza con producir rupturas en la sociedad. Crecientes presiones
fiscales sobre grupos de ciudadanos, generarán en el tiempo problemas de rechazo o de voto
con los pies (Hirshman, 1970). si además, la presión fiscal se realiza mediante coaliciones
redistributivas, a costa de minorías de votantes, solo un creciente esfuerzo fiscal de estos, para
ser todos progresivamente sujetos-fiscales, podrá evitar el problema de ruptura social.
El individuo estaría dispuesto a aceptar que al igual que ocurre con los bienes rivales, su
satisfacción al adquirirlo se correlacione con el precio pagado por él. También para los
bienes públicos todo bien o servicio tiene un precio, por lo que, solo bajo unas bases sólidas
de economía privada, donde los individuos perciban la relación entre esfuerzo y premio o,
entre bien y coste de adquisición, puede asentarse una economía de bienes públicos. Igual
que un bien privado se enfrenta a un precio en el intercambio, todo bien público debe
enfrentarse a un pago fiscal (Wicksell, 1896).
La anterior confirmación nos situaría en el estado como quid-pro-quo para con sus
ciudadanos. Yo acepto el esfuerzo fiscal, pero quiero saber no sólo la cuantía, sino para que
fines va a ser dedicada. Así podríamos paliar el problema de la acción colectiva, donde el
ciudadano quiere los beneficios del bien público, pero no quiere sus costes. Si por el
contrario, desde una base sólida del mercado, se instrumenta una base sólida de economía
pública, podríamos acercarnos a lo que se llamó el "consenso nórdico" (Samuelson, 1954).
La sociedad desarrollada, se traslada a lo largo de una banda limitada y definida, por el
poder estatal y el control civil, de equilibrio inestable. Si el poder se impone relativamente, el
estado adquirirá las características de déspota benevolente, es decir, con rasgos de
ignorancia, sujeto a presiones y por lo tanto corrupto (Coase, 1984). Si por el contrario es el
control civil el que se impone relativamente, estaremos ante un estado quid-pro-quo
(Mueller, 1989) donde mis aportaciones, hechas con coacción, deben tener contrapartida
conocida y consentida para el gasto que con ellas se ejecute.
13. El Estado como mediador y árbitro
Lo anterior implica limitar severamente la actuación estatal y en un modelo de principalagente aplicado al mercado político (Jensen y Meckling, 1976) implicaría que el principal,
los votantes-contribuyentes, habrían alcanzado quizá el límite posible de control sobre el
poder y la única forma de resolver el problema de divergencias entre principal y agente.
Estaríamos en el camino de las constituciones fiscales (Niskanen, 1989).
El estado así obligado, prestaría un servicio imprescindible en procesos de intercambio
complejos e impersonales. Aunque hay posiciones que no ven contradictorio el aumento del
mercado y su propia autorregulación en base a sus organizaciones, lo que implicaría la
desaparición del estado, y su sustitución por compromisos creíbles de las organizaciones en
sus transacciones (Williamson, 1986), es "más creíble" la vía abierta por la limitación al
poder en base a un estado quid-pro-quo que asumiera el papel de árbitro, de tercero, que
imparte y ejecuta la ley (North, 1990).
Un estado quid-pro-quo no implicaría necesariamente la desaparición de programas
presupuestarios de protección económica, al igual que no implicaría la desaparición de
programas de defensa. El componente ideológico en nuestro individuo actuaría en ambas
direcciones. Es más, es probable que ambas vertientes se sustenten en una preocupación
común de seguridad en el ciudadano que es mas profunda y por lo tanto matiza su
componente racional. Lo importante y así lo han hecho constar la mayoría de los economistas
reacios al estado 21 , es que, los programas diseñados, interfieran lo mínimo con el mercado.
En cualquier caso, la tarea está en intentar evitar la vertiente latente de poder, que siempre
anida en el estado, lo que solo se evitará a través del "descubrimiento" que el votantecontribuyente realice en el espacio político-económico de la sociedad. En base a ese
"descubrimiento", la sociedad se encontrará mas cerca de un estado árbitro-mediador en una
economía preponderantemente de intercambio. Es decir, el estado- mediador es necesario en
una economía donde el intercambio es hegemónico (todo esta en el contrato) pero, sin olvidar
que el poder del estado siempre será una amenaza constante ala libertad, "ni contigo ni sin
ti".
Conclusiones
El trabajo aquí presentado, conjetural y alegórico, pretende acercarse a la realidad,
siempre cambiante y evasiva de la economía política. El acercamiento lo realizamos
prioritariamente a través del estudio de las instituciones, entendidas como al s reglas de
conducta generadas por el hombre para poder vivir en sociedad. De estas instituciones
localizamos nuestro interés en las tres que creemos no únicas, pero si las más representativas
en todo proceso de cambio, a saber: el mercado, el estado y la empresa.
El estudio de las instituciones debe formar parte, complementándolo, de todo
enriquecimiento del análisis económico. No podemos seguir tratando el modelo
mayoritariamente aceptado, con hipótesis tan manifiestamente alejadas de la realidad.
Partic ularmente la hipótesis de la racionalidad, tan central y querida a la economía.
Si partimos del individualismo metodológico, el elemento central de trabajo será dibujar
el contorno del ser humano sobre el que edificamos nuestro estudio. ¿De que ser humano
estamos hablando? La hipótesis más plausible es la de un individuo sujeto a "racionalidad
limitada" y ello tanto por motivos de componente ideológica que le sesga en parcelas de su
decisión, como por motivos de insuficiencia de conocimiento -brecha C-D entre
competencia del sujeto y dificultad de la tarea ala que se enfrenta- (Heiner, 1981) o,
paradójicamente, por exceso de teorías de donde elegir (Hahn). De cualquier forma, el
individuo quiere ser racional pero es incapaz de actuar consistentemente así.
Nuestro edificio tiene a ese individuo y a las instituciones / organizaciones por él creadas
como base de análisis. Todo ello ha crecido naturalmente de la propia sociedad, nadie lo ha
diseñado, todos lo han generado. El fermento de la evolución, de transformación de la
21
Ver nota 6.
sociedad, alegóricamente, lo centramos en el mercado, cuya lenta y dolorosa expresión
refleja cabalmente el heroico esfuerzo que representa para el humano la aceptación "del
otro". Aceptar "al otro" es sentar las bases del intercambio y posibilitar la apertura de la tribu
hacia la "sociedad abierta". Por eso creemos que el mercado es la institución primigenia. La
aceptación de sus normas, sus reglas, generan un espacio de neutralidad sin fines propios
donde es posible la unanimidad en el intercambio, para los que acuden a él. Son normas
básicas de regulación que, al ser aceptadas garantizan un comportamiento humano alejado de
la anarquía.
Al mismo tiempo, con la concurrencia de todos, pero sin el diseño de ninguno, el mercado
se convierte en el más eficaz instrumento para resolver el problema básico la sociedad. El
problema del conocimiento. Pero el mercado, en su actuación, no puede garantizar el
resultado de la transacción. No posee ni control ni poder sobre los agentes, nadie puede
condicionarlo.
De lo anterior se deduce que aceptar la neutralidad es muy duro para empresarios y
emprendedores. Estos, confiados en su superior valor relativo de conocimiento, creído pero
no contrastado, intentarán salirse del mercado para, al no aceptar sus resultados,
condicionarlo. Si se trata de empresarios tendremos la empresa como institución, si se trata
de los emprendedores políticos tendremos el estado como institución. Fijémonos que ambas
instituciones son diseñadas, construidas y con objetivos, a diferencia del mercado que nace
orgánicamente, sin objetivos. Además ambas nacen frente al mercado por lo que, su creación,
viene concebida jerárquicamente.
La empresa será una institución jerárquica, con objetivos definidos y que, mediante el
control económico sobre el proceso productivo querrá condicionar el mercado. A su vez, el
estado será una institución jerárquica, con objetos definidos y que, mediante el poder que
incluye la fuerza si es necesario, querrá imponerse al mercado, a la sociedad.
Tanto la instituc ión estado como la institución empresa tienen orígenes y fines comunes,
pero mientras el estado utiliza como medio para sus fines el poder, entendido aquí, como la
intención y capacidad de imponerse "al otro", incluso con la fuerza para generar su producto;
la empresa, utiliza como medio el control económico tecnológico sobre "el otro" para generar
su producción.
La empresa genera bienes y servicios, por lo que necesita el mercado, es más,
históricamente, es la gran generadora neta de mercado, de la mano de lo que es sus señas de
identidad: eficiencia económica, mediante la división del trabajo, la tecnología, o tal y como
nos dice la teoría del crecimiento endógeno, mediante el conocimiento y capital humano.
Como fuente de crecimiento (Ehrlich, 1990), la empresa pues, sale del mercado pero
vuelve a él acrecentándolo, es un multiplicador del mercado. Por el contrario, el estado, al
apoyarse en el poder, este se convierte en objetivo y fin. Una vez alcanzado, el único
problema es detentarlo, no perderlo: No ha y, no habrá, ninguna posibilidad de control
económico en el sentido aquí expuesto.
El Estado tiene el poder pero no tiene el control sobre su actividad. Es más, a más poder,
menos interesado estará el estado en el control ¿por qué eficiencia si tengo la coacción? El
resultado será la relación entre gastos e ingresos, la aparición de un contorno depredador en el
estado, el entorpecimiento del mercado, y la aparición de un ciudadano sujeto a exprimir y en
libertad vigilada.
La empresa al crecer, y al poder atenuar o eliminar la competencia, entra en un proceso
de metamorfosis para convertirse en estado, o lo que es lo mismo, la variable control
tecnológico, que implica riesgo e incertidumbre en el mercado, se transforma en poder sin
control y por lo tanto, con resultados diseñados, garantizados. La empresa va al mercado no
a jugar aleatoriamente, sino a manipularlo. Por eso es tan importante la ley de neutralidad
del mercado, fuente de conocimiento, y no el poder de mercado regulado. Lo arriba descrito
es un fenómeno general que puede ocurrir en cualquier sociedad en cualquier época
histórica. No obstante, ¿hay límites en la actuación de las instituciones descritas?
El estado históricamente se ha comportado como un monopolista maximizador solo
preocupado por la pérdida del poder. Es la figura del Leviatán. Las limitaciones al leviatán
han venido de la mano de las revoluciones político-económicas en la historia de la
humanidad donde, la rebelión frente al poder implica que este debe transar con la sociedad
civil, los burgueses, o el mercado, cediendo libertad a cambio de coacción impositiva.
Nace así el votante contribuyente, que suele tener dos etapas; la del estado mínimo,
liberalismo clásico, donde solo los que contribuyen obtienen derechos y por lo tanto
condicionan el estado; y la del estado como déspota benevolente donde la extensión de los
votantes-contribuyentes genera coaliciones redistributivas con separación acentuada de
gastos e ingresos y la solidaridad implica diferencias entre pagos y esfuerzos fiscales. En
esta etapa, el estado crece sin justificación, en función de los grupos de presión,
organizaciones que toman por asalto el presupuesto para su beneficio. Finalmente el estado
quid-pro-quo, nuevamente alegoría, que representará el máximo límite posible de la
sociedad, el individuo, frente al estado, que será aquel donde el votante-contribuyente quiera
saber no solo la cuantía sino también en que se va a gastar su esfuerzo fiscal. Estaremos en
la "transacción consentida", ahora también para el bien púb lico.
El juego del mercado, del estado y de la empresa, o mejor, el juego de las instituciones en
la sociedad, se convierte en tema central para entender como funciona el proceso
económico. Esta es la hipótesis de la economía de los costes de transacción. Transar no es
gratuito y, a menudo es imposible. Solo pocas naciones, aunque afortunadamente cada vez
más, han podido ir eliminando barreras a la transacción, política y económica, lo que les ha
permitido ser manifiestamente superiores en resultados frente al resto. Allí donde las
instituciones se han erigido en canalizadoras de progreso, la sociedad lo ha notado para bien;
por contra, allí donde la mayoría de las veces, las naciones se dotaban de instituciones que
limitaban, cuando no hacían imposible el acuerdo, el comercio, o la transacción; también lo
han notado, pero a peor.
Bibliografía
ALCHIAN, A. y DEMSETZ, H. (1972), "Production, information cost and economic
organization", American Economic Review, vol. 62, Nº5, pp.777-795.
ALCHIAN , A. (1984), "S pecificity , specialization and coalitions", Journal of Theoretical
and Institucional Economics, Rudolf Richter (ed) , pp.34-50.
ARROW , K. (1962). The economic implications of learning by doing", Review of Economic
Studies , 29 , pp.155-73.
ARROW , K. (1970), "The organization of economic activity: Issues pertinent to the choice
of market versus non market allocation", en R.H. Haveman and J. Margolis (eds) Public
expenditure and police analysis , Markahm, Chicago .
BOWLES , S. y GINTIS , H. (1993) "The revenge of homo economicus: Contested exchange
and the revival of political economy", Journal of Economic Perspectives , vol.7, Nº1, pp.83102.
BUCHANAN , J.M. y TULLOCK , G. (1962), The Calculus of Consent, Ann Arbor:
University of Michigan Press.
BUCHANAN, J.M. (1975), The limits of liberty. Between anarchy and Leviathan. University
of Chicago Press, Chicago.
BUCHANAN, J.M. (1986), Liberty. Market and State. New York University Press, New
York.
COASE , R.H. (1937), "The nature of the firm", Económica, Nº4 , pp.386-405.
COASE , R.H. (1960), "The problem of social cost". Journal of Law and Economics, Nº3,
pp.1-44.
COASE , R.H. (1984), "The new institutional economics", Journal of Theoretical and
Institutional Economics, Rudolf Richter (ed), vol.140, pp.229-31.
COASE , R.H. (1988), The firm, the market and the law, University of Chicago Press,
Chicago.
DEMSEZT, H. (1968), "The cost of transacting", Quaterly Journal of Economics, nº326,
pp.32-53.
DEMSEZT, H. (1969), "Toward a theory of property rigths". American Economic Review,
vol.59, nº3, pp.347-360.
DOWNS, A. (1957), An economic theory of democracy, New York: Harper And Row.
EGGERTSSON,T. (1990), Economic behaviour and institutions, Cambridge University
Press.
EHRLICH, I. (1990), "The problem of development: introduction", Journal Of Political
Economy, Vol.98, Nº5, pp.51-511.
FARREL, J. (1987), "Information and the coase theorem", Economic Perspectives, Vol. 1,
Nº2 , pp.113-129.
FELDMAN, M. (1992), Welfare economics and social choice theory,
Nijhoff Publishing.
Boston: Klvwer-
HAHN, F.H. (1991), "Information, dynamics and equilibrium", Scottish Journal Of Political
Economy, pp.321-34.
HAYEK, F.A. (1976), Individulism and economic order, Chicago University Press, Chicago.
HAYEK, F.A. (1978), New studies in philosophy, politics, economies and the history of
ideas, Routledge And Kegan Paul, London.
HAYEK, F.A. (1982), Law Legislation and Liberty, Routledge and Kegan Paul, London.
HAYEK, F.A. (1991), Economic Freedom, Blackwell, Oxford.
HEINER, R. (1983), "The origin of predictable behavior", American Economic Review,
Vol.73, Nº4, pp.560-595.
HIRSCHMAN, A. (1970), Exit, Voice and Loyalty, Harvard University Press, Cambridge.
HODGSON, G.M. (1988), Economics and Institutions: a Manifesto for a Modern
Institutional Economics, Polity Press, Cambridge.
JENSEN, M. and MECKLING, W. (1976), "Theory of the firm: Managerial behavior,
agency cost, and capital, structure". Journal of financial economics, vol.3, nº4, pp.305-360.
KIRZNER, I.M. (1982), Method, Process and Austrian Economics, Heath, Lexington.
KIRZNER, I.M (1992), The meaning of market process: Essays in the development of
Austrian Economics, Routledge, Londres.
KRUEGER, A. 1989. "GOVERNMENT FAILURES IN DEVELOPMENT". JOURNAL OF
ECONOMIC PERSPECTIVES, Vol.4, Nº3, pp.9-23.
LANGLOIS, R.N.(1989), "What was wrong with the old institutional economics (and What is
still wrong with the new)?", Review of Political Economy, vol.1, nº3, pp.270-298.
LANGLOIS, R.N. (1989), "Racionality, Institutions and Explanation", en Langlo is, R. (edit.),
Economics as a Process: Essays in the New Institutional Economics, pp.225-256, Cambridge
University Press, Cambridge.
LEIJONHUFVUD (1989), “Capitalism and the Factory System”, en Langlois R. (edit),
Economics as a Process: Essays in the New Institutional Economics, pp.203-224, Cambridge
University Press, Cambridge.
MADDISON, A. (1982), Phases of Capitalist Development, Oxford University Press, Oxford.
MARGLING, S. (1974). "What do bosses do", Review of Radical Political Economics, vol.6,
nº2, pp.60-112.
MUELLER, D.C. (1989), Public Choice. Cambridge University Press, Cambridge.
NELSON, R.R. y WINTER, S.G. (1982), An Evolutionary Theory of Economic Change,
Harvard University Press, Cambridge.
NISKANEN, W.A.(1971), Bureaucracy and Representative Government, Aldine -Atherton.,
Chicago.
NORTH, D.C. (1981), Structure and Change in Economic History, Norton, New York.
NORTH, D.C. (1984), "Goverment and the Cost of Exchange", Journal of Economic History,
44, pp.255-64.
NORTH, D.C. (1990), Institutions. Institutional Change and Economic Performance,
Cambridge University Press, Cambridge.
NORTH, D.C. (1991), "Institutions", Journal of Economic Perspectives, vol.5, nº 1, pp.97112.
NORTH, D.C. (1993), "What do we mean by rationality"?, Public Choice, 77, pp.159-162.
OLSON, M. (1965), The Logic of Collective Action, Harvard Economic Press, Cambridge.
OLSON, M. (1986), "Why same Welfare-State redistribution to the poor is a great idea", en
C.K. Rowley (eds), Democracy and Public Choice, Basic Blackwell, Oxford.
PEJOVICH, S. (1972), "Toward an Economic Theory of the Creation and Specification of
Property Rights", Review of Social Economy, Vol.30, nº3, pp.301-326.
PITELIS, C. (1991), Market and Non-Market Hierarchies, Blackwell Publishers.
POLANYI, K. (1967), The Tacit Dimension, Doubleday-Anchor, Garden City.
POPPER, K. (1987), La miseria del Historicismo, Alianza Editorial, Madrid.
REDER, M.W. (1982), "Chicago Economics: Permanence and Change", Journal of Economic
Literature, vol.20, pp.1-38.
ROMER, P.M. (1986), "Increasing Returns and Long-Run Growth", Journal of Political
Economy, vol.94, nº5, pp.1002-37.
ROMER, P.M. (1994), "The origins of endogenous growth", Journal of Economic
Perspectives, vol.8, nº1, pp.3-22.
SAMUELSON, P. (1954),"The Pure Theory of Pub lic Expenditure", Review of Economies
and Statistics, vol.36, pp.386-389.
SIMON, H. (1986), "Rationality in Psychology and Economics", en Robin M. Hogarth and
Melvin W. Reder (edit.), The Behavioral Foundations of Economic Theory, nº59, Journal of
Bussines, pp.5209-24.
SMITH, A.(1759), An Inouiry into the Nature and Causes of the Wealth of Nations, R.
Cammpbell and A. Skinner (ed), Methuen, London.
SUDGEN, R. (1989), "Spontaneus Order". Journal of Economic Perspectives, vol.3, nº4,
pp.85-97.
UMBECK, J. (1981), "Might makes Rights: a Theory of the Formation and Initial
Distribution of Property Rights", Economic Inouiry, vol.19, pp.38-59.
WICKSELL, K. (1896), "A New Principle of Just Taxation", en Musgrave, R. and Peacock,
A. (eds), Classics in the Theory of Public Finance, St. Martin Press, New York.
WILLIAMSON,O.E. (1967), "Hierarchical Control and Optimum Firm Size", vol.75, Journal
of Political Economy, pp.88-103.
WILLIAMSON,O.E. (1975), Markets and Hierarchies. Analysis and Anti-Trust Implications:
a Study in the Economics of Internal Organization, New York Free Press, New York.
WILLIAMSON,O.E. (1983), "Credible Commitments: Using Hostages to Support
Exchange", American Economic Review, 73, pp.519-540.
WILLIAMSON,O.E. (1985), The Economic Institutions of Capitalism, New York Free Press,
New York.
Descargar