Egipto

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CIENCIAS SOCIALES
Las antiguas civilizaciones con tendencias universalistas
Recuerde que:
•
A partir del neolítico se iniciaron distintos procesos, de modo espontáneo
y con diversas características, que autónomamente dieron origen a la alta
cultura y la civilización en Egipto y Mesopotamia, en el Valle del rio Indo,
en el del río Amarillo en China, en Mesoamérica y en la zona Andina.
Sabía que:
•
En su expedición a Egipto, en 1799, Napoleón llevó junto a sus tropas a un
grupo de sabios para que estudiaran los antiguos vestigios. Pocos años
después, el célebre Champollion descifró la escritura jeroglífica gracias al
descubrimiento de un texto trilingüe: la piedra Rosetta.
•
“Cuando el dios supremo, aquel que señala los destinos, confió a Marduk la
soberanía del país entero; cuando afirmó su poder por toda una eternidad, me
llamó a mí, Hammurabi, para restablecer las leyes que aniquilan a los culpables
y defienden a los pobres.... Aquel que destruyere un ojo de otro hombre, se te
destruirá a él el ojo; si un hombre arrancare el diente a otro hombre, se le
arrancará el diente a él...” (Fragmento del Código de Hammurabi).
•
La Gran Muralla China se construyó para protegerse de las invasiones de
los pueblos bárbaros. Tiene una altura de entre seis y ocho metros y una
longitud que alcanza los 3 500 km.
Propósitos:
Con el estudio de este tema conoceremos de manera más profunda el desarrollo
extraordinario de los distintos pueblos que dieron origen a la alta cultura y civilización, permitiéndonos con ello comparar el nivel de desarrollo entre éstos. Lo anterior
nos ayudará a comprender las raíces de los diversos tipos de sociedades, así como
a la civilización moderna en que vivimos.
Egipto
Marco geográfico
Egipto está ubicado en el noroeste del continente africano. Limita al norte con el mar
Mediterráneo, al sur con Sudán, al este con el mar Rojo y la península de Sinaí y al
oeste con el desierto de Libia.
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LAS ANTIGUAS CIVILIZACIONES
CON TENDENCIAS UNIVERSALISTAS
El río Nilo convierte en un oasis las tierras ribereñas a lo largo de 6 700 km, que
son los que abarca desde su nacimiento al sur, en la Cataratas de Assuán, hasta el
mar Mediterráneo, al norte, que es donde desemboca en ramificaciones, es decir,
en delta. Cuando se habla de Egipto siempre se recuerda la frase del historiador
griego Herodoto: “Egipto, don del Nilo”, pronunciada al contemplar el desierto
atravesado por un gran río.
El río Nilo, gracias a las lluvias torrenciales del África Ecuatorial, se desborda
anualmente y riega el desierto del Sahara de junio a septiembre, con ello humedece el
suelo y lo fertiliza al depositar los limos arrastrados desde las montañas. Así, las tierras
del valle, enriquecidas con el limo, ofrecen magníficas condiciones para la agricultura.
Fuentes para el estudio de la cultura egipcia
Hasta el siglo XIX conocíamos la historia egipcia gracias a las referencias del Antiguo
Testamento y de los historiadores grecorromanos. Fue hasta comienzos del siglo
XIX, cuando los arqueólogos dieron a conocer grandes descubrimientos de pirámides
y tumbas; y gracias a ellos debemos la base inicial del conocimiento de la cultura
egipcia.
Caracteres generales de la historia egipcia
Aspecto destacado de la historia egipcia es su considerable uniformidad política y
cultural.
La historia de Egipto abarca un largo periodo que data del año 4000 a. C. en que,
como ya habíamos mencionado en la unidad anterior, sus habitantes se organizaron
en ciudades-estados o “nomos”, independientes entre sí (eran ciudades, cada una
con gobierno propio, aunque económicamente estuvieran ligados). Después, los
nomos se unificaron en dos reinos: el del Alto Egipto, con capital en Tebas y el del
Bajo Egipto, con capital en Menfis.
Hacia 3000 a. C. Menes, gobernante del Alto Egipto consiguió unificar a los dos
reinos estableciendo un solo imperio, es decir, en un poder centralizado: el del faraón.
Así, la gente del Bajo y Alto Egipto tuvieron una cultura común: lengua, costumbres,
religión.
Para estudiar el pasado del Antiguo Egipto se diferencian tres momentos de esplendor:
Imperio antiguo, medio y moderno, separados entre sí por periodos intermedios en los
que el país tiende a desunirse. Estos tres imperios (ocupan III y II milenio a. C.) se
continúan en la llamada Baja Época (I milenio a. C.), hasta la incorporación de Egipto al
mundo helenístico por obra de Alejandro Magno (333 a. C.).
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El Imperio Antiguo
Menes fue el fundador de la I dinastía. Sus sucesores, así como los faraones de la II
dinastía, se dedicaron a unificar el país. El Imperio antiguo abarcó seis dinastías,
hasta 2 300 a. C. Durante este periodo, los faraones fortalecieron su política exterior
en Nubia y Sinaí, lugares ricos en granito y cobre, respectivamente. La capital pasó
a ser Menfis. De los vestigios hasta ahora encontrados se sabe que el faraón Zoser,
de la tercera dinastía, mandó construir la gran pirámide escalonada de Sakkara,
cerca de Menfis. Los faraones de la IV dinastía dejaron el grandioso conjunto de
Gizeh, cerca del Cairo. Destacan en este conjunto las pirámides de Keops, Kefrén y
Micerino, las mayores del arte egipcio. Después de este esplendor, los faraones de
las siguientes dinastías no pudieron mantener la cohesión política, por lo que sobrevino un periodo de disgregación y los antiguos nomos volvieron a gozar de autonomía.
El Imperio Medio
Abarca desde el final del tercer milenio a. C. hasta 1750 a. C. El instaurador de esta
nueva etapa de esplendor fue un príncipe de Tebas, fundador de la dinastía XI.
Unificó el país y extendió sus territorios; dicho periodo de expansión se continuó con
la dinastía XII. Al empezar la dinastía XIII, el dominio de los faraones es interrumpido por la primera gran invasión que registra la historia egipcia: la de los hicsos (1750
a. C.), que eran grupos semitas mezclados con gente indoeuropea. Los invasores
introdujeron el caballo, los carros de combate y las armas de bronce, dominando en
poco tiempo el bajo Egipto. Los hebreos entraron en Egipto, en este mismo periodo,
arrastrados por los hicsos.
El Imperio Nuevo
A mediados del segundo milenio (1580 a. C.), los príncipes tebanos Amenofis I y
Tutmosis III, de la dinastía XVIll, vuelven a unificar el territorio egipcio tras anular el
poderío hicso. Esta nueva etapa de unificación trajo consigo un florecimiento interior.
Al mismo tiempo existió una política militarista que permitió la expansión territorial.
Los archivos de Tel-el-Amarna, Hatusas y Babilonia, dan testimonio de que durante
esta etapa fue cuando las dos altas culturas del llamado Próximo Oriente (Egipto y
Babilonia), entran en contacto e intercambio comerciales y culturales permanentes.
Dicho esplendor es continuado por los faraones de la dinastía XIX, Ramsés I y
su nieto Ramsés II, quienes tuvieron que enfrentarse a un nuevo enemigo: los hititas.
Tanto hititas como egipcios ambicionaban las tierras de Siria y Palestina. En 1287 a.
C., libraron una gran batalla en las cercanías de Kadesh (norte de Siria). El resultado
fue ambiguo y pocos años más tarde se firmó la paz entre egipcios e hititas.
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Con Ramsés II terminó la supremacía egipcia en el Medio Oriente, ya que sus
sucesores no pudieron evitar el debilitamiento del poderío egipcio ante una nueva
invasión de pueblos indoeuropeos.
La invasión de “los pueblos del mar”
Al finalizar el II milenio a. C., grandes oleadas de pueblos procedentes del centro de
Europa (aqueos, filisteos, frigios, estruscos, medos y persas) avanzaron hacia el sur
a través de las orillas del Mar Negro y por el rumbo del Cáucaso. Portadores de
armas de hierro, poco a poco lograron asentarse en las costas mediterráneas y en
las regiones al norte de Mesopotamia. La llegada de estos pueblos produjo la desaparición del imperio hitita, mientras que el egipcio se debilitó completamente. Fenicios y hebreos consiguieron crear entonces estados importantes.
El antiguo Egipto
La Baja Época
Abarca entre las XX y XXX dinastías, es decir desde el año 1100 hasta el 332 a. C.,
fecha de la conquista de Egipto por Alejandro Magno.
Este periodo se caracteriza por las frecuentes invasiones de que fue objeto el
país, así como por la disgregación interna del mismo. En el siglo VIl a. C., Egipto
pierde su independencia y pasa a formar parte del imperio asirio. A fines del siglo VI,
es de nuevo conquistado por los persas.
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Cuadro cronológico de la historia política de Egipto3
Entre ambas dominaciones existe un periodo de cierto esplendor en el que el monarca Psamético logra unificar el pais. Este periodo se conoce con el nombre de renacimiento
saíta y se caracteriza por la apertura hacia la cultura griega. El renacimiento saíta fue el
último momento de esplendor del Egipto faraónico, ya que la conquista de Alejandro lo
llevó a formar parte del “mundo helenístico”.
3
Villafuerte González, Amilcar L.; Serrano Muñoz, Ana M.; Manrique Rossier, Margarita; López Ruiz, Isabel y Ortega Tapia,
Enrique. Descubriendo el pasado. Historia 1, México D.F. 1995- Larousse. p. 24.
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La cultura en el imperio egipcio
Esta cultura se desarrolló con pocas influencias extranjeras. Fue hasta el imperio
nuevo, cuando Egipto se abrió y tuvo contactos con pueblos asiáticos, iniciándose
así una serie de intercambios culturales. Rasgos destacados de la cultura egipcia
fueron su organización social y económica; su pensamiento religioso, su rica literatura y sus monumentales creaciones artísticas.
La sociedad egipcia
Se desarrolló una sociedad esclavista. El faraón era gobernante supremo y absoluto
del país (en el imperio antiguo el faraón fue divinizado y ostentaba el título de hijo del
dios Ra, el sol), le seguían los visires (quienes gobernaban en su nombre en las distintas regiones); alrededor de ellos, los sacerdotes, funcionarios, escribas y el ejército disfrutaban de una situación prominente; mientras que campesinos y artesanos
constituían la gran masa de la población. El último grupo de la sociedad egipcia
estaba compuesto por los esclavos, constituido por prisioneros de guerra y personas que habían sido entregadas al Estado como pago de un tributo.
Economía
La fuente de riqueza del país era la agricultura, donde se introdujeron técnicas como
el arado y el yugo. La repartición de la cosecha era de manera desigual: la mayor
parte se entregaba como tributo al faraón,—otra a los funcionarios, otra se guardaba como reserva de los periodos de sequía, y el sobrante lo retenía el campesinado
para su alimentación, por lo que vivían en condiciones precarias.
La agricultura se complementaba con la cría de ganado, la caza de aves y la
pesca. Se conocieron y explotaron algunas minas como las de Sinaí (cobre) y Nubia
(oro). También existían talleres de cerámica, tejidos y papiro.
Religión
Fue politeísta y tuvo gran importancia entre los egipcios. Casi todos los aspectos de
su vida estuvieron influenciados por ella. La peculiaridad más señalada es que sus
deidades siempre conservaron características animales. Así, había dioses con cuerpo
de animal y cabeza de hombre y viceversa, como la Esfinge, que tenía cabeza humana y cuerpo y patas de león; Horus tenía cabeza de halcón.
Desde el imperio antiguo, hubo diferentes elaboraciones mítico-religiosas hasta
que se impuso la de Heliópolis, ciudad cercana a Menfis. En la mitología heliopolitana
el lugar más destacado correspondía a Ra, el Sol, en su plenitud de fuerza, que
navega en su barca sagrada. Horus, el sol naciente, y Osiris, el sol poniente.
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En el Imperio Nuevo, Amón, dios de Tebas, pasó a ocupar lugar principal,
fusionado con Ra. Por último, la reforma religiosa de Amenofis significó un paso
hacia el monoteísmo encarnado en Atón, el sol.
Otro importante mito fue el de Osiris: “al atardecer, Osiris pasaba sobre el desierto
de su hermoso Seth, señor de la sequía, lo descuartizaba y echaba al Nilo sus
restos. Isis, la luna, esposa de Osiris, con cariño recogía los restos y, con ayuda de
Anubis, el chacal, embalsamaban el cuerpo y el dios volvía a vivir. Al día siguiente el
sol salía de nuevo en forma de Horus”.
Las preocupaciones acerca del destino del ser humano en el más allá fueron de
suma importancia. Los egipcios creían que las buenas obras realizadas en vida
eran premiadas con una nueva existencia después de la muerte a lado de Osiris.
Pensaban que al morir una persona, el alma era juzgada por los dioses y
recompensada o castigada según sus actos. La tumba significaba el lugar de
resurrección. Para lograr lo anterior dos cosas eran necesarias: impedir la destrucción
del cuerpo y superar el juicio de Osiris, señor y juez de los muertos. Para preservar
el cuerpo de la destrucción, los egipcios momificaban a los que morían y los
enterraban con todo lo necesario para la supervivencia en grandes tumbas: las
pirámides y los hipogeos. Para superar el juicio de Osiris, se colocaba junto al difunto
un papiro que contenía el texto del “Libro de los Muertos”, compilación de las oraciones
y respuestas que el “doble” tenía que recitar ante Osiris.
Escritura y literatura
Su escritura era jeroglífica, es decir, a través de dibujos representaban algunas ideas.
La literatura egipcia se manifiesta en múltiples textos. Abundan las noticias históricas, himnos a los faraones o a los dioses, consejos, testamentos, cuentos, textos
mágicos, entre otros. Entre éstos destaca el “Libro de los Muertos”, obra de carácter
religioso-militar.
Arquitectura, escultura y pintura
Las obras principales son las destinadas a la vida de ultratumba así como los templos. La pirámide, concebida como sepulcro del faraón, lleva adosado un templo
para el culto. Destacan las de Gizeh, construidas en el imperio antiguo. En el imperio
nuevo, los faraones prefieren un nuevo tipo de tumba: el hipogeo, que son grandes
espacios excavados en las rocas. Los templos fueron otra de las grandes creaciones arquitectónicas y se caracterizaron por sus enormes proporciones. Los más
representativos son los de Karnak y Luxor.
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La escultura sirvió como complemento en tumbas y palacios. Fueron hechas
generalmente en piedras muy duras, son de gran elegancia y buenas proporciones.
Sobresalen los modelos de piedra, que eran el doble de la personalidad fallecida.
Quedan muchas esculturas de dioses, faraones, reinas, escribas, animales. En
general se puede decir que en éstas existe un estilo uniforme.
En pintura destacan los frescos, murales de brillante colorido en los que el torso
se dibuja de frente, mientras que la cabeza y las piernas se muestran de perfil.
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Actividades:
A) Conteste las siguientes preguntas
1. ¿Qué eran los nomos egipcios?
2. Escriba brevemente los sucesos ocurridos en la época del Imperio Nuevo en
Egipto.
3. Explique brevemente las características de la Baja Época.
4. La religión de los egipcios era politeísta; ¿cómo representaban a sus dioses?
5. Explique brevemente cuál era su concepción de la muerte y qué rituales
realizaban.
B) Complete el siguiente cuadro:
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