Anexo Guia 2 revolucion francesa

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COLEGIO SAN PEDRO CLAVER
BUCARAMANGA
ASIGNATURA: Ciencias Sociales
PROFESORA: Saula Nayive Figueroa C.
ESTUDIANTE: _____________________________
ANEXO 1
GUIA 2
GRADO: 8____
FECHA _________
Revolución Francesa
La Revolución francesa fue un conflicto social y político, con diversos periodos de violencia, que convulsionó Francia y, por extensión de sus
implicaciones, numerosas otras naciones de Europa, entre 1789 y 1799, enfrentando a partidarios y opositores del sistema denominado del
Antiguo Régimen. Marcó el final definitivo del absolutismo y dio a luz a un nuevo régimen donde la burguesía, y en algunas ocasiones las
masas populares, se convirtieron en la fuerza política dominante en el país.
ANTIGUO RÉGIMEN EN FRANCIA
Se denomina Antiguo Régimen al conjunto de costumbres e instituciones políticas y económicas existentes en Francia y
en Europa hasta fines del siglo XVIII.
La organización política de Francia, hacia 1789, era monárquica. El rey pretendía que su poder derivaba de Dios, a
quien únicamente debía cuenta de sus actos. Sus súbditos no tenían ningún derecho, pero sí el deber de obedecer.
El rey declaraba la guerra y hacía la paz; comandaba los ejércitos; determinaba los gastos y fijaba los impuestos;
nombraba y destituía a los funcionarios y dirigía la administración entera. Las provincias eran administradas por los
intendentes, con poder omnímodo y arbitrario. El rey hacía las leyes, que eran la expresión de su voluntad personal,
pues si bien debía tener en cuenta las "costumbres fundamentales del reino", tales costumbres eran contradictorias y
vagas, y hubiera sido difícil definirlas claramente. Además, el rey dirigía la administración de justicia, pues esta se
dictaba en su nombre y por funcionarios que el designaba. Se usaba el tormento para lograr la confesión de los
acusados, a quienes se juzgaba en secreto y a los que se aplicaban las penas bárbaras de las marcas con hierros
candentes, de la picota, del látigo y de la horca. La libertad individual estaba amenazada constantemente por la policía,
que podía aprender a cualquiera con una simple orden del rey, la "carta sellada". No se daba la causa de la detención
porque "tal era la voluntad del rey". Existía la censura previa y no existía la libertad de consciencia.
Causas: Las ácidas críticas de los escritores de la Ilustración al sistema político imperante; el descontento general
ante el fracaso de la política exterior que obligó a entregar el Canadá a Inglaterra, y las aspiraciones de la alta
burguesía a intervenir en el gobierno de la nación, prepararon un clima propicio a la revolución. Ella estalló al
agudizarse la crisis económica que venía sufriendo el país desde el final de 1763.
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La incapacidad de las clases gobernantes (nobleza, clero y burguesía) para hacer frente a los problemas de Estado
La indecisión de la monarquía
Los excesivos impuestos que recaían sobre el campesinado
El empobrecimiento de los trabajadores
La agitación intelectual alentada por el Siglo de las Luces
El ejemplo de la guerra de la Independencia estadounidense
La precipitación de los acontecimientos
Luis XVI convocó a los Estados Generales del Reino (una asamblea consultiva) que no se reunían desde 1614. Esta
convocatoria fue exigida por los "privilegiados" (clero y nobleza) quienes se negaban a pagar los tributos
indispensables para conjurar la crisis económica. Los burgueses se aprovecharon de estas circunstancias y, ante la
amenaza de la nobleza armada que pretendió mantener sus privilegios, movilizaron a toda la nación. El pueblo salió a
las calles de París y el 14 de julio de 1789, se apoderaron de la Bastilla. Esta prisión era el símbolo del absolutismo
político y del régimen que se deseaba cambiar. En esta jornada, una muchedumbre de artesanos, obreros, tenderos,
estudiantes y funcionarios se impusieron a las tropas reales.
Durante el transcurso de los diez años siguientes a estos acontecimientos, los ideales revolucionarios demostraron su
fuerza. Se obtuvo la libertad política, la dictación de una Constitución que dividía los poderes del Estado para
garantizar la libertad individual, para asegurar la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y para permitir la
expresión de la soberanía popular mediante el sufragio.
En la Revolución francesa podemos distinguir cuatro etapas:
1.- La Asamblea Constituyente (1789-1791): formada por decisión de los miembros de la burguesía en el seno de la
Asamblea de los Estados Generales convocados por el Rey; abolió los privilegios, sometió al clero al poder civil y
secularizó sus bienes, ordenó la redacción de la "Declaración de los derechos del hombre", y estableció el imperio de la
Constitución de 1791. Junto con la Declaración de los Derechos del hombre y del ciudadano, los delegados
formularon los ideales de la Revolución, sintetizados más tarde en tres principios, "Liberté, Égalité, Fraternité"
("Libertad, Igualdad, Fraternidad").
El 5 y el 6 de octubre, la población parisina, especialmente sus mujeres, marchó hacia Versalles y sitió el palacio real.
Luis XVI y su familia fueron rescatados por La Fayette, quien les escoltó hasta París a petición del pueblo. Tras este
suceso, algunos miembros conservadores de la Asamblea Constituyente, que acompañaron al rey a París, presentaron
su dimisión.
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2.- La Asamblea Legislativa (1791-1792): Elegida por sufragio censitario y donde se impuso la tendencia
republicana de los moderados girondinos y los extremistas jacobinos sobre los defensores de la monarquía; creó el
ejército nacional para defender el proceso revolucionario contra los demás monarcas europeos, ya que los nobles que
habían emigrado trataban de conseguir la ayuda de Prusia y Austria para restablecer el "Antiguo Régimen".
El rey fue privado de sus poderes durante un breve periodo, pero la mayoría moderada de la Asamblea Constituyente,
que temía que se incrementaran los disturbios, restituyó a Luis XVI con la esperanza de frenar el ascenso del
radicalismo y evitar una intervención de las potencias extranjeras. Dos semanas después, se disolvió la Asamblea
Constituyente para dar paso a las elecciones sancionadas por la Constitución.
3.- La Convención (1792-1795): que reclamó la República, dio muerte al monarca e impuso un régimen de terror tal,
que nadie se sentía seguro después del asesinato de Marat y la ejecución de Dantón, dos líderes revolucionarios. La
Convención pretendió borrar todo vestigio del pasado, cambiando el calendario e introduciendo el culto a la diosa
Razón; mas, la posición extremista de Robespierre unió a todas las fuerzas contra él y se le ajustició, junto a sus
colaboradores que habían llevado la violencia al paroxismo mediante la implantación de ese régimen de terror.
4.- El Directorio (1795-99): que fue un gobierno moderado y que, ante el peligro de un retorno de la reacción o de un
rebrote del terror, acabó por ceder el poder a un joven general que se había distinguido por sus victorias contra los
austríacos en Italia: Napoleón Bonaparte
Obra de Bonaparte
Este general dirigió y condujo la política francesa durante quince años. Las campañas militares de sus ejércitos
difundieron los principios de la Revolución por todo el continente europeo. Gracias al prestigio que le dieron sus
campañas de Italia y de Egipto, pudo dar un exitoso golpe de Estado que le permitió derrocar al Directorio y crear el
Consulado, en el cual asumió el cargo de Primer Cónsul. Tres años más tarde, se declaró cónsul único y vitalicio, y un
decreto senatorial de 1804, ratificado por un plebiscito, lo proclamó "Emperador de los franceses".
La política internacional de Bonaparte estuvo dominada por sus ambiciones imperialistas que lo llevaron a intentar el
dominio de Europa. Inglaterra organizó coaliciones para impedir el auge de un rival tan poderoso. El emperador impuso
a los países sometidos "el bloqueo continental" para perjudicar los intereses económicos de los ingleses: nadie podría
importar ni exportar mercaderías de Inglaterra.
Para impedir la alianza anglo-rusa, Bonaparte emprendió personalmente la campaña contra el zar. A pesar de sus
triunfos, tuvo que retirarse de Moscú. El invierno diezmó sus fuerzas y no le permitió sofocar los nuevos
levantamientos de los pueblos sojuzgados. Sus enemigos lo derrotaron en Leipzig y lo enviaron a la isla Elba. Logró
escapar y gobernar a Francia durante cien días. Derrotado en Waterloo, fue desterrado a la isla Santa Elena donde
murió en 1821. Organizó el Estado creando un modelo que fue imitado por muchos países durante todo el siglo XIX.
Entre otras medidas, ordenó la redacción del Código Civil, modernizó la administración pública, uniformó el
sistema de pesos y medidas aplicando el sistema decimal, organizó la enseñanza fiscal (los liceos, dependientes
del Estado, reemplazaron a los colegios de la iglesia) y adecuó la Universidad a las necesidades profesionales del
país.
Consecuencias:
— El derrocamiento de Luis XVI, perteneciente a la Casa real de los Borbones
— La abolición de la monarquía en Francia
— La proclamación de la Primera República
LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL DEL SIGLO XVIII
Hasta fines del siglo XVIII, la economía europea se había basado casi exclusivamente en la agricultura y el comercio.
Lo que hoy llamamos productos industriales eran, por entonces, artesanías, como por ejemplo los tejidos, que se
fabricaban en casas particulares. En una economía fundamentalmente artesanal, el comerciante entregaba la lana a
una familia y ésta la hilaba, la tejía y devolvía a su patrón el producto terminado a cambio de una suma de dinero.
Esta forma de producción se modificó notablemente entre fines del siglo XVIII y mediados del XIX. El país donde
comenzaron estos cambios fue Inglaterra. Allí se daban una serie de condiciones que hicieron posible que, en poco
tiempo, se transformara en una nación industrial; lo que permitió impulsar la inventiva y aplicarla a la producción y a
los transportes. Surgieron entonces los telares mecánicos, que multiplicaban notablemente la cantidad y la calidad de
los productos, y los ferrocarriles y los barcos de vapor que trasladaron los productos de Inglaterra.
Este período,
conocido como la Revolución Industrial, fue posible porque:
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Este reino disponía de importantes yacimientos de carbón, el combustible más usado en la época.
También, poseía yacimientos de hierro, la materia prima con la que se hacían las máquinas, los barcos y
los ferrocarriles;
La burguesía (ver Vocabulario) inglesa había acumulado grandes capitales a partir de su expansión
colonial y comercial;
Las ideas liberales, muy difundidas en la Inglaterra de esa época, favorecían la iniciativa privada. A esto
se sumaban las garantías que daba un parlamento que representaba también los intereses de esta
burguesía industrial y comercial.
La marina Mercante inglesa era una de las más importantes del mundo. Esto garantizaba a los
productores de ese país una excelente red de distribución en el orden mundial.
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A lo largo del siglo XVIII fue cambiando también la modalidad de explotación de la tierra: rotación de cultivos, uso de
algunos fertilizantes, mejoras en el instrumental de labranza, reducción del personal al mínimo imprescindible. En los
lugares en que se aplicaban estos cambios generalmente en las tierras de las personas más pudientes se tendió a
aumentar la producción y, en consecuencia, a bajar los precios. A su vez, los campos fueron cercados y los grandes
propietarios, conscientes de los beneficios que les brindaba el nuevo sistema, se adueñaron de las tierras de los
campesinos quienes, de esta manera, se quedaron sin nada. Esto provocó que muchos comenzaran a trasladarse hacia
los centros urbanos en busca de trabajo. En las ciudades que comenzaron a llenarse de establecimientos industriales,
las familias numerosas se veían en serias dificultades, porque siempre la cantidad de puestos de trabajo era menor que
la masa de obreros sin empleo. Los campesinos no paraban de llegar a las ciudades y esto empeoraba las cosas: ante
tanta oferta de mano de obra, los patrones rebajaban los sueldos y hasta despedían a los que estaban trabajando para
tomar niños y pagarles menos. En los grandes centros industriales ingleses, como Manchester, Londres y Liverpool, los
desocupados se contaban por miles.
La Burguesía; clase social surgida en los centros comerciales medievales europeos, llamados "burgos". La riqueza ya
no será sólo la inmueble (las tierras), ahora también habrá una riqueza mueble: el dinero y las mercancías, que eran
las propiedades de la burguesía. Propietaria de industrias. Los patrones sacaban provecho de esta dramática situación
extendiendo las jornadas laborales hasta 15 y 17 horas diarias en fábricas que no reunían las mínimas condiciones de
seguridad e higiene y pagando, además, salarios miserables. Esta situación llevó a varios pensadores de la época a
sostener que el enfrentamiento entre estos dos grupos sociales (la lucha de clases) continuaría siendo ineludible y a la
vez la condición básica para el surgimiento de una sociedad más igualitario.
DE LA PRIMERA A LA SEGUNDA REVOLUClÓN INDUSTRIAL
Hasta mediados del siglo XIX, la mayoría de la población europea estaba formada por campesinos. En los Estados
Unidos, la agricultura predomina hasta el triunfo del norte industrialista sobre el sur agrario y esclavista, en la guerra
civil. La lentitud con que se propagaban los cambios impulsados por la Revolución Industrial llevó a que la economía
mundial siguiera sometida a los viejos ritmos impuestos por las buenas y las malas cosechas. La crisis económica que
se desata entre 1846 y 1848 fue, quizás, la última crisis cuyas causas fueron predominantemente agrarias.
En el ámbito de las comunicaciones, se dieron profundos cambios. George Stephenson inventó la locomotora en 1814
y, luego de años de pruebas, se realizó en 1825 el primer viaje en un tren de pasajeros entre las ciudades inglesas de
Stockton y Darlington. A partir de entonces, el parlamento inglés comenzó a aprobar la instalación de miles de
kilómetros de vías férreas. La más importante fue la que unió los centros industriales de Liverpool y Manchester. El
tren revolucionó la circulación de mercaderías. Mientras que un carro tirado por caballos o mulas podía llevar hasta
una tonelada de mercadería, los trenes podían trasladar más de mil. Esto abarató los costos y amplió los mercados.
También, por esta época se duplicó la capacidad de los barcos para transportar cargas y se redujo notablemente el
tiempo necesario para cruzar el Atlántico. La misma travesía que en 1820 llevaba unas ocho semanas, a fin de siglo
solo demandaba una.
Otro adelanto de gran importancia fue el telégrafo. Hacia fines del siglo XVIII se implementó un telégrafo visual a
partir del uso de distintos colores. Este invento tenía grandes limitaciones de alcance y visibilidad. Los problemas
fueron superados en 1837, cuando Samuel Morse ideó un código que lleva su nombre, y que permitiría, en muy poco
tiempo, transmitir textos completos a través de un sistema de circuitos eléctricos. En 1866, se tendió un cable
telegráfico interoceánico entre Inglaterra y los Estados Unidos. Años más tarde, el italiano Guglielmo Marconi completó
las investigaciones de Heinrich Hertz sobre la transmisión telegráfica, a través de las ondas eléctricas de la atmósfera,
y concretó la invención del telégrafo inalámbrico. En 1876, Alexander Graham Bell inventó el teléfono, revolucionando
el mundo de las comunicaciones. Aunque su difusión fue muy lenta y limitada, en un principio, a las ciudades más
importantes de los países centrales.
En 1895, dos hermanos franceses, los Lumiére, descubrieron que tomando varias fotos sucesivas y proyectándolas a
una cierta velocidad, se producía la imagen del movimiento en el espectador. Inventaron una cámara especial que
registraba estas imágenes y que, a la vez, servía como proyector. Habían inventado el cine. Todos estos adelantos
mejoraron paulatinamente la calidad de vida de una población que fue creciendo al ritmo de estos cambios. Aumentó
la natalidad y disminuyeron los índices de mortalidad. En 1800, la población europea era de unos 190 millones de
personas. En 1900, esa cifra se había duplicado; a pesar de los millones de europeos que habían emigrado hacia las
llamadas "zonas nuevas", como Australia y la Argentina.
LA SEGUNDA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL
Hacia la década del 60, una palabra hasta entonces poco empleada comenzó a difundirse en el vocabulario económico y
político de la época: capitalismo. Para la consolidación del capitalismo industrial, fue muy importante la alianza del
mundo industrial con el financiero. Los capitalistas industriales necesitaban recursos económicos para instalar nuevas
empresas, líneas ferroviarias o construir buques. Los dueños de las fábricas y los constructores de trenes y barcos
debían recurrir a los banqueros para poder concretar sus negocios. Los financistas fueron haciéndose imprescindibles y
dominaron el mercado, al que le dieron un nuevo impulso. A partir de 1870, comenzaron a producirse una serie de
cambios en la industria, tan importantes, que la mayoría de los historiadores hablan de una segunda revolución
industrial. A diferencia de la primera, esta segunda revolución fue el resultado de la unión entre la ciencia, la técnica y
el capital financiero. Así como en la primera, el elemento determinante fue el vapor; en la segunda, una serie de
inventos marcaron su desarrollo. La electricidad, empleada desde mediados de siglo en el telégrafo, pudo ser usada en
la producción. En 1867, Werner Siemens aplicó el dínamo un aparato que permitía producir electricidad a la industria.
En 1879, Thomas Alva Edison fabrica la primera lámpara eléctrica y la transformó en un producto industrial de su
propia fábrica: la Edison Company, conocida después como General Electric Company, la primera empresa mundial de
electricidad. El petróleo y sus derivados fueron los comhustibles de esta Segunda Revolución Industrial y el acero, la
materia prima. Un ejemplo del auge del acero fue la construcción en París del edificio más alto de la época: la torre
Eiffel en ocasión de la Feria Universal de París de 1889, durante los festejos del centenario de la Revolución Francesa.
Las industrias siderurgias y de hierro demandaban todo tipo de metales, lo que dinamizó la minería.
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COLEGIO SAN PEDRO CLAVER
BUCARAMANGA
ASIGNATURA: Ciencias Sociales
PROFESORA: Saula Nayive Figueroa C.
ESTUDIANTE: _____________________________
ANEXO 2
GUIA 2
GRADO: 8____
FECHA _________
El Capitalismo:
Sistema económico en el que los individuos privados y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el
intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados.
Aunque tiene sus orígenes en la antigüedad, el desarrollo del capitalismo es un fenómeno europeo; fue evolucionando
en distintas etapas, hasta considerarse establecido en la segunda mitad del siglo XIX. Desde Europa, y en concreto
desde Inglaterra, el sistema capitalista se fue extendiendo a todo el mundo, siendo el sistema socioeconómico casi
exclusivo en el ámbito mundial hasta el estallido de la I Guerra Mundial, tras la cual se estableció un nuevo sistema
socioeconómico, el comunismo, que se convirtió en el opuesto al capitalista.
El término kapitalism fue acuñado a mediados del siglo XIX por el economista alemán Karl Marx. Otras expresiones
sinónimas de capitalismo son sistema de libre empresa y economía de mercado, que se utilizan para referirse a aquellos
sistemas socioeconómicos no comunistas. Algunas veces se utiliza el término economía mixta para describir el sistema
capitalista con intervención del sector público que predomina en casi todas las economías de los países industrializados.
Se puede decir que, de existir un fundador del sistema capitalista, éste es el filósofo escocés Adam Smith, que fue el
primero en describir los principios económicos básicos que definen al capitalismo Características del capitalismo
A lo largo de su historia, pero sobre todo durante su auge en la segunda mitad del siglo XIX, el capitalismo tuvo una serie
de características básicas. En primer lugar, los medios de producción —tierra y capital— son de propiedad privada. En
este contexto el capital se refiere a los edificios, la maquinaria y otras herramientas utilizadas para producir bienes y
servicios destinados al consumo. En segundo lugar, la actividad económica aparece organizada y coordinada por la
interacción entre compradores y vendedores (o productores) que se produce en los mercados. En tercer lugar, tanto los
propietarios de la tierra y el capital como los trabajadores, son libres y buscan maximizar su bienestar, por lo que
intentan sacar el mayor partido posible de sus recursos y del trabajo que utilizan para producir; los consumidores pueden
gastar como y cuando quieran sus ingresos para obtener la mayor satisfacción posible. Este principio, que se denomina
soberanía del consumidor, refleja que, en un sistema capitalista, los productores se verán obligados, debido a la
competencia, a utilizar sus recursos de forma que puedan satisfacer la demanda de los consumidores; el interés
personal y la búsqueda de beneficios les lleva a seguir esta estrategia. En cuarto lugar, bajo el sistema capitalista el
control del sector privado por parte del sector público debe ser mínimo; se considera que si existe competencia, la
actividad económica se controlará a sí misma; la actividad del gobierno sólo es necesaria para gestionar la defensa
nacional, hacer respetar la propiedad privada y garantizar el cumplimiento de los contratos. Esta visión decimonónica del
papel del Estado en el sistema capitalista ha cambiado mucho durante el siglo XX.
La expansión comercial
Hasta 1.848, la producción industrial creció considerablemente. Sin embargo, no pudo ampliar de manera eficaz el
mercado para sus productos; para lograrlo, los industriales y comerciantes invirtieron ganancias de la producción
industrial en tecnificar las comunicaciones y los medios de transporte, lo cual hizo fácil el transporte de materias primas y
manufacturas. El ferrocarril y el barco a vapor colaboraron, en gran medida, en expandir el mundo capitalismo
industrializado. Se inició en Inglaterra, alentada por dos circunstancias:
La consolidación de su mercado interno: Intervino en ello el crecimiento de una población que incrementó la demanda de
bienes, la mejora de los transportes y de las vías de comunicación (canales fluviales, carreteras y, más tarde, el
ferrocarril), así como la supresión de barreras aduaneras interiores.
La expansión del mercado exterior: Fue posible
gracias a: La ampliación y diversificación del comercio externo, impelido por la demanda de materias primas (algodón) y
la exportación de productos industriales (tejidos). La ayuda de una potente marina, tanto mercante como militar. La
posesión de un imperio colonial donde adquirir materias primas baratas y exportar la producción de sus fábricas.
La expansión comercial inglesa y sus efectos:
Inglaterra era el centro del desarrollo industrial en el silgo XIX y necesitaba que el excedente de su producción industrial
fuera consumido. Para lograrlo, puso en marcha la expansión territorial y de rutas comerciales con las cuales logró
conectar remotos y diversos lugares del mundo, buscando consumidores y materias primas necesarias para la
producción industrial.
Esa expansión permitió a las industrias inglesas extraer, de las zonas de colonización,
abundantes materias primas que fueron transportadas desde las diferentes zonas hasta los centros industriales.
Igualmente les permitió a los industrializados contar con abundantes alimentos extraídos de lugares exóticos. La
agricultura se hizo más técnica y eficaz en Europa; los suelos aumentaron su rendimiento en zonas de la periferia
(Australia, Brasil, Argentina) gracias al uso de abonos sintéticos y naturales.
Orígenes del Movimiento Obrero
Con la Revolución Industrial también crecen los conflictos sociales. A muchos capitalistas no les importaba que sus
trabajadores, a veces niños de siete años, trabajaran 12 ó 14 horas por día en condiciones insalubres, con graves
riesgos físicos. Su única preocupación era aumentar la producción al menor costo posible, es decir, pagando el salario
más bajo que se pudiera, aprovechándose de la gran cantidad de desocupados que había. Esta situación de injusticia
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llevó a la aparición de los primeros sindicatos de trabajadores y de huelgas en demanda de aumentos de sueldo y de
mejoras en las condiciones de trabajo. La unión de los trabajadores posibilitó la sanción de las primeras leyes
protectoras de sus derechos y, consecuentemente, el mejoramiento progresivo de su calidad de vida.
El avance de la burguesía industrial implicó, a su vez, un proceso de cambios en la vida de muchas personas. Pero
sobre todo, en la de aquellos que se incorporan en condición de obreros, en el trabajo fabril. Algunos provenían del
campo: eran antiguos labradores que habían sido expulsados de sus parcelas para criar ovejas y producir lana destinada
a la naciente industria textil. Otros eran artesanos que, al no poder competir con la industria, se vieron obligados a
ingresar en e taller, Antes, la mayoría de ellos producían en sus Parcelas o talleres, para satisfacer sus necesidades de
uso (alimentación, vestido, etc.). Ahora, comenzaban a producir para el dueño de la fábrica que aspiraba a vender
mercancías y enriquecerse. Antes, el tiempo y el ritmo del trabajo eran auto controlado; ahora, la intensidad del trabajo
la establecerá el propietario del taller. En el pasado, sus jornadas de labor con su mujer e hijos eran extensas y
anotadoras como ahora; pero ese tiempo de trabajo era su propio tiempo y eran ellos quienes disponían de él.
Para las nuevas formas de producción, el tiempo es oro y la burguesía necesitó intensificar los ritmos de producción La
"socia" para lograr este fin fue la máquina que obligó al obrero a seguir el ritmo que ella le imponía, y también las multas
a todo obrero que estuviera fumando, cantando, rezando o realizando cualquier acción que pudiera perturbar la labor
marcada por el cronómetro, ahora dueño del tiempo en la fábrica
Desarrollo del Movimiento obrero en Gran Bretaña:
El movimiento obrero británico de la primera mitad del silgo XIX no fue exclusivamente de trabajadores industriales o
jornaleros; en él militaron diversos sectores de la clase trabajadora, principalmente urbana, que en sus inicios actuaron
de acuerdo la al clase media radical o pequeña burguesía, en su lucha contra las supervivencias del antiguo régimen. El
movimiento obrero inglés presentó estrategias como:
Sindicalismo y socialismo en Inglaterra: Las primeras asociaciones de trabajadores o sociedades de ayuda mutua,
partiendo de dos elementos fundamentales del sindicalismo, la lucha y la solidaridad, tuvieron como objetivo la
protección de sus socios y la resistencia a la disminución de los salarios. Estas asociaciones fueron perseguidas por el
gobierno y ante la posibilidad de controlar su acción clandestina, fueron autorizadas, quedando abierta la vía al auge
sindical.
En los inicios del movimiento obrero, la situación era muy desfavorable para los trabajadores. Una legislación de carácter
antiobrero prohibía la constitución de asociaciones de trabajadores, pues se consideraban que atentaban contra el
principio de libertad en la contratación y en las relaciones laborales. Por tanto, la reivindicación obrera básica en esta
etapa inicial fue el reconocimiento legal del derecho de asociación. Para paliar la falta de seguridad social, los
trabajadores empezaron a crear sociedades de socorros mutuos, con objeto de hacer frente al paro, las enfermedades y
los accidentes laborales. Fue en Inglaterra donde tomaron forma las primeras organizaciones obreras. En 1825 se
derogaron las leyes antiasociativas, lo que permitió el desarrollo de las Trade Unions, que reúnen a una élite de obreros
especializados con el fin de obtener mejoras salariales y, mediante una cuota de afiliación, ayudar a sus compañeros en
caso de huelga. Los obreros alemanes actúan igual que los ingleses, mientras que los franceses tendrán que esperar el
derecho de asociación para poder organizarse, conseguido durante el II Imperio.
Cartismo: El Cartismo fue un movimiento de la reforma social y política en el Reino Unido, vigente entre los años 1838
y 1858. Obtuvo su nombre de la Carta del Pueblo de 1838, que señala las seis peticiones del movimiento. Estas eran:
Sufragio universal masculino para los mayores de 21 años; circunscripciones electorales de igual tamaño; votación por
medio del sufragio secreto; no fuese necesario ser propietario para ser miembro del Parlamento.
Desde sus orígenes se fue convirtiendo gradualmente en una expresión de la agitación de la clase obrera en contra de
las Leyes sobre pobres, las circunstancias económicas y la dificultad de establecer unos sindicatos eficaces. Fue una
agrupación política de la primera mitad del Siglo XIX, de naturaleza democrática y liberal. Aunque los cartistas no
consiguieron sus objetivos, obtuvieron éxitos parciales, como la reducción de la jornada laboral a 12 horas, después a 10
y sobre todo mostraron la concienciación de los trabajadores en torno a objetivos políticos. Algunos vestigios del
Cartismo sobrevivieron hasta el año 1858, aunque ya no tuvo más importancia política.
Las Nuevas Ideas de Cambio:
El maquinismo y el aumento productivo no mejoraron las condiciones de vida de los trabajadores, como algunos
esperaban. El trabajo infantil y las largas y pesadas jornadas de Labor en talleres inhóspitos generaron condiciones para
una lectura crítica del “progreso”: En esa etapa incipiente del capitalismo se escucharon las voces críticas de una serie
de figuras, quienes criticaron las condiciones de explotación a los obreros.
Socialismo utópico: Nace a finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX. Surge a raíz de la revolución industrial, del
ascenso de la burguesía como clase dominante y del desarrollo económico que producía miseria para la clase
trabajadora. Distintos individuos movidos por la necesidad de un cambio social proponen una serie de ideas basadas en
los principios morales de la dignidad del individuo y la solidaridad colectiva: Socialización de los instrumentos de
producción, supresión de la herencia que contribuye a la creación de riquezas injustificada, supresión de la moneda por
bonos, supresión de la empresa privada y la sustitución por cooperativas destinadas a producir lo necesario para la
comunidad, protección del individuo mediante leyes sociales, distribución del trabajo para hacerlo agradable y
productivo, producción sin finalidad de lucro, educación universal, igualdad de derechos para todas las personas etc. Se
elaboraron distintos proyectos de sociedades ideales:
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Charles Fournier: Fue uno de los padres del cooperativismo. Hacia una feroz critica al capitalismo y al mecanismo
competitivo de las empresas privadas y propone un sistema basado en “falansterios” donde la propiedad es colectiva y
los miembros compartían todas las tareas. Pensó haber descubierto el número de falansterios que el mundo necesitaría,
unos 2985984.
Robert Owen: Considerado otro de los padres del cooperativismo. Organiza una comunidad llamada New Lanark con los
principios del socialismo utópico. Construye alrededor de la fábrica viviendas, escuela, comedores, campos de recreo
etc. Quería demostrar que las condiciones del medio social influyen en los métodos de producción. Saco argumentos y
propuso una serie de medidas para la protección de los trabajadores:
Socialismo Científico: En Londres, durante el verano de 1848, se reunieron diversas corrientes del pensamiento del
proletariado, con el, fin de originar a una entidad que las agrupara y elaborar un documento en el cual quedaran
expresadas sus demandas. Surgió así la Liga Comunista, que al año siguiente le encargó a Karl Marx la redacción de
una proclama que sirviera de orientación para las acciones de la nueva agrupación. Marx, en colaboración con otro
destacado pensador de la época, Frederich Engels, escribieron ese texto que pasó a conocerse, rápidamente, en todo el
mundo como El manifiesto comunista. Tanto Marx como Engels plantearon en el citado documento que, hasta ese
momento, los filósofos se habían encargado de describir e interpretar al mundo; pero que, dada la enorme injusticia que
en él reinaba, ellos se proponían transformarlo. Para ello, la teoría debía ir acompañada de la acción transformadora del
hombre quien —a juicio de estos autores— es plenamente capaz de cambiar la realidad que lo rodea.
Marx y Engels sostenían que la sociedad capitalista —basada en la propiedad privada— era esencialmente una
sociedad desigual e injusta, ya que los trabajadores debían vender su propia fuerza de trabajo a los capitalistas a cambio
de un salario. En dicho intercambio de trabajo por dinero, el obrero recibía de manos del capitalista un salario que tan
sólo equivalía a lo que necesitaba un obrero para mantenerse a sí mismo y a su familia; algo que se alcanzaba con sólo
seis horas de su trabajo. Pero la jornada laboral era, por aquel entonces, de más de doce horas; de manera que el
capitalista se quedaba con lo producido durante las seis horas restantes. Esa diferencia —que Marx llamó plusvalía—
constituye el origen de la situación de explotación del obrero que define a la sociedad capitalista, por lo que ésta debía
ser eliminada y reemplazada por otra.
Otra de las ideas del pensamiento marxista era la de la lucha de clases. En ella planteaba Marx que la plusvalía indicaba
la existencia en la sociedad capitalista de una contradicción fundamental entre los intereses de la burguesía y de los
obreros (lucha de clases). Esa contradicción sería cada vez más injusta para los proletarios. Pero en algún momento,
estos últimos deberían tomar plena conciencia de esa situación y plantear, por medio de un movimiento revolucionario,
un cambio radical del sistema capitalista por una nueva sociedad: la sociedad comunista. En ella —luego de eliminar la
propiedad privada y la burguesía como clase dominante— no existirían las clases sociales, y los hombres serían todos
libres e iguales sin distinción de nacionalidad.
Anarquismo: El pensamiento anarquista parte de una aceptación general del planteo marxista acerca de la explotación
que caracteriza al sistema capitalista; pero los anarquistas están en contra de la opresión que para ellos encama el
Estado, administrado por el Gobierno. Señalan, además, que cualquier poder corrompe y es fuente de corrupción. Quien
llega a él, inevitablemente se corromperá y será un opresor, pues ejercerá el principio de autoridad. Los anarquistas
decían que si existía uno que mandaba, significaba que existía otro que era mandado: si existían amos era porque había
esclavos. Sostenían que una de las instituciones representativas del poder y de la autoridad que educa en la sumisión y
contribuye a mantener el orden como se encuentra establecido, es la Iglesia. Pues toda creencia en un ser superior
implica limitar la libertad humana y trae aparejada la idea de sometimiento y esclavitud. Para cambiar este estado de
cosas, el anarquismo propone la rebelión permanente contra cualquier poder, como camino hacia la revolución social.
La democracia liberal
Durante la primera mitad del siglo XIX, muchos pensadores y gobernantes de Europa occidental estaban convencidos de
que, en las sociedades de su época, el desarrollo del capitalismo y el establecimiento de la democracia de sufragio
universal eran objetivos incompatibles. Y en esta afirmación coincidían, por ejemplo, pensadores liberales que
representaban el punto de vista de los burgueses —como el francés Alexis de Tocqueville y el inglés John Stuart Mill— y
un pensador socialista que representaba el punto de vista de los trabajadores, el alemán Karl Marx. El desarrollo del
capitalismo había generado una multitud de trabajadores pobres que, paulatinamente, se iban transformando en la
mayoría de las poblaciones de las sociedades europeas. Sobre la base de diferentes argumentos, tanto para Stuart Mill y
para Tocqueville como para Marx, el mayor número de los trabajadores pobres era la razón que hacía incompatibles el
capitalismo y la democracia. Para los liberales, la extensión del sufragio universal, al establecer un voto por persona, iba
a dar lugar al gobierno de los trabajadores pobres, que no tenían ninguna educación.
Desde su punto de vista, al carecer de la preparación necesaria para ejercer el gobierno, gobernarían exclusivamente en
función de sus intereses, y la democracia dejaría de estar vigente. Para los socialistas, en cambio, el gobierno de los
trabajadores terminaría destruyendo al capitalismo. Sin embargo, el desarrollo del capitalismo continúa hasta nuestros
días aunque desde la segunda mitad del siglo XIX, progresivamente, cada vez fueron más los individuos reconocidos
como ciudadanos con derecho a voto. En la actualidad, en casi todas las sociedades capitalistas son ciudadanos todos
los adultos, cualquiera que sea su nivel de riqueza y de instrucción, su ocupación, su raza y su religión.
La democracia liberal es el sistema político que hace posible —simultáneamente— la vigencia del sufragio universal, el
mantenimiento del capitalismo como forma de organización de la economía y la legitimidad de los reclamos de la
sociedad por el respeto por parte del Estado de los derechos sociales y humanos.
http://www.laguia2000.com/category/francia/siglo-xviii/revolucion-francesa
http://www.portalplanetasedna.com.ar/francesa.htm
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CAPITALISMO
Para definir el capitalismo es necesario definir sus principios básicos, ya que no existe una definición precisa que sea
aceptada por todos.
Generalmente, el capitalismo se considera un sistema económico en el cual la propiedad privada desempeña un papel
fundamental. Este es el primero de los principios básicos del capitalismo. Se incluyen también dentro de éstos la
libertad de empresa y de elección, el interés propio como motivación dominante, la competencia, la fundamentación en
el sistema de precios o de mercado y un reducido papel del gobierno.
Sobre la propiedad privada, el capitalismo establece que los recursos deben estar en manos de las empresas y
personas particulares, de esta forma, a los particulares se les facilita el uso, empleo y control de los recursos que
utilicen en sus labores productivas. Como consecuencia de lo anterior, los particulares podrán utilizar los recursos como
mejor les parezca.
La libertad de empresa propone que las empresas sean libres de conseguir recursos económicos y transformarlos en
una nueva mercancía o servicio que será ofrecido en el mercado que éstas dispongan. A su vez, son libres de escoger
el negocio que deseen desarrollar y el momento para entrar o salir de éste. La libertad de elección se aplica a las
empresas, los trabajadores y los consumidores, pues la empresa puede manejar sus recursos como crea conveniente,
los trabajadores pueden realizar un trabajo cualquiera que esté dentro de sus capacidades y los consumidores son
libres de escoger lo que desean consumir, buscando que el producto escogido cumpla con sus necesidades y se
encuentre dentro de los límites de su ingreso.
Competencia se refiere a la existencia de un gran número de empresas o personas que ofrecen y venden un producto
(son oferentes) en un mercado determinado. En dicho mercado también existe un gran número de personas o
empresas, denominadas consumidores (también llamados demandantes), las cuales, según sus preferencias y
necesidades, compran o demandan esos productos. A través de la competencia se establece una “rivalidad” entre
productores. Los productores buscan acaparar la mayor cantidad de consumidores para sí. Para conseguir esto, utilizan
estrategias de reducción de precios, mejoramiento de la calidad, etc., siendo esta la forma en que la competencia crea
un cierto control que evita el abuso por parte de alguna de las partes.
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El capitalismo se basa en una economía en la cual el mercado predomina. En éste se llevan a cabo las transacciones
económicas entre personas, empresas y organizaciones que ofrecen productos y las que los demandan. El mercado,
por medio de las leyes de la oferta y la demanda, regula los precios según los cuales se intercambian los bienes y
servicios, permite la asignación de recursos y garantiza la distribución de la renta entre los individuos.
Cada uno de los actores del mercado actúa según su propio interés; por ejemplo, el capitalista, quien posee los
recursos y el capital, busca la maximización del beneficio propio por medio de la acumulación y reproducción de los
recursos, del capital; los trabajadores, quienes trabajan por la recompensa material que reciben (el salario) y, por
último, los consumidores, quienes buscan obtener la mayor satisfacción o utilidad adquiriendo lo que quieren y
necesitan al menor precio posible.
El gobierno en una economía capitalista pura está reducido a su mínima expresión. Sólo se encarga del ordenamiento
jurídico que garantice ciertas libertades civiles y la implantación de políticas indispensables para el funcionamiento de
los mercados y el respeto de la propiedad privada. Su presencia en la economía perturba el funcionamiento de ésta.
Dependiendo del nivel de influencia del gobierno en la economía, además del capitalismo puro, existen el capitalismo
autoritario (en el cual los recursos le pertenecen a los particulares pero el gobierno dirige y controla gran parte de la
economía) y el capitalismo mixto (en el cual el gobierno y los particulares influyen en la distribución y asignación de los
recursos).
Orígenes
Tanto los mercaderes como el comercio existen desde que existe la civilización, pero el capitalismo como sistema
económico no apareció hasta el siglo XIII en Europa sustituyendo al feudalismo. Según Adam Smith, los seres
humanos siempre han tenido una fuerte tendencia a "realizar trueques, cambios e intercambios de unas cosas por
otras". Este impulso natural hacia el comercio y el intercambio fue acentuado y fomentado por las Cruzadas que se
organizaron en Europa occidental desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Las grandes travesías y expediciones de los
siglos XV y XVI reforzaron estas tendencias y fomentaron el comercio, sobre todo tras el descubrimiento del Nuevo
Mundo y la entrada en Europa de ingentes cantidades de metales preciosos provenientes de aquellas tierras. El orden
económico resultante de estos acontecimientos fue un sistema en el que predominaba lo comercial o mercantil, es
decir, cuyo objetivo principal consistía en intercambiar bienes y no en producirlos. La importancia de la producción no
se hizo patente hasta la Revolución industrial que tuvo lugar en el siglo XIX.
Sin embargo, ya antes del inicio de la industrialización había aparecido una de las figuras más características del
capitalismo, el empresario, que es, según Schumpeter, el individuo que asume riesgos económicos. Un elemento clave
del capitalismo es la iniciación de una actividad con el fin de obtener beneficios en el futuro; puesto que éste es
desconocido, tanto la posibilidad de obtener ganancias como el riesgo de incurrir en pérdidas son dos resultados
posibles, por lo que el papel del empresario consiste en asumir el riesgo de tener pérdidas.
El camino hacia el capitalismo a partir del siglo XIII fue allanado gracias a la filosofía del renacimiento y de la Reforma.
Estos movimientos cambiaron de forma drástica la sociedad, facilitando la aparición de los modernos Estados
nacionales que proporcionaron las condiciones necesarias para el crecimiento y desarrollo del capitalismo. Este
crecimiento fue posible gracias a la acumulación del excedente económico que generaba el empresario privado y a la
reinversión de este excedente para generar mayor crecimiento.
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LA IGLESIA Y LA CUESTION SOCIAL
Durante la primera mitad del siglo XIX, la Iglesia católica comenzó a manifestar su preocupación frente a la presencia
de un proletariado empobrecido y en constante aumento. La Iglesia ,adopta soluciones que pasaban por la caridad.
En Francia, por ejemplo, fue creada la Sociedad de Moral Cristiana, de la que surgieron numerosas instituciones cajas
de ahorro y sociedades de socorros mutuos. La Sociedad tenía un comité para el perfeccionamiento moral de los
presos y otro para la ubicación de éstos. Hacia 1891, el Papa León XIII dictó la encíclica Rerum Novarum en la que la
Iglesia trató problemas propios del mundo contemporáneo, como el salario, y expresó su preocupación por las
condiciones de vida de los trabajadores.
Pío X, el Papa que sucedió a León XIII, desatendió el reformismo religioso de su antecesor e impulsó el integrismo
concepción religiosa por la cual la vida profana (es decir, aquella que no se ajustaba a los principios religiosos) debía
subordinarse a los principios inmutables del catolicismo, como también, a las decisiones que la Iglesia adoptara. De
este modo, todo católico permanentemente debía dar muestras indudables de profesar una fe íntegra y absoluta.
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