ISABEL Y FERNANDO, LOS REYES CATÓLICOS (1º Parte: la

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ISABEL Y FERNANDO, LOS REYES CATÓLICOS
(1º Parte: la cuestión peninsular)
Autor: Jesús Antonio Gámez Lara.
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ÍNDICE
1. INTRODUCCIÓN.
2. ISABEL LA CATÓLICA Y LA CORONA DE CASTILLA
2.1.
Inestabilidad política en la Castilla bajomedieval
2.2.
Los toros de Guisando y sus repercusiones
2.3.
Isabel y Fernando envueltos en una guerra civil
2.4.
Reparto de poderes en la nueva monarquía
3. REFORMAS EN LA ADMINISTRACIÓN DEL ESTADO
3.1.
Las cortes de madrigal y la contaduría mayor
3.2.
La Santa Hermandad
4. CONSOLIDACIÓN DE LA NUEVA MONARQUÍA
4.1.
Fortalecimiento de la administración central
4.2.
Aplicación de la justicia fuera de la corte
5. FERNANDO EL CATÓLICO Y LA CORONA DE ARAGÓN
5.1.
Cataluña
6. EL FIN DE LA RECONQUISTA: GRANADA
6.1.
Las campañas decisivas
6.2.
Capitulaciones de Granada
7. LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS
8. BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA.
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1. INTRODUCCIÓN
Seria difícil encontrar un periodo en la historia de la península de mayor unidad
política entre todos los reinos que el de los Reyes Católicos, de mayor proyección
fuera de las fronteras, con el consiguiente prestigio en Europa, de expansión en el
nuevo continente, de renovación de la unidad religiosa, de estabilidad social y
económica y, en definitiva, de un periodo de prosperidad recordado tras los siglos.
No obstante, son muchas las sombras que existen en torno a los Reyes
Católicos, aunque en conjunto, son mas luces que sombras. Al fin y al cabo, la época
anterior de los Reyes Católicos había sido tan insegura y tan frágil, corrobora aún más,
el periodo de solidez de la monarquía Católica.
Ciertamente, tanto Isabel como Fernando, tuvieron necesidad de lavar la
macula de su acceso al poder, ante candidatos tanto o más cualificados que ellos.
2. ISABEL LA CATÓLICA Y LA CORONA DE CASTILLA
2.1.
Inestabilidad política en la Castilla bajomedieval
En Castilla, la infanta Isabel se había impuesto a Juana “la Beltraneja”, hija de
su hermanastro Enrique IV. Desde entonces, en medio de la crisis de la Baja Edad
Media y con la permanente debilidad del trono, los nobles castellanos habían ido
incrementando su poder a costa de la monarquía. De este modo la nobleza era una
amenaza para las otras clases sociales, como prueban los movimientos sociales que
salpicaron la Castilla bajo medieval, aunque también debido a su ambición dicha
nobleza podía devorarse así misma.
Esta dinámica se reproducía en las minorías de edad de los reyes, con las
regencias de los reinados de Enrique III y Juan II de Castilla, además de la constante
intromisión de los infantes de Aragón, pertenecientes al linaje de Fernando de
Antequera, que poseía una gran influencia en Castilla.
Estos grandes señores, habían protagonizado en la primera mitad del siglo XV
duros enfrentamientos con el primer valido de la historia española, don Álvaro de
Luna, que acabo en el cadalso, no sin marcas antes un precedente: la necesidad de
imponer el poder de la corona por encima de cualquier otra presión.
2.2.
Los toros de Guisando y sus repercusiones
El pacto de los Toros de Guisando (1469) con Enrique IV, mostraba a una
Isabel fuerte, es decir, que no iba a convertirse en una marioneta. A cambio de ser
reconocida como heredera de su hermano, la infante acataba al rey como único poder
legítimo.
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Imagen de Juana “La Beltraneja”
Juana “la Beltraneja” quedaba excluida de la sucesión, debido a su ilegitimidad
como hija de Enrique IV y Juana de Portugal, debido a la falta de la dispensa papal en
el matrimonio de ambos monarcas, ya que ambos eran primos cercanos.
2.3.
Isabel y Fernando envueltos en una guerra civil
En 1469, el matrimonio de Isabel de Castilla junto con Fernando de Aragón,
venía a colmar las aspiraciones de los nobles insurrectos, en inteligencia con el líder
del partido aragonés en Castilla, Juan II de Aragón. Este entendimiento provocó la
reacción contraria de Enrique IV y sus partidarios, ya que pensaban que la
intervención de los aragoneses desequilibrase el reino, expectantes ante la
inoperancia del acuerdo de los Toros de Guisando, en cuyas clausulas se había
especificado que la boda de Isabel, como princesa de Asturias, era asunto de estado
que concernía al rey.
El enlace se produjo bajo un estricto secreto en Valladolid, previa dispensa
papal, ya que ambos también eran primos, aunque también se defiende entre una
parte de los historiadores, que dicha bula fue falsificada por el arzobispo Carrillo.
Enrique IV, desheredo a Isabel tras su matrimonio y reconoció de nuevo a
Juana, aunque no supo mantener su posición por lo que no se atrevió a zanjar el
conflicto por medio de las armas, por el contrario tanto Isabel como Fernando
mostraban una rígida posición.
Las alianzas entre los nobles empezaban a trastocarse. Los Villena, Girón y
Carrillo acabarían del lado de Juana y el rey portugués, ya que pensaban que tendrían
mayores beneficios. Los Mendoza, Osorio y Alba, junto a diversas ciudades y villas,
terminaron por apoyar a los príncipes, proclamados como Reyes Católicos a la muerte
de Enrique IV en diciembre de 1474, en un intento de asegurar el poder político frente
a la mas que seguro guerra civil.
2.4.
Reparto de poderes en la nueva monarquía
El 13 de diciembre de 1474 Isabel de Castilla es coronada como reina, en Segovia,
despertando en su propio marido y los consejeros de este un profundo malestar, ya
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que recelaban por la prontitud con la que se había llevado a cabo la ceremonia, en la
que a Fernando solo se le adjudicaban el título de rey consorte.
Seguramente este acto se hallaba acorde con las capitulaciones matrimoniales
de 1469, pues no de otra manera hubiese aceptado Isabel desposarse, aunque
seguramente, los consejeros del monarca aragonés pensarían que el tiempo
cambiaría la situación, obteniendo Fernando el trono castellano.
3. REFORMAS EN LA ADMINISTRACIÓN DEL ESTADO
3.1.
Las cortes de madrigal y la contaduría mayor
Las cortes de Madrigal, celebradas en abril de 1476, dieron los primeros pasos
en las pretensiones de los reyes en materia hacendística, como de orden público, para
finalizar de una vez por todas el conflicto bélico.
En verano de 1475, Isabel y Fernando s habían visto obligados a solicitar
ayuda económica a la iglesia de su reino, así mismo se tenía presente en incesante
incremento del bandolerismo, que campaba a sus anchas por Castilla. Por ello se llevo
a cabo las reformas de la Contaduría y la creación del Tribunal de la Hermanad.
Respecto a la Contaduría, su creación poco pudo aportar, ya que solo se
llevaron a cabo retoques estructurales en la administración hacendística, en la cual se
exigía un mayor rigor de gestión.
3.2.
La Santa Hermandad
La Santa Hermandad, tuvo un gran éxito, debido a la tradición imperante en
Castilla, cuyas ciudades y villas desde hace varias décadas se unían para combatir el
bandolerismo, así como la violencia señorial, muchas veces, ambas iban cogidas de la
mano.
Existían precedentes como la Hermandad de Burgos (1315), la Hermandad
Vieja de pastores y colmeneros de miel de Toledo, Talavera y Ciudad Real, de
mediados del siglo XIV, que sirvió de modelo en cuanto a organización de la milicia en
cuadrillas y a la constitución de magistrados locales o alcaldes.
La Santa Hermandad carecía de autonomía concejil, además los monarcas
accedieron a la creación de la hermandad a petición de Burgos, pero exigiendo la
obligada anexión de ciudades y villas, que deberían designar dos alcaldes por cada
treinta hogares, un jinete por cada cien y un caballero de armas por cada cincuenta.
Esta hermandad estaría fiscalizada por miembros de la monarquía, además de
un consejo nacional presidido por funcionarios reales.
La hermandad se constituyó como un ejército permanente, que podría utilizarse
en múltiples ocasiones, pero de enorme gravamen económico para todo aquel que
estaba sujeto a cargas impositivas.
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4. CONSOLIDACIÓN DE LA NUEVA MONARQUÍA
La consolidación de la nueva monarquía lleva a su lado, las distintas reformas,
siguiendo la línea apuntada en Madrigal.
Con Juan II y con Enrique IV, debido a la insolvencia de la hacienda, se
hipotecó prácticamente la mayoría del patrimonio para contentar de esta forma a los
señores. Los Mendoza y el reto de las grandes familias nobiliarias que habían
apoyado a los Reyes Católicos tenían las ideas claras, las cuales eran encontrar un
camino medio que favoreciese las finanzas del trono, ya que el aumento del poder
real, garantizaba la supervivencia de la nobleza y la estabilidad social, asumiendo
perdidas con tal de sanear sus propiedades.
La monarquía y la nobleza llegan al acuerdo de una reducción del 50% de las
cargas situadas sobre el tesoro, además los nobles debían de reconocer la mayor
parte de sus adquisiciones hasta la fecha de 1464, momento del inicio de la
conflictividad social y política que había conducido a la guerra civil.
Este acuerdo fue satisfactorio para todos exceptuando a las ciudades, en la
que sus procuradores actuaron como títeres, mientras observaban un nuevo pacto
entre monarquía y nobleza.
4.1.
Fortalecimiento de la administración central
Gracias al pacto anteriormente comentado, la monarquía podía llevar a cabo
una actitud fuerte, teniendo una apariencia de gobierno independiente. Este fue el
precio que pago la nobleza, a cambio de su consolidación, gracias a títulos y cargos
en la corte.
El Consejo Real, institución que se remonta al año 1385, asume la gestión
administrativa y se convierte en la suprema instancia judicial. Los Reyes Católicos no
innovaron grandes cosas, pero si fueron muy eficaces en su gestión.
El remozado Consejo Real, estará presidido por un obispo y formado por nueve
letrados, estarán todos a las órdenes de la monarquía, pero tendrá rango de institución
superior. Además el consejo no olvidará sus funciones judiciales, al menos en lo
relacionado con los recursos de apelaciones de los alcaldes de casa y corto, en los
pleitos civiles y en las segundas suplicaciones de las querellas más importantes de la
audiencia.
4.2.
Aplicación de la justicia fuera de la corte
La justicia fuera de la corte fue regulada desde 1480 por medio de la Real
Audiencia, conocida también como Chancillería de Valladolid. Estaba formado por
once miembros entre los que destacamos, un prelado como presidente, cuatro
oidores, tres alcaldes, un procurador fiscal y dos abogados de pobres.
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Esta audiencia tiene que estar por encima de los amotinamientos de los jueces
o de la influencia de la nobleza, solo puede estar por encima de ella, la monarquía,
como juez supremo en sus reinos.
Los reyes saben, que deben de perfeccionar el aparato judicial, por lo que se
establecen salas de lo criminal, de lo civil y otras dos especializadas en pelitos de
hijosdalgo y procesos a los naturales de Vizcaya, que por fuero son nobles. Además
se creara una segunda chancillería en 1494, situada en Granada, que dividirá en dos
los límites judiciales, cuya frontera será el Tajo.
5. FERNANDO EL CATÓLICO Y LA CORONA DE ARAGÓN
Fernando en 1477, era todavía príncipe, pero ya se atisbaba el presagio del
monarca que llevaría la recuperación económica, social y política que tanto ansiaba
Aragón. Tras su matrimonio con Isabel de Castilla, la nueva monarquía debía de
asentarse en Aragón y sobre todo en Cataluña.
Imagen de Fernando el Católico
5.1.
Cataluña
La situación en Aragón como anteriormente hemos comentado era muy
propicia para Fernando, rodeado además de un fuerza política partidaria de alejarse
de los anteriores extremismos.
Fernando actuó de manera rígida en la devolución a sus antiguos poseedores
de las propiedades confiscadas en la guerra, además de indemnizar a los partidarios
de la monarquía con una suma de 100.000 libras y proteger las industrias básicas de
Cataluña y evitar las posibles competencias.
La Constitució de la Observança, aprobada en ausencia de Fernando, restauró
el papel de la Generalitat, organismo nacido en el siglo XIV como diputación
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permanente de las cortes, tenía la obligación de denunciar al tribunal de la Real
Audiencia de Barcelona, cualquier litigio cometido contra el régimen foral.
Esta institución fue el precio que por el momento debía de pagar el monarca,
para consolidar una verdadera paz en Cataluña, además debía de respetar e voz y
voto de las instituciones en las posibles decisiones.
6. EL FIN DE LA RECONQUISTA: GRANADA
La Castilla de finales de 1481 no era ya el anárquico reino de años atrás y
tampoco la nobleza actuaba con su afán acaparador de antaño. La toma de Alhama en
1482, era un símbolo, ya que dicha población solo se encontraba a cinco leguas de la
capital del emirato, aunque también durante este periodo se produjeron sonados
fracasos como el desastre de Loja en 1483.
El momento clave fue la insurrección de Boabdil y su posterior coronación
como Muhammad XII, con el apoyo de los Abencerrajes, este proceso debilito la
cohesión granadina.
El cautiverio de Boabdil por parte de Fernando en agosto de 1483, tras la
batalla de Lucena, abría un nuevo horizonte, ya que se quería conseguir una total
sumisión del reino nazarí, para de esta forma, volver la mirada hacia el reino de
Aragón, en el cual los problemas no eran ni mucho menos inexistentes.
6.1.
Las campañas decisivas
La posición de Boabdil en el emirato era más que precaria, convirtiéndose en
hombre fuerte de la resistencia Al-Zagal, que debido a sus continuas razias, obligó a
Isabel la Católica a ocuparse de forma prioritaria del reino de Granada.
La guerra necesitaba de nuevas tácticas, ya que la situación del reino, rodeado
de escarpados castillos de fácil defensa, los hacía casi inexpugnables, por lo tanto, la
corona de Castilla, utilizara la denominada caballería ligera y sobre todo la artillería e
infantería. Pero el traslado de las pesadas piezas de artillería por caminos tortuosos
hacía necesaria la intervención de ingenieros que facilitaran la comunicación.
La victoria final supone un esfuerzo colectivo de la nobleza, de las órdenes
militares, la iglesia y sobre todo, de los concejos de las grandes ciudades.
Las campañas militares se planifican con seriedad, Ronda y la serranía
occidental, el foco más activo de la guerra fronteriza, caen en 1485 y la mayor parte de
la vega central, con Loja, Illora, Mocín, Montefrío, capitula en 1486, dejando a la
capital totalmente desarmada. En 1487, tras la rendición del puerto de Málaga, se
produce el estrangulamiento económico y político del emirato, por lo que la caída de la
ciudad es cuestión de tiempo.
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6.2.
Capitulaciones de Granada
La Granada Nazarí resistía los envites castellanos, por lo que los reyes ven
necesario su presencia en tierras andaluzas, para desarrollar nuevas campañas. Su
plan se llevo a cabo en las dos fases que a continuación detallamos:
1) Rendición sin resistencia, de la mayor parte de la zona nororiental, con las
poblaciones de Vélez Blanco, Vélez Rubio y Vera, producidas estas en
1488. Estas tierras estaban además bajo el dominio de Boabdil, por lo que
poca resistencia pusieron.
2)
Se llevaran a cabo los asedios de Baza, Guadix y Almería, territorios
controlados por Al-Zagal. Incluso Isabel la Católica se desplazo al sitio de
Baza para infundir ánimos a sus soldados.
Los Reyes Católicos pensaron que la caída de Baza en 1489, constituiría el
final del conflicto, pero no contaron con los últimos intentos de supervivencia de
Boabdil, sitiado ya en su propia capital, además de algunos focos insurrectos situados
en la Alpujarra.
Isabel y Fernando se desplazaron al campamento de Santa Fe, que se edificó
en ochenta días a partir del 9 de junio de 1491, este lugar fue la prueba fehaciente del
destino que presentaba Granada.
Boabdil por su parte, ya había pactado en un par de ocasiones con los
monarcas, en sus últimos momentos busca un perdón moral ante sus vasallos y ante
el Islam, ya que está a punto de perder una de las grandes joyas arquitectónicas
musulmanas como es la Alhambra, por lo tanto desea mejorar los términos de las
capitulaciones.
Esta capitulación fue pactada el 25 de noviembre, entre sus acuerdos preveía
la entrega de la ciudad nazarí sesenta días después, pero por temor a posibles
revueltas, la capital será entregada en la madrugada del dos de enero de 1492, debido
a la incursión de un destacamento cristiano que tomaría posesión de los puntos
estratégicos de la ciudadela militar.
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Capitulaciones de Santa Fe.
De esta forma se llevaba a cabo una transmisión no violenta y los reyes, en el
atardecer del mismo día, encabezaron el cortejo que tomó de manos de Boabdil las
llaves de la ciudad.
La guerra de Granada había terminado pero no el conflicto cristiano-musulmán,
ya que las capitulaciones firmadas no fueron respetadas, entre los puntos no
respetados podemos destacar:
-
Respeto a la libertad personal.
-
Respeto a la propiedad de bienes muebles.
-
Respeto a la conservación de los aspectos más importantes de la
estructura socioeconómica y de la mentalidad colectiva de las comunidades
musulmanas
Los musulmanes sufrieron el nuevo dominio impuesto y para los cristianos, ya
habían transcurrido los tiempos de la pacífica convivencia entre religiones, por lo tanto
desde abril de 1492, la intolerancia se irá haciendo dueña del nuevo panorama en el
solar peninsular.
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7. LA EXPULSIÓN DE LOS JUDÍOS
“E ivan por los caminos e campos con mucho trabajo e fortuna, unos cayendo, otros
levantando, unos muriendo, otros nasciendo, otros enfermando, que no avia cristiano
que no oviese dolor dellos (…)”
Con estas líneas expresaba Andrés Bernáldez, la marcha de los judíos, tras el
decreto de expulsión firmado por los Reyes Católicos en Granada el 31 de marzo de
1492.
Más de una década había transcurrido desde que las Cortes de Toledo de
1480 exigieran medidas contra los judíos, que ya habían sido segregados a guetos en
las distintas ciudades castellanas, además de vestir con un identificativo en sus
ropajes. A esto le sumamos la maquinaría inquisitorial, que ya había extendido su
jurisdicción a la mayor parte de los territorios de la monarquía y que estaban al acecho
de los posibles conversos cristianos que seguían practicando en sus hogares el
judaísmo.
La verdadera preocupación de los Reyes, era limpiar el solar peninsular de otro
tipo de religiones para poder de esa forma adoptar el título de Reyes Católicos,
impuesto por el papa Alejandro VI en 1494. De esta forma, los monarcas creían
reforzar el estado moderno que pretendían crear sobre los cimientos de una unidad
dinástica de sus reinos.
Las consecuencias de esta expulsión fueron meditadas por los monarcas, que
no querían adueñarse de los bienes de los judíos, ya que extraían mayor productividad
fiscal por medio de su permanencia en el territorio castellano. También se producirían
protestas de municipios debido a que la marcha de los judíos reduciría sus negocios
mercantiles, desestabilizando la economía. Pero todos estos detalles eran mínimos
para los reyes ya que obtendrían beneficios políticos y espirituales.
A los judíos sólo les quedaba como alternativa, frente al destierro, la
conversión. Algunos importantes judíos como el rabí Abraham Señero junto con
miembros de su familia se bautizaron en presencia de Isabel y Fernando pero la
mayoría de los judíos tomaron el camino del exilio, entre 50.000 y 150.000
abandonaron la península Ibérica.
Los judíos hispanos fueron acogidos con mayor o menos agrado por Portugal,
Flandes, el norte de África y el Imperio Turco, cuyo sultán Bayaceto II, dio órdenes
favorables a su recibimiento. En Salónica, Constantinopla o Adrianópolis, los
sefarditas, descendientes de los judíos expulsados, conservarían la lengua y
tradiciones de su patria originaria hasta nuestros días.
8. BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA
-
BELENGUER, E. Fernando el Católico, Península, Madrid.
-
FERNANDEZ ALVAREZ, M. Isabel la Católica, Espasa-calpe, Madrid.
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-
FLORISTAN, A. Historia de España en la edad Moderna, Arial, Barcelona.
-
www.artehistoria.com
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