Sepúlveda de Yeltes: fidelidad y evolución

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CLÁSICOS GANADEROS EN LAS VENTAS
Los toros de “Sepúlveda de Yeltes” mantienen su seriedad y buena crianza tradicionales, pero ahora con hechuras más bajas y afinadas, como muestran los de
la camada de 2013.
Sepúlveda de Yeltes:
fidelidad y evolución
Anclada en una tradición casi centenaria, la ganadería de Sepúlveda de Yeltes supo evolucionar para acomodarse a los distintos escenarios de la tauromaquia en cada época. Y aunque a lo largo del tiempo fue incorporando sangres diferentes, en realidad su estilo y filosofía se mantuvo en lo esencial, centrada en la búsqueda de un toro noble y con clase. Tras llegar a lo más alto en los años 80 y mediados de los 90, con el apego de las figuras, una súbita y aguda crisis de juego la relegó en pocas temporadas a carteles más modestos
y obligó a su actual director, Íñigo Sánchez-Urbina, a buscar nuevos caminos para volver a encontrar el éxito. Un proceso duro, siempre lento y aún más difícil en época de crisis, que esta divisa salmantina afronta con
realismo, ideas claras y la clave de una afición desmedida.
Texto: Joaquín López del Ramo
Fotografías: Manuel Durán,
Joaquín López del Ramo y
Sánchez Vigil
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P
or genealogía familiar, “Sepulveda”
entronca con una de las casas ganaderas más asoleradas del Campo Charro, como son los Sánchez de
Agustínez, quienes en 1924 compraron
la primera ganadería del marqués de Villagodio, originaria de sangre veragüeña y luego cruzada con Coquilla. Pero
la historia independiente de “Sepúlveda
de Yeltes” se inició cuando el abuelo de
sus actuales dueños, Ignacio Sánchez y
Sánchez (no confundir con el ganadero
homónimo y primo suyo que poseyó el
hierro de Trespalacios) adquirió en 1942
una importante partida de reses de
Juan Terrones, quien a su vez era pro-
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pietario desde 1920 de la mitad de la
muy famosa vacada de Contreras.
Como es sabido, aunque Contreras se
llevó la fama, en realidad fueron los salmantinos Sánchez de Terrores y Sánchez Rico, quienes conformaron y dieron categoría a esta sangre. Sus toros gozaron de un gran prestigio entre los toreros por su embestida noble y boyante, basada en la bravura, además de poseer una morfología poco aparatosa.
Don Ignacio debutó en Burgos, ya a
nombre de “Sepúlveda de Yeltes”, el año
1946 con una corrida que despacharon
Domingo Ortega, Pepe Luis Vázquez y
Parrita. Durante las dos siguientes décadas lidió con notable éxito, si bien no
compareció en Las Ventas, ya que los toros con más trapío de las camadas eran
comprados por la empresa Balañá, o
bien se destinaban a la feria de Pamplona.
DE C ONTRERAS A TAMARÓN
En el año 1958, la mitad de la ganadería fue vendida al conde de Mayalde, y
otro lote fue a manos de Vicente Charro; ambos consiguieron triunfos destacados con los toros de origen
Contreras, lo que evidencia tanto la calidad de lo comprado a “Sepúlveda”
como, por supuesto, su acertado tino
como criadores. Por fallecimiento de
don Ignacio, la vacada pasó en 1960 a
manos de sus hijos, Antonio y Luis
Sánchez-Urbina, quedando el primero
de ellos como único propietario unos
años después, momento en que compró el hierro actual, al que traspasó
todas sus reses.
Lo de Terrones se fue enriqueciendo
con otros sementales, entre los que cabe
destacar a Sangriento, de Sánchez Rico,
que ligó de forma extraordinaria. Durante los años 60 los contreras de “Sepúlveda” mantuvieron su muy buen cartel, pero finalizando la década la Fiesta
empezó a cambiar. Al tratarse de toros
cornicortos y de no excesivo tamaño,
como todos los de la misma procedencia, eran mal vistos por la corriente de
prensa autodenominada “torista”, que
tanto daño ha hecho a la variedad genealógica de la cabaña brava. Por otro
lado, existía una elevada consanguinidad, y ante la perspectiva de poder lidiar
sólo en novilladas o plazas pequeñas el
ganadero inició un progresivo cambio.
En 1967 se produjo una primera renovación de sangre con la llegada de un
Toros del debut de Antonio Sánchez-Urbina en la feria de San Isidro, el 18 de mayo de 1979, fotografiados
en la Venta del Batán. Aún se aprecia la huella Contreras.
lote de vacas y sementales de Javier Solís de Casablanca, procedentes por vía
directa de Juan Cobaleda, cuñado de
Atanasio Fernández y del mismo origen
Tamarón-conde de la Corte que las de
éste. Sin abandonar por completo la
base de Contreras (como lo prueba la
pervivencia de los nombres de muchas
reatas hasta la actualidad) ya entrada la
década de los setenta don Antonio se
decantó más claramente hacia lo de Atanasio, que daba un tipo de toro más
grande y con más pitones. En 1977, don
Antonio reforzó de forma decisiva la línea Tamarón mediante la compra a Atanasio Fernández de una partida de vacas y el semental Malagueñito, a los que
añadió un lisardo de idéntico origen llamado Gironero.
gundo, Hojalatero, también muy bueno,
tras cuya muerte dio la vuelta al ruedo
Manili. La ganadería se anotó otros
triunfos importes en esa misma temporada, especialmente la magnífica corrida de la feria de julio de Valencia.
Todo apuntaba, como así fue, a que los
sepúlvedas estaban en condiciones de escalar a lo más alto. Sin embargo, el prematuro fallecimiento del ganadero en febrero de 1980 le impidió ver culminada
su obra, y fueron sus hijos, los hermanos Sánchez-Urbina Chamorro, quienes
disfrutaron de ella.
Dos años antes, en la corrida de Beneficencia de 1975, se había producido
el estreno de la ganadería en Madrid,
aunque pudiera decirse que fue por “la
puerta de atrás”, ya que los toros de “Sepúlveda” llegaron para sustituir a los rechazados de Bohórquez. Fue la tarde del
12 de junio y en aquél festejo actuaron
Ruiz Miguel, Niño de la Capea y Roberto Domínguez. La cosa salió regular,
ya que los animales dieron pocas opciones al éxito, si bien el maestro Capea
pudo cortar las dos orejas al más noble
de ellos, el segundo, de nombre Idiota.
En la feria de San Isidro de 1980 Curro Romero estoqueó varios toros de
“Sepúlveda”, pero además de ellos, el 30
de mayo saltaron al ruedo de Las Ventas cinco de este hierro para Gabriel de
la Casa, Roberto Domínguez y Tomás
Campuzano; dieron juego desigual,
pero el segundo, Imprudente, fue un
toro de triunfo claro. El siguiente hito
que consolidó la ganadería en Madrid
fue la corrida del 19 de mayo de 1984,
a la que se apuntaron Dámaso González, Niño de la Capea y Espartaco.
Abrió plaza el toro Tramposo I, que fue
soberbio en la muleta y permitió a Dámaso cortar una oreja; también fue de
éxito el tercero, llamado Sacristán. Este
mismo año, Pajarero obtuvo el trofeo
“Toro de Oro” en la feria de Salamanca.
Don Antonio debutó en la feria de
San Isidro el 18 de mayo de 1979, y aunque su corrida no pudo salir completa,
dos de los cuatro ejemplares lidiados fueron excelentes: el primero, de nombre
Enrejado, que tuvo gran calidad y temple en la muleta de Paco Alcalde, y el se-
MOMENTO ESTELAR
Mediada la década de los ochenta, la familia Sánchez-Urbina había dado un sello distintivo a sus toros, en una especie de recreación de los atanasios y lisardos con un toque de Contreras. Lograron unos animales más finos, des-
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CLÁSICOS GANADEROS EN LAS VENTAS
baratado en el reconocimiento veterinario (era tarde de figuras…) y del que
sólo se lidiaron cuatro toros. El sexto,
Enrejado II, fue sensacional y se llevó el
premio del Ayuntamiento de Madrid al
más bravo del serial. Parecida jugada se
produjo en el festejo isidril del 17 de
mayo de 1990, en el que sólo pudieron
correrse cuatro toros de esta divisa, dos
de cuales fueron excelentes: el primero,
Voluntario, con el que Fernando Lozano
confirmó alternativa, y el gran Judío, al
que Ortega Cano cortó una oreja.
Ortega Cano frente al toro Tramposo, lidiado el 18 de mayo de 1992 en la corrida que se llevó el premio a
la más brava de San Isidro.
colgados de cara y acucharados de
cuerna, con predominio de los pelos negros, colorados, castaños y salpicados,
e intentaron corregir el típico comportamiento frío o avanto de salida característico de muchas ganaderías originarias de Tamarón, y especialmente de la
rama Atanasio, manteniendo su proverbial clase.
La corrida lidiada el 23 de mayo de
1985 en la feria del santo labrador
mostró un comportamiento desigual,
dentro de una tónica buena, y de nuevo saltaron en ella otros dos toros notables: Intendente, al que el Niño de la Capea cortó una oreja tras un gran faena,
y Delicado, que fue noble a más y con un
punto de transmisión en manos de Julio Robles. Un éxito memorable en la feria de Salamanca de ese año, donde Capea, Manzanares y Ojeda cortaron seis
orejas y un rabo y se le dio la vuelta al
ruedo al toro Campesino, terminó de poner a “Sepúlveda” en la cumbre de las
preferencias toreras.
en el éxito, y en dicho sentido la temporada 1988 marcó un punto de inflexión. El 9 de junio de ese año se lidiaron cinco cuatreños en la corrida de Beneficencia, que torearon Rafael de Paula, Joselito y Fernando Cepeda. Dentro
de un fondo de nobleza general, destacaron los del lote del gitano de Jerez, llamados Sacristán y Churrascón, y la noble
boyantía del sexto, Enrejado, al que
Cepeda cortó una oreja.
En la feria de San Isidro de 1989 los
ganaderos de “Sepúlveda” trajeron un
serio encierro que fue extrañamente des-
La corrida de San Isidro de 1991pecó
de mansedumbre, si bien el sexto, Humorista, desarrolló nobleza en la faena
de Litri. Pero los astados del campo de
Yeltes volvieron a Las Ventas el 1 de octubre siguiente con Manzanares, César
Rincón y el confirmante Luguillano, y
entre ellos hubo dos extraordinarios: el
primero, de nombre Taquillero, que embistió de ensueño, y el tercero, un puro
atanasio llamado Cardicaco al que cortó una oreja Rincón, que obtuvo otra de
un sobrero de Moura y salió por la puerta grande. De aquella temporada cabe
recordar también las magníficas corridas
de las ferias de San Fermín y Almería.
El 18 de mayo de 1992 se lidió el lote
más completo de “Sepúlveda” que hemos visto hasta el momento en Madrid,
una corrida que fue premiada como la
mejor de la feria y en la que embistieron con claridad nada menos que cinco
toros: Tramposo, Preciosito, Imprudente,
Prisionero y Tabaquero, destacando por su
El encierro lidiado en la feria de San
Isidro de 1986 supuso por su mansedumbre un borrón dentro de una línea
ascendente, si bien el Niño de la Capea
volvió a triunfar cortando una oreja del
toro Pajarero. Tampoco los toros lidiados en Madrid en la temporada 1987
añadieron especiales laureles al palmarés de la ganadería.
A finales de los 80 los sepúlvedas lograron alcanzar la anhelada regularidad
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Enrique Ponce en su fanea de consagración en Madrid con otro gran sepúlveda de nombre Tramposo, el 1
de junio de 1994.
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tándole una oreja. En las siguientes temporadas las cosas rodaron con desigualdad para la ganadería salmantina, hasta
que el 2 de junio de 2002 volvió a anunciar una corrida en San Isidro, en la que
saltó un toro bravo y noble, llamado Cariotito, al que El Fandi cortó una oreja. Dos
tardes se anunció en Madrid el año
2003, y aunque en ellas predominó lo
deslucido, justo es recordar que en ambas hubo un toro con posibilidades de
éxito, sobre toro Enrejado, que le tocó a
Sergio Martínez el 29 de junio.
El clasicisimo y empaque de José Luis Bote frente al excelente toro de “Sepúlveda” al que cortó una
oreja en la feria de San Isidro de 1999.
gran juego los dos primeros, que integraron el lote de Ortega Cano, y el tercero de los nombrados, que le tocó a
Paco Ojeda. Si esta fue la cara, la cruz
llegó el 1 de octubre del mismo año por
lo soso y deslucido de los seis toros estoqueados en solitario por Enrique Ponce. En la temporada 1993 sólo pudieron
lidiarse tres toros, que rompieron con
nobleza en el último tercio, en especial
el tercero, Preciosito, con el que Finito de
Córdoba realizó una excelente faena mal
rematada con la espada, y el cuarto, Baratero, que correspondió a Ortega Cano.
En el año 1994 “Sepúlveda” compareció tres tardes en Madrid. La primera
en la concurso del 2 de mayo, con un
toro noblón. La segunda fue el 1 de junio, en un cartel de lujo compuesto por
Manzanares, Paco Ojeda y Enrique
Ponce, quien se consagró aquella tarde
en Madrid tras realizar una gran faena
al mejor toro del encierro, el tercero,
Tramposo, tras cuya muerte cortó una
oreja y dio dos vueltas al ruedo. Los cuatro morlacos de este hierro lidiados en
la feria de Otoño de este mismo año sacaron nobleza y movilidad, sobre todo
Campesino y Hospedero, y a ambos cortó una oreja Juan Mora, que así pudo salir a hombros por la puerta grande.
BACHE Y R ENOVACIÓN
De forma brusca y para muchos sorprendente, mediados los años 90 la regularidad de los sepúlvedas empezó a
menguar, lo que desembocó en un bajón de juego y la pérdida de su puesto
en los carteles estelares. La mansedumbre de los toros jugados en la corrida de Beneficencia de 1995 en un
mano a mano entre Rincón y Ponce fue
el primer aviso serio. En la temporada
1996 sólo uno de los toros lidiados en
Madrid fue bueno de veras, Preciosito,
que le tocó a Juan Mora el 1 de junio,
pero sus hermanos de camada corridos
ese día y los de la feria de Otoño en general dejaron mucho que desear por su
sosería. Parecido juego, con ligeros matices, dieron las corridas de las ferias de
San Isidro de 1997 y 1998.
En el año 1997 se recuperó el hierro
originario de la familia, poniéndose a
nombre de “Sánchez Urbina”, que hoy
es propiedad de Antonio, hermano de
Íñigo. Se formó con vacas domecqs de
“Aldeanueva”, luego reforzadas con
otras de “El Torreón” y Sánchez Arjona, y funciona como ganadería totalmente independiente y separada de
“Sepúlveda”.
Siguiendo nuestro relato cronológico,
el 17 de mayo de 1999 pareció que “Sepúlveda” volvía por su fueros en Madrid
gracias a una manejable corrida estoqueada por José Luis bote, Finito de Córdoba y Javier Conde, en la que sobre todo
hubo un cuarto toro magnífico, también
de nombre Tramposo, con el que Bote lució su proverbial torero de empaque, cor-
Desafortunadamente, las apariciones
de la ganadería en el ruedo madrileño
durante el periodo de 2004 a 2011no
han contado con ningún ejemplar
digno de mención, sino al contrario.
No es fácil explicar esta crisis, aún
cuando los ganaderos elevaron el listón
de exigencia en las tientas, pero así
acontece en ocasiones con esta alquimia que es la crianza de ganado bravo.
Tampoco fue bueno el excesivo aumento en el tamaño de las reses, aspecto que siempre redunda de manera
negativa en su juego.
Unas y otras causas, además del absurdo y reciente desapego de algunas figuras hacia las vacadas de origen Atanasio, sin olvidar la desaparición de la
propia vacada matriz de “Campocerrado”, aconsejaron a Íñigo Sánchez-Urbina
dar un nuevo rumbo a “Sepúlveda”. Y
como hiciera su padre cuatro décadas
atrás, sin abandonar la base genética de
su ganadería, en los años 2000 fue incorporando sementales de diversos hierros originarios de Juan Pedro Domecq,
tales como Daniel Ruiz, Sánchez Arjona, García Jiménez o el conde de Mayalde, junto con algunas vacas de la misma sangre. La idea es clara: hacer un toro
más bajo y armónico sin perder trapío,
y dar bravura, alegría y continuidad a las
embestidas.
Una reciente visita a la dehesa “Sepúlveda de Yeltes” nos ha permitido
comprobar el magnífico aspecto de la camada de toros de 2013, en la que abundan los de pelo colorado ojo de perdiz,
mezclados con negros, mulatos, chorreados y salpicados. Tan serios de cara
y fuertes como los de antes, pero con hechuras más finas y bajas. Fidelidad a un
estilo y evolución para superar la crisis
y reencontrar el éxito, son las claves que
mejor pueden definir el presente de este
clásico ganadero salmantino.
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