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LA OTRA CAMPANA
Profesionales compañeros
A los dos gremios de profesionales que ya existían en el Estado ahora se suman otros tres grupos con un
mismo planteo: no se sienten representados por los sindicatos mayoritarios, quieren mejorar sus salarios y
hacer oír su voz. Se proponen formar una confederación para unir fuerzas.
FOTO
Quieren reunir mas adeptos para luego fijar objetivos. Foto: CIPA
PAULA BARQUET28 ago 2016
Hace poco, durante un cumpleaños, al ingeniero Miguel Fierro se le acercó un amigo, ingeniero también.
Fierro trabaja en UTE; su colega, en la Administración Nacional de Puertos. "Che, vos estás en el gremio
de Aprom, ¿no? ¿Cómo hicieron?", le preguntó. Fierro le comentó los pasos que dieron los profesionales y
mandos medios que hace cinco años resolvieron armar un sindicato aparte del mayoritario. Le explicó
cómo hicieron para constituirse en una persona jurídica y otras formalidades. Ahora la pelota está en la
cancha de los profesionales del puerto.
Los de Aprom (Asociación de Profesionales y Mandos Medios de UTE) no son los únicos del Estado que
han transitado este camino. También existe, y desde hace 17 años ya, el Centro Integral de Personal de
Antel (CIPA), que nuclea a profesionales, jefes y gerentes de esa empresa.
En los últimos meses se han acercado a estos gremios "veteranos" los delegados de varios sindicatos en
ciernes con la misma pregunta del ingeniero de la ANP y con un mismo sentir: que el sindicato mayoritario
de su lugar de trabajo no los representa. El interés se ha expandido y hoy ya hay dos gremios de
profesionales en formación, uno en la OSE y otro en el Ministerio de Salud Pública (MSP). En el
Ministerio de Transporte también se constituyó un sindicato al que se ha afiliado más del 90% de los
arquitectos que trabajan allí.
Además de haber entrado en contacto entre ellos para adquirir el know how, los profesionales han
descubierto que tienen en común más de lo que pensaban: sus jefes no les conceden reuniones, sus
remuneraciones han quedado estancadas, sus inquietudes son ignoradas, sus opiniones han sido acalladas
y, en algunos casos, han empezado a sufrir agresiones. Desde los sindicatos grandes los tildan de
"amarillos", término que alude a quienes están "del lado de la patronal", pese a que su posición está lejos
de la del directorio de la empresa o del gabinete ministerial. Gran parte de sus desgracias comenzaron con
los gobiernos del Frente Amplio, dicen. Advierten que están siendo "discriminados" y "limitados" en su
accionar.
Sentados alrededor de una mesa de la sede del CIPA, a media cuadra de la Torre de Antel, los delegados
de este gremio, junto a los de Aprom UTE y a una representante del MSP, hablan de la "ebullición" de
sindicatos de profesionales en el Estado y concuerdan en la necesidad de "unir fuerzas".
"En la medida que uno ve que hay cosas que si no las defiende uno, no las defiende nadie, empiezan a
surgir los grupos", dice Inés Vidal, de Aprom. "No es lo mismo que vayamos 300 al Parlamento a que
vayamos 1.000", aporta Carlos Piana, del CIPA. "Y muy distinto es que vayamos los profesionales y
mandos medios de Antel a que vayamos los de varias empresas estatales y ministerios", agrega Enrique
Abellá, también de este gremio. Además, unirse les da seguridad.
¿Hasta dónde se proponen llegar? Ana Rosengurtt, del CIPA, imagina constituir una central de sindicatos
de profesionales, pero a Vidal esa denominación no le convence porque teme que se interprete como una
"competencia" del Pit-Cnt. La palabra de consenso es "confederación".
Son conscientes de que para lograr eso falta mucho. Lo primero es juntar a los que están en situaciones
similares, "reunir masa crítica", en palabras de Pedro Pena, de Aprom. Luego, fijar objetivos comunes,
dice Abellá. En esta etapa se han propuesto reunir adhesiones, y confían en que salir a la prensa dará sus
frutos.
Por los de arriba.
Tanto en el caso del CIPA como en el de Aprom, las reestructuras de cargos y remuneraciones en sus
empresas fueron detonantes para su conformación. Los directorios negociaron los cambios con los gremios
mayoritarios —Sutel y AUTE— y, como resultado, la pirámide salarial "se acható y ensanchó".
Los profesionales entienden que es natural que Sutel y AUTE "peleen por los de abajo". Sin embargo,
creen que la pelea ha sido tan exitosa que los de abajo han subido más que los de arriba. En Antel, la
distorsión llega al punto de que hay unidades en las que el jefe gana menos que la plantilla. En UTE, según
los de Aprom, la última reestructura llevó a que algunos cargos perdieran nivel salarial. "Pero eso solo
ocurrió en el escalafón jerárquico y no en el operativo. Ahí se ve el sesgo", dice Pedro Pena.
El experto en relaciones laborales Juan Manuel Rodríguez les da la razón en esto. "En la gran mayoría de
los casos en los que hay segmentación de aumentos, siempre los aumentos mayores son para los salarios
bajos", afirma. "El sindicalismo en Uruguay prioriza totalmente los salarios bajos", agrega. Los
representantes de Sutel y AUTE tienen otra versión
En lo que respecta a sus remuneraciones, los profesionales que han formado sindicatos aparte no tienen
voz ni voto. Aunque no está escrito en ninguna norma uruguaya, aquí se aplica la de la Organización
Internacional del Trabajo que indica que la negociación debe hacerse con el sindicato más representativo.
Cuando los dirigentes del CIPA se escindieron de Sutel, desde ese gremio les preguntaron por qué no
formaban una lista para competir en elecciones. Pero, recuerda Ana Rosengurtt, eso no tiene sentido
porque la ley que crea los Consejos de Salarios, en su artículo 12, prohíbe explícitamente "la
representación de los trabajadores por trabajadores que desempeñen cargos de dirección en un
establecimiento comercial o industrial". "Por eso debería estar bien visto que hubiera sindicatos de
cuadros, que es como les llama la OIT", opina Rosengurtt.
Uno de los reclamos de los gremios de profesionales es, justamente, formar parte de la negociación
salarial. "Después, si no nos reconocen autoridad para firmar, bueno; pero por lo menos tener voz", dice
Abellá, del CIPA. Pena, de Aprom, asegura que sus abogados les han dicho que participar es su "derecho".
Pero, como están las cosas, esa reivindicación parecería estar lejos de contemplarse. En todos los casos en
los que se han formado estos sindicatos, la realidad hoy es que a los jerarcas no los tienen en cuenta y su
único interlocutor es el sindicato mayoritario.
Los del CIPA tienen una anécdota ilustrativa. "Hace poquito hicimos una campaña de socios. Mandamos
mail a todos los profesionales, jefes y gerentes que pensamos que podían adherir. Conseguimos que Antel
nos donara un celular para rifar entre los socios porque habíamos visto en varias resoluciones que lo
habían hecho otras veces con Sutel. Ese mail llegó a la gente de Sutel, que fue a plantear al directorio que
cómo era la relación entre Antel y Sutel si nos estaban dando bolilla a nosotros", cuenta Rosengurtt.
La donación se concretó pero por lo bajo, y la respectiva resolución aparentemente se catalogó de
"confidencial" para que Sutel no se enterara, presumen en el CIPA. "Es triste, pero ellos tienen una presión
de Sutel", agrega.
En UTE, en tanto, hay resoluciones del directorio que dicen a texto expreso que como AUTE no reconoce
a otro sindicato, tampoco desde la jerarquía de la empresa se le dará participación a Aprom.
Para este informe se intentó contactar al presidente de UTE, Gonzalo Casaravilla, y al de Antel, Andrés
Tolosa, pero ninguno de los dos pudo ser ubicado.
Desaprovechados.
En la última reestructura de Antel, durante la presidencia de Carolina Cosse, se crearon 124 cargos
profesionales. Se dijo que se asignarían con criterios objetivos y de competencia. Tiempo después, el CIPA
pidió saber cuál había sido el procedimiento, pero se les denegó aduciendo que era información
confidencial. "¿Cómo va a ser confidencial la forma en que se accede a un cargo público?", cuestiona
Rosengurtt.
Tanto a Aprom como a CIPA les han rechazado varios pedidos de datos y los han remitido a la ley de
acceso a la información pública. "Es muy duro que a un gremio de la propia empresa se le haga recorrer el
camino de la ley 18.381 para tener acceso a la información que involucra a la gestión", plantea Pena, de
Aprom. "Se nos maneja de forma totalmente burocrática. Debemos ingresar los expedientes por Secretaría
y quedan cajoneados. Terminamos recurriendo al TCA en varias oportunidades", agrega.
Esto, dice Carlos Piana, del CIPA, demanda un "esfuerzo impresionante" y "te va tirando abajo". "No te
contestan, te obligan a ir a la Justicia. Y por más que al final el fallo sea favorable, cuando tenés el
resultado, años después, lo que querías decir ya es viejo".
Desaprovechados. Así se sienten muchos de ellos. Les gustaría tener instancias para aportar su
conocimiento técnico. "No somos atendidos ni siquiera para dar nuestra opinión, que consideramos que
puede ser muy valiosa. Ocupamos lugares en los que accedemos a cierta información y tenemos mucho
para aportar", dice Abellá. Los de UTE, en particular, reclaman que se anule una cláusula de
confidencialidad que les impide hacer declaraciones a título personal de los asuntos que dominan.
En el CIPA cuentan que durante la presidencia de Ricardo Lombardo, del Partido Colorado, no
consiguieron casi ninguno de sus reclamos, pero al menos eran recibidos. A partir de 2005, con la llegada
del FA al gobierno, "pasó a haber una sintonía entre Antel y Sutel", pero la presidenta de entonces, María
Simon, aún los reconocía como sindicato y mantenía con ellos "un vínculo natural". Con Cosse el
distanciamiento fue mucho mayor. Y con el directorio actual se mantiene esa línea. Ya han pedido una
reunión con ellos en tres ocasiones, y no se les ha respondido.
La situación en Aprom no es la mejor, reconocen sus dirigentes: les gustaría llevar un vínculo "ganarganar", de ida y vuelta. Pero no quieren hablar de un "enfrentamiento" con Casaravilla, a pesar de haber
colgado varios pasacalles en su contra (ver foto). El directorio de UTE aún los invita a los actos
protocolares; el CIPA, en cambio, en el último festejo aniversario de Antel manifestó afuera de la Torre
con un parlante y panfletos. "Hay un desconocimiento y ninguneo a las minorías", lamenta Abellá.
Luego de escuchar las reivindicaciones de los demás, la química Laura Ross, del MSP, reconoce su
sorpresa: "Creo que nosotros estamos mucho mejor", dice. Su principal reclamo es la equiparación salarial
con otras áreas del Estado para evitar la deserción de técnicos, lo cual viene siendo ignorado desde hace
meses por parte de las jerarquías del ministerio. De todas formas, Ross opina que "hay una gran
disconformidad entre los profesionales del Estado", que no se evidencia más porque a pesar de los golpes,
aún "no ha llegado el moretón".
La mayoría de los profesionales devenidos en dirigentes gremiales supera los 20 años de antigüedad en sus
lugares de trabajo. Por eso se sienten autorizados a opinar que la situación de la que hoy se quejan ha
empeorado desde que el FA llegó al poder. "El gobierno tiene una pata social muy fuerte en el Pit-Cnt; es
una cuestión de estrategia", dice Pena. "El precio es pagar con todas estas disfunciones y perderse la
oportunidad de tener un relacionamiento con los cuadros".
Pero también admiten ciertas contradicciones a la interna del partido de gobierno que se reflejan, por
ejemplo, en que la Agencia Nacional de Investigación e Innovación promueva el profesionalismo, o que la
Dirección General Impositiva pague a los profesionales hasta dos veces más que otros organismos
estatales. "Por un lado" —dice Rosengurtt— "el vicepresidente se quiso pasar por un profesional que no
era, lo cual revela que hay una valoración de la tarea profesional en la sociedad. Pero por otro, prendió
aquello que dijo Mujica de que el Estado estaba infectado de escribanos y abogados".
Ahora, tal vez, el éxito o el fracaso de su invitación a los profesionales a agremiarse sirva como
termómetro para saber cuál es el discurso predominante.
Los empresarios también quieren una supergremial.
Esta semana se supo que 20 de las cámaras y gremiales empresariales más representativas del país
decidieron formar una supergremial. La intención es tener una posición común sobre diferentes temas y,
en principio, la atención primaria estará enfocada hacia la competitividad y la educación.
La creación de la Confederación de Cámaras Empresariales —así se llamará— se lanzará formalmente
este próximo lunes. En el comunicado que emitieron se anuncia que la confederación será "un primer paso
en la construcción de la unidad del empresariado uruguayo".
Algunas de las cámaras que la integrarán son la Asociación de Bancos Privados, la Asociación de
Promotores Privados de la Construcción, la Asociación Nacional de la Micro y Pequeña Empresa, la
Asociación Rural, la Cámara de Armadores Pesqueros, la CIU, la Cámara de la Construcción, la Cámara
de la Industria Frigorífica y la Cámara de Transporte, entre otras.
LOS DOS QUE LLEVAN LA DELANTERA.
CIPA, el de Antel.
El Centro Integral de Personal de Antel (CIPA) se creó en 1999, durante la presidencia de Ricardo
Lombardo, para agrupar a los profesionales, jefes y gerentes de la empresa. Según ellos, hoy hay unos 300
funcionarios afiliados. Su vínculo con la jerarquía empeoró durante la gestión de Carolina Cosse y hoy
sigue siendo malo.
En UTE, Aprom.
La Asociación de Profesionales y Mandos Medios de UTE (Aprom) existe desde 2011. Según cuentan sus
dirigentes, desde el gremio mayoritario, AUTE, les hicieron saber que sus intereses no serían
representados. Aseguran que cuentan con unos 300 afiliados, un 30% del colectivo.
"Mientras no sean activos, no tendrán relevancia".
Si bien hay algunos antecedentes de gremios de profesionales y mandos medios y altos en algunas
empresas privadas en Uruguay —como en Funsa y en la industria textil—, en realidad, este tipo de
sindicatos "no forman parte de la cultura" de nuestro país. "En Europa sería lo más normal, es una
tendencia que los sindicatos de obreros no incluyan a los administrativos y mucho menos a los gerentes.
En Uruguay, en cambio, no existe la cultura de tener varios sindicatos en la misma empresa", explicó Juan
Manuel Rodríguez, especialista en relaciones laborales y docente en la Universidad Católica. Con el
modelo que predomina en Europa se gana en representativdad y se pierde unidad, agregó Rodríguez.
La concepción de fondo de quienes entienden que mandos altos y rangos bajos deben ir por separado tiene
raíz en Marx, o en una de las varias definiciones que el pensador de origen alemán dio a la palabra
proletario: el trabajador que genera valor con trabajo directo. Según esa idea, "los otros son apropiadores
de un valor que no generan", explicó Rodríguez. A su vez, históricamente el trabajador de "cuello blanco"
—los administrativos— se han plegado más a las decisiones de los dirigentes de las empresas, que los de
"cuello azul" —los obreros.
Rodríguez reconoció que hasta ahora desconocía la existencia de sindicatos de profesionales y mandos
medios y altos en el Estado uruguayo. A su juicio, "mientras no desarrollen actividad (paros,
movilizaciones, por ejemplo), no se les dará relevancia". Opinó que si bien no lo ve como parte de la
cultura predominante hoy en la sociedad, "las culturas cambian".
Los gremios mayoritarios los acusan de "dañinos" y rechazan su existencia.
La Agrupación de Funcionarios de la UTE (AUTE) y el Sindicato Único de las Telecomunicaciones (Sutel)
coinciden plenamente: los gremios de profesionales que se han conformado en las empresas en las que
trabajan no deberían existir. Según ellos, tanto AUTE como Sutel ya representan a ese colectivo, así como
a todos los funcionarios por igual. "Rechazamos su existencia porque AUTE es el sindicato de
profesionales y mandos medios", dijo Gabriel Soto, dirigente de AUTE. "Nosotros, como sindicato único,
abarcamos la problemática de todos los trabajadores de Antel. Defendemos los intereses de todos", agregó
por su parte Gabriel Molina, dirigente de Sutel.
En Aprom y en el CIPA dicen que si bien ese es el postulado oficial, y que en lo formal admiten a todos,
los sindicatos mayoritarios no pelean por los intereses de "los de arriba". "Son todos jefes, son
privilegiados, no tienen necesidad económica", recrea Miguel Fierro según cree que piensan en AUTE
sobre ellos. "Hablan de la lucha de clases", apoya Ana Rosengurtt, del CIPA.
"El problema es que un grupo de profesionales que se agruparon en esta cosa llamada CIPA defiende
intereses particulares, y eso no es un gremio. Si no, estarían en Sutel", advirtió Medina. Rechazó que las
reestructuras salariales llevadas a cabo en Antel hayan perjudicado a los profesionales. "Evidentemente
vamos a empezar por los sueldos más bajos y seguiremos con los altos, pero a ellos no les interesa.
Peleamos por el sueldo de todos, es evidente que algunos ganan y otros no. En la última reestructura, el
85% ganó y el 15% se mantuvo sin pérdida salarial", aseguró. Y agregó que para negociar los cargos de los
mandos altos, Sutel creó una "comisión de profesionales" que se mantiene vigente al día de hoy y se reúne
para seguir analizando posibles cambios en Antel.
Rechazó que el sindicato esté alineado al directorio. "El CIPA no es el ombligo del mundo. Lo que hay es
una negociación colectiva seria con Antel, que antes no teníamos. La única alianza que existe con Antel es
objetiva: el avance de la empresa".
Molina reconoció que el vínculo con el CIPA es "nulo" por desinterés de Sutel, pero manifestó
vehementemente que sí están abiertos a recibir a todos los profesionales de Antel que quieran sumarse a
sus filas. Aunque no pudo dar un número preciso, alegó que en Sutel también hay profesionales.
Para Soto, de AUTE, el surgimiento de Aprom también responde a intereses parciales, a un "movimiento
corporativo" que desconoce la gran "herramienta gremial" que implica tener un único sindicato. "Sería
igual de dañino que las cuadrillas de calle formaran un gremio aparte. (Los de Aprom) no contemplan la
globalidad", señaló.
Soto celebra que ese "intento corporativo" haya quedado "desestimado por los propios compañeros".
"Realmente no hubo receptividad porque los niveles de afiliación han sido bajos", alegó. Según él, de unos
5.500 funcionarios de UTE que están agremiados en AUTE, unos 1.000 son mandos medios y gerentes.
Destacó especialmente que hay tres gerentes de área afiliados a su gremio.
En cuanto a la representación de los intereses de los profesionales por parte del sindicato que dirige, Soto
fue enfático: la última reestructura no benefició más al sector operativo que al jerárquico. De hecho, los
más perjudicados fueron, según él, los funcionarios de rangos más bajos. Esto no quita que los
profesionales también hayan salido perdiendo. "Los gerentes fueron los más beneficiados. La UTE ha
desvalorizado el conocimiento de los profesionales; en eso estamos de acuerdo", manifestó. Mencionó el
pago de horas extra y el ingreso de profesionales como ejemplo de acciones promovidas por AUTE que sí
han beneficiado a ese colectivo.
"¿Alineados con esta dirección? Más bien estamos en conflicto", repuso al respecto de la acusación de
Aprom.
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