Textos de repaso de Latín II.

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TEXTOS PARA TRABAJAR LATÍN.
TEXTOS DE EUTROPIO.
2.12. (pág. 145)
Después Pirro, unidos a él los Samnitas, los Lucanos, los Bricios, continuó hasta Roma, devastó todo con hierro y
fuego, asoló Campania (populor) y llegó hasta Preneste, en el miliario décimo octavo de la ciudad (a ocho millas de la
ciudad). Enseguida por el miedo el ejército, que lo seguía con un cónsul, se retiró a Campania. Los legados enviados
(missi) a Pirro para rescatar a los cautivos (para hablar sobre el rescate de los cautivos. Gerundivo) fueron acogidos por
él con honor. Envió a Roma los cautivos sin rescate.
2.23. (pág. 146).
Los cónsules Cn. Servilio Cepión y C. Sempronio Bleso con doscientas sesenta naves se dirigieron hacia África
(proficiscor). Tomaron algunas ciudades. Trayendo de nuevo el enorme botín sufrieron un naufragio (patior). Así pues al
desagradar a los romanos las continuas calamidades, el senado decretó que se retirase(n) de las batallas navales y que
sólo hubiera sesenta naves para la vigilancia de la seguridad de Italia (de Italia sana y salva).
3.1. (pág. 146)
Así pues terminada la segunda guerra Púnica, que se llevó a cabo durante 23 años, los romanos ya conocidos por su
famosísima gloria enviaron legados a Ptolomeo, rey de Egipto, prometiéndole ayuda, porque el rey de Siria Antíoco
había llevado la guerra contra él. Él dio las gracias a los romanos, pero no aceptó la ayuda de los romanos. Al mismo
tiempo el poderosísimo Hierón, rey de Sicilia, llegó para ver unos juegos y ofreció al pueblo doscientos mil modios de
trigo (doscientos miles de modios de trigo).
3.14. pág. 147.
El año décimo después de que Aníbal había llegado a Italia, siendo cónsules P. Sulpicio y Cn. Fulvio, Aníbal llegó al
cuarto miliario de la ciudad (a cuatro millas de la ciudad), sus jinetes (su caballería) hasta la puerta. Luego por miedo de
(a) los cónsules que llegaban con el ejército Aníbal se retiró a Campania. En Hispania los dos Escipiones, que durante
muchos años había sido vencedores, son matados por su hermano (el de Aníbal) Asdrúbal, sin embargo el ejército
permaneció íntegro.
3.20. pág. 147.
El año decimocuarto después de que Aníbal había llegado a Italia, Escipión, que había llevado a cabo con éxito muchas
acciones en Hispania, fue nombrado cónsul y envaido a África. Éste en África contra Hanón, jefe de los africanos,
lucha; destruye su ejército. A Sifax, rey de Numidia, que se había unido a los Afros, captura y ocupa su campamento.
Sifax con los Númidas más nobles y con muchos espolios (botines) es enviado a Roma por Escipión. Escuchada esta
noticia (relativo coordinativo), casi toda Italia se separa (deserta) de Aníbal.
3.22. pág. 148.
Aníbal envió tres exploradores al campamento de Escipión, que una vez capturados Escipión ordenó que fueran
conducidos (circumduci infinitivo pasivo) por el campamento y que se les mostrara a éstos todo el ejército, luego
también que se les diera alimento y que se les liberara, para que contasen a Aníbal las cosas que habían visto junto a los
romanos.
3.23. pág. 148.
Después de este combate se firmó la paz con Aníbal. Escipión volvió a Roma, obtuvo el triunfo con enorme gloria y
comenzó a ser llamado desde entonces (ex eo tempore) Africano. La segunda guerra púnica alcanzó su final después del
año décimo desde que había comenzado (post...quam).
6.17. pág. 151.
En el año 693 de la ciudad fundada (en el 693 después de la fundación de la ciudad) C. Juilio César, que después obtuvo
el poder, fue nombrado cónsul con L. Bíbulo. Se le atribuyó por decreto la Galia e Iliria con diez legiones. Éste venció
primero a los Helvecios, que ahora son llamados Secuanos, y luego venciendo (gerundio) en guerras durísimas llegó
hasta el océano Británico. Y casi toda la Galia dominó en nueve años.
6.19-21. pág. 151.
En efecto, César regresando vencedor de la Galia comenzó a pedir el segundo consulado. Fue contradicho (se le opuso)
por el cónsul Marcelo, por Bíbulo, por Pompeyo, por Catón, y fue ordenado (se le ordenó) volver a la ciudad disueltos
los ejércitos. Por causa de esta injuria desde Arimino, donde tenía reunidos a sus soldados, se dirigió con su ejército
contra su patria. Los cónsules con Pompeyo y todo el senado y la totalidad de la nobleza huyeron de la ciudad (huyó) y
cruzaron a Grecia. Siendo general Pompeyo, el senado preparó al guerra contra César.
César entrando en la ciudad vacía se hizo dictador. Luego se dirigió hacia Hispania. Tras volver de allí cruzó a Grecia
(y) luchó contra Pompeyo. En la primera batalla fue vencido y puesto en fuga, pero escapó, porque, al llegar la noche,
Pompeyo no quiso seguirlo. Luego en Tesalia junto a la Antigua Farsalo, llevadas al frente de uno y otro lado ingentes
tropas, lucharon.
Nunca hasta ahora se habían reunido en un mismo sitio (in unum) tropas romanas mayores y con mejores generales. Sin
embargo, se luchó (fue luchado) con enorme rivalidad y al final fue vencido Pompeyo y su campamento fue saqueado.
Él mismo puesto en fuga se dirigió a Alejandría, para recibir ayuda (acciperet auxilia) del rey de Eqgipto, para el que
había sido nombrado tutor por el senado. Éste (el rey de Egipto) persiguiendo más la riqueza que la amistad mató a
Pompeyo, y envió su cabeza y su anillo a César.
6.23. pág. 152.
Tras regresar desde allí a Roma se hizo cónsul por tercera vez junto con M. Emilio Lépido, que había sido para él (ei)
cuando fue dictador (dictatori) jefe de la caballería un año antes. Desde allí fue a África donde la totalidad de la nobleza
había preparado la guerra contra Iuba, rey de Mauritania.
6.24. pág. 152.
Después de un año César tras regresar a Roma se hizo cónsul por cuarta vez y enseguida se marchó a Hispania, donde
los hijos de Pompeyo, Cn. Pompeyo y Sex. Pompeyo, habían preparado una gran guerra. Hubo muchas batallas, la
última junto a la ciudad de Munda, en la que hasta César casi fue vencido.
6.25. pág. 152.
De allí César, apaciguadas todas las guerras civiles por todo el mundo, regresó a Roma. Comenzó a comportarse con
más insolencia (más insolentemente, adverbio comparativo) y contra la costumbre de la libertad romana. Se hizo una
conjuración (fue conjurado) contra él por 60 o más senadores y caballeros romanos.
Fueron partícipes entre los conjurados los dos Brutos de aquel linaje de Bruto que había sido el primer cónsul en Roma
y había expulsado a los reyes, y C. Casio y Servilio Casca. Así pues César, cuando un día de senado había llegado a la
curia (edificio del senado) entre los demás, fue atravesado con 23 heridas (puñaladas).
Antonio se refugia junto a Lépido y se reconcilia con Octavio (César). Se forma un triunvirato. Pág. 153.
Puesto en fuga Antonio perdido su ejército se refugió junto a Lépido, que había sido jefe de la caballería de César y
entonces tenía grandes tropas de soldados, por el que fue acogido. Luego colaborando Lépido (operam dante) César
hizo la paz con Antonio y como si fuera a vengar la muerte de su padre, por el que había sido adoptado por testamento,
tras dirigirse con su ejército a Roma obtuvo por la fuerza que se le diera el consulado en el vigésimo año. Hizo proscrito
al senado, comenzó a tomar el estado con las armas junto a Antonio y Lépido. Por estos incluso cicerón el orador fue
asesinado y otros muchos hombres ilustres.
Derrota de Cleopatra y Antonio en Accio. Egipto se añade al Imperio romano. Pág. 154.
Este también provocó una gran guerra civil obligándole su esposa Cleopatra, reina de Egipto, cuando desea también
reinar en la ciudad por la pasión mujeril. Fue vencido por Augusto en una famosa e ilustre batalla naval en Actio, que es
un lugar en el Epiro, de la que huyó a Egipto y en situación desesperada, cuando todos se pasaban a Augusto, él mismo
se dio muerte. Cleopatra se acercó un áspid y murió por su veneno. Egipto fue añadido por Octavio Augusto al imperio
romano y se puso a su cargo a C. Cornelio Galo. Este fue el primero al que Egipto tuvo como juez.
Actuaciones de Augusto como único gobernante de Roma. Pág. 154.
Galacia también bajo éste fue hecha provincia y, al haber antes sido reino, M. Lulio fue el primero que la gobernó en
vez de un pretor. (Augusto) con tanto amor trató a los bárbaros que los reyes amigos del pueblo romano fundaban en su
honor ciudades que llamaban Cesáreas, como en Mauritania por el rey Iuba, y en Palestina que ahora es una ciudad muy
famosa. Por su parte muchos reyes llegaron de sus reinos para obedecerle y vestidos de romano, es decir togados,
corrieron junto a su carro o su caballo. Al morir fue llamado Divino. Dejó un estado muy próspero a su sucesor Tiberio,
que había sido para él hijastro, luego yerno, hijo en una postrera adopción.
Gobierno de Tiberio, hijastro y sucesor de Octavio Augusto. Pág. 154-155.
Tiberio gobernó el imperio con enorme estupidez, con severa crueldad, con criminal avaricia, con vergonzosa lujuria.
Pues nunca luchó en persona, llevó a cabo las guerras a través de sus embajadores. A algunos reyes llamados a su
presencia a través de palabras lisonjeras nunca los dejó volver, entre los que estaba Arquelao el Capadocio, cuyo reino
cambió a la forma de provincia y ordenó que la ciudad más grande fuera llamada con su nombre, que ahora se dice
Cesarea, aunque antes era llamada Mazaca. Éste en el 23 año de su imperio, a los 78 años de edad, con gran alegría de
todos murió en Campania.
Calígula, criminal y funesto. Pág. 155.
Le sucedió C. César, Calígula de sobrenombre, hijo de Druso, hijastro de Augusto, y nieto del mismo Tiberio, muy
criminal y muy funesto que incluso purgó los hechos indecorosos de Tiberio. Llevó a cabo la guerra contra los
germanos y tras entrar en Suevia no hizo nada diligentemente. Cometió incesto con sus hermanas, de una incluso
reconoció una hija. Al mostrarse inhumano contra todos con gran avaricia, lujuria y crueldad, fue asesinado en Palacio a
los 29 años de edad, a los tres años, 10 meses y 8 días de su imperio.
Claudio sucede a su sobrino Calígula. Conquista de Britania. Pág. 155-156.
Después de este estuvo Claudio, tío paterno de Calígula, hijo de Druso, que tiene un monumento junto a Mogontiaco,
del que también Calígula era nieto. Éste gobernó moderadamente, llevando a cabo muchas acciones tranquilamente y
con moderación, algunas cruelmente y neciamente. Hizo la guerra en Britania, que no había tocado ningún romano
después de César y vencida ésta por Cn. Sentio y A. Plautio, ilustres y nobles hombres, obtuvo un célebre triunfo.
Algunas islas incluso colocadas en el océano más allá de Britania añadió al imperio romano, que se llaman Orcades, y
puso a su hijo el nombre de Británico. Tan cívico se mostró con algunos amigos que incluso a Plautio, hombre noble,
que había realizado en la expedición británica muchas cosas con éxito, él mismo lo seguía triunfante y caminaba a la
izquierda de él mientras ascendía al Capitolio. Éste vivió 64 años y gobernó 14. Después de su muerte fue consagrado y
llamado Divino.
Nerva, un anciano senador, accede al poder imperial. Tiempos de felicidad tras la represión de Domiciano. Pág.
159.
En el año 850 de la fundación de la ciudad, siendo cónsules Vetes y Valente la república volvió a un estado muy
próspero comenzada una gran felicidad con buenos príncipes. Pues siendo un funesto tirano Domiciano, Nerva le
sucedió, un hombre moderado en su vida privada y resuelto, de media nobleza. Miró por el gobierno con divina
previsión adoptando a Trajano. Murió en Roma despuñes de un año, cuatro meses y ocho días de su mandato, en el 72
año de su edad, y fue incluido entre los Divinos.
Le sucede por adopción Trajano, general romano procedente de Hispania. Lleva al Imperio a su mayor
extensión. Méritos de Trajano. Pág. 159-160.
[2] Le sucedió Ulpio Crinito Trajano, nacido en Itálica en Hispania, de una familia antigua más que famosa. Pues su
padre fue cónsul por primera vez. Gobernó el estado de tal manera que de todos los emperadores es puesto delante
merecidamente, por su inusitado civismo y bravura, y del imperio romano, que tras Augusto había sido defendido más
que ampliado con nobleza, las fronteras a lo largo y a lo ancho extendió. Las ciudades más allá del Rin en Germania
reorganizó. Sometió Dacia vencido Decibalo, hecha provincia más allá del Danubio en estos campos que ahora los
Taifalos, los Victoalos y los Tervingos tienen.
[5] Así pues después de una enorme reputación buscada de la guerra y de la paz volviendo de Persia en Seleucia en
Isoria de una diarrea murió. Pereció a los 63 años de edad, nueve meses, y cuatro días, en el decimonoveno año de su
imperio, mes sexto, día decimoquinto. Fue incluido entre los Divinos y fue el único de todos sepultado dentro de la
ciudad. Sus huesos colocados en una urna de oro en el foro que edificó fueron colocados bajo una columna, cuya altitud
tiene 144 pies. Tanto de memoria de este fue comunicado que hasta nuestra edad no de otra forma se aclama en el
senado a los príncipes, a no ser: “Más feliz que Augusto, mejor que Trajano”.
Adriano, su sucesor, también procedente de Hispania, que abandona la expansión del Imperio para centrarse en
su defensa. Época de paz en el Imperio. Pág. 161.
[6] Muerto Trajano Elio Adriano fue nombrado emperador, ciertamente sin ninguna voluntad de Trajano, sino con la
intervención de Plotina, mujer de Trajano, pues a él Trajano, aunque hijo de una prima hermana, no había querido
adoptarlo en vida. Nacido también él mismo en Itálica en Hispania. Este envidiando la gloria de Trajano enseguida
abandonó las tres provincias que había añadido Trajano y de Asiria, Mesopotamia y Armenia volvió a llamar a los
ejércitos y quiso que el Éufrates fuera el límite del imperio.
[7] Sin embargo tuvo paz en todo el tiempo de su imperio, una vez sólo luchó por defensor (para defenderlo). Rodeó
con una muralla el mundo romano, construyó muchas edificaciones. Fue muy elocuente en lengua latina y muy erudito
en lengua griega. No tuvo mucha fama de clemencia, sin embargo fue muy diligente en el erario y en la disciplina de los
soldados. Murió en Campania mayor de sesenta años, en el vigésimo primer año de su imperio, mes décimo, día
vigésimo noveno. El senado no quiso tributarle divinos honores, pero como su sucesor T. Aurelio Antonino Fulvio pedía
esto con insistencia, aunque todos los senadores se oponían públicamente, finalmente los obtuvo.
TEXTOS DE FEDRO.
Libro I.
XVIII. Mulier parturiens.
LA MUJER DE PARTO.
Nadie visita de nuevo con gusto un lugar que le hizo daño.
En el momento del parto una mujer, cumplidos los meses, estaba tendida en el suelo lanzando afligidos gemidos.
El marido le aconsejó acostar su cuerpo en la cama para que pudiera dar a luz mejor.
Dijo: "De ninguna manera, no confío que pueda acabar un mal en aquel lugar donde su inicio fue concebido".
XX. Canes famelici
LOS PERROS HAMBRIENTOS
Una decisión estúpida no sólo carece de efectividad, sino que además lleva a los hombres a la perdición. Unos perros
vieron en un río una piel hundida. Para poder comerla más fácilmente una vez sacada, comenzaron a beber el agua: pero
murieron reventados antes de que alcanzaran lo que habían intentado.
XXIV. Rana rupta et bos
LA RANA REVENTADA Y EL BUEY
El débil muere cuando quiere imitar al poderoso. Una vez una rana vio a un buey en un prado, y tocada por la envidia
de tanta grandeza infló su rugosa piel. Entonces preguntó a sus hijos si era más ancha que el buey. Ellos lo negaron. De
nuevo estiró la piel con mayor esfuerzo y preguntó de igual modo quién era más grande. Ellos dijeron “el buey”. Muy
indignada, mientras quiere inflarse más enérgicamente, yació con el cuerpo reventado.
Libro III.
XII. Pullus ad margaritam
UN POLLO A UNA PERLA.
Un pollo de gallina, mientras busca comida, halló una perla en un estercolero. ¡Qué cosa tan preciosa", dijo, "estás
tirada en un lugar indigno! Si alguien codicioso de tu valor hubiese visto esto, hace tiempo que hubieses vuelto a tu
antiguo esplendor. ¿Por qué te he encontrado yo, para quien la comida es mucho más apreciable y esto no puede
aprovechar en nada ni a ti ni a mi".
Cuento esto a aquellos que no me entienden.
XVII. Arbores in deorum tutela
LOS ÁRBOLES BAJO TUTELA DE LOS DIOSES
En otro tiempo, los dioses eligieron los árboles que querían tener bajo su tutela. A Júpiter le gustó le encina, a Venus el
mirto, a Apolo el laurel, el pino a Cibeles y el álamo soberbio a Hércules. Minerva admirada, preguntó por qué escogían
los árboles estériles. Júpiter le dijo el motivo: " Para que no parezca que vendemos el honor por el fruto". "Por Hércules,
cada uno que diga lo que quiera, el olivo es más agradable para nosotros por su fruto" Entonces el padre de los dioses y
el creador de los hombres dijo así: "Oh hija con razón todos te consideran sabia! Si no es útil lo que hacemos, nuestra
gloria es vana". Esta fábula aconseja no hacer nada que no sea útil.
Libro IV.
III. De vulpe et uva
DE LA ZORRA Y LA UVA
Obligada por el hambre una zorra intentaba alcanzar un racimo de uva en una alta viña, saltando con todas sus fuerzas.
Como no pudo cogerla, alejándose dijo: “Todavía no estás madura; no quiero comerte verde”. Los que desacreditan con
palabras las cosas que no pueden hacer, deberán aplicarse este ejemplo.
X. De vitiis hominum
SOBRE LOS VICIOS DE LOS HOMBRES
Júpiter nos puso dos alforjas: nos dio a la espalda una repleta de nuestros propios vicios, delante del pecho colgó otra
cargada con los vicios ajenos. Por este hecho no podemos ver nuestros males; pero en cuanto que otros cometen una
falta, somos censores.
XII. Malas esse divitias
LAS RIQUEZAS SON MALAS.
Las riquezas son con razón odiosas para el hombre valeroso, porque un arca rica impide una gloria verdadera.
Cuando Hércules admitido en el cielo por su valor saludó a los dioses que le felicitaban, al venir Pluto, que es hijo de la
Fortuna, apartó os ojos. Su padre le preguntó el motivo. "Le odio", dijo, "porque es amigo de los malos y porque al
mismo tiempo corrompe todas las cosas con el lucro ofrecido".
XXIV. Mons parturiens
EL MONTE PARTURIENTO (EL PARTO DE LOS MONTES)
Un monte estaba de parto, lanzando enormes gemidos, y había en la tierra la mayor expectación. Pero él parió un ratón.
Esto ha sido escrito para ti, que, aunque amenazas grandes cosas, no sacas nada.
Appendix
XIV. Asinus ad lyram
EL ASNO Y LA LIRA.
De qué modo los ingenios a menudo se pierden por una desgracia.
Un asno vio una lira tirada en un prado. Se acercó y con su pezuña tocó repetidamente las cuerdas; éstas tocadas
sonaron. “Bella cosa es; pero, por Hércules, me salió mal", dijo, "porque soy ignorante del arte. Si alguien más hábil la
hubiese hallado, hubiera deleitado los oídos con cantos divinos”.
Así los ingenios se pierden a menudo por la desgracia.
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