Gu_a_de_la_Ruta_del_Bicentenario

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Las provincias de Guanentá y Comunera
Orígenes de sus poblamientos urbanos1
I. Breve y preliminar historia de la etnia guane.
Las primeras noticias sobre la fisonomía y configuración social de la etnia guane se las debemos a los
cronistas que se avecindaron en Tunja y Santafé. Es bien conocido el verso del beneficiado de Tunja,
don Juan de Castellanos, según el cual:
tienen disposición y gallardía
y es gente blanca, limpia, curiosa,
los rostros aguileños, y facciones
de linda y agraciada compostura;
y las que sirven a los españoles
es de maravillar cuán brevemente
toman el idioma castellano,
tan bien articulados los vocablos
como si les viniera por herencia.2
A este trabajo descriptivo de los cronistas se ha sumado el esfuerzo de arqueólogos como Justus
Schottellius (1946) y Donald Sutherland (1971), quienes realizaron excavaciones de tumbas de pozo y
cámaras laterales en el área comprendida entre Curití -Barichara y Charalá-Oiba, incluyendo La Mesa
de los Santos.
Con base en estas excavaciones se ha podido establecer que los guanes eran expertos en el trabajo
textil, por cuanto se han encontrado fragmentos y piezas completas de mantas, gorros y mochilas de
elevada calidad. Junto a estas prendas de algodón también se han hallado pinturas rupestres, metates,
manos de moler, hachas para el desmonte de tierras, cuchillas y raspadores de hueso y piel, así como
pulidores para la artesanía de conchas y alfarería, todos estos elementos característicos de la vida
material de una sociedad de la etapa Formativa. 3
En cuanto a los patrones de asentamiento, los arqueólogos han hallado que los guanes moraban en
viviendas dispersas por áreas extensas. En los fogones domésticos se han localizado las huellas de su
dieta animal: venado de cola blanca, armadillo, ratón, iguánidos, cangrejos, caracoles y murciélagos.4
Los arqueobiólogos han encontrado un rasgo muy particular en los guanes: cajas craneales demasiado
bajas, rostros y narices angostas y aguileñas, pómulos poco sobresalientes y pieles con baja
pigmentación, así como dientes con mayor índice de caries que los muiscas, siendo todos estos rasgos
típicos del caucasoide. Al respecto los arqueobiólogos han propuesto la hipótesis del grupo
caucasoide llamado guane, el cual se formó de una deriva genética de una población poco densa en
un territorio naturalmente aislado.5
En cuanto a su lengua, al parecer se ha asociado íntima y erróneamente a la muisca, por la mala
costumbre (proveniente desde las conquistas de Martín Galeano) de traducir todos los sonidos guanes
1
Síntesis y fragmentos tomados de la Colección de Historia Regional publicada por los doctores Amado Antonio Rincón
y Armando Martínez Garnica de la Escuela de Historia UIS.
2 CASTELLANOS, Juan de. Elegías de Varones Ilustres de Indias. (1955, IV:317).
3 REICHEL-DOLMATOFF, Gerardo. Colombia Indígena. Editorial Colina, Medellín, 1998.
4 CIFUENTES, Arturo. Reseña de un sitio arqueológico en la Mesa de los Santos. En: Boletín de Arqueología No. 2
(mayo 1989).
5 RODRÍGUEZ, José Vicente. Reconstrucción del aspecto físico guane. Bogotá, Banco de la República, 1991.
a la etimología muisca. Al respecto vale destacar el esfuerzo del profesor Leonardo Moncayo quien
rescató, en trabajo de campo, cierta toponimia, fitonimia y ornitonimia.
El dialecto guane parece haber desaparecido completamente a principios del siglo XVIII, a raíz de la
Real Cédula del 10 de Mayo de 1783, la cual prohibió los dialectos indígenas y ordenaba cerrar las
escuelas en donde se las enseñaba.
Históricamente se ha comprobado que los nombres o palabras que mayor resistencia presentan al
cambio o desaparición, así el idioma se pierda, son los que se refieren a los lugares o toponímicos, a
las plantas o fitonímicos, y aún a las aves u ornitonímicos. Esta resistencia al cambio se puede
patentizar en el departamento de Santander, específicamente en los lugares que sirvieron de
asentamiento de los primitivos: nombres de pueblos, caseríos, ríos, árboles, animales, flores, etc.6
6
PALABRA
COMPUESTA
SIGNIFICADO LITERAL
SIGNIFICADO COMPUESTO
ARATOCA
ANA: más allá; TOCA: dominio del
río.
Lugar desde donde se domina más allá del
río.
BARICHARA
BA: digno, merecedor; IA: ya;
CHALA: cansancio, blando.
Lugar bueno para el descanso.
BUCARAMANGA
BU: carga, abundancia; CA: sitio,
lugar; ANA: más allá; MA: vuestro,
ajeno; NGA: será.
Propiedad que será abundante más allá de lo
vuestro.
BUCARICA
BU: carga, abundancia; CA: vallado,
propiedad; QUICA: ciudad, pueblo.
Pueblo abundante de la propiedad
COROMORO
CO: apoyo.
turma.
LOMOGO:
papa,
Apoyo (alimento) con papa.
CUCHICUTE
CU: semejante, parecido;
nuestro; CUTE: chicha.
CHI:
CURITÍ
QUITI: telar.
Lugar de telares.
CHANCHÓN
CHA: varón; CHOIN: mejor, justo.
Varón justo.
CHARALÁ
CHALA: blando, bueno; LA: lugar.
Lugar bueno (para sembrar)
CHICAMOCHA
CHI: nuestro; CA: sitio; MO: baño;
CHA: varón.
Nuestro sitio para el baño de hombres
(fuertes).
CHIMITÁ
CHIM: dios; TA: labranza.
Labranza de dios.
CHITOTA
Chi: nuestro; TO: ribera; TA:
labranza.
Nuestra labranza en la ribera (del río).
CHUCURÍ
CHUQUI: del cielo; TI: canto.
Canto del cielo.
GÉRIDA
GE: parecido, semejante; QUICA:
cielo.
Parecido al cielo.
GUANE
GUANE: arboleda, alisos.
GUANENTÁ
GUANE: arboleda; ANA: más allá;
TA: labranza
Labranza más allá de la arboleda. Propiedad
de los guanes.
GUATIGUARÁ
GUATI: elevado; GUA: cerro; LA:
lugar.
Lugar elevado del monte.
Parecido a nuestra chicha.
MONCAYO, Leonardo. Influencias lingüísticas del guane en la toponimia, fitonimia y ornitonimia en el español de
Santander. Ediciones UIS.
El territorio que ocuparon comprendió, como límite sur, el río Oibita; como límite occidental, la
quebrada Macaligua y río Saravita y por el oriente, los ríos Pienta y Fonce. El límite norte podría
fijarse más allá del río Sube o Chicamocha, en las Mesas de los Santos y Ruitoque, hasta el curso
medio del río del Oro. Una tumba guane hallada en 1981 por Arturo Vargas en el barrio Mutis de
Bucaramanga ha hecho pensar en este punto como posible extensión territorial, pero existe la
posibilidad que esta tumba date de la Colonia.
Sobre su demografía tampoco ha habido acuerdos, cronistas como fray Pedro Simón hablan de un
“manantial de naturales”, cifrando 30.000 viviendas con tres y cuatro moradores cada una, lo que nos
deja un total de 180.000 habitantes en el área guane. La rápida mestización, enfermedades, violencia,
ausencia de aldeas y grandes cementerios desmienten estas cifras.
En el aspecto social hay más certezas, por cuanto, aún reducidos en encomiendas, los guanes
lograron mantener sus estructuras sociales, con todas sus estratificaciones y mandos bajo caciques y
capitanes. De igual forma, los enterramientos han dejado al descubierto la deformación craneana, lo
que deja entrever una compleja diferenciación social por la suposición de una nobleza que se
deformaba para distinguirse hasta en lo físico.
La vida cotidiana estaba signada por el trabajo. Hombres y mujeres labraban la tierra y la regaban con
acequias produciendo maíz, frijol, yuca, ají, arracacha, coca, algodón y fique. Como mencionábamos
anteriormente, con el algodón hacían finas mantas, gorros y mochilas; con el fique se calzaban y
hasta hacían puentes de cabuya; la coca se mezclaba con carbonato de calcio extraído de la trituración
de conchas y caracoles para utilizarse como estimulante y psicotrópico; con la tierra elaboraban
cerámica y con las amonitas fósiles del lecho del mar del cretácico confeccionaban preciosos collares
de cuentas.
Se trataba entonces de una configuración socioeconómica que tan sólo pretendía, como nosotros,
resolver los problemas de la subsistencia material mediante el trabajo y la interdependencia entre
individuos, generando un entramado social adaptado a un entorno natural específico.
II. Las encomiendas de la provincia de Guanentá.
La conquista del territorio guane fue llevada a cabo por la hueste del capitán Martín Galeano, quien
incursionó por el río Saravita (Suárez) y bordeó por el río Pienta-Fonce, identificando y anotando
caciques e indios para asignarlos como encomendados a los soldados que se avecindaron en la ciudad
de Vélez.
Más allá del río Chicamocha, Galeano se encontró con el cacique Guanentá en la Mesa de Jérira,
donde afrontó duras escaramuzas y dio muerte a gran cantidad de indios. Con estas “batallas” los
soldados pudieron justificar heroísmo para así hacerse a tierras y caciques como unidades de
encomendación, incorporadas a la jurisdicción del cabildo de Vélez. Entre las encomiendas más
importantes cabe destacar la de Moncora, con 150 tributarios para 1617 y a cargo del soldado
andaluz Juan Mayorga; la de Macaregua, con 86 tributarios y cargo de los Eslava; la de Guanentá, con
79 tributarios y a cargo del propio capitán Martín Galeano; además de las de Bucaregua, Chalalá,
Jérira y Sube, entre otras.
Las encomiendas anteriormente mencionadas fueron agrupadas, para efectos de evangelización, en la
doctrina de Moncora, lo que propició la fundación un pueblo de indios en 1617, el cual vendría a
llamarse Guane. Por el otro lado, las encomiendas se congregaron en el pueblo de indios de Chalalá,
la cual se convirtió en hacienda y se especializó en la producción de azúcar y frutas en conserva.
Por el norte, las encomiendas de Sube y Jérira quedaron en manos de soldados macheteros, como
los Ortiz, Rodríguez y Sánchez, quienes utilizaron sus encomendados para la minería en el río de
Oro. La encomienda de Sube pasó en 1548 a Diego Ortiz Galeano, quien fue padre del fraile
dominico Alonso Ortiz Galeano, posterior cura doctrinero de Moncora y quien fue criado por una
nodriza guane, lo que le permitió manejar perfectamente su lengua. Infortunadamente no dejó una
gramática escrita como lo hizo fray Bernardo de Lugo con los muiscas, perdiéndose con su muerte
todo el acervo lingüístico guane.
Cada uno de estos soldados y sus descendientes, convertidos en encomenderos, negociaron con sus
caciques la transferencia de la renta de la encomienda, en servicios personales y en producción. Cabe
destacar que la principal utilización de los indios se hizo en los distritos mineros, particularmente el
del río de Oro. Una vez reprimidas las rebeliones de Chanchón, Butaregua y Macaregua, largas filas
de indios amarrados fueron desterrados en las llamadas Jornadas de Pore. Los indios que fueron
dejados en sus tierras se vieron obligados a trabajar en la agricultura, caza y pesca el doble para suplir
la mano de obra desterrada a los distritos mineros.7
III. Los primeros núcleos urbanos: los pueblos de indios.
A diferencia del poblamiento disperso, característico de los guanes, los españoles optaron por un
modelo nucleado, en villas y ciudades con trazos ajedrezados, a la usanza de las ciudades ibéricas. El
título de ciudad era obtenido por los méritos de conquista de sus primeros pobladores y de no ser así
por mercedes reales tras largos y dispendiosos lustros de cabildeo en la Corte. Otros núcleos
poblados, menos importantes y privilegiados, fueron las villas y parroquias. Pero era propósito de
todos los pobladores, colaborar con obras de infraestructura, construcción de capillas e iglesias y
preparación de festividades patronales para elevar el estatus del poblado para así hacerse
merecedores de ciertos privilegios.
Con el transcurrir del siglo XVI, los indígenas y el oro fueron mermando, lo que llevó a un cambio
en la economía colonial en toda el área guane. Las encomiendas se volvieron haciendas y se
dedicaron a la producción de caña de azúcar, algodón y tabaco. La mano de obra indígena fue
reemplazada por la mestiza, que de la tributación indígena pasó a la aparcería y peonazgo, trabajando
por salario y a destajo.
Esto llevó a que la Corona reorganizara el territorio y concentrara a los indígenas supervivientes en
resguardos con cabildo indígena, corregidor de indios y cura doctrinero. Por su parte, los blancos y
mestizos empezaron a solicitar permisos para erigir villas y parroquias por toda la provincia, ya que
les quedaba muy remoto Vélez, lo que les dificultaba sus faenas administrativas y espirituales.
Entre 1600 y 1617, los visitadores reales redujeron los indígenas a los pueblos de indios de Guane,
Curití y Charalá, suscitándose una feroz pugna entre los dos primeros, hasta que el fiscal Moreno y
Escandón eliminó el resguardo de Curití en 1778. Guane se mantuvo como el pueblo de Indios más
importante de toda la región, por lo cual recibió a los caciques e indios de Coratá, Macaregua,
Buraregua, Lubigará, Moncora, Choagüete y Guanentá.
IV. La villa de San Gil y parroquias aledañas.8
Los colonos hispanos y sus herederos mestizos colonizaron
desde Vélez las márgenes del río Fonce con estancias de
ganado mayor, algodonales, trapiches, platanales, anís y pan
coger. Esta nueva dinámica económica, impulsada por
españoles recién llegados, llevó a que los vecinos quisieran
disgregarse de la ciudad de Vélez para erigir la villa de Santa
Cruz y San Gil de la Nueva Baeza. El actor principal de este
propósito fue don Leonardo Currea, quien desde 1688
adelantó negociaciones con los funcionarios de la Real
Audiencia. La idea inicial era llamarla Santa Cruz, pero se la
añadió San Gil para ganar el favor del presidente de la Real
Audiencia, don Gil Cabrera y Dávalos. Las capitulaciones de
Currea fueron aceptadas y el 17 de marzo de 1689 fue fundada
la villa, otorgándosele tres años para poblar el lugar, erigir su
iglesia y cinco años para presentar audiencia al Rey, pues sólo
él con un auto real podía confirmar la fundación. El 27 de
octubre de 1694, el rey Carlos II expidió el título de la villa.
Este mismo propósito lo tuvieron los vecinos del Socorro y Barichara, quienes entraron en pugna con
San Gil por pretender convertirse en villas. Tras tres cuartos de siglo de pleitos, dinero y pasiones
sólo el Socorro lo logró. Los demás vecindarios, al ver tanto lío optaron por erigirse sólo en
parroquias. El título de fundación de éstas era confirmado por el Virrey.
7
GUERRERO, Amado y MARTÍNEZ, Armando. La Provincia de Guanentá. Orígenes de sus poblamientos urbanos.
Colección de Historia Regional. Ediciones UIS. 1996. P. 27.
8 El escudo de armas de San Gil representa una cruz verde saliendo del corazón de una granada sobre un campo rojo,
rodeado de ocho aspas de San Andrés. Se le reglamenta los nombres de la villa, el Nuevo reino de Granada y las armas de
la ciudad de Baeza.
PARROQUIA
ADVOCACIÓN
ERECCIÓN
CHARALÁ
Nuestra Señora de Monguí
1701
MOGOTES
Nuestra Señora del Rosario y Santa Bárbara
1722
BARICHARA
Nuestra Señora de la Concepción
y San Lorenzo Mártir
1750
VALLE DE SAN JOSÉ
San José
1764
COROMORO
Nuestra Señora de los Dolores
1765
PÁRAMO
Nuestra Señora de Chiquinquirá
1766
OCAMONTE
San Vicente Ferrer
1776
PINCHOTE
Nuestra Señora del Rosario
1782
ARATOCA
Nuestra Señora de las Nieves
1789
SAN JOAQUÍN
San Joaquín
1800
ENCINO
Nuestra Señora de la Concepción
1802
CURITÍ
San Joaquín
1806
CABRERA
Nuestra Señora de la Concepción
1808
JORDÁN
San José
1855
VILLANUEVA
Nuestra Señora del Rosario de Fátima
1954
V. El pueblo de indios y la parroquia de Curití.
Localizado en el corazón de la provincia de Guane y otorgado como encomienda al soldado español
Juan de Olarte, nace para la Colonia Curití. Fue fundado como pueblo de indios en 1602, pero
pronto se vio sin “naturales” y por ello empezaron a ser pedidas sus tierras e indígenas por el
resguardo de Moncora o Guane. Para 1699, los indígenas tributarios se habían reducido a 30,
mientras que los blancos cabezas de familia habían subido a 43, quienes vivían de la producción de
algodón, maíz y fique así como de la explotación de la cabuya de Sube sobre el río Chicamocha. En
junio de 1778, el visitador Moreno y Escandón decidió acabar con el pueblo de indios, remitiendo
los 34 tributarios a Guane y erigiendo la parroquia de Curití para las 200 cabezas de familias blancas y
mestizas que allí moraban. La idea era cumplir el mandato real de segregación social en repúblicas de
blancos y de indios, con el propósito de proteger a estos últimos. Sin embargo, la mixtura racial y
socio-económica que se había dado en Curití impidió que se aplicara esta política y se diera la
refundación. No estuvieron de acuerdo ni blancos, ni mestizos, ni indios.
Solamente hasta el 19 de septiembre de 1806 se pudo erigir la parroquia de Curití bajo la advocación
de San Joaquín.
VI. La parroquia de Pinchote.
El campesinado que se asentó en Pinchote quedó entre las jurisdicciones de las villas de San Gil y el
Socorro. Se destacaron por dedicarse al cultivo del algodón y el ganado mayor. Entre sus familia
principales cabe destacar el apellido Santos.
Liderados por don Pedro de los Santos Meneses, en 1772 los vecinos de Pinchote gestionaron para
desagregarse del Socorro y convertirse en parroquia. El 11 de abril de 1782, el virrey les concedió la
parroquia que quedó bajo la advocación de Nuestra Señora del Rosario.
Producida la independencia, Pinchote quedó en el cantón de San Gil. Con la constitución del Estado
Soberano de Santander en 1859 pasó a ser parte del departamento del Socorro. En 1887 se convirtió
en municipio y quedó adscrito a la provincia del Socorro.
La ordenanza 36 del 28 de abril de 1831 que separó del distrito provincial de los Comuneros la
nueva provincia de Guanentá, adscribió a Pinchote ésta última, la cual permanece hasta nuestro días.9
VII.
Parroquia, Villa o Ciudad de Nuestra Señora del Socorro.
Los vecinos de la parroquia de Nuestra Señora del Socorro,
a escasas cinco leguas de San Gil, quisieron convertirse en
villa, en la medida que constituían la mayor feligresía de la
región. En 1711 el arzobispo Cossio les otorgó a los
socorranos la categoría de ciudad, lo cual fue invalidado por
el Rey. Sin embargo, los vecinos de la parroquia del
Socorro lograron demostrar su pujanza económica por la
multitud de estancias ganaderas y trapiches que
desarrollaron. Esto llevó a que el 25 de octubre de 1771, la
Real Audiencia expidiera una cédula donde se les reconocía
como villa. Hacia 1795 se disgregó el cantón y se le otorgó
categoría de corregimiento al Socorro, con lo que la villa de
San Gil quedaba subordinada políticamente al Socorro.
Al producirse la independencia, los cabildos de las villas de
San Gil y del Socorro redactaron la constitución de un
Estado libre y soberano bajo la tutela de don Lorenzo Plata. Pero las diferencias de éste con la
Suprema Junta de Santafé, suscitaron una pugna en la que San Gil se anexó al Estado de
Cundinamarca y separó del Socorro. Esto fue aprovechado por Antonio Nariño, quien invadió el
Socorro y lo anexó por la fuerza al Estado de Cundinamarca. Así terminaba, con una incursión
militar el 7 de marzo de 1812, la fugaz existencia del Estado Soberano del Socorro.10
VIII.
El Estado Soberano de Santander.
Una vez derrotadas las fuerzas expedicionarias españolas de tierra firme y alcanzada la independencia
definitiva, el 7 de agosto de 1819, la villa de San Gil fue convertida en cabeza de cantón, incluyendo
entre otros a Pinchote, Zapatoca, Aratoca y Curití. En 1844 fue elevada a provincia. Al formarse el
Estado Soberano de Santander, en 1859, la provincia de Guanentá fue elevada a la categoría de
departamento con capital Barichara, por haber nacido allí Aquileo Parra, presidente de los Estados
Unidos de Colombia. En 1887, con el nuevo reordenamiento territorial, la villa de San Gil fue
convertida en municipio.
En 1905, bajo la presidencia de Rafael Reyes, bajo el modelo republicano, el departamento de
Santander se segregó y nació el departamento de Galán, cuya capital fue el municipio de San Gil y
compuesto por las provincias de Guanentá, Galán, Socorro, Charalá y Vélez. Más adelante se llamó
departamento de San Gil, hasta 1909, cuando fue reintegrado al departamento de Santander con
capital en Bucaramanga.
9
I
GUERRERO, Amado y MARTÍNEZ, Armando. P. 152.
Ibíd. p. 117.
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