Principales bailes mestizos en México

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CONT. 3.4 Principales bailes mestizos en México
a) El son
Según Vicente T. Mendoza, uno de los principales investigadores de la música mexicana, el
son es uno de los ritmos más “entusiasta, animado y brillante”. Tiene su origen entre los siglos
XVII y XVIII y es uno de los géneros musicales que más importancia tiene en México, debido
a que se baila en gran parte del territorio y a su influencia en la música mexicana.
El son se caracteriza por su carácter juguetón, pues hace uso de la imitación y de la burla
como medio de expresión. Así, en los sones encontramos simulaciones de animales o de
rasgos de personas, que podemos observar en los diseños coreográficos, en los pasos y en
las actitudes de los bailadores.
Los sones se bailan en todo el país; sin embargo, en cada región adoptan rasgos que los
distinguen. Así, podemos encontrar variantes jaliscienses, nayaritas, jarochos, michoacanos,
guerrerenses, istmeños, etcétera.
b) El jarabe
El jarabe afirma Josefina Lavalle se origina en los zapateados españoles, en especial, en la
seguidilla cuyo nacimiento data del siglo XVI. Su presencia en nuestro país, al igual que el
son, se remonta a la época colonial. Estos bailes eran muy mal vistos, ya que se pensaba que
eran bailes deshonestos, provocativos y que ofendían las buenas costumbres. Un ejemplo de
esto lo encontramos en el “Pan de Manteca” el “Pan de Jarabe” y el “Jarabe Gatuno”, que
fueron prohibidos debido a que tanto los versos que se cantaban como los movimientos al
bailarlos eran burlones y picarescos.
En sus orígenes el jarabe era una forma simple de canto y baile. Con el paso del tiempo se
fue haciendo más complicado hasta que, en el siglo XIX, tomó una forma compuesta de un
conjunto de sones, con su canto y baile cada uno.
Entre los jarabes más conocidos están: el tapatío, el largo ranchero, el de la botella, el
mixteco, el zapoteco, el del Valle, el tlaxcalteca, el michoacano, el abajeño, el pateño, el
nayarita, el gatuno, etcétera.
c) La chilena
La chilena es un género de baile y de música muy difundido en las costas de Guerrero y
Oaxaca, en los que asumió características peculiares. Su ubicación geográfica corresponde a
la región conocida como La Costa Chica, que se extiende desde el Puerto de Acapulco hasta
la Bahía de Copalita, muy cercana al Istmo de Tehuantepec.
Los datos sobre sus orígenes históricos son muy escasos. Sin embargo, se sabe que
proceden de algunos bailes sudamericanos, como la “cueca” chilena y la “zamba” peruana.
Se combinan partes cantadas y partes instrumentales. A la introducción musical le sigue una
parte lenta que generalmente se ocupa para las coplas, y los movimientos de los bailadores
son a modo de paseos o descansos para continuar con una parte instrumental más rápida, en
la que se ejecutan “zapateados de tres” ejecutados con un movimiento muy sensual de la
cadera.
Tiene mucha similitud con los sones costeños, sin embargo, el uso del pañuelo le da una
particularidad muy específica. Las chilenas guerrerenses y las oaxaqueñas comparten como
peculiaridad el uso del pañuelo, que es agitado marcando ochos en el espacio.
d) La jarana
La jarana también es una derivación de los sonecitos indígenas y mestizos en combinación
con la música andaluza. Se baila sobre todo en la región sureste de nuestro país
(Campeche, Tabasco, Yucatán y Quintana Roo).
La jarana valsada tiene el aire de la jota aragonesa y la solemnidad de las danzas indígenas.
La coreografía de la jarana enfatiza las extremidades inferiores, particularidad que la distingue
de la jota y del zapateado español; el tronco del bailador permanece erguido, al grado que se
da el lujo danzar con un objeto en la cabeza. Los brazos van ligeramente elevados, mientras
que los dedos chasquean imitando las castañuelas, lo que recuerda a los bailadores de jota.
e) El huapango
El huapango es el baile tradicional característico de la región huasteca de nuestro país en la
que confluyen los estados de Tamaulipas, San Luis Potosí, Querétaro, Hidalgo, Puebla y
Veracruz. Sus antecedentes se encuentran en el fandango español y a la fecha algunos de los
nombres originales de estos bailes aún se conservan: Malagueña, Petenera, Rondeña,
etcétera. Al igual que numerosos sones de nuestro país, muchos de los huapangos se
inspiran en nombres de animales: el caimán, el toro, el perico, etcétera.
Un rasgo importantísimo de los huapangos es que son acompañados por el “Conjunto
Huasteco”, que se integra con un violín, una jarana y una guitarra “huapanguera”. Es común
que los músicos entonen las coplas y versos de los huapangos, empleando el típico falsete.
f) Polca, redova y chotis
Traídas de Europa, la polca, la redova y el chotis son los tres géneros de baile que mejor
caracterizan a la región norte de nuestro país. Tuvieron importante presencia en la mayor
parte de los salones de baile y fueron los bailes preferidos de las “niñas bien” de la sociedad
de la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. También la clase media los disfrutó en
los salones donde se realizaban los bailes públicos.
Es durante la época revolucionaria que el pueblo los adopta como suyos. La gente del pueblo,
para bailar las polcas y redovas, abandona los complicados diseños coreográficos y se acerca
a su compañera en un placentero apretón. La incorporación del acordeón es una de las
modificaciones que mejor le imprime un sabor popular a estos bailes.
La polca es una danza de pareja y giro con un movimiento alegre en el que los pies volaban
ayudados por los brazos, tronco y cabeza.
La redova es un baile de movimientos alegres; es también una danza de giro, en la que la
pareja ejecutaba los círculos balanceándose de un lado a otro.
El chotis es una danza de tiempo más lento. Fue un baile de salón muy popular a partir del
año de 1850. El chotis se baila especialmente en Zacatecas y Durango, y en este último
estado es conocido como “el chotis de cornada y huarachazo”. Ha asumido este nombre por
el empuje que las parejas hacen con su cuerpo y los golpes fuertes que hacen con los pies.
La polca, la redova y el chotis, al popularizarse, tomaron características peculiares,
particularmente, de los habitantes de la región norte. Los movimientos son fuertes, tal vez un
tanto bruscos; hay un contacto físico muy cercano con la pareja, lo que permite realizar
movimientos y giros con su pareja.
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