1 UNITAT 2 LA CONSTRUCCIÓ DE L’ESPANYA LIBERAL I (1833-1868) I. EL REGNAT D’ISABEL II (1833-1868) I.1. LA GUERRA CIVIL (1833-1840) DOC 1. MANIFIESTO DE ABRANTES «¡Cuán sensible ha sido a mi corazón la muerte de mi caro hermano! Gran satisfacción me cabía en medio de las aflictivas tribulaciones, mientras tenía el consuelo de saber que existía, porque su conservación me era la más apreciable. Pidamos todos a Dios le dé su santa gloria, si aún no ha disfrutado de aquella eterna mansión. No ambiciono el trono; estoy lejos de codiciar bienes caducos; pero la religión, la observancia y cumplimiento de la ley fundamental de sucesión y la singular obligación de defender los derechos imprescriptibles de mis hijos y todos mis amados sanguíneos, me esfuerzan a sostener y defenderla corona de España del violento despojo que de ella me ha causado una sanción tan ilegal como destructora de la ley que legítimamente y sin alteración debe ser perpetuada. Desde el fatal instante en que murió mi caro hermano (que santa gloria haya), creí se habrían dictado en mi defensa las providencias oportunas para mi reconocimiento; y si hasta aquel momento habría sido traidor el que lo hubiese intentado, ahora será el que no jure mis banderas, a los cuales, especialmente a los generales, gobernadores y demás autoridades civiles y militares, haré los debidos cargos cuando la misericordia de Dios, si así conviene, me lleve al seno de mi amada patria, y a la cabeza de los que me sean fieles. Encargo encarecidamente la unión, la paz y la perfecta caridad. No padezca yo el sentimiento de que los católicos españoles que me aman, maten, injurien, roben ni cometan el más mínimo exceso. El orden es el primer efecto de la justicia; el premio al bueno y sus sacrificios, y el castigo al malo y sus inicuos secuaces, es para Dios y para la ley, y de esta suerte cumplen lo que repetidas veces he ordenado. Abrantes, 1 de octubre de 1833.Carlos María Isidro de Borbón». DOC.2 LA SUBLEVACIÓN CARLISTA " Vizcaínos: una facción anti-religiosa y anti-monárquica se apoderado del mando durante la larga enfermedad de nuestro difunto rey, y trata de adquirir ascendientes para exponernos sin defensa a los ataques de la revolución y de la anarquía que combatimos en 1.823. Sus partidarios consideran las leyes antiguas y fundamentales del Reino abolidas por otras nuevas, y después de haber alterado el orden de sucesión al trono con una audacia que no presenta otro ejemplo en la Historia, quieren hacer a España cómplice de las abominables maquinaciones que la propaganda revolucionaria inventa para destruir el orden social en Europa. Vizcaínos, habéis proclamado a vuestro legítimo soberano, el magnánimo y virtuoso : D. Carlos Mª Isidro de Borbón, que se os ha presentado rodeado del amor de todos los españoles, para cicatrizar las llagas que el genio destructor del orden social os había causado..." Proclama de la Diputación de Vizcaya. Bilbao, 5 de octubre de 1.833 DOC 3. LAS CAUSAS DEL APOYO DE LOS CAMPESINOS AL CARLISMO “En España la liquidación del Antiguo régimen se efectuó mediante una alianza entre la burguesía liberal y la aristocracia latifundista, con la propia monarquía como árbitro, sin que hubiese un proceso paralelo de revolución campesina. Lejos de ello, los intereses del campesinado fueron sacrificados, y amplias capas de labriegos españoles (que anteriormente vivían en una relativa prosperidad y vieron ahora afectada su situación por el doble juego de la liquidación del régimen señorial en beneficio de los señores, y del aumento de los impuestos) se levantaron en armas contra una revolución burguesa y una reforma agraria que se hacían a sus expensas, y se encontraron, lógicamente, del lado de los enemigos de estos cambios: del lado del carlismo. Así se puede explicar lo que con el esquema francés resulta inexplicable: que la aristocracia latifundista se situase en España del lado de la Revolución, y que un amplio sector del campesinado apoyase a la reacción. No podría entenderse correctamente la importancia que el carlismo tuvo en el siglo XIX español, si se ignorase esta raíz de revuelta campesina - no de revolución, puesto que carecía de soluciones para el futuro -, y se quisiese reducirlo al discutible y trivial problema jurídico de la sucesión, o al entusiasmo que pudieran suscitar personalmente tío y sobrina, que allá se andaban uno y otra en cualidades de gobernante. Eran dos concepciones distintas de cómo debía estar organizada la sociedad las que se enfrentaron en unas guerras civiles sangrientas, que fueron mucho más que una simple pelea entre frailes montaraces y conspiradores de logia, como algunas caricaturas, de uno y otro lado, pretenden. Y en esas concepciones contrapuestas de cómo debía organizarse la sociedad, el problema de la tierra ocupaba un lugar central.” Josep FONTANA, “Transformaciones agrarias y crecimiento económico en la España contemporánea”, en Cambio económico y actitudes políticas en la España del siglo XIX, Ariel, Barcelona, 1975, pp. 162-163. DOC. 4. EL PAPEL DEL CLERO EN EL APOYO AL CARLISMO 2 ”Terminada la misa, un fraile subió al púlpito y predicó la guerra santa, en su lengua vascongada, ante los tercios vizcaínos que, acabados de llegar, daban por primera vez escolta al Rey. Yo sentíame conmovido. Aquellas palabras ásperas, firmes, llenas de aristas como las armas de la edad de piedra, me causaban impresión indefinible: tenían una sonoridad antigua, eran primitivas y augustas, como los surcos del arado en la tierra cuando cae en ellos la simiente del trigo y del maíz. Sin comprenderías, yo las sentía leales, veraces, adustas, severas. Don Carlos las escuchaba en pie, rodeado de su séquito, vuelto el rostro hacia el fraile predicador». Ramón María del VALLE-INCLÁN, Sonata de Invierno, Porrúa, Méjico, 1969, p. 128. I.2. LA REGENCIA DE Mª CRISTINA (1833-1840) DOC 5. LA PRENSA PROGRESISTA ANTE LA QUEMA DE CONVENTOS EN MADRID “Las ocurrencias lamentables de la tarde y noche del jueves, al paso que excitan a reflexionar seriamente, exigen el mayor comedimiento porque a nuestro modo de ver no son efecto de una causa aislada sino de muchas, algunas de las cuales traen origen desde la sublevación del partido carlista. En sucesos de esta naturaleza es muy aventurado avanzar proposiciones generales, y se engañan los que pretenden demostrar matemáticamente hechos acaecidos por una particular combinación, y de los cuales no se puede sacar una consecuencia general sino atendiendo en todas sus circunstancias. Desde que la guerra civil empezó en nuestras provincias, la conducta del clero regular se ha marcado generalmente contra los derechos de la legítima Reina y contra la libertad nacional. Los muchos frailes que han tomado parte activa en las facciones, los conventos que se han señalado dando abrigo y protección a los enemigos de la patria, las conspiraciones fraguadas en los que debieran ser asilo de la paz y de la concordia, y las tentativas de todas clases que los regulares han hecho para aumentar las desgracias públicas y entronizar a un rey inquisitorial, que favoreciese sus miras de ambición y predominio contra los intereses de la masa general, todo tenía predispuestos los ánimos contra una clase de gente que por no estar de acuerdo con el espíritu del siglo ni con las necesidades actuales de los pueblos, se han separado naturalmente de todas las asociaciones políticas de Europa.[...] El establecimiento de guardias con la suficiente fuerza en los conventos amenazados, la custodia de las fuentes para tranquilizar a los que temían el envenenamiento de las aguas, y una oportuna y enérgica alocución exponiendo francamente la verdad y las medidas adoptadas para la conservación del orden: esto hubiera bastado en nuestro concepto en las primeras horas de la tarde del jueves para libramos del riesgo que nos ha amenazado. El gobierno ha visto prácticamente que en semejantes crisis puede contar con la inmensa mayoría de los habitantes que componen la población de Madrid, pues en el interés de todos está la conservación del orden que asegura el respeto de sus personas y de sus bienes. Hasta muy por la mañana no hemos visto realizados nuestros deseos con la publicación de un bando que el Consejo de Gobierno en unión con el Ministerio, y en nombre de S.M. la Reina Gobernadora, se ha impuesto en la Gaceta de Madrid El Eco del Comercio, 20 de julio de 1834. DOC 6. EL INCENDIO DE LA FÁBRICA BONAPLATA “En medio del desorden reinaba cierto orden que honraba al pueblo barcelonés; pero por una de aquellas desgracias, inevitables en una población de 150.000 habitantes, un enemigo de la prosperidad pública logró sin duda seducir a algunos sugiriéndoles la idea de que la fábrica de vapor de Bonaplata, Vilaregut, Rull y compañía, perjudicaba al pobre jornalero, porque causaba la disminución en el precio de su jornal; con este engaño los seducidos, en vez de acudir a la Junta de Autoridades pidiendo leyes que mejorasen la suerte de las clases inferiores; que diesen una instrucción proporcionada a sus hijos para que con el tiempo pudiesen ser unos ciudadanos útiles, que disminuyesen los enormes derechos que pesan sobre la clase más pobre y más numerosa; que reformasen la ley de elecciones, para que los Procuradores pudiesen ser verdaderos representantes de la Nación española; (…) que concediesen libertad de imprenta, (…), leyes en fin que declarasen nacionales los bienes del clero (…) en vez, repetimos, de ocuparse el pueblo en pedir estas leyes que podían hacer su felicidad y establecer sólidamente un verdadero gobierno representativo, se detuvo en destruir los elementos de la riqueza nacional quemando la fábrica de Bonaplata y compañía. Con ello, los que lo hicieron, acreditaron las voces de que Barcelona estaba llena de anarquistas que solo aspiraban a enriquecerse con el robo de la propiedad de los ciudadanos pacíficos (…). Y cuando todas las naciones de la Europa recompensan con munificencia a los inventores de un descubrimiento que acelere los motores de las máquinas de vapor para dar mayor vigor a la industria; cuando por medio de caminos de hierro se conducen por el vapor con extraordinaria rapidez, facilidad y baratura las primeras materias, los géneros de consumo y los artefactos; cuando por el vapor llegamos con velocidad y tiempo determinado a las regiones más distantes; cuando sin el vapor seremos siempre y necesariamente tributarios de la industria extranjera porque nunca podremos rivalizar ni competir con ella; cuando por carecer España de aguas no pueden abrirse canales; y sin el vapor no puede haber caminos de hierro que nos transporten los granos de que abundan otras provincias para comer el pan barato (…) ¿no es un enemigo del 3 Pueblo el que induce a quemar las máquinas de vapor? ¿No es uno que quiere un día de gloria a los industriales extranjeros? ¿Podremos nunca sin el vapor fabricar las muselinas, holandas y otras manufacturas que tenemos ahora que comprar al extranjero, y en que se emplearían los brazos del jornalero español?” El Vapor, Barcelona, 10 de agosto de 1835, en GARCÍA-NIETO, M. C. e YLLÁN, E.: Historia de España, 1808-1978, Barcelona, 1987. I.3. LA REGÈNCIA D’ESPARTERO (1840-1843) DOC. 7. EL JUICIO DE KARL MARX SOBRE EL GENERAL ESPARTERO “Los méritos militares de Espartero son tan discutidos como es indiscutible su cortedad política. En una voluminosa biografía publicada por el señor de Flórez se presentan con gran aparato sus proezas militares y su actuación de general en las provincias de Charcas, La Paz,- Arequipa, Potosí y Cochabamba, donde luchó bajo las órdenes del general Morillo, encargado por entonces de reducir los estados sudamericanos bajo la autoridad de la corona española. Pero la impresión general producida por sus hechos de armas sudamericanos en la impresionable mentalidad de sus compatriotas queda lo suficientemente caracterizada por el hecho de que Espartero sea conocido como jefe del ayacuchismo, y sus partidarios como ayacuchos, en recuerdo de la desgraciada batalla de Ayacucho, en la que Perú y Sudamérica se separaron definitivamente de España. Es, pues, a todas luces un héroe verdaderamente extraordinario, cuyo bautizo histórico data de una derrota, en vez de datar de un triunfo. En los siete años de guerra contra los carlistas nunca se destacó por uno de esos golpes de audacia que pronto dieron a conocer a su rival Narváez como un militar de acero. Tiene, sin duda, el don de obtener el máximo de éxitos menores, pues fue pura suerte el que Maroto le entregara las últimas fuerzas del pretendiente, ya que el alzamiento de Cabrera 1840 no fue más que un esfuerzo póstumo por galvanizar el seco esqueleto del carlismo. [...] Resulta además, para colmo de desgracia, que, de todas las hazañas de Espartero en la Península, 1as que más viva impresión han causado en la imaginación pública han sido, si no propiamente derrotas, sí lo menos actos poco comunes en un héroe de la libertad: Espartero es conocido como el hombre que manda bombardear ciudades -Barcelona y Sevilla-. "Si los españoles quisieran representarle como a Marte -dice un escritor español-, pintarían un dios destructor de paredes”,. Karl MARX, Escritos sobre España, Planeta, Barcelona, 1978, pp, 96-100. I.4. LA DÉCADA MODERADA (1844-1854) DOC. 8. MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO DE 1840. “ El partido reaccionario ( partido moderado), cuyo sistema patentiza los principios proclamados hasta hoy por sus defensores, bajo el falso título de constitucionales, aceptó, obligado por las circunstancias, la Constitución de 1837 producto de la soberanía nacional, pero se propuso minar por su cimiento el edificio que se había construido con leyes contrarias a su verdadero espíritu....¿ Acaso el proyecto moderado sobre la libertad de imprenta aprobado por el Senado no barrenaba en esencia el pacto constitucional, creando obstáculos e interponiendo procedimientos contrarios a la institución del jurado, y estableciendo trabas opresivas para desencadenar el pensamiento? Y si volvemos los ojos a esa llamada Ley de Ayuntamientos tan abiertamente contraria a la Constitución ¿ No vemos sancionada en ella una coacción inmoral a la votación de los concejales, dado que todos sus acuerdos habían de ser visados por el jefe político quien podía fulminar persecuciones contra aquel que votase en un sentido contrario a las miras del GOBIERNO? La soberanía nacional ha sido y es nuestro principio de gobierno... Igual predilección reclama la venta de bienes nacionales, incluso los cuantiosos del clero secular, no sólo por su importancia e influencia sobre el crédito, sino como garantía del régimen constitucional...Reconocida la necesidad de enajenar los bienes del clero secular y de abolir el odiado diezmo y la primicia, es indispensable proveer el mantenimiento del culto de un modo capaz de conservar a sus venerables ministros... Tales son, en suma, las brevísimas indicaciones sobre los abusos que entorpecen nuestra regeneración y reformas que pudieran adoptarse.” Manifiesto de la Junta de Madrid, 12 de octubre de 1840 DOC. 9. LOS PARTIDOS MODERADO Y PROGRESISTA Y EL TRONO DE ISABEL II “Si el partido moderado hubiera sido bastante fuerte para triunfar solo (…) no hubiéramos experimentado las conmociones revolucionarias que agitaron a España de 1836 a 1840, durante lo más recio y apurado de la guerra civil. Mas del mismo modo que para fundar el trono de Isabel II se necesitó de la cooperación de la parte más numerosa, más pronunciada, más enérgica del partido liberal, de la parte conocida con el nombre del partido progresista, la cooperación y la ayuda de los moderados fue no solo útil, sino indispensable para terminar la guerra civil y fundar definitivamente la monarquía constitucional. Aunque enemigos opuestos, e injuriándose recíprocamente, los dos partidos reconocieron tácitamente que ambos eran necesarios para la existencia del 4 edificio constitucional y quizá sin saberlo, o cuando menos sin poderlo evitar, dieron una insigne prueba de patriotismo y de cordura elaborando los unos, y aceptando los otros, la Constitución de 1837 que, a todas luces, fue una verdadera transacción entre las dos grandes facciones del partido liberal, un medio hábil de haber echado las bases definitivas de un acuerdo que diera a todas las opiniones un terreno legal, perpetuo dentro del cual midieran sus fuerzas y ofrecieran su influencia con la libertad, igualdad y recíprocas garantías en que se funda la estabilidad y el crédito de los Gobiernos constitucionales (...). Cuando todos los derechos estaban asegurados, cuando había lugar y puesto para todas las ambiciones, campo para todas las ideas, los dos partidos que tan cuerdos y generosos se habían mostrado, al dar el uno y al aceptar el otro la Constitución del año 37, cuyo principal mérito consistió en ofrecer un medio de poner término al periodo revolucionario y poder dar principio a la legalidad constitucional, abandonaron la tabla de salvación en que habían tomado puesto, y el uno provocó y el otro aprovechó ansioso el pretexto de entrar en una nueva revolución”. BORREGO, A.: Estudios políticos. De la organización de los partidos, Madrid, 1855. DOC 10. OPINIÓN DE UN MODERADO SOBRE EL SUFRAGIO CENSITARIO “El derecho electoral no será un derecho de todos, y las ínfimas clases de cualquier país deberán estar privadas de él por la razón sencilla de que no podrán ejercerlo convenientemente... Se ha tomado, por regla general, como base para la concesión de este derecho, el goce de cierta renta o el pago de determinada contribución. Este principio, señores, es racional y aceptable. La riqueza, o por mejor decir el bienestar, la vida holgada y fácil, en el que el trabajo material no es una carga dura, no es una penosa ocupación en todos los momentos, y deja espacio para las concepciones del espíritu; este bienestar mediano, en que puede encontrarse un contentamiento decente y apacible; ese es el que debe tomarse como condición para la capacidad política, social. Quien gana afanosamente su sustento en un trabajo ímprobo y con el sudor de su rostro, quien no puede disfrutar alguna vez el digno descanso que nos realza tanto a nuestros ojos y a los de la multitud, quien está reducido a un escaso jornal, o a una existencia poco feliz, semejante a una máquina; ese no puede pretender la consideración ni la estima política, que naturalmente recaen en el que lleva una ventaja de tanto mérito.” PACHECO, Joaquin Francisco, Conferencia pronunciada en el Ateneo de Madrid en el curso 1844-45 DOC. 11. DOS EJEMPLOS DE BURGUESIA MODERADA VALENCIANA “Los Beltrán de Lis pasaron de ser exaltados a moderados. Era una familia valenciana de comerciantes; aprovecharon la coyuntura de finales del siglo XVIII y se enriquecieron abasteciendo de trigo a Valencia. Después, durante la guerra de la Independencia, se trasladan a Cádiz donde diversifican sus negocios, relacionándose con el gran comercio y las finanzas. A los Beltrán de Lis les impide desarrollar sus fortunas el orden feudal (limitaciones del comercio, de la industria, de acceso a la propiedad, monopolios feudales –hornos y molinos de señoríos-, posibilidad de utilizar trabajo asalariado...) Pugnan por romper ese mundo y crear el orden burgués (formaron parte de las juntas revolucionarias en 1808, un Beltrán de Lis fue ejecutado por Elío acusado de conspirar contra el absolutismo en el Sexenio, otro hermano hubo de exiliarse en 1823...). Pero una vez hecha “su” revolución, cualquier tentativa que pusiese en entredicho su recién lograda hegemonía seria frenada. Los Roca de Togores son otro ejemplo de burguesía moderada. Los Roca de Togores pertenecían a la pequeña nobleza, con un señorío sin jurisdicción (ésta la tenía el duque de Arcos y más tarde el conde de Altamira, titular del señorío d’Elx). Enemigos tenaces de la jurisdicción señorial, como es lógico, se beneficiaron de las reformas liberales que acabaron por convertirlos en dueños absolutos de sus posesiones. A diferencia de los Beltrán de Lis, los Roca de Togores siempre fueron moderados; su situación de pequeños nobles aburguesados les obliga a tener una actitud prudentemente liberal, recelosa de que la tierra pudiese pasar a manos del campesinado por una vía similar a la francesa. Al consumarse “su” revolución (esto es: abolición de la jurisdicción señorial, quedarse como propietarios de la tierra, desamortización de las tierras eclesiásticas con las que redondearon sus haciendas, así como la desvinculación de los señoríos territoriales que les va permitir comprar más tierras...) Se hicieron mucho más moderados, como muestra que Mariano Roca de Togores participara activamente en la caída de Espartero. Reelaborat a partir d’uns apunts de facultat de Marc Baldó Lacomba. DOC. 12. CARTILLA DEL GUARDIA CIVIL “Art. 1º: El honor ha de ser la principal divisa del Guardia civil; debe por consiguiente conservarlo sin mancha. Una vez perdido no se recobra jamás. Art. 2º: El Guardia Civil, por su aseo, buenos modales, y reconocida honradez, ha de ser un dechado de moralidad. Art. 3º: Las vejaciones, malas palabras, los malos modos, nunca debe usarlos ningún individuo que vista el uniforme de este honroso Cuerpo. Art. 5º: Debe ser prudente, sin debilidad, firme sin violencia, y político sin bajeza. 5 Art. 6º: El Guardia Civil no debe ser temido sino de los malhechores; ni temible, sino de los enemigos del orden. Procurará ser siempre un pronóstico feliz para el afligido y que a su presentación el que se creía cercado de asesinos, se vea libre de ellos; el que tenía su casa presa de las llamas, considere el incendio apagado; el que ve a su hijo arrastrado por una corriente de las aguas, lo crea salvado, y por último, siempre debe velar por la propiedad y la seguridad de todos. Art. 7º: Cuando tenga la suerte de prestar algún servicio importante, si el agradecimiento le ofrece alguna retribución, nunca debe admitirla. El Guardia Civil no hace más que cumplir con su deber; y si algo debe esperar de aquél a quien ha favorecido, debe serlo sólo un recuerdo de gratitud. [...] Art 8º: El Guardia Civil lo mismo en la Capital de la Monarquía, que en el despoblado más solitario, no deberá nunca salir de la casa-cuartel, sin haberse afeitado lo menos tres veces por semana, teniendo el pelo y las uñas cortas, bien lavado, peinado y aseado, limpiando diariamente las botas y zapatos. Art.10º: El desaliño en el vestir infunde desprecio. Art. 12º: Será muy atento con todos, En las calles cederá la acera del lado de la pared, no sólo a Jefes militares, sino a las justicias de los pueblos en que esté, a todas las autoridades, en cualesquiera de las carreras del Estado, y por lo general a toda persona bien portada, y en especial a las señoras. Es una muestra de subordinación, para unos; de atención para otros; y de buena crianza ,para todos. Art. 14º: Nunca se entregará por los caminos a cantos, ni distracciones impropias del carácter y posición que ocupa. Su silencio y seriedad deben imponer más que sus armas” Cartilla del Guardia Civil, 20 de Diciembre de 1845.(Cit. en Diego LÓPEZ GARRIDO, La Guardia Civil y los orígenes del Estado centralista, Crítica, Barcelona;, 1982, pp.192-193 DOC. 13.CONCORDATO DE 1851 " Art. 1º.La religión católica, apostólica, romana, que con exclusión de cualquier otro culto, siendo la única de la nación española, se conservará siempre en los dominios de S.M. católica... Art.2º En su consecuencia, la instrucción de las Universidades, Colegios, Seminarios y Escuelas públicas o privadas de cualquier clase, será en todo conforme a la doctrina de la misma religión católica... Art. 3º. Los fondos con que ha de atenderse a la dotación del culto y del clero serán: 1º, el producto de los bienes devueltos al clero por la ley de 3 de abril de 1845, 4º Una imposición sobre las propiedades rústicas y urbanas, y riqueza pecuaria en la cuota que sea necesaria para completar la dotación... Además se devolverá a la Iglesia, desde luego, y sin demora, todos los bienes eclesiásticos no comprendidos en la expresada ley de 1845, y que aún no han sido enajenados..." I.5. EL BIENNI PROGRESSISTA (1854-1856) DOC.14. EL MANIFIESTO FUNDACIONAL DEL PARTIDO DEMÓCRATA (1849) “ Declaración de derechos: El Estado debe reconocer y garantizar a todos los ciudadanos como condiciones primarias y fundamentales de la vida política y social: la seguridad individual, la de manifestar, transmitir y propagar su pensamiento de palabra, por escrito o en otra forma; la reunión práctica para cualquier objeto lícito, sea o no político; la de asociación para todos los fines morales, científicos o industriales; el derecho de petición, individual o colectivamente practicado; el derecho a la instrucción primaria qratuita; el derecho a una igual participación de todas las ventajas y derechos políticos; el derecho a un repartimiento equitativo y proporcional de las contribuciones y del servicio militar; el de optar a todo empleo o cargo público sin más condición ni título que el mérito y la capacidad, excluida toda preferencia de nacimiento, privilegio o distinción; el de ser juzgado o condenado por la conciencia pública (Jurado). [...]Nosotros, fieles a estas máximas de eterna verdad, consideramos como inconcusos y no controvertibles: el Trono hereditario de doña Isabel II, forma legítima y popular del poder ejecutivo; la religión católica como única religión del Estado; la unidad nacional, la propiedad, la familia. Partiendo de estos principios fundamentales de esta vida política y social, nosotros en el poder: 1º Reformaríamos la Constitución del Estado en Cortes Constituyentes, convocadas bajo las fases de elección directa, sufragio universal, y un diputado por cada treinta mil almas. Serían electores todos los españoles mayores de edad que supiesen leer y escribir, tuviesen domicilio fijo y una profesión u oficio que no les constituyesen dependientes de la voluntad de otras personas (domésticos, soldados). El cargo de diputado sería retribuido e incompatible con todo empleo dependiente del Gobierno, excepto los altos puestos del Estado. 2º Armaríamos, desde luego, la Milicia Nacional, organizada de modo que, sin ser un embarazo para el Gobierno, conservase las instituciones y el orden público. Dividida, además, en clases, serviría, con el tiempo, de reserva al Ejército activo. Todos los electores serían guardias nacionales. 39 Declararíamos la imprenta libre, sin depósito, fianza ni trabas fiscales. El sistema de responsabilidad tendría por objeto el castigo de los autores reales del escrito, y no la injusta ficción de editores responsables. El jurado conocería de los delitos de imprenta [...]” 6 DOC.15. MANIFIESTO DE MANZANARES “Españoles: La entusiasta acogida que va encontrando en los pueblos el ejército liberal, el esfuerzo de los soldados que te componen, tan heroicamente mostrado en los campos de Vicálvaro; el aplauso con que en todas partes ha sido recibida la noticia de nuestro patriótico alzamiento, aseguran desde ahora el triunfo de la libertad y de las leyes, que hemos jurado defender. Dentro de pocos días la mayor parte de las provincias habrá sacudido el yugo de los tiranos; la nación disfrutará los beneficios del régimen representativo, por el cual ha derramado hasta ahora tanta sangre inútil y ha soportado tan costosos sacrificios. Día es, pues, de decir lo que estamos resueltos a hacer en el de la Victoria. Nosotros queremos la conservación del Trono, pero sin camarilla que lo deshonre; queremos la práctica rigurosa de las leyes fundamentales, mejorándolas, sobre todo la electoral y la de imprenta; queremos la rebaja de los impuestos, fundada en una estricta economía; queremos que se respeten en los empleos militares y civiles la antigüedad y los merecimientos; queremos arrancar los pueblos a la centralización que los devora, dándoles la independencia local necesaria para que conserven y aumenten sus intereses propios; y como garantía de todo esto queremos y plantearemos bajo sólidas bases la Milicia Nacional. Tales son nuestros intentos, que expresamos francamente, sin imponérselo por eso a la Nación. Las Juntas de Gobierno que deben irse constituyendo en las provincias libres; las Cortes generales que luego se reúnan; la misma Nación, en fin, fijará las bases definitivas de la regeneración liberal a que aspiramos. Nosotros tenemos consagradas a la voluntad nacional nuestras espadas, y no las envainaremos hasta que ella está cumplida. Cuartel General de Manzanares, a 7 de julio de 1854.- El General en Jefe del Ejército Constitucional, Leopoldo O'Donnell, Conde de Lucena.” I.6. EL PERÍODE DE LA UNIÓ LIBERAL (1856-1868) DOC. 16. EL CÉLEBRE ARTÍCULO EL RASGO, DE EMILIO CASTELAR “Los periódicos reaccionarios de todos los matices nos han atronado los oídos en estos últimos días con la expansión de su ruidoso entusiasmo, de sus himnos pindáricos; verdadero "delirium tremens" de la adulación cortesana. (...) Vamos a ver con serena imparcialidad qué resta, en último término, del celebrado rasgo, resta primero una grande ilegalidad. En los países constitucionales el Rey debe contar por única renta la lista civil, el estipendio que las Cortes le decretan para sostener su dignidad. Impidiendo al Rey tener una existencia aparte, una propiedad, como Rey, aparte de los presupuestos generales del país, se consigue unirlo íntimamente con el pueblo. Hace mucho tiempo que se viene encareciendo cuánto podría servir para sacar de apuros al Erario los bienes patrimoniales de la Corona. Y sin embargo, nada, absolutamente nada se sacará ahora; nada. La reina se reserva los tesoros de nuestras artes, los feraces territorios de Aranjuez, el Pardo, la Casa de Campo, la Moncloa, San Lorenzo, el Retiro, San Idelfonso: más de cien leguas cuadradas, donde no podrá dar sus frutos el trabajo libre, donde la amortización extenderá su lepra cancerosa. [...]Si después de esto se transmite a la Corona el veinticinco por ciento de cuanto haya de venderse, quisiéramos que nos dijesen los periódicos reaccionarios qué resta de tan celebrado rasgo, qué resta sino un grande y terrible desencanto. Los bienes que se reserva el Patrimonio son inmensos: el veinticinco por ciento, desproporcionado; la Comisión que ha de hacer las divisiones y el deslinde de las tierras, tan tarda como las que deslindan los bienes del Clero; y, en último resultado, lo que reste del botín que acapara sin derecho el Patrimonio vendrá a engordar a una docena de traficantes, de usureros, en vez de ceder en beneficio del pueblo. Véase, pues, si tenemos razón; véase si tenemos derecho para protestar contra ese proyecto de Ley, que, desde el punto de vista político es un engaño; desde el punto de vista legal, un gran desacato a la ley; desde el punto de vista popular, una amenaza a los intereses del pueblo, y desde todos los puntos de vista uno de esos amaños de que el partido moderado se vale para sostenerse en un Poder que la voluntad de la nación rechaza; que la conciencia de la nación maldice”. Emilio CASTELAR, en el periódico La Democracia, 25 de febrero de 1865, (cit. en Pedro GÓMEZ APARICIO, Historia del periodismo español, vol. 1, Madrid, 1967, pp. 558-559). DOC. 17. EL PERIÓDICO LA DEMOCRACIA COMUNICA SU SECUESTRO POR LA AUTORIDAD GUBERNATIVA, A CAUSA DEL ARTICULO DE EMILIO CASTELAR “La Democracia de ayer ha sido denunciada y recogida, secuestrados todos los ejemplares que había en la redacción y enviada a provincias toda deshecha y transformada, pues no la dejaron columna sana ni sección adonde no llegaran las manos de sus enemigos”. La Democracia, Madrid, 26 de febrero de 1865 (en Fernando DIAZ-PLAJA, op. cit., p. 293) DOC. 18. LOS SUCESOS DE LA NOCHE DE SON DANIEL «El señor don Juan Manuel Montalbán, depuesto del cargo de Rector por no prestarse al inicuo e ilegal expediente intentado contra el señor Castelar, merecía de sus numerosos amigos, de sus infinitos admiradores, sobre todo de la juventud escolar una muestra de sincera adhesión. El medio escogido por los estudiantes de la 7 Universidad Central que veían amenazados y heridos los derechos del profesorado fue una serenata; medio natural que se usa universalmente en todos los pueblos libres. Los estudiantes de la universidad comisionaron al señor marqués de la Florida para que fuese al gobierno civil a pedir el permiso necesario a la serenata. Seis horas emplearon en meditar sí debían o no dar el permiso... [...] por fin dieron el permiso; muestra de tolerancia bien extraña en este gobierno del general Narváez tan arbitrario y tan amigo de oprimir todas las manifestaciones de la opinión pública [...] Con este permiso se preparó la serenata. Era aquella una manifestación pacífica, sensata, como cumple a la juventud, como es debida a la ciencia... ¿Quién turbó el orden? El Gobierno [ ... ]cuando había reunidos cuatro o cinco mil estudiantes fue el señor gobernador civil a la calle de Santa Clara, de grande uniforme, con un bastón en la mano y una espada al cinto, dispuesto a armar una batalla que dejara atrás la batalla de Arlabán. Guardia Civil de infantería, guardia civil de caballería, empezó a despegarse por todas las bocacalles. La serenata concedido el viernes por la tarde después de seis horas de meditación profunda y solitaria, fue negada anoche a última hora cuando ya Madrid entero se había citado en la calle de Santa Clara [...] más de diez mil jóvenes que iban dispuestos a saludar al Rector y no a encontrarse con un ejército. (...) Conceder esta serenata, negarla a última hora; ocupar militarmente las pacíficas calles adyacentes al teatro de la ópera, salir el gobernador militar de Madrid; dar órdenes el capitán general como si estuviéramos en vísperas de una inmensa catástrofe; ocupar la infantería toda la Puerta del Sol, bajar la caballería por la calle de la Montera; dar cargas en la Carrera de San Jerónimo y en la calle del Príncipe; causar heridas, producir todo este escándalo contra la serenata de los estudiantes a un señor Rector. ¿Si necesitará el general Narváez declarar a España en estado de sitio y deportar la mitad de los españoles a Filipinas para despojar de su cátedra a un catedrático?” La Democracia, Madrid, 9 de abril de 1865 (en Fernando DÍAZ-PLAJA, op. cit., pp. 293-294). DOC. 19. EL PACTO DE OSTENDE «No hay para qué referir aquí los detalles de mi acuerdo con las personas más importantes de los partidos progresista y democrático; pero sí importa consignar un hecho que pone de manifiesto el rumbo trazado a la revolución. Con ellas asistí a la reunión que se celebró en Bruselas el día 5 de julio de este año, habiendo declarado previamente que, si no concurrían unas otras, yo tampoco concurría. Además de abrigar en mí conciencia todos los principios democráticos, en todo lo que tienen de practicables, recordaba lo que en diferentes circunstancias había dicho el iniciador de la idea antidinástica: que en ningún país había bastado un solo partido para derribar una dinastía y establecer otra nueva, y ansiaba con toda mi alma la inteligencia sincera y completa de los dos partidos. Tuve la fortuna de ver que todos parecían animados del mismo deseo, y después de una breve discusión, porque la armonía de miras que se manifestó no daba lugar a otra cosa, se acordó por unanimidad lo siguiente: 1. Que el objeto, y bandera de la revolución en España, es la caída de los Borbones. 2. Que siendo para los demócratas un principio esencial de su dogma político el sufragio universal, y admitiendo los progresistas el derecho moderno constituyente del plebiscito, la base para la inteligencia de los dos partidos fuera que por un plebiscito, si las circunstancias no se oponían a ello, o por unas Cortes Constituyentes elegidas por el sufragio universal, se decidiría la forma de gobierno que se había de establecer en España, y siendo la monarquía, la dinastía que debía reemplazara la actual, en la inteligencia de que, hasta que así se decidiese, había de ser absoluta la libertad de imprentas, y sin ninguna limitación el derecho de reunión, para que la opinión nacional pudiese ilustrarse y organizarse convenientemente; sin que el gobierno provisional, que saliera de la revolución, pudiera influir como tal en la resolución de la cuestión fundamental sin perjuicio de que la personas que lo compusieran pudieran sostener privada y públicamente sus opiniones individuales. 3. Que se reconocía como jefe y director militar del movimiento al general Prim, que podría emplear en lo que juzgara conveniente, a los presentes y sus amigos; [ .. ]» Manifiesto de don Carlos María de la Torre desde Bruselas, 4 de noviembre de 1867(cit. en Marqués de MIRAFLORES, Continuación de las Memorias políticas para escribir la historia del reinado de Isabel II, Madrid, B.A.E., 1964, tomo III, p. 402).