Motivaciones iniciales

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Tema 13
¿Reconozco el don de la Reconciliación en vida?
MOTIVACIONES INICIALES
a. Diálogo sobre la película: “La Pasión de Cristo” (Mel Gibson) o el Video “Fue el
mismo Dios”
Objetivo
Tomar conciencia del amor sin límites del Señor Jesús por nosotros.
Materiales
DVD y video.
Desarrollo
Opción 1:
Se puede ver la película antes del desarrollo del tema para luego el día de la reunión
empezar dialogando
Opción 2:
Ver el video “Fue el mismo Dios” para luego dialogar en torno al amor del Señor Jesús
por nosotros que lo llevo a dar su vida por nuestra reconciliación.
b. Línea de Tiempo
Objetivo
Reconocer los momentos importantes de la Historia de la Reconciliación.
Materiales
Papelógrafo o pizarra y plumones.
Desarrollo
Hacer una línea del tiempo en un papelógrafo o pizarra.
Luego pedir a los agrupados que se dividan en grupos y que a partir de los
contenidos del tema hagan una línea del tiempo en la que señalen los momentos
más importantes de la Historia de la Reconciliación.
Exponen la línea del tiempo y desarrollan el tema.
c. Un testimonio de perdón
Objetivo
Descubrir en el don de la Reconciliación, una expresión del amor y la misericordia de Dios.
Tiempo aproximado
10 minutos
Materiales
Copia del texto para cada agrupado, computadora o DVD y video sobre Ali Agca.
Desarrollo
Introducción por parte del animador:
Mehmet Ali Ağca (nacido el 9 de enero de 1958), de nacionalidad turca, fue el autor
material de un atentado en contra de la vida de S. S. Juan Pablo II ocurrido el 13 de mayo
de 1981. En la Plaza de San Pedro de la Ciudad del Vaticano disparó al Papa Juan Pablo II
con una pistola Browning de nueve milímetros. Le hirió de gravedad en el abdomen cuando
se disponía a celebrar su audiencia general de los miércoles.
Agca fue detenido y, además del arma, se halló en su bolsillo una nota escrita en turco que
decía: "Yo, Agca, he matado al Papa para que el mundo pueda saber que hay miles de
víctimas del imperialismo". En julio de 1981 fue condenado a cadena perpetua y a la pena
especial de "aislamiento" por un tribunal italiano.
El Papa Juan Pablo II tuvo varios gestos de reconciliación y perdón. El primero fue el 17 de
mayo de 1981, cuatro días después del atentado, cuando Juan Pablo II convaleciente en el
hospital "Policlínico Gemelli" manifestaba: "rezo por el hermano que me ha disparado, a
quien sinceramente he perdonado".
Otro, muy importante, fue en 1983 cuando el Papa visitó a Ali Agca en la cárcel.
Agca recibió la visita del Papa en la cárcel en 1983 (Foto: AFP).
Lectura de textos
Es posible que Juan Pablo II se haya enterado el martes, por boca del asesino a sueldo
que intentó matarlo hace dos años y siete meses, quién ordenó y planificó el magnicidio
frustrado de Plaza San Pedro. Vestido con un suéter azul y jeans, con la barba crecida y
aire contrito, Mehmet Alí Agca, el ex lobo gris, conversó secretamente durante 21 minutos
con el pontífice en una celda de la cárcel romana de máxima seguridad de Rebibbia. Juan
Pablo II y Agca se sentaron en sillas de plástico frente a frente, sus cabezas casi juntas,
como en una confesión, y dialogaron en susurros. En dos oportunidades el Papa cerró los
ojos y casi apoyó su frente en el hombro del joven terrorista de 25 años. Al principio se
tomaron las manos; luego el pontífice apretó afectuosamente el brazo izquierdo de Alí
Agca y cuando se despidieron lo palmeó en el hombro. Como respuesta, Agca hizo una
genuflexión y besó la mano de Juan Pablo sonriendo con expresión agradecida… y cuando
abandonó la celda estaba conmovido. "He hablado con Agca como se habla con un
hermano al que he perdonado y goza de mi confianza", dijo. Cuando se le preguntó por el
tenor de la conversación, contestó: "es un secreto que no me pertenece y que debo
respetar". El encuentro se realizó en el sector G-7 de la cárcel y la puerta de la celda de
Agca permaneció abierta por razones de seguridad, mientras el Ministro Italiano de Justicia
Mino Martinazzoli, el Secretario de Estado Vaticano Cardenal Agostino Casaroli y otros
dignatarios aguardaban en un corredor contiguo de la prisión.
Cuando los periodistas le preguntaron al Papa si Agca le había manifestado su
arrepentimiento por el ataque a balazos en Plaza San Pedro, la respuesta fue un lacónico
sí. La visita papal a la cárcel tuvo otro momento importante: la celebración en la capilla del
penal de un servicio que duró dos horas y media ante 500 internos que lo ovacionaron y
después desfilaron ante su sitial para arrodillarse y besarle la mano.
El sacerdote Dante Mele, capellán titular de Rebibbia, dijo que el prisionero turco "esperó
con gran ansiedad y humilde esperanza la visita del Papa".
El Papa y su atacante de 1981 hablan
en voz muy baja en la celda de la cárcel de Rebibbia.
Mehmet Alí Agca: Así intenté matar al Papa
13 de mayo de 1981. Espléndida tarde de primavera en Roma. Veinte mil peregrinos
de los cinco continentes asisten en la Plaza de San Pedro a la audiencia general de los
miércoles. Un joven, mal afeitado, de tez oscura, traje gris y camisa blanca se abre paso
entre la muchedumbre. Busca situarse cerca de la trayectoria que seguirá el “Toyota”
blanco con el escudo pontificio que hace unos segundos salió a la plaza por el Arco de las
Campanas. El Papa viaja de pie en la parte trasera del descapotable. Le acompañan su
secretario, Stanislav Dziwisz, y su ayudante personal, Angelo Gugel. El coche avanza
muy despacio. Los fieles se abalanzan para estrechar la mano al Santo Padre. Una mujer
le tiende una niña rubia, Juan Pablo II la coge en brazos, la da un beso y la devuelve a su
madre. El hombre del traje gris ha conseguido situarse a sólo cinco metros de la barrera.
Ha visto la escena. Sus ojos oscuros apenas parpadean, no dejan de seguir la figura del
Papa. En su bolsillo empuña una “Browning” de mortífera eficacia. Juan Pablo II acaricia a
otro niño, hace la señal de la cruz en su frente, y vuelve a incorporarse. Ha llegado el
momento. Pasan 19 minutos de las cinco de la tarde. Suenan dos disparos. Todas las
palomas del Vaticano alzan el vuelo. Juan Pablo II cae sobre su secretario. En su rostro
se refleja un intenso dolor. El desconcierto es total. Guardias suizos de paisano suben al
coche. El conductor acelera para regresar al interior del Vaticano lo antes posible, de
nuevo por el Arco de las Campanas. La faja del Papa se tiñe de rojo. El autor de los
disparos huye abriéndose paso a codazos. Una ambulancia traslada al herido a la Clínica
Gemelli. Juan Pablo II no deja de rezar un solo instante. Ingresa en el quirófano en estado
muy grave.
”Yo sé que disparé bien, miré perfectamente. Sé que el proyectil era devastador y mortal...
¿Por qué entonces usted no ha muerto?”. Dos años después, cuando el Papa acudió a la
cárcel para perdonar a Alí Agca, éste le reconocería que aquella tarde nunca dudó que
había conseguido su objetivo.
”Aquel 13 de mayo de 1981 lo recuerdo siempre porque fue el punto de partida de mi vida;
representa la tragedia y a la vez el renacimiento en mi existencia. Es una fecha que está
absolutamente ligada al 13 de mayo de 1917, primera aparición de la Virgen de Fátima.
Todo forma parte de un milagro, un misterio que se dilata en el tiempo y que no ha sido
todavía perfectamente entendido. Aquel día en la plaza de San Pedro tuve mis dudas en
los últimos instantes. ¿Hacerlo o no hacerlo? El vehículo del Papa hace un giro en ese
instante y me quedo a espaldas de Juan Pablo II. Yo no podría disparar jamás a un
hombre que me da la espalda, y me digo: “Déjalo, abandona tus planes. A las ocho y
media de la tarde sale un tren para Zurich. Déjalo, no tienes nada contra el Papa.
Mañana, 14 de mayo, empezará una nueva vida para ti”. Y me alejé. Había recorrido
cuarenta o cincuenta metros cuando los aplausos y las aclamaciones me hicieron volver
la cabeza, como si fueran un reclamo. El Papa había regresado hacia donde yo estaba y
venía directamente hacia mí. Yo tenía desde hacía tiempo una idea precisa: o moríamos
los dos o nos salvábamos los dos juntos. Fue un gesto desesperado. Pensaba que sería
el último día de mi vida. Quería dejar una huella en la Historia a través de un acto
terrorista, aunque ahora pienso que ésta era una idea primitiva, con la que hoy no
comulgo en ningún sentido. En aquel momento sucedió algo que no puede explicarse
desde el punto de vista humano. Yo era como un autómata. Cuando disparé, tres veces
seguidas, exclamé: “¿Dios!”. Algo me paralizó después. Fue como si hubiese regresado a
mí mismo, y entonces escuché el ruido del pánico de la gente en la plaza. Nunca me he
reprochado haber fracasado en mi plan de asesinar al Papa. Hay algo inexplicable en
todo esto. Es un proyecto de la Providencia. Jamás se encontrará una explicación
humana a este hecho. Sinceramente, me alegro mucho de que el Papa haya sobrevivido.
Cuando vino a visitarme a la cárcel fue como un sueño, algo increíble. Fue un gran gesto
y un hecho extraordinario estar con él después de todo lo que pasó. Pero para mí lo más
importante fue el abrazo que el Papa dio a mi madre en una de las tres audiencias que
tuvo con ella en el Vaticano. Admiro al Papa porque es el último baluarte, la última
fortaleza moral para la defensa de este Occidente que va camino de convertirse en un
desierto. ¿Qué alternativa hay al Papa y al Vaticano? Juan Pablo II es también un punto
de referencia para todos los demás creyentes, para los musulmanes, para los judíos”.
Tomado de "La Razón"
Conclusión
"Rezo por el hermano que me ha disparado, a quien he perdonado"
Juan Pablo II, mayo de 1981
Ahora Alí Agca ha manifestado su deseo de ser bautizado. (A continuación pueden
ver el video de Ali Agca).
Diálogo:
a. ¿Qué puede llevar a un hombre que ha sufrido una ofensa grave de parte de
otro a ofrecerle el perdón?
b. ¿Qué testimonio nos da el recordado Siervo de Dios Juan Pablo II sobre el
don de la Reconciliación?
c. ¿Cuál es la actitud del Señor Jesús frente a nuestros pecados?
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