especial relevancia como elemento funcional dado que actúa como

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especial relevancia como elemento funcional dado que actúa como
un principio estructural de cohesión temática en ambos lenguajes
y porque ayuda, a través de una compleja trama de interferencias
textuales, a reforzar el carácter unitario tanto del relato como de la
película. Santamaría Aceituno focaliza su interés en aspectos técnicos
como el montaje, el sonido y la estructura narrativa de la película,
sobre la base de que Pasolini no sólo se acerca al Decameron para
hacer una simple adaptación cinematográfica sino, más bien, para
ofrecer, según su particular modo de entender el cine, una visión
popular de la obra de Boccaccio.
Carlo Romiti e Ilaria Landy cierran el volumen con su contribución, única del tercer y último apartado “Dramatización del Decameron hoy en Certaldo”. La lectura multidisciplinar de la obra de
Boccaccio es ahora abordada –y completada– desde el punto de vista
de la escenografía teatral. Certaldo y sus espacios naturales han sido
los escenarios en los que se ha podido escuchar y ver fragmentos,
historia de amor y de muerte, de la obra boccacciana. La presentación de las diferentes dramatizaciones da la mano a la filología para
ofrecernos este entretenido e interesante estudio sobre cómo el teatro
Oramona ha relatado a Boccaccio.
Un broche de oro para este magnífico número extraordinario de
la revista Cuadernos de Filología Italiana, cuya lectura proporciona
un complemento de gran calidad, que nos permite seguir ahondando
en la pervivencia y actualidad de los estudios y la obra del insigne
Giovanni Boccaccio.
Carmen F. Blanco Valdés
Universidad de Córdoba
Jesús D. Rodríguez Velasco, Ciudadanía, soberanía monárquica
y caballería: poética del orden de caballería, Madrid, AKAL,
2009, 304 pp.
Como nuevo jalón de una fecunda línea de investigación desarrollada a lo largo de las dos últimas décadas, Jesús D. Rodríguez
Velasco aborda en Ciudadanía, soberanía monárquica y caballería:
poética del orden de caballería el estudio particular de algunas instituciones caballerescas surgidas en Castilla y León durante la primera
mitad del siglo xiv, en un período que se circunscribe, aproximadamente, al reinado de Alfonso XI. En dicho recorrido el autor explora
el modo en que se crea un ordo o clase social, la caballería, cuya
importancia resultó crucial en la construcción política y cultural de
Occidente a partir del siglo xi, cuando la tradición clerical derivada
de San Agustín asignó a la nobleza las tareas defensivas del territorio
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dentro de un orden teológico destinado a terminar con la violencia
descontrolada de tiempos pretéritos. En un nuevo estadio del proceso
de civilización, por tanto, fue la caballería –a la que se aparejaba por
definición la fuerza de los hombres de armas– el dispositivo empleado como soporte de los valores cívicos y morales sobre los que habría de sustentarse en adelante la paz y estabilidad de los reinos cristianos. Situados, pues, en un momento clave para la consolidación
de dicho proceso en el ámbito hispánico –que se corresponde con el
período inmediatamente posterior a la primera definición jurídica de
la caballería castellana, recogida en las Siete Partidas de Alfonso X–
la obra estudia aquellas agrupaciones que, como la Hermandad de
1315, las cofradías de caballeros de Burgos (Santiago y Santa María
de Gamonal) o la Orden de la Banda, representaron a mediados del
Trescientos las manifestaciones más originales y significativas de un
orden de caballería permanentemente reinventado y reformulado en
aquellas formas de asociación surgidas al calor del fortalecimiento
del poder monárquico y la expansión de la jurisdicción central sobre
el territorio castellano.
La armonización de aspectos tan diversos como los apuntados
es precisamente lo que permite al autor articular observaciones y
argumentos extraídos de la Historia política, social y del Derecho,
de la Semiología, de la Historia de la Filosofía y de la Teología, de
la Geografía humana y el Urbanismo, de los estudios literarios, de
la Bibliografía material o de la Ecdótica para configurar un discurso
rico y complejo, inclinado a la teorización, que facilita la contemplación del objeto de estudio desde muy distintas perspectivas, en
un sugerente intento de explorar los aspectos más variados de su
significación. Y es que en torno a la caballería, como se explica en
la introducción de la obra, se desarrollaron muchas de las categorías
políticas, estéticas y morales que vertebraron el universo medieval –
el modo de relación entre las personas, las instituciones o los sexos–,
de manera que, a través de su estudio, es posible dar cuenta del inmenso caudal de ideas y conceptos –como los de lealtad, galantería,
aventura, honor o civismo– incorporados a la tradición occidental
a través de aquellas poéticas del ordo –la puesta en práctica textual
para la configuración de una determinada clase o categoría social,
en palabras de Rodríguez Velasco– creadas por los distintos grupos
humanos que proyectaron sobre la caballería sus respectivas esperanzas públicas. Unas expectativas de progreso que, en el caso de las
agrupaciones burguesas analizadas en la presente investigación, se
materializaron tanto en el deseo de distinción social –frente a otros
colectivos urbanos– como en la voluntad de integración –junto a la
nobleza tradicional y el clero– en la sociedad política del momento.
A pesar de la importancia que, andado el tiempo, adquirieron para
la construcción de las grandes monarquías del Antiguo Régimen,
estos grupos de poder –las hermandades, cofradías y órdenes antes
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reseñadas– habían sido escasamente estudiados hasta la fecha.
Rodríguez Velasco, pues, se interna en un terreno mal explorado para
mostrar el uso y reinvención que en cada caso se hizo del discurso
sobre la caballería con intención de conquistar determinados objetivos
políticos. En ese sentido –y como eje de su exposición– el autor
explica pormenorizadamente el modo en que las poéticas del ordo
fueron utilizadas por las diferentes oligarquías urbanas castellanas
para adoptar en carne propia algunos rasgos y señas de identidad
propios de la aristocracia tradicional –el mantenimiento de armas
y caballos, la exhibición de escudos heráldicos, el lucimiento de
coberturas y gualdrapas en sus monturas o la participación colectiva
en alardes y actos públicos– que, junto a las reivindicaciones legales
promovidas para ver reconocidos sus derechos y privilegios, les
permitió postularse jurídica y simbólicamente como una nueva
nobleza civil surgida –al contrario que la aristocracia feudal de
rancio abolengo– al amparo de la Corona. Por este camino, una
vez reconocida y alzada por el rey, la caballería villana –tal y
como se argumenta en el texto– sirvió eficazmente al príncipe
como contrapeso frente a la alta nobleza jurisdiccional –cuya
naturaleza teológica fue siempre defendida, a través de un discurso
de oposición, por ilustres magnates como don Juan Manuel– en el
proceso político más trascendente de la Baja Edad Media, el que
llevaría a la configuración de las grandes monarquías dinásticas y
al consiguiente establecimiento, en los distintos reinos europeos, de
sistemas de Corte donde, en contraposición al feudalismo medieval,
la Corona llegaría a concentrar los recursos militares y financieros del
reino gracias a su incontestable predominio –situada en una nueva y
preeminente posición de equilibrio– sobre la alta nobleza, el clero y
las élites ciudadanas.
En el seno de dicha dinámica general, el autor analiza exhaustivamente la significación de los procedimientos que se pusieron en juego
para la expresión del poder, en particular, la estética documental y las
producciones de presencia creadas por las cofradías y hermandades
caballerescas a través de las que las élites urbanas castellanas
defendieron colectivamente, en tiempos de Alfonso XI, sus intereses
políticos, económicos y sociales. La obra, de este modo, se organiza
para ofrecer en cada uno de sus capítulos el análisis pormenorizado
de una determinada forma de la poética del ordo: el capítulo primero
se dedica al diseño de los rituales de incorporación a la caballería –
para un período situado entre 1200 y 1350– y al dispositivo político,
jurídico y cultural que se articula con ellos. Su intención es mostrar
las estrategias que se ponen de relieve a través de las distintas tesis
sobre la entrada en la caballería. Alcanzado ya el reinado de Alfonso
XI, el segundo capítulo estudia el Cuaderno de la Hermandad de
Caballeros de 1315, donde quedan recogidos los acuerdos y exigencias
concertados por los caballeros de varias ciudades castellanas que,
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durante la minoría del monarca, defendieron en común sus intereses
frente al Consejo de regencia y la alta nobleza. Tras el análisis de esta
red, el autor repasa otras iniciativas de la caballería urbana destinadas
a la localización de su poder en el interior de la ciudad. De esto se
ocupa en el capítulo tercero, donde se analizan estas congregaciones
en la ciudad de Burgos, en concreto, las cofradías de Santa María
de Gamonal y de Santiago, cuya originalidad reside en el hecho de
que se nutrieron de una caballería villana procedente de la burguesía
productiva. En los capítulos cuarto y quinto, la obra estudia una
institución caballeresca creada, en sentido contrario, desde la cúspide
del poder central. Se trata de la Orden de la Banda, la primera orden
caballeresca de origen monárquico en Europa, fundada y organizada
por Alfonso XI de Castilla, a cuyo conocimiento se accede a través
de códices tan problemáticos como los que recogen tanto el Libro
de la Banda (1348), primera redacción de la regla, como su Segundo
ordenamiento. Finalmente, el análisis de las marcas externas que
hacen presente la caballería tanto en el espacio como en el tiempo,
esto es, la emblemática heráldica, ocupan las páginas del sexto y
último capítulo.
A través de un riguroso examen de fuentes diversas, Rodríguez
Velasco da cuenta, pues, a lo largo de su estudio, del modo en que
se configura el poder de una clase mercantil emergente en el interior
de las ciudades medievales; de las formas de autorrepresentación de
las élites urbanas; de las alianzas que dichas oligarquías trazan con
el poder monárquico para ver reconocida su nobleza e integrarse en
la sociedad política a cambio de someter a la jurisdicción central los
espacios ciudadanos situados bajo su control; de cómo el imperium
monárquico reordena por esta vía los sistemas nobiliarios para, en
última instancia, desprenderse de ellos; de por qué las relaciones de
fuerza establecidas entre imperium monárquico, valores nobiliarios
y poder burgués se articulan mediante el uso de ese laboratorio social que es la caballería; y, finalmente, de cuáles son los materiales
a través de los que se expresan estos poderes y cómo podemos interpretarlos. La caballería, por tanto, situada en un espacio liminar
clave para la comprensión de los procesos históricos más decisivos
acaecidos en la Baja Edad Media, permite contemplar desde una novedosa perspectiva tanto la constitución de los poderes ciudadano y
monárquico, como el consecuente cambio de equilibrio producido en
el seno de la sociedad política castellana –en esencia, el progresivo
desplazamiento de la alta nobleza ante la pujanza de la Corona y las
nuevas oligarquías urbanas– que condujo, andados los años, a la consolidación de la jurisdicción central y a la configuración institucional
de la moderna Monarquía hispana.
Junto a estas cuestiones –tal y como demuestra el autor– y vueltos
los ojos hacia el estudio del sujeto, la caballería representa también una
excelente atalaya desde la que contemplar los cambios acontecidos
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en el modelo antropológico vigente entre las clases dominantes,
que, ante la evolución de las técnicas militares, van abandonando
paulatinamente el ejercicio de las armas –propio de los defensores en
la sociedad feudal–, para buscar en la formación intelectual una nueva
vía de promoción personal e integración en la incipiente sociedad
cortesana, que en el ocaso de la Edad Media demanda letrados y
oficiales cualificados para desempeñar nuevas funciones judiciales y
administrativas en los distintos consejos, casas reales y chancillerías
que constituían el núcleo de la Monarquía. En ese sentido, la obra
esboza las líneas maestras que dibujan la evolución experimentada,
en el plano del individuo, por cada uno de los modelos antropológicos
que, en realidad, quedan dibujados con cada formulación de la
poética del ordo. De esta manera, poniendo el acento en los valores
morales, obligaciones y cualidades personales atribuidos al caballero
en las distintas fuentes manejadas, se hace posible reconstruir la
trayectoria que lleva desde el caballero medieval dedicado al oficio
de las armas –el bellator de la teoría de los tres órdenes– al moderno
cortesano –destinado a servir honestamente al rey haciendo gala
de un amplio repertorio de habilidades y conocimientos extraídos,
mayoritariamente, del legado clásico–, pasando por el caballero
letrado del siglo xv, de cuya existencia da cuenta el autor a través de
algunas de sus producciones de presencia más significativas, como
son los retratos más tardíos recogidos en el Libro de Santiago, donde
numerosos cofrades burgaleses –salidos de la universidad– exhiben
con orgullo sus birretes.
Ciudadanía, soberanía monárquica y caballería: poética del orden de caballería ofrece, pues, como se observa, no sólo un sugerente estudio sobre las distintas asociaciones caballerescas surgidas en
la Castilla de Alfonso XI, sino que aborda desde el espacio liminar
que representa la caballería, –considerando que la elección del objeto de estudio constituye uno de los grandes aciertos del trabajo– los
problemas históricos y culturales más trascendentes de la Baja Edad
Media, aportando una visión original y sugerente que no persigue
tanto la exhaustividad o el agotamiento del tema, como la apertura
de nuevas vías de investigación –por ejemplo, la evolución de los
poderes urbanos y del arquetipo de caballero en el paso de la Edad
Media a la Modernidad– o la presentación de nuevos procedimientos
metodológicos que permitan la imbricación natural y rigurosa en el
discurso de disciplinas tan diversas como las reseñadas con anterioridad. Una obra, en fin, que debido a la centralidad de su objeto de
estudio, la caballería, y al amplio repertorio de perspectivas que Rodríguez Velasco proyecta sobre la misma, constituye ya un referente
obligado no sólo para quienes consagran sus esfuerzos al análisis del
discurso caballeresco, sino también para todos aquellos que, dedicados al estudio de la literatura medieval, la historia política, el urbanismo y los espacios de poder, la heráldica o la bibliografía material,
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intentan ir más allá de las fronteras –y en eso consiste su aventura–
que, todavía hoy, separan artificialmente las humanidades.
Eduardo Torres Corominas
Universidad Complutense de Madrid
An Smets, «Des faucons». Édition et étude des quatre traductions
en moyen français du «De falconibus» d’Albert le Grand, Lormaye,
Jacques Laget (Bibliotheca Cynegetica, 6), 2010, 601 pp.
Reseñar un libro malo es la cosa más sencilla del mundo: basta
con poner en evidencia unos cuantos errores, se demuestra porqué
son errores y la tarea está concluida. Sin embargo, cuando el libro es
bueno –¡Bueno!, mejor dicho, ¡Excelente!– la labor del reseñista se
complica. ¿Qué se puede decir sobre un trabajo bien hecho? Quizá
lo mejor sea describir qué es lo que An Smets nos presenta en este
magnífico volumen, como todos los demás de la Bibliotheca Cynegetica, colección que ella misma inauguró en 1999 con Le «Liber
accipitrum» de Grimaldus: un traité d’autourserie du haut Moyen
Age, aunque es el segundo tomo.
En esta ocasión la autora nos ofrece la edición de las cuatro traducciones francesas medievales del De falconibus de Alberto Magno
(c. 1200-1280), que fue el tema de su tesis doctoral en la Katholieke
Universiteit Leuven, la cual defendió en 2003. Lo que nos presenta
es una versión reducida (su tesis tenía más de 2000 páginas) y actualizada, pues incorpora datos e informaciones aparecidos con posterioridad como son los Kerdeston Books, que fueron puestos en venta
en el año 2006 y adquiridos por la British Library el año siguiente o
la localización de una traducción parcial catalana. Pero no adelantemos datos ni hechos.
El De falconibus es un texto de historia compleja, pues entre los
muchos misterios que encierra hay que considerar si se trata de una
obra incrustada en el más amplio De animalibus de Alberto Magno o
si por el contrario es un desgajamiento del De animalibus que gozó
de vida independiente durante toda la Edad Media (p. 18). Por eso
comienza presentándonos el De falconibus dentro del contexto de la
cetrería medieval (pp. 7-57). En el primer apartado bosqueja la historia
de la cetrería y su literatura, tanto latina como vernácula (pp. 7-13),
tras lo cual ofrece una breve biografía de Alberto Magno (pp. 13-16)
y una aproximación al De animalibus en la que presenta, entre otros
problemas, el relativo a la datación de la obra, pues una obra de tal
envergadura se debió de componer a lo largo de muchos años, incluso
lustros. Según las más recientes investigaciones debió de comenzarse
antes de 1256 y concluirse después de 1268 (pp. 17-18). A continuación
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