A lo largo de la historia, mediante la libertad de palabra, ciertas

Anuncio
INTRODUCCIÓN
«En un Estado verdaderamente
libre, el pensamiento y la palabra
deben ser libres» (Suetonio).
A lo largo de la historia, mediante la libertad de palabra,
ciertas ideas han desafiado o han tendido a socavar instituciones
o principios existentes, ya sean políticos, religiosos o económicos. Por ello, hasta épocas muy recientes la mayoría de las
sociedades, castigaban la disidencia como un mal intrínseco,
ofreciera o no un peligro real e inminente para el ordenamiento
político, religioso, jurídico o económico preestablecido. Ya decía
Tácito, que «raros son, esos tiempos felices en los que se puede
pensar lo que se quiere y decir lo que se piensa». Sin embargo,
y como muy bien precisa Concepción Arenal «...el oponerse a la
libre manifestación del pensamiento constituye un atentado, que
no deja de serlo porque se parapete detrás de un decreto o de
una ley».
Por ello, muchas sociedades -y particularmente las democráticas-, permiten la disensión, en tanto las ideas críticas o no
convencionales parezcan encontrar aunque sea sólo un débil
asidero.
Porque la palabra (1), como portadora de la idea, es una
llave con la que se abren y explican nuestros conceptos (Hernán
(1) Etimológicamente, el término deriva de «parábola» considerada como
sonido o conjunto de sonidos articulados que expresan una idea.
13
HONOR, SECRETO PROFESIONAL Y CLAUSULA DE CONCIENCIA...
Nuñez). Pero no es sólo eso, además «... las palabras son imágenes de las obras» (Solón), son «... indicios de lo que el pecho
esconde» (Juan de Torres), son «... hijas del entendimiento, y testigos que informan de su capacidad» (Quevedo).
La palabra es «vehículo de la inteligencia; y la inteligencia,
la señora del mundo material» (Benjamín Constant). Toda palabra, es la imagen de una imagen y el signo de una ilusión. Y
cuando es palabra de verdad, es la fuerza creadora que eleva al
hombre sobre la naturaleza inhumana y bruta; como diría Unamuno «... el hombre es hombre por la palabra».
Sin embargo, nada puede haber tan «contingente» y «circunstancial» como una palabra en torno a la cual cristalizan sentimientos (Maurois), porque la palabra es mitad de quien habla y
mitad de quien la escucha (Montaigne). El poderoso tiene
consciencia de que «... un pueblo que tiene libertad para decirlo todo, puede llegar a conseguirlo todo» (Napoleón). Y aún
más, la experiencia histórica ha demostrado que como afirmaba
Rousseau «... las ideas generales y abstractas son la causa de
los más graves errores humanos».
Afortunadamente, en nuestros días existe la creencia de que
una democracia es tanto más sólida cuanto mayor volumen de
información pueda soportar; de que parte de la libertad del hombre, consiste en su derecho a escoger y buscar la información que
desea. Por ello, no es descabellado afirmar que ante la agresiva
oferta medial informativa de los medios de comunicación, el
«medio de comunicación», se haya convertido en sí, en el mensaje» (H.M. Mcluhan). Se ha llegado a un extremo, en que podemos predicar que nos encontramos inundados de información,
pero que vitalmente, estamos sedientos de conocimiento.
En cualquier caso, y sean cuales fueren las reflexiones, la
libertad de palabra, de expresión, de pensamiento, y de prensa,
han de ser baluartes inexpugnables de nuestro modelo de sociedad occidental.
14
Así, la libertad de palabra, se refiere de ordinario a la expresión pública, pero por fuerza alcanza también a la expresión privada. Aspecto esencial del problema es la libertad de expresión
por radio y televisión; gráficamente Kazimierz Brandys, en su
obra «Cartas a la señora Z, 1961», ha recordado que «... el televisor es la barraca de feria donde el pueblo viene a ver las
maravillas del mundo». Íntimamente vinculada a la libertad de
palabra está la libertad de prensa. Una y otra, se consideran en
realidad como aspectos diferentes de la libertad de expresión. La
libertad de prensa, alude al derecho a criticar en letra impresa la
política y acciones del gobierno y sus funcionarios. En un sentido, no es sino un aspecto de la libertad de la palabra. Aunque
ambas libertades han seguido de ordinario las oscilaciones que
ha sufrido otra libertad, la de pensamiento, una y otra presentan
rasgos peculiares. Durante varios siglos después de la invención
de la imprenta, en un tiempo en que se requería el permiso real
para una amplia gama de actividades humanas, la imprenta era
considerada un privilegio al que sólo se podía acceder por concesión del soberano. Hoy día, todo estado democrático se enfrenta con el problema de decidir hasta que punto debe permitir el
estado la libertad de prensa en el ámbito nacional a grupos totalitarios que en última instancia aspiran a la supresión de toda
libertad. ¿Cuál es el plazo que debe esperar una sociedad libre
para tomar medidas efectivas que anulen a sus propios enemigos?. Pero si una sociedad democrática suprime la libertad de sus
enemigos... ¿no adopta una postura totalitaria en contra de sus
propios principios?. El punto hasta el que puede llegar una
democracia en la represión de los grupos totalitarios viene determinado por la norma del peligro obvio y presente. Según dicha
norma, la libertad no es absoluta y sólo puede ser ejercida hasta
el límite en que la persona que ejercita su derecho crea un peligro obvio y presente contra el que el Estado debe protegerse.
Por otra parte, los dos grandes problemas de la prensa escrita, siguen siendo las limitaciones a la libertad de información y la
crisis que lleva tanto a la desaparición de títulos como a la concentración de supervivientes en grupos de poder. Ambas situacio15
HONOR, SECRETO PROFESIONAL Y CLAUSULA DE CONCIENCIA...
nes, especialmente la crisis, explican la insistencia de los profesionales de la información en encontrar nuevos caminos desde los
que volver a recuperar la atención perdida. Se ha replanteado de
nuevo la prensa escrita, no sólo desde la incorporación de nuevas
técnicas, más espectaculares que efectivas, sino de la reinterpretación de lo que un periódico necesita aportar al ciudadano del
año 2000. Sobre su función se ha hablado del periodismo como
creación cultural y de su situación en una sociedad industrial y de
consumo en la que la revolución tecnotrónica y la informática del
lenguaje amenazan la escritura, el lenguaje y la cultura. Se puede
afirmar que como diría Vittorio de Sica, «...la televisión es el
único somnífero que se toma por los ojos».
Por su parte, el problema de la libertad de información ha
continuado haciendo presión con la misma regularidad con que
lo había hecho anteriormente. A título de ejemplo, un informe
del Instituto Internacional de Prensa de Zurich (1976), firmado
por su director Peter Galliner, se iniciaba con la afirmación de
que: «El número de países que tiene una prensa libre, ya poco
importante, no deja de disminuir». Y más adelante confirma que,
para quienes creen que la libertad de prensa es un derecho fundamental del hombre, el año 1976, había «sido deprimente». Asimismo, una Jornada de Estudios y Reflexión sobre la Libertad de
información organizada en octubre de 1977 en París, por iniciativa de la Liga de Derechos Humanos, constató también, que no
sólo no se produce ningún avance sustancial, sino que en líneas
generales se retrocede, fijando como normas fundamentales: que
la información es un bien público que exige el derecho del público al pluralismo informativo; la no apropiación y retención de
informaciones; la protección a los periodistas en el ejercicio de
sus obligaciones.
Y es que el poder de los medios de comunicación, es tan
amplio y se proyecta sobre tantos ámbitos existenciales, que
como afirma Francisco Javier Sáenz de Oiza, «...si antes existía
la calle y tenía un interés asomarse hacía ella para ver lo que
pasaba, ahora, la calle son los medios de comunicación».
16
El poder, el dinero, los grupos de influencia, las ideologías,
los Estados, han comprendido que el dominio y control de los
medios de comunicación constituye uno de los basamentos de su
superioridad y estabilidad. Jocosamente, y con cierto talante histriónico para acabar esta introducción no podemos dejar de
recordar aquel famoso slogan que se enseña en las facultades de
ciencias de la información de América del Norte, que dice así:
«El mundo observa a los Estados Unidos... los Estados
Unidos observan a la TV».
Sirva la presente obra, cuyo germen fue un Curso de Periodismo Jurídico, ofrecido a los redactores del Diario «El Punt» de
Girona, para acercar a los profesionales de la información y a la
sociedad en general, cuestiones de interés para todos, que han
sido analizadas por los autores, teniendo en cuenta sobre todo, la
más reciente doctrina del Tribunal Constitucional, que como
todos sabemos, «no es el último por ser infalible, sino que es
infalible por ser el último».
Girona, a 20 de octubre de 1998
17
Descargar