Un poco de respeto y consideración

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DIARIO de ALCALÁ
DEL
10 AL 16 DE ENERO DE 2013
www.diariodealcala.es
JOSÉ LUIS ARCHILLA MARTÍN
E
n estos días navideños, en estos
días de paz y armonía, días de encuentro y de alegría, máxime, después de haber caído el ‘gordo’ de
la lotería en nuestra ciudad, fui
testigo junto con otros amigos y
conciudadanos, de un acontecimiento que no pasó desapercibido para muchos alcalaínos, que me llenó de estupor e indignación, de vergüenza y de rabia, al igual que a otros conocidos con
los que tuve la oportunidad de dialogar en aquellas fechas, por la actuación, la falta de respeto y el atropello cometido con uno de los pocos grupos escultóricos,
que poseemos en nuestra ciudad.
En la plaza de los Santos Niños, como siempre digo,
plaza desangelada y muy abandonada, se instaló un mercadillo medieval o, también llamado, ‘Mercado Nazareno’, según reza en una pancarta allí colocada, en los
primeros días del mes de diciembre.
El conjunto escultórico, que en la misma se encuentra
ubicado, hace referencia y conmemora la gesta del descubrimiento por la implicación histórica de nuestra ciudad en aquel magno acontecimiento, celebrado en la
que todos conocemos como Casa de la Entrevista. Este
conjunto escultórico representa un instrumento de navegación muy útil para aquellos valientes y atrevidos
marineros, que un día se adentraron en las oscuras y
tormentosas aguas oceánicas; utensilio que les fue muy
provechoso para una buena orientación por los anchos
caminos del océano, su nombre es el astrolabio: representa la esfera celeste que servía para determinar
la posición y el movimiento de los astros.
Este monumento escultórico, no entendido su significado por muchos ni valorado por otros en su justa
medida, sufrió durante los primeros días del ya mencionado mercadillo, allá a mediados del mes de diciembre, un auténtico atropello, al ser convertido de
la noche a la mañana en un establo, en una cuadra
donde se cobijaban unos inocentes e inofensivos burros, unos burros amables y entrañables, unos burros
dóciles ante las caricias de los niños, unos burros apreciados y admirados por los mayores; pero, al fin y al
cabo, unos burros no culpables de aquella tropelía, aunque seguro que lo fueron otros por ellos.
Allí se extendieron unas lonas sujetas a la escultura con unas fuertes cuerdas. Allí se esparcieron alpacas de paja, que cubrían todo el suelo de la esfera celeste. Allí se ataron los burros bajo las lonas que los protegían amarrados a la columna que sostiene el astrolabio. Allí se agravió a las figuras y al significado histórico de Cristóbal Colón, de Antonio de Solís, de Pedro
Sarmiento de Gamboa, cuyos rostros aparecen retratados en unos medallones alrededor de la bancada que
rodea la esfera. Allí los burros dejaron su impronta y
su olor fruto de los excrementos derramados en el pavimento y sobre los signos, olor que pasados los días
persiste y se percibe.
Algunos levantamos la voz. Muchos elevamos nuestra mirada y nuestro grito al cielo; por una vez, en esta
ocasión sí, nuestras voces fueron oídas, nuestros lamentos escuchados. Poco antes del día de Navidad, observamos con placer, vivimos con gran regocijo, como
el monumento escultórico era desalojado. Como las alpacas de paja y la paja extendida era recogida, como
el suelo era lavado una y otra vez, aunque el olor permanezca incrustado en el suelo y sean necesarias fuertes y constantes friegas para poderlo erradicar, es el sím-
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Un poco de respeto
y consideración
bolo de algo que nunca debió suceder. Al final, el respeto y el orden se habían restablecido de nuevo; aunque ahí queda la falta de tacto, la falta de miramiento, la falta de sensibilidad y la tardía reacción de quien
lo consintió.
Yo no soy moralista. Yo no soy estudioso de las normas y los valores éticos, aunque sí un defensor de los
mismos y de una conducta recta; pero, si les he escuchado afirmar en numerosas ocasiones que el respeto es una de las virtudes, uno de los valores más difíciles de conseguir y de practicar en nuestra sociedad
actual.
El respeto, dice el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia y manifiestan confirmándolo
aquellos vetustos señores, que ocupan sus sillones, cuya
misión es velar por la pulcritud y la limpieza de la
misma, es veneración, acatamiento, miramiento y consideración. Si nos detenemos en el concepto ético que
formulan los moralistas sobre el mismo, éstos lo definen como el sentimiento que lleva a reconocer los derechos, la dignidad y el decoro de una persona o una
Desde estas líneas,
calmada la indignación y la
rabia por la falta de
respeto a nuestro patrimonio cultural
e histórico, reclamo un poco de
consideración, un poco de miramiento
para que respetemos nuestra ciudad
cosa. Cualquiera de estas consideraciones tiene
mucho que ver con el trato otorgado en estos días al
conjunto escultórico.
Yo desde estas líneas, calmada la indignación y la
rabia por la falta de respeto a nuestro patrimonio cultural e histórico, reclamo un poco de consideración,
un poco de miramiento para que respetemos nuestra
ciudad, la limpieza de sus calles y aceras por alejados
que estén los barrios, para que cuidemos de nuestros
parques y jardines, de aquellos árboles centenarios,
símbolos en nuestras plazas, rincones y edificios, a fin
de que podamos con orgullo presumir de nuestra historia, de nuestros edificios históricos, de nuestras escasas esculturas que tanto engalanan una ciudad, de
las placas que cuelgan de las paredes o están situadas
en los pedestales, para que permanezcan limpias, sin
pintadas, decorosas y dignas para nuestro disfrute y
nuestra gloria. Sin intención de ser moralista pido al
año nuevo, exijo con toda veneración y admiración a
los Reyes Magos un poco de respeto, un poco de consideración para nuestras instituciones; pero, también,
el respeto y la consideración de las instituciones para
con los ciudadanos, para con las cosas que nos pertenecen y de las que estamos orgullosos por lo que representan y simbolizan, para que sean reconocidos y
tenidos en cuenta nuestros derechos, para que sean
respetadas nuestras opiniones, para que sea considerada nuestra libertad, nuestra dignidad y nuestro decoro.
Soy consciente de que vivimos un tiempo convulso, un tiempo en el que las ideas del otro no son consideradas ni ponderadas por el simple hecho de venir
del contrario; un tiempo, en el que se impone la opinión del que manda, del que tiene mayoría, sin ser escuchadas las voces de los demás, aunque sean sensatas y con sentido, aunque impliquen mayor responsabilidad. Seamos conscientes de nuestra dignidad
como persona, valoremos la libertad del otro como la
nuestra misma, respetemos todo cuanto nos rodea y
a quien nos rodea. En estos días que hemos recibido
lecciones de solidaridad, de ayuda al que lo necesita,
donde el pueblo llano se ha volcado en socorrer al más
necesitado, seamos generosos y aprendamos el respeto,
la consideración que tanta falta nos hace y tan necesitados estamos de ello.
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www.joseluisarchilla.com
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