View/Open - Repositorio UC

Anuncio
Re vista C hi lena de Derec ho. Vo l. 28 N" 3. pp . 573- 591 (20 0 1). Secci ón Es tud ios
LA ORGANIZACIÓN DE APUESTAS HÍPICAS: ¿UNA ACTIVIDAD
ECONÓMICA AMPARADA POR LA CONSTITUCIÓN ?
Arturo Ferm andois Yáhrin ger
Profesor de Der ech o Con stitu ci on al
Universidad Cat ól ica de C hile
S UMARIO
1. MA RCO NORM ATI VO DE LA ACT IVIDAD DE ORG ANIZ ACIÓ N DE APUEST AS HÍPICA S. 2.
OPC ION ES INI CI AL ES DE INTERPR ETACiÓ N EN LA ACTI VIDAD HÍPI CA . 2.1 Princ ipios de Aut onomía o Rest ricció n en las Apues tas Hípicas. 2.1.I Análi sis de la Tesis de la Excepcionalidad de las
Apuestas Hípicas. 2. 1.2 Juegos y Apues tas Lícit as e Ilícit as. 2.1.3 Apuestas so bre Carreras de Cab allos.
2. 1.4 Tesi s de la Ilicitud Orig ina l de las Apu estas Hípicas. 2.1.5 Tesis de la Licitud Ori ginal de las
Apuestas Hípicas: Aut on omía de la Vo luntad. 2. 1.5.1 La Cau sa Crimin al co ntra e l Club Híp ico en 1897 .
2.1.5. 2 Juri spruden ci a Ad iciona l. 2.1.5 .3 Doct rina y Juri sprudencia Francesa. 2.1. 6 Naturaleza Jurídica de
los Hipód rom os. 2. 1.6 . 1 Princ ipio de Ac tuac ión Aplicable a los Hipódr om os. 2. 1.6.2 Excepci ón a la
Auto no mía : Marco de la Actividad Hípica Reglad a. 2.1.6 .3 Restricciones Reglamentarias a las Apuestas
Mu tuas. Reserv a Legal. 2.2 Ratio Legis de la Excepci ón para los Hipódrom os. 2.2.1 Motiv ación de la Ley
N" 1.528 . de 190 2. 2.2.2 Simu lca sting y Esp íritu de las Restri cciones Actu ales. 3. EL NUE VO ORDENAMIENTO CO NSTITUC IONA L Y LA LEY VIGENTE. 4. CONCLUSIONES . 5. BIBLIOGRAFÍ A.
INTRODUCCiÓN
La orga niza ció n de apue stas hípi ca s se ubica en Chile, a no dud arlo, en una zona peculiar
del ord enamiento j urídico, de la tradi ción ciudadana y de la actividad económi ca. Sus antiguos orí gen es, en clavados en el siglo XIX , permanecen como ataduras más sicológicas que
legale s en la pre servaci ón de es te rubro aparentemente al margen del tran scur so del tiempo ,
del advenimiento de nuev as cartas fund amentale s y de la instalación de bases filo sóficas y
legale s distintas a las profesadas en aquella época par a fundar nuestro ordenamiento.
Expl orarem os en es te trabajo , entonces , la situación regulatoria en que se encuentra hoy
esta activ idad en Chile, y nos haremos cargo de la interrogante central que en este proceso
emerge: ¿hay licitud o ilicitud ci vil ori ginal en la organización de apu est as sobre ca rreras
de caballos? ¿Es la carrera de ca ballos un juego mero de azar? Tr atándo se esta de una zona
considerada tradicion almente reglad a y restrictiva ante los prin cipios generale s del dere cho
civil, resulta interesa nte verificar có mo se comp adecen tale s pre supuesto s co n la aut onomí a
de la voluntad económ ica garantizada en la Carta Fund amental.
1. MA RCO NORM ATI VO DE LA ACTI VID AD DE ORGANIZACiÓN DE APUESTAS HÍPICAS
La orga niz ació n de apuestas hípicas se rige por numerosas disposicione s legal es y regl ament arias de antigua data. En lo jerárquicamente superior y desde un plano general, también
resul tan aplicables a nue str o ju icio algunos preceptos con stitucionales de la Cart a de 1980.
574
REVISTA C HILENA DE DER ECH O
[Vol. 28
Son norm as con stituci onale s aplicables, no solo el artículo 60 N° 19 de la Cart a Fundamental, que dispone que son mater ias de ley aquellas que regulen el funcion amiento de loterí as,
hip ódromos y apues tas en general , sino otras normas del estatuto de garantías indi vidu ale s. Es
el caso del art ículo 19 en su numeral 21°, que garantiza el derecho a desarroll ar cualquier
actividad económi ca que no se oponga a la moral, al orden público y a la seguridad nacion al, y
que confiere a los hipódromos, en cuanto agentes económicos, este derecho público subjetivo;
el numeral 24°, que asegu ra a los hipódromos el derecho de propiedad en sus di versas es pecie s
sobre toda clase de bienes co rporales o incorporales, encontr ándo se dentro de estos últim os el
derech o de admin istrac ión de su establecim iento de la forma lícita que aq uellos dispongan ; y el
N° 2 sobre igualdad a la ley, que exige tanto a los órga nos del Estado como a los particul ares
(artículo 6°), aplica r disp osicione s y criterios similares a aquellos que se encuentra n en igu al
situación respe ct o del prop ósit o de la ley, proscribiendo las diferencias arbitrarias.
En el cuerpo del trab ajo formularé las diversa s forma s de aplicación de las norm as con stitucionales anteri ore s al asunto en comento.
El marc o leg al aplicable est á form ado básicamente por diversos cuerpos normativos dictado s entre 1902 y 1988, que se irán refiriendo en el curso de es tas not as.
2. O PCIONES INICI ALES DE INT ERPRETACI Ó N EN LA AC TIV IDAD HÍPI C A
Es de públi co co noci miento que ningún sistema específico de apuestas mutuas sobre carreras de caballos tiene reconoc imiento legal. En con secuen cia, para determinar su legalidad o
ilegalid ad, será necesari o acudi r a los diversos elementos de interpretación legal que provee el
Código Civil entre sus artícul os 19° y 24°, de aplicació n general en el ord en amiento chil en o.
En este proc eso, nos parece que existen dos opciones interpretativ as inic iales y básicas
respecto de igu al número de problemas que influirán el resto de la con strucción lógic a del
trabajo . Los problemas son:
l . La Selección del Prin cipi o de Actu ación Aplicable a las Apue stas Hípi cas; y
2. La determ inación del Bien Jur ídi co Tut el ado en esta materi a y la ratio legis de las leyes
N° 1.528 Y 4.56 6, qu e impusiero n autorizacio nes exc lusivas a los hip ód rom os para organizar y man ten er "el siste ma de apues tas mutu as" .
2. 1 Princip ios de Autonomía o Restri cción en las Apu estas Hípicas
El primer paso para arribar a una interpretación co rrecta en el problem a que se nos
plantea es det erminar cuál es el principio de actuación jurídica aplicable a los contratos de
apues tas hípic as. Los informante s anteriores as ignaro n fuert e relevanci a a este prin cipi o par a
efectos de arribar a las conclusiones que obtu vieron .
En esta materia , las opciones son restricción o permi sión ; es decir , interpretar que exis te en
estas apue stas una actuación basada en la autonomía de la voluntad, o bien , un marco de restricción genera l a toda s las apues tas hípicas, con la excepci ón de las expre samente aut ori zadas.
Habi énd ose ac redi tado que ni la ley ni el reglamento co ntienen expresamente las varieda des específicas de apues tas hípi cas perm itidas, la selección del principio será cruci al para
interpretar si, no obstante el silencio de la ley , aun así es ta form a de apos ta r es ar mó nica co n
el ordenamiento chileno, o bien contradicto ria con este .
.
2. 1. 1 Análi sis de la Te sis de la Excepci onalidad de las Apue sta s Hípicas
Una prim era fuente de fund amentación para la tesis de la excepcionalidad provi ene del
texto de los artículos 1466 y 2260 del Código Civil. La frase inicial de amb os precept os parece
consag rar un marco de restr icción : "Hay asimismo objeto ilícito en las deudas contraídas en
j uegos de aza r.....": y "e l ju ego y la apu esta no producen acción sino sola mente excepción".
2001]
FERMANDOIS : LA ORGANIZACIÓN DE APUESTAS HÍPI CAS
575
A partir de es tos textos precisos del Código de Bell o sa ncionando las obligaciones pro ve. niente s del aza r con objeto ilícito y, con siguientemente, con nulidad absoluta, una parte de la
doctrina localiza a las apuesta s hípicas en plano original prohibitivo, sujeta a autorizaci one s
so lo exce pc iona les . En este contexto , en que la autonomía de la voluntad queda replegada
ante la restricción originaria y general , tod a apuesta hípic a qu e no haya sido autorizada
ex presa mente sería nula y merecedora de nulidad absoluta, o bien, de la más genérica del
artículo 11 del Código Ci vil.
Adici on alm ente, el artículo 2260 parece ratificar esta opci ón limitati va del legi slador,
al pri var al ju ego y a la apues ta de acc ión civil, y solo conceder exce pc ión al que recibi ó el
din ero y qu e impide repetir lo pagado al perdedor.
Los autores ubic ados en esta tesis tienden a extraer de las disp osicione s anteriores, sin
más, la conc lusión de que las apue sta s efectuadas sobre carreras de cab allos serían actos
reprobados de sde su origen por el legi slador. Fernández Richard agrega como fundamento lo
di spuesto en el artículo 60 N° 19 de la Constitución Política de Chil e par a firmar que las
apues tas hípicas est án sometidas a "un tratamiento restri ctiv o" l. La Carta Fundamental habría exigido que las materi as "qu e regulen el fun cionamiento de loterías , hip ódromos y
apuestas en gene ral" solo sean tratadas por una ley, precisamente en razón de que el juego y
las apu esta s so n objeto de ese tratamiento de restricción .
Para es tos autores, el plano de restricción original sancionado por el Código Civil y la
Constitución Política se encuentra, excepcionalmente, levantado desde la entrada en vigenci a de
la Ley N° 1.528, de 1902 (artículo 2°). Sabemos que este cuerpo legal dispu so que solo los
hipódromos autorizados están facultado s para organizar apue stas mutuas (desde luego sore
carreras de cab allos, pero no limit ado a ello ); y tambi én sabemos que el artículo 1° de la Ley
4.566, Ley General de Hip ódromos vigente a esta fech a, repiti ó en términos parecido s -aunque
no exac tos- igual autorizació n exclusiva . En co nsecuencia, no exi ste duda alguna en cuanto a
que otros entes distintos de los hipódromos están hoy efe ctiv amente en un plano de completa
restricción para orga nizar apues tas mutua s.
La pregunta , empero, con siste en determinar si los hip ódromos mismos es tán sujetos
a un plan de restricc ión or iginal en su actu ación apostadora, o bien, al gozar de perm isión
desde un in ici o, las Le ye s 1.528 y 4 .566 solo impusieron un monopolio apostador sobre las
ca rreras hípi ca s, radicado en aqu ell os. En esta segund a alterna tiva, dich as leyes solo habr ían abierto par a los hip ódromos una zona de ultraactividad en una actividad civilmente
permitida previ amente , in augurando una restricción para los demás agentes que no sean
hip ódromos autori zados.
Este informante estima que hay muchos antecedentes legales, doctrinarios, históricos y
jurisprudenciales como para levantar poderosas dudas sobre aquella prem isa original de excepcionalidad en las apuestas hípicas. Repasaremos a continuación algunos de esto s antecedentes.
2.1.2 Juego s y Apuestas Lícitas e Ilícitas
El prim er cues tionamiento so bre si realmente existe una prohibi ción original en el Códi go
Civil sobre las apues tas hípica s pro viene de su propio texto . Pero antes de ingres ar a su estud io,
deben tenerse a la vista los conceptos de "j uego" y de "apuesta" , porque serán tras cendentes en
nue str o análisis.
Ripert y Boulanger afirman que el juego y la apuesta son contra tos muy parecidos entre
sí, "por los cuales dos personas se p rometen recíp rocam ent e y baj o una condición similar,
una suma determ inada o una cos a en espec ie, de man era que una sola de ellas será finalm ente acreedora de la otra , por haber caducado su propia p romesa " 2. Par a esto s autor es, el
FERNÁNDEZ RICHARD. José. " Informe en Der ech o", 30 de novi embre de 1999.
RIPERT. Geo rges ET BOULANGER, Je an , "Tratado de Dere ch o Civil seg ún e l Tr atad o de Plani ol " , Ed itoria l
La Le y. Buen os Aires , 1963 , T om o VIII, págin a 599 .
I
2
576
REVISTA CHILENA DE DERE CHO
[Vol. 28
j uego difiere de la apue sta en que la condi ción que debe cumplirse para ganar en e l j uego es
un hecho que deberá ser realizado por las parte s, "mie ntras que en la apu esta depende de la
simple verific ación de un hecho ya realizado o f uturo, pero que, en este últim o caso, no debe
ser obra de las partes">.
Esta precisa definici ón, compartida por todo s los autores y la jurisprudencia nacional.
permit e clasifica r al acto de prometerse recíprocamente una suma determinada bajo el event o
de una ca rrera de caballos como un cont rato de apues ta.
Ahora, el inciso segundo del artículo 2259 expresa:
" Los artículos que siguen son relativos al ju ego y apu estas lícitos ''.
Se infie re de esta frase con toda claridad, enton ces, que existen juegos y apues tas lícitos.
Es decir, se advierte que no todas las apuestas ni todo s los juegos son ilícitos, en el sentido de
adolec er de objeto ilícito de acuerdo a la regl a general del artículo 1466. La regla genera l de
interpretación ha sido, de acuerdo a este último artículo, entender que únicamente son ilícitos
los juegos que dependen del mero azar.
¿Cu áles son entonces los juegos y apue stas lícitos?
Desde luego , los indic ado s en el artí culo 2263, esto es, "los juegos de fuer za o destreza
corporal, como el de armas , carreras a pie o a caballo, pelota, bolas y otros semej antes, co n
tal que en ello s no se contravenga a las leye s o los reglamentos de policía" .
Estos j uegos de destrez a corporal, según expre sa men ción del Códi go, produ cir án acc ión
civil, es decir, permiten dem and ar el cumplimiento de la obli gación y so n plen amente amparados por el orden amiento. Al legislador le interesa el desarrollo del cuerpo. por lo que
equiparó las obligaci ones emanadas de es ta cla se de j uegos con las obligacio nes civ iles
perfectas, dot adas de acción y excepción.
Siguiendo la lógic a de Bello, pero ante el vacío del Cód igo respecto de qué apuestas serían
lícitas, resta determinar en qué situació n se encuentran las siguientes dos clases de obligaciones:
a) las emanadas de los juegos de destrez a intelectual, y
b) las emanadas de las apuestas sobre actos de destre za corpora l o intelectual.
En esta seg unda categoría se ubican -en una subcategoría de actos de destreza animal en
combinación con destre za human a- las apuestas hípi cas, porque la promesa recíproca depende de un acto ajeno al apo stador, pero en los cuales existe un comp onente de destre za animal
y otro de destreza humana.
En cuanto a los juegos de destreza intelectual , el leg islador les otorgó un tratamiento
distinto de los destreza corporal, privándolos de acción ci vil. ¿Conceden excepción ? La doctrina se divide en cuanto a si generan obligaciones naturale s, pero en genera l está contes te
en que , aun si no lo son, otorgan excepción. Respe cto a las razones de la distinción entre
destrez a co rporal y destreza intelectual, dicen Vill arroel y Vill arro el :
"En todo caso, parece claro que desconfi ó (Andrés Bello ) del ju gador intelectual. Esto
porqu e la habilidad del j ugador fís ico es ap recia ble fác ilmente y. por consig uiente, despeja mej or la posibilidad del engañ o. En el caso del ju ego intelectual esta diferencia no
pa rece tan patente "4 .
Corresponde indaga r aho ra sobre la situació n en que se encuentran las apuestas hípicas en
el Códi go Civil.
RIPERT ET BOULANGER. op , cit., página 600 .
VILLARROEL. Carlos y VILLAR ROEL, Gabriel, " La Obligación Natu ral como Elem en to Moralizador de la
Relación Jur ídica en el Códi go Civil Chil eno", Editorial Jur ídica de Chile, 1982, página 267.
J
4
2001]
FERMANDOIS : LA ORGANIZACIÓN DE APUESTAS HÍPICAS
577
2.1.3 Apuesta s sobre Carreras de Caballos
A pesar de que el inci so final del artículo 2259 del Código ad vierte que "los artíc ulos qu e
sig uen son relativos a lo s ju ego s y apu estas lícit os" , en realidad los preceptos siguie ntes solo
abord an expre samente los juegos y no las apuestas (Arts . 2261 , 2262 Y 2263). Queda al
intérprete la tare a de despejar cu ále s son y en qué condición se ubic an las apuestas lícitas que
el Código admitió exi sti r.
Recupera por tanto importanci a aquí la distin ción entre el juego y la apues ta. Recuerda
Palm a Cádi z que e n el proyecto primi tivo del Código Civil y en el de 1853 se define al juego
y a la apuesta como cont rato s diferentes. Indica que en el ju ego "e s el azar o env ite el que
defin e la parte qu e contrae obligaciones, en f orma excl usiva, sin qu e pu eda entra r otro fa ctor
a ha cer es ta determinación" . En ca mbio en la apuesta , para este autor "el azar pu ed e ser o
no el f actor dete rmina nte del co ntrato"> .
Desde esta per spe ct iva, las apuestas hípicas serían mer amente apuestas y sie mpre ilíc itas ,
porque los terceros ap ostadores son extraños que no parti cipan en los juegos o actos hípicos y
"no pu ed en influ ir en sus resultados, qu e en buena s cuentas será el producto del aza r con
respecto a los apostador es que tien en la calidad de meros espectado res "6.
Queda en pie la pregunta, entonces ¿c uá l es la apuesta lícita? Dice Me za Barro s que "la
apu esta es ilícita cuando incide en los juegos de envite o aza r"? A contra rio se ns u y apli cando la lógi ca de Me za , pod ría decirse qu e la apues ta lícita sería aquella que incide en los
j uegos (e n sig nifica do coloquial ) que no son de envite o de azar. Este criteri o ha sido tomado
en términos uniformes por la jurisprudenci a.
Por ejemplo, llev ada la cau sa sobre legitimidad de un canódromo a la Corte Suprema,
se ntenció es ta en 1935 &:
"Re specto de los contratos de apuesta, el inciso segundo del artícul o 2259 del Código Cívil se
limit a a establecer que los hay lícito s o ilícitos, ya que expresa literalmente que los artículos
que siguen son relativo s a los juegos y apuestas ilícit as, y si bien, tratándo se del juego el
inciso primero del artículo 2259 declaró expresamente que eran ilícit os los de azar y nada dijo
sobre las apuestas ilícit as, el silencio del legislador no autori za para estim ar lícitas toda s las
apuestas, porque ello importaría contrariar el texto expreso del inciso segundo; en con secuencia, las apu estas que dep enden del mero azar deb en enco ntrarse ante la ley civ il en igual es
co ndic iones qu e los juego s de sue rte, por lo qu e son ilícita s" . (El subrayado es nuestro).
Es decir, la Corte Suprema ratificó la regl a revi sad a anteriormente , en c ua nto a que
exi sten tant o apues tas lícitas com o ilícitas, dependiendo de si en ell as influye el aza r o bien la
de streza de los ju gad ore s.
Sobre si las ca rreras de ca ballos son juegos de mero en vite o de az ar , el mismo dictamen
del máx imo tribunal aporta elementos vali osos de interpretación . Agre gó la Corte:
" Sie ndo el ca nódro mo un est ablecimiento en que se ju gab a mediante el sistema de apues tas o de remate de los perros que tom aban parte en las carreras, sus dueños lo so n de una
cas a de juego , env ite o aza r, ya que el único factor que intervie ne en la continge ncia de
gananci a o de pérdida es el instinto de los anima les que tom an parte en ell as y que , como
tale s, no está n en aptitud de hacer de sus cualidades un uso raci onal y adecuado al f in
que se persi gu e, por lo que resulta ent eramente entregada a la suerte o aza r el resultado
de la apuesta" . (El subrayado es nuestro ).
5 PALM A CÁDIZ, Alfonso . "El Juego y la Apues ta ante el Derecho", T esis de G rado, Unive rsi da d de C hile .
Ed itor ia l U niversi ta ria de Ch ile , 1960 , págin a 82 .
6 PALM A CÁDIZ, Al fonso. 01', cit., págin a . 82 .
J
M EZA BARROS , Ram ón , "Manual de Derecho Civil: de las Fuentes de las Obli gaciones" , Ed ito ria l Ju ríd ic a
de Chile, 1997. To mo 11 . pág ina 23 6.
M Re vista de Der ech o y Juri sprudencia , To mo XX XIII, NU" 3 y 4 ,1 936, Secc . 1, Págin a . 125.
578
REVISTA CHILEN A D E D ER ECH O
[Vol. 28
Los se ntenciadores esb ozan aquí un criteri o lógi co: son ori gin ari amente ilícit as las apuestas sobre carreras de perros en un canódromo , no porque se trate de un local no autorizad o,
sino porque la apuesta recae sobre juegos en los cuales no hay uso de aptitudes racionales,
sino meramente instintivas. Luego, al recaer so bre mero envite, quedan sa ncio nadas por el
artículo 1466 del Código de Bello: objeto ilícito y nulidad absoluta.
¿Son jurídicamente equiparables las carreras de caballos a las carreras de ca nes? Es un
jui cio de que en lo medular debe dej arse a espe cialistas, pero que medi ante aplicac ió n de
simple lógi ca admite una ase ver aci ón : en las carreras de cab allos fin a sa ngre no ha y so lamente una intervención instinti va del animal, desde que esto s requ ieren el concurso de una dual idad caballo -j inete . Ergo, hay intervenci ón racion al y de habil idad es hum anas, en co mbi nación co n habilidade s e instintos animales.
Por consiguiente, a juicio de este informante, los criteri os de nuest ro Códi go Civil y de la
ju risprudencia fuerza n a ubic ar a las apuesta s de cab allos en un grupo distinto a las apues tas
sobre mero aza r. Sobre si son lícit as o no, en términos de que no ado lece n originariamente de
objeto ilícito, ha existido en Chile una cierta di scusión, pero con visible incl inación a estim ar
su plena licitud.
Para Bae za Jarp a, por ejemplo, las carreras de cab allos no son juegos de azar, porque "si
bien es cierto que la suerte o casualidad interviene, no es men os cierto que también hay una
serie de fa ctores que hacen posibl e calcular el resultado de una carrera... "9.
En cuanto a si las apuestas sobre carreras de caballos son lícitas, Claro Solar ofrece la misma
regla lógica: "En realidad, la apuesta sobre el resultado de un juego de azar participa de la
natur ale za de este ; y lo mismo ocurre con la apues ta sobre el result ado so bre un ju ego lícit o" 10.
Para Claro Solar , ent onces, como la carr er a de caball o es lícit a (tex to ex preso del art.
2263 del Código), la apuesta sobre ell a será también lícita.
Volvi endo al deb ate , revi saremos a continuac ión los fund amentos de ambas tesis.
2.1.4 Tesi s de la Ilicitud Origin al de las Apuestas Hípicas
Ante s de ingr esar al estudi o de esta interpret ación, es pre ciso recordar que nuestr o prop ósito consiste en determinar si antes de la entrada en vigenci a de las Leyes N° 1.52 8, de 1902,
y lueg o N° 4.566, de 1929 , las apue sta s hípica s se movían en un plano de restr icción o bien en
un plano de permi sividad ante la ley ci vil. Com o dich os cuerpos legales exc luyeron a todos
los dem ás agentes que no fuer an hip ódromos aut ori zado s en la orga nizació n de apue stas
mutu as, resolv er lo ant eri or permitirá indagar en qu é situación se encuentran hoy los hip ódromos mism os para desarroll ar nue vas form as de apues tas.
Decíamos que una primera interpretación afirm a que las apue stas sobre carreras de caba llos fueron siempre ilícitas ante la ley civil, y por ello toda int erpretaci ón en es ta materi a deb e
ser restri ct iva y nun ca analógica .
Es la opinión del citado Palma Cádi z, quien recuerda que uno de los criterios jurispruden ciales más temprano s fue con siderar a los juegos de de streza físic a co mo juegos de azar para
los terceros apo st adores. Esto , "po rque aun cuando estos conozcan las aptitudes física s de
aquellos, igno ran los diversos fa ctores ocasio nales, inclu so el de buena o mala f e, con que se
practica el ju ego... " 11.
Zeger s Terrazas, en una obr a poste rior a la Ley 4.566, insis te en que el artíc ulo 2263 del
Códi go Civil no puede dar lug ar a ninguna apues ta lícita, por lo que tod a apues ta so bre
ca rreras de caballos sería intrín secamente ilícita.
9 B AEZA JARPA. Patr ic io. " Los Hipódromos y las Apuestas Hípicas am e la Ley" , San tiago . Edicio ne s
Un ive rsi da d Ga brie la M ist ral . 1994 . pág in a 121.
10 C LARO SOLAR. Lui s . Explicac iones sobre Derecho Civil Chileno y Comparado. Imprent a Nasc ime nto.
Sant iago. 1937. T om o X I. pa gin a 290.
11 PALMA CÁDIZ. op, cit. págin a 63 .
2001]
FERMANDOlS : LA ORGA NIZACIÓN DE APUESTA S HÍPI CAS
579
Dice Zegers: " Insistimos lo bastante en la diferencia que nos par ece esencial entre el
j uego y la apu esta cuando esta incide en aqu el, y se caracte riza en que el hecho incierto
sobre el cual se cruza la apu esta es en tal caso ajeno a las partes. De acuerd o con esto,
difícil sería entende r que la apu esta está comprendida en el artícul o 2263, co mo di fícil se ría
suponer qu e una person a sin intervenir en un ejercici o o j uego de fuerza o de streza de la
naturale za de los a llí se ña lados , hicie se ac to de fuerza o destreza co rpo ra l apos ta ndo e n
ellos "'2 . (El subrayado es nue stro ).
Pese a lo termin ante de esta opinión , Zegers fin almente ad mi te que la regla para ju zgar si
una apuest a es lícit a o ilícita es en defin itiv a otra: .....la apu esta, de acuerdo con lo ya tantas
veces dicho, será para las personas que apu estan , lícita o ilícita seg ún la parte predomin ant e
o no de azar que influ ya sobre el resultado del hecho incierto sobre el cual recae" 13. Con el
mism o prin cipio hermenéutico de Zegers, las apuestas hípicas quedan en una posición al
men os di scutible y cercanas a la plen a legalidad, dependiendo del contenido de azar en ell as.
Como se registrar á má s adelante, la jurisprudencia francesa así lo entendi ó durante el períod o
anterio r a la ley de 1891.
En el sentido contrario, empero, se acumula interesante doctrina que rechaza la licitud de
las apues tas no efectuadas por los propios participantes en los juegos de de streza corporal.
Dic e Barros Errázuriz, expli cando que el artículo 2263 está tomado del art ículo 1966 del
Código Ci vil francés :
" La ley sustrae estos ju egos (los de destreza corpo ral) de la prohib ición que establece
sobre los demás. porqu e los conside ra útil es para el desar rollo físico de la pobla ción ;
esta razón movió al legislador a contemplar en el Código Civil fran cés la disposición que
ha reproducido el nuestro; es evidente, dad o el fundam ento de esta disposición. que la
acc ión la tienen úni cam ent e los que toman parte en estos eje rcicios adies trando su cue rpo, y no las personas extrañas en las apu estas que hagan 'tí".
C om o se ve, Barro s Errázuri z es terminante . Vá lido es cit ar tambi én e l arg ume nto de
T oc orn al Gu zm án, que estim a que el ar tícu lo 2263 de nuestro Cód igo Ci vil es un a exce pci ón dentro de la re gl a general del artíc ulo 2260, por lo qu e debe interpretar se en fo rma
restr ict iv a. Con si guientemente : .... la acc ión co rres po nde úni cam ent e a los acto res , y no a
los espectado res , porqu e el espíritu de nu est ro Códi go Civil es bien claro al resp ecto , y
en él se ve palpabl e la intención del legi slador de combatir el j uego en todas sus f or ma s.. " 15 .
Baj o todas esta s interpretaciones, las apuesta s hípicas, y de sde luego las apuestas mutuas
so bre carreras de caballos, serían ilícitas, no darían acción, y se ubicarían en un contexto de
interpretación restrictiva ante las normas del Código Civil.
Pero ocurre que existe un caudal sorprendente de antecedentes jurisprudenciales y tam bién doctrin arios que apuntan al se ntido inverso . Tampoco se les registra en los mensajes de
los proy ectos de las Leyes N'" : 1.528 y 4.566 . Es posible sugerir que , en este último caso,
fueran omitidos por cuanto el interés del legislador era sostener lógic amente las leye s que
aut orizaron a los hipódromos para organizar apuesta s mutuas. Y una forma lóg ica de hacerl o
fue partir de la supues ta ba se de la ilicitud de las apuestas hípicas; no ob stante , como veremos, tal ilic itud no era en abs oluto clara a esa fech a.
12 Z EGERS TERRAZAS . Ju an Luis. " Lega lidad de las Ap uestas Mut uas y su Aplica ción a los Hipódromos" ,
Imprenta Sur . Sa ntiago de Chi le. 1937. pág ina 29 .
IJ ZEGERS T ERR AZAS. Ju an Lu is. op. cit.• págin a 29 .
14 BARROS ERRÁZUR IZ. ci tado por TOCOR NAL GUZM ÁN. Eugen io. en " El Ju ego y las Apuestas" . Sa ntiago de
Chi le. Edit oria l Ce rvan tes. 1924 . págin a 47 .
15 TOCORNAL GUZMÁN. Eugen io, op, cit.. págin a 48.
580
REVIST A C HILEN A DE DER ECH O
[Vol. 28
2.1.5 Te sis de la Licitud Or igin al de las Apue st as Hípicas: Autonomía de la Voluntad
Insistirem os en que es muy di scutible dogmáti cam ent e que las apuestas so bre carreras
de caballos sean origi nariame nte ilícitas, tanto civil como penalmente, ante s de las Leye s
N°s. 1.528 y 4 .566 . Y si est o es as í, el int érprete deb e es tarse al ámbito de restri cción int rodu cido por esos c uerpos legale s, pero en un contex to de perm isión di stinto del que se as ume en
los informes que he tenido a la vista.
Ya lu stiniano hacía distinción entre los juegos lícit os e ilícitos. se ña la ndo expresam ent e
dentro de los permitido s la "hipicam", esto es, las ca rreras de ca ba llos . De alguna form a, esto
se co municará a las apues tas so bre ca rreras de caballos .
En abono de esta situación sui géneri s de las apues tas hípicas, con sid ér en se los siguie ntes
antecedentes que se describirán en las siguientes lín ea s.
2.1.5.1 La Causa Criminal contra el Club Hípico en 1897
Nuestr a inves tiga ció n detectó, en los archi vos de la Subsec retar ía de Hacienda, los anteced entes de un capítul o judicial en la hist oria del Club Hípi co qu e es parti cul arm ent e útil para
despejar la naturaleza ori ginal de las apues tas h ípica s !", La descripción jurídic a del asunto se
encue ntra, entre otros text os, e n la Memoria de T ítul o de don Patri cio Baeza 1arpa, " Los
Hipódromos y las Apuestas ante la Ley ", de 1994, que obtuv imos poster iorm ente en la
.
Bibli ote ca del Congre so Nacion al 17.
Lo vali oso de est e sor prendente antec ede nte co nsiste e n que se refie re a una s ituac ión
acaecida en 1897 , es decir, antes de la e ntrada en vige nc ia de la Ley N° 1.52 8, de 1902. Por
tant o, la di scu sión hab ida sobre la natu ral eza jurídica de las apuestas hípi cas apuntó a deter minar su licitud o ilicitud original.
Corría el año 1893 y el Club Hípi co de Santiago decidió orga niza r apues tas en sus
ofici nas del ce ntro de Santi ago. Dice Baeza que est a dec isi ón se tom ó "como un medio de
despertar el inte rés por las carreras... ". En 1897 la ins tituc ión resol vió orga niza r la ca ptación de apues tas en su mismo recinto principal , inaugurándolas el 18 de abril de 1897. Poco
después de es to, el mismo año 1897 , el promotor fiscal de la época don Lui s Urz úa Gan a
inic ió un a pre sentaci ón judicial co ntra el Club Hípico de Sant iago, "so steniendo que las
apuestas sobre el resultado de las carreras de caballos. no eran otra cosa que una loter ía o
ju ego de azar , por lo que al captar apu estas se infr ingirían las disposiciones del artículo 275
del Código Penal .. t8 •
Frente a es ta imputaci ón , y lue go de la de fensa del Club por el abog ado don Lui s Aldunate Carrera, la Corte falló en julio de 1899 , de clarando ..... que las apu esta s mutuas basada s en
las carreras de caballos estaban aut ori zada s por el Cód igo Civil y po r lo tanto eran perfectamente lícitas y pe rmitidas "19 .
Tanto Zegers como Baeza citan varios de los co nsiderandos de esa trascend ent e se nte ncia, uno de los c ua les aporta valiosos elementos de interpretación re specto de si ex istía o no
una prohibi ción ge neral para las apues tas hípi cas en esa fech a. Dijo la Cort e, entre otra s
frase s:
•
16 Se obtuvo co noci mien to inic ial de es te as unto por un memorán dum del De partame nto Leg al de l C lub Hípico
de Sa ntiago , apare nte me nte pa ra el año 19 81 , en que rep ort a a la Su bsecretaría la informaci ón esen ci al so bre la
soc iedad. Los temas que abo rda son "C ons titu ci án de la Sociedad" . "His to ria de la Sociedad ", " Descripciá n de las
Acti vidades () Negocios" y "Organización Adm inistrat iva de l Club Híp ico de Santia go S.A ....
17 B AEZA J ARPA. Pat rici o , " Los Hipód rom os y las Ap ues tas Hípi cas an te la Ley" . San tiago . Ed iciones
Unive rsi da d Ga brie la M istr al . 1994 .
18 Memorándum Departam e nto Leg a l Cl ub Hípico .. .. págin a 2 .
19 B AEZA. op , cit.. pági na 101.
2001]
FERMANDOIS: LA ORGANIZACIÓN DE APUESTAS HÍPICAS
581
"...y no existe disposición alguna en dicho Código (Penal), ni en las leyes generales de la
Repúbli ca , ni en reglamentos administrativos que prohíba las carreras de caballos, ni que
asigne penas a quienes las con cierten. ejecuten o las presencien o a quienes apue sten a
ell as co mo simples espectadores".
".. .pue sto qu e, si no hay leyes que prohíban las apuestas de carreras, hechas directamente
o en forma de pollas, o remates, mucho men os puede hab erlas para prohibir la forma de
apu esta s mutuas, la cual, aparte de sus innegables ventajas, no era conocida en Chile, ni
podrá en consecuencia haber sido tomada en cuenta por el legi slador". (El subrayado es
nuestro).
Este último con siderando resulta crucial para entender la situación origin aria de las
apues tas mutu as ante la ley civil. Para la Corte, aun cuando rec onoce que "pudie ra ser
controve rtible el alcance de la acción que se concede para ex igir el pago de lo apo stado en
un juego de destreza'íí" , en 1899 no había prohibición alguna normativa que impidiera las
apuestas mutuas sobre carreras de caballos . Lo interesante es que el fallo desborda las consideraciones criminales de la causa, para determinar que a esa fecha estas apue stas mutuas son
lícitas, aceptables e incluso queridas por el ordenamiento.
2.1 .5.2 Juri sprudencia Adicional
Por su parte, la obra de don Eugenio Tocornal cita otras sentencias del siglo pasado que
se refieren exactamente al asunto que ocupó al Club Hípico de Santiago. A estas alturas, ya
sin asombro, comprobamos cómo la tendencia mayoritaria es a considerar las apuestas mutuas
como lícitas civilmente, incluso confiriendo acción a los apostadores.
Se cons igna en esa obra, por ejemplo, una sentencia de la Corte de Apelaciones de
Santiago del año 1883, que resolvió :
..Produ ce acción la apue sta correspondiente a una carrera de caballo, y como consecuencia se manda pagar su valor " 2 1.
Otra sentencia de la misma Corte, del año 1895, sentenció:
"Produce acción la apu esta correspondiente a una carrera de caballo, y como conse cuencia el depositario de la apu esta , debe entregarla al ganancioso... "22 .
Un voto de minoría, empero, sostuvo lo contrario en ese dictamen. En este sentido,
otra sentencia, de 1897 , se inclinó por estimar que "es nula la apu esta que media entre
persona s... que no toman part e por sí mismas en las carreras, ni son dueños de los caba-
ue«:» .
Es legítimo preguntarse cuál de estas dos tendencias jurisprudenciales es la mayoritaria.
Al tenor de nuestra investigación, hay que inclinarse claramente por aquell a que creía lícita
las apuestas mutu as sobre carreras de caballos . Por ejemplo, otra sentencia, de 1886, interpretó directamente el artículo 2263 en términos positi vos para las apuestas hípicas:
..Se interpreta el artículo 2263 del Códig o Civil en el sentido de que la facultad de
apostar compe te a actores y apostadores ".
211
21
22
23
B AEZA, 01'. cit .. página 102.
Senten cia S. 144, P. 76. en T OCORNAL G UZMÁN. 01'. cl t., página 51.
Senten ci a S. 454 , P. 88 1. en T OCORNAL G UZMÁN. 01'. cit., página 51.
Sent enci a S. 830 . 1897 . P. 502. en T OCORNAL G UZMÁN. 01'. cit.. págin a 52.
582
REVISTA CHILENA DE DERECHO
[Vol. 28
El propi o Tocorn al, que se declara crítico de esta últ ima interpretac ión , admite que la
opinión mayoritaria en las cortes de la época fue benign a con las apuestas hípic as. Afirma,
co n toda claridad , lo siguiente: "Como se ve, las sentencias rec ién cit ad as, son todas anteriores al año de 1902, fecha de promulgación de la ley de Apuestas Mutuas en Ch ile, y en su
mayoría son de opinión que estas últimas se encon traban reconocidas por nues tro Código
Civil desde su promulgación ". (Subrayado nuestro ). Afirm a el autor que , pese a su opinión
co ntraria a las apuestas mutu as, debe reconocer esta situación jurisprudenci al para "da r a
conocer la verdad histórica sobre la materia, desnuda de todo pr ejuicio... "24 .
A es tas alturas aparecen ya numerosos fund amentos plau sibles co mo para cuestionar la
supues ta ilici tud origin al de las apues tas hípicas ante la ley ci vil. Veremos a co ntinuac ión
cuál fue el debate habido en Franc ia ante s de su ley de apue sta s de 2 de junio de 1891. Este
antecedente result a valios o por cuanto, como se ha indicado, tanto el artículo 2263 del Códi go chileno es cop ia del artículo 1966 del Códi go francés, como la Ley W 1.528 de 1902 es
asimismo répl ica cas i exact a de la ley francesa de 2 de junio de 1891.
2. 1.5.3 Doctrina y Juri sprudencia France sa
Zegers anuncia que , antes de la ley de 1891 , las apuestas so bre carr eras hípicas en Francia
se enco ntraban ante incerteza juri sprudencial. Esto por cuanto su fuerte desarroll o no contó
co n respald os unánimes en la jurisprudencia. Inicialmente se les intentó de fender medi ant e la
exce pción del artículo 1966 del Código -esto es, afirmando que se trataban de j uegos de
destre za corporal- pero , como afirma el autor "la jurisprudencia f rancesa recha zó abiertamente" esta interpretaci ón" .
Ahora, co n posterioridad , las cortes france sas inauguraron un criterio sumamente lógic o
para resol ver el punto, distinguiendo entre las cl ases de apue stas hípi cas. En efec to, en ciert as
clases de apues tas híp icas, en particular las llamad as "a la cotización", fueron estimadas
lícit as ci vilme nte y ajenas a la ley pen al. La razón par a ello fue estim ar que las apu esta s
hecha s por person as conocedoras de las opciones de los animales y demás facto res inv olucrados en las carreras, eran obra de la inteli gencia en predominio so bre el azar.
Por el co ntrario, si la apue sta era efe ctu ad a por quienes carecían de es te mínimo co nocimient o, se trataba de juegos de azar y caían en la prohibición de la ley france sa de loterías. Se
entendi ó que la apue sta " á tout venant" era de esta clase. En relaci ón a las apuestas mutuas,
según Zegers, la jurisprudenci a las as imiló a las lotería s, pero "es ta asimilación .. .fu e muy
disc utida'S" ,
Concluye este aut or, y parece ser el criterio general de las obras co nsultadas , que en
Francia la dispar interpretación judicial produjo un verdadero caos en relación a la legalidad
de las apuestas hípi cas, 10 que justificaría la posterior dictación de la ley fran cesa de hipódromos de 1891 . Curiosamente, como se ha visto , en Chile la j urisprude ncia anterior a las leyes
de hipódromos si bien no fue uniforme, se inclinó mayor itari amente por co nside rar a las
apue stas mutu as como lícitas y accion able s civilmente.
Continuando con el método de abordar los asuntos jurídicos que creemos centrales para el
objeto de es te trab ajo, revisaremos la situación en que se encuentran los hipódromos.
2. 1.6 Naturale za Jurídica de los Hipódromos
Interesa determinar la naturale za jurídica de los hip ódromos a fin de dilucidar si ell os
están o no afectos al prin cipi o de actuación propia del derecho público, esto es, aco tados en
su movimiento jurídico solo al ejercicio de aquellas atr ibuc i ~ne s expre samente co nferidas por
op. cit.. página
ZEGERS. Op. cit.• página 37.
26 ZEGERS. op, cit.• págin a 88.
24
25
TOCORNAL GUZMÁN.
52.
2001]
FERMANDOIS : LA ORGANIZACIÓN DE APUESTAS HÍPICAS
583
la ley (artíc ulo 7° inciso segundo de la Ley Fund amental ). Si así fuera , toda interpretación
extensiva o analógica de sus facultades debería rechazarse.
Lo prim ero que debe decir se en este acá pite es que los hipódromos chilenos no forman
parte del aparato estatal , es de cir, no están incluidos dentro de los org ani smo s de la Adm inistr ación del Est ado , ni centralizada ni de scentralizada. Para aseverar esto basta acudir
al artíc ulo 1°, inciso seg undo de la Ley Org ánica Con stitucional de Bases Generale s de la
Admin istración del Estado, precepto que fij a con precisión a los integrantes de la adminis traci ón .
Los hipódr omo s chilenos, en co nsecuencia, son personas jurídicas de derecho privado.
Se trata de soc iedades anónimas por directa exigencia de la Ley 4.566 , sometidas a la Ley
18.046 so bre sociedades anónimas, a sus estatutos y a la fiscali zación del Mini sterio de
Ha ci enda?".
2.1.6.1 Prin cipi o de Actuación Aplic able a los Hipódromos
Si se trata de personas jurídicas de derecho privado, a los hipódromos entonces ha de
aplic ársele s por regla general el principio de actuación propio de esta s entidades, que es el de
aut onomía de la voluntad. No hay discrepancia entre los autores sobre este punto. Don Urb ano Marín Vallejo, actual ministro de la Corte Suprema de Ju sticia, recordaba en su informe de
15 de febrero de 1994:
"De esta man era , aunque las enti dades que organizaron y desarrollaron el sistema de
apu estas mutuas con aut ori zación del Presid ente de la República, son entidades pri vadas
que en su actuación se suje tan a las regla s del derecho común, ... "
Info rmando sobre asuntos relati vos a la aplicaci ón del de scuento legal sobre las apuestas, el autor se ñalaba una regla general -la propi a de la autonomía de la voluntad- y una
exc epción que ya revi saremos.
Pero más importa nte que lo anterior result a un pronunciamiento de la autoridad administrati va que es coincidente con esta conclusión . En un Oficio Ordinario de 17 de octubre de
1994 , el Sub secret ario de Hac iend a hizo suyos los considerandos y la conclusión de Urbano
Marín Vallej o, reproduciendo textualmente los párrafos que afirman la naturaleza jurídica de
derecho privado y su prin cipi o de autono mía para los hip ódrornos-".
Debe tenerse presente que, desde la Ley N° 5.055 , de 1932, los hipódromos están bajo la
supervigilancia del Mini sterio de Hacienda, lo que es concordante con la situación de toda s
las sociedade s anónimas abiertas del país , que lo están de su ente dependiente, la Superintendenci a del ramo.
Debemos con signar de inmediato, entonces, que los hipódromos, como sociedades con
fines de lucro , se benefician por regla general con la garantía con stitucional que ha elevado al
máximo rang o la autonomía de la voluntad: el N° 21 del artículo 19 de la Carta Fundamental ,
aprovechándos e de todo su contenido axiológico.
27 El encabezado del artículo 1 0 de la Ley 4.566 ex ige que los hip ódromos - en su sen tido físico- pert enezcan
a soc iedades. Dice. " Los Hip ódr omos es tab leci dos por autorizaci ón del Presiden te de la Rep ública, y que
pertenezcan a sociedades f undadas con el prim ordial objeto de .,¡ ". De esto se pued e co legir inmediatamente que el
legislador no ha prev isto a los hipódr omos co mo órganos es tatales, ni co mo fundaciones o co rporacio nes si n fine s
de lucro . La ley ad mite qu e se trate de perso nas j urídicas con fines de lucro. y que ado pten por tant o su forma
ju rídica más perfecta: la soc ieda d anó nima abie rta . Es sa bido que en un co mienzo , el lucro de las soc ieda des dueñas
de hipó dro mos tenía su origen en el co bro por las entradas al rec into de ca rreras, pero posteriormen te, para ev itar lo
q ue .....habria significado la aniq uilación y el térm ino de las Sociedades Hipi cas... ", es tas co menza ron a explotar
co mercia lmente las apues tas mutu as. B AEZA J A RP A, Patri cio, 01'. cit., página 155.
2K Ofic io Ordin ari o 1035/1 356, de 17 de oc tubre de 1994 , dirigido por el Sub secretari o de Hacien da, Sr.
Manu el Marfá n Lewis, al Contralor Genera l de la República, págin a 6.
584
REVIST A CHILE NA DE DER ECH O
[Vol. 28
2.1.6.2 Excepci ón a la Auton omía: Marco de la Acti vidad Hípica Reglada
Si hem os concl uido con fac ilid ad que los hipódromos son parte del co ncierto org ánic o
priva do ; que se aprovechan del principio de libertad par a contratar con libertad, cabe aún la
interrogante, ¿es tán estas entidades limitadas por excep ciones propi as del derecho público?,
¿cumplen los hipódromos una función públ ica ?
El citado magi strado Urbano Mar ín Vallejo y el Sub secterario de Haci end a en su oficio
hací an suyo el concepto de "actividad hípica reglada". Este principio indi ca que los hipódromos y la acti vidad hípica se desenvuelven en un plano de autonomía y libertad, pero afectos a
zonas determin adas en las que prima una es tricta reglamentación de orden público.
El co nce pto de actividad híp ica reglada , que en lo esenci al este inform ant e comparte , no
es otra cosa que la ide a de que existen determin ada s materi as hípicas al legislador interesan
especialmente, y que deben ejecutarse de la form a prescrita por el legislador y no de mane ra
diseñada por los hipódromos en ejercicio de su autonomía. El informe de Marín y Oficio del
Subsecretario de Hacienda usaron este concepto para la defensa de las deducciones y aplicaciones de dine ro de las apue stas a los fines que la ley impu so .
Pero , independi entemente de lo que estu vo en juego en ese informe de 1994, basta analizar las di ver sas leyes y reglamentos dictados desde comienzos del siglo XX a la fec ha en la
Repúbl ica, para delinear las mate rias que confo rmarían la acti vidad hípica reglada. Las que
no se indiquen ahí, y de conformidad a lo expuesto precedentemente, continuarán entonces
rigi énd ose por el princ ipio de autonomía de la voluntad.
El panorama normativo es el siguiente: luego de la Ley 1.528, de 1902, se dictó la Ley
4.566 , de 1929; luego la Ley 5.055 , de 1932; luego la Ley 6.836 , de 1941; luego el DS de
Haciend a W 1.588, de 1943 (crea el Con sejo Superior de la Hípica Nacion al); a continuación
el DFL W 590 , de 1960 ; luego el DFL W 807 , de 1970; luego el DL 2.437, de 1978, y sus
modificacione s por el DL 2.973 , de 1979, por el DFL 91, de 1979; luego el DL 3.501 , de 1980;
a continuación la Ley 18.275, de 1984, la Ley 18.393, de 1985, y la Ley 18.689, de 1988.
El análisis detallado de todo s esto s preceptos legales y reglamentari os arroja para el
suscrito una conclusión interesante: las materias que realmente interesan al legislador, y que
podrían entenderse de orden público, son, en orden de importancia, las siguientes:
a) Estable cimiento de los mont os y porcentaje s de descuento de las apues tas mutu as y su
destino;
b) Normas pen ales destin adas a sa ncionar la org aniz ación y expl otaci ón de apues tas hípi cas
por per son as distintas de los hipódromos autorizados;
e) Norm as laborales para los profesionales de la hípica, norm as previ sionales, creación de
cajas de previ sión para los mismos, etcétera.
d) Otro s tem as menores, como la regulación de la simultaneidad o sincronizac ión de las
reuniones hípicas entre los di versos hip ódromos.
e) Por último, la creació n del Con sejo Nacional de la Hípica Nacional, que, so lo co n rango
re glament ar io , tiene co mo fun ciones as e so ra r al M ini st er io de Haciend a en la
supervigilancia de la actividad hípica ; informar al Min isterio sobre proyectos de leye s
que se relacionen con la actividad hípica, modificar el regl amento de carreras e interpretar ese reglamento.
La conclusión de este somero análisis sobre el ordenamiento hípico es muy relevante para
el objeto de este trabajo. En efecto, no se apreci a que al legi slad or le interese particularmente ,
o le intere se en abso luto controlar desde la ley, la forma o modalidades en que se org anicen
las apuestas mutuas por los hipódromo s autorizado s. Y más allá , es posible afirmar que,
mientras los hipódromos cumplan con las normas legales sobre cargas o tributos, deducciones, aplicaciones de los montos a sus fines, y demás norma s laborales y previ sionales, regirá
en el resto el principio de la autonomía de la voluntad. De lo contrario, el legi slador habría
abordado el problema de modalid ades de apues ta dir ectamente en la ley , introduciendo ahí
2001]
FERMANDOIS: LA ORGANIZACIÓN DE APUESTAS HÍPICAS
585
elementos de restricción. Pero, por el contrario, no lo hizo en la ley, y no hay razones
fundadas para aplicar restricciones si hemos afirmado que las apuestas hípicas han sido en su
origen lícitas ante la ley civil y están amparadas por el principio de reserva legal (artículo 60
W 19·de la Constitución).
Por último, y para que se aprecie mejor que los hipódromos no son entes públicos, y a
nuestro juicio tampoco podría sostenerse que cumplen una "función pública" -en el sentido
administrativo del artículo 1°, Ley 18.575 , considérese el siguiente antecedente legi slativo.
Consta en las Actas del debate legislativo en la Cámara de Diputados de la Ley N° 4.566,
el mensaje del Presidente Ibáñez, en la Exposición de Motivos que justificarían la modificación de la Ley N° 1.528 , de 1902 , que llamó la atención del Congreso, literalmente, sobre lo
siguiente. ":
"Se comprende fácilmente el absurdo legal y econormco de considerar como entrada
fiscal, e incluir en el Presupuesto de Gastos de la Nación, sumas destinadas a objetos tan
privados, como los premios de los clubs hípicos , las Cajas de Previsión de preparadores y
jinetes de carreras, los gastos de las apuestas mutuas o las subvenciones a la Caja de
Periodistas" .
Luego , refiriéndose entre otros al ítem específico de "fomento de la raza caballar", adelantó que con el nuevo texto legal estos ítemes "serían atendidos en forma privada por los
hipódromos. constituyendo un "Fondo de administración y fomento "...". (El subrayado es
nuestro).
Como se aprecia, el Presidente Ibáñez consideraba privados a los hipódromos y también
sus objetivos, entre los que específicamente señaló el fomento de la raza caballar. Este fue el
principal motivo -puramente económico- de la nueva Ley 4.566, de 1929.
De esta forma, es difícil dejar de concluir que los hipódromos e incluso sus fine s son de
naturaleza privada, que efectivamente persiguen fines que interesan a la sociedad, pero en grado
insuficiente como para considerarlos fines públicos, o funciones públicas. No se trata de
negar la existencia de la zona de actividad hípica reglada; simplemente, de advertir que esta ,
de existir, es una excepción en un plano muy claro de autonomía de voluntad.
2.1.6.3 Restricciones Reglamentarias a las Apuestas Mutuas. Reserva Legal
Podría argumentarse que existen restricciones a nivel reglamentario sobre las modalidades de apuestas, o bien que la Ley N° 4.566 autoriza la organización de apuestas mutuas "con
arreglo a los reglamentos que se expidan por el Presidente de la República ". Este argumento
podría pretender expandir la "actividad hípica reglada" a las regulaciones sobre apuestas y
sus modalidades introducidas por el reglamento presidencial.
A ello debe responderse que en tanto la actividad de los hipódromos es innegablemente
una actividad económica, está sometida al principio de reserva legal, y jamás podría regularse
por normas de la Potestad Reglamentaria. Así lo ha fallado ya varias veces el Tribunal Con stitucional , interpretando acertadamente a mi juicio el numeral 21° del artículo 19° de la Con stitu ció n. En los fallos de los famosos casos Publicidad Caminera 1 (1992) y II (1993 ) y Bases del
Medio Ambient e (1994) ; los dos primeros en estrecha vinculación con los derechos de propiedad y a desarrollar actividades económicas, y el último con el derecho a vivir en un medio
ambiente libre de contaminación, así como en el caso llamado Tarifas de Peajes (1994) , el
máximo intérprete constitucional negó la validez de la regulación de la actividad económica
por medio de otras normas distintas de la ley .
29 Acta s de la Cámara de Diputados, 87' sesió n ord inaria. de 2 de en ero de 1929 . págin a 44 67. en a rchivos del
Congreso Nacion al.
586
REVISTA CHILENA DE DERECHO
[Vol. 28
Estos precedentes son cruciales para la actividad hípica, por cuanto la potestad reglamentaria, autónoma, de ejecución o bien la proveniente de órganos infralegales (Consejo Nacional
de la Hípica), jamás podrá introducir regulaciones a la actividad autorizada de organizar
apuestas, entendidas como nuevas reglas y ordenaciones, distintas de las que la ley misma
tiene incorporadas. La potestad reglamentaria solo puede aplicar y ejecutar los parámetros
regulatorios del legislador, pero jamás modificarlos o hacerlos exclusorios de otras formas ya
contempladas en la abierta autorización vigente.
De esta forma, los hipódromos se aprovechan de la generalidad del artículo 1° de la Ley
4.566, quedando facultados para organizar toda clase de apuestas mutuas. mientras ellas no
atenten contra la moral, el orden público y la seguridad nacional. En las páginas previas
hemos concluido que, desde que las apuestas hípicas son desde el origen lícitas. nos parece
que ni en las modalidades tradicionales ni nuevas que se de sarrollen est án comprometidos
estos valores constitucionales .
Ahora, si la autoridad considerase que una variante de apuestas debe regularse especialmente, entonces deberá modificarse el texto mismo de la ley, mediante otro cuerpo legal, pero
jamás podría hacerse por un reglamento u otro acto meramente administrativo. so pena de
infringir el artículo 7° inciso 2°, 19 N° 21 Y N° 26 de la Constitución .
Por último, considérese que el principio de reserva legal está reforzado especialmente
para la actividad de apuestas hípicas, por lo dispuesto en el N° 19 del artículo 60 de la Carta:
"Solo son mat erias de ley: 19). Las que regulen el funcionamiento de loterías. hipódromo s y
apuestas en general ". Es decir. si el constituyente encargó a la ley la regulación de esta
materia, es porque reforzó el principio general de la reserva legal para toda actividad económica, y toda regulación administrativa será inconstitucional, afecta a nulidad de derecho
público (art. 7° inciso final de la Carta).
2.2 Ratio Legis de la Excepción para los Hipódromos
En este ac ápite, la tarea consiste en indagar sobre cuál es la causa que ha legitimado la
dictación de las leyes especiales autorizando exclusivamente a los hipódromos para esos
efectos. En otras palabras, deberá dilucidarse cuál es el peligro que el legi slador ha visto en la
apuesta hípica organizada fuera del ámbito de los hipódromos , y a la vez, deberá resolverse si
ha hecho una excepción arbitraria con estas instituciones, o bien ha estimado que en esta s el
peligro originario de las apuestas desaparece.
Como anunciábamos, esta materia se relaciona con los numerales 2° y 22° de la Ley
Fundamental, en cuanto solo podría admitirse que el legislador introdujo una discriminación
lógica en favor de los hipódromos, so pena de inconstitucionalidad de la ley .
La toma de una opción en este segundo problema resulta crucial a la hora de evaluar las
nuevas fórmulas de apuestas que desarrollen los hipódromos. En efecto. si la realización de
estos sistemas contraría la ratio legis de estas autorizaciones excepcionales, serán entonces
ilegales por esta vía ; pero si el nuevo sistema no afecta la causa última que llev ó al legislador
del año 1902 (Ley 1.528) o de 1929 (Ley 4.566) a establecer el monopolio de apue stas en los
hipódromos, y estos pueden moverse en un plano de autonomía, entonces el simulcasting
sería a nuestro juicio una actividad legal.
2.2.1 Motivación de la Ley W 1.528 , de 1902
Como se sabe ; hasta el año 1902 no existía prohibición específica legal alguna para
organizar apuestas hípicas ni para explotarlas .
Pues bien , de nuestra investigación aparece que, habi éndose con siderado mayoritariamente lícitas las apuestas hípicas antes de 1902. el legislador autorizó a los hipódromos en forma
exclusiva a organizar esas apuestas por las siguiente razones :
a) Para evitar el aprovechamiento que terceros intermediarios captadores de apuestas estaban haciendo sobre las carreras organizadas por los hipódromos;
2001]
FERMANDOIS : LA ORGANIZACIÓN DE APUESTAS HÍPI CAS
587
b) Para evitar qu e particulares ajenos al Club Hípico de Santiago explotaran apuesta s hípicas, sin que con stara el destino de esos fondos a fines distinto s del enriquecimiento
per son al ;
c) Par a gar anti zar a los apo stadores la seriedad de la apuesta y evitar que niño s apue sten a
las carreras de caba llos;
d) Par a asegura r que las apuestas hípic as destinaran algunos fondos a fine s estimados benefici osos socialmente ;
e) Por último, y secundariamente, par a resolver las discu siones sobre la legalidad de las
apues tas mutu as.
A nuestro juicio, esta s son, y no otras, las razones más plausibles que ju stificaron la Ley
N° 1.528 ; aplicando un a est ricta interpretación sistémica de los antecedentes hist óricos. Como
se observa, no nos parece en absoluto que la Ley 1.528 buscara primordi almente la legali zación de la apuesta hípica , porque esta ya se practicaba anteriormente y contaba con el resp aldo de la jurisprudenci a mayoritari a.
La Ley N° 1.528 únicamente prorrogó la validez de una actividad lícit a, estableció un
monopolio de las apuestas mutu as en mano s de los hipódromos, como soc iedades con fine s
decorosos y defendi ó ese monopolio medi ante normas penales. Finalmente, ju stificó el mon opolio medi ante la afectación de porcentajes de las apues tas a fine s socialmente positivos.
Para llegar a esta concl usión, con sid éren se los siguientes antecedentes.
Baeza Jarpa es qu ien mejor resume la razón de fondo que mot ivó la ley 3o. Explica que , a
partir de 1893 , año en que el Club Hípico de Santiago adoptó las apuestas mutuas, par alelamente se de sarrollaba "e l sistema de apu esta de remat e de caballos y el de apu estas a la
cotizac ión, explotados por particulares (pers onas jurídicas o naturales) ajenos al Club Hípico de Santiago, lo que evidente mente distraía una eno rme cantidad de dinero a sus beneficios
personales, haciendo de la apu esta un lucro personal en benefi cio de unos pocos ".
Es decir, se rep roch aba el que organi zaci one s distintas de los hip ódromos explotaran las
apues tas, porqu e las utilidades no eran destinadas a fine s deseados socialmente, sino al mero
lucro de los intermedi arios.
Zeg er s Terrazas de sc ribe la situación que sobrevino luego de que las Co rte s decl arar an
que las apues tas mutuas eran lícitas (fallo de 26 de mayo de 1898, en favor del Club Hípico).
Dice que después la situación creada en las apuestas empeoró. "Los num erosos interm edia rios sigui eron explotando toda forma de apu estas ya que los casille ros de apu estas mutua s
del Club Hípi co se hacían insuficient es para las demandas del público;... "3 1
Así lle gó la mo ción del diputado Miguel Cruchaga Tocorn al, presentada en el Congreso
Nacional el día 23 de noviembre del año 1900 . Nóte se que la prop ia defensa del proy ecto
señala como uno de los fundamentos iniciales el que hemos reseñado prev iamente en la letr a
a) anterior.
En primer lugar , se lee en las acta s del Congreso que fue el propio Club Hípic o de
Santi ago quien promovi ó la dictación de la ley :
"8° ._ De la siguiente Moción :
"Ho no rable Cám ara:
"El Club Hípi co de Santi ago ha so licitado de la Honorable Cámara se dicte una ley que
regl amente las apuestas en las carreras de caballos".
JO BA EZA J ARPA, Pa tri c io.
J I Z EG ERS T ERR AZA S, op,
op. cit., página 99.
cit., págin a 41.
588
REVI ST A CH ILENA DE DEREC HO
[Vo l. 28
Luego, se lee:
" Fundando su solicitud. espone (si c) que ...aprovechándose de los programas, un sinnúmero de comerciantes se han establecido en los diversos barrios de la ciudad con el f in
de lucra r en exclusivo pro vecho propio con las apu estas de carreras. obteniendo fu ertes
entradas a títu lo de comisiones; que a estas agencias de remates y de apuestas mutuas
acude toda clase de gen tes. sin esceptuar (sic) niños de corta edad... ".
Finalm ente, la moción da cuenta de que los tribun ales ha n tenido un criterio dispa r para
apreciar la legal idad de esas apues tas, y por ello , tam bién , se hace nece saria la ley.
Se co ncluye de esta moción , y as í lo han recogido los autores , que la Ley N° 1.528
pretendió div ersos objetivo s, dent ro de los cua les el más impor tante fue el evi tar que terceros
inte rmediarios di stintos de los hipódr om os organizaran y lucraran co n ap uestas mutuas . Es
nuestra apreciac ión, y es to es ese ncialmente subjetivo, que en Chil e la orde nació n de mot ivos
fue distinta a la de Francia, país en que interesaba más inte nsa mente despej ar las dudas so bre
la legalidad de la apues ta mutu a.
Com o fuere, la ratio legis de la Ley 1.528 y luego de la Ley 4.566 fue racio nalizar la
práctica de las apues tas mutu as, median te la res tricción de ellas en cuanto al suje to hab ilitado
para organiza rlas y expl otarlas. Co n ello , se obte nían todos los objetivos pri nci pales que
buscó el Club Hípico al so lici tar la ley:
a) termi nar con los int ermed iarios de ap uestas aje nos al Cl ub e hipódro mos,
b) ju stificar esta med ida por la vía de aseg urar a la sociedad que cie rta parte de l produ ct o
de las apuestas fuesen destinadas a objetivos deseados , co mo "Junta de Beneficiencia"
(artíc ulo 2°), y mejoramiento de la raza caballar.
c) Dar garantías de ser iedad a los dive rso s apo stadores, en términos de asegurar que sus
premios serán pagados, y evitar apue stas infa ntiles.
d) Ratificar la plena legalidad de las ap uestas mut uas en los Clubes.
Ta n claro fuero n los objetivos primordiales de la ley que el artíc ulo 4° de la Ley N° 1.528
fue extraordi nar iame nte dr ástico con los terceros que explotaren ap uestas hípicas, haciendo
aplica bles las fig uras pen ales de los artíc ulos 277, 278 Y 279 del Código Penal.
Por último, Palm a Cádi z agrega nuevas defen sas a la hora de j ustific ar el mo nopo lio en
los hip ódrom os, tod os fun da me ntos de natu raleza socio lógica, co mo la be lleza de los espectácul os organiza dos por ellos, la entrada de div isas al paí s, las fuen tes de tra bajo, etc éter a-l.
2.2.2 Simulcasting y Espíritu de las Restricciones Actuales
Ha quedado ase ntado , en to nces, que las ap ues tas hípicas se encue ntra n rest ringidas en
Chile en cua nto al sujeto habil itado para organizarlas y exp lotarlas , que so n única mente los
hipódro mos, por las razo nes eco nóm ica s y sociales ya ex puestas.
Si estas so n las razo nes de la exi stencia de un a restricción en las ap uestas hípicas, la
preg unta es la sig uiente : ¿Es el simulcasting -como nueva fórm ula de apo star- una mod alid ad
de ap ues tas mut uas que se co ntraponga co n la ratio legis que ju stifica la rest ricción parci al
existente en Chil e en materia de ap uestas hí picas? El co ncep to de simulcasting debemos
entender lo como un sis tema de percepción de apuestas mutua s sobre varias carreras de ca ballos verificadas con sim ulta neidad en el tiempo y desarrolladas en distintos hipódromos,
ubicados dentro o fuera de l territorio de la Repúb lica, tra nsmitidas remotamente al lugar en
que se ubica el apostador'? .
Alfon so . op. ci r.. págin a 110.
Slmul ca sting es una pal abra in gle sa formada por las vo ce s "S imultaneo us" ( "a word of co mp arison
lIleallillg that r W O or mo re oc urrences or happ enin gs ar e iden tical in time ''. es deci r. un a pal abra de co mparaci ón
.12 PA LM A C ÁDI Z.
3.1
2001]
FE RMAN DO IS: LA ORGANIZA CIÓ N DE APUESTAS HÍPI C AS
589
A nuest ro juicio no podría serlo, porque ninguno de los objetivo s que el legislador tuv o
en ment e al introducir las restri ccione s se ver ía amagado con su implementación. En efe cto ,
mientras el simulcas ting sea un sistema admin istrado, explotado y controlado por un hipódromo autorizado co mo tal por la autoridad ch ilena, podría entenderse perfectamente legal , y sin
modificaci ón de leyes o reglamentos.
3. EL NUEVO OR DE NAM IENTO C ONS TIT UCIONAL Y LA LEY VIGE NTE
El último recurso que habr á de informar nuestras conclusio nes es la hermenéuti ca con stitucion al , qu e en rigor es el primero en importanci a. Aquí seremos breves, por lo categóric o
que aparece el sentido de interpretación.
En primer lug ar, ha de recordarse la prim ací a constitucional, que emana del art ículo 6° de
la Cart a: tod a autoridad , toda persona, instituci ón o grupo está obligado a aplicar la Constitución con preferenci a, con prel aci ón a otra clase de normas. Este concepto es parti cul armente
trascendente para el caso que nos ocup a, regul ado por leye s de antigua data . En concreto, el
artíc ulo 1° de la Ley 4.566 pro viene del 31 de enero de 1929 , en cuya época otra Con stituc ión
y principios imp er ab an .
Hoy, ante norm as ambigu as, todo intérprete debe privilegiar el principio de autonomía de
las sociedades intermedias (art. 1°, inci so 3° de la Ley Suprema) como uno de los valores
básico s para nue str a institucionalidad. En el nuevo orden con stitucional, a la sociedad le
intere sa que las entida des civiles, pri vada s, puedan goz ar de independenc ia en la form a como
per siguen sus fin es específi co s, se organicen y busquen sati sfacer sus fine s. Ello traer á una
mayor riqueza social y mejores grados de bien común. Diversos fallos de la Corte Suprema y
del Tr ibun al Con stitucional han sido rigurosos con el respeto a este principio>'.
Aquí, en rigor , se nos ha planteado exact amente un problema de determinación de autonomía de un cuerpo intermedio lícito, autori zado, para realizar activ idades propi as de su giro
(art. 23 de la Co nstitució n), en una materi a que es lucrati va y por tanto cae amparada en el
derech o fund am ent al específi co de la libertad econ ómica (artículo 19 N° 21 ), que es una
singularizac ión poderosa del principio de libertad ya revisado.
¿Cuá les so n los límites de esta libertad que irr adia nue stra interpretación y todo s los acto s
de los cuerpos int ermedi os amparado s en la garantía? La moral , el orden público y la seguridad naci on al, co mo límites intrín secos, y las regulaciones legales como límites extrínsecos.
En cu ant o a los prim ero s, a ju icio del suscrito, ha sido sorprendente comprobar como, en
rigor, jam ás hubo compromi so de la moral ni el orden público en las apues tas hípicas, y
que las leye s rest ricti vas de 1902 y 1929 tuvieron otros propósitos distintos del que se les
presume.
y en relaci ón a las regul acione s legales, hemos arribado a la sólida concl us ión de que
los hip ódromos no están so metidos a ninguna regul ación proven iente de una ley, que les
circ unscriba el ámbito de autonomía par a de sarrollar nuevos y mejores sis temas de apuesta s
mutu as .
e ntre dos ac ontec imie ntos idént icos en tiempo ) y "Casting" (acc ió n de vot ar o e mi ti r un voto definitiv o o
ca lifica do) . S u traducc ión se ría e nton ce s. aprox imada mente, "apues tas sim ultá neas" . Henry Campbell B LACK.
Blacks Law Dict ion ary, SI. Paul , West Publi shin g. 1990 . y Collins Dicti on ary En gli sh-Spani sh , Harper-C ollins,
Barcel ona. 1994 .
34 Véase se nte ncia de la Co rte Sup rem a de Ju sti cia " Bolsa de Come rcio de San tiago S.A ," , en recu rso de
Inapli cabilidad . 19 85. e n Re vist a de Der ec ho y Jur isprudenci a, Tomo LX XXII , Sección Quinta, año 1985 , y fall o
de l Tribun al Co nstitu ci onal, ro l 226, de 30 de oc tubre de 1995, proyecto de " Ley de Prens a" , en fallos del Tribun al
Co ns tituciona l en tre e l 16 de j ulio de 1992 y el 22 de ene ro de 1996. edicio nes T ribunal Co ns tituc iona l, 1996.
Am bas se nte ncias res pa ldaro n la autono mía de entidades co mercia les pa ra ope rar de la fo rma que ell as mej or
es timen.
590
REVISTA CHILENA DE DER ECHO
[Vol. 28
4. CO NCLUSIONES
l . Las apue stas hípicas no se encuentran sometidas a un principio de restri cción origina l
ante el Códi go Civil, según la interpretación mayoritaria de la jurisprudencia nacional anterior a la Ley N° 1.528 , de 1902 . Lo s tribunales estimaron en aquell a época, no sin ciertas
interpretaciones contrari as, que las apue stan mutuas en la hípica se ent endían incluidas dentro
del ámbito del artículo 2263 del Código Civil y, por tanto, que no so n j uegos de mer o azar, no
ado lecen de objeto ilícito y son lícitas. Don Lui s Claro Solar participa de esta conclusión.
2. Parti cular importancia en la jurisprudencia del siglo XIX tiene el fall o del año 1899
pronunci ado por el juez Vásquez Guardia, en la que , acogiendo la defensa planteada por el
Club Hípi co de Santiago ante un requerimiento del Mini sterio Público, declaró que las apues tas hípicas no se encontraban prohibidas en la ley porque no dependían de azar o la suerte.
3. Es posible concluir con suficiente certeza, por tanto, que las apuesta s hípi cas no
estuvieron -ni lo están hoy respecto de los hipódromos autorizados- afectas al principio de
interpretación restrictiva propio de las actividades que el legi slador prohíbe , especialmente en
lo referido a las modalidades que ellas puedan admitir.
4. La Ley W 1.528 , de 1902, promovida en 1899 por el Club Hípi co de Santi ago, y su
suceso ra la Ley N° 4.566 , de 1929 , leye s generales de hipódromos, persigui ó diverso s objetivos, destacánd ose princ ipalmente la intención de evitar que terceros intermedi ari os lucr aran
con las ca rre ras organi zada s por los hipódromos. Esto s cuerpos leg ale s buscaron , además,
vincular las apue sta s con la apli cación de parte de sus fondo s a fine s positi vos soc ialmente,
co nsagrar el monopolio de los hip ódromos en la explotación de las apuesta s mutuas y prote ger esta exclu sividad con sanciones pen ale s par a los terceros infractores.
5. De consiguiente, el objetivo de las leyes de hipódromos no fue principalmente la
legalización de las apuestas mutuas, las que ya se consideraban mayoritariamente amparadas
por la ley. Dichas leyes y la actual ley vigente, en consecuencia, solo crearon zonas jurídica s
de prohibición en cuanto a los agentes autorizados para organizar y mantener sistema de
apues tas mutuas. Para los hipódromos, en cambio, la ley solo vino a introducir un a ultr aactividad en la leg alid ad previ a de las apuestas mutuas.
6. Los hipódromos son per sonas jurídicas de derecho privado que no cumplen una fun ción públ ica, se aprovechan del principio de actuación basado en la autonomía de la voluntad
y, como ges tores de una actividad econ ómica, son titulares de la garantía con stitucional del
artículo 19 N° 21 de la Con stitución.
7. La actividad de los hipódromos está sometida al principio de Reser va legal de la
Regula ción de la Actividad Económica, quedándole vedado al admini strador int roducir disposiciones reglamentarias que desborden la mera aplicación de la ley . Toda regulación o restricción administrativa sobre el ámbito ya definido por el legi slador es inconstitucional y acreedora de la sanción del artículo 7° inci so final del Texto Superior.
8. El con cepto de acti vidad hípi ca reglada , como excepción a la autono mía de la voluntad , solo comprende regulaciones legales en materias tributari as , de afectació n monetaria,
laborale s, previ sionales, y otras, quedando las materi as de modalidade s de apues tas mutu as
dentro de la regla general de la libertad contractual.
9. El artículo 1° de la Ley N° 4.566 habil ita genéricamente a los hip ódromos para "organizar y mantener el sistema de las apuestas mutuas con arreglo a los reglament os que se
expidan por el Presidente de la República". Las apuestas mutuas deben interpretarse como un
mecanismo nece sariamente vinculado a las carreras de caballos (artículo 20 del Código Civil), por lo que no sería lícito para los hipódromos introducir otra' clase de juegos de mero
azar, como los tradicionalmente explotado s por los casinos de juegos .
10. Los hipódromos est án autorizados, empero, a llevar adelante cualquier modalidad de '
apuestas mutuas que en su autonomía constitucional determinen , quedándole vedado 'a la
autoridad admini strati va restringir el espacio amplio que definió el legi slador al respecto .
11. La autonomía de los hipódromos para explotar apue stas mutuas está resp ald ad a por el
señalado principio jurídico de la autonomía de la voluntad , pero tamb ién por los principios
2001]
FERMANDOIS : LA ORGANIZACIÓN DE APUESTAS HÍPICAS
591
inspiradores del nuevo orden constitucional, quedando estos textualmente amparados en los
artículos I ° inci so tercero y 19 N° 21 de la Ley Fundamental. No obstante, esta autonomía
puede ser regulada o incluso restringida según los motivos que se exhiba, pero solo mediante
una norm a de rango legal , y respetando la esencia de los derechos de propiedad y libertad
econ ómica de que los hipódromos son titulares.
BIBLIOGRAFÍA
BAEZA J ARPA. PATRICIO, " Los Hip ódrom os y las Apu esta s Hípica s ant e la Ley" , Santiago . Edi ciones
U nive rs ida d G abri ela Mi stral , 1994.
C ÁMARA DE DIP UTADOS, Act as de la 87 a sesió n o rd ina ria , de 2 de en ero de 192 9, págin a 4467 , e n
a rc hivos d el C ongreso Naci onal.
C ANALES N ETTLE, PATRICIA, Normativa vige nte en materi a de apu esta s y juegos de az ar, Serie estu d io s, Bibl iotec a del Congreso Naci on al, Santiago, año VII, N° 158 .
CLARO SOLAR, L UIS, Explicacion es so bre Der echo Civil Chil en o y Comparado , Imprenta Nascimento,
Santiago , 1937.
CL UB Hí PICO DE S ANTIAG O, Memorial del Club Híp ico de Santiago : en ju stificación de su dere cho
para esta ble ce r las apu esta s mutuas, S antiago de Chile, E stablecimientos Tipográfico s Roma ,
S antiago, 1897.
Re spuest a del Club Hípic o de Santiago a la acu saci ón entablada en s u contra por el promotor fi scal
Lui s Ur zúa Gan a : co n moti vo del establecimiento de la s " apuestas mutuas", Santi ago de Chile:
Estab lecimiento s Tipográfic os Roma , 1897 . Collin s Dicti onary Engli sh -Spanish, Harper-Colhns,
Barcelona, 1994.
Fall os del Tribun al Con stitucional entre el 16 de Julio de 1992 y el 22 de Enero de 1996, Ediciones
Tribunal Con stitucional, 1996.
G acet a Juríd ic a , 19 8 5: Corte Suprema de Ju s tici a " Bolsa de Com ercio de Santiago S.A.", en recurso de
In apli c abilid ad .
HENRY C AMPB ELL BLACK, Black 's L aw Dictionary, SI. Paul , We st Publishing, 1990.
HIPÓDROMO CHIL E S .A ., Mem oria Anual , 1981, del Reporte obtenido en archivos de la Subsecretaría
de Hacienda .
MEZA BARROS, RAMÓN, "Manual de Derech o Ci vil: de las Fuentes de las Obligaciones" , Editorial
Jurídica de Chile, 1997.
P ALM A C ÁDlZ, ALFONSO. " El Ju ego y la Apu esta ante el Dere cho " , Tesi s de Grado, Universidad de
Chile , Editor ial Universitaria de Chile, 1960.
R EVISTA DE D ERECHO y J URISPRUDENCIA , Tomo XXXIII, N°s. 3 y 4 , 1936.
RIPERT, G EORGES ET BOULANGER , JEAN. "T ra tado de Derecho Ci vil seg ún el Tratado de Planiol" ,
Editori al La Le y, Buenos Aires, 1963.
S UBS ECRETARíA DE HACIENDA , Ofi cio Ordinario 1035/1356, de 17 de octubre de 1994, dirigido por el
Sr. Manuel Marfán Lewi s al Contralor General de la República.
TOCORNAL GUZMÁN, EUGENIO, en "El Jue go y las Apuesta s", Santi ag o de Chile, Editorial C ervantes,
1924 .
VILLARROEL, CARLOS y VILLARROEL, GABRIEL " La Obliga ción Natural co mo Elem ent o Morali zad or
de la Relación Ju ríd ica en el Códi go Civil Chil en o" , Editorial Jurídi c a de Chile , 1982.
Z EGERS T ERRAZAS, J UAN L UIS, " Legalidad de las Apu estas Mutuas y su Aplica ción a los Hip ódromos" , Imprenta Sur, S anti ag o de Chile, 1937 .
Descargar