desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del

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CAPÍTULO 2
DESARROLLO, ANATOMÍA,
VASCULARIZACIÓN, FISIOLOGÍA
E HISTOPATOLOGÍA
DEL NERVIO ÓPTICO
DESARROLLO DEL NERVIO ÓPTICO
José Ramón Mérida, José Francisco Rodríguez, Juan Jiménez
ANATOMÍA DEL NERVIO ÓPTICO
José Manuel Ramírez, Alberto Triviño, Juan José Salazar, Ana Isabel Ramírez, Rosa de Hoz, Blanca Rojas
VASCULARIZACIÓN DEL NERVIO ÓPTICO
Sohan Singh Hayreh
FISIOLOGÍA DEL NERVIO ÓPTICO
María Paz Villegas-Pérez, Jaime Miralles de Imperial, Manuel Vidal-Sanz
HISTOPATOLOGÍA DE LAS NEUROPATÍAS ÓPTICAS
Manuel Quintana
Como preámbulo al estudio de las enfermedades del
nervio óptico, de su fisiopatología y de su tratamiento, se
estudiarán a lo largo del presente capítulo los fundamentos básicos sobre el desarrollo, la anatomía, la vascularización y la fisiología del nervio. Asimismo, se expondrán algunas nociones histopatológicas acerca de las
neuropatías ópticas, todo ello con el propósito de facilitar una mejor comprensión de los procesos patológicos,
cuya descripción será objeto de capítulos siguientes.
DESARROLLO DEL NERVIO ÓPTICO
El nervio óptico está constituido desde el punto de vista
embriológico por los axones de las células ganglionares de
la retina (CGR) y por las células gliales derivadas del pedículo óptico (neuroectodermo). El desarrollo del nervio
óptico, al igual que sucede con el resto del organismo, está
dividido en dos períodos: embrionario y fetal (tabla 2-1).
Período Embrionario
El ojo es un órgano complejo cuyos componentes
están formados a partir de diversas estructuras embrionarias:
• Neuroectodermo: dará origen, entre otras formaciones, a la vesícula óptica y al pedículo óptico.
• Ectodermo de superficie (epiblasto): formará el
cristalino.
• Ectomesénquima o mesectodermo (mesénquima
migratorio de la cresta neural): originará la mayoría de
los elementos conjuntivos del ojo y estructuras anexas.
Durante el desarrollo del ojo tienen lugar dos tipos
de procesos básicos, a saber, la inducción de ciertos
territorios, que da como resultado el esbozo inicial de
los componentes principales del globo, y las múltiples
interrelaciones coordinadas entre las diferentes estructuras oculares. Al comienzo del período somítico aparece en el neuroectodermo un engrosamiento a cada
lado de la extremidad anterior de la placa neural
(campo o área ocular) (fig. 2-1A). Los campos o áreas
oculares expresan el gen Pax-6, y una inducción de la
lámina precordal («Sonic hedgehog») reprime el gen
Pax-6 en la línea media ventral, de forma que los campos oculares se mantienen separados. En cambio,
cuando no existe esta inducción negativa, dichos campos convergen y el resultado es una ciclopía (fig. 21B). Se ha demostrado mediante inmunohistoquímica
la expresión del gen Pax-6 en el ojo humano (1), a nivel
del ectodermo de superficie (epiblasto), de la vesícula
cristaliniana, de la cúpula óptica y del pedículo óptico
en la 6.ª semana del desarrollo. Entre la 8.ª y la 22
semanas, se expresa en el epitelio corneal, la conjuntiva, el cristalino y el epitelio ciliar no pigmentado. A su
vez, la retina es positiva entre las semanas 8.ª y 10,
quedando la positividad restringida después de la 21
semana a la capa de células ganglionares y a la capa
nuclear interna, en sus porciones interior y exterior.
Cada campo ocular comienza a evaginarse, formándose el surco óptico, que aparece en los humanos durante la 4.ª semana del desarrollo, en la fase de 3 mm de
longitud (2). Cuando se completa el cierre del neuroporo
anterior, el esbozo óptico aparece como un divertículo
lateral del prosencéfalo denominado vesícula óptica
(fig. 2-1C). La vesícula óptica está unida a la pared pro-
10
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
Tabla 2-1. Cronología del desarrollo embrionario y fetal del nervio óptico
Período Embrionario
Semana
Longitud vértex-coxis
Estructura
4.ª semana
3 mm
4 mm
5-6 mm
Surco óptico
Vesícula óptica
Cúpula óptica, cristalino, hendidura embrionaria
6.ª semana
10 mm
16 mm
Arteria hialoidea en hendidura embrionaria
Aparecen fibras de nervio óptico en futura papila
7.ª semana
20 mm
Hendidura embrionaria cerrada
Aparece quiasma óptico
Acúmulos de glioblastos
7,5.ª semana
23 mm
23-28 mm
Limitante de glioblastos en trayecto intravítreo de arteria hialoidea
Aumenta vascularización de región retroocular
8.ª semana
28-31 mm
Aparecen columnas de glioblastos en porción intraocular de nervio óptico
En región coroidea el nervio tiene limitante de glioblastos
Esbozo de manto periférico glial de Greef
Período Fetal
Mes
Estructura
3.er mes
Condensación mesenquimal escleral alcanza nervio óptico
Esbozo de cubiertas meníngeas
Se incrementa notablemente número de axones
Círculo arterial de Zinn-Haller evidente
En región retroescleral penetran tejido conjuntivo y vasos piales
4.º mes
Regresión de arteria hialoidea
Cubiertas meníngeas claramente definidas
Fondo de saco aracnoideo
5.º-6.º mes
Se completa vascularización de nervio óptico
7.º mes
Se forma porción fibrosa de lámina cribosa
9.º mes
Se completa mielinización de nervio óptico hasta lámina cribosa
sencefálica por el pedículo o tallo óptico, relativamente
estrecho y corto, a través del cual la cavidad de las dos
vesículas se comunica con el ventrículo prosencefálico.
Los pedículos ópticos se encuentran rodeados por tejido
mesenquimal laxo de origen cresto-neural. La vesícula
óptica induce la formación de la placoda cristaliniana,
un fenómeno conocido desde hace mucho tiempo (3), en
el cual se ha podido comprobar recientemente la importancia del factor de crecimiento fibroblástico (FCF) (4).
La placoda cristaliniana se invagina, constituyendo la
vesícula cristaliniana (fig. 2-1D). De modo simultáneo
la porción distal e inferior de la vesícula óptica se aplana y aparece una pequeña inflexión que se deprime de
modo gradual, para formar así una invaginación de
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
11
Figura 2-1. (A): embrión humano de 21-22 días, en cuyo período se inicia el cierre del tubo neural, comenzando por la parte media
del embrión y progresando hacia los dos extremos. La extremidad cefálica es más voluminosa que la caudal. (B): ciclopía. Al
comienzo del período somítico, y por transtornos inductivo-genéticos de la línea media, se producen alteraciones craneales graves
acompañadas de una convergencia de los campos ópticos. (C): embrión humano JL (4 mm de longitud). El corte histológico muestra la evaginación de la pared lateral del prosencéfalo [P] que constituye la vesícula óptica [VO], a la vez que la luz prosencefálica comunica con la de la vesícula. En el ángulo inferior derecho aparece una imagen panorámica de la sección histológica [EC:
ectomesénquima]. (D): embrión humano OY-4 (6 mm de longitud). La cúpula óptica está constituida por dos paredes, la pared interna poliestratificada, que dará lugar a la retina neural [R] y la pared externa monoestratificada, que dará lugar a la lámina pigmentaria [L]. En este estadío se observan la vesícula cristaliniana [C] y el pedículo óptico [PE]. (E): corte histológico y representación esquemática del embrión humano PH (11 mm de longitud). La porción inferior de la cúpula y del pedículo ópticos se
invaginan y forman la hendidura embrionaria, por donde penetran los vasos hialoideos rodeados de ectomesénquima.
12
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
doble pared o capa, la cual configura la denominada
cúpula óptica (5) (fig. 2-1D). Dicha invaginación, a partir de la cúpula recorre longitudinalmente el pedículo
óptico formando una hendidura, conocida como hendidura embrionaria (fig. 2-1E). A la sección en la cúpula
óptica se distinguen 2 hojas:
• Interna, poliestratificada, que dará lugar a la retina neural.
• Externa, monoestratificada, que es el esbozo de la
lámina pigmentaria.
La formación de la hendidura embrionaria conlleva
que tanto la pared interna como la externa de la cúpula óptica se continúen con sus correspondientes del
pedículo óptico en la fase de 6 mm, al final de la 4.ª
semana del desarrollo (2). Esta continuidad crea un
túnel de paredes superiores, a través del cual la arteria
hialoidea, rama de la oftálmica, entra en la cúpula
alcanzando el interior de la misma sin atravesar ninguna de sus capas. En nuestros especímenes esta arteria,
después de un trayecto en bayoneta, penetra por la hendidura embrionaria durante la fase de 10 mm (inicio de
la 6.ª semana del desarrollo; 37-38 días) (fig. 2-1E).
Además, la hendidura sirve de vía directa a lo largo de
la cual las fibras nerviosas procedentes de las CGR
establecen conexión con el diencéfalo.
Nervio Óptico
La aparición de las fibras del nervio óptico en la
futura papila, ha sido fijada por algunos autores entre
las fases de 17 y 27 mm (2,6). Sin embargo, nosotros, al
igual que otros autores (7), hemos podido observarlas
en estadíos precedentes (fase de 16 mm; 6,5 semanas
del desarrollo, 44 días) (fig. 2-2A). Las células del
pedículo óptico (neuroectodermo) rodean cranealmente a estas fibras y a la arteria hialoidea, mientras que la
luz del pedículo pone en comunicación la cavidad existente entre las capas pigmentaria y neural de la retina
con la del III ventrículo (fig. 2-2B). La relación entre
la arteria hialoidea y las fibras del nervio óptico ha sido
subrayada por algunos autores (8,9,10), según los cuales
la formación de la misma y de la hendidura embrionaria serían imprescindibles para el desarrollo del nervio.
Es por ello que una aplasia de este último podría tener
como causa un desarrollo vascular anómalo.
Durante el 2.º mes comienza el cierre de la hendidura embrionaria, que se estrecha progresivamente debido
al crecimiento de los bordes del pedículo óptico. Primero se fusiona la porción intermedia, y este proceso de
fusión se extiende rápidamente en sentido proximal y
distal, hasta que en la fase de 20 mm la hendidura queda
totalmente obliterada (6). Algunas células de la región
más interna del pedículo se vacuolizan y degeneran, lo
que permite a las fibras de las CGR migrar a través de
los espacios creados. En la fase de 20 mm (7.ª semana
del desarrollo) aparece el esbozo del quiasma óptico. La
región de la papila muestra por primera vez durante este
estadío un acúmulo de glioblastos, esbozos de la membrana limitante de Elschnig y el menisco central de
Kuhnt, que separan las fibras del nervio óptico a nivel
de la papila, del vítreo secundario (fig. 2-2C). Estos
acúmulos gliales, cuyo origen es neuroectodérmico (11),
aparecen también a nivel de la retina y son el esbozo del
tejido intermediario de Kuhnt. En la fase de 23 mm (51
días del desarrollo) la arteria hialoidea presenta, al inicio de su trayecto intravítreo, una lámina limitante de
glioblastos (papila de Bergmeister) (fig. 2-2D). Entre
las fases de 23 y 28 mm (53 días del desarrollo) la
esclerótica se empieza a esbozar a partir de una condensación mesenquimal inducida por la coroides, que
progresa de delante a atrás. Coincidiendo con este
hecho, aumenta notablemente la vascularización de la
región retroocular y aparecen 2 ó 3 arterias ciliares,
algunas de cuyas ramas se disponen alrededor de la
parte más ventral del nervio y constituyen el esbozo del
círculo arterial de Zinn-Haller.
Así pues, al final del período embrionario (fase de
28-30 mm; 8.ª semana del desarrollo), el nervio óptico
presenta un trayecto que va desde la parte posterior del
globo ocular hasta el quiasma. Los glioblastos se acumulan a nivel del nervio en la papila, en la región retiniana separando las fibras nerviosas, en la región coroidea formando una limitante precisa y en el trayecto
intraorbitario, separándolo del mesénquima vecino
(esbozo del manto periférico glial de Greef). Las funciones que tienen en el adulto los acúmulos gliales de la
región prelaminar sobre los axones son de protección y
soporte en su giro, de resistencia a las presiones con los
movimientos y de organización de los haces a su paso
por la lámina cribosa (12). Además, la porción orbitaria
posterior del nervio óptico muestra la relación del nervio con el futuro anillo de Zinn, así como con los músculos rectos superior e interno. A nivel del canal óptico,
constituido por cartílago, el nervio óptico se relaciona
con la arteria oftálmica, rama de la carótida interna.
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
13
Figura 2-2. (A): embrión humano CIV-2 (16 mm de longitud). La figura muestra la arteria hialoidea [H] en la región de la papila
[PA]. [R: retina; L: lámina pigmentaria]. (B): representación esquemática de la disposición del nervio óptico en un especimen de
alrededor de 6-7 semanas de desarrollo. El pedículo óptico está constituido por neuroectodermo y su luz se halla en continuidad
con la cavidad del III ventrículo. (C): embrión humano CAS (20 mm de longitud). En la región de la papila aparecen acúmulos gliales (flecha). [R: retina; L: lámina pigmentaria]. (D): embrión humano BR-4 (28 mm de longitud). La arteria hialoidea [H] rodeada de una clara limitante glial comienza su trayecto intravítreo. (E): feto humano B-25 (75 mm de longitud). Obsérvese la condensación mesenquimal esbozo de la esclerótica [E]. El nervio óptico aparece envuelto por mesénquima, esbozo de las cubiertas [M]
y la arteria hialoidea [H] comienza su regresión. [V: vasos del círculo de Zinn-Haller]. (F): corte parasagital a nivel de la órbita
de un adulto humano. Se observa el trayecto intraorbitario del nervio óptico [NO], rodeado por la grasa retrobulbar y los músculos oculares extrínsecos. [E: esclerótica; ES: músculo elevador del párpado superior; RS: músculo recto superior; RI: músculo recto
inferior; SM: seno maxilar; LF: lóbulo frontal].
14
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
Período Fetal
La 9.ª semana del desarrollo se caracteriza por un
hecho fundamental, ya que la condensación del mesénquima que constituye el esbozo de la esclerótica, alcanza la región del nervio óptico. La condensación mesenquimal que dará origen a las cubiertas meníngeas
aparece alrededor del nervio durante la 10 semana, si
bien algunos autores han situado este hecho en períodos precedentes del desarrollo (7.ª-8.ª semanas) (13,14).
El número de axones del nervio óptico se incrementa primero rápidamente, desde 1,9 millones entre
la 10 y la 12 semanas hasta 3,7 millones a las 16 semanas, para descender luego a 1,1 millones aproximadamente en la 33 semana (14). Durante la 11 semana el círculo de Zinn-Haller es evidente y la arteria hialoidea
sigue siendo permeable. En la región posterior (retroscleral) del nervio aparecen numerosos vasos y tejido
conjuntivo, que penetran desde la envoltura pial en la
12 semana (fig. 2-2E). A partir del 4.º mes comienza la
regresión de la arteria hialoidea, un hecho que,
mediante técnicas inmunohistoquímicas, túnel y
microscopía electrónica, se ha fijado recientemente
entre la 13 y la 15 semanas (15). Las vainas meníngeas
están claramente definidas y la duramadre que rodea al
nervio se continúa a nivel del globo ocular con la esclerótica. Utilizando fetos de 16-25 semanas de desarrollo
y especímenes de 8 meses a 75 años de edad, se ha descrito la existencia de dos poblaciones de astrocitos tipo
1 en el nervio óptico. Los astrocitos tipo 1A expresan
proteína gliofibrilar ácida (GFAP), se localizan en los
bordes de la región laminar y en la porción mielinizada del nervio forman la membrana limitante glial (16).
Por su parte, los astrocitos tipo 1B expresan GFAP y
NHK-1/N-CAM, localizándose en las columnas gliales
y en los orificios de la lámina cribosa. Además, durante este mes (13-14 semana) aparece definido el fondo
de saco subaracnoideo a nivel escleral.
Al 5.º-6.º mes del desarrollo se completa la vascularización del nervio óptico y los vasos que forman el círculo arterial de Zinn-Haller muestran anastomosis (17).
Durante el 7.º mes se forma la porción fibrosa de la
lámina cribosa (14), a la vez que comienzan a desarrollarse los vasos retinianos. En este estadío, el proceso de
mielinización alcanza el quiasma y avanza en sentido
distal hacia el globo ocular, hallándose al 9.º mes totalmente mielinizadas las fibras del nervio hasta la lámina
cribosa. Según ha demostrado un estudio comparativo
inmunohistoquímico reciente, la presencia de mielina es
habitual en la papila de algunos mamíferos y aves (18).
Una vez completado su desarrollo, podemos dividir
el nervio óptico del adulto (fig. 2-2F) en las 4 porciones siguientes: porción intraocular, porción intraorbitaria, porción intracanalicular y porción intracraneal. De
gran interés desde el punto de vista diagnóstico y terapéutico son las relaciones anatómicas que las diferentes porciones del nervio presentan respecto a otras
estructuras orbitarias y craneales. Entre estas relaciones, las que poseen mayor implicación clínica se exponen en los capítulos 4 y 16.
ANATOMÍA DEL NERVIO ÓPTICO
Desde el punto de vista anatómico, el nervio óptico
presenta unas características especiales dentro del SNC,
ya que es el único tracto nervioso que abandona la cavidad craneal y, además, puede ser visualizado directamente por el clínico en su porción más anterior. Este nervio se
encuentra subdividido en fascículos por tejido conectivo
y tabiques piales, estando a su vez rodeado por las vainas
meníngeas y por líquido cefalorraquídeo (LCR) (19).
Como ya se ha dicho, el nervio óptico se forma por
la reunión de los axones de las células ganglionares,
que se distribuyen formando un patrón ordenado
desde sus somas hasta el cuerpo geniculado lateral
(CGL), en donde la mayor parte de las fibras realizan la
sinapsis. Los puntos clave de su trayecto son la cabeza
del nervio óptico (CNO), a cuyo nivel los axones salen
del globo ocular, y el quiasma óptico, donde se produce
la decusación de las fibras nerviosas (20). La longitud del
nervio varía entre 35-55 mm y el número de sus axones
se aproxima al millón, existiendo un amplio margen de
variabilidad interindividual, por lo que este número oscila entre 770.000 y 1.700.000 (21,22). Cada axón tiene un
diámetro de 0,5 µm, por lo que el diámetro total del nervio es de 1,5-2 mm en las proximidades de la retina y de
3-4 mm después de atravesar la lámina cribosa (20,23-25).
Los componentes del nervio óptico son (26):
• Axones de las células ganglionares.
• Células gliales: astrocitos, oligodendrocitos y microglía.
• Tejido conectivo que constituye la lámina cribosa
y los tabiques que fasciculan el nervio.
• Vasos sanguíneos derivados tanto del sistema de
la arteria central de la retina como del sistema ciliar.
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
Las longitudes respectivas de las 4 porciones en que
se divide el nervio (fig. 2-2F) son: intraocular 0,5-1 mm;
intraorbitaria 25 mm; intracanalicular 6-7,5 mm; e intracraneal 10-12 mm (23,24).
La CNO constituye la parte más anterior del nervio óptico y comprende la porción intraocular junto
con el sector más anterior de la porción intraorbitaria del mismo (26). A su vez, puede ser dividida en 4
partes (27):
• Capa superficial de fibras nerviosas de la retina
(CFNR).
• Región prelaminar.
• Región de la lámina cribosa.
• Región retrolaminar (correspondiente a la parte
más anterior de la porción intraorbitaria).
La organización básica de la CNO es semejante en
todas estas regiones, de modo que los axones de las
CGR forman haces, de varios miles de axones cada
uno, los cuales se encuentran rodeados por distintos
tejidos. Estos últimos, en cambio, presentan variaciones, según las diferentes regiones del nervio.
Capa Superficial de Fibras Nerviosas
En la retina, los axones de las CGR convergen hacia
el disco óptico siguiendo una trayectoria casi rectilínea, y constituyen de este modo las fibras nerviosas
retinianas. Éstas van confluyendo en gran número a lo
largo de su recorrido y se reúnen en hileras, formando
haces que integran la CFNR. De este modo, cada haz,
al alcanzar la CNO, contiene fibras procedentes de las
CGR cuya localización varía desde la retina periférica
hasta las proximidades de la papila (20). Otra característica de los mencionados axones es que son amielínicos,
ya que no existen oligodendrocitos en esta capa, siendo el tipo glial predominante en la misma las células
astrogliales (28) (fig. 2-3A).
Los axones de las CGR siguen un patrón establecido, aunque la presencia de la fóvea en la retina
humana influye sobre su disposición. Así, los procedentes de las células de la hemirretina nasal, tanto
superior como inferior, no son afectados por la fóvea
y se dirigen directamente al disco óptico. Lo mismo
ocurre con las células de la hemirretina temporal
nasales respecto a la fóvea, cuyas fibras forman el
haz papilomacular en su trayecto hacia el disco óptico (20). En cambio, los axones de las CGR temporales
15
a la fóvea, no pueden atravesar a esta última para
unirse al haz papilomacular, por lo que la rodean formando arcos por encima y por debajo de ella, en
dirección al disco óptico. Existe una línea divisoria
de situación temporal respecto a la fóvea (rafe
medio), que separa las CGR cuyas fibras siguen un
curso, respectivamente, superior e inferior en relación a la misma (20,23,29-31) (ver fig. 2-29).
Con respecto a la organización de los axones en el
espesor de la CFNR, existen diferentes teorías. Según
algunas de ellas, los de localización más periférica se
disponen más próximos a la capa de células ganglionares, en tanto que los más cercanos a la CNO atraviesan
perpendicularmente la CFNR, para situarse en la
vecindad de la superficie vítrea. De este modo, las
fibras procedentes de la periferia girarían 90° en el
mismo margen del disco óptico y las de procedencia
más central efectuarían el giro a la altura del centro de
la CNO (32,33). Otras teorías postulan que las CGR periféricas tienen los axones más superficiales, mientras
que las centrales los disponen en situación más profunda. En este caso, al alcanzar la CNO, las fibras más
periféricas girarían 90° a la altura del margen papilar,
para atravesar la CFNR, y las originadas en células
más centrales harían el giro en el mismo centro del
disco (34). La opinión actual es que la organización de
la CFNR en el espesor vítreo-escleral no depende de la
excentricidad, y los axones procedentes de CGR de
diferentes zonas se mezclan en una cuña que se extiende desde la periferia al centro del nervio. Según esto,
no existiría una predeterminación por parte de las
fibras nerviosas de esta región para establecer un orden
retinotópico (35,36).
Con respecto al otro constituyente principal del nervio óptico, los astrocitos de la CFNR presentan en
general un cuerpo celular delgado y prolongaciones
rectilíneas que siguen la trayectoria de los axones de
las CGR (26,37,38) (fig. 2-3A). Las funciones de estas
células a nivel de todo el SNC consisten en proporcionar soporte físico a las neuronas manteniendo su espacio perineuronal en condiciones estables. Asimismo,
aislan las zonas sinápticas y el pericarion neuronal,
protegen a las neuronas de posibles lesiones e inducen
las propiedades de barrera hematoencefálica en los
vasos sanguíneos. A nivel de nervio óptico los astrocitos de la CFNR tienen además a su cargo la fasciculación de las axones (12,39). En esta capa hay un segundo
tipo morfológico de astrocitos de cuerpo celular robus-
16
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
Figura 2-3. Capa superficial de fibras nerviosas. (A): astrocitos de la CFNR. Inmunofluorescencia con anti-GFAP. V: humor vítreo;
MLI: membrana limitante interna; CFN: capa de fibras nerviosas; CCG: capa de células ganglionares. (B): capilares (cabezas de
flecha) dependientes de las arteriolas retinianas principales (flechas) en el disco óptico [DO]. Diafanización y replección vascular
con polímeros coloreados.
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
to y prolongaciones no tan largas, cuya función consiste en aislar las fibras nerviosas del resto de los tejidos
circundantes. Para ello forman, por un lado, la membrana limitante interna de Elsching, que las aísla de la
superficie del vítreo, y por otro lado, el menisco central de Kuhnt, situado debajo de la anterior, ocupando
la excavación central de la papila y rodeando a la arteria y a la vena centrales de la retina (ACR y
VCR) (37,38). El principal papel atribuido a estas limitantes es el de constituir una barrera equivalente a la
hematoencefálica, que impida el paso de moléculas
entre el nervio óptico y los tejidos adyacentes, en este
caso el humor vítreo (40,41). Los vasos que irrigan esta
región dependen de las arteriolas principales de la retina, por lo que los capilares de esta zona están en continuidad con los peripapilares retinianos, y a veces
existe una contribución adicional por vasos del sistema
ciliar (31,39,42-46) (fig. 2-3B).
Región Prelaminar
Esta región, conocida también como la región
coroidea de la lámina cribosa (39,47), se distingue por el
cambio de trayectoria que realizan los axones de las
CGR cuando se incurvan 90° para dirigirse al quiasma
óptico. En ella se diferencian dos zonas, de acuerdo
con la organización, disposición, densidad y morfología de los astrocitos, así como con el modo que estas
células tienen de agrupar (fascicular) a los axones: la
anterior y la posterior (26,37,38).
La región prelaminar anterior contiene astrocitos
de morfología estrellada con cuerpo celular delgado
(fig. 2-4A) y su disposición está muy relacionada con
el patrón de distribución que presenta el sistema vascular (38). La agrupación de los cuerpos celulares sobre
los vasos y las prolongaciones primarias de los astrocitos forman estructuras que en los cortes transversales
aparecen como celdillas, por cuyo interior se disponen
las fibras nerviosas agrupadas en haces (37) (fig. 2-4B).
La disposición espacial de las celdillas condiciona la
estructura tridimensional del armazón glial de esta
zona, semejante al de una cesta de mimbre. Dicha
estructura refleja la función de soporte y protección
que los astrocitos ejercen sobre las fibras no mielinizadas en el punto de su giro de 90° (38). La relativa elasticidad de la región prelaminar anterior, en contraste
con la rigidez de la lámina cribosa, evita posibles com-
17
presiones y rozamientos entre los axones, y hay además una serie de datos que parecen apoyar esta función
de cesta glial. Así, por un lado, los filamentos intermedios del citoesqueleto (GFAP y vimentina) son un
componente elástico intracelular que ayuda a mantener
la forma y plasticidad celulares (48), y proporcionarían
fuerza tensional a las prolongaciones astrogliales (37,38,47) (fig. 2-4C). Por otro lado, la existencia de
desmosomas (49) y uniones comunicantes (Gap) (50)
jugaría un papel importante en el mantenimiento de la
malla astroglial a través de la cual pasan los axones.
En la región prelaminar posterior la estructura en
cesta es reemplazada por tubos gliales (fig. 2-5A), de
modo que, en lugar de los astrocitos delgados de la
prelaminar anterior, aparecen aquí astrocitos de
aspecto más robusto (figs. 2-5B,C,E,H). Éstos se
organizan a modo de tubos cilíndricos por el interior
de los cuales circulan las fibras nerviosas, y cuyas
paredes las conforman gruesos tabiques, con los
vasos sanguíneos dispuestos entre ellos (37,38) (fig. 25D). Los tubos gliales discurren en sentido rostrocaudal, en contacto unos con otros, y se sitúan de
forma paralela entre sí y con respecto al eje del nervio óptico (fig. 2-5A,B). También envuelven a los
axones a modo de fundas, observándose entre los
astrocitos uniones comunicantes y desmosomas
(fig. 2-5F). Ello permite especular sobre la función
mecánica que desempeñan para soportar las tensiones
originadas durante los movimientos oculares. Además, estos tubos organizan los fascículos de fibras
nerviosas a su entrada en la región laminar (fig. 25D,E), lo que se aprecia porque quedan perfectamente confrontados con los poros cribosos en la zona de
transición entre ambas regiones (12,37-39).
Existen otras dos membranas limitantes gliales en la
región prelaminar, el tejido intermediario de Kuhnt, que
separa el nervio óptico de la retina, y la membrana limitante de Jacoby, que continúa por detrás a la anterior y
aísla al nervio del tejido coroideo circundante (37,39,41,49,51). Ambas membranas están formadas por
astrocitos de cuerpo celular grueso (fig. 2-5G) que se
disponen en 4-5 capas densamente empaquetadas,
constituyendo una barrera de separación entre el nervio
óptico, la retina y la coroides (37). La función de barrera
está respaldada por la existencia de uniones estrechas
entre los astrocitos del tejido intermediario de Kuhnt y
las células del epitelio pigmentario de la retina, así
como por la presencia de desmosomas entre los astroci-
18
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
Figura 2-4. Región prelaminar anterior. (A):
astrocitos estrellados de cuerpo celular delgado
(flecha). Anti-GFAP con la técnica de la peroxidasa anti-peroxidasa [PAP]. (B): astrocitos (flechas) dispuestos sobre los vasos sanguíneos (*)
constituyendo celdillas. Corte transversal. AntiGFAP con PAP. (C): Microscopia electrónica de
trasmisión [MET], que muestra el citoplasma
con los filamentos intermedios gliales [C] y las
prolongaciones de los astrocitos (flechas). Axones (ax). Núcleo [N]. (D): vascularización en la
región prelaminar [RP] derivada de la precoriocapilar coroidea peripapilar (flecha). RL: región
laminar. RR: región retrolaminar. Diafanización
y replección vascular con polímeros coloreados.
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
19
Figura 2-5. Región prelaminar posterior. (A): tubos gliales (cabezas de flecha) constituidos por astrocitos de cuerpo celular grueso
(flecha). Luz del tubo (*). Sección longitudinal. Anti-GFAP con PAP. (B,C): tubos gliales constituidos por astrocitos de cuerpo celular grueso (cabezas de flecha). Microscopia electrónica de barrido [MEB]. (D): tubos gliales constituidos por astrocitos formando
varias capas. Los vasos se disponen entre las paredes de los tubos (*). Los astrocitos emiten prolongaciones al interior de los tubos
(flechas). Anti-GFAP con PAP. (E): los astrocitos muestran una apariencia de media luna. MEB. (F): astrocitos de cuerpo celular
grueso con numerosos filamentos gliales [F] en sus prolongaciones. Uniones comunicantes (cabezas de flecha). (G): astrocito de
cuerpo celular grueso. MEB. (H): astrocito de cuerpo celular grueso con forma de media luna (flecha). Anti-GFAP con PAP.
20
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
tos y la membrana limitante externa (51). Esta función
podría explicar la existencia de gran cantidad de fragmentos de mielina y cuerpos densos fagocitados y
degradados por los astrocitos que forman las limitantes
gliales (26,41). Otra función fundamental atribuida a los
tejidos de Kuhnt y de Jacoby, es actuar como cojinetes
que amortiguan los rozamientos consecutivos a los
pequeños desplazamientos del nervio óptico durante los
movimientos del globo ocular. Así se evita el sufrimiento de las fibras nerviosas que se introducen por la
periferia del nervio (25), lo cual está corroborado por la
disposición paralela de las ramificaciones astrogliales
unidas entre sí por numerosos desmosomas, uniones en
hendidura y uniones estrechas. Asimismo, existe en
estas ramificaciones una gran cantidad de filamentos
intermedios, que proporcionan cierta rigidez y fuerza
tensional a las prolongaciones (37,38,47,48-51).
Al igual que ocurre en el resto del nervio óptico se
encuentran en esta región, además de los astrocitos, las
células microgliales, un subtipo de glía del SNC que se
activa como respuesta al daño neuronal (52,53). En el
tejido normal dichas células están quiescentes y tienen
forma estrellada, con un núcleo pequeño y un cuerpo
celular que presenta varios procesos ramificados. A
nivel de la CNO normal las células microgliales quiescentes (que son HLA-DR y CD-45 positivas, y GFAP
negativas) se localizan en las paredes de los grandes
vasos, rodeando a los capilares en las columnas gliales
de la región prelaminar y a los poros cribiformes de la
región laminar. Como consecuencia del daño moderado o severo de la CNO, la microglía se activa formando acúmulos de grandes células ameboides en la lámina cribosa, así como círculos celulares concéntricos
alrededor de los vasos sanguíneos (54,55).
Los vasos de la región prelaminar derivan del sistema ciliar a partir de la precoriocapilar coroidea peripapilar, con una posible contribución por parte del círculo de Zinn-Haller (31,39,44,56,57) (fig. 2-4D).
Región Laminar
La lámina cribosa la forman una serie de orificios
redondo-ovales delimitados por tejido conectivo compacto (58) (fig. 2-6A), que son atravesados por las fibras
nerviosas y cuyo número en ojos normales es de 550650. Se ha calculado por métodos histológicos que el
diámetro de estos poros varía entre 10 y 100 µm y dis-
minuye hacia la parte posterior de la lámina (59,60). El
armazón principal de esta última es fibroelástico y se
halla formado por expansiones esclerales de fibras
colágenas densas (colágeno tipo I, II, V y VI), proteoglucanos (condroitín 4-sulfato y 6-sulfato) y tejido
elástico, que dejan orificios destinados a los axones de
las CGR (47,61-65). Los colágenos y las fibras elásticas
actúan como amortiguadores de la tensión aplicada.
Por su parte, los proteoglucanos determinan las propiedades biomecánicas de los tejidos, de manera que al
ocupar un extenso volumen en relación con sus pesos
moleculares, se pueden comprimir ante una carga y
expandirse cuando desaparece la misma. Dado que en
el nervio óptico existe un gradiente de presión hidrostática desde el disco óptico hasta la región retrolaminar (66), las propiedades de las moléculas citadas son
importantes para amortiguar el gradiente de presión (54). Mediante técnicas de digestión para el tejido
nervioso y microscopía electrónica de barrido, se pueden estudiar con precisión la estructura del núcleo de
las placas cribiformes y las variaciones regionales
existentes. Así, los elementos estructurales están más
desarrollados en los cuadrantes nasal y temporal del
disco óptico (fig. 2-6B), que en los sectores superior e
inferior (59), (fig. 2-6C) a cuyo nivel los poros son más
abundantes y también de mayor tamaño (67).
La mayoría de las fibras nerviosas que atraviesan la
lámina cribosa siguen un trayecto directo, si bien el 812% se desvían para atravesar los poros cribiformes en
las zonas central y periférica del disco óptico, lo que
las hace más vulnerables a las alteraciones de la lámina (68). Con respecto a la glioarquitectura de esta
región, existe una disminución acusada del tejido glial,
que recubre únicamente la cara interna de las laminillas cribosas (fig. 2-7A). Los astrocitos a este nivel
poseen un cuerpo celular grueso semejante a los de la
región prelaminar posterior, pero forman una única
capa, recubriendo la pared interna del poro criboso. La
función de los mismos consiste en proporcionar soporte funcional a los axones y sintetizar macromoléculas
de la matriz extracelular. Además, son los encargados
de soportar las fuerzas de cizallamiento y estiramiento
generadas por el desplazamiento de las placas cribiformes en respuesta a las variaciones de la presión intraocular (PIO) (12,26,37-39). El núcleo de dichas placas está
separado de los astrocitos por una capa continua y bien
definida que contiene colágeno tipo IV (fig. 2-7B,C),
laminina y proteoglucano heparán sulfato. Estas
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
21
Figura 2-6. Región laminar. (A): forma y tamaño de los poros de la lámina cribosa [S: superior; I: inferior; N: nasal; T: temporal;
A: arteria; V: vena; Sc: esclerótica]. Técnica de digestión dejando intacto el colágeno y MEB. (B): poro nasal. Técnica de digestión dejando intacto el colágeno y MEB. (C): poro inferotemporal. Técnica de digestión dejando intacto el colágeno y MEB.
22
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
Figura 2-7. Región laminar. (A): astrocito de cuerpo celular grueso [A] limitando los poros [P] de la lámina cribosa. Prolongaciones
de astrocitos (flechas). Colágeno [C]. MEB. En la imagen insertada en la esquina derecha se observa un astrocito de cuerpo celular
grueso (flecha) marcado con anti-GFAP con PAP. Colágeno (*). (B): sección longitudinal. Las flechas indican la región laminar [LR].
Región retrolaminar [RR]. Técnica de digestión dejando intacto el colágeno y MEB. (C): tejido colágeno [C] de la lámina cribosa.
Fibroblasto (f). Núcleo de astrocito [N]. Axón [Ax]. Filamentos gliales (cabeza de flecha). MET. (D): vascularización de la LR. Círculo de Zinn-Haller [CZH] y ramas derivadas del mismo (flechas). Diafanización y replección vascular con polímeros coloreados.
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
macromoléculas aportan un entramado de material
filamentoso, formando parte de la membrana basal de
los astrocitos, cuya función estructural proporciona un
sustrato flexible para la unión celular. Asimismo, la
laminina cumple una función importante en la regulación de la diferenciación celular y la proliferación de
los tejidos neurales (54,69). Las células se unen a la
membrana basal mediante glucoproteínas de membrana con propiedades adherentes, habiéndose indentificado en el nervio óptico uno de las principales tipos de
moléculas de adhesión, las integrinas (54). Alrededor de
la región laminar se encuentra una membrana limitante denominada tejido limitante de Elschnig, la cual está
constituida por tejido conectivo y astrocitos con características generales semejantes a las existentes en las
otras limitantes antes descritas (40,41).
La vascularización en la región de la lámina cribosa depende de ramas centrípetas de las arterias ciliares
posteriores (ACP) cortas, así como de arterias originadas directamente en el círculo de Zinn-Haller (31,39,42,46)
(fig. 2-7D).
Región Retrolaminar
Se extiende desde el final de la lámina cribosa hasta
el lugar donde la ACR y la VCR penetran en el nervio
óptico y forma parte de la porción intraorbitaria del nervio, estando, como tal, rodeada por las vainas meníngeas, duramadre, aracnoides y piamadre. Dichas vainas
delimitan entre sí dos espacios denominados subdural
(entre duramadre y aracnoides) y subaracnoideo (entre
aracnoides y piamadre) (70), el segundo de los cuales
contiene el LCR (fig. 2-8A). La región retrolaminar se
distingue por la aparición de los oligodendrocitos
(fig. 2-9A), que son células gliales encargadas de la mielinización de los axones (71). Estos últimos se agrupan en
haces, que se disponen de forma poligonal y están rodeados por tabiques de tejido conectivo (fig. 2-8B,C).
Dichos tabiques se encuentran unidos a la piamadre
(fig. 2-8A) en su periferia, a la lámina cribosa en su porción anterior y al tejido conectivo de la adventicia de la
ACR, (fig. 2-8B) en su porción central, además de conducir los vasos al interior del nervio óptico (26).
A nivel de esta región están presentes, así pues, tres
tipos de células gliales. En primer lugar, los astrocitos
contribuyen a fascicular los axones, separándolos de
los vasos sanguíneos y del tejido conectivo, aunque
23
debe recordarse que dicha fasciculación la llevan a
cabo aquí sobre todo los tabiques conectivos (fig. 29A,B). En segundo lugar, la microglía está integrada
por células escasas, pero presentes en una proporción
semejante a la de las restantes regiones del nervio óptico. En tercer lugar, los oligodendrocitos son los responsables de la formación de las vainas de mielina de
los axones (fig. 2-9A).
La aparición de mielina (fig. 2-9B) determina que el
grosor del nervio óptico en esta zona aumente al doble
del que se observaba a nivel de la lámina cribosa,
pasando de 1,5 a 3 mm. La mielinización del nervio es
necesaria para la conducción saltatoria del impulso
nervioso, y la ausencia de mielina puede ser letal,
como se ha demostrado en animales que presentan una
mutación en sus integrantes, la proteína proteolipídica
(PLP) y la proteína básica de la mielina (PBM). Además, la desmielinización de los axones origina disfunciones neurológicas como las observadas en la esclerosis múltiple (31). En cultivos celulares, se ha
demostrado la existencia de un precursor común para
los astrocitos denominados tipo-2 y para los oligodendrocitos, la célula bipotencial A2-B5 (+) (56-57 Miller
99), por lo que se le ha denominado progenitor de oligodendrocitos-astrocitos tipo-2 (O-2A) (72,73). La diferenciación de los progenitores O-2A hacia astrocitos
tipo-2 requiere señales ambientales como la interacción del factor neurotrófico ciliar (CNTF) (74) con componentes de la matríz extracelular (75), mientras que la
ausencia de estas señales da lugar a oligodendrocitos
(38) (76). Estos últimos tienen precursores cuya maduración se lleva a cabo en una serie de estadíos reconocidos por la expresión de distintos antígenos de superficie, por características morfológicas y de motilidad, y
por la respuesta a factores de crecimiento específicos (77). El precursor de los oligodendrocitos A2B5 (+)
inmaduro es muy móvil, tiene una morfología bipolar
característica y expresa antígenos de superficie, como
son la glicoproteína NG2 y el gangliósido GD3 (78). A
medida que madura, pierde movilidad, aparecen más
prolongaciones y, aunque retiene su positividad para
A2B5, empieza a expresar antígenos adicionales. Entre
ellos se encuentra un antígeno pendiente de caracterización denominado POA (2), que es reconocido por el
anticuerpo monoclonal O4 (68) (células O4+). En un
estadío posterior de maduración, la capacidad de
migración del precursor se reduce, se incrementa el
número de prolongaciones y se expresan niveles altos
24
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
Figura 2-8. Región retrolaminar. (A): sección transversal que muestra el tejido conectivo extendiéndose desde la piamadre [P]. [S:
Superior; I: inferior; T: temporal; N: nasal]. Técnica de digestión dejando intacto el colágeno y MEB. (B): sección transversal que
muestra el tejido conectivo extendiéndose desde los vasos sanguíneos centrales [V]. Técnica de digestión dejando intacto el colágeno y MEB. (C): sección longitudinal donde se observa que los tubos de colágeno son más grandes que los de la lámina cribosa.
Técnica de digestión dejando intacto el colágeno y MEB. (D): vascularización derivada de la ACR para la porción central del nervio óptico (flechas). Diafanización y replección vascular con polímeros coloreados. (E): región retrolaminar (intraorbitaria posterior). Vascularización para la porción central del nervio mediante arteria recurrente (flecha) de la ACR. Diafanización y replección
vascular con polímeros coloreados.
de galactocerebrósido, que es el principal glicolípido
de la mielina (73). La elaboración de las vainas de mielina se asocia con la expresión de componentes específicos de la misma, como son la PBM y la PLP
(11,12,28) (79). La proliferación del precursor del oligo-
dendrocito es inducida por distintos mitógenos en diferentes etapas del desarrollo. Así, el del oligodendrocito inmaduro A2B5 (+) prolifera sobre todo en respuesta al factor de crecimiento derivado de las plaquetas
(FCDP) y, en menor grado, al factor de crecimiento de
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
25
Figura 2-9. Región retrolaminar. (A): astrocitos intrafasciculares [A], que envían prolongaciones interiores (flechas) hacia las
paredes de los tabiques (flechas gruesas) y capilares (cabeza de flecha). Oligodendrocito [O]. Colágeno [C]. Anti-GFAP con PAP.
(B): astrocito de cuerpo celular grueso [A] situado entre axones mielinizados (ax). En el citoplasma del astrocito se observan fragmentos de mielina que han sido fagocitados (flecha). MET. (C): vascularización periférica del nervio óptico mediante ramas derivadas del CZH (flechas). Diafanización y replección vascular con polímeros coloreados. (D): vascularización a través de ramas piales de la ACR (flechas) para la porción periférica del nervio. Diafanización y replección vascular con polímeros coloreados. (E):
región retrolaminar (intraorbitaria posterior). Ramas de la arteria oftálmica y sus colaterales (flechas). Diafanización y replección
vascular con polímeros coloreados.
26
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
los fibroblastos tipo-II (bFCF) (80). En cambio, los oligodendrocitos más maduros O4 (+), tienen precursores
que no responden al FCDP, pero retienen su respuesta
proliferativa frente al bFCF. Estudios experimentales
con colorantes lipofílicos han demostrado que el origen de los precursores del oligodendrocito del nervio
óptico se encuentra en el suelo del III ventrículo, produciéndose una migración desde esta zona hacia el
quiasma y después al nervio (81). La producción de
tenascina C por los astrocitos es la encargada de regular la migración de dichos precursores a nivel de la
lámina cribosa (82).
Así pues, los oligodendrocitos formarían la banda
de mielina, en tanto que los astrocitos tipo-2 serían los
encargados del mantenimiento de los nódulos de Ranvier, controlando las concentraciones iónicas perinodales y aportando nutrientes al axón (31). Los nódulos de
Ranvier son las zonas del axón en donde la mielina
queda interrumpida, y su importancia estriba en que la
propagación de los potenciales de acción tiene lugar
mediante saltos de nódulo a nódulo, lo cual condiciona
que la conducción nerviosa sea más eficaz. Los astrocitos envían prolongaciones perinodales que rodean a
la membrana plasmática axonal amielínica, una asociación que puede tener un papel decisivo en la fisiología
del nódulo. De esta forma se crearían las condiciones
específicas para generar los potenciales de acción83, ya
que los astrocitos perinodales podrían sintetizar y renovar canales iónicos de la membrana nodal. Además, los
canales de sodio astrocitarios podrían estar implicados
en la homeostasis del espacio perinodal, siendo el tamponamiento iónico de dicho espacio dependiente de la
actividad eléctrica del nódulo (31).
En la región retrolaminar, tal como ocurre en las
otras regiones del nervio óptico, aparece un tejido glial
constituído por prolongaciones y somas de astrocitos
que separan la piamadre de los axones ganglionares, y
se denomina manto glial periférico de Fuchs o de
Greff. Las características de este manto son semejantes
a las de las otras limitantes anteriormente descritas en
el nervio (37,38,41). Asimismo, se ha descrito la existencia de invaginaciones en la membrana plasmática de
los astrocitos subpiales, denominadas vesículas caveolares, así como microfilamentos contráctiles. Unos y
otros tienen por función iniciar la contracción del
manto limitante periférico como respuesta a las tensiones que puedan producirse en las vainas meníngeas del
nervio (84).
La irrigación sanguínea de la región retrolaminar
varía según se trate de la zona más central o más periférica del nervio. Así, la zona axial o central se nutre
fundamentalmente de los vasos procedentes de la
ACR, (fig. 2-8D,E), mientras que la zona periférica
recibe las ramas piales procedentes de la ACR (fig. 29D), o de vasos derivados del sistema ciliar desde el
círculo de Zinn-Haller y la coroides peripapilar (fig. 29C). En las zonas más posteriores existe un aporte adicional desde las ramas de la arteria oftálmica y sus
colaterales (31,39,42,46) (fig. 2-9E).
VASCULARIZACIÓN DEL NERVIO ÓPTICO
Durante el último cuarto de siglo, se han acumulado
cada vez más evidencias acerca de los trastornos isquémicos de la CNO, como causas frecuentes de ceguera o
de pérdida severa de la visión en los humanos (85). Por
ejemplo, la NOIA constituye una afección visual frecuente, grave e incapacitante, sobre todo en las edades
medias y avanzadas (85). Asimismo, existen numerosos
datos a favor del importante papel que la insuficiencia
vascular a nivel de la CNO juega en la patogenia de la
neuropatía óptica glaucomatosa (86-88). Ello ha despertado un interés enorme hacia el tema de la circulación de
la CNO, en condiciones tanto fisiológicas como patológicas, ya que la adecuada comprensión de su naturaleza
altamente compleja in vivo es un requisito indispensable
para entender la patogenia de todas estas afecciones. Se
ha acumulado gran cantidad de literatura sobre este
tema, que hemos investigado desde el punto de vista
anatómico, histológico y experimental desde 1955, y
que hemos revisado recientemente (89) (S. S. H.). A continuación presentamos un resumen sobre la irrigación
sanguínea de la CNO, esencialmente basado en nuestros
amplios estudios al respecto.
Este tema ha sido desarrollado con extensión en
otras ocasiones (44,89-95). De acuerdo con su irrigación
arterial, el nervio óptico consta de dos porciones, una
porción anterior, la CNO, y otra porción posterior.
Irrigación Arterial de la Cabeza del Nervio
Óptico (fig. 2-10)
Con arreglo a la división anatómica de la CNO en
las 4 partes previamente descritas, la vascularización
se produce del modo siguiente (27,96) (fig. 2-10A):
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
27
Figura 2-10. Representación esquemática de la irrigación sanguínea de: (A) la CNO y (B) el resto del nervio óptico. (A reproducida de Hayreh (44); B modificada de Hayreh SS. Trans Am Acad Ophthalmol Otolaryngol 1974; 78: OP240-54). A = aracnoides; ACP
= arteria ciliar posterior; ACR = arteria central de la retina; AR = arteriola retiniana; C = coroides; CFNR = capa de fibras nerviosas; D = duramadre; DO = disco óptico; E = esclerótica; ES = espacio subaracnoideo; LC = lámina cribosa; NO = nervio óptico; P = piamadre; R = retina; RC = ramas colaterales; RP = región prelaminar; VCR = vena central de la retina.
28
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
1. CFNR: irrigada sobre todo por las arteriolas retinianas, aunque en algunos ojos la región temporal recibe un aporte procedente del sistema ACP, de la región
prelaminar profunda. Cuando existe una arteria ciliorretiniana (o más raramente una diminuta arteria ciliopapilar), irriga un sector correspondiente de esta capa.
2. Región prelaminar: irrigada por la circulación
ACP, casi siempre a través de ramas centrípetas de la
coroides peripapilar (44,89,92,95) (figs. 2-11, 2-12). La
ACR no aporta ramas a esta región.
3. Región de la lámina cribosa: irrigada por ramas
centrípetas de las ACPs cortas, ya sea directamente o a
través del llamado círculo arterial de Zinn-Haller. Contrariamente a la creencia generalizada, el círculo de
Zinn-Haller falta en algunos ojos y en otros está incompleto (89). La ACR tampoco aporta ramas a esta región.
4. Región retrolaminar: puede estar irrigada por
dos sistemas vasculares:
• Sistema periférico centrípeto: presente en todos
los nervios ópticos, aporta la irrigación principal para
esta región. Se halla formado por ramas piales recurrentes procedentes de la coroides peripapilar y del círculo de Zinn-Haller (o en su ausencia, de las ACPs cortas), con un aporte adicional de ramas piales de la ACR
y de otras arterias orbitarias (91,97,98). Los vasos piales
dan origen a ramas centrípetas, que recorren los tabiques conectivos del nervio.
• Sistema axial centrífugo: presente en un 75% de
los ojos y formado por ramas inconstantes procedentes
de la porción intraneural de la ACR (90,97,98).
A partir de la descripción precedente se hace evidente que el principal aporte sanguíneo para la porción intraocular del nervio óptico procede de la circulación ACP, a través de la coroides peripapilar y de las
ACPs cortas (o bien del círculo de Zinn-Haller). Nuestros estudios con AGF han demostrado una irrigación
sectorial de la CNO, en concordancia con la distribución segmentaria de la circulación ACP (89,99), lo cual
permite explicar la pérdida visual también sectorial en
la NOIA y en otras afecciones isquémicas de la CNO.
Existe la impresión general de que la CNO posee un
patrón de irrigación sanguínea virtualmente idéntico
para todos los ojos, que ofrecería siempre una explicación para las posibles lesiones isquémicas. Se trata de
un error fundamental, ya que los trabajos que hemos
publicado desde 1955 (89,94,95) han demostrado claramente importantes variaciones interindividuales en la
irrigación de la CNO.
Por un lado, las variaciones sobre el patrón anatómico normal de la irrigación arterial, representado en
la fig. 2-10, son sustanciales (44,89,95) y, de acuerdo con
nuestro estudio anatómico sobre 100 muestras humanas, no existen dos patrones idénticos, ni siquiera entre
los dos ojos de un mismo individuo (89,97,98).
Por otro lado, las variaciones en el patrón de la circulación ACP, son también notables, condicionan una
distribución muy variable de las mismas en la CNO y
ejercen una influencia profunda sobre los trastornos
isquémicos de la CNO y sus manifestaciones. Este
conjunto de variaciones se puede resumir del modo
siguiente(89,94,95):
1. Variaciones en el número de ACPs que irrigan
un ojo: a partir de la arteria oftálmica se originan directamente entre 1 y 5 (generalmente 3) ACPs (89,93, 95,100),
que reciben la denominación de mediales o laterales,
según penetren el globo ocular por dentro o por fuera
del nervio óptico.
2. Irrigación de las ACPs in vivo: nuestros estudios
experimentales (93,95,99,101,102) y clínicos (94,103-108) han
demostrado que las ACPs y sus ramas tienen una distribución segmentaria, tanto en la coroides como en la
CNO. Las ACPs laterales y mediales irrigan las partes
correspondientes de la coroides y de la CNO (figs. 2-13,
2-14), si bien presentan variaciones interindividuales
significativas (89,94,95,102,103,106-108). Así, la ACP medial
puede irrigar toda la CNO (figs. 2-13, 2-14E), o no
tomar parte en su irrigación (fig. 2-15D), con numerosas posibilidades intermedias entre estos dos extremos
Figura 2-11. AGF de un OD con NOIA-NA que muestra, durante la fase arteriovenosa retiniana precoz, una ausencia de llenado en la zona temporal de la coroides peripapilar y del disco
óptico adyacente, así como de la mitad superior del territorio
frontera coroideo. (Reproducida de Hayreh (94)).
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
29
(figs. 2-13, 2-14, 2-15), mientras que la ACP lateral
irriga la zona de la CNO no irrigada por la ACP
medial. Cuando hay más de una ACP medial o lateral,
cada una de ellas puede irrigar sólo a un sector, y si
existe una ACP superior, irriga a la zona superior
correspondiente (fig. 2-16).
3. Territorios frontera en la distribución de las
ACPs y su localización (89,94,108): cuando un tejido es
irrigado por 2 ó más arterias terminales, el límite entre
sus zonas de distribución se denomina «territorio frontera». La significación de este último se pone de relieve si desciende la presión de perfusión en el lecho vascular de una o más arterias terminales, ya que al ser un
Figura 2-12. AGF de un OD con NOIA-A que muestra, durante
la fase venosa retiniana, una ausencia total de llenado de la coroides peripapilar y del disco óptico. (Reproducida de Hayreh (103)).
Figura 2-13. AGF de un OI con NOIA-A y oclusión arterial
ciliorretiniana asociada que muestra, durante la fase arteriovenosa retiniana precoz, un llenado normal de la ACR y de la
coroides irrigada por la ACP lateral, pero sin llenado de la
coroides ni del disco óptico, irrigados por la ACP medial, así
como de la arteria ciliorretiniana. (Reproducida de Hayreh (106)).
Figura 2-14. AGFs de 5 ojos con NOIA, que muestran los
patrones de distribución de las ACPs medial y lateral en la
coroides y en la CNO. (A,B,C) Llenado normal en la ACP lateral y ausente en la ACP medial, del OD (A,B) y del OI (C). (D,E)
Llenado normal en la ACP medial y ausente en la ACP lateral,
del OD en ambos casos. (A,B,C,D reproducidas de Hayreh (94)).
30
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
territorio comparativamente menos vascularizado,
resulta más vulnerable a la isquemia. Dado que las
ACPs y sus ramas son arterias terminales in
vivo (99,101,102), hay territorios frontera entre ellas (108)
(fig. 2-15), y cuando dichas arterias son 2, medial y
lateral, la localización de los mismos presenta variaciones interindividuales notables, como ilustra la figura 2-17 (89,94,99,108). Si existen 3 ó más ACPs, la situa-
Figura 2-15. Localizaciones del territorio frontera. AGFs de 4 ojos con NOIA, que muestran las diferentes localizaciones de dicho
territorio (franjas oscuras verticales) en relación con el disco óptico. (A) OD con territorio frontera de situación temporal respecto al disco. (B) OD con territorio frontera que ocupa la parte temporal del disco y la coroides peripapilar adyacente. (C) OI con el
disco óptico situado en el centro del territorio frontera; (D) OI con territorio frontera que ocupa la parte nasal del disco y la coroides peripapilar adyacente. (A reproducida de Hayreh (87) y las restantes de Hayreh (94)).
Figura 2-16. AGF de un OD normal, que
muestra durante la fase arterial retiniana
precoz un llenado del sector superior del
disco óptico, irrigado por la ACP superior. (Reproducida de Hayreh (94)).
Figura 2-19. AGFs durante la fase arteriovenosa retiniana precoz. (A) En un OD con
NOIA-A se observa una ausencia de llenado limitada a la mitad superior del territorio frontera y del disco óptico. (B) En un OD con glaucoma de baja tensión se constata una falta de llenado limitada a la mitad inferior del territorio frontera y del disco
óptico (Reproducidas de Hayreh (94)).
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
31
Figura 2-17. Representación diagramática de algunas localizaciones de los territorios frontera (zonas sombreadas) entre las ACPs medial
y lateral en ojos humanos. (Arriba e izquierda) La zona sombreada es aquélla dentro de la cual puede estar situado el territorio frontera.
Los 5 diagramas restantes son ejemplos de variaciones en la localización. La fig. 2-15 muestra AGFs de algunas de estas localizaciones
del territorio frontera. (Reproducidas de Hayreh SS. En Bernstein EF, ed. Amaurosis fugax. New York: Springer-Verlag 1988: 1-23).
Figura 2-18. Representaciones diagramáticas sobre posibles localizaciones de los límites entre los territorios de diversas ACPs. (A)
Con 2 ACPs, una medial y la otra lateral. (B-D) Con 3 ACPs en diferentes combinaciones: (B,C) tienen 1 ACP medial y 2 laterales;
(D) tiene 1 ACP lateral y 2 mediales; (E) tiene 4 ACPs, 2 mediales y 2 laterales. (Reproducidas de Hayreh SS. En Lambrou GN, Greve
EL, eds. Ocular blood flow in glaucoma: means, methods and measurements. Amstelveen. Kugler & Ghedini 1989: 3-54.
32
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
ción de estos territorios varía según el número y la distribución de las ACPs, como muestran el diagrama de
la figura 2-18, y las AGF de la figura 2-19A,B.
La localización de un territorio frontera es un tema
de importancia extrema para la interpretación de los
trastornos isquémicos de la CNO. Ello se debe a la
especial vulnerabilidad de la parte de CNO localizada
en el mismo si desciende la presión de perfusión en las
ACPs, tal como hemos demostrado (89,94,108).
4. Diferencia de flujo sanguíneo en las distintas
ACPs y ACPs cortas: nuestras investigaciones clínicas
y experimentales han revelado que la presión arterial
media en las diversas ACPs puede variar en los individuos tanto sanos como enfermos (94). Cuando se produce un descenso en la presión de perfusión, el lecho vascular dependiente de una arteria se puede afectar de
modo más precoz e intenso que el de las restantes.
Irrigación Arterial de la Parte Posterior (fig. 2-10B)
Esta parte del nervio óptico posee un sistema vascular periférico y axial.
1. Sistema periférico centrípeto: se halla siempre
presente y está formado por los vasos piales, que a su
vez proceden de arterias colaterales originadas en la
arteria oftálmica y en algunas de sus ramas intraorbitarias (44,91,93).
2. Sistema axial centrífugo: está formado por unas
ramas, observadas en el 75% de los casos (90,91,97,98), y
procedentes de la ACR, cuya contribución se puede
extender 1-4 mm por detrás de su lugar de penetración
en el nervio óptico.
Drenaje Venoso
Las porciones intraocular e intraorbitaria del nervio
óptico son drenadas sobre todo por la VCR (fig. 2-10B).
El drenaje de la región prelaminar se efectúa también
hacia las venas coroideas peripapilares, a cuyo nivel la
VCR presenta una comunicación potencial con la circulación coroidea. Dicha comunicación adquiere relevancia en las oclusiones de la VCR posteriores respecto a la
lámina cribosa, por la apertura y dilatación de canales
colaterales denominados vasos óptico-ciliares, que ayudan a drenar la sangre retiniana. No existe homónimo
venoso para el círculo de Zinn-Haller.
FISIOLOGÍA DEL NERVIO ÓPTICO.
TRANSPORTE AXONAL
Los axones y sus arborizaciones terminales carecen
de ribosomas, las organelas celulares en donde se producen las proteínas, por lo que deben obtener su aporte proteico a partir del soma neuronal. Además, los terminales axonales requieren mitocondrias y vesículas
sinápticas, ya que las neuronas son células secretoras.
Las proteínas, las vesículas sinápticas y las mitocondrias se forman en el soma celular y se transportan a lo
largo del axón hacia los terminales axonales mediante
el transporte axonal anterógrado. Por otro lado, algunos componentes de los terminales axonales, como
organelas, vesículas y otras sustancias, son enviados al
soma celular para ser reciclados después de su uso.
Estos componentes son transportados por los axones
hasta el soma neuronal a través del transporte axonal
retrógrado.
El transporte axonal es necesario, no sólo para el
mantenimiento de una fisiología axonal normal, sino
también durante el proceso del desarrollo nervioso o
después de que se produzca un daño axonal. Ello posibilita la llegada de las moléculas necesarias para la
supervivencia neuronal, a fin de regular la respuesta
neuronal al microambiente y para la elongación y regeneración neuronales. Así, los axones neoformados
requieren la presencia en el extremo final del axón de
elementos estructurales, tales como membranas,
microtúbulos y neurofilamentos. En contrapartida, el
transporte axonal puede favorecer también la patología
neuronal, ya que algunos virus infectan a las neuronas
y algunas toxinas neurotropas producen sus efectos
sobre las neuronas mediante su incorporación al transporte axonal. El transporte anterógrado y retrógrado no
es exclusivo de los axones, ya que las dendritas reciben
también sustancias procedentes del soma neuronal y
envían sustancias destinadas al mismo (109). Sin embargo, el transporte dendrítico ha sido menos estudiado
que el transporte axonal debido a dificultades técnicas,
al ser las dendritas mucho más pequeñas y menos accesibles que los axones.
Aunque la existencia del transporte axonal se conoce desde comienzos del siglo XX (110), no fue demostrada hasta 1948, gracias al trabajo publicado por
Weiss y Hiscoe. Según documentaron estos autores,
cuando se ligan los axones, se produce en el segmento
proximal de la ligadura un engrosamiento, que inter-
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
pretaron como la acumulación del material transportado desde el soma al terminal axonal (111). Sin embargo,
las técnicas para el estudio de este transporte no se
desarrollaron hasta finales de la década de los 60,
cuando la utilización de aminoácidos radioactivos y su
visualización con técnicas de autorradiografía permitió
investigar el transporte anterógrado. Así, los aminoácidos inyectados cerca del soma neuronal son incorporados a las proteínas del mismo y, con las mencionadas
técnicas, es posible observar el desplazamiento de las
proteínas hacia los terminales axonales (112). Esta técnica se puede utilizar para medir la velocidad del transporte, pero también para documentar las proyecciones
de diferentes grupos neuronales. Con el fin de estudiar
el transporte axonal en las CGR, se pueden inyectar
aminoácidos radioactivos en el vítreo, un procedimiento que practicó Grafstein en 1967 en el carpín dorado.
La autora constató que dichos aminoácidos se incorporaban a proteínas en el soma de las mencionadas células
y eran después transportados a lo largo del axón. Ello le
llevó a descubrir que existían dos tipos de transporte
axonal anterógrado: uno lento, que se conocía hasta
entonces, y otro rápido, que se desplazaba a velocidad
mucho mayor (112). El transporte retrógrado se documentó más tarde, aunque desde 1941 se sabía que el virus de
la polio es transportado por los axones neuronales desde
el músculo al soma neuronal (113). Fue en 1971 cuando
Kristensson y Olsson constataron que la peroxidasa de
rábano era transportada de forma retrógrada desde el
lugar de su inyección en un músculo hasta el soma de las
motoneuronas que lo inervaban en la médula espinal (114). En la actualidad se conocen dos tipos de transporte axonal anterógrado: el lento y el rápido, así como
un tipo de transporte axonal retrógrado, que es rápido (115,116). El transporte es, en cualquier caso, activo y
requiere energía (ATP, adenosina trifosfato), que debe
ser suministrada a lo largo de todo el axón (115).
33
dos por una proteína denominada quinesina (109). Existen evidencias de que el transporte anterógrado rápido
requiere varios tipos de quinesinas y no depende sólo
de éstas, sino también de otras moléculas, como la actina y la miosina (109). Este tipo de transporte axonal se
observa para otros trazadores neuronales y sustancias,
aparte de los aminoácidos radiactivos, como son la toxina colérica B (118) o el virus del herpes simple (119).
Transporte Axonal Anterógrado Lento
Esta variante, también denominada flujo axoplásmico, transporta los componentes del citoesqueleto y
proteínas solubles (109). Es posiblemente un transporte
más complicado que el rápido, ya que tiene al menos
dos componentes (lento y rápido) que se distinguen, no
solamente por la velocidad a la que se realizan, sino
también por la naturaleza de las sustancias transportadas. El componente lento, llamado también SCa, tiene
una velocidad de 0,3 a 3 mm/día y 3/4 partes de las sustancias que transporta son las subunidades de los neurofilamentos y dos subunidades de los microtúbulos
neuronales (109,115,116). El componente rápido, llamado
también SCb, dobla en velocidad al componente lento
(2-8 mm/día (116)) y transporta materiales muy variados. Así, la sustancia más abundante en este componente, que es la actina (integrante de los microfilamentos) representa solamente entre un 2 y un 4% de las
proteínas contenidas en él (115). El componente rápido
también transporta otras proteínas, como la clatrina y
la calmodulina, y asimismo enzimas del metabolismo
intermediario (109,115). Los mecanismos moleculares
responsables del transporte axonal lento son todavía
desconocidos (116).
Transporte Axonal Retrógrado
Transporte Axonal Anterógrado Rápido
Sirve para transportar organelas citoplásmicas membranosas, sobre todo vesículas sinápticas y mitocondrias (115), aminoácidos, proteínas, glicoproteínas y lípidos (117), y su velocidad media en los mamíferos es de
50 a 400 mm/día (115,116). Estas organelas se desplazan a
lo largo de los microtúbulos del axón empujadas por
unos brazos que presentan dichos microtúbulos, forma-
No se conoce con exactitud su composición, pero
hasta el momento, se sabe que al menos transporta
mitocondrias, vesículas sinápticas, algunas proteínas,
virus y factores neurotróficos (109). Este transporte tiene
una velocidad similar al transporte anterógrado rápido
y se realiza por una proteína que también forma unos
brazos en los microtúbulos, denominada dineína (109,112). Existen distintos tipos de dineínas en las
neuronas, pero no está claro si se utilizan varios de
34
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
ellos para el transporte o si diferentes neuronas utilizan
diferentes dineínas (109). Hay también evidencias a
favor de una posible implicación de la quinesina, junto
con la dineína, en el transporte retrógrado (109). Diversas sustancias, puestas en contacto con los axones o
con los terminales axonales, son captadas por éstos
mediante endocitosis y transportadas retrógradamente.
Entre ellas están algunos trazadores neuronales, virus
neurotropos (herpes, polio y rabia), toxinas bacterianas
(botulínica, tetánica y colérica), neurotoxinas y factores de crecimiento, como el de crecimiento nervioso
(NGF) (112,115). Por este motivo, las sustancias mencionadas son muy utilizadas en Neurobiología para determinar el origen celular de las proyecciones axonales.
Identificacion de Grupos Neuronales y sus
Proyecciones: Trazadores Neuronales
Cuando se aplican diversos tipos de sustancias
cerca de los cuerpos neuronales, éstas son incorporadas
al soma celular y, por medio del transporte axonal anterógrado, alcanzan los terminales nerviosos, marcando
de esta forma la proyección axonal (fig. 2-20). De
forma recíproca, otras sustancias aplicadas en los terminales axonales o en los axones lesionados, se transportan retrógradamente hacia el soma neuronal, lo que
permite identificar el origen celular de la proyección
axonal (fig. 2-21). En la actualidad se conocen muchas
sustancias con las propiedades descritas, por lo que se
denominan trazadores neuronales o neurotrazadores, y
se utilizan para investigar el transporte axonal y la anatomía de vías nerviosas en condiciones normales o
experimentales. La elección del trazador neuronal,
anterógrado o retrógrado, que se va a utilizar en una
determinada situación experimental depende del objetivo que persigamos. El tejido puede examinarse a
microscopía óptica o electrónica, si bien ésta última
sólo permite observar determinados marcadores. Además, hay trazadores que son capaces de atravesar las
sinapsis y otros que no lo son. También es necesario
combinar a veces las técnicas de marcaje neuronal y las
de inmunocitoquímica, con las cuales no todos los trazadores son compatibles (120). Si la inmunocitoquímica
se va a realizar con anticuerpos marcados con fluorescencia, es preferible utilizar un trazador fluorescente,
para poder observar ambos marcajes a la vez en el
microscopio de fluorescencia (121). Los trazadores neu-
ronales fluorescentes fueron introducidos en la década
de los 70, son en la actualidad muy numerosos (121) y se
utilizan para estudios de transporte tanto anterógrado
como retrógrado. No obstante, actualmente prevalece
su uso para identificar de forma retrógrada el origen de
las poblaciones neuronales que inervan un fascículo
nervioso o una región cerebral en concreto.
Transporte Axonal en la Regeneración Neuronal
El transporte axonal adquiere una importancia capital durante el desarrollo y los procesos de regeneración
axonal (ver capítulo 17), de modo que las dos variantes
de transporte son imprescindibles a fin de que se produzca la elongación de los axones. Así, el transporte
anterógrado es necesario para hacer llegar al cono de
crecimiento los materiales que la citoarquitectura de los
nuevos axones precisa. Por su parte, el transporte retrógrado se requiere a fin de hacer llegar al soma neuronal
sustancias procedentes del lugar de crecimiento axonal
esenciales para la supervivencia neuronal o para modificar la respuesta neuronal a su microambiente. Gracias
al transporte axonal retrógrado numerosos factores neurotróficos llegan desde los terminales axonales hasta el
soma neuronal, con el fin de ejercer sus funciones neurotróficas a nivel del núcleo neuronal (122,123). Diversas
investigaciones han documentado que estas sustancias
se producen normalmente en los territorios de inervación y se transportan hacia el soma neuronal a lo largo
de toda la vida, posiblemente porque contribuyen así a
la funcionalidad y la supervivencia de las neuronas (122,124). Se ha postulado que cualquier lesión en el
SNC que interrumpa el transporte axonal causa la
muerte de las neuronas origen de los axones lesionados
porque interrumpe el transporte axonal retrógrado de
factores neurotróficos desde los territorios de proyección axonal al soma neuronal. Existen varias familias
de factores neurotróficos y, entre éstos, se considera que
las neurotrofinas son las más importantes para las CGR
de los mamíferos (ver capítulo 17). De esta familia cabe
destacar el NGF, el factor neurotrófico derivado del
cerebro (BDNF), la neurotrofina 3 (NT-3) y la neurotrofina 4/5 (NT-4/5) (123). Las neurotrofinas tienen dos
receptores en la membrana neuronal: el de baja afinidad, también llamado p75, y el de alta afinidad, también
llamado Trk, por ser una tirosin-quinasa. Para que una
neurotrofina sea transportada de forma retrógrada, es
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
35
Figura 2-20. Transporte anterógrado de la subunidad B de la toxina colérica (CTB) por las células ganglionares de la retina de la
rata adulta. Cuatro días después de inyectar la toxina en el vítreo del ojo izquierdo, se obtuvieron cortes seriados del mesencéfalo,
que se procesaron con técnicas inmunohistoquímicas para identificar la CTB, y en la micrografía aparece una sección frontal. Se
observa la típica distribución de los terminales axonales de la retina del ojo izquierdo en el colículo superior: una intensa inmunorreactividad en las capas visuales del colículo contralateral (derecho) y la presencia de algunas fibras en las capas visuales del colículo ipsilateral (izquierdo).
Figura 2-21. Transporte retrógrado de Fluorogold® (FG) en el sistema visual de la rata adulta, demostrado mediante una micrografía de un montaje global de una retina 7 días después de aplicar FG en ambos colículos superiores. Por toda la retina se encuentran distribuidas células ganglionares marcadas con FG. La micrografía se obtuvo en microscopio de fluorescencia equipado con
una platina motorizada, una cámara de alta resolución y un sistema de análisis de imagen. El polo superior de la retina se encuentra entre la una y las dos horas.
Figura 2-22. Compresión de los axones de las células ganglionares en la retina de la rata Royal College of Surgeons (RCS) por
vasos sanguíneos. Los axones se encuentran marcados en verde con un anticuerpo contra los neurofilamentos y un anticuerpo secundario unido a fluoresceína y los vasos sanguíneos en negro, mediante la inyección de peroxidasa de rábano en la vena femoral.
Puede observarse la alteración del transporte axonal que provoca una distensión de los axones en las zonas de compresión.
36
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
necesario que se una a sus receptores de alta afinidad en
la membrana neuronal. Tras esta unión, se piensa que
ambos son secuestrados por un proceso de endocitosis y
transportados al soma neuronal, donde la neurotrofina, y
quizás el receptor, ejercen sus funciones (109,122,123). Sin
embargo, existe evidencia de que las neuronas responden a las neurotrofinas ya antes de que el complejo Trkneurotrofina haya llegado al soma neuronal, por lo que
se ha propuesto que la señal neurotrófica puede tener
dos fases. La primera, más rápida, sería independiente
del transporte axonal retrógrado, y la segunda, más tardía, estaría mediada por dicho transporte (109). Recientemente se ha documentado también la posibilidad de un
transporte anterógrado para las neurotrofinas en los
axones (125).
La gran importancia del transporte axonal para la
regeneración neuronal se debe a que el crecimiento del
axón depende de la llegada de sustancias metabólicas y
estructurales imprescindibles al cono de crecimiento, y
quizás también de sustancias que regulan esta regeneración. Para el estudio del transporte axonal en la regeneración neuronal se ha utilizado ampliamente el sistema
visual, pues presenta múltiples ventajas de tipo técnico
para la realización de este tipo de investigaciones. Por
ejemplo, una simple inyección de aminoácidos radioactivos en el vítreo produce el marcaje selectivo en etapas
sucesivas de las proteínas transportadas por los axones
de las CGR, y de los terminales retinianos en el cerebro
(fig. 2-20). La capacidad de regeneración de las CGR
varía mucho de unas especies animales a otras. Así, la
sección del nervio óptico, en los peces y en anfibios no
produce la muerte de dichas células (126,127), las cuales
regeneran sus axones, restableciendo las conexiones
sinápticas y la función visual del animal, mientras que
en los mamíferos acarrea la muerte masiva de las mismas (128,129). En los mamíferos, la aposición experimental de un injerto de nervio periférico al munón del nervio óptico seccionado, ha documentado que las CGR
son capaces de regenerar sus axones dentro de los injertos a largas distancias. Además, si el extremo distal del
injerto del nervio periférico se coloca en contacto con
los territorios de inervación normales de dichas células,
los axones regenerados pueden extenderse entre ellos y
establecer conexiones sinápticas (130), mediando incluso
comportamientos visuales simples, como el reflejo
fotomotor (131). Debido a la superior capacidad de regeneración del sistema visual en los peces con respecto a
los mamíferos, muchos de los estudios de transporte
axonal en regeneración neuronal se han realizado con el
pez dorado (126). En este animal, se ha documentado un
aumento, tanto de la cantidad de sustancias que son
objeto de transporte axonal anterógrado lento y rápido,
como de la velocidad de éstos durante la regeneración
de las CGR (126). Una de las proteínas cuyo transporte
aumenta más durante la regeneración del sistema visual
del pez dorado y del sapo recibe la denominación de
«proteína asociada al crecimiento-43» (GAP-43). Esta
proteína se vehiculiza por el transporte anterógrado
rápido y es posible que forme parte del retículo endoplasmático liso, estructura muy abundante en los conos
de crecimiento, y que puede jugar una función específica para la iniciación o regulación de la regeneración
axonal (126,132). También se cree que es importante en la
regeneración neuronal el transporte anterógrado lento,
ya que su velocidad se asemeja mucho a la velocidad de
regeneración axonal en varios modelos experimentales (126,133,134). Además, mediante esta modalidad se
transporta actina y tubulina, proteínas necesarias para la
remodelación de los conos de crecimiento. En mamíferos, el transporte axonal anterógrado lento está relacionado con la regeneración, y se ha documentado que
cuando se secciona el nervio óptico, dicha modalidad
de transporte disminuye (135). En cambio, si una vez seccionado el nervio se sustituye su porción distal por un
injerto de nervio periférico y los axones de las CGR
regeneran a lo largo de estos injertos, aumenta la velocidad de transporte de neurofilamentos y tubulina (136).
Transporte Axonal en las Enfermedades Oculares
Se han documentado alteraciones del transporte axonal en los microinfartos retinianos y en varias enfermedades de la retina y del nervio óptico, tales como obstrucciones arteriales y venosas, papiledema, hipotonía
ocular, neuropatías ópticas diversas y glaucoma (137,138).
Los microinfartos («exudados algodonosos») aparecen en varias afecciones retinianas, como la retinopatía hipertensiva, y en las neuropatías ópticas anteriores.
Son consecuencia de una obstrucción arteriolar (138-140)
y corresponden histológicamente a axones de las CGR
que se encuentran engrosados debido a una detención
del transporte axonal en la zona infartada.
La obstrucción de la ACR, de sus ramas o de una
arteria ciliorretiniana produce una detención del transporte axonal en los axones de las CGR que se encuen-
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
tran en la zona del infarto (138). En la obstrucción de la
VCR se observa también a veces un edema del disco
óptico, que se ha atribuido a una obstrucción simultánea de una arteria retiniana con la consiguiente interrupción del transporte axonal (138, 141).
En el papiledema por hipertensión intracraneal (HTI)
y en todas las enfermedades que cursan con edema de
papila, como la papilitis, la NOIA y la hipotonía ocular,
existe una interrupción del transporte axonal (137). Sin
embargo, su mecanismo es todavía debatido en el caso
del papiledema (ver capítulo 8). Así, mientras Hayreh (142) postula que la interrupción del transporte axonal
se debe a una compresión mecánica de los axones, otros
autores han atribuído dicha interrupción a una isquemia
de la CNO secundaria al papiledema (143,144).
La elevación aguda o crónica de la PIO en el glaucoma, tanto humano como animal, se traduce por una detención del transporte axonal retrógrado y anterógrado (145147). Se ha documentado también que existe una alteración
del transporte a nivel de la lámina cribosa en animales y
humanos con presiones intraoculares normales, por lo que
se ha sugerido su posible implicación en la patogenia del
glaucoma de baja tensión (148). Sin embargo, no se conoce todavía la causa de la interrupción del transporte axonal en todos estos casos, por lo que las dos teorías, mecánica y vascular, acerca del daño axonal de origen
glaucomatoso permanecen vigentes (145,149).
Otras enfermedades oculares en las que se produce
una afectación del transporte axonal son las neuropatías ópticas, de naturaleza compresiva y desmielinizante (137,138), así como las hereditarias (150), nutricionales (150), metabólicas (150,151) e isquémicas posteriores.
Las afecciones oftalmológicas antes mencionadas,
que cursan con alteraciones del transporte axonal producen a largo plazo una degeneración secundaria
hasta la muerte de las CGR (149). Posiblemente, esta
degeneración retrógrada sea la consecuencia de una
interrupción del transporte axonal retrógrado que,
como hemos visto, vehiculiza factores de crecimiento
necesarios para la supervivencia neuronal (122-124,149).
En el caso del BDNF, un factor neurotrófico que
aumenta la supervivencia de las CGR de las ratas
adultas tras la sección del nervio óptico (152,153), esta
forma de transporte queda bloqueada cuando se les
incrementa la PIO (147). Sin embargo, todavía no se ha
documentado una relación directa entre el bloqueo
del transporte axonal y la muerte de dichas células en
ninguna de las mencionadas afecciones. Reciente-
37
mente se ha comprobado que en ratas y ratones con
degeneración hereditaria de los fotorreceptores retinianos se produce una compresión intrarretiniana de
los axones de las CGR (fig. 2-22), causante de una
detención del transporte axonal y muerte celular (154156). Dicha detención sería puramente mecánica,
como la que sobreviene en algunas neuropatías periféricas compresivas y en la estenosis medular. Por
ello, se ha establecido una distinción entre dos clases
de muerte neuronal, la axogénica y la somagénica,
según cual sea el lugar de la neurona en donde se inicia el daño letal (157). Las enfermedades que alteran el
transporte axonal serían causantes de muerte axogénica, aunque no se sabe con certeza si son capaces
con el tiempo de producir, además de dicha alteración, una sección axonal responable en última instancia de la muerte celular (154-157). Por otra parte, estas
enfermedades podrían conllevar además alteraciones
del microambiente neuronal, tales como producción
de radicales libres, aminoácidos excitotóxicos, o de
otros compuestos, con capacidad de causar directamente la muerte somagénica de las CGR (149).
Por último, existen afecciones en las que se produce un bloqueo del transporte axonal y, al menos
durante cierto tiempo, no hay pérdida de la visión ni
muerte de CGR, como es el caso del papiledema por
HTI. Ello es debido a que la afectación del transporte
axonal no influye sobre la conducción de los impulsos
nerviosos. Sin embargo, existe evidencia de que el
bloqueo del transporte axonal, no solamente produce
la muerte neuronal a largo plazo, sino que también
altera la funcionalidad de las neuronas a corto plazo.
Así, cuando se aplica colchicina (sustancia bloqueante del transporte axonal) en los axones de neuronas del
sistema nervioso periférico, se observan cambios
degenerativos en los somas neuronales y una disminución de sus aferencias sinápticas, con depresión de la
conducción nerviosa (158). Estos cambios se han comparado con los que se producen tras la sección de los
axones e ilustran la importancia que para la funcionalidad neuronal tiene el transporte axonal. Además, se
ha documentado recientemente que este último puede
ser necesario para el transporte a través de canales
iónicos en neuronas normales (159), con posible implicación en la apertura de los mismos del citoesqueleto
neuronal (160). Todo ello permite entrever la trascendencia que el transporte axonal tiene también para la
actividad eléctrica de las neuronas.
38
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
HISTOPATOLOGÍA DE LAS NEUROPATÍAS
ÓPTICAS
Las características histológicas de los procesos patológicos específicos que afectan al nervio óptico (v. gr.:
arteritis temporal, infiltraciones, tumores, etc.) se estudiarán en los capítulos correspondientes. En el presente
apartado se describirán, a modo de introducción, los
hallazgos anatomopatológicos que se pueden correlacionar con tres categorías generales de alteraciones oftal-
Figura 2-23. Histopatología de un nervio óptico hipoplásico.
Sección longitudinal, en la que se observa el anillo externo,
determinado por el límite normal entre la esclerótica y la lámina cribosa. El anillo interno lo produce la extensión anormal
de la retina y el epitelio pigmentario sobre la mencionada lámina. (Caso del Dr. W. Spencer. California).
Figura 2-24. Elevación nasal del disco óptico en un ojo miope
(A). La papila presenta un aspecto elevado y borroso en su sector nasal, que puede ser confundido con una elevación adquirida. Disco óptico pequeño y repleto en un ojo hipermétrope (B).
La papila, de pequeño tamaño, presenta una borrosidad difusa
de sus márgenes, que puede ser confundida con un edema
adquirido.
moscópicas del disco óptico, a saber, las malformaciones papilares, el edema de la papila y la atrofia óptica.
Malformaciones Papilares
Las diversas formas de hipoplasia del nervio óptico
se caracterizan desde el punto de vista histológico por
una disminución del número de CGR y de sus axones,
las fibras nerviosas retinianas (161), sin evidencia de
degeneración axonal (162). Existe, en consecuencia, una
reducción del diámetro de la sustancia del nervio, lo
que motiva una estructura en doble anillo, por el doble
contorno, papilar y peripapilar (fig. 2-23). Tanto los elementos mesodérmicos y del tejido glial de sostén, como
la ACR y la VCR se hallan íntegros (ver capítulo 6).
En la miopía se produce una elevación nasal del
disco óptico (fig. 2-24A), debido a la protrusión de las
fibras nerviosas a este nivel, que condiciona la dirección oblicua experimentada por el nervio al atravesar
el canal escleral. Es posible asimismo observar una
ausencia de epitelio pigmentario retiniano y de coroides en una zona semilunar temporal al disco («cono
miópico»). En la hipermetropía el disco óptico es
pequeño y repleto, es decir, de dimensiones reducidas
y con borrosidad de sus márgenes (163) (fig. 2-24B),
debido a la aglomeración de las fibras nerviosas en un
canal escleral de diámetro inferior al normal. Una
situación opuesta es la que se produce en la megalopapila, con aumento del tamaño del disco óptico y de la
excavación papilar (fig. 2-25). La elevación nasal de la
papila y el disco óptico pequeño y repleto están incluidas, junto a los cuerpos hialinos intrapapilares, en el
conjunto de alteraciones oftalmoscópicas que reciben
la denominación de seudopapiledema (ver capítulo 6).
Ello se debe a la posibilidad que tienen todas ellas de
ser confundidas con el edema papilar verdadero. Por su
parte, la megalopapila y otras excavaciones papilares
colobomatosas son designadas como seudoglaucoma,
ya que deben ser diferenciadas de la excavación papilar producida por el glaucoma crónico (ver capítulo 5).
Edema de la Papila
Se denomina edema papilar a la elevación adquirida del disco óptico consecutiva a una interrupción
del transporte axonal en el nervio, cualquiera que sea
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
su causa (isquemia, compresión, hipotonía ocular,
etc.). El término papiledema se reserva para los casos
de edema papilar secundario a un aumento de la presión intracraneal. Por su parte, se designan como
papilitis aquellas elevaciones adquiridas del disco
óptico producidas a consecuencia de procesos inflamatorios.
El edema agudo de la papila se caracteriza desde el
punto de vista anatomopatológico por un aumento de
volumen del tejido nervioso a nivel de la región prelaminar con alteraciones secundarias en la retina peripapilar (164) (fig. 2-26). Los estudios de Tso, por medio de
la microscopía electrónica, demostraron que estas
modificaciones se deben sobre todo a una tumefacción
de los axones de la CFNR y en menor grado al edema
intersticial (165). Cuando el cuadro evoluciona hacia el
edema crónico de la papila se puede producir una degeneración axonal a partir de la lámina cribosa, desde
donde se extiende en sentido anterógrado y retrógrado.
En los casos de elevación papilar asociada a neuritis óptica se observa además la presencia de linfocitos
a nivel de las leptomeninges que rodean al nervio óptico y de los espacios perivasculares, así como focos de
desmielinización en el nervio.
Atrofia Óptica
La atrofia del nervio óptico es un proceso caracterizado desde el punto de vista clínico por una palidez del
disco óptico al examen oftalmoscópico, asociada a
defectos irreversibles de la visión. La afectación de
esta última es muy variable y, de hecho, grados similares de palidez papilar pueden acompañarse de niveles
muy diferentes de agudeza visual. El proceso de atrofia viene determinado por la degeneración axonal
consecutiva a cualquier lesión que afecte a las CGR
o a los propios axones, en su trayecto hasta el CGL.
A partir de la zona lesionada, la degeneración axonal
experimenta una progresión en sentido proximal (descendente) y en sentido distal (ascendente) (166), con respecto al cuerpo celular. De acuerdo con su etiopatogenia distinguimos las variedades anterógrada,
retrógrada y transináptica. La atrofia óptica anterógrada, walleriana o ascendente es consecutiva a lesiones
primarias de la retina o del disco óptico (v. gr.: glaucoma, retinopatía pigmentaria, oclusión de la ACR, papiledema, neuropatías ópticas tóxicas). La atrofia óptica
39
Figura 2-25. Megalopapila. Papila de gran tamaño con excavación fisiológica también grande, cuyo sustrato anatómico
corresponde a un aumento del diámetro de la porción del nervio óptico que atraviesa el canal escleral.
retrógrada o descendente es causada por neuropatías
ópticas retrobulbares o por lesiones cerebrales (v. gr.:
tumores, traumatismos, afecciones genéticamente determinadas). La atrofia óptica transináptica o transneuronal se produce secundariamente a lesiones de la neurona integrada en las radiaciones ópticas. Los casos más
evidentes de esta última han afectado a pacientes durante el desarrollo embrionario o en la infancia temprana.
En pacientes adultos existe la comprobación anatomopatológica de degeneración transináptica del nervio
óptico tras lesiones retrogeniculadas de larga evolución (167), pero con muy escasa repercusión clínica.
Figura 2-26. Histopatología de un edema de la papila. Sección
longitudinal, que muestra una gran tumefacción del tejido nervioso papilar, acompañada de dilatación de los vasos y extensa
infiltración del parénquima del nervio óptico por células
metastásicas de un carcinoma de la mama. (Caso del Dr. A.
Henríquez. Barcelona).
40
Neuropatías ópticas: diagnóstico y tratamiento
Según los estudios experimentales de Anderson (168),
la atrofia óptica anterógrada se evidencia en los casos
agudos a las 2 semanas de producirse la lesión primaria, para completarse hacia la 4.ª semana. En cambio, la
atrofia óptica retrógrada es evidente a las 4 semanas y
se completa alrededor del 3.er mes, con independencia
de que la lesión asiente en el nervio óptico, en el quiasma o en la cintilla óptica (166).
La anatomía patológica en la atrofia óptica
demuestra un estrechamiento por degeneración de los
cilindroejes que integran el nervio óptico (162), hasta
una desaparición de los mismos y de la mielina que
los rodea, así como una proliferación de los astrocitos
(gliosis) (fig. 2-27). De acuerdo con el aspecto del
fondo ocular, la mayor parte de los casos se corresponden con la primera variedad de atrofia óptica,
designada clásicamente como primaria (fig. 2-28A),
caracterizada por una palidez del disco óptico, con
bordes nítidos y detalles bien visibles. Otros casos,
evolucionados a partir de un papiledema u otra forma
de edema papilar severo, muestran signos oftalmoscópicos de la segunda variedad, llamada atrofia óptica secundaria (fig. 2-28B). Dichos signos consisten
en una borrosidad de los márgenes de la papila con
envainamiento vascular, además de la palidez, y se
deben a la extensión del proceso de gliosis por la
superficie y sobre los márgenes de la papila. Finalmente, la tercera variedad de atrofia óptica, que se
denomina cavernosa, es la forma típica del glaucoma
crónico (ver capítulo 5), y en ella la palidez del disco
va acompañada de un aumento de tamaño de la excavación central y de un desplazamiento nasal de los
vasos centrales (fig. 2-28C). En este caso se añade a
los hallazgos de atrofia óptica la presencia de espacios quísticos retrolaminares que contienen acúmulos
de mucopolisacáridos, sin proliferación glial ni
conectiva (169).
La distribución de las fibras nerviosas procedentes
de las dos mitades de la retina (170) (fig. 2-29) condi-
Figura 2-28. Tres variantes de atrofia óptica. Atrofia óptica
«primaria» (A): palidez del disco óptico en un caso de neuropatía óptica heredodegenerativa. Atrofia óptica «secundaria»
(B): borrosidad de las estructuras papilares, en un paciente con
un tumor cerebral (B). Atrofia óptica «cavernosa» (C): agrandamiento de la excavación papilar consecutiva a un glaucoma.
Figura 2-29. Distribución de los axones de la CFNR a su
entrada en el nervio óptico. Las fibras procedentes de la hemirretina temporal (A) siguen un trayecto arqueado y entran en la
papila sobre todo por sus polos superior e inferior, mientras
que las fibras de la hemirretina nasal (B) hacen lo propio por
la mitad nasal del disco óptico.
Figura 2-27. Histopatología de una atrofia óptica. Sección longitudinal, que muestra una intensa infiltración inflamatoria de
las meninges y una atrofia del nervio óptico caracterizada por
la reducción de los haces de fibras nerviosas y el aumento de los
espacios fibrovasculares de la piamadre entre los mismos, en un
caso de neurosífilis. (Caso del Dr. A. Henríquez. Barcelona).
Capítulo 2.
Desarrollo, anatomía, vascularización, fisiología e histopatología del nervio óptico
41
Figura 2-31. Palidez papilar acompañada de una reducción
marcada en el calibre de las arteriolas retinianas, en un caso
de retinopatía pigmentaria.
Figura 2-30. Histopatología de una atrofia óptica en banda
por compresión quiasmática debida a un adenoma hipofisario. Sección transversal del nervio óptico, que muestra una
atrofia de los axones y una gliosis, limitadas a una franja
horizontal central, lo que se traduce en el fondo ocular por la
correspondiente franja de palidez papilar. (Caso del Dr. W.F.
Hoyt. California).
ciona variedades de atrofia retrógrada características,
que se pueden observar en las lesiones posteriores a la
decusación quiasmática. Así, las afecciones centrales
del quiasma producen una atrofia óptica en banda
(fig. 2-30), consistente en una palidez centrada, que
adopta la forma de banda horizontal a nivel de ambas
papilas. Las afecciones de la cintilla óptica o del CGL
causan, en cambio, una palidez en banda del disco
óptico contralateral y una palidez temporal del disco
ipsilateral (ver capítulo 11).
Los experimentos de Quigley sugieren que la palidez papilar, común a todas las variedades de atrofia
óptica, no es debida a una ausencia de capilares ni a
una proliferación astroglial a nivel del disco óptico.
Esta pérdida de la coloración es atribuida por el autor
a la disminución de la trasmisión luminosa a través de
la citoarquitectura de la papila en estado atrófico (171).
La palidez del disco se asocia a la evidencia oftalmoscópica de defectos localizados de las fibras nerviosas
retinianas como parte del proceso atrófico (ver capítulos 5 y 9). Un método indirecto propuesto para la evaluación de la CFNR es la observación del reflejo anu-
lar parafoveal, menos detectable en casos de atrofia
óptica que en condiciones normales (172).
Por lo que se refiere a las arteriolas retinianas, algunos autores han descrito un adelgazamiento localizado
de las mismas próximo a la papila en casos de glaucoma con tensión normal y de NOIA no arterítica (173).
No obstante, es más característico un adelgazamiento
arteriolar generalizado en las atrofias ópticas de otras
causas, sobre todo en casos consecutivos a retinopatías
(fig. 2-31). Se cree que este fenómeno es debido a una
reducción en las necesidades de aporte sanguíneo,
motivada por la pérdida de CGR y de sus axones.
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