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Biografía
Giovanni Battista Piranesi(1720-1778)
Giambattista Piranesi nació en Mogliano Veneto, que entonces pertenecía a la República de
Venecia. Estudió Arquitectura en Venecia con su tío materno Matteo Lucchesi, que era Magistrato
delle Acque en la ciudad. Allí descubrió las obras de Palladio, Vitrubio y algunos edificios de la
antigüedad. Piranesi apenas llegó a ejercer como arquitecto pero él mismo siempre se considero
como tal (sólo se erigió un diseño suyo), si bien sus estudios le permitieron dibujar con mayor
facilidad, e hizo gala de su formación firmando algunos grabados como Piranesi architetto. .
Tuvo estudios de ingeniería y arquitectura en Venecia. Estos estudios, junto a su conocimiento
profundo de arqueología, le darían substancia para crear sus futuros grabados, considerados los más
complejos y completos de su época.
Se trasladó en 1740 a Roma,donde conoció a Marco Foscarini, enviado del papa en Venecia.
Tambiénconoció en Roma al erudito G. G. Bottari y aprendió la técnica del aguafuerte con
Giuseppe Vasi, con quien firmó algunas imágenes. Sus primeros grabados fueron vistas de la
ciudad, destinadas a guías ilustradas. En 1743 publicó su primera gran serie de estampas, Prima
Parte di Architettura e Prospettiva. Elaborada con apenas 23 años, desvela ya su maestría como
grabador y su inventiva.
Las ruinas del imperio romano encendieron su entusiasmo y la necesidad de representarlas. En
aquella época, la arqueología no era aún una ciencia demasiado rigurosa, y en muchas ocasiones se
trataba de simple saqueo. Combinando afán descriptivo y fantasía, Piranesi levantó acta de las
ruinas romanas y de los hallazgos que se iban produciendo.
Abrió su taller frente a la Academia de Francia en Roma lo cual hizo que viviera en constante
relación con los estudiosos de aquel país. Tuvo mucho éxito con sus grabados puesto que la mayoría
de los visitantes que iban a Roma gustaban de volver con algún recuerdo, y sus grabados se
imprimían en grandes tiradas que los hacían muy asequibles.
En 1761 se convirtió en miembro de la Academia di San LucPiranesi. Rapidamente llega a dominar
la ténica de dibujo. A través de esta pasión encontró un motor a todos sus interes , desde los dibujos
de edificios complejos con los que soñaba, hasta la reconstrucción de las ruinas romanas. Piranesi
creía en la superioridad de la arquitectura romana.
Murió en 1778 y fue enterrado en la única iglesia que construyó: Santa María del Priorato.
Arquitecto, grabador, anticuario, vedutista y diseñador.
Contexto histórico,influencia y características
En Europa se produce a finales del siglo XVII y principios del XVIII un cambio importante en
todos los órdenes. Este cambio parte de Inglaterra, promovido sobre todo por la burguesía y es
conocido sobre el todo con el nombre de la Ilustración. Surge un espíritu crítico y se admiten la
razón y la experiencia como las dos únicas vías de conocimiento. Se incrementa el espíritu
científico en ese siglo y aparecen científicos y filósofos ingleses importantes como newton, Locke,
Smith y Hobbes. En Francia surge una generación importante de intelectuales como Voltaire,
Rousseau y Montesquieu. En este país también aparece en esta época la primera Enciclopedia, por
Diderot, que se considera una de las causas de la revolución francesa. El positivismo historiográfico
ha fijado en la memoria artística colectiva la identificación del siglo XVIII europeo con dos
movimientos: el Rococó y el Neoclasicismo, posicionamientos artísticos de gran disparidad, incluso
antagónicos. Sin rechazar tal formulación, dado que ambos movimientos se dieron y,en cierto
sentido, marcaron la conciencia artística de determinados sectores, hemos de entenderla con mucha
precaución y siendo conscientes de su variedad y riqueza, afrontando sus contradicciones y logros.
Hace algunos años P. Francastel ya afirmó: Dejaremos de considerar como un hecho adquirido la
validez de términos como neoclásico o rococó. En adelante no admitiremos que toda la vena
creadora del siglo XVIII transcurra entre estos dos términos.
Giovanni Battista Piranesi ha pasado a la historia como una de las principales figuras del panorama
artístico del siglo XVIII en Italia. Piranesi, es conocido hoy en día por sus series de originales
aguafuertes de prisiones laberínticas y megalómanas, sus Carceri d’Invenzione. En su propia época
fue más célebre por sus Vedute, 137 aguafuertes de la Roma antigua y contemporánea. Tal renombre
alcanzaron aquellos trabajos en claroscuro, imbuidos de la admiración romántica de Piranesi por las
ruinas arqueológicas, que conformaron la imagen de Roma de generaciones posteriores. Incluso
podría decirse que Piranesi dio forma a toda una rama de la arquitectura contemporánea, así como a
la visualización más amplia de la Antigüedad clásica. A Piranesi le tocó vivir un siglo complejo,
donde Roma, la ciudad en que viviría la mayor parte de su vida (a partir de 1740), comenzaba a ser
relevada en su dirección ideológica, cultural y artística, por otros núcleos de Francia e Inglaterra.
Una Roma que en las décadas centrales del siglo XVIII no era más que una sombra de aquella
Roma de los grandes papas del XVI y del XVII.
Los años centrales del siglo XVIII en Italia ven multiplicarse las teorías y las propuestas artísticas.
A la continuidad de soluciones barrocas y clasicistas, se unen nuevas versiones del racionalismo y
del idealismo estético. También las relaciones figurativas, conceptuales e ideológicas entre Historia,
Naturalza y Razón van a permitir la aparición de nuevos planteamientos, en los que no habrán de
cumplir un papel menor, sino todo lo contrario, las visiones arqueológicas de la Antigüedad, que
afectarán tanto a las artes figurativas como a la arquitectura, a los lenguajes como a las técnicas. Por
otro lado, la importancia del mercado artístico y del coleccionismo y la presencia de los viajeros del
Grand Tour y de los artistas extranjeros van a crear un clima cultural que acentuará el
internacionalismo de las nuevas propuestas. Personajes como Piranesi, Winckelmann o Mengs
habrán de jugar un papel fundamental. Pero si Roma es, en este sentido, un lugar privilegiado, un
verdadero laboratorio de la Ilustración, otro tanto le ocurre a Venecia, aunque a una escala y con
unas características diferentes, indecisa entre su propia y orgullosa tradición, política y artística
(recuérdese la importancia de Palladio y el palladianismo en toda la arquitectura del siglo XVIII) y
las nuevas teorías del racionalismo de la Ilustración. En este último sentido, hay que mencionar la
aportación revulsiva de Carlo Lodoli (1690-1761) llamado por sus amigos y discípulos, el Sócrates
de la arquitectura.
Al lado de Mengs y Winckelmann, y de su influencia en numerosos pintores y escultores,
especialmente extranjeros presentes en Roma, como G. Hamilton o A. Kauffmann, la figura más
apasionante y contradictoria de este período es, sin duda, Giovann Battista Piranesi (1720-1776).
Arquitecto de origen veneciano, dedicó casi toda su actividad a dibujar la arquitectura, como si en
ese incesante proceso de producción de imágenes y tipologías pudiera por fin desvelarse el secreto
de su grandeza, la razón última de los lenguajes y de las formas. Para lograrlo miró a la arquitectura
moderna, a las colecciones de estampas y tratados, a los dibujos y escenografías de otros
arquitectos, a la arquitectura moderna, del Renacimiento al Barroco, pero, sobre todo, se detuvo en
la Antigüedad, unas veces con fidelidad de filólogos, otras con la erudición de arqueólogo, para por
fin reconstruirla fantaseando o, simplemente, inventándola. En esos múltiples caminos iniciados y
trazados, Piranesi no agotó el problema, aunque la apariencia final sea la de que extenuó las
posibilidades de refundar un lenguaje, proporcionando una inquietante certeza, la de que era posible
que todo estuviera ya dicho. De todos esos recorridos, casi verdaderos viajes arqueológicos, tan de
moda por aquellos años, queda una de las colecciones de estampas, buscadas con afán por toda
Europa, más impresionantes de la historia de la arquitectura.Las arquitecturas de Piranesi no eran
sólo vistas, más o menos grandiosas o pintorescas de la arquitectura romana, de su magnificencia,
sino que del poder evocador que, sin duda, tenían las ruinas, pretendió extraer un orden, que a la
postre se revelaría inútil, compositivo y de los lenguajes. Para lograrlo no utilizó los procedimientos
habituales de la geometría o de la simetría, no se atuvo a las normas descritas en los tratados, como
tampoco le interesaba medirlas expresamente. Buscó, por el contrario, el drama de la construcción,
se detuvo en exaltar la dimensión como característica de la arquitectura romana, aunque también de
la etrusca y de la egipcia, trazando así una secuencia de la historia de la arquitectura que hacía a
Roma no heredera de Grecia, sino de una tradición diferente.Se trata de un planteamiento que
supone un rechazo tanto de las teorías racionalistas, que veían en la cabaña primitiva el modelo
natural de la arquitectura, como de los arqueólogos y eruditos que habían descubierto en el orden
dórico griego y sin basa un origen primitivo y heroico para la arquitectura que, además, ponía en
evidencia la arbitrariedad de la doctrina vitruviana y del sistema de los órdenes tal como se habían
codificado en el Renacimiento italiano. Piranesi no compartía la idea de que la arquitectura fuera un
arte de imitación y menos que su modelo pudiera ser la cabaña teorizada por Laugier, y en esto
coincidía con Winckelmann. Frente a la exaltación conceptual, figurativa y moral del orden dórico
griego, que él mismo había encadenado en una de sus cárceles, frente al primitivismo de ese orden,
entendido como el mejor ejemplo de la primera imitación en piedra de las columnas de madera de la
cabaña primitiva, Piranesi intentaba demostrar la mayor antigüedad del orden toscano de los
etruscos, origen del resto de los órdenes, incluidos los griegos, ya que esa arquitectura era heredera
de otra tradición diferente a la clásica, la de la Biblia y la de las Maravillas del Mundo. Su concepto
de la historia estaba, por tanto, más cerca de Fischer von Erlach, cuyo tratado conocía bien y le
inspiró algunas reconstrucciones de edificios romanos, que de cualquier otra hipótesis, a pesar de
las diferentes confirmaciones en contra que muchos viajes arqueológicos estaban desvelando, de R.
Adam, "Ruins of the Palace of the Emperor Diocletian at Spalato" (1764), o J. Stuart y N. Revett,
"Antiquities of Athens" (1762) a D. J. Le Roy, "Les ruines des plus beaux monuments de la Gréce"
(1758), entre otros muchos.Protegido por G. G. Bottari, pretendía, sobre todo, explicar sus ideas con
dibujos ya que oportunidades para construir tuvo pocas, con excepción de la remodelación de la
iglesia romana de Santa María del Priorato. La decoración de la iglesia tiene un marcado carácter
neomanierista, casi rococó en algunos momentos, pero, con independencia de otros contenidos
simbólicos, interesa destacar el altar, dedicado a San Basilio, que ilustra bien las propias teorías de
Piranesi, expuestas por la misma época en una de sus obras más interesantes, el "Parere
sull'architettura" (1765).Así, mientras la parte delantera está muy ricamente decorada, la posterior
es casi una abstracción purista y radical de volúmenes. Esa dicotomía es casi un buen resumen de
las diferentes actitudes de la cultura artística del siglo XVIII. Pero, entiéndase bien, Piranesi no las
enfrenta ni las opone, son las dos caras de la misma moneda, o, para ser más exactos, del mismo
altar.La difusión de las imágenes arqueológicas, muchas veces insólitas, de Piranesi fue decisiva
para un grupo de arquitectos franceses que harían de la seducción por su obra el fundamento de una
verdadera revolución arquitectónica, si bien en muchos casos quedó reducida al ámbito del papel.
Pero es ahí donde se produjeron los cambios conceptuales más decisivos con respecto a la
composición y al proyecto de arquitectura. A esa fructífera relación entre los arquitectos y artistas
franceses debió contribuir, sin duda, la proximidad de la sede de la Academia de Francia en Roma y
el estudio de Piranesi. Sea como fuere, lo importante es subrayar que a partir del conocimiento de
las fantásticas reconstrucciones arqueológicas de Piranesi, la Antigüedad penetró polémicamente en
la tradicion clásica francesa. Es decir, el montaje de piezas arquitectónicas y tipológicas, la colisión
de elementos del lenguaje arquitectónico y ornamental de la procedencia más dispar iba a dar lugar
no a la confirmación de modelos de orden, sino directamente a la introducción, en el proyecto, de la
invención, consecuencia directa de esas colisiones figurativas y tipológicas. Los envíos con
proyectos o reconstrucciones arqueológicas que los jóvenes pensionados franceses estaban
obligados a remitir periódicamente a la Academia estaban, a partir de los años cuarenta del siglo
XVIII, cada vez más afectados de este nuevo mal. Al menos así lo entendían los académicos
parisinos. Pero incluso los representantes de esa gran tradición se vieron afectados por esta atractiva
contaminación. Piénsese, por ejemplo, que cuando Blondel publica, en 1752, su "Architecture
Françoise", introduce en el frontispicio de la obra una viñeta piranesiana realizada por uno de esos
jóvenes pensionados, como era J. C. Ballicard. Lo que hace sorprendente esa decisión es que el
contenido de la obra no era ni un tratado con nuevas ideas, ni una colección de proyectos fantásticos
inspirados en la Antigüedad, sino una especie de álbum de la arquitectura clasicista francesa, de los
edificios que habían contribuido a configurar una manera nacional. Si en un principio, las nuevas
propuestas parecen introducirse tímida pero rotundamente en el carácter emblemático de un
frontispicio, muy pronto aparecerá una obra decisiva en la arquitectura europea y académica en la
que se realiza una síntesis diríase que específicamente disciplinar entre el mundo de Piranesi y su
posible ámbito de aplicación proyectual. Se trata de las "Oeuvres d´architecture", publicadas en
París, en 1765, por M.-J. Peyre. No es solamente, por tanto, a través de un coloquio renovado con
las ruinas como se comienza a pensar de otra forma en la arquitectura, sino, sobre todo, porque los
medios de expresión gráfica y la multiplicidad y desenvoltura en la utilización de todos los
lenguajes de la historia se han modificado radicalmente. Esta nueva arquitectura, en la que la
invención aplicada a la restitución arqueológica, tal como la planteaba Piranesi, se había convertido
en proyecto, acabaría afectando, al menos como arquitectura ideal, incluso al carácter de los temas
propuestos para los concursos y premios en la Academia de París, cada vez más complejos
tipológicamente. En este proceso de renovación habría de cumplir un papel decisivo un arquitecto
francés, Jean-Laurent Legeay, que, también a través del grabado, divulgó imágenes de las ruinas y
de la Antigüedad profundamente inspiradas en las obras de Piranesi. Legeay no sólo aceptaba la
resignada actitud del arquitecto veneciano cuando asumía que su arquitectura parecía destinada
irremisiblemente a permanecer en el papel, sino que, dando un paso adelante, entendía que esa
podía ser una finalidad positiva. Estamos ante una idea consciente de convertir la arquitectura en
pintura, abandonando la regla y el compás por el pincel. Boullée lo afirmaría tajantemente a finales
de siglo.Entre estos piranesianos franceses en Roma se da una característica común en relación a la
actividad interdisciplinar de su actividad. Artistas que proyectan edificios fantásticos o arquitecturas
efímeras, desde pintores que, como Le Lorrain, realizan algunas de las más interesantes
construcciones para las fiestas de la Chinea a arquitectos, que, como Legeay, consideran la
disciplina como una práctica fuertemente intelectualizada, al margen de la construcción práctica.
Estas experiencias tendrán una resonancia muy significativa en la cultura arquitectónica europea,
pudiéndose afirmar que las nuevas propuestas suelen partir más de las arquitecturas dibujadas que
de las citas concretas de la historia de la arquitectura, sea ésta antigua o moderna. Es a través de las
nuevas concepciones del dibujo de arquitecturas como se introducen buena parte de las más
importantes novedades arquitectónicas. De la Rocaille a las chinoiseries rococós, a Piranesi o
Legeay, se produce la intromisión de la fantasía y la imaginación como componentes básicos del
nuevo concepto de gusto teorizado por Montesquieu y los ideólogos enciclopedistas.Es esa escisión
entre arquitectura construida y arquitectura dibujada la que va a marcar decisivamente el origen de
la arquitectura moderna, y no tanto por su componente utópico cuanto por plantearse el dibujo como
lugar de la fábula o de la meditación teórica, ya fuera tomando como referencia el mundo de las
ruinas o el racionalismo de los lenguajes y de las tipologías. Incluso un arquitecto como Pierre Patte
(1723-1812), discípulo de J. F. Blondel y defensor de una idea de la arquitectura entendida como
disciplina de la construcción, podía, en 1767, meditar sobre el plano de París situando
contemporáneamente los diferentes proyectos presentados para la realización de una plaza dedicada
a Luis XV. De esta forma, la ciudad pasa a ser entendida como un enorme objeto arquitectónico
capaz de acoger la variedad formal del lenguaje de la arquitectura. Se trata de una idea del
embellecimiento de la ciudad que está en las antípodas del naturalismo de Laugier.
Piranesi ha ejercido una enorme influencia en la cultura y el arte europeos. Las Carceri
d’invenzione sirvieron de inspiración a la poesía romántica y a la novela gótica. Las Antichità
romane fijaron una imagen misteriosa de la ciudad sometida al paso del tiempo y abrieron el camino
a los paisajes metafísicos de Giorgio de Chirico, Max Ernst o Salvador Dalí. La magnitud colosal de
sus vistas y panoramas, así como el contraste entre el espíritu fantástico y la ejecución realista de
sus láminas, hacen de la obra de Piranesi un espectáculo inagotable.Su serie de grabados más
célebre lleva el título de Carceri d’Invenzione (Cárceles de Invención), lo que constituye toda una
declaración de principios: las prisiones de sus dibujos pertenecen al mundo de la imaginación y, por
tanto, nunca se usarán como tales. Se trata de ámbitos fabulosos y laberínticos que parecen
preludiar las geometrías imposibles del artista holandés Escher. No hay celdas ni prisioneros en las
arquitecturas imaginarias de Piranesi. Sus cárceles no se concibieron para encerrar a nadie. Más
bien parecen fortalezas erigidas para preservar algo valioso de la barbarie que acecha fuera. El
elemento dramático es tan relevante en la obra del veneciano, que, inspirado en sus grabados,
Goethe viajó a Roma.
La imaginación de Piranesi lo haría famoso, especialmente en sus famosas cárceles 'Carceri de
invenzione', en donde exploraba las posibilidades de la perspectiva y la ilusión espacial, llevando
las posibilidades del grabado a sus límites. En el siglo XX, la imaginación del artista ha funcionado
como cantera para artistas, especialmente los surrealistas. Una figura crucial para la formación del
gusto típico del siglo XVIII y anticipó, con sus métodos de trabajo, el papel de los arquitectos y
diseñadores de la actualidad. La magnitud colosal de sus vistas y panoramas, así como el contraste
entre el espíritu visionario y la ejecución realista de las láminas, hacen de los grabados de Piranesi
un espectáculo inagotable.
Obra
Sus entusiastas reproducciones e interpretaciones de antiguos monumentos romanos supusieron
una importante contribución para la formación y desarrollo del neoclasicismo. En estos grabados se
incluían imágenes fidedignas y exactas de las ruinas existentes, al igual que reproducciones
imaginarias de antiguos edificios en las que la alteración de la escala y la yuxtaposición de
elementos contribuyen a realzar el carácter de grandiosidad de los mismos.
Una de las primeras y más renombradas colecciones de grabados de Piranesi fueron sus Prisiones
(Carceri d'Invenzione, 1745-1760), en donde transformó las ruinas romanas en fantásticos y
desmesurados calabozos dominados por enormes y oscuros pasadizos, empinadas escaleras a
increíbles alturas y extrañas galerías que no conducen a ninguna parte. Estos grabados ejercieron
una enorme influencia en el romanticismo del siglo XIX, jugando también un destacado papel en el
desarrollo, ya en el siglo XX, del surrealismo e incluso en los decorados para el cine de terror o para
los decorados de la saga de Harry Potter.
El Panteón de Agripa de Roma, en un grabado de Piranesi.
También fue sumamente famosa su magna obra Le Antichità Romane: más de 200 grabados en
cuatro tomos, publicados en 1756. Incluye vistas de ruinas de monumentos funerarios de Roma y de
sus alrededores así como detalladas ilustraciones del urbanismo romano, incluso del modo en que se
adoquinaban las calles. Para crear esta obra, Piranesi exploró personalmente casi todos los
yacimientos y ruinas, tomando con rigor medidas y apuntes para elaborar grabados muy precisos.
Fue una labor titánica que requirió diez años de trabajo.
Los grabados de Piranesi, muchos de ellos de gran formato y ordenados en libros, se exportaron
rápidamente a Inglaterra y otros países, a modo de souvenirs del Grand Tour, antecedente del
moderno turismo cultural. Esas láminas influyeron en la arquitectura palaciega, especialmente en
las casas campestres inglesas.
Muchas planchas del artista se siguieron imprimiendo hasta principios del siglo XIX en París;
primero las explotó su hijo Francesco Piranesi y a su muerte pasaron al taller Firmin Didot. En 1839
estas matrices de cobre fueron adquiridas por emisarios del papa Gregorio XVI con destino a la
Calcografia Camerale fundada por Clemente XII, antecesora de la actual Calcografia Nazionale de
Roma, dependiente del Istituto Nazionale per la Grafica, donde aún se conservan.
Existen grabados de Piranesi en casi todas las bibliotecas antiguas de Europa. En España, destacan
los fondos de la Biblioteca Nacional y del Museo de Bellas Artes de Valencia, que posee unas 880
estampas, casi todas adquiridas en el mismo siglo XVIII.
Sus principales obras como grabador y teórico fueron:
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1743: Prima parte di Architettura e Prospettive
1756: Capricci Decorative Romane
Le Vedute di Roma
Le Antichità Romane
1761: Rovine dell castello dell'Acqua Giulia
Lapides Capitolini e il Campo Marcio dell'antica Roma
1763: Descrizione dell'emissario del Lago Albano
1764: Antichitá di Cora
1765: Parere sull'Architettura
1769: Diverse Maniere d'adornare i camini
Ragionamento apologetico in difesa dell'architettura egiziana e toscana
Della Magnificenza ed Architettura de Romani
Prianesi tan sólo vio construido uno de sus diseños arquitectónicos: la iglesia de Santa María del
Priorato en Roma, sede de los caballeros de la Orden de Malta, así como la plaza que da acceso
desde el Aventino.
Santa María del Priorato
Fachada
Edificio
Localización
Roma, Lazio, Italia
Construcción
Inicio
siglo X
Cenotafio del Piranesi de Santa María del Priorato.
La iglesia de Santa María del Priorato es una iglesia de Roma en el barrio Ripa en el interior de la
Villa del Priorato di Malta. En otros tiempos fue conocida con el nombre de Santa María de
Aventino y actualmente debe su fama a que fue reformada según diseños del célebre grabador
Giovanni Battista Piranesi.
Hacia el año 939 Alberico, príncipe de Roma, transformó su villa en el extremo sur del Aventino en
un monasterio de monjes benedictinos, monasterio que floreció especialmente en los siglos X y XI.
El monasterio desapareció en el siglo XV. La iglesia de Santa María, restaurada y transformada
varias veces, existe aún y pertenece a la orden de los Caballeros de Malta.
La iglesia, al igual que la villa, fue restaurada en el siglo XVIII por Piranesi, quien la decoró con
estucos muy elegantes. Aunque Piranesi se formó como arquitecto y alardeó de serlo, este edificio
es su único diseño que llegó a realizarse.
El proyecto iconográfico, realizado con sumo cuidado y refinamiento, repite en todas partes, desde
la plaza exterior de la iglesia hasta los ornamentos del jardín, elementos simbólicos como la
serpiente, el barco, la cruz y también armas y emblemas militares que aluden a la historia militar de
la Orden. La pequeña iglesia evoca en su exterior el modelo arquitectónico de un templo romano,
mientras que la decoración del interior integra la fantasía barroca y centrorreformista con las
memorias clásicas extendidas por doquier, empezando por el cenotafio de Piranesi en la segunda
capilla a la derecha, representado de cuerpo entero, togado, con planos de diseño en la mano,
apoyado en un herma que lleva inscritos los instrumentos del grabador y semeja vagamente en el
rostro a Cicerón.
El interior se presenta en una sola nave con un único altar. En él se conservan distitnas sepulturas,
entres las cuales hallamos la del Piranesi, una antigua mesa de madera en la que se representa una
Madonna del siglo XIII y un antiguo ciborio bizantino del siglo XII.
Inicia su formación en Venecia y con veinte años se traslada a Roma. En la Ciudad Eterna se instaló
definitivamente, aunque paso pequeños periodos en otras localidades como Nápoles o Pompeya. En
1743 edita una primera serie de grabados sobre arquitectura que titula "Primera parte de
arquitecturas y perspectivas" Siete años después publicaría una segunda parte: "Obras varias de
arquitectura". Entre su obra gráfica también se puede citar "Grutescos o Caprichos" de 1745. En
"Antigüedades romanas" y "Magnificencia y arquitectura de los romanos" estudia los principales
ejemplos arquitectónicos de Roma y otras localidades cercanas. Como grabador también demostró
su inquietud por la arquitectura egipcia y las manifestaciones etruscas. De su labor como arquitecto
cabe destacar el complejo de Aventino. Sus creaciones se suman a la corriente neoclasicista.
Su vida y obra. Sus comienzos y su primera estancia en Roma.
Aunque todo el mundo conoce a Piranesi como grabador, se inició como arquitecto en Venecia con
su tío Matteo Lucchesi, arquitecto e ingeniero hidráulico, y posteriormente con el arquitecto
palladiano y restaurador Giovanni Antonio Scalfurotto. Sin ninguna duda, fue la ciudad de
Venecia y su teatral arquitectura la que potenciaron las facultades imaginativas que más tarde
desarrollaría en sus arquitecturas imaginarias y capricci. Con el aguafortista Carlo Zucchi, mejoró
la habilidad en el dibujo en perspectiva aplicado a la escenografía y aprendió el trabajo de grabador.
Giambattista Piranesi. Mausoleo antiguo erigido para las cenizas de un emperador romano.
Prima parte di architetture e prospettive, 1743.
Pero hubiera sido un arquitecto
veneciano menor más, si en 1740 no hubiese llegado por primera vez a Roma como delineante en el
séquito de Marco Foscarini, embajador de Venecia en los Estados Pontificios y su primer protector.
El descubrimiento de la antigüedad romana le provocó una fascinación sin límites y a ella se dedicó
ya el resto de su vida. Era la época del nacimiento de los ideales del neoclasicismo, de las
excavaciones indiscriminadas en el antiguo foro romano, pero también del estudio meticuloso de los
más eruditos. El joven Piranesi disfrutó los dos años que estuvo en la ciudad recorriéndola junto a
los hermanos Domenico y Giuseppe Valeriani, pintores
de ruinas, y trabajó como aprendiz con el mejor grabador de Roma, Giuseppe Vasi, quien le inculcó
un estilo de dibujo más decidido y libre. Fruto de esta colaboración surge la primera serie de
láminas realizada en 1743, Prima Parte di Architetture, e Prospettive (Primera parte de
arquitecturas y perspectivas), que podemos ver en la exposición.
Piranesi. Magnífica arquitectura ideal en varios pisos y Rotonda para representación teatral
de Prima Parte di Architetture, e Prospettive.
Dada la escasez de encargos arquitectónicos, Piranesi sustituyó las herramientas de arquitecto por
el buril de grabador, lo que indirectamente también le permitió exponer sus ideas arquitectónicas e
influir en el gusto contemporáneo. Su idea era realizar series de vistas de la ciudad destinadas a
guías ilustradas, al tiempo que concebía gran variedad de arquitecturas fantásticas y composiciones
visionarias innovadoras. Le interesaba tanto destacar con gran realismo los restos y
descubrimientos arquitectónicos y arqueológicos que se iban produciendo como crear también
edificios imaginarios inspirados en los antiguos, a los que alterar la escala para hacerlos colosales.
Además es habitual que yuxtaponga elementos de distintos edificios para originar interesantes
soluciones arquitectónicas o que pequeños ornamentos o estructuras sean el motivo de partida de
novedosas combinaciones. En sus láminas todo cuenta, hasta las texturas de las vetustas piedras o
las sombras que proyectan.
Piranesi. Bóveda/arco de puente y estructura de arcos y columnas a modo de logia de Prima
Parte di Architetture, e Prospettive.
Su estancia en Roma concluye en 1743, teniendo que regresar a Venecia. Pero allí durará poco,
porque ansía estar de nuevo cerca de las ruinas que excitan su imaginación; por lo que pocos meses
después viajará a Nápoles para visitar las excavaciones de Herculano. Lo que se estaba
descubriendo bajo las cenizas volcánicas le impactó enormemente y le reafirmó en su proyecto de
recrear la Antigüedad clásica.
Vedute di Roma.
En 1745 regresó de nuevo a Roma, como agente del comerciante de grabados Joseph Wagner, para
establecerse de forma permanente. Es a partir de entonces cuando empieza a tomar notas precisas de
todos los aspectos de las ruinas y de los edificios de la ciudad con la idea de realizar libros de
grabados o vistas, Vedute di Roma, que poco a poco saldrán a la luz en series. El primero, Antichità
romane de’ tempi della Repubblica e de' primi Imperatori, lo hará en 1748. En él recoge
básicamente los edificios de la vía Apia mostrando no sólo los restos tal como eran sino aquellos
materiales y técnicas con las que fueron construidos. Las Vedute di Roma fueron completadas en
años posteriores con otras series entre las que destaca Antichità Romane, publicada en 1756, que
demostró al mundo, y sin dejar ninguna duda, la originalidad del arte romano.
La muestra nos ofrece varias vistas de la ciudad y nos permite compararlas con las imágenes
actuales, gracias al fotógrafo Gabriele Basilico, lo que supone un curioso ejercicio de volver a
recuperar la imagen tal y como pudo contemplarla Piranesi y lo que hoy en día conservamos.
Giambattista Piranesi. Restos del templo del dios Cánope en la Villa Adriana de Tívoli. Vedute
di Roma.
Gabriele Basilico. Vista de los restos del templo del dios Cánope en la Villa Adriana de Tívoli.
2010.
Sus reconstrucciones denotan un gusto por la escala heroica y monumental, así como un dominio de
la geometría y de la perspectiva, y un amplio conocimiento de la ingeniería romana. Sus
arquitecturas además están habitadas: pobladas de carruajes, caballos y peatones. La vitalidad de los
conjuntos se prolonga mediante los juegos de luces y sombras que matizan las fachadas y las
posturas escultóricas que adoptan a veces ciertos viandantes.
Vista de la colina Capitolina de Roma con escalinata que va a la iglesia de Aracoeli. Vedute di
Roma.
Gabriele Basilico. Vista de la colina Capitolina y de la iglesia de Aracoeli, 2010.
Carceri d´Invenzione
Al mismo tiempo que realizaba la reconstrucción arqueológica de la ciudad, Piranesi publica sus
grabados más atrevidos, las Prisiones (Carceri d'Invenzione, 1745-1760), en donde transformó las
ruinas romanas en fantásticos y desmesurados calabozos dominados por enormes y oscuros
pasadizos, empinadas escaleras que suben a increíbles alturas y extrañas galerías que no conducen
a ninguna parte.
Giambattista Piranesi. El puente levadizo. De Carceri-d´invenzione. Hacia 1761.
Sus prisiones no evocan recintos carcelarios conocidos, son como él lo subraya, invenciones;
estructuras de desmedido tamaño desplegadas bajo una luz difusa dramáticamente graduada, cuyas
extrañas y siniestras refracciones provienen del cambiante grosor de las líneas y de las distintas
densidades que éstas evocan. Aunque es evidente que ganchos, cuerdas, cadenas, poleas e
instrumentos de tormento, junto a la escasa luz crean un ambiente agobiante, casi doloroso, en el
que se han inspirado muchas películas de terror. Gracias a un interesante video del estudio Factum
Arte, que las ha recreado en 3D, podemos introducirnos en este laberinto y sucumbir ante la
desesperación por no encontrar la salida.
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