Miedo al feminismo

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MIEDO AL FEMINISMO.
Todavía en nuestros tiempos la palabra feminismo da miedo. Todavía ser feminista significa para algunas
mujeres distanciarse de los hombres ser una mujer distinta, agresiva, amenazadora de la paz y de la
convivencia. Todavía hay mujeres que sienten pavor a ser ellas mismas, a expresar sus opiniones, a salir del
mundo, quizás porque se sienten atacadas por el entorno y prefieren adaptarse a él, quizás porque, hoy día,
mantener una actitud crítica y reflexiva no es fácil.
Las críticas sobre el feminismo y las feministas son hoy más sutiles y más subterráneas que en los tiempos del
sufragismo, quizás porque a veces solo se analizan los aspectos más externos de su lucha, sin intentar
profundizar en las causas que la motivan.
Para algunos, las feministas son mujeres frustradas, sexual y afectivamente, que desembocan su fracaso
personal hacia un abusivo enfrentamiento entre los sexos.
Hay quien piensa que el feminismo es una revancha irracional contra la supremacía masculina, una especie de
machismo al revés.
A lo largo de la historia de la humanidad, ha habido pocos movimientos tan anatematizados, ridiculizados e
incluso ignorados como el feminista.
El miedo al feminismo parte del desconocimiento de las causas de la opresión de la mujer, el feminismo es un
análisis riguroso y exhaustivo del porqué de la opresión secular de una parte de la humanidad, se expresa, hoy
día, a través de varias opciones políticas.
La libertad de las mujeres no implica la esclavitud de los hombres, de la misma manera de estos no pueden
soñar con ser libres si siguen oprimiendo a las mujeres, al mismo tiempo, el feminismo significa la
recuperación de la palabra de la mujer, de su propia historia, individual y colectiva, sin tabúes, sin leyes
restrictivas, sin miedos paralizadores.
El feminismo impulsa a que se desarrolle la conciencia activa de la mujer, de todas las mujeres que se
proponen saber, las mujeres han sido consideradas seres inferiores, o dicho de otro modo el sexo débil.
El feminismo, pues, defiende la razón y la vida y, a la larga lucha para que la palabra libertad no sea una
palabra abstracta y privilegio de unos pocos.
IDEOLOGÍAS CONTEMPORÁNEAS Y FEMINISMO.
Ideólogos socialistas y anarquistas de los siglos XIX y XX atentos a los cambios políticos y sociales que la
Revolución Industrial había provocado, escribieron sobre la posición de la mujer en la nueva sociedad que
ellos soñaban.
A excepción de proundhon que consideraban a la mujer como un ser naturalmente inferior, con dos únicas
salidas: madre o prostituta, y Bakunin escribía: Sólo soy libre cuando todos los seres humanos que me rodean,
hombres y mujeres, son igualmente libres.La libertad de otra gente, lejos de ponerme limites, o de ser la
negación de mi libertad, es, por el contrario, tan necesaria para su existencia como una confirmación de la
misma.
El socialista utópico Charles Fourier relacionaba la liberación de la mujer con el cambio total de la estructura
social. Según él, grado de emancipación de las mujeres es la medida natural de la emancipación general, idea
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que fue recogida por el joven Marx. Engels, sin embargo estaba convencido de que la opresión de la mujer
desaparecería en el momento en que esta se integrara plenamente en el mundo de la producción y cuando las
tareas domésticas privadas fueran transformadas en industrias social, Isaac Bebel, discípulo de Engels y
cofundador del partido socialdemócrata alemán, remarcó la función procreadora de la mujer, que socialmente
la convertía en una ser subordinario al hombre. La mujer fue esclava antes que el esclavo existiera. Todos
estos pensadores se abstuvieron, sin embargo, de marcar estratehias concretas para integrar, dentro de la
mujer. Pensadoras socialistas como Clara Zetkin, Alexandra kollontai o Rosa Luxemburgo lucharon dentro de
las filas del movimiento obrero para transformar una sociedad que le permitían, entre otras opresiones y
explotaciones, la de la mujer. Zetkin y Kollontai, principalmente, defendieron la tesis de que las mujeres
obreras debían organizarse por su cuenta dentro del marco de los partidos políticos y de los sindicatos.
Alexandra Kollontai también tuvo que matizar, con los años, sus primeras ideas sobre la abolición de la
familia, la práctica del amor libre y la asunción de la maternidad como un hecho colectivo.
El divorcio entre feministas y socialismo se hizo cada vez más patente.
De ahí que durante muchos años, las feministas adoptaron el camino reformista y las socialistas se alejarán del
feminismo, pensando que era un producto típico de las mujeres intelectuales de la clase media. Solo el
feminismo más reciente ha batallado en el terreno de las ideas por encontrar la síntesis entre la lucha de clases
y la de la liberación de la mujer.
De todas las ideologías que sustentaron los grandes movimientos de masas de siglo xx, fue la
nacionalsocialista en Alemania la que en mayor grado redujo el papel social de la mujer a sus funciones más
tradicionals, imponiéndoselo de la manera más autoritaria y coercitiva. Según sus ideólogos, la mujer estaba
llamada a dedicarse exclusivamente a la maternidad y a la familia.
Expulsada de los cargos profesionales más elevados y marginada de la educación superior, la mujer fue
reducida al papel de procreadora de hijos sanos y fuertes para ofrecer a la nación. El trabajo ennoblece tanto a
la mujer como al hombre; pero el hijo ennoblece a la madre, esto lo escribió Adolf Hitler en MI LUCHA. Los
ideólogos del fascismo italiano, aunque de manera más burda, corroboraron estas teorias.
La ideología nazi exaltó hasta el paroxismo los valores de la supremacía masculina, sometió a la mujer a la
voluntad del hombre y a las exigencias del engrandecimiento de la Patria.
El sistema patriarcal adquiría, así, en la Alemania nazi, un grado superlativo, asentado no solo sobre
necesidades económicas y políticas sino también puramente emotivas. Nunca una ideología engendró,
sistematizó e impuso de una manera tan autoritaria y coercitiva los valores más represivos del patriarcado
como la de los teóricos nazis y fascistas.
MUJER Y TRABAJO.
Trabajar fuera de casa en una sociedad como la nuestra, que codifica rígidamente la diferencia entre lo
exterior y lo interior, representa un paso importante en la lucha por la liberación de la mujer, pues atenta
contra la escisión entre lo privado y lo público y permite a las mujeres tener una mayor consciencia de su
condición. Es necesario también conocer las tarabas con la que se encuentran en la práctica muchas
trabajadoras en las sociedades industriales desarrolladas, quienes la mayoría de las veces no son consideradas
en un plano de exacta igualdad con los hombres.
Trabajar fuera de casa, manteniendo al mismo tiempo la organización de la familia actual, obliga a muchas
mujeres a realizar un arduo esfuerzo para no desvalorizarse a sí mismas ni quedar desvalorizadas ante los
demás. Entre otras cosas, porque la fuerte presión social, imbuida de ideología patriarcal intenta culpabilizar a
las que son madres y que al mimo tiempo trabajan fuera de casa.
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Pero, de una forma u otra, el caso es que la gran mayoría de las mujeres de la sociedad industrial ha entrado en
el mundo de la producción por la puerta del servicio. Casi siempre se les ha encomendado tareas manuales,
rutinarias, sin interés y sin posibilidades de creación individual. Su salario es, por lo general, inferior al de sus
compañeros varones, aunque nrealizen trabajos similares, y pocas veces se las promociona, aunque valgan
para ello, para que ocupen cargos directivos o de mayor responsabilidad.
Por otra parte, en momentos de fuerte regresión económica y de acuciante falta de trabajo, las mujeres son
vistas como competidoras por sus compañeros de trabajo, los cuales se reafirman en las posturas más
conservadoras reclamando que el lugar de la mujer está en su casa.
Se ha relegado, pues, a la mayoría de las mujeres en la zona de las llamadas profesiones femeninas, que
prolongan la vida domésticas de la cocina, costura, e incluso del cuidado de la belleza, aunque aquí también se
admite que en la cúspide de la pirámide están los grandes cocineros, modistos y peluqueros, pues los hombres
son creadores y las mujeres artesanas.
Se atribuye al hombre el poder de la creación e invención, y se hace creer a las mujeres que son solo
transmisoras del pensamiento masculino.
Al no considerar que las tareas domésticas forman parte de la vida laboral de millones y millones de mujeres,
se ha desprestigiado socialmente el trabajo del ama de casa y se la ha reducido a la nada económicamente.
Por otra parte, casi todas las mujeres que trabajan además fuera del hogar se ven forzadas a llevar
cotidianamente una doble jornada laboral, dentro y fuera de la casa.
Aquellas mujeres que han conseguido ser respetadas y valoradas en el mundo exterior del trabajo, sea
profesional o artístico, muchas veces se convierten en seres mimados por la misma sociedad que discrimina a
la gran masa de mujeres trabajadoras.
Si no se dan cuenta que son unas privilegiadas y que han podido realizarse gracias a su origen acomodado o
porque han renunciado a facetas más íntimas de su vida personal, pueden ser utilizadas como falsos ejemplos
tendentes a demostrar que, oy día, cualquier mujer se liberará con solo conseguir un trabajo.
Además por otra parte, la ideología del hombre burgués, que en el siglo pasado quiso colocar, para su
prestigio, a la mujer dentro del altar pasivo del hogar, ha trascendido a otras clases sociales, y hoy muchos
maridos proletarios se sienten orgullosos de que sus mujeres no trabajen, de que ellos puedan mantenerlas. Se
admite como natural el prejuicio de que el marido, que representa la máxima jerarquía dentro de la familia, se
sienta desgraciado si su mujer gana más dinero que él. Así, las sociedades industriales avanzadas han
mantenido el mundo del trabajo en base a la rígida estructuración entre el mundo exterior −masculino− y el
mundo interior −femenino−. Muchas mujeres, pues, se sienten dentro del mundo del trabajo productivo como
miembros ajenos y circunstanciales.
La incorporación de la mujer al mundo del trabajo es, un paso importante y decisivo, pero no el único medio
en la lucha por su liberación, ya que al mismo tiempo es necesario que se transforme el concepto actual de
trabajo alienado y se creen las bases para que desaparezca la actual opresión y marginación de la mujer.
LA ONU Y LA MUJER.
La Organización de las Naciones Unidas no podía quedar al margen de las precupaciones por la injusta
situación en que se encuentran las mujeres en el mundo sin incurrir en contradición con sus propios principios.
Así, el 7 Nov
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