La farsa del descubrimiento la puso al descubierto Chávez

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La farsa del descubrimiento la puso al descubierto
Chávez
Los pueblos de la Patria liderados por los descendientes de los primeros pobladores del Abya Yala
celebraron el lunes el Día de la Resistencia indígena, nombre que historiadores europeos y esos
súbditos culturales de España que fueron los cronistas americanos de antes, llamaron Día del
Descubrimiento hasta que Chávez puso al descubierto un fraude histórico de medio milenio que
convirtió en héroes a villanos. Los invasores fueron recibidos como amigos por un pueblo ingenuo
que le llevó frutos y otros alimentos, pero cometió el error de obsequiarles perlas y oro, despertando
la codicia esos miserables, en su mayoría criminales liberados a cambio de embarcarse en la
aventura de atravesar un mar desconocido, a lo que se negaron veteranos marinos, con excepción
de unos pocos que sí lo hicieron. El almirante, tomó posesión de esa tierra como si fuera suya, en
nombre de la Espada y de los Reyes de Castilla, y el cura que le acompañaba, lo hizo en nombre de
la Cruz y de Iglesia, sellando así la suerte de sus moradores, que siguieron brindado su amistad y
ayuda a quienes creyeron eran sus amigos, que a los pocos días los asesinaron, violaron sus mujeres
y le robaron su oro. Aquel criminal hecho fue el punto de partida, génesis de mayor genocidio que
haya conocido la humanidad en toda su historia. Y es que en esas tierras habían tesoros en manos
de gente para quienes el metal no tenía el valor que en Europa le daban, ya que solo lo usaban para
adornar sus templos y construir imágenes de sus dioses, por lo que la Iglesia los llamó salvajes que
no tenían alma como los animales. Llegaron en navíos armados con cañones, acción que siglos más
tarde imitaría EEUU, que tras poner fin al imperio de España en tierra americana, hizo de Puerto
Rico su primera colonia en el Abya Yala e invadió con cañoneras repletas de marines a otras
naciones, diseminando la plaga de sanguinarios dictaduras y sumisas pseudo democracias, como la
viruela traída por aquellos invasores Desde el norte, en la ribera sur del Río Grande en México
hasta la austral Patagonia argentina y chilena, sus pueblos, liderados por bravos caciques y
guerreros que libraron cruentas batallas armados de lanzas, mazos y flechas, en desigual lucha, a
pie y semidesnudos contra invasores que iban a caballo, con arcabuces, espadas, protegidos con
yelmos, que al final los vencieron. No siempre lo fue por la fuerza de las armas, sino por causa de la
traición de españoles como Ojeda quien con mentiras apresó al cacique Caonabo y la de Judas
criollos como La Malinche, la amante de Cortés que lo ayudó a conquistar México, o los desleales
indígenas que revelaron a Diego de Losada el sitio donde dormía Guaicaipuro para que sus soldados
lo asesinaran. Mientras los Invasores mataban a los indígenas que se rebelaban contra su dominio,
la Iglesia asesinaba a los que se resistían a aceptar un Dios que no era el suyo, cometiendo juntos el
mayor de los genocidios de la historia, empalando, quemando vivos, devorando con perros de presa
y matando con la viruela que trajeron, a más de ochenta (80) millones de esos seres humanos. A
pesar de que los mataron por millones, que derribaron sus dioses, quemaron sus códices,
destruyeron sus culturas y descuartizaron a a legendarios luchadores como Tupac Amaru y Tupac
Katari en vano empeño por frenar la resistencia indígena, no lo lograron como creyó el juez español
que sentenció a muerte a Katari diciendo: “Ni al Rey ni al Estado le conviene quede semilla o raza
de este o todo Tupaj Amaru o Tupaj Katari por el mucho ruido e impresión que este maldito nombre
ha hecho en los naturales… porque de lo contrario, quedaría un fermento perpetuo.” Todo fue
inútil, ya que ni la sentencia, ni la muerte de ellos ni la de los demás mártires de la Resistencia
Indígena que murieron combatiendo por la libertad de los pueblos del Abya Yala pudo detener la
efervescencia de la lucha que iniciaron contra aquellos invasores que se autoproclamaron
descubridores, porque, como dijo en su idioma Aymara Katari poco antes de morir descuartizado:
“Naya saparukiw jiwyapxitaxa nayxarusti, warangqa, waranganakaw tukutaw kut’anipxani”…(“A mí
solo me matarán…, pero mañana volveré y seré millones.”) Y volvió, no solo acompañado con los
espíritus de sus hermanos que como él lucharon y murieron en la resistencia indígena. Lo hizo
acompañado de una nueva generación de libertadores al frente de la cual iban Bolívar, Miranda,
Sucre, San Martín, O´Higgins y demás proceres de esa legión de combatientes que hace dos siglos
conquistaron la primera independencia de la Patria Grande. Y Katari volvió después que esta fue
traicionada y quedó inconclusa por culpa de la caterva de Judas apátridas que la vendieron al
Imperio yanqui, esta vez acompañado por otra generación de combatientes liderados por Fidel,
Chávez, Maduro, Lula, Mujica, Daniel, Correa, Dilma, Néstor y Cristina y otros que hicieron realidad
su sueño libertario y el sueño integracionista de Bolívar. Y fueron esos pueblos, los que de la mano
de los líderes la nueva gesta libertaria del Abya Yala y demás pueblos del continente que aún están
por liberarse del yugo del Imperio yanqui, quienes este lunes 12 de Octubre en cumplimiento del
Decreto No. 2028 dictado por el eterno y supremo comandante y publicado el 10 de octubre de 2002
celebraron una vez más el Día de la Resistencia Indígena. Fecha histórica que recuerda la gesta
de esos héroes y mártires que combatiendo a un imperio que envió a unos criminales a conquistar a
sangre y fuego un continente en nombre de la Cruz y de la Espada y que se hicieron llamar
descubridores, cuando no fueron más que unos invasores que llevaron violencia, destrucción y
muerte a un pueblo humilde que les brindó amistad, perlas y oro. De allí que después que Chávez
puso al descubierto ese fraude histórico, corresponde a los nuevos cronistas americanos, auténticos
historiadores que han sustituido a los súbditos culturales de España, manipuladores de la verdad
histórica, terminar con la estafa de más de 500 años, falsa imagen que aún perdura en los textos
de historia que exhiben a villanos como héroes... Para ello es imperativo, derribar estatuas,
cambiar nombres de ciudades, teatros, calles, paseos y monedas que aún llevan los de esos
criminales como Colón, Ojeda, Cortés, Pizarro, Losada y demás genocidas cuya memoria aún se
honra en algunos países, cuando la justicia pide que deben ser borrados por ser co-autores junto
con la Iglesia, del más grande genocidio de la historia.
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