OBRAS ESCOGIDAS TOMO I V. I. Lenin Edición: Progreso, Moscú 1961. Lengua: Castellano. Digitalización: Koba. Distribución: http://bolchetvo.blogspot.com/ Índice PREFACIO ................................................................1 Prologo ..................................................................9 La doctrina de Marx ............................................12 El materialismo filosófico ...................................12 La dialéctica ........................................................13 La concepción materialista de la historia ............14 La lucha de clases................................................15 La doctrina económica de Marx ..........................16 El valor ................................................................16 La plusvalía .........................................................17 El socialismo .......................................................21 La táctica de la lucha de clase del proletariado ...22 FEDERICO ENGELS .............................................26 TRES FUENTES Y TRES PARTES INTEGRANTES DEL MARXISMO ......................31 MARXISMO Y REVISIONISMO ..........................34 ¿A QUE HERENCIA RENUNCIAMOS? ..............40 I. Uno de los representantes de la "herencia" ......40 II. Los aditamentos del populismo a la "herencia" .............................................................................47 III. ¿ha ganado la "herencia" vinculándose con el populismo? ..........................................................50 IV. Los "ilustradores", los populistas y los "discípulos" .........................................................55 V. El señor Mijailovski y la renuncia de los "discípulos" a la herencia ....................................56 TAREAS URGENTES DE NUESTRO MOVIMIENTO .......................................................61 ¿QUE HACER? .......................................................65 Prologo ................................................................65 I. Dogmatismo y "libertad de crítica" ..................68 A) ¿Que significa la "libertad de crítica"? ......68 b) Los nuevos defensores de la "libertad de crítica" .............................................................71 c) La crítica en Rusia ......................................75 d) Engels sobre la importancia de la lucha teórica..............................................................78 II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la socialdemocracia ........................................81 a) Comienzo de la marcha ascensional espontanea .......................................................81 b) Culto de la espontaneidad. Rabóchaya Mysl ........................................................................84 c) El "Grupo De Autoemancipación" y Rabócheie Dielo ..............................................89 III. Política tradeunionista y política socialdemócrata ...................................................93 a) La agitación política y su restricción por los economistas .....................................................94 b) De como Martinov ha profundizado a Plejanov ..........................................................99 c) Las denuncias políticas y la "educación de la actividad revolucionaria" ..............................100 d) ¿Que hay de común entre el economismo y el terrorismo? ................................................103 e) La clase obrera como combatiente de vanguardia por la democracia .......................105 f) Una vez mas "calumniadores", una vez mas "mistificadores"............................................ 112 IV. Los métodos artesanos de trabajo de los economistas y la organización de los revolucionarios ................................................. 114 a) ¿Que son los métodos artesanos de trabajo? ..................................................................... 114 b) Los métodos artesanos de trabajo y el economismo ................................................. 116 c) La organización de los obreros y la organización de los revolucionarios............. 119 d) Envergadura del trabajo de organización 126 e) La organización "de conjuradores" y la "democracia" ................................................ 129 f) El trabajo en escala local y en escala nacional ..................................................................... 133 V. "Plan" de un periódico político destinado a toda Rusia ................................................................. 138 a) ¿Quien se ha ofendido por el artículo ¿Por donde empezar??.......................................... 138 b) ¿Puede un periódico ser un organizador colectivo? ..................................................... 141 c) ¿Que tipo de organización necesitamos? . 146 Conclusión........................................................ 149 Anexo. Intento de fusionar Iskra. Con Rabócheie Dielo ................................................................. 150 Enmienda para ¿Que hacer? ............................ 153 UN PASO ADELANTE, DOS PASOS ATRÁS.. 155 Prologo ............................................................. 155 a) Preparación del congreso ............................. 157 b) Significación de los agrupamientos en el congreso ........................................................... 158 c) Comienza el congreso. Incidente con el Comité de Organización................................................ 159 d) disolución del grupo "Yuzhni Rabochi" ...... 163 e) El incidente de la igualdad de derechos de las lenguas.............................................................. 164 f) El programa agrario ...................................... 168 g) Los estatutos del partido. Proyecto del camarada Martov .............................................. 171 h) Discusión sobre el centralismo antes de la escisión entre los iskristas ................................ 176 i) Articulo primero de los estatutos .................. 177 j) Victimas inocentes de una falsa acusación de oportunismo ...................................................... 188 k) Continúa la discusión sobre los estatutos. Composición del consejo ................................. 193 l) Termina la discusión sobre los estatutos. La cooptación para los organismos centrales. Se retiran los delegados de Rabócheie Dielo ........ 195 ll) Las elecciones. Final del congreso .............. 201 m) Cuadro general de la lucha en el congreso. El ala revolucionaria y el ala oportunista del partido .......................................................................... 214 n) Después del congreso. Dos métodos de lucha .......................................................................... 219 Índice ñ) Pequeños disgustos no deben empañar un gran placer ................................................................. 228 o) La nueva Iskra. El oportunismo en las cuestiones de organización................................ 233 p) Algo sobre la dialéctica. Dos revoluciones ... 247 Anexo. El incidente del camarada Gusev con el camarada Deutsch ............................................. 249 EL COMIENZO DE LA REVOLUCIÓN EN RUSIA ............................................................................... 254 DOS TÁCTICAS DE LA SOCIALDEMOCRACIA EN LA REVOLUCIÓN DEMOCRÁTICA .......... 256 Prologo .............................................................. 256 1. Una cuestión política urgente ........................ 258 2 ¿Que nos da la resolución del III Congreso del POSDR sobre el gobierno provisional revolucionario?.................................................. 260 3. ¿Que es la "victoria decisiva de la revolución sobre el zarismo"? ............................................. 263 4. La liquidación del régimen monárquico y la instauración de la república............................... 266 5. ¿Como hay que "impulsar la revolución hacia adelante"? .......................................................... 268 6. ¿De que lado amenaza al proletariado el peligro de verse con las manos atadas en la lucha contra la burguesía inconsecuente? .................................. 269 7. La táctica de la "eliminación de los conservadores del gobierno" ............................. 276 8. La tendencia de Osvobozhdenie y la del neoiskrismo ....................................................... 278 9. ¿Que significa ser el partido de la oposición extrema durante la revolución? ......................... 282 10. Las "comunas revolucionarias" y la dictadura democrática revolucionaria del proletariado y de los campesinos .................................................. 283 11. Breve comparación de algunas resoluciones del III Congreso del POSDR y de la "conferencia" ........................................................................... 288 12. ¿Disminuirá el alcance de la revolución democrática si la burguesía le vuelve la espalda? ........................................................................... 290 13. Conclusión. ¿Tenemos derecho a vencer? .. 294 Epilogo. Otra vez la tendencia de Osvobozhdenie, otra vez el neoiskrismo...................................... 298 I. ¿Por que elogian los realistas liberales burgueses a los “realistas" socialdemocratas?.................... 299 II. Nueva "profundización" del problema por el camarada Martinov............................................ 302 III. La exposición burguesa vulgar de la dictadura y el concepto que tenia Marx de ella ................. 305 SOBRE LA REORGANIZACIÓN DEL PARTIDO ............................................................................... 311 LAS ENSEÑANZAS DE LA INSURRECCIÓN DE MOSCÚ ................................................................. 317 EN RUTA .............................................................. 322 EN MEMORIA DE HERZEN .............................. 328 SOBRE EL DERECHO DE LAS NACIONES A LA AUTODETERMINACIÓN ................................... 332 1. ¿Que es la autodeterminación de las naciones? ...........................................................................332 2. Planteamiento histórico concreto de la cuestión ...........................................................................334 3. Las particularidades concretas de la cuestión nacional en Rusia y la transformación democrático-burguesa de esta ...........................336 4. El "practicismo" en la cuestión nacional .......338 5. La burguesía liberal y los oportunistas socialistas en la cuestión nacional .....................340 6. La separación de Noruega de Suecia.............346 7. La decisión del congreso internacional de Londres en 1896 ................................................349 8. Carlos Marx, el utopista, y Rosa Luxemburgo, la practica ..........................................................351 9. El programa de 1903 y sus liquidadores .......355 10. Conclusión...................................................360 LA GUERRA Y LA SOCIALDEMOCRACIA DE RUSIA ...................................................................363 EL ORGULLO NACIONAL DE LOS RUSOS ....367 LA CONSIGNA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE EUROPA ...............................................................369 SOBRE LA CONSIGNA DE LOS ESTADOS UNIDOS DE EUROPA .........................................372 EL IMPERIALISMO, FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO ....................................................373 Prologo ..............................................................373 Prologo a las ediciones francesa y alemana ......373 EL IMPERIALISMO FASE SUPERIOR DEL CAPITALISMO ....................................................376 I. La concentración de la producción y los monopolios ........................................................377 II. Los bancos y su nuevo papel ........................383 III. El capital financiero y la oligarquía financiera ...........................................................................390 IV. La exportación de capital ............................396 V. El reparto del mundo entre las asociaciones de capitalistas .........................................................399 VI. El reparto del mundo entre las grandes potencias............................................................402 VII. El imperialismo, fase particular del capitalismo ........................................................407 VIII. El parasitismo y la descomposición del capitalismo ........................................................412 IX. La crítica del imperialismo .........................416 X. El lugar histórico del imperialismo ..............421 EL PROGRAMA MILITAR DE LA REVOLUCIÓN PROLETARIA ......................................................425 INFORME SOBRE LA REVOLUCIÓN DE 1905 ...............................................................................432 PREFACIO La presente edición de Obras Escogidas de Vladímir Ilich Lenin en tres tomos se publica para ayudar a quienes estudien la historia del Partido Comunista de la Unión Soviética. Figuran en el primer tomo obras escritas por Lenin en el período comprendido de 1897 a enero de 1917, en el segundo, de marzo de 1917 a junio de 1918, y en el tercero, de julio de 1918 a marzo de 1923. Las obras vienen dispuestas en orden cronológico, a excepción de los trabajos Carlos Marx, Federico Engels, Marxismo y revisionismo y Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, con los que comienza el primer tomo. En estos trabajos da a conocer Lenin la vida y las actividades de los fundadores del marxismo, expone cómo se formó su concepción del mundo y revela la esencia y el significado de la doctrina marxista. Lenin señala como un importante acontecimiento el encuentro de Marx y Engels en septiembre de 1844 en París, que sentó el comienzo de su gran amistad. "Desde que el destino relacionó a Carlos Marx con Federico Engels -escribe-, la obra a la que ambos amigos consagraron su vida se convirtió en una obra común". Marx y Engels asimilaron todo lo mejor que habían dado hasta ellos los cerebros más notables de la humanidad. En el artículo Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, Lenin mostró que la doctrina marxista era resultado de la elaboración crítica de las tres principales tendencias ideológicas del siglo XIX: la filosofia alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés. Subrayó que el marxismo supuso una verdadera revolución en la filosofía, la Economía Política y el desarrollo de la doctrina socialista. El marxismo-leninismo es la ciencia de las leyes de desarrollo de la sociedad, la ciencia de la revolución socialista y la dictadura del proletariado, la ciencia de la edificación de la sociedad socialista y comunista. El marxismo surgió en la década del 40 del siglo XIX. En aquel período, en una serie de países de Europa Occidental había cuajado ya el régimen capitalista y se habían agudizado las contradicciones de clase entre la burguesía y el proletariado. La clase obrera había salido a la palestra de la lucha política como una fuerza independiente. El gran mérito histórico de Carlos Marx y Federico Engels consistió, según explicaba Lenin, en que argumentaron científicamente la misión histórica universal del proletariado como poderosa fuerza revolucionaria capaz de destruir el régimen capitalista y crear una nueva sociedad, la sociedad comunista. Marx y Engels señalaron al proletariado y a las masas trabajadoras el camino de la emancipación, demostraron la necesidad del partido marxista, como fuerza dirigente del movimiento obrero, y sentaron los principios científicos de su estrategia y su táctica. Las obras de Lenin esclarecen la esencia de la doctrina filosófica del marxismo. Utilizando las realizaciones de las ciencias sociales y naturales de su época, asimilando y reelaborando con espíritu creador todo lo valioso que había dado el desarrollo anterior del pensamiento filosófico, Marx y Engels crearon la forma superior del materialismo, el materialismo dialéctico e histórico, exento de los defectos de la filosofía materialista anterior. Lenin reveló la esencia revolucionaria de la dialéctica marxista como ciencia acerca de las leyes generales del movimiento del mundo y del pensamiento humano y subrayó que la dialéctica materialista y el materialismo filosófico están indisolublemente ligados y se interpenetran como dos aspectos de una misma doctrina filosófica, el marxismo. Lenin subraya el carácter revolucionario de la filosofía marxista y su orientación hacia un objetivo concreto. Lenin muestra en sus obras qué gran descubrimiento supuso la aplicación consecuente de las tesis del materialismo dialéctico a la esfera de los fenómenos sociales. Carlos Marx fue el primero en señalar el camino del estudio científico de la historia como proceso único y regular de enorme diversidad y carácter contradictorio. Marx demostró que la base del desarrollo de la sociedad humana es el modo de producción de su vida material. El conjunto de las relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, estructura que determina su régimen social y político. El marxismo demostró que la sociedad capitalista no había suprimido ni podía suprimir las contradicciones de clase. Únicamente produjo nuevas 2 clases, creó nuevas condiciones de opresión y nuevas formas de lucha en lugar de las viejas. El capitalismo puso al desnudo las contradicciones entre las clases: la sociedad, enseñaba Marx, se va escindiendo más y más en dos clases antagónicas, la burguesía y el proletariado. En el artículo Carlos Marx, Lenin subraya particularmente la importancia de la doctrina económica de Marx como la confirmación más profunda y completa de la teoría marxista y como aplicación de ésta al estudio del desarrollo de la sociedad humana. "El estudio de las relaciones de producción de una sociedad históricamente determinada y concreta en su aparición, su desarrollo y su decadencia -decía Lenin- es lo que compone la doctrina económica de Marx". Marx hizo un profundo análisis del capitalismo como formación económico-social, descubrió las leyes de su surgimiento, desarrollo y muerte. Mostró que, con el auge del capitalismo, se desarrolla y fortalece el proletariado, se agudizan las contradicciones de la sociedad capitalista y se hace inevitable la sustitución del capitalismo por el socialismo. Marx y Engels enseñaban que el socialismo no es invención de unos soñadores, sino objetivo final y resultado necesario del desarrollo de la sociedad humana. Lenin subraya como una de las tesis más importantes del marxismo la de que sólo la lucha política del proletariado lleva a éste a la conciencia de que no tiene más salida que el socialismo. Por otra parte, el socialismo no se convierte en fuerza mientras no pasa a ser el objetivo de la lucha política de la clase obrera. Carlos Marx y Federico Engels vincularon indisolublemente la teoría revolucionaria con la práctica revolucionaria. En el transcurso de medio siglo sintetizaron teóricamente la experiencia de la lucha de clase de los obreros y las masas trabajadoras, dieron respuesta a las cuestiones que planteaba la práctica de la lucha revolucionaria y desarrollaron y elaboraron en todos sus aspectos la ciencia marxista. Lenin señala que el marxismo plantea todas las cuestiones en un terreno histórico, "no limitándose a explicar el pasado, sino en el sentido de prever sin temor el porvenir y de una atrevida actuación práctica para su realización..." Lenin se detiene a analizar con detalle la actividad revolucionaria práctica de Marx y Engels en la Liga de los Comunistas y en la I Internacional, fundada por Marx. Señalando el papel rector de Marx en la Internacional, Lenin escribió que era "el alma de la asociación", el autor de su primer Llamamiento y de multitud de resoluciones, declaraciones y manifiestos. Después de la disolución de la I Internacional, la actividad práctica de Marx y Engels no cesó, y su papel como dirigentes espirituales se hizo cada vez más importante. En el artículo Federico Engels, Lenin muestra el enorme interés que Marx y Engels manifestaban por V. I. Lenin Rusia y la profunda simpatía con que seguían el desarrollo de su movimiento revolucionario y apoyaban la lucha heroica de los revolucionarios rusos. "...Marx y Engels vieron con toda claridad que la revolución política en Rusia tendría también una enorme importancia para el movimiento obrero de la Europa Occidental". En las obras de Lenin se emite un profundo juicio de las más importantes obras de los fundadores del marxismo y se muestra el gran papel que dichas obras desempeñaron en la educación revolucionaria del proletariado y en la lucha contra las tendencias anticomunistas, hostiles a la clase obrera. La ciencia creada por Marx y Engels lleva ya más de un siglo de desarrollo triunfal, enriqueciéndose con nuevas experiencias y nuevas síntesis de la lucha de la humanidad por el progreso. Al nombre de Lenin se halla vinculada una nueva época en el desarrollo de la ciencia marxista. Lenin dejó una enorme herencia literaria al Partido Comunista y a los pueblos de la Unión Soviética, a los partidos comunistas y obreros hermanos, a la clase obrera y a los trabajadores de todos los países. Las obras de Lenin encierran una inapreciable riqueza ideológica, son venero verdaderamente inagotable de conocimientos acerca de las leyes del desarrollo social y la lucha de clase del proletariado, acerca de las vías de la edificación del socialismo y el comunismo. En las obras de Lenin, organizador y guía del PCUS, fundador del Estado socialista soviético, se desarrolla la gran doctrina marxista en las nuevas condiciones históricas: en la época del imperialismo y las revoluciones proletarias, en la época del tránsito del capitalismo al comunismo. En ellas se ven desarrolladas las tres partes integrantes del marxismo: la filosofía, la Economía Política y la teoría del comunismo científico. En sus inmortales obras, Lenin dio respuesta a todas las cuestiones cardinales que la nueva época histórica planteaba al proletariado internacional. Lenin desarrolló la doctrina marxista de la hegemonía del proletariado en la revolución y de la dictadura del proletariado y creó una teoría integral del partido marxista de nuevo tipo, de su papel dirigente y de sus principios orgánicos, políticos e ideológicos, así como de su estrategia, táctica y política. Lenin subrayaba en todo momento que sin la dirección de un partido marxista de nuevo tipo, pertrechado de la teoría revolucionaria de vanguardia, la clase obrera no podía cumplir su misión histórica de constructora de la nueva sociedad, la sociedad comunista. Las obras de Lenin reflejan su lucha infatigable por la pureza de la teoría marxista, contra los intentos del revisionismo y el oportunismo para tergiversarla y deformarla, por la unidad, la disciplina, la cohesión monolítica y la pureza ideológica del partido, por la Prefacio ligazón indisoluble del partido con las masas, por la aplicación consecuente de las normas de vida de partido y de los principios de la edificación del partido, entre los que la dirección colectiva es el más importante. Figura en el tomo el artículo ¿A qué herencia renunciamos?, en el que se fija la actitud del partido proletario hacia las tradiciones revolucionarias de su país. Considerándose continuadores de la herencia ideológica dejada por los elementos avanzados de la sociedad rusa de la década del 60, los populistas liberales afirmaban que los marxistas rompían con las mejores tradiciones revolucionarias y renunciaban a la herencia ideológica. Lenin puso al desnudo la esencia anticientífica y seudorrevolucionaria de las concepciones populistas y sus rasgos característicos. Comparando las concepciones de los demócratas revolucionarios rusos de la década del 60 con las de los populistas y los socialdemócratas, Lenin demostró que no eran los populistas, sino los marxistas, precisamente, los más consecuentes defensores de la herencia de los ilustradores revolucionarios rusos, cuyo más notable representante fue Nikolái Chernishevski. Lenin consideraba que el partido marxista era el heredero legitimo de todas las conquistas progresivas y tradiciones democráticas revolucionarias de los pueblos de Rusia. Sin embargo, señalaba, conservar una herencia no significa limitarse a ella: hay que seguir avanzando, hay que determinar independientemente las vías y los medios de la lucha revolucionaria. En la lucha por la creación del partido de nuevo tipo, desempeñó un papel de una importancia extraordinaria el libro ¿Qué hacer? Cuestiones candentes de nuestro movimiento (1902). En él, Lenin fundamentó y desarrolló, aplicándolas a la nueva situación histórica, las ideas de Marx y Engels acerca del partido como fuerza revolucionadora, dirigente y organizadora del movimiento obrero y elaboró los problemas ideológicos y de organización más importantes, que inquietaban a los socialdemócratas rusos en aquel período. Lenin dio respuestas exhaustivas a numerosas cuestiones: relación de los elementos consciente y espontáneo del movimiento obrero; papel de la socialdemocracia rusa en la revolución democrático-burguesa; formas orgánicas, vías y métodos de creación de un partido obrero marxista combativo. ¿Qué hacer? dio cima a la derrota ideológica del "economismo", tendencia oportunista en la socialdemocracia rusa. Lenin demostró que los "economistas" eran una variedad del bernsteinianismo, que, después de la muerte de Marx y de Engels, lanzó la consigna de "libertad de crítica", es decir, exigía la libertad de introducir en el socialismo ideas burguesas, la ideología burguesa, la supeditación del movimiento obrero a la burguesía. 3 “...El problema -escribió Lenin- se plantea solamente así: ideología burguesa o ideología socialista. -o hay término medio... Por eso, todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea alejarse de ella equivale a fortalecer la ideología burguesa". La conciencia socialista, señalaba Lenin, debe ser llevada al movimiento obrero por el partido marxista revolucionario, cuya tarea más importante es luchar por la pureza de la ideología socialista, contra la influencia burguesa en la clase obrera, contra los oportunistas, vehículos de la ideología burguesa en el movimiento obrero. Lenin reveló la grandísima importancia de la teoría del socialismo científico para el movimiento obrero y para toda la actividad del partido marxista revolucionario de la clase obrera. Subrayaba insistentemente que "sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia". En ¿Qué hacer?, Lenin fundamentó la táctica del proletariado y de su partido en la inminente lucha contra la autocracia. Señaló que la clase obrera de Rusia podía y debía encabezar el movimiento democrático de todo el pueblo contra el régimen terrateniente-autocrático, ponerse a la vanguardia de todas las fuerzas revolucionarias y oposicionistas de la sociedad rusa. En relación con esto, hizo hincapié en la importancia que tenía, como medio de educación política de las masas y de elevación de su actividad revolucionaria, la labor de la socialdemocracia orientada a desenmascarar políticamente la autocracia y el orden de cosas feudal. Lenin fundamentó el plan de creación de un partido marxista centralizado combativo en Rusia y el papel de un periódico clandestino, para todo el país, como poderosa arma de unificación de los comités y grupos locales en un solo partido. Figura en el tomo la obra Un paso adelante, dos pasos atrás (Crisis en nuestro Partido), aparecida en mayo de 1904. En este trabajo, Lenin desarrolló la doctrina marxista del partido, elaborando los principios de organización del Partido Bolchevique como partido de nuevo tipo. El partido marxista enseñaba Lenin- es una parte de la clase obrera, su destacamento de vanguardia, el partido no puede confundirse con toda la clase y se crea mediante la selección de los hombres mejores y más fieles a la revolución. El partido sólo puede cumplir su papel de luchador de vanguardia si constituye un destacamento unido de la clase obrera, aglutinado por la unidad de voluntad, por la unidad de acción, por una disciplina única. Lenin subrayó reiteradas veces la necesidad de una disciplina férrea en el partido, igualmente obligatoria para todos sus militantes. El partido únicamente puede ser fuerte y estar unido a condición de que se base en los principios del centralismo. Esto significa la dirección del partido por un centro, que es su Congreso y, entre Congreso 4 y Congreso, por el CC; la subordinación rigurosa de la minoría a la mayoría y de las organizaciones inferiores a las superiores. "No someterse a la dirección de los organismos centrales -escribió Lenin- equivale a negarse a seguir en el partido, equivale a deshacer el partido..." En las condiciones de existencia clandestina del partido, sus organizaciones no podían basarse en el principio electivo. Sin embargo, Lenin consideraba que, cuando saliera de la clandestinidad, el partido realizaría plenamente el principio del centralismo democrático. El partido marxista es la encarnación de los lazos del destacamento de vanguardia con las masas de millones de hijos de la clase obrera. Si en él existen la democracia interna y la autocrítica, el partido se fortalece y sus lazos con las masas se multiplican. Lenin hablaba de la necesidad de llevar a cabo en el partido una "labor de autocrítica, poniendo despiadadamente al descubierto sus propias deficiencias..." El partido marxista, enseñaba Lenin, es la forma superior de organización de clase del proletariado, la forma que asegura la dirección de todas las demás organizaciones de la clase obrera. El partido dirige la actividad de dichas organizaciones hacia un fin común: el derrocamiento del poder de los terratenientes y los capitalistas y la edificación de una nueva sociedad, la sociedad socialista. Todos estos principios fueron la base de la organización del Partido Bolchevique, partido de nuevo tipo. En Un paso adelante, dos pasos atrás se hizo, por vez primera en la historia del marxismo, una crítica exhaustiva del oportunismo en cuestiones de organización y se mostró el gran peligro que supone para el movimiento obrero rebajar la importancia de la organización. Basándose en el análisis de un enorme cúmulo de datos, Lenin reprodujo el panorama de la lucha interna del partido en el II Congreso del POSDR y mostró que en la discusión de los problemas más importantes se fueron definiendo las posiciones de los delegados, se fueron formando los grupos principales y se fue marcando con creciente nitidez la divisoria entre los bandos en pugna. Lenin esclareció la esencia de lucha entre la parte revolucionaria y la parte oportunista del Congreso por la formulación del primer punto de los Estatutos, relativo a la militancia en el partido. En aquella batalla, los mencheviques opusieron al principio de creación de un partido proletario monolítico, rigurosamente organizado y disciplinado, como estipulaba la fórmula leninista, el principio de la creación de un partido pequeñoburgués heterogéneo, difuso y amorfo. Lenin analiza en su libro la ligazón de la posición de los mencheviques en los debates del primer punto, relativo a la militancia en el partido, con todo el conjunto de sus concepciones oportunistas en problemas de organización y saca la conclusión de que los V. I. Lenin bolcheviques son el ala revolucionaria del partido, y los mencheviques, el ala oportunista. "La división en mayoría y minoría -dijo Lenin- es continuación directa e inevitable de la división de la socialdemocracia en revolucionaria y oportunista, en Montaña y Gironda, que no es de ayer, que no sólo existe en el partido obrero ruso...". Lenin demostró que el menchevismo era una variedad del oportunismo internacional. En Un paso adelante, dos pasos atrás Lenin elaboró normas firmes para la vida de partido, que pasaron a ser ley en toda la actividad del Partido Comunista. Entra en el primer tomo la notable obra de Lenin Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática. En este libro, escrito en junio y julio de 1905, se fundamentan teóricamente, en todos sus aspectos, los acuerdos del III Congreso del POSDR, así como el plan estratégico y la línea táctica del partido en la revolución. Por vez primera en la historia del marxismo, Lenin elaboró el problema de las peculiaridades de la revolución democráticoburguesa en la época del imperialismo, así como el de sus fuerzas motrices y sus perspectivas. Sometió a demoledora crítica los planteamientos oportunistas, hostiles al marxismo, de los mencheviques en los problemas teóricos, estratégicos y tácticos en la revolución, planteamientos que propugnaban la hegemonía de la burguesía liberal en la revolución y tendían a suplantar ésta por pequeñas reformas. Señalando las peculiaridades de la revolución rusa como primera revolución democrático-burguesa de la época del imperialismo, en la que las principales fuerzas motrices fueron el proletariado y los campesinos, Lenin fundamentó en todos sus aspectos la idea de que el proletariado, como clase revolucionaria de vanguardia, puede y debe ejercer la dirección, la hegemonía en la revolución democrático-burguesa. El proletariado es la clase más avanzada y la única consecuentemente revolucionaria y posee su propio partido político. Lenin elaboró el problema de la alianza de la clase obrera y los campesinos en la revolución democrático-burguesa, alianza en la que el proletariado debe desempeñar el papel dirigente, y de la alianza del proletariado con los campesinos pobres y con todas las masas semiproletarias de la ciudad y del campo en la revolución socialista. En su obra, Lenin especificó las formas y medios proletarios de lucha, que aseguran la victoria de la revolución. Lenin consideraba la insurrección armada el medio decisivo para el derrocamiento del zarismo y la conquista de la república democrática. Exigía que se llevara a cabo una meticulosa preparación política y militar de la insurrección. El partido lanzó consignas políticas que ofrecían amplio campo a la iniciativa revolucionaria de las masas y organizaban a éstas para la insurrección. Esas consignas fueron: Prefacio organización de huelgas políticas de masas; establecimiento inmediato de la jornada de ocho horas por vía revolucionaria; creación de comités revolucionarios campesinos para la realización de transformaciones democráticas en el campo, llegando a la confiscación de las tierras de los terratenientes; armamento de los obreros y formación de un ejército revolucionario. Las consignas del partido desempeñaron un papel enorme en la movilización de las masas, en la formación del ejército político de la revolución. Esclareciendo los acuerdos del III Congreso acerca de la necesidad de formar un gobierno provisional revolucionario, Lenin señaló que este gobierno no debía ser sino la dictadura democráticorevolucionaria del proletariado y los campesinos. Al señalar las tareas del gobierno provisional revolucionario -aplastar la resistencia de la contrarrevolución, consolidar las conquistas revolucionarias y realizar el programa mínimo del POSDR, expresión de los anhelos de las masas populares-, Lenin explicó cuál debía ser la actitud del partido obrero hacia él. Consideraba posible, y en determinadas condiciones necesario, que los socialdemócratas formasen parte del mismo. En Dos tácticas de la socialdemocracia en la revolución democrática, Lenin restableció en sus derechos las ideas de Marx acerca de la revolución ininterrumpida, dadas al olvido por los oportunistas de la II Internacional, y elaboró la teoría de la transformación de la revolución democráticoburguesa en revolución socialista. "El proletariado -escribía Lenin- debe llevar a término la revolución democrática, atrayéndose a las masas campesinas para aplastar por la fuerza la resistencia de la autocracia y paralizar la inestabilidad de la burguesía. El proletariado debe llevar a cabo la revolución socialista, atrayéndose a las masas de elementos semiproletarios de la población, para romper por la fuerza la resistencia de la burguesía y paralizar la inestabilidad de los campesinos y de la pequeña burguesía". Era ésta una nueva teoría que daba al traste con las concepciones de los mencheviques rusos y de los oportunistas de la socialdemocracia de Europa Occidental, quienes negaban la idea de la hegemonía del proletariado, así como la política de alianza del proletariado y los campesinos y las posibilidades revolucionarias de las masas semiproletarias de la ciudad y del campo, y levantaban un muro entre la revolución democrático-burguesa y la revolución socialista. La teoría de la revolución socialista elaborada por Lenin en 1905 encerraba casi todos los elementos principales de la deducción acerca de la posibilidad del triunfo del socialismo inicialmente en un solo país capitalista, deducción a la que Lenin llegó en 1915. 5 La primera revolución rusa confirmó la justeza de la estrategia y la táctica de los bolcheviques. En las obras Enseñanzas de la insurrección de Moscú e Informe sobre la revolución de 1905 que figuran en el presente tomo, Lenin esclarece los acontecimientos de dicha revolución, hace el balance de ella y traza las perspectivas, sintetizando a fondo y en todos sus aspectos la experiencia y las peculiaridades de la primera revolución rusa. "La peculiaridad de la revolución rusa -decía Leninestriba precisamente en que, por su contenido social, fue una revolución democrático-burguesa, mientras que, por sus medios de lucha, fue una revolución proletaria". El entrelazamiento de las huelgas económicas y las políticas durante la revolución imprimió una gran fuerza al movimiento y demostró que en las épocas revolucionarias "el proletariado puede desarrollar una energía combativa cien veces mayor que en épocas corrientes de tranquilidad". Todo el desarrollo de la revolución rusa llevaba inevitablemente al choque armado de los obreros con el gobierno zarista y terminó por conducir a la insurrección armada de diciembre. En las obras de Lenin consagradas a la revolución de los años 1905-1907 se pone de manifiesto la importancia internacional de la misma. La revolución rusa despertó el movimiento revolucionario en Asia, impulsó las revoluciones de Turquía, Persia y China. Lenin caracterizó la primera revolución rusa de prólogo de la futura revolución proletaria. La derrota de la revolución de 1905 suscitó un loco desenfreno de la contrarrevolución. La reacción se manifestó en todas las esferas de la vida social, en la ciencia, en la filosofía, en el arte. Entre los intelectuales adquirieron gran difusión estados de ánimo contrarrevolucionarios, la apostasía ideológica y el apasionamiento por el misticismo y la religión. Los mencheviques abjuraron vergonzosamente del programa revolucionario y de las consignas revolucionarias del partido. Se afanaban por liquidar el partido revolucionario. Fue un grandísimo mérito de Lenin señalar con genial clarividencia al partido en este período extraordinariamente duro, en este período crítico de su vida, el camino para seguir adelante. Lenin desplegó una lucha encarnizada contra los liquidadores, los otzovistas, los trotskistas y otros oportunistas. El artículo de Lenin En ruta da a conocer con detalle las condiciones de trabajo del partido, sus tareas y su táctica en este período. En dicho artículo, Lenin subraya particularmente la importancia del fortalecimiento máximo del partido, expresando la firme seguridad de que "la socialdemocracia, que demostró en la revolución abierta que es el partido de la clase y que supo llevar tras de sí a millones de personas a la huelga, a la insurrección en 1905 y a las elecciones en 19061907, sabrá también ahora seguir siendo el partido de 6 la clase, el partido de las masas, sabrá seguir siendo la vanguardia, que en los momentos más difíciles no se separará de su ejército y sabrá ayudar a éste a remontar este período difícil, a estrechar de nuevo sus filas y a preparar nuevos luchadores". Los bolcheviques fortalecieron el partido del proletariado sobre la firme base ideológica de la teoría del marxismo, enriquecida por la experiencia de la revolución. En los años de reacción se puso en primer plano la lucha en el frente ideológico contra diversos intentos de revisar las bases teóricas del partido, su concepción revolucionaria del mundo. En su obra clásica Materialismo y empiriocriticismo, escrita en 1908, Lenin rechazó los ataques de los ideólogos burgueses y los revisionistas a la filosofía del marxismo. Basándose en una profusión de datos de las ciencias naturales y la historia, Lenin demostró que sólo una filosofía, el materialismo dialéctico, ofrece un cuadro científico del mundo. Lenin sintetizó, basándose en el marxismo, los últimos descubrimientos de las ciencias naturales y defendió y desarrolló el materialismo filosófico marxista. Expuso la concepción marxista de la práctica como base del conocimiento y criterio de la verdad. Lenin defendió y desarrolló la dialéctica materialista marxista, que tiene una importancia primordial para la actividad revolucionaria del proletariado y de su partido. Lenin defendió y desarrolló el materialismo histórico, ciencia de las leyes del desarrollo de la sociedad, fundamentó el principio del partidismo en la filosofía y demostró que entre la concepción del mundo y la política del partido existe una ligazón directa, inmediata. Las obras filosóficas escritas por Lenin en el período de reacción son ejemplo de lucha implacable contra los enemigos de la filosofía marxista, ejemplo de partidismo bolchevique militante, de defensa del marxismo. Dichas obras desempeñaron un papel enorme en la vida del partido y en la defensa y el desarrollo de su teoría. A mediados de abril de 1908, Lenin envió a la prensa su artículo Marxismo y revisionismo, que era, como el mismo autor dijo, una "declaración formal de guerra" al revisionismo. Lenin demostró en este trabajo que, al triunfar en el movimiento obrero el marxismo, sus enemigos cambiaron los métodos de lucha y se aplicaron a socavar la doctrina marxista mediante "enmiendas" y "revisiones" de sus postulados más importantes. Los revisionistas negaban el materialismo y la dialéctica marxistas, negaban las tesis básicas de la economía política marxista, rechazaban la idea de la lucha de clases y la dictadura del proletariado y renunciaban al socialismo como objetivo final del movimiento obrero. Lenin enseñaba que el revisionismo es un fenómeno internacional con profundas raíces en la sociedad capitalista y que había que desplegar una V. I. Lenin lucha constante y sistemática contra él. Lenin estaba seguro de la victoria inevitable del marxismo sobre el revisionismo, del triunfo absoluto del marxismo. Decía: "La lucha ideológica del marxismo revolucionario contra el revisionismo, librada a fines del siglo XIX, no es más que el preludio de los grandes combates revolucionarios del proletariado, que, pese a todas las vacilaciones y debilidades de los filisteos, avanza hacia el triunfo completo de su causa". En este período y en el siguiente ocupó un puesto particular en la teoría y en la labor práctica del partido la cuestión nacional, cuya esencia e importancia se analizan en la obra de Lenin Sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación. A la política de opresión nacional y de azuzamiento de unas naciones contra otras, a la política de envenenamiento de la conciencia de las masas populares con la toxina del nacionalismo, del chovinismo de gran potencia, Lenin oponía la reivindicación internacionalista, científicamente fundamentada, de la plena igualdad de las naciones, del derecho de cada nación a resolver su propio destino. Lenin analizó en todos sus aspectos la importancia de la estrecha unión de los trabajadores de las naciones oprimidas y opresoras en un frente único de lucha contra el imperialismo. Subrayando la necesidad de mantener en el programa la reivindicación del derecho de las naciones a la autodeterminación, Lenin explicaba que el reconocimiento de este derecho a cada nación no debe confundirse con el problema de la conveniencia de la separación de una u otra nación, ya que este problema debe ser considerado concretamente y resuelto en beneficio del proletariado y de las masas trabajadoras. "Completa igualdad de derechos de las naciones; derecho de autodeterminación de las naciones; fusión de los obreros de todas las naciones: tal es el programa nacional que enseña a los obreros el marxismo, que enseña la experiencia del mundo entero y la experiencia de Rusia". El programa leninista en la cuestión nacional y la política del partido convencieron a los pueblos oprimidos de que sólo los bolcheviques eran verdaderos defensores de sus intereses y derechos. Toda su actividad revolucionaria, verdaderamente internacionalista, había preparado al Partido Bolchevique para hacer frente a las grandes pruebas de la guerra imperialista mundial. Considerable número de obras de Lenin comprendidas en este tomo pertenecen al período de la guerra imperialista mundial de los años 1914-1918. En ellas, Lenin analiza la situación que se creó para el movimiento obrero internacional a causa del comienzo de la guerra y de la traición de los líderes de la II Internacional y de los partidos socialistas europeooccidentales. En el Manifiesto del CC del POSDR La guerra y la socialdemocracia de Rusia, Lenin definió Prefacio la guerra como una guerra imperialista, de rapiña, por parte de ambas coaliciones imperialistas. El objetivo de la guerra, decía Lenin, era la lucha de los Estados imperialistas por los mercados, por un nuevo reparto de las colonias y por el saqueo de otros países, el afán de sofocar el movimiento revolucionario del proletariado y la democracia y de azuzar a los trabajadores de unas naciones contra los de otras. Lenin lanzó la consigna de convertir la guerra imperialista en guerra civil. Condenó la traición de los líderes de la II Internacional a la causa del proletariado, a los grandes principios del internacionalismo, y declaró una guerra implacable al socialchovinismo y al centrismo. En un clima de rabioso desenfreno del chovinismo, Lenin publicó en diciembre de 1914 el artículo Sobre el orgullo nacional de los rusos. Desenmascaró las frases hipócritas de la burguesía y los oportunistas en torno al patriotismo, el "amor a la patria", la "defensa del solar patrio". Explicó la esencia del patriotismo verdaderamente proletario. "¿Es ajeno a nosotros, proletarios conscientes rusos, el sentimiento de orgullo nacional? ¡Naturalmente que no! Amamos nuestra lengua y nuestra patria, nos esforzamos con todo nuestro empeño para que sus masas trabajadoras (es decir, las nueve décimas partes de su población) se eleven a una vida consciente de demócratas y socialistas". Subrayó la ligazón indisoluble del patriotismo proletario con el internacionalismo. Decía: "El interés del orgullo nacional (no entendido servilmente) de los rusos coincide con el interés socialista del proletariado ruso (y de todos los demás) proletarios". Lenin se enorgullecía de que a la clase obrera de Rusia le hubiera tocado en suerte desempeñar un notable papel en la lucha emancipadora de la humanidad. Se enorgullecía de pertenecer al gran pueblo ruso, que había dado pruebas de heroísmo, valentía y firmeza sin par en la lucha por la independencia de la patria, así como en la lucha revolucionaria por la libertad y el socialismo, y había enriquecido a la humanidad con grandísimas realizaciones de la ciencia y de la cultura. En sus obras correspondientes al período de 19141917, Lenin trata los problemas de la estrategia y la táctica del proletariado en las condiciones de la guerra imperialista. El Partido Bolchevique fue el único que dio consignas justas de lucha contra la guerra imperialista. El partido desarrolló el marxismo, lo enriqueció con la doctrina de Lenin acerca del imperialismo, la nueva teoría de la revolución socialista y la doctrina de la posibilidad de la victoria del socialismo en un solo país. En los artículos Sobre la consigna de los Estados Unidos de Europa y El programa militar de la revolución proletaria, Lenin, basándose en la ley del desarrollo desigual del capitalismo, por él descubierta, llegó a la genial conclusión de que era posible la victoria del 7 socialismo inicialmente en varios países capitalistas o incluso en un solo país. "La desigualdad del desarrollo económico y político -decía Lenin- es una ley absoluta del capitalismo. De aquí se deduce que es posible que el socialismo triunfe primeramente en unos cuantos países capitalistas, o incluso en un solo país capitalista". Fue éste el mayor descubrimiento de la época y pasó a ser el principio rector de toda la actividad del Partido Comunista, de toda su lucha por la victoria de la revolución socialista y la edificación del socialismo en nuestro país. La doctrina de Lenin acerca de la posibilidad de la victoria del socialismo en un solo país ofreció al proletariado una clara perspectiva de lucha, liberó la energía y la iniciativa de los proletarios de cada país para el embate contra su burguesía nacional y pertrechó al partido y a la clase obrera de una seguridad, científicamente fundamentada, en la victoria. Esta teoría fue fundamentada científicamente en todos sus aspectos en el libro El imperialismo, fase superior del capitalismo, escrito en el verano de 1916. Este trabajo de Lenin, continuación y desarrollo de El Capital de Marx, constituyó una valiosísima aportación al tesoro teórico del marxismo-leninismo. El análisis marxista y la síntesis científica del enorme caudal de datos históricos acumulados en el medio siglo transcurrido desde la aparición de El Capital de Marx, permitieron a Lenin sacar la conclusión de que el capitalismo había entrado en su etapa superior y última de desarrollo, el imperialismo. Lenin reveló la esencia del imperialismo como capitalismo monopolista y mostró sus rasgos típicos: concentración de la producción y los monopolios; creciente papel de los bancos; ensambladura del capital financiero con el industrial y creación de la oligarquía financiera; exportación de capital; reparto del mundo entre las alianzas capitalistas; reparto del mundo entre las grandes potencias. Basándose en un profundo análisis de los datos económicos y políticos de la época imperialista, Lenin puso al desnudo las principales contradicciones del capitalismo, demostró que su agudización era inevitable en el imperialismo y fundamentó en todos los aspectos la tesis básica de que el imperialismo es la última etapa del desarrollo del capitalismo, la antesala de la revolución socialista. La gran fuerza y vitalidad de la teoría leninista de la revolución socialista ha sido confirmada en la práctica: por la experiencia de las revoluciones proletarias en Rusia, China y los otros países de Europa y Asia que constituyen hoy el sistema socialista mundial. En El imperialismo, fase superior del capitalismo, Lenin sometió a crítica demoledora las elucubraciones de Kautsky y otros oportunistas, que 8 querían ocultar, velar la profundidad de las contradicciones del imperialismo y la inevitabilidad de la crisis revolucionaria por él engendrada. Desenmascaró hasta lo último la teoría kautskiana antimarxista del "ultraimperialismo", según la cual el imperialismo lleva a una economía capitalista organizada que elimina todas las contradicciones, crisis y guerras. "Cualesquiera que fueran las buenas intenciones de los curitas ingleses o del dulzón de Kautsky -decía Lenin-, el sentido objetivo, esto es, el verdadero sentido social de su "teoría" es uno y sólo uno: el consuelo archirreaccionario de las masas con la esperanza en la posibilidad de una paz permanente bajo el capitalismo, distrayendo la atención de las agudas contradicciones y de los agudos problemas de la actualidad para dirigirla hacia las falsas perspectivas de un pretendido nuevo "ultraimperialismo" futuro. Excepción hecha del engaño de las masas, la teoría "marxista" de Kautsky no contiene nada". La obra de Lenin El imperialismo, fase superior del capitalismo es un arma combativa del marxismo revolucionario. Ayuda a los partidos comunistas y obreros a luchar contra la ideología de la reacción imperialista, contra todas las manifestaciones del reformismo y el revisionismo contemporáneos. El marxismo-leninismo es una doctrina inmortal en continuo desenvolvimiento. Lo desarrollan las decisiones del Partido Comunista de la Unión Soviética y los documentos de los partidos comunistas y obreros hermanos de otros países. Esta gran e invencible doctrina se ve enriquecida por la experiencia del movimiento obrero y del movimiento comunista, por la experiencia de la edificación del comunismo en la URSS y del socialismo en las democracias populares. El triunfo del marxismo-leninismo en todo el mundo es inevitable, ya que esta doctrina refleja la marcha regular y progresiva de la historia y predice el futuro luminoso que ha de alcanzar la humanidad. Instituto de Marxismo-Leninismo del CC del PCUS Editorial del Estado de Literatura Política V. I. Lenin CARLOS MARX (Breve esbozo biográfico con una exposición del marxismo)1 Prologo El artículo sobre Carlos Marx que ahora aparece en forma de folleto, lo escribí (si mal no recuerdo) en 1913 para el Diccionario Granat. Al final del artículo se insertaba una bibliografía bastante detallada acerca de Marx, más que nada de publicaciones extranjeras. En la edición presente se ha prescindido de ella. Fuera de ello, la Redacción del Diccionario, por su parte, teniendo en cuenta la censura, eliminó del artículo sobre Marx la parte final, en que se exponía su táctica revolucionaria. Lamentablemente, me resulta imposible reproducir aquí ese final, pues el manuscrito se quedó no sé dónde con mis papeles, en Cracovia o en Suiza. Sólo recuerdo que allí citaba, entre otras cosas, el párrafo de la carta de Marx a Engels del 16-IV-1856 en que el primero escribía: "En Alemania todo dependerá de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con alguna segunda edición de la guerra campesina. Entonces todo saldrá a pedir de boca". Eso es lo que no comprendieron en 1905 nuestros mencheviques, que se han hundido ahora hasta la traición completa al socialismo, hasta el paso al lado de la burguesía. N. Lenin 1 V. I. Lenin empezó a escribir el artículo Carlos Marx, destinado al Diccionario Enciclopédico de los Hermanos Granat, en la primavera de 1914, encontrándose en Poronin (Galitzia), y lo terminó en Berna (Suiza) en noviembre de 1914. En el prólogo a este artículo, escrito en 1918, al ser editado en folleto aparte, Lenin señala de memoria el año 1913 como fecha del artículo. En 1915 apareció el artículo en el Diccionario, con la firma de V. Ilin, seguido del suplemento Bibliografía del marxismo. Teniendo en cuenta la censura, la Redacción omitió dos capítulos -El socialismo y La táctica de la lucha de clase del proletariado- e introdujo modificaciones en el texto. En 1918, la Editorial Pribói publicó este trabajo, con el prólogo de V. I. Lenin, en forma de folleto, tal como había salido en el Diccionario, pero sin el suplemento Bibliografía del marxismo. El texto completo del artículo, de acuerdo con el manuscrito, fue publicado por primera vez en 1925, en Marx-Engels-Marxismo, recopilación de artículos preparada por el Instituto Lenin, anejo al CC del PC (b) de Rusia. Moscú, 14. V. 1918. Publicado en 1918, en el folleto: N. Lenin. Carlos Marx, Ed. Pribói, Moscú. T. 26, pág. 45. Carlos Marx nació el 5 de mayo de 1818 en Tréveris (ciudad de la Prusia renana). Su padre era un abogado judío convertido al protestantismo en 1824. Su familia era acomodada y culta, aunque no revolucionaria. Después de cursar en Tréveris los estudios de bachillerato, Marx se matriculó en la Universidad, primero en la de Bonn y luego en la de Berlín, siguiendo la carrera de Derecho, mas estudiando sobre todo Historia y Filosofía. Terminados sus estudios universitarios, en 1841, presentó una tesis sobre la filosofía de Epicuro. Sus ideas eran todavía entonces las de un idealista hegeliano. En Berlín se acercó al círculo de los "hegelianos de izquierda”2 (Bruno Bauer y otros), que intentaban sacar de la filosofía de Hegel conclusiones ateas y revolucionarias. Después de cursar sus estudios universitarios, Marx se trasladó a Bonn, con la intención de hacerse profesor. Pero la política reaccionaria de un gobierno -que en 1832 había despojado de la cátedra a Ludwig Feuerbach, negándole nuevamente la entrada en las aulas en 1836, y que en 1841 retiró al joven profesor Bruno Bauer el derecho a enseñar desde la cátedra de Bonn- le obligó a renunciar a la carrera académica. En esta época, las ideas de los hegelianos de izquierda hacían rápidos progresos en Alemania. Fue Ludwig Feuerbach quien, sobre todo a partir de 1836, se entregó a la crítica de la teología, comenzando a orientarse hacia el materialismo, que en 1841 (La esencia del cristianismo) triunfa resueltamente en sus doctrinas; en 1843 ven la luz sus Principios de la 2 Hegelianos de izquierda o jóvenes hegelianos: corriente idealista en la filosofía alemana de las décadas del 30 y 40 del siglo XIX, que trató de hacer conclusiones radicales de la filosofía de Hegel y de fundamentar la necesidad de la transformación burguesa de Alemania. Representaban a los hegelianos de izquierda: D. Strauss, B. y E. Bauer, M. Stirner y otros. A esta corriente estuvieron adheridos L. Feuerbach, así como los jóvenes C. Marx y F. Engels, que rompieron después con los hegelianos de izquierda y criticaron su esencia idealista y pequeñoburguesa en La sagrada familia (1844) y La ideología alemana (18451846). V. I. Lenin 10 filosofía del porvenir. "Hay que haber vivido la influencia liberadora" de estos libros, escribe Engels años más tarde refiriéndose a esas obras de Feuerbach. "Nosotros" (es decir, los hegelianos de izquierda, entre ellos Marx) "nos hicimos al momento feuerbachianos". Por aquel entonces, los burgueses radicales renanos, que tenían ciertos puntos de contado con los hegelianos de izquierda, fundaron en Colonia un periódico de oposición, la Gaceta del Rin (que comenzó a publicarse el 1 de enero de 1842). Sus principales colaboradores eran Marx y Bruno Bauer; en octubre de 1842, Marx fue nombrado redactor jefe del periódico y se trasladó de Bonn a Colonia. Bajo la dirección de Marx, la tendencia democrática revolucionaria del periódico fue acentuándose, y el gobierno lo sometió primero a una doble y luego a una triple censura, para acabar ordenando su total supresión a partir del 1 de enero de 1843. Marx viose obligado a abandonar antes de esa fecha su puesto de redactor jefe, pero la separación no logró tampoco salvar al periódico, que dejó de publicarse en marzo de 1843. Entre los artículos más importantes, publicados por Marx en la Gaceta del Rin, Engels menciona, además de los que citamos más abajo (véase Bibliografía3), el que se refiere a la situación de los campesinos viticultores del valle del Mosela4. Como las actividades periodísticas le habían revelado que no disponía de los necesarios conocimientos de Economía Política, se aplicó ardorosamente al estudio de esta ciencia. En 1843, Marx se casó en Kreuznach con Jenny von Westphalen, amiga suya de la infancia, con quien se había prometido ya de estudiante. Pertenecía su mujer a una reaccionaria y aristocrática familia de la nobleza prusiana. Su hermano mayor fue ministro de la Gobernación en Prusia durante una de las épocas más reaccionarias, de 1850 a 1858. En el otoño de 1843, Marx se trasladó a París, con el propósito de editar allí, desde el extranjero, una revista de tipo radical en colaboración con Arnoldo Ruge (1802-1880; hegeliano de izquierda, encarcelado de 1825 a 1830, emigrado después de 1848, y bismarckiano después de 1866-1870). De esta revista, titulada Anales franco-alemanes, sólo llegó a ver la luz el primer cuaderno. La publicación hubo de interrumpirse a consecuencia de las dificultades con que tropezaba su difusión clandestina en Alemania y de las discrepancias de criterio surgidas entre Marx y Ruge. Los artículos de Marx en los Anales nos muestran ya al revolucionario que proclama la "crítica despiadada de todo lo existente", y, en especial, la "crítica de las armas", apelando a las masas y al proletariado. En septiembre de 1844 pasó unos días en París 3 En la presente edición se omite la bibliografía de las obras marxistas y sobre el marxismo. 4 Se trata del artículo de C. Marx La justificación del corresponsal del Mosela. Federico Engels, que fue a partir de este momento el amigo más íntimo de Marx. Ambos tomaron conjuntamente parte activísima en la vida, febril por aquel entonces, de los grupos revolucionarios de París (especial importancia revestía la doctrina de Proudhon5, a la que Marx sometió a una crítica demoledora en su obra Miseria de la Filosofía, publicada en 1847) y, en lucha enérgica contra las diversas doctrinas del socialismo pequeñoburgués, construyeron la teoría y la táctica del socialismo proletario revolucionario o comunismo (marxismo). Véanse las obras de Marx correspondientes a esta época, 1844-1848, más abajo, en la Bibliografía. En 1845, a petición del gobierno prusiano, Marx fue expulsado de París como revolucionario peligroso, y fijó su residencia en Bruselas. En la primavera de 1847, Marx y Engels se afiliaron a una sociedad secreta de propaganda, la "Liga de los Comunistas”6 5 Proudhon (1809-1865): socialista pequeñoburgués francés, anarquista, fundador del proudhonismo, corriente anticientífica y antimarxista. Al criticar la gran propiedad capitalista de acuerdo con su posición pequeñoburguesa, Proudhon aspiraba a perpetuar la pequeña propiedad privada, proponía organizar la Banca del Pueblo y la Banca de Cambio, con ayuda de las cuales obtendrían los obreros -según él- sus propios medios de producción, se convertirían en artesanos y asegurarían la venta "equitativa" de sus productos. Proudhon no comprendía el papel histórico y el significado del proletariado y negaba la lucha de clases, la revolución proletaria y la dictadura del proletariado. Como anarquista, negaba también la necesidad del Estado. Marx y Engels mantuvieron una lucha consecuente contra los intentos de Proudhon de imponer sus ideas a la I Internacional. El proudhonismo fue sometido a una crítica demoledora en la obra de C. Marx Miseria de la filosofía. La lucha resuelta de C. Marx y F. Engels y sus partidarios contra el proudhonismo terminó con la completa victoria del marxismo en la I Internacional. Lenin caracterizó el proudhonismo de "teoría del pequeño burgués y del filisteo obtuso", incapaz de colocarse en el punto de vista de la clase obrera. Las ideas del proudhonismo son utilizadas en gran escala por los "teóricos" burgueses para propugnar la colaboración de clases. 6 La "Liga de los Comunistas"; primera organización internacional del proletariado revolucionario, fundada en 1847 en Londres. Los organizadores y fundadores de la "Liga de los Comunistas" fueron C. Marx y F. Engels, quienes, por encargo de esta organización, escribieron el Manifiesto del Partido Comunista. La "Liga de los Comunistas" tenía por objeto derrocar a la burguesía, liquidar la vieja sociedad burguesa, basada en los antagonismos de clases, y crear una sociedad nueva, una sociedad sin clases ni propiedad privada. La "Liga de los Comunistas" desempeñó un gran papel histórico como escuela de revolucionarios proletarios, como germen del partido proletario, como precursora de la Asociación Internacional de los Trabajadores (I Internacional). La "Liga de los Comunistas" existió hasta noviembre de 1852. Sus jefes más destacados desempeñaron 11 Carlos Marx y tomaron parte destacada en el II Congreso de esta organización (celebrado en Londres, en noviembre de 1847), donde se les confió la redacción del famoso Manifiesto del Partido Comunista, que vio la luz en febrero de 1848. Esta obra expone, con una claridad y una brillantez geniales, la nueva concepción del mundo, el materialismo consecuente aplicado también al campo de la vida social, la dialéctica como la más completa y profunda doctrina del desarrollo, la teoría de la lucha de clases y del papel revolucionario histórico mundial del proletariado como creador de una sociedad nueva, de la sociedad comunista. Al estallar la revolución de febrero de 1848, Marx fue expulsado de Bélgica y se trasladó nuevamente a París, desde donde, después de la revolución de marzo, pasó a Alemania, estableciéndose en Colonia. Del 1 de junio de 1848 al 19 de mayo de 1849 se publicó en esta ciudad la -ueva Gaceta del Rin7, que tenía a Marx de redactor jefe. El curso de los acontecimientos revolucionarios de 1848 y 1849 vino a confirmar de un modo brillante la nueva teoría, como habían de confirmarla también en lo sucesivo todos los movimientos proletarios y democráticos de todos los países del mundo. Triunfante la contrarrevolución, Marx hubo de comparecer ante los tribunales y, si bien resultó absuelto (el 9 de febrero posteriormente un papel dirigente en la I Internacional. Véase el artículo de F. Engels Contribución a la historia de la "Liga de los Comunistas" (C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. II, págs. 314-332, ed. en español, Moscú). 7 "-eue Rheinische Zeitung" ("Nueva Gaceta del Rin"): diario editado en Colonia desde el 1 de junio de 1848 hasta el 19 de mayo de 1849 bajo la dirección de C. Marx y F. Engels. Su redactor jefe fue C. Marx. El periódico, que tenía gran influencia en toda Alemania, desempeñó el papel de educador de las masas populares, a las que exhortaba a luchar contra la contrarrevolución. La posición decidida e intransigente de este periódico, su internacionalismo combativo, la aparición en sus páginas de denuncias políticas dirigidas contra el gobierno prusiano y las autoridades de Colonia, le concitaron la fobia de la prensa feudal-monárquica y liberal-burguesa, así como las persecuciones del gobierno. En mayo de 1849, en plena ofensiva de la contrarrevolución, el gobierno prusiano, aprovechando el hecho de que Marx no poseía la ciudadanía prusiana, ordenó expulsarle de Prusia. La expulsión de Marx y las represalias contra los demás redactores de la -ueva Gaceta del Rin fueron la causa de que el periódico suspendiese su publicación. El último número de la -ueva Gaceta del Rin, el 301, impreso en rojo salió el 19 de mayo de 1849. En su postrera exhortación a los obreros, los redactores del periódico declaraban que "su última palabra será siempre y en todas partes: ¡la emancipación de la clase obrera!" Acerca de la -ueva Gaceta del Rin véase el artículo de F. Engels Marx y la "-ueva Gaceta del Rin" (1848-1849). (C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. II, págs. 305-313, ed. en español, Moscú). de 1849), posteriormente fue expulsado de Alemania (16 de mayo de 1849). Vivió en París durante algún tiempo, pero, expulsado nuevamente de esta capital después de la manifestación del 13 de junio de 1849, fue a instalarse a Londres, donde pasó ya el resto de su vida. Las condiciones de la vida en la emigración eran extraordinariamente penosas, como lo prueba especialmente la correspondencia entre Marx y Engels (editada en 1913). La miseria llegó a pesar de un modo verdaderamente asfixiante sobre Marx y su familia; a no ser por la constante y altruista ayuda económica de Engels, Marx no sólo no habría podido llevar a término El Capital, sino que habría sucumbido fatalmente bajo el peso de la miseria. Además, las doctrinas y corrientes del socialismo pequeñoburgués y del socialismo no proletario en general, predominantes en aquella época, obligaban a Marx a mantener una lucha incesante y despiadada, y a veces defenderse contra los ataques personales más rabiosos y más absurdos (Herr Vogt). Apartándose de los círculos de emigrados y concentrando sus fuerzas en el estudio de la Economía Política, Marx desarrolló su teoría materialista en una serie de trabajos históricos (véase Bibliografía). Sus obras Contribución a la crítica de la economía política (1859) y El Capital (t. I, 1867) significaron una revolución en la ciencia económica (véase más abajo la doctrina de Marx). La época de reanimación de los movimientos democráticos, a fines de la década del 50 y en la década del 60, llamó de nuevo a Marx al trabajo práctico. El 28 de septiembre de 1864 se fundó en Londres la famosa I Internacional, la "Asociación Internacional de los Trabajadores". Alma de esta organización era Marx, que fue el autor de su primer Manifiesto y de un gran número de acuerdos, declaraciones y llamamientos. Con sus esfuerzos por unificar el movimiento obrero de los diferentes países y por traer a los cauces de una actuación común las diversas formas del socialismo no proletario, premarxista (Mazzini, Proudhon, Bakunin, el tradeunionismo liberal inglés, las oscilaciones derechistas de Lassalle en Alemania, etc.), Marx, a la par que combatía las teorías de todas estas sectas y escuelitas, fue forjando la táctica común de la lucha proletaria de la clase obrera en los distintos países. Después de la caída de la Comuna de París (1871) que Marx (en La guerra civil en Francia, 1871) analizó de un modo tan profundo, tan certero y tan brillante, con tan gran espíritu práctico y revolucionario- y al producirse la escisión provocada por los bakuninistas8, la Internacional no podía 8 Bakuninismo: corriente que lleva el nombre de M. Bakunin, Ideólogo del anarquismo, enemigo jurado del marxismo y del socialismo científico. Los bakuninistas desplegaron una lucha tenaz contra la teoría marxista y la táctica del movimiento obrero. La tesis fundamental del 12 subsistir en Europa. Después del Congreso de La Haya (1872), Marx consiguió que el Consejo General de la Internacional se trasladase a Nueva York. La I Internacional había cumplido su misión histórica y cedió el campo a una época de desarrollo incomparablemente más amplio del movimiento obrero en todos los países del mundo, época en que este movimiento había de desplegarse extensivamente, engendrando partidos obreros socialistas de masas dentro de cada Estado nacional. Su intensa labor en la Internacional y sus estudios teóricos, todavía más intensos, quebrantaron definitivamente la salud de Marx. Este prosiguió su obra de transformación de la Economía Política y se consagró a terminar El Capital, reuniendo con este fin una infinidad de nuevos documentos y poniéndose a estudiar varios idiomas (entre ellos el ruso), pero la enfermedad le impidió dar cima a El Capital. El 2 de diciembre de 1881 murió su mujer. El 14 de marzo de 1883, Marx se dormía dulcemente para siempre en su sillón. Yace enterrado, junto a su mujer, en el cementerio de Highgate de Londres. Varios hijos de Marx murieron en la infancia, en Londres, cuando la familia atravesaba extraordinarias dificultades económicas. Tres de sus hijas contrajeron matrimonio con socialistas de Inglaterra y Francia: Eleonora Eveling, Laura Lafargue y Jenny Longuet. Un hijo de esta última es miembro del Partido Socialista Francés. La doctrina de Marx El marxismo es el sistema de las ideas y la doctrina de Marx. Marx es el continuador y consumador genial de las tres principales corrientes ideológicas del siglo XIX, que tuvieron por cuna a los tres países más avanzados de la humanidad: la filosofía clásica alemana, la economía política clásica bakuninismo es la negación de cualquier Estado, incluida la dictadura del proletariado, y la incomprensión del papel histórico-universal del proletariado. Bakunin propugnó la idea de "la "igualación" de las clases, de la unificación de las "asociaciones libres" desde abajo. Una sociedad revolucionaria secreta, compuesta de "destacadas personalidades", según los bakuninistas, debía dirigir levantamientos populares que se realizarían inmediatamente. Por ejemplo, los bakuninistas consideraban que los campesinos rusos estaban dispuestos a lanzarse en seguida a la insurrección. Esta táctica de conspiraciones, levantamientos inmediatos y del terrorismo era aventurera y hostil a la ciencia marxista acerca de la insurrección. El bakuninismo fue una de las fuentes ideológicas del populismo. Acerca de Bakunin y bakuninistas véanse los trabajos de C. Marx y F. Engels La Alianza de la democracia socialista y la Asociación Internacional de los Trabajadores (1873); de F. Engels Los bakuninistas en acción (1873), La literatura de emigración (1875); el trabajo de V. I. Lenin Sobre el gobierno provisional revolucionario (1905), y otros. V. I. Lenin inglesa y el socialismo francés, unido a las doctrinas revolucionarias francesas en general. La maravillosa consecuencia y la unidad sistemática que hasta los adversarios de Marx reconocen en sus ideas, que en conjunto representan el materialismo moderno y el socialismo científico moderno como teoría y programa del movimiento obrero de todos los países civilizados del mundo, nos obligan a trazar, antes de exponer el contenido principal del marxismo, o sea, la doctrina económica de Marx, un breve resumen de su concepción del mundo en general. El materialismo filosófico Desde los años 1844 y 1845, época en que se forman sus ideas, Marx es materialista y, concretamente, sigue a L. Feuerbach, cuyo único lado débil fue para él, entonces y más tarde, la falta de consecuencia y de universalidad de que adolecía su materialismo. Para Marx, la importancia histórica universal de Feuerbach, lo que "hizo época", era precisamente la resuelta ruptura con el idealismo hegeliano y la afirmación del materialismo, que ya "en el siglo XVIII, sobre todo en Francia, no había sido solamente una lucha contra las instituciones políticas existentes y, al mismo tiempo, contra la religión y la teología, sino también... contra toda metafísica" (en el sentido de "especulación ebria", a diferencia de la "filosofía sobria") (La sagrada familia, en Herencia literaria). "Para Hegel -escribía Marx-, el proceso del pensamiento, al que convierte incluso, bajo el nombre de idea, en sujeto con vida propia, es el demiurgo (el creador) de lo real... Para mí, por el contrario, lo ideal no es más que lo material traspuesto y traducido en la cabeza del hombre" (El Capital, t. I. Palabras finales a la 2a ed.). Coincidiendo en un todo con la filosofía materialista de Marx, F. Engels expone del siguiente modo esta concepción filosófica en su Anti-Dühring (véase), cuyo manuscrito había tenido Marx en sus manos: "...La unidad del mundo no consiste en su ser... La unidad real del mundo consiste en su materialidad, que tiene su prueba... en el largo y penoso desarrollo de la filosofía y las ciencias naturales... El movimiento es la forma de existencia de la materia. Jamás ni en parte alguna ha existido ni puede existir materia sin movimiento ni movimiento sin materia... Si nos preguntamos... qué son, en realidad, el pensamiento y la conciencia y de dónde proceden, nos encontramos con que son productos del cerebro humano y con que el mismo hombre no es más que un producto de la naturaleza que se ha formado y desarrollado en su ambiente y con ella; por donde llegamos a la conclusión, lógica por sí misma, de que los productos del cerebro humano, que en última instancia no son tampoco más que productos naturales, no se contradicen, sino que se armonizan con la concatenación general de la naturaleza". "Hegel era idealista, es decir, que no consideraba las Carlos Marx ideas de su cerebro como reflejos (Abbilder, a veces Engels habla de "reproducciones") más o menos abstractos de los objetos y de los fenómenos reales, sino, al contrario, eran los objetos y su desarrollo los que para él eran los reflejos de la idea, existente, no se sabe dónde, antes de aparecer el mundo". En Ludwig Feuerbach, obra donde F. Engels expone sus ideas y las de Marx acerca del sistema de este filósofo y cuyo original mandó a la imprenta después de haber revisado un antiguo manuscrito suyo y de Marx, procedente de los años 1844 y 1845, acerca de Hegel, Feuerbach y la concepción materialista de la historia, Engels dice: "El gran problema cardinal de toda filosofía, especialmente de la moderna, es el problema de la relación entre el pensar y el ser, entre el espíritu y la naturaleza... ¿Qué es lo primero: el espíritu o la naturaleza?... Los filósofos se dividían en dos grandes campos, según la contestación que diesen a esta pregunta. Los que afirmaban la anterioridad del espíritu frente a la naturaleza, los que, por tanto, admitían en última instancia una creación del mundo, de cualquier clase que fuera..., se agrupaban en el campo del idealismo. Los demás, aquellos para quienes la naturaleza era lo primero, formaban en las distintas escuelas del materialismo". Todo otro empleo de los conceptos de idealismo y materialismo (en sentido filosófico) no hace sino sembrar confusión. Marx rechaza enérgicamente no sólo el idealismo -aliado siempre de un modo o de otro a la religión-, sino la doctrina de Hume y Kant, tan extendida en nuestros días, el agnosticismo, el criticismo y el positivismo en sus distintas formas; para él, esta clase de filosofía era una concesión "reaccionaria" hecha al idealismo y, en el mejor de los casos, una "manera vergonzosa de aceptar el materialismo por debajo de cuerda y renegar de él públicamente". Acerca de esto puede consultarse, aparte de las obras ya citadas de Engels y Marx, la carta de este último a Engels del 12 de diciembre de 1866; en ella, Marx habla de una manifestación del famoso naturalista T. Huxley, en que se muestra "más materialista" que de ordinario y reconoce: "nosotros observamos y pensamos realmente; nunca podemos salirnos del materialismo"; pero, al mismo tiempo, Marx le reprocha el dejar abierto un "portillo" al agnosticismo, al humeísmo. En particular, conviene hacer presente de un modo especial la concepción de Marx acerca de la relación entre libertad y necesidad: "La necesidad sólo es ciega mientras no se la comprende. La libertad no es otra cosa que el conocimiento de la necesidad" (Engels, Anti-Dühring). Esto equivale al reconocimiento de la lógica objetiva de la naturaleza y de la transformación dialéctica de la necesidad en libertad (a la par que de la transformación de la "cosa en sí", ignorada, pero susceptible de ser conocida, en "cosa para nosotros", y de la "esencia de las cosas" en los "fenómenos"). El principal defecto del "viejo" 13 materialismo, sin excluir el de Feuerbach (y no digamos el materialismo "vulgar" de Büchner- VogtMoleschott), consistía, según Marx y Engels, en lo siguiente: (1) en que este materialismo era "predominantemente mecánico" y no tenía en cuenta los últimos progresos de la química y la biología (en nuestros días habría que añadir la teoría eléctrica de la materia); (2) en que el viejo materialismo no tenía un carácter histórico ni dialéctico (sino metafísico, en el sentido de antidialéctico) y no mantenía de un modo consecuente ni en todos sus aspectos el criterio de la evolución; (3) en que concebía la "esencia humana" en abstracto, y no como el "conjunto de las relaciones sociales" (históricamente concretas y determinadas), razón por la cual no hacía más que "interpretar" el mundo, cuando en realidad se trata de "transformarlo"; es decir, en que no comprendía la importancia de la "actuación revolucionaria práctica". La dialéctica La dialéctica hegeliana, como la doctrina más universal, rica de contenido y profunda del desarrollo, era para Marx y Engels la mayor adquisición de la filosofía clásica alemana. Toda otra fórmula del principio del desarrollo, de la evolución, parciales estrecha y pobre, que mutilaba y desfiguraba la verdadera marcha del desarrollo en la naturaleza y en la sociedad (marcha que a menudo se efectúa a través de saltos, catástrofes y revoluciones). "Marx y yo fuimos seguramente casi los únicos que tratamos de salvar" (del descalabro del idealismo, comprendido el hegelianismo) "la dialéctica consciente para traerla a la concepción materialista de la naturaleza". "La naturaleza es la piedra de toque de la dialéctica, y hay que decir que las ciencias naturales modernas, que nos han brindado materiales extraordinariamente copiosos" (¡y esto fue escrito antes de ser descubiertos el radio, los electrones, la transformación de los elementos, etc.!) "y que aumentan cada día que pasa, demuestran con ello que la naturaleza se mueve, en última instancia, por cauces dialécticos, y no sobre carriles metafísicos". "La gran idea cardinal de que el mundo no puede concebirse como un conjunto de objetos terminados y acabados -escribe Engels-, sino como un conjunto de procesos, en el que las cosas que parecen estables, al igual que sus reflejos mentales en nuestras cabezas, los conceptos, pasan por una serie ininterrumpida de cambios, por un proceso de génesis y caducidad; esta gran idea cardinal se halla ya tan arraigada desde Hegel en la conciencia habitual, que, expuesta así, en términos generales, apenas encuentra oposición. Pero una cosa es reconocerla de palabra y otra cosa es aplicarla a la realidad concreta, en todos los campos sometidos a la investigación". "Para la filosofía dialéctica no existe nada definitivo, absoluto, consagrado; en todo pone 14 de relieve lo que tiene de perecedero, y no deja en pie más que el proceso ininterrumpido del devenir y del perecer, un ascenso sin fin de lo inferior a lo superior, cuyo mero reflejo en el cerebro pensante es esta misma filosofía". Así, pues, la dialéctica es, según Marx, "la ciencia de las leyes generales del movimiento, tanto el del mundo exterior como el del pensamiento humano". Este aspecto revolucionario de la filosofía hegeliana es el que Marx recoge y desarrolla. El materialismo dialéctico "no necesita de ninguna filosofía entronizada sobre las demás ciencias". Lo único que queda en pie de la filosofía anterior es "la teoría del pensamiento y sus leyes, la lógica formal y la dialéctica". Y la dialéctica, tal y como la concibe Marx, así como Hegel, engloba lo que hoy se llama teoría del conocimiento o gnoseología, ciencia que debe enfocar también históricamente su objeto, investigando y sintetizando los orígenes y el desarrollo del conocimiento y el paso del no conocimiento al conocimiento. La idea del desarrollo, de la evolución, ha penetrado actualmente casi en su integridad en la conciencia social, pero no a través de la filosofía de Hegel, sino por otros caminos. Sin embargo, esta idea, tal como la formularon Marx y Engels, arrancando de Hegel, es mucho más vasta, más rica de contenido que la teoría de la evolución al uso. Es un desarrollo que parece repetir las etapas ya recorridas, pero de otro modo, sobre una base más alta (la "negación de la negación"); un desarrollo que no discurre en línea recta, sino en espiral, por decirlo así; un desarrollo a saltos, a través de catástrofes y de revoluciones, que son otras tantas "interrupciones en el proceso gradual", otras tantas transformaciones de la cantidad en calidad; impulsos internos del desarrollo originados por la contradicción, por el choque de las diversas fuerzas y tendencias que actúan sobre un determinado cuerpo o en los límites de un fenómeno concreto, o en el seno de una sociedad dada; interdependencia e íntima e inseparable concatenación de todos los aspectos de cada fenómeno (con la particularidad de que la historia pone constantemente de manifiesto aspectos nuevos), concatenación que ofrece un proceso único y lógico universal de movimiento: tales son algunos rasgos de la dialéctica, doctrina del desarrollo mucho más compleja y rica que la teoría corriente. (Véase la carta de Marx a Engels del 8 de enero de 1868, donde ridiculiza las "rígidas tricotomías" de Stein, que sería irrisorio confundir con la dialéctica materialista.) La concepción materialista de la historia La conciencia de que el viejo materialismo era una doctrina inconsecuente, incompleta y unilateral llevó a Marx a la convicción de que era necesario "poner en armonía con la base materialista, reconstruyéndola sobre ella, la ciencia de la V. I. Lenin sociedad". Si el materialismo en general explica la conciencia por el ser, y no al contrario, aplicado a la vida social de la humanidad exige que la conciencia social se explique por el ser social. "La tecnología dice Marx (en El Capital, t. I)- descubre la relación activa del hombre respecto a la naturaleza, el proceso inmediato de producción de su vida, y, al mismo tiempo, de las condiciones sociales de su vida y de las representaciones espirituales que de ellas se derivan." En el prólogo a la Contribución a la crítica de la Economía Política, expone Marx una fórmula íntegra de los principios del materialismo aplicados a la sociedad humana y a su historia. Dice así: "En la producción social de su vida, los hombres contraen determinadas relaciones necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a una determinada fase de desarrollo de sus fuerzas productivas materiales. El conjunto de estas relaciones de producción forma la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la que se levanta la superestructura jurídica y política y a la que corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su ser, sino, por contrario, el ser social es lo que determina su conciencia. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad chocan con las relaciones de producción existentes, o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí. De formas de desarrollo de las fuerzas productivas, estas relaciones se convierten en trabas suyas. Y se abre así una época de revolución social. Al cambiar la base económica, se revoluciona, más o menos rápidamente, toda la inmensa superestructura erigida sobre ella. Cuando se estudian esas revoluciones, hay que distinguir siempre entre los cambios materiales ocurridos en las condiciones económicas de producción y que pueden apreciarse con la exactitud propia de las ciencias naturales, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en una palabra, las formas ideológicas en que los hombres adquieren conciencia de este conflicto y luchan por resolverlo. Y del mismo modo que no podemos juzgar a un individuo por lo que él piensa de sí, no podemos juzgar tampoco a estas épocas de revolución por su conciencia, sino que, por el contrario, hay que explicarse esta conciencia por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción"... "A grandes rasgos, podemos designar como otras tantas épocas de progreso, en la formación económica de la sociedad, el modo de producción asiático, el antiguo, el feudal y el Carlos Marx moderno burgués". (Compárese con la concisa fórmula que Marx da en su carta a Engels del 7 de julio de 1866: "Nuestra teoría de la organización del trabajo determinada por los medios de producción"). El descubrimiento de la concepción materialista de la historia, o, mejor dicho, la consecuente aplicación y extensión del materialismo al campo de los fenómenos sociales, acaba con los dos defectos fundamentales de las teorías de la historia anteriores a Marx. En primer lugar, en el mejor de los casos, estas teorías sólo consideraban los móviles ideológicos de la actividad histórica de los hombres, sin investigar el origen de esos móviles, sin percibir las leyes objetivas que rigen el desarrollo del sistema de las relaciones sociales, sin advertir las raíces de estas relaciones en el grado de progreso de la producción material; en segundo lugar, las viejas teorías no abarcaban precisamente las acciones de las masas de la población, mientras que el materialismo histórico permitió por primera vez el estudio, con la exactitud del naturalista, de las condiciones sociales de la vida de las masas y de los cambios experimentados por estas condiciones. La "sociología" y la historiografía anteriores a Marx acumularon en el mejor de los casos, datos no analizados y fragmentarios, y expusieron algunos aspectos del proceso histórico. El marxismo señaló el camino para una investigación universal y completa del proceso de nacimiento, desarrollo y decadencia de las formaciones económico-sociales, examinando el conjunto de todas las tendencias contradictorias y concentrándolas en las condiciones, exactamente determinables, de vida y de producción de las distintas clases de la sociedad, eliminando el subjetivismo y la arbitrariedad en la elección de las diversas ideas "dominantes" o en su interpretación y poniendo al descubierto las raíces de todas las ideas y de todas las diversas tendencias manifestadas en el estado de las fuerzas materiales productivas, sin excepción alguna. Son los hombres los que hacen su propia historia, pero ¿qué determina los móviles de estos hombres, y, más exactamente, de las masas humanas?, ¿a qué se deben los choques de las ideas y aspiraciones contradictorias?, ¿qué representa el conjunto de todos estos choques que se producen en la masa toda de las sociedades humanas?, ¿cuáles son las condiciones objetivas de producción de la vida material que forman la base de toda la actuación histórica de los hombres?, ¿cuál es la ley que preside el desenvolvimiento de estas condiciones? Marx se detuvo en todo esto y trazó el camino del estudio científico de la historia concebida como un proceso único y lógico, pese a toda su imponente complejidad y a todo su carácter contradictorio. La lucha de clases Todo el mundo sabe que en cualquier sociedad las aspiraciones de los unos chocan abiertamente con las 15 aspiraciones de los otros, que la vida social está llena de contradicciones, que la historia nos muestra la lucha entre pueblos y sociedades y en su propio seno; sabe también que se produce una sucesión de períodos de revolución y reacción, de paz y de guerras, de estancamiento y de rápido progreso o decadencia. El marxismo da el hilo conductor que permite descubrir la lógica en este aparente laberinto y caos: la teoría de la lucha de clases. Sólo el estudio del conjunto de las aspiraciones de todos los miembros de una sociedad dada, o de un grupo de sociedades, permite fijar con precisión científica el resultado de estas aspiraciones. Ahora bien, el origen de esas aspiraciones contradictorias son siempre las diferencias de situación y condiciones de vida de las clases en que se divide toda sociedad. "La historia de todas las sociedades que han existido hasta nuestros días -escribe Marx, en el Manifiesto Comunista (exceptuando la historia de la comunidad primitiva, añade más tarde Engels)- es la historia de las luchas de clases. Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales; en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha constante, velada unas veces, y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases beligerantes... La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal, no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas. Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan directamente: la burguesía y el proletariado". Desde la Gran Revolución Francesa, la historia de Europa pone de manifiesto en distintos países con particular evidencia la verdadera causa de los acontecimientos, la lucha de clases. Ya la época de la restauración dio a conocer en Francia algunos historiadores (Thierry, Guizot, Mignet, Thiers) que, al sintetizar los acontecimientos, no pudieron por menos de ver en la lucha de las clases la clave para la comprensión de toda la historia francesa. Y la época contemporánea, la época que señala el triunfo completo de la burguesía y de las instituciones representativas, del sufragio amplio (cuando no universal), de la prensa diaria barata y que llega a las masas, etc., la época de las potentes asociaciones obreras y patronales cada vez más vastas, etc., muestra de un modo todavía más patente (aunque a veces en forma unilateral, "pacífica", "constitucional") que la lucha de clases es el motor de los acontecimientos. El siguiente pasaje del Manifiesto Comunista nos muestra lo que Marx 16 exigía de la sociología para el análisis objetivo de la situación de cada clase en la sociedad moderna, en relación con el análisis de las condiciones de desarrollo de cada clase: "De todas las clases que hoy se enfrentan con la burguesía, sólo el proletariado es una clase verdaderamente revolucionaria. Las demás clases van degenerando y desaparecen con el desarrollo de la gran industria; el proletariado, en cambio, es su producto más peculiar. Las capas medias -el pequeño industrial, el pequeño comerciante, el artesano, el campesino-, todas ellas luchan contra la burguesía para salvar de la ruina su existencia como tales capas medias. No son, pues, revolucionarias, sino conservadoras. Más todavía, son reaccionarias, ya que pretenden volver atrás la rueda de la historia. Son revolucionarias únicamente cuando tienen ante sí la perspectiva de su tránsito inminente al proletariado, defendiendo así no sus intereses presentes, sino sus intereses futuros, cuando abandonan sus propios puntos de vista para adoptar los del proletariado". En bastantes obras históricas (véase Bibliografía), Marx nos ofrece ejemplos profundos y brillantes de historiografía materialista, de análisis de la situación de cada clase concreta y a veces de los diversos grupos o capas que se manifiestan dentro de ella, mostrando hasta la evidencia por qué y cómo "toda lucha de clases es una lucha política". El pasaje que acabamos de citar indica lo intrincada que es la red de relaciones sociales y grados transitorios de una clase a otra, del pasado al porvenir, que Marx analiza para extraer la resultante de la evolución histórica. Donde la teoría de Marx encuentra su confirmación y aplicación más profunda, más completa y más detallada, es en su doctrina económica. La doctrina económica de Marx "El fin que persigue esta obra -dice Marx en su prefacio de El Capital- es descubrir la ley económica del movimiento de la sociedad moderna", es decir, de la sociedad capitalista, de la sociedad burguesa. El estudio de las relaciones de producción de una sociedad históricamente determinada y concreta en su aparición, su desarrollo y su decadencia es lo que compone la doctrina económica de Marx. En la sociedad capitalista impera la producción de mercancías; por eso, el análisis de Marx empieza con el análisis de la mercancía. El valor Mercancía es, en primer lugar, un objeto que satisface una necesidad humana cualquiera. En segundo lugar, un objeto susceptible de ser cambiado por otro. La utilidad de un objeto lo convierte en valor de uso. El valor de cambio (o valor, sencillamente) no es, ante todo, más que la relación o proporción en que se cambia un determinado número V. I. Lenin de valores de uso de una especie por un determinado número de valores de uso de otra especie. La experiencia diaria nos dice que, a través de millones y miles de millones de actos de cambio de esa clase, se equiparan constantemente todo género de valores de uso, aun los más diversos y menos equiparables entre sí. ¿Qué hay de común entre todos estos diversos objetos, qué los hace equivalentes a cada paso, dentro de un determinado sistema de relaciones sociales? Tienen de común el ser productos del trabajo. Al cambiar sus productos, lo que hacen los hombres es establecer relaciones de equivalencia entre las más diversas clases de trabajo. La producción de mercancías es un sistema de relaciones sociales en que los diversos productores crean distintos productos (división social del trabajo) y en que todos estos productos se equiparan los unos a los otros por medio del cambio. Por tanto, lo que todas las mercancías tienen de común no es el trabajo concreto de una determinada rama de producción, no es un trabajo de un género determinado, sino el trabajo humano abstracto, el trabajo humano en general. En una sociedad determinada, toda la fuerza de trabajo, representada por la suma de valores de todas las mercancías, constituye una y la misma fuerza humana de trabajo; así lo patentizan miles de millones de actos de cambio. Por consiguiente, cada mercancía por separado no representa más que una cierta parte del tiempo de trabajo socialmente necesario. La magnitud del valor se determina por la cantidad de trabajo socialmente necesario o por el tiempo de trabajo socialmente necesario para producir determinada mercancía o determinado valor de uso. "Al equiparar sus diversos productos sometidos a cambio, los hombres equiparan sus diversos trabajos como modalidades de trabajo humano. No se dan cuenta, pero lo hacen". El valor es, como ha dicho un viejo economista, una relación entre dos personas. Hubiera debido simplemente añadir: relación encubierta por una envoltura material. Sólo partiendo del sistema de las relaciones sociales de producción de una formación social históricamente dada, relaciones que toman cuerpo en el cambio, fenómeno generalizado que se repite miles de millones de veces, cabe llegar a comprender lo que es el valor. "Como valores, las mercancías no son más que cantidades determinadas de tiempo de trabajo coagulado". Después de analizar en detalle el doble carácter del trabajo encarnado en las mercancías, Marx pasa al análisis de la forma del valor y del dinero. En este punto, la principal tarea que Marx se asigna es buscar el origen de la forma monetaria del valor, estudiar el proceso histórico de desenvolvimiento del cambio, comenzando por las operaciones sueltas y fortuitas de trueque ("forma simple, suelta o casual del valor": determinada cantidad de una mercancía es cambiada por determinada cantidad de otra mercancía) hasta Carlos Marx remontarse a la forma general del valor, en que mercancías diferentes se cambian por otra mercancía determinada y concreta, siempre la misma, y a la forma monetaria, en que la función de esta mercancía, o sea, la función de equivalente general, la ejerce ya el oro. El dinero, producto en que culmina el desarrollo del cambio, y de la producción de mercancías, disimula y encubre el carácter social de los trabajos parciales, la concatenación social existente entre los diversos productores unidos por el mercado. Marx somete las diversas funciones del dinero a un análisis extraordinariamente minucioso, debiendo advertirse, pues tiene gran importancia, que en estas páginas (como en los primeros capítulos de El Capital) la forma abstracta de la exposición, que a veces parece puramente deductiva, reproduce en realidad un gigantesco arsenal de datos sobre la historia del desarrollo del cambio y de la producción de mercancías. "El dinero supone cierto nivel de cambio de mercancías. Las distintas formas del dinero -simple equivalente de mercancías, medio de circulación, medio de pago, tesoro y dinero mundialseñalan, según el distinto alcance y la preponderancia relativa de una de estas funciones, grados muy distintos del proceso social de producción" (El Capital, t. I). La plusvalía Al alcanzar la producción de mercancías un determinado grado de desarrollo, el dinero se convierte en capital. La fórmula de la circulación de mercancías era: M (mercancía) - D (dinero) – M (mercancía), es decir, venta de una mercancía para comprar otra. La fórmula general del capital es, por el contrario, D - M - D, es decir, compra para la venta (con ganancia). El crecimiento del valor primitivo del dinero que se lanza a la circulación es lo que Marx llama plusvalía. Ese "acrecentamiento" del dinero lanzado a la circulación capitalista es un hecho conocido de todo el mundo. Y precisamente ese "acrecentamiento" es lo que convierte el dinero en capital, o sea, en una relación social de producción históricamente determinada. La plusvalía no puede provenir de la circulación de mercancías, pues ésta sólo conoce el intercambio de equivalentes; tampoco puede provenir de un aumento de los precios, pues las pérdidas y las ganancias recíprocas de vendedores y compradores se equilibrarían; se trata de un fenómeno social medio, generalizado, y no de un fenómeno individual. Para obtener la plusvalía, "el poseedor de dinero necesita encontrar en el mercado una mercancía cuyo valor de uso posea la singular propiedad de ser fuente de valor", una mercancía cuyo proceso de consumo sea, a la par, proceso de creación de valor. Y esta mercancía existe: es la fuerza del trabajo del hombre. Su uso es el trabajo, y el trabajo crea valor. El poseedor de dinero compra la fuerza de trabajo por su valor, 17 determinado, como el de cualquier otra mercancía, por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción (es decir, por el coste del mantenimiento del obrero y su familia). Una vez ha comprado la fuerza de trabajo, el poseedor del dinero tiene el derecho de consumirla, es decir, de obligarla a trabajar durante un día entero, supongamos que durante doce horas. Pero el obrero crea en seis horas (tiempo de trabajo "necesario") un producto que basta para su mantenimiento; durante las seis horas restantes (tiempo de trabajo "suplementario") engendra un "plusproducto" no retribuido por el capitalista, que es la plusvalía. Por consiguiente, desde el punto de vista del proceso de producción, en el capital hay que distinguir dos partes: el capital constante, invertido en medios de producción (máquinas, instrumentos de trabajo, materias primas, etc.) -y cuyo valor pasa sin cambios (de una vez o en parte) al producto elaborado-, y el capital variable, que es el que se invierte en pagar la fuerza de trabajo. El valor de este capital no permanece inalterable, sino que aumenta en el proceso del trabajo, al crear la plusvalía. Por tanto, para expresar el grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital tenemos que comparar la plusvalía no con el capital total, sino con el capital variable exclusivamente. La cuota de plusvalía, que así llama Marx a esta relación, sería, pues, en nuestro ejemplo, de 6:6, es decir, del 100%. Es premisa histórica para la aparición del capital, primero, la acumulación de determinada suma de dinero en manos de ciertas personas, con un nivel de desarrollo relativamente alto de la producción mercantil en general; y, segundo, la existencia de obreros "libres" en un doble sentido -libres de todas las trabas o restricciones puestas a la venta de la fuerza de trabajo y libres por carecer de tierra y de toda clase de medios de producción-, de obreros sin hacienda alguna, de obreros "proletarios" que no pueden subsistir más que vendiendo su fuerza de trabajo. Hay dos modos fundamentales de aumentar la plusvalía: prolongando la jornada de trabajo ("plusvalía absoluta") y reduciendo el tiempo de trabajo necesario ("plusvalía relativa"), Al analizar el primer modo, Marx hace desfilar ante nosotros el grandioso panorama de la lucha de la clase obrera para reducir la jornada de trabajo y de la intervención del poder público, primero para prolongarla (siglos XIV-XVII) y luego para reducirla (legislación fabril del siglo XIX). La historia del movimiento obrero en todos los países civilizados ha proporcionado, desde la aparición de El Capital, miles y miles de nuevos datos que ilustran este panorama. En su análisis de la producción de la plusvalía relativa, Marx investiga las tres etapas históricas fundamentales en el proceso de intensificación de la productividad del trabajo por el capitalismo: 1) la 18 cooperación simple; 2) la división del trabajo y la manufactura; 3) las máquinas y la gran industria. Con qué profundidad pone Marx de relieve los rasgos fundamentales y típicos del desarrollo del capitalismo nos lo dice, entre otras cosas, el hecho de que el estudio de la llamada industria de los "oficios" rusa ha aportado abundantísimos materiales para ilustrar las dos primeras etapas de las tres señaladas. En cuanto a la acción revolucionadora de la gran industria mecanizada, descrita por Marx en 1867, en el medio siglo transcurrido desde entonces ha venido a revelarse en toda una serie de países "nuevos" (Rusia, el Japón, etc.). Continuemos. Importante en el más alto grado y nuevo en Marx es el análisis de la acumulación del capital, es decir, de la transformación en capital de una parte de la plusvalía y de su empleo no para satisfacer las necesidades personales o los caprichos del capitalista, sino para volver a producir. Marx hace ver el error de toda la economía política clásica anterior (desde Adam Smith) al entender que toda la plusvalía que se convertía en capital pasaba a formar parte del capital variable, cuando en realidad se descompone en medios de producción más capital variable. Tiene excepcional importancia en el proceso de desarrollo del capitalismo y de su transformación en socialismo el crecimiento más rápido de la parte del capital constante (en la suma total del capital) con relación a la parte del capital variable. Al acelerar el desplazamiento de los obreros por la maquinaria, produciendo en uno de los polos riquezas y en el otro polo miseria, la acumulación del capital origina también el llamado "ejército de reserva del trabajo", el "excedente relativo" de obreros o "superpoblación capitalista", que reviste formas extraordinariamente diversas y permite al capital ampliar con singular rapidez la producción. Esta posibilidad, combinada con el crédito y la acumulación de capital en medios de producción, nos da, entre otras cosas, la clave para comprender las crisis de superproducción, que se suceden periódicamente en los países capitalistas, primero cada diez años, poco más o menos, y luego con intervalos mayores y menos precisos. De la acumulación del capital sobre la base del capitalismo hay que distinguir la llamada acumulación primitiva, cuando se desposee violentamente al trabajador de sus medios de producción, se expulsa al campesino de su tierra, se roban los terrenos comunales y rigen el sistema colonial y el sistema de las deudas públicas, de los aranceles aduaneros, proteccionistas, etc. La "acumulación primitiva" crea en un polo el proletario "libre", y en el polo contrario el poseedor del dinero, el capitalista. Marx caracteriza en los célebres términos siguientes la "tendencia histórica de la acumulación capitalista": "La expropiación de los productores V. I. Lenin directos se lleva a cabo con el más despiadado vandalismo y con el acicate de las pasiones más infames, más ruines y más mezquinas y odiosas. La propiedad privada, ganada con el trabajo personal" (del campesino y del artesano) "y que el individuo libre ha creado identificándose en cierto modo con los instrumentos y las condiciones de su trabajo, cede el sitio a la propiedad privada capitalista, que descansa en la explotación del trabajo ajeno y que no tiene más que una apariencia de libertad... Ahora no se trata ya de expropiar al obrero que explota él mismo su hacienda, sino al capitalista, que explota a muchos obreros. Esa expropiación se opera por el juego de las leyes inmanentes de la propia producción capitalista, por la centralización de capitales. Un capitalista mata a muchos otros. Y a la par con esta centralización o expropiación de muchos capitalistas por unos cuantos, se desarrolla, en escala cada vez mayor y más amplia, la forma cooperativa del proceso del trabajo, se desarrolla la aplicación consciente de la ciencia a la técnica, la explotación sistemática del suelo, la transformación de los medios de trabajo en unos medios que no pueden utilizarse más que en común, las economías de todos los medios de producción mediante su utilización como medios de producción de un trabajo social combinado, la incorporación de todos los pueblos a la red del mercado mundial, y, junto a ello, el carácter internacional del régimen capitalista. A medida que disminuye constantemente el número de los magnates del capital, que usurpan y monopolizan todas las ventajas de este proceso de transformación, aumenta en su conjunto la miseria, la opresión, la esclavitud, la degeneración, la explotación; pero también aumenta, al propio tiempo, la rebeldía de la clase obrera, que es instruida, unida y organizada por el mecanismo del propio proceso de producción capitalista. El monopolio del capital se convierte en grillete del modo de producción que se había desarrollado con él y gracias a él. La centralización de los medios de producción y la socialización del trabajo llegan a un punto en que se hacen incompatibles con su envoltura capitalista, que termina por estallar. Suena la última hora de la propiedad privada capitalista. Los expropiadores son expropiados" (El Capital. t. I). Otro punto extraordinariamente importante y nuevo es el análisis que Marx hace de la reproducción del capital social tomado en su conjunto, en el tomo II de El Capital. También en este caso, Marx toma un fenómeno general, y no individual; toma toda la economía social en su conjunto, y no una fracción de ella. Rectificando el error de los clásicos a que nos referíamos más arriba, Marx divide toda la producción social en dos grandes secciones: I) producción de medios de producción y II) producción de artículos de consumo. Y con el apoyo de cifras, estudia detalladamente la circulación Carlos Marx del capital social en su conjunto, tanto en la reproducción simple, como en la acumulación. En el tomo III de El Capital, se resuelve, sobre la base de la ley del valor, el problema de la formación de la cuota media de ganancia. Es un gran progreso en la ciencia económica el que Marx parta siempre, en sus investigaciones, de los fenómenos económicos generales, del conjunto de la economía social, y no de casos sueltos o de las manifestaciones superficiales de la competencia, a los que suele limitarse la economía política vulgar o la moderna "teoría de la utilidad límite"9. Marx analiza primero el origen de la plusvalía y luego pasa ya a su descomposición en ganancia, interés y renta del suelo. La ganancia es la relación que guarda la plusvalía con todo el capital invertido en una empresa. El capital de "alta composición orgánica" (es decir, en el que el capital constante predomina sobre el capital variable en proporciones superiores a la media social) da una cuota de ganancia inferior a la media. El capital de "baja composición orgánica" rinde una cuota de ganancia superior a la media. La competencia entre los capitales, su paso libre de unas ramas de producción a otras, reducen en ambos casos a la media la cuota de ganancia. La suma de los valores de todas las mercancías de una sociedad determinada coincide con la suma de precios de estas mercancías, pero en las distintas empresas y en las distintas ramas de producción las mercancías, bajo la presión de la competencia, no se venden por su valor, sino por el precio de producción, que equivale al capital invertido más la ganancia media. Así, pues, un hecho conocido de todos e indiscutible -que los precios difieren de los valores y las ganancias se compensan unas con otras-, Marx lo explica perfectamente partiendo de la ley del valor, pues la suma de los valores de todas las mercancías coincide con la suma de sus precios. Pero la reducción del valor (social) a los precios (individuales) no es una operación simple y directa, sino que sigue un camino muy complicado: es perfectamente lógico que en una sociedad de productores de mercancías dispersos, ligados únicamente por el mercado, las leyes que rigen esa sociedad se manifiesten forzosamente a través de resultados medios, sociales, generales, con una compensación recíproca de las desviaciones individuales en uno u otro sentido. La elevación de la productividad del trabajo significa un crecimiento más rápido del capital constante con relación al capital variable. Pero, como la plusvalía es función privativa de éste, se 9 Teoría de la utilidad límite fue elaborada por el economista burgués austríaco Bohm-Bawerk en oposición a la teoría del valor de Marx. Böhm-Bawerk determina el valor de las mercancías en dependencia de su utilidad para los hombres y no en dependencia de la cantidad de trabajo socialmente necesario invertido en su producción. 19 comprende que la cuota de ganancia (o sea, la relación que la plusvalía guarda con todo el capital, y no con su parte variable solamente) acuse una tendencia a la baja. Marx analiza detenidamente esta tendencia, así como las diversas circunstancias que la ocultan o la contrarrestan. Sin detenernos a exponer los capítulos, extraordinariamente interesantes, del tomo III, que tratan del capital usurario, comercial y en dinero, pasamos a lo esencial, a la teoría de la renta del suelo. Teniendo en cuenta que la superficie del suelo está limitada, puesto que en los países capitalistas lo ocupan enteramente propiedades particulares, el coste de los productos de la tierra no lo determinan los gastos de producción en los terrenos de calidad media, sino en los de calidad inferior; no lo determinan las condiciones medias en que el producto se lleva al mercado, sino las condiciones peores. La diferencia existente entre este precio y el precio de producción en terrenos mejores (o en condiciones mejores) constituye la renta diferencial. Marx analiza en detalle la renta diferencial, demostrando que proviene de la diferencia de fertilidad de los distintos campos, de la diferencia de los capitales invertidos en el cultivo, poniendo totalmente de relieve (véase también las Teorías de la plusvalía, donde merece especial atención la crítica de Rodbertus) el error de Ricardo, de que la renta diferencial no se obtiene más que por el paso sucesivo de terrenos mejores a otros de calidad inferior. Por el contrario, se dan también casos inversos: los terrenos de una clase determinada se transforman en tierras de otra clase (gracias a los progresos de la técnica agrícola, a la expansión de las ciudades, etc.), y la decantada "ley del rendimiento decreciente del suelo" es un profundo error, que carga sobre la naturaleza los defectos, las limitaciones y las contradicciones del capitalismo. Además, la igualdad de ganancias en todas las ramas de la industria y de la economía nacional en general, supone completa libertad de competencia, la libertad de transferir los capitales de una rama de la producción a otra. Pero la propiedad privada del suelo crea un monopolio, que es un obstáculo para esa transferencia libre. En virtud de este monopolio, los productos de una agricultura que se distingue por una baja composición del capital y, consiguientemente, da una cuota de ganancia individual más alta, no entran en el juego totalmente libre de igualación de las cuotas de ganancia. El propietario agrícola puede, en calidad de monopolista, mantener sus precios por encima del medio; este precio de monopolio origina la renta absoluta. La renta diferencial no puede ser abolida dentro del capitalismo; en cambio, la renta absoluta puede serlo, por ejemplo, con la nacionalización de la tierra, cuando ésta se hace propiedad del Estado. Esta medida significaría el quebrantamiento del monopolio de los propietarios agrícolas, una 20 aplicación más consecuente y más completa de la libertad de competencia en la agricultura. Por eso, advierte Marx, los burgueses radicales han formulado repetidas veces a lo largo de la historia esta reivindicación burguesa progresiva de nacionalización de la tierra, que, sin embargo, asusta a la mayoría de los burgueses, porque "toca" demasiado cerca a otro monopolio mucho más importante y "sensible" en nuestros días: el monopolio de los medios de producción en general. (Marx expone en un lenguaje extraordinariamente popular, conciso y claro su teoría de la ganancia media sobre el capital y de la renta absoluta del suelo, en su carta a Engels del 2 de agosto de 1862. Véase Correspondencia, t. III, págs. 77-81. Véase también, en la misma obra, págs. 86-87, la carta del 9 de agosto de 1862.) En la historia de la renta del suelo es también importante señalar el análisis en que Marx demuestra la transformación de la renta de trabajo (cuando el campesino crea el plusproducto trabajando en la tierra del amo) en renta natural o renta en especie (cuando el campesino crea el plusproducto en su propia tierra, entregándolo luego al amo por el imperio de la "coerción extraeconómica), después en renta en dinero (que es la misma renta en especie, sólo que redimida a metálico, el "obrok" de la antigua Rusia, en virtud del desarrollo de la producción de mercancías) y, por último, en renta capitalista, en que el campesino deja el puesto al patrono, que cultiva la tierra con ayuda del trabajo asalariado. En relación con este análisis de la "génesis de la renta capitalista del suelo", hay que señalar una serie de profundas ideas de Marx (de particular importancia para los países atrasados como Rusia) acerca de la evolución del capitalismo en la agricultura. "La transformación de la renta natural en renta en dinero no sólo es acompañada invariablemente por la formación de la clase de jornaleros pobres, que se contratan por dinero: ésta la precede incluso. En el curso del período de su formación, cuando esta nueva clase aparece sólo esporádicamente, entre los campesinos más acomodados, obligados a pagar el censo, va extendiéndose, como es lógico, la costumbre de explotar por su cuenta a obreros asalariados rurales, del mismo modo que ya bajo el feudalismo los siervos de la gleba acomodados tenían a su vez siervos a su servicio. De esta manera, se va formando en ellos, poco a poco, la posibilidad de acumular cierta fortuna y de transformarse en futuros capitalistas. Entre los cultivadores antiguos de tierra propia surge de ese modo un foco de arrendatarios capitalistas, cuyo desarrollo depende del desarrollo general de la producción capitalista fuera de la agricultura". (El Capital, t. III, pág. 332)... "La expropiación y la expulsión de la aldea de una parte de la población campesina, no sólo "liberan" para el capital industrial a los obreros, sus medios de vida y V. I. Lenin sus instrumentos de trabajo, sino que le crean también el mercado interior" (El Capital, t. I, pág. 778). La depauperación y la ruina de la población campesina influyen, a su vez, en la formación del ejército de reserva del trabajo para el capital. En todo país capitalista, "una parte de la población campesina se encuentra constantemente en trance de transformarse en población urbana o manufacturera (es decir, no agrícola). Esta fuente de superpoblación relativa corre sin cesar... El obrero del campo se ve, por consiguiente, reducido al salario mínimo y tiene siempre un pie en el pantano del pauperismo" (El Capital, t. I, pág. 668). La propiedad privada del campesino sobre la tierra que cultiva es la base de la pequeña producción y la condición de su florecimiento y su desarrollo en la forma clásica. Pero esa pequeña producción sólo es compatible con un marco estrecho, primitivo, de la producción y de la sociedad. Bajo el capitalismo, "la explotación de los campesinos se distingue de la explotación del proletariado industrial sólo por la forma. El explotador es el mismo: el capital. Indudablemente, los capitalistas explotan a los campesinos por medio de la hipoteca y de la usura; la clase capitalista explota a la clase campesina por medio de los impuestos del Estado" (Las luchas de clases en Francia). "La parcela del campesino sólo es ya el pretexto que permite al capitalista sacar de la tierra ganancia, intereses y renta, dejando al agricultor que se las arregle para sacar como pueda su salario" (El 18 Brumario). Ordinariamente, el campesino cede incluso a la sociedad capitalista, es decir, a la clase capitalista, una parte de su salario, descendiendo "al nivel del colono irlandés, y todo bajo el aspecto de propietario privado" (Las luchas de clases en Francia). ¿Cuál es "una de las causas de que en países donde predomina la propiedad parcelaria, el precio del trigo esté más bajo que en los países donde hay modo capitalista de producción"? (El Capital, t. III, pág. 340). La causa es que el campesino entrega gratuitamente a la sociedad (es decir, a la clase capitalista) una parte del plusproducto. "Estos bajos precios (del trigo y de los demás productos agrícolas) son, por tanto, consecuencia de la pobreza de los productores y en ningún caso resultado de la productividad de su trabajo" (El Capital, t. III, pág. 340). Con el capitalismo, la pequeña propiedad agraria, forma normal de la pequeña producción, se va degradando, es destruida y desaparece. "La propiedad parcelaria es, por naturaleza, incompatible con el desarrollo de las fuerzas productivas sociales del trabajo, con las formas sociales del trabajo, con la concentración social de los capitales, con la ganadería en gran escala y con la utilización progresiva de la ciencia. La usura y el sistema fiscal tienen necesariamente que arruinarla en todas partes. El capital invertido en la compra de la tierra es capital sustraído al cultivo. Dispersión infinita de los Carlos Marx medios de producción y diseminación de los productores mismos". (Las cooperativas, es decir, las asociaciones de pequeños campesinos, cumplen un extraordinario papel progresivo burgués, pero no pueden sino atenuar esta tendencia, sin llegar a suprimirla; además, no debe olvidarse que estas cooperativas muy convenientes para los campesinos acomodados, dan muy poco, casi nada, a la masa de los campesinos pobres, y que esas asociaciones terminan por explotar ellas mismas el trabajo asalariado). "Inmenso derroche de energía humana. El empeoramiento progresivo de las condiciones de producción y el encarecimiento de los medios de producción son ley de la propiedad parcelaria". En la agricultura, lo mismo que en la industria, la transformación capitalista del régimen de producción se produce al precio del "martirologio de los productores". "La diseminación de los obreros del campo en grandes extensiones quebranta su fuerza de resistencia, mientras que la concentración de los obreros de la ciudad la aumenta. Lo mismo que en la industria moderna, en la agricultura moderna, capitalista, el aumento de la fuerza productiva del trabajo y su mayor movilidad se consiguen a costa de destruir y agotar la propia fuerza de trabajo. Fuera de ello, todo progreso de la agricultura capitalista no es sólo un progreso del arte de esquilmar al obrero, sino también del arte de esquilmar el suelo... Por lo tanto, la producción capitalista no desarrolla la técnica y la combinación del proceso social de producción más que socavando a la vez las fuentes de toda riqueza: la tierra y el obrero" (El Capital, t. I, final del capítulo 13). El socialismo Por lo expuesto, se ve cómo Marx llega a la conclusión de que es inevitable la transformación de la sociedad capitalista en socialista, apoyándose única y exclusivamente en la ley económica del movimiento de la sociedad moderna. La socialización del trabajo, que avanza cada vez más de prisa bajo miles de formas, y que en el medio siglo transcurrido desde la muerte de Marx se manifiesta de un modo muy tangible en el incremento de la gran producción, de los cartels, los sindicatos y los trusts capitalistas, y en el gigantesco crecimiento del volumen y la potencia del capital financiero, es la base material más importante del ineluctable advenimiento del socialismo. El motor intelectual y moral, el agente físico de esta transformación es el proletariado, educado por el propio capitalismo. Su lucha con la burguesía, que se manifiesta en las formas más diversas y cada vez más ricas de contenido, llega a convertirse inevitablemente en lucha política para la conquista del poder político por el proletariado ("dictadura del proletariado"). La socialización de la producción no puede por menos de conducir a la conversión de los medios de 21 producción en propiedad social, a la "expropiación de los expropiadores". La elevación gigantesca de la productividad del trabajo, la reducción de la jornada de trabajo y la sustitución de los vestigios, de las ruinas de la pequeña explotación, primitiva y diseminada, por el trabajo colectivo perfeccionado son las consecuencias directas de esa conversión. El capitalismo rompe definitivamente los vínculos de la agricultura con la industria, pero, al mismo tiempo, con la culminación de su desarrollo, prepara nuevos elementos de esos vínculos, de la unión de la industria con la agricultura, sobre la base de la aplicación consciente de la ciencia y de la combinación del trabajo colectivo y de un nuevo reparto territorial de la población (poniendo fin al abandono del campo, a su aislamiento del mundo y al atraso de la población campesina, así como a la antinatural aglomeración de masas gigantescas en las grandes ciudades). Las formas superiores del capitalismo moderno preparan una nueva forma de familia, nuevas condiciones para la mujer y para la educación de las nuevas generaciones: el trabajo de la mujer y del niño y la disgregación de la familia patriarcal por el capitalismo revisten inevitablemente en la sociedad moderna las formas más horribles, más miserables y más repulsivas. No obstante, "la gran industria, al asignar a la mujer, a los jóvenes y a los niños de ambos sexos un papel decisivo en el proceso socialmente organizado de producción, al margen de la esfera doméstica, crea la base económica para una forma más alta de familia y de relaciones entre ambos sexos. Sería igualmente absurdo, se comprende, ver el tipo absoluto de la familia en la forma cristiano-germánica o en las antiguas formas romana y griega o la oriental, que, por lo demás, constituyen en su conjunto una sola línea de desarrollo histórico. Evidentemente, la combinación del personal obrero formado por individuos de ambos sexos y de todas las edades -que en su forma primaria, brutal, capitalista, en que el obrero existe para el proceso de producción y no el proceso de producción para el obrero, es una fuente pestilente de ruina y esclavitud-, en condiciones adecuadas debe convertirse inevitablemente, al contrario, en fuente del progreso humano" (El Capital, t. I, final del capítulo 13). El sistema fabril nos muestra "el germen de la educación de épocas futuras, en que para todos los niños, a partir de cierta edad, se unirá el trabajo productivo a la enseñanza y a la gimnasia, no sólo como método para el aumento de la producción social, sino como el único método capaz de producir hombres desarrollados en todos los aspectos" (lugar citado). Sobre esa misma base histórica plantea el socialismo de Marx los problemas de la nacionalidad y del Estado, no limitándose a explicar el pasado, sino en el sentido de prever sin temor el porvenir y de una atrevida actuación práctica para su realización. Las naciones V. I. Lenin 22 son un producto inevitable y una forma inevitable de la época burguesa de desarrollo de la sociedad. Y la clase obrera no podía fortalecerse, madurar y formarse, sin "organizarse en los límites de la nación", sin ser "nacional" ("aunque de ninguna manera en el sentido burgués"). Pero el desenvolvimiento del capitalismo va destruyendo cada vez más barreras nacionales, acaba con el aislamiento nacional y sustituye los antagonismos nacionales por antagonismos de clase. Por eso, es una verdad innegable que en los países de capitalismo avanzado "los obreros no tienen patria" y que la "acción común" de los obreros, al menos en los países civilizados, "es una de las primeras condiciones de su emancipación" (Manifiesto Comunista). El Estado, la violencia organizada, surgió como algo inevitable en una determinada fase de desenvolvimiento de la sociedad, cuando ésta, dividida en clases irreconciliables, no hubiera podido seguir existiendo sin un "poder" colocado aparentemente por encima de ella y diferenciado, hasta cierto punto, de ella. El Estado, fruto de los antagonismos de clase, se convierte en un "Estado de la clase más poderosa, de la clase económicamente dominante, que, con ayuda de él, se convierte también en la clase políticamente dominante, adquiriendo con ello nuevos medios para la represión y la explotación de la clase oprimida. Así, el Estado antiguo era, ante todo, el Estado de los esclavistas para tener sometidos a los esclavos; el Estado feudal era el órgano de que se valía la nobleza para tener sujetos a los campesinos siervos, y el moderno Estado representativo es el instrumento de que se sirve el capital para explotar el trabajo asalariado" (Engels, El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, obra en que el autor expone sus ideas y las de Marx). Incluso la forma más libre y más progresiva del Estado burgués, la república democrática, no elimina, ni mucho menos, este hecho; lo único que hace es variar su forma (vínculos del gobierno con la Bolsa, corrupción -directa e indirecta- de los funcionarios y de la prensa, etc.). El socialismo, que conduce a la supresión de las clases, conduce de este modo a la abolición del Estado. "El primer acto -escribe Engels en su Anti-Dühring- en que el Estado actúa efectivamente como representante de toda la sociedad -la expropiación de los medios de producción en nombre de toda la sociedad- es a la par su último acto independiente como Estado. La intervención del poder del Estado en las relaciones sociales se hará superflua en un campo tras otro de la vida social y se adormecerá por sí misma. El gobierno de las personas es sustituido por la administración de las cosas y la dirección del proceso de producción. El Estado no será "abolido, se extinguirá". "La sociedad, reorganizando de un modo nuevo la producción sobre la base de una asociación libre de productores iguales, enviará toda la máquina del Estado al lugar que entonces le ha de corresponder: al museo de las antigüedades, junto a la rueca y al hacha de bronce" (Engels. El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado). Finalmente, en lo que se refiere a la actitud que el socialismo de Marx adopta con respecto a los pequeños campesinos, que subsistirán en la época de la expropiación de los expropiadores, es necesario señalar un pasaje de Engels, en que se recogen las ideas de Marx: "Cuando estemos en posesión del poder del Estado, no podremos pensar en expropiar violentamente a los pequeños campesinos (sea con indemnización o sin ella) como nos veremos obligados a hacerlo con los grandes terratenientes. Nuestra misión respecto a los pequeños campesinos consistirá ante todo en encauzar su producción individual y su propiedad privada hacia un régimen cooperativo, no por la fuerza, sino por el ejemplo, y brindando la ayuda social para este fin. Y aquí tendremos, ciertamente, medios sobrados para presentar al pequeño campesino la perspectiva de ventajas que ya hoy tienen que serle mostradas" (Engels. El problema campesino en Francia y en Alemania, ed. Alexéieva, pág. 17; la trad. rusa contiene errores. Véase el original en Die -eue Zeit10). La táctica de la lucha de clase del proletariado Después de poner al descubierto, ya en 18441845, uno de los defectos fundamentales del antiguo materialismo, consistente en que no comprendía las condiciones ni apreciaba la importancia de la acción revolucionaría práctica, Marx consagra durante toda su vida, paralelamente a los problemas teóricos, una intensa atención a las cuestiones de táctica de la lucha de clase del proletariado. Todas las obras de Marx, y en particular los cuatro volúmenes de su correspondencia con Engels, publicados en 1913, nos ofrecen a este respecto una documentación valiosísima. Esta correspondencia está todavía muy lejos de haber sido debidamente clasificada, sistematizada, estudiada y ordenada. Por eso, hemos de limitarnos forzosamente aquí a las observaciones más generales y más breves, subrayando que, para 10 "Die -eue Zeit" ("Tiempos Nuevos"): revista teórica de la socialdemocracia alemana; se editó en Stuttgart de 1883 a 1923. Hasta 1917 fue redactada por C. Kautsky, y después por G. Cunow. De 1885 a 1895 publicó Die -eue Zeit varios artículos de C. Marx y F. Engels. Este aconsejó constantemente a la Redacción de la revista y la criticó con todo rigor por sus desviaciones del marxismo. La revista publicó también artículos de F. Mehring, P. Lafargue y otros dirigentes del movimiento obrero internacional. A partir de la segunda mitad de la década del 90, después de la muerte de F. Engels, la revista se convirtió en portavoz de las ideas oportunistas, insertando periódicamente artículos de los revisionistas. Durante la primera guerra mundial (1914-1918) ocupó una posición centrista, apoyando, de hecho, a los socialchovinistas. 23 Carlos Marx Marx, el materialismo despojado de este aspecto era, y con razón, un materialismo a medias, unilateral, sin vida. Marx determinó la tarea esencial de la táctica del proletariado en su rigurosa correspondencia con todas las premisas de su concepción materialista y dialéctica del mundo. Sólo considerando objetivamente el conjunto de las relaciones mutuas de todas las clases, sin excepción, que forman una sociedad dada, y considerando, por tanto, el grado objetivo de desarrollo de esta sociedad y sus relaciones con otras sociedades, podemos tener una base que nos permita trazar la táctica acertada de la clase de vanguardia. A este respecto, todas las clases y todos los países no son estudiados de un modo estático, sino dinámico, es decir, no en estado de inmovilidad, sino en movimiento (movimiento cuyas leyes emanan de las condiciones económicas de vida de cada clase). El movimiento es a su vez enfocado no solamente desde el punto de vista del pasado, sino también del porvenir, y, además, no con el criterio vulgar de los "evolucionistas", que no perciben más que cambios lentos, sino dialécticamente: "En los grandes procesos históricos, veinte años son igual a un día -escribía Marx a Engels-, si bien luego pueden venir días en que se condensen veinte años" (Correspondencia, t. III, pág. 127)11. La táctica del proletariado debe tener en cuenta, en cada grado de su desarrollo, en cada momento, esta dialéctica objetivamente inevitable de la historia humana; de una parte, utilizando las épocas de estancamiento político o de la llamada evolución "pacífica", que marcha a paso de tortuga, para desarrollar la conciencia, la fuerza y la capacidad combativa de la clase avanzada; y de otra parte, encauzando toda esta labor de utilización hacia la "meta final" del movimiento de esta clase, capacitándola para resolver prácticamente las grandes tareas al llegar los grandes días "en que se condensen veinte años". Dos consideraciones de Marx tienen en este punto particular importancia: una, de la Miseria de la Filosofía, se refiere a la lucha económica y a las organizaciones económicas del proletariado; la otra pertenece al Manifiesto Comunista y se refiere a sus tareas políticas. El primer pasaje dice así: "La gran industria concentra en un solo lugar una multitud de personas, desconocidas las unas de las otras. La competencia divide sus intereses. Pero la defensa de los salarios, este interés común frente a su patrono, los une en una idea común de resistencia, de coalición... Las coaliciones, al principio aisladas, se constituyen en grupos y, enfrente del capital siempre unido, el mantener la asociación viene a ser para ellos más importante que la defensa de los salarios... En esta lucha -verdadera guerra civil- se van uniendo y desarrollando todos los elementos necesarios para 11 Véase la carta de C. Marx a F. Engels del 9 de abril de 1863. la batalla futura. Al llegar a este punto, la coalición adquiere un carácter político". Ante nosotros tenemos el programa y la táctica de la lucha económica y del movimiento sindical de varios decenios, de toda la larga época durante la cual el proletariado prepara sus fuerzas "para la batalla futura". Hace falta comparar esto con los numerosos ejemplos de Marx y Engels, sacados del movimiento obrero inglés, de cómo la "prosperidad" industrial suscita tentativas de "comprar a los obreros" (Correspondencia con Engels, I, 136)12 y de apartarlos de la lucha; de cómo esta prosperidad en general "desmoraliza a los obreros" (II, 218); de cómo el proletariado inglés "se aburguesa"; de cómo "la nación más burguesa de todas" (Inglaterra) "parece que quisiera llegar a tener junto a la burguesía una aristocracia burguesa y un proletariado burgués (II, 290)13; de cómo desaparece en él la "energía revolucionaria" (III, 124); de cómo habrá que esperar más o menos tiempo hasta que "los obreros ingleses se desembaracen de su aparente contaminación burguesa" (III, 127); de cómo al movimiento obrero inglés le falta "el ardor de los cartistas" (1886; III, 305)14; de cómo los líderes de los obreros ingleses se transforman en un tipo intermedio "entre el burgués radical y el obrero" (dicho refiriéndose a Holyoake, IV, 209); de cómo, en virtud del monopolio de Inglaterra y mientras ese monopolio subsista, "no habrá nada que hacer con el obrero inglés" (IV, 433)15. La táctica de la lucha económica en relación con la marcha general (y con el resultado) del movimiento obrero, se examina aquí desde un punto de vista admirablemente amplio, universal, dialéctico, verdaderamente revolucionario. El Manifiesto Comunista establece el siguiente principio del marxismo, como postulado de táctica de la lucha política: "Los comunistas luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera; pero, al mismo tiempo, defienden también, dentro del movimiento actual, el porvenir de este movimiento". Por eso, Marx apoyó en 1848, en Polonia, al partido de la "revolución agraria", "el partido que hizo en 1846 la insurrección de Cracovia". En Alemania, Marx apoyó en 1848 y 1849 a la democracia revolucionaria extrema, sin que jamás se retractara de lo que entonces dijo sobre táctica. Para él, la burguesía alemana era un elemento "inclinado desde el primer instante a traicionar al pueblo" (sólo la alianza con los campesinos hubiera puesto a la burguesía en condiciones de alcanzar 12 Véase la carta de F. Engels a C. Marx del 5 de febrero de 1851. 13 Véanse las cartas de F. Engels a C. Marx del 17 de diciembre de 1857 y del 7 de octubre de 1858. 14 Véanse la carta de F. Engels a C. Marx del 8 de abril de 1863, así como las cartas de C. Marx a F. Engels del 9 de abril de 1863 y del 2 de abril de 1866. 15 Véanse las cartas de F. Engels a C. Marx del 19 de noviembre de 1869 y del 11 de julio de 1881. V. I. Lenin 24 enteramente sus objetivos) "y a pactar un compromiso con los representantes coronados de la vieja sociedad". He aquí el análisis final de Marx acerca de la posición de clase de la burguesía alemana en la época de la revolución democráticoburguesa. Este análisis es, entre otras cosas, un modelo del materialismo que considera a la sociedad en movimiento y, por cierto, no toma solamente el lado del movimiento que mira hacia atrás:... "sin fe en sí misma y sin fe en el pueblo; gruñendo contra los de arriba y temblando ante los de abajo;... empavorecida ante la tormenta mundial; jamás con energía y siempre con plagio;... sin iniciativa;... un viejo maldito condenado, en su propio interés senil, a guiar los primeros impulsos juveniles de un pueblo robusto"... (-ueva Gaceta del Rin, 1848, véase Herencia literaria, t. III, pág. 212)16. Unos veinte años más tarde, Marx decía en una carta a Engels (III, 224) que la causa del fracaso de la revolución de 1848 fue que la burguesía había preferido la paz en la esclavitud a la sola perspectiva de lucha por la libertad. Al terminar la época revolucionaria de 1848-1849, se levantó contra los que se obstinaban en seguir jugando a la revolución (lucha contra Schapper y Willich), sosteniendo que era necesario saber trabajar en la época nueva, en la fase que iba a preparar, bajo una "paz" aparente, nuevas revoluciones. La siguiente apreciación de la situación de Alemania en los tiempos de la más negra reacción, en el año 1856, muestra en qué sentido pedía Marx que se encauzase esta labor: "En Alemania todo dependerá de la posibilidad de respaldar la revolución proletaria con alguna segunda edición de la guerra campesina" (Correspondencia con Engels, II, 108)17. Mientras en Alemania no estuvo terminada la revolución democrática (burguesa), Marx concentró toda la atención, en lo que se refiere a la táctica del proletariado socialista, en impulsar la energía democrática de los campesinos. Opinaba que la actitud de Lassalle era, "objetivamente, una traición al movimiento obrero en beneficio de Prusia" (III, 210), entre otras cosas porque se mostraba demasiado complaciente con los terratenientes y el nacionalismo prusiano. "En un país agrario -escribía Engels en 1865, en un cambio de impresiones con Marx a propósito de una proyectada declaración común para la prensa-, es una bajeza alzarse exclusivamente contra la burguesía en nombre del proletariado industrial, sin mencionar para nada la patriarcal "explotación del palo” a que los obreros rurales se ven sometidos por la nobleza feudal" (III, 217)18. En el período de 1864 a 1870, cuando tocaba 16 Véase C. Marx. La burguesía y la contrarrevolución, artículo segundo. 17 Véase la carta de C. Marx a F. Engels del 16 abril de 1856. 18 Véanse las cartas de F. Engels a C. Marx del 27 de enero y del 5 de febrero de 1865. a su fin la época culminante de la revolución democrático-burguesa en Alemania cuando las clases explotadoras de Prusia y Austria disputaban en torno a los medios para terminar esta revolución desde arriba, Marx no se limitó a condenar a Lassalle, por sus coqueterías con Bismarck, sino que corrigió a Liebknecht, que había caído en la "austrofilia" y defendía el particularismo. Marx exigía una táctica revolucionaria que combatiese tan implacablemente a Bismarck como a los austrófilos, una táctica que no se acomodara al "vencedor", el junker prusiano, sino que reanudase sin demora la lucha revolucionaria contra él, incluso en el terreno creado por las victorias militares de Prusia (Correspondencia con Engels, III, 134, 136, 147, 179, 204, 210, 215, 418, 437, 440-441)19. En el famoso mensaje de la Internacional del 9 de septiembre de 1870, Marx ponía en guardia al proletariado francés contra un alzamiento prematuro; pero cuando, a pesar de todo, éste se produjo (1871), aclamó con entusiasmo la iniciativa revolucionaria de las masas "que toman el cielo por asalto" (carta de Marx a Kugelmann). En esta situación, como en muchas otras, la derrota de la acción revolucionaria era, desde el punto de vista del materialismo dialéctico en que se situaba Marx, un mal menor en la marcha general y en el resultado de la lucha proletaria, que el que hubiera sido el abandono de las posiciones ya conquistadas, la capitulación sin lucha: esta capitulación hubiera desmoralizado al proletariado y mermado su combatividad. Marx. que apreciaba en todo su valor el empleo de los medios legales de lucha en las épocas de estancamiento político y de dominio de la legalidad burguesa, condenó ásperamente, en 1877 y 1878, después de promulgarse la Ley de excepción contra los socialistas20, las "frases revolucionarias" 19 Véanse las cartas de F. Engels a C. Marx del 11 de junio y del 24 de noviembre de 1863, del 4 de septiembre de 1864, del 27 de enero de 1865 y del 6 de diciembre de 1867; así como las cartas de C. Marx a F. Engels del 12 de junio de 1863, del 10 de diciembre de 1864, del 3 de febrero de 1865 y del 17 de diciembre de 1867. 20 La Ley de excepción contra los socialistas fue promulgada en Alemania por el gobierno Bismarck en 1878 para luchar contra el movimiento obrero y socialista. La ley prohibía todas las organizaciones del Partido Socialdemócrata, las organizaciones obreras de masas y la prensa obrera. Fueron confiscadas las publicaciones socialistas y se persiguió y expulsó a los socialdemócratas. Sin embargo, las represiones no quebrantaron al Partido Socialdemócrata, que supo reorganizar sus actividades adaptándose a las condiciones de la clandestinidad: empezó a editarse en el extranjero el periódico SotsialDemokrat, Órgano Central del partido; se reunían sistemáticamente (en 1880, 1883 y 1887) los Congresos del partido; en la ilegalidad resurgieron con rapidez en Alemania grupos y organizaciones socialdemócratas encabezados por el Comité Central clandestino. A la vez, el partido aprovechó ampliamente todas las posibilidades Carlos Marx de un Most; pero combatió con la misma energía, acaso con más, el oportunismo que por entonces se había adueñado temporalmente del Partido Socialdemócrata oficial, que no había sabido dar inmediatas pruebas de firmeza, tenacidad, espíritu revolucionario y disposición a pasar a la lucha ilegal en respuesta a la Ley de excepción (Cartas de Marx a Engels, IV, 397, 404, 418. 422, 42421. Véanse también las cartas a Sorge). Escrito en julio-noviembre de 1914. Publicado por primera vez en forma abreviada, con la firma de V. Ilin, en 1915, en el tomo 28 del Diccionario Enciclopédico Granat, 7a edición. V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 26, págs. 4393. legales para fortalecer sus lazos con las masas. Su influencia aumentó sin cesar. En las elecciones al Reichstag en 1890, los votos obtenidos por los socialdemócratas se triplicaron con creces en comparación con el año 1878. C. Marx y F. Engels prestaron una enorme ayuda a los socialdemócratas alemanes. En 1890, bajo la presión del creciente movimiento obrero de masas, fue derogada la Ley de excepción contra los socialistas. 21 Véanse las cartas de C. Marx a F. Engels del 23 de julio y del 1 de agosto de 1877 y del 10 de septiembre de 1879, así como las cartas de F. Engels a C. Marx del 20 de agosto y del 9 de septiembre de 1879.-52. 25 FEDERICO E1GELS ¡Qué lumbrera intelectual se ha apagado! ¡Qué gran corazón ha dejado de latir!22 El 5 de agosto de 1895 falleció en Londres Federico Engels. Después de su amigo Carlos Marx (fallecido en 1883), Engels fue el más notable sabio y maestro del proletariado contemporáneo de todo el mundo civilizado. Desde que el destino relacionó a Carlos Marx con Federico Engels, la obra a la que ambos amigos consagraron su vida se convirtió en una obra común. Y así, para comprender lo que Federico Engels ha hecho por el proletariado, es necesario comprender claramente la importancia de la doctrina y actividad de Marx en pro del desarrollo del movimiento obrero contemporáneo. Marx y Engels fueron los primeros en demostrar que la clase obrera con sus reivindicaciones surge necesariamente del sistema económico actual, que, con la burguesía, crea inevitablemente y organiza al proletariado. Demostraron que la humanidad se verá liberada de las calamidades que la azotan no por los esfuerzos bien intencionados de algunas que otras nobles personalidades, sino por medio de la lucha de clase del proletariado organizado. Marx y Engels fueron los primeros en dejar sentado en sus obras científicas que el socialismo no es una invención de soñadores, sino la meta final y el resultado inevitable del desarrollo de las fuerzas productivas dentro de la sociedad contemporánea. Toda la historia escrita hasta ahora es la historia de la lucha de clases, la sucesión en el dominio y en las victorias de unas clases sociales sobre otras. Y esto ha de continuar hasta que no desaparezcan las bases de la lucha de clases y del dominio de clase: la propiedad privada y la producción social caótica. Los intereses del proletariado exigen que estas bases sean destruidas, por lo que la lucha de clases consciente de los obreros organizados debe ser dirigida contra ellas. Y toda lucha de clases es una lucha política. Estos conceptos de Marx y de Engels los ha hecho suyos en nuestros días todo el proletariado en lucha por su emancipación. Pero cuando los dos amigos, en la década del 40, participaban en la literatura socialista y en los movimientos sociales de aquel tiempo, estos puntos de vista eran completamente 22 Las líneas que figuran como epígrafe al artículo Federico Engels fueron tomadas por Lenin de la poesía de N. Nekrásov En memoria de Dobroliúbov. nuevos. A la sazón había muchos hombres con talento y otros sin talento, muchos honrados y otros deshonestos, que, en el ardor de la lucha por la libertad política, en la lucha contra la autocracia de los monarcas, de la policía y del clero, no percibían el antagonismo existente entre los intereses de la burguesía y los del proletariado. Estos hombres ni siquiera admitían la idea de que los obreros actuasen como una fuerza social independiente. Por otra parte, ha habido mucho soñadores, algunas veces geniales, que creían que bastaba tan sólo convencer a los gobernantes y a las clases dominantes de la injusticia del régimen social existente para que resultara fácil implantar en el mundo la paz y el bienestar general. Soñaban con un socialismo que triunfara sin lucha. Finalmente, casi todos los socialistas de aquella época y, en general, los amigos de la clase obrera no veían en el proletariado más que una llaga y contemplaban con horror cómo, a la par que crecía la industria, crecía también esta llaga. Por eso todos ellos pensaban en el modo de detener el desarrollo de la industria y del proletariado, de parar "el carro de la historia". Contrariamente al temor general ante el desarrollo del proletariado, Marx y Engels cifraban todas sus esperanzas en el continuo crecimiento numérico de éste. Cuantos más proletarios haya tanto mayor será su fuerza como clase revolucionaria y tanto más próximo y posible será el socialismo. De expresar en pocas palabras los méritos de Marx y Engels ante la clase obrera, podría decirse que enseñaron a la clase obrera a tener conocimiento y conciencia de sí misma y sustituyeron los ensueños por la ciencia. He aquí por qué el nombre y la vida de Engels deben ser conocidos de todo obrero; he aquí el motivo de que insertemos en nuestra recopilación, que, como todo lo que editamos, tiene por objeto despertar la conciencia de clase de los obreros rusos, un esbozo sobre la vida y la actividad de Federico Engels, uno de los dos grandes maestros del proletariado contemporáneo. Engels nació en 1820, en la ciudad de Barmen, provincia renana del reino de Prusia. Su padre era fabricante. En 1838, Engels, por motivos familiares, se vio obligado, antes de terminar el liceo, a colocarse como dependiente en una casa de comercio de Bremen. Este trabajo no le impidió ocuparse de su Federico Engels capacitación científica y política. Siendo todavía alumno del liceo, Engels llegó a odiar la autocracia y la arbitrariedad de los funcionarios gubernamentales. El estudio de la Filosofía le llevó aún más lejos. En aquella época, en la filosofía alemana predominaba la doctrina de Hegel, de la que Engels se hizo partidario. A pesar de que el propio Hegel era admirador del Estado autocrático prusiano, a cuyo servicio se hallaba en calidad de profesor de la Universidad de Berlín, la doctrina de Hegel era revolucionaria. La fe de Hegel en la razón humana y en los derechos de ésta y la tesis fundamental de la filosofía hegeliana, según la cual en el mundo transcurre un proceso constante de cambio y desarrollo, indujeron a los discípulos del profesor berlinés, que no querían resignarse a la realidad, a la idea de que también la lucha contra la realidad, la lucha contra la injusticia existente y el mal reinante tiene sus raíces en la ley universal del desarrollo perpetuo. Si todo en el mundo se desarrolla, si unas instituciones sustituyen a otras, ¿por qué han de perdurar eternamente la autocracia del rey prusiano o del zar ruso, el enriquecimiento de una minoría insignificante a expensas de la enorme mayoría, el dominio de la burguesía sobre el pueblo? La filosofía de Hegel hablaba del desarrollo del espíritu y de las ideas: era una filosofía idealista. Del desarrollo del espíritu deducía el desarrollo de la naturaleza, el del hombre y el de las relaciones entre los hombres, el de las relaciones sociales. Marx y Engels, conservando la idea de Hegel del perpetuo proceso de desarrollo23, rechazaron su preconcebida concepción idealista; analizando la vida real, vieron que no es el desarrollo del espíritu lo que explica el desarrollo de la naturaleza, sino, a la inversa, que el espíritu tiene su explicación en la naturaleza, en la materia... Contrariamente a Hegel y otros hegelianos, Marx y Engels eran materialistas. Enfocando el mundo y la humanidad desde el punto de vista materialista, vieron que, lo mismo que todos los fenómenos de la naturaleza tienen por base causas materiales, así también el desarrollo de la sociedad humana está condicionado por el desarrollo de las fuerzas materiales, las fuerzas productivas. Del desarrollo de las fuerzas productivas dependen las relaciones en que se colocan los hombres entre sí en el proceso de producción de los objetos indispensables para la satisfacción de las necesidades humanas. Y en dichas relaciones está la clave que permite explicar todos los fenómenos de la vida social, los anhelos del hombre, 23 Marx y Engels señalaron más de una vez que su desarrollo intelectual era debido en gran parte a los notables filósofos alemanes y, en particular, a Hegel. "Sin la filosofía alemana -dijo Engels- no existiría tampoco el socialismo científico". F. Engels. Prefacio a "La guerra campesina en Alemania". (Véase C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. I, págs. 597-610, ed. en español, Moscú.) 27 sus ideas y sus leyes. El desarrollo de las fuerzas productivas crea las relaciones sociales, que se basan en la propiedad privada; pero vemos ahora también cómo este mismo desarrollo de las fuerzas productivas despoja de la propiedad a la mayoría de los hombres para concentrarla en manos de una insignificante minoría; destruye la propiedad, base del régimen social contemporáneo, y tiende al mismo fin que se han planteado los socialistas. Estos sólo deben comprender cuál es la fuerza social que por su situación en la sociedad contemporánea está interesada en la realización del socialismo e inculcar a esta fuerza la conciencia de sus intereses y de su misión histórica. Esta fuerza es el proletariado. Engels lo conoció en Inglaterra, en el centro de la industria inglesa, en Manchester, adonde se trasladó en 1842, como empleado de una firma comercial de la que su padre era uno de los accionistas. Allí Engels no se limitó a permanecer en la oficina de la fábrica, sino que anduvo por los barrios inmundos en los que se albergaban los obreros y comprobó con sus propios ojos la miseria y las calamidades que los azotaban. No conformándose con sus propias observaciones, Engels leyó todo lo que se había escrito hasta entonces sobre la situación de la clase obrera inglesa y estudió minuciosamente todos los documentos oficiales que estaban a su alcance. Como resultado de sus observaciones y estudios apareció en 1845 su libro La situación de la clase obrera en Inglaterra. Ya hemos señalado más arriba en qué consiste el mérito principal de Engels como autor de dicho libro. Es cierto que también con anterioridad a Engels fueron muchos los que describieron los padecimientos del proletariado e indicaron la necesidad de ayudar a éste. Pero Engels fue el primero en afirmar que el proletariado no sólo constituye una clase que sufre, sino que precisamente la miserable situación económica en que se encuentra le impulsa inconteniblemente hacia adelante y le obliga a luchar por su emancipación definitiva. Y el proletariado en lucha se ayudará a si mismo. El movimiento político de la clase obrera llevará ineludiblemente a los trabajadores a la conciencia de que no les queda otra salida que el socialismo. Por otra parte, el socialismo tan sólo se transformará en una fuerza cuando se convierta en el objetivo de la lucha política de la clase obrera. Estas son las ideas fundamentales de la obra de Engels sobre la situación de la clase obrera en Inglaterra, ideas aceptadas ahora por todo el proletariado que piensa y lucha, pero que entonces eran completamente nuevas. Estas ideas fueron expuestas en un libro escrito con amenidad, lleno de los cuadros más auténticos y patéticos en los que se mostraban las calamidades del proletariado inglés. Era un libro que constituía una terrible acusación contra el capitalismo y la burguesía. La impresión que produjo fue muy grande. En todas partes comenzaron a citar la obra de Engels como el V. I. Lenin 28 cuadro que mejor representaba la situación del proletariado contemporáneo. Y en efecto, ni antes de 1845 ni después apareció una descripción tan brillante y veraz de las calamidades sufridas por la clase obrera. Engels se hizo socialista estando ya en Inglaterra. En la ciudad de Manchester se puso en contacto con los militantes del movimiento obrero inglés existente en aquel entonces y empezó a colaborar en las publicaciones socialistas inglesas. En 1844, al pasar por París de regreso a Alemania, conoció allí a Marx, con quien ya mantenía correspondencia. Estando en París, Marx, bajo la influencia de los socialistas franceses y de la vida en Francia, también se hizo socialista. En la capital de Francia los dos amigos escribieron juntos su obra La sagrada familia o critica de "la crítica critica". Esta obra, escrita en su mayor parte por Marx y que apareció un año antes de La situación de la clase obrera en Inglaterra, contiene las bases del socialismo revolucionariomaterialista, cuyas ideas principales hemos expuesto más arriba. La sagrada familia es un nombre burlón dado a los filósofos hermanos Bauer y a sus secuaces. Estos señores predicaban una crítica que estaba por encima de toda realidad, por encima de los partidos y de la política, que negaba toda actuación práctica y sólo contemplaba "críticamente" el mundo circundante y los sucesos que ocurrían en él. Los señores Bauer calificaban desdeñosamente al proletariado de masa carente de sentido crítico. Marx y Engels se enfrentaron enérgicamente con esta tendencia absurda y nociva. En nombre de la verdadera personalidad humana, la del obrero pisoteado por las clases dominantes y por el Estado, Marx y Engels exigían no la contemplación, sino la lucha por un orden social mejor. Y veían, naturalmente, que la fuerza capaz de librar esta lucha, en la que estaba interesada, era el proletariado. Ya antes de la aparición de La sagrada familia, Engels había publicado en la revista Anales francoalemanes, editada por Marx y Ruge, su Estudio critico sobre la Economía Política24, en el que analizaba desde el punto de vista socialista los fenómenos básicos del régimen económico contemporáneo, como consecuencia inevitable de la dominación de la propiedad privada. Su relación con Engels contribuyó sin duda a que Marx se decidiera a ocuparse del estudio de la Economía Política, ciencia en la que sus obras produjeron toda una revolución. Desde 1845 a 1847 Engels vivió en Bruselas y en París, alternando los estudios científicos con las actividades prácticas entre los obreros alemanes residentes en dichas ciudades. Allí Engels y Marx se relacionaron con una asociación clandestina alemana, la "Liga de los Comunistas", que les encargó que expusiesen los principios fundamentales del socialismo elaborado por ellos. Así surgió el famoso Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels, que vio la luz en el año 1848. Este pequeño libro vale por tomos enteros: su espíritu da vida y movimiento, hasta hoy día, a todo el proletariado organizado y combatiente del mundo civilizado. La revolución de 1848, que estalló primero en Francia y se extendió después a otros países de la Europa Occidental, permitió a Marx y Engels regresar a su patria. Allí, en la Prusia renana, asumieron la dirección de la -ueva Gaceta del Rin, periódico democrático que aparecía en la ciudad de Colonia. Los dos amigos constituían el alma de todas las tendencias democráticas revolucionarias de la Prusia renana. Ellos defendieron hasta la última posibilidad los intereses del pueblo y de la libertad contra las fuerzas reaccionarias. Como es sabido, las fuerzas reaccionarias vencieron, la Nueva Gaceta del Rin fue suspendida, y Marx, que mientras se hallaba en la emigración había sido privado de los derechos de súbdito prusiano, fue expulsado del país; en cuanto a Engels, después de participar en la insurrección armada del pueblo y combatir en tres batallas en pro de la libertad, huyó a Londres, a través de Suiza, una vez derrotados los insurgentes. A Londres vino a establecerse también Marx. Engels no tardó en colocarse de nuevo en la misma casa de comercio de Manchester, de la que había sido empleado en la década del 40, y más tarde se hizo socio suyo. Hasta 1870, Engels vivió en Manchester y Marx en Londres, lo que no fue óbice para que siguieran en el más íntimo contacto espiritual, manteniendo correspondencia casi a diario. En esta correspondencia los dos amigos intercambiaban sus ideas y conocimientos, continuando la elaboración en común de la doctrina del socialismo científico. En 1870 Engels se trasladó a Londres y hasta 1883, año en que murió Marx, continuaron su vida intelectual conjunta, una vida llena de intensísimo trabajo. Su resultado fue, por parte de Marx, El Capital, la obra más grande sobre economía política de nuestro siglo, y, por parte de Engels, toda una serie de obras grandes y pequeñas. Marx trabajó en el análisis de los complejos fenómenos de la economía capitalista. Engels, en sus trabajos, escritos en un lenguaje muy ameno, muchas veces en forma de polémica, enfocó los problemas científicos más generales y los diversos fenómenos del pasado y del presente en el sentido de la concepción materialista de la historia y de la doctrina económica de Marx. De estos trabajos de Engels citaremos: la obra polémica contra Dühring (en ella el autor analiza los problemas más importantes de la filosofía, de las ciencias naturales y de la sociología)25, El origen de la familia, la 25 24 Se refiere a la obra de F. Engels Esbozos a la crítica de la economía política. Es un libro admirablemente instructivo y de rico contenido (Se trata del libro de F. Engels Anti-Dühring. La subversión de la ciencia por el señor Eugenio Dühring). Federico Engels propiedad privada y el Estado (traducida al ruso y editada en Petersburgo, 3a ed. de 1895), Ludwig Feuerbach (traducción al ruso y notas de J. Plejánov, Ginebra, 1892), un artículo sobre la política exterior del gobierno ruso (traducido al ruso y publicado en Sotsial-Demokrat, núms. 1 y 2, en Ginebra)26, sus magníficos artículos sobre el problema de la vivienda27 y, finalmente, dos artículos, pequeños pero muy valiosos, sobre el desarrollo económico de Rusia (Federico Engels sobre Rusia28, traducido al ruso por V. Zasúlich, Ginebra, 1894). Marx murió sin haber logrado dar definitivo remate a su grandiosa obra sobre el capital. Sin embargo, esta obra estaba terminada en borrador, y Engels, después de la muerte de su amigo, emprendió la difícil tarea de redactar y editar los tomos segundo y tercero de El Capital. En 1885 editó el segundo y en 1894 el tercer tomo (el cuarto tomo ya no alcanzó a redactarlo)29. Por desgracia sólo ha sido traducida al ruso una pequeña parte de esta obra, la que esboza la historia del desarrollo del socialismo (Del socialismo utópico al socialismo científico, 2a ed. de 1892, Ginebra). (Con este título se publicó en 1892 la edición rusa de la obra de F. Engels Del socialismo utópico al socialismo científico, al que sirvieron de base tres capítulos del libro de F. Engels AntiDühring). (Véase C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. I, págs. 84-144, ed. en español, Moscú.) 26 Lenin alude al artículo de F. Engels La política exterior del zarismo ruso, publicado en los dos primeros cuadernos del Sotsial-Demokrat con el título La política extranjera del Imperio Ruso. "Sotsial-Demokrat": revista literaria y política editada por el grupo "Emancipación del Trabajo" en el extranjero (Londres y Ginebra) de 1890 a 1892. Desempeñó un gran papel en la propaganda de las ideas del marxismo en Rusia; en total, salieron cuatro cuadernos. Colaboraron activamente en Sotsial-Demokrat J. Plejánov, P. Axelrod y V. Zasúlich. 27 Lenin tiene en cuenta los artículos de F. Engels Contribución al problema de la vivienda. (Véase C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. I, págs. 510592, ed. en español, Moscú.) 28 Se refiere al artículo de F. Engels Acerca de las relaciones sociales en Rusia y al epílogo de este artículo, incluidos en el libro Federico Engels sobre Rusia, Ginebra, 1894. 29 Lenin, conforme a la indicación de Engels, señala como tomo cuarto de El Capital la obra de Marx Teorías de la plusvalía, escrita en 1862-1863. En su prólogo al segundo tomo de El Capital, Engels. Escribió: "Me reservo la publicación de la parte crítica de este manuscrito (Teoría de la plusvalía. - N. de la Edit.) como tomo IV de El Capital; además de ella se eliminarán numerosos pasajes que han sido tratados exhaustivamente en los tomos II y III". Sin embargo, Engels no pudo preparar la edición del tomo IV de El Capital. La mencionada obra fue publicada por vez primera bajo la redacción de C. Kautsky en 19051910, en lengua alemana. En esta edición se infringieron los requisitos fundamentales que exigía la publicación científica del texto y se tergiversaron diversas tesis del marxismo. 29 Estos dos tomos le exigieron muchísimo trabajo. El socialdemócrata austríaco Adler observó con razón que, con la edición del segundo y tercer tomos de El Capital, Engels erigió a su genial amigo un monumento majestuoso en el que, involuntariamente, había grabado también con trazos indelebles su propio nombre. En efecto, dichos tomos de El Capital son obra de ambos, de Marx y Engels. Las leyendas de la antigüedad nos demuestran diversos ejemplos de emocionante amistad. El proletariado europeo tiene derecho a decir que su ciencia fue creada por dos sabios y luchadores cuyas relaciones mutuas superan a todas las emocionantes leyendas antiguas sobre la amistad entre los hombres. Engels siempre, y en general con toda justicia, se posponía a Marx. "Al lado de Marx -escribió en una ocasión a un viejo amigo suyo- me correspondió el papel de segundo violín"30. Su cariño hacia Marx mientras éste vivió y su veneración a la memoria del amigo muerto fueron infinitos. Engels, el luchador austero y pensador profundo, era hombre de una gran ternura. Después del movimiento de 1848-49, Marx y Engels, en el exilio, no se dedicaron únicamente a la labor científica. Marx creó en 1864 la "Asociación Internacional de los Trabajadores", que dirigió durante todo un decenio. También Engels participó activamente en sus tareas. La actividad de esta "Asociación Internacional", que, de acuerdo con las ideas de Marx, unía a los proletarios de todos los países, tuvo una enorme importancia para el desarrollo del movimiento obrero. Pero, incluso después de haber sido disuelta dicha asociación, en la década del 70, el papel de Marx y de Engels como unificadores de la clase obrera no cesó. Por el contrario, puede afirmarse que su importancia como dirigentes espirituales del movimiento obrero seguía creciendo constantemente, porque el propio movimiento continuaba desarrollándose sin cesar. Después de la muerte de Marx, Engels, solo, siguió siendo el consejero y dirigente de los socialistas europeos. A él acudían en busca de consejos y directivas tanto los socialistas alemanes, cuyas fuerzas, a pesar de las persecuciones gubernamentales, iban constante y rápidamente en aumento, como los representantes de países atrasados, por ejemplo, españoles, rumanos, rusos, que se veían en el trance de meditar y medir con toda cautela sus primeros pasos. Todos ellos aprovechaban el riquísimo tesoro de conocimientos y experiencias del viejo Engels. Marx y Engels, que conocían la lengua rusa y leían libros en ruso, se interesaban vivamente por El Instituto de Marxismo-Leninismo, adjunto al CC del PCUS ha hecho una nueva edición de la obra Teorías de la plusvalía (tomo IV de El Capital) en tres volúmenes, según el manuscrito de 1862-1863. 30 Se tiene en cuenta la carta de F. Engels a J. F. Becker del 15 de octubre de 1884. 30 Rusia, seguían con simpatía el movimiento revolucionario de nuestro país y mantenían relaciones con revolucionarios rusos. Ambos eran ya demócratas antes de hacerse socialistas y tenían profundamente arraigado el sentimiento democrático de odio a la arbitrariedad política. Este sentimiento político innato, a la par que la profunda comprensión teórica del nexo existente entre la arbitrariedad política y la opresión económica, así como su riquísima experiencia de la vida, hicieron que Marx y Engels fueran extraordinariamente sensibles precisamente en el sentido político. Por lo mismo, la heroica lucha sostenida por un puñado de revolucionarios rusos contra el poderoso gobierno zarista halló en el corazón de estos dos revolucionarios probados la simpatía más viva. Y a la inversa, era natural que el intento de volver la espalda a la tarea inmediata y más importante de los socialistas rusos -la conquista de la libertad política-, en aras de supuestas ventajas económicas, les pareciese sospechoso e incluso fuese considerado por ellos como una traición a la gran causa de la revolución social. "La emancipación del proletariado debe ser obra del proletariado mismo", nos enseñaron siempre Marx y Engels31. Y para luchar por su emancipación económica, el proletariado debe conquistar ciertos derechos políticos. Además, Marx y Engels vieron con toda claridad que la revolución política en Rusia tendría también una enorme importancia para el movimiento obrero de la Europa Occidental. La Rusia autocrática ha sido siempre el baluarte de toda la reacción europea. La situación internacional extraordinariamente ventajosa en que colocó a Rusia la guerra de 1870, que sembró por largo tiempo la discordia entre Alemania y Francia, naturalmente, no hizo más que aumentar la importancia de la Rusia autocrática como fuerza reaccionaria. Únicamente una Rusia libre, que no tuviese necesidad de oprimir a los polacos, finlandeses, alemanes, armenios y otros pueblos pequeños, ni de azuzar continuamente una contra otra a Francia y Alemania, daría a la Europa contemporánea la posibilidad de respirar aliviada del peso de las guerras, debilitaría a todos los elementos reaccionarios de Europa y aumentaría las fuerzas de la clase obrera europea. Por lo mismo, Engels, teniendo también en cuenta los intereses del movimiento obrero del Occidente, abogó calurosamente por la implantación de la libertad política en Rusia. Los revolucionarios rusos han 31 Véase C. Marx. Estatutos provisionales de la Asociación de los Trabajadores, Estatutos generales de la Asociación Internacional de los Trabajadores; F. Engels. Prefacio a la edición alemana de 1890 del Manifiesto del Partido Comunista (Véase C. Marx y F. Engels. Obras, t. XIII, p. I, 1936, pág. 13, ed. en ruso; Obras escogidas en dos tomos, t. I, págs. 19-21 y 335-358, ed. en español, Moscú.) V. I. Lenin perdido en su persona al mejor de sus amigos. ¡Memoria eterna a Federico Engels, gran luchador y maestro del proletariado! Escrito en otoño de 1895. Publicado por primera vez en 1896 en la recopilación Rabótnik N° 1-2. V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso. t. 2, págs. 1-14. TRES FUE1TES Y TRES PARTES I1TEGRA1TES DEL MARXISMO La doctrina de Marx suscita en todo el mundo civilizado la mayor hostilidad y el mayor odio de toda la ciencia burguesa (tanto la oficial como la liberal), que ve en el marxismo algo así como una "secta nefasta". Y no puede esperarse otra actitud, pues en una sociedad erigida sobre la lucha de clases no puede haber una ciencia social "imparcial". De un modo o de otro, toda la ciencia oficial y liberal defiende la esclavitud asalariada, mientras que el marxismo ha declarado una guerra implacable a esa esclavitud. Esperar una ciencia imparcial en una sociedad de esclavitud asalariada, sería la misma pueril ingenuidad que esperar de los fabricantes imparcialidad en cuanto a la conveniencia de aumentar los salarios de los obreros, en detrimento de las ganancias del capital. Pero hay más. La historia de la filosofía y la historia de las ciencias sociales enseñan con toda claridad que no hay nada en el marxismo que se parezca al "sectarismo", en el sentido de una doctrina encerrada en sí misma, rígida, surgida al margen del camino real del desarrollo de la civilización mundial. Al contrario, el genio de Marx estriba, precisamente, en haber dado solución a los problemas planteados antes por el pensamiento avanzado de la humanidad. Su doctrina apareció como continuación directa e inmediata de las doctrinas de los más grandes representantes de la filosofía, la economía política y el socialismo. La doctrina de Marx es todopoderosa porque es exacta. Es completa y armónica, dando a los hombres una concepción del mundo íntegra, intransigente con toda superstición, con toda reacción y con toda defensa de la opresión burguesa. El marxismo es el sucesor natural de lo mejor que la humanidad creó en el siglo XIX: la filosofía alemana, la economía política inglesa y el socialismo francés. Vamos a detenernos brevemente en estas tres fuentes del marxismo, que son, a la vez, sus tres partes integrantes. I La filosofía del marxismo es el materialismo. A lo largo de toda la historia moderna de Europa, y especialmente a fines del siglo XVIII, en Francia, donde se libró la batalla decisiva contra toda la basura medieval, contra el feudalismo en las instituciones y en las ideas, el materialismo demostró ser la única filosofía consecuente, fiel a todas las teorías de las ciencias naturales, hostil a la superstición, a la beatería, etc. Por eso, los enemigos de la democracia trataban con todas sus fuerzas de "refutar", de minar, de calumniar el materialismo, y defendían las diversas formas del idealismo filosófico, que se reduce siempre, de un modo o de otro, a la defensa o al apoyo de la religión. Marx y Engels defendieron del modo más enérgico el materialismo filosófico y explicaron reiteradas veces el profundo error que significaba todo cuanto fuera desviarse de él. Donde con mayor claridad y detalle aparecen expuestas sus opiniones, es en las obras de Engels Ludwig Feuerbach y AntiDühring32, que -al igual que el Manifiesto Comunista- son libros que no deben faltar en las manos de ningún obrero consciente. Pero Marx no se detuvo en el materialismo del siglo XVIII, sino que llevó más lejos la filosofía. La enriqueció con adquisiciones de la filosofía clásica alemana, especialmente del sistema de Hegel, que, a su vez, había conducido al materialismo de Feuerbach. La principal de estas adquisiciones es la dialéctica, es decir, la doctrina del desarrollo en su forma más completa, más profunda y más exenta de unilateralidad, la doctrina de la relatividad del conocimiento humano, que nos da un reflejo de la materia en constante desarrollo. Los novísimos descubrimientos de las ciencias naturales -el radio, los electrones, la transformación de los elementoshan confirmado de un modo admirable el materialismo dialéctico de Marx, a despecho de las doctrinas de los filósofos burgueses, con sus "nuevos" retornos al viejo y podrido idealismo. Marx profundizó y desarrolló el materialismo filosófico, lo llevó a su término e hizo extensivo su conocimiento de la naturaleza al conocimiento de la sociedad humana. El materialismo histórico de Marx es una conquista formidable del pensamiento científico. Al caos y a la arbitrariedad, que hasta entonces imperaban en las concepciones relativas a la historia y a la política, sucedió una teoría científica asombrosamente completa y armónica, que muestra cómo de un tipo de vida social se desarrolla, en virtud del crecimiento de las fuerzas productivas, otra 32 Se trata del libro de F. Engels Anti-Dühring. La subversión de la ciencia por el señor Eugenio Dühring. 32 más alta, cómo del feudalismo, por ejemplo, nace el capitalismo. Del mismo modo que el conocimiento del hombre refleja la naturaleza, que existe independientemente de él, es decir, la materia en desarrollo, el conocimiento social del hombre (es decir, las diversas opiniones y doctrinas filosóficas, religiosas, políticas, etc.) refleja el régimen económico de la sociedad. Las instituciones políticas son la superestructura que se alza sobre la base económica. Así vemos, por ejemplo, cómo las diversas formas políticas de los Estados europeos modernos sirven para reforzar la dominación de la burguesía sobre el proletariado. La filosofía de Marx es el materialismo filosófico acabado, que ha dado una formidable arma de conocimiento a la humanidad, y sobre todo, a la clase obrera. II Una vez hubo reconocido que el régimen económico es la base sobre la que se alza la superstructura política. Marx se entregó sobre todo al estudio atento de este régimen económico. La obra principal de Marx, El Capital, está consagrada al estudio del régimen económico de la sociedad moderna, es decir, de la sociedad capitalista. La economía política clásica anterior a Marx se había formado en Inglaterra, en el país capitalista más desarrollado. Adam Smith y David Ricardo sentaron en sus investigaciones del régimen económico los fundamentos de la teoría del trabajo, base de todo valor. Marx prosiguió su obra, fundamentando con toda precisión y desarrollando consecuentemente esa teoría, puso de manifiesto que el valor de toda mercancía lo determina la cantidad de tiempo de trabajo socialmente necesario invertido en su producción. Allí donde los economistas burgueses veían relaciones entre objetos (cambio de unas mercancías por otras), Marx descubrió relaciones entre personas. El cambio de mercancías expresa el lazo establecido por mediación del mercado entre los distintos productores. El dinero indica que este lazo se hace más estrecho, uniendo indisolublemente en un todo la vida económica de los distintos productores. El capital significa un mayor desarrollo de este lazo: la fuerza de trabajo del hombre se transforma en mercancía. El obrero asalariado vende su fuerza de trabajo al propietario de la tierra, de la fábrica o de los instrumentos de trabajo. Una parte de la jornada la emplea el obrero en cubrir el coste del sustento suyo y de su familia (salario); durante la otra parte de la jornada trabaja gratis, creando para el capitalista la plusvalía, fuente de las ganancias, fuente de la riqueza de la clase capitalista. La teoría de la plusvalía es la piedra angular de la doctrina económica de Marx. El capital, creado por el trabajo del obrero, oprime V. I. Lenin al obrero arruina al pequeño patrono y crea un ejército de parados. En la industria, el triunfo de la gran producción se advierte en seguida, pero también en la agricultura nos encontramos con ese mismo fenómeno: aumenta la superioridad de la gran agricultura capitalista, crece el empleo de maquinaria, la hacienda campesina cae en las garras del capital financiero, languidece y se arruina bajo el peso de la técnica atrasada. La decadencia de la pequeña producción reviste en la agricultura otras formas, pero esa decadencia es un hecho indiscutible. Al aplastar a la pequeña producción, el capital hace aumentar la productividad del trabajo y crea una situación de monopolio para los consorcios de los grandes capitalistas. La misma producción va adquiriendo cada vez más un carácter social -cientos de miles y millones de obreros son articulados en un organismo económico coordinado-, mientras que el producto del trabajo común se lo apropia un puñado de capitalistas. Crecen la anarquía de la producción, las crisis, la loca carrera en busca de mercados, la escasez de medios de subsistencia para las masas de la población. Al aumentar la dependencia de los obreros respecto al capital, el régimen capitalista crea la gran potencia del trabajo asociado. Marx va siguiendo la evolución del capitalismo desde los primeros gérmenes de la economía mercantil, desde el simple trueque, hasta sus formas más altas, hasta la gran producción. Y la experiencia de todos los países capitalistas, tanto de los viejos como de los nuevos, hace ver claramente cada año a un número cada vez mayor de obreros la exactitud de esta doctrina de Marx. El capitalismo ha vencido en el mundo entero, pero esta victoria no es más que el preludio del triunfo del trabajo sobre el capital. III Cuando el régimen feudal fue derrocado y vio la luz la "libre" sociedad capitalista, en seguida se puso de manifiesto que esa libertad representaba un nuevo sistema de opresión y explotación de los trabajadores. Como reflejo de esa opresión y como protesta contra ella, comenzaron inmediatamente a surgir diversas doctrinas socialistas. Pero el socialismo primitivo era un socialismo utópico. Criticaba a la sociedad capitalista, la condenaba, la maldecía, soñaba con su destrucción, fantaseaba acerca de un régimen mejor, quería convencer a los ricos de la inmoralidad de la explotación. Pero el socialismo utópico no podía señalar una salida real. No sabía explicar la naturaleza de la esclavitud asalariada bajo el capitalismo, ni descubrir las leyes de su desarrollo, ni encontrar la fuerza social capaz de emprender la creación de una nueva sociedad. Entretanto, las tormentosas revoluciones que acompañaron en toda Europa, y especialmente en Tres partes y tres fuentes integrantes del marxismo Francia, la caída del feudalismo, de la servidumbre de la gleba, hacían ver cada vez más palpablemente que la base de todo el desarrollo y su fuerza motriz era la lucha de clases. Ni una sola victoria de la libertad política sobre la clase feudal fue alcanzada sin desesperada resistencia. Ni un solo país capitalista se formó sobre una base más o menos libre, más o menos democrática, sin una lucha a muerte entre las diversas clases de la sociedad capitalista. El genio de Marx está en haber sabido deducir de ahí y aplicar consecuentemente antes que nadie la conclusión implícita en la historia universal. Esta conclusión es la doctrina de la lucha de clases. Los hombres han sido siempre en política víctimas necias del engaño de los demás y del engaño propio, y lo seguirán siendo mientras no aprendan a discernir detrás de todas las frases, declaraciones y promesas morales, religiosas, políticas y sociales, los intereses de una u otra clase. Los partidarios de reformas y mejoras se verán siempre burlados por los defensores de lo viejo mientras no comprendan que toda institución vieja, por bárbara y podrida que parezca, se sostiene por la fuerza de unas u otras clases dominantes. Y para vencer la resistencia de esas clases, sólo hay un medio: encontrar en la misma sociedad que nos rodea, educar y organizar para la lucha a los elementos que puedan -y, por su situación social, deban- formar la fuerza capaz de barrer lo viejo y crear lo nuevo. Sólo el materialismo filosófico de Marx señaló al proletariado la salida de la esclavitud espiritual en que han vegetado hasta hoy todas las clases oprimidas. Sólo la teoría económica de Marx explicó la situación real del proletariado en el régimen general del capitalismo. En el mundo entero, desde Norteamérica hasta el Japón y desde Suecia hasta el África del Sur, se multiplican las organizaciones independientes del proletariado. Este se instruye y se educa manteniendo su lucha de clase, se despoja de los prejuicios de la sociedad burguesa, adquiere una cohesión cada vez mayor, aprende a medir el alcance de sus éxitos, templa sus fuerzas y crece irresistiblemente. Publicado con la firma de V. I. Lenin en marzo de 1913, en el Nº 3 de la revista Prosveschenie. V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 23, págs. 4048. 33 MARXISMO Y REVISIO1ISMO Un conocido aforismo dice que si los axiomas geométricos chocasen con los intereses de los hombres, seguramente habría quien los refutase. Las teorías de las ciencias naturales, que chocaban con los viejos prejuicios de la teología, provocaron y siguen provocando hasta hoy día la lucha más rabiosa. Nada tiene de extraño, pues, que la doctrina de Marx, que sirve directamente a la educación y a la organización de la clase de vanguardia de la sociedad moderna, que señala las tareas de esta clase y demuestra la sustitución inevitable -en virtud del desarrollo económico- del régimen actual por un nuevo orden de cosas: nada tiene de extraño que esta doctrina haya tenido que conquistar en lucha cada paso dado en la senda de la vida. No hablemos de la ciencia y la filosofía burguesas, enseñadas de un modo oficial por los profesores oficiales para embrutecer a las nuevas generaciones de las clases poseedoras y "amaestrarlas" contra los enemigos de fuera y de dentro. Esta ciencia no quiere ni oír hablar de marxismo, declarándolo refutado y destruido; tanto los hombres de ciencia jóvenes, que hacen carrera refutando el socialismo, como los ancianos caducos, que guardan el legado de toda clase de anticuados "sistemas", se abalanzan sobre Marx con el mismo celo. Los avances del marxismo, la difusión y el afianzamiento de sus ideas entre la clase obrera, provocan inevitablemente la reiteración y la agudización de estos ataques burgueses contra el marxismo, que de cada una de sus "destrucciones" por obra de la ciencia oficial, sale más fortalecido, más templado y más vital. Pero, entre las doctrinas vinculadas a la lucha de la clase obrera y difundidas predominantemente entre el proletariado, el marxismo tampoco afirmó su posición de golpe, ni mucho menos. Durante el primer medio siglo de su existencia (desde la década del 40 del siglo XIX), el marxismo luchó contra las teorías que le eran profundamente hostiles. En la primera mitad de la década del 40, Marx y Engels ajustaron cuentas con los jóvenes hegelianos radicales, que se situaban en el punto de vista del idealismo filosófico. A fines de esta década pasa a primer plano la lucha, en el campo de las doctrinas económicas, contra el proudhonísmos33. Esta lucha llega a su final en la década del 50: crítica de los partidos y de las doctrinas que se habían revelado en el turbulento año de 1848. En la década del 60, la lucha se desplaza del campo de la teoría general a un campo más cercano al movimiento obrero propiamente dicho: expulsión del bakuninismo de la Internacional. A comienzos de la década del 70, se destaca en Alemania, por breve tiempo, el proudhonista Mühlberger; a fines de este período, el positivista Dühring. Pero la influencia de uno y otro sobre el proletariado ya es sumamente insignificante. El marxismo triunfa ya, incondicionalmente, sobre todas las demás ideologías del movimiento obrero. Hacia la década del 90 del siglo pasado, este triunfo, en sus rasgos fundamentales, estaba ya consumado. Hasta en los países latinos, donde por más tiempo se habían mantenido las tradiciones del proudhonismo, los partidos obreros estructuraron, de hecho, sus programas y su táctica sobre bases marxistas. Al reanudarse -en forma de congresos internacionales periódicosla organización 33 Proudhon (1809-1865): socialista pequeñoburgués francés, anarquista, fundador del proudhonismo, corriente anticientífica y antimarxista, Al criticar la gran propiedad capitalista de acuerdo con su posición pequeñoburguesa, Proudhon aspiraba a perpetuar la pequeña propiedad privada, proponía organizar la Banca del Pueblo y la Banca de Cambio, con ayuda de las cuales obtendrían los obreros -según él- sus propios medios de producción, se convertirían en artesanos y asegurarían la venta "equitativa" de sus productos. Proudhon no comprendía el papel histórico y el significado del proletariado y negaba la lucha de clases, la revolución proletaria y la dictadura del proletariado. Como anarquista, negaba también la necesidad del Estado. Marx y Engels mantuvieron una lucha consecuente contra los intentos de Proudhon de imponer sus ideas a la I Internacional. El proudhonismo fue sometido a una crítica demoledora en la obra de C. Marx Miseria de la filosofía. La lucha resuelta de C. Marx y F. Engels y sus partidarios contra el proudhonismo terminó con la completa victoria del marxismo en la I Internacional. Lenin caracterizó el proudhonismo de "teoría del pequeñoburgués y del filisteo obtuso", incapaz de colocarse en el punto de vista de la clase obrera. Las ideas del proudhonismo son utilizadas en gran escala por los "teóricos" burgueses para propugnar la colaboración de clases. 35 Marxismo y revisionismo internacional del movimiento obrero, ésta se colocó inmediatamente y casi sin lucha, en todo lo esencial, en el terreno del marxismo. Pero, cuando el marxismo hubo desplazado a todas las doctrinas más o menos completas hostiles a él, las tendencias que se albergaban en estas doctrinas comenzaron a buscar otros caminos. Cambiaron las formas y los motivos de lucha, pero la lucha continuó. Y el segundo medio siglo de existencia del marxismo (década del 90 del siglo pasado) comenzó con la lucha de la corriente hostil al marxismo, en el seno de éste. Esta corriente debe su nombre al ex marxista ortodoxo Bernstein, que es quien más ruido hizo y quien dio la expresión más completa a las enmiendas hechas a Marx, la revisión de Marx, al revisionismo34. Incluso en Rusia, donde el socialismo no marxista, lógicamente -en virtud del atraso económico del país y del predominio de la población campesina, oprimida por los vestigios feudales-, se mantuvo más tiempo, incluso en Rusia, este socialismo se convierte claramente, a nuestros ojos, en revisionismo. Y lo mismo en la cuestión agraria (programa de municipalización de toda la tierra) que en las cuestiones generales programáticas y tácticas, nuestros socialpopulistas sustituyen cada vez más con "enmiendas" a Marx los restos agonizantes y caducos del viejo sistema, coherente a su modo y profundamente hostil al marxismo. El socialismo premarxista ha sido derrotado. Ya no continúa la lucha en su propio terreno, sino en el terreno general del marxismo, a título de revisionismo. Veamos, pues, cuál es el contenido ideológico del revisionismo. En el campo de la filosofía, el revisionismo iba a remolque de la "ciencia" académica burguesa. Los profesores "retornaban a Kant", y el revisionismo se arrastraba tras los neokantianos; los profesores repetían, por milésima vez, las vulgaridades de los curas contra el materialismo filosófico, y los revisionistas, sonriendo complacidamente, mascullaban (repitiendo ce por be el último manual) que el materialismo había sido "refutado" desde hacía mucho tiempo. Los profesores trataban a Hegel como a un "perro muerto"35 y, predicando ellos mismos el idealismo, sólo que mil veces más mezquino y trivial que el hegeliano, se encogían desdeñosamente de hombros ante la dialéctica, y los revisionistas se hundían tras ellos en el pantano del envilecimiento filosófico de la ciencia, sustituyendo la "sutil" (y revolucionaria) dialéctica por la "simple" (y pacífica) "evolución". Los profesores se ganaban su sueldo del Estado ajustando sus sistemas, tanto los idealistas como los "críticos", a la "filosofía" medieval imperante (es decir, a la teología), y los revisionistas se acercaban a ellos, esforzándose en hacer de la religión una "incumbencia privada", no en relación al Estado moderno, sino en relación al partido de la clase de vanguardia. Huelga decir qué significación real de clase tenían semejantes "enmiendas" a Marx: la cosa es clara de por sí. Señalaremos solamente que Plejánov fue el único marxista dentro de la socialdemocracia internacional que hizo, desde el punto de vista del materialismo dialéctico consecuente, la crítica de aquellas increíbles banalidades acumuladas por los revisionistas. Es tanto más necesario subrayar esto decididamente, por cuanto en nuestro tiempo se hacen tentativas profundamente erróneas para hacer pasar el viejo y reaccionario fárrago filosófico bajo el pabellón de la crítica del oportunismo táctico de Plejánov36. Pasando a la Economía Política hay que señalar, ante todo, que en este campo las "enmiendas" de los revisionistas eran muchísimo más multifacéticas y minuciosas; trataron de sugestionar al público con "nuevos datos del desarrollo económico". Decían que en el campo de la economía rural no se opera de ningún modo la concentración y el desplazamiento de la pequeña producción por la grande y, que en el comercio y en la industria se opera con extrema lentitud. Decían que, ahora, las crisis se han hecho más raras y más débiles, y que era probable que los cartels y los trusts diesen al capital la posibilidad de eliminar por completo las crisis. Decían que la "teoría de la bancarrota", hacia la cual marcha el capitalismo, es inconsistente a causa de la tendencia a suavizar y atenuar las contradicciones de clase. Decían, finalmente, que no estaría mal enmendar también la teoría del valor de Marx con arreglo a 34 Lenin alude al bernsteinianismo: corriente hostil al marxismo en la socialdemocracia internacional, surgida a fines del siglo XIX en Alemania, y que debe su nombre al socialdemócrata oportunista alemán Eduardo Bernstein. Después de la muerte de Engels, Bernstein propugnó la revisión descarada de la doctrina revolucionaria de Marx, de acuerdo con el espíritu del liberalismo burgués (en los artículos Problemas del socialismo y en el libro Premisas del socialismo y tareas de la socialdemocracia), pretendiendo convertir el Partido Socialdemócrata en un partido pequeñoburgués de reformas sociales. En Rusia fueron partidarios del bernsteinianismo los "marxistas legales", los "economistas", los bundistas y los mencheviques. 35 Lenin cita las palabras del epílogo de C. Marx a la segunda edición del primer tomo de El Capital. 36 Véase el libro Ensayos sobre la filosofía del marxismo de Bogdánov, Bazárov y otros. Aquí no es lugar oportuno para analizar este libro, y por el momento, tengo que limitarme a la declaración de que, no tardando, he de demostrar en una serie de artículos, o en un folleto especial, que todo lo que se dice en el texto sobre los revisionistas neokantianos guarda también relación, en sustancia con estos "nuevos" revisionistas neohumistas y neoberkelianos. (Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 18. - N. de la Edit.) 36 Böhm-Bawerk37. La lucha contra los revisionistas, en torno a estas cuestiones, sirvió para reavivar fecundamente el pensamiento teórico del socialismo internacional, al igual que, veinte años antes, había ocurrido con la polémica de Engels contra Dühring. Los argumentos de los revisionistas fueron analizados con hechos y cifras en la mano. Se demostró que los revisionistas embellecían sistemáticamente la pequeña producción actual. El hecho de la superioridad técnica y comercial de la gran producción sobre la pequeña no sólo en la industria, sino también en la agricultura, está demostrado con datos irrefutables. Pero, en la agricultura, la producción mercantil está mucho menos desarrollada, y los estadísticos y economistas actuales no saben, por lo general, destacar aquellas ramas (y, a veces, incluso las operaciones) especiales de la agricultura que expresan cómo ésta se ve englobada, progresivamente, en el intercambio de la economía mundial. La pequeña producción se sostiene sobre las ruinas de la economía natural, gracias al empeoramiento infinito de la alimentación, al hambre crónica, o a la prolongación de la jornada de trabajo, al descenso de la calidad del ganado y del cuidado de éste; en una palabra, gracias a aquellos mismos medios con que se sostuvo también la producción artesana contra la manufactura capitalista. Cada paso de avance de la ciencia y de la técnica mina, inevitable e inexorablemente, los cimiento de la pequeña producción en la sociedad capitalista. Y la tarea de la economía socialista consiste en investigar este proceso en todas sus formas, no pocas veces complejas e intrincadas, y demostrar al pequeño productor la imposibilidad de sostenerse bajo el capitalismo, la situación desesperada de las haciendas campesinas en el régimen capitalista y la necesidad de que el campesino acepte el punto de vista del proletariado. Ante el problema de que tratamos, los revisionistas cometieron, en el aspecto científico, el pecado de incurrir en una generalización superficial de algunos hechos unilateralmente desglosados, al margen de su conexión con todo el régimen del capitalismo, y, en el sentido político, cometieron el pecado de llamar o empujar inevitablemente al campesino, de modo voluntario o involuntario, al punto de vista del propietario (es decir, al punto de vista de la burguesía), en vez de empujarle al punto de vista del proletario revolucionario. El revisionismo salió aún peor parado en cuanto a la teoría de las crisis y a la teoría de la bancarrota. Sólo durante un tiempo muy breve, y únicamente 37 Teoría de la utilidad límite fue elaborada por el economista burgués austríaco Böhm-Bawerk en oposición a la teoría del valor de Marx. Böhm-Bawerk determina el valor de las mercancías en dependencia de su utilidad para los hombres y no en dependencia de la cantidad de trabajo socialmente necesario invertido en su producción. V. I. Lenin gentes muy miopes, podían pensar en modificar las bases de la doctrina de Marx bajo el influjo de unos cuantos años de auge y prosperidad industrial. Muy pronto, la realidad se encargó de demostrar a los revisionistas que las crisis no habían fenecido: tras la prosperidad, vino la crisis. Cambiaron las formas, la sucesión, el cuadro de las distintas crisis, pero éstas seguían siendo parte integrante, inevitable, del régimen capitalista. Los cartels y los trusts, unificando la producción, reforzaron al mismo tiempo, a la vista de todos, la anarquía de la producción, la inseguridad económica del proletariado y la opresión del capital, agudizando de este modo, en un grado nunca visto, las contradicciones de clase. Que el capitalismo marcha hacia la bancarrota -tanto en el sentido de las crisis políticas y económicas aisladas, como en el sentido del completo hundimiento de todo el régimen capitalista- lo han venido a demostrar, de un modo bien palpable y en proporciones particularmente extensas, los modernos y gigantescos trusts. La reciente crisis financiera en Norteamérica, la espantosa agudización del paro en toda Europa, sin hablar de la próxima crisis industrial, de la que apuntan no pocos síntomas, todo ello ha hecho que las recientes "teorías" de los revisionistas hayan sido olvidadas por todos, incluso, al parecer, por muchos de ellos mismos. Lo que no se debe olvidar son las enseñanzas que esta inestabilidad de los intelectuales dio a la clase obrera. En cuanto a la teoría del valor, sólo es necesario decir que, aparte de alusiones y suspiros muy vagos, a la manera de Böhm-Bawerk, los revisionistas no aportaron aquí absolutamente nada ni dejaron, por tanto, ninguna huella en el desarrollo del pensamiento científico. En el campo de la política, el revisionismo intentó revisar lo que realmente constituye la base del marxismo, o sea, la teoría de la lucha de clases. La libertad política, la democracia, el sufragio universal destruyen la base para la lucha de clases -nos decían los revisionistas- y dan un mentís a la vieja tesis del Manifiesto Comunista de que los obreros no tienen patria. Puesto que en la democracia impera la "voluntad de la mayoría", no debemos ver en el Estado, según ellos, el órgano de la dominación de clase, ni negarnos a hacer alianzas con la burguesía progresista, socialreformista, contra los reaccionarios. Es indiscutible que estas objeciones de los revisionistas se reducían a un sistema bastante armónico de concepciones, a saber: a las harto conocidas concepciones liberalburguesas. Los liberales han dicho siempre que el parlamentarismo burgués suprime las clases y las diferencias de clase, ya que todos los ciudadanos sin excepción tienen derecho al voto y a intervenir en los asuntos del Estado. Toda la historia de Europa durante la 37 Marxismo y revisionismo segunda mitad del siglo XIX, y toda la historia de la revolución rusa, a comienzos del siglo XX, enseñan palpablemente cuán absurdos son tales conceptos. Con las libertades del capitalismo "democrático", las diferencias económicas, lejos de atenuarse, se acentúan y se agudizan. El parlamentarismo no elimina, sino que pone al desnudo la esencia de las repúblicas burguesas más democráticas como órganos de opresión de clase. Ayudando a ilustrar y a organizar a masas de población incomparablemente más extensas que las que antes participaban de un modo activo en los acontecimientos políticos, el parlamentarismo prepara así no la supresión de las crisis y de las revoluciones políticas, sino la mayor agudización de la guerra civil durante estas revoluciones. Los acontecimientos de París, en la primavera de 1871, y los de Rusia, en el invierno de 1905, pusieron de manifiesto, con excepcional claridad, cuán inevitablemente se produce esta agudización. La burguesía francesa, para aplastar el movimiento proletario, no vaciló ni un segundo en pactar con el enemigo de toda la nación, con las tropas extranjeras que habían arruinado a su patria. Quien no comprenda la inevitable dialéctica interna del parlamentarismo y de la democracia burguesa, que conduce a solucionar la disputa por la violencia masiva de un modo todavía más tajante que en tiempos anteriores, jamás sabrá desarrollar, sobre la base de este parlamentarismo, una propaganda y una agitación consecuentes desde el punto de vista de los principios, que preparen verdaderamente a las masas obreras para la participación victoriosa en tales "disputas". La experiencia de las alianzas, de los acuerdos, de los bloques con el liberalismo socialreformista en Occidente y con el reformismo liberal (demócratas constitucionalistas38) en la revolución rusa, muestra de manera convincente que 38 Demócratas constitucionalistas ("partido demócrata constitucionalista"): partido principal de la burguesía imperialista de Rusia, fundado en octubre de 1905. Los demócratas constitucionalistas se denominaban partido de la "libertad del pueblo", pero en realidad aspiraban a un entendimiento con la autocracia a fin de mantener el zarismo en forma de monarquía constitucional. Al estallar la guerra imperialista (1914-1918), exigieron continuar "la guerra hasta la victoria". Después de la revolución de Febrero y como resultado de una confabulación con los líderes socialistas revolucionarios y mencheviques del Soviet de Petrogrado, ocuparon los puestos de dirección en el gobierno provisional burgués y aplicaron una antipopular política contrarrevolucionaria. Triunfante la Gran Revolución Socialista de Octubre, los demócratas constitucionalistas -enemigos encarnizados del Poder soviético- tomaron parte en la lucha armada y en todas las intervenciones de la contrarrevolución. Después de la derrota de los intervencionistas y los guardias blancos, los demócratas constitucionalistas continuaron su actividad contrarrevolucionaria antisoviética en la emigración. estos acuerdos no hacen más que embotar la conciencia de las masas, no reforzando, sino debilitando la significación real de su lucha, uniendo a los luchadores con los elementos menos capaces de luchar, con los elementos más vacilantes y traidores. El millerandismo francés39 -la más grande experiencia de aplicación de la táctica política revisionista en una amplia escala, realmente nacional- nos ha dado una valoración práctica del revisionismo, que el proletariado del mundo entero jamás olvidará. El complemento natural de las tendencias económicas y políticas del revisionismo era su actitud ante la meta final del movimiento socialista. "El objetivo final no es nada; el movimiento lo es todo": esta frase proverbial de Bernstein expresa la esencia del revisionismo mejor que muchas largas disertaciones. Determinar el comportamiento de un caso para otro, adaptarse a los acontecimientos del día, a los virajes de las minucias políticas, olvidar los intereses cardinales del proletariado y los rasgos fundamentales de todo el régimen capitalista, de toda la evolución del capitalismo, sacrificar estos intereses cardinales en aras de las ventajas reales o supuestas del momento: ésa es la política revisionista. Y de la misma esencia de esta política se deduce, con toda evidencia, que puede adoptar formas infinitamente diversas y que cada problema un poco "nuevo", cada viraje un poco inesperado e imprevisto de los acontecimientos -aunque este viraje sólo altere la línea fundamental del desarrollo en proporciones mínimas y por el plazo más corto-, provocará siempre, inevitablemente, esta o la otra variedad de revisionismo. El carácter inevitable del revisionismo está condicionado por sus raíces de clase en la sociedad actual. El revisionismo es un fenómeno internacional. Para ningún socialista un poco enterado y reflexivo puede existir ni la más pequeña duda de que la relación entre los ortodoxos y los bernsteinianos en Alemania, entre los guesdistas y los jauresistas (ahora, en particular, los broussistas) en Francia40, 39 Millerandismo (ministerialismo): corriente oportunista en los partidos socialistas de Europa Occidental a fines del siglo XIX y comienzos del XX; debe su nombre al socialista francés A. Millerand, que en 1899 entró a formar parte del gobierno burgués reaccionario de Francia y aplicó juntamente con la burguesía una política imperialista. 40 Guesdistas y jauresistas, broussistas (posibilistas): Guesdistas: partidarios de Julio Guesde y Pablo Lafargue, corriente marxista de izquierda, que propugnaba una política proletaria revolucionaria independiente. Los guesdistas conservaron el nombre del Partido Obrero de Francia y continuaron apoyando el programa del partido, aprobado en 1880 en el Havre, cuya parte teórica fue escrita por C. Marx. Ejercían una gran influencia en los centros industriales de Francia y unieron a los elementos avanzados de la clase obrera. En 1901, los guesdistas 38 entre la Federación Socialdemócrata y el Partido Laborista Independiente en Inglaterra41, entre De formaron el Partido Socialista de Francia. Jauresistas: partidarios de Juan Jaurés, que encabezó el ala derecha, reformista, del movimiento socialista francés. Encubriéndose con la exigencia de la "libertad de crítica", los jauresistas trataban de revisar las tesis fundamentales del marxismo y propugnaban la colaboración de clase del proletariado y la burguesía. En 1902, los jauresistas formaron el Partido Socialista Francés, que mantuvo posiciones reformistas. Broussistas (posibilistas): miembros de la corriente oportunista surgida en el movimiento obrero francés en los años del 80 del siglo XIX, encabezada por Benito Melon y Pablo Brousse. Los posibilistas eran adversarios a un partido revolucionario del proletariado y se pronunciaban por la renuncia a la lucha revolucionaria, considerando que el paso paulatino al socialismo era posible únicamente con el concurso de los organismos de la administración local, es decir, de los municipios. Por su política oportunista, que se reducía a la llamada "política de posibilidades", fueron calificados irónicamente por Guesde de posibilistas. A fines de la década del 80, los posibilistas, con el apoyo de algunos elementos oportunistas de otros países, y en particular de Hyndman (Federación Socialdemócrata de Inglaterra), intentaron apoderarse de la dirección del movimiento obrero internacional. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones socialistas de los distintos países no siguieron a los posibilistas y participaron en el Congreso de marxistas celebrado en París del 14 al 20 de julio de 1889. Este Congreso fue el comienzo de la II Internacional. Engels sostuvo una lucha perseverante contra los posibilistas, desenmascarando su actividad escisionista. En 1902, los posibilistas, junto con otros grupos reformistas, fundaron el Partido Socialista Francés. En 1905, el Partido Socialista de Francia y el Partido Socialista Francés se unificaron en un solo partido. Durante la guerra imperialista de 1914-1918, Guesde, con toda la dirección del Partido Socialista Francés, se pasó a las posiciones del socialchovinismo. 41 Se refiere a la Federación Socialdemócrata de Inglaterra, fundada en 1884. A la par con los reformistas (Hyndman y otros) y los anarquistas, formaba parte de la Federación Socialdemócrata de Inglaterra un grupo de socialdemócratas revolucionarios partidarios del marxismo (Harry Quelch, Tom Mann, Edward Eveling, Leonora Marx y otros), que constituían el ala izquierda del movimiento socialista de Inglaterra. F. Engels criticó rigurosamente a la Federación Socialdemócrata de Inglaterra por su dogmatismo y sectarismo, por apartarse del movimiento obrero de masas de Inglaterra y por ignorar sus peculiaridades. En 1907 la Federación Socialdemócrata de Inglaterra empezó a llamarse Partido Socialdemócrata. Este, junto con los elementos de izquierda del Partido Obrero Independiente formó en 1911 el Partido Socialista Británico; en 1920, la mayoría de sus afiliados tomó parte en la fundación del Partido Comunista de la Gran Bretaña. Independent Labour Party (I. L. P.) (Partido Laborista Independiente) fue fundado en 1893. Lo encabezaban James Keir Hardie, Ramsay MacDonald y otros. Aunque pretendía mantener la independencia política respecto a los partidos burgueses, en realidad, el Partido Laborista V. I. Lenin Brouckere y Vandervelde en Bélgica42, los integralistas y los reformistas en Italia43, los bolcheviques y los mencheviques en Rusia, es, en todas partes, sustancialmente, una y la misma, pese a la gigantesca diversidad de las condiciones nacionales y de los factores históricos en la situación actual de todos estos países. La "división en el seno del socialismo internacional contemporáneo se desarrolla ya, ahora, en los diversos países del mundo, esencialmente, en una misma línea, lo cual muestra el formidable paso adelante que se ha dado en comparación con lo que ocurría hace 30 ó 40 años, cuando en los diversos países luchaban tendencias heterogéneas dentro del socialismo internacional único. Y ese "revisionismo de izquierda" que se perfila hoy en los países latinos con el nombre de "sindicalismo revolucionario"44, se adapta también al marxismo "enmendándolo": Labriola en Italia, Lagardelle en Francia apelan a cada paso del Marx mal comprendido al Marx bien Independiente sólo era "independiente" del socialismo, pero muy dependiente del liberalismo" (Lenin). Al comienzo de la primera guerra mundial (1914-1918), el Partido Laborista Independiente publicó un manifiesto contra la guerra (el 13 de agosto de 1914). Luego, en febrero de 1915, en la Conferencia de Londres de socialistas de los países de la Entente, los independientes se adhirieron a la resolución socialchovinista adoptada por la Conferencia. A partir de entonces, los líderes de los independientes, encubriéndose con frases pacifistas, mantuvieron una posición socialchovinista. En 1919, los lideres del Partido Laborista Independiente, bajo la presión de las masas radicalizadas del partido, tomaron el acuerdo de abandonar la II Internacional. En 1921, los independientes ingresaron en la llamada Internacional II y media y, después de la disgregación de ésta, volvieron a ingresar en la II Internacional. En 1921, el ala izquierda del Partido Laborista Independiente de Inglaterra se separó de éste e ingresó en el Partido Comunista de la Gran Bretaña. 42 En el Partido Obrero Belga, Brouckere y sus partidarios se pronunciaban contra la participación de los socialistas en un gobierno burgués reaccionario y luchaban contra Vandervelde, que encabezaba a los revisionistas belgas. Posteriormente, Brouckere pasó a las posiciones oportunistas. 43 Los integralistas: partidarios del socialismo "integral", variedad del socialismo pequeñoburgués. 44 "Sindicalismo revolucionario": corriente pequeño burguesa semianarquista, surgida en el movimiento obrero de diversos países de Europa Occidental a fines del siglo XIX. Los sindicalistas negaban la necesidad de la lucha política de la clase obrera, el papel dirigente del partido y la dictadura del proletariado, y consideraban que los sindicatos, mediante la huelga general de los obreros, pero sin revolución, pueden derrocar el capitalismo y tomar en sus manos la dirección de la producción. Lenin señalaba que "el sindicalismo revolucionario ha sido en muchos países el resultado directo e inevitable del oportunismo, del reformismo y del cretinismo parlamentario". (Véase Obras, 5a ed. en en ruso, t. 16, pág. 188.) Marxismo y revisionismo comprendido. No podemos detenernos a examinar aquí el contenido ideológico de este revisionismo, que dista mucho de estar tan desarrollado como el revisionismo oportunista, y que no se ha internacionalizado, que no ha afrontado ni una sola batalla práctica importante con el partido socialista de ningún país. Por eso, nos limitaremos a ese "revisionismo de derecha", que hemos dejado esbozado más arriba. ¿En qué estriba su carácter inevitable en la sociedad capitalista? ¿Por qué es más profundo que las diferencias debidas a las particularidades nacionales y al grado de desarrollo del capitalismo? Porque en todo país capitalista existen siempre, al lado del proletariado, extensas capas de pequeña burguesía, de pequeños propietarios. El capitalismo ha nacido y sigue naciendo, constantemente, de la pequeña producción. El capitalismo crea de nuevo, infaliblemente, toda serie de "capas medias" (apéndice de las fábricas, trabajo a domicilio, pequeños talleres diseminados por todo el país en virtud de las exigencias de la gran industria, por ejemplo, de la industria de bicicletas y automóviles, etc.). Estos nuevos pequeños productores se ven nuevamente arrojados también, de modo no menos inevitable, a las filas del proletariado. Es perfectamente natural que la mentalidad pequeñoburguesa irrumpa de nuevo, una y otra vez, en las filas de los grandes partidos obreros. Es perfectamente natural que deba suceder así, y así sucederá siempre hasta llegar a las peripecias de la revolución proletaria, pues sería un profundo error pensar que es necesario que la mayoría de la población se proletarice "por completo" para que esa revolución sea realizable. Lo que hoy vivimos con frecuencia en un plano puramente ideológico: las disputas en torno a las enmiendas teóricas hechas a Marx; lo que hoy sólo se manifiesta en la práctica a propósito de ciertos problemas parciales, aislados, del movimiento obrero, como discrepancias tácticas con los revisionistas y las escisiones sobre este terreno, lo tendrá que vivir sin falta la clase obrera, en proporciones incomparablemente mayores, cuando la revolución proletaria agudice todos los problemas en litigio y concentre todas las discrepancias en los puntos de importancia más inmediata para determinar la conducta de las masas, obligando a separar, en el fragor del combate, los enemigos de los amigos, a echar por la borda a los malos aliados, para asestar los golpes decisivos al enemigo. La lucha ideológica del marxismo revolucionario contra el revisionismo, librada a fines del siglo XIX, no es más que el preludio de los grandes combates revolucionarios del proletariado, que, pese a todas las vacilaciones y debilidades de los filisteos, avanza hacia el triunfo completo de su causa. 39 Escrito no más tarde del 3 (16) de abril de 1908. Publicado en 1908 en la recopilación Carlos Marx (1818-1883). Firmado: VI. Ilín. V. I. Lenin. Obras, 58 ed. en ruso, t. 17, págs. 1526. ¿A QUE HERE1CIA RE1U1CIAMOS? En el número 10 de Rússkoe Bogatstvo45 del año 1897, escribe el señor Mijailovski, exponiendo el juicio del señor Minski sobre los "materialistas dialécticos": "él (el señor Minski) debía saber que esta gente no desea tener ningún vínculo de continuidad con el pasado y renuncia decididamente a la herencia" (pág. 179), o sea, "a la herencia de las décadas del 60 y del 70", a la que ya en 1891 había renunciado solemnemente el señor V. Rózanov en Moskovskie Védomosti46 (pág. 178). En este comentario del señor Mijailovski sobre "los discípulos rusos" hay un sinnúmero de falsedades. Por cierto que el señor Mijailovski no es el único y original autor de esta falsedad acerca de la "renuncia de los discípulos rusos a la herencia"; hace mucho que la repiten casi todos los representantes de la prensa liberal-populista al combatir a los "discípulos"47. En los comienzos de su furiosa guerra contra los "discípulos", el señor Mijailovski, si la memoria no nos es infiel, aún no había inventado esa falsedad; fueron otros los que lo hicieron antes que él. Más tarde consideró que era necesario valerse también de ella. A medida que los "discípulos" fueron desarrollando sus puntos de vista en la literatura rusa, cuanto más exhaustiva y 45 "Rússkoe Bogatstvo" ("La Riqueza Rusa"): revista mensual editada en Petersburgo desde 1876 hasta mediados de 1918. Desde comienzos de la década del 90 fue órgano de los populistas liberales, siendo dirigida por S. Krivenko y N. Mijailovski. La revista propugnaba la reconciliación con el gobierno zarista, manteniendo, al mismo tiempo, una encarnizada lucha contra el marxismo y los marxistas rusos. A partir de 1906, la revista pasó a ser órgano del partido semidemócrata constitucionalista de los "socialistas populares". 46 "Moskovskie Védomosti" ("Las Noticias de Moscú"): uno de los periódicos rusos más antiguos. Empezó a editarse, como una pequeña hoja, por la Universidad de Moscú en 1756. Desde 1863, el periódico, en manos de M. N. Katkov, pasó a ser un portavoz monárquiconacionalista, que propugnaba las ideas de los sectores más reaccionarios de los terratenientes y del clero. Desde 1905 fue uno de los órganos principales de las "centurias negras". Se publicó hasta la Revolución de Octubre de 1917. 47 Discípulos: los discípulos de C. Marx y F. Engels. Este término se utilizaba en los años del 90 del siglo XIX como denominación legal de los marxistas. detalladamente se pronunciaban sobre toda una serie de problemas teóricos y prácticos, menos objeciones serias se podían hallar en la prensa adversaria contra los puntos fundamentales de la nueva orientación, contra la noción del carácter progresivo del capitalismo ruso, contra la absurda idealización populista del pequeño productor, contra la necesidad de buscar la explicación de las corrientes del pensamiento social y de las instituciones jurídicopolíticas en los intereses materiales de las diversas clases de la sociedad rusa. Estos puntos fundamentales fueron silenciados, se prefirió y se prefiere no hablar de ellos; pero, en cambio, han aumentado las invenciones tendientes a desacreditar la nueva orientación. Entre estas invenciones, "malas invenciones", se encuentran también las frases en boga acerca de "la renuncia de los discípulos rusos a la herencia", acerca de su ruptura con las mejores tradiciones del mejor y más avanzado sector de la sociedad rusa, o de que han roto el hilo democrático, etc., etc., y muchas otras cosas por el estilo. La extraordinaria difusión que se ha dado a tales frases nos obliga a detenernos en un análisis minucioso de las mismas y en su refutación. Para que nuestra exposición no aparezca como carente de pruebas, comenzaremos estableciendo un paralelo históricoliterario entre dos "publicistas del agro", tomados para caracterizar la "herencia". Hacemos la salvedad de que nos limitaremos exclusivamente a los problemas económicos y sociales, analizando, de toda la "herencia", sólo éstos y dejando de lado los problemas filosóficos, literarios, estéticos, etc. I. Uno de los representantes de la "herencia" Hace 30 años, en 1867, comenzaron a publicarse en la revista Otéchestvennie Zapiski48 los ensayos 48 "Otéchestvennie Zapiski" ("Anales Patrios"): revista literaria y política; empezó a editarse en Petersburgo en 1820. Desde 1839 pasó a ser la mejor publicación progresiva de aquella época. Colaboraban en la revista V. Belinski, A. Herzen, T. Granovski, N. Ogariov y otros. A partir de 1846, después de marcharse V. Belinski, empezó a declinar la importancia de Otéchestvennie Zapiski. Desde 1868, al ser dirigida por N. Nekrásov y M. SaltykovSchedrín, Otéchestvennie Zupiski inició un nuevo período de florecimiento, cuando la revista agrupaba a los intelectuales revolucionario-democráticos. Después de la ¿A que herencia renunciamos? económico-sociales de Skaldin, bajo el título de En una perdida aldea y en la capital. Estos ensayos fueron publicados en el curso de tres años, de 1867 a 1869. En el año 1870 su autor los recopiló y los editó en un solo volumen bajo el mismo título49. Trabar conocimiento con este libro, casi totalmente olvidado en la actualidad, es extraordinariamente instructivo en lo que se refiere al problema que nos interesa, o sea, el de la actitud de los representantes de la "herencia" frente a los populistas y frente a los "discípulos rusos". El título del libro no es exacto. El propio autor lo ha notado y explica en el prólogo que el tema se refiere a la actitud de la "capital" con respecto a la "aldea", es decir, que se trata de ensayos económico-sociales sobre esta última y que no es su propósito hablar en especial de la capital. Es decir, quizás haya tenido ese propósito, pero no lo creyó conveniente: como yo podría, no quiero; y como querría, no puedo. Skaldin cita, para explicar esa inconveniencia, la frase de un escritor griego. Haremos una breve exposición de los puntos de vista de Skaldin. Comenzaremos por la reforma campesina50, punto muerte de N. Nekrásov (1877), la revista cayó bajo la influencia de los populistas. La revista fue perseguida constantemente por la censura, y en abril de 1884 fue suspendida por el gobierno zarista. 49 Skaldin. En una perdida aldea y en la capital, San Petersburgo, 1870 (451 págs). No nos ha sido posible conseguir los números de Otéchestvennie Zapiski, correspondientes a ese período; por lo tanto hemos utilizado únicamente el libro. En los archivos del Instituto de Marxismo-Leninismo, adjunto al CC del PCUS hay un resumen del libro de Skaldin En una perdida aldea y en la capital, hecho por C. Marx, así como un ejemplar del mismo, editado en 1870, con sus apuntes y notas. La comparación del resumen hecho por Marx con la obra de Lenin ¿A qué herencia renunciamos? demuestra que Marx y Lenin tenían la misma opinión acerca de la información y las conclusiones del autor del libro. 50 Se refiere a la ley sobre la emancipación de los campesinos del régimen de servidumbre (la llamada "reforma campesina"), promulgada por el gobierno zarista en 1861. La necesidad de la reforma se debió a toda la marcha del desarrollo económico del país y al auge del movimiento campesino de masas contra la explotación feudal. La "reforma campesina" fue una reforma burguesa aplicada por señores feudales. Su contenido burgués "se exteriorizaba tanto más cuanto menos se recortaban las tierras campesinas, cuanto más completa era su separación de las tierras de los terratenientes, cuanto más bajo era el tributo que tenían que pagar a los señores feudales". (Véase V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 20, pág. 173.) La "reforma campesina" fue un paso en el camino de la transformación de Rusia en una monarquía burguesa. En total fueron "manumitidos" 22,5 millones de campesinos. Sin embargo, se conservaron las haciendas de los terratenientes. Las tierras de los campesinos se declaraban propiedad del terrateniente. El campesino podía obtener una parcela de tierra solamente con arreglo a 41 de partida al cual deben remontarse inevitablemente, aun hoy, quienes deseen exponer sus concepciones generales sobre los problemas económicos y sociales. En el libro de Skaldin se dedica mucho espacio a la reforma campesina. Skaldin fue tal vez el primer escritor que, en forma sistemática y basándose en innumerables hechos y en un examen minucioso de toda la vida del campo, supo mostrar la situación calamitosa de los campesinos después de efectuada la reforma, el empeoramiento de sus condiciones de vida, las nuevas formas de su dependencia en lo económico, en lo jurídico y en su vida cotidiana; en una palabra, supo mostrar todo lo que desde entonces ha sido mostrado y demostrado, en forma circunstanciada y minuciosa, a través de innumerables investigaciones y descripciones. En la actualidad, todas estas verdades no constituyen novedad alguna, pero en aquel entonces, no sólo constituían una novedad, sino que hasta suscitaban la desconfianza de la sociedad liberal, la cual temía que detrás de estas alusiones a las llamadas "deficiencias de la reforma", se ocultase la condenación de ella y un velado espíritu feudal. El interés que ofrecen los puntos de vista de Skaldin es tanto mayor por tratarse de un contemporáneo de la reforma (y, posiblemente, incluso un participante de ella. No disponemos de ningún dato histórico-literario, ni biográfico de Skaldin). Sus concepciones se basan, por consiguiente, en la observación directa, tanto de la "capital" como de la "aldea" de entonces, y no en un estudio de gabinete de material-libresco. En las concepciones de Skaldin, referentes a la reforma campesina, llama ante todo la atención del lector actual, habituado a las melosas narraciones populistas sobre el tema, la extraordinaria sensatez la norma establecida por la ley (y de acuerdo con el terrateniente), con rescate. La reforma socavó el viejo sistema de prestación personal, pero no lo suprimió. En poder de los terratenientes quedó la mejor parte de las parcelas campesinas ("tierras recortadas", bosques, prados, abrevaderos, pastizales, etc.), sin los cuales los campesinos no podían explotar su hacienda de modo independiente. Antes de ser concluida la transacción de rescate los campesinos se consideraban "provisionalmente obligados" y prestaban servicios al terrateniente en forma de censos y prestaciones personales. El rescate por los campesinos de sus parcelas, en propiedad, constituyó un robo manifiesto por parte de los terratenientes y el gobierno zarista. Los campesinos tuvieron que pagar por sus tierras centenares de millones de rublos, lo que condujo a la ruina de sus haciendas y al empobrecimiento en masa del campesinado. Los demócratas revolucionarios rusos, con N. Chernishevski a la cabeza, condenaron la reforma agraria por su carácter feudal. Lenin, calificó la "reforma campesina" de 1861 de primer violencia en masa contra los campesinos en favor del capitalismo naciente en la agricultura, de "limpieza de tierras" por los terratenientes para el capitalismo. 42 del autor. Skaldin considera la reforma sin tratar de engañarse a sí mismo, sin ningún género de idealizaciones, la ve como un arreglo entre dos partes -los terratenientes y los campesinos-, que hasta entonces habían usufructuado en común la tierra en determinadas condiciones y que ahora se han dividido, modificando con esa división la posición jurídica de ambas partes. Los intereses de las partes fueron el factor determinante de la forma en que se realizó esa división y de la extensión de lo que recibió cada parte. Esos intereses determinaban las tendencias de ambas partes, pero la posibilidad para una de ellas de participar directamente en la reforma misma y en la solución práctica de los diversos problemas de su realización, ha sido, entre otras cosas, lo que determinó su predominio. Tal es la interpretación que Skaldin da a la reforma. En cuanto al problema principal de la reforma -el de las parcelas y los pagos-, Skaldin se detiene en forma particularmente minuciosa, volviendo más de una vez a él en sus ensayos. (Su libro se divide en 11 ensayos, independientes por su contenido, que por su forma parecen cartas de la aldea. El primer ensayo aparece fechado en 1866, el último, en 1869). Respecto de los llamados campesinos "con poca tierra", el libro no contiene, claro está, nada nuevo para el lector contemporáneo, pero para el de fines de la década del 60, sus afirmaciones eran tan nuevas como valiosas. No nos proponemos, naturalmente, repetirlas; sólo queremos señalar las particularidades de la caracterización que hace Skaldin de este fenómeno, particularidades que lo distinguen ventajosamente de los populistas. Skaldin no habla de la "escasez de tierra", sino de que "se ha recortado una parte demasiado importante de las parcelas campesinas" (pág. 213, así como también 214 y muchas otras; confrontar título del ensayo III), de que las parcelas mayores fijadas por el Reglamento51 resultaron inferiores de las que los campesinos tenían antes de la reforma (pág. 257); cita de paso algunos juicios y comentarios extraordinariamente característicos y típicos de los campesinos sobre este aspecto de la reforma52. Las explicaciones y la demostración de este hecho son en Skaldin extraordinariamente sólidas, vigorosas e incluso 51 Se refiere al Reglamento de los campesinos liberados del régimen de servidumbre, que fue firmado por el zar Alejandro II el 19 de febrero de 1861. 52 "El (subrayado por el autor) ha recortado tanto nuestra tierra que sin esta tierra recortada no se puede vivir; nos ha rodeado por todas partes con sus campos de tal modo que no tenemos dónde llevar el ganado a pacer; así resulta que tenemos que pagar aparte por la parcela y también aparte, y todo lo que nos pide, por la tierra recortada", "¡Qué mejora de vida es ésa! -me dijo un mujik con cierta instrucción y ducho, de los campesinos que en el pasado pagaban el tributo en especie-, nos han dejado el tributo en especie como antes y además nos han recortado las tierras". V. I. Lenin bruscas para un escritor como él, por lo común, excepcionalmente moderado, sensato y, por sus concepciones generales, indudablemente burgués. Si hasta un escritor como Skaldin habla de esto tan enérgicamente, quiere decir que el fenómeno llamó poderosamente la atención. También habla Skaldin de lo gravoso de los pagos de una manera enérgica y sólida poco común, demostrando sus afirmaciones a través de una gran cantidad de hechos. "Los impuestos excesivos -leemos en el subtítulo del ensayo III (1867)- son la causa principal de la pobreza de los campesinos", y Skaldin muestra que los impuestos son superiores a los ingresos que los campesinos obtienen de la tierra; cita de Los trabajos de la Comisión de Impuestos los datos que muestran la distribución de los impuestos en Rusia que se perciben tanto de las clases superiores como de las inferiores, de donde resulta que sobre estas últimas recae el 76% de todos los tributos, y sobre las primeras tan sólo el 17% mientras que en Europa Occidental la relación es, en todas partes, incomparablemente más favorable para las clases inferiores. En el subtítulo del ensayo VII (1868) leemos: "Las desmesuradas cargas monetarias constituyen una de las causas principales de la indigencia de los campesinos", y el autor muestra cómo las nuevas condiciones de vida han exigido de pronto al campesino dinero, dinero y más dinero; muestra cómo en el Reglamento se aceptaba, por regla, recompensar a los terratenientes por la abolición del derecho de servidumbre (252), cómo el monto del tributo era fijado "de acuerdo con los datos suministrados por los terratenientes, por sus administradores y por los alcaldes, es decir, de acuerdo con datos totalmente arbitrarios y carentes de la menor veracidad" (255), a consecuencia de lo cual, los tributos medios en especie deducidos por las comisiones resultaron ser más elevados de lo que debían ser en realidad. "A la carga de los tributos se añadió para los campesinos la pérdida de la tierra que habían usufructuado durante siglos" (258). "Si la valuación de la tierra para el rescate se hubiera hecho por su valor real en la época de la emancipación y no según la capitalización del tributo, el rescate podría haberse efectuado muy fácilmente y no se necesitaría ni siquiera la colaboración del gobierno ni la emisión de títulos de crédito" (264). "El rescate que, según el espíritu del Reglamento del 19 de febrero, debía ser un alivio para los campesinos y traer el mejoramiento de sus condiciones de vida, tiende frecuentemente, en realidad, a aumentar aún más su penuria" (269). Mencionamos aquí todas estas citas -de por sí poco interesantes y en parte anticuadas- para demostrar con cuánta energía se expresaba en favor de los intereses de los campesinos un escritor que se conduce como adversario del sistema comunal y que en toda una serie de problemas se ha pronunciado 43 ¿A que herencia renunciamos? como un verdadero manchesteriano53. Es muy aleccionador señalar la total coincidencia de casi todas las tesis útiles y no reaccionarias del populismo con las de este manchesteriano. Se comprende de por sí que, con tales concepciones acerca de la reforma, Skaldin no podía entregarse a esa empalagosa idealización de ella, como lo hicieron y lo hacen los populistas diciendo que ella ha sancionado la producción popular, que era superior a las reformas campesinas europeo-occidentales, que había hecho de Rusia algo así como tabla rasa, etc. Skaldin no sólo no ha dicho ni ha podido decir nada semejante, sino que, por el contrario, dijo francamente que nuestra reforma campesina se había realizado en condiciones menos ventajosas para los campesinos, que había sido menos provechosa que la de Occidente. "El problema se planteará directamente escribía Skaldin-, si nos preguntamos por qué las felices consecuencias de la emancipación no se manifiestan entre nosotros con la misma rapidez y el mismo crecimiento progresivo, como se han manifestado, por ejemplo, en Prusia y Sajonia en el primer cuarto del presente siglo" (221). "En Prusia, como en toda Alemania, se rescataban no las parcelas de los campesinos, que desde hacía mucho ya eran reconocidas por la ley como propiedad de éstos, sino la prestación obligatoria de servicios a los terratenientes" (272). Ahora pasaremos del aspecto económico al aspecto jurídico de la reforma en la apreciación de Skaldin. Skaldin es un ardiente adversario de la caución solidaria54, del sistema de pasaportes y del poder patriarcal de la "comunidad" en el campesinado (y de las corporaciones pequeñoburguesas) sobre sus miembros. En el III ensayo (1867) insiste sobre la necesidad de suprimir la caución solidaria, la capitación y el sistema de pasaportes, sobre la necesidad de establecer impuestos patrimoniales igualitarios y la sustitución de los pasaportes por certificados gratuitos y permanentes. "El impuesto sobre pasaportes dentro del propio país no existe en ningún otro Estado civilizado" (109). Como se sabe, este impuesto ha sido abolido tan sólo en 1897, En el título del IV ensayo leemos: "La arbitrariedad de las comunidades agrícolas y las dumas urbanas en el envío de pasaportes y en el cobro de impuestos a contribuyentes ausentes"... "La caución solidaria es un yugo pesado que deben soportar los propietarios hacendosos y cumplidores por los vagos y holgazanes" (126), Skaldin quiere explicar la desintegración del campesinado, que ya entonces comenzaba a manifestarse, haciendo referencia a las cualidades personales de los que progresan y de los que se arruinan. El autor describe minuciosamente las dificultades con que tropiezan los campesinos que viven en San Petersburgo para obtener y prorrogar los pasaportes y refuta la objeción de los que dicen: "Gracias a Dios que toda esta masa de campesinos sin tierra no ha sido adscrita a las ciudades y no vino a aumentar el número de los habitantes urbanos carentes de bienes raíces..." (130)... "La bárbara caución solidaria..." (131)." "Uno se pregunta: ¿pueden llamarse libres, desde el punto de vista civil, las personas colocadas en semejante situación? ¿No es esto lo mismo que los glebae adscripti?55 (132). Culpan a la reforma campesina, "Pero, ¿acaso es culpable la reforma campesina de que la legislación, después de emancipar al campesino de su servidumbre respecto al terrateniente, no haya podido concebir nada para liberarlo de la sujeción a la comunidad y al lugar de residencia?... ¿Dónde están, pues, los indicios de su libertad civil, si el campesino no puede elegir el lugar de residencia, ni el género de sus ocupaciones?" (132). Skaldin, en forma verdaderamente justa, y certera, denomina a nuestro campesino "proletario sedentario" (231)56. En el título del ensayo VIII (1868), leemos: "...La adscripción de los campesinos a sus comunidades y parcelas entorpece el mejoramiento de sus condiciones de vida... Es una traba para el desenvolvimiento de trabajos fuera de la localidad". "Además de la ignorancia de los campesinos y del aplastamiento bajo el peso del aumento progresivo de los impuestos, una de las causas que traba el desarrollo del trabajo campesino y, por consiguiente, de su bienestar, es su adscripción a las comunidades 53 Manchesterianos: partidarios de la "escuela manchesteriana" en la Economía Política burguesa, que en la primera mitad del siglo XIX se pronunciaban por el libre cambio y la derogación de las leyes que obstaculizaban el desarrollo del capitalismo (leyes sobre el pan y otras). Manchester, gran ciudad industrial de Inglaterra, fue el centro de este movimiento. Encabezaban la "escuela manchesteriana" Richard Cobden y John Bright. 54 Caución solidaria: responsabilidad colectiva obligatoria de los campesinos de cada comunidad rural por el pago puntual y completo de los impuestos en metálico y por el cumplimiento de toda clase de prestaciones en favor del Estado y los terratenientes (contribuciones, pagos de rescate, recluta de quintos, etc.). Esta forma de vasallaje de los campesinos fue suprimida únicamente en 1906. 55 Campesinos de la época del antiguo Imperio Romano, adscritos a las parcelas, de las que no podían irse, aun cuando éstas no les dieran ni para vivir. (N. de la Edit.) 56 Skaldin ha mostrado muy detalladamente la justicia no sólo de la segunda, sino también de la primera parte de esta definición (proletario). Dedica mucho espacio en sus ensayos a la descripción de la situación de dependencia de los campesinos y de su miseria, de la difícil situación de los jornaleros agrícolas, a la "descripción del hambre de 1868" (título del ensayo V) y de todo género de formas de sojuzgamiento y de humillación del campesino. También en la década del 60, igual que en la del 90, hubo gentes que silenciaban y negaban la existencia del hambre. Skaldin se alza ardientemente contra ellas. Claro está que sería superfluo traer citas minuciosas sobre esta materia. 44 y parcelas. Atar la mano de obra a un solo lugar y encadenar la comunidad agraria con lazos indisolubles es ya de por sí una condición extremadamente desventajosa para el desarrollo del trabajo, para la iniciativa personal y para la pequeña propiedad agraria" (284). "Los campesinos, sujetos como están a sus parcelas y comunidades, privados de la posibilidad de emplear su trabajo donde resulte más productivo y más ventajoso para ellos, han quedado como congelados en esta forma de vida semejante a la de un rebaño, improductiva, tal como han salido de manos del régimen de la servidumbre" (285). El autor, por consiguiente, enfoca estos problemas del modo de vida campesino desde un punto de vista netamente burgués, pero, pese a ello (más exacto: precisamente por ello) aprecia, en forma extraordinariamente justa, lo pernicioso de la adscripción de los campesinos para toda la evolución social y para ellos mismos. Con singular fuerza (agregaremos por nuestra parte) se manifiesta este perjuicio en los grupos más inferiores del campesinado, en el proletariado rural. Muy acertadamente dice Skaldin: "es loable la preocupación de la ley por que los campesinos no queden sin tierra; pero no conviene olvidar que la preocupación de los propios campesinos sobre el particular es incomparablemente más fuerte que la de cualquier legislador" (286). "Además de la adscripción de los campesinos a sus parcelas y comunidades, incluso su alejamiento provisorio para ganar un jornal, tropieza con una multitud de restricciones y gastos, a consecuencia de la caución solidaria y el sistema de pasaportes" (298). "Para muchos campesinos, a mi juicio, se abriría una salida de la difícil situación actual si se adoptaran... medidas tendientes a facilitar a los campesinos la posibilidad de renunciar a la tierra" (294). Aquí Skaldin expresa un deseo que contradice radicalmente todos los proyectos populistas, que se reducen a lo contrario: fortalecimiento de la comunidad57, no enajenación de las parcelas, etc. 57 La comunidad (agraria) en Rusia representaba una forma de usufructo colectivo de la tierra por los campesinos, que se caracterizaba por una rotación de cultivos obligatoria y por la indivisibilidad de los bosques y pastizales. Los rasgos principales de la comunidad agraria rusa eran la caución solidaria, la redistribución sistemática de la tierra, la imposibilidad de negarse a aceptarla y la prohibición de su compraventa. Los terratenientes y el gobierno zarista aprovechaban la comunidad para acentuar el yugo feudal y obtener de los campesinos el pago del rescate y tributos. Lenin señalaba que la comunidad, sin preservar al campesino de la proletarización, era de hecho una barrera medieval que dividía a los campesinos. Los populistas idealizaban la comunidad y veían en ella la garantía de una vía específica, no capitalista, del desarrollo de Rusia hacia el socialismo. En los años 80 del siglo XIX, J. Plejánov demostró la inconsistencia de las ilusiones V. I. Lenin Numerosos hechos mostraron plenamente desde entonces la razón que tenia Skaldin: el mantener la sujeción de los campesinos a la tierra y el carácter estamental cerrado de la comunidad campesina sólo empeora la situación del proletariado rural, entorpece el desarrollo económico del país y no ofrece, en absoluto, condiciones para defender al "proletario sedentario" contra las peores formas de sojuzgamiento y de dependencia, contra la caída vertical del salario y del nivel de vida. De las citas transcritas más arriba el lector ya puede deducir que Skaldin es enemigo de la comunidad agrícola. Se pronuncia en contra de la comunidad y la redistribución de las tierras desde el punto de vista de la propiedad personal, del espíritu emprendedor, etc. (págs. 142 y sigs.). Skaldin refuta a los defensores de la comunidad afirmando que el "derecho consuetudinario secular" ya ha caducado: "En todos los países, a medida que los habitantes rurales se ponían en contacto con el medio civilizado, el derecho consuetudinario fue perdiendo su pureza primitiva, se ha ido menoscabando y deformando. Este fenómeno se observa también en nuestro país: el poder de la comunidad poco a poco se convierte en el poder de las sanguijuelas y de los escribanos rurales, y en lugar de proteger la persona del campesino, lo oprime como un pesado yugo" (143), observación muy justa, cuya veracidad ha sido confirmada durante los últimos 30 años por una infinidad de hechos. "La familia patriarcal, la posesión comunal de la tierra, el derecho consuetudinario", a juicio de Skaldin, están irremisiblemente condenados por la historia. "Aquellos que abrigasen el deseo de conservar para siempre estos venerados monumentos de los siglos pasados, demostrarían con ello que están más dispuestos a dejarse arrastrar por una idea que a penetrar en la realidad y comprender la marcha incontenible de la historia" (162), y agrega a esta observación efectivamente justa una vibrante filípica manchesteriana. "El usufructo comunal de la tierra dice en otro lugar- coloca a cada campesino en situación de esclavo con respecto a toda la comunidad" (222). Así, pues, la incondicional hostilidad a la comunidad, desde un punto de vista netamente burgués, se asocia, en Skaldin, con una consecuente defensa de los intereses de los populistas en cuanto al "socialismo comunal", y en los años 90, Lenin no dejó piedra sobre piedra de las teorías populistas. Basándose en numerosos hechos, Lenin mostró cómo se desarrollaban las relaciones capitalistas en el campo ruso y cómo el capital, al penetrar en la comunidad patriarcal, dividía desde adentro a los campesinos en clases antagónicas: en kulaks y campesinos pobres. Las comunidades impedían el desarrollo del capitalismo en el campo. En 1906, el ministro zarista Stolypin promulgó una ley ventajosa para los kulaks, que autorizaba la salida de los campesinos de la comunidad y la venta de las parcelas. ¿A que herencia renunciamos? campesinos. Skaldin no relaciona, en absoluto, su animadversión a la comunidad con los insensatos proyectos de aniquilamiento violento de la comunidad ni con la implantación forzosa de otro sistema similar de posesión de la tierra, proyectos que suelen propugnar los actuales adversarios de la comunidad que pregonan una descarada ingerencia en la vida campesina y se pronuncian contra la comunidad, no precisamente desde el punto de vista de los intereses de los campesinos. Por el contrario, Skaldin protesta enérgicamente contra su inclusión entre los partidarios de "la destrucción violenta del usufructo comunal de la tierra" (144). "La Disposición del 19 de febrero ha dejado -dice-, muy sabiamente en manos de los propios campesinos, la decisión de pasar... del usufructo comunal al familiar. En efecto, nadie, fuera de los campesinos mismos, puede decidir con fundamento sobre la oportunidad de tal paso". Por lo tanto Skaldin es adversario de la comunidad sólo en el sentido de que ésta traba el desarrollo económico, la salida de los campesinos de la comunidad y la renuncia a la tierra, es decir, en el mismo sentido en el que ahora se manifiestan contrarios a la comunidad los "discípulos rusos"; esta hostilidad nada tiene de común con la defensa de los intereses egoístas de los terratenientes, ni con la defensa de los resabios y del espíritu del régimen de servidumbre ni con la defensa de la ingerencia en la vida de los campesinos. Es muy importante tener en cuenta esta diferencia, por cuanto los populistas de hoy, habituados a ver adversarios de la comunidad solamente en el campo de Moskouskie Védomosti, etc., se hacen pasar de buen grado por gente que no entiende otra forma de hostilidad hacia la comunidad. El punto de vista general de Skaldin, con respecto a las causas de la penosa situación de los campesinos, se reduce a que todas ellas reposan en las supervivencias del derecho de servidumbre. Describiendo el hambre del año 1868, Skaldin hace notar que los terratenientes feudales se referían a ella con malévola alegría diciendo que su origen residía en la indisciplina de los campesinos, en la supresión de la tutela terrateniente, etc. Skaldin se rebela vivamente contra estas opiniones. "Las causas del empobrecimiento de los campesinos -dice- son heredadas de la servidumbre (212) y no son los efectos de la abolición de ésta; éstas son las causas generales que mantienen a la mayoría de nuestros campesinos a un nivel próximo al proletariado", y Skaldin repite los juicios antes citados sobre la reforma. Es absurdo acometer contra las particiones familiares: "Aun cuando estas particiones causan un daño temporal a las ventajas materiales de los campesinos, dejan a salvo, en cambio, su libertad individual y la dignidad moral de la familia campesina, es decir, los bienes superiores del hombre, sin los cuales no es posible ningún éxito de la civilización" (217), y Skaldin señala, con razón, 45 las auténticas causas de la campaña contra las particiones: "muchos terratenientes exageran el perjuicio que proviene de las particiones y descargan sobre ellas, del mismo modo que sobre la ebriedad de los campesinos, todas las consecuencias de estas u otras causas de la indigencia de los campesinos cuyo reconocimiento es tan desagradable para los terratenientes" (218). A los que dicen que ahora se habla mucho acerca de la pobreza campesina, mientras que antes no se la mencionaba para nada -lo cual probaría que la situación de los campesinos ha empeorado-, Skaldin contesta: "Para poder juzgar sobre los resultados de la emancipación del poder de los terratenientes, comparando la situación actual de los campesinos con la de antes, habría que ubicar en el tiempo en que imperaba la servidumbre el recorte actual de las parcelas campesinas e imponer a los campesinos de entonces todas las gabelas que han aparecido después de la emancipación, y entonces se vería si los campesinos siervos habrían podido soportar tal situación" (219). Este es un rasgo, en alto grado característico e importante, de las concepciones de Skaldin, quien reduce todas las causas del empeoramiento de la situación de los campesinos a las supervivencias de la servidumbre que ha dejado en herencia las prestaciones, los tributos, los recortes de tierra, la falta de derechos individuales y la obligatoriedad para los campesinos de tener un lugar fijo de residencia. Skaldin no sólo no ve el hecho de que en el propio régimen de las nuevas relaciones económico-sociales, en el propio régimen de la economía posterior a la reforma, pueden residir las causas del empobrecimiento campesino, sino que ni siquiera admite semejante pensamiento, pues está profundamente convencido de que con la completa abolición de todos estos resabios del régimen de la servidumbre sobrevendrá la prosperidad general. Su punto de vista es precisamente negativo: eliminad las trabas al libre desarrollo del campesinado heredadas del régimen de la servidumbre y todo marchará bien en este mundo, que es el mejor de todos. "De parte del poder estatal dice Skaldin- aquí (es decir, con respecto a los campesinos) sólo puede haber un camino; la paulatina y continua eliminación de las causas que han llevado a nuestro campesino al embotamiento y pobreza actuales y que no le permiten elevarse y reponerse" (224, subrayado por mí). En este aspecto es sumamente ilustrativa la respuesta que da Skaldin a los que defienden la "comunidad" (o sea, la sujeción de los campesinos a la comunidad y a la parcela) y que alegan que, en caso contrario, "se formaría un proletariado rural". "Esta objeción -dice Skaldin- se rebate por sí misma, teniendo en cuenta las inmensas extensiones de tierra que tenemos sin cultivar y que no hallan mano de obra que las trabaje. Cuando la ley deje de imponer restricciones a la distribución natural de la mano de obra, en Rusia V. I. Lenin 46 serán verdaderamente proletarios sólo mendigos por oficio, o gente incorregiblemente corrompida y entregada a la bebida" (144); punto de vista típico de los economistas e "ilustradores" del siglo XVIII, quienes creyeron que la abolición de la servidumbre y de todas sus supervivencias crearía sobre la tierra el reino del bienestar universal. Probablemente, un populista miraría a Skaldin con altivez y diría simplemente: es un burgués. Sí, claro está, Skaldin lo es, pero es el representante de la ideología burguesa progresista, mientras que la ideología del populista es pequeñoburguesa y reaccionaria en toda una serie de puntos. Y ¡este "burgués" ha sabido defender mejor aún que un populista los intereses prácticos y reales de los campesinos, intereses que han coincidido y coinciden con las exigencias de todo el desarrollo social!58 Para finalizar la caracterización de las concepciones de Skaldin, añadiremos que este autor es enemigo del sistema estamental, defensor de un tribunal único para todos los estamentos, simpatiza "en teoría" con la administración subdistrital sin estamentos, es ferviente partidario de la instrucción pública, sobre todo de la general, de la autoadministración y de las instituciones del zemstvo59; es partidario de un amplio crédito agrario, sobre todo del pequeño crédito, porque de él hay una gran demanda entre los campesinos para comprar tierra. También aquí se manifiesta el "manchesteriano": Skaldin dice, por ejemplo, que los bancos de los zemstvos y urbanos son "una forma patriarcal o primitiva de bancos" y que deben ceder el lugar a los bancos privados, los cuales tienen "todas las ventajas" (80). El valor de la tierra se puede aumentar "mediante la reanimación de la actividad industrial y comercial en nuestras provincias" (71), etc. Resumiendo. Por el carácter de sus concepciones, Skaldin puede ser llamado burgués ilustrador. Sus concepciones recuerdan extraordinariamente las de los economistas del siglo XVIII (claro está, con la debida refracción de las mismas a través del prisma de las condiciones rusas), y el carácter general "ilustrador" de la "herencia" de la década del 60 ha sido expuesto por él con suficiente relieve. Al igual que los ilustradores de Europa Occidental y la mayoría de los representantes de la literatura de la década del 60, Skaldin está animado por un ardiente odio al régimen de servidumbre y a todas sus manifestaciones en el terreno económico, social y jurídico. Este es el primer rasgo característico del "ilustrador". El segundo rasgo característico, común a todos los ilustradores rusos, es la fervorosa defensa de la ilustración, de la autoadministración, de la libertad, de las formas europeas de vida y, en general, de la europeización de Rusia en todos los aspectos. Finalmente, el tercer rasgo característico del "ilustrador" es la defensa de los intereses de las masas populares, principalmente de los campesinos (los que aún no estaban totalmente emancipados o los que se iban emancipando en la época de los ilustradores), la sincera fe en que la abolición del régimen de servidumbre y de sus supervivencias habría de traer el bienestar general, y el sincero deseo de contribuir a ello. Estos tres rasgos constituyen la esencia de lo que entre nosotros se llama "la herencia de la década del 60", y es importante subrayar que no hay nada de populista en esta herencia. No son pocos en Rusia los escritores que, por sus concepciones, responden a las mencionadas características y que nunca han tenido nada de común con el populismo. Cuando en la concepción del mundo de un escritor aparecen esos rasgos, todos reconocen en él a un "custodio de las tradiciones de la década del 60", independientemente de su actitud frente al populismo. A nadie, claro está, se le ocurriría decir, por ejemplo, que el señor M. Stasiulévich, cuyo aniversario se ha festejado hace poco, "ha renegado de la herencia" porque fue adversario del populismo o porque ha mantenido una actitud indiferente ante los problemas planteados por éste. Hemos tomado como ejemplo a Skaldin60 58 60 Y por el contrario, todas las medidas prácticas progresistas que encontramos entre los populistas, son por su contenido completamente burguesas, es decir, están encaminadas precisamente hacia el desarrollo capitalista y de ningún otro. Sólo pequeños burgueses han podido inventar la teoría, según la cual la ampliación de la posesión territorial campesina, la reducción de los impuestos, el cambio de residencia, el crédito, el auge de la técnica, la regulación de la venta y otras medidas semejantes, pueden servir a una "producción popular". 59 Zemstvo: administración autónoma local encabezada por la nobleza en las provincias centrales de la Rusia zarista. Los zemstvos fueron creados en 1864 y sus atribuciones se circunscribían a los asuntos económicos puramente locales (construcción de hospitales y caminos, estadística, seguros, etc.). Controlaban su actividad los gobernadores y el ministro del Interior, que podían dejar en suspenso cualquier acuerdo que no fuera del agrado del gobierno. Nos objetarán, tal vez, que Skaldin no es típico de la década del 60 por su hostilidad a la comunidad y por su tono. Pero aquí no se trata solamente de la comunidad. Se trata de las concepciones comunes a todos los ilustradores y que Skaldin comparte. En cuanto al tono, efectivamente, tal vez no sea típico, por su manera serena, moderada, gradual de razonar, etc. No en vano Engels llamó a Skaldin liberolkonsernativ (En su artículo "Soziales aus Rubland" ("Acerca de las relaciones sociales en Rusia"), Engels caracteriza a Skaldin como conservador moderado.) (En su artículo "Soziales aus Rubland" ("Acerca de las relaciones sociales en Rusia"), Engels caracteriza a Skaldin como conservador moderado.) Sin embargo, elegir a un representante de la herencia con un tono más típico sería, en primer lugar, inconveniente por diversos motivos y, en segundo lugar, al hacer un paralelo con el populismo actual, podría originar malentendidos. Por el carácter mismo de nuestro objetivo, el tono (a pesar 47 ¿A que herencia renunciamos? precisamente porque siendo un representante indudable de la "herencia" es, al mismo tiempo, un enemigo abierto de aquellas instituciones del pasado que el populismo ha tomado bajo su defensa. Hemos dicho que Skaldin es un burgués. Ya hemos aportado suficientes pruebas para demostrar esta característica, pero es necesario hacer la salvedad de que entre nosotros, a menudo, y en forma absolutamente incorrecta, estrecha y antihistórica, se entiende esta palabra vinculándola (sin distinción de épocas históricas) con la defensa egoísta de los intereses de una minoría. No se debe olvidar que en la época en que escribían los ilustradores del siglo XVIII (a quienes la opinión general reconoce como líderes de la burguesía), y en la que escribían también nuestros ilustradores, en la época que va del 40 al 60, todos los problemas sociales se reducían a la lucha contra el régimen de servidumbre y sus supervivencias. Las nuevas relaciones económico-sociales y sus contradicciones se hallaban aún en estado embrionario. Por eso, ningún interés egoísta se manifestaba entonces en los ideólogos de la burguesía; todo lo contrarío, tanto en Occidente como en Rusia, creían con toda honestidad en la prosperidad general y la deseaban sinceramente. Aun siendo sinceros no veían (y en parte aún no podían verlo) las contradicciones en el régimen que surgía del feudalismo. No en vano Skaldin cita en un lugar de su libro a Adam Smith: hemos visto que, tanto sus concepciones como el carácter de su argumentación, repiten, en muchos casos, las tesis de este gran ideólogo de la burguesía avanzada. Y si confrontamos las aspiraciones concretas de Skaldin, por una parte, con las concepciones de los populistas contemporáneos y, por otra, con la actitud que tienen hacia aquéllas los "discípulos rusos", veremos que los "discípulos" estarán siempre en favor de la aspiraciones de Skaldin, por cuanto ellas expresan los intereses de las clases sociales progresivas, los intereses esenciales de todo el desarrollo social por el camino determinado, o sea, el camino capitalista. Y en cuanto a aquello que los populistas han alterado en las aspiraciones concretas de Skaldin o en el modo de Skaldin de plantear los problemas, constituye un hecho negativo que los discípulos rechazan. Los discípulos no se "lanzan" contra la "herencia" (esto es una invención absurda), sino contra los aditamentos románticos y pequeñoburgueses que los populistas hacen a ella. Y ahora pasaremos a analizar esos aditamentos. del proverbio) no hace la música, y el tono de Skaldin, precisamente porque no es típico, destaca con más relieve su "música", es decir, el contenido de sus concepciones. Y a nosotros sólo nos interesa ese contenido. Es únicamente por el contenido de las concepciones por lo que (y no por el tono que los escritores emplean) nos proponemos trazar el paralelo entre los representantes de la herencia y los populistas de la época actual. II. Los aditamentos del populismo a la "herencia" De Skaldin pasaremos a Engelhardt. Sus cartas Desde la aldea61 son también ensayos económicosociales sobre la aldea, de suerte que, tanto por el contenido como incluso por la forma, su libro se parece mucho al de Skaldin. Engelhardt es mucho más talentoso que Skaldin y sus cartas desde la aldea están escritas de una manera mucho más amena y con más imágenes. No contienen extensos razonamientos como los del serio autor de En una perdida aldea y en la capital, pero, en cambio, abundan en caracterizaciones mucho más acertadas y en otras imágenes. No es de extrañarse, pues, que el libro de Engelhardt goce de tan firme simpatía por parte del público lector, y que hace muy poco haya sido reeditado, mientras que el de Skaldin está casi completamente olvidado, pese a que las cartas de Engelhardt comenzaron a publicarse en Otéchestvennie Zapiski apenas dos años después de la aparición del libro de Skaldin. Por eso, no creemos que sea necesario dar a conocer al lector el contenido del libro de Engelhardt; nos limitaremos pues a una breve caracterización de dos aspectos de sus concepciones: en primer término, propias de la "herencia", en general, y en particular, comunes a Engelhardt y a Skaldin; en segundo término, las concepciones específicamente populistas. Engelhardt es ya un populista, pero en sus concepciones hay todavía tantos rasgos propios de todos los ilustradores, tanto de lo que ha sido rechazado o alterado por el populismo contemporáneo, que uno se ve en aprietos para ubicarlo en el lugar que le corresponde: entre los representantes de la "herencia" en general, sin el tinte populista, o entre los populistas. A los primeros, Engelhardt se aproxima, ante todo, por la notable sensatez de sus concepciones, por la manera simple y directa de caracterizar la realidad, por la inexorable disección de todas las cualidades negativas, de los "pilares" en general y del campesinado en particular, de esos mismos "pilares" cuya falsa idealización y embellecimiento constituyen parte integrante y necesaria del populismo. El populismo de Engelhardt, expresado en forma muy débil y tímida, se halla, por lo mismo, en directa y flagrante contradicción con el cuadro de la realidad aldeana, que con tanto talento ha trazado; y si algún economista o publicista tomase como base de sus juicios sobre la aldea los datos y 61 Se refiere a las cartas del publicista populista A. Engelhardt Desde la aldea, que tuvieron gran divulgación. Once cartas fueron publicadas en la revista Otéchestvennie Zapiski de 1872 a 1881. La duodécima carta apareció en 1887. 48 observaciones aportados por Engelhardt62, le sería imposible extraer de este material conclusiones populistas. La idealización del campesino y de su comunidad es una de las partes integrantes y necesarias del populismo, y los populistas de todos los matices, empezando por el señor V. V.63 y terminando por el señor Mijailovski, han rendido un buen tributo a esta tendencia a idealizar y embellecer la "comunidad". En Engelhardt no hay ni rastro de tal embellecimiento. En contraposición a la fraseología corriente acerca del espíritu de comunidad de nuestro campesino y a la costumbre de oponer ese "espíritu de comunidad" al individualismo de las ciudades, a la competencia en la economía capitalista, etc., Engelhardt pone al descubierto, de manera implacable, el sorprendente individualismo del pequeño labrador. Muestra minuciosamente que "en los problemas de la propiedad, nuestros campesinos son los propietarios más extremistas" (pág. 62, citado según la edición de 1885), que no toleran "el trabajo en conjunto", odiándolo por motivos puramente personales y egoístas: trabajando en común cada uno "teme trabajar más que el otro" (pág. 206). Este temor de trabajar un poco más llega a su más alto grado de comicidad (quizás hasta de tragicomedia) cuando el autor relata cómo las mujeres que viven en una misma casa y están vinculadas por una hacienda común y el parentesco, lava cada una de ellas la parte de la mesa en la cual comen; o cuando ordeñan por turno las vacas para recoger la leche para su propio hijo (temen la ocultación de la leche) y prepara cada una por separado la papilla para su hijo (pág. 323). Engelhardt expone con tantos pormenores estos rasgos, los confirma con tal multitud de hechos, que no puede ni hablarse del carácter fortuito de tales hechos. Una de dos: o Engelhardt es un observador inepto, que no merece confianza, o las fábulas acerca del espíritu de comunidad y de las cualidades comunitarias de nuestros campesinos son una mera invención que atribuye a la economía rasgos deducidos de la forma de propiedad de la tierra (además de que de esa forma de propiedad de la tierra no se toman sus aspectos administrativofiscales). Engelhardt muestra que la tendencia del 62 Dicho sea de paso: esto sería no sólo extraordinariamente interesante e instructivo, sino un procedimiento completamente legítimo para un economista-investigador. Si los hombres de ciencia confían en el material contenido en las encuestas respuestas y juicios de muchos propietarios, con frecuencia parciales y poco entendidos, que carecen de una concepción íntegra y cuyos puntos de vista no han sido bien meditados-, ¿por qué no confiar en las observaciones que durante 11 años enteros ha estado recogiendo un hombre de notable espíritu de observación y de indudable sinceridad, un hombre que ha estudiado muy bien la materia de la que habla? 63 V. V.: seudónimo de V. Vorontsov (1847-1918), uno de los ideólogos del populismo liberal de los años 80 y 90. V. I. Lenin campesino en su actividad económica es la de llegar a ser kulak: "en cada campesino hay una dosis de la idiosincrasia del kulak" (pág. 491), "el ideal del kulak impera en el ambiente campesino"... "Más de una vez he señalado que en el campesino se hallan desarrollados al máximo el individualismo, el egoísmo, la tendencia a la explotación"... "Cada uno se siente orgulloso de ser un pez grande y tiende a devorar al chico". Engelhardt demuestra de manera magistral que el campesino tiende no precisamente al régimen de "comunidad", y de ninguna manera a la "producción popular", sino al más corriente régimen pequeñoburgués propio de toda sociedad capitalista. La aspiración de todo campesino acomodado de dedicarse a operaciones comerciales (363), de hacer trabajar a otros a cuenta del pan prestado, de comprar el trabajo del campesino pobre (págs. 457, 492 y otras), es decir, traducido al lenguaje económico, la transformación de los mujiks hacendosos en burguesía rural, ha sido descrita y demostrada por Engelhardt de manera irrefutable. "Si los campesinos no pasan a la economía en forma de artel -dice- y siguen administrando cada uno su hacienda por separado, pese a la abundancia de tierra entre los campesinos labradores, también habrá campesinos sin tierra y obreros agrícolas. Diré más aún: creo que la diferencia en las propiedades de los campesinos será aún más considerable que ahora. Pese a la posesión comunal de la tierra, al lado de los "ricachos" habrá muchos campesinos sin tierra, de hecho jornaleros. ¿De qué me sirve a mí o a mis hijos tener derechos sobre la tierra, si no tengo capital ni aperos para cultivarla? Es como darle tierra a un ciego y ¡que te la comas!" (pág. 370). La "economía en forma de artel" aparece aquí con cierta triste ironía, solitaria, como un buen e ingenuo deseo, que no sólo no surge de los datos que existen sobre el campesinado, sino que es refutado y excluido expresamente por dichos datos. Otro rasgo, que aproxima a Engelhardt a los representantes de la herencia sin tinte populista, es su convicción de que la causa principal y básica de la penosa situación de los campesinos reside en las supervivencias del régimen de la servidumbre y en la reglamentación que le es propia. Eliminad estos resabios y esta reglamentación, y el asunto se arreglará. La actitud categóricamente negativa de Engelhardt frente a la reglamentación, su sarcástica ridiculización de todo género de tentativas de beneficiar, mediante la reglamentación desde arriba, al labriego, se hallan en la más franca contradicción con las esperanzas populistas en "la razón y la conciencia, en la sabiduría y el patriotismo de las clases dirigentes" (palabras del señor Yuzhakov en Rússkoe Bogatstvo 1896, N° 12, pág. 106), con la proyectomanía populista a propósito de la "organización de la producción", etc. Recordemos con cuánto sarcasmo arremete Engelhardt contra la 49 ¿A que herencia renunciamos? disposición que establece que en los molinos no se permite la venta de vodka para "bien" del campesino; con qué indignación habla de la disposición de varios zemstvos en 1880 de no sembrar centeno antes del 15 de agosto, de esa grosera ingerencia de los "sabios" de gabinete -so pretexto también de velar por los intereses de los campesinos- en la economía de "millones de propietarios-agricultores" (424). Después de señalar la existencia de reglas y disposiciones tales como la prohibición de fumar en los bosques de coníferas, de pescar lucios en primavera, de talar abedules jóvenes para las "fiestas de mayo", de destruir nidos, etc., Engelhardt anota sarcásticamente: ..."la suerte del campesino ha sido siempre y sigue siendo la preocupación fundamental de los intelectuales. ¿Quién vive para sí mismo? ¡Todos viven para el campesino!... El mujik es tonto, no puede arreglarse solo; si nadie se preocupa de él, es capaz de quemar todos los bosques, exterminar todos los pájaros, pescar todos los peces, esquilmar la tierra y acabar consigo mismo" (398). Dime, lector, ¿podría este escritor simpatizar aunque más no fuera con las leyes predilectas de los populistas acerca de la no enajenabilidad de las parcelas? ¿Podría decir algo semejante a la frase anteriormente citada de uno de los pilares de Rússkoe Bogatstvo? ¿Podría compartir el punto de vista de otro pilar de la misma revista, el señor N. Káryshev, quien reprocha a nuestros zemstvos provinciales (¡en la década del 901) por "no encontrar lugar" para grandes y serias inversiones sistemáticas para la organización del trabajo agrícola"?64 Señalemos todavía otro rasgo que acerca a Engelhardt a Skaldin: su actitud inconsciente ante muchas expresiones de deseos y medidas de carácter netamente burgués. No es que Engelhardt hubiese querido embellecer al pequeño burgués, ni buscar argumentos (a la manera del señor V. V.) contra el empleo de ese calificativo a tal o cual empresario. No, de ninguna manera. Engelhardt, simplemente, siendo un amo práctico, se siente atraído por todo lo que es progresivo y contribuye al mejoramiento de la hacienda sin notar, en absoluto, que la forma social de estas mejoras ofrece la mejor refutación de sus propias teorías acerca de la imposibilidad del capitalismo entre nosotros. Recordemos, por ejemplo, su entusiasmo por los éxitos obtenidos por él en su hacienda con el sistema del trabajo a destajo de los obreros (por golpear el lino, por trillar, etc.). Engelhardt ni sospecha siquiera, según parece, que la sustitución de la remuneración por tiempo por la del destajo es uno de los procedimientos más extendidos de la economía capitalista en desarrollo, mediante el cual logra la intensificación del trabajo y el aumento de la cuota de plusvalía. Otro ejemplo. Engelhardt 64 Rússkoe Bogatstvo, 1896, N° 5, mayo. Artículo del señor Káryshev sobre las inversiones de los zemstvos provinciales para medidas económicas; pág. 20. ridiculiza el programa de la Zemledélcheskaya Gazeta65 que dice: "suspensión de la entrega de los campos en arriendo en krug66, organización de la economía basada en el trabajo de jornaleros, introducción de maquinaria y aperos perfeccionados, cría de ganado de raza, sistema de rotación de cultivos, mejoramiento de prados y campos de pastoreo, etc., etc.". "[Pero si todo esto no son más que lugares comunes", exclama Engelhardt (128). Y, sin embargo, éste es precisamente el programa que él mismo ha realizado en la práctica, y el progreso técnico alcanzado en su hacienda se debe, justamente, al hecho de haber organizado su explotación sobre la base del trabajo de jornaleros. Y aún más: ya hemos visto con cuánta franqueza y lealtad puso Engelhardt al desnudo las verdaderas tendencias del campesino hacendoso; sin embargo, esto no le ha impedido, en absoluto, afirmar que "no se necesitan fábricas, sino pequeñas (subrayado por él) destilerías de aguardiente, mantequerías rurales", etc. (pág. 336), es decir, "es necesario" que la burguesía rural pase a desarrollar las industrias agrícolas, paso que siempre y en todas partes ha sido uno de los síntomas más importantes del capitalismo agrario. Aquí se manifiesta el hecho de que Engelhardt no ha sido un teórico, sino un propietario práctico. Una cosa es razonar acerca de la posibilidad del progreso sin el capitalismo, y otra dirigir uno mismo una hacienda. Puesto en la tarea de organizar racionalmente su hacienda, Engelhardt, se ha visto obligado, por la fuerza de las circunstancias que lo rodeaban, a lograr dicho fin mediante procedimientos netamente capitalistas y dejar de lado todas sus dudas teóricas y abstractas con respecto al sistema de "jornaleros". Skaldin razonaba, en teoría, como un típico manchesteriano, sin notar, en lo más mínimo, este carácter de sus razonamientos ni la concordancia de éstos con las necesidades de la evolución capitalista de Rusia. Engelhardt, en la práctica, se ha visto obligado a proceder como un típico manchesteriano, contrariamente a su protesta teórica contra el capitalismo y a su propio deseo de confiar en los caminos peculiares de su patria. Pero Engelhardt profesaba esa creencia que nos obliga a llamarlo populista. El ya ve claramente la verdadera tendencia del desarrollo económico de Rusia y comienza a excusarse de las contradicciones de dicho desarrollo. Se esfuerza por demostrar la imposibilidad del capitalismo agrario en Rusia, por demostrar que "nosotros no tenemos knecht" (pág. 65 "Zemledélcheskaya Gazeta" ("Gaceta Agraria"): órgano del Ministerio de Bienes Fiscales (desde 1894 del Ministerio de Bienes Fiscales y de Agricultura); se editó en Petersburgo de 1834 a 1917. 66 Krug. ("círculo"): unidad antigua de medición de la tierra (que comprendía tres desiatinas, con la obligación, al arrendarla, de destinar una a cultivos de otoño, otra a los de primavera y otra a pastizales. (N. de la Edit.) V. I. Lenin 50 556) a pesar de que él mismo, y del modo más minucioso, refutó las fábulas acerca de la carestía de nuestra mano de obra, a pesar de haber revelado el mísero salario por el que trabajó su vaquero Piotr con su familia, al que le queda, fuera de la manutención, 6 rublos al año "para la compra de sal, aceite vegetal y ropa" (pág. 10). "Y eso que a él también se le tiene envidia, y si se le despide, se hallarán de inmediato 50 voluntarios para ocupar su puesto" (pág. 11). Al señalar el éxito de su hacienda, el hábil manejo del arado por los obreros, exclama triunfalmente: "Y, ¿quiénes son esos labradores? Los ignorantes, los negligentes campesinos rusos" (pág. 225). Después de haber refutado por la propia administración de su hacienda y por el desenmascaramiento del individualismo campesino todas las ilusiones respecto del "espíritu de comunidad", Engelhardt, sin embargo, no sólo "cree" en la posibilidad del paso de los campesinos a la hacienda de artel, sino que enuncia la "convicción" de que así ocurrirá, de que nosotros, los rusos, realizaremos precisamente esta gran obra, implantaremos nuevos métodos de administración de las haciendas. "En ello, pues, radica el carácter peculiar, la originalidad de nuestra economía" (pág. 349). Engelhardt el realista se transforma en Engelhardt el romántico que compensa la absoluta falta de "originalidad" en el método de dirección de su propia hacienda y en el de los campesinos que había observado, ¡con la "fe" en el carácter "peculiar" futuro! De esta fe ya no hay más que un solo paso hasta los rasgos ultrapopulistas que -aun cuando en casos muy aislados-, se encuentran en Engelhardt, hasta el estrecho nacionalismo que raya en el chovinismo ("a Europa misma haremos añicos", "también en Europa el campesino estará con nosotros" (pág. 387), decía Engelhardt, con motivo de la guerra, a un terrateniente), ¡y hasta la idealización del pago en trabajo! Sí, el mismo Engelhardt, que había dedicado tantas páginas excelentes de su libro a la descripción de la desesperada y humillante situación del campesino que, habiendo tomado dinero o cereales en préstamo para devolverlos con el trabajo, se ve obligado a trabajar casi gratuitamente en las peores condiciones de dependencia personal67, este mismo Engelhardt hasta llegó a decir que "sería bueno que el doctor (se trataba de la utilidad y la necesidad de un médico en la aldea. V. I.) tuviera su propia hacienda, de suerte que el campesino pudiera pagar con su trabajo por la asistencia médica" (pág. 41). Los comentarios sobran. En resumen, haciendo el parangón entre los 67 Recordad la escena: el stárosta (es decir, el administrador del terrateniente) llama al campesino a trabajar cuando éste tiene su propio trigo que se desgrana y sólo el recuerdo de la "bajada de los pantalones" en el subdistrito le obliga a marchar. rasgos positivos -expuestos más arriba- de la concepción del mundo de Engelhardt (o sea, lo que tiene de común con los representantes de la "herencia", sin ningún género de tinte populista) y los negativos (o sea, populistas), tendremos que reconocer que los primeros predominan sin duda alguna en el autor de Desde la aldea, mientras que los segundos sólo constituyen una especie de intercalación extraña, casual, sugerida desde fuera y que no concuerda con el tono fundamental del libro. III. ¿ha ganado la "herencia" vinculándose con el populismo? - ¿Pero qué es lo que usted entiende por populismo? -preguntará probablemente el lector-. El contenido que encierra el concepto de "herencia" fue definido más arriba, pero sobre la noción de "populismo" no fue dada ninguna definición. - Por populismo entendemos un sistema de ideas que comprende los tres rasgos siguientes: 1) La concepción del capitalismo en Rusia como una decadencia, una regresión. De aquí la tendencia y el deseo de "detener", "paralizar", "interrumpir la demolición" de los pilares seculares por el capitalismo y otros lamentos reaccionarios por el estilo. 2) La concepción de la originalidad del régimen económico ruso, en general, y de la del campesino con su comunidad, artel, etc., en particular. Los populistas no estiman necesario aplicar a las relaciones económicas rusas los conceptos que sobre las diversas clases sociales y sus conflictos ha elaborado la ciencia contemporánea. Consideran al campesinado comunal como algo superior y mejor en comparación con el capitalismo; es la idealización de los "pilares". Niegan y disimulan las contradicciones que existen entre los campesinos, propias de toda economía mercantil y capitalista, niegan el nexo de estas contradicciones con su forma más desarrollada en la industria y en la agricultura capitalistas. 3) El desconocimiento de las relaciones existentes entre la "intelectualidad" y las instituciones político-jurídicas del país con los intereses materiales de determinadas clases sociales. La negación de esta relación y la falta de una interpretación materialista de estos factores sociales obligan a ver en ellos una fuerza capaz de "arrastrar la historia por otra vía" (señor V. V.), "desviarse del camino" (señor N.-on68, señor Yuzhakov y otros), etc. Esto es lo que nosotros entendemos por "populismo". Ya ve el lector que empleamos este término en el amplio sentido de la palabra, como lo emplean también todos los "discípulos rusos", que se pronuncian en contra de todo un sistema de concepciones y no en contra de algunos de sus 68 N-on o Nik-on: seudónimo de N. Danielsón, uno de los ideólogos del populismo liberal de los años 80 y 90 del siglo XIX. 51 ¿A que herencia renunciamos? representantes aislados. Entre éstos, claro está, existen diferencias a veces no pequeñas. Nadie las pasa por alto. Pero los rasgos mencionados de esa concepción del mundo son comunes a los diferentes representantes del populismo, comenzando con... bueno, digamos, el señor Yúzov y terminando con el señor Mijailovski. Los señores Yúzov, Sazónov, V. V. y otros, a los mencionados rasgos negativos de sus concepciones agregan algunos más, igualmente negativos, que no vemos, por ejemplo, en el señor Mijailovski ni en otros colaboradores de la actual Rússkoe Bogatstvo. Negar estas diferencias entre los populistas en el estrecho sentido de la palabra y los populistas en general sería, claro está, incorrecto; pero sería más incorrecto aún desconocer que las concepciones económico-sociales fundamentales, de todos y cada uno de los populistas, coinciden en los puntos principales señalados. Y puesto que los "discípulos rusos" refutan precisamente esas concepciones fundamentales, y no solamente las "lamentables desviaciones" de ellas hacia el lado peor, tienen, evidentemente, el pleno derecho de emplear la noción de "populismo" en el amplio sentido de la palabra. Y no sólo tienen ese derecho, sino que no pueden proceder de otra manera. Volviendo a las concepciones fundamentales del populismo ya señaladas, tenemos que dejar constancia, ante todo, que la "herencia" no tiene nada que ver con dichas concepciones. Existe una serie de indudables representantes y custodios de la "herencia" que nada tienen de común con el populismo; no plantean en absoluto el problema del capitalismo; ni creen para nada en la originalidad de Rusia ni de la comunidad campesina, etc.; ni consideran a los intelectuales y a las instituciones político-jurídicas como un factor capaz de "desviarse del camino". Hemos mencionado antes, como ejemplo, el editor-redactor de la revista Véstnik Evropy69, al que se puede acusar de cualquier cosa menos de infringir las tradiciones de la herencia. Por el contrario, hay personas que por sus concepciones se aproximan a los principios fundamentales del populismo que hemos señalado y, con todo, directa y abiertamente "reniegan de la herencia". Mencionemos aunque no sea más que al mismo señor Y. Abrámov, a quien cita también el señor Mijailovskí, o al señor Yúzov. El populismo, contra el cual luchan los "discípulos rusos", no existía en absoluto cuando (expresado en lenguaje jurídico) se "abrió" la sucesión, o sea, en la década del 60. Embriones, gérmenes del populismo había, claro está, no sólo en la década del 60, sino también en la 69 "Véstnik Evropy" ("El Mensajero de Europa"): revista mensual histórico-política y literaria, de orientación burguesa y liberal. Se editó en Petersburgo desde 1866 hasta 1918 y publicaba artículos contra los marxistas revolucionarios. Hasta 1908, M. Stasiulévich fue su editor y redactor. del 40 y aun antes70, pero la historia del populismo no nos interesa ahora en absoluto. Lo importante para nosotros, volvemos a repetirlo, es dejar establecido que la "herencia" de la década del 60, en el sentido en que la hemos caracterizado antes, no tiene nada de común con el populismo, o sea, que no hay nada de común entre ellos si atendemos a la esencia de sus concepciones, pues plantean problemas diferentes. Hay custodios de la "herencia" que no son populistas y hay populistas que "renegaron de la herencia". Claro está, también hay populistas que custodian la "herencia", o que pretenden custodiarla. Precisamente por eso hablamos de los vínculos de la herencia con el populismo. Veamos entonces lo que aportaron estos vínculos. En primer lugar, el populismo dio un gran paso adelante respecto a la herencia al plantear ante el pensamiento social, para su solución, problemas que los custodios de la herencia en parte aún no habían podido (en su época) plantear y, en parte, no los han planteado ni los plantean en virtud de la estrechez de horizonte que les es propia. El planteamiento de estos problemas es un gran mérito histórico del populismo, y es completamente natural y comprensible que al dar (no importa cual sea) una solución a dichos problemas, el populismo haya ocupado por ello mismo un lugar de vanguardia entre las corrientes progresistas del pensamiento social ruso. Pero la solución que el populismo dio a estos problemas resultó totalmente inservible, pues se basaba en teorías atrasadas que, en Europa Occidental, hace tiempo habían sido arrojadas por la borda; se basaba en la crítica romántica y pequeñoburguesa del capitalismo; en el desconocimiento de los importantísimos hechos de la historia y de la realidad rusas. Mientras era aún muy débil en Rusia el desarrollo del capitalismo y de las contradicciones que le son propias, esta crítica primitiva del capitalismo podía tenerse en pie. Pero el populismo indudablemente no corresponde al desarrollo actual del capitalismo en Rusia, al actual estado de nuestros conocimientos acerca de la historia y la realidad económicas rusas, a las actuales exigencias presentadas a la teoría sociológica. Habiendo sido en su tiempo un fenómeno progresivo por haber sido el primero en plantear el problema del capitalismo, el populismo es ahora una teoría reaccionaria y nociva que desorienta el pensamiento social, que contribuye al estancamiento y a toda clase de asiatismos. El carácter reaccionario de su crítica del capitalismo, incluso da, actualmente, al populismo, rasgos tales que lo colocan por debajo de la concepción del mundo que se limita a custodiar 70 Confrontad ahora el libro de Tugán-Baranovski: La fábrica rusa (San Petersburgo, 1898). 52 fielmente la herencia71. Ahora trataremos de demostrar que esto es así mediante el análisis de cada uno de los tres rasgos fundamentales de la concepción populista del mundo señalados más arriba. Primer rasgo: el reconocimiento del capitalismo en Rusia como una decadencia, una regresión. Cuando se planteó el problema del capitalismo en Rusia, pronto se puso en evidencia que nuestro desarrollo económico es capitalista; y los populistas consideran esto como un retroceso, un error, una desviación del camino determinado por toda la vida histórica de la nación, del camino que habían consagrado los pilares seculares, etc., etc. En lugar de la ardiente fe de los ilustradores en el desarrollo social existente, apareció la desconfianza hacia este desarrollo; en lugar del optimismo histórico y de la elevación de espíritu, el pesimismo y el desaliento basados en la certidumbre de que cuanto más marchen las cosas tal como marchan, tanto peor, tanto más difícil será la solución de los problemas planteados por el nuevo desarrollo; aparecen entonces las proposiciones de "detener" y "paralizar" este desarrollo; aparece la teoría de que el atraso es la felicidad de Rusia, etc. Todos estos rasgos de la concepción populista del mundo no sólo no tienen nada de común con la "herencia", sino que son directamente opuestos a ella. El reconocer el capitalismo ruso como una "desviación del camino", una decadencia, etc., lleva a desnaturalizar toda la evolución económica de Rusia, a desnaturalizar estos "cambios" que se efectúan a nuestra vista. Seducido por el deseo de detener y suspender la demolición de los pilares seculares por el capitalismo, el populista cae en una sorprendente torpeza histórica; olvida que detrás de este capitalismo nada hay fuera de una explotación idéntica, unida a infinitas formas de sojuzgamiento y de dependencia personal que agravan la situación del trabajador; nada hay fuera de la rutina y el estancamiento en la producción social y, por consiguiente, en todas las esferas de la vida social. Luchando desde su punto de vista romántico y pequeñoburgués contra el capitalismo, el populista arroja por la borda todo realismo histórico, al confrontar siempre la realidad del capitalismo con la ficción del orden precapitalista. La "herencia" de la década del 60, con su fervorosa fe en el carácter progresivo del desarrollo social dado, con su hostilidad implacable orientada íntegra y exclusivamente contra las supervivencias del pasado, 71 He tenido ya la oportunidad de hacer notar antes, en el artículo sobre el romanticismo económico, que nuestros adversarios revelan una miopía sorprendente al interpretar los términos reaccionario, pequeñoburgués como recursos polémicos, mientras que estas expresiones tienen un sentido filosófico-histórico absolutamente definido. (Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 2, pág. 211. N. de la Edit) V. I. Lenin con su convicción de que con sólo eliminarlas, las cosas marcharían de la mejor manera posible, esa "herencia" no sólo no tiene nada de común con las señaladas concepciones del populismo, sino que directamente las contradice. Segundo rasgo del populismo: la fe en el carácter original del desarrollo de Rusia, la idealización del campesino, de la comunidad, etc. La teoría de la originalidad de Rusia ha obligado a los populistas a asirse a las anticuadas teorías europeo-occidentales, los ha impulsado a tratar con sorprendente ligereza muchas conquistas de la cultura de Europa Occidental: los populistas se consolaban con que si carecemos de estos o aquellos rasgos de la humanidad civilizada, en cambio "hemos sido destinados" a mostrar al mundo nuevos modos de gestión económica, etc. El análisis del capitalismo y de sus manifestaciones producido por el pensamiento europeo-occidental avanzado no sólo no se aceptaba con respecto a la santa Rusia, sino que, por el contrario, todos los esfuerzos estaban encaminados a inventar pretextos que impidieran llegar, con respecto al capitalismo ruso, a las mismas conclusiones que se hicieron con respecto al europeo. Los populistas se han prosternado ante los autores de este análisis y... siguieron tranquilamente siendo románticos, contra quienes siempre han luchado estos autores. Esta teoría relativa a la originalidad de Rusia, común a todos los populistas, no sólo no tiene nada de común con la "herencia", sino que se opone directamente a ella. "Los de la década del 60", por el contrario, aspiraban a europeizar a Rusia, creían en su incorporación a la cultura europea general, se preocupaban por trasplantar las instituciones de esta cultura también a nuestro nada original suelo. Toda teoría referente a la originalidad de Rusia se halla en completa discrepancia con el espíritu de la década del 60 y sus tradiciones. Menos aún concuerda con esta tradición la idealización y el embellecimiento de la aldea por los populistas. Esta falsa idealización, que deseaba a toda costa ver a nuestra aldea como algo fuera de lo común, algo que en nada se parece a la estructura de cualquier otra aldea de cualquier otro país durante el período de las relaciones precapitalistas, se halla en la más flagrante contradicción con las tradiciones de la sensata y realista herencia. Cuanto más profundamente se desarrollaba y avanzaba el capitalismo, cuanto más fuertemente se manifestaban las contradicciones en el campo, contradicciones que son comunes a toda sociedad mercantil capitalista, tanto más acusadamente se ponía de relieve la contradicción entre las melosas fábulas de los populistas sobre el "espíritu de comunidad" y "de artel" del campesino, etc., por un lado, y la escisión efectiva de los campesinos en burguesía aldeana y proletariado rural, por el otro; tanto más rápidamente los populistas, que continuaban mirando las cosas con ¿A que herencia renunciamos? ojos de campesino, iban convirtiéndose de románticos sentimentales en ideólogos de la pequeña burguesía, puesto que el pequeño productor, en la sociedad contemporánea, se va convirtiendo en un productor de mercancías. La falsa idealización del campo y los sueños románticos sobre el "espíritu de comunidad" llevaron a los populistas a adoptar una actitud de extrema ligereza frente a las necesidades reales de los campesinos, necesidades que emanan del desarrollo económico actual. En teoría se podía hablar cuanto se quisiera de la fuerza de los pilares, pero en la práctica, cada populista sentía muy bien que la eliminación de los vestigios del pasado, resabios del régimen anterior a la reforma que hasta hoy en día enredan de pies a cabeza a nuestros campesinos, desbrozaría el camino precisamente para el desarrollo capitalista y no otro. Más vale el estancamiento que el progreso capitalista: tal es, en el fondo, el punto de vista de cada populista con respecto al campo, aun cuando, claro está, no todo populista se decide a decirlo abierta y directamente con la franqueza ingenua del señor V. V. "Los campesinos, sujetos como están a sus parcelas y a comunidades, privados de la posibilidad de emplear su trabajo donde resulte más productivo y más ventajoso para ellos, han quedado como congelados en forma de vida semejante a la de un rebaño, improductiva, tal como han salido de manos del régimen de la servidumbre". Así lo veía uno de los representantes de la "herencia", con su característico punto de vista de "ilustrador”72. "Es mejor que los campesinos continúen estancados en su forma de vida rutinaria, patriarcal, antes que desbrozar el camino para el capitalismo en el campo", así lo ve, en el fondo, cada populista. En realidad, no se encontrará, seguramente, ningún populista que pueda negar que el carácter estamental cerrado de la comunidad campesina, con su caución solidaria y la prohibición de vender la tierra y de renunciar a la parcela, se halla en la más aguda contradicción con la actual realidad económica, con las actuales relaciones mercantil-capitalistas y su desarrollo. Es imposible negar esta contradicción, pero la esencia del problema reside en que los populistas temen, como al fuego, a tal planteamiento del problema, a tal confrontación de la situación jurídica de los campesinos con la realidad económica, con el desarrollo económico actual. El populista se obstina en creer en un desarrollo inexistente creado por su fantasía romántica, sin capitalismo, y por eso... por eso está dispuesto a detener el desarrollo actual que marcha por la vía capitalista. Frente a los problemas relativos al carácter estamental cerrado de la comunidad campesina, la caución solidaria y el derecho de los campesinos a vender la tierra y 72 Lenin se refiere a Skaldin Y cita las palabras de éste. (Véase Skaldin. En una perdida aldea y en la capital, San Petersburgo, 1870, pág. 285.) 53 renunciar a la parcela, el populista no sólo adopta una actitud de suma cautela y temor por el destino de los "pilares" (pilares de rutina y estancamiento), sino que cae tan bajo que llega a felicitar la resolución de carácter policial, que prohíbe a los campesinos vender la tierra. "El mujik es tonto -se le podría decir a tal populista repitiendo las palabras de Engelhardt-, no puede arreglarse solo. Si nadie se preocupa por él, es capaz de quemar todos los bosques, exterminar todos los pájaros, pescar todos los peces, esquilmar la tierra y acabar consigo mismo". Aquí el populista directamente "reniega de la herencia" convirtiéndose en reaccionario. Y tened en cuenta, además, que esta destrucción del carácter estamental cerrado de la comunidad campesina, a medida que avanza el desarrollo económico, se vuelve cada vez más y más una necesidad perentoria para el proletariado rural, mientras que las inconveniencias que de ello se derivan para la burguesía campesina de ninguna manera son tan considerables. El "mujik hacendoso" puede fácilmente tomar tierra en arriendo en otro lugar, abrir un negocio en otra aldea, trasladarse dondequiera y por el tiempo que quiera por asuntos de negocios. Pero para el "campesino" que vive principalmente de la venta de su fuerza de trabajo, la sujeción a la parcela y a la comunidad representa una enorme restricción de su actividad económica, significa la imposibilidad de hallar a un patrono más conveniente, significa la necesidad de vender su fuerza de trabajo precisamente a sus compradores locales que pagan siempre menos y que tratan de someterlo a toda clase de yugos. El populista, una vez que cayó en el dominio de los sueños románticos, que se propuso como objetivo sostener y salvaguardar los pilares a pesar del desarrollo económico, se deslizó, sin darse cuenta de ello, por este plano inclinado hasta situarse al lado del agrario que con toda el alma ansía la conservación y consolidación de "los lazos del campesino con la tierra". Bastaría mencionar cómo el carácter estamental cerrado de la comunidad campesina engendró modos particulares de contratación de obreros: los dueños de fábricas y explotaciones agrícolas envían a sus empleados a las aldeas, sobre todo a los retrasados en el pago de impuestos, para la contratación más ventajosa de obreros. Felizmente, el desarrollo del capitalismo agrario, al destruir la "vida sedentaria" del proletario (tal es el efecto que produce el trabajo de los campesinos realizado fuera de la localidad) desplaza paulatinamente esta servidumbre por libre contratación. Otra confirmación, quizás, no menos importante, de nuestra tesis acerca de lo nocivas que son las actuales teorías populistas, nos la ofrece el hecho de que entre los populistas es corriente la idealización del pago en trabajo. Anteriormente, hemos citado el ejemplo de cómo Engelhardt, al caer en el pecado populista, ha llegado incluso a decir que "sería V. I. Lenin 54 bueno" ¡desarrollar en el campo el pago en trabajo! Esto mismo lo hallamos en el famoso proyecto del señor Yuzhakov sobre las escuelas secundarias agrícolas (Rússkoe Bogatstvo, 1895, N° 5)73. En la misma idealización ha incurrido el señor V. V., colaborador al igual que Engelhardt de la revista, el cual afirmó, en artículos económicos serios, que el campesino obtuvo una victoria sobre el terrateniente que, según él, deseaba implantar el capitalismo; pero la desgracia consiste en que el campesino se encargaba de trabajar tierras del terrateniente recibiendo en cambio de él tierras "en arriendo", es decir, había restablecido completamente el mismo sistema de economía que ya existía bajo el régimen de servidumbre. Estos son los ejemplos más palpables de la actitud reaccionaria de los populistas ante los problemas de nuestra agricultura. En forma menos aguda encontraréis esta idea en cada populista. Cada uno de ello habla del daño y el peligro del capitalismo en nuestra agricultura pues éste -¡fijaos!-, reemplaza al campesino independiente por el jornalero. La realidad del capitalismo ("el jornalero") se contrapone a la ficción del campesino "independiente"; esta ficción se basa en el hecho de que el campesino de la época precapitalista posee los medios de producción, pero se guarda silencio, discretamente, sobre el hecho de que por dichos medios de producción tiene que pagar el doble de su valor; que esos medios de producción sirven para el pago en trabajo; que el nivel de vida de este campesino "independiente" es tan bajo que en cualquier país capitalista lo considerarían paupérrimo; que a la extrema miseria y a la inercia mental de este campesino "independiente" hay que añadir además la dependencia personal que acompaña inevitablemente las formas precapitalistas de economía. El tercer rasgo característico del populismo olvido de la vinculación existente entre la "intelectualidad" y las instituciones político-jurídicas del país, de una parte, y los intereses materiales de determinadas clases sociales, de otra-, se halla relacionado íntimamente con los rasgos precedentes: sólo la falta de realismo en el enfoque de los problemas sociológicos pudo dar vida a la teoría sobre "lo erróneo" del capitalismo ruso y la posibilidad de "desviarse del camino". Esta concepción del populismo tampoco guarda relación alguna con la "herencia" y las tradiciones de la década del 60; por el contrario, está directamente en oposición a dichas tradiciones. De esta concepción, naturalmente, se deriva la posición de los populistas ante las numerosas supervivencias de la reglamentación, anterior a la reforma, en la vida rusa, que en modo alguno habrían podido compartir los 73 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 2, págs. 6169 y 471-504. (N. de la Edit.) representantes de la "herencia". Para caracterizar esta posición, nos permitimos hacer uso de las excelentes observaciones del señor V. Ivanov en el artículo Una mala invención (-óvoe Slovo74, septiembre de 1897). Su autor habla de la conocida novela del señor Boborykin De otra manera, poniendo al descubierto su incomprensión de las discusiones entre los populistas y los "discípulos". El señor Boborykin pone en boca del héroe de su novela -un populistaun reproche dirigido a los "discípulos" que, según él, sueñan con "un cuartel con intolerable despotismo de las reglamentaciones". El señor V. Ivanov, con este motivo, hace notar: "Ellos (los populistas) no sólo no han hablado del intolerable despotismo de la "reglamentación" como "sueño" de sus adversarios, sino que, por ser populistas, ni hablan ni pueden hablar así. En este terreno, la esencia de su disputa con los "materialistas económicos" consiste precisamente en que los vestigios de la antigua reglamentación, que vienen conservándose en nuestro país, pueden, a juicio de los populistas, servir de base para el ulterior desarrollo de la reglamentación. Lo intolerable de esta vieja reglamentación se les oculta, por un lado, debido a la idea de que "la misma alma campesina (única e indivisible) está evolucionando" hacia la reglamentación, y por el otro, debido a la convicción de que existe o debe llegar a existir la belleza moral de la "intelectualidad", de la "sociedad" o, en general, de las "clases dirigentes". Acusan a los materialistas económicos de apasionarse no por la "reglamentación", sino, todo lo contrario, por el orden europeo-occidental basado en la falta de reglamentación. Y los materialistas económicos afirman efectivamente que los resabios de la vieja reglamentación, nacida sobre la base de la economía natural, se vuelven cada día más "intolerables" en un país que ha pasado a la economía monetaria, la cual provoca numerosos cambios, tanto en la situación real como en la fisonomía intelectual y moral de los diversos sectores de su población. Por eso, están convencidos de que las condiciones necesarias para el surgimiento de una nueva "reglamentación" beneficiosa para la vida económica del país, no pueden desarrollarse a base de las supervivencias de una reglamentación adaptada a la economía natural y al derecho feudal, sino solamente en una atmósfera 74 "-óvoe Slovo" ("La Nueva Palabra"): revista mensual científico-literaria y política, editada en Petersburgo desde 1894 por los populistas liberales, y desde la primavera de 1897 por los "marxistas legales" (P. Struve, M. TugánBaranovski y otros). En la revista se publicaban artículos de J. Plejánov, V. Zasúlich, Y. Mártov, A. Gorki y otros. Durante su destierro en Siberia, Lenin publicó en la revista -óvoe Slovo dos artículos: En torno a la definición del romanticismo económico y Con motivo de una nota periodística. En diciembre de 1897, el gobierno zarista suspendió la revista. ¿A que herencia renunciamos? vasta y multilateral como la creada por la ausencia de esta vieja reglamentación como sucede en los países avanzados de Europa Occidental y América. En este estado se encuentra el problema de la "reglamentación" en la disputa entre los populistas y sus adversarios" (págs. 11-12,1. c.). Esta posición de los populistas frente a "los resabios de la vieja reglamentación", representa de por sí, tal vez, el más pronunciado retroceso del populismo con respecto a las tradiciones de la "herencia". Los representantes de esta última, como ya hemos visto, se distinguieron por su condenación rotunda y apasionada de todas las supervivencias de la vieja reglamentación. Por lo tanto, en este aspecto, los "discípulos" están incomparablemente más cerca de las "tradiciones" y de la "herencia" de la década del 60 que los populistas. La falta de realismo sociológico, además del ya señalado error, muy importante, de los populistas, les lleva también a esa especial manera de pensar y de razonar sobre asuntos y problemas sociales, que se puede denominar presunción estrechamente intelectualista o, tal vez, modo burocrático de pensar. El populista siempre razona acerca de qué camino debemos escoger "nosotros" para la patria, con qué calamidades habremos de tropezar si "nosotros" encaminamos la patria por tal camino, qué salidas podríamos asegurar "nosotros" si evitáramos los peligros del camino por el que marchó la vieja Europa, si hubiéramos "tomado lo mejor", tanto de Europa como de nuestra tradicional comunidad, etc., etc. De aquí la completa falta de fe y el desdén del populista por las tendencias propias de las diferentes clases sociales, que hacen la historia de conformidad con sus intereses. De aquí la sorprendente ligereza con que el populista emprende (olvidando las circunstancias que lo rodean) todo posible género de proyectomanía social comenzando por cualquier "organización del trabajo agrario" y terminando por la "comunización de la producción" gracias a los esfuerzos de nuestra "sociedad". "Mit der Gründlichkeit der geschichtlichen Action wird der Umfang der Masse zunehmen, deren Action sie ist"75, en estas palabras está expresada una de las más profundas y más importantes tesis de aquella teoría histórico-filosófica que de ninguna manera quieren y pueden comprender nuestros populistas. A medida que se amplía y se profundiza la creación histórica de los hombres, debe crecer también la masa de la población que es el forjador consciente de la historia. 75 Marx. Die heilige Familie ("La sagrada familia"), 120; según Béltov (Con el seudónimo de N. Béltov, J. Plejánov publicó su conocido libro Contribución al problema del desarrollo de la concepción monista de la historia, editado legalmente en Petersburgo en 1895.), pág. 235. ("Juntamente con la solidez de la acción histórica, crecerá consiguientemente también el volumen de la masa, cuya acción ella es". - N. de la Edit.) 55 El populista, en cambio, que siempre razona sobre la población en general y sobre la población trabajadora en particular, considerándolas como el objeto de tales o cuales medidas más o menos racionales, como un material que debe ser encaminado por esta u otra ruta, y que jamás considera a las diversas clases de la población como personajes históricos que actúan independientemente por un camino dado, nunca se planteó el problema de las condiciones del camino en cuestión, condiciones que pueden desarrollar (o, por el contrario, paralizar) la actividad independiente y consciente de estos creadores de la historia. Así, aun cuando el populismo dio un gran paso adelante con respecto a la "herencia" de los ilustradores, por haber planteado el problema del capitalismo en Rusia, en una serie de importantes cuestiones de la vida social, quedó atrás respecto de los "ilustradores", debido a la solución tan insatisfactoria que dio a dicho problema, a consecuencia del punto de vista pequeñoburgués y de su crítica sentimental del capitalismo. La adhesión del populismo a la herencia y a las tradiciones de nuestros ilustradores, en resumidas cuentas, resultó un hecho negativo: el populismo no ha resuelto los nuevos problemas que el desarrollo económico de Rusia posterior a la reforma planteó al pensamiento social ruso, y se limitó, ante ellos, a proferir lamentaciones sentimentales y reaccionarias, mientras que la solución completa de los viejos problemas, que ya habían sido planteados por los ilustradores, fue obstruida por su romanticismo. IV. Los "ilustradores", los populistas y los "discípulos" Ahora podemos hacer el resumen de nuestros paralelos. Trataremos de dar una breve caracterización de la correlación existente entre las tres corrientes del pensamiento social mencionadas en el subtítulo. El ilustrador tiene fe en el actual desarrollo social, por cuanto no nota las contradicciones que le son propias. El populista teme dicho desarrollo, por haber notado ya estas contradicciones. El "discípulo" cree en el actual desarrollo social, porque ve la garantía de un futuro mejor sólo en el pleno desarrollo de estas contradicciones. La primera y la última corrientes tienden, por eso, a apoyar, acelerar y facilitar el desarrollo por el camino dado, a eliminar todos los obstáculos que traban este desarrollo y lo frenan. El populismo, por el contrario, tiende a detener y paralizar este desarrollo, teme destruir algunos obstáculos que se oponen al desarrollo del capitalismo. La primera corriente y la última se caracterizan por lo que se puede llamar optimismo histórico; cuanto más lejos y más rápidamente marchan las cosas tal como están marchando tanto mejor. El populismo, por el contrario, lleva naturalmente al pesimismo histórico; cuanto más 56 lejos marchen así las cosas tanto peor. Los "ilustradores" no plantearon para nada los problemas relativos al carácter del desarrollo posterior a la reforma, limitándose exclusivamente a la guerra contra las supervivencias del régimen anterior a la reforma, a la tarea negativa de desbrozar el camino para un desarrollo europeo de Rusia. El populismo ha planteado el problema del capitalismo en Rusia, pero lo ha resuelto adjudicándole un carácter reaccionario y no ha podido, por eso, recoger íntegramente la herencia de los "ilustradores". Los populistas siempre combatieron contra los hombres que tendían hacia la europeización de Rusia, desde el punto de vista general de la "unidad de la civilización", y lo hacían no sólo porque no podían limitarse a los ideales de esos hombres (en tal caso la guerra sería justa), sino porque no querían marchar tan lejos en el desarrollo de esa civilización, es decir, la civilización capitalista. Los "discípulos" resuelven el problema del capitalismo en Rusia en el sentido de su carácter progresivo y, por eso, no sólo pueden, sino que deben recoger íntegramente la herencia de los ilustradores, complementándola con el análisis de las contradicciones del capitalismo, desde el punto de vista de los productores que no son propietarios. Los ilustradores no destacaron como objeto de atención especial a ninguna clase de la población; hablaban no sólo del pueblo en general, sino también de la nación en general. Los populistas deseaban representar los intereses del trabajo sin especificar, sin embargo, determinados grupos del sistema contemporáneo de economía; en la práctica sustentaban siempre el punto de vista del pequeño productor, al cual el capitalismo convierte en productor de mercancías. Los "discípulos" no sólo toman como criterio los intereses del trabajo, sino que señalan, además, grupos económicos totalmente definidos de la economía capitalista, es decir, los productores que no son propietarios. La primera corriente y la última responden, por el contenido de sus aspiraciones, a los intereses de las clases que el capitalismo crea y desarrolla; el populismo, por su contenido, responde a los intereses de la clase de pequeños productores, de la pequeña burguesía, que ocupa un lugar intermedio entre las otras clases que componen la sociedad actual. Por eso, la actitud contradictoria del populismo ante la "herencia” no es, en modo alguno, una casualidad, sino la resultante necesaria del propio contenido de la concepción de esta corriente: hemos visto que uno de los rasgos fundamentales de la concepción de los ilustradores era su fervorosa aspiración de europeizar a Rusia, mientras que los populistas no pueden, sin dejar de ser lo que son, compartir plenamente esta aspiración. En resumidas cuentas hemos llegado, según se ve, a la conclusión que más de una vez hemos señalado ya por motivos concretos: los discípulos son mucho más consecuentes y mucho más fieles depositarios de V. I. Lenin la herencia que los populistas. No sólo no reniegan de la herencia sino, por el contrario, consideran que una de sus principales tareas es refutar los recelos románticos y pequeñoburgueses que obligan a los populistas, en muchos y muy importantes puntos, a renunciar a los ideales europeos de los ilustradores. Pero de por sí se entiende que los "discípulos" no custodian la herencia como los archiveros conservan los viejos documentos. Salvaguardar la herencia no significa, ni mucho menos, limitarse a ella; y a la defensa de los ideales generales del europeísmo los "discípulos" unen el análisis de las contradicciones que nuestro desarrollo capitalista lleva implícitas y la apreciación de dicho desarrollo, desde el punto de vista específico anteriormente señalado. V. El señor Mijailovski y la renuncia de los "discípulos" a la herencia Para concluir volveremos de nuevo al señor Mijailovski y al examen de su afirmación sobre el problema que nos interesa. El señor Mijailovski sostiene no sólo que esta gente (los discípulos) "no desea mantener ningún vínculo de continuidad con el pasado y renuncia decididamente a la herencia" (I. c., pág. 179), sino, además que "ellos" (juntamente con otras personas de las más diversas tendencias, incluidos el señor Abrámov, el señor Volynski y el señor Rózanov) "arremeten contra la herencia con extraordinaria maldad" (180). ¿De qué herencia habla el señor Mijailovski? De la herencia de las décadas del 60 y del 70, de aquella de la cual ha renegado y reniega solemnemente Moskovskie Védomosti (178). Ya hemos señalado que si ha de hablarse de la "herencia" que se nos ha legado a los hombres contemporáneos, se deben distinguir dos herencias: una, la herencia de los ilustradores en general, gente absolutamente hostil a todo lo anterior a la reforma y que se pronunció en favor de los ideales europeos y por los intereses de la vasta masa de la población. La otra, es la herencia del populismo. Ya hemos dicho que sería un craso error confundir estas dos cosas diferentes, ya que todo el mundo sabe que hubo y hay gente que guarda "las tradiciones de los años del 60", sin tener nada en común con el populismo. Todas las observaciones del señor Mijailovski reposan, íntegra y exclusivamente, en la confusión de estas dos herencias, completamente distintas. Y puesto que el señor Mijailovski no puede ignorar esa diferencia, su afirmación adquiere un carácter completamente definido, no ya de absurda, sino de calumniosa. ¿Solamente contra el populismo arremetía Moskovskie Védomosti? En absoluto: no menos, sino más, lo hizo contra los ilustradores en general, y Véstnik Evropy, completamente ajeno al populismo, es no menos enemigo de este periódico que el populista Rússkoe Bogatstvo. Con aquellos populistas que más resueltamente renegaron de la herencia, por ejemplo, con Yúzov, Moskovskie ¿A que herencia renunciamos? Védomosti, claro está, no estaría de acuerdo en muchas cosas, pero es muy poco probable que se lanzara contra él con tanta furia, y de todos modos ya lo habría hecho objeto de sus elogios por aquello que lo distingue de los populistas que desean conservar la herencia. ¿Arremetió el señor Abrámov o el señor Volynski contra el populismo? En absoluto. El primero es populista; ambos atacaron a los ilustradores en general. ¿Arremetieron los "discípulos rusos" contra los ilustradores rusos? ¿Renegaron alguna vez de la herencia que nos legó una innegable hostilidad hacia el modo de vivir anterior a la reforma y a sus supervivencias? No sólo no arremetieron, sino todo lo contrario, desenmascararon la tendencia de los populistas a sostener algunas de estas supervivencias a causa del miedo pequeñoburgués ante el capitalismo. ¿Arremetieron acaso alguna vez contra la herencia que nos legara los ideales europeos en general? No, no sólo no arremetieron, sino que, por el contrario, desenmascararon a los populistas por su afán de sustituir -en muchos y muy importantes problemaslos ideales europeos en general por toda una serie de absurdas invenciones autóctonas. ¿Atacaron alguna vez la herencia que nos ha legado la preocupación por los intereses de las masas trabajadoras de la población? No sólo no atacaron, sino por el contrario, denunciaron a los populistas por su inconsecuencia en la atención de dichos intereses (ya que se empeñan en confundir la burguesía campesina con el proletariado rural), por reducir el beneficio que podría resultar de esas preocupaciones ya que, en lugar de prestar atención a lo que es, sueñan con lo que podría ser, por que sus preocupaciones son extremadamente estrechas, ya que jamás supieron valorar debidamente las condiciones (económicas y otras) que facilitan o dificultan a esas personas la posibilidad de ocuparse sólo de sí mismas. El señor Mijailovski puede no concordar con la justeza de estas revelaciones y, como populista, por supuesto, no estará de acuerdo, pero acusar de "furiosos" ataques contra "la herencia del 60 y del 70" a la gente que, en realidad, ataca "furiosamente" sólo al populismo, que lo ataca por no haber sabido resolver en el espíritu de esta herencia y sin contradecirla los nuevos problemas planteados por la historia posterior a la reforma, decir semejante cosa, significa desnaturalizar el asunto. Es divertido ver al señor Mijailovski indignarse contra los "discípulos" porque nos confunden de buena gana a "nosotros" (es decir, a los publicistas de Rússkoe Bogatstvo) con los "populistas" y otras personas ajenas a Rússkoe Bogatstvo (pág. 108). Esta curiosa tentativa de deslindarse de los "populistas", sosteniendo al mismo tiempo todas sus concepciones fundamentales, no puede provocar más que risa. Todo el mundo sabe que los "discípulos rusos" emplean los términos "populista" y "populismo" en el 57 amplio sentido de estas palabras. Que entre los populistas hay muchos matices diferentes, no lo ha olvidado ni negado nadie: ni P. Struve, ni N. Béltov, por ejemplo, han "confundido" en sus libros al señor Mijailovski con el señor V. V., ni siquiera con el señor Yuzhakov, es decir, no han ocultado la diferencia en sus concepciones, ni han atribuido a uno las concepciones del otro. P. Struve señaló, incluso directamente, la diferencia entre las concepciones del señor Yuzhakov y las del señor Mijailovski. Una cosa es confundir las diversas concepciones y otra generalizar y clasificar en la misma categoría a los escritores que, pese a las diferencias en muchos problemas, son solidarios en los puntos fundamentales y principales contra los cuales se alzan precisamente los "discípulos". Para éstos lo importante no es demostrar, por ejemplo, que las concepciones que diferencian a un señor Yúzov de los demás populistas no sirven: lo importante es refutar las concepciones que son comunes al señor Yúzov, al señor Mijailovski y a todos los populistas en general, es decir, la actitud que asumen frente a la evolución capitalista de Rusia, su modo de examinar los problemas económicos y sociales desde el punto de vista del pequeño productor, la falta de comprensión del materialismo social (o histórico). Estos rasgos constituyen el patrimonio común de toda una corriente del pensamiento social que ha desempeñado un importante papel histórico. Esta vasta corriente encierra los más diversos matices, tiene flancos de derecha y de izquierda, se encuentra en ella gente que ha descendido hasta el nacionalismo y el antisemitismo, etc., y hay gente que no puede ser culpada de eso; hay quienes mantienen una actitud despreciativa ante muchos legados de la "herencia" y hay quienes tratan, dentro de lo posible (es decir, dentro de lo posible para un populista), de preservarla. Ninguno de los "discípulos rusos" ha negado esas diferencias entre los diversos matices, a ninguno de ellos podría el señor Mijailovski acusar de haber atribuido las concepciones de un populista de un matiz a las de un populista de otro matiz. Pero si estamos en contra de las concepciones fundamentales que son comunes a todos esos matices ¿para qué nos vamos a ocupar de las diferencias particulares de una corriente general? ¡Es una exigencia totalmente carente de sentido! La comunidad de concepciones sobre el capitalismo ruso, sobre la "comunidad" campesina, sobre la omnipotencia de la llamada "comunidad" en escritores que están muy lejos de ser solidarios en todo, ha sido señalada más de una vez en nuestra literatura mucho antes de la aparición de los "discípulos", y no sólo ha sido señalada, sino también ensalzada como una feliz particularidad de Rusia. El término "populismo", en el amplio sentido de la palabra, fue también empleado en nuestra literatura mucho antes de aparecer los "discípulos". El señor V. I. Lenin 58 Mijailovski no sólo ha colaborado muchos años en la misma revista junto al "populista" (en el sentido estrecho de la palabra) señor V. V., sino que también ha compartido con él los rasgos fundamentales, anteriormente señalados, de esas concepciones. Al refutar en las décadas del 80 y del 90 las diversas conclusiones del señor V. V., rechazando por incorrectas sus incursiones en el campo de la sociología abstracta, el señor Mijailovski, sin embargo, en esos mismos años, hacía la salvedad de que su crítica no iba dirigida, ni mucho menos, contra los escritos sobre economía de dicho señor y que se solidarizaba con él en las concepciones fundamentales sobre el capitalismo ruso. Por eso, si ahora los pilares de Rússkoe Bogatstvo, que tanto han hecho por el desarrollo, afianzamiento y divulgación de las concepciones populistas (en el amplio sentido de esta palabra), piensan librarse de la crítica de los "discípulos rusos" mediante la simple declaración de que no son "populistas" (en el estrecho sentido de la palabra), que constituyen una "escuela ético-social" completamente distinta, esta argucia, naturalmente, no puede sino provocar la burla justificada contra personas tan valientes y, al mismo tiempo, tan diplomáticas. En la pág. 182 de su artículo, el señor Mijailovski saca a relucir en contra de los "discípulos" este otro argumento fenomenal. El señor Kámenski ataca mordazmente a los populistas76; esto, tenedlo en cuenta, "es síntoma de que está enojado, pero no tiene ningún derecho a ello (¡¡sic!!). Nosotros, los que somos "viejos subjetivos", así como los "jóvenes subjetivos", sin entrar en contradicción con nosotros mismos, nos permitimos esta debilidad. Pero los representantes de la teoría "justamente orgullosa de su inexorable objetividad" (expresión de uno de los "discípulos") se hallan en otra situación". ¿Qué significa esto? Si la gente reclama que las concepciones sobre los fenómenos sociales reposen sobre un análisis inexorablemente objetivo de la realidad y de la verdadera evolución, ¡¿hay que deducir de allí que no tiene derecho a enojarse?! ¡Esto es simplemente un galimatías, un absurdo! ¿No habría oído el señor Mijailovski que el famoso tratado sobre El Capital es considerado como uno de los modelos más formidables de objetividad inexorable en la investigación de los fenómenos sociales? Para toda una serie de sabios y economistas, el defecto principal y fundamental de este tratado es precisamente su inexorable objetividad. Y sin embargo, en pocos tratados científicos hallaréis tanto "corazón", tantas ardientes y apasionadas agudezas polémicas contra los representantes de las concepciones atrasadas, contra 76 Se tiene en cuenta el artículo de J. Plejánov Acerca de la interpretación materialista de la historia, publicado en 1897 con la firma de N. Kámenski en el número 12 (septiembre) de la revista -óvoe Slovo. los representantes de aquellas clases sociales que, a juicio del autor, frenan el desarrollo social, como en ése. El escritor que con inexorable objetividad ha demostrado que las concepciones, digamos, de Proudhon, son el reflejo natural, comprensible e inevitable de los puntos de vista y del estado de ánimo del petit bourgeois francés, sin embargo, "ha arremetido" con ira y ardor apasionados contra este ideólogo de la pequeña burguesía. ¿No supondrá el señor Mijailovski que aquí Marx "se contradice"? Si cierta teoría exige de toda personalidad social un análisis inexorablemente objetivo de la realidad y de las relaciones que sobre la base de esta última se forman entre las diversas clases, ¿mediante qué milagro se puede extraer de aquí la conclusión de que la personalidad no debe simpatizar con esta o aquella clase, que "no tiene derecho" a ello? Es hasta ridículo hablar aquí del deber, puesto que ningún ser viviente puede quedar al margen de una u otra clase (tan pronto haya comprendido la relación mutua entre ellas), no puede dejar de alegrarse con el éxito de esa clase, ni dejar de sentir amargura por sus fracasos; no puede dejar de sentir indignación contra los que se manifiestan hostiles a ella, contra los que ponen trabas a su desarrollo difundiendo concepciones atrasadas, etc., etc. La fútil argucia del señor Mijailovski sólo demuestra que hasta hoy día aún no se ha orientado en el muy elemental problema de la diferencia entre el determinismo y el fatalismo. ""¡El capital está en marcha!," esto es indudable escribe el señor Mijailovski-, pero (¡¡sic!!) el problema está en cómo recibirlo" (pág. 189). El señor Mijailovski descubre América, señala un "problema" que los "discípulos rusos", evidentemente, ¡ni siquiera habían pensado! ¡Seguramente no es la discrepancia sobre este problema lo que ha separado a los "discípulos rusos" de los populistas! Sólo se puede "recibir" de dos maneras al capitalismo que se está desarrollando en Rusia: reconociéndolo como un fenómeno progresivo o como un fenómeno regresivo; como un paso adelante en el verdadero camino o como una desviación de él; apreciándolo desde el punto de vista de clase de los pequeños productores, a la que el capitalismo aniquila, o desde el punto de vista de clase de los productores desposeídos creada por el capitalismo. No hay término medio77. Por consiguiente, si el señor Mijailovski objeta la justeza de la posición de los "discípulos" frente al 77 No hablamos, claro está, de la recepción que no considera necesario en absoluto guiarse por los intereses del trabajo, o para la que la misma generalización, expresada por el término "capitalismo", es incomprensible e ininteligible. Por más importantes que sean en la vida rusa las corrientes de pensamiento social referentes a este problema, ellas no tienen absolutamente nada que ver en la disputa entre los populistas y sus adversarios, y no hay para qué mezclarlas en ella. 59 ¿A que herencia renunciamos? capitalismo, quiere decir, que acepta la posición de los populistas, la misma que muchas veces ha expuesto en artículos anteriores con toda precisión. El señor Mijailovski no ha presentado ni presenta ninguna enmienda ni adición a sus viejas concepciones sobre este problema; sigue siendo populista. ¡Oh, de ninguna manera! El no es populista. ¡Válgame Dios! El es representante de la "escuela ético-sociológica"... "Mejor es que no hablen de los bienes futuros (??) que ha de traer (?) el ulterior desarrollo del capitalismo", continúa diciendo el señor Mijailovski. El señor Mijailovski no es populista. Sólo se limita a repetir íntegramente los errores de los populistas y los métodos incorrectos de sus razonamientos. Cuántas veces se ha insistido ante los populistas en que semejante planteamiento del problema sobre "lo futuro" es incorrecto, que no se trata de las "futuras", sino de las reales modificaciones progresivas de las relaciones precapitalistas, que ya se están operando, modificaciones que trae (y no que traerá) el desarrollo del capitalismo en Rusia. Al trasladar el problema al terreno "de lo futuro", el señor Mijailovski, en el fondo, considera como demostradas, precisamente aquellas afirmaciones que los "discípulos" refutan. Considera como demostrado que, en la realidad, en lo que está sucediendo ante nuestros ojos, el desarrollo del capitalismo no aporta ninguna modificación progresiva a las viejas relaciones económico-sociales. En esto consiste precisamente la concepción populista, y es contra ella contra lo que polemizan los "discípulos rusos", demostrando lo contrario. No hay un solo libro publicado por los "discípulos rusos" en el que no se hable y se demuestre que la sustitución del pago en trabajo por el trabajo asalariado libre en la agricultura, que la sustitución de la industria llamada de oficio, por la fabril, es un fenómeno real que se efectúa (y con enorme velocidad) ante nuestros ojos y de ninguna manera un fenómeno sólo "del futuro"; que esta sustitución es un fenómeno progresivo en todos los aspectos; que destruye la producción manual, pequeña, rutinaria y dispersa que se caracterizaba por su secular inmovilidad y estancamiento; que aumenta la productividad del trabajo social creando con ello la posibilidad de aumentar el nivel de vida del trabajador; que crea las condiciones para la transformación de esa posibilidad en necesidad, es decir: que transforma al "proletario sedentario", abandonado "en un rincón perdido", inmóvil, tanto en el sentido físico como moral, en un ser con posibilidad de movimiento; que europeíza las formas asiáticas de trabajo con sus infinitas formas de servidumbre y de dependencia personal; que "el modo europeo de pensar y de sentir no es menos necesario (observad: necesario. V. I.) que el vapor, la hulla, la técnica, para la efectiva utilización de la maquinaria"78, etc. Todo esto lo dice y lo demuestra, repetimos, cada "discípulo", pero, todo esto, por lo visto, nada tiene que ver con el señor Mijailovski "y sus compañeros": todo esto se escribe sólo contra los "populistas" "ajenos" a Rússkoe Bogatstvo. Pues Rússkoe Bogatstvo es una "escuela éticosociológica", cuya misión consiste en hacer pasar los viejos trastos bajo el manto de una nueva bandera. Tal como ya lo hemos señalado antes, el objetivo de nuestro articulo es el de refutar las invenciones, muy difundidas en la prensa liberal-populista, acerca de que los "discípulos rusos" reniegan de la "herencia", rompen con las mejores tradiciones de la mejor parte de la sociedad rusa, etc. No carecerá de interés destacar que el señor Mijailovski, al repetir estas trilladas frases ha dicho, en el fondo, exactamente lo mismo que dijera antes que él, y de manera más categórica, el "populista" "ajeno" a Rússkoe Bogatstvo, el señor V. V. ¿Conoce el lector los artículos que publicó este autor en -edelia79 hace tres años, a fines de 1894, en respuesta al libro del señor P. B. Struve? A decir verdad, a mi juicio, no ha perdido nada si no los conoce. La idea fundamental de dichos articulos consiste en que los "discípulos rusos", según él, rompen el hilo democrático que se extiende a lo largo de todas las corrientes progresistas del pensamiento social ruso. ¿Pero acaso esto no es lo mismo -aunque con palabras distintas-, que lo que ahora repite el señor Mijailovski, acusando a los "discípulos" de renunciar a la "herencia", contra la que malignamente arremete Moskovskie Védomosti? En realidad, como ya lo hemos visto, los autores de esta invención achacan a otros su afirmación absurda de que la ruptura definitiva de los "discípulos" con el populismo significa la ruptura con las mejores tradiciones de la mejor parte de la sociedad rusa. ¿No será al revés, señores? ¿No significa esta ruptura limpiar de populismo estas mejores tradiciones? 78 Palabras de Schulze-Gaevernitz en Schmollers Jahrbuch ("Anuario de Schmoller"), 1896, en su artículo sobre la industria algodonera de Moscú-Vladímir. "Schmollers Jahrbuch" ("Anuario de Schmoller"): el título completo es Jahrbuch für Gesetzgebung, Verwaltung und Volkswirtschaft im Deutschen Reich ("Anuario de Legislación, Dirección y Economía Nacional del Imperio Alemán"): revista de Economía Política; fue editada desde 1877 por los economistas burgueses alemanes, representantes del socialismo de cátedra, F. Holtzendorf y L. Brentano, y desde 1881 por G. Schmoller. 79 "-edelia " ("La Semana"): periódico político y literario liberalpopulista; fue editado en Petersburgo de 1866 a 1901. El periódico se pronunciaba contra la lucha con la autocracia y propugnaba la llamada teoría de "pequeños asuntos", es decir, exhortaba a los intelectuales a renunciar a la lucha revolucionaria y a ocuparse del "trabajo cultural, desligado de la política". 60 Escrito en el destierro a fines de 1897. Publicado por primera vez en 1898 en la colección: Vladímir Ilín. Estudios y articulos económicos. San Petersburgo. V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 2, págs. 505550. V. I. Lenin TAREAS URGE1TES DE 1UESTRO MOVIMIE1TO La socialdemocracia rusa ha declarado ya en múltiples ocasiones que la tarea política inmediata del partido obrero ruso debe ser el derrocamiento de la autocracia, la conquista de la libertad política. Esto declararon hace más de 15 años los representantes de la socialdemocracia rusa, los miembros del grupo "Emancipación del Trabajo"80; lo declararon también, 80 Grupo "Emancipación del Trabajo": primer grupo marxista ruso, fundado por J. Plejánov en Ginebra en 1883. Además de Plejánov, formaban parte del grupo Pável Axelrod, Vera Zasúlich, Lev Deutsch y V. Ignátov. El grupo "Emancipación del Trabajo" desplegó una gran labor de propaganda del marxismo en Rusia. Traducía al ruso, editaba en el extranjero y difundía en Rusia las obras de C. Marx y F. Engels: el Manifiesto del Partido Comunista, Trabajo asalariado y capital, Del socialismo utópico al socialismo científico y otras, y también popularizaba el marxismo en sus publicaciones. El grupo asestó un serio golpe al populismo, que era el obstáculo ideológico principal en la difusión del marxismo y el desarrollo del movimiento socialdemócrata en Rusia. En sus trabajos El socialismo y la lucha política (1883), -uestras discrepancias (1885) y otros, Plejánov sometió a la crítica marxista las teorías reaccionarias populistas. Desempeñaron un gran papel en la preparación y formación del Partido Socialdemócrata en Rusia dos proyectos de Programa de los socialdemócratas rusos (el de 1883 y el de 1885), escritos por J. Plejánov y editados por el grupo "Emancipación del Trabajo". El libro de Plejánov (N. Béltov) Contribución al problema del desarrollo de la concepción monista de la historia, que "ha educado a toda una generación de marxistas rusos" (Lenin), tuvo gran importancia en la difusión de las ideas del marxismo y en la defensa del materialismo dialéctico e histórico. Plejánov y Zasúlich fueron amigos personales de Engels y durante muchos años mantuvieron correspondencia con él. El grupo "Emancipación del Trabajo" estableció contacto con el movimiento obrero internacional y a partir del primer Congreso de la II Internacional en 1889 (París) y a lo largo de toda su existencia representó en los diversos Congresos de ésta a la socialdemocracia rusa. A la vez, el grupo adolecía de graves errores, consistentes en la sobrestimación del papel de la burguesía liberal en la revolución y el menosprecio del papel revolucionario de los campesinos como reserva de la revolución proletaria. Estos errores fueron el embrión de las futuras ideas mencheviques de Plejánov y de otros componentes del grupo. V. I. Lenin señaló que el grupo "Emancipación del hace dos años y medio, los representantes de las organizaciones socialdemócratas rusas que en la primavera de 1898 formaron el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia81. Pero, a pesar de estas reiteradas declaraciones, el problema de las tareas políticas de la socialdemocracia en Rusia vuelve a plantearse en la actualidad. Muchos representantes de nuestro movimiento manifiestan sus dudas en cuanto al acierto de la mencionada solución del problema82. Trabajo" "sólo dotó de una base teórica a la socialdemocracia y dio los primeros pasos al encuentro del movimiento obrero". (Véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 25, pág. 132. En el II Congreso del POSDR, en agosto de 1903, el grupo "Emancipación del Trabajo" anunció su disolución. 81 En la primavera de 1898 (del 1 al 3 (13-15) de marzo) se celebró clandestinamente en Minsk el I Congreso del POSDR. Hallándose recluído en la cárcel de Petersburgo en 1896, Lenin planteó la necesidad de convocar el Congreso. La detención y deportación de Lenin y de otros dirigentes de la "Unión de lucha" de Petersburgo a Siberia, impidieron prácticamente convocar el Congreso. Este fue preparado por la organización socialdemócrata de Kíev, que pudo salvarse de la represión. Asistieron al Congreso 9 delegados, representando a 6 organizaciones (un delegado de cada una de las "Uniones de lucha" de Petersburgo, Moscú, Kíev y Ekaterinoslav; dos del grupo de Rabóchaya Gazeta, de Kíev, y tres del Bund). El Congreso acordó unificar las "Uniones de lucha" locales y el Bund en un solo Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia (POSDR) y eligió un Comité Central. Como órgano oficial del partido fue reconocido Rabóchaya Gazeta, y la "Unión de los socialdemócratas rusos" fue declarada representante del partido en el extranjero. El Congreso lanzó el manifiesto del POSDR, que planteaba como tareas principales la lucha por la libertad política y contra el absolutismo, ligándola a la lucha ulterior contra el capitalismo y la burguesía. El I Congreso, que proclamó la formación del POSDR, fue un paso adelante en la cohesión del proletariado en torno a la socialdemocracia revolucionaria. Pero el Congreso no creó el Partido como un todo único y no elaboró el programa ni los Estatutos. El Comité Central elegido por el Congreso fue detenido poco después. Se ahondaron la dispersión y las vacilaciones en las organizaciones socialdemócratas locales. La tarea de crear un partido marxista único seguía siendo la tarea principal de la socialdemocracia rusa. 82 Se trata del "economismo", corriente oportunista surgida 62 Dicen que la lucha económica tiene una importancia predominante, relegan a un segundo plano las tareas políticas del proletariado, empequeñecen y restringen estas tareas e incluso manifiestan que las disquisiciones sobre la formación de un partido obrero independiente en Rusia son simple repetición de palabras dichas por otros y que los obreros deben sostener de modo exclusivo la lucha económica, dejando la política para los intelectuales en alianza con los liberales. Esta última declaración del nuevo símbolo de la fe (el tristemente célebre Credo) se reduce ni más ni menos que a considerar menor de edad al proletariado ruso y a negar en redondo el programa socialdemócrata. En realidad, Rabóchaya Mysl (sobre todo en el Suplemento83 se ha en la socialdemocracia rusa a finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, variedad rusa del oportunismo internacional. Los "economistas" tenían sus órganos de prensa: en Rusia, el periódico Rabóchaya Mysl ("El Pensamiento Obrero"), y en el extranjero, la revista Rabócheie Dielo ("La Causa Obrera"). En 1899, fue publicado el Credo, manifiesto de los "economistas", redactado por E. Kuskova. Lenin leyó el Credo hallándose en la deportación y escribió la Protesta de los socialdemócratas de Rusia, en la que sometió a una crítica tajante el programa de los "economistas". Estos circunscribían las tareas de la clase obrera a la lucha económica por la elevación de salarios, el mejoramiento de las condiciones de trabajo, etc., afirmando que la lucha política debía correr a cargo de la burguesía liberal. Los "economistas" negaban el papel dirigente del partido de la clase obrera, considerando que el partido solamente debía contemplar el proceso espontáneo del movimiento y registrar los acontecimientos. Postrándose ante la espontaneidad del movimiento obrero, los "economistas" rebajaban la importancia de la teoría revolucionaria, de la conciencia. Afirmaban que la ideología socialista puede surgir del movimiento espontáneo y negaban la necesidad de introducir en el movimiento obrero la conciencia socialista, abriendo con ello el paso a la ideologia burguesa. Los "economistas" defendían el aislamiento y los métodos artesanos de trabajo en el movimiento socialdemócrata e intervenían contra la necesidad de crear un partido de la clase obrera centralizado. El "economismo" amenazaba con apartar a la clase obrera del camino de clase revolucionario y convertirla en un apéndice político de la burguesía. La Iskra desempeñó un gran papel en la lucha contra el "economismo". En su libro ¿Qué hacer?, Lenin demolió por completo las posiciones ideológicas del "economismo". 83 "Rabóchaya Mysl" ("El Pensamiento Obrero"): periódico de los "economistas", editado desde octubre de 1897 hasta diciembre de 1902. Aparecieron 16 números. Los dos primeros fueron impresos en mineógrafo, en Petersburgo; los números 3-11 se publicaron en el extranjero, en Berlín; los números 12-15, en Varsovia. El último, el 16, se editó en el extranjero. Fue redactado por K. Tájtarev y otros. "Suplemento especial de "Rabochaya Mysl": folleto editado por la redacción del periódico Rabóchaya Mysl en septiembre de 1899. En este folleto, sobre todo en el artículo -uestra realidad, firmado por R. M., se defendían V. I. Lenin manifestado en el mismo sentido. La socialdemocracia rusa atraviesa un período de vacilaciones y de dudas que la hacen llegar hasta a negarse a sí misma. De un lado, el movimiento obrero es desligado del socialismo: se ayuda a los obreros a librar la lucha económica, pero de ningún modo se les explica a la vez, o se les explica insuficientemente, los fines socialistas y las tareas políticas de todo el movimiento en su conjunto. De otro lado, el socialismo es desvinculado del movimiento obrero: los socialistas rusos comienzan de nuevo a hablar cada vez más de que la lucha contra el gobierno debe ser sostenida exclusivamente por los intelectuales, pues los obreros se circunscriben a la lucha económica. A nuestro juicio, son tres las circunstancias que han preparado el terreno a estos lamentables fenómenos. En primer lugar, en los comienzos de su actividad los socialdemócratas rusos se limitaron al simple trabajo de propaganda en círculos. Al pasar a la agitación entre las masas, no siempre pudimos evitar el caer en otro extremo. En segundo lugar, en la fase inicial de nuestra actuación tuvimos que defender muy a menudo nuestro derecho a la existencia en lucha contra los secuaces de "La Voluntad del Pueblo”84, que concebían la "política" abiertamente ideas oportunistas. Lenin criticó las ideas de Rabóchaya Mysl -como variedad rusa del oportunismo Internacional- en su trabajo Una tendencia retrógrada en la socialdemocracia rusa (Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 240-273), en los artículos publicados en el periódico Iskra y en su libro ¿Qué hacer? 84 "La Voluntad del Pueblo": sociedad política secreta de los populistas-terroristas, creada en agosto de 1879 como resultado de la escisión de la organización "Tierra y Libertad". A la cabeza de "La voluntad del Pueblo" se hallaba un Comité Ejecutivo compuesto por Andréi Zhelíábov, Alexandr Mijáilov, M. Frolenko, N. Morózov, Vera Figner, Sofia Peróvskaya, A. Rviatkovski y otros. Al mismo tiempo que defendían las posiciones del socialismo utópico populista, los miembros de "La Voluntad del Pueblo" emprendieron el camino de la lucha política, considerando como tarea más importante el derrocamiento de la autocracia y la conquista de la libertad política. Lenin señalaba que "los adeptos de "La Voluntad del Pueblo" dieron un paso adelante al iniciar la lucha política, pero no lograron vincularla al socialismo". (Obras, 5a, ed. en ruso, t. 9, pág. 179.) Los adeptos de "La Voluntad del Pueblo" luchaban heroicamente contra la autocracia zarista, pero, partiendo de la errónea teoría de los "héroes" activos y la "multitud" pasiva, pensaban transformar la sociedad con sus propias fuerzas, sin la participación del pueblo, mediante el terror individual, la intimidación y la desorganización del gobierno. Después del 1 de marzo de 1881 (día en que dieron muerte al zar Alejandro II), el gobierno destruyó la sociedad "La Voluntad del Pueblo" mediante crueles persecuciones, ejecuciones y provocaciones. No dieron resultado alguno los repetidos intentos llevados a cabo en los años 80 con el fin de hacer resurgir "La Voluntad del Tareas urgentes de nuestro movimiento como una actividad divorciada del movimiento obrero y reducían la política a una simple conjura. Al rechazar una tal política, los socialdemócratas cayeron en otro extremo, relegando a un segundo plano la política en general. En tercer lugar, al actuar desperdigados en pequeños círculos obreros locales, los socialdemócratas no prestaron la debida atención a la necesidad de organizar un partido revolucionario que coordinase toda la actividad de los grupos locales y permitiese montar con acierto la labor revolucionaria. Ahora bien, el predominio de una actividad dispersa va unido de modo natural al predominio de la lucha económica. Todas estas circunstancias dieron lugar a la inclinación hacia un solo aspecto del movimiento. La corriente "economista" (en la medida en que aquí se puede hablar de "corriente") motivó los intentos de erigir esta estrechez de miras en una teoría particular, los intentos de utilizar para este fin el bernsteinianismo en boga, la "crítica del marxismo" en boga, que preconizaba las viejas ideas burguesas bajo una nueva bandera. Estos intentos originaron el peligro de debilitar los vínculos entre el movimiento obrero ruso y la socialdemocracia rusa, como combatiente de vanguardia por la libertad política. De ahí que la tarea más urgente de nuestro movimiento consista en reforzar estos vínculos. La socialdemocracia es la unión del movimiento obrero con el socialismo. Su cometido no estriba en servir pasivamente al movimiento obrero en cada una de sus fases, sino en representar los intereses de todo el movimiento en su conjunto, señalar a este movimiento su objetivo final, sus tareas políticas, y salvaguardar su independencia política e ideológica. Desligado de la socialdemocracia, el movimiento obrero se achica y adquiere por fuerza un carácter burgués: al sostener exclusivamente la lucha económica, la clase obrera pierde su independencia política, se convierte en un apéndice de otros partidos y traiciona el gran precepto: "La emancipación de la clase obrera debe ser obra de la clase obrera misma". En todos los países hubo un período en que el movimiento obrero y el socialismo existieron por separado, siguiendo caminos distintos, y en todos los países esta desvinculación fue causa de la debilidad del socialismo y del movimiento obrero; en todos los países, sólo la unión del socialismo con el movimiento obrero creó una sólida base tanto para el uno como para el otro. Pero en cada país esta unión del socialismo con el movimiento obrero fue lograda a lo largo de un proceso histórico, siguiendo una vía particular, de acuerdo con las condiciones de lugar y Pueblo". A la vez que criticaba el programa erróneo y utópico de los adeptos de "La Voluntad del Pueblo", Lenin se refería con gran respeto a la abnegaba lucha de la sociedad contra el zarismo y apreciaba en alto grado su técnica conspirativa y su rígida organización centralizada. 63 tiempo. En Rusia, la necesidad de la unión del socialismo con el movimiento obrero fue proclamada hace ya mucho en el terreno teórico, pero en la práctica esta unión sólo va haciéndose efectiva en nuestros días. Este proceso es muy difícil y no tiene nada de extraño que vaya acompañado de diferentes vacilaciones y dudas. ¿Qué enseñanza se desprende para nosotros del pasado? La historia de todo el socialismo ruso hizo que su tarea más urgente fuera la lucha contra el gobierno autocrático, la conquista de la libertad política; nuestro movimiento socialista se ha concentrado, por decirlo así, en la lucha contra la autocracia. Por otro lado, la historia muestra que en Rusia la separación entre el pensamiento socialista y los representantes avanzados de las clases trabajadoras es mucho mayor que en otros países, y que, de perdurar esta separación, el movimiento revolucionario ruso está condenado a la impotencia. De aquí se deduce lógicamente el deber que está llamada a cumplir la socialdemocracia rusa: llevar las ideas socialistas y la conciencia política a la masa del proletariado y organizar un partido revolucionario ligado indisolublemente con el movimiento obrero espontáneo. Mucho se ha hecho ya en este sentido por la socialdemocracia rusa, pero aún es más lo que queda por hacer. A medida que crece el movimiento, se amplía el campo de actividad de la socialdemocracia, el trabajo es cada vez más diverso y aumenta el número de militantes del movimiento que concentran sus energías en la realización de diferentes tareas parciales planteadas por las necesidades cotidianas de la propaganda y la agitación. Este fenómeno es completamente natural e inevitable, pero obliga a prestar singular atención a que las tareas parciales del trabajo y los distintos procedimientos de lucha no se conviertan en algo que se baste a sí mismo y a que la labor preparatoria no adquiera el rango de trabajo principal y único. Nuestro cometido principal y fundamental consiste en coadyuvar al desarrollo político y a la organización política de la clase obrera. Quien relega este cometido a un segundo plano y no subordina a él todas las tareas parciales y los distintos procedimientos de lucha, se sitúa en un camino falso e infiere grave daño al movimiento. Relegan este cometido, en primer lugar, quienes exhortan a los revolucionarios a luchar contra el gobierno con las fuerzas de círculos sueltos de conspiradores, desligados del movimiento obrero. Relegan este cometido, en segundo lugar, quienes restringen el contenido y el alcance de la propaganda, agitación y organización políticas; quienes estiman posible y oportuno invitar a los obreros a paladear la "política" solamente en momentos excepcionales de su vida, solamente en casos solemnes; quienes sienten excesivo afán de sustituir la lucha política contra la V. I. Lenin 64 autocracia por la simple reclamación a la autocracia de ciertas concesiones y se preocupan muy poco de que la reivindicación de concesiones se transforme en una lucha sistemática e irrevocable del partido obrero revolucionario contra la autocracia. "¡Organizaos!", repite a los obreros en los más diversos tonos Rabóchaya Mysl, y con ella todos los partidarios de la corriente "economista". Como es natural, nos solidarizamos por entero con esta llamada, pero añadiendo sin falta: organizaos no sólo en sociedades de ayuda mutua, en cajas de resistencia y en círculos obreros, sino también en un partido político, para la lucha decidida contra el gobierno autocrático y contra toda la sociedad capitalista. Sin esta organización, el proletariado no es capaz de elevarse hasta el nivel de una lucha consciente de clases; sin esta organización, el movimiento obrero está condenado a la impotencia; con las cajas de resistencia, los círculos y las sociedades de ayuda mutua exclusivamente, la clase obrera no conseguirá jamás cumplir la gran misión histórica a la que está llamada: emanciparse a sí misma y emancipar a todo el pueblo ruso de su esclavitud política y económica. Ninguna clase ha logrado en la historia instaurar su dominio si no ha promovido a sus propios jefes políticos, a sus representantes de vanguardia, capaces de organizar el movimiento y dirigirlo. También la clase obrera rusa ha demostrado ya que es capaz de promover a tales hombres: la lucha de los obreros rusos, que en los cinco o seis años últimos ha alcanzado vasto desarrollo, muestra que la clase obrera posee una gran masa de fuerzas revolucionarias y que las persecuciones del gobierno, por feroces que sean, lejos de disminuir, acrecientan el número de obreros que tienden hacia el socialismo, hacia la conciencia política y hacia la lucha política. El Congreso de nuestros camaradas en 1898 planteó con tino la tarea, y no repitió palabras ajenas, no expresó una simple inclinación de "intelectuales"... Y nosotros debemos emprender con decisión el cumplimiento de estas tareas planteando en el orden del día el problema del programa, de la organización y de la táctica del partido. Ya hemos dicho cómo concebimos los puntos fundamentales de nuestro programa, pero, naturalmente, éste no es el lugar para desarrollar en detalle estos puntos. Tenemos el propósito de dedicar a las cuestiones de organización una serie de artículos en los próximos números. Este es uno de nuestros problemas más acuciantes. En este sentido nos hemos quedado muy a la zaga de los viejos militantes del movimiento revolucionario ruso; es preciso reconocer abiertamente esta falla y dedicar nuestras fuerzas a una organización más conspirativa del trabajo, a una propaganda sistemática de las normas de nuestro trabajo y de los procedimientos para desorientar a los gendarmes y para no caer en las redes de la policía. Hay que preparar hombres que no consagren a la revolución sus tardes libres, sino toda su vida; hay que preparar una organización tan numerosa, que pueda aplicar una rigurosa división del trabajo en los distintos aspectos de nuestra actividad. Por último, en lo que atañe a las cuestiones tácticas, aquí nos limitaremos a lo siguiente: la socialdemocracia no se ata las manos, no limita su actividad a un plan cualquiera previamente preparado o a un solo procedimiento de lucha política, sino que admite como buenos todos los procedimientos de la lucha reivindicativa contra el gobierno y la conquista de partido y permitan lograr los mayores resultados posibles en unas condiciones dadas. Si existe un partido bien organizado, una huelga puede convertirse en una demostración política, en una victoria política sobre el gobierno. Si existe un partido bien organizado, la insurrección en una localidad aislada puede transformarse en una revolución triunfante. Debemos recordar que la lucha reivindicativa contra el gobierno y la conquista de ciertas concesiones no son otra cosa que pequeñas escaramuzas con el adversario, ligeras refriegas en las avanzadillas, y que la batalla decisiva está por venir. Tenemos enfrente la fortaleza enemiga, bien artillada, desde la que se nos lanza una lluvia de metralla que se lleva a los mejores luchadores. Debemos tomar esta fortaleza, y la tomaremos si todas las fuerzas del proletariado que despierta las unimos a las fuerzas de los revolucionarios rusos en un solo partido, hacia el que tenderán todos los elementos activos y honestos de Rusia. Sólo entonces se verá cumplida la gran profecía del obrero revolucionario ruso Piotr Alexéiev: "¡Se alzarán los brazos vigorosos de millones de obreros, y el yugo del despotismo, protegido por las bayonetas de los soldados, saltará hecho pedazos!"85 Escrito en octubre y a principios de noviembre de 1900. Publicado en diciembre de 1900 en el Nº 1 de Iskra. V. I. Lenin. Obras, 5ª ed. en ruso, t. 4, págs. 371377. 85 El discurso de Piotr Alexéiev fue publicado por primera vez en 1877 en Londres, en la revista Vperiod! ("¡Adelante"!) (publicación no periódica). Desde entonces fue reeditado clandestinamente repetidas veces, gozando de gran popularidad entre los obreros rusos. ¿QUE HACER? Problemas candentes de nuestro movimiento86 "...La lucha Interior da al partido fuerza y vitalidad; la prueba más grande de la debilidad de un partido es el amorfismo y la ausencia de fronteras netamente delimitadas; el partido se fortalece depurándose..." (Extracto de una carta de Lassalle a Marx, 24 de junio de 1852) Prologo Según el plan inicial del autor, el presente folleto debía estar consagrado a desarrollar detalladamente las ideas expuestas en el artículo ¿Por dónde empezar?87 (Iskra88, N° 4, mayo de 1901)89. Ante 86 El libro "¿Qué hacer? Problemas candentes de nuestro movimiento" fue escrito por Lenin a fines de 1901 y comienzos de 1902. En diciembre, en el número 12 de Iskra publicó Lenin el artículo Conversación con los defensores del economismo al que posteriormente denominó esbozo de ¿Qué hacer? Lenin escribió el prefacio para el libro en febrero. A comienzos de marzo vio la luz ¿Qué hacer? en Stuttgart, en la Editorial de Dietz, lo que se anunciaba en el número 18 de Iskra, del 10 de marzo de 1902. El libro ¿Qué hacer? desempeñó un gran papel en la creación de un partido marxista revolucionario de la clase obrera de Rusia, por la victoria de la orientación leninistaiskrista en los comités y las organizaciones del POSDR y, más tarde, en su Congreso de 1903. En 1902-1903 fue difundido el libro ampliamente en las organizaciones socialdemócratas de Rusia. Encontraban esta obra al practicar registros y detenciones de socialdemócratas en Kiev, Moscú, Petersburgo, Nizhni Nóvgorod, Kazán, Odesa y otras ciudades. En 1907 fue publicado con algunos cambios ¿Qué hacer? en la recopilación 12 años. En todas las ediciones posteriores fue publicado según el texto de 1902, comprobado con el texto de la edición de 1907. 87 El artículo de V. I. Lenin ¿Por dónde empezar?, publicado como artículo de fondo en el número 4 del periódico Iskra, contiene la respuesta a las cuestiones más importantes referentes al movimiento socialdemócrata de Rusia: .sobre el carácter y el contenido principal de la agitación política, sobre las tareas de organización y el plan de creación del partido marxista combatiente de toda Rusia. Lenin llamó al artículo ¿Por dónde empezar? esbozo del plan que fue desarrollado en el libro ¿Qué hacer? El artículo sirvió de documento programático para la socialdemocracia revolucionaria y fue difundido ampliamente tanto en Rusia como en el extranjero. Las organizaciones socialdemócratas locales lo leían en el periódico Iskra y lo reeditaban como folleto aparte. La Unión Socialdemócrata Siberiana imprimió 5.000 ejemplares del folleto y lo propagó por toda Siberia. El folleto fue impreso también en Rzhev y fue difundido en Sarátov, Tambov, Nizhni Nóvgorod, Ufá y otras ciudades. 88 "Iskra": primer periódico marxista ilegal de toda Rusia, fundado por Lenin en 1900, que desempeñó el papel decisivo en la creación del partido marxista revolucionario de la clase obrera. Como era imposible editar un periódico revolucionario en Rusia, debido a las persecuciones policíacas, Lenin, hallándose deportado en Siberia, trazó con todo detalle el plan de edición del periódico en el extranjero. Terminada la deportación (enero de 1900), Lenin inició inmediatamente la puesta en práctica de su plan. El primer número de la Iskra leninista apareció en diciembre de 1900 en Leipzig; los siguientes en Munich; desde julio de 1902 en Londres, y desde la primavera de 1903 en Ginebra. Los socialdemócratas alemanes Clara Zetkin, Adolfo Braun y otros, el socialdemócrata polaco Julián Marchlewski, que residía en aquel período en Munich, y Harry Quelch, uno de los dirigentes de la federación socialdemócrata inglesa, prestaron una gran ayuda para preparar el periódico (organización de la imprenta secreta y adquisición de caracteres rusos). Formaban parte de la Redacción de Iskra: Lenin, Plejánov, Mártov, Axelrod, Potrésov y Zasúlich. I. SmidóvichLeman fue secretaria de la Redacción al principio, y después, desde la primavera de 1901, Krúpskaya, que se encargaba también de la correspondencia de Iskra con las organizaciones socialdemócratas rusas. Lenin ejercía prácticamente las funciones de redactor jefe y de director de Iskra. Escribía artículos sobre todos los problemas fundamentales de la formación del partido y de la lucha de clase del proletariado de Rusia, y se hacía eco de los acontecimientos más importantes de la vida internacional. Iskra se convirtió en el centro de unificación de las fuerzas del partido, de selección y educación de los cuadros del partido. En diversas ciudades de Rusia (Petersburgo, Moscú, Samara y otras) se constituyeron grupos y comités del POSDR de orientación leninista-iskrista. Las organizaciones iskristas surgían y actuaban bajo la dirección inmediata de los discípulos y compañeros de lucha de Lenin: Bauman, Bábushkin, Gúsev, Kalinin, Krásikov, Krzhizhanovski, Léngnik, Lepeshinski, Rádchenko y otros. A iniciativa de Lenin y con su participación directa, la Redacción de Iskra elaboró el proyecto de programa del partido (publicado en el número 21 de Iskra) y preparó el 66 todo, debemos disculparnos ante el lector por haber cumplido tardíamente la promesa que hicimos en dicho artículo (y que repetimos en respuesta a muchos requerimientos y cartas particulares). Una de las causas de dicha tardanza ha sido el haber intentado, en junio del pasado año de 1901, unificar todas las organizaciones socialdemócratas en el extranjero. Era natural esperar los resultados de esta tentativa, pues si hubiese tenido éxito, habría sido tal vez necesario exponer las concepciones de Iskra en materia de organización bajo un aspecto algo distinto; en todo caso, este éxito habría prometido que se iba a poner muy rápidamente fin a la existencia de dos corrientes en la socialdemocracia rusa. El lector sabe que la tentativa fracasó90 y, como II Congreso del POSDR, que se celebró en julio-agosto de 1903. Para la fecha de la convocatoria del Congreso, la mayoría de las organizaciones socialdemócratas locales de Rusia se habían adherido a Iskra, aprobando su táctica, su programa y su plan de organización y reconociéndola como su órgano dirigente. En una resolución especial, el Congreso señaló el papel excepcional de Iskra en la lucha por el partido y la proclamó Órgano Central del POSDR. El II Congreso aprobó la Redacción compuesta por Lenin, Plejánov y Mártov. A despecho de la decisión del Congreso del Partido, Mártov se negó a formar parte de la Redacción, y los números 46-51 de Iskra salieron bajo la dirección de Lenin y Plejánov. Más tarde, Plejánov pasó a las posiciones del menchevismo y exigió que fuesen incluidos en la Redacción de Iskra todos los antiguos redactores mencheviques repudiados por el Congreso. Lenin no pudo aceptar esto y abandonó la Redacción de Iskra el 19 de octubre (1 de noviembre) de 1903 y fue cooptado para el CC, desde donde empezó a luchar contra los oportunistas mencheviques. El número 52 apareció bajo la dirección exclusiva de Plejánov. El 13 (26) de noviembre de 1903, Plejánov, por su cuenta y riesgo y a despecho de la voluntad del Congreso, cooptó para la Redacción de Iskra a los antiguos redactores mencheviques. A partir del número 52, los mencheviques convirtieron la Iskra en su propio órgano. 89 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 1-13. (N. de la Edit.) 90 En la primavera y el verano de 1901, entre las organizaciones socialdemócratas del extranjero ("Unión de los Socialdemócratas Rusos", el Comité del Bund en el extranjero, la organización revolucionaria "SotsialDemokrat" y las organizaciones extranjeras de Iskra y Zariá), a iniciativa y con la participación del grupo "Borbá", se mantuvieron conversaciones para lograr un acuerdo y la unificación. A fin de preparar el Congreso, en el que debía efectuarse la unificación, en junio de 1901 fue convocada en Ginebra una conferencia de representantes de estas organizaciones (por eso se la llama la "Conferencia de junio" o "de Ginebra"). En dicha Conferencia fue elaborada una resolución (acuerdo en principio), en la que se reconocía la necesidad de consolidar todas las organizaciones socialdemócratas y se censuraba el oportunismo en todos sus matices y manifestaciones: "economismo", bernsteinianismo, millerandismo, etc. Véase El PCUS en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos V. I. Lenin trataremos de demostrar, no pudo terminar de otro modo después del nuevo viraje de Rabócheie Dielo91, en su número 19, hacia el "economismo". Ha resultado absolutamente necesario emprender una lucha decidida contra esta tendencia vaga y poco determinada, pero, por ello mismo, tanto más firme y capaz de resucitar en variadas formas. De acuerdo del CC, parte 1, págs. 22-24, 1954, 7a ed. en ruso). Sin embargo, el nuevo viraje de la "Unión de los Socialdemócratas Rusos" y de su órgano Rabócheie Dielo hacia el oportunismo predeterminó el fracaso de los intentos de unificación. El Congreso de unificación de las organizaciones del POSDR en el extranjero se celebró el 21 y 22 de septiembre (4-5 de octubre) de 1901 en Zurich. Asistieron al Congreso 6 miembros de las organizaciones extranjeras de Iskra y Zariá (Lenin, Krúpskaya, Mártov y otros), 8 militantes de la organización revolucionaria "SotsialDemokrat" (entre ellos, tres miembros del grupo "Emancipación del Trabajo": Plejánov, Axelrod, Zasúlich), 16 miembros de la "Unión de los Socialdemócratas Rusos" (entre ellos, cinco del Comité del Bund en el extranjero) y 3 representantes del grupo "Borbá". Lenin, que asistió al Congreso con el seudónimo "Frei" pronunció un brillante discurso sobre el primer punto del orden del día: "Un acuerdo en principio e instrucciones para las Redacciones". (véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 271-275). Fue éste el primer informe público de Lenin pronunciado ante los socialdemócratas rusos en el extranjero. En el Congreso se presentaron enmiendas y suplementos oportunistas a la resolución de junio adoptados por el III Congreso de la "Unión de los Socialdemócratas Rusos". Debido a eso, la parte revolucionaria del Congreso (miembros de las organizaciones de Iskra, Zariá y de Sotsial-Demokrat) hizo una declaración sobre la imposibilidad de llegar a la unificación y abandonó el Congreso. A iniciativa de Lenin estas organizaciones se unieron en octubre de 1901 en la "Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en el Extranjero". 91 "Rabócheie Dielo" ("La Causa Obrera"): revista, órgano de la "Unión de los Socialdemócratas Rusos en el Extranjero". Se editó en Ginebra desde abril de 1899 hasta febrero de 1902 bajo la dirección de B. Krichevski, P. Tieplov (Sibiriak), V. Ivanshin, y, más tarde, de A. Martínov. Aparecieron 12 números (9 volúmenes). La Redacción de Rabócheie Dielo fue el centro de los "economistas" en el extranjero. Rabócheie Dielo apoyaba la consigna bernsteiniana de la "libertad de crítica" del marxismo y defendía posiciones oportunistas en las cuestiones de la táctica y las tareas de organización de la socialdemocracia rusa. Propagaba ideas oportunistas de subordinación de la lucha política del proletariado a la lucha económica, prosternándose ante la espontaneidad del movimiento obrero y negando el papel dirigente del partido. Uno de los redactores de Rabócheie Dielo, V. Ivanshin, pertenecía a la dirección de Rabóchaya Mysl ("El Pensamiento Obrero"), órgano de los "economistas" declarados que contaba con el apoyo de Rabócheie Dielo. En el II Congreso del POSDR, Rabócheie Dielo representaba el ala de extrema derecha, oportunista, del partido 67 ¿Qué hacer? con esto, ha cambiado y se ha ampliado muy considerablemente el plan inicial del folleto. Su tema principal debía haber abarcado tres problemas, planteados en el artículo ¿Por dónde empezar?, a saber: los problemas del carácter y el contenido principal de nuestra agitación política, acerca de nuestras tareas de organización y acerca del plan de crear, simultáneamente y por distintas partes, una organización combativa de toda Rusia. Estos problemas interesan desde hace mucho tiempo al autor, quien ha tratado ya de plantearlos en Rabóchaya Gazeta92, con ocasión de una de las tentativas infructuosas de reanudar su publicación (véase el cap. V). Mas el propósito inicial de circunscribirse, en este folleto, al examen de estos tres problemas y exponer en lo posible nuestras ideas en forma positiva, sin recurrir o casi sin recurrir a la polémica, ha resultado completamente irrealizable por dos razones. Por una parte, el "economismo" ha resultado ser mucho más vital de lo que suponíamos (empleamos el término "economismo" en su sentido amplio, como se explicó en el número 12 de Iskra (diciembre de 1901), en el artículo Una conversación con los defensores del economismo, que trazó, por decirlo así, un esbozo del folleto93 que ofrecemos a la atención del lector). No cabía ya duda de que los distintos conceptos sobre el modo de resolver estos tres problemas se explicaban mucho más por un antagonismo radical entre las dos tendencias de la socialdemocracia rusa, que por divergencias de detalle. Por otra parte, la perplejidad de los "economistas" al ver que Iskra sostenía de hecho nuestras concepciones ha puesto de manifiesto con 92 "Rabóchaya Gazeta" ("La Gaceta Obrera"): órgano clandestino de los socialdemócratas de Kíev. Se publicó en esta ciudad con la colaboración y bajo la dirección de B. Eidelman, P. Tuchapski, N. Vigdórchik y otros. En total, aparecieron dos números: uno en agosto de 1897 y otro en diciembre (con fecha de noviembre) del mismo año. P. Tuchapski, que salió al extranjero por encargo de la Redacción, dio a conocer a J. Plejánov y a otros militantes del grupo "Emancipación del Trabajo" en el número 1 de Rabóchaya Gazeta y consiguió su conformidad de colaborar en el periódico. El número 2 de Rabóchaya Gazeta tuvo un carácter político más acusado, debido a su ligazón con el grupo "Emancipación del Trabajo". Los socialdemócratas, agrupados en torno a Rabóchaya Gazeta, llevaban a cabo una labor orientada a la preparación del I Congreso del POSDR. El I Congreso del POSDR (marzo de 1898) decidió que Rabóchaya Gazeta fuera el órgano oficial del partido. Después del Congreso, debido a la detención de los miembros del Comité Central y de la Redacción de Rabóchaya Gazeta y de la destrucción de la imprenta, el número 3 del periódico, preparado ya para su impresión, no fue publicado. En. 1899 intentaron reeditar el periódico Rabóchaya Gazeta. De estas tentativas se trata en el libro de Lenin ¿Qué hacer? 93 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 360367. (N. de la Edit.) toda evidencia que a menudo hablamos lenguajes literalmente distintos; que, debido a ello, no podemos llegar a ningún acuerdo sin comenzar ab ovo94, que es necesario intentar una "explicación" sistemática en la forma más popular posible, a base del mayor número posible de ejemplos concretos, con todos los "economistas," sobre todos los puntos cardinales de nuestras discrepancias. Y he resuelto hacer esta tentativa de "explicación" con plena conciencia de que esto aumentaría considerablemente las proporciones del folleto y retardaría su aparición; pero no he visto ninguna otra posibilidad de cumplir la promesa hecha en el artículo ¿Por dónde empezar? Así que a las disculpas por la tardanza tengo que añadir las excusas por los enormes defectos del folleto en lo que a su forma literaria se refiere: he tenido que trabajar con una precipitación extrema y, por otra parte, muchos otros trabajos reclamaban mi atención. El examen de los tres problemas arriba indicados sigue constituyendo el tema principal del folleto. Pero he tenido que comenzar por dos problemas de carácter más general: ¿por qué una consigna tan "inocente" y "natural" como la de "libertad de crítica" es para nosotros una verdadera señal de batalla?, ¿por qué no podemos llegar a un acuerdo ni siquiera en la cuestión fundamental del papel de la socialdemocracia en relación al movimiento espontáneo de masas? Luego, la exposición de los conceptos sobre el carácter y el contenido de la agitación política se ha convertido en una explicación de la diferencia entre la política tradeunionista y la socialdemócrata, y la exposición de los conceptos sobre las tareas de organización, en una explicación de la diferencia entre los métodos primitivos de trabajo, que satisfacen a los "economistas", y la organización de revolucionarios, que reputamos indispensable. Después, insisto en el "plan" de un periódico político destinado a toda Rusia, tanto más que las objeciones hechas contra él, eran inconsistentes y no se ha dado una respuesta a fondo a la cuestión, planteada en ¿Por dónde empezar?, de cómo podríamos emprender, por todas partes a la vez, la formación de la organización que necesitamos. Por último, en la parte final del folleto espero demostrar que hemos hecho todo cuanto dependía de nosotros para prevenir una ruptura definitiva con los "economistas", ruptura que, sin embargo, ha resultado inevitable; que Rabócheie Dielo ha adquirido una significación particular, si queréis "histórica", por haber reflejado, en la forma más completa, con el mayor relieve, no el "economismo" consecuente, sino más bien la dispersión y las vacilaciones que han constituido, en la historia de la socialdemocracia rusa, el rasgo distintivo de todo un periodo; que, por esta razón, 94 Ab ovo: desde el principio. (N. de la Edit.) 68 adquiere también importancia la polémica, demasiado detallada, a primera vista, con Rabócheie Dielo, pues no podemos avanzar sin liquidar definitivamente este período. N. Lenin Febrero de 1902. I. Dogmatismo y "libertad de crítica" A) ¿Que significa la "libertad de crítica"? La "libertad de crítica" es, sin duda, la consigna actualmente más en boga, la que con más frecuencia se emplea en las discusiones entre socialistas y demócratas de todos los países. A primera vista, es difícil imaginarse algo más extraño que esas solemnes alusiones a la libertad de critica hechas por una de las partes contendientes. ¿Acaso en el seno de los partidos avanzados se han levantado voces en contra de la ley constitucional que, en la mayoría de los países europeos, garantiza la libertad de ciencia y de investigación científica? "¡Aquí pasa algo!", se dirá toda persona ajena a la cuestión, que haya oído la consigna en boga, repetida en todas las encrucijadas, pero que no haya penetrado aún en el fondo de las discrepancias. "Esta consigna es, por lo visto, una de las locuciones convencionales que, como los apodos, son legalizados por el uso y se convierten casi en nombres comunes". En efecto, para nadie es un secreto que, en el seno de la socialdemocracia internacional95 95 A propósito. En la historia del socialismo moderno es quizá un hecho único, y, en su género, extraordinariamente consolador, que una disputa entre distintas tendencias en el seno del socialismo se haya convertido, por primera vez, de nacional en internacional. Antes, las discusiones entre lassalleanos y eisenacheanos*, entre guesdistas y posibilistas**, entre fabianos*** y socialdemócratas****, entre partidarios de "La Voluntad del Pueblo"***** y socialdemócratas eran discusiones puramente nacionales, reflejaban particularidades netamente nacionales, se desarrollaban, por decirlo así, en distintos planos. Actualmente (ahora se ve esto bien claro), los fabianos ingleses, los ministerialistas franceses******, los bernsteinianos alemanes, los críticos rusos******* son una sola familia; se ensalzan mutuamente, aprenden los unos de los otros y, en común, luchan contra el marxismo "dogmático". ¿Será posible que, en esta primera contienda realmente internacional con el oportunismo socialista, la socialdemocracia revolucionaria internacional se fortalezca lo suficiente, para acabar con la reacción política que desde hace ya largo tiempo impera en Europa? * Lassalleanos y eisenacheanos; dos partidos del movimiento obrero alemán de la década del 60 y principios de la del 70 del siglo XIX, que libraron encarnizadas luchas, principalmente en las cuestiones de la táctica y, sobre todo, en la cuestión más palpitante de la vida política de Alemania de aquella época, la de los caminos de su unificación. Lassalleanos: partidarios y seguidores del socialista pequeñoburgués alemán F. Lassalle, miembros de la Unión General Obrera Alemana, fundada en 1863 en el V. I. Lenin Congreso de las sociedades obreras en Leipzig. Su primer presidente fue Lassalle, que expuso el programa y los fundamentos de la táctica de la Unión. Lassalle y sus partidarios apoyaban en su labor práctica la política de gran potencia de Bismarck; "objetivamente esto fue una infamia y una traición a todo el movimiento obrero a favor de los prusianos", escribía F. Engels a C. Marx el 27 de enero de 1865. C. Marx y F. Engels criticaron repetidas veces y de una manera muy rigurosa la teoría, la táctica y los principios de organización de los lassalleanos como corriente oportunista en el movimiento obrero alemán. Eisenacheanos: miembros del Partido Obrero Socialdemócrata de Alemania, creado en 1869 en el Congreso Constituyente en Eisenach. Encabezaban a los eisenacheanos Guillermo Liebknecht y Augusto Bebel, que se hallaban bajo la influencia ideológica de C. Marx y F. Engels. En el programa de los eisenacheanos se decía que el Partido Obrero Socialdemócrata de Alemania se consideraba como una "sección de la Asociación Internacional de los Trabajadores y comparte sus aspiraciones". Respecto a la unificación de Alemania, los eisenacheanos defendían la "vía democrática y proletaria, oponiéndose a que se hiciera la menor concesión al prusianismo, al régimen de Bismarck, al nacionalismo". (V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 23, pág. 365). Con la fundación en 1871 del Imperio Alemán quedó liquidada la contradicción principal entre los lassalleanos y eisenacheanos, y en 1875, bajo la influencia del auge del movimiento obrero y de la acentuación de las represiones gubernativas, ambos partidos se fusionaron en el Congreso de Gotha, constituyendo el Partido Socialista Obrero de Alemania (posteriormente, el Partido Socialdemócrata de Alemania). Acerca de los lassalleanos y eisenacheanos véase el artículo de Lenin Augusto Bebel, escrito en agosto de 1913. ** Guesdistas y jauresistas, broussistas (posibilistas): Guesdistas: partidarios de Julio Guesde y Pablo Lafargue, corriente marxista de izquierda, que propugnaba una política proletaria revolucionaria independiente. Los guesdistas conservaron el nombre del Partido Obrero de Francia y continuaron apoyando el programa del partido, aprobado en 1880 en el Havre, cuya parte teórica fue escrita por C. Marx. Ejercían una gran influencia en los centros industriales de Francia y unieron a los elementos avanzados de la clase obrera. En 1901, los guesdistas formaron el Partido Socialista de Francia. Jauresistas: partidarios de Juan Jaurés, que encabezó el ala derecha, reformista, del movimiento socialista francés. Encubriéndose con la exigencia de la "libertad de crítica", los jauresistas trataban de revisar las tesis fundamentales del marxismo y propugnaban la colaboración de clase del proletariado y la burguesía. En 1902, los jauresistas formaron el Partido Socialista Francés, que mantuvo posiciones reformistas. Broussistas (posibilistas): miembros de la corriente oportunista surgida en el movimiento obrero francés en los años del 80 del siglo XIX, encabezada por Benito Melon y Pablo Brousse. Los posibilistas eran adversarios a un partido revolucionario del proletariado y se pronunciaban por la renuncia a la lucha revolucionaria, considerando que el paso paulatino al socialismo era posible únicamente con el concurso de los organismos de la administración local, ¿Qué hacer? es decir, de los municipios. Por su política oportunista, que se reducía a la llamada "política de posibilidades", fueron calificados irónicamente por Guesde de posibilistas. A fines de la década del 80, los posibilistas, con el apoyo de algunos elementos oportunistas de otros países, y en particular de Hyndman (Federación Socialdemócrata de Inglaterra), intentaron apoderarse de la dirección del movimiento obrero internacional. Sin embargo, la mayoría de las organizaciones socialistas de los distintos países no siguieron a los posibilistas y participaron en el Congreso de marxistas celebrado en París del 14 al 20 de julio de 1889. Este Congreso fue el comienzo de la II Internacional. Engels sostuvo una lucha perseverante contra los posibilistas, desenmascarando su actividad escisionista. En 1902, los posibilistas, junto con otros grupos reformistas, fundaron el Partido Socialista Francés. En 1905, el Partido Socialista de Francia y el Partido Socialista Francés se unificaron en un solo partido. Durante la guerra imperialista de 1914-1918, Guesde, con toda la dirección del Partido Socialista Francés, se pasó a las posiciones del socialchovinismo. *** Fabianos: miembros de la Sociedad Fabiana, organización reformista inglesa fundada en 1884, denominada así en memoria del capitán romano Fabio Máximo (siglo III a.n.e.), llamado Cunctátor ("El Contemporizador") por su táctica expectante, que le hacía rehuir los combates decisivos en la guerra contra Aníbal. La Sociedad Fabiana se componía preferentemente de intelectuales burgueses: científicos, escritores, políticos (como Sidney y Beatriz Webb, George Bernard Shaw, Ramsay MacDonald y otros). Según definición de Lenin, los fabianos eran "la expresión más acabada del oportunismo" (Obras, 5a ed. en ruso, t. 16, pág. 339). En 1900, la Sociedad Fabiana ingresó en el Partido Laborista. El "socialismo de los fabianos" es una de las fuentes de la ideología laborista. **** Se refiere a la Federación Socialdemócrata de Inglaterra, fundada en 1884. A la par con los reformistas (Hyndman y otros) y los anarquistas, formaba parte de la Federación Socialdemócrata de Inglaterra un grupo de socialdemócratas revolucionarios partidarios del marxismo (Harry Quelch, Tom Mann, Edward Eveling, Leonora Marx y otros), que constituían el ala izquierda del movimiento socialista de Inglaterra. F. Engels criticó rigurosamente a la Federación Socialdemócrata de Inglaterra por su dogmatismo y sectarismo, por apartarse del movimiento obrero de masas de Inglaterra y por ignorar sus peculiaridades. En 1907 la Federación Socialdemócrata de Inglaterra empezó a llamarse Partido Socialdemócrata. Este, junto con los elementos de izquierda del Partido Obrero Independiente formó en 1911 el Partido Socialista Británico; en 1920, la mayoría de sus afiliados tomó parte en la fundación del Partido Comunista de la Gran Bretaña. Independent Labour Party (I. L. P.) (Partido Laborista Independiente) fue fundado en 1893. Lo encabezaban James Keir Hardie, Ramsay MacDonald y otros. Aunque pretendía mantener la independencia política respecto a los partidos burgueses, en realidad, el Partido Laborista Independiente sólo era "independiente" del socialismo, pero muy dependiente del liberalismo" (Lenin). Al comienzo de la primera guerra mundial (1914-1918), el Partido Laborista Independiente publicó un manifiesto 69 contemporánea, se han formado dos tendencias, cuya lucha tan pronto se reaviva y estalla en llamas, como contra la guerra (el 13 de agosto de 1914). Luego, en febrero de 1915, en la Conferencia de Londres de socialistas de los países de la Entente, los independientes se adhirieron a la resolución socialchovinista adoptada por la Conferencia. A partir de entonces, los líderes de los independientes, encubriéndose con frases pacifistas, mantuvieron una posición socialchovinista. En 1919, los lideres del Partido Laborista Independiente, bajo la presión de las masas radicalizadas del partido, tomaron el acuerdo de abandonar la II Internacional. En 1921, los independientes ingresaron en la llamada Internacional II y media y, después de la disgregación de ésta, volvieron a ingresar en la II Internacional. En 1921, el ala izquierda del Partido Laborista Independiente de Inglaterra se separó de éste e ingresó en el Partido Comunista de la Gran Bretaña. ***** "La Voluntad del Pueblo": sociedad política secreta de los populistas-terroristas, creada en agosto de 1879 como resultado de la escisión de la organización "Tierra y Libertad". A la cabeza de "La voluntad del Pueblo" se hallaba un Comité Ejecutivo compuesto por Andréi Zhelíábov, Alexandr Mijáilov, M. Frolenko, N. Morózov, Vera Figner, Sofia Peróvskaya, A. Rviatkovski y otros. Al mismo tiempo que defendían las posiciones del socialismo utópico populista, los miembros de "La Voluntad del Pueblo" emprendieron el camino de la lucha política, considerando como tarea más importante el derrocamiento de la autocracia y la conquista de la libertad política. Lenin señalaba que "los adeptos de "La Voluntad del Pueblo" dieron un paso adelante al iniciar la lucha política, pero no lograron vincularla al socialismo". (Obras, 5a, ed. en ruso, t. 9, pág. 179.) Los adeptos de "La Voluntad del Pueblo" luchaban heroicamente contra la autocracia zarista, pero, partiendo de la errónea teoría de los "héroes" activos y la "multitud" pasiva, pensaban transformar la sociedad con sus propias fuerzas, sin la participación del pueblo, mediante el terror individual, la intimidación y la desorganización del gobierno. Después del 1 de marzo de 1881 (día en que dieron muerte al zar Alejandro II), el gobierno destruyó la sociedad "La Voluntad del Pueblo" mediante crueles persecuciones, ejecuciones y provocaciones. No dieron resultado alguno los repetidos intentos llevados a cabo en los años 80 con el fin de hacer resurgir "La Voluntad del Pueblo". A la vez que criticaba el programa erróneo y utópico de los adeptos de "La Voluntad del Pueblo", Lenin se refería con gran respeto a la abnegaba lucha de la sociedad contra el zarismo y apreciaba en alto grado su técnica conspirativa y su rígida organización centralizada. ****** Millerandismo (ministerialismo): corriente oportunista en los partidos socialistas de Europa Occidental a fines del siglo XIX y comienzos del XX; debe su nombre al socialista francés A. Millerand, que en 1899 entró a formar parte del gobierno burgués reaccionario de Francia y aplicó juntamente con la burguesía una política imperialista. ******* Los críticos rusos: se tiene en cuenta a los llamados "marxistas legales" (Struve, Bulgákov, Berdiáev y otros), que criticaban en la prensa legal la doctrina revolucionaria de Marx. 70 se calma y adormece bajo las cenizas de imponentes "resoluciones de armisticio". En qué consiste la "nueva" tendencia que asume una actitud "crítica" frente al marxismo "viejo, dogmático", lo ha dicho Bernstein y lo ha mostrado Millerand con suficiente claridad. La socialdemocracia debe transformarse, de partido de la revolución social, en un partido democrático de reformas sociales. Bernstein ha apoyado esta reivindicación política con toda una batería de "nuevos" argumentos y consideraciones bastante armoniosamente concordados. Ha sido negada la posibilidad de fundamentar científicamente el socialismo y de demostrar, desde el punto de vista de la concepción materialista de la historia, su necesidad e inevitabilidad; ha sido negado el hecho de la miseria creciente, de la proletarización y de la exacerbación de las contradicciones capitalistas; ha sido declarado inconsistente el concepto mismo del "objetivo final" y rechazada en absoluto la idea de la dictadura del proletariado; ha sido negada la oposición de principios entre el liberalismo y el socialismo; ha sido negada la teoría de la lucha de clases, pretendiendo que no es aplicable a una sociedad estrictamente democrática, gobernada conforme a la voluntad de la mayoría, etc. Así, pues, la exigencia de que la socialdemocracia revolucionaria diese un viraje decisivo hacia el socialreformismo burgués, iba acompañada de un viraje no menos decisivo hacia la crítica burguesa de todas las ideas fundamentales del marxismo. Y como esta última crítica contra el marxismo se venía realizando ya desde hacía mucho tiempo, desde la tribuna política, desde las cátedras universitarias, en numerosos folletos y en una serie de tratados científicos; como toda la nueva generación de las clases ilustradas ha sido educada sistemáticamente, durante decenios, a base de esta crítica, no es de extrañar que la "nueva" tendencia "crítica" en el seno de la socialdemocracia haya surgido de golpe, completamente acabada, como Minerva de la cabeza de Júpiter. Por su contenido, esta tendencia no ha tenido que desarrollarse ni formarse; ha sido trasplantada directamente de la literatura burguesa a la literatura socialista. Prosigamos. Por si la crítica teórica de Bernstein y sus aspiraciones políticas estaban aún poco claras para ciertas personas, los franceses se han cuidado de demostrar palmariamente lo que es el "nuevo método". Francia ha justificado, una vez más, su vieja reputación de "país en que las luchas históricas de clases se han llevado cada vez a su término decisivo más que en ningún otro sitio" (Engels, del prefacio para la obra de Marx Der 18 Brumaire)96. V. I. Lenin En lugar de teorizar, los socialistas franceses pusieron directamente manos a la obra; las condiciones políticas de Francia, más desarrolladas en el sentido democrático, les han permitido pasar inmediatamente al "bernsteinianismo práctico", con todas sus consecuencias. Millerand ha dado un ejemplo brillante de este bernsteinianismo práctico: ¡no en vano Bernstein y Vollmar se han apresurado a defender y a ensalzar tan celosamente a Millerand! En efecto, si la socialdemocracia es, en esencia, simplemente un partido de reformas, y debe tener el valor de reconocerlo con franqueza, un socialista no sólo tiene derecho a entrar en un ministerio burgués, sino que incluso debe siempre aspirar a ello. Si la democracia implica, en el fondo, la supresión de la dominación de clase, ¿por qué un ministro socialista no ha de encantar a todo el mundo burgués con discursos sobre la colaboración de las clases? ¿Por qué no ha de seguir en el ministerio, aun después de que los asesinatos de obreros por los gendarmes han puesto de manifiesto por centésima y milésima vez el verdadero carácter de la colaboración democrática de las clases? ¿Por qué no ha de participar personalmente en la felicitación al zar, al que los socialistas franceses no dan ahora otros nombres que los de héroe de la horca, del látigo y de la deportación (knouteur, pendeur et déportateur)? ¡Y a cambio de esta infinita humillación y autoenvilecimiento del socialismo ante el mundo entero, de la corrupción de la conciencia socialista de las masas obreras -la única base que puede asegurarnos el triunfo-, a cambio de todo esto, unos rimbombantes proyectos de miserables reformas; tan miserables, que se había logrado obtener más de los gobiernos burgueses! Todo aquel que no cierre deliberadamente los ojos tiene que ver por fuerza que la nueva tendencia "crítica", surgida en el seno del socialismo, no es sino una nueva variedad del oportunismo. Y si no juzgamos a los hombres por el brillo del uniforme que ellos mismos se han puesto, ni por el sobrenombre pomposo que a sí mismos se dan, sino por sus actos y por la clase de propaganda que llevan a la práctica, veremos claramente que la "libertad de crítica" es la libertad de la tendencia oportunista en el seno de la socialdemocracia, la libertad de hacer de la socialdemocracia un partido demócrata de reformas, la libertad de introducir en el socialismo ideas burguesas y elementos burgueses. La libertad es una gran palabra, pero bajo la bandera de la libertad de industria se han hecho las guerras más expoliadoras y bajo la bandera de la libertad de trabajo se ha despojado a los trabajadores. La misma falsedad intrínseca encierra el empleo actual de la expresión "libertad de crítica". Personas 96 Lenin cita un fragmento del prólogo de F. Engels a la tercera edición alemana de la obra de C. Marx El 18 Brumario de Luis Bonaparte, Véase C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. I, págs. 220-313, ed, en español, Moscú.) ¿Qué hacer? realmente convencidas de haber impulsado la ciencia no reclamarían libertad para las nuevas concepciones al lado de las antiguas, sino la sustitución de estas últimas por las primeras. En cambio, los gritos actuales de "¡Viva la libertad de crítica!" recuerdan demasiado la fábula del tonel vacío. Marchamos en pequeño grupo unido por un camino escarpado y difícil, fuertemente cogidos de las manos. Estamos rodeados por todas partes de enemigos, y tenemos que marchar casi siempre bajo su fuego. Nos hemos unido en virtud de una decisión libremente adoptada, precisamente para luchar contra los enemigos y no caer, dando un traspiés, al pantano vecino, cuyos moradores nos reprochan desde un principio el que nos hayamos separado en un grupo aparte y el que hayamos escogido el camino de la lucha y no el de la conciliación. Y de pronto algunos de entre nosotros comienzan a gritar: "¡Vamos al pantano!" Y cuando se intenta avergonzados, replican: "¡Qué gente tan atrasada sois! ¡Cómo no os avergonzáis de negarnos la libertad de invitaros a seguir un camino mejor!" ¡Ah, sí, señores, libres sois no sólo de invitarnos, sino de ir adonde mejor os plazca, incluso al pantano; hasta consideramos que vuestro verdadero puesto está precisamente en él, y nos sentimos dispuestos a prestaros toda la colaboración que esté a nuestro alcance para trasladaros allí a vosotros! ¡Pero en tal caso soltad nuestras manos, no os agarréis a nosotros, ni ensuciéis la gran palabra libertad, porque nosotros también somos "libres" para ir adonde nos parezca, libres para luchar no sólo contra el pantano, sino incluso contra los que se desvían hacia él! b) Los nuevos defensores de la "libertad de crítica" Precisamente esta consigna ("libertad de crítica") es la que ha sido solemnemente propugnada estos últimos tiempos por Rabócheie Dielo (N° 10), órgano de la "Unión de Socialdemócratas Rusos"97 en el 97 La "Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero" fue fundada en 1894 a iniciativa del grupo "Emancipación del Trabajo" y a base del reconocimiento por todos sus miembros del programa del grupo, que fue encargado de redactar las ediciones de la "Unión" y en marzo de 1895 transmitió a ésta su propia imprenta para que la aprovechara. En 1895, durante la estancia de Lenin en el extranjero, fue adoptada la decisión de que la "Unión" editase las recopilaciones Rabótnik ("El Trabajador"). La "Unión" publicó seis números de Rabótnik, 10 números de Listok "Robotniko" ("La Hoja del Trabajador"), el folleto de Lenin Explicación de la ley de multas (1897), la obra de Plejánov -uevo campaña contra la socialdemocracia rusa (1897), etc. El I Congreso del POSDR (marzo de 1898) reconoció a la "Unión" como representante del partido en el extranjero. Más adelante predominaron en la "Unión" los elementos oportunistas: los "jóvenes", o sea, los "economistas", que se negaron a solidarizarse con el Manifiesto del Congreso, 71 extranjero, y lo ha sido no como un postulado teórico, sino como una reivindicación política, como respuesta a la pregunta "¿Es posible la unión de las organizaciones socialdemócratas que actúan en el extranjero?": "Para una unión sólida, es indispensable la libertad de crítica" (pág. 36). De esta declaración se desprenden dos conclusiones bien definidas: 1) Rabócheie Dielo asume la defensa de la tendencia oportunista en la socialdemocracia internacional en general; 2) Rabócheie Dielo exige la libertad del oportunismo en el seno de la socialdemocracia rusa. Examinemos estas conclusiones. A Rabócheie Dielo le disgusta, "sobre todo", la "tendencia de Iskra y Zariá98 a pronosticar la ruptura puesto que en él se declaraba que la conquista de la libertad política era el objetivo más inmediato de la socialdemocracia. En noviembre de 1898, en el I Congreso de la "Unión", celebrado en Zurich, el grupo "Emancipación del Trabajo" se negó a redactar las ediciones de aquélla, excepto el número 5-6 de Rabótnik y los folletos de V. I. Lenin Las tareas de los socialdemócratas rusos y La nueva ley obrera. Desde abril de 1899, la "Unión" empezó a editar la revista de los "economistas" Rabócheie Dielo, cuya Redacción integraban B. Krichevski, V. Ivanshin y otros. La "Unión" hizo declaraciones apoyando a Bernstein, el millerandismo, etc. La lucha en el seno de la "Unión" continuó hasta su II Congreso (abril de 1900, Ginebra), así como en el mismo Congreso. Como resultado de esta lucha, el grupo "Emancipación del Trabajo" y sus partidarios abandonaron el Congreso y crearon una organización aparte, denominada "Sotsial-Demokrat", En el II Congreso del POSDR, en 1903, los representantes de la "Unión" (los adeptos de Rabócheie Dielo) mantuvieron posiciones extremadamente oportunistas y lo abandonaron después de que el Congreso reconoció a la "Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en el Extranjero" como única organización del partido fuera de Rusia. El II Congreso del partido anunció la disolución de la "Unión". (Véase El PCUS en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos de CC, 7a ed. en ruso, parte 1, pág. 56.) 98 "Zariá" ("La Aurora"): revista político-científica marxista, editada en 1901-1902 en Stuttgart por la Redacción de Iskra. Sólo aparecieron cuatro números, en tres volúmenes: el número 1 salió en abril de 1901 (en realidad vio la luz el 23 de marzo, de acuerdo con el nuevo calendario); el número 2-3, en diciembre de 1901, y el número 4, en agosto de 1902. La revista Zariá criticó el revisionismo internacional y ruso y defendió los fundamentos teóricos del marxismo. Estas cuestiones fueron tratadas en las obras de Lenin publicadas en la revista: Los perseguidores del zemstvo y las Aníbales del liberalismo, los cuatro primeros capítulos de la obra La cuestión agraria y los "críticos de Marx" (bajo el título de Los señores "críticos" en la cuestión agraria). El programa agrario de la socialdemocracia rusa, así como las obras de J. Plejánov: La crítica de nuestros críticos. Parte 1. El señor P. Struue en el papel de crítico de la teoría de Marx del desarrollo social, Cant V. I. Lenin 72 entre la Montaña y la Gironda99 socialdemocracia internacional"100. en la "En general -escribe B. Krichevskí, director de Rabócheie Dielo-, las habladurías sobre Montaña y Gironda en las filas de la socialdemocracia nos parecen una analogía histórica superficial, extraña en la pluma de un marxista: la Montaña y la Gironda no representaban dos distintos temperamentos o corrientes intelectuales, como puede parecerles a los historiadores-ideólogos, sino distintas clases o capas: por una parte, la burguesía media, y por otra, la pequeña burguesía y el proletariado. Pero en el movimiento socialista contemporáneo no existen choques de intereses de clases; por entero, en todas (subrayado por B. Kr.) sus variedades, incluyendo a contra Kant o el testamento espiritual del señor Bernstein y otros. 99 Montaña y Gironda: denominación de dos grupos políticos de la burguesía durante la revolución burguesa francesa de fines del siglo XVIII. Se llamaba Montaña jacobinos- a los representantes más decididos de la burguesía, la clase revolucionaria de aquel tiempo, que defendían la necesidad de destruir el absolutismo y el feudalismo. Los girondinos a diferencia de los jacobinos, vacilaron entre la revolución y la contrarrevolución y siguieron la senda de las componendas con la monarquía. Lenin llamó Gironda socialista a la corriente oportunista de la socialdemocracia y Montaña, jacobinos proletarios, a los socialdemócratas revolucionarios. Después de la escisión del POSDR en bolcheviques y mencheviques, Lenin subrayó repetidas veces que los mencheviques representaban la corriente girondista en el movimiento obrero. 100 La comparación de las dos tendencias existentes en el seno del proletariado revolucionario (la revolucionaria y la oportunista) con las dos corrientes de la burguesía revolucionaria del siglo XVIII (la jacobina -la Montaña- y la girondina) fue hecha en el artículo de fondo del número 2 de Iskra (febrero de 1901). El autor de dicho artículo fue Plejánov. Los demócratas constitucionalistas, los "sin título" y los mencheviques gustan aún ahora de hablar del "jacobinismo" en la socialdemocracia rusa. Pero hoy día prefieren callar u... olvidar el hecho de que Plejánov lanzó por primera vez este concepto contra el ala derecha de la socialdemocracia. (Nota de Lenin para la edición de 1907. - N. de la Edit.) Los "sin título": grupo semimenchevique, semidemócrata constitucionalista, de los intelectuales burgueses rusos (S. Prokopóvich, E. Kuskova, V. Bogucharski, V. Portugálov, V. Jizhniakov y otros), formado en el período de descenso de la revolución de 1905-1907. Tomó su nombre de la revista semanal política Bez Zaglavia ("Sin Título") que se editó de enero a mayo de 1906 en Petersburgo bajo la dirección de S. Prokopóvich. Más tarde, los sin título se agruparon en torno al periódico demócrata constitucionalista de izquierda Továrisch ("El Camarada"). Encubriéndose con su posición formal sin partido, los sin título fueron los heraldos de las ideas del liberalismo burgués y del oportunismo y apoyaron a los revisionistas de la socialdemocracia de Rusia e internacional. los más declarados bernsteinianos, abraza la posición de los intereses de clase del proletariado, de su lucha de clase por la liberación política y económica" (págs. 32-33). ¡Afirmación audaz! ¿No ha oído B. Krichevski hablar del hecho, observado ya hace mucho tiempo, de que precisamente la amplia participación de la capa de los "académicos" en el movimiento socialista de los últimos años ha asegurado una difusión tan rápida del bernsteinianismo? Pero, ante todo, ¿en qué funda nuestro autor su juicio de que incluso "los más declarados bernsteinianos" abrazan la posición de la lucha de clases por la liberación política y económica del proletariado? Nadie lo sabe. Esta defensa decidida de los más declarados bernsteinianos no se apoya en ningún argumento, en ninguna razón. El autor entiende, por lo visto, que con repetir cuanto dicen de sí mismos los más declarados bernsteinianos huelgan las pruebas de su afirmación. Pero ¿es posible figurarse algo más "superficial" que este juicio acerca de toda una tendencia, fundado en lo que dicen de sí mismos sus propios representantes? ¿Es posible imaginarse algo más superficial que la "moraleja" subsiguiente a propósito de los tipos o vías de desarrollo del partido, distintos y hasta diametralmente opuestos (Rabócheie Dielo, págs. 3435)? Los socialdemócratas alemanes, se dice, reconocen una completa libertad de crítica; en cambio, los franceses, no, y precisamente su ejemplo demuestra todo el "mal de la intolerancia". Precisamente el ejemplo de B. Krichevski contestaremos a esto- demuestra que a veces se llaman marxistas gentes que ven la historia literalmente "a lo Ilovaiski”101. Para explicar la unidad del partido socialista alemán y el fraccionamiento del francés, no hace falta en absoluto hurgar en las particularidades de la historia de este o el otro país, comparar las condiciones del semiabsolutismo militar y el parlamentarismo republicano, analizar las consecuencias de la Comuna y las de la ley de excepción contra los socialistas, comparar la situación económica y el desarrollo económico, recordar cómo "el crecimiento sin par de la socialdemocracia alemana" fue acompañado de una lucha de energía sin igual en la historia del socialismo, no sólo contra las aberraciones teóricas (Mühlberger, Dühring102, los 101 D. Ilovaiski (1832-1920): historiador, autor de numerosos manuales oficiales de historia, muy difundidos en las escuelas primarias y medias de la Rusia prerrevolucionaria. En sus manuales, la historia se reducía principalmente a la actividad de los zares y los caudillos y militares; el proceso histórico lo explicaba por circunstancias secundarias y fortuitas. 102 Cuando Engels atacó a Dühring, muchos representantes de la socialdemocracia alemana se inclinaron hacia los conceptos de éste y acusaron a Engels incluso ¿Qué hacer? socialistas de cátedra103), sino también contra las públicamente, en un congreso del partido* de aspereza, de intolerancia, de polémica impropia de camaradas, etc. Most y sus camaradas propusieron (en el Congreso de 1877) eliminar del Vorwärts** los artículos de Engels, por no "presentar interés para la enorme mayoría de los lectores", y Valteich declaró, que la publicación de esos artículos había perjudicado mucho al partido, que también Dühring había prestado servicios a la socialdemocracia: "debemos aprovecharlos a todos en interés del partido, y si los profesores discuten, el Vorwärts no tiene en modo alguno por qué ser campo de tales disputas" (Vorwärts, 1877 N° 65, 6 de junio), ¡Como veis, éste también es un ejemplo de defensa de la "libertad de crítica", y no estaría demás que meditaran sobre él nuestros críticos legales y oportunistas ilegales, que tanto gustan de referirse al ejemplo de los alemanes! * Del 27 al 29 de mayo de 1877 se celebró en Gotha el Congreso ordinario del Partido Obrero Socialista de Alemania. En este Congreso, al discutirse la cuestión acerca de la prensa del partido, fueron rechazados los intentos de algunos delegados (Most, VahIteich) de censurar y criticar al periódico Vorwärts ("Adelante"), Órgano Central del partido, por haber publicado los artículos de Engels enfilados contra Dühring (editados en 1878 como libro aparte bajo el título Anti-Dühringo La subversión de la ciencia por el señor Eugenio Dühring), así como al mismo Engels por su rigurosa polémica. Al mismo tiempo, por razones prácticas, el Congreso decidió continuar la discusión de las cuestiones teóricas en un suplemento de carácter científico y no en el periódico. ** "Vorwärts" ("Adelante"): diario, Órgano Central de la socialdemocracia alemana; empezó a publicarse en Leipzig desde 1876 bajo la dirección de G. Liebknecht y otros. Después de la promulgación de la Ley de excepción contra los socialistas en 1878, el periódico fue suspendido. Volvió a editarse desde enero de 1891 en Berlín como continuación del Berliner Volksblatt ("Hoja Popular de Berlín"), que empezó a publicarse en 1884. En las páginas del periódico, F. Engels luchó contra todas las manifestaciones del oportunismo. A partir de la segunda mitad de la década del 90, después de la muerte de F. Engels, la Redacción de Vorwärts pasó a manos del ala derecha del partido, insertando con regularidad artículos de oportunistas, que predominaban en la socialdemocracia alemana y en la II Internacional. Comentando la lucha contra el oportunismo y el revisionismo en el POSDR de una manera tendenciosa, Vorwärts apoyó a los "economistas" y, más tarde, después de la escisión del partido, a los mencheviques. En los años de la reacción, Vorwärts publicó artículos calumniosos de Trotski, sin permitir a Lenin y a los bolcheviques que los refutaran e hicieran un análisis objetivo de la situación en el partido. Durante la primera guerra mundial, Vorwärts mantuvo una posición socialchovinista; después de la Gran Revolución Socialista de Octubre pasó a ser uno de los centros de propaganda antisoviética. Fue editado hasta el año 1933. 103 Socialistas de cátedra: corriente de la economía política burguesa de la década del 70 y 80 del siglo XIX, cuyos representantes, haciéndola pasar por socialismo, desplegaron desde las cátedras universitarias la propaganda del reformismo liberal burgués. 73 aberraciones tácticas (Lassalle), etc., etc. ¡Todo esto es superfluo! Los franceses riñen, porque son intolerantes; los alemanes están unidos, porque son buenos chicos. Y observad que, por medio de esta incomparable profundidad de pensamiento, se "recusa" un hecho que echa por tierra completamente la defensa de los bernsteinianos. Sólo a través de la experiencia histórica se puede resolver definitivamente y sin vuelta de hoja el problema de si abrazan la posición de lucha de clase del proletariado. Por tanto, la máxima importancia en este sentido corresponde precisamente al ejemplo de Francia, por ser éste el único país donde los bernsteinianos han intentado actuar independientemente, con la aprobación calurosa de sus colegas alemanes (y, en parte, de los oportunistas rusos: véase R. D., N° 2-3, págs. 83-84). La alusión a la "intransigencia" de los franceses además de su significación "histórica" (en sentido "nozdriovino"104)- no es más que una tentativa de disimular con palabras fieras hechos sumamente desagradables. Pero, en cuanto a los alemanes, tampoco estamos, en modo alguno, dispuestos a regalárselos a B. Krichevski y a los demás numerosos defensores de la "libertad de crítica". Si se tolera todavía en las filas del partido alemán "a los más declarados bernsteinianos", es por cuanto acatan la resolución de Hannóver105, que desechó resueltamente las "enmiendas" de Bernstein, así como la de Lübeck106, Marx y Engels desenmascararon el carácter reaccionario del socialismo de cátedra. Lenin denominó a los socialistas, de cátedra las chinches de la "ciencia universitaria policiaco-burguesa" (véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 16, pág. 24), que odiaban la doctrina revolucionaria de Marx. En Rusia, los "marxistas legales" eran los que propugnaban los puntos de vista de los socialistas de cátedra. 104 -ozdrion: personaje de la obra de N. Gógol Almas muertas. Gógol denominó a Nozdriov hombre "histórico", porque dondequiera que aparecía se producían "historias" y escándalos. 105 Lenin se refiere a la resolución del Congreso de Hannóver del Partido Socialdemócrata Alemán, celebrado del 9 al 14 de octubre de 1899, Ataques a los puntos de vista fundamentales y a la táctica del partido. A. Bebel pronunció un informe oficial respecto a esta cuestión. Por aplastante mayoría de votos, el Congreso aprobó la resolución presentada por Augusto Bebel, que rechazaba los intentos de revisar las bases teóricas y tácticas de la socialdemocracia. Sin embargo, en ella no se decía nada de los revisionistas en la socialdemocracia alemana, por lo que le concedieron su voto Bernstein y sus partidarios. 106 Lenin alude a la resolución del Congreso de Lübeck del Partido Socialdemócrata Alemán (22-28 de septiembre de 1901), dirigida contra Eduardo Bernstein, quien, después del Congreso de Hannóver de 1899, no solamente no cesó en sus ataques contra el programa y la táctica de la socialdemocracia, sino que, por el contrario, los recrudeció y los sacó del seno del partido. En el curso de los debates y 74 que contiene (a pesar de toda su diplomacia) una advertencia directa a Bernstein. Se puede discutir, desde el punto de vista de los intereses del partido alemán, en qué medida era oportuna esa diplomacia o si vale más, en este caso, un mal ajuste que un buen pleito; se puede disentir, en una palabra, en la apreciación de la conveniencia de uno u otro procedimiento de repudiar el bernsteinianismo, pero no se puede dejar de ver el hecho de que el Partido alemán ha repudiado dos veces el bernsteinianismo. Por tanto, creer que el ejemplo de los alemanes confirma la tesis de que "los más declarados bernsteinianos abrazan la posición de la lucha de clases del proletariado por su liberación política y económica", significa no comprender absolutamente nada de lo que sucede ante los ojos de todos nosotros107. en la resolución presentada por Bebel, aprobada por la aplastante mayoría del Congreso, se le hizo una advertencia expresa a Bernstein. Sin embargo, en el Congreso de Lübeck no se planteó como problema de principio la cuestión sobre la incompatibilidad de la revisión del marxismo con la pertenencia al Partido Socialdemócrata. 107 Hay que observar que, al tratar la cuestión del bernsteinianismo en el seno del Partido alemán, R. Dielo se ha limitado siempre a un mero relato de hechos, "absteniéndose" por completo de hacer su propia apreciación de los mismos. Véase, por ejemplo, el número 2-3, pág. 66, sobre el Congreso de Stuttgart*; todas las discrepancias están reducidas a cuestiones de "táctica", y sólo se hace constar que la inmensa mayoría es fiel a la anterior táctica revolucionaria. O el número 4-5, pág. 25 y siguientes, que es una simple repetición de los discursos pronunciados en el Congreso de Hannóver, con la resolución de Bebel; la exposición de las concepciones de Bernstein y la crítica de las mismas quedan nuevamente aplazadas (así como en el número 2-3) para un "artículo especial". Lo curioso del caso es que, en la pág. 33 del número 4-5, leemos: "...las concepciones expuestas por Bebel cuentan con una enorme mayoría en el Congreso", y un poco más adelante: "...David defendía las opiniones de Bernstein... Ante todo, trataba de demostrar que ... Bernstein y sus amigos, a pesar de todo (¡sic!), se mantienen en el terreno de la lucha de clases..." ¡Esto se ha escrito en diciembre de 1899, y, en septiembre de 1901, R. Dielo no cree ya, por lo visto, que tenga razón Bebel y repite la opinión de David como suya propia! * El Congreso de Stuttgart del Partido Socialdemócrata Alemán, reunido del 3 al 8 de octubre de 1898, examinó por vez primera el problema del revisionismo en la socialdemocracia alemana. En el Congreso se dio a conocer una declaración de Bernstein, que se encontraba ausente, en la que exponía y defendía sus opiniones oportunistas, que ya había manifestado antes en una serie de artículos. Entre los adversarios de Bernstein no hubo unidad de criterio en el Congreso. Augusto Bebel, Kautsky y otros se manifestaron en pro de la lucha ideológica y de la crítica de los errores de Bernstein, pero se opusieron a que se le aplicasen medidas disciplinarias. La minoría, con V. I. Lenin Hay más aún. Rab. Dielo presenta a la socialdemocracia rusa, como hemos visto, la reivindicación de "libertad de crítica" y defiende el bernsteinianismo. Por lo visto, ha debido persuadirse de que se ha agraviado injustamente a nuestros "críticos" y bernsteinianos. ¿A cuáles, precisamente? ¿Quién, dónde y cuándo? ¿En qué, precisamente, consistió la injusticia? ¡R. Dielo guarda silencio sobre este punto, no menciona ni una sola vez a ningún crítico o bernsteiniano ruso! Nos resta sólo hacer una de las dos hipótesis posibles. O bien la parte injustamente agraviada no es otra que el mismo R. Dielo (lo confirma el hecho de que en ambos artículos de su número 10 se trata únicamente de agravios inferidos por Zariá e Iskra a R. Dielo). En este caso ¿cómo explicar el hecho tan extraño de que R. Dielo, que siempre ha negado tan obstinadamente toda solidaridad con el bernsteinianismo, no haya podido defenderse a sí mismo, sin intervenir a favor de los "más declarados bernsteinianos" y de la libertad de crítica? O bien han sido injustamente agraviadas unas terceras personas. ¿Cuáles pueden ser entonces los motivos para no mencionarlos? Vemos, pues, que R. Dielo continúa el juego del escondite, en que se ha entretenido (como lo pondremos de manifiesto más adelante) desde el momento mismo de su aparición. Además, observad esta primera aplicación práctica de la tan decantada "libertad de crítica". De hecho, esta libertad se redujo en el acto no sólo a la falta de toda crítica, sino a la falta de todo juicio independiente en general. Ese mismo R. Dielo, que guarda silencio sobre el bernsteinianismo ruso, como si fuera una enfermedad secreta (según la feliz expresión de Starover108), ¡propone para la curación de esta enfermedad copiar lisa y llanamente la última receta alemana contra la variedad alemana de la enfermedad! ¡En vez de libertad de crítica, imitación servil... o, peor aún, simiesca! El idéntico contenido social y político del oportunismo internacional contemporáneo se manifiesta en unas u otras variedades, según las peculiaridades nacionales. En un país, un grupo de oportunistas ha actuado desde hace mucho tiempo bajo una bandera especial; en otro, los oportunistas han desdeñado la teoría, siguiendo en la práctica la política de los radicales socialistas; en un tercero, algunos miembros del partido revolucionario se han evadido al campo del oportunismo y tratan de alcanzar sus objetivos, no por medio de una lucha abierta en favor de los principios y de la nueva táctica, sino valiéndose de una corrupción gradual, imperceptible y, si se puede usar esta expresión, no punible de su partido; en un cuarto país, esos mismos Rosa Luxemburgo a la cabeza, se pronunció con mayor energía contra el bernsteinianismo. 108 Se refiere al artículo de A. Potrésov (Starover) ¿Qué ha ocurrido?, publicado en el número 1 de la revista Zariá en abril de 1901. 75 ¿Qué hacer? tránsfugas emplean idénticos procedimientos en las tinieblas de la esclavitud política, con una relación completamente original entre la actividad "legal" y la "ilegal", etc. Pero ponerse a hablar de la libertad de crítica y del bernsteinianismo como de una condición para unir a los socialdemócratas rusos, sin analizar en qué precisamente se ha manifestado y qué frutos particulares ha dado el bernsteinianismo ruso, es lo mismo que hablar por hablar. Intentemos, pues, nosotros mismos decir, aunque sea en pocas palabras, lo que no ha querido decir (o acaso ni siquiera ha sabido comprender) Rabócheie Dielo. c) La crítica en Rusia La particularidad fundamental de Rusia, en el aspecto que estamos examinando, consiste en que ya el comienzo mismo del movimiento obrero espontáneo, por una parte, y el viraje de la opinión pública avanzada hacia el marxismo, por otra, se han distinguido por la unión de elementos notoriamente heterogéneos, bajo una bandera común y para luchar contra un adversario común (las concepciones políticas y sociales anticuadas). Nos referimos a la luna de miel del "marxismo legal". En general, fue un fenómeno extraordinariamente original, en cuya posibilidad nadie hubiera podido creer siquiera en la década del 80 o a principios de la década siguiente del siglo pasado. En un país autocrático, con una prensa completamente sojuzgada, en una época de terrible reacción política, en que eran perseguidos los más mínimos brotes de descontento político y de protesta, se abre de pronto camino en la literatura visada por la censura la teoría del marxismo revolucionario, expuesta en lenguaje esópico, pero comprensible para todos los "interesados". El gobierno se había acostumbrado a considerar peligrosa únicamente la teoría de "La Voluntad del Pueblo" (de la revolucionaria), sin que notara, como suele suceder, su evolución interna, regocijándose ante toda crítica dirigida contra ella. Antes de que el gobierno se diera cuenta, antes de que el pesado ejército de censores y gendarmes tuviera tiempo de dar con el nuevo enemigo y caer sobre él, pasó mucho tiempo (mucho para nosotros, los rusos). Y, mientras tanto, aparecía un libro marxista tras otro; empezaron a publicarse revistas y periódicos marxistas; todo el mundo, como por contagio, se hacía marxista; a los marxistas se les halagaba, se les lisonjeaba; los editores estaban entusiasmados por la extraordinaria rapidez con que se vendían los libros marxistas. Se sobreentiende que entre los marxistas principiantes, rodeados de esa humareda de éxito, ha habido más de un "escritor envanecido"...109 Hoy puede hablarse de ese periodo con calma, 109 Un escritor envanecido: título de uno de los relatos de Máximo Gorki. como del pasado. No es un secreto para nadie que el florecimiento efímero del marxismo sobre la superficie de nuestra literatura tuvo su origen en la alianza de elementos de extrema izquierda con elementos sumamente moderados. En el fondo, estos últimos eran demócratas burgueses, y esta conclusión (confirmada con evidencia por el desarrollo "crítico" posterior de esta gente) se imponía a ciertas personas ya en la época en que la "alianza" estaba aún intacta110. Pero, en este caso, ¿no corresponderá la mayor responsabilidad por la "confusión" subsiguiente precisamente a los socialdemócratas revolucionarios, que pactaron esa alianza con los futuros "críticos"? Esta pregunta, seguida de una respuesta afirmativa, se oye a veces en boca de gentes que enfocan el problema en forma demasiado rectilínea. Pero esa gente carece en absoluto de razón. Puede tener miedo a alianzas temporales, aunque sea con gente insegura, únicamente el que tenga poca confianza en sí mismo, y ningún partido político podría existir sin esas alianzas. Ahora bien, la unión con los marxistas legales fue una especie de primera alianza verdaderamente política, concertada por la socialdemocracia rusa. Gracias a esta alianza, se ha logrado el triunfo, asombrosamente rápido, sobre el populismo, así como la enorme difusión de las ideas del marxismo (si bien en forma vulgarizada). Además, la alianza no fue pactada sin "condición" alguna, ni mucho menos. Pruebas al canto: la recopilación marxista Materiales sobre el desarrollo económico de Rusia, quemada por la censura en 1895. Si se puede comparar con una alianza política el acuerdo literario con los marxistas legales, se puede comparar ese libro con un acuerdo político. La ruptura no fue provocada, desde luego, por el hecho de que los "aliados" resultaron ser unos demócratas burgueses. Por el contrario, los representantes de esta última tendencia son aliados naturales y deseables de la socialdemocracia, siempre que se trate de objetivos democráticos de ésta, 110 Aludimos al artículo de K. Tulin contra Struve (véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 1, págs. 347-534. - N. de la Edit.), redactado a base de la conferencia que tenía por título Cómo se ha reflejado el marxismo en la literatura burguesa. Véase el Prólogo. (Nota de Lenin para la edición de 1907. - N. de la Edit.) Lenin alude a su artículo El contenido económico del populismo y su crítica en el libro del señor Struve. (El reflejo del marxismo en la literatura burguesa), que vio la luz con el seudónimo de K. Tulin. El artículo fue incluido en la recopilación Materiales para la característica de nuestro desarrollo económico, que fue editada en abril de 1895 en una imprenta legal, con una tirada de 2.000 ejemplares. El gobierno zarista prohibió su difusión y, transcurrido un año, lo confiscó y quemó. Se lograron salvar sólo 100 ejemplares, que fueron repartidos en secreto entre los socialdemócratas de Petersburgo y de otras ciudades. V. I. Lenin 76 objetivos que la situación actual de Rusia pone en primer plano. Pero es condición indispensable para esta alianza que los socialistas tengan plena posibilidad de revelar a la clase obrera el antagonismo hostil entre sus intereses y los de la burguesía. Mas el bernsteinianismo y la tendencia "crítica", hacia la cual evolucionó totalmente la mayoría de los marxistas legales, habían eliminado esta posibilidad y corrompían la conciencia socialista envileciendo el marxismo, predicando la teoría de la atenuación de las contradicciones sociales, proclamando que es absurda la idea de la revolución social y de la dictadura del proletariado, reduciendo el movimiento obrero y la lucha de clases a un tradeunionismo estrecho y a la lucha "realista" por pequeñas y graduales reformas. Era exactamente lo mismo que si la democracia burguesa negara el derecho del socialismo a la independencia, y, por tanto, su derecho a la existencia; en la práctica, eso significaba tender a convertir el incipiente movimiento obrero en un apéndice de los liberales. Naturalmente, en estas condiciones, la ruptura se hizo necesaria. Pero la particularidad "original" de Rusia se manifestó en que esa ruptura sólo significaba que los socialdemócratas se apartaban de la literatura "legal", más accesible para todos y ampliamente difundida. Los "ex marxistas" se hicieron fuertes en ella colocándose "bajo el signo de la crítica" y obteniendo casi el monopolio para "demoler" el marxismo. Las consignas: "¡Contra la ortodoxia!" "¡Viva la libertad de crítica!" (repetidas ahora por R. Dielo) se pusieron en seguida muy en boga; y que ni siquiera pudieron resistir a esa moda los censores ni los gendarmes, se ve por hechos como la aparición de tres ediciones rusas del libro del famoso (famoso a lo Eróstrato) Bernstein111 o la recomendación de los libros de Bernstein, del señor Prokopóvich y otros, por Zubátov112 (Iskra, N° 10). A los socialdemócratas les incumbe ahora una tarea de por sí difícil, e increíblemente más dificultada aún debido a obstáculos puramente exteriores: la tarea de combatir la nueva corriente. Y esta corriente no se ha limitado al terreno de la literatura. El viraje hacia la "crítica" ha ido acompañado de un movimiento en sentido contrario: la propensión de los 111 El libro de E. Bernstein "Die Voraussetzungen des Sozialismus und die Aufgaben der Sozialdemokratie" ("Premisas del socialismo y tareas de la socialdemocracia") fue editado en ruso, en 1901, con diferentes títulos: 1) Materialismo histórico, traducido por L. Kántsel, S.Petersburgo, Znanie; 2) Problemas sociales, traducción de P. Kogan, Moscú; 3) Problemas del socialismo y tareas de la socialdemocracia, traducción de K. Butkovski, Moscú, Editorial de Efímov. 112 Zubátov: coronel de la gendarmería, intentó introducir el así llamado "socialismo policiaco". Creó falsas organizaciones de obreros con la protección de los gendarmes y la policía, a fin de apartar a los obreros del movimiento revolucíonario. socialdemócratas prácticos por el "economismo". Podría servir de tema para un artículo especial esta interesante cuestión: cómo ha surgido y se ha estrechado el lazo de unión e interdependencia entre la crítica legal y el "economismo" ilegal. A nosotros nos basta consignar aquí la existencia incuestionable de este lazo de unión. Precisamente por eso ha adquirido el famoso Credo una celebridad tan merecida, por haber formulado francamente este lazo de unión y haber revelado sin proponérselo la tendencia política fundamental del "economismo": que los obreros se encarguen de la lucha económica (más exacto sería decir: de la lucha tradeunionista, pues esta última comprende también la política específicamente obrera), y que la intelectualidad marxista se fusione con los liberales para la "lucha" política. El trabajo tradeunionista "en el pueblo" resultó ser la realización de la primera mitad, y la crítica legal, la realización de la segunda mitad de dicha tarea. Esta declaración fue un arma tan excelente en contra del "economismo", que, si no hubiese aparecido el Credo, valía la pena de haberlo inventado. El Credo no fue inventado, pero sí publicado sin el asentimiento y acaso hasta en contra de la voluntad de sus autores. Al menos, el que estas líneas escribe, que participó en sacar a la luz del día el nuevo "programa"113, tuvo que escuchar lamentaciones y 113 Se trata de la protesta de los 17 contra el Credo. El que estas líneas escribe, participó en la redacción de la protesta (fines de 1899)*. La protesta fue publicada, junto con el Credo, en el extranjero en la primavera de 1900. (Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, 1. 4, págs. 163-176. - N. de la Edit.) Actualmente se sabe ya, por el artículo de la señora Kuskova (publicado, creo, en la revista Byloe**), que fue ella la autora del Credo, y que entre los "economistas" de aquel entonces, en el extranjero, desempeñaba un papel prominente el señor Prokopóvich. (Nota de Lenin para la edición de 1907. - N. de la Edit.) * La "Protesta de los socialdemócratas de Rusia" fue escrita por Lenin en el destierro, en agosto de 1899. Estaba enfilada contra el Credo, manifiesto de un grupo de "economistas" (S. Prokopóvich, E. Kuskova y otros, que más tarde se hicieron demócratas constitucionalistas). La Protesta fue discutida y aprobada por unanimidad en una reunión de 17 marxistas desterrados, convocada por Lenin en el pueblo de Ermakóvskoe, comarca de Minusinsk. Las colonias de deportados políticos de Turujansk y Orlov (provincia de Viatka) se adhirieron a la Protesta, que luego fue enviada por Lenin al grupo "Emancipación del Trabajo" en el exilio. A comienzos de 1900, la Protesta fue reproducida en el libro de J. Plejánov titulado Vademécum para la Redacción de "Rabócheie Dielo". ** "Byloe" ("El Pasado"): revista histórica, dedicada principalmente a la historia del populismo y los movimientos sociales que le precedieron; fue fundada por V. Búrtsev. En 1900-1904 se editó en Londres, y en 19061907, en Petersburgo, bajo la dirección de V. Bogucharski y P. Schiógolev, con la participación de V. Búrtsev. En ¿Qué hacer? reproches por el hecho de que el resumen de los puntos de vista de los oradores hubiera sido difundido en copias, hubiera recibido el mote de Credo y ¡hubiera sido publicado incluso en la prensa junto con la protesta! Referimos este episodio, porque revela un rasgo muy curioso de nuestro "economismo": el miedo a la publicidad. Precisamente éste es el rasgo característico no sólo de los autores del Credo, sino del "economismo" en general: lo han manifestado tanto Rabóchaya Mysl, el adepto más franco y más honrado del "economismo", como R. Dielo (al indignarse contra la publicación de documentos "economistas" en el Vademécum114), así como el Comité de Kíev, que hace cosa de dos años no quiso autorizar la publicación de su "Profession de foi"115 junto con la refutación escrita en contra de la misma116, y muchos, muchos representantes del "economismo". Este miedo a la crítica, que manifiestan los adeptos de la libertad de crítica, no puede explicarse tan sólo por astucia (si bien de vez en cuando las cosas no ocurren, indudablemente, sin astucia; ¡no es ventajoso dejar descubiertos al empuje del adversario los brotes, débiles aún, de la nueva tendencia!). No, la mayoría de los "economistas", con absoluta sinceridad, desaprueban (y, por la propia esencia del "economismo", tienen que desaprobar) toda clase de controversias teóricas, disensiones fraccionalistas, amplias cuestiones políticas, proyectos de organizar a los revolucionarios, etc. "¡Sería mejor dejar todo esto a la gente del extranjero!", me dijo un día uno de los "economistas" bastante consecuentes, expresando la siguiente idea, muy difundida (y también puramente tradeunionista): lo que a nosotros nos incumbe es el movimiento obrero, las organizaciones obreras que tenemos aquí, en nuestra localidad, y el resto no es 1907 fue suspendida por el gobierno zarista. En 1908 volvió a editarla V. Búrtsev en el extanjero (París) hasta 1912. La revista Byloe empezó a reeditarse en Rusia en 1917 y continuó publicándose hasta 1926. Después de la Gran Revolución Socialista de Octubre la dirigió P. Schiógolev. 114 "Vademécum para la Redacción de "Rabócheie Dielo", Recopilación editada por el grupo "Emancipación del Trabajo", con un prefacio de J. Plejánov (Ginebra, febrero de 1900) estaba dirigido contra el oportunismo en las filas del POSDR, principalmente contra el "economismo" de la "Unión de los Socialdemócratas Rusos en el Extranjero" y su órgano, la revista Rabócheie Dielo. 115 "Profession de foi" (Profesión de fe: programa y exposición de la concepción del mundo): octavilla del Comité del POSDR de Kíev, en la que se exponían sus ideas oportunistas. El contenido de la octavilla coincidía en muchas de sus partes con el conocido Credo de los "economistas". En su artículo A propósito de la "Profession de foi", Lenin criticó este documento (Véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 310-321). 116 Por lo que sabemos, la composición del Comité de Kíev ha sido modificada posteriormente. 77 más que invención de los doctrinarios, "sobreestimación de la ideología", como decían los autores de la carta publicada en el número 12 de Iskra, haciendo coro al número 10 de R. Dielo. Ahora cabe preguntar: en vista de estas particularidades de la "crítica" rusa y del bernsteinianismo ruso, ¿en qué debía consistir la tarea de los que de hecho, y no sólo de palabra, querían ser adversarios del oportunismo? Primeramente, era necesario preocuparse de que se reanudara el trabajo teórico, que apenas si se había iniciado en la época del marxismo legal y que ahora había vuelto a recaer sobre los militantes ilegales: sin un trabajo de esta índole, no era posible un incremento eficaz del movimiento. En segundo lugar, era preciso emprender una lucha activa contra la "crítica" legal, que corrompía profundamente los espíritus. En tercer lugar, había que actuar de un modo enérgico contra la dispersión y las vacilaciones en el movimiento práctico, denunciando y refutando toda tentativa de rebajar, consciente o inconscientemente, nuestro programa y nuestra táctica. Sabido es que R. Dielo no hizo ni lo primero, ni lo segundo, ni lo tercero, y más adelante tendremos que aclarar detalladamente esta conocida verdad en sus más diversos aspectos. Pero, por ahora, sólo queremos poner de manifiesto la flagrante contradicción en que se halla la reivindicación de la "libertad de crítica" con las particularidades de nuestra crítica patria y del "economismo" ruso. En efecto, echad un vistazo sobre el texto de la resolución con que la "Unión de los Socialdemócratas Rusos en el Extranjero" ha confirmado el punto de vista de R. Dielo: "En interés del ulterior desarrollo ideológico de la socialdemocracia, reputamos absolutamente necesaria la libertad de criticar la teoría socialdemócrata en las publicaciones del partido, en el grado en que dicha crítica no esté en pugna con el carácter de clase y el carácter revolucionario de esta teoría". (Dos Congresos, pág. 10.) Y se dan los motivos: la resolución "coincide en su primera parte con la resolución del Congreso del partido en Lübeck a propósito de Bernstein"... ¡En su simplicidad, los "aliados" ni siquiera notan qué testimonium paupertatis (certificado de pobreza) se firman a sí mismos con esta manera de copiar!... "Pero..., en su segunda parte, restringe la libertad de crítica de un modo más estricto que el Congreso de Lübeck". ¿De modo que la resolución de la "Unión" está dirigida contra los bernsteinianos rusos? Porque de otro modo sería un absurdo completo referirse a Lübeck. Pero no es cierto que "restrinja la libertad de crítica de un modo estricto". En su resolución de V. I. Lenin 78 Hannóver, los alemanes rechazaron punto por punto precisamente las enmiendas que presentó Bernstein, y en la de Lübeck hicieron una advertencia a Bernstein personalmente, mencionando su nombre en el texto. En cambio, nuestros imitadores "libres" no hacen la menor alusión a una sola de las manifestaciones de la "crítica" y del "economismo" especialmente rusos; si se guarda silencio de esa forma, la mera alusión al carácter de clase y al carácter revolucionario de la teoría deja mucha más libertad para falsas interpretaciones, sobre todo si la "Unión" se niega a calificar el "llamado economismo" como oportunismo (Dos Congresos, pág. 8, párrafo I). Pero esto lo decimos de paso. Lo principal consiste en que la posición de los oportunistas frente a los socialdemócratas revolucionarios es diametralmente opuesta en Alemania y en Rusia. En Alemania, los socialdemócratas revolucionarios están, como es sabido, por el mantenimiento de lo que existe: el viejo programa y la vieja táctica, que todo el mundo conoce y que han sido explicados en todos sus detalles a través de la experiencia de muchos decenios. Los "críticos", en cambio, quieren introducir modificaciones, y como esos "críticos" representan una ínfima minoría y sus aspiraciones revisionistas son muy tímidas, es fácil comprender los motivos por los cuales la mayoría se limita a rechazar lisa y llanamente las "innovaciones". En cambio, en Rusia, son los críticos y los "economistas" los que quieren mantener lo que existe: los "críticos" quieren que se continúe considerándolos como marxistas y que se les asegure la "libertad de crítica" de que gozaban en todos los sentidos (pues, en el fondo, nunca han reconocido ningún vínculo de partido117; además, no había entre nosotros un órgano de partido reconocido por todos, 117 Ya la falta de vínculos abiertos de partido y de tradiciones de partido constituye una diferencia tan cardinal entre Rusia y Alemania, que debería haber puesto en guardia a todo socialista sensato contra cualquier imitación ciega. Pero he aquí una muestra del punto a que ha llegado la "libertad de crítica" en Rusia. Un critico ruso, el señor Bulgákov, hace la siguiente reprimenda al crítico austríaco Hertz: "Con toda la independencia de sus conclusiones Hertz sigue, sin embargo, en este punto (acerca de las cooperativas), por lo visto, demasiado atado por las opiniones de su partido, y, al disentir en los detalles, no se decide a desprenderse del principio general" (El capitalismo y la agricultura, t. II, pág. 287). ¡Un súbdito de un Estado políticamente esclavizado, en el cual las 999/1.000 de la población están corrompidas hasta la médula por el servilismo político y por la absoluta incomprensión del honor de partido y de los vínculos de partido, hace una reprimenda altiva a un ciudadano de un Estado constitucional por estar excesivamente "atado a las opiniones del partido"! Lo único que les queda a nuestras organizaciones ilegales es ponerse a redactar resoluciones sobre la libertad de crítica... que pudiera "restringir" la libertad de crítica, aunque sólo fuera por medio de un consejo); los "economistas" quieren que los revolucionarios reconozcan la "plenitud de derechos del movimiento en el presente" (R. D., N° 10, pág. 25), es decir, la "legitimidad" de la existencia de lo que existe; que los "ideólogos" no traten de "desviar" el movimiento del camino "determinado por la acción recíproca entre los elementos materiales y el medio material" (Carta en el número 12 de Iskra); que se considere como deseable sostener la lucha "que es posible para los obreros en las circunstancias presentes", y, como posible, la lucha "que libran realmente en el momento actual" (Suplemento especial de R. Mysl, pág. 14). En cambio, a nosotros, los socialdemócratas revolucionarios, nos disgusta ese culto de la espontaneidad, es decir, de lo que existe "en el momento presente"; reclamamos que se modifique la táctica que ha prevalecido estos últimos años, declaramos que, "antes de unificarse y para unificarse es necesario empezar por deslindar los campos de un modo resuelto y definido" (del anuncio sobre la publicación de Iskra)118. En una palabra, los alemanes se conforman con lo que existe, rechazando las modificaciones; nosotros reclamamos que se modifique lo existente, rechazando el culto de ello y la conformidad con ello. ¡Precisamente esta "pequeña" diferencia es la que nuestros "libres" copiadores de resoluciones alemanas no han notado! d) Engels sobre la importancia de la lucha teórica "Dogmatismo, doctrinarismo", "fosilización del partido, castigo inevitable por la compresión violenta del pensamiento", éstos son los enemigos contra los cuales arremeten caballerescamente en Rab. Dielo los campeones de la "libertad de crítica". Mucho nos place que se haya llevado al orden del día esta cuestión, y sólo propondríamos completarla con otra: ¿Y quiénes son los jueces? Tenemos ante la vista dos anuncios de publicaciones literarias. Uno es el "Programa del órgano de prensa de la Unión de los Socialdemócratas Rusos, Rab. Dielo" (una separata del número 1 de Rabócheie Dielo). El otro, es el "Anuncio sobre la reanudación de las publicaciones del grupo "Emancipación del Trabajo" ". Ambos datan de 1899, cuando la "crisis del marxismo" estaba desde hacía mucho tiempo al orden del día. Pues bien, en vano buscaríamos en la primera de dichas obras una alusión a este fenómeno y una exposición definida de la actitud que el nuevo órgano piensa adoptar a este respecto. Ni este programa ni los suplementos al mismo, aprobados por el III 118 Véase V. I. Lenin, obras, 5a ed, en ruso, t. 4, pág. 358. (N. de la Edit.) ¿Qué hacer? Congreso de la "Unión" en 1901119 (Dos Congresos, págs. 15-18), mencionan el trabajo teórico ni sus objetivos inmediatos en el presente. Durante todo este tiempo, la redacción de R. Dielo pasó por alto las cuestiones teóricas, a pesar de que inquietaban a todos los socialdemócratas del mundo entero. Por el contrario, el otro anuncio señala ante todo que en estos últimos años se observa menor interés por la teoría, reclama con insistencia una "atención vigilante para el aspecto teórico del movimiento revolucionario del proletariado" y llama a "criticar implacablemente las tendencias bernsteinianas y otras tendencias antirrevolucionarias" en nuestro movimiento. Los números aparecidos de Zariá señalan cómo se ha cumplido este programa. Vemos, pues, que las frases sonoras contra la fosilización del pensamiento, etc. disimulan la despreocupación y la impotencia en el desarrollo del pensamiento teórico. El ejemplo de los socialdemócratas rusos ilustra con particular evidencia un fenómeno europeo general (consignado también hace ya mucho tiempo por los marxistas alemanes): la famosa libertad de crítica no implica la sustitución de una teoría por otra, sino la libertad de prescindir de toda teoría coherente y meditada, significa eclecticismo y falta de principios. Quien conozca a poco que sea el estado efectivo de nuestro movimiento verá forzosamente que la amplia difusión del marxismo ha ido acompañada de cierto rebajamiento del nivel teórico. Mucha gente, muy poco preparada e incluso sin preparación teórica alguna, se ha adherido al movimiento por su significación práctica y sus éxitos prácticos. Por este hecho, se puede juzgar qué falta de tacto manifiesta Rab. Dielo al lanzar con aire victorioso la sentencia de Marx: "cada paso del movimiento efectivo es más importante que una docena de programas"120. Repetir estas palabras en una época de dispersión teórica es exactamente lo mismo que gritar al paso de un entierro: "¡ojalá tengáis siempre algo que llevar!" Además, estas palabras de Marx han sido tomadas de su carta sobre el programa de Gotha121, en la que 119 El III Congreso de la "Unión de los Socialdemócratas Rusos" se celebró en la segunda mitad de septiembre de 1901 en Zurich. El Congreso aprobó adiciones y enmiendas al proyecto del acuerdo sobre la unificación de las organizaciones de socialdemócratas rusos en el extranjero, que había sido elaborado por la Conferencia de Ginebra en junio de 1901. El Congreso aprobó las Instrucciones para la Redacción de "Rabócheie Dielo", que estimulaban a los revisionistas. Los acuerdos del Congreso pusieron de manifiesto que entre los dirigentes de la "Unión" prevalecían las tendencias oportunistas y que se negaban a cumplir las resoluciones de la Conferencia de junio. 120 Véase C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. II, pág. 9, ed. en español, Moscú. 121 El programa de Gotha: programa del Partido Obrero Socialista de Alemania, aprobado en 1875 por el Congreso 79 censura duramente el eclecticismo admitido en la formulación de los principios: ya que hace falta unirse -escribía Marx a los dirigentes del partido-, pactad acuerdos para alcanzar los objetivos prácticos del movimiento, pero no trafiquéis con los principios, no hagáis "concesiones" teóricas. Este era el pensamiento de Marx, ¡y he aquí que entre nosotros hay gentes que en su nombre tratan de aminorar la importancia de la teoría! Sin teoría revolucionaria, no puede haber tampoco movimiento revolucionario. Nunca se insistirá lo bastante sobre esta idea en un tiempo en que a la prédica en boga del oportunismo va unido un apasionamiento por las formas más estrechas de la actividad práctica. Y, para la socialdemocracia rusa, la importancia de la teoría es mayor aún, debido a tres circunstancias que se olvidan con frecuencia, a saber: primeramente, por el hecho de que nuestro partido sólo ha empezado a formarse, sólo ha empezado a elaborar su fisonomía, y dista mucho de haber ajustado sus cuentas con las otras tendencias del pensamiento revolucionario, que amenazan con desviar el movimiento del camino justo. Por el contrario, precisamente estos últimos tiempos se han distinguido (como hace ya mucho predijo Axelrod a los "economistas”122) por una reanimación de las tendencias revolucionarias no socialdemócratas. En estas condiciones, un error, "sin importancia" a primera vista, puede causar los más desastrosos efectos, y sólo gente miope puede encontrar inoportunas o superfluas las discusiones fraccionales y la delimitación rigurosa de los matices. De la consolidación de tal o cual "matiz" puede depender el porvenir de la socialdemocracia rusa por años y años. En segundo lugar, el movimiento socialdemócrata es, por su propia naturaleza, internacional. Esto no sólo significa que debemos combatir el chovinismo nacional. Esto significa también que el movimiento incipiente en un país joven únicamente puede desarrollarse con éxito a condición de que aplique la experiencia de otros países. Para ello, no basta de Gotha, en el que se unificaron los dos partidos socialistas alemanes, que hasta aquel entonces habían estado separados: los eisenacheanos (dirigidos por A. Bebel y G. Liebknecht e influidos por C. Marx y F. Engels) y los lassalleanos. El programa adolecía de eclecticismo y era oportunista, puesto que los eisenacheanos hicieron concesiones a los lassalleanos en las cuestiones más importantes y aceptaron las formulaciones lassalleanas. C. Marx y F. Engels sometieron el proyecto del programa de Gotha a una crítica demoledora, considerándolo como un gran paso hacia atrás en comparación con el programa de Eisenach aprobado en 1869. (Véase C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. II, págs. 7-40, ed. en español, Moscú). 122 Se refiere al artículo de P. Axelrod A propósito de las tareas actuales y la táctica de los socialdemócratas rusos, Ginebra, 1898. 80 conocer simplemente esta experiencia o copiar simplemente las últimas resoluciones adoptadas; para ello es necesario saber asumir una actitud crítica frente a esta experiencia y comprobarla por sí mismo. Todo aquel que se imagine el gigantesco crecimiento y ramificación del movimiento obrero contemporáneo comprenderá la reserva de fuerzas teóricas y de experiencia política (así como revolucionaria) que es necesaria para cumplir esta tarea. En tercer lugar, tareas nacionales como las que tiene planteadas la socialdemocracia rusa no las ha tenido planteadas aún ningún otro partido socialista del mundo. Más adelante, tendremos que hablar de los deberes políticos y de organización que nos impone esta tarea de liberar a todo el pueblo del yugo de la autocracia. Por el momento, no queremos más que indicar que sólo un partido dirigido por una teoría de vanguardia puede cumplir la misión de combatiente de vanguardia. Y para hacerse una idea siquiera sea un poco concreta de lo que esto significa, que el lector recuerde a los precursores de la socialdemocracia rusa, como Herzen, Belinski, Chernishevski y a la brillante pléyade de revolucionarios de la década del 70; que piense en la importancia universal que la literatura rusa va adquiriendo ahora; que..., ¡pero basta también con lo indicado! Citaremos las observaciones hechas por Engels en 1874 sobre la importancia que la teoría tiene en el movimiento socialdemócrata. Engels reconoce, no dos formas de la gran lucha de la socialdemocracia (la política y la económica) -como se estila entre nosotros-, sino tres, colocando a su lado también la lucha teórica. Sus recomendaciones al movimiento obrero alemán, ya robustecido práctica y políticamente, son tan instructivas desde el punto de vista de los problemas y de las discusiones actuales, que confiamos en que el lector no lamentará que insertemos un extenso extracto del prólogo escrito para el folleto Der deutsche Bauernkrieg123, obra que desde hace ya mucho tiempo es una rareza bibliográfica: "Los obreros alemanes tienen dos ventajas esenciales sobre los obreros del resto de Europa. La primera es la de que pertenecen al pueblo más teórico de Europa y que han conservado en sí ese sentido teórico, casi completamente perdido por las clases llamadas "cultas" de Alemania. Sin la filosofía alemana, que le ha precedido, sobre todo sin la filosofía de Hegel, jamás se habría creado el socialismo científico alemán, el único socialismo científico que ha existido. De haber carecido los obreros de sentido teórico, este socialismo científico 123 Dritter Abdruck, Leipzig, 1875. Verlag der Genossenschaftsbuchdruckerei. (La guerra campesina en Alemania, tercera edición, Leipzig, 1875. Edición de la Editorial Cooperativa. - N. de la Edit.) V. I. Lenin nunca habría sido, en la medida que lo es hoy, carne de su carne y sangre de su sangre. Y lo inmenso de esta ventaja lo demuestra, por una parte, la indiferencia por toda teoría, que es una de las causas principales de que el movimiento obrero inglés avance tan lentamente, a pesar de la excelente organización de los diferentes oficios, y, por otra, lo demuestran el desconcierto y la confusión sembrados por el proudhonismo, en su forma primitiva, entre los franceses y los belgas, y, en la forma caricaturesca que le ha dado Bakunin, entre los españoles y los italianos. La segunda ventaja consiste en que los alemanes han sido casi los últimos en incorporarse al movimiento obrero. Así como el socialismo teórico alemán jamás olvidará que descansa sobre los hombros de Saint-Simon, Fourier y Owen -tres pensadores que, a pesar del carácter fantástico y de todo el utopismo de sus doctrinas, pertenecen a las mentes más grandes de todos los tiempos y se han anticipado genialmente a una infinidad de verdades cuya exactitud estamos demostrando ahora de un modo científico-, así también el movimiento obrero práctico alemán nunca debe olvidar que se ha desarrollado sobre los hombros del movimiento inglés y francés, que ha tenido la posibilidad de sacar simplemente partido de su experiencia costosa, de evitar en el presente los errores que entonces no era posible evitar en la mayoría de los casos. ¿Dónde estaríamos ahora, sin el precedente de las tradeuniones inglesas y de la lucha política de los obreros franceses, sin ese impulso colosal que ha dado particularmente la Comuna de París? Hay que hacer justicia a los obreros alemanes por haber aprovechado con rara inteligencia las ventajas de su situación. Por primera vez desde que existe el movimiento obrero, la lucha se desarrolla en forma metódica en sus tres direcciones concertadas, relacionadas entre sí: teórica, política y económicopráctica (resistencia a los capitalistas). En este ataque concéntrico, por decirlo así, reside precisamente la fuerza y la invencibilidad del movimiento alemán. Esta situación ventajosa, por una parte, y, por otra, las particularidades insulares del movimiento inglés y la represión violenta del francés hacen que los obreros alemanes se encuentren ahora a la cabeza de la lucha proletaria. No es posible pronosticar cuánto tiempo les permitirán los acontecimientos ocupar este puesto de honor. Pero, mientras lo sigan ocupando, es de esperar que cumplirán como es debido las obligaciones que les impone. Para esto, tendrán que redoblar sus esfuerzos en todos los aspectos de la lucha y de la agitación. Sobre todo, los jefes deberán instruirse cada vez más en todas las cuestiones teóricas, desembarazarse cada vez más de la influencia de la fraseología tradicional, propia de la vieja concepción del mundo, y tener siempre presente que el socialismo, desde que se ha hecho 81 ¿Qué hacer? ciencia, exige que se le trate como tal, es decir, que se le estudie. La conciencia así lograda y cada vez más lúcida debe ser difundida entre las masas obreras con celo cada vez mayor, se debe cimentar cada vez más fuertemente la organización del partido, así como la de los sindicatos... ...Si los obreros alemanes siguen avanzando de este modo, no es que marcharán al frente del movimiento -y no conviene tampoco en absoluto al movimiento que los obreros de una nación cualquiera marchen al frente del mismo-, sino que ocuparán un puesto de honor en la primera línea de combate y se hallarán bien pertrechados para ello, si, de pronto, duras pruebas o grandes acontecimientos reclaman de ellos mayor valor, mayor decisión y energía"124. Estas palabras de Engels resultaron proféticas. Algunos años más tarde, al dictarse la Ley de excepción contra los socialistas, los obreros alemanes se vieron de improviso sometidos a duras pruebas. Y, en efecto, los obreros alemanes les hicieron frente bien pertrechados y supieron salir victoriosos de esas pruebas. Al proletariado ruso le están reservadas pruebas inconmensurablemente más duras aún; tendrá que luchar contra un monstruo, en comparación con el cual la ley de excepción en un país constitucional parece un verdadero pigmeo. La historia plantea hoy ante nosotros una tarea inmediata, que es la más revolucionaria de todas las tareas inmediatas del proletariado de cualquier otro país. La realización de esta tarea, la demolición del más poderoso baluarte, no ya de la reacción europea, sino también (podemos decirlo hoy) de la reacción asiática, convertiría al proletariado ruso en la vanguardia del proletariado revolucionario internacional. Y tenemos el derecho de esperar que obtendremos este título de honor, que ya nuestros predecesores, los revolucionarios de la década del 70, han merecido, siempre que sepamos inspirar a nuestro movimiento, mil veces más vasto y profundo, la misma decisión abnegada y la misma energía. II. La espontaneidad de las masas y la conciencia de la socialdemocracia Hemos dicho que es preciso inspirar a nuestro movimiento, mucho más vasto y profundo que el de la década del 70, la misma decisión abnegada y la misma energía que en aquella época. En efecto, parece que hasta ahora nadie había puesto aún en duda que la fuerza del movimiento contemporáneo consistiese en el despertar de las masas (y, principalmente, del proletariado industrial), y su debilidad, en la falta de conciencia y de espíritu de iniciativa de los dirigentes revolucionarios. 124 Lenin cita un fragmento del prólogo de F. Engels a su trabajo La guerra campesina en Alemania. (Véase C. Marx y F. Engels. Obras escogidas en dos tomos, t. I, págs. 608-610, ed. en español, Moscú.) Sin embargo, en estos últimos tiempos, se ha hecho un descubrimiento asombroso, que amenaza con trastrocar todos los conceptos que dominaban hasta ahora con respecto a esta cuestión. Este descubrimiento ha sido hecho por R. Dielo, que, polemizando con Iskra y Zariá, no se ha limitado a objeciones particulares, sino que ha intentado reducir "el desacuerdo general" a su raíz más profunda: a la "distinta apreciación de la significación relativa del elemento espontáneo y del elemento conscientemente "metódico"". Rab. Dielo nos acusa de "subestimar la importancia del elemento objetivo o espontáneo del desarrollo"125. A esto contestaremos: si la polémica de Iskra y Zariá no hubiera dado ningún otro resultado que el de llevar a R. Dielo al descubrimiento de ese "desacuerdo general", este resultado sería de por sí una gran satisfacción para nosotros: hasta tal punto es significativa esta tesis, hasta tal punto ilustra claramente la esencia de las actuales discrepancias teóricas y políticas entre los socialdemócratas rusos. Por eso mismo la relación entre lo consciente y lo espontáneo ofrece un enorme interés general y es preciso analizarla con todo detalle. a) Comienzo de la marcha ascensional espontanea En el capítulo anterior hemos consignado el apasionamiento general de la juventud ilustrada de Rusia por la teoría del marxismo, a mediados de la última década del siglo pasado. También las huelgas obreras adquirieron por aquella época, después de la famosa guerra industrial de 1896126 en Petersburgo, 125 Rabócheie Dielo, N° 10, septiembre de 1901, págs. 1718. Subrayado en el original. 126 Lenin tiene en cuenta las huelgas de masas de los obreros de Petersburgo en 1896. La huelga empezó el 23 de mayo en la manufactura de Kalinkin y rápidamente se extendió a todas las fábricas textiles de Petersburgo y, más tarde, a las grandes empresas de construcción de maquinaria, las manufacturas de goma, a la papelera y azucarera. El proletariado de Petersburgo se alzó por vez primera en un amplio frente a la lucha contra los explotadores. Participaron en la huelga más de 30.000 obreros. La huelga fue dirigida por la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera de Petersburgo", que difundió proclamas y octavillas, exhortando a los obreros a defender unidos y con firmeza sus derechos. La "Unión de lucha" imprimió y propagó las principales reivindicaciones de los huelguistas: reducción de la jornada hasta 10½ horas, aumento de las tarifas, puntualidad en el pago de los salarios, etc. La huelga causó gran impresión en el extranjero. Las huelgas de Petersburgo contribuyeron al desarrollo del movimiento obrero en Moscú y otras ciudades de Rusia y obligaron al gobierno zarista a revisar urgentemente las leyes fabriles y a promulgar una nueva ley el 2 (14) de junio de 1897 reduciendo la jornada en las fábricas hasta 111/2 horas. Estas huelgas, según señaló más tarde Lenin, "inauguraron la era del movimiento obrero, que luego fue V. I. Lenin 82 un carácter general. Su extensión por toda Rusia atestiguaba claramente cuán profundo era el movimiento popular que volvía a renacer, y, al hablar del "elemento espontáneo", es natural que precisamente ese movimiento huelguístico debe ser calificado, ante todo, de espontáneo. Pero hay diferentes clases de espontaneidad. También durante la década del 70 y en la del 60 (y aun en la primera mitad del siglo XIX), hubo en Rusia huelgas, acompañadas de destrucción "espontánea" de máquinas, etc. Comparadas con esos "motines", las huelgas de la década del 90 pueden incluso llamarse "conscientes": hasta tal punto era considerable el progreso del movimiento obrero en aquel período. Eso nos demuestra que, en el fondo, el "elemento espontáneo" no es sino la forma embrionaria de lo consciente. Y los motines primitivos reflejaban ya un cierto despertar de lo consciente: los obreros perdían la fe tradicional en la inamovilidad del orden de cosas que los oprimía; empezaban... no diré que a comprender, pero sí a sentir la necesidad de oponer resistencia colectiva y rompían decididamente con la sumisión servil a las autoridades. Pero esto, sin embargo, más que lucha, era una expresión de desesperación y de venganza. En las huelgas de la última década del siglo pasado vemos muchos más destellos de conciencia: se formulan reivindicaciones determinadas, se calcula de antemano el momento más conveniente, se discuten los casos y ejemplos conocidos de otros lugares, etc. Sí los motines eran simplemente levantamientos de gente oprimida, las huelgas sistemáticas representaban ya embriones de lucha de clases, pero nada más que embriones. En sí, esas huelgas eran lucha tradeunionista, no eran aún lucha socialdemócrata; señalaban el despertar del antagonismo entre los obreros y los patronos, pero los obreros no tenían, ni podían tener, la conciencia de la oposición inconciliable entre sus intereses y todo el régimen político y social contemporáneo, es decir, no tenían conciencia socialdemócrata. En este sentido, las huelgas de la última década del siglo pasado, a pesar de que, en comparación con los "motines", representaban un enorme progreso, seguían siendo un movimiento netamente espontáneo. Hemos dicho que los obreros no podían tener conciencia socialdemócrata. Esta sólo podía ser introducida desde fuera. La historia de todos los países atestigua que la clase obrera, exclusivamente con sus propias fuerzas, sólo está en condiciones de elaborar una conciencia tradeunionista, es decir, la convicción de que es necesario agruparse en sindicatos, luchar contra los patronos, reclamar del gobierno la promulgación de tales o cuales leyes creciendo sin cesar". (Véase Obras, 5a ed. ruso, t. 16, pág. 95). necesarias para los obreros, etc.127. En cambio, la doctrina del socialismo ha surgido de teorías filosóficas, históricas y económicas, elaboradas por representantes instruidos de las clases poseedoras, por los intelectuales. Los propios fundadores del socialismo científico moderno, Marx y Engels, pertenecían por su posición social a los intelectuales burgueses. De igual modo, la doctrina teórica de la socialdemocracia ha surgido en Rusia independientemente en absoluto del ascenso espontáneo del movimiento obrero, ha surgido como resultado natural e inevitable del desarrollo del pensamiento entre los intelectuales revolucionarios socialistas. Hacia la época de que tratamos, es decir, a mediados de la última década del siglo pasado, esa doctrina no sólo constituía ya un programa completamente formado del grupo "Emancipación del Trabajo", sino que incluso había llegado a conquistar a la mayoría de la juventud revolucionaria de Rusia. De modo que existían tanto el despertar espontáneo de las masas obreras, el despertar a la vida consciente y a la lucha consciente, como una juventud revolucionaria que, armada de la teoría socialdemócrata, tendía con todas sus fuerzas hacia los obreros. Además, importa sobre todo dejar sentado el hecho, olvidado a menudo (y relativamente poco conocido), de que los primeros socialdemócratas de ese período, al ocuparse con ardor de la agitación económica (y teniendo bien presentes en este sentido las indicaciones realmente útiles del folleto, entonces manuscrito aún, Sobre la agitación), lejos de estimarla como su única tarea, por el contrario, ya desde el comienzo se asignaban las más amplias tareas históricas de la socialdemocracia rusa, en general, y la de derrocar a la autocracia, en particular. Así, por ejemplo, el grupo de socialdemócratas de Petersburgo, fundador de la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera"128, redactó, ya a fines de 1895, el primer 127 El tradeunionismo no descarta en modo alguno toda "política", como a veces se cree. Las tradeuniones han llevado siempre a cabo cierta agitación y lucha políticas (pero no socialdemócratas). En el capítulo siguiente expondremos la diferencia entre la política tradeunionista y la socialdemócrata. 128 La "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera", organizada por Lenin en el otoño de 1895, agrupaba a unos veinte círculos obreros marxistas de Petersburgo. Toda la labor de la "Unión de lucha" se basaba en los principios del centralismo y una rigurosa disciplina. A la cabeza de la "Unión de lucha" figuraba el Grupo Central: V. Lenin, A. Vanéiev, P. Zaporozhets, G. Krzhizhanovski, N. Krúpskaya, L. Mártov (Y. Tsederbaum), M. Silvin, V. Starkov y otros. La dirección inmediata fue encomendada a cinco miembros del grupo, encabezados por Lenin. Toda la organización fue dividida en grupos distritales. Los obreros más conscientes y avanzados (I. Báhushkin, V. Shelgunov y otros) mantenían 83 ¿Qué hacer? número de un periódico, bajo el título de Rabócheie Dielo. Completamente preparado para la imprenta, dicho número fue recogido por los gendarmes cuando registraron el domicilio de uno de los miembros del grupo, A. A. Vanéiev129, en una el enlace de estos grupos con las fábricas y talleres. En las fábricas había organizadores especiales que recogían información y difundían las publicaciones. En las grandes empresas fueron creados círculos obreros. La "Unión de lucha" llevó a cabo por primera vez en Rusia la fusión del socialismo con el movimiento obrero. Dirigió el movimiento obrero, vinculando la lucha de los obreros por las reivindicaciones económicas con la lucha política contra el zarismo. La "Unión de lucha" publicó octavillas y folletos para los obreros. El redactor de las publicaciones de la "Unión de lucha", era Lenin, bajo cuya dirección se preparaba la edición de Rabócheie Dielo, periódico obrero político. La "Unión de lucha" extendió su influencia fuera de Petersburgo. A iniciativa suya se efectuó la unificación de los círculos obreros en "Uniones de lucha" en Moscú, Kíev, Ekaterinoslav y en otras ciudades y regiones de Rusia. En diciembre de 1895, el gobierno zarista asestó un serio golpe a la "Unión de lucha": en la noche del 8 (del 20) de diciembre de 1895 fue detenida gran parte de los dirigentes de la "Unión", con Lenin a la cabeza. También fue confiscado el primer número del periódico Rabócheie Dielo, que estaba preparado para la imprenta. Pasados algunos días, en la primera reunión del grupo celebrada después de las detenciones, se tomó el acuerdo de denominar la organización de los socialdemócratas de Petersburgo "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera". Con motivo de la detención de Lenin y de otros miembros de la organización, los miembros de la "Unión" que seguían en libertad publicaron una octavilla política, escrita por los obreros. Lenin continuó dirigiendo la "Unión" desde la cárcel, ayudándola con sus consejos, enviándole cartas y octavillas cifradas. Escribió el folleto Sobre las huelgas (que hasta hoy día no ha sido encontrado) y Proyecto y explicación del programa del Partido Socialdemócrata. (Véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 2, págs. 81-110.) La importancia de la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera" de Petersburgo consistió en que la "Unión", según expresión de Lenin, fue el embrión del partido revolucionario que se apoyaba en el movimiento obrero y dirigió la lucha de clase del proletariado. Desde la segunda mitad de 1898, la "Unión de lucha" pasó a manos de los "economistas", que por mediación del periódico Rabóchaya Mysl propugnaban las ideas del tradeunionismo y el bernsteinianismo. Sin embargo, los antiguos miembros de la "Unión", que no fueron detenidos, tomaron parte en 1898 en la preparación y la celebración del I Congreso del POSDR y en la redacción del Manifiesto, aprobado más tarde, continuando las tradiciones de la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera" leninista. 129 A. A. Vanéiev murió en 1899, en Siberia Oriental, de tuberculosis, contraída cuando se encontraba Incomunicado en prisión preventiva. Por eso, hemos considerado posible publicar la información que figura en el texto, cuya autenticidad garantizamos, pues procede de gente que conocía a Vanéiev personal e íntimamente. irrupción hecha en la noche del 8 de diciembre de 1895. De modo que el primer Rabócheie Dielo del primer período no tuvo la suerte de ver la luz. El editorial de ese periódico (que quizás dentro de unos 30 años alguna revista como Rússkaya Stariná130 exhumará de los archivos del departamento de policía) esbozaba los objetivos históricos de la clase obrera de Rusia, colocando en el primer plano la conquista de la libertad política. Luego seguía el artículo ¿En qué piensan nuestros ministros?131, dedicado a la disolución violenta de los Comités de Primera Enseñanza por la policía, así como una serie de artículos de corresponsales, no sólo de Petersburgo, sino también de otras localidades de Rusia (por ejemplo, sobre la matanza de obreros en la provincia de Yaroslavlt132). Así, pues, este "primer ensayo", si no nos equivocamos, de los socialdemócratas rusos de la década del 90 no era un periódico de un carácter estrechamente local, y mucho menos "economista"; tendía a enlazar la lucha huelguística con el movimiento revolucionario contra la autocracia y atraer a todas las víctimas de la opresión política del oscurantismo reaccionario para que apoyaran a la socialdemocracia. Y todo el que conozca, por poco que sea, el estado del movimiento de aquella época no pondrá en duda que semejante periódico habría sido acogido con plena simpatía tanto por los obreros de la capital como por los intelectuales revolucionarios y habría tenido la más vasta difusión. El fracaso de esta empresa demostró únicamente que los socialdemócratas de entonces no estaban en condiciones de satisfacer las exigencias vitales del momento por falta de experiencia revolucionaria y de preparación práctica. Lo mismo cabe decir del Sankt Petersburgski Rabochi Listok133 130 El artículo de fondo A los obreros rusos, escrito por Lenin para el periódico Rabócheie Dielo, no se ha encontrado hasta hoy día. "Rúskaya Stariná" ("La Antigüedad Rusa"): revista mensual de historia, fundada por M: Semevski. Fue editada en Petersburgo de 1870 a 1918. En Rússkaya Stariná se publicaban muchas memorias, diarios, apuntes, cartas de estadistas rusos y personalidades de la cultura rusa, y también otros documentos. 131 Véase V. I. Lenin, Obras, 5ª ed, en ruso, t. 2, págs. 7580. (N. de la Edit.) 132 Se alude a la represión de que fueron víctimas los obreros huelguistas de la Gran Manufactura de Yaroslavl el 27 de abril (9 de mayo) de 1895. La huelga, en la que participaron más de 4.000 obreros, se debió a que la dirección de la empresa fijó nuevas tarifas que reducían el salario de los obreros. La huelga fue aplastada cruelmente. El artículo sobre la huelga de Yaroslavl de 1895 fue escrito por Lenin; hasta hoy día no ha sido hallado. 133 "S.Peterburgski Rabochi Listok" ("Boletín Obrero de San Petersburgo"): órgano de la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera", de Petersburgo. Aparecieron dos números: el primero en febrero (con fecha de enero) de 1897 (lo imprimieron en Rusia en mimeógrafo, con una tirada de 300 a 400 ejemplares), y el V. I. Lenin 84 y, sobre todo, de Rabóchaya Gazeta y del Manifiesto del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, fundado en la primavera de 1898. Se sobreentiende que ni siquiera pasa por nuestra mente el imputar esta falta de preparación a los militantes de entonces. Mas, para aprovechar la experiencia del movimiento y sacar de ella enseñanzas prácticas, es necesario darse perfecta cuenta de las causas y de la significación de tal o cual defecto. Por eso, es de extrema importancia dejar sentado que una parte (acaso la mayoría) de los socialdemócratas que actuaron en el período de 1895 a 1898 consideraba posible con toda razón, ya entonces, en los albores del movimiento "espontáneo", defender el más amplio programa y táctica de combate134. En lo que respecta a la falta de preparación de la mayoría de los revolucionarios, siendo un fenómeno completamente natural, no podía provocar ninguna aprensión particular. Desde el momento en que el planteamiento de los objetivos era justo, desde el momento en que había suficiente energía para intentar reiteradas veces lograr esos objetivos, los reveses temporales representaban una desgracia a medias. La experiencia revolucionaria y la habilidad de organización son cosas que se adquieren con el tiempo. ¡Lo único que hace falta es querer desarrollar en uno mismo las cualidades necesarias! ¡Lo único que hace falta es tener conciencia de los defectos, cosa que en la labor revolucionaria equivale a más de la mitad de la corrección de los mismos! Pero la desgracia a medias se convirtió en una verdadera desgracia cuando esa conciencia comenzó a ofuscarse (y es de notar que era muy viva entre los segundo fue impreso tipográficamente en Ginebra en septiembre del mismo año. El periódico planteó la tarea de fundir la lucha económica de la clase obrera con las amplias reivindicaciones políticas y señaló la necesidad de crear el partido obrero. 134 "Al mantener una actitud negativa ante la actividad de los socialdemócratas de fines de la última década del siglo pasado, Iskra no tiene en cuenta que entonces faltaban condiciones para todo trabajo que no fuera la lucha por pequeñas reivindicaciones", dicen los "economistas" en su Carta a los órganos socialdemócratas rusos (Iskra, N° 12). Los hechos citados en el texto demuestran que esta afirmación sobre la "falta de condiciones" es diametralmente opuesta a la verdad. No sólo a fines, sino incluso a mediados de la década del 90, existían plenamente todas las condiciones para otro trabajo, además de la lucha por las pequeñas reivindicaciones; todas las condiciones, salvo una preparación suficiente de los dirigentes. Y he aquí que, en vez de reconocer francamente esta falta de preparación por nuestra parte, por parte de los ideólogos, de los dirigentes, los "economistas" quieren cargar toda la responsabilidad a la "falta de condiciones", a la influencia del medio material que determina el camino del cual ningún ideólogo logrará desviar el movimiento. ¿Qué es esto sino servilismo ante la espontaneidad, enamoramiento de los "ideólogos" de sus propios defectos? militantes de los susodichos grupos), cuando aparecieron gentes, e incluso órganos socialdemócratas, dispuestos a erigir los defectos en virtudes, que hasta intentaron dotar de un fundamento teórico a su halago servil y a su culto de la espontaneidad. Ya es hora de hacer el balance de esta tendencia, muy inexactamente caracterizada por la palabra "economismo", término demasiado estrecho para expresar su contenido. b) Culto de la espontaneidad. Rabóchaya Mysl Antes de pasar a las manifestaciones literarias de ese culto, haremos notar el siguiente hecho característico (comunicado por la fuente arriba mencionada), que arroja cierta luz sobre la forma en que surgió y creció entre los camaradas que actuaban en Petersburgo el desacuerdo entre las dos futuras tendencias de la socialdemocracia rusa. A principios de 1897, A. A. Vanéiev y algunos de sus camaradas tuvieron ocasión de tomar parte, antes de su deportación, en una reunión privada de "viejos" y "jóvenes" miembros de la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera"135. La conversación giró principalmente en torno a la organización, y particularmente en torno a los Estatutos de las cajas obreras, que, en su forma definitiva, fue publicado en el número 9-10 del Listok "Rabótnika"136 (pág. 46). Entre los "viejos" ("decembristas" como los llamaban en tono de chanza los socialdemócratas petersburgueses) y algunos de los "jóvenes" (que más tarde colaboraron activamente en Rabóchaya Mysl), se puso en el acto de manifiesto una divergencia acusada y se desencadenó una acalorada polémica. Los "jóvenes" defendían los fundamentos principales del Estatuto tal como ha sido publicado. Los "viejos" decían que no era eso lo que ante todo hacía falta, sino fortalecer la "Unión de Lucha" transformándola en una organización de revolucionarios, a la que debían subordinarse las distintas cajas obreras, los 135 La "reunión privada" a que alude Lenin se celebró en Petersburgo entre el 14 y 17 de febrero (26 de febrero y 1 de marzo) de 1897. Asistieron a la reunión los "viejos" -V. Lenin, A. Vanéiev, G. Krzhizhanovski y otros miembros de la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera", de Petersburgo-, puestos en libertad por tres días, antes de ser deportados a Siberia, y los "jóvenes", que dirigieron la "Unión de lucha" después de la detención de Lenin. 136 "Listok "Rabótnika"" ("Hoja del "Trabajador""): publicación no periódica, órgano de la "Unión de los Socialdemócratas Rusos en el Extranjero". Se editó en Ginebra de 1896 a 1898. Aparecieron 10 números; de los cuales los ocho primeros fueron redactados por el grupo "Emancipación del Trabajo". Debido a que la mayoría de los miembros de la "Unión" empezó a apoyar a los "economistas", el grupo "Emancipación del Trabajo" se negó a redactar las ediciones de la "Unión"; por eso, los números 9 y 10 (noviembre de 1898) aparecieron bajo la dirección de los "economistas". 85 ¿Qué hacer? círculos para la propaganda entre la juventud estudiantil, etc. Se sobreentiende que los contrincantes distaban mucho de ver en esta divergencia el principio de un desacuerdo; todo lo contrario, la consideraban como algo aislado y casual. Pero este hecho prueba que, también en Rusia, el "economismo" no surgió ni se difundió sin lucha contra los "viejos" socialdemócratas (los "economistas" de hoy día lo olvidan con frecuencia). Y si esta lucha no ha dejado, en su mayor parte, vestigios "documentales", ello se debe únicamente a que la composición de los círculos que funcionaban cambiaba con inverosímil frecuencia, a que no había ninguna continuidad, razón por la cual las divergencias tampoco quedaban fijadas en documento alguno. La aparición de Rab. Mysl sacó el "economismo" a la luz del día, pero no lo hizo tampoco de golpe. Es preciso imaginarse concretamente las condiciones de trabajo y la vida efímera de los numerosos círculos rusos (y sólo puede imaginárselo así quien lo haya experimentado), para comprender cuánto hubo de casual en el éxito o en el fracaso de la nueva tendencia en las distintas ciudades, así como todo el tiempo en que ni los partidarios ni los adversarios de esto "nuevo" pudieron determinar, ni tuvieron literalmente ninguna posibilidad de hacerlo, sí era en realidad una tendencia especial o si reflejaba simplemente la falta de preparación de personas aisladas. Así, los primeros números de Rab. Mysl, tirados en hectógrafo, no llegaron en absoluto a manos de la inmensa mayoría de los socialdemócratas, y, si ahora tenemos la posibilidad de referirnos al artículo de fondo de su primer número, es sólo gracias a su reproducción en el artículo de V. I.137 (Listok "Rabótnika", N° 9-10, pág. 47 y siguientes), que, claro está, no dejó de elogiar con empeño (un empeño desatinado) el nuevo periódico, que se distinguía tan marcadamente de los periódicos y proyectos de periódicos arriba mencionados138. Este artículo de fondo expresa con tanto relieve todo el espíritu de Rab. Mysl, y del "economismo" en general, que vale la pena de examinarlo. Después de señalar que la mano de bocamanga azul139 no podrá detener el desarrollo del movimiento obrero, el artículo, continúa: "...El movimiento obrero debe esa vitalidad a que el propio obrero, por 137 V. L: Ivanshin. Digamos de paso que este elogio de Rabóchaya Mysl, en noviembre de 1898, cuando el "economismo", sobre todo en el extranjero, se había definido completamente, partía del propio V. I., que muy pronto formó parte del cuerpo de redactores de Rab. Dielo. ¡Y Rab. Dielo todavía continuó negando la existencia de dos tendencias en el seno de la socialdemocracia rusa, como la sigue negando en el presente! 139 Los gendarmes zaristas llevaban uniformes azules. 138 fin, toma su destino en sus propias manos, arrancándolo de las de los dirigentes", y esta tesis fundamental sigue desarrollándose más adelante en forma detallada. En realidad, los dirigentes (es decir, los socialdemócratas, organizadores de la "Unión de Lucha") fueron arrancados por la policía, puede decirse, de las manos de los obreros140, ¡mientras que las cosas se exponen como si los obreros hubieran luchado contra esos dirigentes y se hubieran librado de su yugo! En vez de exhortar a marchar hacia adelante, a consolidar la organización revolucionaria y extender la actividad política, comenzaron a incitar a volver atrás, hacia la lucha exclusivamente tradeunionista. Se proclamó que "la base económica del movimiento es velada por la aspiración constante de no olvidar el ideal político", que el lema del movimiento obrero debe ser: "lucha por la situación económica" (!), o, mejor aún, "los obreros, para los obreros"; se declaró que las cajas de resistencia "valen más para el movimiento que un centenar de otras organizaciones" (que se compare esta afirmación, de octubre de 1897, con la discusión entre los "decembristas" y los "jóvenes" a principios de 1897), etc. Frasecitas como éstas, de que en el primer plano no es preciso colocar la "flor y nata" de los obreros, sino al obrero "medio", al obrero de la masa, que la "política sigue siempre dócilmente a la economía"141 etc., etc., se pusieron de moda, adquiriendo una influencia irresistible sobre la masa de la juventud enrolada en el movimiento, juventud que en la mayoría de los casos no conocía más que fragmentos del marxismo en su exposición legal. Esto era someter por completo la conciencia a la espontaneidad, a la espontaneidad de aquellos "socialdemócratas" que repetían las "ideas" del señor V. V.; a la espontaneidad de aquellos obreros que se dejaban arrastrar por el argumento de que obtener un aumento de un kopek por rublo valía mucho más que todo socialismo y que toda política; de que debían "luchar, sabiendo que lo hacían no para imprecisas generaciones futuras, sino para ellos mismos y para sus propios hijos" (editorial del número 1 de R. 140 El siguiente hecho característico demuestra que esta comparación es justa. Cuando, después de la detención de los "decembristas", se difundió entre los obreros de la carretera de Schlisselburgo la noticia de que había ayudado a la policía el provocador N. Mijáilov (un dentista), relacionado con un grupo que estaba en contacto con los "decembristas", aquellos obreros se indignaron de tal modo, que decidieron matar a Mijáilov. 141 Del mismo editorial del primer número de Rabóchaya Mysl. Se puede juzgar por esto acerca de cuál era la preparación teórica de esos "V. V. de la socialdemocracia rusa", quienes repetían la burda trivialización del "materialismo económico", mientras que en sus publicaciones los marxistas hacían la guerra contra el auténtico señor V. V., llamado desde hacía tiempo "maestro en asuntos reaccionarios" por ese mismo modo de concebir la relación entre la política y la economía. V. I. Lenin 86 Mysl). Frases de esta índole constituyeron siempre el arma favorita de los burgueses de Europa Occidental que, en su odio al socialismo, trabajaban (al estilo del "socialpolítico" alemán Hirsch) para trasplantar el tradeunionismo inglés a su suelo patrio, diciendo a los obreros que la lucha exclusivamente sindical142 es una lucha para ellos mismos y para sus hijos, y no para imprecisas generaciones futuras con un impreciso socialismo futuro. Y, ahora, "los V. V. de la socialdemocracia rusa" se han puesto a repetir esa fraseología burguesa. Nos importa consignar aquí tres circunstancias que nos serán de gran utilidad para seguir examinando las divergencias actuales143. En primer lugar, el sometimiento de la conciencia por la espontaneidad, arriba indicado, se produjo también por vía espontánea. Parece un juego de palabras, pero, desgraciadamente, es una amarga verdad. No se produjo este hecho por una lucha abierta entre dos concepciones diametralmente opuestas y por el triunfo de la una sobre la otra, sino debido a que los gendarmes "arrancaban" un número cada vez mayor de revolucionarios "viejos" y a que, en número cada vez mayor, aparecían en escena los "jóvenes" "V. V. de la socialdemocracia rusa". Todo el que haya, no ya participado en el movimiento ruso contemporáneo, sino simplemente respirado sus aires, sabrá perfectamente que la situación es como la que acabamos de describir. Y si, no obstante, insistimos particularmente para que el lector se percate por completo de este hecho notorio, si, para mayor evidencia, por decirlo así, insertamos datos sobre Rabócheie Dielo del primer período y sobre las discusiones entre los "viejos" y los "jóvenes", suscitadas a principios de 1897, es porque gentes que presumen de "democracia" especulan con el hecho de que el gran público (o los muy jóvenes) ignora esto. Aún insistiremos sobre este punto más adelante. En segundo lugar, ya en la primera manifestación literaria del "economismo" podemos observar un fenómeno, sumamente peculiar y extremadamente característico, para comprender todas las divergencias en el seno de los socialdemócratas contemporáneos, fenómeno consistente en que los partidarios del "movimiento puramente obrero", los admiradores del contacto más estrecho y más "orgánico" (expresión de Rab. Dielo) con la lucha proletaria, los adversarios de todos los intelectuales no obreros (aunque sean intelectuales socialistas) se ven obligados a recurrir, en defensa de su posición, a los argumentos de los "tradeunionistas puros" burgueses. Esto nos prueba que R. Mysl desde su aparición -sin darse cuenta de ello-, había comenzado a realizar el programa del Credo. Esto prueba (cosa que R. Dielo no puede comprender de ningún modo) que todo lo que sea inclinarse ante la espontaneidad del movimiento obrero, todo lo que sea rebajar el papel del "elemento consciente", el papel de la socialdemocracia, equivale -en absoluto independientemente de la voluntad de quien lo hacea fortalecer la influencia de la ideología burguesa sobre los obreros. Todo el que hable de "sobreestimación de la ideología"144, de exageración del papel del elemento consciente145, etc., se imagina que el movimiento puramente obrero puede de por sí elaborar y elaborará una ideología independiente, tan pronto como los obreros "arranquen su destino de mano de los dirigentes". Pero esto es un craso error. Para completar lo que acabamos de exponer arriba añadiremos las siguientes palabras, profundamente justas e importantes, que C. Kautsky dijo con motivo del proyecto de nuevo programa del Partido Socialdemócrata Austríaco146: "Muchos de nuestros críticos revisionistas entienden que Marx ha afirmado que el desarrollo económico y la lucha de clases, además de crear las premisas para la producción socialista, engendran directamente la conciencia (subrayado por C. K.) de su necesidad. Y he aquí que esos críticos replican que Inglaterra, el país de mayor desarrollo capitalista, es más ajeno que ningún otro país a esta conciencia. A juzgar por el proyecto, se podría creer que esta sedicente concepción marxista ortodoxa, refutada del modo indicado, es compartida también por la comisión que redactó el programa austríaco. El proyecto dice: "cuanto más aumenta el proletariado con el desarrollo capitalista, tanto más obligado se ve a emprender la lucha contra el capitalismo y tanto más capacitado está para emprenderla. El proletariado llega a adquirir la conciencia" de la posibilidad y de la necesidad del socialismo. En este orden de ideas, la conciencia socialista aparece como 144 Carta de los "economistas" en el número 12 de Iskra. Rabócheie Dielo, N° 10. 146 -eue Zeit, 1901-1902, XX, 1, Nº 3, pág. 79. El proyecto de la comisión de que habla C. Kautsky, fue aprobado por el Congreso de Viena (a fines del año pasado) en una forma algo modificada. En el Congreso de Viena del Partido Socialdemócrata Austriaco que se celebró del 2 al 6 de noviembre de 1901, fue aprobado el nuevo programa del partido en lugar del viejo programa de Hainfeld (1888). En el proyecto del nuevo programa, preparado por una comisión especial (V. Adler y otros) por encargo del Congreso de Brünn de 1899, se hicieron serias concesiones al bernsteinianismo. 145 142 Los alemanes incluso tienen una palabra especial: NurGetoerkschaitler con que se señala los partidarios de la lucha "exclusivamente sindical". 143 Subrayamos actuales para los que se encojan farisaicamente de hombros y digan: ahora es sumamente fácil denigrar a Rabóchaya Mysl, cuando no es más que un arcaísmo, Mutato nomine de la fabula narratur ("bajo otro nombre, la fábula habla de ti". - N. de la Edit.), contestamos nosotros a esos fariseos contemporáneos, cuya completa sumisión servil a las ideas de Rab. Mysl será demostrada más adelante. ¿Qué hacer? el resultado necesario y directo de la lucha de clase del proletariado. Pero esto es falso. Por cierto, el socialismo, como doctrina, tiene sus raíces en las relaciones económicas actuales, exactamente igual que la lucha de clase del proletariado, y, lo mismo que ésta, se deriva aquél de la lucha contra la pobreza y la miseria de las masas, pobreza y miseria que el capitalismo engendra; pero el socialismo y la lucha de clases surgen paralelamente y no se deriva el uno de la otra; surgen de premisas diferentes. La conciencia socialista moderna puede surgir únicamente sobre la base de profundos conocimientos científicos. En efecto, la ciencia económica contemporánea constituye una premisa de la producción socialista lo mismo que, pongamos por caso, la técnica moderna, y el proletariado, por mucho que lo desee, no puede crear ni la una ni la otra; ambas surgen del proceso social contemporáneo. Pero el portador de la ciencia no es el proletariado, sino la intelectualidad burguesa (subrayado por C. K.): es del cerebro de algunos miembros de esta capa de donde ha surgido el socialismo moderno, y han sido ellos quienes lo han transmitido a los proletarios destacados por su desarrollo intelectual, los cuales lo introducen luego en la lucha de clase del proletariado allí donde las condiciones lo permiten. De modo que la conciencia socialista es algo introducido desde fuera (von Aussen Hineingetragenes) en la lucha de clase del proletariado, y no algo que ha surgido espontáneamente (urwüchsig) dentro de ella. De acuerdo con esto, ya el viejo programa de Heinfeld decía, con todo fundamento, que es tarea de la socialdemocracia el llevar al proletariado la conciencia de su situación (literalmente: llenar al proletariado de ella) y de su misión. No habría necesidad de hacerlo si esta conciencia derivara automáticamente de la lucha de clases. El nuevo proyecto, en cambio, ha transcrito esta tesis del viejo programa y la ha añadido a la tesis arriba citada. Pero esto ha interrumpido por completo el curso del pensamiento..." Ya que no puede ni hablarse de una ideología independiente, elaborada por las mismas masas obreras en el curso de su movimiento147 el problema 147 Esto no significa, naturalmente, que los obreros no participen en esta elaboración. Pero no participan en calidad de obreros, sino en calidad de teóricos del socialismo, como los Proudhon y los Weitling; en otros términos, sólo participan en el momento y en la medida en que logran, en mayor o menor grado, dominar la ciencia de su siglo y hacerla avanzar. Y, a fin de que los obreros lo logren con mayor frecuencia, es necesario ocuparse lo más posible de elevar el nivel de la conciencia de los obreros en general; es necesario que los obreros no se encierren en el marco artificialmente restringido de la "literatura para obreros", sino que aprendan a asimilar más y más la 87 se plantea solamente así: ideología burguesa o ideología socialista. No hay término medio (pues la humanidad no ha elaborado ninguna "tercera" ideología; además, en general, en la sociedad desgarrada por las contradicciones de clase nunca puede existir una ideología al margen de las clases ni por encima de las clases). Por eso, todo lo que sea rebajar la ideología socialista, todo lo que sea alejarse de ella equivale a fortalecer la ideología burguesa. Se habla de espontaneidad. Pero el desarrollo espontáneo del movimiento obrero marcha precisamente hacia su subordinación a la ideología burguesa, marcha precisamente por el camino del programa del Credo, pues el movimiento obrero espontáneo es tradeunionismo, es -urGewerkschaftlerei, y el tradeunionismo implica precisamente la esclavización ideológica de los obreros por la burguesía. Por eso, nuestra tarea, la tarea de la socialdemocracia, consiste en combatir la espontaneidad, hacer que el movimiento obrero abandone esta tendencia espontánea del tradeunionismo a cobijarse bajo el ala de la burguesía y atraerlo hacia el ala de la socialdemocracia revolucionaria. La frase de los autores de la carta "economista", publicada en el número 12 de Iskra, de que ningún esfuerzo de los ideólogos más inspirados podrá desviar el movimiento obrero del camino determinado por la acción recíproca entre los elementos materiales y el medio material, equivale plenamente, por tanto, a renunciar al socialismo, y si estos autores fuesen capaces de meditar lo que dicen, de meditarlo hasta su última consecuencia, valiente y lógicamente, como corresponde a toda persona que interviene en la actividad literaria y pública, no les quedaría más remedio que "cruzar sobre el pecho huero las manos inútiles" y... ceder el campo de acción a los señores Struve y Prokopóvich, que arrastran el movimiento obrero "por la línea de la menor resistencia", es decir, por la línea del tradeunionismo burgués, o a los señores Zubátov, que lo arrastran por la línea de la "ideología" clericalpolicíaca. Recordad el ejemplo de Alemania. ¿En qué consistió el mérito histórico de Lassalle ante el movimiento obrero alemán? En haber apartado ese movimiento del camino del tradeunionismo progresista y del cooperativismo, por el cual se encauzaba espontáneamente (con la participación benévola de los Schulze-Delitzsch y consortes). Para realizar esta misión, fue necesario algo muy distinto de la charlatanería sobre la subestimación del literatura general. Incluso sería más justo decir, en vez de "no se encierren", "no sean encerrados", pues los obreros leen y quieren leer todo cuanto se escribe también para los intelectuales, y únicamente ciertos intelectuales (de ínfima categoría) creen que "para los obreros" basta con relatar el orden de cosas que rige en las fábricas y rumiar lo que ya se conoce desde hace mucho tiempo. 88 elemento espontáneo, sobre la táctica-proceso, sobre la acción recíproca de los elementos y del medio, etc. Para ello fue necesario desplegar una lucha encarnizada contra la espontaneidad, y sólo como resultado de esa lucha, que ha durado largos años, se ha logrado, por ejemplo, que la población obrera de Berlín, de sostén del partido progresista, se haya convertido en uno de los mejores baluartes de la socialdemocracia. Y esta lucha no ha terminado aún, ni mucho menos, hoy día (como podrían creer gentes que estudian la historia del movimiento alemán a través de Prokopóvich, y su filosofía, a través de Struve). También en el presente, la clase obrera alemana está fraccionada, si se puede usar esta expresión, en varias ideologías: una parte de los obreros está agrupada en los sindicatos obreros católicos y monárquicos; otra, en los sindicatos de Hirsch-Duncker148, fundados por los admiradores burgueses del tradeunionismo inglés; una tercera, en los sindicatos socialdemócratas. Esta última es incomparablemente mayor que las demás, pero la ideología socialdemócrata sólo ha podido conquistar esta supremacía y sólo podrá mantenerla librando una lucha porfiada contra todas las demás ideologías. Pero -preguntará el lector- ¿por qué el movimiento espontáneo, el movimiento por la línea de la menor resistencia, conduce precisamente a la supremacía de la ideología burguesa? Por la sencilla razón de que la ideología burguesa es mucho más antigua por su origen que la ideología socialista, porque su elaboración es más completa y porque posee medios de difusión incomparablemente más poderosos149. Y cuanto más joven es el movimiento 148 Los sindicatos de Hirsch-Duncker: organizaciones sindicales reformistas fundadas en Alemania en 1868 por los dirigentes del partido progresista burgués M. Hirsch y F. Duncker. Propugnando la "armonía" de intereses del trabajo y del capital, los organizadores de los sindicatos de Hirsch-Duncker consideraban que junto con los obreros podían ingresar en los sindicatos los capitalistas y negaban la necesidad de la lucha huelguística. Afirmaban que los obreros pueden librarse del yugo del capital en el seno de la propia sociedad capitalista mediante la legislación del Estado burgués y con la ayuda de la organización sindical. Consideraban que la tarea principal de los sindicatos consistía en servir de intermediarios entre los obreros y empresarios y en acumular recursos pecuniarios. La negación de las huelgas convertía a los sindicatos de Hirsch-Duncker en organizaciones de rompehuelgas. Su actividad se limitaba principalmente a organizar cajas de ayuda mutua y la labor cultural y educativa. Los sindicatos de Hirsch-Duncker, aunque existieron hasta mayo de 1933, nunca fueron una fuerza considerable en el movimiento obrero alemán, a pesar de todos los esfuerzos de la burguesía y el apoyo prestado por los organismos gubernamentales. En 1933, los dirigentes oportunistas de los sindicatos de Hirsch-Duncker ingresaron en el "frente de trabajo" fascista. 149 Con frecuencia se oye decir: la clase obrera tiende de un modo espontáneo al socialismo. Esto es por entero justo V. I. Lenin socialista en un país, tanto más enérgica debe ser, por lo mismo, la lucha contra toda tentativa de afianzar la ideología no socialista, tanto más resueltamente se debe preservar a los obreros de los malos consejeros, que chillan contra "la exageración del elemento consciente", etc. Los autores de la carta de los "economistas", haciendo coro a Rab. Dielo, fulminan diatribas contra la intolerancia, propia del período infantil del movimiento. A esto contestamos: sí, nuestro movimiento realmente se encuentra en su infancia y, para que llegue con mayor celeridad a la madurez, debe precisamente contagiarse de intransigencia con quienes frenan su desarrollo prosternándose ante la espontaneidad. ¡No hay nada más ridículo y nocivo que presumir de viejo militante que hace ya mucho tiempo pasó por todos los episodios decisivos de la lucha! En tercer lugar, el primer número de Rab. Mysl nos señala que la denominación de "economismo" (a la cual no tenemos, claro está, el propósito de renunciar, pues, de uno u otro modo, es un mote ya establecido) no expresa con suficiente exactitud la esencia de la nueva corriente. Rab. Mysl no repudia por completo la lucha política: en los estatutos de las cajas, publicados en su primer número, se habla de la lucha contra el gobierno. Rabóchaya Mysl entiende tan sólo que "la política sigue siempre dócilmente a la economía" (en tanto que Rabócheie Dielo varía esta tesis, asegurando en su programa que "en Rusia, más que en ningún otro país, la lucha económica está ligada de modo inseparable a la lucha política"). Estas tesis de Rabóchaya Mysl y de Rabócheie Dielo son falsas de punta a cabo, si entendemos por política la política socialdemócrata. Como ya hemos visto, es muy frecuente que la lucha económica de los obreros esté ligada (si bien no de modo inseparable) a la política burguesa, clerical, etc. Las tesis de Rab. Dielo son justas, si entendemos por política la política tradeunionista, es decir, la aspiración común a todos los obreros de conseguir del Estado tales o cuales medidas, cuyo fin es remediar los males propios de su situación, pero que todavía no acaban con esa situación, es decir, no suprimen el sometimiento del trabajo al capital. Esta aspiración es realmente común, tanto a los tradeunionistas ingleses, que mantienen una actitud hostil frente al en el sentido de que la teoría socialista determina, con más profundidad y exactitud que ninguna otra, las causas de las calamidades que padece la clase obrera, y precisamente por ello los obreros la asimilan con tanta facilidad, siempre que esta teoría no retroceda ante la espontaneidad, siempre que esta teoría someta a la espontaneidad. Habitualmente, esto se sobreentiende, pero Rab. Dielo lo olvida y lo desfigura. La clase obrera va de modo espontáneo hacia el socialismo, pero la ideología burguesa, la más difundida (y resucitada sin cesar en las formas más diversas), es, sin embargo, la que más se impone espontáneamente a los obreros. 89 ¿Qué hacer? socialismo, como a los obreros católicos, a los obreros "de Zubátov", etc. Hay diferentes clases de política. Vemos, pues, que Rab. Mysl, también en lo que a la lucha política se refiere, más que repudiarla se prosterna ante su espontaneidad, ante su falta de conciencia. Al reconocer plenamente la lucha política derivada en forma espontánea del propio movimiento obrero (o dicho con más exactitud: los anhelos y las reivindicaciones políticas de los obreros), renuncia por completo a elaborar independientemente una política socialdemócrata específica, que corresponda a los objetivos generales del socialismo y a las condiciones actuales de Rusia. Más adelante demostraremos que Rab. Dielo incurre en el mismo error. c) El "Grupo De Autoemancipación"150 y Rabócheie Dielo Hemos examinado tan detalladamente el editorial, poco conocido y casi olvidado en el presente, del primer número de Rab. Mysl, porque expresó antes y con mayor relieve que nadie esta corriente general, que luego había de aparecer a la luz del día por pequeños y numerosos arroyuelos. V. I. tenía plena razón cuando, ponderando el primer número y el editor de Rab. Mysl, dijo que había sido escrito "con energía y con brío" (Listok "Rabótnika", N° 9-10, pág. 49). Toda persona de convicciones firmes que piensa que da algo nuevo escribe "con brío" y escribe de manera que destaca con relieve sus puntos de vista. Sólo quienes están acostumbrados a nadar entre dos aguas carecen de todo "brío"; sólo la gente de esta índole es capaz, después de haber elogiado ayer los bríos de Rab. Mysl, de atacar hoy los "bríos polémicos" de sus adversarios. Sin detenernos en el Suplemento especial de "Rab. Mysl" (más adelante tendremos, por distintos motivos, que referirnos a esta obra, que expresa del modo más consecuente las ideas de los "economistas”), por ahora consignaremos tan sólo brevemente el Llamamiento del Grupo de Autoemancipación de los Obreros (marzo de 1899, reproducido en -akanune151 de Londres, N° 7, julio del mismo año). Los autores de este llamamiento dicen con toda razón que "la Rusia obrera no ha 150 El "Grupo de autoemancipación de la clase obrera": pequeño grupo de "economistas" creado en Petersburgo en el otoño de 1898, cuya existencia se prolongó unos cuantos meses. El grupo lanzó un llamamiento en el que exponía sus objetivos (con fecha de marzo de 1899· y publicado en la revista -akanune ("La Víspera") en julio de 1899) y editó los reglamentos y algunas proclamas para los obreros. 151 "-akanune" ("La Víspera"): revista mensual de tendencia populista; se editó en ruso en Londres desde enero de 1899 hasta febrero de 1902, bajo la dirección de E. Serebriakov. Aparecieron 37 números. La revista agrupó en torno suyo a los representantes de los diferentes partidos y corrientes pequeñoburgueses. hecho más que empezar a despertar, a mirar en torno suyo y se aferra instintivamente a los primeros medios de lucha que encuentra al alcance de su mano", pero deducen de esto la misma conclusión falsa que R. Mysl, olvidando que lo instintivo es justamente lo inconsciente (lo espontáneo), en cuya ayuda deben acudir los socialistas; que los primeros medios de lucha "que encuentran al alcance de su mano" siempre serán, en la sociedad moderna, medios de lucha tradeunionista, y que la primera ideología "que encuentra al alcance de su mano" será la ideología burguesa (tradeunionista). Tampoco "niegan" esos autores la política, sino que, siguiendo al Sr. V. V., solamente (¡solamente!) dicen que la política es una superestructura, y que, por esto, "la agitación política debe ser una superestructura de la agitación en favor de la lucha económica, debe surgir sobre el terreno de esta lucha y seguir tras ella". En cuanto a R. Dielo, comenzó su actividad directamente por la "defensa" de los "economistas". Después de haber afirmado con evidente falsedad, en su primer número (N° 1, págs. 141-142), que "ignoraba a qué camaradas jóvenes se había referido Axelrod" cuando en su conocido folleto152 dirigía una advertencia a los "economistas", R. Dielo tuvo que reconocer, en la polémica con Axelrod y Plejánov, suscitada a propósito de esa falsedad, que "fingiendo no saber de quién se trataba, quiso defender a todos los emigrados socialdemócratas más jóvenes contra esa acusación injusta" (Axelrod acusaba a los "economistas" de estrechez de miras)153. En realidad, esa acusación era completamente justa, y R. Dielo sabía muy bien que aludía, entre otros, a V. I., miembro de su redacción. Señalaré, de paso, que en la polémica mencionada Axelrod tenía completa 152 En torno a la cuestión de las tareas actuales y de la táctica de los socialdemócratas rusos. Ginebra, 1898. Dos cartas a Rabóchaya Gazeta, escritas en 1897. 153 La polémica entre el grupo "Emancipación del Trabajo" y la Redacción de Rabócheie Dielo comenzó en abril de 1899 con motivo de publicar en el número 1 de Rabócheie Dielo una reseña del folleto de Lenin Las tareas de los socialdemócratas rusos (Ginebra, 1898). A la vez que negaba el carácter oportunista de la "Unión de Socialdemócratas Rusos" en el Extranjero" y la creciente influencia de los "economistas" en las organizaciones socialdemócratas de Rusia, la Redacción de Rabócheie Dielo afirmaba en la reseña que "el contenido del folleto coincide por completo con el programa de la Redacción de Rabócheie Dielo", y que la Redacción no sabía "de qué camaradas "jóvenes" habla Axelrod" en el prólogo al folleto. En la Carta a la Redacción de "Rabócheie Dielo", escrita en agosto de 1899, P. Axelrod demostró la inconsistencia de los intentos de Rabócheie Dielo de identificar la posición de la socialdemocracia revolucionaria, expuesta por Lenin en el folleto Las tareas de los socialdemócratas rusos, con la posición de los oportunistas rusos y extranjeros. Más tarde, la polémica con Rabócheie Dielo continuó en las páginas de Iskra y Zariá. V. I. Lenin 90 razón y que R. Dielo estaba enteramente equivocado en la interpretación de mi folleto Las tareas de los socialdemócratas rusos. Este folleto fue escrito en 1897, antes de la aparición de Rab. Mysl, cuando yo consideraba, con toda razón, que la tendencia inicial de la "Unión de lucha" de San Petersburgo, que he definido más arriba, era la predominante. Y, al menos hasta mediados de 1898, esa tendencia era realmente la que preponderaba. Por eso, R. Dielo no tenía ningún derecho a referirse, para refutar la existencia y el peligro del "economismo", a un folleto que exponía concepciones desplazadas en San Petersburgo en 1897-1898 por las concepciones "economistas"154. Pero R. Dielo no sólo "defendía" a los "economistas", sino que él mismo caía continuamente en sus aberraciones principales. Esto se debía al modo ambiguo de interpretar la siguiente tesis de su propio programa: "El movimiento obrero de masas (subrayado por R. D.) que ha surgido en estos últimos años constituye, a nuestro juicio, un fenómeno de la mayor importancia de la vida rusa, llamado principalmente a determinar las tareas (subrayado por mí) y el carácter de la actividad literaria de la Unión". No puede ponerse en duda que el movimiento de masas es un fenómeno de la mayor importancia. Pero la cuestión estriba en el modo de interpretar "la determinación de las tareas" por este movimiento de masas. Puede interpretársela de dos maneras: o bien en el sentido del culto de la espontaneidad de ese movimiento, es decir, reduciendo el papel de la socialdemocracia al de simple servidor del movimiento obrero como tal (así la conciben Rab. Mysl, el "Grupo de auto emancipación" y los demás "economistas") o bien en el sentido de que el movimiento de masas plantea ante nosotros nuevas tareas teóricas, políticas y de organización, mucho más complejas que las tareas con que podíamos contentarnos en el período que precedió a la aparición del movimiento de masas. Rab. Dielo tendía y tiende a concebirla precisamente 154 Defendiéndose, Rabócheie Dielo completó su primera falsedad ("ignoramos a qué camaradas jóvenes se ha referido P. B. Axelrod") con una segunda, al escribir en su Respuesta: "Desde la aparición de la reseña de Las tareas, han surgido o se han definido más o menos claramente entre algunos socialdemócratas rusos tendencias hacia la unilateralidad económica, que significan un paso atrás en comparación con el estado de nuestro movimiento, esbozado en Las tareas" (pág. 9). Esto lo dice la Respuesta, aparecida en el año 1900. Y el primer número de Rabócheie Dielo (con la reseña) apareció en abril de 1899. ¿Es que el "economismo" surgió sólo en 1899? No; en 1899 se oyó por primera vez la voz de protesta de los socialdemócratas rusos contra el "eco no mismo" (la protesta contra el Credo). Pero el "economismo" había surgido en 1897, como lo sabe muy bien Rabócheie Dielo, pues V. I. ya en noviembre de 1898 (Listok "Robátnika", N° 9-10), se deshacía en elogios para Rabóchaya Mysl. en el primer sentido, porque no ha dicho nada concreto acerca de las nuevas tareas, antes bien, ha razonado todo el tiempo como si el "movimiento de masas" nos eximiera de la necesidad de concebir con claridad y resolver las tareas que éste plantea. Baste recordar el hecho de que R. Dielo consideraba imposible plantear ante el movimiento obrero de masas como primera tarea el derrocamiento de la autocracia, rebajando esta tarea (en nombre del movimiento de masas) al nivel de la lucha por reivindicaciones políticas inmediatas (Respuesta, pág. 25). Dejando a un lado el artículo La lucha económica y política en el movimiento ruso, publicado por B. Krichevski, director de Rab. Dielo, en el número 7, en el que repite esos mismos errores155, pasaremos directamente al número 10 de R. Dielo. Desde luego, no nos detendremos a analizar objeciones aisladas de B. Krichevski y Martínov contra Zariá e Iskra. Lo único que nos interesa aquí es la posición de principios que Rabócheie Dielo ha adoptado en su número 10. No nos detendremos, por ejemplo, a examinar el caso curioso de que R. Dielo vea una "contradicción flagrante" entre la tesis: 155 La "teoría de las fases" o la teoría de los "tímidos zigzags" en la lucha política se expone, por ejemplo, en ese artículo del modo siguiente: "Las reivindicaciones políticas, que por su carácter son comunes a toda Rusia, deben, sin embargo, durante los primeros tiempos" (¡esto fue escrito en agosto de 1900!) "corresponder a la experiencia adquirida por una determinada capa (¡sic!) de obreros en la lucha económica. Sólo (!) a base de esa experiencia se puede y debe iniciar la agitación política", etc. (pág. 11). En la pág. 4, el autor, indignado por las acusaciones, a su juicio completamente infundadas, de herejía economista, exclama en tono patético: "Pero ¿qué socialdemócrata ignora que, según la doctrina de Marx y Engels, los intereses económicos de las distintas clases desempeñan un papel decisivo en la historia y que, por tanto (subrayado por mí), en particular la lucha del proletariado por sus intereses económicos debe tener una importancia primordial para su desarrollo como clase y para su lucha de liberación?" Este "por tanto" está completamente fuera de lugar. Del hecho de que los intereses económicos desempeñan un papel decisivo no se desprende en modo alguno la conclusión de que la lucha económica (=sindical) tenga una importancia primordial, pues los intereses más esenciales, "decisivos" de las clases pueden ser satisfechos únicamente por transformaciones políticas radicales en general; en particular, el interés económico fundamental del proletariado puede ser satisfecho únicamente por medio de una revolución política que sustituya la dictadura de la burguesía por la dictadura del proletariado. B. Krichevski repite el razonamiento de los "V. V. de la socialdemocracia rusa" (la política sigue a la economía, etc.) y de los bernsteinianos de la alemana (por ejemplo, Woltmann alegaba precisamente los mismos argumentos para probar que los obreros, antes de pensar en una revolución política, debían adquirir una "fuerza económica"). 91 ¿Qué hacer? "La socialdemocracia no se ata las manos, no restringe sus actividades por un plan o un procedimiento cualesquiera de lucha política fijados de antemano: admite todos los medios de lucha, con tal de que correspondan a las fuerzas efectivas del partido", etc. (Nº 1 de Iskra)156 y la tesis: "Si no existe una organización fuerte, iniciada en la lucha política en cualquier circunstancia y cualquier período, no se puede ni hablar de un plan de actividad sistemático, basado en principios firmes y aplicado rigurosamente, único plan que merece el nombre de táctica" (N° 4 de Iskra)157 Confundir la admisión en principio de todos los medios de lucha, de todos los planes y procedimientos, con tal de que sean convenientes, con la exigencia de guiarse en un momento político determinado por un plan inflexiblemente aplicado, cuando se quiera hablar de táctica, equivale a confundir el hecho de que la medicina reconozca todos los sistemas terapéuticos con la exigencia de que en el tratamiento de una enfermedad determinada se siga siempre un sistema determinado. Pero de lo que se trata, precisamente, es de que Rab. Dielo, que padece una enfermedad que hemos llamado culto de la espontaneidad, no quiere reconocer ningún "sistema terapéutico" para curar esta enfermedad. Por eso, ha hecho el notable descubrimiento de que la "táctica-plan está en contradicción con el espíritu fundamental del marxismo" (N° 10, pág. 18), que la táctica es "un proceso de crecimiento de las tareas del partido, que crecen junto con éste" (pág. 11; subrayado por R. D.) Esta última sentencia tiene todas las probabilidades de hacerse célebre, de convertirse en el monumento imperecedero de la "tendencia" de Rab. Dielo. A la pregunta "¿A dónde ir?", este órgano dirigente responde: El movimiento es un proceso de cambio de distancia entre el punto de partida y los puntos siguientes del movimiento. Este pensamiento de incomparable profundidad no sólo es curioso (si sólo fuera curioso, no valdría la pena de detenerse particularmente a analizarlo), sino que representa, además, el programa de toda una tendencia, a saber: el mismo programa que Rabóchaya Mysl expresó (en su Suplemento especial) en los términos siguientes: es deseable la lucha que es posible y es posible la lucha que se libra en un momento dado. Esta es precisamente la tendencia del oportunismo ilimitado, que se adapta en forma pasiva a la espontaneidad. "¡La táctica-plan está en contradicción con el 156 Véase V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, pág. 376 (N. de la Edit.) 157 Véase V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 6-7. (N. de la Edit.). espíritu fundamental del marxismo!" Pero ¡si esto es una calumnia contra el marxismo, esto equivale a convertirlo en la caricatura que los populistas nos oponían en su guerra, contra nosotros! Esto es justamente rebajar la iniciativa y la energía de los militantes conscientes, mientras que el marxismo, por el contrario, imprime un impulso gigantesco a la iniciativa y a la energía de los socialdemócratas, abriendo ante ellos las perspectivas más vastas, poniendo (si podemos expresarnos de este modo) a su disposición las potentes fuerzas de millones y millones de hombres de la clase obrera, que se alza a la lucha "espontáneamente". Toda la historia de la socialdemocracia internacional abunda en planes, que propugna ya uno ya otro jefe político, demostrando la perspicacia y la justeza de las concepciones políticas y de organización de los unos o revelando la miopía y los errores políticos de los otros. Cuando Alemania atravesó uno de los mayores virajes históricos formación del Imperio, apertura del Reichstag, concesión del sufragio universal-, Liebknecht tenía un plan de la política y de la acción en general a desarrollar por la socialdemocracia, y Schweitzer tenía otro. Cuando sobre los socialistas alemanes se abatió la Ley de excepción, Most y Hasselmann, dispuestos a exhortar pura y simplemente a la violencia y al terror, tenían un plan, otro tenían Hochberg, Schramm y (en parte) Bernstein, quienes se pusieron a predicar a los socialdemócratas, diciéndoles que, con su insensata violencia y su revolucionarismo, habían provocado esa ley y que debían ahora obtener el perdón con una conducta ejemplar; un tercer plan tenían los que venían preparando, y llevaron a cabo, la publicación de un órgano ilegal158. Cuando se lanza una mirada retrospectiva, muchos años después de terminada la lucha por la elección de un camino y después de 158 Se refiere al periódico "Der Sozialdemokrat", Órgano Central del partido Socialdemócrata de Alemania durante el periodo de vigencia de la Ley de excepción contra los socialistas. Se editó en Zurich del 28 de septiembre de 1879 al 22 de septiembre de 1888, y en Londres desde el 1 de octubre de 1888 hasta el 27 de septiembre de 1890. En 1870 y 1880, el periódico fue dirigido por G. Vollmar; desde enero de 1881, por E. Bernstein, que en aquel entonces estaba muy influido por F. Engels. La dirección ideológica de Engels garantizaba la orientación marxista de Der Sozialdemokrat. El ánimo combativo de las masas obreras de Alemania, que habían superado la confusión provocada en los primeros momentos por la Ley de excepción, tuvo gran importancia para la actividad del periódico. Der Sozialdemokrat, a pesar de incurrir en algunos errores, defendió firmemente la táctica revolucionaria y desempeñó un gran papel en la agrupación y organización de las fuerzas de la socialdemocracia alemana. Después de la derogación de la Ley de excepción contra los socialistas, fue suspendido el periódico. Vorwärts ("Adelante") pasó a ser otra vez el Órgano Central del partido. V. I. Lenin 92 haber pronunciado la historia su veredicto sobre la conveniencia del camino elegido, no es difícil, claro está, manifestar profundidad de pensamiento lanzando la sentencia de que las tareas del partido crecen juntamente con éste. Pero, en un momento de confusión159, cuando los "críticos" y los "economistas" rusos rebajan la socialdemocracia al nivel del tradeunionismo y los terroristas predican con ardor la adopción de una "táctica-plan" que repite los viejos errores, limitarse en un momento así a unos pensamientos profundos de esta índole significa firmarse uno mismo un "certificado de pobreza". En un momento en que muchos socialdemócratas rusos padecen precisamente de falta de iniciativa y de energía, de falta de "amplitud en la propaganda, la agitación y la organización políticas"160, de falta de "planes" para organizar en forma más vasta la labor revolucionaria; en un momento así, decir que "la táctica-plan está en contradicción con el espíritu fundamental del marxismo" no sólo equivale a envilecer el marxismo en el sentido teórico, sino, en la práctica, a arrastrar al partido hacia atrás. "Un socialdemócrata revolucionario se propone como tarea -nos alecciona más adelante R. Dieloúnicamente acelerar con su trabajo consciente el desarrollo objetivo y no suprimirlo o sustituirlo por planes subjetivos. Teóricamente, Iskra sabe todo esto. Pero la enorme importancia que el marxismo atribuye con toda razón a la labor revolucionaria consciente le lleva, en la práctica, como resultado de su concepto doctrinario de táctica, a aminorar la importancia del elemento objetivo o espontáneo del desarrollo" (pág. 18). Otra vez la mayor confusión teórica, digna del señor V. V. y cofradía. Pero desearíamos preguntar a nuestro filósofo: ¿en qué puede traducirse la "aminoración" del desarrollo objetivo por parte del autor de planes subjetivos? Por lo visto, en perder de vista que este desarrollo objetivo crea o afianza, hunde o debilita a estas o las otras clases, capas, grupos, a tales o cuales naciones, grupos de naciones, etc., condicionando así una u otra agrupación política internacional de fuerzas, una u otra posición de los partidos revolucionarios, etc. Pero la falta de tal autor no consistirá entonces en aminorar el elemento espontáneo, sino en aminorar, por el contrario, el elemento consciente, pues lo que no tendrá será la 159 Ein Jahr der Verwirrung ("Un año de confusión") es el título puesto por Mehring en su Historia de la socialdemocracia alemana al apartado en que describe los titubeos y la indecisión que los socialistas manifestaron en un principio, al elegir la "táctica-plan" que correspondía a las nuevas condiciones. 160 Del editorial del número 1 de Iskra. (Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, pág. 374. - N. de la Edit.) "conciencia" para una comprensión cabal del desarrollo objetivo. Por eso, ya el solo hecho de hablar de "apreciación de la importancia relativa" (subrayado por Rabócheie Dielo) de lo espontáneo y de lo consciente revela una falta absoluta de "conciencia". Si ciertos "elementos espontáneos de desarrollo" son en general accesibles a la conciencia humana, la apreciación errónea de los mismos equivaldrá a "aminorar el elemento consciente". Y si son inaccesibles a la conciencia, no los conocernos y no podernos hablar de ellos. ¿De qué habla, pues, B. Krichevski? Si considera erróneos los "planes subjetivos" de Iskra (y él los declara erróneos), debería probar qué hechos objetivos no son tenidos en cuenta por esos planes y acusar a Iskra, por esta razón, de falta de conciencia, de "aminorar el elemento consciente", usando su lenguaje. Pero si él, descontento con los planes subjetivos, no tiene más argumento que el de invocar la "aminoración del elemento espontáneo" (!!), lo único que demuestra con esto es que: 1) en teoría, comprende el marxismo a lo Karéiev y a lo Mijailovski, suficientemente puestos en ridículo por Béltov; 2) en la práctica, se da por satisfecho en absoluto con los "elementos espontáneos de desarrollo" que arrastraron a nuestros marxistas legales hacia el bernsteinianismo, y a nuestros socialdemócratas, hacia el "economismo", y muestra una "gran indignación" contra quienes se han decidido a desviar a toda costa la socialdemocracia rusa del camino del desarrollo "espontáneo". Y más adelante siguen ya cosas completamente divertidas. "Así como los hombres, a pesar de todos los éxitos de las ciencias naturales, seguirán multiplicándose según los métodos antediluvianos, del mismo modo la aparición de un nuevo orden de cosas social, pese a todos los éxitos de las ciencias sociales y al aumento del número de los combatientes conscientes, será también en lo sucesivo, preeminentemente, resultado de explosiones espontáneas" (pág. 19). Así como la vieja sabiduría dice: para tener hijos, ¿a quién le faltará la inteligencia?, la sabiduría de los "socialistas modernos" (a lo Narciso Tuporílov161) dice: para participar en la aparición espontánea de un sistema social nuevo le alcanzará la inteligencia a cualquiera. Nosotros también creemos que le alcanzará la inteligencia a cualquiera. Para participar de este modo, basta con dejarse arrastrar por el "economismo", cuando reina el "economismo", y por el terrorismo, cuando el terrorismo ha surgido. Así, en la primavera de este año, cuando tanta importancia tenía el prevenir contra el apasionamiento por el terrorismo, Rabócheie Dielo 161 Se trata de la poesía satírica Himno del moderno socialista ruso, publicada en el número 1 de Zariá (abril de 1901), firmado por Narciso Tuporiloo, donde Y. Mártov, su autor, ridiculizó a los "economistas" por su adaptación al movimiento espontáneo. ¿Qué hacer? estaba perplejo ante este problema "nuevo" para él. Y seis meses más tarde, cuando la cuestión ha perdido actualidad, nos ofrece a un mismo tiempo la declaración siguiente: "Entendemos que la tarea de la socialdemocracia no puede ni debe consistir en contrarrestar el auge del espíritu terrorista" (Rabócheie Dielo, N° 10 pág. 23) y la resolución del Congreso: "El Congreso considera inoportuno el terror agresivo sistemático" (Dos Congresos, pág. 18) ¡qué claridad y congruencia más notable! No lo contrarrestamos, pero lo declaramos inoportuno; y lo declaramos de tal manera, que el terror no sistemático y defensivo no va incluido en la "resolución". ¡Hay que reconocer que semejante resolución está a cubierto de todo peligro y queda garantizada por completo contra los errores, como lo está un hombre que habla para no decir nada! Y para redactar semejante resolución, no hacía falta más que una cosa: saber seguir tras el movimiento manteniéndose en la cola. Cuando Iskra puso en ridículo a Rabócheie Dielo por haber declarado que la cuestión del terror era cuestión nueva162, Rabócheie Dielo, enfadado, acusó a Iskra de "una pretensión verdaderamente increíble de imponer a la organización del partido la solución que a los problemas de táctica había dado hacía más de 15 años un grupo de escritores emigrados" (pág. 24). En efecto ¡qué pretensión y qué exageración del elemento consciente: resolver de antemano los problemas en teoría, para luego convencer de la justeza de esa solución tanto a la organización como al partido y a las masas!163 ¡Otra cosa es repetir lugares comunes y, sin "imponer" nada a nadie, someterse a cada "viraje", ya sea hacia el "economismo", ya sea hacia el terrorismo! Rabócheie Dielo llega incluso a generalizar este gran precepto de la experiencia de la vida, acusando a Iskra y Zariá de "oponer su programa al movimiento, como un espíritu que se cierne sobre un caos amorfo" (pág. 29). Pero ¿en qué consiste el papel de la socialdemocracia sino en ser el "espíritu" que no sólo se cierne sobre el movimiento espontáneo, sino que eleva a este último al nivel de "su programa"? Pues no ha de consistir en seguir arrastrándose a la cola del movimiento, cosa que, en el mejor de los casos, sería inútil para el movimiento y, en el peor de los casos, extremadamente nociva. Pero Rabócheie Dielo no sólo sigue esta "táctica-proceso", sino que la erige en un principio, de modo que sería más justo llamar a esta tendencia sequidismo, en vez de llamarla oportunismo. Hay que reconocer por fuerza que quienes están firmr-rnents decididos a seguir el 162 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 7-8. (N. de la Edit.) 163 No se debe olvidar tampoco que, al resolver "en teoría" la cuestión del terror, el grupo "Emancipación del Trabajo" resumió la experiencia del movimiento revolucionario anterior. 93 movimiento marchando a la cola están asegurados, en absoluto y para siempre, contra la "aminoración del elemento espontáneo de desarrollo". *** Así, pues, hemos podido persuadirnos de que el error fundamental de la "nueva tendencia" en el seno de la socialdemocracia rusa consiste en rendir culto a la espontaneidad, en no comprender que la espontaneidad de las masas exige de nosotros, socialdemócratas, una elevada conciencia. Cuanto más poderoso es el auge espontáneo de las masas, cuanto más amplio se hace el movimiento, tanto mayor, incomparablemente mayor, es la rapidez con que aumenta la necesidad de una elevada conciencia, tanto en el trabajo teórico de la socialdemocracia, como en el político y en el de organización. El movimiento ascensional espontáneo de las masas, en Rusia, ha sido (y sigue siendo) tan rápido, que la juventud socialdemócrata ha resultado poco preparada para cumplir esas gigantescas tareas. Esta falta de preparación es nuestra desgracia común, la desgracia de todos los socialdemócratas rusos. El auge de las masas se ha producido y se ha extendido en forma ininterrumpida y continua, y no sólo no ha cesado donde había comenzado, sino que se ha propagado a nuevas localidades y a nuevos sectores de la población (bajo la influencia del movimiento obrero, se ha reanimado la efervescencia entre la juventud estudiantil, entre los intelectuales en general, hasta entre los campesinos). Pero los revolucionarios se han rezagado de este movimiento ascensional, tanto en sus "teorías" como en su actividad, no han logrado crear una organización permanente que funcione sin solución de continuidad, capaz de dirigir todo el movimiento. En el primer capítulo hemos hecho constar que Rabócheie Dielo rebaja nuestras tareas teóricas y repite "espontáneamente" el grito de moda: "libertad de crítica"; los que lo repiten no han tenido la "conciencia" suficiente para comprender que son diametralmente opuestas las posiciones de los "críticos" oportunistas y las de los revolucionarios en Alemania y en Rusia. En los capítulos siguientes examinaremos cómo se ha manifestado el culto de la espontaneidad en el terreno de las tareas políticas, así como en la labor de organización de la socialdemocracia. III. Política tradeunionista y política socialdemócrata Comenzaremos una vez más con un elogio a Rabócheie Dielo. Literatura de denuncias y lucha proletaria es el título con que Martínov encabeza, en el número 10 de Rabócheie Dielo, un artículo sobre las discrepancias con Iskra. "No podemos circunscribirnos a denunciar el estado de cosas que entorpece su desarrollo (el del partido obrero). Debemos también hacernos eco de los intereses V. I. Lenin 94 inmediatos y cotidianos del proletariado" (pág. 63). Así formulaba Martínov el fondo de esas divergencias. "...Iskra... es de hecho el órgano de la oposición revolucionaria, que denuncia el estado de cosas reinante en nuestro país y, con preferencia, el estado de cosas político... En cambio, nosotros trabajamos y seguiremos trabajando por la causa obrera, en estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria" (ibíd.) Fuerza es agradecer a Martínov esta formulación. Adquiere un destacado interés general, porque, en el fondo, no sólo abarca nuestras discrepancias con Rabócheie Dielo, sino también, en general, todas las discrepancias entre nosotros y los "economistas" en lo que a la lucha política se refiere. Hemos demostrado ya que los "economistas" no niegan en absoluto la "política", sino que tan sólo se desvían constantemente de la concepción socialdemócrata hacia la concepción tradeunionista de la política. Exactamente igual se desvía Martínov, y por eso consentimos en tomarlo como espécimen de las aberraciones economistas en esta cuestión. Trataremos de demostrar que nadie podrá echarnos en cara esta elección: ni los autores del Suplemento especial de "Rabóchaya Mysl”, ni los autores de la proclama del "Grupo de autoemancipación", ni los autores de la carta "economista" publicada en el número 12 de Iskra. a) La agitación política y su restricción por los economistas De todos es sabido que la lucha económica164 de los obreros rusos se extendió en vasta escala y se afianzó paralelamente a la aparición de la "literatura" de las denuncias económicas (concernientes a las fábricas y a los oficios). El contenido principal de las "octavillas" consistía en denunciar el orden de cosas existente en las fábricas, y entre los obreros pronto se produjo un verdadero apasionamiento por estas denuncias. En cuanto los obreros vieron que los círculos de los socialdemócratas querían y podían proporcionarles hojas de nuevo tipo que les decían toda la verdad sobre su vida miserable, sobre su trabajo increíblemente penoso y sobre su situación de parias, comenzaron a llover, por decirlo así, cartas de las fábricas y de los talleres. Esta "literatura de denuncias" produjo una enorme sensación, no sólo en las fábricas cuyo estado de cosas fustigaba, sino en todas las fábricas adonde llegaban noticias de los hechos denunciados. Y puesto que las necesidades y los padecimientos de los obreros de distintas empresas y de diferentes oficios tienen mucho de 164 Con el fin de evitar interpretaciones erróneas, hacemos notar que en la exposición que sigue entendemos por lucha económica (según el uso establecido entre nosotros) la "lucha económica práctica", que Engels llamó, en la cita arriba insertada, "resistencia a los capitalistas" y que en los países libres se llama lucha gremial, sindical o tradeunionista. común, la "verdad sobre la vida obrera" entusiasmaba a todos. Entre los obreros más atrasados se desarrolló una verdadera pasión "por aparecer en letras de molde", pasión noble por esta forma embrionaria de guerra contra todo el orden social moderno, basado en el pillaje y en la opresión. Y las "octavillas", en la inmensa mayoría de los casos, eran de hecho una declaración de guerra, porque la denuncia ejercía una acción terriblemente excitante, movía a todos los obreros a reclamar que se pusiera fin a los escándalos más flagrantes y los disponía a sostener sus reivindicaciones por medio de huelgas. Los mismos fabricantes tuvieron, en fin de cuentas, que reconocer hasta tal punto la importancia de las octavillas como declaración de guerra, que muy a menudo ni siquiera querían aguardar a la guerra. Las denuncias, como ocurre siempre, producían gran efecto por el mero hecho de su aparición, adquiriendo el valor de una poderosa presión moral. Más de una vez bastó con que apareciera una octavilla para que las reivindicaciones quedaran satisfechas entera o parcialmente. En una palabra, las denuncias económicas (de las fábricas) han sido y siguen siendo un resorte importante de la lucha económica. Y seguirán conservando esta importancia mientras subsista el capitalismo, que engendra necesariamente la autodefensa de los obreros. En los países europeos más adelantados se puede observar, incluso hoy, cómo denuncias de escándalos que ocurren en alguna "industria artesana" en un punto remoto o en alguna rama de trabajo a domicilio, olvidada de todos, se convierten en punto de partida para despertar la conciencia de clase, para iniciar la lucha sindical y la difusión del socialismo165. La inmensa mayoría de los socialdemócratas rusos ha estado, durante los últimos tiempos, casi enteramente absorbida por ese trabajo de organización de las denuncias en las fábricas. Baste 165 En el presente capítulo hablamos únicamente de la lucha política, de su concepto más amplio o más restringido. Por eso, señalaremos sólo de paso, como un simple hecho curioso, la acusación lanzada por Rabócheie Dielo contra Iskra de "abstención excesiva" en punto a la lucha económica. (Dos Congresos, pág. 27; rumiada por Martínov en su folleto La socialdemocracia y la clase obrera.) Si los señores acusadores midieran en puds o en pliegos de imprenta (como gustan de hacerlo) la sección de Iskra dedicada a la lucha económica durante el año y la compararan con la misma sección de R. Dielo y R. Mysl juntos, verían en seguida que, incluso en este sentido, están atrasados. Es evidente que la conciencia de esta sencilla verdad les fuerza a recurrir a argumentos que demuestran a las claras su confusión. Iskra -escriben-, "quiéralo o no (!), tiene (!) que tomar en consideración las exigencias imperiosas de la vida y publicar, cuando menos (!!), cartas sobre el movimiento obrero" (Dos Congresos, pág. 27). ¡Este sí que es un argumento que nos deja verdaderamente aniquilados! 95 ¿Qué hacer? recordar el caso de Rab. Mysl para ver hasta qué punto había negado esa absorción, cómo se había llegado a olvidar que esa actividad por sí sola no era aún, en el fondo, socialdemócrata, sino solamente tradeunionista. En realidad, las denuncias no se referían más que a las relaciones de los obreros de un oficio determinado con sus patronos respectivos, y el único objetivo que lograban era que los vendedores de la fuerza de trabajo aprendieran a vender esa "mercancía" con mayores ventajas a luchar contra los compradores en el terreno de transacciones puramente comerciales. Estas denuncias podrían convertirse (a condición de que la organización de los revolucionarios las utilizase en cierto grado) en punto de partida y elemento integrante de la actividad socialdemócrata, pero asimismo podían conducir (y, con el culto de la espontaneidad, tenían que conducir por fuerza) a la lucha "exclusivamente sindical" y a un movimiento obrero no socialdemócrata. La socialdemocracia dirige la lucha de la clase obrera no sólo para obtener condiciones ventajosas de venta de la fuerza de trabajo, sino para que sea destruido el régimen social que obliga a los desposeídos a venderse a los ricos. La socialdemocracia representa a la clase obrera no sólo en su relación con un grupo determinado de patronos, sino en sus relaciones con todas las clases de la sociedad contemporánea, con el Estado como fuerza política organizada. Se comprende, por tanto, que los socialdemócratas no sólo no pueden circunscribirse a la lucha económica, sino que ni siquiera pueden admitir que la organización de las denuncias económicas constituya su actividad predominante. Debemos emprender activamente la labor de educación política de la clase obrera, de desarrollo de su conciencia política. Hoy día, después de la primera acometida de Zariá e Iskra contra el "economismo", "todo el mundo está de acuerdo" con eso (si bien hay algunos que lo están sólo de palabra, como veremos en seguida). Cabe preguntar en qué debe consistir la educación política. ¿Es posible limitarse a la propaganda de la idea de que la clase obrera es hostil a la autocracia? Naturalmente que no. No basta explicar la opresión política de que son objeto los obreros (de la misma manera que no bastaba explicarles el antagonismo entre sus intereses y los de los patronos). Es necesario hacer agitación con motivo de cada manifestación concreta de esa opresión (como comenzamos a hacerla con motivo de las manifestaciones concretas de opresión económica). Y puesto que las más diversas clases de la sociedad son víctimas de esta opresión, puesto que se manifiesta en los más diferentes aspectos de la vida y de la actividad sindical, cívica, personal, familiar, religiosa, científica, etc., ¿no es evidente que no cumpliríamos nuestra misión de desarrollar la conciencia política de los obreros si no nos comprometiéramos a organizar una campaña de denuncias políticas de la autocracia en todos los aspectos? Porque, para hacer agitación con motivo de las manifestaciones, concretas de la opresión, es preciso denunciar esas manifestaciones (lo mismo que para hacer la agitación económica, era necesario denunciar los abusos cometidos en las fábricas). Se diría que la cosa está clara. Pero aquí, precisamente, es donde resulta que sólo de palabra está "todo el mundo" de acuerdo en cuanto a la necesidad de desarrollar la conciencia política en todos sus aspectos. Aquí, precisamente, es donde resulta que Rabócheie Dielo, por ejemplo, no sólo no ha emprendido la labor de organizar denuncias políticas en todos los aspectos (o comenzar su organización), sino que se ha puesto a arrastrar hacia atrás también a Iskra, que había iniciado esa tarea. Oíd: "La lucha política de la clase obrera es sólo" (precisamente, no es sólo) "la forma más desarrollada, más amplia y efectiva de la lucha económica" (programa de Rabócheie Dielo: véase su número 1, pág. 3). "En el presente, ante los socialdemócratas se plantea la tarea de imprimir a la lucha económica misma, en lo posible, un carácter político" (Martínov en el número 10, pág. 42). "La lucha económica es el medio más ampliamente aplicable para incorporar a las masas a la lucha política activa" (Resolución del Congreso de la Unión y "enmiendas"; véase Dos Congresos, págs. 11 y 17). Como ve el lector, todas estas tesis impregnan a Rabócheie Dielo desde su aparición hasta las últimas "instrucciones a la redacción", y todas ellas expresan, evidentemente, un mismo concepto de la agitación y de la lucha políticas. Analizad, pues, este concepto desde el punto de vista del criterio, que domina entre todos los "economistas", de que la agitación política debe seguir a la económica. ¿Será cierto que la lucha económica es, en general166, "el medio más ampliamente aplicable" para incorporar a las masas a la lucha política? Eso es falso de arriba abajo. Medios no menos "ampliamente aplicables" para tal "incorporación" son todas las manifestaciones de la opresión policíaca y de los desmanes de la autocracia, y de ningún modo tan sólo las 166 Decimos "en general", porque en Rab. Dielo se trata precisamente de los principios generales y de las tareas generales del partido entero. No cabe duda de que en la práctica se dan casos en que la política debe efectivamente seguir a la economía, pero sólo los "economistas" pueden decir esto en una resolución destinada a toda Rusia. Pues hay también casos en que "desde el comienzo mismo" se puede llevar a cabo la agitación política "únicamente en el terreno económico", y, no obstante, Rab. Dielo ha llegado, por fin, a la conclusión de que "no hay ninguna necesidad" de ello (Dos Congresos, pág. 11). En el capítulo siguiente señalaremos que la táctica de los "políticos" y de los revolucionarios, lejos de desconocer las tareas tradeunionistas de la socialdemocracia, es, por el contrario, la única que asegura su realización consecuente. V. I. Lenin 96 manifestaciones ligadas a la lucha económica. ¿Por qué los zemskie nachálniki167 y los castigos corporales de que son objeto los campesinos, las concusiones de los funcionarios y el trato que la policía da a la "plebe" de las ciudades, la lucha contra los hambrientos y la persecución de los deseos de ilustración y de saber que siente el pueblo, la exacción de tributos y la persecución de las sectas religiosas, la dura disciplina del palo impuesta a los soldados y el trato cuartelero que reciben los estudiantes y los intelectuales liberales; ¿por qué todas estas manifestaciones de opresión, así como miles de manifestaciones análogas, que no guardan una relación directa con la lucha "económica", han de representar en general medios y motivos menos "ampliamente aplicables" para la agitación política, para incorporar a las masas a la lucha política? Justamente al revés: en la suma total de los casos cotidianos en que el obrero sufre (él mismo y las personas allegadas a él) falta de derechos, arbitrariedad y violencia, es indudable que sólo constituyen una pequeña minoría los casos de opresión policíaca en el terreno de la lucha sindical. ¿Para qué, pues, restringir de antemano la amplitud de la agitación política, declarando el "más ampliamente aplicable" sólo uno de los medios, al lado del cual, para un socialdemócrata, deben hallarse otros que, hablando en general, no son menos "ampliamente aplicables"? En tiempos muy, muy remotos (¡hace un año!...), Rabócheie Dielo decía: "Las reivindicaciones políticas inmediatas se hacen asequibles a las masas después de una huelga o, a lo sumo, de varias huelgas", "en cuanto el gobierno emplea la policía y la gendarmería" (N° 7, pág. 15, agosto de 1900). Ahora, esta teoría oportunista de las fases ha sido ya rechazada por la Unión, que nos hace una concesión, declarando: "no hay ninguna necesidad de desarrollar desde el comienzo mismo la agitación política exclusivamente sobre el terreno económico" (Dos Congresos, pág. 11). ¡El futuro historiador de la socialdemocracia rusa, por este solo hecho de que la "Unión" repudie una parte de sus viejos errores, verá, mejor que por los más largos razonamientos, hasta qué punto han envilecido el socialismo nuestros "economistas"! Pero ¡qué ingenuidad la de la Unión al figurarse que, a cambio de esta renuncia a una forma de restricción de la política, podía llevársenos a consentir la otra forma de restricción! ¿No hubiera 167 Zemskie nachálniki. En 1899, con el propósito de incrementar el poder de los terratenientes sobre los campesinos, el gobierno zarista instituyó el cargo administrativo de zemski nachálnik. Los zemskie nachálniki eran designados entre los terratenientes nobles de cada lugar y tenían enormes atribuciones administrativas y judiciales sobre los campesinos incluido el derecho a encarcelarlos y someterlos a castigos corporales. sido acaso más lógico decir, también aquí, que se debe desarrollar lo más ampliamente posible la lucha económica, que es preciso utilizarla siempre para la agitación política, pero que "no hay ninguna necesidad" de considerar la lucha económica como el medio más ampliamente aplicable para incorporar a las masas a una lucha política activa? La Unión atribuye importancia al hecho de haber reemplazado por las palabras "el medio más ampliamente aplicable" la expresión "el mejor medio", que figura en la resolución correspondiente del IV Congreso de la Unión Obrera Hebrea (Bund)168. Por cierto que nos veríamos en un aprieto si tuviésemos que decir cuál de estas dos resoluciones es mejor: a nuestro juicio, las dos son peores. Tanto la Unión como el Bund se desvían en este caso (en parte, quizás hasta inconscientemente, 168 La "Unión General Obrera Hebrea de Lituania, Polonia y Rusia" (Bund) fue organizada en 1897 en el Congreso constituyente de los grupos socialdemócratas hebreos, celebrado en Vilno; agrupaba preferentemente a los elementos semiproletarios de los artesanos hebreos de las regiones occidentales de Rusia. En el I Congreso del POSDR (1898), el Bund ingresó en el partido "como una organización autónoma, independiente únicamente en las cuestiones especiales referentes al proletariado hebreo" (El PCUS en las resoluciones y acuerdos de los Congresos y Conferencias y de los Plenos del CC, 7a ed. en ruso, parte 1, pág. 14). El Bund fue el portador del nacionalismo y el separatismo en el movimiento obrero de Rusia y mantuvo posiciones oportunistas en importantísimas cuestiones del movimiento socialdemócrata. En el II Congreso del POSDR los bundistas exigieron que se reconociese al Bund como único representante del proletariado hebreo. Después de que el Congreso rechazó estas pretensiones, el Bund abandonó el partido. En 1906, de acuerdo con la decisión del IV Congreso (de Unificación), el Bund volvió a ingresar en el POSDR. En el seno del POSDR los bundistas apoyaron constantemente al ala oportunista del partido ("economistas", mencheviques, liquidadores) y lucharon contra los bolcheviques y el bolchevismo. A la reivindicación programática de los bolcheviques sobre el derecho de las naciones a la autodeterminación, el Bund oponía la reivindicación de la autonomía cultural-nacional. En los años de la reacción stolypiniana, el Bund mantuvo una posición liquidacionista y participó activamente en la creación del Bloque de Agosto antipartido. Durante la primera guerra mundial (1914-1918), los bundistas mantuvieron posiciones socialchovinistas. En 1917, el Bund apoyó al gobierno provisional contrarrevolucionario y luchó al lado de los enemigos de la Gran Revolución Socialista de Octubre. Durante la intervención armada extranjera y la guerra civil, los dirigentes bundistas se adhirieron a las fuerzas de la contrarrevolución. Al mismo tiempo, entre los miembros de filas del Bund se inició un viraje hacia la colaboración con el Poder soviético. En marzo de 1921, el Bund se autodisolvió, y parte de sus miembros ingresó, de acuerdo con las condiciones generales, en el PC(b) de Rusia. 97 ¿Qué hacer? bajo la influencia de la tradición) hacia una interpretación economista, tradeunionista, de la política. En el fondo, la cosa no cambia en nada con que esta interpretación se haga empleando la denominación "el mejor" o con que se emplee la expresión: "el más ampliamente aplicable". Si la Unión dijera que la "agitación política sobre el terreno económico" es el medio más ampliamente aplicado (y no "aplicable"), tendría razón con respecto a cierto período del desarrollo de nuestro movimiento socialdemócrata. A saber: tendría razón precisamente con respecto a los "economistas", con respecto a muchos militantes prácticos (si no a la mayoría de ellos) de 1898 a 1901, puesto que esos militantes prácticos-"economistas", en efecto, aplicaron la agitación política (¡en el grado en que, en general, la practicaban!) casi exclusivamente al terreno económico. ¡Semejante agitación política era aceptada y hasta recomendada, como hemos visto, tanto por Rab. Mysl como por el "Grupo de autoemancipación"! Rab. Dielo debiera haber condenado resueltamente el hecho de que la obra útil de agitación económica fuera acompañada de una restricción nociva de la lucha política: pero, en vez de hacerlo, declara que ¡el medio más aplicado (por los "economistas") es el medio más aplicable! No es de extrañar que estas gentes, cuando las tildamos de "economistas", no encuentren otra salida que insultarnos a más no poder, llamándonos "mixtificadores", "desorganizadores", "nuncios del papa", "calumniadores"169, llorar ante todo el mundo diciendo que les hemos inferido una afrenta sangrante; declarar casi bajo juramento que "ni una sola organización socialdemócrata peca hoy día de "economismo"170. ¡Ah, esos calumniadores, esos hombres malos, esos políticos! ¿No habrán inventado a propósito todo el "economismo" para inferir a la gente, por simple odio a la humanidad, afrentas sangrantes? ¿Qué sentido concreto, real, tiene, en labios de Martínov, el hecho de plantear ante la socialdemocracia la tarea de "imprimir a la lucha económica misma un carácter político"? La lucha económica es la lucha colectiva de los obreros contra los patronos por conseguir condiciones ventajosas de venta de la fuerza de trabajo por mejorar las condiciones de trabajo y de vida de los obreros. Esta lucha es, necesariamente, una lucha profesional, porque las condiciones de trabajo son en extremo variadas en los distintos oficios y, por lo tanto, la lucha por la mejora de estas condiciones tiene que hacerse forzosamente por oficios (por los sindicatos en Occidente, por asociaciones profesionales de carácter provisional y por medio de octavillas en Rusia, etc.). Imprimir a la "lucha económica misma 169 Así se expresa literalmente el folleto Dos Congresos, págs. 31, 32, 28 y 30. 170 Dos Congresos, pág. 32. un carácter político" significa, por tanto, procurar la consecución de esas mismas reivindicaciones profesionales, de ese mismo mejoramiento de las condiciones de trabajo en los oficios por medio de "medidas legislativas y administrativas" (según se expresa Martínov en la página siguiente, 43, de su artículo). Es justamente lo que siempre hacen y han hecho todos los sindicatos obreros. Ojead la obra de los esposos Webb, verdaderos eruditos (y "verdaderos" oportunistas), y veréis que los sindicatos obreros ingleses, desde hace ya mucho tiempo, han comprendido y cumplen la tarea de "imprimir a la lucha económica misma un carácter político"; desde hace mucho tiempo, luchan por la libertad de huelga, por la supresión de todos los obstáculos jurídicos que se oponen al movimiento cooperativo y sindical, por la promulgación de leyes de protección de la mujer y del niño, por mejorar las condiciones de trabajo mediante una legislación sanitaria e industrial, etc. ¡Así, pues, la frase pomposa de "imprimir a la lucha económica misma un carácter político", que suena "terriblemente" profunda y revolucionaria, oculta, en el fondo, la tendencia tradicional a rebajar la política socialdemócrata al nivel de la política tradeunionista! So pretexto de rectificar la unilateralidad de Iskra, que considera más importante -habéis de saberlo- "revolucionar el dogma que revolucionar la vida"171, nos ofrecen como algo nuevo la lucha por las reformas económicas. En efecto, la frase "imprimir a la lucha económica misma un carácter político", no tiene en absoluto ningún otro contenido que la lucha por las reformas económicas. Y el mismo Martínov habría podido llegar a esta conclusión simplona, si hubiese meditado debidamente en la significación de sus propias palabras. "Nuestro partido -dice, dirigiendo su artillería más pesada contra Iskra- podría y debería plantear ante el gobierno reivindicaciones concretas de medidas legislativas y administrativas contra la explotación económica, contra el paro forzoso, contra el hambre, etc." (Rabócheie Dielo, N° 10, págs. 4243). Reivindicar medidas concretas ¿no es acaso reclamar reformas sociales? Y preguntamos una vez más a los lectores imparciales si calumniamos a los rabochedieletitsi172 (¡que se me perdone este poco feliz vocablo en boga!) al calificarlos de bernsteinianos velados, cuando ellos lanzan, como discrepancia con Iskra, la tesis sobre la necesidad de la lucha por reformas económicas. 171 Rabócheie Dielo, Nº 10, pág. 60. Así aplica Martinov al caótico estado actual de nuestro movimiento la tesis: "cada paso de movimiento real es más importante que una docena de programas", aplicación que hemos analizado ya más arriba. En el fondo, esto no es sino una traducción al ruso de la célebre frase de Bernstein "el movimiento lo es todo; el objetivo final nada". 172 Partidarios de Rabócheie Dielo. (N. de la Edit.) V. I. Lenin 98 La socialdemocracia revolucionaria siempre ha incluido y sigue incluyendo en la órbita de sus actividades la lucha por las reformas. Pero utiliza la agitación "económica" no sólo para reclamar del gobierno toda clase de medidas, sino también (y en primer término) para exigir que deje de ser un gobierno autocrático. Además, considera su deber presentar al gobierno esta exigencia no sólo sobre el terreno de la lucha económica, sino también sobre el terreno de todas las manifestaciones en general de la vida social y política. En una palabra, como la parte al todo, subordina la lucha por las reformas a la lucha revolucionaria por la libertad y el socialismo. En cambio, Martínov resucita en una forma distinta la teoría de las fases, tratando de prescribir infaliblemente la vía económica, por decirlo así, del desarrollo de la lucha política. Propugnando en un momento de ascenso revolucionario como una pretendida "tarea" especial la lucha por reformas, arrastra con ello al partido hacia atrás y hace el juego al oportunismo "economista" y liberal. Prosigamos. Después de ocultar púdicamente la lucha por las reformas tras la pomposa tesis de "imprimir a la lucha económica misma un carácter político", Martínov presenta como algo particular únicamente las reformas económicas (y hasta sólo las reformas en la vida fabril). No sabemos por qué lo ha hecho. ¿Tal vez por descuido? Pero si no hubiera tenido en cuenta más que las reformas "fabriles", su tesis entera, que acabamos de exponer, perdería todo sentido. ¿Tal vez porque estima posible y probable que el gobierno haga "concesiones" sólo en el terreno económico?173 De ser así, resultaría un error extraño: las concesiones son posibles y son hechas también en el terreno de la legislación sobre castigos corporales, pasaportes, pagos de rescate, sectas, censura, etc., etc. Las concesiones "económicas" (o seudoconcesiones) son, se entiende, las más baratas y las más ventajosas para el gobierno, pues espera ganarse con ellas la confianza de las masas obreras. Pero, por eso mismo, nosotros, los socialdemócratas, no debemos de ningún modo y absolutamente por ningún motivo dar lugar a la opinión (o a la equivocación) de que apreciamos más las reformas económicas, de que justamente estas reformas las consideramos de particular importancia, etc. "Estas reivindicaciones -dice Martínov con respecto a las reivindicaciones concretas de medidas legislativas y administrativas de que habla más arriba- no serían un simple gesto, puesto que, al prometer ciertos resultados tangibles, podrían ser apoyadas activamente por la masa obrera"... No somos "economistas", ¡oh, no! ¡Únicamente nos 173 Pág. 43: "Desde luego, si recomendamos a los obreros que formulen ciertas reivindicaciones económicas al gobierno, lo hacemos porque en el terreno económico el gobierno autocrático está dispuesto, por necesidad, a hacer ciertas concesiones". arrastramos a los pies de la "tangibilidad" de resultados concretos, con tanto servilismo como lo hacen los señores Bernstein, Prokopóvich, Struve, R. M. y tutti quanti! ¡Únicamente damos a entender (con Narciso Tuporílov) que todo lo que no "promete resultados tangibles" es un "simple gesto"! ¡No hacemos sino expresarnos como si la masa obrera no fuese capaz (y como si no hubiese demostrado su capacidad, pese a todos los que cargan sobre aquélla su propio filisteísmo) de apoyar activamente toda protesta contra la autocracia, incluso la que no le promete absolutamente ningún resultado tangible! Tomemos aunque más no sea esos mismos ejemplos citados por el propio Martínov sobre las "medidas" contra el paro forzoso y el hambre. Mientras Rabócheie Dielo se ocupa, según promete, de elaborar y desarrollar "reivindicaciones concretas (¿en forma de proyectos de ley?) de medidas legislativas y administrativas", que "prometan resultados tangibles", Iskra, "que considera siempre más importante revolucionar el dogma que revolucionar la vida", ha tratado de explicar el nexo que une íntimamente el paro forzoso a todo el régimen capitalista, advirtiendo que "viene el hambre", denunciando "la lucha de la policía contra los hambrientos", así como el escandaloso "reglamento provisional de tipo inquisitorial", y Zariá ha publicado como folleto de agitación la parte de su Revista de la vida interior174 dedicada al hambre. Pero, Dios mío, ¡qué "unilaterales" han sido esos ortodoxos incorregiblemente estrechos, esos dogmáticos, sordos a los imperativos de la "vida misma"! ¡Ni uno solo de sus artículos ha contenido ¡qué horror!- ni una sola, fijaos bien, ni siquiera una sola "reivindicación concreta" que "prometa resultados tangibles"! ¡Desgraciados dogmáticos! Habría que llevarlos a aprender con los Krichevski y los Martínov, para que se convencieran de que la táctica es el proceso del crecimiento, de lo que crece, etc., y que es necesario imprimir a la lucha económica misma un carácter político. "La lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno (¡¡"lucha económica contra el gobierno"!!), además de su directo significado revolucionario, tiene también el de llevar de continuo a los obreros a pensar en su privación de derechos políticos" (Martínov pág. 44). Hemos insertado esta cita, no para repetir por centésima o milésima vez lo que ya hemos dicho más arriba, sino para agradecer de manera especial a Martínov esta nueva y excelente formulación: "La lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno". ¡Formidable! Con qué inimitable talento, con qué magistral eliminación de todas las discrepancias parciales y diferencias de matices entre los "economistas" tenemos aquí 174 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso t. 5, págs. 297319. (N. de la Edit.) ¿Qué hacer? expresada, en una exposición concisa y clara, toda la esencia del "economismo", comenzando por llamar a los obreros a la "lucha política en aras del interés general, para mejorar la situación de todos los obreros"175, continuando luego con la teoría de las fases y terminando con la resolución del Congreso sobre el medio "más ampliamente aplicable", etc. "La lucha económica contra el gobierno" es precisamente política tradeunionista, que está a una distancia muy grande, pero que muy grande, de la política socialdemócrata. b) De como Martinov ha profundizado a Plejanov "¡Cuántos Lomonósov socialdemócratas han aparecido estos últimos tiempos en nuestro país!", observó cierto día un camarada, refiriéndose a la asombrosa inclinación por la que mucha gente propensa al "economismo" quiere llegar indefectiblemente por "su propia inteligencia" a las grandes verdades (por el estilo de aquello de que la lucha económica hace pensar a los obreros en su falta de derecho) desconociendo, con un desdén magnífico de genios autodidactas, todo cuanto ya ha dado el desarrollo anterior del pensamiento revolucionario y del movimiento revolucionario. Un genio de esta índole es precisamente Lomonósov-Martínov. Ojead su artículo Problemas del día y veréis cómo se aproxima, con "su propia inteligencia", a cosas que hace ya mucho había expuesto Axelrod (acerca del cual nuestro Lomonósov guarda, naturalmente, un silencio absoluto); cómo empieza, por ejemplo, a comprender que no podemos pasar por alto la oposición de tales o cuales capas de la burguesía (Rabócheie Dielo, N° 9, págs. 61, 62, 71; comparad con la Respuesta de la Redacción de Rabócheie Dielo a Axelrod, págs. 22, 23, 24), etc. Pero -¡oh!- sólo "se aproxima" y sólo "empieza", nada más; pues, a pesar de todo, hasta tal punto no ha comprendido aún las ideas de Axelrod, que habla de "lucha económica contra los patronos y el gobierno". En el curso de tres años (de 1898 a ,1901), Rabócheie Dielo venía acumulando fuerzas para comprender a Axelrod, y no obstante, ¡no lo ha comprendido! ¿Tal vez esto ocurre también porque la socialdemocracia, "lo mismo que la humanidad", siempre se plantea únicamente tareas realizables? Pero no sólo se distinguen los Lomonósov por ignorar mucho (¡ésta sería una desgracia a medias!), sino también por no percatarse de su ignorancia. Esto ya es una verdadera desgracia, y esta desgracia es la que los mueve sin más a emprender la labor de "profundizar" a Plejánov. "Desde que Plejánov escribió el opúsculo citado (Sobre las tareas de los socialistas en la lucha contra 175 Rabóchaya Mysl, "Suplemento especial", pág. 14. 99 el hambre en Rusia), ha corrido mucha agua bajo los puentes -cuenta Lomonósov-Martínov-. Los socialdemócratas, que en el transcurso de 10 años han dirigido la lucha económica de la clase obrera..., no han tenido aún tiempo de ofrecer una amplia fundamentación teórica de la táctica del partido. En la actualidad, esta cuestión ha madurado, y, si quisiéramos ofrecer una fundamentación teórica de esta índole, nos veríamos, sin duda, precisados a profundizar considerablemente los principios tácticos desarrollados en su tiempo por Plejánov... Nos veríamos, ahora, precisados a definir la diferencia entre propaganda y agitación de una manera distinta a la establecida por Plejánov" (Martínov acaba de citar las palabras de Plejánov: "El propagandista inculca muchas ideas a una sola persona o a un pequeño número de personas, mientras que el agitador inculca una sola idea o un pequeño número de ideas, pero, en cambio, las inculca a toda una masa de personas"). "Por propaganda entenderíamos la explicación revolucionaria de todo el régimen actual o de sus manifestaciones parciales, indiferentemente de si ello se hace en forma accesible para algunas personas tan sólo o para las grandes masas. Por agitación, en el sentido estricto de la palabra (¡sic!), entenderíamos el llamamiento dirigido a las masas para ciertas acciones concretas, el contribuir a la intervención revolucionaria directa del proletariado en la vida social". Felicitamos a la socialdemocracia rusa -así como a la internacional- por esta nueva terminología martinoviana, más rigurosa y más profunda. Hasta ahora creíamos (con Plejánov y con todos los jefes del movimiento obrero internacional) que un propagandista, si trata, por ejemplo, la cuestión del paro forzoso, debe explicar la naturaleza capitalista de las crisis, señalar la causa de la inevitabilidad de las mismas en la sociedad actual, indicar la necesidad de transformar la sociedad capitalista en socialista, etc. En una palabra, debe ofrecer "muchas ideas", tantas, que todas esas ideas, en su conjunto, podrán ser asimiladas en el acto sólo por pocas (relativamente) personas. En cambio, el agitador, al hablar de esta misma cuestión, tomará un ejemplo, el más destacado y más conocido de su auditorio pongamos por caso, el de una familia de parados muerta de inanición, el aumento de la miseria, etc.- y, aprovechando este hecho conocido de todos y cada uno, dirigirá todos sus esfuerzos a inculcar a las "masas" una sola idea: la idea de lo absurdo de la contradicción entre el incremento de la riqueza y el aumento de la miseria; tratará de despertar en la masa el descontento y la indignación contra esta flagrante injusticia, dejando al propagandista la explicación completa de esta contradicción. Por eso, el propagandista procede, principalmente, por medio de la palabra impresa, mientras que el agitador actúa 100 de viva voz. Al propagandista se le exigen cualidades distintas que al agitador. Así, llamaremos propagandistas a Kautsky y a Lafargue; agitadores, a Bebel y Guesde. Y establecer un tercer terreno o tercera función de actividad práctica, involucrando en esta función el "llamamiento dirigido a las masas para ciertas acciones concretas", es el desatino más grande, pues el "llamamiento", como acto aislado, o bien es un complemento natural e inevitable del tratado teórico, del folleto de propaganda y del discurso de agitación, o bien constituye una función netamente ejecutiva. En efecto, tomemos, por ejemplo, la lucha actual de los socialdemócratas alemanes contra los aranceles sobre los cereales. Los teóricos escriben estudios de investigación sobre la política aduanera en los que "llaman", digámoslo así, a luchar por la conclusión de tratados comerciales y por la libertad de comercio; lo mismo hacen el propagandista, en las revistas, y el agitador, en sus discursos públicos. La "acción concreta" de la masa consiste en ese caso en estampar sus firmas al pie de una petición dirigida al Reichstag, exigiendo que no sean aumentados los aranceles sobre los cereales. El llamamiento a esta acción parte indirectamente de los teóricos, de los propagandistas y de los agitadores, y, directamente, de los obreros que recorren las fábricas y las viviendas particulares con las listas de adhesión a la petición. Según la "terminología de Martínov", resultaría que Kautsky y Bebel son ambos propagandistas, y que los portadores de las listas de adhesión son agitadores. ¿No es así? El ejemplo de los alemanes me ha hecho recordar la palabra alemana Verballhornung, literalmente "ballhornización". Juan Ballhorn era un editor de Leipzig, del siglo XVI; editó un abecedario, en el que, como era costumbre, estampó un dibujo que representaba un gallo, pero, en lugar del dibujo habitual del gallo con espolones, figuraba uno sin espolones y con un par de huevos al lado. La portada del abecedario decía: "Edición corregida de Juan Ballhorn". Desde entonces, los alemanes dicen Verballhornung al referirse a una "corrección" que, de hecho, empeora lo corregido. Y, quiérase o no, uno recuerda a Ballhorn al ver cómo los Martínov "profundizan" a Plejánov... ¿Para qué habrá "inventado" nuestro Lomosónov este embrollo? Para demostrar que Iskra, "lo mismo que Plejánov hace ya unos quince años, presta atención a un solo aspecto de la cuestión" (pág. 39). "Según Iskra, cuando menos para el presente período, las tareas de propaganda relegan a segundo plano las tareas de agitación" (pág. 52). Si traducimos esta última frase del lenguaje de Martínov a un lenguaje corriente (pues la humanidad no ha tenido tiempo aún de adoptar esta terminología recién descubierta), resulta lo siguiente: según Iskra, las tareas de propaganda y de agitación política relegan a segundo plano la tarea de "plantear ante el V. I. Lenin gobierno reivindicaciones concretas de medidas legislativas y administrativas", que "prometen ciertos resultados tangibles" (o, en otros términos, la reivindicación de reformas sociales, si se nos permite emplear todavía una vez más la vieja terminología de la vieja humanidad, que no ha llegado aún al nivel de Martínov). Proponemos al lector comparar con esta tesis el siguiente fragmento: "Nos asombra en estos programas" (en los programas de los socialdemócratas revolucionarios) "también el que eternamente pongan en primer plano las ventajas de la actividad de los obreros en el parlamento (que no existe en nuestro país) pasando completamente por alto (debido a su nihilismo revolucionario) la importancia de la participación de los obreros en las asambleas legislativas de los fabricantes, asambleas que existen en nuestro país, para discutir asuntos de las fábricas... o bien la importancia de la participación de los obreros aunque sólo sea en la administración municipal urbana..." El autor de este párrafo expresa de un modo algo más directo, claro y franco la idea a que ha llegado por su propia inteligencia Lomonósov-Martínov. El autor es R. M., en el Suplemento especial de "Rabóchaya Mysl" (pág. 15). c) Las denuncias políticas y la "educación de la actividad revolucionaria" Al lanzar contra Iskra su "teoría" de la "elevación de la actividad de la masa obrera", Martínov, en realidad, ha puesto al descubierto su tendencia a rebajar esta actividad, pues ha declarado que el medio preferente, de particular importancia, "más ampliamente aplicable" para despertarla, y el campo de dicha actividad, era esa misma lucha económica, ante la cual se han arrastrado todos los "economistas". Este error es característico, porque no sólo es propio de Martínov, ni mucho menos. En realidad, se puede "elevar la actividad de la masa obrera" únicamente a condición de que no nos circunscribamos a la "agitación política sobre el terreno económico". Y una de las condiciones esenciales para esa extensión indispensable de la agitación política es organizar denuncias políticas que abarquen todos los terrenos. La conciencia política y la actividad revolucionaria de las masas no pueden educarse sino a base de estas denuncias. Por eso, esta actividad constituye una de las funciones más importantes de toda la socialdemocracia internacional, pues incluso la libertad política no elimina en lo más mínimo esas denuncias: lo único que hace es desplazar un poco la esfera a la que van dirigidas. Por ejemplo, el partido alemán afianza sus posiciones y extiende su influencia gracias precisamente a la persistente energía de sus campañas de denuncias políticas. La conciencia de la ¿Qué hacer? clase obrera no puede ser una verdadera conciencia política, si los obreros no están acostumbrados a hacerse eco de todos los casos de arbitrariedad y opresión, de violencias y abusos de toda especie, cualesquiera que sean las clases afectadas; a hacerse eco, además, desde el punto de vista socialdemócrata, y no desde ningún otro. La conciencia de las masas obreras no puede ser una verdadera conciencia de clase si los obreros no aprenden, a base de hechos y acontecimientos políticos concretos y, además, necesariamente de actualidad, a observar a cada una de las otras clases sociales, en todas las manifestaciones de la vida intelectual, moral y política de esas clases; si no aprenden a aplicar en la práctica el análisis materialista y la apreciación materialista de todos los aspectos de la actividad y de la vida de todas las clases, capas y grupos de la población. Quien oriente la atención, la capacidad de observación y la conciencia de la clase obrera exclusivamente, o aunque sólo sea con preferencia, hacia ella misma, no es un socialdemócrata, pues el conocimiento de sí misma, por parte de la clase obrera, está inseparablemente ligado a la completa nitidez no sólo de los conceptos teóricos... o mejor dicho: no tanto de los conceptos teóricos, como de las ideas elaboradas sobre la base de la experiencia de la vida política, acerca de las relaciones entre todas las clases de la sociedad actual. Esta es la razón de que sea tan profundamente nociva y tan profundamente reaccionaria, por su significación práctica, la prédica de nuestros "economistas" de que la lucha económica es el medio más ampliamente aplicable para incorporar a las masas al movimiento político. A fin de llegar a ser un socialdemócrata, el obrero debe formarse una idea clara de la naturaleza económica y de la fisonomía social y política del terrateniente y del cura, del dignatario y del campesino, del estudiante y del vagabundo, conocer sus lados fuertes y sus puntos flacos, saber orientarse en las frases y sofismas de toda índole más corrientes, con los que cada clase y cada capa encubre sus apetitos egoístas y su verdadera "entraña", saber distinguir qué instituciones y leyes reflejan estos u otros intereses y cómo los reflejan. Y no es en los libros donde puede encontrarse esta "idea clara": sólo la pueden proporcionar cuadros vivos, así como denuncias, formuladas sobre huellas frescas, de todo cuanto suceda en un momento determinado en torno nuestro, de lo que todos y cada uno hablan a su manera o sobre lo que cuando menos cuchichean, de lo que se manifiesta en determinados acontecimientos, cifras, sentencias judiciales, etc., etc., etc. Estas denuncias políticas que abarcan todos los aspectos de la vida son una condición indispensable y fundamental para educar la actividad revolucionaria de las masas. ¿Por qué el obrero ruso manifiesta todavía poca actividad revolucionaria frente al trato bestial de que 101 la policía hace objeto al pueblo, frente a las persecuciones de las sectas, frente a los castigos corporales impuestos a los campesinos, frente a los abusos de la censura, los malos tratos de que son objeto los soldados, las persecuciones de las iniciativas culturales más inofensivas, etc.? ¿No será porque no le "hace pensar" en ello la "lucha económica", porque eso le "promete" pocos "resultados tangibles", porque le ofrece poco "positivo"? No; semejante juicio, repetimos, no es sino una tentativa de cargar culpas en cabeza ajena, cargar el filisteísmo (o sea, el bernsteinianismo) propio sobre la masa obrera. Debemos imputar la culpa a nosotros mismos, a nuestro atraso con respecto al movimiento de las masas, a no haber sabido aún organizar denuncias suficientemente amplias, resonantes y rápidas contra todas esas ignominias. Si llegamos a hacerlo (y debemos y podemos hacerlo), el obrero más atrasado comprenderá o sentirá que el estudiante y el miembro de una secta, el mujik y el escritor son vejados y atropellados por esa misma fuerza tenebrosa, que tanto le oprime y le sojuzga a él en cada paso de su vida, y, al sentirlo, él mismo querrá reaccionar, lo querrá con un deseo incontenible, y sabrá, organizar hoy una batahola contra los censores, desfilar mañana en manifestación ante la casa del gobernador que haya sofocado un alzamiento de campesinos, dar pasado mañana una lección a los gendarmes con sotana que desempeñan la función de la santa inquisición, etc. Hasta ahora hemos hecho muy poco, casi nada, para lanzar entre las masas obreras denuncias múltiples y de actualidad. Muchos de entre nosotros ni siquiera tienen aún conciencia de esta su obligación y se arrastran espontáneamente tras la "lucha cotidiana y gris", dentro de los marcos estrechos de la vida fabril. En semejantes condiciones, decir: "Iskra tiene la tendencia de rebajar la importancia de la marcha ascendente de la lucha cotidiana y gris, en comparación con la propaganda de ideas brillantes y acabadas" (Martinov, pág. 61), significa arrastrar al partido hacia atrás, significa defender y ponderar nuestra falta de preparación, nuestro atraso. En cuanto al llamamiento dirigido a las masas para la acción, surgirá por sí mismo, siempre que haya enérgica agitación política y denuncias vivas y resonantes. Coger a alguien en flagrante delito y estigmatizarlo en el acto ante todo el mundo y por todas partes, produce mayor efecto que cualquier "llamamiento" y ejerce muchas veces una influencia tan grande, que mas tarde ni siquiera se puede determinar quién fue, propiamente, el que "llamó" a la muchedumbre y quién, propiamente, el que lanzó tal o cual plan de manifestación, etc. No se puede llamar a la masa a una acción -en el sentido concreto de la palabra, y no en el sentido general- más que en el lugar mismo de la acción; ni se puede exhortar a la V. I. Lenin 102 acción a los demás sin dar el ejemplo uno mismo y en el acto. A nosotros, publicistas socialdemócratas, nos incumbe ahondar, extender e intensificar las denuncias políticas y la agitación política. A propósito de los "llamamientos". El único órgano que, antes de los acontecimientos de la primavera176, llamó a los obreros a intervenir activamente en una cuestión que no prometía absolutamente ningún resultado tangible al obrero, como era la del reclutamiento militar de los estudiantes, fue "Iskra". Inmediatamente después de la publicación de la orden del 11 de enero sobre "la incorporación de 183 estudiantes a las filas del ejército", Iskra publicó un articulo sobre este hecho (N° 2 de febrero)177, y antes de que hubiera comenzado toda manifestación, llamó directamente "a los obreros a acudir en ayuda de los estudiantes", llamó al "pueblo" a contestar abiertamente al insolente desafío del gobierno. Preguntamos a todo el mundo: ¿cómo explicar la notable circunstancia de que, hablando tanto de "llamamientos", destacando los "llamamientos" hasta como una forma particular de actividad, Martínov no haya mencionado para nada este llamamiento? ¿Y no será filisteísmo, después de esto, que Martinov declare que Iskra es unilateral porque no "llama" suficientemente a la lucha por reivindicaciones que "prometan resultados tangibles"? Nuestros "economistas", entre ellos Rabócheie Dielo, tenían éxito por haberse adaptado a la mentalidad de los obreros atrasados. Pero el obrero 176 Se refiere a las acciones de masas revolucionarias de los estudiantes y obreros: manifestaciones políticas, reuniones, huelgas que tuvieron lugar en febrero y marzo de 1901 en Petersburgo, Moscú, Kíev, Járkov, Kazán, Tomsk y otras ciudades de Rusia. El movimiento estudiantil de 1900 y 1901, surgido a base de reivindicaciones de tipo docente, adquirió el carácter de manifestaciones políticas revolucionarias contra la política reaccionaria de la autocracia y fue apoyado por los obreros avanzados, repercutiendo en todas las capas de la sociedad rusa. Las manifestaciones y huelgas de febrero y marzo de 1901 se debieron a la leva forzosa de 183 estudiantes de la Universidad de Kíev por haber participado en una reunión estudiantil. (Véase el artículo de V. I. Lenin. Leva forzosa de 189 estudiantes, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 391396.) El gobierno envió contra los participantes en las acciones revolucionarias a la policía y los cosacos, que los dispersaron y apalearon. Centenares de estudiantes fueron detenidos y expulsados de los centros de enseñanza superior. Fue aplastada con gran crueldad la manifestación del 4 (17) de marzo de 1901 en una plaza próxima a la Catedral de Kazán, en Petersburgo. Los acontecimientos de febrero y marzo de 1901 pusieron de manifiesto el incremento del auge revolucionario en Rusia. Tuvo gran importancia la participación de los obreros en el movimiento, que se desplegó de acuerdo con consignas políticas. 177 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed en ruso, t. 4, págs. 391396. (N. de la Edit.) socialdemócrata, el obrero revolucionario (y el número de estos obreros aumenta de día en día) desechará con indignación todos estos razonamientos sobre la lucha por reivindicaciones que "prometan resultados tangibles", etc., pues comprenderá que no son sino variantes de la vieja canción del aumento de un kopek por rublo. Este obrero dirá a sus consejeros de R. Mysl y de R. Dielo: en vano os afanáis, señores, interviniendo con demasiado celo en asuntos que nosotros mismos resolvemos y esquivando el cumplimiento de vuestras verdaderas obligaciones. Pues no es muy inteligente decir, como lo hacéis vosotros, que la tarea de los socialdemócratas es imprimir a la lucha económica misma un carácter político; esto no es más que el comienzo, y no consiste en ello la tarea principal de los socialdemócratas, pues en Rusia, como en el mundo entero, es la policía misma quien comienza muchas veces a imprimir a la lucha económica un carácter político, y los obreros mismos aprenden a comprender al lado de quién está el gobierno178. En efecto, esa "lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno", que vosotros ostentáis como una América que hubierais descubierto, la hacen en numerosos puntos remotos de Rusia los obreros mismos, que han oído hablar de huelgas, pero que quizás nada sepan de socialismo. Esa "actividad" nuestra, de los obreros, que todos vosotros queréis sostener presentando reivindicaciones concretas que prometen resultados tangibles, ya existe entre nosotros, y, en nuestro trabajo cotidiano, sindical, pequeño, nosotros mismos estamos lanzando esas reivindicaciones concretas, a menudo sin ayuda alguna de los intelectuales. Pero esa actividad no nos basta; no somos niños a los que 178 La exigencia de "imprimir a la lucha económica misma un carácter político" expresa con el mayor relieve el culto de la espontaneidad en el terreno de la actividad política. La lucha económica adquiere a menudo un carácter político espontáneamente, es decir, sin la intervención de ese "bacilo revolucionario que son los intelectuales", sin la intervención de los socialdemócratas conscientes. Por ejemplo, la lucha económica de los obreros en Inglaterra adquirió también un carácter político sin participación alguna de los socialistas. Pero la tarea de los socialdemócratas no se limita a la agitación política en el terreno económico: su tarea es transformar esa política tradeunionista en lucha política socialdemócrata, aprovechar los destellos de conciencia política que la lucha económica ha hecho penetrar en el espíritu de los obreros para elevar a éstos hasta el nivel de la conciencia política sociademócrata. Ahora bien, los Martínov, en vez de elevar e impulsar la conciencia política que se despierta espontáneamente, se prosternan ante la espontaneidad y repiten, repiten hasta dar náuseas, que la lucha económica "hace pensar" a los obreros en su privación de derechos políticos. ¡Es de lamentar, señores, que este despertar espontáneo de la conciencia política tradeunionista no os "haga pensar" a vosotros mismos en la cuestión de vuestras tareas socialdemócratas! ¿Qué hacer? se puede alimentar sólo con la papilla de la política "económica"; queremos saber todo lo que saben los demás, queremos conocer con detalle todos los aspectos de la vida política y tomar parte activa en todos y en cada uno de los acontecimientos políticos. Para lograrlo, es necesario que los intelectuales repitan menos lo que ya nosotros mismos sabemos179, y que nos den más de lo que todavía no sabemos, de lo que jamás podremos saber nosotros mismos por nuestra experiencia fabril y "económica", o sea: conocimientos políticos. Estos conocimientos vosotros, los intelectuales, podéis adquirirlos solos y 179 Para confirmar que todo este discurso de los obreros a los "economistas" no es fruto de nuestra imaginación, nos referiremos a dos testigos que, sin duda, conocen el movimiento obrero directamente y que no son, ni mucho menos, propensos a ser parciales para con nosotros, los "dogmáticos", pues uno de los testigos es un "economista" (¡que considera incluso a Rabócheie Dielo como un órgano político!), y el otro, un terrorista. El primer testigo es el autor de un artículo notable por su veracidad y vivacidad. El movimiento obrero de Petersburgo y las tareas prácticas de la socialdemocracia, publicado en el número 6 de Rab. Dielo. Divide a los obreros en: 1) revolucionarios conscientes; 2) capa intermedia, y 3) el resto de la masa. Y he aquí que la capa intermedia "frecuentemente se interesa más por los problemas de la vida política que por sus intereses económicos inmediatos, cuya relación con las condiciones sociales generales ha sido comprendida hace ya mucho tiempo" ...Rab. Mysl es "criticada con dureza": "siempre lo mismo, hace mucho que lo sabemos, hace mucho que lo hemos leído", "en la crónica política, tampoco esta vez hay nada nuevo" (págs. 30-31). Pero incluso la tercera capa, "la masa obrera más sensible, más joven, menos corrompida por la taberna y por la iglesia, que casi nunca tiene posibilidad de conseguir un libro de contenido político, habla a diestro y siniestro de los acontecimientos de la vida política y medita las noticias fragmentarias acerca de un motín de estudiantes", etc. Y el terrorista escribe: "...Leen un par de veces las líneas que relatan minucias de la vida de las fábricas en distintas ciudades extrañas y luego dejan de leer... Les aburre... No hablar en un periódico obrero sobre el Estado... significa considerar al obrero como a un niño... El obrero no es un niño" (Svoboda, ed. del grupo revolucionario-socialista, págs. 69 y 70). "Svoboda" ("Libertad"): revista editada en Suiza en 1901 y 1902 por el grupo del mismo nombre, fundado en mayo de 1901 y que se denominaba grupo "revolucionariosocialista". Aparecieron dos números: en 1901 y en 1902. El grupo "Svoboda" editó también En vísperas de la revolución. Publicación no periódica de problemas de la teoría y la táctica, N° 1, periódico-revista Ecos N° 1, el folleto de L. Nadiezhdin Resurgimiento del movimiento revolucionario en Rusia, etc. El grupo "Svoboda" no tenía "ideas firmes, serias, programa, táctica, organización, ni raíces en las masas" (véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 25, pág. 221). En sus ediciones, el grupo "Svoboda" propugnaba las ideas del "economismo" y terrorismo y apoyaba a las organizaciones antiiskristas en Rusia. Terminó la existencia del grupo en 1903. 103 tenéis el deber de proporcionárnoslos cien y mil veces más de lo que lo habéis hecho hasta ahora; además, debéis ofrecérnoslos no sólo en forma de razonamientos, folletos y artículos (que a menudo ¡disculpad la franqueza!- suelen ser algo aburridos), sino indispensablemente en forma de denuncias vivas de todo cuanto nuestro gobierno y nuestras clases dominantes hacen en estos momentos en todos los aspectos de la vida. Cumplid con mayor celo esta obligación vuestra y charlad menos sobre "la elevación de la actividad de la masa obrera". ¡Desplegamos mucha más actividad de la que vosotros suponéis, y sabemos sostener, por medio de la lucha abierta en la calle, incluso las reivindicaciones que no prometen ningún "resultado tangible"! Y no sois vosotros quienes "elevaréis" nuestra actividad, pues vosotros carecéis justamente de esa actividad. ¡Deberíais prosternaros menos ante la espontaneidad y pensar más en elevar vuestra propia actividad, señores! d) ¿Que hay de común entre el economismo y el terrorismo? Más arriba, en una nota, hemos confrontado a un "economista" y a un terrorista no socialdemócrata, que por casualidad han resultado solidarios. Pero, hablando en general, entre los unos y los otros existe un lazo no casual, sino intrínseco y necesario, sobre el que tendremos aún que hablar más adelante y al que es necesario referirse precisamente al tratar de la educación de la actividad revolucionaria. Los "economistas" y los terroristas contemporáneos tienen una raíz común, a saber: el culto de la espontaneidad, del que hemos hablado en el capítulo precedente como de un fenómeno general y que ahora examinamos bajo el aspecto de su influencia en el terreno de la actividad política y de la lucha política. A primera vista, nuestra afirmación podría parecer paradójica: tan grande parece la diferencia entre quienes subrayan la "lucha cotidiana y gris" y quienes preconizan la lucha más abnegada del individuo aislado. Pero esto no es una paradoja. Los "economistas" y los terroristas rinden culto a dos polos opuestos de la corriente espontánea: los "economistas", a la espontaneidad del "movimiento netamente obrero", y los terroristas, a la espontaneidad de la indignación más ardiente de los intelectuales, que no saben o no tienen la posibilidad de vincular el trabajo revolucionario con el movimiento obrero para formar un todo. A quien haya perdido por completo la fe en esta posibilidad, o nunca la haya tenido, le es realmente difícil encontrar para su sentimiento de indignación y para su energía revolucionaria otra salida que el terror. Así, pues, el culto de la espontaneidad, en las dos direcciones indicadas, no es sino el comienzo de la realización del famoso programa del Credo: los obreros despliegan su "lucha económica contra los patronos y 104 el gobierno" (¡que nos perdone el autor del Credo que expresemos sus ideas en el lenguaje de Martínov! Nos parece que tenemos derecho a hacerlo, pues también en el Credo se habla de cómo los obreros, en la lucha económica, "chocan con el régimen político"), ¡y los intelectuales, con sus propias fuerzas, despliegan su lucha política, naturalmente, por medio del terror! Esta es una conclusión completamente lógica e inevitable, sobre la que no se puede por menos de insistir aunque los que comienzan a realizar ese programa no se hayan percatado de que esa conclusión es inevitable. La actividad política tiene su lógica, que no depende de la conciencia de los que con las mejores intenciones del mundo exhortan, bien al terror, bien a imprimir un carácter político a la lucha económica misma. De buenas intenciones está empedrado el camino del infierno, y en el caso presente las buenas intenciones no bastan a salvar del apasionamiento espontáneo por "la línea del menor esfuerzo", por la línea del programa netamente burgués del Credo. Porque tampoco es nada casual la circunstancia de que muchos liberales rusos -tanto los liberales declarados como los que se cubren con una careta marxistasimpaticen de todo corazón con el terror y traten de sostener el avance del espíritu terrorista en el momento actual. Y he aquí que, al surgir el "grupo revolucionariosocialista "Svoboda", que se había propuesto justamente la tarea de cooperar por todos los medios al movimiento obrero, pero incluyendo en el programa el terror y emancipándose, por decirlo así, de la socialdemocracia, este hecho ha confirmado una vez más la notable perspicacia de P. B. Axelrod, que con toda exactitud predijo estos resultados de las vacilaciones socialdemócratas ya a fines de 1897 (en su trabajo A propósito de las tareas y de la táctica actuales) y esbozó sus célebres "dos perspectivas". Todas las discusiones y discrepancias posteriores entre los socialdemócratas rusos están ya, como la planta en la semilla, en esas dos perspectivas180. 180 Martínov "se imagina otro dilema, más real" (?) (La socialdemocracia y la clase obrera, pág. 19): "O la socialdemocracia asume la dirección inmediata de la lucha económica del proletariado y, por lo mismo (!), la transforma en lucha revolucionaria de clase"... "Por lo mismo", es decir, evidentemente, por la dirección inmediata de la lucha económica. Que nos indique Martínov dónde se ha visto que, por el único y sólo hecho de dirigir la lucha sindical, se haya logrado transformar el movimiento tradeunionista en movimiento revolucionario de clase. ¿No caerá en la cuenta de que, para realizar esta "transformación", debemos encargamos activamente de la "dirección inmediata" de la agitación política en todos sus aspectos?... "O bien otra perspectiva: la socialdemocracia abandona la dirección de la lucha económica de los obreros y, con ello..., se corta las alas"... Según el juicio de Rabócheie Dielo, arriba citado, es Iskra la que "abandona". Pero hemos visto que Iskra hace para dirigir V. I. Lenin Desde el punto de vista indicado, se concibe también que Rabócheie Dielo, que no ha podido resistir a la espontaneidad del "economismo", tampoco haya podido resistir a la espontaneidad del terrorismo. Es de sumo interés señalar aquí la argumentación especial que ha esgrimido "Svoboda" en defensa del terror. "Niega por completo" el papel intimidador del terror (Renacimiento del revolucionarismo, pág. 64), pero en cambio, subraya su "significación como excitante". Esto es característico, en primer lugar, como una de las fases de la descomposición y decadencia de ese círculo tradicional (pre-socialdemócrata) de ideas que había obligado a seguir asidos al terror. Reconocer que en la actualidad es imposible "intimidar" al gobierno -y, por consiguiente, desorganizarlo- por medio del terror, equivale, en el fondo, a una condenación rotunda del terror como sistema de lucha, como esfera de actividad consagrada por un programa. En segundo lugar, esto es aún más característico como ejemplo de la incomprensión de nuestras tareas urgentes en cuanto a la "educación de la actividad revolucionaria de las masas". "Svoboda" hace propaganda del terror como medio para "excitar" el movimiento obrero e imprimirle un "fuerte impulso". ¡Es difícil imaginarse una argumentación que se refute a sí misma con mayor evidencia! Cabe preguntar sí es que existen en la vida rusa tan pocos abusos que aún haga falta inventar medios "excitantes" especiales. Y, por otra parte, si hay quien no se excita y no es excitable ni siquiera por la arbitrariedad rusa, ¿no es acaso evidente que seguirá contemplando también el duelo entre el gobierno y un puñado de terroristas sin que nada le importe un comino? Se trata ni más ni menos de que las masas obreras se excitan mucho por las infamias de la vida rusa, pero nosotros no sabemos reunir, si es posible expresarse de este modo, y concentrar todas las gotas y arroyuelos de la excitación popular que la vida rusa destila en una cantidad inconmensurablemente mayor de lo que todos nosotros nos figuramos y creemos y que hay que reunir en un solo torrente gigantesco. Que esto es factible lo demuestra de un modo irrefutable el formidable ascenso del movimiento obrero, así como el ansia de los obreros, señalada ya más arriba, por la literatura política. Pero los llamamientos al terror, así como los llamamientos a que se imprima a la lucha económica misma un carácter político, representan distintas formas de esquivar el deber más imperioso de los revolucionarios rusos: organizar la agitación política en todos sus aspectos. "Svoboda" quiere sustituir la agitación por el terror, confesando sin rodeos que, "en cuanto empiece una agitación intensa y enérgica entre las masas, el papel excitante de éste la lucha económica mucho más que "Rab. Dielo", además, no se limita a esto, ni restringe, en nombre de esto, sus tareas políticas. ¿Qué hacer? desaparecerá" (Renacimiento del revolucionarismo, pág. 68). Precisamente esto pone de manifiesto que tanto los terroristas como los "economistas" subestiman la actividad revolucionaria de las masas, a pesar de la prueba evidente que representan los acontecimientos de la primavera181; además, unos se precipitan en busca de "excitantes" artificiales, otros hablan de "reivindicaciones concretas". Ni los unos ni los otros prestan suficiente atención al desarrollo de su propia actividad en lo que atañe a la agitación política y a la organización de las denuncias políticas. Y ni ahora ni en ningún otro momento se puede sustituir esto por nada. e) La clase obrera como combatiente de vanguardia por la democracia Ya hemos visto que la agitación política más amplia y, por consiguiente, la organización de denuncias políticas en todos los aspectos constituye una tarea en absoluto necesaria, la tarea más imperiosamente necesaria de la actividad, siempre que esta actividad sea verdaderamente socialdemócrata. Pero hemos llegado a esta conclusión partiendo sólo de la apremiante necesidad que la clase obrera tiene de conocimientos políticos y de educación política. Ahora bien, esta manera de plantear la cuestión sería demasiado restringida, desconocería las tareas democráticas generales de toda socialdemocracia en general y de la socialdemocracia rusa actual en particular. Para explicar esta tesis del modo más concreto posible, trataremos de enfocar la cuestión desde el punto de vista más "familiar" al "economista", o sea desde el punto de vista práctico. "Todo el mundo está de acuerdo" en que es necesario desarrollar la conciencia política de la clase obrera. Pero ¿cómo hacerlo y qué es necesario para hacerlo? La lucha económica "hace pensar" a los obreros únicamente en las cuestiones concernientes a la actitud del gobierno hacia la clase obrera; por eso, por más que nos esforcemos en la tarea de "imprimir a la lucha económica misma un carácter político", no podremos jamás, en el marco de dicha tarea, desarrollar la conciencia política de los obreros (hasta el grado de conciencia política socialdemócrata), pues el marco mismo es estrecho. La fórmula de Martínov nos es preciosa, no como prueba del confusionismo de su autor, sino porque expresa con relieve el error fundamental de todos los "economistas", a saber: la convicción de que se puede desarrollar la conciencia política de clase de los obreros desde dentro, por decirlo así, de su lucha económica, o sea, tomando sólo (o, cuando menos, principalmente) esta lucha como punto de partida, basándose sólo (o, cuando menos, principalmente) en esta lucha. Esta opinión es 181 Se trata de la primavera de 1901, cuando comenzaron grandes manifestaciones en las calles. (Nota de Lenin para la edición de 1907. - N. de la Edit.) 105 falsa de punta a cabo; y precisamente porque los "economistas", furiosos por nuestra polémica con ellos, no quieren reflexionar con seriedad sobre el origen de nuestras discrepancias, acabamos literalmente por no comprendernos, por hablar lenguas diferentes. La conciencia política de clase no se le puede aportar al obrero más que desde el exterior, esto es, desde fuera de la lucha económica, desde fuera de la esfera de las relaciones entre obreros y patronos. La única esfera en que se puede encontrar estos conocimientos es la esfera de las relaciones de todas las clases y capas con el Estado y el gobierno, la esfera de las relaciones de todas las clases entre sí. Por eso, a la pregunta: "¿qué hacer para aportar a los obreros conocimientos políticos?", no se puede dar únicamente la respuesta con la que se contentan, en la mayoría de los casos, los militantes dedicados al trabajo práctico, sin hablar ya de los que se inclinan hacia el "economismo", a saber: "Hay que ir a los obreros". Para aportar a los obreros conocimientos políticos, los socialdemócratas deben ir a todas las clases de la población, deben enviar a todas partes destacamentos de su ejército. Si empleamos adrede esta formulación ruda y nos expresamos adrede de una forma simplificada y tajante, no es de ninguna manera por el placer de decir paradojas, sino para "hacer pensar" bien a los "economistas" en las tareas que de un modo imperdonable desdeñan, en la diferencia que existe entre la política tradeunionista y la política socialdemócrata, diferencia que no quieren comprender. Por eso, rogamos al lector que conserve su calma y nos siga atento hasta el final. Tomemos como ejemplo el tipo del círculo socialdemócrata más difundido en estos últimos años y examinemos su actividad. "Está en contacto con los obreros" y se conforma con esto, editando hojas que flagelan los abusos cometidos en las fábricas, la parcialidad del gobierno hacia los capitalistas, así como las violencias de la policía; en las reuniones que se celebran con los obreros, la conversación, por lo común, no se sale o casi no se sale del marco de estos mismos temas; las conferencias y las charlas sobre la historia del movimiento revolucionario, sobre la política interior y exterior de nuestro gobierno, sobre la evolución económica de Rusia y de Europa, sobre la situación de las distintas clases en la sociedad contemporánea, etc., son casos sumamente raros y nadie piensa en establecer y desenvolver de manera sistemática relaciones con las otras clases de la sociedad. En el fondo, el ideal del militante, para los miembros de un tal círculo, se parece, en la mayoría de los casos, mucho más a un secretario de tradeunión que a un jefe político socialista. Pues el secretario de cualquier tradeunión inglesa, por ejemplo, ayuda siempre a los obreros a sostener la lucha económica, organiza la denuncia de 106 los abusos cometidos en las fábricas, explica la injusticia de las leyes y reglamentos que restringen la libertad de huelga y la libertad de colocar piquetes cerca de las fábricas (para anunciar a todos que la huelga ha sido declarada), explica la parcialidad de los árbitros pertenecientes a las clases burguesas de la población, etc., etc. En una palabra, todo secretario de tradeunión sostiene y ayuda a sostener "la lucha económica contra los patronos y el gobierno". Y nunca se insistirá bastante en que esto no es aún socialdemocratismo, que el ideal del socialdemócrata no debe ser el secretario de tradeunión, sino el tribuno popular, que sabe reaccionar contra toda manifestación de arbitrariedad y de opresión, dondequiera que se produzca y cualquiera que sea la capa o la clase social a que afecte; que sabe sintetizar todos estos hechos para trazar un cuadro de conjunto de la brutalidad policíaca y de la explotación capitalista; que sabe aprovechar el menor detalle para exponer ante todos sus convicciones socialistas y sus reivindicaciones democráticas, para explicar a todos y a cada uno la importancia histórico-mundial de la lucha emancipadora del proletariado. Comparad, por ejemplo, a hombres como Roberto Knight (conocido secretario y líder de la Unión de obreros caldereros, uno de los más poderosos sindicatos de Inglaterra) y Guillermo Liebknecht y apliquémosles los contrastes enumerados por Martínov en la exposición de sus discrepancias con Iskra. Veréis que R. Knight empiezo a repasar el artículo de Martinov- "ha exhortado" mucho más "a las masas a realizar acciones concretas determinadas" (pág. 39) y que G. Liebknecht se ha ocupado más de "enfocar desde un punto de vista revolucionario todo el régimen actual o sus manifestaciones parciales" (págs. 38-39); que R. Knight "ha formulado las reivindicaciones inmediatas del proletariado e indicado los medios de satisfacerlas" (pág. 41) y que G. Liebknecht, sin dejar de hacer esto, no ha renunciado a "dirigir al mismo tiempo la enérgica actividad de los diferentes sectores oposicionistas", "dictarles un programa positivo de acción"182 (pág. 41); que R. Knight ha tratado precisamente de "imprimir, en la medida de lo posible, a la lucha económica misma un carácter político" (pág. 42) y que ha sabido a la perfección "formular al gobierno reivindicaciones concretas que prometían ciertos resultados tangibles" (pág. 43), en tanto que G. Liebknecht se ha ocupado mucho más, "en forma unilateral", de "denunciar los abusos" (pág. 40); que R. Knight ha concedido más importancia a la "marcha progresiva de la lucha cotidiana y gris" (pág. 61), y G. Liebknecht, "a la propaganda de ideas brillantes y acabadas" (pág. 61); que G. Liehknecht ha hecho del periódico dirigido por él, precisamente, "un órgano de oposición 182 Así, durante la guerra franco-prusiana, Liebknecht dictó un programa de acción para toda la democracia; en mucha mayor escala aún lo hicieron Marx y Engels en 1848. V. I. Lenin revolucionaria que denuncia nuestro régimen, y sobre todo nuestro régimen político, en cuanto que está en pugna con los intereses de las capas más diversas de la población" (pág. 63), mientras que R. Knight "ha trabajado por la causa obrera en estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria" (pág. 63) -si se entiende por "estrecho contacto orgánico" ese culto de la espontaneidad que hemos analizado más arriba en los ejemplos de Krichevski y de Martínov- y "ha restringido la esfera de su influencia", convencido, desde luego, como Martínov, de que "con ello se hacía más compleja esta influencia" (pág. 63). En una palabra, veréis que Martínov rebaja de facto la socialdemocracia al nivel del tradeunionismo, aunque, claro está, en modo alguno lo hace porque no quiera el bien de la socialdemocracia, sino simplemente porque se ha apresurado un poco a profundizar a Plejánov, en lugar de tomarse la molestia de comprenderlo. Pero volvamos a nuestra exposición. El socialdemócrata, como hemos dicho, si es partidario, y no sólo de palabra, del desarrollo integral de la conciencia política del proletariado, debe "ir a todas las clases de la población". Surgen estas preguntas: ¿Cómo hacerlo? ¿Tenemos fuerzas suficientes para ello? ¿Existe un terreno para este trabajo en todas las demás clases? ¿Un trabajo semejante no implicará abandono o no conducirá a que se abandone el punto de vista de clase? Examinemos estas cuestiones. Debemos "ir a todas las clases de la población" como teóricos, como propagandistas, como agitadores y como organizadores. Nadie duda de que el trabajo teórico de los socialdemócratas debe orientarse hacia el estudio de todas las particularidades de la situación social y política de las diversas clases. Pero muy, muy poco se hace en este sentido, muy poco si se compara con la labor que se lleva a cabo para el estudio de las particularidades de la vida de las fábricas. En los comités y en los círculos podemos encontrar gentes que incluso estudian a fondo algún ramo de la siderurgia, pero apenas si encontraréis ejemplos de miembros de las organizaciones que (obligados por una u otra razón, como sucede a menudo, a retirarse de la labor práctica) se ocupen especialmente de reunir materiales sobre alguna cuestión de actualidad de nuestra vida social y política que pudiera dar motivo para una labor socialdemócrata entre los otros sectores de la población. Cuando se habla de la poca preparación de la mayor parte de los actuales dirigentes del movimiento obrero, no se puede dejar de mencionar asimismo la preparación en este aspecto, pues también está ligada a la concepción "economista" del "estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria". Pero lo principal, evidentemente, es la propaganda y la agitación entre todas las capas de la población. Para el socialdemócrata de Europa Occidental, esta labor la facilitan las reuniones y ¿Qué hacer? asambleas populares, a las cuales asisten todos los que lo desean; la facilita la existencia del parlamento, en el que el representante socialdemócrata habla ante los diputados de todas las clases. En nuestro país no tenemos ni parlamento ni libertad de reunión, pero sabemos, sin embargo, organizar reuniones con los obreros que quieren escuchar a un socialdemócrata. Del mismo modo, debemos saber organizar reuniones con los representantes de todas las clases de la población que desean escuchar a un demócrata. Pues no es socialdemócrata el que olvida en la práctica que "los comunistas apoyan todo movimiento revolucionario”183; que, por tanto, debemos exponer y subrayar ante todo el pueblo los objetivos democráticos generales, sin ocultar ni por un instante nuestras convicciones socialistas. No es socialdemócrata el que olvida en la práctica que su deber consiste en ser el primero en plantear, en acentuar y en resolver toda cuestión democrática general. "¡Pero si todo el mundo está de acuerdo con ello!" -nos interrumpirá el lector impaciente-, y las nuevas instrucciones a la redacción de Rab. Dielo, aprobadas en el último Congreso de la Unión, dicen con claridad: "Deben servir de motivos para la propaganda y la agitación políticas todos los fenómenos y acontecimientos de la vida social y política que afecten al proletariado, sea directamente, como clase especial, sea como vanguardia de todas las fuerzas revolucionarias en la lucha por la libertad" (Dos Congresos, pág. 17. Subrayado por mí). Estas son, en efecto, palabras muy justas y muy excelentes, y estaríamos enteramente satisfechos si "Rabócheie Dielo" las comprendiese, si no dijese, al mismo tiempo, otras que las contradicen. No basta titularse "vanguardia", destacamento avanzado: es preciso también obrar de suerte que todos los demás destacamentos vean y estén obligados a reconocer que marchamos a la cabeza. ¿Es que los representantes de los demás "destacamentos" son tan estúpidos que van a creernos "vanguardia" porque lo digamos?, preguntamos al lector. Figurémonos de manera concreta el siguiente cuadro. El "destacamento" de radicales o de constitucionalistas liberales rusos ilustrados ve llegar a un socialdemócrata que les declara: Somos la vanguardia; "ahora nuestra tarea consiste en imprimir, en la medida de lo posible, un carácter político a la lucha económica misma". Todo radical o constitucionalista, por poco inteligente que sea (y entre los radicales y constitucionalistas rusos hay muchos hombres inteligentes), no podrá por menos de acoger con una sonrisa semejantes palabras y decir (para sus adentros, claro está, ya que en la mayoría de los casos es diplomático experimentado): 183 C. Marx y F. Engels, Obras, 2a ed. en ruso, t. 4, pág. 459. 107 "¡He aquí una "vanguardia" bien simplona! No comprende siquiera que es a nosotros, representantes avanzados de la democracia burguesa, a quienes corresponde la tarea de imprimir a la lucha económica misma de los obreros un carácter político. Porque también nosotros queremos, como todos los burgueses del Occidente de Europa, incorporar a los obreros a la política, pero sólo a la política tradeunionista y no a la politica socialdemócrata. La política tradeunionista de la clase obrera es precisamente la política burguesa de la clase obrera. ¡Y la formulación que esta "vanguardia" hace de su tarea no es otra cosa que la formulación de la política tradeunionista! Así, pues, que se llamen cuanto quieran socialdemócratas. ¡Yo no soy un niño, no voy a enfadarme por una etiqueta! Pero que no se dejen llevar por esos nefastos dogmáticos ortodoxos, ¡que dejen la "libertad de crítica" a los que arrastran inconscientemente a la socialdemocracia al cauce tradeunionista!" Y la ligera sonrisa de nuestro constitucionalista se transformará en risa homérica, cuando sepa que los socialdemócratas que hablan de la vanguardia de la socialdemocracia, en el momento actual, cuando el elemento espontáneo prevalece casi absolutamente en nuestro movimiento, ¡temen más que nada "aminorar el elemento espontáneo", temen "aminorar la importancia de la marcha progresiva de la lucha cotidiana y gris a expensas de la propaganda de ideas brillantes y acabadas", etc., etc.! ¡Una "vanguardia" que teme que lo consciente prevalezca sobre lo espontáneo, que teme propugnar un "plan" audaz que tenga que ser aceptado incluso por aquellos que piensan de otro modo! ¿No será que confunden el término vanguardia con el término retaguardia? Reflexionad, en efecto, sobre el siguiente razonamiento de Martínov. En la página 40 declara que la táctica de denuncias de Iskra es unilateral; que, "por más que sembremos la desconfianza y el odio hacia el gobierno, no alcanzaremos nuestro objetivo mientras no logremos desarrollar una energía social suficientemente activa para el derrocamiento de aquél". He aquí, dicho sea entre paréntesis, la preocupación, que ya conocemos, de intensificar la actividad de las masas, tendiendo a la vez a restringir la suya propia. Pero no se trata ahora de esto. Como vemos, Martínov habla aquí de energía revolucionaria ("para el derrocamiento"). Mas ¿a qué conclusión llega? Como, en tiempo ordinario, las diversas capas sociales actúan inevitablemente en forma dispersa, "es claro, por tanto, que los socialdemócratas no podemos simultáneamente dirigir la actividad enérgica de los diversos sectores de oposición, no podemos dictarles un programa positivo de acción, no podemos indicarles los procedimientos con que haya que luchar día tras día por defender sus intereses... Los sectores liberales se preocuparán ellos mismos de 108 esta lucha activa por sus intereses inmediatos, lucha que les hará enfrentarse con nuestro régimen político" (pág. 41). De esta suerte, después de haber comenzado a hablar de energía revolucionaria, de lucha activa por el derrocamiento de la autocracia, ¡Martínov se desvía inmediatamente hacia la energía sindical, hacia la lucha activa por los intereses inmediatos! De suyo se comprende que no podemos dirigir la lucha de los estudiantes, de los liberales, etc., por sus "intereses inmediatos", ¡pero no era de esto de lo que se trataba, respetable "economista"! De lo que se trataba era de la participación posible y necesaria de las diferentes capas sociales en el derrocamiento de la autocracia, y esta "actividad enérgica de los diversos sectores de oposición" no sólo podemos, sino que debemos dirigirla sin falta si queremos ser la "vanguardia". En cuanto a que nuestros estudiantes, nuestros liberales, etc. "se enfrenten con nuestro régimen político", no sólo se preocuparán ellos mismos de esto, sino que principalmente y ante todo se preocuparán la propia policía y los propios funcionarios del gobierno autocrático. Pero "nosotros", si queremos ser demócratas avanzados, debemos preocuparnos de sugerir a los que no están descontentos más que del régimen universitario o del zemstvo, etc., la idea de que es malo todo el régimen político. -osotros debemos asumir la tarea de organizar la lucha política, bajo la dirección de nuestro partido, en forma tan múltiple, que todos los sectores de la oposición puedan prestar y presten efectivamente a esta lucha, así como a nuestro partido, la ayuda de que sean capaces. -osotros debemos hacer de los militantes prácticos socialdemócratas jefes políticos que sepan dirigir todas las manifestaciones de esta lucha múltiple, que sepan, en el momento necesario, "dictar un programa positivo de acción" a los estudiantes en agitación, a los descontentos de los zemstvos, a los miembros indignados de las sectas, a los maestros lesionados en sus intereses, etc., etc. Por eso, es completamente falsa la afirmación de Martínov de que "no podemos desempeñar con respecto a ellos más que el papel negativo de denunciadores del régimen... Sólo podemos disipar sus esperanzas en las distintas comisiones gubernamentales" (subrayado por mí). Al decir esto, Martínov demuestra así que no comprende nada en absoluto del verdadero papel de una "vanguardia" revolucionaria. Y si el lector tiene esto en cuenta, comprenderá el verdadero sentido de las siguientes palabras de conclusión de Martínov: "Iskra es un órgano de oposición revolucionaria que denuncia nuestro régimen, y sobre todo nuestro régimen político, en cuanto que está en pugna con los intereses de los sectores más diversos de la población. Por lo que a nosotros se refiere, trabajamos y trabajaremos por la causa obrera en estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria. Al V. I. Lenin restringir la esfera de nuestra influencia, hacemos más compleja ésta" (pág. 63). El verdadero sentido de tal conclusión es: Iskra quiere elevar la política tradeunionista de la clase obrera (política a la cual, por equivocación, por falta de preparación o por convicción, se limitan con tanta frecuencia entre nosotros los militantes prácticos) al nivel de la política socialdemócrata; en cambio, Rab. Dielo quiere rebajar la política socialdemócrata al nivel de la política tradeunionista. Y, como si esto fuera poco, asegura a todo el mundo que "estas dos posiciones son perfectamente compatibles en la obra común" (pág. 63). ¡O, sancta simplicitas! Prosigamos. ¿Tenemos fuerzas bastantes para llevar nuestra propaganda y nuestra agitación a todas las clases de la población? Naturalmente que sí. Nuestros "economistas", que a menudo se inclinan a negarlo, olvidan los gigantescos progresos realizados por nuestro movimiento de 1894 (más o menos) a 1901. "Seguidistas" auténticos, con frecuencia tienen ideas propias del período, hace mucho tiempo fenecido, inicial del movimiento. Entonces, nuestras fuerzas eran realmente mínimas, entonces era natural y legítima la decisión de consagrarnos por entero al trabajo entre los obreros y de condenar con severidad toda desviación de esta línea, entonces la tarea estribaba en consolidarnos en el seno de la clase obrera. Ahora ha sido incorporada al movimiento una masa gigantesca de fuerzas; hacia nosotros vienen los mejores representantes de la nueva generación de las clases instruidas; por todas partes, en provincias, se ven obligadas a la inacción gentes que ya han tomado o desean tomar parte en el movimiento y que tienden hacia la socialdemocracia (mientras que, en 1894, los socialdemócratas rusos se podían contar con los dedos). Uno de los defectos fundamentales de nuestro movimiento, tanto desde el punto de vista político como desde el de organización, consiste en que no sabemos emplear todas estas fuerzas, asignarles el trabajo adecuado (hablaremos con más detalle sobre esta cuestión en el capítulo siguiente). La inmensa mayoría de dichas fuerzas está completamente privada de la posibilidad de "ir a los obreros"; por consiguiente, no puede ni hablarse del peligro de distraer fuerzas de nuestra labor fundamental. Y para suministrar a los obreros conocimientos políticos verdaderos, vivos, que abarquen todos los aspectos, es necesario que tengamos "hombres nuestros", socialdemócratas, en todas partes, en todas las capas sociales, en todas las posiciones que permiten conocer los resortes internos de nuestro mecanismo estatal. Y nos hacen falta estos hombres no sólo para la propaganda y la agitación, sino más aún para la organización. ¿Existe terreno para la actividad en todas las clases de la población? Los que no lo ven prueban una vez más que su conciencia está en retraso con respecto al movimiento ascensional espontáneo de 109 ¿Qué hacer? las masas. Entre unos, el movimiento obrero ha suscitado y suscita el descontento; entre otros despierta la esperanza en el apoyo de la oposición; a otros les da conciencia de la imposibilidad del régimen autocrático, de lo inevitable de su hundimiento. Sólo de palabra seríamos "políticos" y socialdemócratas (como muy a menudo ocurre, en efecto), si no tuviéramos conciencia de nuestro deber de utilizar todas las manifestaciones del descontento y de reunir y elaborar todos los elementos de protesta, por embrionaria que sea. Dejemos ya a un lado el hecho de que la masa de millones de campesinos trabajadores, de artesanos, de pequeños productores, etc., escuchará siempre con avidez la propaganda de un socialdemócrata, a poco hábil que sea. Pero ¿es que existe una sola clase de la población en que no haya individuos, grupos y círculos descontentos de la falta de derechos y de la arbitrariedad y, por consiguiente, accesibles a la propaganda del socialdemócrata, como portavoz que es de las aspiraciones democráticas generales más urgentes? A los que quieren formarse una idea concreta de esta agitación política del socialdemócrata en todas las clases y capas de la población, les indicaremos las denuncias políticas, en el sentido amplio de la palabra, como el principal (pero, claro está, no el único) medio de esta agitación. "Debemos -escribía yo en el artículo ¿Por dónde empezar? (Iskra, N° 4, mayo de 1901), del que tendremos que hablar en detalle más abajo- despertar en todas las capas del pueblo que tengan un mínimo de conciencia la pasión por las denuncias políticas. No debe asustarnos el hecho de que las voces que denuncian políticamente sean ahora tan débiles, raras y tímidas. La razón de este hecho no es, ni mucho menos, una resignación general con la arbitrariedad policíaca. La razón está en que las personas capaces de denunciar y dispuestas a hacerlo no tienen una tribuna para hablar desde ella, no tienen un auditorio que escuche ávidamente y anime a los oradores, no ven por parte alguna en el pueblo una fuerza que merezca la pena de dirigirle una queja contra el "todopoderoso" gobierno ruso... Ahora, podemos y debemos crear una tribuna para denunciar ante todo el pueblo al gobierno zarista: esa tribuna tiene que ser un periódico socialdemócrata"184. El auditorio ideal para las denuncias políticas es precisamente la clase obrera, que tiene necesidad, ante todo y por encima de todo, de amplios y vivos conocimientos políticos, que es la más capaz de transformar estos conocimientos en lucha activa, aun cuando no prometa ningún "resultado tangible". En cuanto a la tribuna para estas denuncias ante todo el pueblo, no puede ser otra que un periódico destinado 184 Véase V. I. Lenin, Obras, 5ª ed. en ruso, t. 5, págs. 1011. (N. de la Edit.) a toda Rusia. "Sin un órgano político, sería inconcebible en la Europa contemporánea un movimiento que merezca el nombre de movimiento político", y, en este sentido, por "Europa contemporánea" hay que entender también, sin duda alguna, a Rusia. La prensa se ha convertido en nuestro país, desde hace ya mucho tiempo, en una fuerza; de lo contrario, el gobierno no invertiría decenas de millares de rublos en sobornarla y en subvencionar a toda clase de Katkov y Mescherski. Y no es una novedad en la Rusia autocrática que la prensa ilegal rompa los candados de la censura y obligue a hablar abiertamente de ella a los órganos legales y conservadores. Así ocurrió en los años del 70 e incluso del 50. ¡Y cuánto más extensos y profundos son ahora los sectores populares dispuestos a leer la prensa ilegal y, para emplear la expresión del obrero, autor de la carta publicada en el número 7 de Iskra185, a aprender en ella a "vivir y a morir"! Las denuncias políticas son precisamente una declaración de guerra al gobierno, como las denuncias de tipo económico son una declaración de guerra al fabricante. Y esta declaración de guerra tiene una significación moral tanto más grande, cuanto más vasta y vigorosa es la campaña de denuncias, cuanto más numerosa y decidida es la clase social que declara la guerra para iniciarla. Las denuncias políticas son, pues, ya de por sí, uno de los medios más potentes para disgregar el régimen adverso, apartar del enemigo a sus aliados fortuitos o temporales y sembrar la hostilidad y la desconfianza entre los que participan continuamente en el poder autocrático. Sólo el partido que organice campañas de denuncias en las que realmente participe todo el pueblo podrá convertirse en nuestros días en vanguardia de las fuerzas revolucionarias. Las palabras "todo el pueblo" encierran un contenido muy grande. La inmensa mayoría de los denunciadores que no pertenecen a la clase obrera (y para ser vanguardia es necesario precisamente atraer a otras clases) son políticos realistas y gentes 185 En el número 7 de Iskra (agosto de. 1901), en la sección Crónica del movimiento obrero y cartas de fábricas y talleres, se publicó la carta de un obrero tejedor de Petersburgo, testimonio de la enorme influencia que ejercía la Iskra leninista en los obreros avanzados. "...He dado a leer a muchos camaradas la Iskra -decía el autor de la carta- y el número ha quedado todo manoseado, lo que es una lástima por el mucho valor que tiene... Se habla en él de nuestra causa, de toda la causa rusa, cuyo valor no se puede medir con kopeks ni determinar con horas... El domingo pasado reuní a once personas y les leí ¿Por dónde empezar?; no nos separamos hasta bien entrada la noche. ¡Qué bien está dicho todo, cómo ha sabido el autor llegar al fondo de las cosas!... Quisiéramos escribir a esta vuestra Iskra una carta para que no sólo enseñe cómo hay que empezar, sino cómo hay que vivir y morir". 110 sensatas y prácticas. Saben muy bien que si peligroso es "quejarse" incluso de un modesto funcionario, lo es todavía más hacerlo con respecto al "todopoderoso" gobierno ruso. Por eso; no se dirigirán a nosotros con quejas sino cuando vean que éstas pueden surtir efecto, que representamos una fuerza política. Para llegar a ser una fuerza política a los ojos del público, es preciso trabajar mucho y con porfía por elevar nuestro grado de conciencia, nuestra iniciativa y nuestra energía; no basta colocar la etiqueta de "vanguardia" sobre una teoría y una práctica de retaguardia. Pero -nos preguntarán y nos preguntan ya los partidarios excesivamente celosos del "estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria"-, si debemos encargarnos de la organización de denuncias de los abusos cometidos por el gobierno en las que realmente participe todo el pueblo, ¿en qué se manifestará entonces el carácter de clase de nuestro movimiento? ¡Pues precisamente en que seremos nosotros, los socialdemócratas, quienes organicemos esas campañas de denuncias en las que intervenga todo el pueblo; en que todas las cuestiones planteadas en nuestra agitación serán esclarecidas desde un punto de vista invariablemente socialdemócrata, sin ninguna indulgencia para las deformaciones, intencionadas o no, del marxismo; en que esta agitación política multiforme será realizada por un partido que reúna en un todo indivisible la ofensiva en nombre del pueblo entero contra el gobierno con la educación revolucionaria del proletariado, salvaguardando al mismo tiempo su independencia política, y con la dirección de la lucha económica de la clase obrera y la utilización de sus conflictos espontáneos con sus explotadores, conflictos que ponen en pie y atraen sin cesar a nuestro campo a nuevas capas del proletariado! Pero uno de los rasgos más característicos del "economismo" es precisamente no comprender esta relación; aún más: no comprender el hecho de que la necesidad más urgente del proletariado (educación política en todos los aspectos, por medio de la agitación política y de las denuncias políticas) coincide con idéntica necesidad del movimiento democrático general. Esta incomprensión se pone de manifiesto no sólo en las frases de Martínov, sino también en diferentes pasajes de la misma significación en los que los "economistas" se refieren a un pretendido punto de vista de clase. He aquí, por ejemplo, cómo se expresan al respecto los autores de la carta "economista", publicada en el número 12 de Iskra186: "Este mismo defecto fundamental de Iskra 186 La falta de espacio no nos ha permitido dar en Iskra una respuesta completa y detallada a esta carta, tan propia de los "economistas". Su aparición nos causó verdadero júbilo, pues hacia ya mucho tiempo que oíamos decir por diferentes lados que Iskra carecía de un consecuente punto de vista de clase, y sólo esperábamos una ocasión propicia V. I. Lenin (la sobreestimación de la ideología) es la causa de su inconsecuencia en las cuestiones relativas a la actitud de la socialdemocracia ante las diversas clases y tendencias sociales. Resolviendo por medio de construcciones teóricas..." (y no basándose en "el crecimiento de las tareas del partido, que crecen junto con éste...") "la tarea de pasar inmediatamente a la lucha contra el absolutismo y apercibiéndose, probablemente, de toda la dificultad de esta tarea para los obreros dado el actual estado de cosas..." (y no sólo apercibiéndose, sino sabiendo muy bien que esta tarea les parece menos difícil a los obreros que a los intelectuales "economistas" que tratan a aquéllos como a niños, pues los obreros están dispuestos a batirse incluso por reivindicaciones que no prometan, para emplear las palabras del inolvidable Martínov, ningún "resultado tangible")... "pero no teniendo la paciencia de esperar a que hayan acumulado fuerzas para esta lucha, Iskra comienza a buscar aliados entre los liberales y los intelectuales..." Sí, sí, se nos ha acabado, en efecto, toda la "paciencia" para "esperar" los días felices que nos prometen desde hace mucho los "conciliadores" de toda clase y en los cuales nuestros "economistas" cesarán de echar a los obreros la culpa de su propio atraso, de justificar su insuficiente energía por una pretendida insuficiencia de fuerzas de los obreros. ¿En qué, preguntamos a nuestros "economistas", debe consistir la "acumulación de fuerzas por los obreros para esta lucha"? ¿No es evidente que consiste en la educación política de los obreros, en poner ante ellos al desnudo todos los aspectos de nuestro infame régimen autocrático? ¿Y no está claro que justamente para este trabajo necesitamos tener "aliados entre los liberales y los intelectuales", prestos a aportarnos sus denuncias sobre la campaña política contra los zemtsi, los maestros, los funcionarios de Estadística, los estudiantes, etc.? ¿Será, en realidad, tan difícil de comprender este asombrosamente "sabio mecanismo"? ¿No os repite ya P. Axelrod desde 1897 que "el problema de que los socialdemócratas rusos conquisten partidarios y aliados directos o indirectos entre las clases no proletarias se resuelve ante todo y principalmente por el carácter de la propaganda hecha en el seno del proletariado mismo"? ¡Pero los Martínov y demás "economistas" siguen, no obstante, creyendo que los obreros deben primero, por medio de "la lucha económica contra los patronos y el gobierno", acumular fuerzas (para la política tradeunionista) y sólo después, según parece, "pasar" de la tradeunionista "educación de la actividad" a la actividad socialdemócrata! "...En sus indagaciones -continúan los "economistas"-, Iskra se desvía con frecuencia del o la expresión cristalizada de esta acusación en boga, para darle una respuesta. Y tenemos por costumbre no contestar a un ataque con la defensiva, sino con un contraataque. 111 ¿Qué hacer? punto de vista de clase, escamoteando los antagonismos de clase y colocando en el primer plano la comunidad del descontento contra el gobierno, a pesar de que las causas y el grado de este descontento son muy diferentes entre los "aliados". Tal es, por ejemplo, la actitud de Iskra hacia los zemstvos"... Iskra (según dicen los "economistas") "promete a los nobles, descontentos de las limosnas gubernamentales, la ayuda de la clase obrera, y haciendo esto no dice ni palabra del antagonismo de clase que separa a estos dos sectores de la población". Si el lector se remite a los artículos La autocracia y los zemstvos (N° 2 y 4 de Iskra)187 a los que por lo visto hacen alusión los autores de la carta, verá que están consagrados188 a la actitud del gobierno ante la "blanda agitación del zemstvo burocrático estamental" y ante la "actividad independiente de las clases poseedoras". El artículo dice que el obrero no puede contemplar con indiferencia la lucha del gobierno contra el zemstvo; invita a los zemtsi a dejar a un lado sus discursos blandos y a pronunciarse con palabras firmes y categóricas cuando la socialdemocracia revolucionaria se alce con toda su fuerza ante el gobierno. ¿Qué hay en esto de inaceptable para los autores de la carta? Nadie lo sabe. ¿Piensan que el obrero "no comprenderá" las palabras "clases poseedoras" y "zemstvo burocrático estamental"? ¿Creen que el hecho de impulsar a los zemtsi a pasar de los discursos blandos a las palabras categóricas es una "sobreestimación de la ideología"? ¿Se imaginan que los obreros pueden "acumular fuerzas" para la lucha contra el absolutismo si no saben cómo éste trata también a los zemstvos? Nadie lo sabe tampoco. Lo único claro es que los autores tienen una idea muy vaga de las tareas políticas de la socialdemocracia. Que esto es así nos lo dice con mayor claridad aún esta frase: "Idéntica es la actitud de Iskra ante el movimiento estudiantil" (es decir, que también en este caso "escamotea los antagonismos de clase"). En 187 Se tiene en cuenta el artículo de P. Struve La autocracia y el zemstvo, publicado en los números 2 y 4 de Iskra, febrero y mayo de 1901. La publicación en Iskra del artículo de Struve, y en Zariá, de la "memoria confidencial" de S. Witte La autocracia y el zemstvo, con prólogo de P. Struve (R. N. S.), fue posible gracias al acuerdo que establecieron en enero de 1901 las Redacciones de Iskra y Zariá y la "oposición democrática" (Struve). Este acuerdo, concluido por P. Axelrod y V. Zasúlich, con ayuda dé J. Plejánov y con el voto en contra de Lenin, duró poco tiempo: en la primavera de 1901 se puso de relieve la completa imposibilidad de una colaboración sucesiva de los socialdemócratas con los demócratas burgueses, y se deshizo el bloque con Struve. 188 Y, en el intervalo entre la aparición de estos artículos, se ha publicado (Iskra, N° 3) uno especialmente dedicado a los antagonismos de clase en el campo. Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 429-437. (N. de la Edit.) lugar de exhortar a los obreros a afirmar, por medio de una manifestación pública, que el verdadero origen de la violencia, de la arbitrariedad y del desenfreno no se halla en la juventud universitaria, sino en el gobierno ruso (Iskra, N° 2)189, ¡deberíamos haber publicado, por lo que se ve, razonamientos concebidos en el espíritu de R. Mysl! Y semejantes ideas son expresadas por socialdemócratas, en el otoño de 1901, después de los acontecimientos de febrero y de marzo, en vísperas de un nuevo auge del movimiento estudiantil, auge que revela que, incluso en este plano, la "espontaneidad" de la protesta contra la autocracia rebasa a la dirección consciente del movimiento por la socialdemocracia. ¡La aspiración espontánea de los obreros a intervenir en defensa de los estudiantes apaleados por la policía y los cosacos rebasa a la actividad consciente de la organización socialdemócrata! "Sin embargo, en otros artículos -continúan los autores de la carta-, Iskra condena violentamente todo compromiso y defiende, por ejemplo, la posición de intolerancia de los guesdístas", A quienes suelen afirmar con tanta presunción y ligereza que las discrepancias actuales entre los socialdemócratas no son esenciales y no justifican una escisión, les aconsejamos que mediten bien estas palabras. Los que afirman que no hemos hecho casi nada todavía para demostrar la hostilidad de la autocracia hacia las clases más diversas y para hacer conocer a los obreros la oposición de los sectores más diversos de la población contra la autocracia, ¿pueden militar eficazmente en una misma organización con quienes ven en esta actividad un "compromiso", evidentemente un compromiso con la teoría de la "lucha económica contra los patronos y el gobierno"? Con ocasión del 40 aniversario de la liberación de los campesinos, hemos hablado de la necesidad de llevar la lucha de clases al campo(N° 3)190; a propósito de la memoria secreta de Witte, hemos descrito (N° 4) la incompatibilidad que existe entre los órganos de la administración autónoma local y la autocracia; en relación con la nueva ley (N° 8)191, hemos atacado el feudalismo de los terratenientes y del gobierno que les sirve, y hemos saludado el Congreso ilegal de los zemstvos (N° 8)192, alentando a los zemtsi a pasar de las peticiones humillantes a la lucha; hemos alentado (N° 3, con motivo del llamamiento del 25 de febrero del Comité Ejecutivo de los estudiantes de Moscú) a los estudiantes que, comenzando a comprender la necesidad de la lucha 189 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 391-396. (N. de la Edit.) 190 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 429-437. (N. de la Edit.) 191 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 8792. (N. de la Edit.) 192 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 9394. (N. de la Edit.) V. I. Lenin 112 política, la han emprendido, y, al mismo tiempo, hemos fustigado la "bárbara incomprensión" de los partidarios del movimiento "puramente universitario" que exhortaban a los estudiantes a no participar en las manifestaciones callejeras; hemos puesto al descubierto (Raid policiaco contra la literatura, N° 5) los "sueños absurdos", la "mentira y la hipocresía" de los taimados liberales del periódico Rossia193, y, al mismo tiempo, hemos estigmatizado la rabiosa represión del gobierno de torturadores "contra pacíficos literatos, contra viejos profesores y científicos, contra conocidos liberales de los zemstvos"; hemos revelado (N° 6)194 el sentido verdadero del programa "de tutela del Estado para el mejoramiento de la vida de los obreros" y celebrado la "confesión preciosa" de que "más vale prevenir con reformas desde arriba las exigencias de reformas desde abajo, que esperar esta última eventualidad"; hemos alentado (N° 7) a los funcionarios de Estadística en su protesta y condenado a los funcionarios esquiroles (N° 9). ¡El que vea en esta táctica un oscurecimiento de la conciencia de clase del proletariado y un compromiso con el liberalismo revela que no entiende en absoluto el verdadero sentido del programa del Credo y, de facto, aplica precisamente este programa, por mucho que lo repudie! Porque, por eso mismo, arrastra a la socialdemocracia a "la lucha económica contra los patronos y el gobierno" y retrocede ante el liberalismo, renunciando a la tarea de intervenir activamente en cada problema de carácter "liberal" y a determinar frente a cada uno de estos problemas su propia actitud, su actitud socialdemócrata. f) Una vez mas "calumniadores", una vez mas "mistificadores" Como recordará el lector, estas amables palabras son de Rab. Dielo, que de este modo contesta a nuestra acusación de "haber preparado indirectamente el terreno para hacer del movimiento obrero un instrumento de la democracia burguesa". En su simplicidad, Rab. Dielo ha decidido que esta acusación no es ni más ni menos que un recurso polémico. Como si dijera: estos agrios dogmáticos han resuelto decirnos toda clase de cosas desagradables, porque ¿qué puede resultar más desagradable que ser instrumento de la democracia burguesa? Y se publica en negrilla un "mentís": "una calumnia sin paliativos" (Dos Congresos, pág. 30), 193 "Rossia" ("Rusia"): diario moderado-liberal; se editó en Petersburgo en 1899-1902 bajo la dirección de G. Sazónov y con la colaboración de los folletinistas A. Amfiteátrov y V. Doroshévich. Adquirió vasta difusión entre las capas burguesas de la sociedad rusa. En enero de 1902 fue suspendido por el gobierno debido a la publicación del folletín de Amfiteátrov Los señores engañadores. 194 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, pág. 78 y 79 (N. de la Edit.) "una mistificación" (pág. 31), "una mascarada" (pág. 33). Como Júpiter, Rab. Dielo (aunque se parece bastante poco a Júpiter) se enfada precisamente porque no tiene razón, y demuestra, injuriando irreflexivamente, que es incapaz de seguir el hilo de las ideas de sus adversarios. Y sin embargo, no hay que reflexionar mucho para comprender por qué todo culto de la espontaneidad del movimiento de masas, todo rebajamiento de la política socialdemócrata al nivel de la política tradeunionista equivale a preparar el terreno para convertir el movimiento obrero en instrumento de la democracia burguesa. El movimiento obrero espontáneo no puede crear por sí solo más que el tradeunionismo (e inevitablemente lo crea), y la política tradeunionista de la clase obrera no es otra cosa que la política burguesa de la clase obrera. La participación de la clase obrera en la lucha política, e incluso en la revolución política, no hace en modo alguno de su política una política socialdemócrata. ¿Se le ocurrirá a Rabócheie Dielo negar esto? ¿Se le ocurrirá, por fin, exponer ante todo el mundo, sin ambages ni rodeos, el concepto que tiene de los problemas candentes de la socialdemocracia internacional y rusa? No, nunca se le ocurrirá nada semejante, porque se mantiene firmemente aferrado al recurso de "hacerse el muerto": Ni soy yo quien soy, ni sé, ni quiero saber nada del asunto. Nosotros no somos "economistas", Rabóchaya Mysl no es el "economismo"; en general, en Rusia no hay "economismo". En un recurso muy hábil y "político", que sólo tiene el pequeño inconveniente de que a los órganos que lo ponen en práctica se les suele aplicar el mote de "usted dirá". Rab. Dielo cree que, en general, la democracia burguesa es en Rusia una "quimera" (Dos Congresos, pág. 32)195. ¡Qué gentes más felices! Como el avestruz, esconden la cabeza bajo el ala y se imaginan que con eso han hecho desaparecer todo lo que les rodea. Una serie de publicistas liberales que, cada mes, anuncian triunfalmente que el marxismo está en descomposición e incluso que ha desaparecido; una Serie de periódicos liberales (Sankt-Petersburgskie Védomosti196, Russkie 195 Se invoca aquí mismo las "condiciones concretas rusas que llevan fatalmente el movimiento obrero al camino revolucionario". ¡Esta gente no quiere comprender que el camino revolucionario del movimiento obrero puede no ser el camino socialdemócrata! Toda la burguesía del Occidente de Europa, bajo el absolutismo, "empujaba", empujaba conscientemente a los obreros al camino revolucionario. Pero los socialdemócratas no podemos contentarnos con esto. Y si de una u otra forma rebajamos la política socialdemócrata al nivel de la política espontánea, de la política tradeunionista, con ello precisamente favorecemos a la democracia burguesa. 196 "Sankt-Peterburgskie Védomosti" ("Noticias de San Petersburgo"): periódico editado en Petersburgo desde 1728 como continuación del primer periódico ruso Védomosti, que empezó a publicarse en 1703. De 1728 a ¿Qué hacer? Védomosti197 y muchos otros), en cuyas columnas se estimula a los liberales que llevan a los obreros una concepción brentaniana de la lucha de clases198 y una concepción tradeunionista de la política; la pléyade de críticos del marxismo, cuyas verdaderas tendencias ha puesto tan bien al descubierto el Credo y cuya mercancía literaria es la única que circula por Rusia sin impuestos ni alcabalas; la reanimación de las tendencias revolucionarias no socialdemócratas, sobre todo después de los sucesos de febrero y marzo; ¡todo esto, por lo visto, es una quimera! ¡Todo esto no tiene en absoluto nada que ver con la democracia burguesa! Rab. Dielo, lo mismo que los autores de la carta "economista" del número 12 de Iskra, debieran haber "pensado en la razón de que los sucesos de la primavera hayan producido una reanimación tan considerable de las tendencias revolucionarias no socialdemócratas, en lugar de fortalecer la autoridad y el prestigio de la socialdemocracia". La razón consiste en que no hemos estado a la altura de nuestra misión, en que la actividad de las masas obreras estaba por encima de la nuestra, en que no hemos tenido dirigentes y organizadores revolucionarios suficientemente preparados, que conocieran a la perfección el estado de ánimo de todos los sectores oposicionistas y supieran ponerse a la cabeza del movimiento, convertir una manifestación espontánea en una manifestación política, imprimirle un carácter político más amplio, etc. En estas condiciones, seguirán inevitablemente aprovechándose de nuestro atraso los revolucionarios no socialdemócratas más dinámicos y más enérgicos, y los obreros, por grandes que sean la abnegación y 1824, Sankt-Peterburgskie Védomosti fue editado por la Academia de Ciencias, y desde 1875, por el Ministerio de Instrucción Pública. Se publicó hasta finales de 1917. 197 "Russkie Védomosti" ("Noticias de Rusia"): periódico editado en Moscú a partir de 1863 por los intelectuales liberales moderados. En los años 80 y 90 colaboraron en él los escritores del campo democrático (V. Korolenko, M. Saltykov-Schedrín, G. Uspenski y otros) y se publicaron artículos de los populistas liberales. Desde 1905, el periódico fue el órgano del ala derecha del partido demócrata constitucionalista. V. I. Lenin señaló que Russkie Védomosti compaginaba de manera original "la democracia constitucionalista de derecha con un matiz de populismo". (Véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 23, pág. 193.) En 1918, Russkie Védomosti fue suspendido junto con otros periódicos contrarrevolucionarios. 198 Concepción brentaniana de la lucha de clases, "brentanismo": "doctrina liberal burguesa que reconoce la lucha "de clase" no revolucionaria del proletariado" (véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 37, pág. 237) y propugna la posibilidad de resolver el problema obrero en el capitalismo mediante la legislación fabril y la organización de los obreros en sindicatos. Debe su nombre a L. Brentano, uno de los principales representantes de la escuela de los socialistas de cátedra en la economía política burguesa. 113 la energía con que luchen con la policía y con las tropas, por muy revolucionaria que sea su actuación, no podrán ser más que una fuerza que apoya a esos revolucionarios, serán retaguardia de la democracia burguesa, y no vanguardia socialdemócrata. Tomemos el caso de la socialdemocracia alemana, de la que nuestros "economistas" quieren imitar sólo los lados débiles. ¿Por qué no se produce en Alemania ni un solo suceso político sin que contribuya a afianzar más y más la autoridad y el prestigio de la socialdemocracia? Porque la socialdemocracia resulta ser siempre la primera en la apreciación más revolucionaria de cada suceso, en la defensa de toda protesta contra la arbitrariedad. No acaricia la ilusión de que la lucha económica llevará a los obreros a pensar en su privación de todo derecho, que las condiciones concretas conducen fatalmente al movimiento obrero al camino revolucionario. Interviene en todos los aspectos y en todos los problemas de la vida social y política; interviene cuando Guillermo se niega a ratificar el nombramiento de un alcalde progresista burgués (¡nuestros "economistas" no han tenido aún tiempo de explicar a los alemanes que esto es, en el fondo, un compromiso con el liberalismo!); interviene cuando se dicta una ley contra las obras y estampas "inmorales", cuando el gobierno ejerce una presión para que sean elegidos determinados profesores, etc., etc. Siempre está la socialdemocracia en primera línea, excitando el descontento político en todas las clases, sacudiendo a los dormidos, espoleando a los rezagados, proporcionando abundantes materiales para el desarrollo de la conciencia política y de la actividad política del proletariado. Como consecuencia de todo esto, hasta los enemigos conscientes del socialismo se penetran de respeto hacia el luchador político de vanguardia, y no es raro que un documento importante, no sólo de las esferas burguesas, sino incluso de las esferas burocráticas y palaciegas, vaya a parar por una especie de milagro a la sala de Redacción de Vorwárts. Ahí está la clave de la aparente "contradicción" que sobrepasa la capacidad de comprensión de Rabócheie Dielo hasta tal punto, que éste se limita a levantar las manos al cielo clamando: "¡Mascarada!". En efecto, ¡figúrense ustedes: nosotros, Rabócheie Dielo, consideramos como piedra angular el movimiento obrero de masas (¡y lo imprimimos en negrilla!), prevenimos a todos y a cada uno contra el peligro de aminorar la importancia del elemento espontáneo, queremos imprimir a la misma, a la misma, a la misma lucha económica un carácter político, queremos mantener un contacto estrecho y orgánico con la lucha proletaria! Y se nos dice que preparamos el terreno para convertir el movimiento obrero en instrumento de la democracia burguesa. ¿Y quién nos lo dice? ¡Gentes que llegan a un "compromiso" con el liberalismo inmiscuyéndose en 114 todos los problemas "liberales" (¡qué incomprensión del "contacto orgánico con la lucha proletaria"!), dedicando tanta atención a los estudiantes e incluso (¡qué horror!) a los zemtsi! ¡Gentes que, en general, quieren consagrar una parte mayor de sus fuerzas (en comparación con los "economistas") a la actuación entre las clases no proletarias de la población! ¿No es esto una "mascarada"? ¡Pobre Rabócheie Dielo! ¿Llegará alguna vez a desentrañar el secreto de este complicado mecanismo? IV. Los métodos artesanos de trabajo de los economistas y la organización de los revolucionarios Las afirmaciones de Rab. Dielo -examinadas más arriba-, cuando dice que la lucha económica es el medio de agitación política más ampliamente aplicable, que nuestra tarea consiste ahora en imprimir a la lucha económica misma un carácter político, etc., demuestran que se tiene una comprensión estrecha de nuestras tareas, no solamente en el terreno político, sino también en el de organización. Para la "lucha económica contra los patronos y el gobierno" no hace falta en absoluto una organización centralizada destinada a toda Rusia (que, por ello mismo, no puede formarse en el curso de semejante lucha), una organización que reúna en un solo impulso común todas las manifestaciones de oposición política, de protesta y de indignación, una organización formada por revolucionarios profesionales y dirigida por verdaderos jefes políticos de todo el pueblo. Y esto se comprende. El carácter de la estructura de cualquier institución está determinado, natural e inevitablemente, por el contenido de la actividad de dicha institución. Por esto Rab. Dielo, con las afirmaciones que hemos examinado anteriormente, consagra y legitima no sólo la estrechez de la actividad política, sino también la estrechez del trabajo de organización. Y en este caso, como en todos, es un órgano de prensa cuya conciencia retrocede ante la espontaneidad. Y, sin embargo, el prosternarse ante las formas de organización que surgen espontáneamente, el no tener conciencia de lo estrecho y primitivo de nuestro trabajo de organización, el no ver hasta qué punto somos todavía "artesanos" en este importante dominio, la falta de esta conciencia, digo, es una verdadera enfermedad de nuestro movimiento. No es, desde luego, una enfermedad propia de la decadencia, sino del crecimiento. Pero precisamente ahora, cuando la ola de la indignación espontánea nos cubre, por decirlo así, a nosotros, como dirigentes y organizadores del movimiento, es singularmente necesaria la lucha más intransigente contra toda defensa del atraso, contra toda legitimación de la estrechez de miras en este sentido; es singularmente necesario despertar, en cuantos V. I. Lenin toman parte o se proponen tomar parte en el trabajo práctico, el descontento por los métodos primitivos de trabajo que reinan entre nosotros y la decisión inquebrantable de desembarazarnos de ellos. a) ¿Que son los métodos artesanos de trabajo? Vamos a tratar de responder a esta pregunta trazando en pocas palabras un cuadro de la actividad de un círculo socialdemócrata típico, por los años de 1894 a 1901. Ya hemos hablado del apasionamiento general de la juventud estudiantil de aquel período por el marxismo. Claro que este apasionamiento no correspondía sólo, ni siquiera tanto, al marxismo en calidad de teoría como en calidad de respuesta a la pregunta: "¿qué hacer?", como en calidad de llamamiento para ponerse en marcha contra el enemigo. Y los nuevos combatientes se ponían en marcha con un equipo y una preparación extraordinariamente primitivos. En muchísimos casos carecían casi por completo hasta de equipo y no tenían absolutamente ninguna preparación. Iban a la guerra como verdaderos mujiks, sin más que un garrote en la mano. Falto de todo contacto con los viejos dirigentes del movimiento, falto de toda relación con los círculos de otros lugares o incluso con los de otros puntos de la ciudad (o de otros centros de enseñanza), sin organización alguna de las diferentes partes del trabajo revolucionario, sin plan alguno sistemático de acción para un período más o menos prolongado, un círculo de estudiantes se pone en contacto con obreros y empieza a trabajar. Paulatinamente, desarrolla una agitación y una propaganda cada vez más vasta y, por el hecho de su intervención, se atrae las simpatías de sectores obreros bastante amplios, la simpatía de una parte de la sociedad ilustrada, que proporciona dinero y pone a disposición del "Comité" nuevos y nuevos grupos de jóvenes. Crece el prestigio del comité (o Unión de lucha), crece la envergadura de su actividad, y aquél va ampliando esta actividad de un modo completamente espontáneo: las mismas personas que, un año o unos cuantos meses antes, intervenían en círculos de estudiantes y resolvían la cuestión de a "¿dónde ir?", que establecían y mantenían relaciones con los obreros, componían y publicaban octavillas, se ponen en relación con otros grupos de revolucionarios, consiguen publicaciones, emprenden la labor de publicar un periódico local, empiezan a hablar de organizar una manifestación y, por fin, pasan a operaciones militares abiertas (operaciones militares abiertas que pueden ser, según las circunstancias, la primera hoja de agitación, el primer número del periódico, la primera manifestación). Y, por lo general, en cuanto se inician dichas operaciones, se produce un fracaso inmediato y completo. Y el fracaso es inmediato y completo, precisamente porque esas operaciones militares no son el resultado de un plan sistemático, bien 115 ¿Qué hacer? meditado y minuciosamente preparado, de una lucha larga y empeñada, sino, sencillamente, el crecimiento espontáneo de una labor de círculo hecha de acuerdo con la tradición; porque la policía, como es natural, conoce casi siempre a todos los principales dirigentes del movimiento local, que ya han "dado que hablar" en los bancos universitarios y sólo espera el momento más propicio para hacer la redada, dejando con toda intención que el círculo se extienda y se desarrolle lo bastante para contar con un corpus delicti tangible, y dejando cada vez intencionadamente unas cuantas personas de ella conocidas, como "de semilla" (expresión técnica que emplean, según mis noticias, tanto los nuestros como los gendarmes). No puede uno menos de comparar semejante guerra con una expedición de bandas de campesinos armados de garrotes, contra un ejército moderno. Como tampoco podemos menos de admirar la vitalidad de un movimiento que se ha extendido, ha crecido y ha obtenido victorias, a pesar de la completa falta de preparación de los combatientes. Es cierto que, desde el punto de vista histórico, el carácter primitivo del equipo era, no sólo inevitable al principio, sino incluso legitimo, como una de las condiciones que permitía atraer gran cantidad de combatientes. Pero en cuanto empezaron las operaciones militares serias (y empezaron ya, en realidad, con las huelgas del verano de 1896), las deficiencias de nuestra organización de combate se hicieron sentir cada vez más. Después del primer momento de sorpresa, después de haber cometido una serie de errores (como dirigirse a la opinión pública contando fechorías de los socialistas, o deportar a los centros industriales de provincias obreros de las capitales), el gobierno no tardó en adaptarse a las nuevas condiciones de la lucha y supo colocar en los puntos convenientes sus destacamentos de provocadores, de espías y de gendarmes, pertrechados con todos los medios modernos. Las redadas se hicieron tan frecuentes, extendiéndose a un número de personas tan grande, barriendo los círculos locales hasta tal punto, que la masa obrera quedaba literalmente sin dirigentes, el movimiento adquiría un carácter esporádico increíble y era absolutamente imposible establecer continuidad ni conexión alguna en el trabajo. La extraordinaria dispersión de los militantes locales, la composición fortuita de los círculos, la falta de preparación y la estrechez de horizontes en el terreno de las cuestiones teóricas, políticas y de organización eran consecuencia inevitable de las condiciones descritas. Las cosas han llegado a tal extremo que en algunos lugares, los obreros, viendo nuestra falta de firmeza y de hábitos de actividad clandestina, sienten desconfianza hacia los intelectuales y se apartan de ellos: ¡los intelectuales, dicen, originan detenciones por su acción, demasiado irreflexiva! Toda persona que conozca algo el movimiento sabe que no hay un socialdemócrata razonable que no vea ya, al fin, en el carácter primitivo de los métodos de trabajo, una enfermedad. Pero para que el lector no iniciado no vaya a creer que "construimos" artificialmente una fase especial o una peculiar enfermedad del movimiento, nos remitiremos al testigo que ya hemos citado antes. Que se nos disculpe la extensión de la cita. "Si el paso gradual a una actividad práctica más amplia -escribe B-v199 en el número 6 de Rab. Dielo-, paso que depende directamente del período general de transición por el que atraviesa el movimiento obrero ruso, es un rasgo característico..., existe otro rasgo no menos interesante en el conjunto del mecanismo de la revolución obrera rusa. Nos referimos a la escasez general de fuerzas revolucionarias aptas para la acción200, que se deja sentir no sólo en Petersburgo, sino en toda Rusia. A medida que el movimiento obrero se intensifica, a medida que se desarrolla la masa obrera, a medida que se hacen más frecuentes los casos de huelgas, que la lucha de masas de los obreros se despliega más abiertamente, lo que recrudece la persecución gubernamental, las detenciones, los destierros y deportaciones, esta escasez de fuerzas revolucionarias de alta calidad se hace cada vez más sensible e, indudablemente, no deja de influir sobre la profundidad y el carácter general del movimiento. Muchas huelgas se desarrollan sin que las organizaciones revolucionarias ejerzan sobre ellas una influencia enérgica y directa..., se deja sentir la escasez de hojas de agitación y de publicaciones ilegales...., los círculos obreros se quedan sin agitadores... Al mismo tiempo, se nota constantemente la falta de recursos pecuniarios. En una palabra, el crecimiento del movimiento obrero sobrepasa al crecimiento y al desarrollo de las organizaciones revolucionarias. Los efectivos de revolucionarios activos resultan ser demasiado insignificantes para concentrar en sus manos la influencia sobre toda la masa obrera en agitación, para dar a todos los disturbios ni aun sombra de armonía y organización... Los círculos dispersos, los revolucionarios dispersos no están unidos, no están agrupados, no constituyen una organización única, fuerte y disciplinada, con partes metódicamente desarrolladas"... Y después de formular la reserva de que si, en lugar de los círculos deshechos, aparecen inmediatamente nuevos círculos, este hecho "demuestra tan sólo la vitalidad del movimiento..., pero no prueba que exista una cantidad suficiente de militantes revolucionarios plenamente aptos", el autor concluye: "La falta de preparación práctica de los revolucionarios petersburgueses se refleja 199 B-v: B. V. Sávínkov, uno de los dirigentes del partido socialrevolucionario. 200 Todos los pasajes subrayados lo han sido por mí. V. I. Lenin 116 también en los resultados de su trabajo. Los últimos procesos, y en particular los de los grupos "Autoemancipación" y "Lucha del Trabajo contra el Capital"201 han demostrado claramente que un agitador joven, que no conozca al detalle las condiciones del trabajo y, por consiguiente, de la agitación en una fábrica determinada, que no conozca los principios de la conspiración y que sólo haya asimilado" (¿asimilado?) "las ideas generales de la socialdemocracia, puede trabajar unos cuatro, cinco o seis meses. Luego viene la detención, que muchas veces trae consigo el desmoronamiento de toda la organización o, por lo menos, de una parte de ella. Cabe preguntar: ¿puede un grupo trabajar con éxito, con fruto, cuando su existencia está limitada a unos cuantos meses? Es evidente que los defectos de las organizaciones existentes no pueden atribuirse por entero al período de transición...; es evidente que la cantidad y, sobre todo, la calidad de los efectivos de las organizaciones activas desempeñan aquí un papel de no escasa importancia, y la tarea primordial de nuestros socialdemócratas... debe consistir en unificar realmente las organizaciones, con una selección rigurosa de sus miembros". b) Los métodos artesanos de trabajo y el economismo Debemos detenernos ahora en una cuestión que seguramente se plantean ya todos los lectores: ¿puede establecerse una relación entre estos métodos primitivos de trabajo, como enfermedad de crecimiento, que afecta a todo el movimiento, y el "economismo", como una de las tendencias de la socialdemocracia rusa? Nosotros creemos que sí. La falta de preparación práctica, la falta de habilidad en la labor de organización son, en, efecto, cosas comunes a todos nosotros, incluso a quienes desde el principio han sustentado inflexiblemente el punto de vista del marxismo revolucionario. Y es cierto que nadie podría echar en cara a los militantes consagrados al trabajo práctico esta falta de preparación por sí sola. Pero, además de la falta de preparación, el concepto "métodos primitivos de trabajo" supone otra cosa: supone el reducido alcance de todo el trabajo revolucionario en general, el no comprender que sobre la base de este trabajo de estrecho horizonte no se puede constituir una buena 201 Se tiene en cuenta "El grupo de obreros para la lucha contra el capital", fundado en Petersburgo en la primavera de 1899 por V. Gutovski (posteriormente, el conocido menchevique E. Maiévski); el grupo fue formado por algunos obreros e intelectuales, pero no mantuvo estrechos vinculos con el movimiento obrero de Petersburgo. A poco de su constitución, después de la detención de casi todos sus miembros, se disolvió en el verano de 1899. Por sus puntos de vista se asemejaba al "economismo". El grupo editó la hoja -uestro programa que, sin embargo, no adquirió difusión. organización de revolucionarios, y, por último -y esto es lo principal-, supone tentativas de justificar esta estrechez de horizontes y de erigirla en una "teoría" particular, es decir, suponen el culto de la espontaneidad también en este terreno. Y tan pronto como se manifestaron tales tentativas, se hizo indudable que los métodos primitivos de trabajo están relacionados con el "economismo", y que no nos libraremos de la estrechez en nuestro trabajo de organización si no nos libramos del "economismo" en general (es decir, de una concepción estrecha, tanto de la teoría del marxismo como del papel de la socialdemocracia y de sus tareas políticas). Y esas tentativas han sido observadas en dos direcciones. Unos comenzaron a decir que la masa obrera no había planteado aún ella misma tareas políticas tan amplias y tan combativas como las que le "imponían" los revolucionarios, que debe luchar todavía por reivindicaciones políticas inmediatas, sostener "una lucha económica contra los patronos y el gobierno”202 (y a esta lucha "accesible" al movimiento de masas corresponde, naturalmente, una organización "accesible" incluso a la juventud menos preparada). Otros, alejados de todo "gradualismo", comenzaron a decir que se podía y se debía "hacer la revolución política", pero que, para eso, no había necesidad alguna de crear una fuerte organización de revolucionarios que educara al proletariado en una lucha firme y empeñada; que para eso era suficiente que cogiéramos todos el garrote ya conocido y "accesible". Hablando sin alegorías: que organizásemos la huelga general203 o estimulásemos el proceso del movimiento obrero, "dormido", con un "terror excitante"204. Ambas tendencias, la oportunista y la "revolucionista", capitulan ante los métodos primitivos de trabajo imperantes, no tienen fe en la posibilidad de librarse de ellos, no comprenden nuestra primera y más urgente tarea práctica: crear una organización de revolucionarios capaz de dar a la lucha política energía, firmeza y continuidad. Acabamos de citar las palabras de B-v: "El crecimiento del movimiento obrero sobrepasa al crecimiento y al desarrollo de las organizaciones revolucionarias". Esta "valiosa noticia de un observador directo" (comentario de la redacción de Rabócheie Dielo al articulo de B-v) tiene para nosotros valor doble. Demuestra que teníamos razón al considerar que la causa fundamental de la crisis por que atraviesa actualmente la socialdemocracia rusa está en el atraso de los dirigentes ("ideólogos", revolucionarios, socialdemócratas) respecto al 202 Rab. Mysl y Rab. Dielo, sobre todo la Respuesta a Plejánov. 203 ¿Quién hará la revolución politica?, folleto publicado en Rusia en la recopilación La lucha proletaria y reeditado por el Comité de Kíev. 204 Renacimiento del revolucionarismo y Svoboda. 117 ¿Qué hacer? movimiento ascensional espontáneo de las masas. Demuestra que todas esas disquisiciones de los autores de la carta "economista" (en el número 12 de Iskra), B. Krichevski y Martínov, sobre el peligro de aminorar la importancia del elemento espontáneo, de la lucha cotidiana y gris, sobre la táctica-proceso, etc., son precisamente una defensa y una exaltación de los métodos primitivos de trabajo. Esas gentes que no pueden pronunciar la palabra "teórico" sin una mueca de desprecio, que llaman "sentido de la vida" a su prosternación ante la falta de preparación para la vida y ante la falta de desarrollo, demuestran de hecho que no comprenden nuestras tareas prácticas más imperiosas. A gentes que se han quedado atrás les gritan: "¡Marcad el paso! ¡No os adelantéis!" A gentes que adolecen de falta de energía y de iniciativa en el trabajo de organización, de falta de "planes" para organizar amplia y valientemente el trabajo, ¡les hablan de la "táctica-proceso"! Nuestro pecado capital consiste en rebajar nuestras tareas políticas y de organización al nivel de los intereses inmediatos, "tangibles", "concretos" de la lucha económica cotidiana, ¡pero siguen cantándonos: hay que imprimir a la lucha económica misma un carácter político! Repetimos: esto es literalmente el mismo "sentido de la vida" que demostraba poseer el personaje de la épica popular que gritaba, al paso de un entierro: "¡Ojalá tengáis siempre algo que llevar!" Recordad la presunción incomparable, verdaderamente digna de un narciso, con que esos sabios aleccionaban a Plejánov: "A los círculos obreros no les son accesibles en general (¡sic!) las tareas políticas en el sentido real, práctico de esta palabra, es decir, en el sentido de una lucha práctica, conveniente y eficaz, por reivindicaciones políticas" (Respuesta de la Redacción de "R. D.", pág. 24). ¡Hay círculos y círculos, señores! A un círculo de "artesanos", desde luego, no le son accesibles las tareas políticas, mientras no reconozca el carácter artesano de sus métodos de trabajo y no se libre de ellos. Pero si, además, esos artesanos están enamorados de sus métodos, si escriben siempre en cursiva la palabra "práctico" y se imaginan que la práctica exige que ellos rebajen sus tareas al nivel de comprensión de las capas más atrasadas de las masas, entonces, desde luego, esos artesanos son incurables, y, en efecto, las tareas políticas les son en general inaccesibles. Pero a un círculo de corifeos como Alexéiev y Myshkin, Jalturin y Zheliábov le son accesibles las tareas políticas en el sentido más real, más práctico de la palabra, y le son accesibles precisamente por cuanto sus ardientes prédicas encuentran eco en la masa, que se despierta espontáneamente; por cuanto su hirviente energía es secundada y apoyada por la energía de la clase revolucionaria. Plejánov tenía mil veces razón cuando no sólo indicó cuál era esta clase revolucionaria, no sólo demostró que era inevitable e ineludible su despertar espontáneo, sino que planteó incluso ante los "círculos obreros" un alto y grandioso cometido político. Y vosotros invocáis el movimiento de masas que ha surgido a partir de entonces, para rebajar ese cometido, para reducir la energía y el alcance de la actividad de los "círculos obreros". ¿Qué es esto sino egolatría del artesano, enamorado de sus métodos? Os vanagloriáis de vuestro espíritu práctico y no veis el hecho conocido de todo militante ruso entregado al trabajo práctico: qué milagros puede hacer en la obra revolucionaria, no sólo la energía de un círculo, sino incluso la energía de un solo individuo. ¿O es que creéis que en nuestro movimiento no pueden existir los corifeos que existieron en la década del 70? ¿Por qué razón? ¿Porque estamos poco preparados? ¡Pero nos preparamos, nos prepararemos y estaremos preparados! ¡Verdad es que el agua estancada de la "lucha económica contra los patronos y el gobierno" ha creado entre nosotros, por desgracia, verdín: han aparecido gentes que se ponen de hinojos adorando la espontaneidad y que contemplan con unción (como dice Plejánov) "la parte trasera" del proletariado ruso! Pero sabremos sacudirnos ese verdín. Precisamente ahora es cuando el revolucionario ruso, dirigido por una teoría verdaderamente revolucionaria, apoyándose en una clase verdaderamente revolucionaria, que se despierta espontáneamente, puede al fin -¡al fin!- alzarse en toda su talla y desplegar todas sus fuerzas de gigante. Para ello sólo hace falta que, en la masa de militantes entregados al trabajo práctico, en la masa todavía más extensa de gentes que sueñan con el trabajo práctico ya desde el banco de la escuela, sea acogido con burla y desprecio todo intento de rebajar nuestras tareas políticas y el alcance de nuestro trabajo de organización ¡Y lo conseguiremos, no se preocupen ustedes! En el artículo ¿Por dónde empezar? he escrito contra Rabócheie Dielo: "En 24 horas se puede modificar la táctica de agitación en algún problema especial, se puede modificar la táctica de realización de algún detalle de organización del partido, pero cambiar, no digamos en veinticuatro horas, sino incluso en veinticuatro meses, el punto de vista que se tenga sobre el problema de si hace falta en general, siempre y absolutamente, la organización de combate y la agitación política entre las masas, es cosa que sólo pueden hacer personas sin principios"205. Rabócheie Dielo contesta: "Esta acusación de Iskra, la única que pretende estar basada en la realidad, carece en absoluto de fundamento. Los lectores de Rabócheie Dielo saben perfectamente que nosotros no sólo hemos exhortado a la agitación política, desde el principio, sin esperar 205 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, pág. 6. (N. de la Edit.) V. I. Lenin 118 a que apareciera Iskra..." (diciendo que, no ya a los círculos obreros, "ni aun siquiera al movimiento obrero de masas se le puede plantear como primera tarea política la de derribar el absolutismo", sino únicamente la lucha por reivindicaciones políticas inmediatas, y que "las reivindicaciones políticas inmediatas se hacen accesibles a las masas después de una o, en todo caso, de varias huelgas")... "sino que también con nuestras publicaciones, editadas en el extranjero, hemos proporcionado a los camaradas que actúan en Rusia los únicos materiales de agitación política socialdemócrata..." (y, en estos únicos materiales, no sólo han practicado con la mayor amplitud la agitación política exclusivamente en el terreno de la lucha económica, sino que discurrieron, al fin, la idea de que esta agitación limitada era "la más ampliamente aplicable". ¿Y no advierten ustedes, señores, que su argumentación demuestra precisamente la necesidad de la aparición de Iskra -en vista del carácter de esos materiales únicos- y la necesidad de la lucha de Iskra contra Rabócheie Dielo?)... "Por otra parte, nuestra actividad editorial preparaba en la práctica la unidad táctica del partido..." (¿la unidad de creer que la táctica es el proceso de crecimiento de las tareas del partido, que crecen juntamente con éste? [Valiente unidad!)... "y, por ello mismo, hacía posible crear una "organización de combate", para cuya formación ha hecho la Unión todo lo que le era accesible a una organización residente en el extranjero" (Rabócheie Dielo, N° 10, pág. 15). ¡Vano intento de salir del paso! Que han hecho ustedes cuanto les era accesible, es cosa que yo nunca he pensado en negar. Lo que yo he afirmado y afirmo es que los límites de lo que es "accesible" para ustedes se estrechan por la miopía de sus concepciones. Mueve a risa que se llegue ni aun a hablar de "organizaciones de combate" para luchar por "reivindicaciones políticas inmediatas" o para "la lucha económica contra los patronos y el gobierno". Pero si el lector quiere ver perlas de enamoramiento "económico" de los métodos primitivos, tendrá que pasar, naturalmente, del ecléctico y vacilante Rab. Dielo al consecuente y decidido Rab. Mysl. "Dos palabras ahora sobre la llamada intelectualidad revolucionaria -escribía R. M. en el Suplemento especial, pág. 13-. Es cierto que más de una vez ha demostrado en la práctica que está totalmente dispuesta a "la contienda decisiva con el zarismo". Únicamente, lo malo es que, perseguida sin tregua por la policía política, nuestra intelectualidad revolucionaria consideraba esta lucha con la policía política como una lucha política contra la autocracia. Por esto sigue aún sin encontrar contestación a la pregunta: "¿De dónde sacar fuerzas para luchar contra la autocracia? ¿No es verdad que es incomparable este olímpico desprecio que siente por la lucha contra la policía un admirador (en el peor sentido de la palabra) del movimiento espontáneo? ¡¡Está dispuesto a justificar nuestra falta de habilidad para el trabajo conspirativo diciendo que, con el movimiento espontáneo de masas, para nosotros no tiene importancia, en el fondo, la lucha contra la policía política!! Esta conclusión monstruosa la suscribirían muy pocos: tan dolorosamente siente todo el mundo las deficiencias de nuestras organizaciones revolucionarias. Pero si no la suscribe, por ejemplo, Martínov, es sólo porque no sabe o no tiene el valor de meditar hasta el fin sus propias tesis. En efecto, ¿puede decirse acaso que una "tarea" como la de que las masas planteen reivindicaciones concretas, que prometan resultados tangibles, exige una preocupación especial por crear una organización de revolucionarios sólida, centralizada y combativa? ¿No realiza también esta "tarea" una masa que de ninguna manera "lucha contra la policía política"? Aún más: ¿sería realizable esa tarea, si, además de un reducido número de dirigentes, no se encargaran de cumplirla también (en su inmensa mayoría) obreros que son absolutamente incapaces de "luchar contra la policía política"? Estos obreros, los hombres medios de la masa, son capaces de dar pruebas de una energía y abnegación gigantescas en una huelga, en la lucha contra la policía y las tropas en la calle, pueden (y son los únicos que pueden) decidir el desenlace de todo nuestro movimiento, pero precisamente la lucha contra la policía política exige cualidades especiales, exige revolucionarios profesionales. Y nosotros no debemos preocuparnos sólo de que la masa "plantee" reivindicaciones concretas, sino también de que la masa de obreros "destaque", en número cada vez más grande, estos revolucionarios profesionales. Así, pues, hemos llegado al problema de las relaciones entre la organización de revolucionarios profesionales y el movimiento puramente obrero. A esta cuestión, poco desarrollada en las publicaciones, le hemos dedicado nosotros, los "políticos", mucho tiempo en conversaciones y discusiones con camaradas más o menos inclinados hacia el "economismo". Merece la pena de detenerse en él especialmente. Pero terminemos antes con otra cita la ilustración de nuestra tesis sobre la relación entre los métodos primitivos de trabajo y el "economismo". "El grupo "Emancipación del Trabajo" -decía el señor N. N.206 en su Respuesta- exige que se luche directamente contra el gobierno, sin pensar dónde está la fuerza material necesaria para dicha lucha, sin indicar que caminos ha de seguir ésta". Y, subrayando esta última expresión, el autor hace a propósito de la palabra "caminos" la observación siguiente: "Esta circunstancia no puede explicarse por los fines de la conspiración, porque en el 206 N. N.: S. Prokopóvich, uno de los "economistas" activos, posteriormente demócrata constitucionalista. 119 ¿Qué hacer? programa no se trata de una conjuración, sino de un movimiento de masas. Y las masas no pueden avanzar por caminos secretos. ¿Es acaso posible una huelga secreta? ¿Es posible celebrar en secreto una manifestación, presentar una petición en secreto?" (Vademécum. pág. 59). El autor ha abordado de lleno tanto la "fuerza material" (los organizadores de las huelgas y de las manifestaciones), como los "caminos" por los que tiene que seguir esta lucha; pero se ha quedado, sin embargo, confuso y perplejo, pues se "prosterna" ante el movimiento de masas, es decir, lo considera como algo que nos exime de nuestra actividad, de la actividad revolucionaria, y no como algo que debe alentar e impulsar nuestra actividad revolucionaria. Una huelga secreta es imposible para las personas que participen en ella o tengan con ella relación inmediata. Pero, para las masas de obreros rusos, esa huelga puede ser (y lo es en la mayoría de los casos) "secreta", porque el gobierno se preocupará de cortar toda relación con los huelguistas, se preocupará de hacer imposible toda difusión de noticias sobre la huelga. Y aquí es donde ya hace falta la "lucha contra la policía política", una lucha especial, una lucha que nunca podrá sostener activamente una masa tan amplia como la que toma parte en las huelgas. Esa lucha deben organizarla, "según todas las reglas del arte", personas que tengan como profesión la actividad revolucionaria. Y la organización de esta lucha no es ahora menos necesaria porque las masas se incorporen espontáneamente al movimiento. Al contrario, la organización se hace con este motivo más necesaria, porque nosotros, los socialistas, faltaríamos a nuestras obligaciones directas ante las masas, si no supiéramos impedir que la policía haga secreta (y si a veces no preparásemos nosotros mismos en secreto) cualquier huelga o manifestación. Y sabremos hacerlo precisamente porque las masas que despiertan espontáneamente destacarán también de su seno más y más "revolucionarios profesionales" (siempre que no se nos ocurra invitar a los obreros, en todos los tonos, a que sigan chapoteando en un mismo sitio). c) La organización de los obreros y la organización de los revolucionarios Si en el concepto de "lucha económica contra los patronos y el gobierno" se engloba, para un socialdemócrata, el de lucha política, es natural esperar que el concepto de "organización de revolucionarios" quede más o menos englobado en el de "organización de obreros". Es lo que realmente ocurre, de suerte que, cuando hablamos de organización, resulta que hablamos literalmente en lenguas diferentes. Recuerdo, por ejemplo, como si fuera ahora mismo una conversación que tuve un día con un "economista" bastante consecuente, al que yo antes no conocía207. La conversación giraba en torno al folleto ¿Quién hará la revolución política? Pronto convinimos en que el defecto capital de este folleto consistía en no tener en cuenta la cuestión de la organización. Nos figurábamos estar ya de acuerdo, pero..., al seguir la conversación, resultó que hablábamos de cosas diferentes. Mi interlocutor acusaba al autor de no tener en cuenta las cajas de resistencia para casos de huelga, las sociedades de socorros mutuos, etc.; yo, en cambio, pensaba en la organización de revolucionarios indispensable para "hacer" la revolución política. ¡Y, en cuanto se reveló esta discrepancia, yo no recuerdo haber estado jamás de acuerdo sobre ninguna cuestión de principio con este "economista"! Mas ¿en qué consistía el motivo de nuestras discrepancias? Ni más ni menos en que los "economistas" se desvían constantemente del socialdemocratismo hacia el tradeunionismo, tanto en las tareas de organización como en las tareas políticas. La lucha política de la socialdemocracia es mucho más amplia y más compleja que la lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno. Del mismo modo (y como consecuencia de ello), la organización de un partido socialdemócrata revolucionario debe ser inevitablemente de un género distinto que la organización de los obreros para la lucha económica. La organización de los obreros debe ser, en primer lugar, sindical; en segundo lugar, debe ser lo más extensa posible; en tercer lugar, debe ser lo menos clandestina posible (aquí y en lo que sigue me refiero, claro está, sólo a la Rusia autocrática). Por el contrario, la organización de los revolucionarios debe englobar ante todo y sobre todo a gentes cuya profesión sea la actividad revolucionaria (por eso, yo hablo de una organización de revolucionarios, teniendo en cuenta a los revolucionarios socialdemócratas). Ante esta característica general de los miembros de una tal organización debe desaparecer en absoluto toda distinción entre obreros e intelectuales, por no hablar ya de la distinción entre las diversas profesiones de unos y otros. Esta organización, necesariamente, no debe ser muy extensa, y es preciso que sea lo más clandestina posible. Detengámonos sobre estos tres puntos distintivos. En los países que gozan de libertades políticas, la diferencia entre la organización sindical y la organización política es completamente clara, como es también clara la diferencia que existe entre las tradeuniones y la socialdemocracia. Las relaciones de esta última con las tradeuniones, desde luego, varían inevitablemente de unos países a otros, según las condiciones históricas, jurídicas, etc., pudiendo ser más o menos estrechas, complejas, etc., (desde 207 Seguramente se trata de la primera entrevista de V. I. Lenin con A. Martínov, que tuvo lugar en 1901. 120 nuestro punto de vista, deben ser lo más estrechas y lo menos complejas posible), pero no puede ni hablarse en los países libres de identificar la organización de los sindicatos con la organización del Partido Socialdemócrata. En Rusia, en cambio, el yugo de la autocracia borra, a primera vista, toda distinción entre la organización socialdemócrata y el sindicato obrero, pues todo sindicato obrero y todo círculo están prohibidos, y la huelga, principal manifestación y arma de la lucha económica de los obreros, se considera en general crimen de derecho común (¡y, a veces, incluso delito político!). De esta suerte, las condiciones de Rusia, de una parte, "incitan" con fuerza a pensar en las cuestiones políticas a los obreros que luchan en el terreno económico, y, de otra, "incitan" a los socialdemócratas a confundir el tradeunionismo con el socialdemocratismo (nuestros Krichevski, Martínov y consortes, que no cesan de hablar de la "incitación" del primer género, no se dan cuenta de la "incitación" del segundo género). En efecto, imaginémonos a gentes absorbidas en un 99 por 100 por "la lucha económica contra los patronos y el gobierno". Los unos, durante todo el período de su actuación (de 4 a 6 meses), no pensarán jamás en la necesidad de una organización más compleja de revolucionarios. Los otros, tal vez, "tropezarán" con la literatura bernsteiniana, relativamente bastante difundida, y adquirirán la convicción de que lo que importa en realidad es la "marcha progresiva de la lucha cotidiana y gris". Otros, en fin, se dejarán acaso seducir por la tentadora idea de dar al mundo un nuevo ejemplo de "estrecho contacto orgánico con la lucha proletaria", de contacto del movimiento sindical con el movimiento socialdemócrata. Cuanto más tarde llega un país al capitalismo y, por consiguiente, al movimiento obrero, dirán estas gentes, tanto más pueden participar los socialistas en el movimiento sindical y apoyarlo, y menos puede y debe haber sindicatos no socialdemócratas. Hasta ahora, el razonamiento es perfectamente justo, pero la desgracia consiste en que van más lejos y sueñan con una fusión completa entre el socialdemocratismo y el tradeunionismo. En seguida vamos a ver, por el ejemplo de los Estatutos de la Unión de Lucha de Sankt Petersburgo, la influencia perjudicial de estos sueños sobre nuestros planes de organización. Las organizaciones obreras para la lucha económica deben ser organizaciones sindicales. Todo obrero socialdemócrata debe, dentro de lo posible, apoyar a estas organizaciones y trabajar activamente en ellas. De acuerdo. Pero es en absoluto contrario a nuestros intereses exigir que sólo los socialdemócratas puedan ser miembros de las uniones "gremiales", ya que esto reduciría el alcance de nuestra influencia sobre la masa. Que participe en la unión gremial todo obrero que comprenda la necesidad de la unión para la lucha contra los V. I. Lenin patronos y contra el gobierno. El fin mismo de las uniones gremiales sería inasequible si no agrupasen a todos los obreros capaces de comprender aunque no fuese más que esta noción elemental, si estas uniones gremiales no fuesen unas organizaciones muy amplias. Y cuanto más amplias sean estas organizaciones, tanto más amplia será nuestra influencia en ellas, influencia ejercida no solamente por el desarrollo "espontáneo" de la lucha económica, sino también por la acción directa y consciente de los miembros socialistas de los sindicatos sobre sus camaradas. Pero, en una organización amplia, la clandestinidad rigurosa es imposible (pues exige mucha más preparación que la que es necesaria para la participación en la lucha económica). ¿Cómo conciliar esta contradicción entre la necesidad de contar con efectivos numerosos y el régimen clandestino riguroso? ¿Cómo conseguir que las organizaciones gremiales sean lo menos clandestinas posible? En general, no puede haber más que dos vías: o bien la legalización de las asociaciones gremiales (que en algunos países ha precedido a la legalización de las asociaciones socialistas y políticas), o bien el mantenimiento de la organización secreta, pero tan "libre", tan poco reglamentada, tan lose, como dicen los alemanes, que para la masa de los afiliados el régimen clandestino quede reducido casi a la nada. La legalización de los sindicatos obreros no socialistas y no políticos ha comenzado ya en Rusia, y no cabe la menor duda que cada paso de nuestro movimiento obrero socialdemócrata, que crece en progresión rápida, alentará y multiplicará las tentativas de legalización, realizadas sobre todo por los partidarios del régimen vigente, pero también, en parte, por los mismos obreros y los intelectuales liberales. Los Vasíliev y los Zubátov han izado ya la bandera de la legalización; los señores Ozerov y Worms ya han prometido y facilitado su concurso a la legalización, y la nueva corriente ha encontrado ya adeptos entre los obreros. Y nosotros no podemos dejar de tener en cuenta esta corriente. Sobre la forma en que hay que tenerla en cuenta, difícilmente puede existir entre los socialdemócratas más de una opinión. Nuestro deber consiste en desenmascarar de continuo toda participación de los Zubátov y los Vasíliev, de los gendarmes y los popes en esta corriente, y revelar a los obreros las verdaderas intenciones de estos elementos. Nuestro deber consiste en desenmascarar asimismo toda nota conciliadora, de "armonía", que se deslice en los discursos de los liberales en las reuniones obreras públicas, ya se deban estas notas a que dichas gentes abriguen el convencimiento sincero de que es deseable una colaboración pacífica de las clases, ya a que deseen congraciarse con las autoridades, o a inhabilidad simplemente. Tenemos, en fin, el deber de poner en guardia a los obreros contra los lazos de ¿Qué hacer? la policía, que en estas reuniones públicas y en las sociedades autorizadas observa a los "más despiertos" y trata de aprovecharse de las organizaciones legales para introducir provocadores también en las ilegales. Pero hacer todo esto no significa en absoluto olvidar que la legalización del movimiento obrero nos beneficiará, en fin de cuentas, a nosotros, y no, en modo alguno, a los Zubátov. Al contrario, precisamente con nuestra campaña de denuncias separamos la cizaña del buen grano. Ya hemos indicado cuál es la cizaña. El buen grano está en interesar en las cuestiones sociales y políticas a sectores obreros aún más amplios, a los sectores más atrasados; en liberarnos, nosotros, los revolucionarios, de las funciones que son, en el fondo, legales (difusión de obras legales, socorros mutuos, etc.) y cuyo desarrollo nos dará infaliblemente cada vez más y más materiales para la agitación. En este sentido, podemos y debemos decir a los Zubátov y a los Ozerov: ¡Trabajen ustedes, señores, trabajen! Por cuanto tienden ustedes una celada a los obreros (mediante la provocación directa o la corrupción "honrada" de los obreros con ayuda del "struvismo"208), nosotros ya nos encargaremos de desenmascararles. Por cuanto dan ustedes un paso efectivo hacia adelante -aunque sea en forma del más "tímido zigzag", pero un paso hacia adelante-, les diremos: "¡Sigan, sigan!" Un paso efectivo hacia adelante no puede ser sino una ampliación efectiva, aunque minúscula, del campo de acción de los obreros. Y toda ampliación semejante ha de beneficiarnos y precipitará la aparición de asociaciones legales en las que no sean los provocadores quienes pesquen a los socialistas, sino los socialistas quienes pesquen adeptos. En una palabra, ahora nuestra tarea consiste en combatir la cizaña. Nuestra tarea no consiste en cultivar el grano en pequeños tiestos. Al arrancar la cizaña, desbrozamos el terreno para que pueda crecer el trigo. Y mientras los Afanasi Ivánovich y las Puljeria Ivánovna209 se dedican al cultivo doméstico, nosotros debemos preparar segadores que sepan hoy arrancar la cizaña y mañana recoger el buen grano210. 208 Struvismo: es decir, marxismo legal (según el nombre de su principal representante P. Struve). 209 Afanasi Ivánovich y Puljeria Ivánovna: familia patriarcal de pequeños terratenientes provinciales, descrita en la novela corta de N. Gógol Terratenientes de antaño. 210 La lucha de Iskra contra la cizaña ha dado lugar, por parte de Rabócheie Dielo, a esta salida airada; "Para Iskra, en cambio, estos acontecimientos importantes (los de la primavera) son menos característicos de su tiempo que las miserables tentativas de los agentes de Zubátov de "legalizar" el movimiento obrero. Iskra no ve que estos hechos hablan precisamente contra ella y que atestiguan que el movimiento obrero ha tomado a los ojos del gobierno proporciones muy amenazadoras" (Dos Congresos, pág. 27). La culpa de todo la tiene el 121 Así, pues, nosotros no podemos resolver por medio de la legalización el problema de crear una organización sindical lo menos clandestina y lo más amplia posible (pero nos encantaría que los Zubátov y los Ozerov nos ofreciesen la posibilidad, incluso parcial, de resolverlo de este modo, ¡para lo cual tenemos que combatirlos con la mayor energía posible!). Nos queda el recurso de las organizaciones sindicales secretas, y debemos prestar toda clase de ayuda a los obreros que emprenden ya (como nos consta) este camino. Las organizaciones sindicales no sólo pueden ser extraordinariamente útiles para desarrollar y reforzar la lucha económica, sino que pueden convertirse, además, en un auxiliar de gran importancia para la agitación política y la organización revolucionaria. A fin de llegar a este resultado y hacer entrar el naciente movimiento sindical en el cauce deseable para la socialdemocracia, es preciso, ante todo, comprender bien lo absurdo del plan de organización que preconizan, desde hace ya cerca de cinco años, los "economistas" petersburgueses. Este plan ha sido expuesto en los Estatutos de la caja obrera de resistencia de julio, de 1897 (Listok "Rabótnika", N° 9-10, pág. 46, del número 1 de Rab. Mysl) y en los Estatutos de la organización obrera sindical de octubre de 1900 (boletín especial, impreso en Sankt Petersburgo y mencionado en el número 1 de Iskra). El defecto esencial de estos dos estatutos consiste en que reglamentan con todo detalle una vasta organización obrera y la confunden con la organización de los revolucionarios. Tomemos los segundos estatutos, por ser los que mejor están elaborados. Se componen de cincuenta y dos artículos: 23 exponen la estructura, el modo de administración y los límites de competencia de los "círculos obreros", que serán organizados en cada fábrica ("diez hombres como máximo") y elegirán los "grupos centrales" (de fábrica). "El grupo central reza el art. 2- observa todo lo que pasa en la fábrica y lleva la crónica de los acontecimientos en la misma". "El grupo central da cuenta cada mes a todos los cotizantes del estado de la caja" (art. 17), etc. Diez artículos están consagrados a la "organización de barrio" y 19, a la complejísima relación entre el "Comité de la organización obrera" y el "Comité de la Unión de Lucha de Sankt Petersburgo" (delegados de cada barrio y de los "grupos ejecutivos": "grupos de propagandistas, para las relaciones con las provincias, para las relaciones con el extranjero, para la administración de los depósitos, de las ediciones, de la caja". "dogmatismo" de estos ortodoxos, "sordos a las exigencias imperiosas de la vida". ¡Se obstinan en no ver trigo de un metro de alto para hacer la guerra a cizaña de un centímetro de altura! ¿No es esto una "deformación del sentido de la perspectiva en relación al movimiento obrero ruso?" (Ibíd.) 122 ¡La socialdemocracia equivalente a "grupos ejecutivos" en lo que concierne a la lucha económica de los obreros! Sería difícil demostrar de un modo más evidente cómo el pensamiento del "economista" se desvía de la socialdemocracia hacia el tradeunionismo; hasta qué punto le es extraña toda noción de que el socialdemócrata debe, ante todo, pensar en una organización de revolucionarios capaces de dirigir toda la lucha emancipadora del proletariado. Hablar de la "emancipación política de la clase obrera", de la lucha contra la "arbitrariedad zarista" y escribir semejantes estatutos de una organización es no tener el menor concepto de cuáles son las verdaderas tareas políticas de la socialdemocracia. Ni uno solo del medio centenar de artículos revela en lo más mínimo que los autores hayan comprendido la necesidad de la más amplia agitación política entre las masas, de una agitación que arroje luz sobre todos los aspectos del absolutismo ruso, así como sobre la fisonomía de las diferentes clases sociales de Rusia. Por otra parte, con semejante estatuto, no sólo son irrealizables los fines políticos, sino incluso los fines tradeunionistas, porque éstos exigen una organización por profesiones, cosa que ni siquiera menciona el estatuto. Pero lo más característico, acaso, es la pesadez asombrosa de todo este "sistema" que trata de ligar cada fábrica al "comité" por medio de una serie de reglas uniformes, minuciosas hasta lo ridículo, con un sistema electoral de tres grados. Encerrado en el estrecho horizonte del "economismo", el pensamiento se apasiona por detalles que despiden un tufillo a papeleo y burocracia. En realidad, las tres cuartas partes de estos artículos no son, claro está, aplicados jamás; en cambio, una organización tan "clandestina", con un grupo central en cada fábrica, facilita a los gendarmes el llevar a cabo redadas increíblemente vastas. Los compañeros polacos han pasado ya por esta fase del movimiento; hubo un tiempo en que todos ellos estaban entusiasmados por la idea de crear en todas partes cajas obreras, pero renunciaron a ella sin tardar, al persuadirse de que sólo facilitaban presa abundante a los gendarmes. Si queremos amplias organizaciones obreras y no amplias redadas, si no queremos dar gusto a los gendarmes, debemos hacer de suerte que no sean organizaciones reglamentadas. ¿Podrán entonces funcionar? Veamos cuáles son sus funciones: "...Observar todo lo que pasa en la fábrica y llevar la crónica de los acontecimientos en la misma" (art. 2 de los Estatutos). ¿Es que hay necesidad absoluta de reglamentar esto? ¿Es que esto no podría conseguirse mejor por medio de crónicas en la prensa ilegal, sin necesidad de crear grupos especiales a este efecto? "...Dirigir la lucha de los obreros por el mejoramiento de su situación en la fábrica" (art. 3 de los Estatutos); para esto tampoco hace falta reglamentación. Todo V. I. Lenin agitador, con dos dedos de frente, sabrá averiguar perfectamente, por una simple conversación, qué reivindicaciones quieren presentar los obreros; después las transmitirá a una organización estrecha, y no amplia, de revolucionarios que editará una hoja volante apropiada. "...Crear una caja... con cotización de dos kopeks por rublo" (art. 9) y dar cuenta cada mes a todos los cotizantes del estado de la caja (art. 17); excluir a los miembros que no paguen su cotización (art. 10), etc. He aquí para la policía una verdadera ganga, pues nada hay más fácil que penetrar en el secreto de la "caja central fabril", confiscar el dinero y encarcelar a todos los elementos activos. ¿No sería más sencillo emitir cupones de uno o dos kopeks con el sello de una organización determinada (muy reducida y muy secreta), o, incluso, sin sello alguno, hacer colectas cuyo resultado se daría a conocer en un periódico ilegal, con un lenguaje convencional? Se alcanzaría el mismo fin, y los gendarmes tendrían muchísimo más trabajo para descubrir los hilos de la organización. Podría continuar este análisis de los Estatutos, pero creo que con lo dicho basta. Un pequeño núcleo bien unido, compuesto por los obreros más seguros, más experimentados y mejor templados, con delegados en los principales barrios y en rigurosa conexión clandestina con la organización de revolucionarios, podrá perfectamente, con el más amplio concurso de la masa y sin reglamentación alguna, realizar todas las funciones que competen a una organización sindical, y realizarlas, además, de la manera deseable para la socialdemocracia. Sólo así se podrá consolidar y desarrollar, a pesar de todos los gendarmes, el movimiento sindical socialdemócrata. Se me objetará que una organización tan lose, nada reglamentada, sin ningún miembro conocido y registrado, no puede ser calificada de organización. Es posible, para mí la denominación no tiene importancia. Pero esta "organización sin miembros" hará todo lo necesario y asegurará desde el comienzo mismo un contacto sólido entre nuestras futuras tradeuniones y el socialismo. Los que bajo el absolutismo quieren una amplia organización de obreros, con elecciones, informes, sufragio universal, etc., son unos utopistas incurables. La moraleja es simple: si comenzamos por establecer una fuerte organización de revolucionarios, podremos asegurar la estabilidad del movimiento en su conjunto, alcanzar, al mismo tiempo, los objetivos socialdemócratas y los objetivos propiamente tradeunionistas. Pero si comenzamos por constituir una amplia organización obrera con el pretexto de que ésta es la más "accesible" a la masa (en realidad, es a los gendarmes a quienes será más accesible y pondrá a los revolucionarios más al alcance de la policía), no lograremos ninguno de estos objetivos, no nos desembarazaremos de nuestros métodos primitivos y, 123 ¿Qué hacer? con nuestro fraccionamiento y nuestros fracasos continuos, no conseguiremos otra cosa que hacer más accesibles a la masa las tradeuniones del tipo Zubátov u Ozerov. ¿En qué, pues, deben consistir justamente las funciones de esta organización de revolucionarios? Vamos a decirlo con todo detalle. Pero examinemos antes un razonamiento muy típico de nuestro terrorista, que (¡triste destino! marcha de nuevo del brazo con el "economista". La revista para obreros Svoboda (en su número 1) contiene un artículo titulado La organización, cuyo autor trata de defender a sus amigos, los "economistas" obreros de Ivánovo-Voznesensk. "Mala cosa es -dice- una muchedumbre silenciosa, inconsciente; mala cosa un movimiento que no viene de la base. Ved lo que sucede en una capital universitaria; cuando los estudiantes, en una época de fiestas o durante el estío, retornan a sus hogares, el movimiento obrero se paraliza. ¿Puede ser una verdadera fuerza un movimiento obrero así, estimulado desde el exterior? De ninguna manera... Todavía no ha aprendido a andar solo, lo llevan con andaderas. En todas partes el cuadro es el mismo: los estudiantes se van y el movimiento cesa; se encarcela a los elementos más capaces, a la crema, y la leche se agria; se detiene al "comité" y, en tanto que no se forma uno nuevo, sobreviene una vez más la calma. Y no se sabe qué otro se formará, el nuevo comité puede no parecerse en nada al antiguo: aquél decía una cosa, éste dirá lo contrario; el lazo entre el ayer y el mañana está roto, la experiencia del pasado no beneficia al porvenir, y todo porque el movimiento no tiene raíces profundas en la multitud, porque no son un centenar de bobos, sino una decena de hombres inteligentes quienes hacen el trabajo. Siempre es fácil que una decena de hombres caigan en la boca del lobo; pero, cuando la organización engloba a la multitud, cuando todo viene de la multitud es imposible que la empresa sea destruida" (pág. 63). La descripción es justa. Hay aquí un buen cuadro de nuestros métodos artesanos; pero, por su falta de lógica y de tacto político, las conclusiones son dignas de Rabóchaya Mysl. Es el colmo de la falta de lógica, porque el autor confunde la cuestión filosófica e histórico-social de las "profundas raíces" del movimiento con una cuestión técnica y de organización como es la de la lucha más eficaz contra los gendarmes. Es el colmo de la falta de tacto político, porque, en lugar de apelar a los buenos dirigentes contra los malos, el autor apela a la "multitud" contra los dirigentes en general. Este es un intento de hacernos retroceder en el terreno de la organización, lo mismo que la idea de sustituir la agitación política por el terror excitante hace retroceder en el sentido político. Ciertamente que me veo en un verdadero embarras de richesses211, sin saber por dónde comenzar el análisis del galimatías con que nos obsequia Svoboda. Para mayor claridad, comenzaré por un ejemplo: el de los alemanes. Nadie negará, me imagino, que su organización engloba a la multitud, que entre ellos todo viene de la multitud, que el movimiento obrero ha aprendido a andar solo. Sin embargo, ¡¡cómo aprecia esta multitud de varios millones de hombres a su "decena" de jefes políticos probados!! ¡Cómo se adhiere a ellos! Más de una vez, en el parlamento, los diputados de los partidos adversos han tratado de irritar a los socialistas diciéndoles: "¡Buenos demócratas sois vosotros! El movimiento de la clase obrera no existe entre vosotros más que de palabra; en realidad, es siempre el mismo grupo de jefes quienes hacen todo. Desde hace años, desde hace decenas de años, son Bebel y Liebknecht quienes dirigen. ¡Vuestros delegados, supuestamente elegidos por los obreros, son más inamovibles que los funcionarios nombrados por el emperador!" Pero los alemanes han acogido siempre con sonrisa desdeñosa estas tentativas demagógicas de oponer la “multitud" a los "jefes", de atizar en ésta malos instintos de vanidad, de privar al movimiento de solidez y estabilidad, minando la confianza que la masa siente hacia la "decena de hombres inteligentes". Los alemanes han alcanzado suficiente desarrollo político, tienen suficiente experiencia política para comprender que, sin "una decena" de jefes de talento (los talentos no surgen por centenas), de jefes probados, profesionalmente preparados e instruidos por una larga práctica, que estén bien compenetrados, no es posible la lucha firme de clase alguna en la sociedad contemporánea. También los alemanes han tenido sus demagogos, que adulaban a los "centenares de bobos", colocándoles por encima de las "decenas de hombres inteligentes"; que glorificaban el "puño potente" de la masa, empujaban (como Most o Hasselmann) a esta masa a actos "revolucionarios" irreflexivos y sembraban la desconfianza hacia los jefes firmes y resueltos. Y gracias únicamente a una lucha tenaz e intransigente contra toda clase de elementos demagógicos en su seno, el socialismo alemán ha crecido y se ha fortalecido. Y, en el período en que toda la crisis de la socialdemocracia rusa se explica por el hecho de que las masas que despiertan de un modo espontáneo carecen de jefes suficientemente preparados, inteligentes y expertos, nuestros varones prudentes nos dicen con el ingenio de Juan el tonto: "¡Mala cosa es un movimiento que no viene de la base!" "Un Comité formado por estudiantes no nos conviene porque es inestable". ¡Perfectamente justo! Pero la conclusión que hay que sacar de ello es que hace falta un Comité de revolucionarios 211 Dificultades por la abundancia. (N. de la Edit.) V. I. Lenin 124 profesionales, sin que importe si son estudiantes u obreros quienes sean capaces de forjarse como tales revolucionarios profesionales. ¡En cambio, vosotros sacáis la conclusión de que no hay que estimular desde el exterior al movimiento obrero! En vuestra ingenuidad política, ni siquiera os dais cuenta de que hacéis así el juego a nuestros "economistas" y a nuestros métodos artesanos. Permitidme una pregunta: ¿Cómo han "estimulado" nuestros estudiantes hasta el presente a nuestros obreros? Únicamente aportando los estudiantes a los obreros las briznas de conocimientos políticos que ellos tenían, las briznas de ideas socialistas que habían podido adquirir (pues el principal alimento espiritual del estudiante de nuestros días, el marxismo legal, no ha podido darle más que el abecedario, no ha podido darle más que briznas). Y este "estímulo desde el exterior" no ha sido muy considerable, sino, al contrario, insignificante, escandalosamente insignificante en nuestro movimiento, pues no hemos hecho más que cocernos con demasiado celo en nuestra propia salsa, prosternarnos con demasiado servilismo ante la elemental "lucha económica de los obreros contra los patronos y el gobierno". Nosotros, revolucionarios de profesión, debemos "estimular" así, cien veces más, y estimularemos. Pero precisamente porque elegís esta infame expresión de "estímulo desde el exterior", expresión que inspira de modo inevitable al obrero (al menos, al obrero tan poco desarrollado como vosotros) la desconfianza hacia todos cuantos le aportan desde el exterior conocimientos políticos y experiencia revolucionaria, y que despierta el deseo instintivo de rechazar a todos ellos, obráis como demagogos, y los demagogos son los peores enemigos de la clase obrera. ¡Sí, sí! ¡Y no os apresuréis a chillar a propósito de mis "procedimientos" polémicos "faltos de espíritu de camaradería"! Yo no pongo en entredicho la pureza de vuestras intenciones; ya he dicho que la ingenuidad política basta también para hacer de una persona un demagogo. Pero he demostrado que habéis descendido hasta la demagogia, y no me cansaré nunca de repetir que los demagogos son los peores enemigos de la clase obrera. Son los peores, porque excitan los malos instintos de la multitud y porque a los obreros atrasados les es imposible reconocer a dichos enemigos, los cuales se presentan, y, a veces, sinceramente, en calidad de amigos. Son los peores, porque, en este período de dispersión y de vacilación; en que la fisonomía de nuestro movimiento aún está formándose, no hay nada más fácil que arrastrar demagógicamente a la multitud, a la cual sólo las pruebas más amargas lograrán después persuadir de su error. He aquí por qué los socialdemócratas rusos actuales deben tener como consigna del momento la de combatir con decisión tanto a Svoboda como a Rabócheie Dielo, que están descendiendo a la demagogia. (Más abajo volveremos a hablar en detalle sobre este punto212). "Es más fácil cazar a una decena de hombres inteligentes que a un centenar de bobos". Este excelente axioma (que os valdrá siempre los aplausos del centenar de bobos) parece evidente únicamente porque, en el curso de vuestro razonamiento, habéis saltado de una cuestión a otra. Habíais comenzado por hablar y seguís hablando de la captura del "comité", de la captura de la "organización", y ahora habéis saltado a otra cuestión, a la captura de las "raíces profundas" del movimiento. Naturalmente, nuestro movimiento es indestructible sólo porque tiene centenares y centenares de miles de raíces profundas, pero no es de esto de lo que se trata, ni mucho menos. En lo que se refiere a las "raíces profundas", tampoco ahora se nos puede "capturar", a pesar de todo el primitivismo de nuestros métodos de trabajo, y, sin embargo, todos deploramos y no podemos menos de deplorar la captura de "organizaciones", que impide toda continuidad en el movimiento. Ahora bien, ya que planteáis la cuestión de la captura de las organizaciones e insistís en tratar de ella, os diré que es mucho más difícil pescar a una decena de hombres inteligentes que a un centenar de bobos; y seguiré sosteniéndolo sin hacer ningún caso de vuestros esfuerzos para azuzar a la multitud contra mi "antidemocratismo", etc. Por "hombres inteligentes" en materia de organización hay que entender tan sólo, como lo he indicado en varias ocasiones, los revolucionarios profesionales, lo mismo da que sean estudiantes u obreros quienes se forjen como tales revolucionarios profesionales. Pues bien, yo afirmo: 1) que no puede haber un movimiento revolucionario sólido sin una organización de dirigentes estable y que asegure la continuidad; 2) que cuanto más extensa sea la masa espontáneamente incorporada a la lucha, masa que constituye la base del movimiento y que participa en él, más apremiante será la necesidad de semejante organización y más sólida deberá ser ésta (ya que tanto más fácilmente podrá toda clase de demagogos arrastrar a las capas atrasadas de la masa); 3) que dicha organización debe estar formada, en lo fundamental, por hombres entregados profesionalmente a las actividades revolucionarias; 4) que en el país de la autocracia, cuanto más restrinjamos el contingente de los miembros de una organización de este tipo, hasta no incluir en ella más que aquellos afiliados que se ocupen 212 Sólo haremos notar aquí que todo cuanto hemos dicho con respecto al "estímulo desde el exterior" y a todos los demás razonamientos de Svoboda sobre organización se refiere por entero a todos los "economistas", comprendidos los partidarios de Rabócheie Dielo, porque o han preconizado y sostenido activamente estos puntos de vista sobre las cuestiones de organización, o se han desviado hacia ellos. ¿Qué hacer? profesionalmente de actividades revolucionarias y que tengan ya una preparación profesional en el arte de luchar contra la policía política, más difícil será "cazar" a esta organización, y 5) mayor será el número de personas tanto de la clase obrera como de las demás clases de la sociedad que podrán participar en el movimiento y colaborar activamente en él. Invito a nuestros "economistas", terroristas y "economistas-terroristas"213 a que refuten estas tesis, de las cuales no desarrollaré en este momento más que las dos últimas. La cuestión de si es más fácil pescar a "una decena de hombres inteligentes" que a "un centenar de bobos" se reduce a la cuestión que he analizado más arriba de si es compatible una organización de masas con la necesidad de mantener un riguroso régimen clandestino. Nunca podremos dar a una organización vasta el carácter clandestino indispensable para una lucha firme y continuada contra el gobierno. Y la concentración de todas las funciones clandestinas en manos del número más pequeño posible de revolucionarios profesionales no significa en modo alguno que estos últimos "pensarán por todos", que la muchedumbre no tomará parte activa en el movimiento. Al contrario, la muchedumbre hará surgir de su seno a un número cada vez mayor de revolucionarios profesionales, pues sabrá entonces que no basta que algunos estudiantes y obreros que luchan en el terreno económico se reúnan para constituir un "comité", sino que es necesario forjarse, a través de años, como revolucionarios profesionales, y "pensará" no tan sólo en los métodos artesanos de trabajo, sino precisamente en esta formación. La centralización de las funciones clandestinas de la organización no implica en manera alguna la centralización de todas las funciones del movimiento. Lejos de disminuir, la colaboración activa de las más amplias masas en las publicaciones ilegales se decuplicará cuando una "decena" de revolucionarios profesionales centralicen las funciones clandestinas de esta labor. Así, y sólo así, conseguiremos que la lectura de las 213 Este término seria acaso más justo que el precedente en lo que a Svoboda se refiere, porque en El renacimiento del revolucionarismo se defiende el terrorismo y, en el artículo en cuestión, el "economismo". "Están verdes...", puede decirse hablando en general de Svoboda. Este órgano cuenta con buenas aptitudes y las mejores intenciones y, sin embargo, no consigue otro resultado que la confusión; confusión principalmente porque, defendiendo la continuidad de la organización, Svoboda no quiere saber nada de continuidad del pensamiento revolucionario y de la teoría socialdemócrata. Esforzarse por resucitar al revolucionario profesional (El renacimiento del revolucionarismo) y proponer para esto, primero, el terror excitante, y, segundo, la "organización de los obreros medios" (Svoboda, N° 1, págs. 66 y siguientes), menos "estimulados desde fuera", equivale, en verdad, a demoler la propia casa a fin de tener leña para calentarla. 125 publicaciones ilegales, la colaboración en ellas y, en parte, hasta su difusión dejen casi de ser una obra clandestina, pues la policía comprenderá pronto cuán absurdas e imposibles son las persecuciones judiciales y administrativas con motivo de cada ejemplar de publicaciones distribuidas en millares de ejemplares. Lo mismo cabe decir no sólo de la prensa, sino de todas las funciones del movimiento, incluso las manifestaciones. La participación más activa y más amplia de las masas en una manifestación no sólo no saldrá perjudicada, sino que, por el contrario, tendrá muchas más probabilidades de éxito si una "decena" de revolucionarios profesionales, probados, bien adiestrados, al menos tan bien como nuestra policía, centraliza todos los aspectos clandestinamente: edición de octavillas, elaboración del plan aproximado, nombramiento de un grupo de dirigentes para cada distrito de la ciudad, cada barriada fabril, cada establecimiento de enseñanza, etc. (se dirá, ya lo sé, que mis concepciones "no son democráticas", pero más adelante refutaré de manera detallada esta objeción nada inteligente). La centralización de las funciones más clandestinas por la organización de los revolucionarios no debilitará, sino que reforzará la amplitud y el contenido de la actividad de una gran cantidad de otras organizaciones destinadas al gran público, y, por consiguiente, lo menos reglamentadas y lo menos clandestinas posible: sindicatos obreros, círculos obreros de autodidactas y de lectura de publicaciones ilegales, círculos socialistas, círculos democráticos para todos los demás sectores de la población, etc., etc. Tales círculos, sindicatos y organizaciones son necesarios por todas partes; es preciso que sean lo más numerosos, y sus funciones, lo más variadas posible, pero es absurdo y perjudicial confundir estas organizaciones con la de los revolucionarios, borrar entre ellas las fronteras, extinguir en la masa la conciencia, ya de por sí increíblemente oscurecida, de que para "servir" a un movimiento de masas es necesario disponer de hombres que se consagren especial y enteramente a la acción socialdemócrata, y que estos hombres deben forjarse con paciencia y tenacidad hasta convertirse en revolucionarios profesionales. Sí, esta conciencia se halla oscurecida hasta lo increíble. Con nuestros métodos artesanos de trabajo hemos comprometido el prestigio de los revolucionarios en Rusia: en esto radica nuestra falta capital en materia de organización. Un revolucionario blandengue, vacilante en las cuestiones teóricas, limitado en su horizonte, que justifica su inercia por la espontaneidad del movimiento de masas, más semejante a un secretario de tradeunión que a un tribuno popular, sin un plan audaz y de gran alcance que imponga respeto incluso a sus adversarios, inexperto e inhábil en su arte V. I. Lenin 126 profesional (la lucha contra la policía política), ¡no es, con perdón sea dicho, un revolucionario, sino un mísero artesano! Que ningún militante dedicado al trabajo práctico se ofenda por este duro epíteto, pues, en lo que concierne a la falta de preparación, me lo aplico a mí mismo en primer término. He trabajado en un círculo214 que se asignaba tareas vastas y omnímodas, y todos nosotros, miembros del círculo, sufríamos lo indecible al ver que no éramos más que unos artesanos en un momento histórico en que, parafraseando el antiguo apotegma, se podría decir: ¡Dadnos una organización de revolucionarios y removeremos a Rusia en sus cimientos! Y cuanto más frecuentemente he tenido que recordar el agudo sentimiento de vergüenza que experimentaba entonces, tanto más se ha acrecentado en mí la amargura sentida contra esos seudosocialdemócratas, cuya propaganda "deshonra el nombre de revolucionario" y que no comprenden que nuestra obra no consiste en abogar por que el revolucionario sea rebajado al nivel del artesano, sino en elevar a éste al nivel del revolucionario. d) Envergadura del trabajo de organización Como hemos visto, B-v habla de "la escasez de fuerzas revolucionarias aptas para la acción, escasez que se observa no sólo en Petersburgo, sino en toda Rusia". Y no creo que haya nadie que ponga en duda este hecho. Pero el problema consiste en cómo explicarlo. B-v escribe: "No vamos a tratar de esclarecer las razones históricas de este fenómeno; sólo diremos que, desmoralizada por una larga reacción política y desarticulada por los cambios económicos que se han producido y se siguen produciendo, la sociedad promueve un número extremadamente reducido de personas aptas para el trabajo revolucionario; que la clase obrera, destacando revolucionarios obreros, completa en parte las filas de las organizaciones clandestinas, pero que el número de estos revolucionarios no responde a las exigencias de la época. Tanto más, cuanto que el obrero, que está ocupado en la fábrica once horas y media por día, no puede, por su situación, desempeñar principalmente más que funciones de agitador; en cambio, la propaganda y la organización, la reproducción y distribución de literatura clandestina, la publicación de proclamas, etc., corren sobre todo, quiérase o no, a cargo de un número extremadamente reducido de intelectuales" (R. Dielo, Nº 6, págs. 38-39). En muchos puntos no estamos de acuerdo con esta 214 Lenin alude al círculo de los socialdemócratas de Petersburgo encabezado por él (los "viejos"). Sobre la base de este circulo, en 1895 fue fundada la "Unión de lucha por la emancipación de la clase obrera". opinión de B-v; y en particular no estamos de acuerdo con las palabras subrayadas por nosotros, las cuales muestran con singular relieve, que, después de haber sufrido mucho (como todo militante práctico, que piense algo) por nuestros métodos primitivos, Bv no puede, porque está oprimido por el "economismo", encontrar una salida de esta situación intolerable. No, la sociedad proporciona un número extremadamente grande de personas aptas para la "causa", pero nosotros no sabemos utilizarlas a todas. En este sentido, el estado crítico, el estado de transición de nuestro movimiento puede formularse del modo siguiente: no hay hombres y hay infinidad de hombres. Hay infinidad de hombres, porque tanto la clase obrera como sectores cada vez más variados de la sociedad proporcionan cada año más y más descontentos, que desean protestar, que están dispuestos a cooperar en lo que puedan en la lucha contra el absolutismo, cuyo carácter insoportable no lo ve aún todo el mundo, pero lo sienten masas cada vez más extensas, y cada vez más agudamente. Pero, al mismo tiempo, no hay hombres, porque no hay dirigentes, no hay jefes políticos, no hay talentos organizadores capaces de realizar un trabajo a la vez amplio y unificado, coordinado, que permita utilizar todas las fuerzas, hasta las más insignificantes. "El crecimiento y el desarrollo de las organizaciones revolucionarias" están atrasados, no sólo en relación con el crecimiento del movimiento obrero, cosa que reconoce también B-v, sino en relación con el crecimiento del movimiento democrático general en todos los sectores del pueblo. (Por lo demás, es probable que B-v reconocería hoy esto, como complemento a su conclusión). El alcance del trabajo revolucionario es demasiado reducido si se compara con la amplia base espontánea del movimiento, está ahogado por la pobre teoría de "la lucha económica contra los patronos y el gobierno". Pero hoy, no sólo los agitadores políticos, sino también los organizadores socialdemócratas tienen que "ir a todas las clases de la población"215. No creo que ni un solo militante dedicado al trabajo práctico dude de que los socialdemócratas puedan repartir las mil funciones fragmentarias de su trabajo de organización entre los distintos representantes de las clases más diversas. La falta de especialización es uno de los más graves defectos de nuestra técnica que B-v deplora tan amargamente y con tanta razón. Cuanto más menudas sean las diversas "operaciones" de la labor 215 Entre los militares, por ejemplo, se observa últimamente una reanimación indudable del espíritu democrático, en parte como consecuencia de los combates, cada vez más frecuentes, en las calles con "enemigos" como los obreros y los estudiantes. Y, en cuanto nos lo permitan nuestras fuerzas, debemos dedicar sin falta la atención más seria a la labor de agitación y propaganda entre soldados y oficiales, a la creación de "organizaciones militares" afiliadas a nuestro partido. ¿Qué hacer? general, tantas más personas podrán encontrarse que sean capaces de llevarlas a cabo (y, en la mayoría de los casos, absolutamente incapaces de ser revolucionarios profesionales), y tanto más difícil será que la policía "pesque" a todos esos "militantes que desempeñan funciones fragmentarias", tanto más difícil será que pueda montar con el delito insignificante de un individuo un "asunto" que justifique los gastos del Estado para la Ojrana. Y, por lo que se refiere al número de personas dispuestas a colaborar con nosotros, ya hemos dicho en el capítulo anterior qué cambio gigantesco se ha producido en este aspecto en los cinco años últimos. Pero, por otra parte, también para agrupar en un todo único todas estas pequeñas fracciones, para no fragmentar con las funciones del movimiento el propio movimiento y para infundir al ejecutor de las funciones menudas la fe en la necesidad y en el valor de su trabajo, fe sin la cual nunca trabajará216, para todo esto hace falta precisamente una fuerte organización de revolucionarios probados. Contando con una organización así, la fe en la fuerza del partido se hará tanto más firme y tanto más extensa, cuanto más clandestina sea la organización, y en la guerra, como es sabido, lo más importante es no sólo inspirar confianza en sus propias fuerzas al ejército propio, sino impresionar al enemigo y a todos los elementos neutrales; una neutralidad amistosa puede, a veces, decidir la contienda. Con semejante organización, elevada sobre una base teórica firme y contando con un órgano socialdemócrata, no habrá que temer que el movimiento sea desviado de su 216 Recuerdo que un camarada me refirió un día que un inspector de fábrica, que había ayudado a la socialdemocracia y estaba dispuesto a seguir ayudándola, se quejan amargamente, diciendo que no sabía si sus "informes" llegaban a un verdadero centro revolucionario, no sabia hasta qué punto era necesaria su colaboración, ni hasta qué punto era posible utilizar sus menudos servicios. Todo militante dedicado a la labor práctica podría citar, naturalmente, casos semejantes, en que nuestros métodos primitivos de trabajo nos han hecho perder aliados. ¡Y los empleados y los funcionarios podrían prestamos y nos prestarían, pequeños servicios, que en conjunto serían de un valor inapreciable, no sólo en las fábricas, sino en correos, en ferrocarriles, en aduanas, entre la nobleza y en todas las demás instituciones, incluso de la policía y hasta de la corte! Si contáramos ya con un verdadero partido, con una organización verdaderamente combativa de revolucionarios, no nos precipitaríamos a utilizar a todos esos "auxiliares", no nos daríamos prisa por llevarlos siempre y necesariamente al corazón mismo de la "acción clandestina"; al contrario, los cuidaríamos de un modo peculiar e incluso prepararíamos especialmente personas para esas funciones, recordando que muchos estudiantes podrían sernos mucho más útiles como funcionarios "auxiliares" que como revolucionarios "a breve plazo". Pero, vuelvo a repetirlo, sólo puede aplicar esta táctica una organización ya perfectamente firme, a la que no faltan fuerzas activas. 127 camino por los numerosos elementos "extraños" que se hayan adherido a él (al contrario, precisamente ahora, cuando predominan los métodos primitivos, vemos cómo muchos socialdemócratas, creyéndose los únicos verdaderos socialdemócratas, desvían el movimiento hacia la línea del Credo). En una palabra, la especialización presupone necesariamente la centralización, y, a su vez, la exige en forma absoluta. Pero el mismo B-v, que ha mostrado tan bien toda la necesidad de la especialización, no la aprecia suficientemente, a nuestro parecer, en la segunda parte del razonamiento citado. Según él, el número de revolucionarios procedentes de los medios obreros es insuficiente. Esta observación es perfectamente justa, y volvemos a subrayar que la "valiosa noticia de un observador directo" confirma plenamente nuestra opinión sobre las causas de la crisis por que actualmente atraviesa la socialdemocracia y, por tanto, sobre los procedimientos de remediarla. No sólo los revolucionarios en general están retrasados con respecto al auge espontáneo de las masas, sino que incluso los obreros revolucionarios están atrasados en relación con el auge espontáneo de las masas obreras. Y este hecho confirma del modo más evidente, incluso desde el punto de vista "práctico", no sólo el absurdo, sino el carácter político reaccionario de la "pedagogía" con que se nos obsequia con tanta frecuencia cuando se trata del problema de nuestros deberes para con los obreros. Este hecho testimonia que la más primordial e imperiosa de nuestras obligaciones es contribuir a la formación de obreros revolucionarios, que, desde el punto de vista de su actividad en el partido, estén al mismo nivel que los revolucionarios intelectuales (subrayamos: desde el punto de vista de su actividad en el partido, porque en otros sentidos no es, ni mucho menos, tan fácil ni tan urgente, aunque sí necesario, que los obreros lleguen al mismo nivel). Por eso, nuestra atención debe dirigirse principalmente a elevar a los obreros al nivel de los revolucionarios y no a descender nosotros mismos indefectiblemente al nivel de la "masa obrera", como quieren los "economistas", e indefectiblemente al nivel del "obrero medio", como quiere Svoboda (que, en este sentido, pasa al segundo grado de la "pedagogía" "economista"). Nada está más lejos de mí que la idea de negar la necesidad de una literatura popular para los obreros y de otra literatura especialmente popular (pero, claro está, no vulgar) para los obreros especialmente atrasados. Pero lo que me indigna es esa constante adición de la pedagogía a los problemas políticos, a las cuestiones de organización. Pues vosotros, señores campeones del "obrero medio", en el fondo, más bien ofendéis a los obreros con el deseo de inclinarse sin falta hacia ellos, antes de hablar de política obrera o de organización obrera. ¡Erguíos, pues, para hablar de 128 cosas serias y dejad a los pedagogos la pedagogía, que no es ocupación de políticos ni de organizadores! ¿Es que entre los intelectuales no hay también hombres avanzados, elementos "medios" y "masas"? ¿Es que no reconoce todo el mundo que los intelectuales también necesitan una literatura popular? ¿No se escribe esa literatura? Pero imaginaos que, en un artículo sobre la organización de los estudiantes de universidad o de bachillerato, el autor, como quien hace un descubrimiento, se pusiera a machacar que hace falta, ante todo, una organización de "estudiantes medios". Semejante autor sería seguramente puesto en ridículo, y con toda razón. Le dirían: usted denos unas cuantas ideíllas de organización, si las tiene, y nosotros mismos ya veremos quién es "medio", superior o inferior. Y, si no tiene ideíllas propias sobre organización, todas sus disquisiciones sobre las "masas" y los "elementos medios" serán simplemente fastidiosas. Comprended de una vez que las cuestiones de "política" y de "organización", ya de por sí, son tan serias, que no se puede hablar de ellas sino con extrema seriedad: se puede y se debe preparar a los obreros (lo mismo que a los estudiantes de universidad y de bachillerato) para poder abordar ante ellos esas cuestiones, pero, una vez que han sido abordadas, dad verdaderas respuestas, no déis marcha atrás, hacia los "elementos medios" o hacia las "masas", no salgáis del paso con frases y anécdotas217. El obrero revolucionario, si quiere prepararse plenamente para su trabajo, debe convertirse también en un revolucionario profesional. Por esto no tiene razón B-v al decir que, por estar ocupado el obrero en la fábrica once horas y media, las demás funciones revolucionarias (salvo la agitación) "corren sobre todo, quiérase o no, a cargo de un número extremadamente reducido de intelectuales". No sucede esto "quiérase o no", sino a consecuencia de nuestro atraso, porque no comprendemos que es nuestro deber ayudar a todo obrero que se distinga por su capacidad a convertirse en un agitador, organizador, propagandista, distribuidor, etc., etc., de carácter profesional. En este sentido, malgastamos vergonzosamente nuestras fuerzas, no sabemos cuidar lo que tiene que ser cultivado y desarrollado 217 Svoboda, N° 1, artículo La organización, pág. 66: "La masa obrera apoyará con todo su peso todas las reivindicaciones que sean formuladas en nombre del Trabajo de Rusia" (¡sin falta, Trabajo con mayúscula!). Y el mismo autor exclama: "Yo no siento hostilidad alguna hacia los intelectuales, pero"... (este es el pero que Schedrín traducía con las palabras: ¡¡no crecen las orejas más arriba de la frente!!)… "pero me pongo terriblemente furioso cuando viene una persona y me dice una serie de cosas muy bellas y muy buenas, y exige que sean aceptadas por su (¿de él?) belleza y demás méritos" (pág. 62). Sí, también yo "me pongo terriblemente furioso"... V. I. Lenin con particular solicitud. Fijaos en los alemanes: tienen cien veces más fuerzas que nosotros, pero comprenden perfectamente que los obreros "medios" no proporcionan con demasiada frecuencia agitadores, etc., efectivamente capaces. Por eso, procuran en seguida colocar a todo obrero capaz en condiciones que le permitan desarrollar plenamente y aplicar plenamente sus aptitudes: hacen de él un agitador profesional, le animan a ensanchar su campo de acción, a extenderla de una fábrica a todo un oficio, de una localidad a todo el país. De este modo, el obrero adquiere experiencia y habilidad profesional, ensancha su horizonte y sus conocimientos, observa de cerca a los jefes políticos eminentes de otras localidades y de otros partidos, procura elevarse él mismo a su nivel y reunir en su persona el conocimiento del medio obrero y la lozanía de las convicciones socialistas con la competencia profesional, sin la que el proletariado no puede luchar empeñadamente contra sus enemigos perfectamente instruidos. Así, y sólo así, surgen de la masa obrera los Bebel y los Auer. Pero lo que en un país políticamente libre se hace en gran parte por sí solo, entre nosotros deben hacerlo sistemáticamente nuestras organizaciones. Todo agitador obrero que tenga algún talento, que "prometa", no debe trabajar once horas en la fábrica. Debemos arreglárnoslas de modo que viva por cuenta del partido, que pueda pasar a la acción clandestina en el momento preciso, que cambie de localidad, pues de otro modo no adquirirá gran experiencia, no ampliará su horizonte, no podrá sostenerse siquiera unos cuantos años en la lucha contra los gendarmes. Cuanto más amplio y más profundo es el auge espontáneo de las masas obreras, tantos más agitadores de talento destacan, y no sólo agitadores, sino organizadores, propagandistas y militantes "prácticos" de talento, "prácticos" en el buen sentido de la palabra (que son tan escasos entre nuestros intelectuales, en su mayor parte un poco apáticos y descuidados a la rusa). Cuando tengamos destacamentos de obreros revolucionarios (y bien entendido que en "todas las armas" de la acción revolucionaria) especialmente preparados por un largo aprendizaje, ninguna policía política del mundo podrá con ellos, porque esos destacamentos de hombres consagrados en cuerpo y alma a la revolución gozarán igualmente de una confianza ilimitada por parte de las más amplias masas obreras. Y cometemos una gran falta no "empujando" bastante a los obreros hacia este camino, que es común para ellos y para los "intelectuales", hacia el camino del aprendizaje revolucionario profesional, tirando con demasiada frecuencia de ellos hacia atrás con discursos necios sobre lo que es "accesible" a la masa obrera, a los "obreros medios", etc. En este sentido, como en los demás, el reducido alcance del trabajo de organización está en relación ¿Qué hacer? indudable e íntima (aunque la inmensa mayoría de los "economistas" y de los militantes prácticos novatos no lo reconozcan) con la reducción del alcance de nuestra teoría y de nuestras tareas políticas. El culto de la espontaneidad origina una especie de temor de apartarnos, aunque sea un paso, de lo que sea "accesible" a las masas, un temor de subir demasiado alto, por encima de la simple satisfacción de sus necesidades directas e inmediatas. ¡No tengan miedo, señores! ¡Recuerden ustedes que en materia de organización estamos a un nivel tan bajo, que es absurda hasta la propia idea de que podamos subir demasiado alto! e) La organización "de conjuradores" y la "democracia" Y hay entre nosotros muchas gentes tan sensibles a "la voz de la vida", que temen más que nada precisamente esto, acusando a los que mantienen las opiniones expuestas más arriba de ser secuaces de "La Voluntad del Pueblo", de no comprender la "democracia", etc. Tenemos que detenernos en estas acusaciones, que apoya también, como es natural, Rabócheie Dielo. Quien escribe estas líneas sabe muy bien que los "economistas" petersburgueses acusaban ya a Rabóchaya Gazeta de seguir a "La Voluntad del Pueblo" (cosa comprensible si se la compara con Rabóchaya Mysl). Por eso, cuando después de la aparición de Iskra un camarada nos refirió que los socialdemócratas de la ciudad de X califican a Iskra de órgano de "La Voluntad del Pueblo", no nos sentimos nada sorprendidos. Naturalmente, esa acusación era para nosotros un elogio, pues ¿a qué socialdemócrata decente no le han acusado los "economistas" de lo mismo? Estas acusaciones son debidas a una doble confusión. En primer lugar, se conoce tan poco entre nosotros la historia del movimiento revolucionario, que es calificada de afecta a "La Voluntad del Pueblo" toda idea de una organización combativa centralizada que declara una guerra resuelta al zarismo. Pero la magnífica organización que tenían los revolucionarios de la década del 70 y que debería servirnos a todos de modelo no la crearon, ni mucho menos, los secuaces de "La Voluntad del Pueblo", sino los partidarios de "Tierra y Libertad"218, que una 218 "Tierra y Libertad": organización clandestina de los populistas revolucionarios, fundada en Petersburgo en el otoño de 1876. Formaron parte de ella Monk y Olga Natanson, J. Plejánov, O. Aptekmán, S. Kravchinski S. Peróvskaya, A. D. y A. F. Mijáilov y otros. Los partidarios de "Tierra y Libertad" consideraban a los campesinos la fuerza revolucionaria fundamental de Rusia y trataban de alzarlos a la insurrección contra el zarismo. Desplegaban una labor revolucionaria en diversas regiones de Rusia: Tambov, Vorónezh, etc. Debido al fracaso de la labor revolucionaria entre los 129 escisión dividió en partidarios de "El Reparto Negro" y secuaces de "La Voluntad del Pueblo". Por esto es absurdo, histórica y lógicamente, ver en una organización revolucionaria de combate algo específicamente propio de "La Voluntad del Pueblo", porque toda tendencia revolucionaria, si piensa realmente en una lucha seria, no puede prescindir de semejante organización. El error de los secuaces de "La Voluntad del Pueblo" no consistió en procurar que se incorporaran a su organización todos los descontentos y en orientar esa organización hacia una lucha resuelta contra la autocracia. Eso, por el contrario, constituye su gran mérito ante la historia. Y su error consistió en apoyarse en una teoría que, en realidad, no era en modo alguno una teoría revolucionaria, y en no haber sabido, o en no haber podido, establecer un nexo firme entre su movimiento y la lucha de clases en la sociedad capitalista en desarrollo. Y sólo la más burda incomprensión del marxismo (o su "comprensión" en el sentido del "struvismo") ha podido dar lugar a la opinión de que la aparición de un movimiento obrero espontáneo de masas nos exime de la obligación de crear una organización de revolucionarios tan buena como la de los partidarios de "Tierra y Libertad" o de crear una organización incomparablemente mejor. Ese movimiento, por el contrario, nos impone precisamente esa obligación, porque la lucha espontánea del proletariado no se convertirá en su verdadera "lucha de clases" mientras esta lucha no sea dirigida por una fuerte organización de revolucionarios. En segundo lugar, muchos -y entre ellos, por lo visto, B. Krichevski (R. D. N° 10, pág. 18)- no comprenden bien la polémica que siempre han sostenido los socialdemócratas contra la concepción de la lucha política como una lucha "de conjuradores". Hemos protestado y protestaremos siempre, desde luego, contra la reducción de la lucha política a las dimensiones de una conjuración219, pero campesinos y al enconamiento de la represión gubernamental, en 1879, se formó en el seno de "Tierra y Libertad" un grupo de terroristas que renunciaron al trabajo revolucionario entre los campesinos y consideraban que el medio principal de la lucha revolucionaria contra el zarismo era el terrorismo contra los gobernantes zaristas. En el Congreso celebrado aquel año, "Tierra y Libertad" se escindió en dos organizaciones: "La Voluntad del Pueblo", que emprendió el camino del terror, y "El Reparto Negro", que continuó manteniendo las posiciones de "Tierra y. Libertad". Más tarde, una parte de los partidarios de "El Reparto Negro" -Plejánov, Axelrod, Zasúlich, Deich e Ignátov- abrazaron el marxismo, y en 1883 crearon en el extranjero la primera organización rusa marxista, el grupo "Emancipación del Trabajo". 219 Véase Las tareas de los socialdemócratas rusos, pág. 21, la polémica contra P. L. Lavrov, (Véase V. I. Lenin, Obras, 5ª ed. en ruso, 1. 2, págs. 459-460. - N. de la Edit.) 130 eso, claro está, no significaba en modo alguno que negáramos la necesidad de una fuerte organización revolucionaria. Y, por ejemplo, en el folleto citado en la nota, junto a la polémica contra quienes quieren reducir la lucha política a una conjuración, se encuentra el esquema de una organización (como ideal de los socialdemócratas) lo suficientemente fuerte para poder, "con objeto de asestar el golpe decisivo al absolutismo", recurrir tanto a la "insurrección" como a cualquier "otra forma de ataque"220. Por su forma, una organización revolucionaria de esa fuerza en un país autocrático puede llamarse también organización "de conjuradores", porque la palabra francesa "conspiration" equivale en ruso a "conjuración", y el carácter conspirativo es imprescindible en el grado máximo para semejante organización. Hasta tal punto es el carácter conspirativo condición imprescindible de tal organización, que todas las demás condiciones (número de miembros, su selección, sus funciones, etc.) tienen que coordinarse con ella. Sería, por tanto, extrema candidez temer que nos acusaran a los socialdemócratas de querer crear una organización de conjuradores. Todo enemigo del "economismo" debe enorgullecerse de esa acusación, como de la acusación de seguir a "La Voluntad del Pueblo". Se nos objetará que una organización tan poderosa y tan rigurosamente secreta, que concentra en sus manos todos los hilos de la actividad conspirativa, organización necesariamente centralista, puede lanzarse con demasiada facilidad a un ataque prematuro, puede forzar irreflexivamente el movimiento, antes de que lo hagan posible y necesario la extensión del descontento político, la fuerza de la efervescencia y de la indignación de la clase obrera, etc. Nosotros contestaremos que, hablando en términos abstractos, no se puede negar, desde luego, que una organización de combate puede entablar una batalla impremeditada, la cual puede terminar con una derrota que no sería en absoluto inevitable en otras condiciones. Pero, en semejante problema, es imposible limitarse a consideraciones abstractas, porque todo combate entraña posibilidades abstractas de derrota, y no hay otro 220 Las tareas de los socialdemócratas rusos, pág. 23. (Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 2, pág. 461. N. de la Edit.) Por cierto, he aquí otro ejemplo de cómo Rab. Dielo o no comprende lo que dice o cambia de opinión según el "viento que corre". En el número 1 de R. Dielo se dice en cursiva: "El contenido del folleto que acabamos de exponer coincide plenamente con el programa de la Redacción de "Rabócheie Dielo" (pág. 142). ¿Es cierto esto? ¿Con las Tareas coincide la idea de que no se puede plantear al movimiento de masas como primera tarea la de derribar la autocracia? ¿Coincide la teoría de la "lucha económica contra los patronos y el gobierno"? ¿Coincide la teoría de las fases? Que el lector juzgue acerca de la firmeza de principios de un órgano que de modo tan original comprende la "coincidencia". V. I. Lenin medio de disminuir esa posibilidad que preparar organizadamente el combate. Y si planteamos el problema en el terreno concreto de las condiciones actuales de Rusia, tendremos que llegar a esta conclusión positiva: una fuerte organización revolucionaria es en absoluto necesaria, precisamente para dar estabilidad al movimiento y preservarlo de la posibilidad de ataques irreflexivos. Justamente ahora, cuando carecemos de semejante organización y el movimiento revolucionario crece espontánea y rápidamente, se observan ya dos extremos (que, como es lógico, "se tocan"): o un "economismo" totalmente inconsistente, acompañado de prédicas de moderación, o un "terror excitante", de la misma inconsistencia, que tiende "a producir artificialmente, en el movimiento que se desarrolla y se consolida, pero que todavía está más cerca de su principio que de su fin, síntomas de su fin" (V. Z. en Zariá, Nº 2-3, pág. 353). Y el ejemplo de Rab. Dielo demuestra que existen ya socialdemócratas que capitulan ante ambos extremos. Y no es de extrañar, porque, amén de otras razones, la "lucha económica contra los patronos y el gobierno" no satisfará nunca a un revolucionario, y siempre surgirán, aquí o allá, extremos opuestos. Sólo una organización combativa centralizada, que aplique firmemente la política socialdemócrata y que satisfaga, por decirlo así, todos los instintos y aspiraciones revolucionarios, puede preservar al movimiento de un ataque irreflexivo y preparar un ataque que prometa éxito. Se nos objetará también que el punto de vista expuesto sobre la organización contradice el "principio democrático". Mientras la acusación anterior es de origen específicamente ruso, ésta tiene carácter específicamente extranjero. Sólo una organización del extranjero ("La Unión de Socialdemócratas Rusos") ha podido dar a su redacción, entre otras instrucciones, la siguiente: "Principio de organización. Para favorecer el desarrollo y unificación de la socialdemocracia, es preciso subrayar, desarrollar, luchar por un amplio principio democrático en su organización de partido, cosa que han hecho especialmente imprescindible las tendencias antidemocráticas que han aparecido en las filas de nuestro partido" (Dos Congresos, pág. 18). En el capítulo siguiente veremos cómo precisamente lucha Rab. Dielo contra las "tendencias antidemocráticas" de Iskra. Ahora veamos más al detalle el "principio" que proponen los "economistas". Todo el mundo estará probablemente de acuerdo en que el "amplio principio democrático" supone las dos condiciones imprescindibles siguientes: en primer lugar, una publicidad completa, y, en segundo lugar, el carácter electivo de todos los cargos. Sin publicidad sería ridículo hablar de democracia, y, además, sin una publicidad que no ¿Qué hacer? quede reducida a los miembros de la organización. Llamaremos democrática a la organización del partido socialista alemán, porque todo en él se hace públicamente, incluso las sesiones de sus congresos, pero nadie llamará democrática a una organización que se oculte, para todos los que no sean miembros suyos, tras el velo del secreto. Por tanto, ¿qué sentido tiene proponer un "amplio principio democrático", cuando la condición fundamental de ese principio es irrealizable para una organización secreta? El "amplio principio" resulta ser una mera frase, sonora, pero vacía. Aún más. Esta frase demuestra una incomprensión completa de las tareas urgentes del momento en materia de organización. Todo el mundo sabe hasta qué punto está extendida entre nosotros la falta de discreción conspirativa en la "gran" masa de revolucionarios. Ya hemos visto cómo se queja amargamente de ello B-v, exigiendo, con toda razón, "una severa selección de los afiliados" (R. D., N° 6, pág. 42). ¡Y de pronto surgen gentes que se ufanan de su "sentido de la vida" y, en semejante situación, subrayan, no la necesidad de la más severa discreción conspirativa y de la más rigurosa (y, por consiguiente, más estrecha) selección de afiliados, sino un "amplio principio democrático"! Esto se llama no dar en el clavo. No queda mejor parado el segundo signo de democracia, el carácter electivo. En los países que gozan de libertad política, esta condición se sobreentiende por sí misma. "Se considera miembro del partido todo el que acepta los principios de su programa y ayuda al partido en la medida de sus fuerzas", dice el artículo primero de los Estatutos de organización del Partido Socialdemócrata Alemán. Y como toda la liza política está descubierta para todos, al igual que la rampa de la escena para los espectadores de un teatro, el que se acepte o no se acepte, se preste o no se preste apoyo son cosas que todos saben por los periódicos y por las reuniones públicas. Todo el mundo sabe que determinado dirigente político ha comenzado de tal manera, ha pasado por tal y tal evolución, se ha portado de tal y tal modo en un momento difícil de su vida, se distingue en general por tales y tales cualidades: por tanto, es natural que a este dirigente lo puedan elegir o no elegir con conocimiento de causa, para determinado cargo de partido, todos los miembros del partido. El control general (en el sentido literal de la palabra) de cada uno de los pasos del afiliado al partido, a lo largo de su carrera política, crea un mecanismo de acción automática, cuyo resultado es lo que en Biología se llama "supervivencia de los mejores adaptados". La "selección natural", producto de la completa publicidad, del carácter electivo y del control general, asegura que, al fin y al cabo, cada dirigente quede "en su sitio", se encargue de la labor que mejor concuerde con sus fuerzas y con sus aptitudes, experimente sobre sí mismo todas las 131 consecuencias de sus errores y demuestre ante los ojos de todos su capacidad de reconocer sus faltas y de evitarlas. ¡Pero prueben ustedes a encajar este cuadro en el marco de nuestra autocracia! ¿Es acaso concebible entre nosotros que "todo el que acepte los principios del programa del partido y ayude al partido en la medida de sus fuerzas" controle cada paso del revolucionario clandestino? ¿Que todos elijan a una u otra persona de entre estos últimos, cuando, en interés de su trabajo, el revolucionario está obligado a ocultar su verdadera personalidad a las nueve décimas partes de esos "todos"? Reflexionad aunque sea un momento acerca del verdadero sentido de las sonoras palabras de Rab. Dielo y veréis que una "amplia democracia" de una organización de partido en las tinieblas de la autocracia, cuando son los gendarmes los que seleccionan, no es más que un juego inútil y perjudicial. Es un juego inútil, porque, en la práctica, nunca ha podido ninguna organización revolucionaria aplicar una amplia democracia, ni puede aplicarla, por mucho que lo desee. Es un juego perjudicial, porque los intentos de aplicar en la práctica un "amplio principio democrático" sólo facilitan a la policía las grandes redadas y consagran por una eternidad los métodos primitivos de trabajo dominantes, distrayendo el pensamiento de los militantes dedicados a la labor práctica de la seria e imperiosa tarea de forjarse como revolucionarios profesionales, desviándolo hacia la redacción de detallados reglamentos "burocráticos" sobre sistemas de elecciones. Sólo en el extranjero, donde no pocas veces se reúnen gentes que no pueden encontrar una labor verdadera y real, ha podido desarrollarse, en alguna que otra parte, especialmente en diversos pequeños grupos, ese "juego a la democracia". Para demostrar al lector hasta qué punto es indecorosa la forma en que Rab. Dielo gusta de preconizar un "principio" tan noble como la democracia en el trabajo revolucionario, nos remitiremos de nuevo a un testigo. Se trata de E. Serebriakov, director de la revista de Londres -akanunie, que siente gran debilidad por Rab. Dielo y gran odio contra Plejánov y los "plejanovistas": en los artículos referentes a la escisión de la "Unión de Socialdemócratas Rusos" en el extranjero, -akanunie se puso decididamente al lado de Rab. Dielo y se abalanzó con una verdadera nube de palabras mezquinas sobre Plejánov. Tanto más valor tiene para nosotros el testigo en este punto. En el número 7 de -akanunie (julio de 1899), en el artículo titulado: Con motivo del llamamiento del Grupo de autoemancipación de los obreros, E. Serebriakov decía que era "indecoroso" plantear cuestiones de "prestigio, de primacía, de lo que se llama el areópago, en un movimiento revolucionario serio", y decía entre otras cosas, lo siguiente: 132 "Myshkin, Rogachov, Zheliábov, Mijáilov, Peróvskaya, Figner y otros nunca se consideraron dirigentes y nadie los había elegido ni nombrado, aunque en realidad si lo eran, porque, tanto en el periodo de propaganda como en la lucha contra el gobierno, se encargaron del paso mayor del trabajo, fueron a los sitios más peligrosos y su actividad fue la más fructífera. Y la primacía no resultaba de que la desearan, sino de que los camaradas que los rodeaban confiaban en su inteligencia, en su energía y en su lealtad. Temer a un areópago (y, si no se le teme, no hay por qué hablar de él) que puede dirigir autoritariamente el movimiento, es ya demasiada candidez. ¿Quién le obedecería?". Preguntamos al lector: ¿en qué se diferencia el "areópago" de las "tendencias antidemocráticas"? ¿No es evidente que el "plausible" principio de organización de Rabócheie Dielo es tan cándido como indecoroso? Cándido, porque a un "areópago" o a gentes con "tendencias antidemocráticas" sencillamente no las obedecerá nadie, toda vez que "los camaradas que los rodean no confiarán en su inteligencia, en su energía y en su lealtad". E indecoroso, como salida demagógica en la que se especula con la presunción de unos, con el desconocimiento, por parte de otros, del estado en que realmente se encuentra nuestro movimiento y con la falta de preparación y el desconocimiento de la historia del movimiento revolucionario, por parte de los terceros. El único principio de organización serio a que deben atenerse los dirigentes de nuestro movimiento tiene que ser el siguiente: la más severa discreción conspirativa, la más rigurosa selección de afiliados y la preparación de revolucionarios profesionales. Si se cuenta con estas cualidades, está asegurado algo mucho más importante que la "democracia", a saber: la plena y fraternal confianza mutua entre los revolucionarios. Indiscutiblemente, necesitamos esta confianza, porque no se puede hablar entre nosotros, en Rusia, de sustituirla por un control democrático general. Y cometeríamos un gran error si creyéramos que, por ser imposible un control verdaderamente "democrático", los afiliados a una organización revolucionaria se convierten en incontrolados: no tienen tiempo de pensar en las formas pueriles de democracia (democracia en el seno de un apretado grupo de camaradas entre los que reina plena confianza mutua), pero sienten muy vivamente su responsabilidad, sabiendo además, por experiencia, que una organización de verdaderos revolucionarios no se parará en nada para librarse de un miembro indigno. Además, está bastante extendida entre nosotros una opinión pública de los medios revolucionarios rusos (e internacionales), que tiene tras sí toda una historia y que castiga con implacable severidad toda falta a las obligaciones de camaradería (¡y la "democracia", la verdadera, no la V. I. Lenin democracia pueril, queda comprendida, como la parte en el todo, en este concepto de camaradería!). ¡Tened todo esto en cuenta y comprenderéis qué repugnante tufillo a juego a los generales en el extranjero despiden todas esas habladurías y resoluciones sobre "tendencias antidemocráticas"! Hay que observar, además, que la otra fuente de tales habladurías, es decir, la candidez, se alimenta también de la confusión de ideas acerca de lo que es la democracia. En el libro de los esposos Webb sobre las tradeuniones inglesas hay un capítulo curioso: La democracia primitiva. Los autores refieren en este capítulo cómo los obreros ingleses, en el primer período de existencia de sus sindicatos, consideraban como señal imprescindible de democracia el que todos hicieran de todo en la dirección de los sindicatos: no sólo eran decididas todas las cuestiones por votación de todos los miembros, sino que los cargos también eran desempeñados sucesivamente por todos los afiliados. Fue necesaria una larga experiencia histórica para que los obreros comprendieran lo absurdo de semejante concepto de la democracia y la necesidad, por una parte, de que existieran instituciones representativas y, por otra, de funcionarios profesionales. Fueron necesarios unos cuantos casos de quiebra de cajas de los sindicatos para que los obreros comprendieran que la relación proporcional entre las cuotas que pagaban y los subsidios que recibían no podía decidirse sólo por votación democrática, sino que exigía, además, el consejo de un perito en seguros. Leed también el libro de Kautsky sobre el parlamentarismo y la legislación popular y veréis que las deducciones del teórico marxista coinciden con las lecciones que dan prolongados años de práctica de los obreros unidos "espontáneamente". Kautsky protesta enérgicamente contra la forma primitiva en que Rittinghausen concibe la democracia, se burla de la gente dispuesta a exigir en su nombre que "los periódicos populares se redacten directamente por el pueblo", demuestra la necesidad de que existan periodistas profesionales, parlamentarios, etc., para dirigir de un modo socialdemócrata la lucha de clase del proletariado; ataca el "socialismo de anarquistas y literatos", que, por "efectismo", exaltan la legislación directamente popular y no comprenden hasta qué punto es sólo relativamente aplicable en la sociedad contemporánea. Todo el que haya trabajado de un modo práctico en nuestro movimiento sabe cuán extendido está entre la masa de la juventud estudiantil y entre los obreros el concepto "primitivo" de la democracia. No es de extrañar que este concepto penetre tanto en estatutos como en publicaciones. Los "economistas" de tipo bernsteiniano decían en sus Estatutos: "§ 10. Todos los asuntos que afecten a los intereses de toda la organización sindical serán decididos por mayoría de votos de todos sus miembros". Los "economistas" ¿Qué hacer? de tipo terrorista repiten tras ellos: "Es imprescindible que los acuerdos del comité recorran todos los círculos y sólo entonces sean acuerdos efectivos" (Svoboda, N° 1, pág. 67). Observad que esta exigencia de aplicar ampliamente el sistema de referéndum se plantea ¡después de exigir que toda la organización se base en el principio electivo! Desde luego, nada está más lejos de nosotros que el censurar por eso a los militantes dedicados al trabajo práctico, que han tenido muy poca posibilidad de conocer la teoría y la práctica de las organizaciones efectivamente democráticas. Pero, cuando Rab. Dielo, que pretende tener un papel dirigente, se limita en semejantes circunstancias a una resolución sobre un amplio principio democrático, ¿qué es esto sino puro "efectismo"? f) El trabajo en escala local y en escala nacional Si las objeciones contra el plan de organización que aquí exponemos, al que se reprocha su falta de democracia y su carácter conspirativo, carecen totalmente de fundamento, queda todavía una cuestión que se plantea muchas veces y que merece ser examinada en detalle: se trata de la relación entre el trabajo local y el trabajo en escala nacional. Se expresa el temor de que, al crearse una organización centralista, el centro de gravedad pase del primer trabajo al segundo, el temor de que esto perjudique al movimiento, debilite la solidez de los vínculos que nos unen con la masa obrera, y, en general, la estabilidad de la agitación local. Contestaremos que nuestro movimiento se resiente durante estos últimos años precisamente por el hecho de que los militantes locales están demasiado absorbidos por el trabajo local; que, por esta razón, es, sin duda de ningún género, necesario desplazar algo el centro de gravedad hacia el trabajo en el plano nacional; que este desplazamiento no debilitará, sino que, por el contrario, dará mayor solidez a nuestros vínculos y mayor estabilidad a nuestra agitación local. Examinemos la cuestión del órgano central y de los órganos locales, rogando al lector que no olvide que el asunto de la prensa no es para nosotros más que un ejemplo ilustrativo del trabajo revolucionario en general, infinitamente más amplio y más variado. En el primer período del movimiento de masas (1896-1898), los militantes locales intentan publicar un órgano destinado a toda Rusia, la Rabóchaya Gazeta; en el período siguiente (1898-1900), el movimiento da un gigantesco paso hacia adelante, pero los órganos locales absorben totalmente la atención de los dirigentes. Si se hace un recuento de todos esos órganos locales, resultará221, en números 221 Véase el Informe ante el Congreso de París, pág. 14: "Desde entonces (1897) hasta la primavera de 1900, fueron publicados en diversos puntos treinta números de varios periódicos... Por término medio, se publicó más de 133 redondos, un número al mes. ¿No es esto una prueba evidente de que nuestros métodos de trabajo son primitivos? ¿No demuestra esto con evidencia el atraso en que nuestra organización revolucionaria está respecto al auge espontáneo del movimiento? Si la misma cantidad de números de periódicos se hubiera publicado, no por grupos locales dispersos, sino por una organización única, no sólo habríamos ahorrado una enormidad de fuerzas, sino asegurado a nuestro trabajo infinitamente más estabilidad y continuidad. Olvidan con demasiada frecuencia esta sencilla consideración, tanto los militantes dedicados a la labor práctica, que trabajan de un modo activo casi exclusivamente en los órganos locales (por desgracia, en la inmensa mayoría de los casos, la situación no ha cambiado), como los publicistas que muestran en esta cuestión un extraordinario quijotismo. El militante dedicado al trabajo práctico se da generalmente por satisfecho con la consideración de que a los militantes locales "les es difícil"222 ocuparse de la publicación de un periódico destinado a toda Rusia y que mejor es tener periódicos locales que no tener ninguno. Esto último es, desde luego, muy justo, y ningún militante dedicado al trabajo práctico reconocerá más que nosotros la gran importancia y la gran utilidad de los periódicos locales en general. Pero no se trata de esto, sino de ver si es posible librarse del fraccionamiento y de los métodos primitivos de trabajo, que tan palmariamente quedan reflejados por los treinta números de periódicos locales publicados en toda Rusia en dos años y medio. No os limitéis al principio indiscutible, pero demasiado abstracto, de la utilidad de los periódicos locales en general; tened, además, el valor de reconocer francamente sus lados negativos, que han puesto de manifiesto dos años y medio de experiencia. Esta experiencia demuestra que, en las condiciones en que nos encontramos, los periódicos locales, en la mayoría de los casos, resultan en principio inestables, políticamente carecen de importancia, y, en cuanto al consumo de energías revolucionarias, resultan demasiado costosos, como totalmente insatisfactorios desde el punto de vista técnico (me refiero, claro está, no a la técnica tipográfica, sino a la frecuencia y regularidad de la publicación). Y todos los defectos indicados no son obra de la casualidad, sino consecuencia inevitable del fraccionamiento que, por una parte, un número al mes". Se refiere al artículo Informe sobre el movimiento socialdemócrata ruso al Congreso Socialista Internacional, celebrado en París en 1900, editado por la "Unión de Socialdemócratas Rusos", Ginebra, 1901. El informe lo escribió la Redacción de Rabócheie Dielo por encargo de la "Unión". 222 Esta dificultad es sólo aparente. En realidad, no hay círculo local que no pueda abordar activamente una u otra función del trabajo en la escala nacional. "No digas que no puedes, sino que no quieres". 134 explica el predominio de los periódicos locales en el período que examinamos, y, por otra parte, encuentra un apoyo en ese predominio. Una organización local, por sí sola, no está realmente en condiciones de asegurar la estabilidad de principios de su periódico y colocarlo a la altura de un órgano político, no está en condiciones de reunir y utilizar materiales suficientes para enfocar toda nuestra vida política. Y, en cuanto al argumento a que ordinariamente se recurre en los países libres para justificar la necesidad de numerosos periódicos locales -su baratura, por el hecho de confeccionarlos obreros locales, y la posibilidad de ofrecer una información mejor y más rápida a la población-, la experiencia ha demostrado, que, en nuestro país, este argumento se vuelve contra los periódicos locales. Estos resultan demasiado costosos en lo que al consumo de energías revolucionarias se refiere; y son publicados muy de tarde en tarde por la sencilla razón de que un periódico ilegal, por pequeño que sea, precisa un enorme aparato clandestino, que exige la existencia de una gran industria fabril, pues en un taller de artesanos no es posible montar semejante aparato. Cuando el aparato clandestino es primitivo, resulta muchas veces (todo militante dedicado al trabajo práctico conoce abundantes ejemplos de este género) que la policía aprovecha la aparición y difusión de uno o dos números para hacer una redada en masa, que deja todo como para volver a empezar de nuevo. Un buen aparato clandestino exige una buena preparación profesional de los revolucionarios y la más consecuente división del trabajo, y estas dos condiciones son absolutamente irrealizables en una organización local aislada, por muy fuerte que sea en un momento dado. No hablemos ya de los intereses generales de todo nuestro movimiento (una educación socialista y política de los obreros basada en principios firmes); también los intereses específicamente locales quedan mejor atendidos por órganos no locales. Sólo a primera vista puede esto parecer una paradoja, pero, en realidad, la experiencia de los dos años y medio de que hemos hablado lo demuestra de un modo irrefutable. Todo el mundo estará de acuerdo en que, si todas las fuerzas locales que han publicado treinta números de periódicos locales hubieran trabajado para un solo periódico, se habrían publicado sin dificultad sesenta números de éste, si no cien, y por consiguiente, se habrían reflejado de un modo más completo las particularidades del movimiento puramente local. No cabe duda de que no es fácil conseguir esta coordinación, pero hace falta que, al fin, reconozcamos su necesidad; que cada círculo local piense y trabaje activamente en este sentido sin esperar el empujón de fuera, sin dejarse seducir por la accesibilidad y la proximidad de un órgano local, proximidad que -según lo prueba nuestra experiencia revolucionaria- es, en buena parte, ilusoria. V. I. Lenin Y prestan un flaco servicio al trabajo práctico los publicistas que, considerándose especialmente próximos a los militantes prácticos, no se dan cuenta de este carácter ilusorio y salen del paso con un razonamiento tan extraordinariamente fácil como vacío: hacen falta periódicos locales, hacen falta periódicos regionales, hacen falta periódicos destinados a toda Rusia. Naturalmente, hablando en términos generales, todo esto hace falta, pero también hace falta, cuando se aborda un problema concreto de organización, pensar en las condiciones de ambiente y de tiempo. ¿Y no estamos, en efecto, ante un caso de quijotismo cuando Svoboda (N° 1, pág. 68), "deteniéndose" especialmente "en el problema del periódico", escribe: "Nosotros creemos que en todo lugar con un número considerable de obreros debe haber un periódico obrero. No traído de fuera, sino justamente suyo propio", Si este publicista no quiere pensar en el sentido de sus palabras, por lo menos piensa tú por él, lector: ¡cuántas decenas, si no centenares de "lugares con un número considerable de obreros" hay en Rusia, y qué perpetuación de nuestros métodos primitivos de trabajo resultaría si cada organización local se pusiera efectivamente a publicar su propio periódico! ¡Cómo facilitaría este fraccionamiento a nuestros gendarmes la tarea de pescar -y, además, sin el menor esfuerzo "algo considerable"- a los militantes locales, desde el comienzo mismo de su actuación, antes de haber podido llegar a ser verdaderos revolucionarios! En un periódico destinado a toda Rusia -continúa el autor-, no interesarían mucho las narraciones de los atropellos de los fabricantes "y de los pequeños detalles de la vida fabril en diversas ciudades que no son las suyas", pero "al vecino de Oriol no le aburrirá leer lo que sucede en Oriol. Sabe siempre con quién se han "metido", a quién "se le da su merecido", y pone su alma en lo que lee" (pág. 69). Sí, sí, el vecino de Oriol pone su alma, pero nuestro publicista "pone" también demasiada imaginación. Lo que éste debiera pensar es si es oportuna una tal defensa de la mezquindad de esfuerzos. Nadie mejor que nosotros reconoce la necesidad e importancia de las denuncias de los abusos que se cometen en las fábricas, pero hay que recordar que hemos llegado ya a un momento en que a los vecinos de Petersburgo les aburre leer las cartas petersburguesas del periódico petersburgués Rabóchaya Mysl. Para las denuncias de los abusos que se cometen en las fábricas locales hemos tenido siempre, y debemos seguir teniendo siempre las hojas volantes, pero el periódico tenemos que elevarlo, y no rebajarlo al nivel de hojas de fábrica. Para un "periódico" necesitamos denuncias no tanto de "pequeñeces", como de los grandes defectos típicos de la vida fabril, denuncias hechas sobre la base de ejemplos particularmente destacados, que, por lo mismo, puedan interesar a todos los obreros y a todos los dirigentes del ¿Qué hacer? movimiento, que puedan enriquecer efectivamente sus conocimientos, ensanchar su horizonte, dar comienzo al despertar de una nueva región, de una nueva capa profesional de obreros. "Además, en un periódico local, todos los desmanes de la administración de la fábrica o de otras autoridades pueden recogerse en seguida, en caliente. En cambio, mientras llegue la noticia al periódico general, lejano, en el punto de origen ya se habrán olvidado de lo sucedido: "¿Cuándo habrá sucedido esto?; ¡cualquiera lo recuerda!" (ibíd.) ¡En efecto, cualquiera lo recuerda! Los treinta números publicados en dos años y medio corresponden, según hemos visto en la misma fuente, a seis ciudades. De modo que a cada ciudad corresponde, por término medio, ¡un número de periódico cada medio año! E incluso si nuestro ligero publicista triplica en su hipótesis el rendimiento del trabajo local (cosa que sería, indudablemente, inexacta con relación a una ciudad media, porque dentro del marco de los métodos primitivos de trabajo es imposible aumentar considerablemente el rendimiento), no saldríamos, sin embargo" a más de un número cada dos meses, es decir, una situación que en nada se parece a "recoger las noticias en caliente". Pero bastaría con que se unieran diez organizaciones locales y asignaran a sus delegados funciones activas con el fin de confeccionar un periódico común, para que entonces pudieran "recogerse" por toda Rusia no pequeñeces, sino desmanes efectivamente notables y típicos, y esto cada dos semanas. Nadie que sepa en qué situación se encuentran nuestras organizaciones dudará de esto. Y, en cuanto a lo de sorprender al enemigo en flagrante delito, si se toma esto en serio y no como una bonita frase, un periódico clandestino no puede, en general, ni pensar en ello: esto sólo es accesible a una hoja volante, porque el plazo máximo para sorprender así al enemigo no pasa, en la mayoría de los casos, de uno o dos días (tomad, por ejemplo, el caso de una huelga breve ordinaria, de un choque en una fábrica o de una manifestación, etc.). "El obrero no sólo vive en la fábrica, sino también en la ciudad", continúa nuestro autor, pasando de lo particular a lo general con una consecuencia tan rigurosa que honraría al mismo Borís Krichevski. Y señala los problemas de las dumas urbanas, de los hospitales urbanos, de las escuelas urbanas, exigiendo que el periódico obrero no pase en silencio los asuntos municipales en general. La exigencia es de por sí magnífica, pero ilustra con particular evidencia el vacuo carácter abstracto a que, con demasiada frecuencia, se limitan las disquisiciones sobre los periódicos locales. En primer lugar, si en "todo lugar con un número considerable de obreros" se publicaran en efecto periódicos con una sección municipal tan detallada como quiere Svoboda, la cosa degeneraría, inevitablemente, dadas nuestras condiciones rusas, en verdadera cicatería, conduciría 135 a debilitar la conciencia de la importancia de un empuje revolucionario general a toda Rusia dirigido contra la autocracia zarista y reforzaría los brotes, muy vivos, y más bien ocultos o reprimidos que arrancados de raíz, de una tendencia que ya ha adquirido fama por la célebre frase sobre los revolucionarios que hablan demasiado del parlamento que no existe y muy poco de las dumas urbanas existentes. Y hemos dicho "inevitablemente", subrayando así que no es esto, sino lo contrario, lo que Svoboda quiere. Pero no basta con las buenas intenciones. Para que la labor de esclarecimiento de los asuntos urbanos quede organizada con la orientación debida respecto a todo nuestro trabajo, hace falta, para empezar, que esa orientación esté totalmente elaborada, firmemente marcada, y no sólo por razonamientos, sino por una enormidad de ejemplos, para que adquiera ya la solidez de la tradición. Esto es lo que estamos muy lejos de tener, y lo que hace falta precisamente para empezar, antes de que se pueda pensar en una abundante prensa local y hablar de ella. En segundo lugar, para escribir con verdadero acierto, de un modo interesante, sobre asuntos municipales, hay que conocerlos bien, y no sólo a través de los libros. Pero en toda Rusia no hay casi en absoluto socialdemócratas que posean este conocimiento. Para escribir en un periódico (y no en folletos populares) sobre asuntos municipales o de Estado, hay que disponer de materiales frescos, variados, recogidos y elaborados por una persona entendida. Y para recoger y elaborar tales materiales, no basta la "democracia primitiva" de un círculo primitivo, en el que todos hacen de todo y se divierten jugando al referéndum. Para eso, hace falta un Estado Mayor de especialistas escritores, de especialistas corresponsales, un ejército de "reporters" socialdemócratas, que establezcan relaciones en todas partes, que sepan penetrar en todos los "secretos de Estado" (con los que tanto presume el funcionario ruso y sobre los que tan fácilmente se va de la lengua), meterse por entre todos los "bastidores"; un ejército de hombres obligados "por su cargo" a ser omnipresentes y omnisapientes. Y nosotros, partido de lucha contra toda opresión económica, política, social y nacional, podemos y debemos encontrar, reunir, formar, movilizar y poner en marcha un tal ejército de hombres omnisapientes, ¡pero, eso está por hacer todavía! Ahora bien, nosotros no sólo no hemos dado aún, en la inmensa mayoría de las localidades, ni un paso en esta dirección, sino que a menudo ni siquiera existe la conciencia de la necesidad de hacerlo. Buscad en nuestra prensa socialdemócrata artículos vivos e interesantes, crónicas y denuncias sobre nuestros asuntos y asuntillos diplomáticos, militares, eclesiásticos, municipales, financieros, etc., etc.: 136 encontraréis muy poco o casi nada223. ¡Por eso es por lo que "me pongo siempre terriblemente furioso, cuando viene alguien y me dice una serie de cosas bellas y magníficas" sobre la necesidad de periódicos "en todo lugar con un número considerable de obreros", que denuncien las arbitrariedades tanto en las fábricas, como en la administración municipal y en el Estado! El predominio de la prensa local sobre la central es señal de penuria o de lujo. De penuria, cuando el movimiento no ha formado todavía fuerzas para un trabajo en gran escala, cuando vegeta aún dentro de los métodos primitivos y casi se ahoga "en las 223 Esta es la razón por la que incluso el ejemplo de órganos locales excepcionalmente buenos confirma por completo nuestro punto de vista. Por ejemplo, el Yuzhni Rabochi151 es un excelente periódico, al que no se le puede acusar de inestabilidad de principios. Pero, como es rara la vez que sale y las redadas son muy frecuentes, no ha podido dar al movimiento local todo lo que pretendía dar. Lo más apremiante para el partido en el momento actual plantear, en principio, los problemas fundamentales del movimiento y desarrollar una agitación política en todos los sentidos- ha sido superior a las fuerzas de ese órgano local. Y lo mejor que ha dado, como los artículos sobre el Congreso de los industriales mineros, sobre el paro, etc., no eran materiales de carácter estrictamente local, sino necesarios para toda Rusia y no sólo para el Sur. Artículos como ésos no los ha habido en toda nuestra prensa socialdemócrata. "Yuzhni Rabochi" ("El Obrero del Sur"): diario socialdemócrata editado clandestinamente por el grupo del mismo nombre desde enero de 1900 hasta abril de 1903. Aparecieron 12 números. Fueron redactores y colaboradores del periódico I. Lalaiants, A. Vilenski ("Iliá"), O. Kogan [Ermanski), B. Tseitlin (Baturski), E. Y. y E. S. Levin, V. Rozánov y otros. El grupo "Yuzhni Rabochi" se manifestó contra el "economismo" y el terrorismo y defendió la necesidad del desenvolvimiento del movimiento revolucionario de masas, desplegando una gran actividad revolucionaria en el sur de Rusia. En agosto de 1902, el grupo mantuvo conversaciones con Iskra acerca del trabajo conjunto; en virtud de las cuales en el número 27 de Iskra (1 de noviembre de 1902) y el número 10 de Yuzhni Rabochi (diciembre de 1902), fue publicada una declaración sobre su solidaridad con Iskra. No obstante, el grupo no compartía por completo el plan de organización de Iskra para la estructuración del partido a base de los principios del centralismo democrático y, según indicaba Lenin, pertenecía a aquellas organizaciones que, "reconociendo de palabra a Iskra como órgano directivo, perseguían en la práctica sus planes, especiales y se distinguían por su falta de firmeza en el terreno de los principios". (Véase el presente tomo, pág. 287). El II Congreso del POSDR, tras de señalar "la fecunda actividad literaria y de organización del grupo "Yuzhni Rabochi" en pro de la unificación y el restablecimiento del partido", decidió suspender la publicación del periódico Yuzhni Rabochi y disolver el grupo que lo editaba, al igual que todos los grupos y organizaciones socialdemócratas Independientes. V. I. Lenin pequeñeces de la vida fabril". De lujo, cuando el movimiento ha dominado ya plenamente la tarea de las denuncias en todos los sentidos y de la agitación en todos los sentidos, de modo que, además del órgano central, se hacen necesarios numerosos órganos locales. Decida cada uno por sí mismo qué es lo que prueba el predominio actual de periódicos locales entre nosotros. Yo, por mi parte, me limitaré a formular de una manera precisa mi conclusión, para no dar lugar a confusiones. Hasta ahora, la mayoría de nuestras organizaciones locales piensan casi exclusivamente en órganos locales y trabajan de un modo activo casi exclusivamente para ellos. Esto no es normal. Tiene que suceder al contrario: la mayoría de las organizaciones locales deben pensar, sobre todo, en un órgano destinado a toda Rusia y trabajar principalmente para él. Mientras no ocurra así, no podremos publicar ni un solo periódico que sea cuando menos capaz de proporcionar efectivamente al movimiento una agitación en todos los sentidos en la prensa. Y cuando esto sea así, se establecerán por sí mismas las relaciones normales entre el órgano central indispensable y los indispensables órganos locales. *** A primera vista, puede parecer que es inaplicable al terreno de la lucha específicamente económica la conclusión de que se precisa desplazar el centro de gravedad del trabajo del ámbito local al ámbito de toda Rusia: el enemigo directo de los obreros está representado en este caso por patronos aislados, o grupos de patronos, no ligados entre sí por una organización que, aunque lejanamente, recuerde una organización puramente militar, rigurosamente centralista, que hasta en los más mínimos detalles esté dirigida por una voluntad única, como es la organización del gobierno ruso, nuestro enemigo directo en la lucha política. Pero no es así. La lucha económica -lo hemos dicho va muchas veces- es una lucha sindical, y por ello exige que los obreros se unan por oficios, y no sólo por el lugar de trabajo. Y esta unión sindical se hace tanto más imperiosamente necesaria, cuanto con mayor rapidez avanza la unión de nuestros patronos en toda clase de sociedades y sindicatos. Nuestra dispersión y nuestros métodos primitivos de trabajo obstaculizan directamente esta unión, que exige para toda Rusia una organización única de revolucionarios, capaz de encargarse de la dirección de sindicatos obreros extensivos a todo el país. Ya hemos hablado anteriormente del tipo de organización que sería de desear a este objeto, y ahora añadiremos sólo unas palabras en relación con el problema de nuestra prensa. No creo que nadie dude de que todo periódico socialdemócrata deba tener una sección dedicada a la lucha sindical (económica). Pero el crecimiento del movimiento sindical nos obliga a pensar también en 137 ¿Qué hacer? una prensa sindical. Creemos, sin embargo, que todavía no se puede ni hablar en Rusia, salvo raras excepciones, de periódicos sindicales: son un lujo y nosotros carecemos muchas veces del pan de cada día. La forma adecuada a las condiciones del trabajo clandestino, y ya ahora imprescindible, de prensa sindical tendrían que ser entre nosotros los folletos sindicales. En ellos deberían recogerse y agruparse sistemáticamente materiales legales224 e ilegales sobre la cuestión de las condiciones de trabajo en cada oficio, sobre las diferencias que en este sentido existen entre los diversos puntos de Rusia, sobre las principales reivindicaciones de los obreros de una profesión determinada, sobre las deficiencias de la legislación que a ella se refiere, sobre los casos salientes de la lucha económica de los obreros de este gremio, sobre los gérmenes, la situación actual y las necesidades, de su organización sindical, etc. Estos 224 Los materiales legales tienen especial importancia en este sentido, y estamos particularmente atrasados en lo que se refiere a saber recogerlos y utilizarlos sistemáticamente. No será exagerado decir que, sólo con materiales legales, puede llegar a confeccionarse más o menos un folleto sindical, mientras que es imposible hacerlo sólo con materiales ilegales. Recogiendo materiales ilegales de entre los obreros, sobre problemas como los que ha tratado Rabóchaya Myls, derrochamos en vano una cantidad enorme de fuerzas de un revolucionario (al que fácilmente puede sustituir en este trabajo un militante legal) y, a pesar de todo, no obtenemos nunca buenos materiales, porque los obreros, que generalmente sólo conocen una sección de una gran fábrica y que casi siempre sólo saben los resultados económicos, pero no las normas ni las condiciones generales de su trabajo, no pueden adquirir los conocimientos que tienen generalmente los empleados de fábrica, los inspectores, los médicos, etc., y que en enorme cantidad están diseminados en crónicas periodísticas y publicaciones especiales de carácter industrial, sanitario, de los zemstvos, etc. Recuerdo como si fuera ahora mismo, mi "primera experiencia", que no me dejó gana de repetirla. Me entretuve durante muchas semanas interrogando "con apasionamiento" a un obrero, que venía a verme, sobre todos los detalles de la vida en la enorme fábrica donde él trabajaba. Verdad es que, aunque con grandísimas dificultades, conseguí más o menos componer la descripción (¡sólo de una fábrica!), pero sucedía que el obrero, límpiándose el sudor, decía con una sonrisa al final de nuestro trabajo: "¡Más fácil me es trabajar horas extraordinarias que contestarle a sus preguntas!" Cuanto más enérgicamente desarrollemos la lucha revolucionaría, tanto más obligado se verá el gobierno a legalizar parte del trabajo "sindical" quitándonos de este modo de encima parte de la carga que sobre nosotros pesa. Lenin alude a la hoja Cuestionario sobre la situación de la clase obrera de Rusia (1898) y el folleto Cuestionario para reunir datos acerca de la situación de la clase obrera en Rusia (1899), publicados por la Redacción del Periódico Rabóchaya Mysl. La hoja contenía 17 cuestiones, y el folleto, 158, sobre las condiciones del trabajo y de la vida de los obreros. folletos, en primer lugar, librarían a nuestra prensa socialdemócrata de una inmensa cantidad de detalles sindicales que sólo interesan especialmente a los obreros de un oficio determinado. En segundo lugar, fijarían los resultados de nuestra experiencia en la lucha sindical, conservarían los materiales recogidos, que ahora se pierden literalmente en la inmensa cantidad de hojas y de crónicas sueltas, y sintetizarían estos materiales. En tercer lugar, podrían servir de especie de guía para los agitadores, porque las condiciones de trabajo varían con relativa lentitud, las reivindicaciones fundamentales de los obreros de un oficio determinado son extraordinariamente estables (comparad las reivindicaciones de los tejedores de la región de Moscú, en 1885225, y de la región de Petersburgo, en 1896), y un resumen de estas reivindicaciones y necesidades podría servir durante años enteros de manual excelente para la agitación económica en localidades atrasadas o entre capas atrasadas de obreros; ejemplos de huelgas que hayan tenido éxito en una región, datos sobre un nivel de vida más elevado, sobre mejores condiciones de trabajo en una localidad, incitarían también a los obreros de otras localidades a nuevas y nuevas luchas. En cuarto lugar, tomando la iniciativa de sintetizar la lucha sindical y afirmando de este modo los vínculos del movimiento sindical ruso con el socialismo, la socialdemocracia se preocuparía al mismo tiempo de que nuestro trabajo tradeunionista ocupara un lugar, ni demasiado reducido ni demasiado grande, en el conjunto de nuestro trabajo socialdemócrata. A una organización local, si está apartada de las organizaciones de otras ciudades, le es muy difícil, a veces casi imposible, mantener en este sentido una proporción justa (y el ejemplo de Rabóchaya Mysl demuestra a qué punto de monstruosa exageración de carácter tradeunionista puede llegarse en tal caso). Pero a una organización de revolucionarios destinada a toda Rusia, que sustente de manera firme el punto de vista del marxismo, que dirija toda la lucha política y disponga de un Estado Mayor de agitadores 225 El movimiento huelguístico de 1885 abarcó a numerosas empresas de la industria textil de las provincias de Vladimir, Moscú, Tver y otras del centro industrial. La más famosa fue la de los obreros de la manufactura Nikólskoe, de Savva Morózov, en enero de 1885 (la huelga de Morózov). En sus reivindicaciones, los obreros exigían ante todo disminuir las multas, regular las condiciones de la contratación del trabajo asalariado, etc. Dirigieron la huelga los obreros progresistas P. Moiséenko, L. Ivanov y V. Vólkov. La huelga de Morózov, en la que participaron cerca de 8.000 obreros, fue aplastada con la intervención de las tropas. 33 obreros huelguistas fueron entregados a los tribunales, y más de 600, desterrados. Bajo la influencia del movimiento huelguístico de 1885 y 1886, el gobierno zarista se vio obligado a promulgar la ley del 3 (15) de junio de 1886 (la llamada "ley de multas"). 138 profesionales, jamás le será difícil determinar acertadamente esa proporción. V. "Plan" de un periódico político destinado a toda Rusia "El error más grande de Iskra en este sentido escribe B. Krichevski (R. D., N° 10, pág. 30), imputándonos la tendencia de "convertir la teoría en doctrina muerta, aislándola de la práctica"- es su "plan" de una organización de todo el partido" (es decir, el artículo ¿Por dónde empezar?226) Y Martínov le hace coro, declarando que "la tendencia de Iskra de aminorar la importancia de la marcha progresiva de la lucha cotidiana y gris, en comparación con la propaganda de ideas brillantes y acabadas..., ha sido coronada por el plan de organización del partido, plan que se nos ofrece en el número 4, en el artículo ¿Por dónde empezar?" (lugar cit., pág. 61). Finalmente, hace poco, se ha sumado al número de los indignados contra este "plan" (las comillas deben expresar la ironía con que lo acoge) L. Nadiezhdin, que en su folleto En vísperas de la revolución, que acabamos de recibir (edición del "grupo revolucionario-socialista" Svoboda, que ya conocemos), declara que "al hablar ahora de una organización cuyos hilos arranquen de un periódico destinado a toda Rusia es concebir ideas y trabajos de gabinete" (pág. 126), dar pruebas de "literaturismo", etc. No puede sorprendernos que nuestro terrorista coincida con los defensores de la "marcha progresiva de la lucha cotidiana y gris", pues ya hemos visto las raíces de esta afinidad en los capítulos sobre la política y sobre la organización. Pero debemos observar en el acto que L. Nadiezhdin, y sólo él, ha tratado honradamente de penetrar en el curso del pensamiento del artículo que le ha disgustado; ha tratado de darle una respuesta a fondo, mientras que Rab. Dielo no ha dicho en esencia nada y ha tratado tan sólo de embrollar la cuestión, amontonando indignas salidas demagógicas. Y, por desagradable que sea, es necesario perder tiempo para limpiar ante todo los establos de Augías. a) ¿Quien se ha ofendido por el artículo ¿Por donde empezar??227 226 Véase V. I. Lenin, Obras, 5ª ed. en ruso, t. 5, págs. 113. (N. de la Edit.) 227 En la recopilación En doce años, Lenin suprimió el apartado "a") del capítulo quinto, insertando la siguiente nota: "En la presente edición se suprime el apartado "a") ¿Quién se ha ofendido por el articulo "¿Por dónde empezar?"?", pues contiene exclusivamente una polémica con Rabócheie Dielo y el Bund en torno a los intentos de Iskra de "mandar", etc. En este apartado se decía, entre otras cosas, que el propio Bund había invitado (en 18981899) a los miembros de Iskra, a reanudar la publicación V. I. Lenin Vamos a formar un ramillete de expresiones y exclamaciones con que se arroja sobre nosotros Rabócheie Dielo, "No es un periódico el que puede crear la organización del partido, sino todo lo contrario"... "Un periódico que se encuentre por encima del partido, fuera de su control y que no dependa de él por tener su propia red de agentes"... "¿Por obra de qué milagro ha olvidado Iskra las organizaciones socialdemócratas, ya existentes de hecho, del partido a que ella misma pertenece?"... "Personas poseedoras de principios firmes y del plan correspondiente, son también los reguladores supremos de la lucha real del partido, al que dictan la ejecución de su plan"... "El plan relega a nuestras organizaciones, reales y vitales, al reino de las sombras y quiere dar vida a una fantástica red de agentes"... "Si el plan de Iskra fuese llevado a la práctica, borraría completamente las huellas del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia que se viene formando en nuestro país"... "Un órgano de propaganda se sustrae al control y se convierte en legislador absoluto de toda la lucha revolucionaria práctica"... "¿Qué actitud debe asumir nuestro partido al verse totalmente sometido a una redacción autónoma?", etc., etc. Como ve el lector por el contenido y el tono de estas citas, Rabócheie Dielo se siente ofendido. Pero se siente ofendido no por sí mismo, sino por las organizaciones y los comités de nuestro partido, a los que Iskra quiere relegar, según pretende dicho órgano, al reino de las sombras y hasta borrar sus huellas. ¡Qué horror, figúrense ustedes! Pero hay una cosa extraña. El artículo ¿Por dónde empezar? apareció en mayo de 1901, y los artículos de Rabócheie Dielo en septiembre de 1901; ahora estamos ya a mediados de enero de 1902. ¡Durante estos cinco meses (tanto antes como después de septiembre), ni un solo comité, ni una sola organización del partido ha protestado formalmente contra ese monstruo, que quiere desterrar a los comités y organizaciones al reino de las sombras! Y hay que hacer constar que, durante este período, han aparecido, tanto en Iskra como en numerosas otras publicaciones, locales y no locales, decenas y centenares de comunicaciones de todos los confines de Rusia. ¿Cómo ha podido suceder que las organizaciones a las que se quiere desterrar al reino de las sombras no se hayan apercibido de ello ni se hayan sentido ofendidas, y que, en cambio, se haya ofendido una tercera persona? Ha sucedido esto porque los comités y las demás organizaciones están ocupados en un trabajo auténtico, y no en jugar a la "democracia". Los comités han leído el artículo ¿Por dónde empezar?, han visto en él una tentativa "de elaborar cierto plan del Órgano Central del partido y organizar un "laboratorio literario". (N. de la Edit.) 139 ¿Qué hacer? de la organización, para que pueda iniciarse su estructuración por todas partes", y, habiéndose percatado perfectamente de que ni una sola de "todas esas partes" pensará, en "iniciar la estructuración" antes de estar convencida de su necesidad y de la justeza del plan arquitectónico, no han pensado, naturalmente, en "ofenderse" por la terrible osadía de los que han dicho en Iskra: "Dada la urgencia de la cuestión, decidimos por nuestra parte someter a la atención de los camaradas el bosquejo de un plan que desarrollaremos más detalladamente en un folleto cuya impresión está preparándose". Parece imposible que no se comprenda, si es que se adopta una actitud honrada respecto a este problema, que, si los camaradas aceptan el plan propuesto a su atención, no lo ejecutarán por "subordinación", sino por el convencimiento de que es necesario para nuestra obra común, y que, en el caso de no aceptarlo, el "bosquejo" (¡qué palabra más pretenciosa!, ¿no es verdad?) quedará como tal bosquejo. ¿¿No es demagogia arremeter contra el bosquejo de un plan no sólo "demoliéndolo" y aconsejando a los camaradas que lo rechacen, "sino incitando a gentes poco expertas en la labor revolucionaria en contra de los autores del bosquejo por el mero hecho de que éstos se atreven a "legislar", a actuar de "reguladores supremos", es decir, que se atreven a proponer un bosquejo de plan?? ¿Puede nuestro partido desarrollarse y marchar adelante, si la tentativa de elevar a los militantes locales para que tengan ideas, tareas, planes, etc. más amplios tropieza no sólo con la objeción respecto a la incorrección de estas ideas, sino con un sentimiento de "agravio" por el hecho de que se les "quiera" "elevar"? Porque también L. Nadiezhdin ha "demolido" nuestro plan, pero no se ha rebajado a semejante demagogia, que ya no puede explicarse simplemente por candor o por ideas políticas de un carácter primitivo: ha rechazado resueltamente y desde el primer momento la acusación de "fiscalizar al partido". Por esta razón, podemos y debemos contestar a fondo a la crítica que Nadiezhdin hace del plan, mientras que a Rabócheie Dielo sólo cabe contestar con el desprecio. Pero el despreciar a un escritor que se rebaja hasta el punto de gritar sobre "absolutismo" y "subordinación" no nos exime del deber de desembrollar la confusión ante la que estas gentes colocan al lector. Y aquí podemos demostrar palmariamente a todo el mundo qué valor tienen las habituales frases sobre una "amplia democracia". Se nos acusa de haber olvidado los comités, de querer o de intentar desterrarlos al reino de las sombras, etc. ¿Cómo contestar a estas acusaciones, cuando por razones de discreción conspirativa no podemos exponer al lector casi ningún hecho real de nuestras relaciones efectivas con los comités? Las gentes que lanzan una acusación tan osada, capaz de irritar a la multitud, nos llevan ventaja por su desfachatez, por su desdén de los deberes del revolucionario, que oculta cuidadosamente a los ojos del mundo las relaciones y los vínculos que tiene, establece o trata de establecer. Desde luego, nos negamos de una vez para siempre a hacer competencia a gentes de esta calaña en el terreno de la democracia. En cuanto al lector no iniciado en todos los asuntos del partido, el único medio de cumplir nuestro deber para con él consiste en exponerle no lo que existe y lo que se encuentra im Werden228, sino una pequeña parte de lo que ha sido, ya que se puede hablar de ello porque pertenece al pasado. El Bund nos acusa indirectamente de "impostura"229; la "Unión" en el extranjero nos acusa de que tratamos de borrar las huellas del partido. ¡Un momento, señores! Quedarán ustedes plenamente satisfechos en cuanto expongamos al público cuatro hechos del pasado. Primer230 hecho. Los miembros de una de las "Uniones de Lucha", que tuvieron una participación directa en la formación de nuestro partido y en el envío de un delegado al Congreso en que se fundó, se ponen de acuerdo con uno de los miembros del grupo de Iskra para fundar una biblioteca obrera especial, con objeto de atender a las necesidades de todo el movimiento. No se consigue fundar la biblioteca obrera, y los folletos Las tareas de los socialdemócratas rusos y La nueva ley de fábricas231, escritos para ella, por caminos de rodeo y a través de terceras personas van a parar al extranjero, donde son publicados. Segundo hecho. Los miembros del Comité Central del Bund se dirigen a uno de los miembros del grupo de Iskra con la propuesta de organizar conjuntamente lo que entonces llamaba el Bund "un laboratorio de literatura", indicando que, si no se lograba llevar a la práctica el proyecto, nuestro movimiento podía sufrir un serio retroceso. Resultado de aquellas negociaciones fue el folleto La causa obrera en Rusia232. 228 En proceso de gestación, de surgimiento. (N. de la Edit.) 229 Iskra, N° 8, respuesta del Comité Central de la Unión General de Obreros Hebreos de Rusia y de Polonia, a nuestro artículo sobre la cuestión nacional. 230 Deliberadamente, no presentamos estos hechos en el orden en que han ocurrido. 231 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed en ruso, t. 2 págs. 433470 y 263-314, (N. de la Edit.) 232 El autor de este folleto, dicho sea de paso, me pide ponga de manifiesto que, lo mismo que sus folletos anteriores, dicho folleto fue enviado a la "Unión", suponiendo que el grupo "Emancipación del Trabajo" redactaría sus publicaciones (circunstancias especiales no le permitían conocer entonces, es decir, en febrero de 1899, el cambio de Redacción). Dicho folleto será reeditado muy pronto por la Liga. La "Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en el Extranjero" fue fundada a iniciativa de Lenin en octubre 140 Tercer hecho. El Comité Central del Bund, por intermedio de una pequeña ciudad de provincia, se dirige a uno de los miembros del grupo de Iskra proponiéndole que se encargue de la redacción de Rabóchaya Gazeta, que había reanudado su publicación, y obtiene, desde luego, su conformidad. Más tarde, cambia la proposición: se trata solamente de colaborar, debido a una nueva composición de la redacción. Claro que también a esto se asiente. Se envían los artículos (que se ha logrado conservar): -uestro programa, protestando directamente contra la bernsteiniada, contra el viraje de la literatura legal y de Rabóchaya Mysl; -uestra tarea urgente ("la organización de un órgano del partido que aparezca regularmente y esté estrechamente vinculado a todos los grupos locales"; los defectos de los "métodos primitivos de trabajo" imperantes); Un problema vital (analizando la objeción de que primeramente habría que desarrollar la actividad de los grupos locales y luego emprender la organización de un órgano común; insistiendo en la importancia primordial de "la organización revolucionaria", en la necesidad de "elevar la organización, la disciplina y la técnica de la conspiración al más alto grado de perfección")233. La proposición de reanudar la publicación de Rabóchaya Gazeta no llega a realizarse, y los artículos quedan sin publicar. Cuarto hecho. Un miembro del Comité, organizador del segundo Congreso ordinario de nuestro partido, comunica a un miembro del grupo de Iskra el programa del Congreso y presenta la candidatura de este grupo para la Redacción de de 1901. Formaban la Liga la sección extranjera de Iskra y la organización revolucionaria "Sotsial-Demokrat" (en la que entraba el grupo "Emancipación del Trabajo"). La tarea de la Liga consistía en difundir las ideas de la socialdemocracia revolucionaria y contribuir a la fundación de una organización socialdemócrata combatiente. La Liga representaba a Iskra en el extranjero. Cohesionaba a los socialdemócratas rusos emigrados, partidarios de Iskra, ayudaba económicamente al periódico, organizaba la distribución del mismo en Rusia y editaba publicaciones de divulgación marxista. La Liga publicó varios Boletines y folletos. El II Congreso del POSDR la confirmó como única organización del partido en el extranjero, con las prerrogativas del comité del partido, encargándole trabajar bajo la dirección y el control del CC de POSDR. Después del II Congreso, los mencheviques se atrincheraron en la Liga y emprendieron la lucha contra Lenin, contra los bolcheviques. En el II Congreso de la Liga (octubre de 1903), calumniaron a los bolcheviques, después de lo cual Lenin y sus partidarios abandonaron el Congreso. Los mencheviques aprobaron unos nuevos reglamentos de la Liga, contrarios a los reglamentos del partido aprobados por el II Congreso del POSDR. Desde aquellos tiempos, la Liga pasó a ser el baluarte del menchevismo, prolongándose su existencia hasta 1905. 233 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 182186, 187-192 y 193-198. (N. de la Edit.) V. I. Lenin Rabóchaya Gazeta, que reanudaba su publicación. Esta gestión, por decirlo así, preliminar, es sancionada luego por el Comité al que pertenecía dicha persona, así como por el Comité Central del Bund; al grupo de Iskra, se le indica el lugar y la fecha del Congreso, pero el grupo (no teniendo, por determinados motivos, la seguridad de poder enviar un delegado a este Congreso) redacta también un informe escrito para el mismo. En dicho informe se sostiene la idea de que, con sólo elegir un Comité Central, lejos de resolver el problema de la unificación en un momento de completa dispersión como el actual, por el contrario, corremos, además, el riesgo de comprometer la gran idea de la creación del partido, caso de producirse nuevamente una rápida y completa redada, cosa más que probable cuando impera la falta de discreción conspirativa; que, por ello, debía empezarse por invitar a todos los comités y a todas las demás organizaciones a sostener el órgano común cuando reanudara su aparición, órgano que realmente vincularía a todos los comités con un lazo efectivo y prepararía realmente un grupo de dirigentes de todo el movimiento; que, luego, los comités y el partido podrían ya fácilmente transformar este grupo creado por los comités en un Comité Central, cuando dicho grupo se hubiera desarrollado y fortalecido. Pero el Congreso no pudo celebrarse, debido a una serie de detenciones, y por motivos de conspiración se destruyó el informe que sólo algunos camaradas, entre ellos los delegados de un comité, habían podido leer. Juzgue ahora el lector por sí mismo del carácter de procedimientos como la alusión del Bund a una impostura o como el argumento de Rabócheie Dielo, que pretende que queremos desterrar a los comités al reino de las sombras, "sustituir" la organización del partido por una organización que difunda las ideas de un solo periódico. Pues precisamente ante los comités, por reiteradas invitaciones de su parte, informamos sobre la necesidad de adoptar un determinado plan de trabajo común. Y precisamente para la organización del partido elaboramos este plan en nuestros artículos enviados a Rabóchaya Gazeta y en el informe para el congreso del partido, y repetimos que lo hicimos por invitación de personas que ocupaban en el partido una posición tan influyente, que tomaban la iniciativa de reconstruirlo (de hecho). Y sólo cuando hubieron fracasado las dos tentativas que la organización del partido, juntamente con nosotros, hizo para reanudar oficialmente la publicación del órgano central del partido, creímos que era nuestro deber ineludible presentar un órgano no oficial, para que, en la tercera tentativa, los camaradas vieran ya ciertos resultados de la experiencia y no meras conjeturas. Ahora, todo el mundo puede apreciar ya ciertos resultados de esa experiencia, y todos los camaradas pueden juzgar si hemos comprendido acertadamente nuestros deberes ¿Qué hacer? y la opinión que merecen las personas que, molestas por el hecho de que demostremos a unas su falta de consecuencia en la cuestión "nacional", y a otras lo inadmisible de sus vacilaciones sin principios, tratan de inducir a error a quienes desconocen el pasado más reciente. b) ¿Puede un periódico ser un organizador colectivo? La clave del artículo ¿Por dónde empezar? está en que plantea precisamente esta cuestión y en que la resuelve afirmativamente. L. Nadiezhdin es, que sepamos, la única persona que intenta analizar esta cuestión a fondo y demostrar la necesidad de resolverla de un modo negativo. A continuación reproducimos íntegramente sus argumentos: "...Mucho nos place que plantee Iskra (N° 4) la cuestión de la necesidad de un periódico destinado a toda Rusia, pero en modo alguno podemos estar de acuerdo en que este planteamiento corresponda al título del artículo. ¿Por dónde empezar? Es, sin duda, uno de los asuntos de extrema importancia, pero no se pueden echar los cimientos de una organización combativa para un momento revolucionario con esa labor, ni con toda una serie de hojas populares, ni con una montaña de proclamas. .Es indispensable empezar a formar fuertes organizaciones políticas locales. Nosotros carecemos de ellas, nuestra labor se ha desarrollado principalmente entre los obreros cultos, mientras que las masas sostenían de modo casi exclusivo la lucha económica. Si no se educan fuertes organizaciones políticas locales, ¿qué valor podría tener un periódico destinado a toda Rusia, aunque esté excelentemente organizado? ¡Una zarza en llamas, que arde sin consumirse, pero que a nadie transmite su fuego! Iskra cree que en torno a ese periódico, en el trabajo para él, se concentrará el pueblo, se organizará. Pero ¡si le es mucho más fácil concentrarse y organizarse en torno a una labor más concreta! Esta labor puede y debe consistir en organizar periódicos locales en vasta escala, en preparar inmediatamente las fuerzas obreras para manifestaciones, en que las organizaciones locales trabajen constantemente entre los parados (difundiendo de un modo persistente entre ellos hojas volantes y octavillas, convocándolos a reuniones, llamándolos a oponer resistencia al gobierno, etc.). ¡Hay que iniciar una labor política viva en el plano local, y cuando surja la necesidad de unificarse sobre esta base real, la unión no será algo artificial, no quedará sobre el papel, porque no es por medio de periódicos como se conseguirá esta unificación del trabajo local en una obra común a toda Rusia!" (En vísperas de la revolución, pág. 54). Hemos subrayado en este elocuente trozo los 141 pasajes que permiten apreciar con mayor relieve tanto el juicio erróneo del autor sobre nuestro plan, como, en general, su punto de vista falso que opone a Iskra. Si no se educan fuertes organizaciones políticas locales no tendrá valor el mejor periódico destinado a toda Rusia. Completamente justo. Pero se trata precisamente de que no existe otro medio de educar fuertes organizaciones políticas que un periódico para toda Rusia. Al autor se le ha escapado la declaración más importante de Iskra hecha antes de pasar a exponer su "plan": la declaración de que era necesario "exhortar a formar una organización revolucionaria capaz de unir todas las fuerzas y dirigir el movimiento no sólo nominalmente, sino en la realidad, es decir, capaz de estar siempre dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión, aprovechándolas para multiplicar y robustecer las fuerzas militares aptas para el combate decisivo". Pero, en principio, todo el mundo estará ahora, después de febrero y marzo, de acuerdo -continúa Iskra-, y lo que nosotros necesitamos no es resolver el problema en principio, sino en la práctica; es necesario establecer inmediatamente un plan determinado de la estructura para que todo el mundo pueda ahora mismo y en todas partes iniciar la construcción. ¡Y he aquí que, de la solución práctica del problema, nos arrastran una vez más hacia atrás, hacia una verdad justa en principio, incontestable, grande, pero completamente insuficiente, completamente incomprensible para las grandes masas trabajadoras: hacia la "educación de fuertes organizaciones políticas"! Pero ¡si no se trata ya de eso, respetable autor, sino de cómo, precisamente, hay que educar, y educar con éxito! No es verdad que "nuestra labor se ha desarrollado principalmente entre los obreros cultos, mientras que las masas sostenían de modo casi exclusivo la lucha económica". Bajo esta forma, la tesis se desvía hacia la tendencia habitual en Svoboda, y radicalmente errónea, de oponer los obreros cultos a la "masa". Pues también los obreros cultos de nuestro país han sostenido en estos últimos años "casi exclusivamente la lucha económica". Esto, por una parte. Por otra, tampoco las masas aprenderán jamás a sostener la lucha política, mientras no ayudemos a formarse a los dirigentes de esta lucha, procedentes tanto de entre los obreros cultos, como de entre los intelectuales; y estos dirigentes pueden formarse exclusivamente enjuiciando de modo sistemático y cotidiano todos los aspectos de nuestra vida política, todas las tentativas de protesta y de lucha de las distintas clases y por diversos motivos. ¡Por eso, es simplemente ridículo hablar de "educar organizaciones políticas" y, al mismo tiempo, oponer la "labor sobre el papel" de un periódico político a la "labor política viva en el plano local"! ¡Pero si Iskra adapta precisamente su "plan" de un periódico al V. I. Lenin 142 "plan" de crear una "preparación combativa" que pueda apoyar tanto un movimiento de obreros parados, un alzamiento campesino, como el descontento de los zemtsi, "la indignación de la población contra los ensoberbecidos bachibuzuks zaristas", etc.! Por lo demás, toda persona familiarizada con el movimiento sabe perfectamente que la inmensa mayoría de las organizaciones locales ni siquiera piensa en ello; que muchas de las perspectivas aquí esbozadas de "una labor política viva" no han sido aplicadas en la práctica ni una sola vez por ninguna organización; que, por ejemplo, la tentativa de llamar la atención sobre el recrudecimiento del descontento y de las protestas entre los intelectuales de los zemstvos origina un sentimiento de desconcierto y perplejidad tanto en Nadiezhdin ("¡Dios mío!, ¿pero será ese órgano para los zemtsi?", En vísperas, pág. 129), como en los "economistas" (véase la carta en el número 12 de Iskra), como entre muchos militantes dedicados al trabajo práctico. En estas condiciones se puede "empezar" únicamente por incitar a la gente a pensar en todo esto, a resumir y sintetizar todos y cada uno de los indicios de efervescencia y de lucha activa. En los momentos actuales, en que se rebaja la importancia de las tareas socialdemócratas, "la labor política activa" puede iniciarse exclusivamente por una agitación política viva, cosa imposible sin un periódico destinado a toda Rusia que aparezca con frecuencia y que se difunda con regularidad. Los que consideran el "plan" de Iskra como una manifestación de "literaturismo" no han comprendido en absoluto el fondo del plan, tomando como fin lo que se propone como medio más adecuado para el momento presente. Esta gente no se ha tomado la molestia de meditar sobre dos comparaciones que ilustran palmariamente el plan propuesto. La organización de un periódico político para toda Rusia -se decía en Iskra- debe ser el hilo fundamental, asiéndonos al cual podamos invariablemente desarrollar, profundizar y extender esta organización (es decir, la organización revolucionaria, siempre dispuesta a apoyar toda protesta y toda explosión). Hagan ustedes el favor de decirnos: cuando unos albañiles colocan en diferentes lugares las piedras de una obra grandiosa y sin precedentes, ¿es una labor "de papel" tender la plomada que les ayuda a encontrar el lugar justo para las piedras, que les indica la finalidad de la obra común, que les permite colocar no sólo cada piedra, sino cada trozo de piedra, el cual, al sumarse a los precedentes y a los que sigan, formará la línea acabada y total? ¿No vivimos acaso un momento de esta índole en nuestra vida de partido, cuando tenemos piedras y albañiles, pero falta precisamente la plomada, visible para todos y a la cual todos pudieran atenerse? No importa que griten que, al tender el hilo, lo que pretendemos es mandar: si fuera así, señores, pondríamos Rabóchaya Gazeta, N° 3, en lugar de Iskra, N° 1, como nos lo habían propuesto algunos camaradas y como tendríamos pleno derecho a hacer después de los acontecimientos que hemos expuesto más arriba. Pero no lo hemos hecho: queríamos tener las manos libres para desarrollar una lucha intransigente contra toda clase de seudosocialdemócratas; queríamos que nuestro hilo, si está justamente tendido, sea respetado por su justedad y no por haber sido tendido por un órgano oficial. "La cuestión de unificar las actividades locales en órganos centrales se mueve en un círculo vicioso nos dice sentenciosamente L. Nadiezhdin-. La unificación requiere homogeneidad de elementos, y esta homogeneidad no puede ser creada más que por un aglutinador, pero este aglutinador sólo puede aparecer como producto de fuertes organizaciones locales, que, en el momento presente, no se distinguen en modo alguno por su homogeneidad". Verdad tan respetable y tan incontestable como la de que es necesario educar fuertes organizaciones políticas. Y no menos estéril que ésta. Toda cuestión "se mueve en un círculo vicioso", pues toda la vida política es una cadena sinfín compuesta de una infinita serie de eslabones. Todo el arte de un político consiste precisamente en encontrar y asirse con fuerza, precisamente al eslaboncito que menos pueda ser arrancado de las manos, que sea el más importante en un momento determinado, que garantice lo más posible a quien lo posea la posesión de toda la cadena234. Si tuviéramos un destacamento de albañiles expertos que trabajasen de un modo tan acorde que aun sin la plomada pudieran colocar las piedras precisamente donde hace falta (hablando en forma abstracta, esto no es imposible, ni mucho menos), entonces, quizás, podríamos asirnos también a otro eslabón. Pero la desgracia consiste justamente en que aún carecemos de albañiles expertos y que trabajen de un modo tan acorde, las piedras se colocan muy a menudo al azar, sin guiarse por la plomada común, en forma tan desordenada, que el enemigo las dispersa de un soplo como si fuesen granos de arena, y no piedras. Otra comparación: "El periódico no es sólo un propagandista colectivo y un agitador colectivo, sino también un organizador colectivo. En este último sentido se le puede comparar con los andamios que se levantan alrededor de un edificio en construcción, que señalan sus contornos, facilitan las relaciones entre los distintos constructores, les ayudan a distribuir el trabajo y a observar los resultados 234 ¡Camarada Krichevski! ¡Camarada Martínov! Llamo vuestra atención sobre esta manifestación escandalosa de "absolutismo", de "autoridad sin control", "de reglamentación soberana", etc. Mirad: ¡quiere apoderarse de toda la cadena! Apresuraos a presentar querella. Ya tenéis un tema para dos artículos de fondo en el número 12 de Rabócheie Dielo. ¿Qué hacer? generales alcanzados por el trabajo organizado"235. Esto hace pensar -¿no es verdad?- en el literato, en el hombre de gabinete, exagerando la importancia de su papel. El andamio no es imprescindible para la vivienda misma: el andamio se hace de materiales de peor calidad, el andamio se levanta por un breve período, y luego, una vez terminado el edificio, aunque sólo sea en sus grandes líneas, se echa al fuego. En lo que se refiere a la construcción de organizaciones revolucionarias, la experiencia demuestra que a veces se pueden construir sin andamios (recordad la década del 70). Pero ahora no podemos ni imaginarnos la posibilidad de levantar sin un andamio el edificio que necesitamos. Nadiezhdin no está de acuerdo con esto y dice: "Iskra cree que en torno a ese periódico, en el trabajo para él, se concentrará el pueblo, se organizará. ¡Pero si le es mucho más fácil concentrarse y organizarse en torno a una labor más concreta!" Así, así: "más fácil concentrarse y organizarse en torno a una labor más concreta"... Un proverbio ruso dice: "No escupas en el pozo, que de su agua tendrás que beber". Pero hay gentes que no sienten reparo en beber de un pozo en cuyas aguas ya se ha escupido. ¡Qué de infamias no han dicho nuestros excelentes "críticos" legales "del marxismo" y los admiradores ilegales de Rabóchaya Mysl en nombre de esta mayor concreción! ¡Hasta qué punto está oprimido todo nuestro movimiento por nuestra estrechez de miras, por nuestra falta de iniciativa y por nuestra timidez, que se justifican con los argumentos tradicionales de "¡Mucho más fácil... en torno a una labor más concreta!" ¡Y Nadiezhdin, que se considera dotado de un sentido especial de la "vida", que condena con singular severidad a los hombres de "gabinete", que imputa (con pretensiones de agudeza) a Iskra la debilidad de ver en todas partes "economismo", que se imagina estar a cien codos por encima de esta división en ortodoxos y críticos, no nota que, con sus argumentos, favorece a la estrechez de miras que le indigna, que él bebe precisamente de un pozo lleno de escupitajos! Sí, no basta la indignación más sincera contra la estrechez de miras, el deseo más ardiente de elevar a las gentes que se prosternan ante ella, si el que se indigna corre sin velas y sin timón, y si tan "espontáneamente" como los revolucionarios de la década del 70 se aferra al "terror excitante", al "terror agrario", a la "campana a rebato", etc. Ved en qué consiste ese "algo más concreto" en torno al que -piensa él- será "mucho más fácil" concentrarse y organizarse: 1) periódicos locales; 2) preparación de manifestaciones; 3) trabajo entre los obreros parados. A la primera ojeada se ve que todas estas cosas han 235 Martínov, al insertar en Rabócheie Dielo la primera frase de esta cita (N° 10, pág. 62), ha omitido precisamente la segunda frase, como subrayando así que no quería tocar el fondo de la cuestión o que era incapaz de comprenderlo. 143 sido arrancadas por completo al azar, casualmente, por decir algo, porque desde cualquier punto de vista que las consideremos sería un perfecto desatino ver en ellas algo especialmente capaz de "concentrar y organizar". Y el mismo Nadiezhdin dice unas cuantas páginas más adelante: "Ya es tiempo de dejar claramente sentado un hecho: en la base se hace un trabajo extremadamente mezquino, los comités no hacen ni la décima parte de lo que podrían hacer..., los centros de unificación que tenemos ahora son una ficción, burocracia revolucionaria, el ascenso recíproco a general, y así seguirán las cosas mientras no se desarrollen fuertes organizaciones locales". No cabe duda que estas palabras, al mismo tiempo que exageraciones, encierran muchas y amargas verdades. ¿Es que Nadiezhdin no ve el nexo que existe entre el trabajo mezquino en la base y el estrecho horizonte de los militantes, el reducido alcance de sus actividades, cosas inevitables, dada la poca preparación de los militantes que se encierran en los marcos de las organizaciones locales? ¿Es que Nadiezhdin, lo mismo que el autor del artículo sobre organización publicado en Svoboda, ha olvidado que el paso a una amplia prensa local (desde 1898) ha ido acompañado de una intensificación especial del "economismo" y de los "métodos primitivos de trabajo"? Además, aunque fuese posible una organización más o menos satisfactoria de "una abundante prensa local" (ya hemos demostrado más arriba que, salvo casos muy excepcionales, esto es imposible), aun en ese caso los órganos locales tampoco podrían "concentrar y organizar" todas las fuerzas de los revolucionarios para una ofensiva general contra la autocracia, para dirigir la lucha única. No olvidéis que aquí sólo se trata del alcance "concentrador", organizador, del periódico, y podríamos hacer a Nadiezhdin, defensor del fraccionamiento, la misma pregunta irónica que él hace: "¿Es que hemos heredado de alguna parte 200.000 organizadores revolucionarios?" Prosigamos. No se puede contraponer la "preparación de manifestaciones" al plan de Iskra, por la sencilla razón de que este plan dice justamente que las manifestaciones más extensas son uno de sus fines; pero de lo que se trata es de elegir el medio práctico. Nadiezhdin se ha vuelto a enredar aquí, no viendo que sólo puede "preparar" manifestaciones (que hasta ahora han sido, en la inmensa mayoría de los casos, completamente espontáneas) un ejército ya "concentrado y organizado", y lo que nosotros precisamente no sabemos es concentrar y organizar. "Trabajo entre los obreros parados". Siempre la misma confusión, porque esto también representa una de las acciones militares de un ejército movilizado y no un plan para movilizar dicho ejército. El caso siguiente demuestra hasta qué punto subestima Nadiezhdin, también en este sentido, el daño que produce nuestro fraccionamiento, la falta de V. I. Lenin 144 los "200.000 organizadores". Muchos (y, entre ellos, Nadiezhdin) han reprochado a Iskra la parquedad de noticias sobre el paro forzoso, el carácter casual de las crónicas sobre los fenómenos más habituales de la vida rural. Es un reproche merecido, pero Iskra es culpada sin tener culpa alguna. Nosotros tratamos de "tender un hilo" también a través de la aldea, pero en el campo no hay casi albañiles y forzosamente hay que alentar a todo el que comunique aun el hecho más habitual, abrigando la esperanza de que esto multiplicará el número de colaboradores en este terreno y nos enseñará a todos a elegir, por fin, los hechos realmente sobresalientes. Pero hay tan poco material de enseñanza, que si no lo sintetizamos en escala nacional, no hay absolutamente nada con que aprender. No cabe duda que un hombre que tenga, aunque sea aproximadamente, las aptitudes de agitador y el conocimiento de la vida de los vagabundos, que observamos en Nadiezhdin, podría prestar servicios inapreciables al movimiento con la agitación entre los obreros parados; pero un hombre de esta índole enterraría su talento si no se preocupara de poner en conocimiento de todos los camaradas rusos cada paso de su actuación, para que sirva de enseñanza y de ejemplo a las personas que, en su inmensa mayoría, no saben aún emprender esta nueva labor. Absolutamente todo el mundo habla ahora de la importancia de la unificación, de la necesidad de "concentrar y organizar", pero en la mayoría de los casos falta una noción exacta de por dónde empezar y de cómo llevar a cabo dicha unificación. Todos estarán de acuerdo, seguramente, en que, si "unificásemos", por ejemplo, los círculos aislados de barrio de una ciudad, harían falta para ello organismos comunes, es decir, no sólo la denominación común de "unión", sino un trabajo realmente común, intercambio de materiales, de experiencia, de fuerzas, distribución de funciones, no ya solamente por barrios, sino según las especialidades de todo el trabajo urbano. Todo el mundo estará de acuerdo en que un sólido aparato conspirativo no cubrirá sus gastos (si es que puede emplearse una expresión comercial) con los "recursos" (se sobrentiende que tanto materiales como personales) de un barrio; que en este reducido campo de acción no puede desenvolverse el talento de un especialista. Pero lo mismo puede decirse de la unión de varias ciudades, porque incluso el campo de acción de una localidad aislada resulta, y ha resultado, como lo ha demostrado ya la historia de nuestro movimiento socialdemócrata, enormemente estrecho: lo hemos probado con todo detalle más arriba, con el ejemplo de la agitación política y de la labor de organización. Es necesario, es imprescindible extender antes que nada este campo de acción, crear un lazo efectivo de unión entre las ciudades, a base de un trabajo regular y común, porque el fraccionamiento deprime a la gente que "está en el hoyo" (expresión del autor de una carta dirigida a Iskra) sin saber lo que pasa en el mundo, de quién tiene que aprender, cómo conseguir experiencia, de qué modo satisfacer su deseo de una actividad amplia. Y yo continúo insistiendo en que este lazo efectivo de unión sólo puede empezar a crearse sobre la base de un periódico común que sea, para toda Rusia, la única empresa regular que haga el balance de toda la actividad en sus aspectos más variados, incitando con ello a la gente a seguir infatigablemente hacia adelante; por todos los numerosos caminos que llevan a la revolución, como todos los caminos llevan a Roma. Si deseamos la unificación no sólo de palabra, es necesario que cada círculo local consagre inmediatamente, supongamos, una cuarta parte de sus fuerzas a un trabajo activo para la obra común. Y el periódico le muestra en seguida236 los contornos generales, las proporciones y el carácter de la obra; le muestra qué lagunas son las que más se notan en toda la actividad general de Rusia, dónde no existe agitación, dónde son débiles los vínculos, qué ruedecitas del enorme mecanismo general podría este círculo arreglar o sustituir por otras mejores. Un círculo que aún no haya trabajado y que sólo busque trabajo podría empezar ya, no como artesano en su pequeño taller aislado, que no conoce ni el desarrollo de la "industria" anterior a él ni el estado general de determinadas formas de producción industrial, sino como el colaborador de una vasta empresa, que refleje todo el empuje revolucionario general contra la autocracia. Y cuanto más perfecta sea la preparación de cada tornillo aislado, cuanta mayor cantidad de trabajadores aislados participen en la obra común, tanto más densa se hará nuestra red y tanta menos confusión provocarán en las filas comunes las inevitables detenciones. El vínculo efectivo empezaría ya a crearse por la función de difusión del periódico (si es que éste mereciese realmente el título de tal, es decir, si apareciese regularmente y no una vez cada mes, como las revistas voluminosas, sino unas cuatro veces). Actualmente, son rarísimas las relaciones entre las ciudades en punto a asuntos revolucionarios, en todo caso son una excepción; entonces, estas relaciones se convertirían en regla, y, naturalmente, no sólo asegurarían la difusión del periódico, sino también (lo que reviste mayor importancia) el 236 Con una reserva: siempre que simpatice con la orientación de este periódico y considere útil a la causa ser su colaborador, entendiendo por ello no solamente la colaboración literaria, sino toda la colaboración revolucionaria en general. Nota para "Rabócheie Dielo"; esta reserva se sobreentiende para los revolucionarios que aprecian el trabajo y no el juego a la democracia, que no separan las "simpatías" de la participación más activa y real. ¿Qué hacer? intercambio de experiencia, de materiales, de fuerzas y de recursos. Inmediatamente, adquiriría la labor de organización una envergadura mucho mayor, y el éxito de una localidad alentaría constantemente a seguir perfeccionándose, a aprovechar la experiencia ya adquirida por un camarada que actúa en otro extremo del país. El trabajo local sería mucho más rico y variado que ahora; las denuncias políticas y económicas que se recogiesen por toda Rusia nutrirían intelectualmente a los obreros de todas las profesiones y de todos los grados de desarrollo, suministrarían datos y motivos para charlas y lecturas sobre los problemas más variados, que suscitan, además, las alusiones de la prensa legal, las conversaciones en la sociedad y las "tímidas" comunicaciones del gobierno. Cada explosión, cada manifestación se enjuiciaría, se discutiría en todos sus aspectos, en todos los confines de Rusia, haciendo surgir el deseo de no quedar a la zaga, de hacer las cosas mejor que nadie (¡nosotros, los socialistas, no desechamos en absoluto toda emulación, toda "competencia" en general), de preparar conscientemente lo que la primera vez se había hecho en cierta forma espontáneamente, de aprovechar las condiciones favorables de una localidad determinada o de un momento determinado para modificar el plan de ataque, etc. Al mismo tiempo, esta reanimación de la labor local no acarrearía la desesperada tensión "agónica" de todas las fuerzas, ni la movilización de todos los hombres, como sucede a menudo ahora, cuando hay que organizar una manifestación o publicar un número de un periódico local: por una parte, la policía tropezaría con dificultades mucho mayores para llegar hasta "la raíz", ya que no se sabría en qué localidad había que buscarla; por otra, una labor regular y común enseñaría a los hombres a concordar, en cada caso concreto, la fuerza de un ataque con el estado de fuerzas de este u otro destacamento del ejército común (ahora casi nadie piensa en ninguna parte en esta coordinación, pues los ataques se producen en forma espontánea en sus nueve décimas partes), y facilitaría el "transporte" no sólo de las publicaciones, sino también de las fuerzas revolucionarias. Ahora, en la mayor parte de los casos, estas fuerzas se desangran en la estrecha labor local; entonces habría posibilidad, y constantes ocasiones para trasladar a un agitador u organizador más o menos capaz de un extremo a otro del país. Comenzando por un pequeño viaje por asuntos del partido y por cuenta del mismo, los militantes se acostumbrarían a vivir enteramente por cuenta del partido, a hacerse revolucionarios profesionales, a formarse como verdaderos guías políticos. Y si realmente lográsemos que todos o una considerable mayoría de los comités, grupos y circulo s locales emprendiesen activamente la labor 145 común, en un futuro no lejano estaríamos en condiciones de publicar un semanario que se difundiese regularmente en decenas de millares de ejemplares por toda Rusia. Este periódico sería una partícula de un enorme fuelle de forja que atizase cada chispa de la lucha de clases y de la indignación del pueblo, convirtiéndola en un gran incendio. En torno a esta labor, de por sí muy anodina y muy pequeña aún, pero regular y común en el pleno sentido de la palabra, se concentraría sistemáticamente y se instruiría el ejército permanente de luchadores probados. Por los andamios de este edificio común de organización, pronto veríamos ascender y destacarse de entre nuestros revolucionarios a los Zheliábov socialdemócratas; de entre nuestros obreros, los Bebel rusos, que se pondrían a la cabeza del ejército movilizado y levantarían a todo el pueblo para acabar con la ignominia y la maldición de Rusia. ¡En esto es en lo que hay que soñar! *** "¡Hay que soñar!" He escrito estas palabras y me he asustado. Me he imaginado sentado en el "Congreso de unificación", teniendo enfrente a los redactores y colaboradores de Rabócheie Dielo. Y he aquí que se levanta el camarada Martínov y se dirige a mí con tono amenazador: "Permita que le pregunte: ¿tiene aún la redacción autónoma derecho a soñar sin previo referéndum de los comités del partido?" Tras él se levanta el camarada Krichevski (y profundizando filosóficamente al camarada Martínov, quien hace mucho tiempo había profundizado ya al camarada Plejánov), en tono aún más amenazador, continúa: "Yo voy más lejos, y pregunto si en general un marxista tiene derecho a soñar, si no olvida que, según Marx, la humanidad siempre se plantea tareas realizables, y que la táctica es un proceso de crecimiento de las tareas, que crecen con el partido". Sólo de pensar en estas preguntas amenazadoras, siento escalofríos y pienso dónde podría esconderme. Intentaré esconderme tras Písarev. "Hay diferentes clases de desacuerdos -escribía Písarev a propósito del desacuerdo entre los sueños y la realidad-. Mis sueños pueden rebasar el curso natural de los acontecimientos o bien pueden desviarse a un lado, adonde el curso natural de los acontecimientos no puede llegar jamás. En el primer caso, los sueños no producen ningún daño, incluso pueden sostener y reforzar las energías del trabajador... En sueños de esta índole, no hay nada que deforme o paralice la fuerza de trabajo. Muy al contrario. Si el hombre estuviese completamente privado de la capacidad de soñar así, si no pudiese de vez en cuando adelantarse y contemplar con su imaginación el cuadro enteramente acabado de la obra que se bosqueja entre sus manos, no podría figurarme de ningún modo qué móviles obligarían al V. I. Lenin 146 hombre a emprender y llevar hasta su término vastas y penosas empresas en el terreno de las artes, de las ciencias y de la vida práctica... El desacuerdo entre los sueños y la realidad no produce daño alguno, siempre que la persona que sueña crea seriamente en su sueño, se fije atentamente en la vida, compare sus observaciones con sus castillos en el aire y, en general, trabaje escrupulosamente en la realización de sus fantasías. Cuando existe algún contacto entre los sueños y la vida, todo va bien"237. Pues bien, los sueños de esta naturaleza, por desgracia, son sobradamente raros en nuestro movimiento. Y la culpa la tienen, sobre todo, los representantes de la crítica legal y del "seguidismo" ilegal que presumen de su ponderación, de su "proximidad" a lo "concreto". c) ¿Que tipo de organización necesitamos? Por lo que precede, puede ver el lector que nuestra "táctica-plan" consiste en rechazar el llamamiento inmediato al asalto, en exigir que se organice "debidamente el asedio de la fortaleza enemiga", o dicho en otros términos, en exigir que todos los esfuerzos se dirijan a reunir, organizar y movilizar un ejército regular. Cuando pusimos en ridículo a Rabócheie Dielo por su salto del "economismo" a los gritos sobre la necesidad del asalto (gritos en que había prorrumpido en abril de 1901, en el número 6 del Listok "R. Diela"238), dicho órgano nos atacó, como es natural, acusándonos de "doctrinarismo", diciendo que no comprendemos el deber revolucionario, que exhortamos a la prudencia, etc. Desde luego, no nos ha extrañado en modo alguno esta acusación en boca de gentes que carecen de todo principio y que salen del paso con la sabihonda "táctica-proceso"; como tampoco nos ha extrañado que esta acusación la haya repetido Nadiezhdin, que en general abriga el desprecio más altivo por la firmeza de los principios programáticos y tácticos. Dicen que la historia no se repite. Pero Nadiezhdin se empeña con todas sus fuerzas en repetirla e imita concienzudamente a Tkachov, denigrando la "educación revolucionaria", vociferando sobre "el repique de campanas del veche"239, pregonando un "punto de vista" especial "de vísperas de la revolución", etc. Por lo visto, olvida la conocida sentencia de que, si el original de un acontecimiento histórico es una tragedia, su copia no es más que una farsa240. La tentativa de adueñarse del poder -tentativa preparada por la prédica de Tkachov y realizada por el terror "intimidador" y que realmente intimidaba entonces- era majestuosa, y, en cambio, el terror "excitante" del pequeño Tkachov es simplemente ridículo; sobre todo, es ridículo cuando se complementa con la idea de organizar a los obreros medios. "Si Iskra -escribe Nadiezhdin- saliese de su esfera de literaturismo, vería que esto (hechos como la carta de un obrero en el número 7 de Iskra, etc.) son síntomas que prueban que pronto, muy pronto, comenzará el "asalto", y hablar ahora (¡sic!) de una organización, cuyos hilos arranquen de un periódico destinado a toda Rusia, es fomentar ideas y trabajo de gabinete". Fijaos en esta confusión increíble: por una parte, terror excitante y "organización de los obreros medios", juntamente con la idea de que es "más fácil" concentrarse en torno a algo "más concreto", por ejemplo, alrededor de periódicos locales, y, por otra parte, hablar "ahora" de una organización para toda Rusia significa fomentar ideas de gabinete, es decir (empleando un lenguaje más franco y sencillo), ¡"ahora" ya es tarde! Y para "la amplia organización de periódicos locales" ¿no es tarde, respetabilísimo L. Nadiezhdin? En cambio, comparemos con esto el punto de vista y la táctica de Iskra: el terror excitante es una tontería; hablar de organizar justamente a los obreros medios, de una amplia organización de periódicos locales, significa abrir de par en par las puertas al "economismo". Es preciso hablar de una organización de revolucionarios única destinada a toda Rusia, y no será tarde hablar de ella hasta el momento en que empiece el verdadero asalto, y no un asalto sobre el papel. "Sí -continúa Nadiezhdin-, en, cuanto a la organización nuestra situación está muy lejos de ser brillante: si, Iskra tiene completa razón cuando dice que el grueso de nuestras fuerzas militares está constituido por voluntarios e insurrectos... Está bien que tengáis una noción sobria del estado de nuestras fuerzas, pero ¿por qué olvidáis que la multitud no es en absoluto nuestra y que, por eso, no nos preguntará cuándo hay que romper las hostilidades y se lanzará al "motín"?... Cuando la multitud empiece a actuar ella misma con su fuerza devastadora espontánea, puede arrollar y desalojar el "ejército regular", al que siempre se pensaba organizar en forma extraordinariamente sistemática, pero no hubo tiempo de hacerlo". (Subrayado por mí.) 237 Lenin cita el artículo de D. Písarev Errores de un pensamiento en agraz. 238 "Listok "Rabáchego Diela"": suplemento no periódico de la revista Rabócheie Dielo; se editó en Ginebra desde junio de 1900 hasta julio de 1901, apareciendo 8 números. 239 Veche: Asamblea popular en la antigua Rusia, para la que se convocaba al toque de campana. (N. de la Edit.) 240 Lenin alude a las siguientes palabras de la obra de C. Marx El 18 Brumario de Luis Bonaparte: "Hegel dice en ¡Extraña lógica! Precisamente porque "la alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal se producen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra, vez como farsa" (véase C. Marx y F. Engels, Obras escogidas en dos tomos, t. I, pág. 224, ed. en español, Moscú). ¿Qué hacer? multitud no es nuestra", es insensato e indecoroso dar gritos de "asalto" inmediato, ya que el asalto es un ataque de un ejército regular y no una explosión espontánea de la multitud. Precisamente porque la multitud puede arrollar y desalojar al ejército regular, necesitamos sin falta que toda nuestra labor de "organización extraordinariamente sistemática" del ejército regular marche a la par con el auge espontáneo, porque cuanto más consigamos esta organización, tanto más probable es que el ejército regular no sea arrollado por la multitud, sino que se ponga delante de ella, a su cabeza. Nadiezhdin se confunde, porque se imagina que este ejército sistemáticamente organizado se ocupa de algo que lo aparta de la multitud, mientras que, en realidad, éste se ocupa exclusivamente de una agitación política múltiple y general, es decir, justamente de la labor que aproxima y funde en un todo la fuerza destructora espontánea de la multitud y la fuerza destructora consciente de la organización de revolucionarios. La verdad es que vosotros, señores, cargáis al prójimo las faltas propias, pues precisamente el grupo Svoboda, al introducir en el programa el terror, exhorta con ello a crear una organización de terroristas, y una organización así distraería realmente a nuestro ejército de su aproximación a la multitud, que, por desgracia, no es aún nuestra y, por desgracia, no nos pregunta, o casi no nos pregunta aún, cuándo y cómo hay que romper las hostilidades. "Dejaremos pasar inadvertida la propia revolución -continúa Nadiezhdin asustando a Iskra-, como nos ha ocurrido con los acontecimientos actuales, que han caído como un alud sobre nuestras cabezas". Esta frase, relacionada con las que hemos citado más arriba, nos demuestra palmariamente que es absurdo el "punto de vista" especial "de vísperas de la revolución" confeccionado por Svoboda241. Hablando sin ambages, el "punto de vista" especial se reduce a que "ahora" ya es tarde para deliberar y prepararse. Pero en este caso, ¡oh, respetabilísimo enemigo del "literaturismo"!, ¡para qué escribir 132 páginas impresas "sobre cuestiones de teoría242 y de táctica"? 241 En vísperas de la revolución, pág. 62. L. Nadiezhdin, dicho sea de paso, no dice casi nada sobre las cuestiones teóricas en su "revista de cuestiones teóricas", si prescindimos del siguiente pasaje, sumamente curioso "desde el punto de vista de vísperas de la revolución": "La bernsteiniada en su conjunto pierde para nuestro momento su carácter agudo, como lo mismo nos da que el señor Adamóvich demuestre que el señor Struve debe presentar la dimisión o que, por el contrario, el señor Struve desmienta al señor Adamóvich y no consienta en dimitir. Nos da absolutamente igual, porque ha sonado la hora decisiva de la revolución" (pág. 110). Sería difícil describir con mayor claridad la despreocupación infinita que L. Nadiezhdin siente por la teoría. ¡¡Como hemos proclamado que estamos en "vísperas de la revolución", por esto "nos da absolutamente lo mismo" que los 242 147 ¿No le parece que "al punto de vista de vísperas de la revolución" le cuadraría más bien la edición de 132.000 octavillas con un breve llamamiento: "¡A ellos!"? Precisamente corre menor riesgo de dejar pasar inadvertida la revolución quien coloca en el ángulo principal de todo su programa, de toda su táctica, de toda su labor de organización, la agitación política entre todo el pueblo, como hace Iskra. Las personas que, en toda Rusia, están ocupadas en trenzar los hilos de la organización que arranque de un periódico destinado a toda Rusia, lejos de dejar pasar inadvertidos los sucesos de la primavera, nos han dado, por el contrario, la posibilidad de pronosticarlos. Tampoco han dejado pasar inadvertidas las manifestaciones descritas en los números 13 y 14 de Iskra243; por el contrario, han tomado parte en ellas, con viva conciencia de que su deber era acudir en ayuda del auge espontáneo de la multitud, contribuyendo al mismo tiempo, por medio de su periódico, a que todos los camaradas rusos conozcan estas manifestaciones y utilicen su experiencia. ¡Y, si están vivos, no dejarán pasar tampoco inadvertida la revolución, que reclamará de nosotros, ante todo y por encima de todo, experiencia en la agitación, saber apoyar (apoyar a la manera socialdemócrata) toda protesta, saber orientar el movimiento espontáneo, salvaguardándolo de los errores de los amigos y de las celadas de los enemigos! Hemos llegado, pues, a la última razón que nos fuerza a insistir particularmente en el plan de una organización formada en torno a un periódico destinado a toda Rusia, mediante la labor conjunta en este periódico común. Sólo una organización semejante aseguraría la flexibilidad indispensable a la organización combativa socialdemócrata, es decir, la capacidad de adaptarse inmediatamente a las más variadas condiciones de lucha, que cambian rápidamente; saber, "de un lado, rehuir las batallas en ortodoxos logren o no desalojar definitivamente de sus posiciones a los críticos!! ¡Y nuestro sabio no se percata de que, precisamente durante la revolución, nos harán falla los resultados de la lucha teórica contra los críticos para luchar resneltamente contra sus posiciones prácticas! 243 En noviembre-diciembre de 1901 se extendió por Rusia una ola de manifestaciones estudiantiles, apoyadas por los obreros. En los números 13 (20 de diciembre de 1901) y 14 (1 de enero de 1902) de Iskra, en la sección De nuestra vida social, se insertaron reseñas de las manifestaciones de Nizhni Nóvgorod (con motivo del destierro de M. Gorki), de Moscú (como protesta contra la prohibición de la velada dedicada a la memoria de N. Dobroliúbov) y de Ekaterinoslav, así como de las reuniones y protestas estudiantiles en Kíev, Járkov, Moscú y Petersburgo; a estas acciones fueron dedicados también los artículos de V. I. Lenin El comienzo de las manifestaciones (Iskra, N° 13, véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 369-372) y de J. Plejánov Sobre las manifestaciones (Iskra, Nº 14). V. I. Lenin 148 campo abierto, contra un enemigo que tiene superioridad aplastante de fuerzas, cuando éste concentra toda su fuerza en un punto, pero, de otro lado, aprovecharse de la torpeza de movimientos de este enemigo y lanzarse sobre él en el sitio y en el momento en que menos espere ser atacado"244. Sería un gravísimo error estructurar la organización del partido contando sólo con explosiones y luchas en las calles o sólo con la "marcha progresiva de la lucha cotidiana y gris". Debemos desarrollar siempre nuestra labor cotidiana y estar siempre dispuestos a todo, porque muchas veces es casi imposible prever cómo alternarán los períodos de explosiones con los de calma, y, aun cuando fuera posible preverlo, no se podría aprovechar la previsión para reconstruir la organización, porque en un país autocrático estos cambios se producen con asombrosa rapidez, a veces como consecuencia de una incursión nocturna de los genízaros zaristas245. La misma revolución no se debe imaginar como un acto único (como, por lo visto, se la imaginan los Nadiezhdin), sino como una sucesión rápida de explosiones más o menos violentas, alternando con períodos de calma más o menos profunda. Por tanto, el contenido capital de las actividades de la organización de nuestro partido, el centro de gravedad de estas actividades debe consistir en una labor que es posible y necesaria tanto durante el período de la explosión más violenta, como durante el de la calma más completa, a saber: en una labor de agitación política unificada en toda Rusia, que arroje luz sobre todos los aspectos de la vida y que se dirija a las grandes masas. Y esta labor es inconcebible en la Rusia actual sin un periódico destinado a toda Rusia y que aparezca muy frecuentemente. La organización que se forme por sí 244 Iskra N° 4: ¿Por dónde empezar? "Un trabajo largo no asusta a los revolucionarios educadores que no comparten el punto de vista de vísperas de la revolución", escribe Nadiezhdin (pág. 62). A este propósito haremos la siguiente observación: si no sabemos elaborar una táctica política, un plan de organización, orientados sin falta hacia un trabajo muy largo y que al mismo tiempo aseguren, por el propio proceso de este trabajo, la preparación de nuestro partido para ocupar su puesto y cumplir con su deber en cualquier circunstancia imprevista, por más que se precipiten los acontecimientos, seremos simplemente unos miserables aventureros políticos. Sólo Nadiezhdin, que ha empezado a intitularse socialdemócrata desde ayer, puede olvidar que el objetivo de la socialdemocracia consiste en la transformación radical de las condiciones de vida de toda la humanidad, y que por ello es imperdonable que un socialdemócrata se "asuste" por lo largo del trabajo. 245 Genízaros: infantería regular en la Turquía de los sultanes, creada en el siglo XIV y que era la fuerza policíaca principal de aquel régimen. Los genízaros se distinguían por su gran crueldad. Los regimientos de genízaros fueron disueltos en 1826. Lenin denominó genízaros a la policía zarista. misma en torno a este periódico, la organización de sus colaboradores (en la acepción más amplia del término, es decir, de todos los que trabajan para él) estará precisamente dispuesta a todo, desde salvar el honor, el prestigio y la continuidad del partido en los momentos de mayor "depresión" revolucionaria, hasta preparar, fijar y llevar a la práctica la insurrección armada de todo el pueblo. En efecto, figurémonos una redada completa, muy corriente entre nosotros, en una o varias localidades. Al no haber en todas las organizaciones locales una labor común en forma regular, estas redadas van acompañadas a menudo de la interrupción del trabajo por largos meses. En cambio, si todas tuvieran una labor común, bastarían en el caso de la mayor redada unas cuantas semanas de trabajo de dos o tres personas enérgicas para poner en contacto con el organismo central común a los nuevos círculos de la juventud que, como es sabido, incluso ahora brotan con suma rapidez; y cuando la labor común que sufre las consecuencias de las redadas está a la vista de todo el mundo, los nuevos círculos pueden surgir y ponerse en contacto con dicho organismo central más rápidamente aún. Por otra parte, imaginaos una insurrección popular. Ahora, todo el mundo estará, probablemente, de acuerdo en que debemos pensar en ella y prepararnos para ella. Pero ¿cómo prepararnos? ¿Tendrá que designar el Comité Central agentes en todas las localidades para preparar la insurrección? Aunque tuviésemos un Comité Central, este CC no lograría absolutamente nada con designarlos, dadas las actuales condiciones rusas. Por el contrario, una red de agentes246 que se forme por sí misma en el trabajo de organización y difusión de un periódico común no tendría que "aguardar con los brazos cruzados" la consigna de la insurrección, sino que precisamente trabajaría en la labor regular que le garantizaría en caso de insurrección las mayores probabilidades de éxito. Precisamente esta labor reforzaría los lazos de unión tanto con las grandes masas obreras, como con todos los sectores 246 Se me ha escapado, ¡ay!, una vez más, la terrible palabra "agentes", que tanto hiere el oído democrático de los Martínovl Me extraña que esta palabra no haya molestado a los corifeos de la década del 70 y, en cambio, moleste a los "artesanos" de la del 90. Me gusta esta palabra, porque índica de un modo claro y tajante la causa común a la que todos los agentes subordinan sus pensamientos y sus actos, y si hubiese que sustituir esta palabra por otra, yo sólo elegiría el término "colaborador", si éste no tuviese cierto deje de literaturismo y de vaguedad. Porque lo que necesitamos es una organización militar de agentes. Digamos de paso que los numerosos Martínov (sobre todo, en el extranjero), que gustan de "ascenderse recíprocamente a general", podrían decir, en lugar de "agente en asuntos de pasaportes", "comandante en jefe de la unidad especial destinada a proveer de pasaportes a los revolucionarios", etc. ¿Qué hacer? descontentos de la autocracia, lo cual tiene tanta importancia para la insurrección. Precisamente sobre la base de esta obra se formaría la capacidad de enjuiciar acertadamente la situación política general y, por tanto, la capacidad de elegir el momento adecuado para la insurrección. Precisamente esta obra acostumbraría a todas las organizaciones locales a hacerse eco simultáneamente de los problemas, casos y sucesos políticos que agitan a toda Rusia, responder a estos "sucesos" con la mayor energía posible, del modo más uniforme y más conveniente posible: y la insurrección es, en el fondo, la "respuesta" más enérgica, más uniforme y más conveniente de todo el pueblo al gobierno. Precisamente esa labor, por último, acostumbraría a todas las organizaciones revolucionarias, en todos los confines de Rusia, a mantener las relaciones más constantes y a la vez más conspirativas, relaciones que crearían la unidad efectiva del partido; sin estas relaciones es imposible discutir colectivamente un plan de insurrección ni adoptar las medidas preparatorias indispensables en vísperas de ésta, medidas que deben guardarse en el secreto más riguroso. En una palabra, "el plan de un periódico político para toda Rusia", lejos de ser el fruto de un trabajo de gabinete de personas contaminadas de doctrinarismo y literaturismo (como les ha parecido a gentes que han meditado poco en él), es, por el contrario, el plan más práctico para empezar a prepararse en todas partes e inmediatamente para la insurrección, sin olvidar al mismo tiempo ni un instante la labor ordinaria de todos los días. Conclusión La historia de la socialdemocracia rusa se divide manifiestamente en tres períodos. El primer período comprende cerca de un decenio, de 1884 a 1894, aproximadamente. Fue el período en que brotaron y se afianzaron la teoría y el programa de la socialdemocracia. El número de adeptos de la nueva tendencia en Rusia se contaba por unidades. La socialdemocracia existía sin movimiento obrero, atravesando, como partido político, por el proceso de desarrollo intrauterino. El segundo período comprende tres o cuatro años, de 1894 a 1898. La socialdemocracia aparece como movimiento social, como ascenso de las masas populares, como partido político. Fue el período de la niñez y de la adolescencia. Con la rapidez de una epidemia, se propaga el apasionamiento general de los intelectuales por la lucha contra el populismo y por la corriente de ir hacia los obreros, el apasionamiento general de los obreros por las huelgas. El movimiento hace grandes progresos. La mayoría de los dirigentes eran hombres muy jóvenes, que estaban lejos de haber alcanzado la "edad de treinta y cinco años", que el señor N. Mijailovski 149 consideraba como una especie de límite natural. Por su juventud, no estaban preparados para la labor práctica y desaparecen de la escena con asombrosa rapidez. Pero la envergadura de su trabajo, en la mayoría de los casos, era muy grande. Muchos de ellos comenzaron a pensar de un modo revolucionario como secuaces de "La Voluntad del Pueblo". Casi todos rendían en sus mocedades un culto entusiasta a los héroes del terror, y les costó mucho trabajo sustraerse a la impresión seductora de esta tradición heroica; hubo que romper con personas que a toda costa querían seguir siendo fieles a "La Voluntad del Pueblo", personas a las que los jóvenes socialdemócratas respetaban mucho. La lucha obligaba a estudiar, a leer obras ilegales de todas las tendencias, a ocuparse intensamente de los problemas del populismo legal. Formados en esta lucha, los socialdemócratas iban al movimiento obrero sin olvidar "un instante" ni la teoría del marxismo que los iluminó con luz meridiana, ni la tarea de derrocar a la autocracia. La formación del partido, en la primavera de 1898, fue el acto de mayor relieve, y a la vez el último, de los socialdemócratas de aquel período. El tercer período despunta, como acabamos de ver, en 1897 y aparece definitivamente en sustitución del segundo período en 1898 (1898-?). Es el período de dispersión, de disgregación, de vacilación. Como enronquecen los adolescentes al cambiar la voz, también a la socialdemocracia rusa de aquel período se le quebró la voz y empezó a dar notas falsas, por una parte, en las obras de los señores Struve y Prokopóvich, Bulgákov y Berdiáiev, y, por otra, en las de V. I-n. y R. M., de B. Krichevski y Martínov. Pero sólo los dirigentes iban cada uno por su lado y retrocedían: el movimiento mismo continuaba creciendo y haciendo gigantescos progresos. La lucha proletaria englobaba nuevos sectores de obreros y se propagaba por toda Rusia, contribuyendo a la vez indirectamente a avivar el espíritu democrático entre los estudiantes y entre las demás capas de la población. Pero la conciencia de los dirigentes cedió ante la envergadura y la fuerza del auge espontáneo. Entre los socialdemócratas predominaba ya otra clase de gente: los militantes formados casi exclusivamente en el espíritu de la literatura marxista "legal", cosa tanto más insuficiente cuanto más alto era el nivel de conciencia que reclamaba de ellos la espontaneidad de las masas. Los dirigentes no sólo quedan rezagados tanto en el sentido teórico ("libertad de crítica"), como en el terreno práctico ("métodos primitivos de trabajo"), sino que intentan defender su atraso recurriendo a toda clase de argumentos rimbombantes. El socialdemocratismo era rebajado al nivel del tradeunionismo tanto por los brentanistas de la literatura legal, como por los seguidistas de la ilegal. El programa del Credo comienza a llevarse a V. I. Lenin 150 la práctica, sobre todo cuando los "métodos primitivos de trabajo" de los socialdemócratas reavivan las tendencias revolucionarias no socialdemócratas. Y si el lector me reprocha el haberme ocupado demasiado detalladamente de un periódico como Rabócheie Dielo, le contestaré: R. Dielo ha adquirido una importancia "histórica" por haber reflejado con el mayor relieve el "espíritu" de este tercer período247. No era el consecuente R. M., sino precisamente los Krichevski y Martínov, que giran a todos los vientos, quienes podían expresar de modo auténtico la dispersión y las vacilaciones, la disposición a hacer concesiones a la "crítica", al "economismo" y al terrorismo. Lo que caracteriza a este período no es el desprecio olímpico de la práctica por algún admirador de "lo absoluto", sino precisamente la unión de un practicismo mezquino con la más completa despreocupación por la teoría. Los héroes de este período, más que negar de un modo abierto las "grandes palabras", las envilecían: el socialismo científico dejó de ser una teoría revolucionaria integral, convirtiéndose en una mezcla, a la que se añadían "libremente" líquidos procedentes de todo nuevo manual alemán; la consigna de "lucha de clases" no impulsaba hacia una actividad cada vez más vasta, cada vez más enérgica, sino que servía de amortiguador, ya que "la lucha económica está íntimamente ligada a la lucha política"; la idea de un partido no servía para incitar a crear una organización combativa de revolucionarios, sino que justificaba una especie de "burocratismo revolucionario" y el juego infantil a formas "democráticas" . Ignoramos cuándo acabará el tercer período y empezará el cuarto (que en todo caso anuncian ya muchos síntomas). Del campo de la historia pasamos aquí al terreno del presente y, en parte, del futuro. Pero creemos firmemente que el cuarto período ha de conducir al afianzamiento del marxismo militante, la socialdemocracia rusa saldrá de la crisis más fuerte y vigorosa, la retaguardia de oportunistas será "relevada" por un verdadero destacamento de vanguardia de la clase más revolucionaria. A guisa de exhortación a este "relevo" y resumiendo lo que acabamos de exponer, podemos dar esta escueta respuesta a la pregunta: ¿qué hacer? Acabar con el tercer período. 247 Podría contestar también con un refrán alemán: "Den Sack schlägt man, den Esel meint man", lo cual quiere decir: a ti te lo digo, hijuela mía: entiéndelo tú, nuera mía. No sólo Rab. Dielo, sino la gran masa de los militantes dedicados al trabajo práctico y de los teóricos sentían entusiasmo por la "crítica" de moda, se embrollaban en la cuestión de la espontaneidad, se desviaban de la concepción socialdemócrata de nuestras tareas políticas y de organización hacia la concepción tradeunionista. Anexo. Intento de fusionar Iskra. Con Rabócheie Dielo Nos resta esbozar la táctica adoptada y consecuentemente aplicada por Iskra en las relaciones de organización con Rabócheie Dielo. Esta táctica ha sido ya plenamente expuesta en el número 1 de Iskra, en el artículo sobre La escisión en la Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero248, Abrazamos en seguida: la posición de que la verdadera "Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero", reconocida por el primer Congreso de nuestro partido como su representante en el extranjero, se había escindido en dos organizaciones; que seguía sin resolverse la cuestión de la representación del partido, porque sólo temporal y condicionalmente la había resuelto, en el Congreso internacional celebrado en París, la elección para el Buró Socialista Internacional permanente249, por parte de Rusia, de dos miembros, uno por cada parte de la "Unión" escindida. Hemos declarado que, en el fondo, Rabócheie Dielo no tenia razón; en relación a los principios, nos colocamos resueltamente al lado del grupo "Emancipación del Trabajo", pero nos negamos, al mismo tiempo, a entrar en detalles de la escisión y señalamos los méritos de la "Unión" en el terreno de la labor puramente práctica250. De modo que nuestra posición era, hasta cierto punto, la expectativa: hacíamos una concesión al criterio imperante entre la mayoría de los socialdemócratas rusos, que sostenían que incluso los enemigos más decididos del "economismo" podían trabajar codo con codo con la "Unión", porque ésta había declarado más de una vez que en principio estaba de acuerdo con el grupo "Emancipación del Trabajo" y que no pretendía, según afirmaba, tener una posición independiente en los problemas cardinales de la teoría y de la táctica. El acierto de la posición que habíamos adoptado lo corrobora indirectamente el hecho de que, casi en el momento de la aparición del primer número de Iskra (diciembre de 1900), se separan de la "Unión" tres miembros, formando el llamado "Grupo de 248 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 384385. (N. de la Edit.) 249 Buró Socialista Internacional (BSI): órgano permanente, informativo y ejecutivo, de la II Internacional, integrado por representantes de todos los partidos socialistas que formaban parte de la Internacional. J. Plejánov y B. Krichevski fueron elegidos para representar en el BSI a los socialdemócratas rusos. Desde 1905, Lenin representaba al POSDR en el BSI. Durante la primera guerra mundial, el BSI mantuvo una posición socialchovinista y desde entonces dejó de ser prácticamente órgano de la asociación internacional de los trabajadores. 250 Este juicio sobre la escisión no sólo se basaba en el conocimiento de las publicaciones, sino en datos recogidos en el extranjero por algunos miembros de nuestra organización que habían estado allí. ¿Qué hacer? iniciadores", los cuales se dirigieron: 1) a la sección del extranjero de la organización de Iskra; 2) a la organización revolucionaria "Sotsial-Demokrat”251 y 3) a la "Unión", proponiendo su mediación para entablar negociaciones de conciliación. Las dos primeras organizaciones aceptaron en seguida, la tercera se negó. Por cierto que cuando, en el Congreso de "unificación", celebrado el año pasado, uno de los oradores expuso los hechos citados, un miembro de la administración de la "Unión" declaró que su negativa se debía exclusivamente a que la "Unión" estaba descontenta de la composición del grupo de iniciadores. Considerando que es mi deber insertar esta explicación, no puedo, sin embargo, dejar de observar por mi parte que no la considero satisfactoria: conociendo el asentimiento de las dos organizaciones para entablar negociaciones, la "Unión" podía dirigirse a ellas por medio de otro mediador o directamente. En la primavera de 1901, tanto Zariá (N° 1, abril) como Iskra (N° 4, mayo)252 entablaron una polémica directa contra Rabócheie Dielo. Iskra atacó, sobre todo, el "Viraje histórico" de Rabócheie Dielo, que en su hoja de abril, esto es, ya después de los acontecimientos de primavera, dio muestras de poca firmeza con respecto al apasionamiento por el terror y por los llamamientos "sanguinarios". A pesar de esta polémica, la "Unión" contestó que estaba dispuesta a reanudar las negociaciones de conciliación por intermedio de un nuevo grupo de "conciliadores”253. La Conferencia preliminar de 251 La "Organización revolucionaria "Sotsial-Demokrat"" fue creada por los miembros del grupo "Emancipación del Trabajo" y sus partidarios en mayo de 1900, después de la escisión de la "Unión de Socialdemócratas Rusos en el Extranjero". En su llamamiento, la organización "SotsialDemokrat" anunció sus objetivos: "ayudar al movimiento socialista en el seno del proletariado ruso" y luchar contra todas las tentativas oportunistas de tergiversar el marxismo. La organización tradujo al ruso y publicó el Manifiesto del Partido Comunista, así como algunos folletos de J. Plejánov y otros. En octubre de 1901, a propuesta de Lenin, se integró, junto con la sección extranjera de Iskra, en la "Liga de la Socialdemocracia Revolucionaria Rusa en el Extranjero". 252 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 113. (N. de la Edit.) 253 Se trata del grupo compuesto por D. Riazánov, Y. Steklov (Nevzárov), E. Gurévich (V. Danévich, E. Smirnov), que se formó en París en el verano de 1900, y que en mayo de 1901 pasó a denominarse "Borbá". En su intento de reconciliar las orientaciones revolucionaria y oportunista en la socialdemocracia rusa, el grupo "Borbá" propuso unificar las organizaciones socialdemócratas en el extranjero, y con este objeto mantuvo conversaciones con las organizaciones de Iskra y Zariá, con el "SotsialDemokrat" y la "Unión de Socialdemócratas Rusos", y participó en la Conferencia de Ginebra (junio de 1901) y en el Congreso "de unificación" (octubre de 1901). En el otoño de 1901, el grupo "Borbá" se convirtió en un grupo 151 representantes de las tres organizaciones citadas se celebró en el mes de junio y elaboró un proyecto de pacto, sobre la base de un detalladísimo "acuerdo en principio", publicado por la "Unión" en el folleto Dos Congresos y por la Liga en el folleto Documentos del Congreso "de unificación". El contenido de este acuerdo en principio (o resoluciones de la Conferencia de junio, como suele llamársele) demuestra con claridad meridiana que nosotros exigíamos, como condición indispensable para la unificación, que se repudiara del modo más decidido toda manifestación de oportunismo en general y de oportunismo ruso en particular. "Rechazamos -dice el primer párrafo- todas las tentativas de introducir el oportunismo en la lucha de clase del proletariado, tentativas que se han traducido en el llamado "economismo", bernsteinianismo, millerandismo, etc." "La esfera de actividad de la socialdemocracia comprende... la lucha ideológica contra todos los adversarios del marxismo revolucionario" (4, c). "En todas las esferas de la labor de agitación y de organización, la socialdemocracia no debe olvidar ni un instante la tarea inmediata del proletariado ruso: derrocar a la autocracia" (5, a);... "la agitación, no sólo en el terreno de la lucha diaria del trabajo asalariado contra el capital" (5, b);..., "no reconociendo... la fase de lucha puramente económica y de lucha por reivindicaciones políticas parciales" (5, c);... "consideramos de importancia para el movimiento criticar las corrientes que erigen en principio... lo elemental... y lo estrecho de las formas inferiores del movimiento" (5, d). Incluso una persona completamente ajena, después de leer más o menos atentamente estas resoluciones, ha de ver por su mismo enunciado, que se dirigen contra los que eran oportunistas y "economistas", que han olvidado, aunque sólo sea un instante, la tarea de derribar la autocracia, que han aceptado la teoría de las fases, que han erigido en principio la estrechez de miras, etc. Y quien conozca más o menos la polémica del grupo "Emancipación del Trabajo", Zariá e Iskra con Rabócheie Dielo no dudará un instante que estas resoluciones rechazan, punto por punto, precisamente las aberraciones en que había caído Rabócheie Dielo. Por esto, cuando en el Congreso de "unificación" uno literario independiente y anunció las publicaciones que iba a tirar. En sus ediciones (Materiales para la elaboración del programa del partido, tomos I-III, Hoja volante y otros), el grupo "Borbá" tergiversaba la teoría revolucionaria del marxismo y se oponía a los principios leninistas de organización y táctica de la socialdemocracia revolucionaria rusa. Debido a su renuncia a las concepciones y a la táctica socialdemócratas y a su actitud desorganizadora, así como a la falta de contactos con las organizaciones socialdemócratas de Rusia, el grupo no fue admitido al II Congreso del POSDR. Por decisión de éste, el grupo "Borbá" fue disuelto. 152 de los miembros de la "Unión" declaró que los artículos publicados en el número 10 de Rabócheie Dielo no se debían al nuevo "viraje histórico" de la "Unión" sino al espíritu demasiado "abstracto"254 de las resoluciones, uno de los oradores lo puso con toda razón en ridículo. Las resoluciones, contestó, lejos de ser abstractas, son increíblemente concretas: basta echarles una ojeada para ver que "se quería cazar a alguien". Esta expresión motivó en el Congreso un episodio característico. Por una parte, B. Krichevski se aferró a la palabra "cazar", diciendo que era un lapsus que delataba mala intención por nuestra parte ("tender una emboscada") y exclamó en tono patético: ¿A quién se iba a cazar?". "Si, en efecto, ¿a quién?", preguntó irónicamente Plejánov. "Yo le ayudaré al camarada Plejánov en su perplejidad -contestó B. Krichevski-, yo le explicaré que a quien se quería cazar era a la Redacción de "Rabócheie Dielo". (Hilaridad general.) ¡Pero no nos hemos dejado cazar!" (Exclamaciones de la izquierda: "[Peor para vosotros!"). Por otra parte, un miembro del grupo Borbá (grupo de conciliadores), pronunciándose contra las enmiendas de la "Unión" a las resoluciones, y en su deseo de defender a nuestro orador, declaró que, evidentemente, la expresión "se quería cazar" se había: escapado sin intención en el calor de la polémica. Por lo que a mí se refiere, creo que, de esta "defensa", el orador que ha empleado la expresión no se sentirá del todo satisfecho. Yo creo que las palabras "se quería cazar a alguien" eran "dichas en broma, pero pensadas en serio": nosotros hemos acusado siempre a Rabócheie Dielo de falta de firmeza, de vacilaciones, razón por la cual debíamos, naturalmente, tratar de cazarlo para hacer que en lo sucesivo fuesen imposibles las vacilaciones. No se podía hablar aquí de mala intención, porque se trataba de falta de firmeza en los principios. Y hemos sabido "cazar" a la "Unión" corno camaradas, hasta tal punto255, que las resoluciones de junio fueron 254 Esta afirmación se repite en Dos Congresos, pág. 25. A saber: en la introducción a las resoluciones de junio dijimos que la socialdemocracia rusa en conjunto mantuvo siempre la posición de principios del grupo "Emancipación del Trabajo" y que el mérito de la "Unión" estaba sobre todo en su actividad en el terreno de las publicaciones y de la organización. En otros términos, dijimos que estábamos completamente dispuestos a olvidar el pasado y a reconocer que la labor de nuestros camaradas de la "Unión" era útil a la causa, a condición de que acabaran por completo con las vacilaciones, que era lo que perseguíamos con la "caza". Toda persona imparcial que lea las resoluciones de junio, las comprenderá solamente en este sentido. Pero si ahora la "Unión", después de haber provocado ella misma la ruptura con su nuevo viraje hacia el "economismo" (en los artículos del número 10 y en las enmiendas), nos acusa solemnemente de faltar a la verdad (Dos Congresos, pág. 30) por estas palabras sobre sus 255 V. I. Lenin firmadas por el propio B. Krichevski y por otro miembro de la administración de la "Unión". Los artículos publicados en el número 10 de Rabócheie Dielo (nuestros camaradas vieron este número sólo después de llegar al Congreso, unos pocos días antes de iniciarse sus sesiones) demostraban claramente que, del verano al otoño, se había producido en la "Unión" un nuevo viraje: los "economistas" obtuvieron una vez más la supremacía, y la redacción, dúctil a toda nueva "corriente", se puso una vez más a defender a: los "más declarados bernsteinianos" y a la "libertad de crítica", a defender la "espontaneidad" y a predicar por boca de Martínov la "teoría de restringir" la esfera de nuestra acción política (pretendiendo que esto se debía a querer hacer más compleja esta misma acción). Una vez más se ha confirmado la certera observación de Parvus de que es difícil cazar a un oportunista con una simple fórmula, porque fácilmente firmará toda fórmula y con la misma facilidad renegará de ella, ya que el oportunismo consiste precisamente en la falta de principios más o menos definidos y firmes. Hoy, los oportunistas rechazan toda tentativa de introducir el oportunismo, rechazan toda restricción, prometen solemnemente "no olvidar un instante el derrocamiento de la autocracia", hacer "agitación no sólo en el terreno de la lucha cotidiana del trabajo asalariado con el capital", etc., etc. Y mañana cambiarán de tono y se pondrán en el viejo camino bajo el pretexto de defensa de la espontaneidad, de marcha progresiva de la lucha cotidiana y gris y de ensalzar las reivindicaciones que prometen resultados tangibles, etc. Al continuar afirmando que en los artículos del número 10 la ""Unión" no ha visto ni ve ninguna abjuración herética de los principios generales del proyecto de la conferencia" (Dos Congresos, pág. 26, la "Unión" sólo revela con ello que es completamente incapaz o que no quiere comprender el fondo de las discrepancias. Después del número 10 de Rabócheie Dielo, sólo nos quedaba por hacer una tentativa: iniciar una discusión general para convencernos de si toda la "Unión" se solidarizaba con estos artículos y con su redacción. La "Unión" está, sobre todo, disgustada contra nosotros por este hecho, acusándonos de que intentamos sembrar la discordia en la "Unión", de que nos inmiscuimos en cosas ajenas, etc. Acusaciones a todas luces infundadas, porque, teniendo una Redacción designada por elección y que "vira" al más ligero soplo del viento, todo depende precisamente de la dirección del viento, y nosotros hemos definido esta orientación en las sesiones a puerta cerrada, a las que sólo asistían los miembros de las organizaciones venidas para unificarse. Las méritos, esta acusación no puede por menos, desde luego, que provocar la. sonrisa. 153 ¿Qué hacer? enmiendas que, por iniciativa de la "Unión", se han propuesto a las resoluciones de junio nos han quitado la última sombra de esperanza de llegar a un acuerdo. Las enmiendas son una prueba documental del nuevo viraje hacia el "economismo" y de la solidaridad de la mayoría de la "Unión" con el número 10 de Rabócheie Dielo. Se borraba del número de manifestaciones del oportunismo el "llamado economismo" (debido al supuesto "sentido indefinido" de estas palabras, si bien de esta motivación no se deduce sino la necesidad de definir con mayor exactitud la esencia de una aberración ampliamente difundida); también se borraba el "millerandismo" (si bien B. Krichevski lo defendía en Rabócheie Dielo N° 2-3, págs, 81-84, y en una forma aún más franca en el Vorwärts256). A pesar de que las resoluciones de junio indicaban terminantemente que la tarea de la socialdemocracia consistía en "dirigir todas las manifestaciones de lucha del proletariado contra todas las formas de opresión política, económica y social", exigiendo con ello que se introdujera método y unidad en todas estas manifestaciones de lucha, la "Unión" añadía palabras completamente superfluas, diciendo que la "lucha económica es un poderoso estímulo para el movimiento de masas" (estas palabras, de por sí, son indiscutibles, pero, existiendo un "economismo" estrecho, forzosamente tenían que llevar a interpretaciones falsas). Hay más aún: se ha llegado hasta a introducir de una manera descarada: en las resoluciones de junio la restricción de la "política", ya eliminando las palabras "por un instante" (en cuanto a no olvidar el objetivo de derribar la autocracia), ya añadiendo las palabras "la lucha económica es el medio más ampliamente aplicable para incorporar a las masas a la lucha política activa". Es natural que, después de introducidas estas enmiendas, todos los oradores que intervinieron por nuestra parte renunciaran uno tras otro a la palabra, entendiendo que era completamente inútil seguir las 256 En el Vorwärts se inició una polémica a este respecto entre su Redacción actual, Kautsky y Zariá. No dejaremos de dar a conocer esta polémica a los lectores rusos. La polémica entre la Redacción del Órgano Central del Partido Socialdemócrata Alemán, el periódico Vorwärts ("Adelante"), y Zariá ("Aurora") surgió a causa del artículo de Mártov (Ignotus) El Congreso de Lübeck de la socialdemocracia alemana (Zariá, N° 2-3, diciembre de 1901). Mártov subrayaba el carácter tendencioso de las correspondencias enviadas desde París por B. Krichevski a Vorwärts acerca de la situación en el movimiento socialista francés, justificando las actividades de los oportunistas. La Redacción de Vorwärts defendía a Krichevski. C. Zetkin pronunció un informe en una reunión de los obreros de Berlín, apoyando las posiciones de Zariá. En el número 18 de Iskra (10 de marzo de 1902), en la sección Del Partido, fue publicado el artículo La polémica de "Zariá" con la Redacción de "Vorwärts", en el que se analizaba el problema. negociaciones con gente que vuelve a virar hacia el "economismo" y que se reserva la libertad de vacilar. "Precisamente lo que la "Unión" ha considerado como condición sine qua non para la solidez del futuro acuerdo, esto es, el mantenimiento de la fisonomía propia de Rabócheie Dielo y de su autonomía, precisamente esto es lo que Iskra consideraba como obstáculo para el acuerdo" (Dos Congresos, pág. 25). Esto dista mucho de ser exacto. Nunca hemos atentado contra la autonomía de Rabócheie Dielo257. Efectivamente, hemos rechazado en forma categórica su fisonomía propia si se entiende por tal la "fisonomía propia" en los problemas de principio de la teoría y de la táctica: las resoluciones de junio contienen precisamente la negación categórica de esta fisonomía propia, porque en la práctica esta "fisonomía propia" siempre ha significado, lo repetimos, toda clase de vacilaciones y el apoyo, por culpa de estas vacilaciones, a la dispersión imperante en nuestro ambiente, dispersión insoportable desde el punto de vista del partido. Con sus artículos del número 10 y con las "enmiendas", Rabócheie Dielo ha puesto claramente de manifiesto su deseo de mantener precisamente esta fisonomía propia, y semejante deseo ha conducido natural e inevitablemente a la ruptura y a la declaración de guerra. Pero todos nosotros estábamos dispuestos a reconocer la "fisonomía propia" de Rabócheie Dielo, en el sentido de que debe concentrarse en determinadas funciones literarias. La distribución acertada de estas funciones se imponía por sí misma: 1) revista científica, 2) periódico político y 3) recopilaciones populares y folletos populares. Sólo si asintiese a esta distribución demostraría Rabócheie Dielo un sincero deseo de acabar de una vez para siempre con las aberraciones, contra las que iban encaminadas las resoluciones de junio; sólo esta distribución eliminaría toda posibilidad de rozamientos y aseguraría efectivamente la firmeza del acuerdo, sirviendo a la vez de base para un nuevo auge y para nuevos éxitos de nuestro movimiento, Ahora, ningún socialdemócrata ruso puede ya poner en duda que la ruptura definitiva de la tendencia revolucionaria con la oportunista no ha sido originada por circunstancias "de organización", sino precisamente por el deseo de los oportunistas de afianzar la fisonomía propia del oportunismo y de seguir ofuscando las mentes con los razonamientos de los Krichevski y de los Martínov. Enmienda para ¿Que hacer? El "Grupo de iniciadores", al que me he referido en el folleto ¿Qué hacer?, me pide que haga la: 257 Si no contamos como restricción de la autonomía las reuniones de las Redacciones, relacionadas con la formación de un consejo supremo común de las organizaciones unidas, cosa que Rabócheie Dielo aceptó también en junio. 154 siguiente enmienda a la parte que expone su participación en el intento de conciliar las organizaciones socialdemócratas en el extranjero: "De los tres miembros de este grupo sólo uno se retiró de la "Unión" a fines de 1900; los restantes no se retiraron hasta 1901, cuando se hubieron convencido de que era imposible conseguir que la "Unión" aceptara celebrar una conferencia con la organización de Iskra en el extranjero y con la "Organización revolucionaria Sotsial-Demokrat”, que es en lo que consistía la proposición del "Grupo de iniciadores". La administración de la "Unión" rechazó al principio esta proposición, motivando su negativa a participar en la Conferencia por la "incompetencia" de las personas que integraban el "Grupo de iniciadores" mediador y expresando su deseo de entablar relaciones directas con la organización de Iskra en el extranjero. Sin embargo, muy pronto puso la administración de la "Unión" en conocimiento del "Grupo de iniciadores" que, después de la aparición del primer número de Iskra, en el cual se publicaba la nota sobre la escisión de la "Unión", cambiaba de parecer y no quería ponerse en contacto con Iskra. ¿Cómo explicar, después de esto, por parte de un miembro de la administración de la "Unión" la declaración de que la negativa de ésta a participar en la Conferencia se debía exclusivamente a su descontento por la composición del "Grupo de iniciadores"? Por cierto, no se comprende tampoco que la administración de la "Unión" haya consentido participar en la Conferencia de junio del año pasado: la nota que había aparecido en el primer número de Iskra conserva su valor, y la actitud "negativa" de Iskra frente a la "Unión" se subrayó con mayor relieve en el primer volumen de Zariá y en el cuarto número de Iskra, que aparecieron antes de la Conferencia de junio". N. Lenin Iskra, Nº 19, 1 de abril de 1902. V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 6, págs. 191192. Escrito en otoño de 1901-febrero de 1902. Publicado como libro aparte en marzo de 1902 en Stuttgart. V. I. Lenin. Obras, 5ª ed, en ruso, t. 6, págs. 1192. V. I. Lenin U1 PASO ADELA1TE, DOS PASOS ATRÁS (Una crisis en nuestro partido)258. Prologo En toda lucha larga, tenaz y apasionada comienzan a diseñarse generalmente, al cabo de cierto tiempo, los puntos de divergencia centrales, básicos, de cuya solución depende el desenlace definitivo de la campaña y, en comparación con los cuales, pasan cada vez más a segundo plano todos y toda clase de pequeños y mezquinos episodios de la lucha. Esto es lo que sucede también con la lucha que se desarrolla en el seno de nuestro partido, en la que centran su atención hace ya seis meses todos los miembros del partido. Y precisamente porque en el esbozo de toda la lucha que ofrezco al lector he tenido que referirme a muchas pequeñeces, que tienen un interés insignificante, a muchas querellas 258 V. I. Lenin empleó varios meses en la preparación del libro Un paso adelante, dos pasos atrás (Una crisis en nuestro partido). Estudió detalladamente las actas de las sesiones y las resoluciones del II Congreso del POSDR, las intervenciones de cada delegado, los agrupamientos políticos que se habían formado en el Congreso y los documentos del Comité Central y del Consejo del Partido. El libro de Lenin vio la luz en mayo de 1904. En esta obra, Lenin desarrolló todavía más la teoría marxista del partido revolucionario del proletariado y elaboró sus principios de organización; por primera vez en la historia del marxismo criticó en todos sus aspectos el oportunismo en cuanto a la organización; asestó un golpe demoledor al oportunismo de los mencheviques en las cuestiones de organización, poniendo de manifiesto el gran peligro que suponía el menosprecio de la importancia que tiene la organización para el movimiento obrero. El libro de Lenin provocó furiosos ataques de los mencheviques. J. Plejánov exigió que el Comité Central proclamara su desacuerdo con la obra de Lenin. Los conciliadores del CC trataron de impedir su publicación y difusión. A pesar de todos los esfuerzos de los oportunistas, el libro Un paso adelante, dos pasos atrás, editado en el extranjero, se propagó ampliamente entre los obreros de vanguardia de Rusia. Las autoridades zaristas se incautaban del libro durante los registros y las detenciones que practicaban en Moscú, Petersburgo, Kíev, Riga, Sarátov, Tula, Oriol, Ufá, Perm, Kostromá, Schigrí, Shavli (provincia de Kovno), etc. La obra fue reeditada por Lenin en 1907 en la recopilación Doce años (en el título figuraba el año 1908). que, en el fondo, no tienen interés alguno, precisamente por ello, quisiera, desde el comienzo mismo, llamar la atención del lector sobre dos puntos verdaderamente centrales y básicos que presentan un interés enorme, que tienen indudable valor histórico y constituyen las cuestiones políticas más urgentes en el orden del día de nuestro partido. La primera de estas cuestiones es la de la significación política de la división de nuestro partido en "mayoría" y "minoría", división que ha tomado forma en el II Congreso del Partido259 y que ha dejado muy atrás todas las anteriores divisiones de los socialdemócratas rusos. La segunda cuestión es la del valor de principio de la posición de la nueva Iskra en las cuestiones de organización, en tanto en cuanto esta posición es efectivamente de principios. La primera cuestión es la del punto inicial de nuestra lucha en el partido, la cuestión de su origen, de sus causas, de su carácter político fundamental. La segunda cuestión es la de los resultados finales de esa lucha, la cuestión de su término, del total que, en el 259 El II Congreso del POSDR se celebró del 17 (30) de julio al 10 (23) de agosto de 1903. Se reunió primero en Bruselas y después en Londres. Fue preparado por la Iskra leninista. La composición del Congreso no fue homogénea. A él asistieron no sólo partidarios de Iskra, sino también sus adversarios, oportunistas descarados, así como elementos inestables, vacilantes. Las cuestiones más importantes del Congreso fueron: la aprobación del programa y de los Estatutos del POSDR y la elección de los organismos dirigentes del partido. En el Congreso, Lenin luchó decididamente contra los oportunistas. El Congreso aprobó un programa revolucionario, en el que se formulaba como tarea primordial la lucha por la dictadura del proletariado, y los Estatutos elaborados por Lenin (a excepción del punto primero, que fue aprobado tal como había sido formulado por Mártov, reflejando el oportunismo de los adversarios de Iskra en cuestiones de organización). En el Congreso se produjo la escisión entre la parte revolucionaria del POSDR, los bolcheviques, y la parte oportunista, los mencheviques. Para los organismos centrales del partido fueron elegidos defensores de la corriente iskrista (bolchevique). El Congreso afianzó la victoria del marxismo sobre el "economismo", sobre el oportunismo descarado, dio comienzo al partido marxista revolucionario de la clase obrera de Rusia, al Partido Comunista, y fue, por lo tanto, un punto de viraje en el movimiento obrero internacional. 156 terreno de los principios, resulta si se suma todo lo que se refiere a la esfera de los principios y se resta todo lo que se refiere a la esfera de las querellas mezquinas. La primera cuestión se resuelve analizando la lucha que ha tenido lugar en el Congreso del Partido; la segunda, analizando el nuevo contenido de principio de la nueva Iskra. Uno y otro análisis, contenido de las nueve décimas partes de mi folleto, llevan a la conclusión de que la "mayoría" es el ala revolucionaria de nuestro partido, y la "minoría" es su ala oportunista. Las discrepancias que separan a una ala de la otra en el presente se reducen, principalmente, no a cuestiones de programa y de táctica, sino sólo a cuestiones de organización; el nuevo sistema de concepciones que se dibuja en la nueva Iskra con tanta mayor claridad cuanto más procura ahondar su posición y cuanto más limpia va quedando dicha posición de querellas por la cooptación, es el oportunismo en las cuestiones de organización. El principal defecto de la literatura con que ahora contamos sobre la crisis de nuestro partido, en el terreno del estudio e ilustración de los hechos, es la falta casi total de un análisis de las actas del Congreso del Partido, y en el terreno del esclarecimiento de los principios fundamentales del problema de organización, la falta de un análisis del nexo que indudablemente existe entre el error fundamental cometido por el camarada Mártov y el camarada Axelrod al formular el artículo primero de los Estatutos y al defender esta fórmula, por una parte, y todo el "sistema" (si es que puede hablarse en este caso de sistema) de las concepciones de principio que ahora tiene Iskra sobre el problema de organización. La actual Redacción de Iskra ni siquiera advierte, por lo visto, este nexo, aun cuando en las publicaciones de la "mayoría" se ha señalado ya muchísimas veces la importancia de las discusiones sobre el artículo primero. En el fondo, el camarada Axelrod y el camarada Mártov no hacen ahora sino ahondar, desarrollar y extender el error inicial respecto al artículo primero. En el fondo, ya en las discusiones habidas con respecto al articulo primero comenzó a despuntar toda la posición de los oportunistas en el problema de organización: su defensa de una organización del partido difusa y no fuertemente cimentada; su hostilidad a la idea (a la idea "burocrática") de estructurar el partido de arriba abajo, a base del Congreso del Partido y de los organismos por él creados; su tendencia a ir de abajo arriba, permitiendo que se consideren miembros del partido cualquier profesor, cualquier estudiante de bachillerato y "todo huelguista"; su hostilidad al "formalismo" que exige a un miembro del partido la pertenencia a una de las organizaciones reconocidas por éste; su propensión a la psicología de intelectual burgués, dispuesto tan sólo a "reconocer platónicamente las relaciones de organización"; la V. I. Lenin facilidad con que se entregan a elucubraciones oportunistas y a frases anárquicas; su tendencia al autonomismo en contra del centralismo; en una palabra, todo lo que florece ahora exuberantemente en la nueva Iskra, contribuyendo cada vez más a una palmaria y completa aclaración del error cometido en un principio. Por lo que se refiere a las actas del Congreso del Partido, la verdaderamente inmerecida falta de atención de que son objeto sólo puede explicarse por las querellas que encizañan nuestras discusiones y, además, probablemente, por el exceso de verdades demasiado amargas que contienen esas actas. Las actas del Congreso del Partido brindan un cuadro único en su género -insustituible por lo exacto, lo pleno, lo polifacético, lo rico y lo auténtico- de la verdadera situación en nuestro partido; un cuadro de los puntos de vista, de los estados de ánimo y de los planes trazados por los mismos hombres que participan en el movimiento; un cuadro de los matices políticos existentes en nuestro partido, que permite ver su fuerza correlativa, sus relaciones mutuas y su lucha. Precisamente las actas del Congreso del Partido, y sólo ellas, son las que nos permiten ver hasta qué punto hemos conseguido barrer de verdad todos los restos de las viejas relaciones, puramente de círculos, y sustituirlas con una grande y única conexión del partido. Todo miembro del partido que quiera participar conscientemente en los asuntos de su partido está obligado a estudiar de manera minuciosa nuestro Congreso, y repito: a estudiar, porque la mera lectura del montón de materiales en crudo, como son las actas, no basta para dar el cuadro del Congreso. Sólo por un estudio minucioso e individual puede conseguirse (y debe conseguirse) que los breves resúmenes de los discursos, notas escuetas sobre las discusiones, pequeñas escaramuzas por pequeñas (pequeñas al parecer) cuestiones se fundan en algo que sea un todo, para que los miembros del partido vean surgir como viva la figura de cada orador destacado y quede clara toda la fisonomía política de cada grupo de delegados del Congreso. El que escribe estas líneas dará por bien empleado su trabajo si consigue, aunque sólo sea, impulsar el estudio amplio e individual de las actas del Congreso del Partido. Unas palabras más dirigidas a los adversarios de la socialdemocracia. Con muecas de alegría maligna siguen nuestras discusiones; procurarán, naturalmente, entresacar para sus fines algunos pasajes aislados de mi folleto, consagrado a los defectos y deficiencias de nuestro partido. Los socialdemócratas rusos están ya lo bastante fogueados en el combate para no dejarse turbar por semejantes alfilerazos y para continuar, pese a ellos, su labor de autocrítica, poniendo despiadadamente al descubierto sus propias deficiencias, que de un modo Un paso adelante, dos atrás necesario e inevitable serán corregidas por el desarrollo del movimiento obrero. ¡Y que ensayen los señores adversarios a describirnos un cuadro de la situación efectiva de sus "partidos" que se parezca, aunque sea de lejos, al que brindan las actas de nuestro II Congreso! Mayo de 1904. N. Lenin a) Preparación del congreso Se dice que todo el mundo tiene el derecho de maldecir a sus jueces en un plazo de veinticuatro horas. El Congreso de nuestro partido, como todo congreso de cualquier otro partido, ha sido también juez de algunas personas que aspiraban al puesto de dirigentes y han sufrido un fracaso. Y ahora, estos representantes de la "minoría", con una candidez enternecedora, "maldicen a sus jueces" y tratan por todos los medios de desacreditar el Congreso, de aminorar su importancia y su autoridad. Con especial relieve se ha manifestado esta tendencia en un artículo de Práctico260 en el núm. 57 de Iskra, en el que se indigna ante la idea de la soberana "divinidad" del Congreso. Vemos aquí un rasgo tan característico de la nueva Iskra, que no es posible pasarlo en silencio. La Redacción, compuesta en su mayoría por personas rechazadas por el Congreso, continúa, por una parte, titulándose Redacción "del partido" y, por otra, abre sus brazos a quienes dicen que el Congreso no es una divinidad. Muy bonito, ¿verdad? Sí, señores, el Congreso, desde luego, no es una divinidad; pero ¿qué debemos pensar de quienes empiezan a denigrar el Congreso después de haber sufrido en él una derrota? Recordemos, en efecto, los principales hechos de la historia de la preparación del Congreso. Desde el primer momento, en su anuncio de 1900261, que precedió a la salida del periódico, Iskra declaró que, antes de unificarnos, hacía falta deslindar nuestros campos. Iskra procuró convertir la Conferencia de 1902262 en una reunión privada y no 260 "Práctico" (Panin): seudónimo del menchevique M. Makadziub. 261 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed, en ruso, t. 4, págs. 354-360. (N. de la Edit.) 262 La Conferencia de 1902: Conferencia de los representantes de los comités y organizaciones del POSDR. Se celebró del 23 al 28 de marzo (del 5 al 10 de abril) de 1902 en Bielostok. Los "economistas" y los del Bund, que los apoyaban, tenían el propósito de hacer de la Conferencia el II Congreso del partido, tratando con ello de fortalecer sus posiciones en la socialdemocracia rusa y paralizar la creciente influencia de Iskra. Sin embargo, estas tentativas no tuvieron éxito debido a que en la Conferencia participó un reducido número de representantes de los comités y organizaciones del partido y a las grandes discrepancias de principio que se revelaron en aquélla. Esta formó un Comité de Organización para la convocatoria del II Congreso del POSDR. Poco después 157 en un Congreso del Partido263. Iskra procedió con extraordinario cuidado en el verano y el otoño de 1902 al renovar el Comité de Organización elegido por aquella Conferencia. Por fin, terminó la labor de deslindamiento, y terminó conforme todos nosotros reconocimos. El Comité de Organización se constituyó en las postrimerías de 1902. Iskra celebró su afianzamiento y declaró -en el artículo de fondo del núm. 32- que la convocatoria de un Congreso del Partido era la necesidad más imperiosa y urgente264. De modo que lo que menos se nos puede reprochar es precipitación en la convocatoria del II Congreso. Precisamente nos atuvimos a la regla: en cosa alguna, pensar mucho y hacer una; teníamos pleno derecho moral a esperar de los camaradas que, después de hacer, no serían ellos los que se lamentaran y volvieran a pensar. El Comité de Organización elaboró para el II Congreso un Reglamento extraordinariamente minucioso (formalista y burocrático, dirían ahora los que encubren con estas palabrejas su falta de carácter en materia política), hizo que fuese adoptado por todos los comités y, por último, lo aprobó, disponiendo, entre otras cosas, en el artículo 18: "Todos los acuerdos del Congreso y todas las elecciones que en él tienen lugar son acuerdos del partido, obligatorios para todas sus organizaciones. Nadie, bajo pretexto alguno, puede apelar contra ellos, y sólo un nuevo Congreso del Partido puede anularlos o modificarlos265. ¡En verdad que son inocentes en sí mismas estas palabras, tácitamente aceptadas entonces, como algo que se sobrentiende, y que ahora tienen un sonido tan extraño, como una sentencia pronunciada contra la "minoría"! ¿Con qué objeto se escribió este artículo? ¿Por pura fórmula? Claro que no. Esa disposición parecía imprescindible, y era, en efecto, imprescindible, porque el partido se componía de una serie de grupos dispersos y autónomos, de los que podía esperarse que no reconocieran el Congreso. Esa disposición expresaba precisamente la buena voluntad de todos los revolucionarios (de la que con tanta frecuencia y tan poca oportunidad se habla ahora, calificando de bueno, con un eufemismo, lo que más bien merecía el epíteto de caprichoso). Equivalía a una palabra de de la Conferencia, la mayoría de sus delegados, entre ellos dos miembros de dicho comité, fue detenida. El nuevo Comité de Organización para la convocatoria del II Congreso del POSDR fue constituido en la Conferencia de Pskov en noviembre del mismo año. Lenin expone su opinión de la Conferencia de Bielostok en su Informe de la Redacción de "Iskra" en la Conferencia de los comités del POSDR (véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 6, págs. 292-302). 263 Véanse las actas del II Congreso, pág. 20. 264 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 7, págs. 9193. (N. de la Edit.) 265 Véanse las actas del II Congreso, págs. 22, 23 y 380. 158 honor recíproca que empeñaban todos los socialdemócratas rusos. Debía garantizar que no serían vanos los gigantescos esfuerzos, los peligros y gastos relacionados con el Congreso, que éste no se convertiría en una comedia. Calificaba de antemano de falta de lealtad todo acto que significara no reconocer los acuerdos y las elecciones del Congreso. ¿De quién se ríe, pues, la nueva Iskra, al hacer el nuevo descubrimiento de que el Congreso no es una divinidad y sus acuerdos no son nada sagrado? ¿Contiene este descubrimiento "un nuevo punto de vista sobre los problemas de organización" o tan sólo nuevos intentos de borrar viejas huellas? b) Significación de los agrupamientos en el congreso Por tanto, el Congreso fue convocado después de la preparación más minuciosa, teniendo como base el principio de la representación más completa. El presidente, después de constituido el Congreso (pág. 54 de las actas), declaró también que todos reconocían que el Congreso tenía una composición justa y sus acuerdos eran absolutamente obligatorios. ¿Cuál era, pues, la principal tarea del Congreso? Crear un partido efectivo, sobre las bases del principio y de organización propuestas y elaboradas por Iskra. Tres años de actividad de Iskra, aprobada por la mayoría de los comités, habían decidido de antemano que aquélla había de ser precisamente la dirección en que debía trabajar el Congreso. El programa y la orientación de Iskra debían convertirse en el programa y la orientación del partido, los planes de organización de Iskra debían quedar afianzados en los Estatutos de organización del partido. Pero de suyo se comprende que semejante resultado no podía conseguirse sin lucha: la plenitud de representación en el Congreso aseguraba la presencia en él también de organizaciones que sostenían contra Iskra una lucha decidida (Bund y Rabócheie Dielo), y de otras que, reconociendo de palabra a Iskra como órgano directivo, perseguían en la práctica sus planes especiales y se distinguían por su falta de firmeza en el terreno de los principios (el grupo "Yuzhni Rabochi" y los delegados de algunos comités adheridos a él). En semejantes condiciones, el Congreso no podía menos de convertirse en campo de lucha por la victoria de la orientación iskrista. Todo el que lea con un poco de atención las actas del Congreso, verá en seguida que, efectivamente, fue campo de esta lucha. Y nuestra misión ahora consiste en estudiar detalladamente los agrupamientos principales que, con motivo de diversas cuestiones, se han señalado en el Congreso, y reconstruir, con los datos exactos de las actas, la fisonomía política de cada uno de los grupos fundamentales del mismo. ¿Qué eran realmente los grupos, tendencias y matices que debían fundirse en el Congreso, bajo la dirección V. I. Lenin de Iskra, en un partido único? Esto es lo que debemos demostrar, analizando los debates y las votaciones. La aclaración de este punto es también de cardinal importancia para estudiar lo que son en realidad nuestros socialdemócratas, así como para comprender las causas de la divergencia. Por esto es por lo que tanto en mi discurso ante el Congreso de la Liga como en mi carta a la Redacción de la nueva Iskra, ponía precisamente en primer plano el análisis de los diversos agrupamientos. Mis adversarios de la "minoría" (con Mártov al frente) no comprendieron en absoluto el fondo del problema. En el Congreso de la Liga se limitaron a enmiendas parciales, "justificándose" de la acusación de viraje hacia el oportunismo de que se les había hecho objeto, sin intentar siquiera trazar, en contraposición al mío, un cuadro algo distinto de los agrupamientos en el Congreso. Ahora, en Iskra (núm. 56), Mártov trata de presentar como simple "politiquería de círculos" todos los intentos de delimitar exactamente los diversos grupos políticos del Congreso. ¡Son palabras muy fuertes, camarada Mártov! Pero las palabras fuertes de la nueva Iskra tienen una propiedad original: basta reproducir exactamente todas las peripecias de la divergencia, empezando por el Congreso, para que todas esas palabras fuertes se vuelvan, plenamente y sobre todo, contra la Redacción actual. ¡Miraos a vosotros mismos, señores que os llamáis redactores del partido y que planteáis la cuestión de la politiquería de círculos! Todo lo acontecido durante nuestra lucha en el Congreso molesta ahora tanto a Mártov, que procura velarlo por completo. "Iskrista -dice- es quien, en el Congreso del Partido y antes de él, ha declarado que se solidariza plenamente con Iskra, ha defendido su Programa y sus puntos de vista en materia de organización y ha apoyado su política en este terreno. En el Congreso hubo más de cuarenta iskristas de este tipo y ése fue el número de votos favorables al Programa de Iskra y a la resolución reconociendo a Iskra Órgano Central del partido". Hojead las actas del Congreso y veréis que el Programa fue aceptado por todos (pág. 233), menos por Akímov, que se abstuvo. ¡Con esas palabras, el camarada Mártov quiere asegurarnos que tanto los bundistas, como Brúker y Martínov, han demostrado su "plena solidaridad" con Iskra y defendido sus puntos de vista en materia, de organización! Esto es ridículo. El hecho de que, después del Congreso, todos los que en él tomaron parte se hayan convertido en miembros del partido con iguales derechos (y aun no todos, porque los bundistas se retiraron), se confunde en esas palabras con la división en grupos que provocó la lucha en el Congreso. En lugar de estudiar los elementos que después del Congreso formaron la "mayoría" y la "minoría", se hace una frase oficial: ¡han aceptado el Programa! Ved la votación para reconocer a Iskra como Un paso adelante, dos atrás Órgano Central. Veréis que Martínov, a quien el camarada Mártov, con valor digno de mejor causa, atribuye ahora la defensa de los puntos de vista y de la política de Iskra en materia de organización, es quien precisamente insiste en que se distingan dos partes en la resolución: el mero reconocimiento de Iskra como Órgano Central y el reconocimiento de sus méritos. Cuando se vota la primera parte de la resolución (en que se reconocen los méritos de Iskra y se expresa la solidaridad con ella), hay sólo 35 votos en favor, dos en contra (Akímov y Brúker) y once abstenciones (Martínov, los cinco bundistas y cinco votos de la Redacción: dos Mártov, dos yo y uno Plejánov). Por consiguiente, el grupo de antiiskristas (cinco bundistas y tres partidarios de Rabócheie Dielo) se destaca con toda claridad también aquí, en este ejemplo, el más favorable para el punto de vista actual de Mártov, ejemplo que él mismo ha elegido. Ved la votación de la segunda parte de la resolución, por la que se reconoce a Iskra como Órgano Central, sin dar motivo alguno y sin expresar solidaridad (pág. 147 de las actas): 44 votos en favor, que el actual Mártov apunta a los iskristas. En total hubo 51 votos; restando las cinco abstenciones de los redactores, quedan 46; hubo dos votos en contra (Akímov y Brúker); los cinco bundistas entran, por tanto, en el número de los 44 restantes. De modo que los bundistas, en el Congreso, "expresaron su completa solidaridad con Iskra". ¡Así se escribe la historia oficial por la Iskra oficial! Adelantándonos al relato, explicaremos al lector los verdaderos motivos de esta verdad oficial: la actual Redacción de Iskra podría ser y sería, en realidad, Redacción del Partido (y no seudoRedacción del Partido, como ahora), si no se hubieran retirado del Congreso los bundistas y los partidarios de "Rabócheie Dielo". Por esta razón hubo que convertir en "iskristas" a estos fieles guardianes de la actual Redacción, sediciente Redacción del Partido. Pero ya hablaremos detalladamente de esto más adelante. Luego cabe preguntar: si el Congreso era una lucha de elementos iskristas y antiiskristas, ¿no habría elementos intermedios, vacilantes, que oscilaran entre unos y otros? Todo el que conozca algo nuestro partido y la fisonomía habitual de todos los Congresos se inclinará, ya a priori, a contestar a esta pregunta afirmativamente. El camarada Mártov no siente ahora el menor deseo de acordarse de estos elementos vacilantes y describe el grupo de "Yuzni Rabochi" con los delegados que tienden hacia él, como iskristas típicos, presentando las discrepancias que nos separan de ellos como insignificantes y sin importancia. Felizmente, tenemos ante nosotros el texto completo de las actas y podemos resolver este problema -el problema de los hechos, claro está- a base de datos documentales. Lo que hemos dicho más arriba, en general, sobre el agrupamiento en el 159 Congreso no pretende, naturalmente, resolver este problema, sino sólo plantearlo de un modo acertado. Sin analizar los agrupamientos políticos, sin trazar un cuadro del Congreso como lucha de determinados matices, nuestras divergencias son totalmente incomprensibles. Cuando Mártov intenta escamotear las diferencias de matiz, incluyendo hasta a los bundistas entre los iskristas, no hace más que esquivar la cuestión. Ya a priori, a base de la historia de la socialdemocracia rusa antes del Congreso, se observan (para su ulterior estudio y detallada comprobación) tres grupos principales: iskristas, antiiskristas y elementos inconstantes, vacilantes, inestables. c) Comienza el congreso. Incidente con el Comité de Organización Como mejor se hará el análisis de los debates y votaciones del Congreso será siguiendo el orden de las sesiones del mismo, a fin de ir consignando consecutivamente los matices políticos que en él se iban dibujando cada vez más. Sólo cuando sea absolutamente necesario nos apartaremos del orden cronológico para examinar, al mismo tiempo, problemas que guarden estrecha relación entre sí o agrupamientos homogéneos. En aras de la imparcialidad, trataremos de señalar todas las principales votaciones, dejando de lado, naturalmente, numerosos casos en que se votaron menudencias, que se llevaron en nuestro Congreso una cantidad exorbitante de tiempo (en parte, por nuestra inexperiencia y porque no supimos distribuir el material entre las reuniones de comisiones y las sesiones plenarias, y en parte, por dilaciones rayanas en la obstrucción). La primera cuestión que suscitó debates en que empezaron a marcarse los diferentes matices fue la de la prelación (en el "orden del día" del Congreso) del punto siguiente: "situación del Bund en el partido (págs. 29-33 de las actas). Desde el punto de vista iskrista, que defendíamos Plejánov, Mártov, Trotski y yo, no podía haber ningún género de dudas a este respecto. La salida del Bund del seno del partido demostró palpablemente la justedad de nuestras consideraciones: si el Bund no quería ir con nosotros ni reconocer los principios de organización que con Iskra compartía la mayoría del Partido, era inútil y absurdo "hacer como si" fuéramos juntos y únicamente prolongar el Congreso (como lo prolongaban los bundistas). La cuestión estaba ya plenamente aclarada en las publicaciones, y para todo miembro del partido que reflexionara algo era evidente que sólo cabía plantear con franqueza la cuestión y elegir de una manera directa y honrada entre la autonomía (vamos juntos) y la federación (nos separamos). Con toda su política de evasivas, también aquí quisieron los bundistas eludir el problema, V. I. Lenin 160 aplazándolo. Se les unió el camarada Akímov, que en seguida, por lo visto en nombre de todos los partidarios de Rabócheie Dielo, planteó las discrepancias con Iskra en materia de organización (pág. 31 de las actas). Al lado del Bund y de Rabócheie Dielo se coloca el camarada Májov (¡dos votos del Comité de Nikoláev, que hacía poco había expresado su solidaridad con Iskra!) El camarada Májov no comprende nada del problema; él considera también "punto neurálgico" "la cuestión del régimen democrático o, por el contrario (¡fijaos en esto!), del centralismo", lo mismo que la mayoría de nuestra actual Redacción "del partido", ¡que no ha visto todavía en el Congreso este "punto neurálgico"! De modo que contra los iskristas están: el Bund, Rabócheie Dielo y el camarada Májov, que tienen juntos precisamente los diez votos que hubo contra nosotros (pág. 33). En favor nuestro hubo treinta votos, cifra alrededor de la cual, como veremos más adelante, oscilan con frecuencia los votos de los iskristas. Hubo 11 abstenciones de los que, por lo visto, no se inclinaban por ninguno de los dos "partidos" en lucha. Es interesante observar que, cuando votamos el artículo 2 de los Estatutos del Bund (artículo que, al ser rechazado, provocó la salida del Bund del seno del partido), los votos a favor del artículo 2 y las abstenciones sumaron también diez (pág. 289 de las actas), absteniéndose precisamente los tres representantes de Rabócheie Dielo (Brúker, Martínov y Akímov) y el camarada Májov. Es evidente que la votación sobre el lugar que correspondía al problema del Bund había dado un agrupamiento que no era casual. Es evidente que todos estos camaradas disentían de Iskra no sólo en una cuestión técnica, en el orden de examen de las cuestiones, sino también en el fondo. Por lo que se refiere a Rabócheie Dielo, todo el mundo ve claramente la divergencia de fondo, y el camarada Májov definió de un modo magistral su actitud en el discurso que pronunció con motivo de la retirada del Bund (págs. 289-290 de las actas). Vale la pena detenerse en este discurso. El camarada Májov dice que, después de la resolución que rechaza la federación, "la situación del Bund en el POSDR, de problema de principio, se ha convertido para él en problema de la política real con respecto a una organización nacional históricamente constituida; aquí -continúa el orador- no hubiera podido dejar de tener en cuenta todas las consecuencias que pudieran resultar de nuestra votación y, por ello, hubiera votado por el punto dos en su totalidad". El camarada Májov ha asimilado perfectamente el espíritu de la "política: real": ¡en principio ha rechazado ya la federación, y por eso, en la práctica, hubiera votado un punto de los Estatutos que sería una aplicación de esta misma federación! Y este camarada "práctico" explica su posición, basada en profundos principios, con las palabras siguientes: "Pero (¡el famoso "pero" de Schedrín!) como cualquier votación mía sólo tenía un carácter de principio (!!) y no podía tener carácter práctico, debido a la casi completa unanimidad de los demás miembros del Congreso, preferí abstenerme para señalar una diferencia de principios..." (¡líbrenos Dios de semejante apego a los principios!)... "entre mi posición en este caso y la posición que propugnaban los delegados del Bund que votaron a favor del punto. Por el contrario, hubiera votado a favor de ese punto si los delegados del Bund se hubieran abstenido de votar, cosa en la que insistían anteriormente". ¡Entiéndalo quien pueda! Un hombre de principios se abstiene de decir bien alto que sí porque no tiene objeto, prácticamente, cuando todos dicen que no. Después de votar el lugar que correspondía al problema del Bund, surgió en el Congreso la cuestión del grupo "Borbá" que produjo también un agrupamiento muy interesante y estaba estrechamente relacionada con el problema más "agudo" del Congreso: el de la composición personal de los organismos centrales. La comisión encargada de decidir quién había de tomar parte en el Congreso opina que no debe invitarse al grupo "Borbá", según acuerdo, repetido dos veces, del Comité de Organización (v. págs. 383 y 375 de las actas) y el informe de sus representantes en la comisión (pág. 35). El camarada Egórov, miembro del Comité de Organización, declara: que "el problema del grupo "Borbá" (observad que dice del grupo "Borbá", y no de tal o cual miembro de este grupo) es para él cosa nueva", y pide que se suspenda la sesión. Es un misterio cómo es posible que un problema sobre el que han recaído dos acuerdos del Comité de Organización pueda ser cosa nueva para uno de sus miembros. Se suspende la sesión y se reúne el Comité de Organización (pág. 40 de las actas), asistiendo aquellos de sus miembros que por casualidad se encuentran en el Congreso (estaban ausentes unos cuantos miembros del Comité de Organización, de los viejos miembros de la organización de Iskra)266. Comienzan los debates sobre "Borbá". Están en favor los representantes de Rabócheie Dielo (Martinov, Akímov y Brúker, págs. 36-38); en contra, los iskristas (Pavlóvich, Sorokin, Lange267, Trotski, Mártov y otros). Nuevamente se establece en el Congreso la división en grupos que ya conocemos. Con motivo de "Borbá" se empeña una 266 Véase sobre esta reunión la Carta de Pavlóvich, miembro del Comité de Organización, que, además, había sido elegido por unanimidad, antes del Congreso, representante autorizado de la Redacción y séptimo miembro de la misma (actas de la Liga, pág. 44). Pavlóvich. "Carta a los camaradas acerca del II Congreso del POSDR", Ginebra, 1904. 267 Sorokin: seudónimo del bolchevique N. Bauman; Lange: seudónimo del bolchevique A. Stopani. Un paso adelante, dos atrás lucha obstinada, y el camarada Mártov pronuncia un discurso particularmente detallado (pág. 38) y "combativo", en el que alude con razón a la "desigualdad de representación" de los grupos rusos y del extranjero, habla de que no estaría del todo "bien" conceder a un grupo del extranjero un "privilegio" (¡palabras de oro, especialmente instructivas ahora, desde el punto de vista de lo que ha sucedido después del Congreso!), que no debía fomentarse "en el partido el caos de organización, manifestación característica del cual era una fragmentación no originada por ninguna consideración de principio" (¡tiro directo... a la "minoría" del Congreso de nuestro partido!). Nadie, fuera de los partidarios de Rabócheie Dielo, se puso franca y razonadamente al lado del grupo "Borbá" mientras estuvo abierta la hoja de inscripción de oradores (pág. 40): hay que hacer justicia al camarada Akímov y a sus amigos, porque ellos, por lo menos, no anduvieron con ambages ni rodeos, sino que siguieron abiertamente su línea y dijeron francamente qué querían. Después de cerrada la lista de oradores, cuando sobre el fondo de la cuestión ya no se puede hablar, el camarada Egórov "insiste en que se escuche el acuerdo que acaba de tomar el Comité de Organización". No es de extrañar que los miembros del Congreso se muestren indignados ante semejante proceder, y el camarada Plejánov, como presidente, expresa su "asombro ante el hecho de que el camarada Egórov insista en su exigencia". Porque una de dos: o había que hablar franca y concretamente sobre el fondo de la cuestión ante todo el Congreso, o no había que hablar en absoluto. ¡Pero dejar que se cerrara la lista de oradores y después, como "discurso de resumen", presentar al Congreso un nuevo acuerdo del Comité de Organización precisamente sobre el problema de que se trataba era un golpe a traición! La sesión se reanuda después de la comida, y el Buró, que sigue asombrado, decide dejarse de "formalidades" y echar mano del último recurso, que sólo en casos extremos se utiliza en los Congresos: "la explicación entre camaradas". Un representante del Comité de Organización, Popov, comunica el acuerdo del Comité aprobado por todos sus miembros contra uno, Pavlóvich (pág. 43), y por el que se propone al Congreso que invite a Riazánov. Pavlóvich declara que ha negado y sigue negando legitimidad a la reunión del Comité de Organización y que el nuevo acuerdo del citado Comité "está en pugna con el anterior". Esta declaración desencadena una verdadera tempestad. El camarada Egórov, también miembro del Comité de Organización y del grupo "Yuzhni Rabochi" elude en su respuesta el fondo de la cuestión y quiere trasladar el centro de gravedad a la cuestión de disciplina. El camarada Pavlóvich, dice, ha faltado a la disciplina del partido 161 (!), porque el Comité de Organización, después de examinar la protesta de aquél, había acordado "no poner en conocimiento del Congreso la opinión particular de Pavlóvich". Se pasa a discutir el problema de la disciplina del partido, y Plejánov explica en forma didáctica al camarada: Egórov, entre ruidosos aplausos del Congreso, que "nosotros no tenemos mandatos imperativos" (pág. 42, cfr. pág. 379, reglamento del Congreso, artículo 7: "Los delegados no tendrán limitados sus poderes por mandatos imperativos. Serán plenamente libres e independientes en el ejercicio de sus poderes"). "El Congreso es la instancia suprema del partido" y, por tanto, falta a la disciplina del partido y al reglamento del Congreso precisamente todo el que en cualquier forma ponga obstáculos a que cualquiera de los delegados apele, directamente ante el Congreso, sobre todas las cuestiones de la vida del partido, sin excepción alguna. El problema en discusión se reduce de este modo a un dilema: ¿círculos o partido? O se limitan los derechos de los delegados al Congreso, en virtud de imaginarios derechos o estatutos de toda suerte de grupos y círculos, o se disuelven totalmente antes del Congreso, y no sólo de palabra, sino de hecho, todas las instancias inferiores y los viejos grupitos, hasta que se creen verdaderas instituciones funcionales del partido. Ya por esto puede ver el lector qué inmensa importancia de principio tenía esta discusión al comienzo mismo (tercera sesión) de un congreso que se proponía restaurar de hecho el partido. En esta discusión se concentraba, por decirlo así, el conflicto entre los antiguos círculos y grupitos (como "Yuzhni Rabochi") y el partido que renacía. Y los grupos antiiskristas salen en seguida a la superficie: tanto el bundista Abramsón, como el camarada Martínov, ardiente partidario de la actual Redacción de Iskra, y el camarada Májov, a quien también conocemos, se declaran a favor de Egórov y del grupo de "Yuzhni Rabochi", en contra de Pavlóvich. El camarada Martínov, que ahora, a porfía con Mártov y Axelrod, hace gala de "democratismo" en materia de organización, recuerda hasta... ¡¡el ejército, donde sólo se puede apelar a la instancia superior por mediación de la inferior!! Todo el que asistía al Congreso o había seguido atentamente la historia interna de nuestro partido antes de su celebración comprendía con toda claridad el verdadero sentido de esta "compacta" oposición antiiskrista. La tarea de la oposición (quizá todos sus representantes no siempre se percataran de ello, y a veces lo sostuvieran por inercia) consistía en salvaguardar la independencia, el particularismo, los intereses de capilla de los pequeños grupos, para que no se los tragara un partido amplio, que se venía estructurando a base de los principios iskristas. Tal es precisamente el punto de vista que, respecto a esta cuestión, adoptó también el camarada V. I. Lenin 162 Mártov, quien por entonces no se había unido aún a Martínov. El camarada Mártov se alza decididamente, y se alza con razón, contra aquellos cuya "idea de la disciplina de partido no va más allá de las obligaciones de un revolucionario respecto al grupo de orden inferior del que forma parte". "En el seno de un partido único no es admisible ningún agrupamiento forzoso" (subrayado por Mártov), explica Mártov a los defensores de los círculos, sin prever cómo fustigan estas palabras su propia conducta política en las últimas sesiones del Congreso y después de él... El agrupamiento forzoso no es admisible para el Comité de Organización, pero es plenamente admisible para la Redacción. Mártov condena el agrupamiento forzoso mientras lo mira desde el organismo central, pero lo defiende en cuanto deja de satisfacerle la composición de este organismo central... Es interesante observar que en su discurso, además del "enorme error" del camarada Egórov, subraya el camarada Mártov especialmente la inestabilidad política de que ha dado prueba el Comité de Organización. "En nombre del Comité de Organización -se indigna Mártov con razón-, se ha hecho una proposición que contradice al informe de la comisión (fundado, añadámoslo nosotros, en el informe de los miembros del Comité de Organización: pág. 43, palabras de Koltsov) y a las proposiciones anteriores del Comité de Organización" (subrayado por mí). Como veis, Mártov comprendía perfectamente entonces, antes de su "viraje", que el sustituir el grupo "Borbá" por Riazánov nada quita del carácter completamente contradictorio y falto de firmeza de la actuación del Comité de Organización (por las actas del Congreso de la Liga, pág. 57, podrán ver los miembros del partido el punto de vista de Mártov después de su viraje). No se limitó entonces Mártov a examinar el problema de la disciplina, sino que, además, preguntó, directamente al Comité de Organización: "¿qué ha sucedido para que sea necesaria esa refundición?" (subrayado por mí). Porque, en efecto, el Comité de Organización, al hacer su proposición, no tuvo ni siquiera el suficiente valor de defender francamente su opinión, como la defendieron Akímov y otros. Mártov lo refuta (actas de la Liga, pág. 56), pero quien lea las actas del Congreso verá que Mártov se equivoca. Popov, al hacer la proposición en nombre del Comité de Organización, no dice ni una palabra de razones (pág. 41 de las actas del Congreso del Partido). Egórov traslada la discusión al punto sobre la disciplina, pero sobre el fondo de la cuestión sólo dice: "El Comité de Organización podía tener nuevas consideraciones"... (pero no se sabe si las tenía, ni de qué consideraciones se trata)... "ha podido olvidarse de inscribir a alguien, etc." (Este "etc." es la única salvación del orador, porque el Comité de Organización no pudo olvidarse de la cuestión del grupo "Borbá", que había examinado dos veces antes del Congreso y una vez ante la comisión.) "El Comité de Organización no ha tomado este acuerdo porque haya cambiado de actitud respecto al grupo "Borbá", sino porque quiere quitar piedras sobrantes del camino de la que ha de ser organización central del partido, en los primeros pasos de su actuación". Esto no es dar razones, sino eludirlas. Todo socialdemócrata sincero (y nosotros no ponemos siquiera en duda la sinceridad de ninguno de los participantes en el Congreso) se preocupa de apartar todo lo que él considera escollo, de apartarlo por los procedimientos que él reconoce adecuados. Dar razones significa explicar y decir exactamente la opinión de uno sobre las cosas y no salir del paso con una perogrullada. Y no se hubieran podido dar razones sin "cambiar de actitud respecto al grupo "Borbá", porque los anteriores acuerdos contradictorios del Comité de Organización trataban también de apartar escollos, pero veían estos "escollos" precisamente en lo contrario. El camarada Mártov ataca precisamente con extraordinaria dureza y con muchísima razón este argumento, calificándolo de "fútil" y debido al deseo de "excusarse" y aconsejando al Comité de Organización que "no tema al qué dirán". Con estas palabras definía el camarada Mártov perfectamente el fondo y el sentido de un matiz político que ha desempeñado en el Congreso un papel importante y que se distingue precisamente por la falta de independencia, la mezquindad, la falta de línea propia, el temor al que dirán, la eterna vacilación entre las dos partes determinadas, el temor a exponer abiertamente su credo; en una palabra, por todas las características del "pantano"268. Esta falta de carácter, en política, propia de un grupo inconstante, condujo, entre otras cosas, a que nadie, a excepción del bundista Yudin (pág. 53), presentara al Congreso una resolución para invitar a uno de los miembros del grupo "Borbá". La resolución de Yudin obtuvo cinco votos a favor, por lo visto, de todos los bundistas: ¡los elementos vacilantes volvieron a dar otro bandazo! El contingente aproximado de votos del grupo del centro se vio en las votaciones de las resoluciones de 268 Tenernos ahora en el partido gentes que, al oír esta palabra, se horrorizan y se lamentan a gritos de una polémica impropia de camaradas. ¡Extraña deformación del instinto bajo la influencia de lo oficial... cuando se aplica indebidamente! Casi no hay partido político con lucha interna que prescinda de este término, el cual sirve siempre para designar a los elementos inconstantes que vacilan entre los que luchan. Tampoco los alemanes, que saben mantener la lucha interna en un marco de exquisita corrección, se ofenden por la palabra "versumpft" (empantanado. - N. de la Edit.) y no se horrorizan ni manifiestan ridícula "pruderic" (gazmoñería. - N. de la Edit.) oficial. Un paso adelante, dos atrás Koltsov y de Yudin sobre este punto: la resolución del iskrista obtuvo 32 votos (pág. 47) Y la del bundista, 16, es decir, además de los ocho votos antiiskristas, tuvieron los dos votos del camarada Májov (cfr. pág. 46), los cuatro votos de los miembros del grupo "Yuzhni Rabochi" y otros dos votos más. En seguida demostraremos que en modo alguno puede considerarse esta distribución de votos obra de la casualidad, pero primero expondremos brevemente lo que ahora opina Mártov sobre este incidente con el Comité de Organización, Mártov ha dicho en la Liga que "Pavlóvich y otros atizaron las pasiones". Basta ver las actas del Congreso para convencerse de que fue el mismo Mártov quien pronunció los discursos más detallados, ardientes y duros contra el grupo "Borbá" y el Comité de Organización. Al tratar de inculpar a Pavlóvich, lo único que hace es demostrar su falta de firmeza: antes del Congreso eligió precisamente a Pavlóvich séptimo miembro de la Redacción y en el Congreso se solidarizó por entero con él (pág. 44) contra Egórov. Después, sin embargo, cuando ha sido derrotado por Pavlóvich, le acusa de "atizar las pasiones". Esto no pasa de ser ridículo. En Iskra (núm. 56) Mártov habla con ironía de la importancia que se da a invitar a fulano o mengano. Esta ironía se vuelve de nuevo contra Mártov, porque precisamente el incidente con el Comité de Organización fue el punto de partida de una discusión sobre problema "tan importante" como invitar a fulano o mengano a formar parte del Comité Central o del Órgano Central. No está bien eso de medir con dos varas distintas, según se trate del propio "grupo de orden inferior" (respecto al partido), o de un grupo ajeno. Esto es psicología filistea y de círculos, y no la actitud que el partido exige ante una cuestión. Lo demuestra suficientemente el simple cotejo del discurso de Mártov en la Liga (pág. 57) con su discurso en el Congreso (pág. 44). "No comprendo -dijo Mártov, entre otras cosas, en la Liga- cómo se las arregla la gente para llamarse a toda costa iskristas y al mismo tiempo avergonzarse de serlo". Extraña incomprensión de la diferencia que hay entre "llamarse" y "ser", entre el dicho y el hecho. El mismo Mártov se dijo en el Congreso adversario de los agrupamientos forzosos y después del Congreso fue partidario de ellos... d) disolución del grupo "Yuzhni Rabochi" Quizá pueda parecer obra de la casualidad la forma en que se dividieron los delegados en el problema del Comité de Organización. Pero tal opinión sería errónea, y para evitarla, nos apartaremos del orden cronológico y examinaremos en seguida un incidente que, aun cuando tuvo lugar al finalizar el Congreso, está íntimamente relacionado con el que acabamos de exponer. Se trata de la 163 disolución del grupo "Yuzhni Rabochi" En contra de las tendencias de Iskra en materia de organización plena cohesión de las fuerzas del partido y eliminación del caos que las fragmentaba- se levantaron en este caso los intereses de uno de los grupos, cuyo trabajo era útil mientras faltaba un verdadero partido, pero se hizo superfluo al organizarse el trabajo de un modo centralizado. En aras de los intereses de un círculo, el grupo "Yuzhni Rabochi", con no menos derecho que la vieja Redacción de Iskra, podía pretender que se mantuviera la "continuidad" y su inviolabilidad. En aras de los intereses del partido, este grupo debía someterse al traslado de sus fuerzas a "las correspondientes organizaciones del partido" (pág. 313, final de la resolución adoptada por el Congreso). Desde el punto de vista de los intereses de círculo y de la mentalidad "filistea", no podía menos de parecer "delicada" (expresión del camarada Rúsov y del camarada Deutsch) la disolución de un grupo útil, que tenía tan pocas ganas de disolverse como la vieja Redacción de Iskra. Desde el punto de vista de los intereses del partido, era imprescindible la disolución, "la dilución" (expresión de Gúsev) en el partido. El grupo "Yuzhni Rabochi" declaró francamente que "no consideraba necesario" declararse disuelto y exigía que "el Congreso expresara su opinión en forma categórica" y, además, "inmediatamente: sí o no". El grupo "Yuzhní Rabochi" invocaba la misma "continuidad" a la que había apelado la vieja Redacción de Iskra... ¡después de su disolución! "Aunque todos nosotros, tomados cada uno individualmente, constituimos un partido único -dijo el camarada Egórov-, este partido se compone, sin embargo, de toda una serie de organizaciones que es menester tener en cuenta como magnitudes históricas... Si una organización de este tipo no perjudica al partido, no hay motivo para que sea disuelta". De este modo, se planteaba en forma completamente definida una importante cuestión de principio, y todos los iskristas -mientras no salieron a primer plano sus propios intereses de círculo se levantaron decididos contra los elementos vacilantes (los bundistas y dos de Rabócheie Dielo no estaban ya entonces en el Congreso; indudablemente, se hubieran declarado decididos partidarios de "tener en cuenta las magnitudes históricas"). La votación dio 31 votos a favor, cinco en contra y cinco abstenciones (cuatro miembros del grupo "Yuzhní Rabochi" y probablemente Belov, a juzgar por sus anteriores declaraciones, pág. 308). El grupo de diez votos, tajantemente opuesto al plan de organización consecuente propugnado por Iskra y partidarios de los círculos contra el régimen de partido, se dibuja con toda precisión. En los debates, los iskristas plantean esta cuestión precisamente desde el punto de vista de los principios (véase el discurso de Lange, 164 pág. 315), declarándose en contra de los métodos primitivos de trabajo y de la dispersión, negándose a tener en cuenta las "simpatías" de las diversas organizaciones y diciendo francamente que "se habría conseguido antes la unificación del partido y el triunfo de los principios programáticos que aquí hemos sancionado, si los camaradas del grupo "Yuzhni Rabochi" se hubieran atenido antes, hace uno o dos años, a un punto de vista más en consonancia con los principios". En el mismo sentido hablan Orlov, Gúsev, Liádov, Muraviov, Rúsov, Pavlóvich, Glébov y Gorin. No sólo no se alzaron los iskristas de la "minoría" contra estas alusiones concretas, que repetidamente se hicieron en el Congreso, a la política y la "línea" del grupo "Yuzhni Rabochi", de Májov y otros, carente de principios; no sólo no hicieron reserva alguna a este respecto, sino que por el contrario, por boca de Deutsch, se unieron decididamente a ellos, censurando el "caos" y aplaudiendo el que "planteara francamente la cuestión" (pág. 315) el propio camarada Rúsov, que en aquella misma sesión tuvo -¡qué horror!- la osadía de "plantear francamente" también el problema de la vieja Redacción en el terreno puramente de partido (pág. 325). En el grupo "Yuzhni Rabochi", el asunto de su disolución produjo una indignación terrible, de la que encontramos huellas también en las actas (no debe olvidarse que las actas no dan más que un pálido reflejo de los debates, pues en lugar de discursos completos no contienen más que extractos y resúmenes muy abreviados). El camarada Egórov calificó incluso de "mentira" la simple mención del grupo Rabóchaya Mysl junto con el grupo "Yuzhni Rabochi", ejemplo característico de la actitud que predominaba en el Congreso respecto al "economismo" consecuente. Incluso mucho después, en la 37 sesión, Egórov habla de la disolución de "Yuzhni Rabochi" con profunda irritación (pág. 356), pidiendo que se haga constar en el acta que, cuando se trató de este grupo, no se preguntó a sus miembros acerca de los medios para las ediciones, ni sobre el control del Órgano Central y del Comité Central. Durante la discusión sobre el grupo "Yuzhni Rabochi", el camarada Popov alude a la compacta mayoría que pareció decidir de antemano la cuestión acerca de dicho grupo. "Ahora -dice (pág. 316)-, después de los discursos de los camaradas Gúsev y Orlov, todo está claro". El sentido de estas palabras es indudable: ahora, después de que los iskristas han expresado su opinión y han propuesto una resolución, todo está claro, es decir, está claro que el grupo "Yuzhni Rabochi" será disuelto contra su voluntad. El mismo representante del grupo "Yuzhni Rabochi" separa aquí a los iskristas (y, además, a iskristas como Gúsev y Orlov) de sus partidarios, considerando que representan "líneas" distintas de política de organización. Y cuando la actual Iskra V. I. Lenin presenta al grupo "Yuzhni Rabochi" (¿y también probablemente a Májov?) como "iskristas típicos", esto no hace sino probar en forma patente un olvido de los acontecimientos más importantes (desde el punto de vista de este grupo) sucedidos en el Congreso y, por parte de la nueva Redacción, un deseo de borrar las huellas que señalan qué elementos han servido de origen a la llamada "minoría". Es de lamentar que no se haya planteado en el Congreso el problema de un órgano popular. Todos los iskristas trataron con extraordinario interés de este problema tanto antes del Congreso como durante el mismo, fuera de las sesiones, coincidiendo en que no sería nada razonable iniciar la edición de semejante órgano o dar este carácter a uno de los ya existentes en el momento actual de la vida de nuestro partido. Los antiiskristas se manifestaron, en el Congreso, en sentido contrario, lo mismo que el grupo "Yuzhni Rabochi" en su informe, y sólo la casualidad o el no haber querido plantear una cuestión "desesperanzada" pueden explicar que no se presentara la correspondiente resolución con diez firmas al pie. e) El incidente de la igualdad de derechos de las lenguas Volvamos al orden de sesiones del Congreso. Hemos podido persuadirnos de que, aun antes de que se pasara a examinar a fondo las cuestiones, se había manifestado ya con claridad en el Congreso no sólo un grupo perfectamente definido de antiiskristas (8 votos), sino también un grupo de elementos intermedios, inestables, dispuestos a apoyar a estos ocho y a aumentar su número hasta 16 ó 18 votos. La cuestión del lugar que debía ocupar el Bund en el partido, examinada en el Congreso de un modo extraordinario y excesivamente detallado, se redujo a resolver una tesis de principio, posponiéndose el acuerdo práctico hasta tanto se tratara de las relaciones de organización. Como ya antes del Congreso se había consagrado bastante espacio en las publicaciones a explicar temas referentes a este punto, los debates del Congreso dieron poco que fuese relativamente nuevo. Sin embargo, no se puede dejar de señalar que los partidarios de Rabócheie Dielo (Martínov, Akímov y Brúker) declarándose conformes con la resolución de Mártov, hicieron la reserva de que la consideraban insuficiente y disentían de ella en las conclusiones (págs. 69, 73,83,86). Después de tratar del lugar que correspondía al Bund, el Congreso pasó a discutir el Programa. En este punto, la mayor parte de la discusión giró en torno a enmiendas parciales que presentaban escaso interés. En principio, la oposición de los antiiskristas se manifestó únicamente en la cruzada del camarada Martínov contra el célebre planteamiento de la 165 Un paso adelante, dos atrás cuestión de la espontaneidad y la conciencia. Estuvieron plenamente de acuerdo con Martínov, como es natural, los bundistas y los de Rabócheie Dielo, Mártov y Plejánov, entre otros, demostraron lo infundado de las objeciones de Martínov. ¡Como cosa curiosa es de observar que la Redacción de Iskra (tras de reflexionar un poco, por lo visto) se ha pasado ahora al lado de Martínov y dice lo contrario de lo que dijo en el Congreso!269 Es probable que esto corresponda al célebre principio de la "continuidad"... Nos queda ahora esperar a que la Redacción acabe de orientarse y nos explique hasta qué punto está de acuerdo con Martínov, en qué y desde cuándo. Entre tanto, nos limitaremos a preguntar si se ha visto alguna vez un órgano del Partido, cuya Redacción diga después de un congreso precisamente lo contrario de lo que ha dicho en él. Pasando por alto las discusiones sobre el reconocimiento de Iskra como Órgano Central (de las que hemos hablado antes) y el comienzo de los debates sobre los Estatutos (de los que será más cómodo tratar en relación con el examen general de los mismos), pasemos a los matices de principio que se señalaron cuando se trató del Programa. Notemos, en primer lugar, un detalle extraordinariamente característico: los debates acerca de la representación proporcional. El camarada Egórov, del "Yuzhni Rabochi", abogaba por que se incluyera en el Programa, y defendió este punto de vista de tal modo que provocó una observación acertada de Posadovski (iskrista de la minoría) sobre la existencia de una "seria discrepancia". "Es indudable -dijo el camarada Posadovski- que disentimos en la cuestión fundamental siguiente: ¿es preciso someter nuestra política futura a unos u otros principios democráticos fundamentales, reconociéndoles un valor absoluto, o bien deben quedar todos los principios democráticos sometidos exclusivamente a los intereses de nuestro partido? Yo me declaro decididamente partidario de esto último". Plejánov "se adhiere plenamente" a Posadovski, expresándose aún más concreta y enérgicamente contra "el valor absoluto de los principios democráticos" y contra "el modo abstracto" de interpretarlos. "Es concebible en hipótesis un caso -dice- en el que nosotros, socialdemócratas, nos declaremos en contra del sufragio universal. Hubo épocas en que la burguesía de las repúblicas italianas privaba de derechos 269 La Redacción de la Iskra menchevique publicó en el suplemento al número 57 de Iskra (15 de enero de 1904) un artículo del ex "economista" A. Martínov, en el que éste se manifestaba contra los principios de organización del bolchevismo y contra Lenin. En su nota dedicada al artículo de Martínov, la Redacción de Iskra, aunque declaró formalmente su discrepancia con algunas ideas del autor, aprobó en su conjunto el artículo, aceptando sus argumentos fundamentales. políticos a los individuos pertenecientes a la nobleza. El proletariado revolucionario podría limitar los derechos políticos de las clases altas, lo mismo que éstas hicieron antes respecto al proletariado". El discurso de Plejánov es acogido con aplausos y siseos, y cuando Plejánov protesta contra el Zwischenruf270 de "No hay que sisear" y ruega a los camaradas que no se cohíban, se levanta el camarada Egórov y dice: "Cuando semejantes discursos provocan aplausos, no tengo más remedio que sisear". Juntamente con el camarada Goldblat (delegado del Bund), el camarada Egórov se declara en contra de las opiniones de Posadovski y Plejánov. Es de lamentar que se cerrara la discusión y no se volviera a tratar el asunto que surgió en relación con ella. Pero en vano procura ahora el camarada Mártov aminorar e incluso anular su significación, diciendo en el Congreso de la Liga: "Estas palabras (de Plejánov) provocaron la indignación de una parte de los delegados, indignación que hubiera sido fácil de evitar de haber añadido el camarada Plejánov que, naturalmente, no puede imaginarse una situación tan trágica en la que el proletariado, para afianzar su victoria, tenga que violar derechos políticos como la libertad de prensa... (Plejánov: "merci")" (pág. 58 de las actas de la Liga). Esta interpretación está en pugna directa con lo que, en forma absolutamente categórica, dijo el camarada Posadovski en el Congreso acerca de una "seria discrepancia" y una disensión sobre "el problema fundamental". Respecto a este problema fundamental, todos los iskristas se declararon en el Congreso contra los representantes de la "derecha" antiiskrista (Goldblat) y del "centro del Congreso (Egórov). Esto es un hecho y podemos garantizar, sin temor de ser desmentidos, que si el "centro" (espero que esta palabra chocará menos que ninguna otra a los partidarios "oficiales" de la suavidad...), si el "centro" (representado por el camarada Egórov o Májov) hubiera tenido que expresar "libremente" su opinión sobre esta o análogas cuestiones, habrían aparecido en seguida serias discrepancias. Esta discrepancia se puso de manifiesto con mayor relieve aún en la cuestión de la "Igualdad de derechos de las lenguas" (pág. 171 y siguientes de las actas). En cuanto a este punto, no son tan elocuentes los debates como las votaciones: sumándolas, llegamos a la increíble cifra de ¡dieciséis! ¿Cuál fue el motivo? Decidir si bastaba señalar en el Programa la igualdad de derechos de todos los ciudadanos, independientemente de su sexo, etc., y de su lengua, o si era preciso decir: "libertad de lengua" o "igualdad de derechos de las lenguas". El camarada Mártov ha definido este episodio con bastante acierto en el Congreso de la Liga, diciendo que "una 270 Observación desde un escaño durante un discurso. (N. de la Edit.) 166 discusión insignificante sobre la redacción de un punto del Programa adquirió significación de principio porque la mitad del Congreso se mostraba dispuesta a derrocar la Comisión de Programa". Así es, precisamente271. El motivo del choque fue, en efecto, insignificante, y, sin embargo, el choque adquirió en verdad carácter de principio y, por lo mismo, formas terriblemente encarnizadas, llegándose al intento de "derrocar" la Comisión de Programa y a sospechar que deseaba "jugar una mala pasada al Congreso" (¡sospecha que Egórov expresó respecto de Mártov!), llegándose a cruzar alusiones personales del carácter más... injurioso (pág. 178). Incluso el camarada Popov "lamentó que, con motivo de naderías, se creara una tal atmósfera" (subrayado por mí, pág. 182), que reinó durante tres sesiones (16, 17 y 18). Todas estas expresiones muestran del modo más preciso y categórico el importantísimo hecho de que la atmósfera de "sospechas" y de las más encarnizadas formas de lucha ("derrocar") -¡después, en el Congreso de la Liga, se acusó a la mayoría de los iskristas de haberla constituido!- había sido creada, en realidad, mucho antes de que nos escindiéramos en mayoría y minoría. Repito que es un hecho de enorme importancia, un hecho fundamental, y el no comprenderlo conduce a muchísima gente a las opiniones más ligeras sobre el carácter artificial de la mayoría al final del Congreso. Desde el punto de vista actual del camarada Mártov, quien afirma que había en el Congreso 9/10 de iskristas, es absolutamente inexplicable y absurdo el hecho de que por "naderías", por un motivo "insignificante", pudiera producirse una colisión que adquirió "carácter de principio" y estuvo a punto de echar abajo a la comisión del Congreso. Sería ridículo tratar de deshacerse de este hecho con 271 Mártov añade: "en este caso nos hizo mucho daño la ocurrencia de Plejánov a propósito de los burros" (cuando se hablaba de la libertad de lengua, alguien, creo que un bundista, recordó entre las instituciones la de la cría caballar, y Plejánov dijo para sí: "Los caballos no hablan, pero sí lo hacen algunas veces los burros"). Claro que yo no puedo ver en este chiste una suavidad especial, espíritu de concesión, prudencia ni flexibilidad. Pero me extraña, sin embargo, que Mártov, después de reconocer el carácter de principio de la discusión no se detenga en absoluto a examinar en qué consiste este carácter de principio ni qué matices tiene, limitándose a una indicación de lo "perjudiciales" que son los chistes. ¡Esto sí que es ya un punto de vista auténticamente burocrático y formalista! Los chistes mordaces, en efecto, "hicieron mucho daño en el Congreso", y no sólo los referentes a los bundistas, sino otros dirigidos contra personas a quienes éstos algunas veces apoyaron e incluso salvaron de la derrota. Mas una vez reconocido el valor de principio del incidente, no se puede salir del paso limitándose a decir que ciertos chistes son "inadmisibles" (pág. 58 de las actas de la Liga). V. I. Lenin gimoteos y lamentaciones sobre el "daño" que han hecho ciertas ocurrencias. El carácter de principio de la colisión no pudo ser resultado de ningún chiste mordaz: sólo pudo nacer del carácter de los agrupamientos políticos del Congreso. No fueron las asperezas ni los chistes los que promovieron el conflicto: eran sólo un síntoma de que en el mismo agrupamiento político del Congreso existía una "contradicción", existían todos los antecedentes de un conflicto, existía una falta de homogeneidad interna que prorrumpía con fuerza inmanente con cualquier motivo, incluso insignificante. Por el contrario, desde el punto de vista que yo tengo del Congreso y que considero mi deber defender como una determinada interpretación política de los acontecimientos, aunque semejante interpretación puede ofender a alguien, era plenamente explicable e inevitable el conflicto más agudo de carácter de principio por un motivo "insignificante". Puesto que en nuestro Congreso hubo constantemente lucha entre iskristas y antiiskistas, puesto que entre éstos y aquéllos estaban los elementos vacilantes y puesto que estos últimos, juntamente con los antiiskristas, representaban 1/3 de los votos (8+10=18 de 51, según mis cálculos, naturalmente, aproximados), resulta muy comprensible y natural que siempre que se apartaba de los iskristas, aunque sólo fuera, una pequeña minoría de ellos, se creara una posibilidad de victoria de la tendencia antiiskrista, provocándose, por ello mismo, una lucha "furiosa". Esto no es resultado de salidas de tono y ataques de inadecuada dureza, sino resultado de la correlación de fuerzas políticas. No eran las asperezas las que daban origen a un conflicto político, sino la existencia de un conflicto político en el mismo agrupamiento del Congreso la que originaba asperezas y ataques: esta contraposición encierra la divergencia fundamental de principio entre Mártov y nosotros en la apreciación de la importancia política del Congreso y de sus resultados. En el transcurso de todo el Congreso se dieron tres casos especialmente notables de separación de un grupo insignificante de iskristas de su mayoría -la igualdad de derechos de las lenguas, el artículo primero de los Estatutos y las elecciones-, y en los tres casos se entabló una lucha encarnizada que, al fin y al cabo, ha traído como consecuencia la grave crisis por que atraviesa actualmente el partido. Para comprender el sentido político de esta crisis y de esta lucha, no debemos limitarnos a frases sobre chistes inadmisibles, sino examinar los agrupamientos políticos de los matices que se enfrentaron en el Congreso. El incidente de la "igualdad de derechos de las lenguas" presenta, por esto, un doble interés desde el punto de vista del esclarecimiento de las causas de la divergencia, porque en este problema Mártov era aún (¡era aún!) iskrista y combatió quizá Un paso adelante, dos atrás más que nadie contra los antiiskristas y el "centro". Comienza la guerra por una discusión entre el camarada Mártov y el líder de los bundistas, camarada Líber (págs. 171-172). Mártov demuestra que es suficiente exigir "la igualdad de derechos de los ciudadanos". Se rechaza la "libertad de lengua", pero inmediatamente se propone "la igualdad de derechos de las lenguas" y el camarada Egórov se lanza al combate en compañía de Líber. Mártov declara que es fetichismo "el que los oradores insistan en la igualdad de derechos de las nacionalidades y transfieran la desigualdad de derechos al dominio lingüístico. Sin embargo, esta cuestión debe examinarse desde un aspecto distinto: existe una desigualdad de derechos entre las nacionalidades, y esta desigualdad se expresa, entre otras cosas, también en el hecho de que las personas que pertenecen a una nacionalidad determinada se ven privadas del derecho a hacer uso de su lengua materna" (pág. 172). Mártov tenía entonces completa razón. En efecto, había algo de fetichismo en el intento de Líber y Egórov, absolutamente inconsistentes, de defender lo acertado de su fórmula y considerar que nosotros no queríamos o no sabíamos aplicar el principio de igualdad de derechos de las nacionalidades. La realidad es que, como "fetichistas", defendían precisamente una palabra, y no un principio, no se guiaban por el temor a cometer algún error de principio, sino por el temor al qué dirán. Justamente esta psicología vacilante (¿y si "los demás" nos echan esto en cara?), que señalamos en el incidente con el Comité de Organización, es la que reveló en este caso con plena claridad todo nuestro "centro". Otro representante del mismo, Lvov, delegado de una región minera, próximo al grupo "Yuzhni Rabochi", "considera muy serio el problema de la opresión de las lenguas, planteado por la periferia. Importa que nosotros, después de haber incluido un punto referente a la lengua en nuestro Programa, alejemos toda sospecha de rusificación, que podría recaer sobre los socialdemócratas". He aquí una magnífica motivación de la "seriedad" del problema. ¡El problema es muy serio porque es preciso evitar las posibles sospechas de la periferia! El orador no dice nada, en el fondo, no contesta a las acusaciones de fetichismo, sino que las confirma plenamente, dando pruebas de una completa falta de argumentos y saliendo del paso con una alusión a lo que dirá la periferia. Se le advierte: todo lo que puedan decir no es exacto. Pero en lugar de poner en claro si es exacto o no, contesta: "pueden sospechar". Semejante modo de plantear el problema, con pretensiones de seriedad e importancia, adquiere ya, en efecto, carácter de principio, pero ni mucho menos el que querían ver en él los Líber, los Egórov, los Lvov. Lo que sí tiene carácter de principio es el problema de si debemos facultar a las organizaciones y a los miembros del partido para aplicar los 167 principios generales y fundamentales del Programa, aplicándolos a circunstancias concretas y desarrollándolos en el sentido de semejante aplicación, o si, por simple temor a las sospechas, debemos llenar el Programa de detalles fútiles, de indicaciones particulares, de repeticiones, de casuística. Lo que sí adquiere carácter de principio es la cuestión de cómo pueden los socialdemócratas, en la lucha contra la casuística, ver ("sospechar") intentos de limitar los derechos y libertades democráticos elementales. ¿Cuándo dejaremos, por fin, este culto fetichista de los casos? Tal es el pensamiento que cruzaba por nuestra mente cuando asistimos a la lucha por las "lenguas". El agrupamiento de los delegados en esta lucha es especialmente claro merced a la abundancia de votaciones nominales. Estas votaciones fueron tres. Contra el núcleo iskrista están unánime y constantemente todos los antiiskristas (8 votos) y, con muy ligeras vacilaciones, todo el centro (Májov, Lvov, Egórov, Popov, Medvédev, Ivanov, Tsarios, Belov; tan sólo los dos últimos vacilaron al principio, absteniéndose unas veces, votando otras con nosotros, y no tomaron una actitud definitiva hasta la tercera votación). De los iskristas se separa una parte, sobre todo los caucasianos (tres, con seis votos), y debido a esto obtiene el predominio, al fin y al cabo, la tendencia del "fetichismo". Cuando se votó por tercera vez, cuando los partidarios de ambas tendencias pusieron más en claro sus posiciones, tres caucasianos, con seis votos, se apartaron de los iskristas de la mayoría, adhiriéndose al grupo contrario. De los iskristas de la minoría se apartaron dos con dos votos: Posadovski y Kóstich. En las dos primeras votaciones se pasaron al grupo opuesto o se abstuvieron: Lenski, Stepánov y Gorskí, de la mayoría iskrista, y Deutsch, de la minoría. El hecho de que se apartaran ocho votos iskristas (del total de 33) inclinó la balanza a favor de la coalición de antiiskristas y elementos vacilantes. Este es precisamente el hecho fundamental de la división en grupos que tuvo lugar en el Congreso, hecho que volvió a repetirse (separándose tan sólo otros iskristas) con motivo de la votación del artículo primero de los Estatutos y de las elecciones. No es de extrañar, pues, que quien ha salido en las elecciones derrotado cierre ahora empeñadamente los ojos ante las causas políticas de esa derrota, ante los puntos de partida de la lucha de matices, que ponía cada vez más de manifiesto y desenmascaraba cada vez más despiadadamente ante el partido a los elementos poco firmes y faltos de carácter en política. El incidente de la igualdad de derechos de las lenguas nos muestra esta lucha con tanto mayor relieve por cuanto que entonces el mismo camarada Mártov no había merecido aún los elogios y la aprobación de Akímov y Májov. V. I. Lenin 168 f) El programa agrario La falta de firmeza de los antiiskristas y del "centro" en el terreno de los principios se puso también de relieve en las discusiones habidas en torno al programa agrario, que quitaron al Congreso no poco tiempo (véase págs. 190-226 de las actas) y plantearon numerosas cuestiones de extraordinario interés. Como podía esperarse, es el camarada Martínov quien inicia la ofensiva contra el Programa (después de unas pequeñas observaciones de los camaradas Líber y Egórov). Utiliza el viejo argumento de que corrigiendo "precisamente esta injusticia histórica", "consagramos", de un modo indirecto, "otras injusticias históricas", etc. A su lado se coloca el camarada Egórov, que incluso "no ve claramente cuál es el sentido de este Programa: si es un programa para nosotros, es decir, si formula las reivindicaciones que nosotros planteamos, o si es que queremos hacerlo popular" (!?!?). El camarada Líber. "quisiera hacer las mismas indicaciones que el camarada Egórov". El camarada Májov habla con la decisión que le es propia, declarando que "la mayoría (?) de los oradores no comprende en absoluto qué es el programa propuesto ni los fines que persigue". Según dice, "es difícil considerar el programa propuesto como programa agrario socialdemócrata"; este programa... "huele un poco a juego de corrección de injusticias históricas", tiene "un matiz de demagogia y aventurerismo". La confirmación teórica de estas elucubraciones es la habitual exageración y simplificación del marxismo vulgar: se pretende que los iskristas "quieren operar con los campesinos como con algo homogéneo; y como los campesinos están ya hace tiempo (?) divididos en clases, el proponer un programa único conduce inevitablemente a convertir este programa en su conjunto en demagógico, y al ser aplicado se transformará en una aventura" (202). El camarada Májov "suelta" aquí la verdadera causa de la actitud negativa que ante nuestro programa agrario adoptan muchos socialdemócratas, dispuestos a "reconocer" a Iskra (como ha hecho el mismo Májov), pero sin haber reflexionado ni poco ni mucho sobre su orientación, sobre su posición teórica y táctica. Precisamente la vulgarización del marxismo aplicada a un fenómeno tan complejo y polifacético como es el régimen actual de la economía campesina rusa, y no la divergencia sobre algunas particularidades, es lo que ha motivado y sigue motivando la incomprensión de dicho programa. Y sobre este punto de vista de un marxismo vulgar se pusieron rápidamente de acuerdo los líderes de los elementos antiiskristas (Líber y Martínov) y los del "centro", Egórov y Májov. El camarada Egórov expresó también francamente uno de los rasgos característicos del grupo "Yuzhni Rabochi" y de los grupos y círculos que tienden hacia él, a saber: la incomprensión de la importancia del movimiento campesino, la incomprensión de que el lado débil de nuestros socialdemócratas, durante las primeras y célebres insurrecciones campesinas, no consistió en sobrestimar, sino más bien, por el contrario, en subestimar esa importancia (y en no tener fuerzas suficientes para utilizar el movimiento). "Estoy lejos del entusiasmo que la Redacción siente por el movimiento campesino -dijo el camarada Egórov-, del entusiasmo que después de las revueltas campesinas se apoderó de muchos socialdemócratas". Pero, desgraciadamente, el camarada Egórov no se tomó la molestia de informar con la menor exactitud al Congreso en qué consiste ese entusiasmo de la Redacción, ni se tomó la molestia de dar indicaciones concretas sobre el material bibliográfico proporcionado por Iskra. Además, olvidó que Iskra había desarrollado todos los puntos fundamentales de nuestro programa agrario ya en su tercer número272, es decir, mucho antes de las revueltas campesinas. ¡No estaría de más que quien "ha reconocido" a Iskra no sólo de palabra, dedicara algo más de atención a sus principios teóricos y tácticos! "¡No, no podemos hacer mucho entre los campesinos!", exclama el camarada Egórov, y luego explica esta exclamación, no como protesta contra tal o cual "apasionamiento" aislado, sino como repudio de toda nuestra posición: "y eso significa precisamente que nuestra consigna no puede competir con una consigna aventurera". Fórmula muy característica de una actitud falta de principios ante la causa, ¡de una actitud que todo lo reduce a una "competencia" de consignas de distintos partidos! Y esto lo dice el orador después de haberse declarado "satisfecho" por las explicaciones teóricas en las que se decía que nosotros aspiramos a un éxito firme en la agitación, sin que nos asusten los reveses pasajeros y que un éxito firme (a pesar del ruidoso griterío de los "competidores"... de un minuto) es imposible sin una firme base teórica en el Programa (pág. 196). ¡Qué confusión trasluce esa afirmación de sentirse "satisfecho", seguida inmediatamente de la repetición de las tesis vulgares heredadas del viejo economismo, para el cual la "competencia de consignas" decidía en todas las cuestiones, no sólo del programa agrario, sino de todo el programa y de toda la táctica de la lucha económica y política. "No podéis obligar a un jornalero -decía el camarada Egórov- a luchar al lado del campesino rico por los recortes, que ya están en buena parte en manos de ese campesino rico". Nos encontramos de nuevo ante la simplificación, indudablemente emparentada con nuestro economismo oportunista, que insistía en la imposibilidad de "obligar" al proletario a luchar por lo que en gran parte está en manos de la burguesía y 272 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 4, págs. 429-437. (N. de la Edit.) 169 Un paso adelante, dos atrás por lo que en proporción aún más considerable irá a parar a sus manos en el futuro. Una vez más la misma vulgarización, que olvida las particularidades rusas de las relaciones capitalistas generales entre el jornalero y el campesino rico. Los recortes oprimen ahora, oprimen en realidad también al jornalero, a quien no es necesario "obligar" a luchar por liberarse de la sujeción a que está sometido. En cambio, hay que "obligar" a algunos intelectuales: obligarles a tener una visión más amplia de sus tareas, obligarles a que renuncien a los lugares comunes cuando traten problemas concretos, obligarles a tener en cuenta la coyuntura histórica, que complica y modifica nuestros objetivos. Precisamente sólo el prejuicio de que el mujik es tonto -prejuicio que, como observa con razón el camarada Mártov (pág. 202), se trasluce en los discursos del camarada Májov y de otros adversarios del programa agrario-, sólo un prejuicio explica el que estos adversarios olviden las condiciones reales de la vida de nuestros jornaleros. Después de haber simplificado el problema reduciéndolo a una mera contraposición -obrero y capitalista-, los representantes de nuestro "centro", como de costumbre, trataron de descargar su estrechez mental sobre el mujik. "Precisamente porque considero -decía el camarada Májov- que el mujik es inteligente en la medida de su estrecho punto de vista de clase, supongo que será partidario del ideal pequeñoburgués de incautación y reparto". En estas palabras se mezclan claramente dos cosas: una definición del punto de vista de clase del mujik, como pequeñoburgués, y una restricción de este punto de vista, la reducción de éste a una "medida estrecha". Precisamente en esta reducción es donde está el error de los Egórov y los Májov (lo mismo que el error de los Martínov y los Akímov consistía en reducir a una "medida estrecha" el punto de vista del proletario). Sin embargo, tanto la lógica como la historia enseñan que el punto de vista pequeñoburgués de clase puede ser más o menos estrecho, más o menos progresivo, precisamente por la doble posición del pequeñoburgués. Y nuestra tarea no puede consistir en modo alguno en desalentarnos ante la estrechez ("tontería") del mujik o ante el hecho de que le dominen "prejuicios", sino, por el contrario, en ensanchar constantemente su punto de vista, en contribuir a la victoria de su juicio sobre sus prejuicios. El punto de vista del "marxismo" vulgar sobre el problema agrario ruso ha tenido su expresión culminante en las palabras finales del profundo discurso del camarada Májov, fiel defensor de la vieja Redacción de Iskra. No en vano fueron acogidas estas palabras con aplausos..., es verdad que irónicos. "Desde luego, yo no sé a qué llamar desgracia" -dice el camarada Májov, indignado porque Plejánov había dado a entender que el movimiento en favor del reparto negro273 no nos asustaba en absoluto y que no seríamos nosotros los que pusiéramos trabas a ese movimiento progresivo (progresivo-burgués)-. "Pero esa revolución, si es que puede dársele este nombre, no será revolucionaria. Yo diría más exactamente que no será ya revolución, sino reacción (risas), una revolución parecida a un motín... Semejante revolución nos hará retroceder y exigirá cierto tiempo para volver nuevamente a la situación en que ahora nos encontramos. Porque ahora tenemos mucho más que en los tiempos de la Revolución Francesa (aplausos irónicos), tenemos un partido socialdemócrata (risas)..." Sí, un partido socialdemócrata que razonara a lo Májov, o tuviera instituciones centrales apoyadas en personas como Májov, no merecería, en efecto, más que risas... Por tanto, vemos que también en problemas puramente de principio, suscitados por el programa agrario, se puso de manifiesto inmediatamente el agrupamiento que ya conocemos. Los antiiskristas (8 votos) emprenden una cruzada en nombre del marxismo vulgar; tras ellos se arrastran los jefes del "centro", los Egórov y los Májov, errando y desviándose siempre al mismo punto de vista estrecho. Por ello, es muy natural que en algunos puntos del programa agrario, la votación arroje 30 y 35 votos a favor (págs. 225 y 226), es decir, precisamente el número aproximado que ya hemos visto cuando se discutía el momento en que había de tratarse la cuestión del Bund, cuando se produjo el incidente con el Comité de Organización y cuando se trató de la disolución del grupo "Yuzhni Rabochi". En cuanto surgía una cuestión que se saliera algo de lo común, ya establecido y habitual, una cuestión que exigiera una cierta aplicación independiente de la teoría de Marx a relaciones económico-sociales de un carácter peculiar y nuevo (nuevo para los alemanes), no resultaban más que 3/5 de los votos de iskristas que supieran estar a la altura de la tarea, todo el "centro" se colocaba inmediatamente tras los Líber y los Martínov. ¡Y el camarada Mártov se esfuerza aún por velar este hecho evidente, sorteando temeroso las votaciones en que se ponían claramente de manifiesto los matices! La discusión del programa agrario muestra claramente la lucha de los iskristas contra las dos quintas partes bien contadas del Congreso. Los delegados caucasianos adoptaron en este punto una posición totalmente acertada, debido en gran parte probablemente, al hecho de que, conociendo de cerca las formas locales de numerosos restos del régimen de servidumbre, estaban a salvo de las meras contraposiciones, de un carácter abstracto y escolar, que satisfacían a los Májov. Contra Martínov y Líber, contra Májov y Egórov se alzaron tanto Plejánov 273 "El reparto negro": una de las consignas populares de los campesinos de la Rusia zarista, que expresaba su aspiración al reparto general de la tierra. 170 como Gúsev (quien confirmó que "una concepción tan pesimista de nuestra laboren el campo"... como era la del camarada Egórov... "la había encontrado bastantes veces entre los camaradas que actuaban en Rusia"), así como Kostrov274, Karski y Trotski. Este último indica con razón que los "consejos benevolentes" de los críticos del programa agrario "huelen demasiado a filisteísmo". Respecto al estudio de los agrupamientos políticos que se produjeron en el Congreso, sólo hay que observar que, en este punto de su discurso (pág. 208), quizá no se cite con razón al camarada Lange junto a Egórov y Májov. Quien lea con atención las actas verá que la posición de Lange y Gorin es totalmente distinta de la de Egórov y Májov, A Lange y Gorin no les gusta la redacción del punto referente a los recortes, comprenden plenamente la idea de nuestro programa agrario, tratando de ponerla en práctica de otro modo, trabajando de un modo positivo para buscar una fórmula más impecable, desde su punto de vista, presentando proyectos de resoluciones para convencer a los autores del programa o para ponerse a su lado contra todos los no iskristas. Para convencerse de la diferencia radical que los separa275 basta comparar, por ejemplo, la proposición de Májov de que se rechace todo el programa agrario (pág. 212, nueve a favor, 38 en contra) y sus diversos puntos (pág. 216 y otras) con la posición de Lange, que propone una redacción propia del punto referente a los recortes (pág. 225). Hablando de los argumentos que huelen a "filisteísmo", el camarada Trotski señalaba que "en el período revolucionario que se avecina debemos ligarnos a los campesinos"... "Y ante semejante tarea, el escepticismo y la "perspicacia" política de Májov y Egórov son más dañinos que cualquier miopía". El camarada Kóstich, otro iskrista de la minoría, señalaba muy certeramente "la falta de seguridad en sí mismo y en su firmeza de principios" que se observa en el camarada Májov, característica que da justamente en el blanco en lo que se refiere a nuestro "centro". "En su pesimismo, el camarada Májov coincide con el camarada Egórov, aunque hay entre ellos matices -continuaba el camarada Kóstich-. Olvida que, en el momento actual, los socialdemócratas trabajan ya entre los campesinos y dirigen ya su movimiento, en la medida de lo posible. Y con este pesimismo reducen la envergadura de nuestro trabajo (pág. 210). Para terminar con las discusiones que se desarrollaron en el Congreso, en torno al Programa, vale la pena señalar todavía los breves debates sobre el apoyo a tendencias oposicionistas. En nuestro Programa se dice claramente que el Partido Socialdemócrata apoya "todo movimiento de 274 Kostrov: seudónimo del menchevique caucasiano N. Iordania. 275 Cfr. el discurso de Gorin, pág. 213. V. I. Lenin oposición y revolucionario, dirigido contra el régimen social y político existente en Rusia". Parece que esta última reserva indica con suficiente precisión que tendencias oposicionistas son las que apoyamos. ¡Sin embargo, los diferentes matices definidos hace ya tiempo en nuestro partido han aparecido en seguida también en este punto, por difícil que fuera imaginarse que aún eran posibles "confusiones e incomprensiones" en un asunto tan trillado! Se trataba, de modo evidente, no de incomprensiones, sino precisamente de matices. Májov, Líber y Martínov tocaron en seguida a rebato y volvieron a encontrarse en tan "compacta" minoría que, también en este punto, el camarada Mártov hubiera tenido que tratar de atribuir esto a las intrigas, los manejos, la diplomacia y otras cosas agradables (véase su discurso en el Congreso de la Liga) a las que recurren las personas incapaces de reflexionar sobre las causas políticas que llevan a la formación de grupos "compactos" tanto de la mayoría como de la minoría. Májov empieza de nuevo por una simplificación vulgar del marxismo. "No tenemos más clase revolucionaria que el proletariado -dice; pero de este principio justo deduce en seguida una consecuencia equivocada-: las demás son algo de poca monta, como un pegote (hilaridad general)... Sí, como un pegote, y lo único que quieren es aprovecharse. Yo estoy en contra de que se les apoye" (pág. 226). La fórmula inimitable que el camarada Májov dio a su posición confundió a muchos (de sus partidarios), pero en realidad coincidieron con él tanto Líber como Martínov, proponiendo que se eliminara la palabra "de oposición" o se la limitara, añadiendo "democrático de oposición". Plejánov se alzó con razón contra esta enmienda de Martínov. "Nosotros debemos criticar a los liberales -dijo-, descubrir su posición ambigua. Esto es verdad... Pero al poner de manifiesto la estrechez y limitación de todos los demás movimientos, a excepción del socialdemócrata, estamos obligados a explicar al proletariado que, comparada con el absolutismo, incluso una Constitución que no conceda el sufragio universal es un paso adelante y que, por ello, el proletariado no debe preferir el régimen actual a semejante Constitución". Los camaradas Martínov, Líber y Májov se muestran disconformes con esto y mantienen su posición, contra la cual dirigen sus ataques Axelrod, Starover, Trotski y nuevamente Plejánov. En esta ocasión, el camarada Májov se ha derrotado una vez más a sí mismo. Al principio dijo que las demás clases (fuera del proletariado) son "de poca monta" y que él "está en contra de que se les apoye" Después se compadeció y reconoció que, "siendo en el fondo reaccionaria, la burguesía es muchas veces revolucionaria, por ejemplo, cuando se trata de luchar contra el feudalismo y sus vestigios". "Pero hay grupos -continuó, rectificando sin Un paso adelante, dos atrás rectificar nada- que son siempre (?) reaccionarios, como son los artesanos". ¡A semejantes perlas llevaron su palabrería en el terreno de los principios los mismos líderes de nuestro "centro", que después defendían con espuma en los labios la vieja Redacción! Precisamente los artesanos -incluso en la Europa Occidental, donde la organización gremial era tan fuerte-, lo mismo que otros pequeños burgueses en las ciudades, dieron pruebas de extraordinario espíritu revolucionario en la época de la caída del absolutismo. Precisamente para el socialdemócrata ruso es sobre todo absurdo repetir sin reflexionar lo que dicen sus camaradas de Occidente sobre los artesanos de ahora, en una época separada por uno o medio siglo de la caída del absolutismo. Decir en Rusia que los artesanos son reaccionarios en comparación con la burguesía en el terreno de las cuestiones políticas, no es más que un lugar común, una frase aprendida de memoria. Es de lamentar que las actas no hayan conservado indicación alguna sobre el número de votos que lograron reunir las enmiendas sobre esta cuestión presentadas por Martínov, Májov y Líber y que fueron rechazadas. Sólo podemos decir que los líderes de los elementos antiiskristas y uno de los líderes del "centro"276 se unieron también en este 276 Otro líder de ese mismo grupo, del "centro", el camarada Egórov, expresó en otro lugar su opinión sobre el apoyo a las tendencias oposicionistas, al tratarse de la resolución de Axelrod sobre los socialistas revolucionarios (pág. 359). El camarada Egórov ve "una contradicción" entre la exigencia, que figura en el Programa, de apoyar todo movimiento de oposición y revolucionario y la actitud negativa ante socialistas revolucionarios y liberales. En otra forma, y abordando la cuestión de un modo algo distinto, el camarada Egórov muestra en este punto la misma concepción estrecha del marxismo que los camaradas Májov, Líber y Martínov y la misma actitud vacilante y semihostil ante la posición de Iskra (que él mismo "ha reconocido") Eseristas (socialistas revolucionarios): partido pequeñoburgués fundado a fines de 1901 y comienzos de 1902 en Rusia debido a la unificación de diversos círculos y grupos populistas ("Unión de socialistas revolucionarios", "Partido de socialistas revolucionarios", etc.). Pasaron a ser sus órganos oficiales el periódico Revolutsiónnaya Rossía ("La Rusia Revolucionaria") (1900-1905) y la revista Véstnik Russkoi Revotutsii ("Noticias de la Revolución Rusa") (1901-1905). Los puntos de vista de los eseristas representaban un conglomerado ecléctico de las ideas del populismo y el revisionismo. Según expresión de Lenin, los eseristas intentaban corregir las "faltas del populismo" con "remiendos de la "crítica" oportunista de moda del marxismo" (véase Obras, 5a ed. en ruso, t. 11, pág. 285). Los eseristas se negaban a ver las diferencias de clase entre el proletariado y los campesinos y, velando las contradicciones de clase en el seno del campesinado, rechazaban el papel dirigente del proletariado en la revolución. La táctica del terror individual que 171 punto para formar el agrupamiento que ya conocemos contra los iskristas. Resumiendo toda la discusión sobre el Programa, hemos de llegar a la conclusión de que ni un solo debate algo animado y que despertara un interés general dejó de poner de manifiesto los diferentes matices que ahora pasan en silencio el camarada Mártov y la nueva Redacción de Iskra. g) Los estatutos del partido. Proyecto del camarada Martov Después del Programa trató el Congreso de los Estatutos del Partido (pasamos por alto la cuestión del Órgano Central y los informes de los delegados, que en su mayoría, no pudieron presentarlos, por propugnaban los eseristas como método fundamental en la lucha contra la autocracia causaba grave daño al movimiento revolucionario. El programa agrario de los eseristas preveía la abolición de la propiedad privada de la tierra y su entrega a las comunidades para su usufructo igualitario, así como el desarrollo de toda clase de cooperativas. En este programa, que los eseristas trataban de presentar como un programa de "socialización de la tierra", no había nada de socialista, puesto que la abolición de la propiedad privada de la tierra exclusivamente no puede, según demostró Lenin, acabar con el dominio del capital y la miseria de las masas. El contenido progresivo del programa agrario de los eseristas consistía en la lucha por la supresión de la propiedad agraria de los terratenientes; esta reivindicación expresaba objetivamente los intereses y las aspiraciones del campesinado en el período de la revolución democráticoburguesa. El Partido Bolchevique puso al desnudo las tentativas de los eseristas de hacerse pasar por socialistas, luchó tenazmente contra los eseristas para lograr la influencia sobre el campesinado y demostró el daño que causaba al movimiento obrero la táctica del terror individual. Al mismo tiempo, los bolcheviques concertaron acuerdos provisionales con los eseristas, en determinadas condiciones, para la lucha contra el zarismo. En los años de la primera revolución rusa, del partido de los eseristas se separó su ala derecha, creando legalmente el Partido Socialista Popular del Trabajo, que se asemejaba por sus puntos de vista al partido demócrata constitucionalista; y el ala izquierda formó la unión semianárquica de los "maximalistas". Durante la primera guerra mundial, la mayoría de los eseristas ocupó una posición socialchovinista. Después de la victoria de la revolución democráticoburguesa de febrero de 1917, los eseristas, junto con los mencheviques y los democonstitucionalistas, fueron el principal apoyo del gobierno provisional terratenienteburgués contrarrevolucionario, al que pertenecían los líderes de los eseristas (Kerenski, Avxéntiev y Chernov). Debido a que el campesinado se radicalizaba más y más, el ala izquierda de los eseristas creó a fines de noviembre de 1917 un partido independiente. Para conservar su influencia en las masas campesinas, los eseristas de izquierda reconocieron formalmente el Poder soviético y concertaron un acuerdo con los bolcheviques, mas, al poco tiempo, iniciaron la lucha contra el Poder soviético. V. I. Lenin 172 desgracia, en forma satisfactoria). Ni que decir tiene que la cuestión de los Estatutos tenía para todos nosotros enorme importancia. Porque, en efecto, Iskra había sido desde el primer momento no sólo un órgano de prensa, sino, además, una célula de organización. En el artículo de fondo de su cuarto número (¿Por dónde empezar?), Iskra había propuesto todo un plan de organización277, aplicándolo sistemática e inflexiblemente durante tres años. Cuando el II Congreso del Partido reconoció a Iskra como Órgano Central, entre los tres puntos que exponían los motivos de la resolución correspondiente (pág. 147) dos estaban consagrados precisamente a este plan de organización y a las ideas de organización de "Iskra": a su papel en la dirección del trabajo práctico del partido y a su papel dirigente en la labor de unificación. Por ello, es completamente natural que la labor de Iskra y toda la obra de organización del partido, toda la obra de restablecimiento efectivo del partido, no podía considerarse terminada si todo el partido no reconocía y no dejaba afianzadas de una forma taxativa determinadas ideas de organización. Y esta tarea debían cumplirla los Estatutos de organización del partido. Las ideas fundamentales que Iskra trataba de sentar como base de la organización del partido se reducían, en el fondo, a las dos que damos a continuación. La primera, la idea del centralismo determinaba en principio el modo de resolver todo el cúmulo de problemas particulares y de detalle en el terreno de la organización. La segunda, la que se refería al papel especial que desempeña un órgano ideológico directivo, un periódico, tenía en cuenta lo que necesitaba, de un modo peculiar y temporal, precisamente el movimiento obrero socialdemócrata ruso bajo la esclavitud política, a condición de crear en el extranjero una base de operaciones inicial para la ofensiva revolucionaria. La primera idea, como la única idea de principios, debía penetrar todos los Estatutos; la segunda, como idea particular, engendrada por una circunstancia temporal de lugar y de modo de acción, se expresaba en un apartamiento aparente del centralismo, en la creación de dos centros, el Órgano Central y el Comité Central. En el artículo editorial de Iskra (núm. 4) ¿Por dónde 277 En su discurso sobre el reconocimiento de Iskra como Órgano Central, el camarada Popov dijo, entre otras cosas, lo siguiente: "Recuerdo el artículo ¿Por dónde empezar?, publicado en el número tres o cuatro de Iskra. Muchos de los camaradas que por entonces actuaban en Rusia lo encontraron falto de tacto; a otros, el plan les parecía fantástico, y la mayoría (?) (probablemente la mayoría de las personas que rodeaban al camarada Popov) lo explicaba sólo por ambición" (pág. 140). Como puede ver el lector, estoy ya acostumbrado a esta explicación de mis opiniones políticas como ambición, explicación que ahora caldean el camarada Axelrod y el camarada Mártov. empezar?278, así como en ¿Qué hacer?, desarrollé estas dos ideas fundamentales de la organización iskrista del partido y, por último, las he explicado detalladamente, casi en forma de Estatutos, en la Carta a un camarada279. Sólo quedaba, en realidad, un trabajo de redacción para dar forma a los artículos de los Estatutos que debían llevar a la práctica precisamente esas ideas, si el reconocimiento de Iskra no quedaba en el papel, si no era una frase convencional. En el prólogo que puse a la Carta a un camarada al reeditarla, decía ya que era suficiente una simple comparación de los Estatutos del Partido con ese folleto para dejar sentada la completa identidad de las ideas de organización en ambos sitios280. En relación con la labor de redacción para formular las ideas de organización de Iskra en los Estatutos, tengo que referirme a un incidente, recordado por el camarada Mártov... "La aclaración de los hechos os demostrará -decía Mártov en el Congreso de la Liga (pág. 58)- cuán inesperada fue para Lenin mi caída en el oportunismo en lo que atañe a este artículo (es decir, al primero). Mes y medio o dos meses antes del Congreso le enseñé a Lenin mi proyecto, donde el artículo primero estaba expuesto exactamente en la misma forma en que lo propuse en el Congreso. Lenin se declaró en contra de mi proyecto, considerándolo demasiado detallado, y me dijo que a él le gustaba sólo la idea del artículo primero, la determinación de la condición de miembro del partido, que trasladaría a sus Estatutos con modificaciones, porque no consideraba acertada la redacción que yo le había dado. Así, pues, hacía ya tiempo que Lenin conocía mi fórmula, mi punto de vista sobre este problema. Como veis, fui al Congreso con la visera levantada, sin ocultar mis opiniones. Yo había advertido que lucharía contra la cooptación recíproca, contra el principio de unanimidad en la cooptación para el Comité Central y para el Órgano Central, etc.". Ya veremos, cuando corresponda, lo que sucedió en lo que atañe a este anuncio de lucha contra la cooptación recíproca. Detengámonos ahora en esta "visera levantada" de los Estatutos de Mártov. Refiriendo en la Liga, de memoria, el episodio de su desgraciado proyecto (que el mismo Mártov retiró en el Congreso, como desacertado, volviendo a sacarlo a la luz, con su habitual consecuencia, después del Congreso), Mártov, como suele suceder, ha olvidado muchas cosas, y por ello ha vuelto a enredarlas. Parece que había ya hechos bastantes para guardarse de referencias a conversaciones privadas y a su 278 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 5, págs. 113. (N. de la Edit.) 279 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed, en ruso, t. 7, págs. 725). (N. de la Edit.) 280 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed, en ruso, t. 7, págs. 5 y 6. (N. de la Edit.) 173 Un paso adelante, dos atrás memoria (¡porque los hombres recuerdan involuntariamente sólo lo que les conviene!) y, a pesar de todo, el camarada Mártov, no teniendo otros materiales, usa datos de pésima calidad. Ahora, incluso el camarada Plejánov empieza a imitarle; por lo visto, los malos ejemplos son contagiosos. La "idea" del artículo primero del proyecto de Mártov no podía "gustarme", porque en su proyecto no existía ninguna idea que saliera a relucir en el Congreso. Le ha fallado su memoria. ¡He tenido la suerte de encontrar entre mis papeles el proyecto de Mártov, donde "precisamente el artículo primero no está expuesto en la forma en que lo propuso en el Congreso"! ¡Aquí tienen ustedes la "visera levantada"! Artículo primero del proyecto de Mártov: "Se considerará como perteneciente al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo el que, aceptando su Programa, trabaje activamente para llevar a la práctica sus tareas bajo el control y la dirección de los órganos (¡sic!) del partido". Artículo primero de mi proyecto: "Se considerará miembro del partido todo el que acepte su Programa y apoye al partido tanto con recursos materiales, como con su participación personal en una de las organizaciones del mismo". Artículo primero de la fórmula propuesta por Mártov en el Congreso y aceptada por éste: "Se considerará miembro del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo el que acepte su Programa, apoye al partido con recursos materiales y le preste su colaboración personal en forma regular bajo la dirección de una de sus organizaciones". Por este cotejo vemos con claridad que en el proyecto de Mártov no hay precisamente ninguna idea, sino sólo una frase vacía. Es claro de por sí que los miembros del partido trabajan bajo el control y la dirección de los órganos del partido, y no puede ser de otro modo; de ello no hablan sino las gentes aficionadas a hablar por hablar, los que gustan de llenar "estatutos" de un río de palabras y fórmulas burocráticas (es decir, innecesarias para el objeto y, al parecer, necesarias para hacer bulto). La idea del artículo primero sólo aparece al plantearse la cuestión de si pueden los órganos del partido llevar a la práctica su dirección respecto a aquellos miembros del mismo que no forman parte de ninguna de las organizaciones del partido. No hay ni rastro de esta idea en el proyecto del camarada Mártov. Por tanto, yo no podía conocer las "opiniones" del camarada Mártov "sobre este problema", porque no hay en el proyecto del camarada Mártov opinión alguna sobre este problema. La aclaración de hechos del camarada Mártov resulta un enredo. En cambio, precisamente del camarada Mártov hay que decir que él, por mi proyecto, "conocía mis opiniones sobre esta cuestión" y no protestó ni las combatió ni en la Comisión de Redacción, aunque mi proyecto fue mostrado a todo el mundo dos o tres semanas antes del Congreso, ni ante los delegados, que se enteraron sólo de mi proyecto. Y aún más. Incluso en el Congreso, cuando presenté mi proyecto de Estatutos281 y lo defendí antes de que se eligiera la Comisión de Estatutos, el camarada Mártov dijo claramente: "me adhiero a las conclusiones del camarada Lenin. Sólo en dos puntos disiento de este último" (subrayado por mí}: en el modo de constitución del Consejo y en la cooptación por unanimidad (pág. 157). -i una palabra dice aún de que disienta en la cuestión del artículo primero. En su folleto sobre el estado de sitio, el camarada Mártov ha considerado preciso volver a recordar con peculiar meticulosidad sus Estatutos. Asegura allí que sus Estatutos, que también ahora (en febrero de 1904; no se sabe lo que sucederá dentro de tres meses) está dispuesto a firmar, a excepción de algunas particularidades secundarias, "expresaban con bastante claridad su posición negativa respecto a la hipertrofia del centralismo" (pág. IV). El camarada Mártov explica ahora el no haber propuesto este proyecto al Congreso diciendo, primero, que "la educación iskrista le inspiró una actitud despectiva hacia los Estatutos". (¡La palabra iskrista, cuando así le place al camarada Mártov, no significa ya para él el estrecho espíritu de círculo, sino la más consecuente de las tendencias! Sólo es de lamentar que, al cabo de tres años, la educación iskrista no haya inspirado al camarada Mártov una actitud despectiva ante la fraseología anarquista, con la que la inestabilidad propia de un intelectual es capaz de justificar la violación de unos Estatutos aprobados en común.) En segundo lugar, resulta nada menos que él, el camarada: Mártov, rehuía "introducir cualquier disonancia en la táctica del núcleo organizativo fundamental que era Iskra". ¡Resulta de una congruencia maravillosa! ¡En la cuestión de principio sobre la fórmula oportunista del artículo primero o de 281 A propósito. La Comisión de Actas ha publicado en el anexo XI el proyecto de Estatutos "presentado al Congreso por Lenin" (pág. 393). También la Comisión ha embrollado un poco las cosas en este punto. Ha confundido mi proyecto inicial (véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed.en ruso, t. 7, págs. 256-258 - N. de la Edit.), que se mostró a todos los delegados (y a muchísimos antes del Congreso), con el que presenté en el Congreso y ha publicado el primero como si fuera el segundo. Yo, naturalmente, no tengo nada en contra de la publicación de mis proyectos, incluso en todos los grados de su preparación, pero no por eso hay que embrollar las cosas. Y, sin embargo, ha resultado un embrollo, porque Popov y Mártov (págs. 154 y 157) critican, en el proyecto que presenté efectivamente al Congreso, fórmulas que no existen en el proyecto publicado por la Comisión de Actas (cfr. pág. 394, arts, 7 y 11). Con más atención para el asunto, bastaba haber cotejado las páginas que yo indicaba para notar el error. V. I. Lenin 174 la hipertrofia del centralismo tuvo el camarada Mártov tal miedo a la disonancia (temible tan sólo desde el más estrecho punto de vista de círculo), que ni siquiera expuso sus discrepancias ante un núcleo como la Redacción! Sobre el problema práctico acerca de la composición de los organismos centrales, el camarada Mártov apeló contra el voto de la mayoría de los miembros de la organización de Iskra (verdadero núcleo organizativo fundamental) al auxilio del Bund y de los adeptos de Rabócheie Dielo, El camarada Mártov no ve la "disonancia" que hay en sus propias frases, cuando se vale de procedimientos propios de los círculos en defensa de la seudorredacción para renegar del "espíritu de círculo" en la forma en que enjuician la cuestión las personas más competentes. Para castigarle, citaremos integro su proyecto de Estatutos, haciendo constar, por nuestra parte, los puntos de vista y la hipertrofia que este proyecto representa282: "Proyecto de Estatutos del Partido. -I. Pertenencia al partido. -1) Se considerará como perteneciente al Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia a todo el que, aceptando su Programa, trabaje activamente para llevar a la práctica sus tareas bajo el control y la dirección de los órganos del partido. -2) El Comité Central acordará la expulsión de los miembros del partido por actos incompatibles con los intereses del partido. [La decisión de expulsión, argumentada, se conservará en el archivo del partido y, en caso de exigencia, se comunicará a cada comité del mismo. Se puede apelar ante el Congreso contra el acuerdo de expulsión tomado por el Comité Central, siempre que lo exijan dos o más comités]"... Indicaré con estos paréntesis los puntos evidentemente faltos de contenido en el proyecto de Mártov, los que no sólo no contienen ninguna "idea", sino ni siquiera ninguna condición ni exigencia determinada, como es el caso sin igual de indicar en unos "Estatutos" dónde precisamente deberá conservarse la decisión, o de referirse a la apelación ante el Congreso de que puede ser objeto un acuerdo de expulsión tomado por e l Comité Central [¿y no todos sus acuerdos en general?]. Esto es justamente una hipertrofia de frase, o un verdadero formalismo burocrático en el sentido de componer puntos y artículos superfluos, sabiendo de antemano que no sirven para nada o que sirven para entorpecer. "...II. Comités locales. -3) Serán representantes del partido en su trabajo local los comités del partido..." [¡qué nuevo y qué profundo!] "...4) [Se considerarán comités del partido los que existan al celebrarse el II Congreso y estén representados en él con la composición que tengan en este momento.] -5) Los nuevos comités, es decir, los que no queden comprendidos en el artículo 4, serán designados por el Comité Central [que reconocerá como comité la composición que en el momento dado tenga la organización local, o constituirá el comité local reformando esta última]. -6) Los comités completan el número de sus miembros mediante la cooptación. -7) El Comité Central tiene derecho a completar el número de miembros de un comité local con otros camaradas [que él conozca], de modo que su número no constituya más de un tercio del número total de miembros..." Modelo de estilo oficinesco: ¿por qué no más de un tercio? ¿Con qué objeto? ¿Qué sentido tiene esta limitación que nada limita, pues este modo de completar puede repetirse muchas veces? "...8) Si un comité local se desmorona o es deshecho" [¿es decir, si no son detenidos todos sus miembros?] "por las persecuciones, el Comité Central lo restablecerá"]... [¿sin tener ya en cuenta el artículo 7? ¿Y no encuentra el camarada Mártov que existe un parecido entre el artículo 8 y las leyes rusas sobre la moral pública, que prescriben trabajar los días laborales y descansar las fiestas?] "...9) [El Congreso ordinario del partido podrá encargar al CC que reforme la composición de cualquier comité local, cuando se haya reconocido que la actividad de este último es incompatible con los intereses del partido. En este último caso, el comité, con la composición que tenga, se declara disuelto y los camaradas de su localidad quedan exentos de la obligación de prestarle obediencia".283]... La regla que contiene este artículo es tan altamente útil como el artículo aún existente en las leyes rusas y que dice: se prohíbe a todos y a cada uno el alcoholismo. "...10) [Los comités locales del partido dirigen toda la labor de propaganda, agitación y organización del partido en la localidad y, en la medida que se lo permiten sus fuerzas, cooperan con el Comité Central y el Órgano Central en el cumplimiento de las tareas generales del partido que les incumben."]... ¡Uf! ¿A qué viene esto, por todos los santos?... 11) ["El régimen interior de la organización local, las relaciones recíprocas entre el comité y los grupos a él subordinados" [¿oye usted, oye usted, camarada Axelrod?] "y los límites de competencia y autonomía" [¿pero es que los límites de competencia no son lo mismo que los límites de autonomía?] "de estos grupos los establecerá el mismo comité, poniéndolos en conocimiento del CC y de la Redacción del OC"]... [Hay una laguna: no se dice dónde se archivan estas comunicaciones] "12) [Todos los grupos y miembros individuales del partido sometidos a los comités tienen derecho a exigir que se comunique al CC del partido y a sus Órganos Centrales sus opiniones y deseos sobre 282 283 He de advertir que no he podido encontrar, y lo lamento, la primera variante del proyecto de Mártov, que tenía algo así como 48 artículos y adolecía de una "hipertrofia" aún mayor de formalismo sin objeto. Llamamos la atención del camarada Axelrod sobre esta palabreja. ¡Un verdadero horror! Esto sí que son las raíces mismas de "jacobinismo", que llega hasta... hasta modificar la composición de la Redacción... Un paso adelante, dos atrás cualquier problema.] -13) Cada comité local del partido quedará obligado a descontar de sus ingresos una parte que corresponderá a la caja del CC, según distribución que efectuará el CC. -III. Organizaciones destinadas a la agitación en diversas lenguas [además del ruso]. -14) [Para la agitación en una de las lenguas no rusas, y para organizar a los obreros entre los que se lleve a cabo tal agitación, podrán formarse organizaciones aparte en los puntos donde sea imprescindible especializar esa agitación y establecer semejante organización separada.] -15) Corresponderá al CC del partido, y en los casos dudosos al Congreso del mismo, decidir cuándo existe en estos casos verdadera necesidad"... La primera parte del artículo es superflua, si se tienen en cuenta otras disposiciones de los Estatutos, y la segunda, sobre los casos dudosos, mueve sencillamente a risa... "16) [Las organizaciones locales a que hace referencia el artículo 14, serán autónomas en sus objetivos especiales, pero actuarán bajo el control del comité local y estarán sometidas a este último, siendo el comité local quien establecerá las formas de este control y las normas que, en el trabajo de organización, regularán las relaciones entre el comité y la organización especial"... [pues muy bien, ahora se ve muy claro que no había razón para toda esa montaña de palabras vacías] ... "En cuanto a los asuntos generales del partido, tales organizaciones actuarán como parte de la organización del comité.] -17) [Las organizaciones locales a que hace referencia el artículo 14, podrán formar una unión autónoma para la consecución eficaz de sus objetivos especiales. Semejante unión puede tener sus órganos especiales administrativos y publicaciones, quedando unos y otros sometidos al control inmediato del CC del Partido. Tal unión establecerá ella misma sus Estatutos, pero los someterá a la aprobación del CC del partido.] -18) [De la unión autónoma a que hace referencia el artículo 17 pueden también entrar a formar parte los comités locales del partido, si debido a las condiciones locales se dedican principalmente a la agitación en la lengua correspondiente. -ota. Siendo parte integrante de una unión autónoma, semejante comité no deja, sin embargo, de ser un comité del Partido"]... [todo el artículo es de una utilidad extrema y de una profundísima inteligencia, y la nota aún más]... "19) [Las organizaciones locales que formen parte de una unión autónoma quedarán sometidas al control de los comités locales en sus relaciones con los órganos centrales de la unión.] 20) [Los órganos literarios y administrativos centrales de las uniones autónomas tendrán con el CC del partido las mismas relaciones que los comités locales del partido.] -IV. Comité Central y órganos de prensa del partido. -21) [Representantes del partido en su totalidad serán el Comité Central y los órganos de prensa: el órgano político y el órgano 175 científico.] -22) Incumbe al CC la dirección general de toda la labor práctica del partido; cuidar de que se utilicen y distribuyan debidamente todas sus fuerzas; controlar la actuación de todos los sectores del partido; suministrar publicaciones a las organizaciones locales; organizar el aparato técnico del Partido: convocar los Congresos del partido. -23) Corresponderá a los órganos de prensa del partido la dirección ideológica de la vida del mismo; la propaganda del Programa del partido y la elaboración científica y publicística de la concepción del mundo de la socialdemocracia. -24) Todos los comités locales del partido, así como las uniones autónomas, mantendrán una relación directa tanto con el CC del partido, como con la Redacción de sus órganos, poniendo periódicamente en su conocimiento la marcha del movimiento y del trabajo de organización en el área local. -25) El Congreso del partido designará la Redacción de los órganos de prensa del mismo, que seguirá en funciones hasta el Congreso siguiente. -26) [La Redacción tendrá autonomía en sus asuntos internos] y, en el intervalo entre dos Congresos, podrá completar y modificar su composición, comunicándolo en cada caso al CC. 27) Todos los comunicados que emanen del CC o hayan sido sancionados por él se publicarán, a petición del CC, en el órgano del partido. -28) El CC, de acuerdo con la Redacción de los órganos del partido, formará grupos especiales de literatos para determinados trabajos literarios. -29) El Congreso del partido designará al Comité Central, que seguirá en funciones hasta el Congreso siguiente. El CC podrá completar su composición por cooptación en número ilimitado, poniéndolo cada vez en conocimiento de la Redacción de los órganos centrales del partido. -V. Organización del partido en el extranjero. -30) La organización del partido en el extranjero cuidará de la propaganda entre los rusos residentes en el extranjero y de organizar entre ellos a los elementos socialistas. A su frente figurará una administración designada por elección. -31) Las uniones autónomas que formen parte del Partido podrán tener secciones en el extranjero para cooperar a la consecución de los objetivos especiales de tales uniones. Estas secciones, en calidad de grupos autónomos, quedarán incluidas en la organización general en el extranjero. -VI. Congresos del partido. -32) La instancia superior del partido es su Congreso. -33) [El Congreso del partido establecerá su Programa, sus Estatutos y los principios por los que se regirá su actuación: controlará la labor de todos los órganos del partido y entenderá en los conflictos que puedan surgir entre ellos.] -34) Tendrán representación en el Congreso: a) todos los comités locales del partido; b) los órganos administrativos centrales de todas las uniones autónomas que estén comprendidas en el partido; c) el CC del partido y la Redacción de sus órganos centrales; d) la organización del partido en el 176 extranjero. -35) Se consentirá la transmisión de mandatos, pero a condición de que un delegado no represente más de tres mandatos efectivos. Podrá dividirse un mandato entre dos representantes. No se consentirán mandatos imperativos. -36) El CC quedará facultado para invitar al Congreso, con voz, pero sin voto, a los camaradas cuya presencia pueda ser útil. -37) Para introducir modificaciones en el Programa o en los Estatutos, hará falta una mayoría de dos tercios de los votos presentes; las demás cuestiones se resolverán por simple mayoría, -38) El Congreso se considerará válido siempre que estén representados en él más de la mitad de los comités del partido existentes en el momento de su celebración. -39) El Congreso se reunirá, siempre que las circunstancias lo permitan, una vez cada dos años. [En caso de que, para su convocatoria en este plazo, surjan dificultades ajenas a la voluntad del CC, éste podrá aplazarlo bajo su responsabilidad".] De seguro que el lector que, como caso excepcional, haya tenido paciencia suficiente para leerse hasta el fin estos mal llamados Estatutos no nos exigirá un examen especial de las conclusiones que a continuación formulamos. Primera conclusión: los Estatutos padecen una hidropesía difícilmente curable. Segunda conclusión: no hay manera de descubrir en ellos ningún matiz especial, en punto a organización, por lo que se refiere a una actitud negativa frente a la hipertrofia centralista. Tercera conclusión: el camarada Mártov ha procedido muy razonablemente, ocultando a los ojos del mundo (y al examen del Congreso) más de los 38/39 de sus Estatutos. Lo único que resulta algo original es que con motivo de esta ocultación se hable de visera levantada. h) Discusión sobre el centralismo antes de la escisión entre los iskristas Antes de pasar a una cuestión efectivamente interesante y que, de un modo indudable, pone al descubierto los diversos matices de opinión respecto a la fórmula del artículo primero de los Estatutos, hemos de detenernos aún someramente en la breve discusión general de los Estatutos que ocupó la sesión 14 y parte de la 15 del Congreso. Esta discusión tiene cierta importancia porque precedió al completo desacuerdo en la organización de Iskra en lo tocante a la composición de los organismos centrales. Por el contrario, las discusiones posteriores, sobre los Estatutos en general y sobre la cooptación en particular, tuvieron lugar después de nuestro desacuerdo en la organización de Iskra. Naturalmente, antes del desacuerdo podíamos expresar nuestras opiniones más imparcialmente, en el sentido de que nuestras consideraciones eran más independientes del problema de la composición personal del CC, que a todos preocupaba. El V. I. Lenin camarada Mártov, como he señalado ya, se adhirió (pág. 157) a mi punto de vista en materia de organización, haciendo tan sólo dos reservas por estar disconforme conmigo en particularidades. En cambio, tanto los antiiskristas como el "centro" se alzaron en seguida contra las dos ideas fundamentales de todo el plan de organización de Iskra (y, por consiguiente, de todos los Estatutos): tanto contra el centralismo como contra los "dos organismos centrales". El camarada Líber calificó mis Estatutos de "desconfianza organizada" y vio descentralización en los dos organismos centrales (lo mismo que los camaradas Popov y Egórov). El camarada Akímov expresó el deseo de ampliar la esfera de competencia de los comités locales, en particular de otorgarles a ellos mismos "el derecho de modificar su composición". "Es preciso darles mayor libertad de acción... Los comités locales deben ser elegidos por los militantes activos de la localidad, lo mismo que el CC es elegido por los representantes de todas las organizaciones activas de Rusia. Y si tampoco esto puede permitirse, que se limite entonces el número de miembros que el CC puede designar para trabajar en los comités locales..." (158). Como veis, el camarada Akímov apunta un argumento contra la "hipertrofia del centralismo", pero el camarada Mártov sigue sordo a estas autorizadas indicaciones, mientras la derrota en el problema de la composición de los organismos centrales no le lleva a seguir a Akímov. ¡Sigue sordo incluso cuando el camarada Akímov le apunta la "idea" de sus propios Estatutos (artículo 7: limitación de los derechos del CC a introducir miembros en los comités)! El camarada Mártov no quería todavía entonces ninguna "disonancia" con nosotros y consentía, por ello, la disonancia tanto con el camarada Akímov como consigo mismo... Entonces sólo abogaban contra el "monstruoso centralismo" aquellos a quienes no convenía, evidentemente, el centralismo de Iskra: abogaban contra él Akímov, Líber, Goldblat, y les seguían con cautela y precaución (de modo que siempre pudiera uno volverse atrás) Egórov (véase págs. 156 y 276), etc. Entonces, la inmensa mayoría del partido veía aún con toda claridad que eran precisamente los intereses de capilla, de círculo, del Bund y del grupo "Yuzhni Rabochi", etc., los que provocaban la protesta contra el centralismo. Por lo demás, también ahora ve claramente la mayoría del partido que son precisamente los intereses de círculo de la vieja Redacción de Iskra los que provocan su protesta contra el centralismo... Ved, por ejemplo, el discurso del camarada Goldblat (160-161). Se pronuncia contra mi "monstruoso" centralismo, que, según él, conduce al "aniquilamiento" de las organizaciones inferiores y "está imbuido de la tendencia de otorgar al centro un poder ilimitado, el derecho de intervención ilimitada Un paso adelante, dos atrás en todo", que reserva a las organizaciones "el único derecho de someterse sin un murmullo de protesta a lo que se les ordene desde arriba", etc. "El organismo central que prevé el proyecto se encontrará en un espacio vacío: a su alrededor no habrá periferia alguna, sino una especie de masa amorfa en la que se moverán sus agentes ejecutores". Esto es, palabra por palabra, la misma fraseología falsa con que, después de su derrota en el Congreso, han comenzado a obsequiamos los Mártov y los Axelrod. En el Congreso ha merecido risas el Bund, que, en guerra contra nuestro centralismo, concede a su propio organismo central derechos ilimitados, definidos de un modo todavía más preciso (aunque sea, por no citar otros, la facultad de admitir y excluir miembros e incluso la de rechazar delegados a los congresos). Risas merecerán también, cuando se aclaren las cosas, las lamentaciones de la minoría, que chilla contra el centralismo y contra los Estatutos mientras está en minoría, y se apoya en estos últimos en cuanto ha logrado convertirse en mayoría. También se puso claramente de manifiesto la división en grupos en cuanto a los dos organismos centrales: Líber, Akímov (el primero que ha entonado la cancioncita, ahora de moda, a lo Axelrod-Mártov, sobre el predominio del OC sobre el CC en el Consejo), Popov y Egórov se colocaron frente a todos los iskristas. El plan de los dos organismos centrales se desprendía lógicamente de las ideas que, en materia de organización, había desarrollado siempre la vieja Iskra (¡y que de palabra habían aprobado los camaradas Popov y los camaradas Egórov!). La política de la vieja Iskra era diametralmente opuesta a los planes de "Yuzhni Rabochi", a los planes de crear paralelamente un órgano popular y de convertirlo en órgano en realidad predominante. He aquí el origen de la contradicción que, a primera vista, podría parecer extraña: por un solo organismo central, es decir, por lo que podría parecer un mayor centralismo, están todos los antiiskristas y todo el pantano. Claro que también hubo delegados (sobre todo en el pantano) que apenas si tenían clara comprensión de a dónde conducirían y tenían que conducir, por la fuerza misma de las cosas, los planes de organización del grupo "Yuzhni Rabochi," pero los impelía al bando de los antiiskristas su propia naturaleza vacilante y poco segura de sí misma. Entre los discursos pronunciados por iskristas durante estos debates (que precedieron a la escisión de los iskristas) sobre los Estatutos, son particularmente notables los de los camaradas Mártov (la "adhesión" a mis ideas en materia de organización) y Trotski. Este último contestó a los camaradas Akímov y Líber en tal forma, que cada palabra de su contestación descubre toda la falsedad de la conducta que siguió la "minoría" después del Congreso y de las teorías que adoptó después del 177 Congreso. "Los Estatutos -dice (el camarada Akímov)-, determinan la esfera de competencia del CC de un modo que no es bastante preciso. No puedo estar de acuerdo con él. Por el contrario, la determinación es precisa y significa: por cuanto el partido es un todo, es imprescindible asegurarle el control de la actividad de los comités locales. El camarada Líber ha dicho que los Estatutos, para emplear una expresión mía, son la "desconfianza organizada". Es verdad. Pero yo empleé esta expresión refiriéndome a los Estatutos propuestos por los representantes del Bund, Estatutos que eran la "desconfianza organizada" de un sector del partido frente a todo el partido. En cambio, nuestros Estatutos" (¡entonces esos Estatutos eran "nuestros", hasta que se produjo la derrota en lo tocante a la composición de los organismos centrales!) "representan la desconfianza organizada del partido frente a todos sus sectores, es decir, el control de todas las organizaciones locales, regionales, nacionales, etc." (158). Sí, nuestros Estatutos quedan exactamente caracterizados en este pasaje, y nosotros aconsejaríamos recordar con más frecuencia esta característica a las personas que ahora, con la conciencia tranquila, afirman que es la malhadada mayoría quien ha discurrido la idea y establecido el sistema de la "desconfianza organizada" o, lo que es lo mismo, "del estado de sitio". Bastará comparar el discurso citado con los discursos pronunciados en el Congreso de la Liga en el extranjero para obtener un modelo de falta de carácter en política, un ejemplo de cómo cambian las opiniones de Mártov y compañía, según se trate de organismo inferior propio o ajeno. i) Articulo primero de los estatutos Hemos citado ya las diversas fórmulas que suscitaron en el Congreso interesantes debates. Estos debates se llevaron casi dos sesiones y terminaron con dos votaciones nominales (en todo el Congreso no hubo, si no me equivoco, más que ocho votaciones nominales, tan sólo en casos de especial importancia, por la enorme pérdida de tiempo que suponen tales votaciones). Se había planteado una cuestión que, indudablemente, tiene un carácter de principio. El interés del Congreso por los debates era inmenso. En la votación tomaron parte todos los delegados, fenómeno raro en nuestro Congreso (como en todo gran congreso) y prueba, al mismo tiempo, del interés de los que discutían. ¿En qué consistía, pues, la esencia de la cuestión en litigio? Ya dije en el Congreso, y lo he repetido después más de una vez, que "no considero en absoluto nuestra discrepancia (respecto al artículo primero) tan esencial que de ella dependa la vida o la muerte del partido. ¡No pereceremos, ni mucho menos, por un mal artículo en los Estatutos!" V. I. Lenin 178 (250)284. Esta discrepancia, por sí misma, aunque pone de manifiesto matices de carácter de principio, no pudo producir en modo alguno la divergencia (y en realidad, para hablar sin convencionalismos, la escisión) que se ha producido después del Congreso. Pero toda pequeña discrepancia puede hacerse grande si se insiste en ella, si se la saca a primer plano, si nos ponemos a buscar todas las raíces y todas las ramificaciones de la misma. Toda pequeña discrepancia puede adquirir enorme importancia si sirve de punto de partida para un viraje hacia ciertos conceptos equivocados, y si a estos conceptos equivocados vienen a unirse, a consecuencia de nuevas divergencias complementarias, actos anárquicos que llevan al partido a la escisión. Esta era precisamente la situación en el caso que examinamos. Una discrepancia relativamente poco importante sobre el artículo primero ha adquirido ahora enorme importancia, porque es precisamente lo que ha servido de punto de viraje hacia las elucubraciones oportunistas y hacia la fraseología anarquista de la minoría (especialmente en el Congreso de la Liga, y después también en las columnas de la nueva Iskra). Esta discrepancia ha sido precisamente el comienzo de la coalición de la minoría iskrista con los antiiskristas y con el pantano que adquirió definitivamente formas bien acabadas en el momento de las elecciones. Sin comprender esta coalición no es posible comprender tampoco la divergencia principal, básica, en el problema de la composición de los organismos centrales. El pequeño error de Mártov y Axelrod acerca del artículo primero era una pequeña grieta en nuestra nave (según dije en el Congreso de la Liga). Podíamos haberla atado bien fuerte, con un nudo doble (y no con un nudo corredizo, como creyó oír Mártov, que durante el Congreso de la Liga se encontraba en un estado próximo a la histeria). Podían hacerse todos los esfuerzos para agrandar la grieta, para romper la nave. Y esto fue precisamente lo que sucedió por el boicot, y demás medidas anárquicas de tipo parecido, de los entusiastas partidarios de Mártov. La discrepancia acerca del artículo primero desempeñó un papel considerable en el problema de la elección de los organismos centrales, y la derrota de Mártov en este punto lo llevó a la "lucha en el terreno de principios" por medios toscamente mecánicos y hasta escandalosos (discursos en el Congreso de la Liga de la socialdemocracia revolucionaria rusa en el extranjero). Ahora, después de todas esas peripecias, el problema del artículo primero ha adquirido, de este modo, enorme importancia, y debemos darnos cuenta exacta tanto del carácter de los agrupamientos que se establecieron en el Congreso al votarse este artículo 284 Véase V. I. Lenin, Obras, 5a ed. en ruso, t. 7, pág. 287. (N. de la Edit.) como -lo que es incomparablemente más importantedel carácter efectivo de los matices de opinión que se señalaron, o comenzaron a señalarse, en relación con el artículo primero. Ahora, después de los acontecimientos mencionados, la cuestión está ya planteada en la forma siguiente: ¿Se ha reflejado en la fórmula de Mártov, defendida por Axelrod, su (de él o de ellos) inestabilidad, su falta de firmeza y su vaguedad política, como dije en el Congreso del Partido (333), su (de él o de ellos) desviación hacia el jauresismo y el anarquismo, según suponía Plejánov en el Congreso de la Liga (102 y otras de las actas de la Liga)? ¿O es que mi fórmula, defendida por Plejánov, reflejaba una concepción del centralismo equivocada, burocrática, formalista, al estilo Pompadour285 no social-demócrata? ¿Oportunismo y anarquismo o burocracia y formalismo?: en estos términos está planteada la cuestión ahora, cuando se ha agrandado la pequeña divergencia. Y nosotros debemos tener en cuenta precisamente esta forma de plantear el problema, que los acontecimientos nos han impuesto a todos -yo diría históricamente determinada, si no temiese expresiones demasiado rimbombantes-, al examinar el fondo de los argumentos en pro y en contra de mi fórmula. Comencemos el examen de estos argumentos por un análisis de las discusiones que se desarrollaron en el Congreso. El primer discurso, del camarada Egórov, no presenta más interés que por su actitud (non liquet, no está todavía claro para mí, no sé aún dónde está la verdad), muy característica para muchos delegados a quienes no les fue fácil orientarse en un problema efectivamente nuevo, bastante complejo y minucioso. El discurso siguiente, el del camarada Axelrod, plantea ya en seguida la cuestión en el terreno de los principios. Es el primer discurso de esta índole, mejor dicho, es, en general, el primer discurso del camarada Axelrod en el Congreso, y cuesta trabajo considerar como muy feliz su debut con el célebre "profesor". "Yo creo dijo el camarada Axelrod- que debemos delimitar los conceptos: partido y organización. En cambio, aquí estos dos conceptos están confundidos. Esta confusión es peligrosa". Tal es el primer argumento contra mi fórmula. Pero examinadlo más de cerca. Cuando digo que el partido debe ser una suma (y no una simple suma aritmética, sino un complejo) de organizaciones286, ¿quiere esto decir que yo 285 Pompadour: imagen genérica, de carácter satírico, que aparece en la obra de M. Saltykov-Schedrín Los Pompadour y las Pompadour, en la que el famoso escritor satírico ruso flageló a la alta administración zarista, a los ministros y a los gobernadores. La acertada denominación de Saltykov-Schedrín adquirió carta de naturaleza en la lengua rusa como sinónimo de arbitrariedad y despotismo administrativos. 286 La palabra "organización" suele utilizarse en dos sentidos: amplio y estricto. En sentido estricto, designa Un paso adelante, dos atrás "confunda" dos conceptos: partido y organización? Claro que no. Al hacerlo, expreso de un modo perfectamente claro y preciso mi deseo, mi exigencia de que el partido, como destacamento de vanguardia de la clase, reúna el máximum de organización posible y sólo acoja en su seno a aquellos elementos que admitan, por lo menos, un grado mínimo de organización. Por el contrario, mi contrincante confunde en el partido elementos organizados y no organizados, a los que se dejan dirigir con los que no se dejan, a los avanzados con los incorregiblemente atrasados, pues los que son corregiblemente atrasados pueden entrar en la organización. Esta confusión es la efectivamente peligrosa. El camarada Axelrod alude luego a "las organizaciones del pasado rigurosamente conspirativas y centralistas" ("Tierra y Libertad" y "La Voluntad del Pueblo"); alrededor de estas organizaciones, según dice, "se agruparon toda una serie de personas que no formaban parte de la organización, pero que le ayudaban en una u otra forma y eran considerados miembros del partido... Este principio debe aplicarse en forma aún más rigurosa en la organización socialdemócrata". Y aquí hemos llegado precisamente a un quid de la cuestión: "este principio", que autoriza llamarse miembros del partido a personas que no figuran en ninguna de sus organizaciones, sino que se limitan a "ayudarle de uno u otro modo", ¿es, efectivamente, un principio socialdemócrata? Plejánov ha dado a esta pregunta la única respuesta posible: "Axelrod no tenía razón cuando aludía a la década del 70. Entonces existía un centro bien organizado, con una disciplina perfecta; alrededor de él existían organizaciones de diverso grado que él había creado, y lo que estaba fuera de esas organizaciones era caos y anarquía. Los elementos integrantes de este caos se daban el título de miembros del partido, pero la causa no salía ganando con ello, sino perdiendo. No debemos imitar una célula de una colectividad humana, en cuanto ha adquirido aunque sea la más mínima forma. En sentido amplio, significa una suma de dichas células, reunidas en un todo. Por ejemplo: la marina, el ejército, el Estado, constituyen simultáneamente una suma de organizaciones (en el sentido estricto de la palabra) y una variedad de organización social (en el sentido amplio de la palabra). El Departamento de Instrucción Pública en una organización (en el sentido amplio de la palabra) y consta de una serie de organizaciones (en el sentido estricto de la palabra). Del mismo modo, un partido es asimismo una organización, debe ser una organización (en el sentido amplio de la palabra); pero, al mismo tiempo, un partido debe constar de una serie de organizaciones diversas (en el sentido estricto de la palabra). De aquí que el camarada Axelrod, al hablar de la delimitación entre los conceptos de partido y organización, no ha tenido en cuenta, en primer lugar, esta diferencia entre el sentido lato y estricto de la palabra organización y, en segundo lugar, no se ha fijado en que ha mezclado, él mismo, en un solo montón a elementos organizados y no organizados. 179 la anarquía de la década del 70, sino evitarla". Por tanto, "este principio", que el camarada Axelrod quería hacer pasar por socialdemócrata, es en realidad un principio anárquico. Para refutar esto es preciso demostrar la posibilidad del control, de la dirección y de la disciplina al margen de la organización, hay que demostrar la necesidad de que a los "elementos del caos" se les adjudique el título de miembros del partido. Los defensores de la fórmula del camarada Mártov no han demostrado y no podían demostrar ni una ni otra cosa. Para poner un ejemplo, el camarada Axelrod ha hablado del "profesor que se considera socialdemócrata y lo declara". Para llevar a su término la idea que contiene este ejemplo, el camarada Axelrod debiera haber dicho luego si los mismos socialdemócratas organizados reconocen como socialdemócrata a este profesor. No habiendo formulado esta segunda pregunta, el camarada Axelrod ha dejado su argumentación a medias. En efecto, una de dos: o bien los socialdemócratas organizados consideran al profesor de que tratamos como socialdemócrata, y entonces, ¿por qué no incluirlo en esta o la otra organización socialdemócrata? Sólo después de semejante incorporación estarán "las declaraciones" del profesor en armonía con sus actos y no serán frases hueras (que es en lo que quedan con demasiada frecuencia las declaraciones de profesores). O bien los socialdemócratas organizados no consideran socialdemócrata al profesor, y en este caso carece de sentido y es absurdo y perjudicial concederle el derecho a ostentar el título de miembro del partido, que entraña consideración y responsabilidad. Por tanto, la cosa queda reducida precisamente a aplicar de un modo consecuente el principio de organización o a consagrar la dispersión y la anarquía. ¿Estamos constituyendo el partido, tomando por base el núcleo de socialdemócratas que ya ha sido creado y ha adquirido cohesión, el núcleo que ha organizado, supongamos, el Congreso del partido y que debe extender y multiplicar toda clase de organizaciones del partido, o nos contentamos con la frase tranquilizadora de que todos los que ayudan son miembros del partido? "Si aceptamos la fórmula de Lenin -continuó el camarada Axelrod- echaremos por la borda una parte de los que, aun cuando no puedan ser admitidos directamente en la organización, son, sin embargo, miembros del partido". La confusión de conceptos de que Axelrod quiso acusarme a mí se destaca aquí en sus propias palabras con toda claridad: considera ya como un hecho que todos los que ayudan son miembros del partido, cuando esto es precisamente lo que se discute y los oponentes tienen que demostrar aún la necesidad y ventaja de semejante interpretación. ¿Cuál es el contenido de esta frase, a primera vista terrible, de echar por la borda? Si únicamente se consideran como miembros del partido los miembros 180 de organizaciones reconocidas, como organizaciones del partido, entonces personas que no pueden ingresar "directamente" en ninguna organización del partido, podrán, sin embargo, trabajar en una organización que no sea del partido, pero que esté en contacto con él. Por consiguiente, no se puede ni hablar de arrojar por la borda en el sentido de apartar del trabajo, de la participación en el movimiento. Por el contrario, cuanto más fuertes sean nuestras organizaciones del partido, integradas por socialdemócratas efectivos, cuanto menos vacilación e inestabilidad haya dentro del partido, tanto más amplia y polifacética, tanto más rica y fructuosa será la influencia del partido sobre los elementos de las masas obreras que le rodean y que él dirige. Porque no se puede, en verdad, confundir al partido como destacamento de vanguardia de la clase obrera con toda la clase. Y ésta es precisamente la confusión (propia de nuestro "economismo" oportunista, en general) en que cae el camarada Axelrod cuando dice: "Claro es que antes que nada constituimos una organización de los elementos más activos del partido, una organización de revolucionarios; pero, puesto que somos un partido de clase, debemos pensar en hacer las cosas de modo que no queden fuera de él personas que, de un modo consciente, aunque quizá no con plena actividad, tienen ligazón con dicho partido". En primer lugar, entre los elementos activos del Partido Obrero Socialdemócrata en modo alguno figurarán tan sólo las organizaciones de revolucionarios, sino toda una serie de organizaciones obreras reconocidas como organizaciones del partido. En segundo lugar, ¿por qué motivo y en virtud de qué lógica podía deducirse, del hecho de que somos un partido de clase, la consecuencia de que no es preciso establecer una distinción entre los que integran el partido y los que tienen ligazón con él? Muy al contrario: precisamente porque existen diferencias en el grado de conciencia y en el grado de actividad es necesario establecer una diferencia en el grado de proximidad al partido. Nosotros somos un partido de clase, y, por ello, casi toda la clase (y en tiempo de guerra, en época de guerra civil, la clase entera) debe actuar bajo la dirección de nuestro partido, debe tener con nuestro Partido la ligazón más estrecha posible; pero sería manílovismo287 y "seguidismo" creer que casi toda la clase o la clase entera pueda algún día, bajo el capitalismo, elevarse hasta el punto de alcanzar el grado de conciencia y de actividad de su destacamento de vanguardia, de su partido 287 Manilovismo: conjunto de rasgos del carácter inherentes a uno de los personajes (Manílov) de la novela Almas muertas, de N. Gógol. En la imagen del terrateniente sentimental y plácido Manílov, el escritor encarna los rasgos típicos del soñador sin carácter, al hombre de fantasía huera y del vago y parlanchín sin límite. V. I. Lenin socialdemócrata. Ningún socialdemócrata juicioso ha puesto nunca en duda, que en el capitalismo, ni aun la organización sindical (más rudimentaria, más asequible al grado de conciencia de las capas menos desarrolladas) esté en condiciones de englobar a toda o casi toda la clase obrera. Olvidar la diferencia que existe entre el destacamento de vanguardia y toda la masa que gravita hacia él, olvidar el deber constante que tiene el destacamento de vanguardia de elevar a capas cada vez más amplias a su avanzado nivel sería únicamente engañarse a sí mismo, cerrar los ojos ante la inmensidad de nuestras tareas, restringir nuestras tareas. Y precisamente así se cierran los ojos y tal es el olvido que se comete cuando se borra la diferencia que existe entre los que tienen ligazón y los que ingresan, entre los conscientes y los activos, por una parte, y los que ayudan, por otra. Remitirse a que somos un partido de clase para justificar la dispersión orgánica, para justificar la confusión entre organización y desorganización, significa repetir el error de Nadiezhdin, que confundía "la cuestión filosófica e histórico-social de las "profundas raíces" del movimiento con una cuestión técnica de organización" (¿Qué hacer?, pág. 91). Y precisamente esta confusión, que con tanta suerte inició el camarada Axelrod, la repitieron después decenas de veces los oradores que defendieron la fórmula del camarada Mártov. "Cuanto más se extienda el título de miembro del partido, tanto mejor", dice Mártov, sin explicar, no obstante, qué ventaja resulta de la amplia difusión de un titulo que no corresponde a su contenido. ¿Puede negarse que es una ficción el control de los miembros del partido que no forman parte de su organización? La amplia difusión de una ficción es nociva, y no útil. "Sólo podemos alegrarnos de que todo huelguista, todo manifestante, respondiendo de sus actos, pueda declararse miembro del partido" (pág. 239). ¿De verdad? ¿Cualquier huelguista debe tener derecho a declararse miembro del partido? Con esta tesis, el camarada Mártov lleva en el acto su error al absurdo, rebajando el socialdemocratismo al huelguismo, repitiendo las malandanzas de los Akímov. Sólo podemos alegrarnos de que la socialdemocracia consiga dirigir cada huelga, porque la obligación directa y absoluta de la socialdemocracia estriba en dirigir todas las manifestaciones de la lucha de clase del proletariado, y la huelga es una de las manifestaciones más profundas y potentes de esta lucha. Pero seremos seguidistas si consentimos que esta forma elemental de lucha, ipso facto nada más que forma tradeunionista, se identifique con la lucha socialdemócrata, multilateral y consciente. De un modo oportunista, consagraremos una cosa manifiestamente falsa si concedemos a todo huelguista el derecho a "declararse miembro del partido", pues semejante "declaración", en una Un paso adelante, dos atrás inmensidad de casos, será una declaración falsa. Nos adormeceremos con ensueños manilovianos si se nos ocurre asegurarnos a nosotros mismos y a los demás que todo huelguista puede ser socialdemócrata y miembro del Partido Socialdemócrata, dada la infinita fragmentación, opresión y embrutecimiento que, en el capitalismo, pesará inevitablemente sobre sectores muy amplios de obreros "no especializados", no calificados. Precisamente el ejemplo del "huelguista" muestra con singular claridad la diferencia entre la aspiración revolucionaria a dirigir de un modo socialdemócrata cada huelga y la frase oportunista que declara miembro del partido a todo huelguista. Nosotros somos un partido de la clase por cuanto dirigimos, en efecto, de un modo socialdemócrata, a casi toda e incluso a toda la clase del proletariado; pero sólo los Akímov pueden deducir de esto que tengamos que identificar de palabra el partido y la clase. "No me da miedo una organización de conjuradores" -decía el camarada Mártov en el mismo discurso-, pero –añadía- para mí una organización de conjuradores sólo tiene sentido en tanto en cuanto la rodea un amplio partido obrero socialdemócrata" (pág. 239). Para ser exacto debiera decir; en tanto en cuanto la rodea un amplio movimiento obrero socialdemócrata. Y en esta forma, la tesis del camarada Mártov no sólo es indiscutible, sino que es una evidente perogrullada. Me detengo en este punto únicamente porque de la perogrullada del camarada Mártov, los oradores siguientes dedujeron el argumento muy corriente y muy vulgar de que Lenin quería "reducir todo el conjunto de miembros del partido a un conjunto de conspiradores". Tanto el camarada Posadovski como el camarada Popov esgrimieron este argumento, que sólo puede provocar una sonrisa, y cuando Martínov y Akímov lo hicieron suyo, su verdadero carácter, es decir, el carácter de frase oportunista quedó ya esbozado con toda claridad. En el presente, el camarada Axelrod desarrolla este mismo argumento en la nueva Iskra para poner en conocimiento de los lectores los nuevos puntos de vista de la nueva Redacción en materia de organización. Ya en el Congreso, en la primera sesión en que se trató del artículo primero observé que los oponentes querían aprovecharse de arma tan barata y por esto hice en mi discurso la advertencia siguiente (pág. 240); "No debe pensarse que las organizaciones del partido habrán de constar sólo de revolucionarios profesionales. Necesitamos las organizaciones más variadas, de todos los tipos, categorías y matices, comenzando por organizaciones extraordinariamente reducidas y conspirativas y concluyendo por organizaciones muy amplias, libres, lose Organisationen". Se trata de una verdad hasta tal punto evidente y lógica que consideré superfluo pararme en ella. Pero, en los momentos actuales, 181 como nos han arrastrado hacia atrás en muy mucho, también en este punto hay que "repetir lo ya mascado". Y para hacerlo, citaré unos pasajes de ¿Qué hacer? y de la Carta a un camarada: ..."A un círculo de corifeos como Alexéiev y Myshkin, Jalturin y Zheliábov le son accesibles las tareas políticas en el sentido más real, más práctico de la palabra, y le son accesibles precisamente por cuanto sus ardientes prédicas encuentran eco en la masa, que se despierta espontáneamente; por cuanto su hirviente energía es secundada y apoyada por la energía de la clase revolucionaria”. Para ser un partido socialdemócrata hay que conquistar el apoyo de la clase propiamente. No es el partido el que debe rodear a la organización de conjuradores, como pensaba el camarada Mártov, sino que la clase revolucionaria, el proletariado, debe rodear al partido, el cual ha de abarcar tanto las organizaciones de conjuradores, como las que no lo sean. ..."Las organizaciones obreras para la lucha económica deben ser organizaciones sindicales. Todo obrero socialdemócrata debe, dentro de lo posible, apoyar a estas organizaciones y trabajar activamente en ellas... Pero es en absoluto contrario a nuestros intereses exigir que sólo los socialdemócratas puedan ser miembros de las uniones "gremiales" ya que esto reduciría el alcance de nuestra influencia sobre la masa. Que participe en la unión gremial todo obrero que comprenda la necesidad de la unión para la lucha contra los patronos y contra el gobierno. El fin mismo de las uniones gremiales sería inasequible si no agrupasen a todos los obreros capaces de comprender aunque no fuese más que esta noción elemental, si estas uniones gremiales no fuesen unas organizaciones muy amplias. Y cuanto más amplias sean estas organizaciones, tanto más amplia será nuestra influencia en ellas, influencia ejercida no solamente por el desarrollo "espontáneo" de la lucha económica, sino también por la acción directa y consciente de los miembros socialistas de los sindicatos sobre sus camaradas" (pág. 86). Diremos de paso que el ejemplo de los sindicatos es particularmente característico para dilucidar el problema en discusión respecto al artículo primero. No puede haber entre socialdemócratas dos opiniones acerca de que estos sindicatos deban trabajar "bajo el control y la dirección" de organizaciones socialdemócratas. Pero el partir de esta base para dar a todos los miembros de dichos sindicatos el derecho a "declararse" miembros del Partido Socialdemócrata sería un absurdo evidente y representaría la amenaza de un doble daño: de una parte, reducir las proporciones del movimiento sindical y debilitar la solidaridad obrera en este terreno: de otra, abrir las puertas del Partido Socialdemócrata a lo confuso y vacilante. La socialdemocracia alemana se vio en el caso de resolver un problema semejante, planteado en forma concreta, cuando surgió el célebre incidente V. I. Lenin 182 de los albañiles de Hamburgo que trabajaban a destajo288. Ni un momento vaciló la socialdemocracia en reconocer que la conducta de los esquiroles era indigna desde el punto de vista de un socialdemócrata, es decir, en reconocer la dirección de las huelgas y el apoyo de las mismas cosa suya propia, pero, al mismo tiempo, y con la misma decisión, rechazó la exigencia de identificar los intereses del partido con los intereses de los sindicatos, de hacer al partido responsable de los diversos pasos de los distintos sindicatos. El partido debe y procurará imbuir de su espíritu, someter a su influencia a los sindicatos; pero, precisamente en aras de esa influencia, debe distinguir en estos sindicatos a los elementos plenamente socialdemócratas (integrantes del Partido Socialdemócrata) de los que no tienen plena conciencia ni plena actividad política, y no confundir a unos y a otros, como quiere el camarada Axelrod. ..."La centralización de las funciones más clandestinas por la organización de los revolucionarios no debilitará, sino que reforzará la amplitud y el contenido de la actividad de una gran cantidad de otras organizaciones destinadas al gran público y, por consiguiente, lo menos reglamentadas y lo menos clandestinas posibles: sindicatos obreros, círculos obreros de autodidactas y de lectura de publicaciones ilegales, círculos socialistas, círculos democráticos para todos los demás sectores de la población, etc., etc. Tales círculos, sindicatos y organizaciones son necesarios por todas partes; es preciso que sean lo más numerosos, y sus funciones, lo más variadas posible, pero es absurdo y perjudicial confundir estas organizaciones con la de los revolucionarios, borrar entre ellas las fronteras..." (pág. 96). Este pasaje muestra cuán a destiempo me recordó el camarada Mártov que la organización de revolucionarios debía quedar rodeada de amplias organizaciones obreras. Ya lo indiqué en ¿Qué hacer?, y en la Carta a un camarada desarrollé esta idea de un modo más concreto. Los círculos de la fábricas -decía yo en dicha carta- "tienen especial importancia para nosotros: en efecto, toda la fuerza principal del movimiento reside en el grado en que estén organizados los obreros de las grandes fábricas, 288 Se alude al incidente que tuvo lugar en 1900 en Hamburgo con motivo de la conducta de un grupo de 122 albañiles que formaron la "Unión libre de albañiles" y trabajaron a destajo durante una huelga, a pesar de haberlo prohibido la agrupación central. La sección de Hamburgo de la Unión de albañiles planteó el problema de la conducta de los esquiroles socialdemócratas a las organizaciones locales del partido; estas últimas apelaron al CC de la socialdemocracia alemana. El tribunal de arbitraje del partido, nombrado por el CC de la socialdemocracia alemana, condenó la conducta de los socialdemócratas miembros de la "Unión libre de albañiles", pero rechazó la propuesta de expulsarlos del partido. pues las grandes fábricas contienen la parte de la clase obrera predominante no sólo por su número, sino aún más por su influencia, su desarrollo y su capacidad de lucha. Cada fábrica debe ser una fortaleza nuestra... El subcomité de fábrica debe procurar abarcar toda la empresa, el mayor número posible de obreros en una red de toda clase de círculos (o agentes)... Todos los grupos, círculos, subcomités, etc., deben considerarse organismos dependientes del comité o secciones filiales del mismo. Algunos de ellos declararán francamente su deseo de ingresar en el Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia y, a condición de que sean aprobados por el Comité, entrarán a formar parte del partido, asumirán determinadas funciones (por encargo del Comité o de acuerdo con él), se comprometerán a someterse a las disposiciones de los organismos del partido, obtendrán los derechos de todos los miembros del partido, se considerarán los candidatos más próximos a miembros del Comité, etc. Otros no entrarán a formar parte del POSDR, permaneciendo en la situación de círculos, organizados por miembros del partido o personas ligadas a este o el otro grupo del partido, etc." (págs. 17-18)289. Las palabras que he subrayado indican con particular claridad que la idea de la redacción que yo di al artículo primero estaba totalmente expresada ya en la Carta a un camarada. Allí están claramente indicadas las condiciones de admisión en el partido, a saber: 1) cierto grado de organización y 2) confirmación por un comité del partido. Una página más abajo indico también aproximadamente qué grupos y organizaciones y por qué consideraciones deben (o no deben) ser admitidos en el partido: "Un grupo de distribuidores debe pertenecer al POSDR y conocer a determinado número de sus miembros y de sus funcionarios. Un grupo que estudie las condiciones profesionales del trabajo y elabore proyectos de reivindicaciones profesionales no tiene que pertenecer obligatoriamente al POSDR. Un grupo de estudiantes, de oficiales del ejército o de empleados que trabajen en su autoeducación con la ayuda de uno o dos miembros del partido, no tienen siquiera por qué saber a veces que éstos pertenecen al Partido, etc." (págs. 18-19)290. ¡Ahí tenéis nuevos materiales para la cuestión de la "visera levantada"! Mientras que la fórmula del proyecto del camarada Mártov no toca en absoluto las relaciones entre el partido y las organizaciones, yo, casi un año antes del Congreso, indicaba ya que ciertas organizaciones debían entrar en el partido y otras no. En la Carta a un camarada se destaca ya claramente la idea que he defendido en el Congreso. La cosa podría representarse en forma gráfica del 289 Véase V. I. Lenin Obras, 5a ed. en ruso, t. 7, págs. 15, 18-19. (N. de la Edit.) 290 Véase V. I. Lenin Obras, 5a ed. en ruso, t. 7, pág. 19. (N. de la Edit.) 183 Un paso adelante, dos atrás modo siguiente. Por el grado de organización en general, y por el grado de clandestinidad de la organización en particular, pueden distinguirse, aproximadamente, las categorías siguientes: 1) organizaciones de revolucionarios; 2) organizaciones obreras, lo más amplias y diversas posible (me limito a la clase obrera, suponiendo, como cosa que se entiende por sí misma, que ciertos elementos de las demás clases entrarán también en estas organizaciones, en determinadas condiciones). Estas dos categorías constituyen el partido. Luego: 3) organizaciones obreras ligadas al partido; 4) organizaciones obreras no ligadas al partido, pero subordinadas de hecho a su control y dirección; 5) elementos inorganizados de la clase obrera, que en parte también se subordinan, al menos en los casos de grandes manifestaciones de la lucha de clases, a la dirección de la socialdemocracia. Así es, aproximadamente, cómo se presentan las cosas desde mi punto de vista. Desde el punto de vista del camarada Mártov, por el contrario, las fronteras del partido quedan absolutamente indeterminadas, porque "cualquier huelguista" puede "declararse miembro del partido". ¿Cuál es el provecho de semejante vaguedad? La gran difusión del "título". Lo que tiene de nocivo consiste en que origina la idea desorganizadora de la confusión de la clase con el partido. Para ilustrar los principios generales que hemos expuesto, echaremos aún una breve ojeada a los debates de que más tarde fue objeto en el Congreso el artículo primero. La camarada Brúker (para satisfacción del camarada Mártov) se declaró en favor de mi fórmula, pero su alianza conmigo, a diferencia de la alianza del camarada Akímov con Mártov, resultó estar fundada en un malentendido. La camarada Brúker "no está de acuerdo con el conjunto de los Estatutos ni con todo su espíritu" (pág. 239), y propugna mi fórmula como base de la democracia deseable para los partidarios de Rabócheie Dielo. La camarada Brúker no se ha elevado aún al punto de vista de que, en la lucha política, hay que elegir a veces el mal menor; la camarada Brúker no se ha fijado en que era inútil defender la democracia en un congreso como el nuestro. El camarada Akímov resultó ser más perspicaz. Planteó la cuestión de un modo absolutamente exacto, reconociendo que "los camaradas Mártov y Lenin discuten sobre la fórmula que mejor alcanza su fin común" (pág. 252). "Brúker y yo -continúa- queremos elegir la que menos alcanza el fin. Yo, en este sentido, elijo la fórmula de Mártov". El camarada Akimov explicó con franqueza que "el propio fin de ellos" (de Plejánov, de Mártov y el mío, es decir, la creación de una organización dirigente de revolucionarios) lo considera "irrealizable y perjudicial"; lo mismo que el camarada Martínov291, propugna la idea de los "economistas" de que no es precisa "la organización de revolucionarios". El "tiene profunda fe en que la vida acabará por imponerse en nuestra organización de partido, independientemente de que le cerréis el camino con la fórmula de Mártov o con la fórmula de Lenin". No valdría la pena de detenerse en esta concepción "seguidista" de la "vida" si no tropezáramos con ella también en los discursos del camarada Mártov. Su segunda intervención (pág. 245) es, en general, tan interesante que merece ser examinada en detalle. Primer argumento del camarada Mártov: el control de las organizaciones del partido sobre los miembros del mismo que no figuren en una de sus organizaciones "es posible por cuanto un comité, al encargar a cualquier persona una función determinada, puede controlar su cumplimiento" (pág. 245). Tesis en extremo característica, pues "delata", si es que podemos permitirnos esta expresión, a quién le hace falta y a quién servirá, en realidad, la fórmula de Mártov: a intelectuales aislados o a grupos de obreros y a las masas obreras. Porque la fórmula de Mártov puede ser interpretada de dos maneras: 1) todo aquel que preste al partido de un modo regular su colaboración personal, bajo la dirección de una de sus organizaciones, tiene derecho a "declararse" (palabra del mismo camarada Mártov) miembro del partido; 2) toda organización del partido tiene derecho a reconocer como miembro del mismo a toda persona que le preste de un modo regular su colaboración personal, bajo su dirección. Sólo la primera interpretación permite, en efecto, que "todo huelguista" se llame miembro del partido, y sólo esta interpretación, por eso mismo, conquistó en seguida el corazón de los Líber, Akímov y Martínov. Pero esta interpretación es ya, evidentemente, una frase, porque entonces quedaría incluida en ella toda la clase obrera y se borraría la diferencia entre partido y clase; tan sólo "simbólicamente" puede hablarse de control y dirección de la actividad de "todo huelguista". Esta es la razón de que, en su segundo discurso, el camarada Mártov se haya desviado hasta 291 El camarada Martinov, por lo demás, quiere distinguirse del camarada Akimov, quiere demostrar que conspirativo no significa clandestino, que la diferencia existente entre estas dos palabras envuelve una diferencia de conceptos. Pero ni el camarada Martínov ni el camarada Axelrod, que ahora sigue sus huellas, han explicado al fin en qué consiste esa diferencia. El camarada Martínov "hace como si" yo, por ejemplo, en ¿Qué hacer? (lo mismo que en Las tareas) (véase V. I. Lenin. Obras, 5a ed. en ruso, t. 2, págs. 433-470. - N. de la Edit.) no me hubiera declarado terminantemente en contra de "reducir la lucha política a una conspiración". El camarada Martinov quiere forzar a sus oyentes a olvidar que aquellos contra quienes yo luchaba no veían la necesidad de una organización de revolucionarios, como no la ve tampoco ahora el camarada Akímov. 184 caer en la segunda interpretación (aunque, dicho sea entre paréntesis, ha sido francamente rechazada por el Congreso, que no aprobó la resolución de Kóstich292, pág. 255): el comité encomendará las funciones y controlará su cumplimiento. Naturalmente, nunca existirán semejantes encargos especiales en relación con la masa de los obreros, de los millares de proletarios (de quienes hablan los camaradas Axelrod y Martínov); pero sí se darán muchas veces precisamente a los profesores que recordaba el camarada Axelrod, a los liceístas de quienes se preocupaban los camaradas Líber y Popov (pág. 241), a la juventud revolucionaria a que se refería el camarada Axelrod en su segundo discurso (pág. 242). En una palabra, o la fórmula del camarada Mártov quedará reducida a letra muerta, a frase vacía, o servirá principalmente y de un modo casi exclusivo "a intelectuales imbuidos de individualismo burgués" y que no deseen ingresar en una organización. De palabra, la fórmula de Mártov parece defender los intereses de las extensas capas del proletariado; pero, de hecho, esta fórmula servirá a los intereses de la intelectualidad burguesa, que rehúye la disciplina y la organización proletarias. Nadie se atreverá a negar que la intelectualidad, como una capa especial dentro de las sociedades capitalistas contemporáneas, se caracteriza, en conjunto, precisamente por su individualismo y su incapacidad de someterse a la disciplina y a la organización (véanse, aunque sólo sea, los conocidos artículos de Kautsky sobre los intelectuales); en esto consiste, por cierto, la diferencia que separa del proletariado, con desventaja, a ese sector social; en esto reside una de las razones que explican la flojedad y vacilación de los intelectuales, que tantas veces ha sentido el proletariado. Y esta propiedad de los intelectuales está inseparablemente ligada a sus condiciones habituales de vida, a sus condiciones de salario, que en muchísimos puntos se acercan a las condiciones de existencia pequeñoburguesa (trabajo individual o en colectividades muy pequeñas, etc.). ¡Por último, no es tampoco un fenómeno casual el que precisamente los defensores de la fórmula del camarada Mártov hubieran de poner ejemplos de profesores y liceístas! No fueron paladines de una amplia lucha proletaria los que, en la discusión acerca del artículo primero, intervinieron contra los paladines de una organización radical clandestina, como pensaban los camaradas Martínov y Axelrod, sino que los partidarios del individualismo intelectual 292 En la resolución de S. Zborovski (Kóstich), rechazada por el Congreso, se proponía la siguiente formulación del § 1 de los Estatutos del Partido: "Toda persona que acepte el programa del partido y preste ayuda económica y su colaboración personal regular al partido, bajo la dirección de una de las organizaciones del mismo, se considerará miembro del partido". (El II Congreso del POSDR, Actas, Moscú, 1959, pág. 281). V. I. Lenin burgués chocaron con los partidarios de la organización y disciplina proletarias. El camarada Popov decía: "En todas partes, tanto en Petersburgo como en Nikoláev o en Odesa, según atestiguan representantes de estas ciudades, hay decenas de obreros que hacen circular publicaciones, realizan agitación oral y no pueden ser miembros de la organización. Se les puede adscribir a ella, pero es imposible considerarlos como miembros" (pág. 241). ¿Por qué no pueden ser miembros de la organización? Sólo el camarada Popov conoce el secreto. Ya he citado más arriba un pasaje de la Carta a un camarada que demuestra que es posible e imprescindible incluir precisamente en organizaciones a todos estos obreros (por centenares, y no por decenas), pudiendo y debiendo muchísimas de estas organizaciones ingresar en el partido. Segundo argumento del camarada Mártov: "Para Lenin, no hay en el partido otras organizaciones que las del partido"... ¡Absolutamente exacto!... "Para mí, por el contrario, deben existir semejantes organizaciones. La vida crea y multiplica organizaciones mucho más rápidamente de lo que logramos incluirlas en la jerarquía de nuestra organización combativa de revolucionarios profesionales"... Esto es incierto en dos sentidos: 1) la "vida" crea muchas menos organizaciones eficientes de revolucionarios que las que necesitamos, que las que precisa el movimiento obrero; 2) nuestro partido debe ser jerarquía no sólo de las organizaciones de revolucionarios, sino de la masa de las organizaciones obreras... "Lenin cree que el CC sólo concederá el título de organizaciones del partido a las que sean completamente seguras en el sentido de los principios. Pero la camarada Brúker comprende perfectamente que la vida (¡sic!) se impondrá y que el CC, para no dejar fuera del partido a numerosas organizaciones, tendrá que legalizarlas, aun cuando no sean completamente seguras: por eso es por lo que se adhiere la camarada Brúker a Lenin"... ¡Esto sí que es una concepción seguidista de la "vida"! Desde luego, si el CC se compusiera obligatoriamente de personas que se orientaran, no por su propio juicio, sino por lo que digan los demás (véase el incidente con el CO), en ese caso la "vida" se "impondría" en el sentido de que prevalecerían los elementos más atrasados del Partido (como ha sucedido ahora, al formarse de los elementos atrasados "una minoría" en el partido). Pero no podrá citarse ni un motivo razonable que obligue a un CC inteligente a admitir en el partido a elementos "que no sean seguros". ¡Precisamente con esta alusión a la "vida" que "crea" elementos no seguros demuestra el camarada Mártov palpablemente el carácter oportunista de su plan de organización!... "Yo, por el contrario, creo -continúa- que si una organización de este tipo (que no es completamente segura) está conforme en aceptar el Programa del Un paso adelante, dos atrás partido y el control del partido, podemos admitirla en él sin convertirla por ello en organización del mismo. Yo consideraría un gran triunfo de nuestro partido el que, por ejemplo, cualquier unión de "independientes" determinara aceptar el punto de vista de la socialdemocracia y su Programa e ingresar en el partido, cosa que, sin embargo, no significaría que incluyéramos dicha unión en la organización del partido"... He ahí a qué confusión lleva la fórmula de Mártov: ¡organizaciones sin partido que pertenecen al partido! Imaginaos su esquema: el partido = 1) organizaciones de revolucionarios, + 2) organizaciones obreras a las que se reconoce el carácter de organizaciones del partido, + 3) organizaciones obreras a las que no se reconoce ese carácter (sobre todo, formadas por "independientes"), + 4) individuos encargados de diversas funciones, profesores, liceístas, etc., + 5) "todo huelguista. Con tan excelente plan sólo pueden parangonarse las palabras del camarada Líber: "Nuestra tarea no consiste sólo en organizar una organización (!!), sino que podemos y debemos organizar el partido" (pág. 241). Sí, desde luego, podemos y debemos hacerlo, pero para ello hace falta no las palabras sin sentido de "organizar organizaciones", sino exigir directamente a los miembros del partido que lleven a cabo efectivamente una labor de organización. Hablar de "organización del partido" y propugnar que se encubra con la palabra partido toda especie de desorganización y dispersión es hablar por hablar. "Nuestra fórmula -dice el camarada Mártovexpresa la aspiración a que exista una serie de organizaciones entre la organización de revolucionarios y la masa". No es eso, precisamente. Esta aspiración, obligatoria, en efecto, es justamente la que no expresa la fórmula