¡Si Dios está conmigo, nadie estará en mi contra! Zoila Rosa Ladino

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¡Si Dios está conmigo, nadie estará en mi contra!
Zoila Rosa Ladino nació el 23 de octubre de 1957 en Ubaté, parroquia Santo Cristo.
Hija de Buenaventura Ladino y Margarita Tabaco. Su papá fue adorador nocturno
y su mamá perteneció a la Congregación de las Hijas de María y del Sagrado
Corazón de Jesús, igual que su abuelita materna. Como puede verse pertenece a
una familia muy católica.
Estudió hasta quinto de primaria en la escuela de la vereda Soaga donde ha vivido su familia.
A la edad de doce años comenzó a participar en los encuentros de formación que organizaban y
animaban los seminaristas que iban a la vereda. A los dieciocho años contrajo matrimonio con un
muchacho que participaba en los encuentros de catequesis como catequista de adultos y a quien
ella le colaboraba en la animación de las catequesis. Esto sucedió cuando era párroco del Santo
Cristo el padre Bernardo Torres. Es madre de cuatro hijos: tres hombres y una mujer. Su hija fue
ministra extraordinaria de la Eucaristía durante dos años.
A los veinticuatro años en 1981 comenzó a integrarse en la catequesis parroquial como catequista
de los niños de primer nivel durante tres años. Luego pasó a la catequesis presacramental. Ha
participado en los programas y actividades de formación que el Instituto Catequístico le ha
brindado a la parroquia, tanto cuando formaban parte de la parroquia Santo Cristo como ahora
que forman parte de la parroquia San Pedro y San Pablo.
En 1997 recibió el diploma como Servidora de la Palabra y después como catequista parroquial. En
1998 participó en el Congreso Diocesano de Catequesis. En el 2000 fue instituida como Ministra de
la Catequesis. En el 2005 participó en el IV Congreso Diocesano de Catequesis cuyo tema fue la
Iniciación Cristiana. Todas estas capacitaciones las tomó en la parroquia Santo Cristo.
Como catequista de la parroquia San Pedro y San Pablo también ha seguido capacitándose hasta el
momento. Sigue siendo catequista presacramental y hace parte de las pequeñas comunidades de
la parroquia.
Gracias a estas capacitaciones, a la oración, a la Eucaristía y a los demás sacramentos, ha
madurado en la fe y en la vida comunitaria. Hace dieciocho meses perdió a su esposo y hace seis
meses a su mamá. Dios le dio las fuerzas necesarias para superar estas difíciles experiencias.
Su vida de casada duró treinta y cinco años. Le da gracias a Dios porque fue un matrimonio unido y
comprometido con los hijos y la familia. El diálogo y la comprensión fue la clave para ser un
matrimonio feliz. Pero también y especialmente la vida espiritual, porque nadie da de lo que no
tiene. “Si Dios está conmigo nadie estará en mi contra” (Rm 7, 31).
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