Raúl Leoni, poco antes de entregar el poder en 1969

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Raúl Leoni entrevistado por Miguel Otero Silva
Un padre francés y una madre guayanesa
(Clemente Leoni nació en Muratto, Cantón de Bastías, al norte de la isla de Córcega. Un tío
suyo que era gerente de las minas de El Callao, en la jungla de una remota e ignorada
Venezuela, le propuso que cruzara el Atlántico y viniera a probar fortuna en Guayana,
Clemente Leoni se leyó El soberbio Orinoco de Julio Verne y le tentó la aventura.
Desembarcó en tierras venezolanas en 1895. Primero trabajó con el tío en las minas de oro,
luego montó tienda por su cuenta y riesgo, un almacén que abastecía a los purgüeros antes
de perderse éstos en la selva en misión de sangrar los altaneros árboles de caucho.
Clemente Leoni conoció a Carmen Otero Fernández, hija de don Ramón Otero Vigas de
Cumaná, una muchacha alta y delgada, con unos extraños ojos color de la hoja del tabaco, a
quien sus amigas llamaban "La Quita". El joven francés entusiasta y palabrero se enamoró
de la guayanesa severa y pensativa. Se casaron al despuntar el siglo XX. El primogénito se
bautizó Clemente como el padre. Luego nacieron Raúl y Tancredo. Raúl Leoni Otero,
segundo hijo de ese matrimonio y personaje central de nuestra historia, vino a la luz del sol
el 26 de abril de 1905, dice la gente que en El Manteco, aunque la fe de bautismo afirma
irreversiblemente que fue en Upata).
Raúl Leoni poco antes de entregar el poder en 1969
Nadie me aconsejó un fraude electoral, ni yo me hubiera permitido que me lo aconsejaran
El Presidente y el periodista pasean por entre los corpulentos árboles de La Casona. Al
Presidente le faltan pocos días para entregar el poder a su sucesor. Ya ha empaquetado sus
libros, ya ha descolgado sus cuadros, ya ha organizado sus maletas. Debe experimentar
cierto aleteo de nostalgia al abandonar esta hermosa casa de enclaustrados patios interiores,
de desbocados verdes más allá de las puertas, que ha sido adquirida y remodelada por
iniciativa suya para albergar con dignidad al jefe del Estado venezolano de hoy y de
mañana. Pero el hombre no hilvana saudades sino espera cautelosamente las preguntas del
periodista.
-¿Qué políticos, doctrinas, libros, influyeron más decisivamente en su formación como
intelectual y hombre público?
- En primer término, y como texto de lectura sobrentendido, influyó sobre mi pensamiento
la obra del Libertador: su carta de Jamaica, su mensaje de Angostura, su ideario de libertad
y justicia. Luego debo citar el libro de Gil Fortoul, la Historia Constitucional de Venezuela,
que me proporcionó una visión positivista del pasado de mi país. Más tarde, a las alturas de
1928, leí con pasión a nuestros panfletistas: Pío Gil, Blanco Fombona, Pocaterra, plumas
que exaltaban el repudio a las dictaduras, al caudillismo y al servilismo. Al mismo tiempo
devoré las obras de ensayistas latinoamericanos como José Enrique Rodó, Manuel Ugarte y
el José Vasconcelos de la "raza cósmica", que postulaban principios americanistas,
nacionalistas, antimperialistas. Más tarde, ya en el destierro, me entregué de lleno al estudio
de la filosofía política moderna, nuevo liberalismo, laborismo, socialismo, marxismo. En
cuanto a la literatura propiamente dicha, mi afición estuvo siempre inclinada hacia las
tendencias realistas y sociales. Mis novelistas predilectos eran los rusos: Tolstoi,
Dostoievsky, Gorki, Andreiev. Y los franceses: Baizac, Zola, Romain Rolland. Entre los
españoles leía con preferencia a Miguel de Unamuno.
(La familia Leoni-Otero se trasladó a Caracas en octubre de 1919. El periodista, que era
entonces un niño, recuerda neblinosamente la pintoresca aparición de aquel pariente
provinciano - somos primos, todo el mundo lo sabe - que llegaba a Caracas bajo el alero de
un sombrero de pajilla, estrenando amagos de bozo y un pantalón a media pierna, quince
centímetros más abajo de la rodilla. Raúl Leoni comenzó el bachillerato en el Liceo
Caracas, primero bajo la dirección de Luis Ezpelosín, posteriormente bajo la de Rómulo
Gallegos. Pensaba estudiar Medicina pero a la postre prefirió las Pandectas, aguijoneado
por el comején de la política que ya le hormigueaba en la sangre. El estudiante de
bachillerato Raúl Leoni dio por vez primera con sus huesos en la cárcel a los 16 años de
edad. Se lanzó a las calles de Caracas a demostrar su solidaridad con una huelga de
tranviarios. La policía gomecista acorraló en la Plaza Bolívar a los 87 manifestantes,
estudiantes en su totalidad, y los condujo a La Rotunda. En uno de aquellos calabozos
goyescos hizo su veladura de armas cívicas el novel caballero).
-¿Por qué, si gran parte de sus compañeros de rebelión y de exilio se inclinaron hacia
el marxismo y el comunismo, usted no tomó el mismo camino?
-La mayor parte de mis compañeros del 28 que se inclinaron abiertamente hacia el
comunismo fueron aquellos que se trasladaron a Europa, Rusia, y su estrella roja gravitaba
categóricamente sobre el proceso político y social de los países europeos. Nosotros, los del
28, éramos una juventud ignorante políticamente por falta de libros y exceso de barreras
policiales. Yo no me marché a Europa sino que me quedé en el área del Caribe. Al leer la
filosofía marxista no perdí nunca la visual latinoamericana ni el sentido de nuestra realidad.
Comprendí desde un principio que el pensamiento socialista no era aplicable
esquemáticamente a toda entidad o nación. Para Venezuela, país aislado y mediatizado, el
problema consistía en quebrar las estructuras feudales, emprender la revolución
democrática, conquistar los derechos más elementales. Además, me apartó siempre de los
comunistas mi culto a la libertad del hombre que ellos no compartían. Pero debo advertirte
que si nunca me hice comunista no fue porque me sintiera temperamentalmente
anticomunista. Creo que la existencia de
la extrema izquierda es necesaria para el funcionamiento progresista de la libertad porque
sus prédicas hacen hincapié en las desigualdades sociales, son como un tábano que señala
las injusticias.
Promedia febrero de 1928. Una inusitada asamblea de la Federación de Estudiantes de
Venezuela tiene Iugar en un patio del Castillo Libertador de Puerto Cabello, de espaldas a
las fauces de los calabozos y a las bayonetas de los guardias. Ya ha sucedido la semana del
Estudiante, ya hemos pronunciado Ios discursos subversivos y hemos Ieído los versos de
protesta. Ahora se nos ha encerrado en esta mazmorra, galeón de piedra encallado en
arenales de odio y pesadumbre. El dictador nos envía un proyecto de carta que debe ser
firmada a cambio de nuestra libertad. Nuestro presidente, el estudiante de Derecho Raúl
Leoni, nos ha convocado a sesión extraordinaria, previa autorización de los carceleros, en
aquel patio desolado sobre el cual desembocan las rejas de los calabozos. "Los que estén de
acuerdo con firmar esta carta que se pongan de pie”, vibra la voz del presidente. Los 213
estudiantes presos permanecen sentados, sin un ademán. “Rechazada por unanimidad”,
concluye con acento pausado y satisfecho el presidente.
-¿Se considera usted antimperialista, como cuando leía en su juventud a Manuel
Uzarte?
El Presidente se detiene un instante al pie de los crujientes bambúes y hace frente al
periodista:
-Soy fundamentalmente un nacionalista en el mejor sentido de
la palabra. El mundo está dividido injustamente en países pobres y ricos, desarrollados y
subdesarrollados lo cual es tan inicuo como la división de la sociedad en poseedores y
desposeídos. Yo estoy contra esos desniveles como estoy contra el armamentisnto de los
países poderosos. Si los recursos que se emplean en arenas se dedicaran a subsanar
injusticias, a cooperar con los países pobres, a reparar las propias desigualdades sociales
internas se nombrarían las bases más sólidas de la coexistencia pacífica. El destino del
hombre sobre la tierra no es la guerra, ni el dominio sobre los otros hombres, sino el
dominio de la naturaleza y, actualmente del espacio, por obra y gracia de los astronautas.
Después de la fracasada conspiración del 7 de abril de 1928, Raúl Leoni logra escapar al
extranjero, tras saltar quebradas y vestir disfraces, polizón en un barco holandés que zarpa
de Puerto Cabello. El estudiante fugitivo llega a Colombia y es ganado para siempre su
corazón por la patética, clamorosa hospitalidad del país de Baldomero Sanín Cano. Junto
con el poeta Gonzalo Carnevali, que resucita de inhumanas prisiones venezolanas, recibe el
homenaje de la prensa, de los políticos de los escritores. La Universidad de Bogotá
reconoce sus estudios venezolanos sin demandarle certificados ni exámenes de reválida.
Pero el insurgente arrincona de nuevo sus disciplinas y decide incorporarse a la expedición
del Falke, un buque que ha adquirido el general Román Delgado Chalbaud en Europa y que
habrá de dirigirse a costas venezolanas con el propósito de desatar una guerra civil contra el
despotismo de Juan Vicente Gómez. En una goleta fletada por ellos, parte de Santo
Domingo un pitnado de emigrados venezolanos: Simón Betancourt que fue guerrillero de
Ducharne y hace de jefe militar, Atilano Carnevali que ha asumido el comando político,
llernando de Castor, los estudiantes Raúl Leoni, Rómulo Betancourt, Pedro Rodríguez
Barroeta y varios más. En alta mar rasgan el sobre de las instrucciones y en ella se les
ordena ocupar la isla de La Blanquilla, peñasco donde el Falke irá a recogerlos. Las olas del
Caribe se interponen coma furiosos fantasmas en la ruta de Los expedicionarios. La
desválida goleta no ha sido hecha para enfrentar tamañas contrariedades. Finalmente, recala
la embarcación maltrecha en el puerto dominicano de Barahona y se salvan a duras penas
de morir ahogado dos futuros presidentes de Venezuela.
Después de un año varado en Santo Domingo, Raúl Leoni regresó de Barranquilla a
reunirse con el padre, don Clemente Leoni, que también ha escapado al extranjero. Y nace
entonces la memorable frutería. Omar Carnevali, Raúl Leoni, Rómulo Betancourt y Ricardo
Montilla son los improvisados tenderos. Nuestros futuros estadistas vender al detal
manzanas y peras chilenas, uvas de California, naranjas y bananas colombianas. La frutería
no dura mucho tiempo. ¿Cómo va a durar? No logra salvarse de la voracidad de los
exiliados venezolanos que compran al fiado y se llevan de paso, en calidad de préstamo, los
recaudos de la caja registradora. Leoni, Betancourt y Montilla clausuran su
pequeño mercado y se dedican a un negocio distanciado de los productos comestibles: un
boletín de informaciones comerciales que le produce a Raúl Leoni dinero suficiente para
vivir sin privaciones hasta la hora de la muerte de Juan Vicente Gómez.
-¿Que perspectiva le ve usted a Pérez Jiménez dentro de la política venezolana?
El Presidente se desborda e una respuesta cortante:
-iNinguna!
Pero enseguida juzga necesario su concepto:
-Por sí mismo, no le veo ninguna. Sin embargo, creo que si se decide a ocupar su curul en
el Senado, si maneja con una mínima habilidad los votos parlamentarios con que cuenta, si
algunos partidos políticos se aprestan a hacerle carantoñas por conveniencias transitorias,
podría llegar a convertirse en una amenaza real para el sistema democrático. Pérez Jiménez
posee una gran fortuna que es producto del saqueo al tesoro nacional y cuenta con
posibilidades materiales para tratar de perturbar el proceso democrático. Me inclino a que
mi partido, Acción Democrática, se ponga al margen de toda combinación política, si en
esa combinación política entra, directa e indirectamente, el perezjimenismo totalitario,
personalista y enemigo de las libertades públicas. Sin negarles, por supuesto, el derecho de
ocupar las curules que ganaron dentro de as leves democráticas, que ellos no respetan.
En Barranquilla se habían estrechado los lazos de amistad entre Raúl Leoni y Rómulo
Betancourt. Con otros exiliados, y bajo la conducción de Betancourt, fundaron un grupo
político denominado ARDI, de izquierda no comunista, aunque tampoco anticomunista. Era
el embrión de ORVE, partido que organizaría Betancourt en Venezuela, a la muerte del
dictador, en compañía de Mariano Picón Salas, Raúl Leoni, Andrés Eloy Blanco, Juan
Oropeza, Gonzalo Barrios, Inocente Palacios y otros intelectuales. Lo que sucede después
de la muerte de Gómez es la historia archiconocida, crónica publicada y republicada en
todos los periódicos. La jornada popular del 14 de febrero. El fracaso de la huelga general
en junio de 1936. El viraje de López Contrera hacia la derecha. La anulación por la Corte
Federal , de las actas de diputados de Raúl Leoni y otros ciudadanos, en virtud de una
“justicia política no contenciosa” que Leoni califica de monstruosidad jurídica de increíbles
dimensiones. La disolución de los partidos populares y la expulsión de 47 dirigentes
acusados de “comunistas”, mucho de los cuales no lo eran, ni lo habían sido nunca. Entre
estos últimos se encuentran Raúl Leoni, a quien detiene Pedro Estrada en una casa obrera
en La Pastora; Raúl Leoni sube esposado la escalerilla del Flandre y va a parar a México.
Estamos en el año 1937.
-¿Llegará alguna vez Venezuela a ser dueña absoluta de su petróleo?
-Yo creo que sí. El régimen de concesiones tiene un plazo fatal, ya que vencen en 1983 y
revierten al parimonio nacional, junto con las instalaciones y bienes adquiridos por las
compañías para el desarroIlo y explotación de esas concesiones. Las compañías extranjeras
se muestran interesadas en que el gobierno venezolano se pronuncie sobre el problema
futuro desde ahora, sin esperar el vencimiento de fits concesiones, pero yo sostengo que el
gobierno venezolano no debe hacerlo, sino en el momento oportuno. Por mi parte,
considero que prolongar la vida de las concesiones sería prolongar un sistema caduco, de
ningún modo favorable a los intereses de la nación. Y afirmo, por el principio que nuestros
recursos naturales deben ser explotados primordialmente en beneficio de los venezolanos.
Al acercarse el momento crucial del vencimiento de ]as concesiones, Venezuela debe estar
preparada para resolver nacionalmente el problema. Venezuela será dueña de su petróleo si
no pierde de vista ese objetivo y no olvida en ningún instante realidades muy contundentes:
que es el primer país exportador de petróleo en el mundo; que su promedio diario de
producción es de 3.600.000 barriles que los mercados de la producción petrolera mundial
son prácticamente propiedad de los grandes consorcios explotadores del petróleo de los
países productores.
Raúl Leoni no asienta sus reales, sus escasos reales en México, como la mayoría de sus
compañeros de destierro. Recuerda una sentencia criolla: "En Venezuela, si se quiere ser
algo, es preciso ser general o doctor'. Y coma son remotas sus posibilidades de generalato,
decide coronar los estudios de abogado que ha truncado dos veces. Vuelve una vez más a
Colombia en compañía de uno de sus amigos fraternales de la generación del 28, Jóvito
Villalba, y obtiene en Bogotá el título de abogado el 8 de diciembre de 1938. Cinco meses
más tarde, se le permite el ingreso legal a Venezuela, donde el PDN funciona
clandestinamente bajo la dirección de Rómulo Betancourt, quien ya se ha
enemistado, tajante y para siempre, con los comunistas. Leoni se " incorpora a la
organización clandestina del PDN.
-Los escritores políticos José Vicente Rangel, Guillermo García Ponce Orlando
El Presidente frunce el ceño, medita unos segundos y se extiende en una minuciosa
contestación:
-Conozco esas actuaciones formuladas por parlamentarios y líderes de la oposición
castrocomunista. Las conozco desde hace mucho tiempo y tengo algunas cosas que decir a
ese respecto. El Partido Comunista está desgarrado por una lucha de fracciones, amén de su
enfrentamiento con el MIR. Tales luchas fraccionales los han llevado a crear sus propios
aparatos armados de "justicia popular". Para nadie es un secreto que con frecuencia ellos se
autofusilan después de juicios sumarios realizados en las montoneras y comandos. Hechos
recientes acaecidos en la Ciudad Universitaria, así como documentos incautados a los
grupos subversivos, demuestran la verdad de estas afirmaciones. En los campamentos
guerrilleros ocupados se han encontrado acres de fusilamientos, incluso de inocentes
campesinos tildados arbitrariamente de espías de las fuerzas armadas o de agentes de la
Digepol. Pero los comunistas son hábiles en la fabricación de imposturas y en las campañas
destinadas a despertar sentimentalismos. Con el aditamento de que la opinión venezolana
está por lo general dispuesta a creer acusaciones sobre violencias commodities con los
presos políticos porque esa ha sido la historia tradicional del trato de los gobiernos de este
país para con sus adversarios.
-Ellos mencionan nombres propios, Presidente
-Es posible. No niego que haya habido muertos y heridos. En la lucha que llevan a cabo las
fuerzas armadas contra la subversión comunista, contra una guerra declarada por guerrillas
urbanas y rurales, se ha creado una situación muy cercana a la guerra civil. Y en toda
guerra, en todo choque entre bandos armados se producen inevitablemente bajas: muertos,
heridos y prisioneros. Los muertos se entierran. En cuanto a los heridos y prisioneros, son
trasladados a centros de reclusión bajo el amparo y la protección de la República y de unas
autoridades que han recibido órdenes terminantes de respetar los derechos humanos. Como
presidente de la República, a través del Ministerio de la Defensa, giré instrucciones muy
claras y precisas a los comandos militares para que trataran a los prisioneros heridos de
acuerdo con los principios democráticos de mi gobierno que se basan esencialmente en el
respeto a la dignidad del hombre.
Isaías Medina Angarita asciende o la Presidencia de la República. Regresan todos los
desterrados. Acción Democrática, secuencia del PDN, es legalizada y Raúl Leoni aparece
entre sus dirigentes principales. En octubre de 1945, se producen los sucesos que conducen
al derrocamiento del régimen de Medina. El periodista, acatando las entonces
definitivamente la proposición de su golpe militar y se produjo el 18 de octubre. Rómulo
Betancourt amaneció jefe del nuevo gobierno. En cuanto a Raúl Leoni, surgió como
miembro de la Junta Revolucionaria de Gobierno y ministro del Trabajo y Comunicaciones.
"No había otro camino - explica 23 años más tarde el presidente Leoni-. La fórmula
electoral de segundo grado que mantenía intransigentemente Medina, nos cerraba el acceso
al poder por las vías constitucionales".
-Quiero agregar dos palabras sobre los presuntos fusilamientos y torturas -me dice el
Presidente sin esperar la pregunta subsiguiente-. No niego inclusive que, en la aplicación de
medidas de defensa colectiva, alguna autoridad, y en muy contada ocasión, haya incurrido
en exceso de celo durante la realización de tareas que le habían sido encomendadas.
Capturar a un individuo armado y con antecedentes de peligroso homicida no es lo mismo
que detener a un ciudadano cualquiera. Pero ese exceso, estoy seguro de ello, nunca puede
haber llegado al atentado contra la integridad física de los detenidos en forma de torturas, ni
mucho menos al fusilamiento. Me resisto a creer que semejantes actor puedan haber
ocurrido durante mi gobierno y, en el caso de que hubieran ocurrido, nada podrá impedir la
acción reparadora de los tribunales de justicia.
El golpe militar del 24 de noviembre de 1948 encuentra al doctor Leoni como miembro del
gabinete de don Rómulo Gallegos. Se lo llevan preso a la Cárcel Modelo, junto con los
demás ministros. Raúl Leoni va a permanecer esta vez 8 meses encalabozado, antes de
partir para un nuevo destierro.
Las llamaradas del 23 de enero de 1958 devolvieron a sus hogares a todos los presos, a
todos los desterrados. Raúl Leoni se incorporó a la dirección de sit partido y luego a la
campaña presidencial de Rómulo Betancourt. Después del triunfo de Betancourt y de la
tarjeta blanca, Leoni fue elegido presidente de Acción Democrática y presidente del
Congreso Nacional. Cuando finalizaba el mandato de Betancourt, se dijo insistentemente
que a este no le agradaba la candidatura presidencial de Raúl Leoni, pero el periodista no lo
creyó nunca. Tal vez la fogueada astucia política de Betancourt lo llevara a disimular su
inclinación por la candidatura de Leoni para librarse de acusaciones de imposición
sucesorial, tan accidentadas en la historía de Venezuela. "Qui nescit dissinutiare nescit
regnare", dijo el maestro Maquiavelo. A juicio del periodista, el candidato presidencial de
Rómulo Betancourt no podía ser otro sino Rail Leoni. Lo era desde la Ihiteria de
Barranquilla, si señor.
El periodista entra al despacho presidencial del doctor Raúl Leoni en Miraflores, durante el
largo recuento de votos que estamos sufriendo los venezolanos en la primera semana de
diciembre. Computa el Consejo Supremo Electoral, recuenta Copei por su lado, recuenta
Cordiplán por el suyo. El periodista desea conocer la opinión del Presidente acerca del
resultado electoral, que aunque indeciso. "Según las informaciones de que dispongo, el
doctor Gonzalo Barios va a ganar por un margen bastante estrecho", responde el Presidente.
Y añade a renglón seguido: "Pero si no sucede así, y mi amigo entrañable y compañero de
partido Gonzalo Barrios pierde las elecciones, así sea por un voto, óyelo bien, por un solo
voto, este Raúl Leoni que vez aquí le entregará sin vacilar un segundo la banda presidencial
al doctor Rafael Caldera”. El periodista comprende que el Presidente habla dramáticamente
en serio.
Se ha hecho de noche y nos traen dos merecidos whiskys al corredor donde estamos
sentados. El periodista recuerda la conversación de diciembre en Miraflores y vuelve sobre
el tema:
-¿Nadie le aconsejó en aquellos días que hiciera o propiciara un pequeño fraude
electoral para impedir el acceso de Caldera al poder?
-Nadie me lo aconsejó, ni yo hubiera permitido que me lo aconsejaran. En Venezuela se ha
avanzado tanto en el campo democrático, que ni aún los más irreconciliables enemigos de
Copei insinuaron que se desconociera el resultado de las elecciones. Eso de las presiones
sobre mi persona no pasa de ser una conseja, un cuento chino. La verdad histórica y
absoluta es que no recibí la más leve insinuación, ni de ningún dirigente de Acción
Democrática, ni de otros partidos, ni dc jefe militar alguno, para que propiciara un fraude
electoral. Fue el remate de una conducta cívica ejemplar que abarcó a todos los estamentos
de la población venezolana.
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