CAPÍTULO V COPÉRNICO Un hombre culto, sensato y creyente

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CAPÍTULO V
COPÉRNICO
Un hombre culto, sensato y creyente
Nicolás Copérnico (1473-1543) fue médico, diplomático, y
sacerdote polaco. Hombre culto y trabajador, conocía los clásicos
griegos y latinos no menos que la Biblia y la doctrina católica.
El mismo año de su muerte, publicó el libro "De Revolutionibus
Orbium Coelestium" (las Revoluciones de los Cuerpos Celestes),
que dedicó al Papa Pablo III, en el que defendía en forma
ponderada la teoría heliocéntrica, es decir, el Sol sería inmóvil, y la
Tierra giraría a su alrededor, completando una vuelta en un año,
mientras giraría también alrededor de su propio eje norte-sur, dando
una vuelta cada día.
En el mismo libro citó a los antiguos griegos que habían ya
mantenido la misma opinión, hablando concretamente de
Heráclides.
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Copérnico no se limitó a especulaciones verbales, sino pulió la
teoría llegando hasta el detalle. Explicó la inclinación del eje de la
tierra con respecto al plano de su órbita, dando cuenta correcta del
porqué de las cuatro estaciones. Explicó por qué el día solar es más
largo que el día sideral (el sol aparentemente pierde camino
respecto a las estrellas). Explicó también la presesión de los
equinoccios (o cambio gradual del eje de rotación de la tierra
conservando su inclinación). También llegó al detalle de cálculos
de posiciones aparentes de los astros, y como pensaba que las
órbitas eran circulares, tuvo que hacer uso de los mismos trucos de
Ptolomeo para que los datos calculados coincidieran con los
observados, con error no menor que el de Ptolomeo.
La obra de Copérnico, serena, bien acabada y muy trabajada, no
era del todo original ni lo pretendía. Pero su audaz planteamiento
supuso un cambio de orientación de los medios científicos.
El catolicismo como apoyo
Copérnico fue, como hemos dicho, un buen católico. Aunque
este hecho es universalmente reconocido, se sabe poco de la deuda
que el heliocentrismo de Copérnico guarda a su catolicismo.
Ya el griego Aristarco de Samos (320 a 250 a.C.) había
afirmado, 260 años antes de nuestra era, que la Tierra y los planetas
giraban alrededor del Sol (y por eso ha sido llamado "el Copérnico
de la antigüedad"). Aristarco era un gran genio; lo demuestra su
procedimiento de medición de la distancia de la Tierra al Sol, de
una gran creatividad y que no le dio resultados más aceptables por
mala suerte. ¿Por qué su afirmación fue rechazada violentamente,
se le acusó de impiedad y se pidió su castigo? (ver Asimov, o.c., p.
25). De haberle hecho caso, la ciencia habría adelantado 2,000
años(1).
(1) Layzer, Construcción...
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¿Por qué Ptolomeo, 400 años después, lo calificó de sacrílego la
única vez que lo citó en su "Almagesto", y después lo ignoró? (2).
Sencillamente por motivos panteístas: Aristarco cuestionaba la
sacralidad de las esferas (la esfera celeste y las de los planetas).
Chocaba también con la creencia de que la Tierra estaba en reposo,
y era demasiado pesada para poder ser movida.
Copérnico se dio perfecta cuenta de que el heliocentrismo daba
simplicidad conceptual a la Astronomía. Un Dios racional y
simplicísimo debe haber hecho lo más simple, dice. Esta
simplicidad fue lo que permitió luego a Kepler superar ampliamente
la precisión de los cálculos de Ptolomeo, y propulsar a la vez la
Astronomía y la Mecánica.
En cuanto a las objeciones que se hicieron a Aristarco, la
primera estaba ya resuelta: las esferas no eran divinas.
Eran creadas, como todo el universo.
La segunda la ataca Copérnico en forma explícita cuando dice:
para Dios no es problema hacer mover un cuerpo como la Tierra,
por pesado que sea; ni lograr que cada astro tenga su propio arriba y
abajo (su propio campo gravitacional, diríamos hoy) (3).
No es suficiente pues, decir, como lo hacen Rosenberg y
Birdzell(4), que el desarrollo científico de Occidente se pudo
conseguir por "una religión que había liberado, a la naturaleza, del
animismo". Esto es cierto pero es sólo una parte de la historia. El
"milagro" que ellos con razón admiran, se explica bien sólo si se
toma en cuenta, además, el apoyo positivo de las convicciones
cristianas a la ciencia en gestación.
(2) Jaki, The Savior... p. 85.
(3) Jaki, The Road... p. 46.
(4) La Ciencia...
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La diferencia entre Aristarco y Copérnico radica pues, sobre
todo, en que el segundo recitaba cada domingo el Credo: "Creo en
Dios Todopoderoso, creador del Cielo y de la Tierra...". Y el medio
cultural podía entenderlo porque participaba de la misma fe (5).
Las dificultades del Heliocentrismo de Copérnico
El prólogo de la primera edición de "De Revolutionibus",
compuesto por el luterano Osiander, parecía prever posibles
tormentas: hacía constar que el heliocentrismo no pretendía ser la
verdad absoluta, sino sólo un método de cálculo e interpretación
para "salvar los fenómenos". El tiempo mostró que las precauciones
de Osiander no eran exageradas.
Lutero y Calvino fueron los primeros que se indignaron contra
Copérnico. Los protestantes, tomando la Biblia al pie de la letra, no
podían admitir el heliocentrismo. Josué, decían, paró el sol durante
una tarde para poder perseguir a sus enemigos. También en otros
pasajes la Biblia habla como si el Sol girara y la Tierra estuviera
quieta.
El alto clero católico romano, reaccionó con mucha más calma.
Al principio aceptó la obra, pues las palabras de la Biblia se pueden
tomar en sentido descriptivo o vulgar, como forma correcta de
entenderse, sin pretensiones de profundidad astronómica.
Pero a Copérnico le salió un partidario no deseado, Giordano
Bruno, quien era hereje declarado, y un hombre de tanta fantasía y
capacidad de intriga como ayuno de conocimientos científicos. Su
labor en pro del copernicanismo fue contraproducente. Giordano
Bruno acabó en la hoguera, condenado por herejía y otros cargos.
(5) Jaki, The Savior... p. 85-87.
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Su defensa de Copérnico consiguió que los eclesiásticos católicos
empezaran a verlo con recelo (6).
Cuando, en 1616, tuvo lugar el proceso de Galileo, del que
hablaremos más adelante, la obra de Copérnico fue prohibida (a los
73 años de su publicación). En 1620, cuatro años después, era
permitida de nuevo con algunas enmiendas de poca monta, en la
línea de lo indicado por el prólogo de Osiander.
Por último, no le faltó al heliocentrismo un enemigo de peso, en
el campo científico: Tycho Brahe, astrónomo de mucha y bien
ganada fama, se opuso a él basándose en sus propios
conocimientos. Tycho Brahe había pasado muchos años observando
el cielo y haciendo mediciones de una precisión muy superior a
todo lo anterior. También tenía su propio sistema planetario, rival
del de Ptolomeo, pero que no era el heliocentrismo: en él la Tierra
estaba quieta y el Sol giraba a su alrededor, pero los planetas
giraban alrededor del Sol. Tycho había conseguido superar a
Ptolomeo en la precisión con que sus cálculos se aproximaban a las
medidas experimentales, cosa que no había logrado Copérnico.
(6) Lerner & Gosselin; Galileo...
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